Page 26

extravaganza

tiva, extendida, que nunca acaba de abandonar las paradojas del instante. No es sino el crepúsculo, multiplicado en luces —donde la soledad abre su pecho—, la encarnación última de la promesa hecha por el pasado inmediato, plasmada en un futuro que signa el presente prodigio, referido a una verdad que no es lógica, sino moral por emotiva; el ámbito donde eclosiona la cálida corroboración, unión y afirmación del otro. Ante la espada de Damocles que suspende el tiempo sobre los amantes, el poeta susurra la clave que puede conjurarla: “Yo guardaré tus besos / uno a uno, / para poder vivir sin tu presencia”. El poema que sirve de colofón a Más que el mar de Luis Feria concluye con esta sentencia: “Vida o muerte. Es lo mismo”. Cuando paseamos por la Sevilla más honda y humilde, “mi Sevilla / con sus dos trenzas de siglos / sigue siempre siendo nina”, donde nos reciben las viejas joyas arquitectónicas de San Marcos, Omnium Sanctorum, San Gil, San Julián, Santa Marina o, allende el río, Santa Ana, y olemos los mismos jazmines que se desbordaron por los muros de nuestra infancia, cuando “nada me había empanado / la sonrisa, había tanta blancura en mi mirada, / que el cielo era celeste / y se reían las cosas”, volvemos a ser testigos de “la luz con el tiempo dentro”. Retornan —como en la procesión neoplatónica— los días en que nos regalaron el Atlas de Salinas o los Cuentos de Hoffmann. El aire se puebla entonces de ángulos e intersticios por donde fluyen las presencias posibles e imposibles. Se han roto todas las distancias. Ya no tendremos que volver a preguntarnos si Juan Manuel

Juan Manuel Flores- El caballero niño  

Conoce al autor de Ha llegao la mañana a través de la mano de Marianna Maierú y Agustín García López.

Advertisement