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25 ava edición ampliada EL MÁS VENDIDO

Best Seller

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UN LIBRO QUE SORPRENDE!!


Hay tantas promesas de Dios que no conocemos.

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El Gran Secreto

Ediciones Anab

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No imaginas cuรกnto te amo.

A los que iluminan el mundo con sus palabras y sus obras.

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El Gran Secreto Para obtener de DIOS lo que se pide

Claudio de Castro 5


Nueva Editorial Católica Colección: Llevando Esperanza Autor: Claudio de Castro E-mail: cv2decastro@hotmail.com Distribución: Departamento de Ventas Ediciones Anab Panamá, Rep. de Panamá Tel (507) 229-9724 E-mails: edicionesanab@gmail.com LIBRERIASANJOSE1@GMAIL.COM 20ava. impresión, mayo 2011 5,000 ejemplares Con aprobación Eclesiástica 6


AUTORES CATÓLICOS

Best Seller de Espiritualidad

“Un libro, un alma” 7


Contenido Preámbulo ......................................... 12 La inquietud .......................................... 22 Los presentes de Dios ........................... 24 Los milagros ......................................... 30 Yo te saludo María ............................... 34 La clave .............................................. 37 ¿Cómo permanecer en Jesús? ............ 40 ¿A dónde me llevas Señor? ................. 45 ¿Para qué estamos aquí? ........................ 50 Salir de las dificultades ........................ 53 Vivir el Evangelio ................................ 55 En la gracia .......................................... 59 Cuando pasa Dios ........................... 60 Ser morada de Dios ............................ 62 Descubriendo a Dios ........................... 63 La gracia santificante ........................... 66 El Secreto .............................................. 75 El idioma de Dios ................................ 76 8


Nunca pierdas la esperanza.

El autor y su esposa Vida 9


“No teman. Yo estoy con ustedes”. 10


Eres especial para JesĂşs.

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PREÁMBULO Un día estaba preocupado porque no tenía dinero para pagar la matrícula en el colegio de mi hija. Era una situación muy difícil y no sabía qué hacer. Conversé con Vida, mi esposa y de pronto recordé estas palabras de Jesús: “Pedid y se os dará”. “¡Caramba!”, me dije, “¡ésta es mi solución!” Una inspiración interior me hizo sentir que todo se resolvería. Cruzando la calle de mi casa estaba una residencia estudiantil. Allí tenían un oratorio con el Santísimo expuesto. Resolví cruzar, para hablar con Jesús y recordarle esta promesa suya. 12


Aún me veo cruzando, emocionado, con la certeza que Jesús me escucharía. Me senté en una de las bancas y le dije sin preámbulos: “Mira Jesús, ya sabes que no puedo pagar la matrícula de mi hija. Ayúdame. Tú dijiste: “Pedid y se os dará”. “Y yo necesito que me ayudes. Espera...”. Abrí mi Biblia y encontré el pasaje en Mateo 7. Se lo leí en voz alta a Jesús: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”.

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¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!” “¿Ves?”, le dije, y le señalé la Biblia: “Son tus palabras....” Me quedé acompañándolo un rato, en oración, luego regresé a mi casa. Cruzando la calle, Vida se asoma al balcón con mis hijos, que estaban pequeños. Empiezan a agitar las manos y a llamarme: “¡Claudio!... ¡Claudio!” 14


Lo primero que pensé fue: “¿Habrá ocurrido algo?” Entonces Vida gritó emocionada: “Acaban de telefonearnos. ¡Becaron a nuestra hija!” “¡¿Cómo?!”, exclamé sorprendido, parado aún en medio de la calle. “¡Sí!...¡le dieron una beca! Miré al cielo profundamente impresionado y le dije a Jesús: “Tú sí eres rápido”... Sonreí impresionado y añadí: “Ni siquiera he terminado de cruzar la calle y ya me respondiste”.

* * * 15


A partir de ese momento empezaron a ocurrirme eventos extraordinarios que me dejaban sin habla. Parecían irreales. La siguiente semana, noté preocupada a mi esposa. Le pregunté qué ocurría y me dijo: “Recibimos una carta del ballet de nuestra hija. No la he abierto”. No comprendí por qué lo comentaba y me explicó: “Estamos atrasados en los pagos”. Con la confianza de nuestra experiencia previa le respondí: “Tranquila, esta noche la abrimos juntos. Algo haremos, pero no la vamos a sacar de su ballet”. Llegó la noche y abrimos la carta. :

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Decía: “Estimados señores de Castro: Por este medio deseamos informarles que estamos muy contentos con el desempeño de su hija Ana Belén. Hemos decidido becarla. Y no tendrán que pagar por su estadía con nosotros. Esta beca tendrá la duración que ella desee”. “¡Increíble!” exclamé, “¡Esto es un tesoro!” Había descubierto un secreto a voces: que las promesas del Evangelio se cumplen, que están disponibles para todos nosotros. En ese momento me pregunté: “¿Lo sabrán los demás? Si supieran lo bueno que es Jesús, no tendrían motivos para preocuparse”. 17


Algo debía hacer. Quería compartir estas experiencias. Y empecé a escribirlas. También me puse a reflexionar: “Lo primero, se lo pedí a Jesús, lo segundo no. Y sin embargo me concedió ambos. ¿Por qué? Debe haber un motivo”. Por meses me dediqué a pensar en ello y a buscar respuestas sin encontrarlas. Una tarde me hallaba en misa, todavía sin comprender, cuando ocurrió. Sentí que se abría el cielo y pude ver y comprender, lo que siempre estuvo allí, frente a mí. ¡Esa era la respuesta! Corrí a mi casa y me senté a escribir. No me levanté hasta terminar este librito que tienes en tus manos. 18


Ha sobrepasado las 18 ediciones y se han vendido más de 25,000 ejemplares. Y todo por “gracia” de Dios. Suelo decir que Dios y yo tenemos un pacto: “Yo escribo, Él toca los corazones”. Y la verdad... lo hace muy bien. Espero que al terminar de leer este libro, algo cambie en tu interior, transformes tu vida y que, como yo, también descubras: “El Gran Secreto”.

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Basta que des el primer paso... Dios harรก lo demรกs.

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LA INQUIETUD ¿Alguna vez has escuchado esta frase?: “Llevo años pidiéndole a Dios una gracia y no me la concede”. O ésta, que es más común: “Pareciera que Dios nunca me escucha”. Tengo muchos años pensando en ello: “¿Por qué de pronto Dios le concede muchas gracias a una persona? ¿Qué hace para obtener tantos favores del Cielo? ¿Cuál es su secreto?” ¿Lo has pensado? Es todo poderoso, nada es imposible para Él. Además, como si esto fuera poco, Dios es Amor. Y el amor como nos dice san Pablo: 22


“Es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo” (1Cor,13, 4-7). Éste es un retrato de Dios hecho por uno que le conoció y lo amó.

* * *

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LOS PRESENTES DE DIOS Cada día compruebo que es verdad, santa Teresa tenía razón: “Sólo Dios basta”. La verdad es que no necesitamos más. He aprendido a ver la mano de Dios en cada suceso de mi vida, grande, pequeño y hasta insignificante. Lo cierto es que cada día me sorprendo más y me digo: “Dios es maravilloso”. Me obsequia la vida misma... como uno de sus mejores presentes. Y me hace saber que “Él es”, que por Él se da. Una vez alguien me preguntó: “¿Por qué escribes?” Le respondí: “Porque Dios me ha mostrado su Amor y aunque quisiera, ya no puedo callar”. 24


Y es que Dios es sorprendente. Cuando dudas, te hace conocer su voluntad. Cuando haces un alto, te da un empujoncito. Cuando tienes hambre, te alimenta con su Cuerpo y con su sangre. Y cuando mueres, te concede la vida eterna. Me encanta la forma como Dios te da a conocer su voluntad, que no siempre es la nuestra. Me ocurre cada cierto tiempo, dejo de escribir y me dedico a otras cosas. 25


Entonces llega alguien y sin saberlo, me da a conocer lo que Dios quiere de mí. En cierta ocasión se me acercó una joven, compró uno de mis libritos y me dijo: “Quiero contarle por qué lo compré. Hace unos meses, desanimada, fui a una librería. Antes de entrar oré pidiéndole a Dios que me mostrara cuál libro comprar, uno que me ayudara. Pasé frente a una estantería repleta de libros y, en ese momento, uno de ellos cayó al suelo. Lo recogí y lo coloqué en su lugar. Seguí viendo los libros y cuando pasé nuevamente junto a esa estantería, el libro volvió a caer frente a mí. 26


Pensé jocosamente: “Si no lo compro me sigue hasta la entrada”. Así que lo compré. Era un libro suyo: “Para ser Santo”. Me sirvió muchísimo”. Y remató con estas palabras: “No deje de escribir”. Otro día, fui a misa decidido a dejar de escribir. Le dije a Dios: “No voy a escribir más. Mejor busca a otro”. De pronto un amigo se me acercó y me dijo: “Alguien te quiere conocer”. Terminada la Eucaristía me presentó a un joven. Nos sentamos en una banca aparte y me comenta: “Deseaba conocerlo. Hace unos meses perdí a mi esposa. Tengo mis hijos 27


pequeños. No sabía qué hacer. Me desesperé e iba a cometer una locura. Me di una oportunidad. Fui a la librería San Pablo y le pregunté a la dependiente si tenía algún libro que me ayudara. “Lea éste”, me recomendó. Y me entregó uno de sus libritos. Lo leí a gusto. Quería que supiera cuánto me ayudó. Y aquí estoy. Por favor, siga escribiendo”. Dios piensa en términos de eternidad, nosotros en lo temporal. Por eso, a todo el que puedo, le recomiendo: “Aprovecha en misa y confiésate. Recupera la gracia. Te sorprenderás lo bien que vas a estar, y el cambio que tendrás”. * * * 28


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LOS MILAGROS “Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman” (Rm 8, 28). ¿Te has dado cuenta de la cantidad de milagros que han realizado sus santos? Dios les favorece con un sin fin de hechos sobrenaturales que nunca dejan de sorprender. San Pedro curaba a los enfermos y resucitó muertos en el nombre de Jesucristo. Dicen las escrituras que hasta su sombra sanaba a los que eran cubiertos por ella (He 5,15). Recuerdo haber leído la vida de este santo sacerdote que visitó un poblado. 30


Querían construir una iglesia y una pequeña montaña se los impedía, pues estaba en medio del campo que habían elegido. El santo les recordó la promesa de Jesús: “Si tenéis fe, del tamaño de un grano de mostaza...” y ordenó a la montaña: “¡Muévete!” Al instante ocurrió un temblor que sacudió la tierra y desmoronó la montaña. A los que no logramos esas alturas en la santidad, pero con ilusión le buscamos, también nos favorece. El Buen Dios suele tenernos sorpresas inesperadas en el camino. Nos acompaña siempre y nos cuida. Mi mamá lo experimentó hace dos días. Estaba en un supermercado y se sintió un poco indispuesta. 31


Salió para buscar un taxi que la llevara a su casa y encontró una fila enorme de personas que también esperaban uno. Entonces... (dejemos que ella nos cuente) Le dije a Dios: — Mándame un taxi que sea tuyo. En eso un taxi que estaba al fondo pasó recto junto a la multitud y se detuvo frente a mí. — ¿A dónde va? — me preguntó el taxista, bajando la ventana. — A la barriada El Carmen. — Venga suba. Yo la llevo. — Señor — le dije — usted es muy afortunado, porque es un hombre de Dios. Su taxi le pertenece a Dios. Acabo de pedirle a Dios que me mandara un taxi de los suyos. Y, de repente, llegó usted. 32


El taxista me miró impresionado. — Señora, — comentó —no sé por qué, sentí el impulso de avanzar. No recogí a ninguno de los que estaban antes. Vine directo donde usted. Entonces sonrió. — Mire lo que dice en la puerta—, dijo emocionado. Al lado mío, en la puerta, había un letrero grande que decía: “Este taxi es de Dios”.

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YO TE SALUDO MARÍA Se cuenta que San Bernardo solía pasear todas las mañanas por el jardín del monasterio. Rezaba, meditaba. Tenía algo peculiar: al pasar frente a una imagen de la Virgen Santísima hacía una pequeña reverencia y le decía con profundo amor: “Yo te saludo María”. Así fue durante un tiempo. Una mañana, al pasar frente a la imagen y saludar a la Virgen, escuchó una dulce voz que le respondía: “Yo te saludo Bernardo”. Recordé esta hermosa vivencia de san Bernardo, al leer la historia del padre José Kentenich, prisionero en Dachao, un campo de concentración nazi. Al ver el grave estado de las cosas, decidió hacer una novena a la Virgen, para 34


animar a los que sufrían, e incluyó esta hermosa esta oración: “Madre, yo te saludo. Madre, salúdame también tú a mí”. Al hacerlo, el padre Kentenich tenía presente este pasaje del Evangelio, que contiene una riqueza asombrosa: “Por entonces María tomó su decisión y fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre: Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!...” (Lc 1, 39-42) Mi reacción fue inmediata: ¿Cómo no había visto antes esta maravilla? María 35


saludó a su prima y ésta quedó llena del Espíritu Santo. Me he pasado varios días mascullando esta oración: “Yo te saludo María, salúdame también tú a mí”. Y la hice extensiva a mis amigos, familiares y conocidos: “Yo te saludo María, saluda a mi esposa Vida”. “Yo te saludo María, saluda a mi hermano Frank”. ¿Crees que la Virgen no te ha escuchado? Los frutos se verán con el tiempo. Nos basta confiar. Ya verás cómo María responde tus súplicas. Te toca a ti, ahora, incluir a quienes deseas favorecer con el auxilio de María. Y seguir orando, sin desfallecer. * * * 36


LA CLAVE Había olvidado esta actividad y me dediqué al trabajo. Pasaron los días. Esta mañana me levanté muy temprano, me acerqué a la ventana de mi cuarto y, mirando el panorama, acompañado de mi esposa, rezamos el Padre Nuestro. Es una oración tan completa, tal vez la más completa de todas. Suelo rezarla cada mañana. Con ella alabo a Dios, le llamo Padre, y empiezo a pedir lo que necesito para ser feliz. “Venga a nosotros tu Reino”. “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. “Danos hoy nuestro pan de cada día”. “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. “No nos dejes caer en tentación”. ”Líbranos de todo mal”. 37


Luego, bajé a desayunar, me despedí de los hijos, que iban unos a la Universidad, otro al Colegio, y Luis Felipe, a corretearlo por la casa para que se bañe y poder llevarlo al jardín de infantes. En eso estaba cuando de pronto me detuve. Fue cosa de un segundo, como si se cayeran unas escamas de mis ojos y por primera vez viera algo tan evidente, que siempre tuve frente a mí. ¡Qué ciegos somos para las cosas de Dios! Me vino este pensamiento: “La gracia es la clave”. “Un alma en estado de gracia siempre es favorecida”. Y luego se derramaron en mi mente un torrente de ideas, frases, fragmentos del 38


Evangelio. Sobre todo estas palabras de Jesús, esta promesa a la que antes no le presté atención: “Mientras ustedes permanezcan en mí y mis palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán” (Jn 15, 7). — ¡Dios Santo! — exclamé con una alegría inexplicable—. ¡Allí está todo!... ¡Esa es la respuesta! Permanecer en Jesús y sus palabras en nosotros. En ese momento recordé la oración: “Yo te saludo María, salúdame tú a mí”. Y continué repitiéndola en mi corazón hasta entrada la tarde. * * * 39


¿Cómo permanecer en Jesús? Menudo problema tenemos aquí. Nosotros tan imperfectos, seducidos a cada rato por las imágenes del mundo, por el anhelo de poseer más. Muchas veces por nuestra poca fe nos lanzamos a buscar lo que no es nuestro, y lo que no nos conviene. ¿Has pensado por qué en nuestros diarios aparecen cada mañana tantas personas asesinadas? Casi siempre es por asuntos relacionados con las drogas y el dinero. Decía un sacerdote: “Qué tristeza perder una brillante eternidad por un poco de tierra”. 40


La vida es tan efímera. Nos concentramos en todo, menos en lo que verdaderamente es importante: “Nuestra Eternidad”. Sor María Romero, una monja salesiana, escribió sobre este tema: “He reflexionado que pecando me coloco en el bando de Satanás, me alejo de mi eterno Padre, pierdo todos los bienes y me hago acreedora de una mala muerte y de una eterna condenación. Mientras, el alma que se mantiene adornada con la gracia de Dios, es digna de las complacencias del Señor... y vive como en la antesala del cielo”. * * * 41


¿Cómo hacer para que sus palabras permanezcan en nosotros? Ahhh. Esto es muy sencillo: “Viviéndolas”. Hay que vivir el Evangelio. O al menos intentarlo. Empezar de a poco. Como quien sube los escalones de un edificio. O mejor aún, la escalera que nos lleva al Paraíso. Es posible. Se puede y se debe. Dios lo pide. Dios no da imposibles. Ya lo decía una santa de nuestros tiempos: “Todo es virtud cuando se hace lo que Dios quiere y porque Dios lo quiere”. Los santos de nuestra Iglesia son prueba que el Evangelio se puede y se debe vivir. Es conocido el caso de san Francisco cuando se presentó ante el Papa Inocencio III; para solicitar su bendición y vivir la vida del Evangelio. Los cardenales 42


decían que esa forma de vida iba más allá de nuestras fuerzas. Francisco callado, rezaba. De pronto el Cardenal de San Pablo se pone en pie y responde al Colegio Cardenalicio: “Lo que este pobrecillo desea es vivir al pie de la letra el Evangelio. Si nosotros decimos que es imposible hacerlo... Entonces...” Un silencio inundó la sala y llegó profundo a sus conciencias. El Evangelio, La Palabra de Dios, es para ponerla en práctica y hacernos uno con ella. Hay que intentarlo. Jesús, después de calmar una tormenta les recriminó a sus apóstoles con estas palabras que aún resuenan en la humanidad: “¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?” (Mc 4, 40) 43


Todo esto que parece tan complicado se reduce a dos palabras: “Amor” y “Estado de gracia”. Si amas y tienes tu alma en la gracia santificante permanecerás en el corazón de Jesús, en el abrazo del Padre, en la presencia del Espíritu Santo. Y todo lo que pidas “TODO”, si es para tu bien, se te concederá. Es como leí una vez. En un jardín de infantes les preguntaron a los niños si Dios escuchaba y respondía nuestras oraciones. Un niño se paró y dijo: “Sí... Dios siempre responde. Lo que pasa es que a veces nos dice que sí y otras que no”. Qué maravillosa respuesta, para los que dudamos y nos desalentamos. 44


¿A DÓNDE ME LLEVAS SEÑOR? He pasado días, reflexionando en lo que Dios quiere de mí. Tratando de tomar fuerzas e iniciar nuevamente el camino. Es un momento en que busco su rostro, tal vez por la cercanía de mi cumpleaños. Súbitamente recordé aquella mañana de verano, que conducía hacia mi trabajo. Faltaban 15 días para cumplir 33. Mi alma bullía, llena de inquietudes. Me detuve en un parque cercano y me bajé del auto. Miraba a los que pasaban apurados, mientras yo, sentado en aquella banca, en silencio, buscaba una respuesta. ¿Qué deseaba Dios de mí? ¿A dónde me conduciría? ¿Por qué yo? 45


Hice un acto de abandono y le ofrecí lo que tenía. A partir de los 33 mi vida sería suya. Estaría en el mundo, con mi familia, mi trabajo, las dificultades cotidianas, pero mi corazón estaría en el suyo. Quería tomar para mí, aquellas dulces palabras de san Antonio: “Te hemos seguido a ti”. Nosotros criaturas hemos seguido al Creador, nosotros hijos, al padre, nosotros niños a la madre, nosotros hambrientos al pan; nosotros sedientos, a la fuente, nosotros enfermos al médico, nosotros cansados al sostén, nosotros desterrados al paraíso”. Han transcurrido 20 años desde esa mañana que lo cambió todo para mí. Empecé a subir un camino escabroso y 46


caí, cientos de veces, bajo el peso de mi orgullo. Ahora, cada año, cuando se acerca esta fecha, trato de fijarme un propósito, algo especial que haré por Jesús. Esta vez, fue diferente, me atreví a pedir una gracia, que he anhelado por años: “Vivir en su presencia”. Y Dios, luego de escucharme, me ha pedido algo: “humildad”. Y lo ha hecho de forma tan notoria que no podía pasar desapercibido. Emprendo el camino nuevamente, más ligero, con más esperanza. Tratando de abrazar la humildad que se me pide y que veo tan lejana. Aproveché para leer la vida de los santos. Sé que ellos tienen la clave, porque todos han conseguido esta gracia, ser 47


humildes. ¿Cómo lo hicieron? He aprendido que Dios le concede todo, a sus hijos amados, siempre que vivamos en su presencia y nos abandonemos en su Amor. Me detuve en estos pensamientos de santa Teresa: “Cada vez que tomaba la comunión me repetía a mi misma estas palabras de san Pablo: “Ya no soy yo quien vive en mí, es Jesús el que palpita en mí”. Quise vivir esta experiencia, pensando que tal vez la humildad de Jesús es la que los abraza y los hace humildes. Te vuelves en momentos así, uno con Cristo. 48


Por eso fui temprano a misa y esperé emocionado el momento de comulgar. Al recibir su Cuerpo y su Sangre, me sentí tan feliz, lleno de una esperanza nueva y singular. Entonces pude reconocer la grandeza de su Amor y le dije emocionado: “Ya no soy yo, eres Tú, quien vive en mí”.

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¿PARA QUÉ ESTAMOS AQUÍ? Si lo piensas bien, la vida es maravillosa. A pesar de sus altibajos, del sufrimiento, de las dificultades, del desaliento, hay una esperanza para nosotros. Una alegría inmensa a la vuelta de la esquina. Una felicidad eterna. Un cielo prometido. La vida es curiosa. La malgastamos y de pronto comprendes que es un tesoro que has derrochado. Y quieres retomar inútilmente las joyas que dejaste en el camino. Supe de este joven que estaba por morir. ¿No sientes temor?”, le preguntaron sorprendidos, al ver su alegría. “Toda mi vida he querido ver a Dios” respondió, “Ahora que sé que el momento está cercano, ¿cómo puedo temer?” 50


Anoche me levante en la madrugada. Fui a la cama de mi pequeño de 6 años, Luis Felipe y me quedé admirando su paz y sus sonrisas esporádicas. Seguro soñaba algo divertido. Le di las gracias a Dios por el don de la vida que nos permite acercarnos a Él, por la familia que nos cobija y protege, por la naturaleza que nos alimenta. Quisiera sorber cada segundo de mi vida, darle sentido, un significado, que valga la pena. No quiero pensar mal de nadie, ni discutir por pequeñeces, ni angustiarme por la falta de dinero, ni inquietarme en los problemas. En vez de esto quiero maravillarme por la vida, este regalo inmenso, esta gracia que Dios nos concede. Vivimos en Él y para Él. Su Amor nos 51


envuelve. Y nos toca irradiarlo a los demás. A menudo me pregunto por el sentido de la vida. “¿Por qué estamos aquí?”, “¿qué quiere Dios de nosotros?” ¿Te ha ocurrido alguna vez? A mí me pasa con frecuencia. Trato de comprender los porqués de la vida. En días como éstos en los que me detengo y reflexiono, me gusta recordar este pensamiento de san Alberto Hurtado que me ayuda a entender: “¿Para qué está el hombre en el mundo? El hombre está en el mundo porque alguien lo amó: Dios. El hombre está en el mundo para amar y ser amado”. 52


SALIR DE LAS DIFICULTADES A veces nos abruman tantos problemas que no vemos la salida. En la empresa donde laboro, trabaja también un señor mayor. Con frecuencia lo veo alegre, lleno de energías. Esta mañana le pregunté: —Me llama la atención verlo tan optimista, ¿cómo hace con los problemas? —¿Problemas? — respondió — Tengo demasiados. Usted me ve así, porque siempre los resuelvo uno a la vez. Me encantó su respuesta. Los años me han enseñado que tenemos las respuestas. Basta abrir los ojos, hacer un alto y reflexionar. 53


Hace unas semanas le comenté a un amigo una dificultad que estaba atravesando. Me respondió como suelo responderles a los demás: “¿Ya hablaste con Dios?” “Aún no”, reconocí. “Tienes la teoría”, sentenció, “sólo te falta ponerla en práctica”.

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VIVIR EL EVANGELIO He podido descubrir algo que los grandes santos sabían y que a los largo de los siglos nos han tratado de inculcar: “El Evangelio se cumple. Sus promesas se cumplen”. Es un despertar a la vida en Dios, de las formas más increíbles. Hace poco encontré una Palabra de Vida (octubre de 2008), el folleto que publica el Movimiento de los Focolares. Me llamó la atención porque decía estas palabras: “Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante”. 55


Hablaba de cómo Dios responde generosamente cuando decidimos confiar en su Palabra. Una historia me cautivó, data de los inicios de focolar: “Ya había caído la noche sobre Roma. Y en ese departamento casi subterráneo el exiguo grupo de chicas que quería vivir el Evangelio se daba las buenas noches. En ese momento, suena el timbre. ¿Quién sería a aquella hora? Un hombre se presentaba a la puerta en estado de pánico, desesperado: al día siguiente lo habrían desalojado junto a su familia de su casa por no pagar el alquiler. Las chicas se miraron y en un mudo acuerdo abrieron el cajoncito en el que, en sobres diferentes, habían guardado lo que quedaba de sus sueldos y una reserva para las facturas de gas, teléfono, luz. Le 56


dieron todo a ese hombre, sin pensarlo. Esa noche durmieron felices. Alguien habría pensado en ellas. Todavía no clarea el día, cuando suena el teléfono. ‘Voy enseguida en taxi’, dice el hombre. Sorprendidas por la elección del medio de transporte, las chicas esperan. La cara del visitante dice que algo cambió: ‘Anoche, apenas volví a casa, me encontré con la noticia de una herencia que nunca hubiera imaginado recibir. Mi corazón me dijo que compartiera la mitad con ustedes’. La suma era exactamente el doble de lo que le habían dado generosamente.” * * * Por algún motivo pensé: “Voy a probar. ¿Será esto verdad?” 57


En esos días me habían pedido una donación de libros, para un barrio muy pobre de Costa Rica. Tenía la oportunidad perfecta. Preparé una caja, la llené de libros y la envié por correo. “Señor”, le dije, “hice mi parte. Ahora te toca a ti”. Una semana después recibí la llamada de una amiga: “Claudio, tengo un conocido en España. Al ver el trabajo que realizas se dijo: “a este muchacho hay que ayudarlo”, y me envió una donación en Euros para tu editorial”. La suma era 6 veces el valor de lo que yo había obsequiado en libros. * * * 58


EN LA GRACIA

En la gracia, el cielo y la tierra parecen unirse, ser uno. Y no sabes diferenciar lo eterno de lo temporal, porque se vive en la presencia de Dios. En esos momentos Dios se complace sobremanera con sus hijos amados y les da en abundancia pidan o no pidan, necesiten o no necesiten. Él se complace en consentir a los suyos.

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CUANDO PASA DIOS ¿Lo has notado? Dios pasa por el mundo y visita a sus hijos. Son esos momentos de silencio profundo y de una paz interior que no sabes describir y que a veces no comprendes. Llega de repente y quisieras que nunca se marchara. Lo he visto tantas veces y en tantas personas. Cuando me cuentan me digo: “Es Dios que pasa”. Están al borde de un problema y no saben cómo solucionarlo. Sin embargo, no pierden la esperanza. Oran. Y ruegan al Buen Dios que los ayude. Hay un largo silencio. 60


El mundo se nos viene encima. De repente, cuando todas las puertas se han cerrado, cuando parece no hacer esperanza, de golpe... se abren ventanales y portones para que podamos pasar. Dios es generoso y tierno. Me encanta saber que es mi Padre. Siempre nos ayuda y está pendiente de nuestras necesidades. Nos toca repetir como el salmista: “El Señor ha estado grande con nosotros”. De un silencio profundo y prolongado, aparece de pronto su voz resonando en todos los rincones del mundo. Esa voz es cada vez más clara transparente. Atraviesa todo. Lo abarca todo. Lo cubre todo. Y nos trae la Paz. 61


SER MORADA DE DIOS “El que me ama, guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 21). Nos falta ser morada de Dios. Si Dios habitara en nosotros haríamos las cosas que le agradan. Tendríamos valor y caridad. Iríamos por el mundo con el corazón puro. Miraríamos con la mirada del Amor, mirada de caridad, mirada de hermano. 62


DESCUBRIENDO A DIOS Nunca dejo de sorprenderme por las cosas de Dios. Lo descubro a diario, en su bondad y su ternura. Dios siembra en nosotros un anhelo, una semilla de santidad y el deseo de volver a Él. Nos pide que seamos buenos. Y después, que seamos santos. “Irreprochables ante su presencia”. A menudo pienso que somos como árboles frondosos. Dios se encarga de podarnos. Son las tribulaciones que llegan. Dios poda tu vida, para que permanezca la parte sana en ti, y crezcas, te fortalezcas, y des fruto, frutos que maduran para Dios. 63


Hay una frase de Edith Stein, que me encanta:“Que vivimos aquí y ahora para realizar nuestra salvación y la de aquellos que nos han sido confiados, es algo sobre lo que no me cabe la menor duda”. Dios derrama sus gracias como un bálsamo abundante sobre aquellos que están dispuestos a recibirlas. Señor, verdaderamente eres un Dios Misericordioso y bueno. ¿Cómo puedes tener compasión a pesar de nuestros pecados? ¿Cómo puedes mirarnos con tanta ternura? Es algo que sobrepasa mi entendimiento. Eres tan bueno. Tan tierno. Tan generoso. 64


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LA GRACIA SANTIFICANTE Nuestra libertad de elegir, es lo que nos acerca o no aleja de Dios, es lo que le permite a Él ayudarnos cuando más lo necesitamos, cuando con el corazón contrito y arrepentido le buscamos. Qué no les concederá Dios a sus hijos, que tanto ama y que procuran vivir en su presencia. La gracia santificante es como el cordón del teléfono que nos permite recibir la señal que nos comunica con quien queramos. Desconectas el cordón y no hay forma de llamar a nadie. Es como un castillo que debemos custodiar de los invasores. En cada torre colocaremos un defensor. 66


En la primera: la oración, en la que sigue, los sacramentos; en la tercera a María Auxiliadora, en la cuarta, nuestra fe y confianza en el Padre celestial y en la quinta, la Palabra de Dios. 1. Chiara Lubich escribió: “No podemos vivir sin respirar y la oración es la respiración del alma, la expresión de nuestro amor a Dios”. ¿Cómo no orar cuando sabemos que es hablar con Aquél que nos ama sobre todas las cosas? Hay que orar porque somos débiles. Jesús se lo dijo a sus apóstoles: “Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne es débil” (Mc14, 38). 67


2. Los sacramentos son nuestro alimento espiritual por excelencia, nos devuelven la vida, y nos llenan de Dios... sobre todo la Eucaristía. Recibir a Jesús Sacramentado cada mañana es lo más hermoso que puedes hacer. Te conviertes en un sagrario vivo para llevar a Jesús a los demás. 3. María es nuestra Madre. ¿Qué no hará por sus hijos? Invócala siempre y te ayudará. Ella intercede siempre por nosotros y vela por nuestro bienestar, físico y espiritual. 4. Nuestra fe es un guardián excelente. El hombre de fe no teme, no duda, no está triste, confía en la Providencia y se abandona en las manos de Dios. 68


Señor, tú lo sabes todo. Conoces mi debilidad. Enséñame a confiar, a no dudar nunca de ti. Y dame la gracia, de poder consolar, a cuantos se acerquen necesitados, a mí.

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5. Con la Palabra conocemos a Dios, aprendemos a amarlo, escuchamos su voz, y recibimos gracias abundantes como: el valor, la fe, la confianza en Dios. San Juan Crisóstomo era ya un anciano cuando lo enviaron al exilio. Antes de partir dijo estas palabras que aún resuenan en nuestros corazones: “Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Él me ha garantizado su protección. No es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Éste es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. 70


Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña”. * * * El demonio hará todo cuanto pueda para derribar este castillo y tomarnos prisioneros, tenernos en el infierno una eternidad, alejados de Dios. Como sabe que a Dios le agrada consentir a sus hijos, llenarnos de regalos, y se alegra con nosotros; se esmera en conocer nuestras debilidades para atacarnos sin piedad. * * * 71


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¿Cuál es nuestra mayor debilidad? El desaliento. Lo he visto cientos de veces. Personas que han dejado de perseverar en la fe, por el desaliento. Ya Santiago había escrito de ello, con estas palabras alentadoras: “¿Hay entre ustedes alguno desanimado? Que rece” (Stgo 5, 13). La oración es el gran remedio. Nos ayuda a recuperar las fuerzas que hemos perdido, nos devuelve la alegría de vivir. 73


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¿EL SECRETO? Ha dejado de serlo. “Mientras ustedes permanezcan en mí y mis palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán” (Jn 15, 7). Basta la gracia. Vivir en la gracia de Dios, permanecer en su presencia amorosa, comportarnos como hijos suyos: “amando”. Y si has perdido la gracia en el camino, si vives en pecado, hay una forma muy sencilla de recuperar ese tesoro inmenso... busca un sacerdote y has una buena confesión. Saldrás renovado y nuevo. 75


EL IDIOMA DE DIOS Solía pensar que el idioma de Dios era la oración. Ese hablar amoroso y tierno con el Padre. A los años, he comprendido que estaba equivocado. La oración es el medio, como decía el padre Pío: “La oración es la llave que abre el corazón de Dios”. Dios es Amor, por tanto... el idioma de Dios, es el amor. Si hablaras en el amor, Él te escucharía. Hay tantos cursos para aprender otros idiomas: inglés, japonés, francés... Y vemos multitudes estudiándolos, con el afán de comunicarse. 76


Ahora, es tiempo de aprender el amor. Amar a Dios y al prójimo. Comunicarnos con Dios. Los santos prefirieron estudiar y vivir el amor, este idioma insondable del Buen Dios. Por eso fueron amigos de Dios. Reconocieron su Amor, en toda la creación. Hablaban con Dios, como se habla al Padre, cotidianamente, con familiaridad. Y vivían envueltos en su Misericordia y su Ternura. Un amigo me preguntó una vez: “¿Por qué Dios favorece tanto a los santos?” La respuesta es muy sencilla: “Porque amaron mucho”. 77


También me han preguntado: “¿Por qué Dios no me escucha?” Y yo respondo con otra pregunta: “¿Escuchas a Dios?” “¿Vives en su presencia amorosa?” El mismo Dios nos ayuda y orienta con su Palabra. El que ama tiene presencia de Dios * * * ¿Quieres que Dios te escuche? ¿Te gustaría tener la certeza de ser escuchado? Entonces debes hablar su idioma. 78


Me encanta leer a Isaías, porque nos da una clave importante, para que Dios nos escuche. “¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá. Entonces clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: “Aquí estoy”. (Is. 58, 7-8)

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ALGUNOS DE NUESTROS LIBROS de Bolsillo COLECCIONABLES 1. El Poder de la Oración 2. Lo que Dios quiere de mí 3. Por qué soy Católico 4. La Ternura de Jesús 5. Buscando a Dios 6. Abrazados por Jesús 7. El Valor del Sufrimiento 8. Cómo ser Feliz 9. Para ser santo 10. Para Encontrar la Paz 11. Para Recuperar la Fe 12. Recetas para el Alma 13. Oraciones a mi Ángel 14. Cómo Superar la Adversidad 15. Vitaminas para el Alma 16. Cómo Superar los Momentos de Dolor 17. Gotas de Rocío para el Alma 84

EL GRAN SECRETO  

Libro que nos muestra el camino para obtener lo que le pedimos a Dios

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