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flores

“Vox populi, vox Dei”; frente a todos los intentos de robarles su esencia común a todas y cada una de las diez mil cosas, que así llamaban los chinos al conjunto de todo lo que hay, siempre hubo una cultura popular acallada, tal vez hoy más que nunca, disfrazada con aquel traje “absurdo, loco, ridículo” que le habían puesto al nino pobre en el poema juanramoniano; cultura popular que aflora en la intrahistoria de Miguel de Unamuno o en la microhistoriografía contemporánea, como cuando Carlo Ginzburg nos narra en El queso y los gusanos la pasión y muerte del molinero Menocchio, que sostenía tesis precristianas de carácter materialista, pensamiento soterrado de raigambre popular que atravesaba, como una marca de agua, como otra marca de agua, el recorrido histórico del Medievo, y que fue imposible sostener en la llamada Modernidad. La órbita popular —y neopopularista—, a la que prestaron sus finos oídos poetas de la significación de Federico García Lorca, Rafael Alberti o Fernando Villalón, puntúa, de una u otra forma, y ya desde la misma dedicatoria “a Aguedilla, la pobre loca de la calle del Sol, que me mandaba moras y claveles”, la biblia del krausismo, que no es otro el verdadero sentido de Platero y yo, como lo demostrara Michael P. Predmore; en dicha órbita se inscribe la obra poética de Juan Manuel Flores, que se constituye en libro de aventuras —recuperado hoy por las mani di fata de Marianna Maierù— donde son indistintos los poemas para ser leídos y las letras para ser cantadas, y aun me atrevería a decir que la más afiligranada tensión poética, “donde llueven las rosas / y la gente no sabe de 43

Juan Manuel Flores- El caballero niño  

Conoce al autor de Ha llegao la mañana a través de la mano de Marianna Maierú y Agustín García López.

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