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Colección La flor escogida Flor

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1 poema, 20 días Antología de poetas en huida

Ediciones En Huida


© de los textos: los autores © de la edición: Ediciones En Huida Maquetación: Martín Lucía (mediomartin@yahoo.es) Coordinador editorial: Ediciones En Huida

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1 poema, 20 días Antología de poetas en huida

Ediciones En Huida


Nota de los editores Esta colección que aquí comienza, titulada La flor escogida, serie destinada exclusivamente a la publicación de obras antológicas, lo hace con un primer número triplemente simbólico: - reúne a todos los autores que hasta el momento han publicado con EEH; - es el primer título no venal de la editorial, significándonos así , en la medida de lo posible, con el duro tiempo que vivimos; - y es el primer título que sólo aparecerá en formato digital (intentando llegar a las múltiples plataformas que han aparecido hasta el momento). Esperemos que disfrute de esta obra que tan ilusionadamente hemos elaborado y a la que nuestros autores, tan desinteresadamente ,se han prestado, cediendo, en mucho de los casos, poemas inéditos. Ediciones En Huida, Enero de 2012


Índice de poetas

Adriana Schlittler Kausch 9 Ana Alvea Sánchez 15 Carmen Moral Pérez 19 Carmen Ramos 25 Curtis Bauer 31 Daniel García Florindo 39 Fran Nuño 47 Inma de Pando 53 Iván Onia 57 Jesús Cárdenas 63 José de María Romero Barea 67 Lorenzo Ortega Belchiz 73 Manuel Guerrero Cabrera 77 Mario Álvarez Porro 83 Martín Lucía 87 Nerea Riesco 91 Pedro Sánchez Sanz 95 Rafael de Cózar 99 Rocío Hernández Triano 106


P

oeta de dolor medido, Adriana Schlittler Kausch (Porto Alegre, Brasil,1982), es Licenciada en Filología Clásica y Profesora de Latín y Griego. Artista plural ha participado en proyectos audiovisuales de fotografía, videoclips... Con Crueldades afines inicia su carrera lírica. Y, dado su origen y trayectoria, lo hace con un poemario bilingüe, en español y portugués. Poemario que recoge su sentir lírico. Una poética equidistante entre pasión y mesura, entre dolor y alivio.

Adriana Schlittler Kausch


XXIII Dentro de mí hay frío como un asilo que no sirve de asilo para nadie. Dentro ahogo una flor que se abre para morir en el estremecimiento. Porque hay frío y el frío se parece a la ausencia.

Dentro de mim há frio como um refúgio que não serve de refúgio para ninguém. Dentro afogo uma flor que se abre para morrer no estremecimento. Porque há frio e o frio é parecido com a ausência.

Crueldades Afines


XXIII Tan desnutrida de ti, cansada de mirar y no verme. Si las horas me cabalgan, ¿qué hay de mí? Un rostro deformado en el eco de mi memoria.

Tão desnutrida de ti, cansada de olhar-me e não me ver. Se as horas cavalgam-me, o que há de mim? Um rosto deformado no eco da minha memória.

Crueldades Afines


De la altura comprendo que no

hay más voz que la tuya Papel Dueños Algo arrugado Si la voz si la cordura y todo me guarda en un estanque como si pudiera morir dos veces como si pudiera morir dos veces Pienso que hoy es mi último día de invierno y de infierno Lo demás es un adiós que se va con tu nombre


Ana Alvea Sánch Alvea Sánchez A SánchezAna Alv Ana Alvea Sánch Alvea Sánchez A P oeta por pasión, Ana Alvea Sánchez es Licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y en Derecho. Actualmente cursa el doctorado de Teoría de la Literatura en la Universidad de Granada.

Tras su aparición en varias obras grupales y tras desarrollar la labor de editora, ha publicado su primer poemario, Interiores (Ediciones En Huida, 2010), recorrido vital que desde la memoria, atestigua el paso inexorable del tiempo hasta el encuentro con el inédito presente. Un poemario que discurre por la senda de la emoción, donde la autora plasma su concepción poética y existencial desde un yo trascendente en el que el lector podrá identificarse plenamente por su exquisito y depurado gusto y por una mirada contemplativa y asertiva del único don preciado, el amor.


Bruma

Lo que fue, lo que creímos que fue, lo que nos queda de aquellos días: una aguda punzada en la sien, la sensación de ahogo, este rudo golpe en el pecho. Todo lo demás, bruma.

ana

¿Cuánto tiempo es preciso para llegar al fondo de los recuerdos? ¿Puede atraparse en ellos la verdad?

Interi


-IUn año más nuevo viaje a ninguna parte ¿Acaso soñamos demasiado? -IITranscurridos los años adviertes que ir a ninguna parte es también un modo de vivir sin brújulas ni mapas abierto a la vida y su desconcierto que allí en el hueco o en la nada todo nos espera.

riores

Enseñanza


Un arroyo, su murmullo. El agua encuentra a la piedra,

i n é d i t o

la bordea y continúa en su fluir. No como tú, que te empeñas en demoler, en eliminar a la piedra, al menos desgastarla, aunque te desgarres la piel en ese intento. El agua discurre como si nada la perturbara ni hubiese obstáculo alguno en su camino.

s e n t i d o é p i c o


Poeta en constante búsqueda, Carmen Moral Pérez (Cabra, 1980) es Licenciada en Periodismo y estudiante de Arte dramático en la ESAD de Sevilla. Es autora de los libros de poesía De los vuelos del alma (2001); Acantilado de mi memoria (2004) y Las manos en duelo (2008). Ha sido incluida en la antología Egabro: un milenio de poesía. Con A orillas de mí (Ediciones En Huida, 2011) la autora se encuentra a sí misma en una orilla que le desborda, una orilla de apasionantes silencios y de delicados oleajes, una orilla que le conduce mar adentro.

carmen

A

O R I L m L o A r S a l D E p é M r Í e z


carmen Los huéspedes del corazón

Tengo un paisaje repleto de flores

entre la piel y el alma, y a veces cuando hundías tus raíces en él veía barcas gigantes cruzando el océano. Era un día cualquiera de otoño, por ejemplo, las hojas aún no habían empezado a temblar en el aire, y yo te vi por encima de la gente. Venías con los ojos abiertos de sonrisa, para iluminar los semáforos y encender las máquinas de la felicidad. Traías un olor a viviremos juntos que cambiaste por el de hasta siempre. En aquellos momentos de miedos azules, éramos sencillamente eternos. El mundo solo funcionaba mientras tus manos rodaban por mi falda.


moral pérez Ahora sé que el océano tenía tantos huéspedes como ranuras tiene el recuerdo. Solo espero, que mi próximo invitado llegue a tiempo al convite de la memoria.


A dónde van, amor…

a orillas de mí

con la dulzura de estatua en la boca, con las puñaladas de la vida en el rostro, con las torpezas de la guerra en las manos.

A dónde van

A dónde van, amor… A dónde conducen las raíces del odio. A dónde llegan los coches fúnebres del miedo repletos de gigantes y miserias. A dónde van, amor… Los niños borrachos de carencia. Las madres torcidas de distancia. Los padres atrapados en sus penas. A dónde van, amor… Sin horizonte, sin vuelta, sin mirada. A dónde van sin luces en el pecho. A dónde van sin persianas en el alma. A dónde van, amor, a dónde van.


el rastrro de tu soledad El sol se secó en su ventana una tarde, mientras el rastro de todos se desprendía de las almohadas. Ella nos vio encalar los muebles de soledad antes de partir hacia las montañas de los desaparecidos. Ella nos ilumino la noche con caminos de vuelta, por si el invierno se tragaba nuestra esperanza. Desde entonces, los teléfonos tienen piernas y nos visitan para besarnos la frente. Ella viaja por los tejados de nuestra tristeza, para asegurarse de que nos hacemos mayores. A la vuelta, nos recibe con bufandas de cariño entorpecido, y nos damos cuenta del hogar de su rostro, del sonido de sus silenciosos besos, de la canción temblorosa de sus años. Sus manos siempre huelen a regreso, y mientras cose los calcetines que te rompió la vida, te mira como quien ve lejanías de océanos. Las grandezas tienen nombre de madre.

las manos en duelo


P

oeta poliédrica, Carmen Ramos (Gibraleón, 1968), economista de profesión, es una incansable lectora incluso antes de saber leer. Miembro activo de la Asociación

Carmen Ramos

Fahrenheit 451 – Las Personas Libro de Sevilla, participa con ellos en diversas convocatorias de fomento a la lectura. Algunos de sus poemas han visto la luz en blogs y bitácoras. Un microrrelato y dos poemas se publican en la antología Des-amor (Groenlandia, 2010). Varios poemas de su autoría aparecen en la antología Verso Libro (Nuño Editorial, 2011) de la cual es coordinadora junto con Fran Nuño y Esperanza García Guerrero. Colabora además en “Papelusar”, publicación de periodicidad francamente impredecible y en la revista “Gibraleón es Cultura”, donde tiene una sección fija llamada “Lecturas no obligatorias”. La plaquette Mudanza Interior (Ediciones en Huida, 2010) es su primera publicación en solitario. Poliédrica (Ediciones en Huida, 2011) su primer poemario. Intenta mantener vivo el blog Poliédrica (http://poliedroautodual.blogspot.com)


Mudanza Interior Tantas veces oído el mismo sonido (desde la Calle Carmen hasta hoy). Es el familiar clic que hace la llave al cerrar y hoy sabes que será el último. Duerme la casa, envuelta en un velo de polvo. Las paredes aparecen desnudas, la cocina vacía. No hay platos. Una última bolsa que tirar. Todo cerrado.

Las casas dormidas

Y ahí quedan enmarañados en sus tabiques los [buenos momentos, las risas que colgaron de las lámparas. Arrastraremos por siempre, como la cola de un traje de novia, todos aquellos recuerdos de la vieja casa, la casa [dormida. Un último vistazo deserta suspendido en el aire, un suspiro encogiendo el diafragma y una sonrisa, furtiva, enmarca las esquinas. Cierras los ojos, apoyas la cabeza en la puerta. Clic.

Poliédrica


Poliédrica Un poema hecho de silencio.

U n

un poema

p o e m a

Poliédrica

Poliédrica

Poliédrica

Como un gorrión palpitando entre mis manos.


la palabra brick Hoy he visto la palabra “brick” en un poema, y me he dado cuenta que mientras yo me afano en buscar el adjetivo (preciso, afilado) en mi diccionario de sinónimos y antónimos (gastado, azul) hay unos chiquillos que se asoman a la ventana y ven poesía donde yo, solo veo basura.


Poeta observador, Curtis Bauer (Iowa, 1970) ha publicado sus poemas y traducciones en revistas como Fulcrum, The Dirty Goat, The American Poetry Review, The Indiana Review, Circumference y The Southern Review. Ha sido finalista de los concursos de poesía New Letters y Glimmer Train Poetry Open, así como del concurso de traducción Willis Barnstone. Obtuvo el primer premio del concurso John Ciardi con su primer libro de poemas, Fence Line (BkMk Press, 2004). Es profesor de Escritura Creativa y Traducción en la Universidad de Texas Tech, editor de Q Ave Press Chapbooks, miembro de la junta directiva de Fishouse (www.fishousepoems.org) y editor de la Sección de Traducción del Español Fishouse.


While I sleep my wife writes words

         on my back.  She wants me to feel what she thinks,            what’s inside her chest. When I wake the letter Q boils between            my shoulder blades as if it were branded or etched.            I think she traced C  but there’s longing in her and she hates            the word covet.  Her delicate hands can’t hold desire.           She is sitting on top of me  naked, though her hair clothes her.            The bed isn’t large  enough for this love tracing from her            fingers. The room  diminishes when she opens her eyes.

Curtis Habitación con cama en medio


Room With A Bed In The Middle

s Bauer

Mientras duermo mi mujer escribe palabras

sobre mi espalda. Quiere que yo sienta lo que piensa, lo que le bulle pecho adentro. Cuando despierto la letra Q quema entre los omóplatos como si estuviera marcada o impresa. O quizás hizo una D, y se ha quedado a medias al escribir la palabra deseo. Sus manos que se niegan a frenar su anhelo. Está sentada sobre mí desnuda, cubierta tan sólo por su cabellera. La cama no es lo bastante grande para este amor que auscultan sus dedos. La habitación mengua cuando ella abre los ojos.


Can you blame me, really, for sitting

where they tell me to, and alone at the table in the middle of all attentions, like mine all on the bottle I want, the one they won’t give me, its neck a lonely mouth never closing, but stopped, silenced by lips, like mine wanting a kiss, not of the wine but the love wine gives back in the mouth’s embrace? Big thoughts get caught in the blur of its round mouth. I am disgusted by the artificial flowers. This coffee, this hard donut I’m given disgraces me.

Curtis

I’ve been beaten by men like those in the diner booth smoking, for asking for a smoke and not laughing when they laughed. Their good women stay quiet, smile, sing hymns in the choir on Sundays. I want to drink big, but I won’t drink with them. I don’t love them. Just their height.

Enano con botella


Dwarf with Bottle

s Bauer ¿Se me puede culpar, de veras, por sentarme

donde me indican, solo en esta mesa, el centro de todas las miradas, como la mía se fija en la botella que ansío, la que no me ofrecen, su cuello una boca sola que nunca se cierra, una boca oprimida, silenciada por labios que quieren besos, como los míos, no del vino, sino del amor que el vino devuelve al roce de unos labios? Profundos pensamientos se quedan prendidos del enigma de su redonda abertura. Me dan asco esas flores artificiales. Este café, este donut ya duro que me han servido, me desagradan. Me han golpeado tantos hombres como esos que fuman en el comedor, por haberles pedido un cigarrillo y no haber reído luego sus gracias. Sus buenas mujeres saben estar en silencio, sonríen, cantan plegarias en el coro los domingos. Tengo ganas de emborracharme, pero me niego a hacerlo con ellos. No les envidio a ellos. Sólo a su altura.


In the afternoon the river thawed and not one ice plate remained— you could sit on the bank and watch the flow float seed pods and tampon boxes out of town, as if it were a road you could stand beside with your thumb out. Or skip a stone from a pile the strange neighbor boy mounded at your feet again. This year, when the milk cartons bobbed and twirled on the current, the grocer seemed a little smaller and our child gave her pocket stones back to the riverbed. Suddenly tired, the greasy mechanic had to look away from the weasel dipping in and out of the oak leaves lilting and twirling in a mid-stream pool. Like last year, like every year, the days were still short and dropped their thick dark hard like a wool quilt over the water. The whole town went likewise to bed. Not one lamp burned, which could have given us a reason to stay. For a while our bed felt perfect—firm, warm, occupied—until the water drew our noise from the windows and we followed. You went upstream. I climbed down.

Las verdaderas rezones de tu ausencia

i n é d i t o


The Real Cause For Your Absence Por la tarde empezó el deshielo y el río empezó a fluir de nuevo – Uno podia sentarse en la orilla y seguir la corriente de cáscaras de semilla, cajas de tampones salir del pueblo, como si fuera una autopista y uno estuviera alli con su pulgar al aire. O pudiera arrojar una de esas piedras que apiló a tus pies de nuevo ese chico extraño de los vecinos. Este año, cuando los cartones de leche pasaron dando vueltas y más vueltas, el tendero parecía más pequeño y nuestro chico había devuelto todos sus guijarros al río. Cansado, de repente, el mecánico manchado de grasa apartó la vista de la comadreja que jugaba a zambullirse en unas hojas de roble brillando, haciendo remolinos en mitad de la corriente. Como hace un año, como cada año, los días eran todavía cortos y arrojaban su tupida colcha de sombra sobre el agua. El pueblo también se fue a la cama. No se veia una sola lámpara, nada que nos hiciera quedarnos un rato, al menos. Por un momento, nuestra cama parecía el lugar ideal - firme, cálida, para dos - hasta que el agua arrastró el ruido de los balcones y a nosotros mismos. Tú seguiste corriente arriba. Yo bajé al fondo.

i n é d i t o


Daniel

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oeta por pasión, Daniel García Florindo (Córdoba, 1973), es licenciado en Filología Hispánica. Tras su experiencia como profesor de Lengua castellana y Literatura de enseñanza secundaria y universitaria en Sevilla y en Lisboa, así como en el Instituto Cervantes, continúa su labor como autor y editor de distintos proyectos educativos relacionados con la lengua y literatura hispánica. Su poesía ha sido recogida en revistas (Litoral, Paraíso o El maquinista de la Generación) y antologías (Poesía viva de Andalulucía, Lo que ha quedado del naranjo, Versos para derribar muros, Terreno fértil o La dolce vita: poesía y cine). Tras su primer poemario, Amanecer en Pennsylvania (Los cuadernos de Sandua, 2001), publica Cuadernos de Lisboa (Ediciones En Huida, 2011), recopilación de poemas de casi una década estructurados en varios cuadernos cuyo denominador común es advertir el paso del tiempo con una suerte de miradas elegíacas y reflexiones desde la memoria poetizada.

García Florindo


El ruiseñor

El

ruiseñor que canta en el poema una mañana eterna –dice Keats descansando la pluma en el tintero– se oirá también ahora, si hay silencio y el tiempo de la música se expande en el hueco concéntrico de un sueño. Los ruiseñores, digo, que Juan Gelman echó a volar de nuevo en Buenos Aires una mañana igual, pero con sed inversa, siguen volando y cantan, cantan, cantan… Ahora bien, cuidado con el símbolo de especies que no cantan, ya sabéis: el buitre que devora el alma de Unamuno, el cuervo que tortura la conciencia de Poe o el albatros que vuela majestuoso en el cielo y en tierra es Baudelaire humillado y maldito, muerto quizás a manos del viejo marinero que escribió Coleridge en su balada. Con sus sombras a veces sobrevuelan la nieve de las hojas que buscan un sentido a los cisnes salvajes en la Irlanda de Yeats, al cisne incuestionable de engañoso plumaje y cuello retorcido que inventó el gran Darío. Todos los cisnes flotan en la nieve –invisibles, lo sabemos–, incluido el que refiere libre y triste René Char tras la ausencia.


vuelven las oscuras golondrinas que Bécquer liberó de la memoria (Libro de los gorriones) manuscrita aquella noche antigua de Toledo.

Ya

Ya el gorrión de José Emilio Pacheco bajó a las soledades de un jardín mexicano. Ya graznan en la China de Li Po los cuervos por la tarde dibujados y regresan las aves de Cracovia en una primavera que Szymborska anticipa. Una bandada cubre la nieve del espacio. Yo, oculto en el envés de las palabras, distingo cada canto y sus llamadas, observo el movimiento de sus alas, la forma de los picos y el color de las plumas, con qué gracia se posan en las líneas escritas. Pero esta vez decido un fogonazo, un disparo hacia el aire que dibuje una elipse caligráfica, que levante una auténtica estampida: y un huracán de negras palomas abandonan el Nueva York de Lorca, se equivocan, chapotean las aguas de un poema de Alberti, cambian de rumbo y buscan otra rama, otra aurora en el verso de Aleixandre donde graciosos pájaros se copian fugitivos.


1973 Hay un hilo de niebla en el solar donde estuvo la casa de mis padres en mil novecientos setenta y tres. Este cielo es la esclusa de un poema. Una luz incipiente se atisba por el barrio en plena proletaria construcción más allá de la calle Caravaca y el descampado al fondo, en la memoria, donde aún crecen la hierba de un porvenir intacto y una ciudad que aprende a despertarse. Los caballos azules de Franz Marc vinieron a pastar aquí mi infancia, mientras yo acuartelaba sus figuras puras y protectoras en su color quimérico. Como si continuaran respirando con la luz transparente de aquellas acuarelas, como el sueño de niebla interrumpida, sucesiva y cortante entre mis años ha de abrirse la esclusa de este cielo que es un vientre embrionario. Acabo de nacer y soy un pajarito —dice mi madre— en mitad de noviembre.

García Florindo


Hace dos meses partió Pablo Neruda de Isla Negra. El corazón de Chile se prendió cuando fue devorado por las hienas manchadas con pavesas de sus versos. Aquí el ultraje viejo y moribundo que concibió un olvido imperdonable fue contando sus meses de cárcel y cuartel con la impunidad fría de la Historia humillada. En Viena Auden ha muerto convencido de que su poesía era veraz, veraz como esa niebla que traspone un aire tan lejano: el aliento de una infancia feliz. ¿Son mis hermanos quienes gritan ahora como sioux cabalgando en los brazos del sofá? ¿Hasta dónde llegaron sus vislumbradas flechas? ¿Pudieron traspasar el blanco y negro de aquel año nuboso para decirme algo? ¿Dónde estabas? La mesa ya está lista. A comer antes de que se enfríe el plato —habla quizás mi padre—, antes de que otra flecha reviente la burbuja ilusoria del juego que apenas sospeché.

Daniel


El recuerdo es mentira, evanescente niebla en el poema de Auden, pero estoy de regreso, he batido mis alas y vuelo alto como un sueño de números que sienten el tiempo sucedido. Ha de cerrarse el cielo de esta esclusa. Tengo ya treinta y siete pies de altura… y no sé… ¿Adónde regresar?, ¿a qué vida posible?, ¿a qué extraño poema?, ¿a qué verdad?, dónde esa brizna de hierba en el solar, las hienas que usurparon tantos sueños, los caballos azules galopando perdidos, esa luz incipiente que anuncia otro futuro donde estuvo la casa de mis padres en mil novecientos setenta y tres.

García Florindo


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oeta por amor a los versos, Fran Nuño (Bilbao, 1973), es un conocido y reconocido librero, editor, dinamizador cultural, dramaturgo, poeta... de la ciudad de Sevilla.

Escritor de literatura infantil de una amplia y sólida trayectorial, con varias menciones en concursos y más de diez libros publicados: cuentos, novelas, poemas, teatro... nos presenta, después de haber participado en varias antologías y revistas literarias, su primer poemario para jóvenes y adultos: Deambulaciones (Ediciones En Huida, 2010). Una obra donde encontraremos versos que caminan sin una dirección concreta por la calles de la cotidianidad. Una poesía reflexionada y reflexiva. Una parada necesaria en su camino que abre una nueva etapa en su ya dilatado recorrido cultural. Más información en www.frannuno.es


Sentado en la cama, mirando a la pared, quizá a un cuadro que no veré jamás. Paisaje extraño el que presenta la ventana. En estas horas de hotel uno se siente huésped de sí mismo y mira de reojo al pequeño frigorífico que permanece firme junto a la lista de precios. Pasos en el pasillo, puertas que se abren, se cierran, voces que se cuelan por cualquier rendija. El televisor tiene los canales desordenados y juego a acertar cuál será el siguiente en aparecer. La moqueta no hace juego con la colcha, la colcha no hace juego con las cortinas. En estas horas de hotel uno se siente habitante de un paréntesis, de un respiro que otorga su camino. He traído un cuaderno por si se me ocurre escribir algo. Hasta ahora, nada.

HORA


AS DE HOTEL

He traído un libro para leer. Hasta ahora, nada. He traído música para escuchar. Hasta ahora, alguna canción. En estas horas de hotel uno se siente desalojado de todas sus pertenencias. En el baño evito mirarme en el espejo, quizá tema ver al verdadero inquilino de la habitación. Me acuesto. Apago la luz. Y al cabo de un rato consigo dormir. Por la mañana me despierta el trasiego de las limpiadoras.


Los semáforos nos miran de frente y parecen querer entrar en conversación con nosotros.

Quizá, cuando sus luces nos ordenan detenernos, nos están diciendo: “Espera, hablemos un poco”. Puede ser, que cuando nos indican que continuemos con nuestros pasos nos están comentando: “Me hubiera gustado charlar contigo, pero tengo trabajo por hacer”.

Ayer, el semáforo de la esquina, inesperadamente, encendió, sólo para mí, una luz azul y con ella parpadeó en un perfecto Morse las letras de tu nombre. Ayer, justamente el día en que me dijiste que el azul es tu color favorito.

SEMÁFORO EN AZUL


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ÚLTIMA ESPERANZA Las servilletas de papel saben de su condena de muerte, por eso se agarran a una última esperanza: que alguien escriba en ellas una dirección, un número de teléfono, una genial idea o siquiera unos sencillos versos… Como estos que acabo de escribir en esta única servilleta que quedaba sobre la barra de un bar a punto de cerrar.

fran nuño


Poeta en lucha y en constante agitación, Inma de Pando (Sevilla, 1973), es licenciada en Periodismo. De mirada crítica y deseada de justicia, tras llevar su palabra poética a diversos proyectos, como Retazos, re-cuerdos (Padilla, 2002), publica Los hilos esparcidos sobre la tierra (Ediciones En Huida, 2011). Es este un libro de íntimo desgarro, un punto de encuentro intergeneracional en el que la autora pone voz a parte de una generación que tuvo que habituarse al silencio y a parte de otra que no pudo o no ha sabido demostrar, a justo tiempo, la gratitud adeudada para con ellos a modo de ofrenda. Una obra testimonial y necesaria, tanto para la autora como para los lectores. Pero, sobre todo, para todos aquellos que dieron su vida por la de otros que, en muchos casos, no conocieron.

I n m a de P a n d o


Risas compartidas en noches oscuras, entre llamas que alumbran rostros fieros. Risas sabedoras de la muerte que no avisa. El miedo se cocina a fuego lento. Ebriedad de la vida-precipicio, tan frágil como certera. Caídos, arrebatados, huidos de las calles, los besos. Ahogadas, escondidas, condenadas al hielo, las palabras. Dónde quedó tu cuerpo, que aprendía a amar mientras moría. Dónde, la punta de tu dedo, que trazaba sueños como puños. Dónde quedó la esperanza febril, atrevida, poderosa. Dónde está vuestra vida. Dónde.

Dónde


La guerra pintada

Ya no hay flores gigantes, alegres mariposas, ni torcidas casas, ni muñecas con brazos muy largos, como agujas de reloj en estampida. Ya no hay caminos como alambres verdes, ni un sol grande, grande y amarillo, con rayos desiguales. En tu lápiz de niño hay aviones, cañones, barcos, tanques, bombas, soldados, y también fusilamientos. Y también maletas, maletas pequeñas en pequeñas manos.


Trazos espectrales que van a morir con sobria torpeza lava difusa, turbia, Ă­ntima mancha expandida en la nada palabras furiosas rompeolas de todo lo que me habita


Iván Onia

Tras una labor artesanal y de mimo y difusión para con sus versos y tras ser finalista en Plumier de Versos V (Ed. Nuño, 2009), Iván Onia publica su primer poemario en solitario, Tumbada cicatriz (Ediciones En Huida, 2011), una ópera prima en la que, sin tapujos, aborda el verso y su secular herida, la poesía como acto de oficio y sacrificio. Una obra plena en frescura iniciática, pero con el poso del autor que medita cada uno de sus versos, que calibra todo aquello que, para bien o mal, acompaña al poeta y a su singular labor. Un poemario, una cicatriz y una vida que comienza.


verbena Yo también me he quedado sin las lágrimas necesarias con que nombrar la niebla de bosque envuelve a los hombres solos y la cara gris de los animales enjaulados y la percha que forman las preguntas si, en vez de las respuestas, colgamos solamente los abrigos. Es necesario a veces ser preciso con el llanto, escribir mirando al río: "latigazo de mar, herida abierta". O andar la ciudad fiera y anotar: "un semáforo en rojo es una bala al corazón de la palabra prisa".


Todo sea por no esconderse siempre detrás de las esquinas con los ojos secos o despertarse todas las mañanas para beberse la sombra caliente de un café como si fuese la propia.

Todo para adentrarse en los días igual que nos colamos en una fiesta, con la certeza de no encontrar nunca a las personas que vamos buscando y la esperanza de parecer simplemente invisibles.


los flacos símbolos

Es esta pobre sangre la que te hará menos sola mañana si anochece y no estamos. Pareceré borroso, pero nunca temas porque vendré a la noche en punto para apartarte el pelo de la frente y leer lentamente todo aquello que, sobre la delgada línea del presente, estoy intentando –triste y lúcido- contarte. Volveremos a ser nítidos, igual que ahora, -animales sin tiempo-, y nunca olvidarás que alguna vez fui un muchacho y mi amor caminaba sobre los flacos símbolos con una sencillez que nunca más conocimos. Que fui un muchacho y te quise sobre cada palabra que, ahora que no estamos, tú rescatas igual que a un libro de las llamas.


m e d i o d í a . v e r a n o

Hay niños que esqueletos de las y llevan los pies que todavía no Yo he bajado dorada donde los dientes y el redondo o abro el pájaro o cito al como quien que flotan en

caminan sobre los últimas olas sucios del recuerdo los ha alcanzado. despacio hasta esta piel al agua no le llegan hundo la lanza trazando artificio de la sombra muerto de los libros mediodía en mi muñeca busca todas las preguntas un vaso de cerveza:

¿Cuántos misterios le caben al mar? ¿Cuánto horizonte soy desde otra orilla? ¿Cuánta verdad se esconde tras las puerta s cerradas de los bares? Mientras cae la tarde, las pregu están ardiendo dentro del poemntas a y el sol se agarra a los cuerpos con saliva de oro. Sin embargo, cua una creemos alcanzar las respuestasndo sólo hallamos las huellas de un fantasma y las hogueras que cierran las som y las mentiras que abren los bar brillas es.


Jesús Cárdenas

Poeta de medida raíz, Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, 1973), es profesor de Lengua castellana y Literatura en Educación Secundaria. Desde 2007 ha publicado más de una veintena de artículos y más de cinco libros, que se reparten entre el ámbito científico y el didáctico en distintas revistas. Desde el ámbito creativo, se siente apasionado por la poesía. Algunos de sus poemas han aparecido en antologías, como la reciente Poemas inolvidables, Latin Heritage Foundation (EE UU, 2011). Ha colaborado con sus trabajos poéticos en distintas revistas digitales: Arena y cal, La sombra (de lo que fuimos), Palabras diversas, siendo colaborador habitual de la revista digital mexicana Cuarto Creciente. Su obra Algunos arraigos me vienen ganó el XVI CERTAMEN DE POESÍA “JOSÉ Mª DE LOS SANTOS (Diputación Provincial de Sevilla, 2006). Su poema “Días grises” fue premiado en el Concurso Internacional de Poesía Latin Heritage Foundation, publicado en la antología Una isla en la isla, Latin Heritage Foundation, (EE UU, 2011). La luz de entre los cipreses (Ediciones En Huida, 2012) será su primer poemario en solitario. Este marzo verá la luz.


Y ahora sobre asientos no más ebrios de amor y de emociones, te amaría. Veo gente tirando de maletas, persiguiendo relojes, traficantes de áureas llegadas. En el vórtice confluyen, apostados todos juntos.

jesús cárdenas

Están los que atienden a la megafonía, sin perder de vista cada salida, que fluctúan en paneles de acero; y quienes se perdieron en ese justo instante. Parece una cabina de ruido concentrado, no una pintura que haya que guardar. Mientras, espero a solas un tren, busco en tu cuerpo que es el cuerpo que pienso, y no sé ya de mí, porque te supe y nada ha vuelto ya a ser de otro modo. Desde el andén que incita una distancia, rumbo a un destino incierto, te amaría. En la noche el silencio dilatado de un tren.

Paneles de acero


Proyectos La madrugada es sutil y tan viva como nosotros. En el desvelo una nube te atrapa y, juntos, entrelazados al alba. Crece a su magnitud, que nunca para. AquĂ­, vidriosa, mi conciencia, difuminando los lĂ­mites de lo sensible. La conciencia que estalla sin amparo, sin nostalgias ni proyectos que importen.

la luz de entre los cipreses


En mi casa hay una llave escondida, que se oxida y envejece calladamente con su murmullo de rueda molienda, perdida, como muchas de mis notas. Como es sabido lo que mejor se oculta va a parar detrĂĄs de sĂ­.

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la llave y el eco

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José de María Romero Barea José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla, ciudad donde reside y ejerce de profesor de Enseñanza Secundaria. Resurrecciones fue su primer libro de poesía. Le sigue (mil novecientos setenta y) Dos (Ediciones En Huida, 2011). Presentado en dos partes, los poemas impares, en prosa, apuntan a la reflexión sobre el proceso de escritura. Los pares, en verso, tienden a la autobiografía. Es un poemario de sencilla estructura y profunda premeditación.


viii

Nos veíamos subir la Cuesta la Parroquia a codazos en el fragor de la siesta en Aguilar sólo para ver al Nazareno encerrarse como antes hace un mes nos habíamos visto detrás del mostrador del Chache Pepe eligiendo la camisa que llevaríamos el Viernes Santo cuando nos viéramos viendo al Nazareno encerrarse de culo con la intuición de que todo estaba ocurriendo entonces y al mismo tiempo en un futuro ya sin nosotros algo así como un anticipo de la muerte acentuado por aquel redoble de la baqueta en la tersa piel del tambor como si en realidad no estuviéramos allí sino ya de vuelta viéndonos devorar con una mezcla de asco y nostalgia la fría ensaladilla del recuerdo


José de María

X

A través de los nombres o a pesar de ellos subíais la calle Lorca o su incendio de vuelta a casa a garabatear folios en octava ya a solas

5

Innoble tendencia nombrar o ser nombrado perderle el respeto a los nombres Aquella sed de otoño el raro equilibrio entre brillo y penumbra que os adornaba la boca y de noche os impelía a buscaros sin cauce a través de los nombres

Romero Barea


Oído atento a ciertas palabras ciertos lugares comunes el estilo supuestamente casual la conciencia limpia recién doblada alimentada sin exceso viva subjetiva Suena Vashti Bunyan Lo mismo te llega algo de esta alegría Lo mismo

i

i n é d i t o


Poeta cabaretero, de neón y humo, Lorenzo Ortega presenta en Ante el Minotauro quince nuevos poemas, muchos de los cuales conformarán su próximo poemario, en el que ya trabaja y que será también publicado por Ediciones En Huida. Quince poemas de un poeta de raza. De un poeta áspero y sedoso a partes iguales. Quince poemas, quince precipicios.,quince vidas salvadas. Un poemario escrito por y para el alivio, para no deber nada. www.lorenzoortega.com estamosbailando@gmail.com


Encontré, buscando en la basura, mis dos manos amputadas. Me lo dijo un sabio anacrónico: “Porque allí están las flores de oro”. Y también estaban mis manos, he tenido suerte. La vida me juega ahora una broma de buen gusto, las encuentro fosilizadas. Y puedo leer aquellas líneas, suerte. Porque soy arqueólogo. Y con estas vasijas halladas, las mías, me río del carbono 14.


No encontraba el amor aquí, entre los seres humanos. Y cada noche salía a buscarlo, hasta que dio con el espiritual en cada sueño, en cada vigilia. Hasta que abrió una puerta. Después la cerró porque al mirar sus uñas las supo largas, negras. Al principio sentía miedo. Más tarde descubrió que todo era cuestión de higiene.


No controlo el tiempo mientras Cronos funde mi vida, no controlo el 谩nimo mientras repto por senderos err贸neos, no controlo mi voz por barrer. Nada espero del destino mientras caigo por los barrancos del fregadero atascado de ritos, signos, palabras. Mientras vuelves y no.


Poeta transversal, Manuel Guerrero Cabrera (Luc ena, 1980) es profesor de Lengua y Literatura y artic ulista. Además desarrolla una labor de investigación y –desde la Asociación Cultural Naufragio– difusión cultu ral y literaria. Por esto último, recibió el Premio Pimi ento de Plata de la Delegación de Juventud del Ayun tamiento de Lucena en 2011. Es autor del volumen Estud ios críticos de Literatura del Siglo de Oro (Juan de Mairena y De Libros, 2008) y Tango. Bailando con la liter atura (Moreno Mejías, 2009), así como articulista, entr e otros, en Surdecordoba.com y Lucenahoy.com; com o poeta, publicó El desnudo y la tormenta (Moreno Mejía s, 2009) y como narrador, Para despertar (Moreno Mejías, 2011). Con Loco afán (Ediciones En Huida, 2011), afianza su lírica mesurada y su gusto por la intertextualidad.


PASEO EN GÓNDOLA Coral sombrío con la luz del amor, canal intenso. La idílica Venecia es para enamorarse. Donde el labio de arriba es el cielo y el mar, el otro labio. Caricias ondulantes, amor a golpe de remo y de la media luz, crepúsculo interior (si imaginas que el tango lo creó un veneciano en la otra orilla). El gondolero ritmaba resplandores divinos y salados esquivando corales. Pero nosotros ya habíamos topado con el amor, porque Venecia es para enamorarse de Venecia.


M G C

INESPERADAMENTE Y se fue sin aviso como un rayo caĂ­do que escoge ser oscuro tras dividir la noche.


C P

inema

aradiso

Quiero recuperar los besos de la infancia, los maternales, los de la abuela y estos en especial: los que no vi, los que nunca me dieron, los que turbaron a generaciones y apasionaron a tantos amantes, los que siempre buscaron los censores antes de que existieras.

inĂŠdito


Poeta por introspección, Mario Álvarez Porro (Sevilla, 1978), es licenciado en Filología Hispánica. Miembro del grupo poético Lipsum, de Umbrete (Sevilla), y editor de la revista homónima, tras colaborar en diversas publicaciones literarias dentro del ámbito educativo, ha publicado su primer libro de poemas, Negociando el dolor (Ediciones En Huida, 2011) . Es este un libro de desgadorra honestidad y de honesto desgarro, en el que el autor prescinde de circunloquios para abordar una temática para muchos otros tabú: el dolor. Una obra, por momentos manifiesto, radicada, a partes iguales, de experiencia vital y poética.

M ario Álvarez Porro


XXIV

a Reyes, con todo mi dolor

si supieras del temblor y del dolor del silencio si supieras de su sed y de su falta de aliento si supieras de su voz y de su fe en el desierto lo indefinido del mar y lo inexacto del tiempo si supieras del fulgor

M Ă P


M Ă P

XXXVIII

recoge la claridad que ha sembrado el relĂĄmpago una luz que no da sombra precipitarse a lo alto soy animal que echa a volar no soy animal que vuela


a mi hija, para cuando tenga edad de saber sin entender

no temas por lo que vas a sufrir por siempre y para siempre hasta la iniciación de lo terriblr al pisar en el aire y caminar por donde no hay camino por donde no se hace huella

M Á P


Poeta por insistencia, Martín Lucía (Sevilla, 1976), presenta en Los desperfectos (Ediciones En Huída, 2010) y en la plaqette Poemario en construcción (Ediciones en Huida, 2011) una poesía directa que se apoya en la metáfora y la imagen y que persigue constantemente la reflexión, en un momento de agitación literaria en su ciudad al que se suma apasionadamente con este poemario. Es su poesía una fotografía en movimiento de su yo personal y su yo poeta. Una obra en la que el autor disecciona aquello que le acontece como hombre y aquello que le sucede como escritor. Una obra llena de honestidad, humildad y silencios, reflexiones. Un modo de afrontar la poesía para poder seguir escribiendo.

Martín Lucía


Se han ido ya los vientos. A la espalda del aire de febrero, marzo comienza a calentar la ciudad. Las tardes aplacan las noches, que son cada vez más mínimas. Todo es más calmo. El azahar, como cada año, adelanta su tiempo en unos días. Las muchachas se muestran más bellas e inaccesibles. Los chicos comienzan a olvidar las lagartijas y a oler a cerveza y tabaco en huida. Hace días que con el viento se marchó la niñez y sus senos siempre complacientes. Ahora, los chicos, entienden las razones de la vida y creen soñar que atrapan, mientras nadie los observa, besos con olor a sudor y muslos.


Aclamasteis nuestros pechos y presurosos acudisteis con mares insensatos inundándoos cuando el dolor fue corrala y la vida, una cuidad en agosto. Entonces sí…

Entonces adquiristeis con vuestras monedas nuestros pequeños libros bellos. Incluso, memorizasteis nuestros nombres… Todo fue entonces…

Ahora, justo ahora que creéis tener luz propia, cedéis en vuestros abrazos rotos, afirmáis no saber de nuestros nombres del mismo modo que no sabéis del olor del cieno, os presentáis ante los vuestros como hombre valerosos y, ahora, justo ahora, nos llamáis los raros.


Te ronda el viento y depura tus sombras. Da en ti lucidez. Es en mí el vértigo de tu cuerpo cuando va en dirección al mío. Es en mí el incendio sin llama que en ti acontece, cuando mi vientre en tu vientre, ya ni siquiera el aire o la luz entre ambos. Es, entonces, atravesado el dolor por ti, negada la intemperie. Una estampida de cuervos es el ayer. Porque sé de tu claridad a ti he venido.


Poeta por expresión, Nerea Riesco, es licenciada en Periodismo. Tras editar varias novelas (Ladrona de almas, 2002; El pais de las mariposas, 2004; Ars Mágica, 2007 y El elefante de marfil, 2010), ha publicado su primer libro de poemas, Desnuda y en lo oscuro (Ediciones En Huida, 2010) . Es este un libro íntimo e intimista, de cuidada labor, en el que la autora muestra su faceta lírica con un ejercicio de claridad expositiva y franca entrega sentimental. Una obra cargada de experiencia vital y poética. Versos, sin duda, trabajados desde y para los sentimientos. Más info en www.nereariesco.com


Nerea 9 en lo oacuro

Somos perfectos acoplados engarzados incrustados el uno en el otro como piezas de un puzzle: aquĂ­ mi cuello, en el vano de tu brazo, aquĂ­ mi cabeza, el pozo de tu vientre, aquĂ­ mis caderas, en el valle de tus muslos, y esansa espacio desde el que te aspiroque me llena la boca de agua de hambre de gula ...

1


Desnuda

R.Ă­esco Por si no lo sabes hoy te amĂŠ de oĂ­do y pude olerte ( \ y saborearte

v

y etr~derte ....._ '

/

'

apagarte.

1


z cado as re n l l a i , l S a e p ez pubitiad s Hu dos tiva pu s h nc ) ha la S y La sen spec rsas ista á o S 1970 ade nta con z, re dive rev ia). r d , y d s i d Pe illa Ciu ara ado Cád con die) lan m n n , a ev s (S ibro en A rdo illa y más e N roe l o la v e d ,G los turn e, ga , Se o, ad ierra erse c v va d v No Nie uel bora a, T Uni la H la em d en s en a co lhuc nere r io m te. H es (A r Co en n u m acio s (Fo ic e bl ital g di

os d or p a os ad ari m u or oemza s f tte os p fian e u d a aq ria, tor ticos l a p emo el au poé n u m e s es e la s qu stilo o d ad las n lo os e de t i a d s o b I ad ha o e os, c con t i s de ad ur e ab h or abit ad erqu ria m h , m ac o a e s l em de or d tido ta se tos. m ia m n s n na or El a s, se e a é isti U d . em , o ca i M bras itad nqu ente r lí o ed , au em a n m rica ent u . s, esía lí ar a r ap ob a po s o D en


Retener tu mirada es mi odisea, no dudo en atravesar océanos de dudas, de sirenas que seducen con lengua de lencería, de pulpos gigantes con suaves muslos de seda. Todo eso por tener tu mirada, por perderme en tus islas coralinas, explorar tus cuevas blandas, Calipso. Cegar al cíclope de los deseos cuando no estás también me duele, como una pedrada certera en el mito, porque sé que en el hogar no me anhela una esposa abnegada deshaciendo la frágil tela de la espera fiel. Tú eres mi última isla segura, Ítaca soñada, mi puerto azul. Y así me aferro a los restos del barco y bebo de tus pupilas sediento para no ahogarme en el légamo de la medusa que es esta soledad mía de lobo.


Ars longa vita brevis. Voz sobre el dintel muerto de tu soterrada belleza. Tus transparentes mejillas son ya niñas ahogadas bajo el ocre de la furia. Quedan latiendo como raíces los colores de tu cuerpo de joven sirena. El tiempo se encargará de hacerlos florecer. He regresado bajo el tórrido sol de junio con la esperanza de recuperar tus miradas, aquellas que depositaste sobre las ondas de la costa esperando vislumbrar a lo lejos los remos de mi bajel aterido de frío. Por última vez he atravesado el umbral que tantas veces me condujo a ti, dulce dueña. Tras dejar mis lágrimas a los pies de tu estatua surco las olas de nuevo hacia extrañas islas. Empuja mis velas la suavidad de tus manos. Vagaré sin rumbo hasta encontrar la tierra fértil que tras siglos de olvido ha de heredar tu nombre.


He descubierto que a veces se puede poseer un corazón de lantana, dos colores íntimamente unidos para armonizar un latido doble y unísono (perdona la franqueza): el color de tu piel sobre la arena y el de sus ojos bajo un cielo mudo. Sois dos pétalos tersos y fragantes en mi sucio jardín lleno de espinos.

o t i d é in


Rafael de Cózar

Poeta versátil, pintor y narrador, Rafael de Cózar (Tetuán, 1951), inició su actividad como escritor fundando el grupo literario "Marejada".

Entre 1982 y 2002 fue presidente de la Sección Andaluza de la ACE. Durante más de diez años, fue miembro de la Comisión de Ayudas a la Edición de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Ha sido Director Literario de la editorial “El Carro de la Nieve”. Doctor en Filología Hispánica, es Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Sevilla y miembro del consejo asesor del Centro Andaluz de las Letras. Con Los huecos de la memoria, Cózar interpreta la lírica amorosa desde la experiencia de la pérdida.


los huecos

Con mi carne, con la tinta que suda de mi vientre, con mi diente y la piel de las palmeras, con la vela que reza la distancia, con la seda de mi lengua y con mi hambre la quĂ­mica de tu cuerpo quisiera traducir.


de la memoria

,

sobre su piel


Ojos d Quépuedo decir de ti si ya no queda

ni un mínimo rescoldo en la penumbra del fondo acristalado de mi copa, o tal vez sólo un tímido recuerdo de tu piel cuando en la cama tuerzo las esquinas y la miel ondulante de tu pelo me empaña las pestañas de color.

Fui olvidando tus medias en la cómoda, tu cepillo de dientes, tus camisas y ponerme tus jeans a mi medida. He olvidado la cocina para dos y ya no uso jamás tu cazadora; me basta una ración en la comida, no preciso llenar la lavadora y he cubierto el hueco en la repisa que dejaron tus libros y tus cosas.

Ya no


de uva

He cambiado las plantas que te gustan y ordenado de otra forma el salón, torcí los cuadros por romper la simetría, arrojo la ceniza en los rincones y perfumo los pasillos con el humo del tabaco canario que me fumo con espíritu de total contradicción.

He logrado con el tiempo olvidar

y ya ni recuerdo cómo fueron los días que en la penumbra quedan o en los rojizos tonos de mi copa como un eco de una antigua historia que alguien contara en algún lugar Logré olvidar el cobre de tu frente e incluso tu líquida dentadura abrazada por la ternura de tu boca o la dulce superficie de tu vientre

queda


Ojos d casi fugaz y aéreo, y tu saliente hombro iniciando la curva de tu cuello, recostada de perfil sobre las sábanas como el más bello animal.

Tansólo a veces añoro que en la noche me claves al costado las rodillas,

o la adorable tortura de tu cadera, el martirio de tu melena sobre mi boca y el revés inconsciente de tu mano que aprovecha para vengarse la ocasión, o acaso también cuando dormida violabas las fronteras establecidas manteniéndome preso junto al muro, encadenado a tu cuerpo desnudo, condenado a morir sin remisión, el resto de la noche sin derechos,

Ya no


de uva con el pecho fusilándome la espalda, y con la extensa superficie de mi piel midiéndote las balas de las venas... o esas también frías noches del invierno que usurpabas las mantas de un tirón y atenazabas mis piernas con las tuyas para robarme el último calor.

Asípues cuando te digo que ya no queda ni un rescoldo mínimo de tu sombra inquietando los restos de mi memoria y que he cambiado todo de lugar sin el menor asomo de tristeza, sólo espero que no entiendas cómo siento el temor de que descubras cómo miento, con qué maravillosa desvergüenza.

queda


Poeta por necesidad, Rocío Hernández Triano (Sevilla, 1976), es licenciada en Filología Hispánica. Tras haber participado en distintas revistas y antologías de poesía, ha publicado su primer libro de poemas, Viento de Cuchillos (Ediciones En Huida, 2010) . Con esta obra introspectiva, de calmo dolor y serena descripción, nos ofrece un poemario en el que emoción y mirada convergen en un canto amoroso que seduce y cautiva. Cada poema es un testimonio de lo que somos, fuimos o quisimos ser. Un poemario en el que establece un sereno equilibrio entre el desgarro y la ternura, con un febril y denodado empeño en, pese a todo, no saciarse de amor. Obra arraigada en la sinceridad de los sentimientos y en la más íntimista confesión como válvula de escape hacia la vida que, de nuevo, renace.

Rocío Hernández triano


Rocío Herná En medio de la triste algarabía de otras bocas riendo, de otras bocas besando, de mi boca bebiendo de un trago el infortunio, te echo tanto de menos que la vida se cuela por el hueco del alma y me silba en el vientre como una habitación deshabitada donde anidan palomas.


ández triano Si mañana amanezco convertida en un oscuro insecto, en rabiosa maraña, diré que fue por ti que deseé mi ruina, que deseé ser ala de murciélago, serpentina de escoria, cualquier cosa por tal de no sentir el páramo desierto de tu ausencia.


Rocío Herná Como una vaca india yo te amé. Tu flaqueza, tus costillas torcidas, tus ojos amarillos, tu pereza y esta forma de estar fuera de todo. Yo te amé, a ti, mi bestia, mi búfalo de agua.

TÓTEM


รก

www.edicionesenhuida.es Como kamikaces enamorados

La flor escogida 1  

Antología de poetas editados por Ediciones En huida.

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