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INSTITUTO DE EDUCACIÓN DE AGUASCALIENTES PROGRAMA ESTATAL DE LECTURA “BIBLOS” FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE POST MORTEM

PRODUCCIÓN DE TEXTOS LITERARIOS DE ESTUDIANTES DE EDUCACIÓN SECUNDARIA Y SUS MODALIDADES CICLO ESCOLAR 2011 - 2012 AGUASCALIENTES


Directorio

Gobernador Constitucional del Estado de Aguascalientes Carlos Lozano de la Torre Director General del Instituto de Educación de Aguascalientes Francisco Chávez Rangel Director de Educación Básica Raúl Silva Perezchica Directora de Desarrollo Educativo Emma Ofelia Rocha Colis Coordinadora del Programa Estatal de Lectura “Biblos” Ana Isabel Luévano Pérez Coordinación Editorial Ma. del Rosario Magdaleno Ulloa Laura Mónica Torres Quiñones Director del Festival Internacional de Cine Post Mortem Eddy Yuvoniel Orta Andrade Diseño Manuel Alejandro Venancio Hernández

Edición: Noviembre de 2012.

“100 cuentos, 100 años. Homenaje a la Catrina”, es una publicación a cargo del Programa Estatal de Lectura “Biblos”, con oficinas en el edificio Tepeyac, Quinta Avenida No. 801, Fraccionamiento Agricultura, C.P. 20234, Aguascalientes, Ags. Teléfono (01449) 149-24-00 Exts. 17868 y 17867. Correo electrónico: biblos.iea@hotmail.com. Idea original de Eddy Yuvoniel Orta Andrade. El taller de grabado estuvo a cargo de Fernando Jiménez Luévano, de la Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani” ubicada en el municipio de Cosío, Aguascalientes. Se permite la reproducción total o parcial, citando la fuente. Esta edición consta de 500 ejemplares.

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Presentación

La misión del Programa Estatal de Lectura “Biblos” es propiciar el desarrollo de las competencias comunicativas que posibiliten a los estudiantes convertirse en usuarios competentes, capaces de acceder y producir diferentes tipos de textos, con los que se promueve la formación de ciudadanos, así como su integración social y cultural. Es por eso que se han venido realizando una serie de actividades en las que se estimula a niños y jóvenes a leer y a escribir, sobre todo haciendo uso de los libros de las Bibliotecas Escolar y de Aula, y se ha buscado por diversos medios de difusión y publicaciones como ésta, que sus productos finales sean dados a conocer a la sociedad en general. Por lo anterior y con el propósito de celebrar el centenario de La Catrina, el Programa Estatal de Lectura “Biblos” juntamente con Post Mortem, durante el ciclo escolar 2011-2012, invitaron a los estudiantes de educación secundaria y sus modalidades, a escribir textos literarios alusivos a este emblemático personaje de la obra del grabador y caricaturista, oriundo de Aguascalientes, José Guadalupe Posada. En la convocatoria denominada “100 cuentos, 100 años. Homenaje a la Catrina”, se brindó la oportunidad a los estudiantes de crear libremente cuentos, dejando manifiesta su mente creativa y artística. Se seleccionaron los cien mejores trabajos y son los que se encuentran plasmados en esta publicación. Respecto a las imágenes, éstas fueron elaboradas por los alumnos de la Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani”, del municipio de Cosío, Aguascalientes, y son el resultado de las sesiones del Taller de Grabado que ahí se realiza y en el que se trabajó en el tema “La Catrina”. Así pues, los invitamos a que lean y disfruten cada uno de estos cuentos de terror, suspenso, comedia y tragedia, en los que, gracias a la imaginación de sus autores, nos permiten reflexionar que podemos jugar y divertirnos con la muerte, y comprender que cuando nos llega la hora, nada ni nadie lo podrá evitar. Enhorabuena y gracias a todos los maestros y alumnos entusiastas que participaron en esta convocatoria en el marco de la celebración del centenario de La Catrina, porque con su esfuerzo y dedicación hicieron posible que esta publicación se encuentre ahora en nuestras manos.

Ana Isabel Luévano Pérez Coordinadora del Programa Estatal de Lectura “Biblos”

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Adán Martínez González Telesecundaria No. 140 “Revolución Mexicana” 3º “A” La venganza En el año de 1890 nació de las penumbras una mujer con sed de venganza para cobrar la traición de las personas en quien más confiaba, sin importar quién se interpusiera en su camino. -Adriana. ¿Recuerdas hoy hace un año de aquella terrible traición que jugamos a nuestra madrastra? -No lo puedo olvidar, pero debemos dejar el pasado y nadie debe enterarse de que nosotras fuimos las culpables de su muerte. Una noche, estas dos jóvenes salieron a divertirse. De regreso a casa se dieron cuenta de que alguien las observaba, cuando de pronto, una mujer con un descomunal vestido negro y un enorme sombrero del que colgaba un velo que no dejaba ver su rostro, salió detrás de unos arbustos y se dirigió hacia ellas quienes, llenas de terror, salieron corriendo sin dar vuelta atrás. A la mañana siguiente, Guadalupe le dijo a su hermana -Estoy muy asustada por lo que pasó anoche. -Tranquilízate Adriana, tal vez sólo era una mujer que quiso darnos un buen susto. -¿Y si era ella, si era nuestra madrastra con pinta de Catrina que viene a cobrar venganza? Pasó el tiempo y las hermanas siguieron su vida normal. -Estoy muy emocionada -dijo Guadalupe- por la fiesta que organizaremos hoy; por supuesto será la mejor fiesta de disfraces. Por la noche comenzaron a recibir a los invitados cuando de pronto las luces se apagaron, las hermanas pidieron calma a sus amigos y se dirigieron al sótano donde se encontraba el medidor de luz para ver qué había sucedido. Bajaron alumbradas sólo por una linterna, la puerta del sótano se cerró repentinamente, ellas voltearon inmediatamente y descubrieron que ahí se encontraba aquella mujer que días antes habían visto. -¿Quién eres y a qué has venido? -¿En verdad no me recuerdan?, soy su peor pesadilla. Adriana, al escuchar las palabras de aquella mujer se desmayó. Guadalupe gritó incansablemente pero nadie logró escucharla. La mujer se acercó, la tomó del cuello, se descubrió el rostro y mostró a la joven su identidad. -¿A qué has regresado? -A cobrar venganza de lo que un día tú y tu maldita hermana me hicieron. -No te tengo miedo. -Deberías de tenerlo porque no volverás a ver la luz del día. La Catrina tomó una pala, golpeó a Guadalupe en la cabeza y comenzó a descuartizarla con un aspecto de satisfacción en el rostro. Después de varios minutos, Adriana despertó del desmayo y se dio cuenta de que estaba atada a una silla y que su hermana estaba hecha pedazos, por lo que empezó a implorar: -Catrina, perdóname por lo que te hice, no me mates. -No lo haré, sólo te daré una pequeña lección. -¡Come! -¡No por favor! -¡Que comas te digo! -No puedes hacer que coma a mi propia hermana, ten piedad de mí. -¿Porqué lo haría? Si ustedes no tuvieron piedad conmigo, yo no la tendré con ustedes. En ese momento le llenó la boca a Adriana con la carne de Guadalupe. -¡Trágala! es deliciosa ¿verdad? -Minutos más tarde Adriana había terminado de comer a su hermana y le dijo: -¡Déjame ir por favor! -No te daré ese gusto. Uno de los invitados al que se le hizo mucho tiempo que las hermanas no regresaran, se acercó a la puerta del sótano y preguntó: -Chicas ¿está todo bien allá abajo? -No intentes gritar, respóndele que la fiesta terminó. -Adriana así lo hizo. Más tarde, la Catrina continuó con su venganza y torturó a Adriana sin medida. Ella le reclamó: -Dijiste que no me matarías. -Te mentí. -Y en un acto terrorífico, de un hachazo degolló a Adriana. Poco a poco, liberada, la Catrina se perdió en el fondo del sótano hacia la obscuridad.

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Alan Alejandro Silva González Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B” La Catrina y José

Había una vez en un pueblo muy lejano, un señor llamado José, trabajaba de velador en la estación del ferrocarril. Una noche, José se encontraba en su lugar de trabajo, llegó la hora de hacer un rondín por las instalaciones pero olvidó que había dejado su lámpara en la entrada y salió a buscarla. El ambiente se encontraba muy obscuro y solitario, el viento frío soplaba fuertemente; de pronto vio a alguien que caminaba frente a él, llevaba la cara cubierta con un sombrero.

Alexis Michel López Bustos

José olvidó lo que estaba haciendo y fue tras ella, se preguntaba qué hacía una mujer sola a esa hora y quería saber quién era, pero no lograba alcanzarla; se había alejado lo suficiente de su lugar de trabajo cuando por fin se detuvo la mujer; él creyó que le reclamaría porque la estaba siguiendo pero no fue así. Lentamente se descubrió el rostro y volteó a ver a José, él esperaba verla muy bella pero, en cambio, se dio cuenta de que la mujer era una calavera a la que le decían Catrina; se impresionó tanto que empezó a correr y, al mirar hacia atrás, se dio cuenta de que ésta había desaparecido.

José corrió hasta llegar a su lugar. Cuando se le pasó el susto, dudó de lo que había visto y hasta creyó que había sido un sueño, pero sus compañeros de trabajo lo volvieron a la realidad, pues le confirmaron haber visto antes a la Catrina. Las personas del pueblo dicen que esa mujer era una persona muy rica que asesinaron para robarle su fortuna; ahora es un alma en pena. Desde entonces ella está buscando esa persona que le dio fin a su vida y, hasta que lo consiga, su alma descansará en paz. Desde esa noche José no se aleja de su lugar de trabajo y, aunque ha visto otras veces a la Catrina, ya no la sigue porque sabe que podría matar a cualquiera.

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Alan Omar López Valenzuela Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 3º “J”

Las riquezas de la Catrina Cuenta una leyenda acerca de una mujer llamada Catrina que era muy hermosa y que, al morir, se transformó en una calaca. Por las noches se les aparecía por los callejones a algunos hombres; los que la habían visto decían que estaba muy demacrada, hecha huesos de pies a cabeza y vestida de negro con un velo que le ocultaba el rostro. En una ocasión un joven llamado Carlos regresaba muy tarde de su trabajo hacia su casa; tenía que cruzar por uno de esos callejones donde se aparecía la Catrina; al pasar por ahí, con mucho temor sintió que alguien lo seguía, empezó a correr y, al voltear para atrás, vio que la Catrina estaba flotando. Por fin llegó a su casa y les platicó a sus familiares. A partir de aquella noche ya nadie quería salir de sus casas; los habitantes del pueblo comenzaban a ver sombras en cuanto caía la noche; el callejón se convirtió en un lugar prohibido para todos; después comenzaron las desapariciones de algunas personas mientras que a otras se les encontraba ahogadas en el arroyo. Una noche, cuando ya estaban todos dormidos, se oyó un grito macabro en el callejón; Carlos salió corriendo de su casa y se dirigió a ese lugar donde se encontraba la Catrina esperándolo; él la enfrentó diciéndole que ya dejara de provocar desgracias a la gente de su pueblo, sobre todo porque la mayoría era inocente. Catrina hizo un pacto con Carlos: dejaría en paz a la gente si él le ayudaba a conseguir algo muy preciado, él estuvo de acuerdo. Quedaron de verse al siguiente día cerca del arroyo donde se encontraba un árbol grande y frondoso, la Catrina le ordenó a Carlos que escarbara y, sorprendido, encontró una cruz, misma que entregó a la calavera. Cuando Carlos llegó a su casa, encontró extrañamente al pie de su cama una bolsa llena de monedas de oro. Desde ese momento ya no hubo ni muertos ni desaparecidos; la gente poco a poco volvió a sus actividades acostumbradas. Mientras tanto, Carlos seguía obedeciendo a la Catrina en todo lo que le pedía. Por cada cosa que Carlos le conseguía a la Catrina, aparecía una bolsa de monedas de oro sobre su cama. En cierta ocasión, la calavera le pidió que fuera a una casa vieja y tenebrosa, abandonada desde muchos años atrás por una familia adinerada; al entrar, el muchacho descubrió la fotografía de una mujer muy guapa y joven; la Catrina le dijo que no se metiera en lo que no le importaba y que comenzara a cavar un hoyo en medio del patio de la casona; cuando terminó, Carlos encontró un cofre, dentro había una fotografía y un anillo de compromiso; él, sumamente sorprendido, identificó el rostro de esa fotografía con el de su padre; la Catrina le confesó que ese hombre le había prometido casarse con ella mucho antes de que formara una familia con la madre de Carlos, pero que la había abandonado y lo único que le había dejado era ese anillo de compromiso que tanto estuvo buscando y que ahora que ya lo tenía podría descansar en paz. Catrina agradeció a Carlos su ayuda y por fin desapareció. Esa noche, al llegar a su casa se triplicaron sus riquezas. En agradecimiento a la bondadosa Catrina, Carlos le hace cada año un altar de muertos tan espléndido, que incluso vienen de lugares lejanos a conocerlo.

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Carmen Alejandra Gómez López Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3° “A” Enamorado de ella Fue la noticia más triste e inesperada que había recibido en mucho tiempo; me sentí vacío y extrañado por la noticia recibida ese día por la mañana en la que, mientras desayunaba, prendí la televisión como es mi costumbre y, entonces, escuché: “se les informa que la noche de ayer falleció sola en su hogar la Catrina; al parecer fue suicidio”. En ese momento quedé atónito; mi gran amiga de la infancia había muerto y era de esperarse porque en ella había algo extraño; en sus tiempos la Catrina fue una mujer bellísima, amada por muchos y odiada por muchas; era la envidia de cuanta mujer la veía pasar. Entonces me vinieron muchas preguntas que no tenían respuesta: ¿Por qué? ¿Por qué se suicidaría una mujer que lo tenía todo? Nada, pero absolutamente nada le faltaba y, aún así, cometió semejante barbaridad. No conforme con la noticia de su muerte comencé a investigar. No era posible que se hubiera suicidado sin razón aparente. Comencé por recordar todo lo que sabía de ella: tuvo tres hermanas y todas murieron muy pequeñas en un accidente junto con su madre. Hacía ya varios años de la muerte de su padre quien murió de anciano; nada interesante. Quizá no pudo con la presión de tanto trabajo, no, no, eso no era. Al no encontrar motivo aparente decidí dar un paseo por la plaza y tal vez así despejaría un poco mi mente. Una vez fui a la heladería de la señora Sonia y alcancé a escuchar cómo las señoras chismosas se secreteaban y decían: -¿Supiste de la carta que dejó la Catrina? -No, fíjese que no sabía nada comadre. Salí de ahí sin comprar nada y regresé a casa pensando en qué diría esa carta. Al día siguiente tocaron a mi puerta dos hombres muy bien vestidos; les abrí y me preguntaron: -¿El señor Guadalupe Posada? -A sus órdenes –respondí. -La señorita Catrina dejó un recado póstumo donde pide que se le entreguen a usted las llaves de su casa, por ser el único conocido de ella. –Gracias. Tomé las llaves y me dirigí a aquella casa; era tal como la recordaba de niño, igual de elegante; sin embargo se sentía fría, sola, vacía. Entré a la recámara y ahí estaba la carta con el sobre abierto, la tomé en mis manos y comencé a leer: “El día de hoy he decidido quitarme la vida por un motivo que no todos comprenderán. Hace ya tantos años que esta casa está sólo con mi presencia y se siente tan fría. Espero que algún día alguien pueda entender mi soledad, que no era física sino sentimental. Tantos hombres vinieron a mí y todos con un mismo fin: mi dinero; algunos otros por mi belleza, pero todos tenían algún interés y jamás se dieron la oportunidad de conocerme realmente. Justo cuando comenzaba a abrir mi corazón, huían porque ninguno buscaba algo serio en mí; no sabían cómo vivía o qué me gustaba; siempre viví esperando a aquel hombre soñado y, en vista de que ese hombre nunca llegó, hoy decido quitarme la vida”. Fue entonces cuando yo, Guadalupe Posada, pensé en que pude haber evitado ese suicidio; yo la conocía muy bien; le gustaba vestirse con colores extravagantes y vestidos discretos, siempre muy elegante. No le gustaba el sol y salía con un sombrero por las mañanas. Dormía con la luz de la sala encendida por las noches. En los días lluviosos se sentaba junto a la ventana a beber una taza de chocolate caliente. Si tan sólo se lo hubiera dicho antes podría haber evitado esa desgracia, esa pérdida. Y sí, sólo a mí me interesaba esa pérdida; sólo yo la conocía de pies a cabeza porque… yo, Guadalupe Posada, estaba perdidamente enamorado de la Catrina y mi cobardía me impidió hacérselo saber. Desde ese día comencé a reflejarla en todo lo que hacía: esculturas, pinturas y grabados. Fue así como se dio a conocer la Catrina y su imagen se sigue proyectando en la sociedad hasta nuestros tiempos.

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Alejandro De Santiago Salas Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 3º “A”

La maldición de la Catrina Había una vez tres investigadores que fueron a un pueblo fantasma para indagar qué había sucedido porque, hace poco tiempo, varios amigos asistieron a ese lugar para organizar una comida; misteriosamente desaparecieron sin dejar huella. En el trayecto, algunas personas les contaban historias fantasmales sobre ese lugar, pero los investigadores no hicieron caso. Ellos eran Artemio, Federico y Javier quienes, al llegar a ese sitio, descubrieron un mensaje que decía: “El próximo que ponga un pie en este pueblo, sufrirá mi terrible venganza”. Lo ignoraron y comenzaron la búsqueda. Artemio se dirigió hacia el centro del pueblo, mientras que Federico y Javier también tomaron rumbos diferentes. Artemio miró a un niño que jugaba con una pelota; el pequeño, al verlo, se escondió tras una barda; el investigador se sorprendió porque se suponía que ahí era un pueblo fantasma, sin embargo, se le acercó y le preguntó si en días pasados había visto a tres hombres que misteriosamente desaparecieron en ese pueblo; el niño no contestó pero, detrás de él había una viejita que escuchó todo y le respondió a ese hombre: -Yo sé dónde están; sígame. Artemio siguió a la anciana y llegaron hasta una zanja muy retirada del lugar; ahí había también un poste tirado con muchos picos inclinados hacia arriba; en los picos se veía sangre, lo que sorprendió a Artemio porque, enseguida, vio la silueta de una malvada mujer; era la Catrina. La mujer provocó que Artemio tropezara y cayera sobre esos picos; él gritó fuertemente del dolor hasta que murió. Al escucharlo, Federico y Javier corrieron a su encuentro para saber qué le había pasado. En el trayecto, Javier cayó repentinamente a un pozo que estaba oculto, se trataba de una trampa para quienes se acercaran a ese lugar. Estaba tan profundo que su amigo no pudo salvarlo. Federico corrió temeroso hacia el auto y trató de huir a gran velocidad, pero, en medio de la carretera se le apareció la Catrina quien provocó que el vehículo se volcara. Así fue como también los tres investigadores murieron. El letrero que se apreciaba a la entrada de aquel pueblo fantasma era verdad y todo aquel que pusiera un pie en ese lugar moriría por venganza de la Catrina. Cierto día, una familia que ignoraba lo que ocurría en ese pueblo, se instaló ahí para acampar, pero se dice que también murieron de manera muy extraña. Cuenta la leyenda que hace muchos años vivía ahí una dama a la que todos golpeaban y discriminaban porque la envidiaban; un día, los golpes que le propinaron fueron tan fuertes que ella murió; desde entonces empezó su venganza contra todos los que pisan ese lugar. Dicen también que su alma está en pena. Al saber esa historia, un grupo de personas creyentes comenzó a rezar en ese pueblo hasta que logró que la Catrina por fin descansara en paz. Un día encontraron su esqueleto flotando sobre un río; la policía mandó incinerar sus huesos y le dieron cristiana sepultura. Nunca nadie volvió a entrar a ese sitio por temor a que algo malo les pasara, pero este acontecimiento que mucha gente narra como una leyenda, ha quedado grabado como una más de las historias que se cuentan sobre la Catrina.

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Alejandro Pérez Galván Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 2º “I”

La mujer del diablo

Había una vez en Aguascalientes una mujer que se a v e r g o n z a b a d e s u o r i g e n p o rq u e n o c o n o c í a m u chas cosas acerca de éste. -¿Quién soy? ¿De dónde provengo? -Siempre se preguntaba eso la indefensa muchacha; la llamaban garbancera porque vendía garbanzos. Por las noches lloraba porque ella quería ser más que una simple vendedora de garbanzos. Su familia presuntamente era de origen europeo, pero en realidad ella era muy pobre y siempre se lamentaba de haber venido al mundo en esas condiciones. Un día de muertos la garbancera tuvo pensamientos terribles. Debido a que sus padres la habían vendido a un señor por unos cuántos pesos, ella se preguntaba: -¿Cómo pudieron hacerme esto? Infelices, ojalá que los dos se pudran en el infierno. -Y es que a la indefensa garbancera se la habían llevado con la intención de prostituirla. El día que la vendieron emprendió un viaje en el que ocurriría algo que cambiaría todo. Después de viajar por varias horas, el chofer del camión perdió el control y la unidad salió rodando por un barranco. -¿Dónde estoy? -se preguntó la muchacha. -Estás en el infierno, -le contestó una voz siniestra. -¿En el infierno? Pero, ¿qué hice? Yo nunca fui pecadora, -respondió la garbancera. Aquella voz le dijo que todo esto era por lamentarse de su Ricardo Antonio López López suerte. Ella le gritó que no le hiciera daño, que haría lo que él le pidiera; entonces el hombre de la voz desconocida salió a la luz y fue cuando ella se dio cuenta que era el mismísimo demonio con quién estaba hablando. -Está bien, no te haré nada porque me puedes ayudar; te mandaré a la tierra nuevamente y tendrás que matar a todas las personas de esta lista que te voy a dar. -Al decirle esto, el demonio le entregó a la vez unos poderes para hacer el mal. El demonio o Satanás, como se le quiera llamar, le dijo que en esa lista se encontraban las mejores personas del mundo. -Mátalas para que este planeta se convierta en un lugar más feo que el infierno. -Así lo haré, -contestó la garbancera. Enseguida, el demonio la elevó hacia la tierra, la vistió de un color negro y, así, ella se convirtió en la muerte; aún no lo sabía, pero pronto se dio cuenta de que le esperaba algo peor que ser torturada en el infierno. La garbancera, ahora llamada la muerte, le preguntó a Satanás que al haber aceptado el trato, ella qué ganaría; entonces él le respondió: -Ahora tú eres mi mujer, eres poderosa, me tienes a mí. ¿Qué más quieres? Ahora tienes un empleo que es el de matar a la gente, tú puedes matar a quien quieras; irás a la tierra a traerme todas las almas que puedas conseguir y ese será tu trabajo. -Sin más qué decir, la muerte no tuvo otra opción que ser la empleada del demonio.

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La garbancera dejó de ser una mujer pobre y humilde para ser la muerte; se convirtió en una víbora de cascabel y fue a matar a sus padres. Primero se encontró con su padre que estaba en la sala de la casa tomando vino y lamentándose de haber vendido a su hija. -¿Por qué cometí esa atrocidad? ¿Por qué? -Al escucharlo, la muerte se conmovió, pero nuevamente tomó su forma de mujer y le gritó que era un infeliz desgraciado. -Mira lo que me hiciste; ahora tengo que matar a gente para que no me muera –dijo- y todo por tu culpa. -Sin darles oportunidad alguna, mató a sus padres y fue así como empezó con su encomienda de acabar con la vida de todos los que estaban en la lista. Pasó el tiempo y la muerte se convertía en una experta en su trabajo, ya no le importaba ser mala; el demonio se había alegrado de su creación, pero muy pronto lo lamentaría porque la muerte se convertiría en un ser más malo y salvaje que él. -Creo que deberías de darte un descanso muerte –le dijo el demonio- pues te he visto muy irritada. -Sin embargo, ella lo contradijo al decir que la muerte nunca debe descansar. El demonio, sorprendido, se quedó sin palabras. La muerte estaba harta de que Satanás le diera órdenes para todo, así que ingenió un plan para deshacerse de él y ser la nueva señora de las tinieblas. Un día, por la noche, la muerte le dijo que le tenía una sorpresa, pero el demonio sabía que algo traía entre manos. -Lo sé todo muerte; quieres destruirme, pero no será tan fácil. Entonces, el diablo le propuso algo que a la muerte la dejó impactada: -Te propongo que luchemos hasta no poder más; si ganas te quedarás con mi trono y, si yo gano, te destierro de mi reino. -Así comenzó una lucha despiadada; tardaron mucho tiempo para que alguien ganara, pero el diablo no pudo más y se dio por vencido; entonces la muerte le gritó que ya estaba harta de él y que era momento de que muriera. Sin pensarlo más, la muerte lanzó su hoz sobre el corazón de Satanás. Había matado al diablo mandándolo a la nada. Así fue como ella se convirtió en el demonio. El nuevo diablo se hacía llamar “Viuda negra”, pues se identificaba con esa arpía. El infierno se había convertido en el lugar más terrible que el de antes. La Viuda negra quería ser, más que la reina del infierno, la reina de todo el universo. Pensó que lo primero que debería hacer era destruir el mundo y después gobernarlo con seres nuevos creados por ella misma, pero para ello tenía que aliarse a los seres del cielo y luego crear un apocalipsis en el mundo. La muerte subió al cielo y empezó a destrozar todo, preguntándose: ¿Dónde se encuentra ese ser al que le llaman Dios? Sal de donde estés, vengo a proponerte algo. -Entonces Dios salió y le hizo ver que ella no era Lucifer, a lo que ella respondió: -No, gran Señor, yo soy la muerte quien se ha convertido en el nuevo demonio y vengo a proponerte que acabemos con los humanos. Dios le dijo que él era quien gobernaba en la tierra y que aún no llegaba el día de acabar con los seres del mundo; en ese instante mandó a la Viuda negra a un lugar que ella conocía muy bien, pues la regresó al momento en el que viajaba cuando el camión se volcó. La garbancera no podía creer lo que sucedía, pues en el momento del accidente ella no murió, haciéndola creer que todo había sido un sueño pasajero; entonces trató de quitarse la vida, pero Dios no lo permitió, interrumpiendo todos sus intentos de suicidio. Como castigo, el Creador le dijo que cuando llegara su hora, haría que por siempre su alma estuviera en pena.

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Alessandro Antonio Barajas Hernández Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º ‘‘C’’ La historia de la Catrina

Hace mucho tiempo, vivía en una ciudad una persona llamada Catrina; a ella le daba vergüenza ser pobre, quería ser rica. Un día que estaba buscando trabajo se encontró con un amigo que hacía mucho tiempo no veía y él le comentó que en la ciudad del norte le había ido muy bien; que tenía un trabajo donde le pagaban buen dinero y vivía con bastantes lujos. Catrina acababa de encontrar la oportunidad que quería, abandonó a su familia y se dirigió a la ciudad del norte, pero en realidad no pretendía trabajar, pretendía otra cosa. Al instalarse en un hotel, lo primero que hizo fue ir a un restaurante de mucho prestigio y comenzó a gastar el dinero que ahorró su familia con mucho esfuerzo. Ahí conoció a una persona a la que le hizo pensar que ella era adinerada y la invitó a cenar a su supuesta mansión; para ello, ya se había puesto de acuerdo con su amigo quien le prestó dinero y le consiguió una casa con las características que ella pidió. La Catrina despilfarró el dinero comprando un vestido con joyas incrustadas y rentó una lujosa limusina para que la llevara a la mansión. Era una construcción cincuenta veces más grande que la humilde casa donde Juan Ricardo Serafín García la Catrina estuvo viviendo toda su vida. El mesero que contrató la llevó al gran comedor donde ya estaba lista una mesa muy elegante; el invitado llegó a la residencia, vio a la Catrina muy hermosa con su vestido de joyas incrustadas y se dispusieron a cenar deliciosos platillos; más tarde dieron un recorrido por la mansión. En el momento en que el invitado se encontraba distraído observando las reliquias que contenía ese lugar, la Catrina, con mucha cautela, tomó sus pertenencias y le sacó una cantidad considerable de dinero de su billetera; después fingió ante el invitado que se había empezado a sentir mal y terminaron la velada. Catrina regresó al hotel donde se hospedaba y, a la mañana siguiente, se percató por las noticias que la buscaba la policía por una denuncia; supo que el denunciante era la persona a la que le robó la noche anterior, así que tomó el primer camión de la mañana hacia el Oeste de la ciudad, cerca de la playa, y rentó otra casa en un barrio pobre. Luego se dirigió nuevamente a un restaurante lujoso; conoció ahí a otra persona a quien también engañó y, esta vez llegó más lejos, pues con artimañas le robó todo su dinero del banco y lo transfirió a su cuenta.

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Ese mismo día se fue del país y llegó a México, a una ciudad pequeña llamada Aguascalientes. Ahí conoció al amor de su vida, José Guadalupe Posada y entonces, trató de engañarlo como a los demás, pero esta vez no funcionó. Fue la misma Catrina la que le declaró su amor a Posada, quien le puso como condición que cambiara su manera de ser. Así sucedió, Guadalupe y Catrina se amaron con intensidad, sin embargo, Catrina seguía con el alma llena de ambición. Un día, Guadalupe la invitó a un viaje fuera del país, emocionada por la sorpresa tomaron un avión y, al momento de aterrizar, Posada le vendó los ojos para que no supieran dónde pasarían las vacaciones. Al llegar al hotel donde se iban a hospedar se quitó la venda y, cuando llegaron a la habitación, a Catrina se le hizo conocido el lugar, como si ya hubiera estado ahí. Entonces le preguntó a Posada: -Amor. ¿Dónde estamos? –En la ciudad del Norte -¿Dónde? -En la ciudad del Norte, -repitió Posada. Los presentimientos de Catrina se hicieron realidad; salió corriendo del hotel y unos policías ya la estaban esperando afuera. La detuvieron y se la llevaron a prisión. Por su parte, Guadalupe Posada la buscó por todas partes hasta que, en un restaurante, viendo un noticiero televisivo, se enteró que habían capturado a la famosa ladrona llamada Catrina. Ella no resistió tanta pena al estar encerrada en la cárcel; se arrepintió de corazón de todo el mal que hizo y se suicidó. El cuerpo fue entregado a José Guadalupe Posada. Ella vestía con un sombrero y ropa muy elegante; ambos se trasladaron a la ciudad de Aguascalientes y ahí la enterró. Mucho tiempo después, cuando se acercaba el 2 de noviembre, Posada quería recordar con algo especial a la Catrina, así es que la dibujó con un sombrero grande que significaba todo lo que aparentó en vida, pues en realidad era de origen humilde. Su rostro lo plasmó en forma de calavera mostrando una gran sonrisa. Llegó el día 2 de noviembre y Guadalupe le llevó flores, luego colocó el dibujo de la Catrina en su tumba. En poco tiempo este dibujo se hizo famoso porque era la única calavera feliz que se conocía. Fue así como la calavera que en vida fue muy ambiciosa, empezó a tener popularidad.

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Alexis Michel López Bustos Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani” 2º “A”

La Catrina Una vez, en la ciudad de Aguascalientes había una jovencita de veinte años llamada María; ella siempre andaba muy bien vestida por lo que le apodaban Catrina. Le gustaba asistir a los bailes. En una ocasión se encontraba en uno de ellos tan divertida que decidió irse hasta que se terminara la música, así es que regresó sola a su casa porque sus amigas se fueron antes que ella. Por el camino vio a un grupo de borrachos que empezaron a gritarle cosas, pero ella no le tomó importancia y empezó a caminar más rápido sin darse cuenta que la estaban siguiendo. María escuchó que la llamaban por su nombre y corrió muy asustada, pero se resbaló con una piedra y cayó golpeándose la cabeza, lo que le provocó una muerte instantánea. Nunca se supo quién la estuvo persiguiendo, unos cuentan que fue uno de los borrachos, otros que fue el mismo diablo que quería su alma.

Blanca Nieves Lugo Delgado

Unos contaban que el día de su velorio la vistieron con ropa muy elegante, la que más le gustaba y que era su vestido negro descubierto un poco del pecho, sus zapatillas y su sombrero del mismo color adornado con rosas; que en su entierro se apreciaron varias sombras alrededor. Otros decían que se encontraba entre la vida y la muerte y que todavía habitaba en su casa.

Pasaron ya cuarenta años desde aquel trágico accidente y todo se ha olvidado. En la casa donde ella vivió, actualmente habita una familia de cinco integrantes: el papá, la mamá, dos niños de diez y once años y un bebé de siete meses de edad. En cuanto llegaron a vivir ahí, la mamá vio a través de la ventana a una señora vestida de negro, pero al intentar verla por otra ventana ya no había nadie; esto la impactó mucho pero pensó que había sido su imaginación. Su hijo de diez años, de nombre Demián, empezó a explorar en el ático de la casona, tenía curiosidad porque todo se veía muy viejo, comenzó a subir por la escalera para prender un foco que le iluminara el lugar y, en cuanto lo hizo, se le apreció la cara de una mujer, lo que provocó que cayera por las escaleras y se rompiera un brazo; al oír el grito, sus padres subieron asustados y vieron a un gato negro sobre él, pronto lo espantaron pero Demián estaba desmayado, lo levantaron y lo llevaron a un hospital. El doctor les dijo que sólo era un desmayo por la caída, que no tenía mayor importancia y se lo podrían llevar a su casa. Esa misma noche, Cristian, su hermano de once años, notó que en el cuarto de su hermano se veían dos sombras que discutían -¡Dámelo, yo lo vi primero! -¡No, lo quiero para mí!

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Distinguió que eran las voces de una mujer y un hombre. En eso escuchó un cerrón de puerta; la bebé empezó a llorar, lo que hizo que se levantara la mamá quien, al entrar a la habitación de la pequeña, vio en la ventana a la misma mujer que había visto anteriormente; gritó y su esposo acudió a su auxilio; ella le comentó que ya eran varias veces las que veía a través de las ventanas a una jovencita vestida de negro con un sombrero floreado, por lo que empezaron a cerrar las puertas. De pronto las luces se apagaron y se escucharon ruidos de objetos; todo volvió a la normalidad y se fueron a sus habitaciones respectivas a descansar, tratando de no dar importancia a lo sucedido. Al día siguiente, los padres de Demián se dieron cuenta que no volvía en sí, pronto fueron con un médico que no encontró explicación a lo que le sucedía, les recomendó llevárselo a casa y tenerlo en reposo con un tanque de oxígeno, ya que le costaba trabajo respirar. Demián jamás volvió a levantarse, pues la Catrina ya se lo había llevado. Al declarar oficialmente la muerte de Demián, Cristian su hermano se percató de que una joven que vestía de negro observaba el entierro de su hermano. Ella reía porque había encontrado una puerta para regresar al mundo, pero al ver que su hermano la observaba, pronto cambió su semblante y lo miró profundamente dando a entender que sería su próxima víctima, con ello provocó que el niño gritara alertando a su mamá, pero cuando ella lo visualizó, no encontró razón del llanto de su hijo y le exigió que se callara y que mejor se fuera al automóvil. Al subir a él, escuchó un ruido en la parte trasera del auto y vio a un perro rugiéndole y la voz de una joven diciendo: -No le hagas nada, lo quiero para mí. El chico se dio cuenta de que eran las mismas palabras que alguien le había dicho a su hermano antes de morir; intentó huir pero la puerta estaba atorada, después vio un cadáver con un vestido negro y un sombrero floreado que lo comenzó a ahorcar hasta quitarle la vida. La Catrina decidió apoderarse de su cuerpo y nadie notaría la diferencia. Cristian se había convertido en un demonio. Así fue como empezaron a ver actitudes extrañas en su hijo. Pidieron el consejo a un sacerdote quien les dijo que tenían que deshacerse del niño porque la Catrina se había apoderado de él. El papá tomó al niño y lo llevó a un lugar alejado de la ciudad; ahí decidió asesinarlo, pero al estar a punto de hacerlo, un policía le dio tres disparos que le provocaron la muerte. Al cumplir su objetivo, la Catrina abandonó el cuerpo del niño. Muchos dicen que aún continúa paseando por su casa esperando a nuevos habitantes.

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Alitzel Hernández Rosas Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1º “B”

El caso Catrina Hace mucho tiempo en las afueras de un pueblo se encontraban dos detectives, uno de ellos venía de la guardia costera y se llamaba Paolo, el otro era de la policía municipal y se llamaba Iván; a ellos les asignaron un caso especial porque habían descubierto cuatro cadáveres abandonados en dos coches. Paolo e Iván se dirigían al lugar de los hechos, mientras recibían por radio toda la información necesaria para la investigación del supuesto accidente. Al llegar ahí, los detectives empezaron a buscar pistas para saber qué había sucedido; Paolo fue a investigar a los domicilios de los occisos e Iván a revisar los coches, ya que en los datos recabados resultaba muy extraño que, sin razón, se habían desbarrancado. Paolo llegó a la dirección de una de las casas y no obtuvo respuesta. La casa tenía un aspecto muy extraño; intentó abrir la puerta y, al entrar, todo se encontraba en penumbras, pero vio una vela encendida en un pasillo; sigilosamente, sacó su pistola y se dirigió al cuarto que estaba conectado con dicho pasillo pero de repente escuchó una voz que decía: -¡Vete, si no quieres terminar como los otros, vete! Paolo escuchó, pero eso no fue suficiente para detenerlo, ya estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones en que muchos delincuentes creen que con eso lo podrían asustar. Al finalizar el pasillo, vio la sombra de una mujer vestida elegantemente, con un sombrero enorme lleno de holanes; Paolo se acercó poco a poco pero, en instantes, la sombra primero desapareció y luego ya la tenía frente a él. -Ahora tú y tu amigo sufrirán por no obedecerme. El detective salió corriendo de ahí y subió a su carro. Mientras tanto, Iván había descubierto que dentro de los dos carros se encontraba una imagen de la Catrina y, rápidamente, llamó por radio a su compañero para informarle lo descubierto, pero él no le contestaba ya que su radio se le había caído en la casa donde se le apareció la Catrina. Paolo, por su parte, había llegado a otro domicilio que estaba involucrado en la investigación; sin embargo, tenía miedo que le pasara algo semejante a lo de la otra casa. Tocó varias veces pero nadie le abrió; como buen policía se armó de valor y abrió la cerradura de la casa. Ahí sí había luz, por lo que se tranquilizó y, con pistola en mano, caminó en dirección a una habitación dentro de la cual se escuchaba el rechinar de una silla mecedora. El detective empujó la puerta y vio que el objeto se movía sin razón alguna; al ver que ahí no había nadie, se dio la vuelta para continuar su búsqueda, pero de repente se le apareció una vez más la Catrina: -Te lo advertí y no hiciste caso, ahora tendré que matarlos a ti y a tu amigo. Cuando la Catrina terminó de pronunciar estas palabras, Paolo salió de la casa, tomó un poco de aire y subió a su carro; se dirigió hacia el lugar del accidente para contarle a detalle a su compañero todo lo sucedido en las dos casas; luego, Iván le mostró las fotografías de la Catrina que se había encontrado en los autos. Ambos cayeron en la cuenta de que algo malo estaba por sucederles; rápido subieron a su coche para alejarse de ese lugar a toda velocidad cuando, a lo lejos, vieron la figura de la Catrina parada en medio de la carretera. Paolo, en lugar de frenar, aceleró y golpeó el esqueleto de la Catrina cruelmente, pero al momento de voltear por el espejo retrovisor, se dio cuenta que no le habían causado el menor daño; sin embargo, esta distracción les costó la vida a los dos policías, pues perdieron el control del coche y cayeron a un barranco donde el impacto hizo que instantáneamente éste explotara. Al lugar del accidente llegaron otros dos policías y lo único que encontraron fue el coche hecho cenizas; casualmente, dos fotos de la famosa calavera Catrina, quedaron intactas.

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Ángel Guadalupe Alfaro Quiroz Secundaria General No. 25 “Moisés García Sainz” 1º “B”

La Catrina en el bosque Había una vez cuatro muchachos intrépidos que vivieron una gran aventura en medio del bosque. Todo comenzó una fría mañana; Daniela, Jesús, Martín y Carlos se fueron de vacaciones al pueblo del abuelito de Daniela. Durante el trayecto a su cabaña pasaron por una casa abandonada y tenebrosa; Daniela les contó a sus amigos que en esa casa habían matado a una mujer conocida como la Catrina y que por la noche salía en busca de sangre para calmar su sed, sobre todo cuando había luna llena, por ello la gente se resguardaba en sus casas en esos días. Al llegar a la casa del abuelo, éste los recibió con una sonrisa de oreja a oreja, pasaron un rato agradable con él y se dispusieron a descansar. Al día siguiente después del desayuno, fueron a comprar víveres todos juntos pero en el camino de regreso, la camioneta se quedó sin gasolina y ya comenzaba a oscurecer. El abuelo se mostraba nervioso e intentaba ocultar su temor; una intensa neblina espesó de pronto el ambiente del bosque y precisamente ese era día de luna llena. Martín fue el que finalmente decidió ir por gasolina, después de que el abuelo le diera cientos de advertencias; caminó unos unos metros y de repente se escuchó un grito ensordecedor, todos corrieron hacia ese lugar y, para su sorpresa, el muchacho yacía en el piso sin vida con un brazo desmembrado. Los ahí presentes pudieron ver una sombra que se alejaba corriendo, dejando a su paso rastros de sangre. Nadie podía creer lo que había pasado, Martín estaba muerto. El bosque parecía impenetrable, sólo algunas ramas de los árboles se escuchaban; el abuelo pidió con señas a los muchachos que no hicieran ruido, ya que eso indicaba que la Catrina se encontraba cerca. La Catrina se había llevado entre los dientes el brazo de Martín, pero aún se oía que corría muy cerca entre los árboles. Daniela fue quien le vio repentinamente las cuencas de los ojos y la boca ensangrentada, sintió tanto miedo que se desmayó; aprovechó ese momento para matarla también a ella y, dando un fuerte grito, le arrancó el corazón. Jesús y Carlos quedaron impactados y se echaron a correr hasta llegar a la cabaña donde ya los esperaba el abuelo quien había logrado hacerse de un arma para poder defenderlos, sin embargo, la Catrina los alcanzó y dio muerte a Carlos y a Jesús; quiso matar al abuelo también, pero antes de que lo hiciera, él sacó un crucifijo y lo puso frente a la Catrina para detenerla; ella se fue alejando poco a poco hasta desaparecer de su vista. El anciano sabía ya que la Catrina era una especie de vampiro y, seguro de que volvería a buscarlo, se preparó con una estaca de madera para poder acabar con ella de una vez por todas. Al caer la noche, comenzaron a oirse ruidos fuera de la cabaña; el viento movía las ramas de los árboles y provocaba sonidos tenebrosos; de pronto la neblina se tornó tan espesa que reventó las puertas y ventanas de la cabaña. En ese momento, el abuelo supo que la Catrina venía por él pero estaba decidido a acabar con ella aunque también a él le costara la vida. En la arremetida final, cuando la Catrina estaba dispuesta a acertar el golpe fatal con sus mandíbulas en el cuello del abuelo, él pudo enterrarle la estaca en medio del pecho y, sin más, la calavera asesina se desintegró en fino polvo. El abuelo no podía creer que todo había terminado, la neblina desapareció y poco a poco dio paso a un cielo limpio lleno de estrellas. Caminando serenamente por la carretera, el abuelo se alejó de su cabaña con pesar en el alma, pero una cosa era segura, ya no volvería a tener miedo en las noches de luna llena.

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Aranza Rubí López Ruíz Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “A”

La Catrina, un alma en pena Había una vez una mujer llamada Catrina; en apariencia era muy callada y seria. Un día por la tarde, tres hombres salieron de una cueva llamada “El cuerno maldito” tras dar un paseo. En el camino de regreso a casa se encontraron a la Catrina, quien siempre vestía de largo, con un sombrero elegante y todo su atuendo en color negro. Ella estaba sentada debajo de un árbol muy triste y lloraba, entonces los tres hombres se le acercaron y le dijeron: -¿Te podemos ayudar? -¡Por favor! ¡Por favor! -respondió ella- ¡Llévenme por favor! -Pero... ¿A dónde va usted? -¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor! Sin pensarlo le contestaron que sí sin saber a dónde quería ir la mujer. Salieron rápido del lugar porque estaba oscureciendo; llegaron a un monte y se detuvieron a descansar. En eso la Catrina burlesca les dijo: -Son ustedes unos tontos. -Ellos, el verse sorprendidos por la mujer, muy enojados le respondieron: -Vieja loca. Usted está loca. Uno de los amigos propuso a los demás que se fueran de ahí y dejaran sola a esa mujer que seguramente se había escapado del manicomio. -Además -dijo el joven-, mírenla cómo está vieja, fea, flaca, con ojeras. Da lástima y miedo. Ellos corrieron y ella, con mucha rabia se fue muy enojada tras de ellos; los persiguió un rato y, al acercárseles, sacó un cuchillo y un hacha que traía consigo. A uno de ellos le hizo una cortada en el dedo meñique y al que la había llamado “vieja loca”, sin piedad le rajó la cara para marcarle una cicatriz. El tercer hombre se desmayó momentáneamente de la impresión y, al despertar, vio que no era un sueño, que sus compañeros habían sido atacados y se encontraban desmayados también, así es que, para protegerse, corrió hasta un pueblo cercano. Ahí se encontró con un señor al que le faltaba un pie. Se le acercó y le dijo: -Oiga usted. ¿Me puede hacer un favor? Escóndame; ayúdeme, una señora con sombrero y vestimenta negra quiere matarme. –El señor le respondió: -Claro que sí; vente, vamos a mi casa y sirve que ahí te contaré algo relacionado con lo que me estás diciendo. Cuando llegaron a la casa de aquel señor, él le dijo al muchacho: -¿En verdad quieres que te cuente algo relacionado con lo que te pasó? -Sí, por favor dígamelo. Aquel señor empezó a contarle una historia muy parecida a la que aquellos jóvenes estaban viviendo. El muchacho, muy afectado, interrumpió para decirle: -Eso es exactamente lo que nos está pasando a nosotros. -Pues entonces –recalcó el señor- esta historia ya no tendrá fin. En ese momento llegó hasta ahí la Catrina y les dijo a ambos: -Yo lo único que quiero es que alguien me ayude. -Ellos, muy asustados, no supieron qué contestar y entonces ella gritó: -¡Díganme algo rápido! -Pero ¿en qué quiere que la ayudemos? -dijo el señor. -Quiero que todo el mundo me conozca y me tengan mucho miedo al verme; quiero hacerlos temblar. -Las palabras de la Catrina reflejaban odio y rencor; entonces ellos insistieron en que no podían hacer nada. -¿Cómo que no pueden hacer nada? Tienen qué poder. -¿Pues cómo quiere que nosotros hagamos eso? -Pues ustedes investiguen cómo. -Pero, ¿para qué quiere que lo hagamos? -Porque ya me harté de que todos digan que soy una loca y se burlan de mí por mi rostro de calavera; por eso ahora me he hecho muy mala para que me tengan miedo. -Pero eso no es justo -dijeron ellos- no podemos ayudar en eso. -Obedezcan; si no lo hacen, los voy a ahorcar. -No se preocupe, nosotros haremos lo que usted ordene. Ambos salieron de la casa de inmediato, pero no sabían cómo hacer para cumplir lo que ella les pidió. Llegaron a un pueblito cercano y ahí investigaron primero quién era la Catrina y ver la forma de ayudarla. El Cura del pueblo les dijo que ella era un alma en pena porque aún no había descansado; los acompañó hasta la casa del señor donde sabían que estaba la Catrina y roció todo el lugar con agua bendita. Fue así como acabaron con ella y nunca más sucedieron tragedias en ese lugar. A pesar de que mucha gente ahora le teme a esa elegante mujer, lo cierto es que ya no hace daño porque su alma ahora sí está descansando en paz.

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Ariadna Nayareli Ramírez Jiménez Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3º “A”

Amada Catrina Nunca hubiera imaginado enamorarme de un perfecto grabador y mucho menos de ti; en ese día soleado, cerca de la ventana y tú ahí, reflejado tu rostro en ese gran florero de plata con rosas rojas. Mientras me miras siento cómo disfrutas cada momento que pasas sentado perfeccionándome, y yo cada vez más enamorada de ti. Yo sé que tú también me amas pues lo noto en tú mirada. Todos los días la pasamos juntos, recuerdo la primera vez que te vi y me miraste, sonreíste de una manera tan especial y única. Cuando apagas la luz y yo me quedo sola me siento confundida; me pregunto cómo pude enamorarme de ti. Contemplando la luna todas las noches pero nunca dejando de pensar en ti. Todas las mañanas vienes a visitarme y me sacas al gran jardín verdoso con lindas flores de colores y esos lindos pajaritos trinando en el frondoso árbol que está junto a la fuente; en ese momento me pones un sombrero lleno de flores negras, yo sólo quiero pedirte un poco de color. Estos últimos días te he sentido muy distante, pero aún así sigues siendo muy atento conmigo. Ahora sólo me visitas cada tercer día y sólo lo haces para mirarme y taparme de tal manera que la humedad y el mal clima no me dañe. Después de un tiempo volviste a ser el mismo de antes, esa persona que solía sacarme al gran jardín, pero ahora me sacas a pasear por la ciudad de Aguascalientes, un lugar con gente muy linda. Te doy las gracias por presentarme a tantos amigos que cuando me miran, una gran sonrisa se dispara en sus labios y sólo dicen: ¡Que linda!, otros sólo sonríen y se quedan sin palabras ante la perfección con la que me creaste. ¿Cómo me llamarás? pues aún no tengo nombre y esa pregunta me la hago todos los días. Tal vez me pongas Trina, me parece un lindo nombre; y ¿cuál será tu nombre? pues a pesar de tanto tiempo de conocernos no me lo has dicho; me imagino que es José Guadalupe Posada, porque todos tus amigos te llaman así. Serpentinas por doquier; miles de personas van contentas caminando y otras danzando, niños corriendo contentos con globos en las manos, cuetes nos alumbran durante esta noche, me miras y sientes que te miro, volteas la mirada y sólo sonríes. Pronto me doy cuenta de que nos encontramos en un festejo y te dirigiste hacia aquel lugar donde se encuentran grandiosas obras de grabado en vidrio, madera y muchos materiales más. Después de observarlas nos retiramos. Esa noche me llevaste a tu casa; te veías muy cansado. Me tomaste con mucha delicadeza y me pusiste en esa pared junto a tu cama; me miraste una vez más y me dijiste: estoy enamorado de ti, me besaste y te acostaste para dormir. A la mañana siguiente te levantaste con buen ánimo y me informaste que ya sabías cómo me llamarías, pero no me lo dijiste. Yo te estoy recordando; nunca me olvides y siempre tenme en tu mente y en tu corazón. Te dejo para que encuentres a esa persona especial a la que le puedas corresponder y tratar como a la mujer que amarás para siempre. Sólo estoy esperando que me des mi nombre; espero que ese nombre no sea cualquiera, sino que tenga un significado especial para ti o que te haga sentir algo que jamás habías sentido. Han pasado los días y aquí sigo esperando lo ya dicho. Este día al fin llegó y me dijiste -Ya tengo por fin tu nombre, y quiero que sepas que es muy especial, ya que hace mucho tiempo tenía una esposa a la que amé demasiado como a ninguna otra persona y su nombre era Trina. En el momento en que me lo dijiste no podía creerlo, pues ese nombre me gustaba tanto sin saber porqué; pero enseguida comentaste que éste no sería exactamente así, sino Catrina. -Así es, soy yo tu amada Catrina. Lo único que necesitaba para poder seguir siendo sólo un grabado era un nombre, mas nunca tu olvido.

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Beatriz Sánchez Pérez Secundaria General No. 3 “Congreso de Anáhuac” 3º “K”

La desesperación de la Catrina buscando ayuda para descansar en paz

Esta es la historia de una familia que decidió cambiarse de ciudad porque asustaban en la casa donde vivían. Los padres tenían dos pequeños niños y no querían que les afectaran las cosas que ocurrían ahí. Decidieron poner en venta la casa y tuvieron que pasar varios días para que, por fin, recibieran la llamada de una joven que estaba interesada en ella. La joven había decidido comprarla porque la universidad donde estudiaba le quedaba muy cerca; hasta ese momento había vivido con sus padres pero esta vez se cambiaría a esa casa ella sola.

Ricardo Alberto López Rivera

Pasó su primera semana en esa casa y todo parecía ir bien, fue hasta la segunda semana cuando una madrugada escuchó ruidos extraños, se asustó y decidió revisar la casa, pero no encontró a nadie, así que regresó a la cama para dormir. A la mañana siguiente encontró en la cocina un vaso con agua y un trozo de pan como si alguien hubiera comido ahí, además le sorprendió ver unas gotas de sangre debajo de una silla. La joven llamó rápidamente a sus padres, pero éstos no contestaron y pensó que algo malo les había sucedido.

A pesar de su preocupación tuvo que ir a la universidad porque estaba en periodo de exámenes y, cuando regresó a la casa, en la puerta estaba la palma de una mano marcada con sangre. Impactada decidió no entrar a la casa y permanecer afuera, estaba a punto de oscurecer, entró y vio una sombra negra que pasaba frente a ella; corrió a su recámara y se encerró. La angustia la invadió y no podía dejar de pensar en lo que podría estar pasando en su casa, si alguien le quería hacer daño o simplemente era su imaginación por no estar acostumbrada a vivir sola. Volvió a asomarse a la cocina y nuevamente vio un vaso lleno de agua y unas gotas frescas de sangre en el piso, ya no soportó más, así que llamó a sus padres para que alguno de los dos la acompañara por lo menos

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esa noche, su madre le contestó y minutos después ya estaba ahí tratando de serenarla. La joven le contó lo sucedido y juntas decidieron revisar toda la casa para ver si había algo extraño, pero todo se encontraba en perfectas condiciones, sin embargo, la señora le dijo que pasaría la noche con ella para que estuviera más tranquila. Al amanecer se levantaron para desayunar; su madre le dijo que se fuera tranquila a la universidad y que ella se quedaría en la casa para recibirla cuando regresara. Al terminar sus clases se dirigió al auto para regresar a casa; cuando llegó no vio a su madre; por más que le llamaba ella no respondía, hasta que fue al patio trasero y ahí la encontró sentada en una silla, parecía estar sedada. La joven, asustada y preocupada, intentó hacer que su madre reaccionara, minutos después recuperó el conocimiento, le dolía mucho la cabeza y no se acordaba de muchas cosas. La hija alterada le pregunto qué había sucedido, pero la madre no sabía cómo explicarle lo acontecido, sólo recordaba la imagen de una mujer de negro, pero no distinguió su cara porque llevaba puesto un gran sombrero con un velo por delante, pero esa mujer no habló en ningún momento. La muchacha no quiso que su madre se siguiera arriesgando en esa casa y, para tranquilizarla, le dijo que seguramente había sido un sueño y que mejor regresara a su casa con su padre. Al día siguiente regresó de la universidad y todo parecía estar bien, pero cuando entró a la cocina vio a alguien que la estaba esperando, no quería huir más, así que prendió la luz y vio a la mujer de negro que refirió su madre; se presentó ante ella y le preguntó quién era, la mujer volteó a verla y fue cuando la joven se sorprendió, pues era un cadáver. Se podían apreciar sus huesos blancos y, por la forma en la que iba vestida, la reconoció como la Catrina. Necesitaba hablar con ella y saber porqué estaba ahí, porqué le había hecho eso a su madre y también la explicación de las gotas de sangre que diariamente había bajo la silla. La Catrina le dijo que en contra de ella y de su familia no tenía nada, más bien quería que alguien la ayudara. En ese momento su rostro se vio con una tristeza inmensa, como si algo muy malo pasara por su mente, unas lágrimas de sangre salieron de aquellos huecos que algún día albergaron unos ojos; le confesó que hace muchos años cuando ella era joven y aún tenía vida, construyó esa casa y que ahí mismo había fallecido dejando todas sus pertenencias; no eran cosas muy valiosas pero sí le servirían a su hijo quien se encontraba en un problema grave en ese momento; agregó que ella no podía hacerle llegar esos objetos de valor que le ayudarían a resolver su situación. La joven conmovida le dijo que ella podía ayudarla, que entregaría esas cosas a su hijo. Al cabo de unos días cumplió la promesa que le hizo a la Catrina, localizó a su hijo y le entregó un sobre diciéndole que esperaba que lo que había dentro le fuera de gran utilidad. De regreso a casa, la Catrina la esperaba para agradecerle lo que había hecho por ella y le pidió perdón por ese tiempo en que le había causado tantas preocupaciones. Así fue como la Catrina por fin pudo descansar en paz y la joven vivió en la casa sin miedos ni problemas. La joven terminó la universidad y, así como el hijo de la Catrina jamás olvidó su visita, ella nunca pudo olvidar los ojos de la Catrina llorando de dolor.

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Brenda Janette Montes Garay Telesecundaria No. 32 “Manuel M. Ponce” 1º “C”

La novia de negro

Era tiempo de lluvia; las personas que vivían en la comunidad de Los Negritos, Aguascalientes, dejaron de salir por las noches a los bailes porque cuando venían de regreso a sus casas, escuchaban muchos ruidos y veían cosas extrañas. Un día, dos muchachas iban a la tienda de abarrotes que estaba lejos de su casa y tenían que pasar por un lugar solitario con muchos árboles, en uno de ellos se encontró una lechuza; era un animal muy grande y de color blanco que comenzó a hacer un ruido extraño que parecía un chiflido. Asustadas caminaron más aprisa porque de regreso tendrían que pasar por el mismo lugar, pues no había otro camino.

Valeria Díaz Martínez

Al llegar no le platicaron a nadie lo sucedido, subieron a su cuarto y después de charlar un rato se quedaron profundamente dormidas olvidándose de cerrar la ventana. Transcurrió la noche sin ninguna novedad, pero fue a las tres de la madrugada cuando una lechuza se paró en la ventana del cuarto y al mismo tiempo comenzaron a escucharse ladridos que hicieron que una de ellas despertara repentinamente, prendió la luz para saber qué ocurría y en ese instante la otra muchacha se despertó también, juntas e intrigadas se asomaron por la ventana pero no vieron nada extraño y, sin darle mayor importancia, se volvieron a quedar profundamente dormidas.

Al día siguiente sucedió exactamente lo mismo que la noche anterior, comenzaron a ladrar los perros y las hermanas se despertaron porque también habían escuchado los aleteos de un pájaro chocando contra los vidrios de su ventana y los truenos que anunciaban una tormenta; en esta ocasión y al encender la luz, notaron que tras la ventana algo voló, por lo que rápidamente se asomaron y vieron frente a ellas a una figura de mujer vestida de color negro con un sombrero ancho y grande, con un velo que le cubría la cara y usaba un vestido largo con muchos holanes, se encontraba inmóvil debajo de un árbol y parecía que la lluvia no penetraba su vestido. Rápidamente corrieron a contarle a su mamá lo que había ocurrido, pero ella no les creyó y les dijo que seguramente lo habían soñado, sin embargo, ambas seguían muy alteradas y fue entonces cuando la mamá decidió cerciorarse sobre el hecho; al llegar a la habitación de sus hijas, se asomó por la ventana y vio con sus propios ojos a esa figura cadavérica y fantasmal inmóvil, comenzó a rezar desesperadamente y le dijo a sus hijas que lo hicieran también; así continuaron toda la noche.

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Al amanecer el fantasma ya no estaba, inmediatamente fueron a investigar con los vecinos que ya tenían muchos años viviendo en la comunidad para ver si lograban obtener una explicación de lo acontecido; ellos les comentaron que la casa en la que habitaban, hace muchos años fue una hacienda que perteneció a una familia muy rica; en ella vivía un muchacho que se había enamorado perdidamente de la hija de una de las sirvientas, pero cuando los padres se dieron cuenta de la relación hicieron todo lo posible por separarlos. Cuentan que una noche se escaparon y se fueron a casar a escondidas, pero fueron descubiertos por sus padres quienes los esperaron al salir de la Iglesia y, entre varios hombres, se llevaron al joven y lo encerraron en el cuarto más horrible y oscuro de la hacienda para no dejarlo salir; le daban de comer a través de una pequeña ventana que tenía la puerta de la habitación y por donde apenas cabían los alimentos. Por su parte, la muchacha se quedó vestida de novia fuera de la Iglesia llorando y suspirando por el amor que le acababan de arrebatar. Pasaron los años y la novia nunca se recuperó de tal desgracia, perdió la razón y no reconocía a nadie, nunca quiso quitarse el vestido de novia. Su cuerpo al igual que su alma fueron envejeciendo, su vestido de novia se transformó en harapos sucios y todas las noches se paraba frente a la ventana de su amado para poder verlo. Una noche la encontraron muerta debajo de un árbol y, entre sus manos, tenía una paloma con un recado que decía: “Todas las noches estaré aquí esperándote mi amor”. Las hermanas y su mamá, después de escuchar esa historia, comprendieron que la figura en forma de Catrina que habían visto, era el espíritu de esa novia, quien cada noche se acercaba a la ventana esperando ver a su amado. Ese mismo día empacaron sus pertenencias y regresaron a vivir a Zacatecas.

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Bryan Roque García Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “A”

La niña hermosa Hace mucho tiempo nació una niña muy hermosa; en el momento en que el doctor se la dio a su madre para que la pudiera cargar, se vieron dos figuras a ambos lados de la cama, una vestida de blanco y la otra de negro, las cuales desaparecieron inmediatamente. La niña creció y siempre sucedía que por las mañanas se despertaba de muy buen humor, se arreglaba, se ponía muy coqueta y todos los hombres se sentían atraídos por ella; pero en las noches, su aspecto le dejaba de preocupar y, por el contrario, se vestía y arreglaba de manera lúgubre y tenebrosa, el maquillaje colorido pasaba a ser obscuro y, su espíritu que en la mañana se encontraba en armonía, por la noche contenía sólo angustia y desesperación. Su madre no sabía lo que le ocurría realmente y dejó pasar el tiempo sin dar importancia a los cambios drásticos que experimentaba su hija. Cuando se convirtió en mujer, su madre la llevó con una señora que leía cartas y ella le comentó que la vida de su hija estaba marcada por la lucha de dos fuerzas, la del bien y la del mal. La joven comenzó a tener comportamientos negativos, decía que era aburrido ser bueno y que era muy fastidioso Héctor Joel Guillén Ramírez seguir las normas que regían; comenzó a sentir atracción por las cosas que tenían que ver con la muerte, pegaba en su habitación recortes de periódicos con noticias de accidentes y asesinatos y le gustaba estar en la obscuridad. En una ocasión se le apareció una figura blanca de rasgos indefinidos en su habitación; le dijo que el mal se había apoderado de su alma y que ya nada se podía hacer para salvarla; desde ese momento ella sería responsable de acompañar a las almas que acababan de dejar los cuerpos sin vida, al lugar donde sería su descanso eterno: ahora ella se llamaría Catrina. La muchacha se resistió a esa encomienda e imploró al espíritu diciendo que merecía una oportunidad, que quería hacer una vida normal y no un ser inmortal. El espíritu le dijo que su destino fue marcado desde el mismo día que nació, precisamente en aquel momento en que se presentaron ambas fuerzas. Fue así como, sin poder evitarlo, esta hermosa mujer se convirtió en la Catrina que, irremediablemente, algún día conoceremos y nos acompañará a cada uno a nuestro destino final.

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Carlos Urzúa Esparza Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 2º ”I”

La venganza de la Catrina

Hace mucho tiempo mataron a una mujer llamada Catrina; ella llevaba una vida llena de lujos pero, sobre todas las cosas, lo que más disfrutaba era pasear por su rancho montada en su caballo Rayo. Una noche entraron unos ladrones a su casa con el fin de robarse los millones que guardaba en su caja fuerte; el caballo comenzó a relinchar desesperadamente para alertarla, pero su dueña seguía dormida. Los ladrones no pudieron abrir la caja por más que intentaron, así es que despertaron a la dueña para que les diera el número de combinación. Cuando por fin obtuvieron el botín que tanto deseaban, la mataron sin piedad a cuchilladas. Toda la habitación quedó salpicada de sangre; después prendieron fuego a la casa, no sin antes matar también a su caballo, mismo que aventaron al río. Al siguiente día, la gente del pueblo se percató de que Rayo había sido arrojado al río y que tenía varias cuchilladas en la panza; luego fueron a la casa para saber qué había pasado con la Catrina y lo único que vieron fueron las cenizas que quedaron de aquel caserón. Inmediatamente avisaron a su hermano, el único familiar que tenía la difunta. Él llegó decidido a vengar la muerte de su hermana. Una noche, estando profundamente dormido, soñó que su hermana le decía que la ayudara a tomar venganza y que no tuviera piedad con los asesinos, él le prometió que pagarían por lo que le hicieron. El hermano de Catrina se propuso encontrar a los ladrones, pero pasaban semanas y no obtenía ninguna pista. La gente del pueblo y de los alrededores no le aportaba ningún dato para dar con ellos. Así pasó más tiempo hasta que, una noche, los ladrones llegaron a su casa dispuestos a matarlo, ya que si los descubría él primero, sin duda alguna los mandaría a prisión. El hermano de Catrina se despertó sobresaltado en cuanto escuchó que alguien forcejeaba la cerradura de la puerta trasera; se levantó y enfrentó a los ladrones; él se encontraba en desventaja, ya que los asesinos iban bien armados. Repentinamente se oyó el relinchar de un caballo y apareció la Catrina montada en el Rayo, quien de una patada golpeó de muerte a los dos asesinos. Su hermano, impactado al verla transformada en una calavera, cayó desmayado. Desde ese día, Catrina y Rayo adquirieron fama, pues se convirtieron en los justicieros de todos aquellos maleantes que quieren aprovecharse de ricos y pobres.

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Carolina Granados Díaz Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2° “A”

La melancolía de Isabela la Catrina

Había una vez una muchacha muy guapa y joven llamada Isabela, ella venía de una de las familias adineradas y poderosas del pueblo donde vivía. Todos los muchachos del pueblo la pretendían pero ella sólo amaba a un muchacho. Él era un humilde y feo campesino, en cambio, los demás eran jóvenes, apuestos y musculosos. Isabela no podía fijarse en nadie más que en él porque le atraía su forma de ser y la manera en que la trataba; Isaías, el dueño de su corazón, también la amaba pero pensaba que no la merecía. La familia de Isabela era lo único que impedía que él y ella fueran felices; sus padres la molestaban constantemente con sus comentarios: -¿Cómo un campesino pudo llegar a conquistarte si hay más y mejores muchachos en el pueblo? Ella contestaba: -¡Pero eso no importa yo lo amo a él! -¡No! te prohibimos que hables con él, ya no muchachita, él es un pobre campesino, entiende que hay clases sociales y no nos llega ni a los talones. -¡Pero…! -¡No! y es nuestra última decisión. Desesperada, Isabela pensaba que si salía al pueblo con el pretexto de ir por frutas al mercado lo podría ver y, aunque fuera por un momento, ser feliz a su lado a escondidas. Así lo hizo durante mucho tiempo hasta que, un día, a sus padres se les hizo raro que saliera al mandado tan a menudo, por lo que decidieron mandar a su hermano Juan a que la vigilara, así que la descubrió en un jardín con Isaías y fue a acusarla con sus padres. Isabela no se percataba de ello, después de unas horas regresó a casa y sus padres ya la estaban esperando. Al entrar a su casa sospechó que se habían enterado de algo; de pronto su padre rompió el silencio: -¿Por qué sigues viendo a ese campesino si te lo prohibimos? no lo puedo creer, ¡confiamos en ti! -¿Qué? ¿Cómo lo saben? -Eso no importa y ahora tomaremos medidas drásticas contigo, te encerraremos en el sótano hasta que aprendas a obedecer y nunca, me oyes, nunca más verás a ese tal Isaías ni la luz del sol. Así fue. Isabela salió del sótano después de diez años y lo primero que hizo fue buscar a Isaías a su casa, a pesar de que sus padres se lo prohibieran; su amor era tan fuerte que soportaría por él mil años más en la obscuridad. Cuando llegó a su casa, muy entusiasmada preguntó por él, pero su madre le respondió fríamente: -Se suicidó después de que no supo nada de ti durante un año, ¡vete de aquí, tú eres la culpable! Ella no lo podía creer, cayó en una depresión total porque no aguantaba vivir sin él; entonces, con el afán de volver a estar juntos, tomó unas pastillas para dormir y jamás despertar. Después de un rato, su madre entró a su habitación y la encontró tirada en el piso, lo único que decía Isabela en su agonía era el nombre de Isaías. Desde entonces se comenta que en ese pueblo, en las noches, sale una mujer que dice el nombre de Isaías. Ella viste con un vestido negro muy elegante y un gorro con velo que le tapa la cara, comentan los que la han visto que está hecha de huesos y nada más. Le llaman la Catrina y aún así no tiene lo que más quería en el mundo. Dicen que las catrinas son mujeres elegantes y ricas que aparentan ser felices pero por dentro sufren como Isabela.

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Christopher Jorge Ruíz Esparza Pérez Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1 “C”

La Catrina cristera

Un día, en la época de los cristeros, allá por los Altos de Jalisco, andaba la Catrina rondando con su vestido negro y elegante, sin faltarle el sombrero grande y llamativo, acompañada de su fiel amante, un hombre muy elegante. Ahí estaban estas dos calaveritas muy campantes; mientras los cristeros estaban llegando al pie de la meseta, los federales estaban listos para el ataque. Un General empezaba a ordenar para comenzar la batalla: -¡Prepárense que la sangre se pone caliente como aceite hirviente!. La Catrina anda alerta, anda rondando por aquí en la meseta y se prepara para guiarles cuando caigan heridos de muerte; ustedes saben que librarse de la Catrina es más difícil que ganarles la guerra a esos hijos de su madre. Los cristeros por su parte preparaban todo para el ataque y, por sus creencias, hasta la muerte entregarse; en el campamento unos estaban rezando y otros cantando:

Iris Catalina G. Martínez

“¡Ay, Catrina! La mujer más divina, eres una reina para mí. ¡Ay, Catrina! Si un día llegas por mi vida, me iré llorando de alegría. ¡Ay, Catrina! La mujer más divina, en los amores la más viva, tu mirada de calaverita fina es el remedio para mi vida”.

La Catrina se reía de ironía, ya que veía a la gente llena de vida, perdiéndola por una tontería. Pone su mirada en una sobreviviente que por sus creencias la vida daría. La Catrina sigilosa se le acercaba y la Adelita espantada sentía que el corazón se le paraba; no creo que ni un aguardiente a sus cabales la regrese. La Catrina la toca en la mejilla con sus huesos blancos como un gis y fríos como la nieve; luego le dice: -¡Hija de mi alma! No temas que yo, aún siendo una calavera, estoy llena de alegría; vengo a avisarte que al caer el día, la vida para muchos terminará. Hija mía, huye ahora que puedes, antes de que la muerte te alcance. Huye ahora, porque de un trancazo o de un machetazo, a muchos al infierno llevará. -La Adela huyó en el caballo más rápido, a lo lejos desapareció y de ella ya nada se escuchó. Balazos y trancazos no cesaron; entre peñas y entre penas, el valor no había parado. Unos iban cayendo de dolor y otros de frustración, pero ninguno se rindió. Los cristeros peleando por Dios y los federales por honor. La Catrina, en medio del fuego, apareció de golpe y, a pesar de eso, muchos quedaron helados y se les cayó el sombrero y el bigote. -Gente mía, almas llenas de vida; vayan a reunirse con sus familiares y amigos, para celebrar en el más allá, que la muerte está llena de vida todos los días, y más los domingos.

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Clara Zulaidid Delgado Cardona Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B”

Noche de pánico

Era una vez un señor que se dirigía a su casa alrededor de las tres de la mañana, cuando a lo lejos le pareció ver a una mujer que paseaba en una carreta. La mujer traía cubierta la cara con un velo y portaba un traje con gabardina; todo en color negro. Se le acercó y, al voltear a ver al señor, éste se asustó y más cuando vio que repentinamente ya no estaba nadie en ese lugar. Todos los días al salir de trabajar, a muy altas horas de la noche, el señor pasaba por el mismo lugar y la mujer se le aparecía; no lo dejaba en paz. Un día decidió salir de su casa a las seis de la mañana creyendo que a esa hora nada pasaría; al caminar por el mismo lugar de siempre volvió a ver a la mujer arriba de esa carreta. Pensó en pararla para preguntarle quién era, qué quería, de dónde venía y a dónde se dirigía, pero finalmente no lo hizo. Al siguiente día, pero en la madrugada, aquel hombre no resistió más la curiosidad cuando se le apareció de nuevo aquella mujer; esta vez sí le hizo la parada. Con sorpresa observó que circulaba la carreta sola, sin caballos. Se asustó tanto que decidió regresar a su casa, a donde llegó tembloroso y pálido; llorando le contó todo a su esposa quien, impresionada, le dijo: -Parece que has visto a la muerte. –Él le respondió que así parecía y que esto había ocurrido durante varios días cuando pasaba por el mismo lugar. -Eso no puede ser real, –dijo ella consternada- esas son cosas del demonio. –Pues así parece porque acabo de ver a la mismísima Catrina montada en una carreta muy elegante y no sé si yo podría seguir con esa angustia todos los días que pase por ahí. Pasaron los días y entonces el señor se armó de valor; decidió hacerle la parada nuevamente a la Catrina al ver que se acercaba, y le preguntó: -¿Quién es usted? ¿Qué quiere? ¿De dónde viene? La mujer no le contestó y sólo se quedó mirándolo fijamente de una manera que aterrorizaba a cualquiera. Entonces ella agachó la cabeza y, en apariencia se alejó, porque enseguida se apareció a un lado de aquel hombre. -Oiga, por favor dígame, –dijo el hombre- ¿por qué me persigue tanto? Yo no le he hecho nada. Dígame qué quiere de mí. –La Catrina no le respondió y se esfumó al instante. Después pasó un tiempo y la Catrina ya no se le aparecía más. El hombre consiguió un segundo trabajo como sembrador, por lo que diario iba a sembrar ya muy tarde a un lugar cercano al panteón. El señor sintió que ya nada le daba miedo. Pasaron dos días y la Catrina se le volvió a aparecer, pero ahora iba acompañada de un perro negro muy grande; esta vez sí sintió miedo porque vio que ambos se dirigían hacia él; éste corrió hasta que la Catrina desapareció. Al llegar a su casa, le contó lo sucedido a su esposa. Ya estaba traumado de tanto susto cuando decidió ir con un sacerdote para que le aconsejara qué hacer, pues probablemente se trataba de un alma en pena. Éste le dijo que le rezara diario un rosario completo hasta que esa alma descansara en paz; así lo hizo hasta que poco a poco la Catrina dejó de aparecer y ya no la vio más. Sin embargo, el señor muy precavido, jamás volvió a salir de su casa durante la madrugada y poco a poco se fue olvidando de aquella terrible situación que vivió durante algún tiempo.

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Claudia Elizabeth Salas Zul Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B”

La belleza de la Catrina

Había una vez una jovencita muy hermosa llamada Gabriela que tenía una amiga igualmente hermosa y que se llamaba Juanita. Un día Juanita le dijo a Gaby: -Te invito hoy por la noche a ver a nuestros amigos Carlos y Juan al parque; ellos estarán ahí esperándonos para platicar. –Pero –respondió Gaby- yo no quiero ir al parque porque no he pedido permiso a mis papás. –No digas eso, tenemos que ir, pídeles permiso y seguro que te lo darán. –Entonces, ¿a qué hora pasarás por mí? –A las nueve de la noche, ¿te parece bien? –Está bien, a esa hora te espero en mi casa. Al llegar la noche, Gaby ya se estaba arreglando porque no tardaría Juanita en pasar por ella, pero aún no estaba lista y ya eran las nueve. En ese momento Juanita tocó el timbre de la casa de su amiga y ella, al abrirle, le dijo que la esperara diez minutos más. Tenían tiempo suficiente, puesto que sus amigos con los que se iban a ver, estarían en la cita a las nueve y media, pues primero irían al Museo “J. Guadalupe Posada” para ver una exposición que ahí estaban presentando. Gaby, sin embargo, confesó a su amiga que no había pedido permiso a sus padres para salir, y le dijo que temía que no la dejaran ir, pues ellos estaban molestos porque había descuidado una de sus materias de la escuela. Su padre Federico era un hombre muy estricto y hasta violento con su hija, y su madre Maribel en todo le daba la razón a su marido, aún cuando sabía que era injusto y muy estricto con su hija. Maria Valeria Delgado Méndez

Gaby se animó y fue con sus padres a pedirles permiso para salir: -Papis, ¿me dan dejan salir al parque un rato con Juanita y unos amigos?, sólo será un rato. Su padre Federico le preguntó a qué hora pensaban regresar a casa, a lo que ella respondió que tan sólo estarían fuera una hora. Ni el papá ni la mamá se atrevían a darle el permiso, pues ambos estaban realmente molestos con ella por esa materia en la que había sacado bajas calificaciones y la tenían castigada. Finalmente y luego de tanta insistencia por parte de Gaby y de Juanita, accedieron a otorgarle el permiso, advirtiéndole que sólo sería por una hora.

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A m b a s a m i g a s s e f u e r o n a l p a r q u e a d a r u n a v u e l t a c o n s u s a m i g o s y p l a t i c a r, p e r o e l l a s l l e g a r o n p r i m ero; al ver que ellos no se presentaban a la cita, decidieron dar la vuelta por todo el parque para ver si los encontraban. No había nadie y ya el parque estaba sólo, cuando de repente vieron la sombra de una mujer muy rara, vestida de negro; en el pueblo algunas personas decían que en ese lugar se aparecía la Catrina y asustaba a los que paseaban por ahí. Así es que ambas decidieron ir con la tía de uno de sus amigos para ver que en realidad todo estuviera bien y no les hubiera pasado nada. Pronto pasó una hora y Gaby ya tenía que regresar a su casa, pues de lo contrario sabía que le iría muy mal con sus padres, pero no se atrevía a hacerlo sola porque forzosamente tenía que pasar por aquel lugar donde decían que se aparecía la Catrina, y además ya era noche. Llegaron a la casa de la tía de Carlos que vivía a las orillas de la ciudad, y éste les pidió disculpas porque se les hizo tarde en el museo y no alcanzaron a llegar a la cita, así es que Carlos y Juan decidieron irse a sus respectivas casas, cometiendo el error de no avisarles. El tiempo pasó muy rápido y Gaby no llegó a dormir esa noche a su casa. Se presentó junto con Juanita hasta el siguiente día muy temprano. Sus padres Federico y Maribel estaban sumamente molestos con ambas. Juanita les dijo la verdad, que al no llegar sus amigos, se preocuparon y decidieron ir a buscarlos a la casa de una tía de Carlos. Eso les impidió regresar a tiempo a casa, pues ya era muy noche. Sus padres reprendieron severamente a su hija ante los ojos de Juanita, quien veía que Federico golpeaba a Gaby sin piedad por no haber llegado a dormir a casa. De los golpes tan fuertes que le propinó, su hija se puso muy grave y después murió. Federico y Maribel se arrepintieron de lo que hicieron, pues por una imprudencia y un coraje injusto, éste perdió el control causando la muerte de Gaby, mientras ella también estaba arrepentida por haberlo permitido. Tiempo después, por su casa se aparecía una mujer que decían que era la Catrina que quería vengar la muerte de Gaby; ese espíritu extraño diariamente rondaba por toda la casa. Federico, siempre culpó a Juanita de que por ella su hija había muerto, pero no quería reconocer que la joven murió a causa de los golpes que éste le propinó con la anuencia de su madre. De tristeza por la muerte de su amiga, Juanita también murió y Federico, lejos de ponerse triste, se alegró porque siempre la culpó de lo ocurrido aquel día. El espíritu de ambas amigas rondaba diario por las noches en aquella casa. De la impresión, Federico se volvió loco, pagando así el daño que le hizo a su hija tras haberla golpeado brutalmente hasta causarle la muerte.

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Devany Crisel Piña López Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

Una Catrina mala

El antecedente de esta historia se remonta al año 1912, tiempo en que, en un pequeño pueblo habitaba José Guadalupe Posada; él hizo el grabado de una calavera elegante, a la cual llamó Catrina, con la finalidad de mofarse de la gente que se sentía rica y de la alta sociedad, aunque no lo fuera. Una noche Posada estaba dormido cuando de repente escuchó que tocaron su ventana, se levantó, se asomó y no vio a nadie. Pensó que seguramente era alguna rama que se movió ante la intensidad del viento que se sentía afuera. Se volvió a acostar cuando, de repente, vio que frente a él pasó una mujer con un elegante vestido y un gorro con velo negro. Como se asustó, volvió a levantarse y siguió a la mujer, la cual desapareció repentinamente entre las tinieblas. Al regresar a su cama, vio que esa mujer estaba ahí sentada; él se le acercó, pero en ese momento ella se levantó, así es que él pudo observarla y se percató de que esa mujer era idéntica a la Catrina que él había grabado, sólo que ésta era de carne y hueso. Su impresión fue tal que en ese momento Posada murió de un paro cardiaco fulminante. Después se supo que esa mujer no era real, sino un alma en pena de una mujer que había muerto años atrás. Ha pasado el tiempo y ahora estamos en el año 2000. Un grupo de estudiantes se fue de vacaciones a ese pequeño pueblo donde vivió Posada. Como querían divertirse y harían mucho ruido, se hospedaron en una pequeña cabaña ubicada a las afueras del pueblo. Los hombres dormirían en una parte de la cabaña y las mujeres en la otra parte de ese lugar en el que había varias recámaras. Al instalarse comenzó la diversión. Por la noche se dieron cuenta de que no había agua caliente, así que todos optaron por salir en busca de leña. Había mucha neblina y no se distinguían muy bien los caminos. Algunos compañeros que seguían el mismo rumbo distinguieron la silueta de una mujer muy elegante con un sombrero y un velo negro. Creyeron que sería la Catrina que muchos años antes había creado Posada. Entonces Carlos preguntó: -¿Hay alguien ahí? –Nadie respondió y de repente esa imagen desapareció. Al llegar a la cabaña no comentaron nada de lo sucedido para no asustar a nadie. Esa misma noche se escuchó que tocaron levemente la puerta. Lilí se asomó afuera y a ella le tocó ver otra vez, a lo lejos, a esa extraña mujer con la misma vestimenta negra que antes llevaba puesta, pero esta vez cargaba a un hombre sobre sus hombros. Se fue acercando hacia Lilí quien alcanzó a distinguir que aquel hombre estaba muerto; de inmediato cerró bien la puerta de la cabaña y corrió hacia la recámara de Ana, su mejor amiga. Lilí le dijo: -Ana, debemos pedir ayuda; hay una extraña mujer allá afuera. -¿De qué hablas? –Se trata de la misma mujer que vimos y que de repente desapareció. –Vamos con Carlos para ver qué hacemos. Iban en camino hasta donde estaban los hombres cuando, con sorpresa, vieron que la Catrina tocaba con sus manos a Carlos, pero éste se encontraba colgado de una viga del techo. Asustadas salieron de la recámara, pero unos pasos más adelante vieron que todos sus amigos también estaban colgados del techo, menos uno: Emanuel. Lo buscaron y lo encontraron en otra recámara dormido, así es que lo despertaron. Ana: -¡Emanuel, Emanuel! Despierta. -¿Qué pasa? –Hay una mujer allá afuera y ha matado a todos nuestros amigos. –Tranquilícense, vamos a ver qué pasa. Llegaron a esa recámara donde estaban todos colgados, abrieron la puerta y vieron a la Catrina pasar rápidamente y luego desapareció. Ahí estaba Devany, la novia de Emanuel, quien les preguntó: -¿Qué les pasa?, parece que hubieran visto un muerto, ja, ja, ja. Por cierto, les quería decir que como no había vino para divertirnos, yo traje unas chelas, ¿qué tal si nos las tomamos aquí? Emanuel: -Escúchanos bien; aquí en esta cabaña está la Catrina. -¿Qué? No les creo nada. -Entonces Ana interrumpió abruptamente a Devany y le dijo: -Es verdad. Tenemos que irnos urgentemente de aquí. En ese momento quisieron salir de ese horrible lugar cuando llegó la Catrina y, por la espalda, le encajó un cuchillo a Ana. -¿Ahora me crees?, –comentó muy asustado Emanuel- ¿ya ves que estamos en peligro?

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Entonces Lilí, Devany y Emanuel corrieron apresuradamente para salir de ese lugar cuando a Lilí se le ocurrió tomar un rosario bendito, el cual mostró a la Catrina y ésta desapareció. Los tres amigos se armaron de valor y regresaron a una de las recámaras para recoger algunas cosas e irse de ahí; al hacerlo, vieron abierta la puerta de un closet, se asomaron y dentro había una carta, la tomaron, la abrieron y ésta decía: 5 de diciembre de 1912. Hoy he creado a una calavera en forma de mujer elegante, primeramente la llamé la Garbancera, pero después cambié el nombre por Catrina. La he creado así para burlarme de todas aquellas personas que se sienten ricas y de la alta sociedad, cuando en verdad no son así. Ella ha recobrado vida porque se mueve y me persigue por todos lados. Aunque también creo que puede tratarse de un alma en pena y cuya figura es igual al grabado que hice. Me han dicho que me cuide, púes aunque es igual a la que yo grabé, se trata de una mujer que murió hace muchos años colgada en el techo de su casa. A veces siento que me persigue porque casualmente y sin saberlo, la hice de idéntica forma. Cuídense quienes entren a este lugar porque ella podría perseguirlos y matarlos, pues de esa mujer sólo queda un alma mala que quiere vengarse porque la han matado de la peor manera. Atentamente José Guadalupe Posada. Al leerla, los chicos comprendieron porqué había sucedido todo lo anterior y, desde entonces, colocaron un letrero afuera de la cabaña que decía: “Se recomienda que nadie entre a este lugar porque está maldito. Les advierto que quien entre, ya no saldrá vivo de aquí”.

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Diana Cristina Guerrero Torres Secundaria General No. 16 “Otilio Montaño” 1º “J”

El pueblo maldito Esta historia se remonta al año de 1953, en una ciudad donde cuatro amigos se preparaban para viajar a un pequeño pueblo que era el lugar de nacimiento de uno de ellos y ya tenía varios años de no visitarlo. Estaban muy emocionados porque conocerían el lugar del que tanto les había hablado su amigo. Una mañana empacaron todas sus cosas y emprendieron el viaje al pueblo sin saber lo que les esperaba en ese lugar. Al llegar se dieron cuenta de que no coincidía con el que les había descrito su amigo, pues se encontraba bastante descuidado y sus habitantes parecían asustados; sin embargo, los amigos no le dieron importancia a estos detalles, lo que ellos querían era disfrutar de sus vacaciones. De repente, una anciana con un aspecto desquiciado detuvo a uno de los jóvenes y, con tono de angustia les dijo: -Váyanse de aquí ahora que pueden, si se quedan les pueden pasar cosas horribles. Pero de inmediato una señora se acercó para llevarse a la ancianita y le dijo al joven: -No tome en cuenta lo que le dijo esta señora, sólo quiere llamar la atención. Él se quedó pensativo, analizando lo sucedido y decidió seguir con su recorrido sin darle mayor importancia a lo ocurrido. Al día siguiente, los amigos salieron a dar un paseo por el pueblo y se percataron de que la gente sentía temor al verlos, les rehuía la mirada y mucho menos les dirigía la palabra. Al caer la noche sucedió algo que hizo que los jóvenes se asustaran, pues un grito escalofriante los despertó, ya no pudieron conciliar el sueño y permanecieron despiertos por el resto de la noche. Por la mañana uno de los jóvenes buscó a la ancianita, pues con todo lo acontecido las palabras que les había dicho le empezaron a preocupar. Cuando la encontró, el joven le preguntó: -¿Por qué me dijo eso el otro día que nos encontramos? -Este pueblo está maldito, todas las noches el alma de una mujer ronda por las calles en busca de venganza; la llamamos la Catrina. El joven incrédulo se fue pensando que todo era mentira y que ella estaba loca. Al regresar con sus amigos les comentó lo que había platicado con la ancianita, sin embargo, sus compañeros tomaron la misma actitud que el joven y pensaron que todo se trataba de una broma. Poco tiempo después, uno de los amigos, salió a buscar algo para comer. Pasó bastante tiempo y no llegaba, sus amigos se empezaron a preocupar por él cuando repentinamente se escuchó un grito en la calle; los jóvenes salieron a ver qué sucedía, impactándose al encontrarlo inmóvil, con una mueca de horror en su rostro. Al llegar el médico ya era demasiado tarde, el joven había muerto. Con tan espeluznante acontecimiento, los tres amigos decidieron irse esa misma noche del pueblo, pero al ir en la carreta el automóvil dejó de funcionar sin razón alguna. Uno de ellos al ver que el carro no funcionaba, regresó al pueblo a buscar ayuda. A lo lejos de la carretera vieron una silueta, pero luego se dieron cuenta de que era el joven que había ido al pueblo a pedir ayuda y ya venía de regreso; sintieron alivio por ello, sin embargo, antes de llegar con ellos, el joven cayó desplomado al suelo; sus compañeros corrieron hacia éste

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para ayudarlo, pero ya era muy tarde, lo único que alcanzó a decir fue: -¡Huyan de la Catrina! Espantados por lo que acababan de oír regresaron al carro; de pronto, alcanzaron a distinguir a una mujer muy elegante con un hermoso vestido y un despampanante sombrero. Ella se acercaba poco a poco hacia donde se encontraban los muchachos. Descubrieron que su cuerpo sólo era un esqueleto con los ojos llenos de maldad. Corrieron desesperados hasta que uno de ellos no resistió la angustia y se desmayó. Al día siguiente, cuando despertó, no encontró a su otro amigo. La Catrina ya se lo había llevado para nunca más volver. El último joven que quedaba, sin perder más el tiempo, se encaminó hacia la ciudad donde contó lo sucedido durante los días que estuvo en el pueblo maldito, pero nadie lo tomó en serio; él aseguraba haberlo vivido y haber visto a esa mujer llamada Catrina. No piensa volver nunca más. ¿Tú te atreverías?

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Diana Lisett Ortiz Rivera Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3° “B”

¿Dónde estarás? -¡Mamá, mamá. Ayúdame, auxilio, Karla! Estas fueron las últimas palabras de aquella pequeña niña antes de desaparecer aquella noche. Esta historia comienza así. Era 14 de julio del año 2000 cuando el padre de aquella pequeña niña llamada Ana, de tan sólo tres años de edad, decidió dejar a su esposa por infidelidad. Desde ese día la señora tuvo problemas psicológicos; los doctores le comentaron a Karla, la hermana mayor de Ana, que no encontraban enfermedad alguna. Karla viajaba con los mejores médicos de todo el mundo quienes le comentaban que posiblemente estaba embrujada, que mejor se cambiaran de casa porque quizás ahí había algo que causó esa extraña enfermedad. Karla se llevó a su mamá a otro hogar, ignorando que en esa casa había ocurrido un asesinato causado por la Catrina. A Ana le gustaba mucho jugar a las muñecas hasta que un día, el 24 de octubre del 2002, ella seguía jugando, le dieron las 12:00 de la noche y repentinamente comenzó a reír demasiado; Karla subió para investigar qué sucedía y por qué no dejaba de reír; luego, su hermana se retiró de la recámara y todo se controló media hora después. Al amanecer, la hermana mayor le preguntó a Ana cuál fue el motivo de su risa a la media noche; Ana no recordaba nada y sólo le contestó que se había retirado a dormir a las 10:00 y que probablemente había soñado. Todas las noches sucedía lo mismo, hasta que su hermana decidió entrar a la recámara y se encontró con una señora que portaba un vestido muy elegante y un sombrero precioso; Karla le dijo que qué quería y que dejara en paz a su hermana. Aquella señora le pidió que por favor la acompañara al pasillo; Karla salió rápidamente de la recámara y la acompañó, comentándole que lo único que quería era que su hermana estuviera bien para que su madre volviera a ser la misma de antes. -Disculpe ¿Cuál es su nombre? -preguntó Karla. -Soy la Catrina. -Disculpe señora, deje de molestar, yo no le puedo entregar a mi hermana, es el único apoyo que tengo, y si eso implica que mi madre siga mal, así lo prefiero. -Está bien, no me la entregues, pero un día tu hermana desaparecerá y lo vas a pagar muy caro. -Después de esa conversación, todas las noches sucedía lo mismo. Llegó el 2 de Noviembre y Karla no escuchó nada; subió a la recámara para ver a su hermana y la encontró durmiendo tranquilamente, pensando que la Catrina se había dado por vencida, ya que no le entregaría a su hermana; al llegar las 12:30 empezó a escuchar gritos de su hermana: -¡Mamá, mamá. Auxilio, ayúdame Karla! Su hermana hizo caso omiso de aquellos gritos pensando que era una broma de la Catrina y, hasta que escuchó tres veces lo mismo, decidió levantarse de su cama para investigar qué era lo que pasaba. Recorrió el pasillo para poder llegar a la recámara de su hermana y al entrar al cuarto ésta ya no estaba; la comenzó a buscar pero sólo encontró una nota sobre la cama que decía: “Te advertí que me entregaras a tu hermana y no quisiste, ahora te vas a arrepentir toda tu vida. Atentamente: la Catrina”. Karla corrió a la recámara de su mamá y se encontró con una tenebrosa escena: su mamá tenía fuertes convulsiones por lo que rápidamente marcó a la ambulancia; cuando llegaron los paramédicos, le dijeron que su mamá empeoraría, que mejor la llevara con un brujo para que la curara de esa rara enfermedad. Karla buscó al mejor brujo de México quien le comentó que su mamá se iba a quedar así, que día a día empeoraría y ya no tenía cura porque todo fue a causa de una fuerte impresión que carga desde hace años y, desde entonces, no ha podido superar. Mi madre murió hace cinco años, pero ya han pasado diez desde que mi hermana desapareció. Aún tengo esperanzas de que ella se encuentre viva. ¡Ayúdenme a encontrarla por favor!

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Dulce Alejandra Serafín García Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani” 2º “A”

La muerte es la que viene por ti

Érase una vez un niño llamado Jorge que vivía en la calle, pasaba por las casas a pedir comida pero en ninguna le abrían la puerta, ya no sabía qué hacer. En una ocasión, una señora muy elegante que parecía tener mucho dinero le preguntó: -¿Cómo te llamas? -Él, callado, no contestó. -¿Cómo te llamas? –insistió. -Me llamo Jorge, ¿y tú? -Samanta. El niño, al verla pensó que ella también lo ignoraría como las demás personas pero no fue así, Samanta lo detuvo y le preguntó: -¿Tienes papás? -Sí. -¿Y en dónde están? Él le dijo que se habían ido a un viaje y lo dejaron encargado con una señora, pero ella murió y se quedó solo porque sus papás nunca regresaron. La señora se dio cuenta de que estaba flaco y pálido y le preguntó: -¿Ya comiste? -No. -¿Cuánto tiempo tienes sin comer? -Mucho. –Ven, -le dijo tomándolo de la mano- te invito a comer a mi casa. Samanta le dio alojamiento a Jorge, pudo alimentarse bien e incluso le acondicionó una habitación; lo único que inquietaba al niño es que por las noches se escuchaban muchos ruidos extraños. En una ocasión, Jorge se levantó de la mesa y fue a ver de dónde venían, vio una sombra con aspecto de mujer con un vestido y sombrero grande, pensó que era Samanta que andaba así porque iba a ir a una fiesta, y se quedó otra vez dormido. Al día siguiente le preguntó si ella era la mujer que había pasado por la noche cerca de su cuarto y le contestó que no. Sorprendida, Samanta pensó que era la misma mujer que ella había visto en la calle vagando porque la descripción que daba el niño coincidía con su apariencia, pero para no alterarlo le dijo: -A lo mejor es tu imaginación o estabas soñando. Esa misma noche se volvieron a escuchar los ruidos, pero esta vez Jorge siguió a la sombra y le preguntó: -¿Quién eres? -Hijo mío, –dijo una voz ligera y ronca- ¿dónde estás? soy tu madre. Él se fue acercando en dirección a la voz y al llegar a ella gritó del susto, pues vio a una mujer toda desgarrada. Samanta, al escuchar que alguien hablaba fue corriendo al cuarto de Jorge y se quedó impactada al ver a aquella mujer con Jorge muerto entre sus brazos. La muerte venía por él. Una enfermedad terminal causada por tanto tiempo de malpasadas en los alimentos, lo había acabado.

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Eduardo Díaz Ruvalcaba Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “A”

La Catrina

Había una vez una Catrina que todos los años para el día 2 de noviembre, salía a la calle para ver cómo festejaban en su pueblo el día de muertos; a ella le gustaba ver todo el festival, desde los altares de muertos con las ofrendas que ponían a sus difuntos con comida y bebidas, hasta el pan de muerto, pues curiosamente éste le gustaba mucho. Un día 2 de noviembre que salió, la gente no festejó a sus difuntos ni puso altares. Sorprendida se preguntó: -¿Por qué ahora no pusieron altares ni festejaron a sus difuntos? –Ese año se quedó triste porque no hubo festejos. Al año siguiente, antes del 2 de noviembre, salió la Catrina para ver los festejos para los difuntos, pero no hubo nada; entonces empezó a investigar qué estaba pasando. Lo más raro es que al día siguiente vio que la calle estaba sola, no había gente; sólo vio un puesto de periódicos que no atendía nadie, con un ejemplar que en la nota principal decía: “Asesino mata a 3 personas y deja a 4 heridos en el día de muertos del año pasado. Aún no saben nada sobre el asesino, y la gente teme salir a calle”. La Catrina creyó que por eso la gente tenía temor de salir; de pronto vio a un señor que caminaba por ahí cerca que traía un pasamontañas, una bolsa negra y un arma en las manos. Decidió seguir a aquel hombre, vio que entró a una casa y la Catrina, sin que se diera cuenta, también entró. El misterioso señor comenzó a meter cosas a la bolsa negra que llevaba, cuando fue descubierto por la dueña de la casa quien de inmediato llamó a la policía; el señor, al darse cuenta de lo ocurrido, la sometió, la sentó en una silla y la amarró; justo en ese momento entraron dos policías a la casa y el hombre misterioso les disparó hasta matarlos. La Catrina fue testigo de todo, así es que tomó una botella de vidrio y asestó tremendo golpe en la cabeza del asesino; en eso llegaron más refuerzos policiacos para detener al culpable y encerrarlo en la cárcel, pero con sorpresa vieron que éste ya no estaba en el piso donde había quedado desmayado del golpe. La Catrina también se sorprendió porque ya no estaba. Entonces se regresó muy triste al otro mundo, quedando rendida y prometiendo regresar al año siguiente, pero al ir llegando al más allá se le ocurrió reunir a todos los muertos, ya que ella podía hablar con todos ellos, y, así, juntos, podrían agarrar al asesino. Se llegó el día 2 de noviembre de ese mismo año cuando, juntos, todos los difuntos, se dispusieron a buscar al asesino. Alguien lo vio cuando estaba preparando sus armas para matar a las víctimas del día siguiente. Al ser observado, el asesino escuchó ruidos cerca de él, tomó un cuchillo y buscó quién estaba ahí para matarlo; estaba por llegar la policía cuando, segundos antes, la Catrina atrapó a ese señor quien se asustó mucho porque vio que, quien lo atrapaba era una calavera. Al entrar la policía vieron que el señor casi moría del susto si saber por qué, pues a la Carina nadie más la veía, así es que fácilmente pudieron atraparlo, lo esposaron y lo encarcelaron de por vida. Al saber esto, la gente del pueblo de inmediato comenzó a hacer los preparativos para celebrar a los difuntos y, desde entonces, estos festivales nunca más se suspendieron.

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Eduardo López Hernández Secundaria General No. 16 “Otilio Montaño” 1° “J”

La historia de la Catrina

Dicen que existió una señora muy hermosa que solía llevar siempre un vestido y un sombrero muy elegante y extravagante, pero tenía un problema: era muy enojona. Los niños corrían cuando la veían y le decían: -¡Ahí va la Catrina! Su elegancia la distinguía de todas las demás mujeres del pueblo. Ella estaba sola, no tenía hijos ni esposo, pasaban los años y su soledad crecía día tras día. En una ocasión se sintió tan mal que a las pocas horas murió, pero ¿quién velaría por ella si no tenía a nadie? Así que sus restos se quedaron abandonados, solos, sin un vigía. Un día llegó al pueblo un hombre interesado en esta difunta que, atraído por los diversos rumores, quiso ver si era realidad lo que decían. Él se apellidaba Posada, de profesión caricaturista y grabador, y ese mismo día conocería a la Catrina. Se fue a casa pensando cómo podría hacerle un grabado a esa mujer a la que llamaban Catrina. Pensó y pensó pero nada se le ocurría. Una noche tuvo una pesadilla y, de repente, pudo ver cómo quedaría aquel retrato que representaría a la muerte en aquellos tristes días. Fue así como nació la Catrina: uniendo en su imaginación los restos de los huesos que le enseñaron Ana Laura Martínez Lezama los habitantes del pueblo e imaginándola con un sombrero extravagante, lleno de plumas y flores. Hoy en día éste es uno de los principales grabados de José Guadalupe Posada que conservamos en Aguascalientes y el cuál ha persistido durante cien años.

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Érika Lizbeth Montoya Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B” El Silencio Hace muchos años en un pueblo llamado El Silencio, las personas murmuraban que habían visto a la Catrina rondar por sus calles. Una noche María no podía dormir porque los perros comenzaron a ladrar como si alguien desconocido anduviera por ahí; se desesperó y salió a ver qué era lo que estaba sucediendo afuera; en ese momento vio a una mujer muy elegante vestida de negro, pensó que era una de sus vecinas, pero al hablarle se alejó sutilmente. Luego de este gran susto, ella corrió rápidamente a su casa muy nerviosa y pálida, le contó a su esposo Juan lo que había sucedido, pero él no le tomó importancia y le dijo que era su imaginación. Al día siguiente, su esposo le avisó que iba a salir tarde del trabajo, que no lo esperara para cenar; María, angustiada, le dijo que hiciera lo posible por llegar, ya que lo de la noche anterior la tenía consternada. Durante el día transcurrió todo normal, María se acostó a la hora acostumbrada y se quedó dormida. A las dos de la mañana se volvió a despertar, pues los ladridos de los perros eran intolerables; su angustia crecía porque su esposo todavía no había llegado. A Juan se le había descompuesto su coche a la mitad del camino, de regreso a su casa, no encontró a quién pedir ayuda y prefirió irse caminando por un atajo más corto pero oscuro y solitario; faltaba muy poco para llegar cuando de repente, entre los árboles salió una mujer muy elegante y distinguida, Juan inmediatamente le preguntó: -¿Qué hace una mujer tan bonita por aquí a estas horas de la noche? -Ella no contestó, por el contrario, se alejó rápidamente en dirección a la casa de Juan; él trató de alcanzarla pero no pudo hacerlo. Al llegar a su casa, iba a meter la llave en la cerradura de la puerta cuando sintió que le tocaron el hombro, volteó a ver quién había sido y se dio cuenta de que era la mujer que se había encontrado en el camino, pero en esta ocasión sí le pudo ver el rostro y cayó desmayado, pues era el de una calavera. María escuchó el golpe y salió de su casa encontrando a Juan tirado en el suelo; cuando Juan reaccionó, le contó a su esposa lo que había sucedido y llegaron a la conclusión de que era la Catrina la que se les había aparecido a los dos. La noche siguiente los esposos se despertaron en la madrugada y salieron a investigar qué quería la Catrina; seguramente algo le interesaba y tenía que ver con ellos. A las dos de la mañana en punto comenzaron a ladrar los perros y los esposos salieron al jardín trasero de su casa. La Catrina ya los estaba esperando y despacio comenzó a andar en una dirección; ellos intuyeron que la calavera deseaba que la siguieran; de repente se dieron cuenta de que en su propiedad había un lugar nunca antes visto. Entre matorrales descubrieron una puerta vieja de madera cerrada con un enorme candado; Juan supuso que la Catrina estaba esperando a que ellos la abrieran, regresó al jardín de su casa por herramienta y de un marrazo botó la cerradura. Lo que descubrieron al abrir la puerta fue una habitación abandonada por años. Había una cama, un buró y unos platos con restos de comida. Lo más sorprendente fue que, sobre una silla, se encontraba un esqueleto vestido con ropa de mujer que tenía ceñido a su pie un grillete del que salía una cadena de fierro de varios metros de largo, los suficientes para que en vida esa mujer se desplazara por ese lugar. María y Juan se quedaron perplejos y la Catrina gentilmente comenzó a zafar el grillete del tobillo de aquel esqueleto de mujer; la tomó entre sus brazos y salió con ella de la habitación. Desde entonces en el pueblo El Silencio nunca más se han oído ladrar los perros.

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Elizabeth Romero Cadena Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3º “C”

El arrepentimiento del ayer

Hoy fue un día muy largo y me sucedieron cosas muy desagradables. Me enteré que Orlando, el chico del que siempre estuve enamorada, ya no se acuerda de mí. Me pregunto si he cambiado tanto como para que él ya no me reconozca, pues no me ha visto desde hace muchos años. Resulta que, al llegar al pueblito donde me crié, me contaron cosas sobre él. Decidí buscarlo y así fue como me enteré de que pronto se casaría. Salí corriendo al hermoso parque donde nos conocimos cuando éramos pequeños y sentí arrepentimiento porque, al irme temporalmente de ese lugar, no me despedí de él ni le expliqué a detalle la razón por la que me iba. Creo que hice mal. Recuerdo que un día, cuando ambos teníamos seis años, el sol estaba reluciente y ambos jugábamos en un parque misterioso donde había una cascada que nos relajaba mucho. Contábamos chistes como el de la gata que tenía 16 vidas y que murió porque la atropelló una camioneta modelo 4 x 4. Nos reíamos mucho y más cuando me decías otro chiste de la suegra; preguntabas cuál era el vino que más amarga y tú mismo contestabas que el “vino mi suegra”. Un día me dijiste: -¡Mi amor! -Y yo te respondí: -¿Qué quieres? -Que me digas lo mismo. -Con mucha pena te dije: -También yo te quiero mucho. -Entonces nos dimos un abrazo pero me quedé con ganas de besarte. Cuando ya teníamos 12 años nos hicimos novios y éramos muy felices. Yo quería estudiar y superarme; quería ser una gran maestra y trabajar con los niños que no tenían dinero para pagar las cuotas en las escuelas. Fue entonces que decidí irme a México para comenzar mi trayectoria estudiantil hasta llegar a ser maestra; pero como no tuve el valor de decírtelo personalmente, decidí dejarte una breve carta que decía: “He decidido irme para realizar mis sueños profesionales, pero no tengo el valor para despedirme de ti, así que te dejo esta carta y, si ya no nos volvemos a ver, espero que encuentres a una mujer que también te quiera. Perdóname por lo que estoy haciendo, pero tengo que irme a cumplir mi deseo. Toma en cuenta que te amo demasiado y que este sentimiento siempre permanecerá en mí. Te dejo este collar; quiero que lo conserves y que no me olvides. Tengo esperanzas de regresar en no mucho tiempo. ¡Te quiero mucho! Atentamente: tu amada”. Han pasado quince años desde aquel día y, ahora que regresé, lo primero que hice fue buscar a mis amigos, principalmente a Andrea y a Edgar, quienes me contaron que Orlando, al leer mi carta, lloró mucho y aseguró que yo nunca volvería. Eso me puso muy triste. Al enterarme de su boda, pedí hablar con Orlando. Nos reunimos en un parque para dialogar y le dije: -Yo aún te amo. Perdóname por el mal que te hice; no era mi intención. –Me respondió que ya me había perdonado pero que también había iniciado una nueva vida. Yo, con lágrimas en los ojos, le dije que nunca lo había olvidado y que él era el único hombre que mi corazón amaba. Me sorprendí cuando me dijo que también me amaba y que nunca me había olvidado, pero no debía lastimar a nadie y ya no podía romper su compromiso. Luego me dio un beso en la mejilla y se fue. Han pasado ya más años y yo sigo arrepentida de no haberme despedido de él. Ahora veo que su vida ha sido plena y productiva. Yo, en cambio, en este tiempo nunca encontré a la persona con la que sintiera el amor que sentí por él. Me siento acabada, muy flaca y sin ganas de comer. Desde que Orlando se casó mi vida se convirtió en un infierno; mi mundo se hizo negro y él era lo único que tenía. Me llamo Mónica y he adelgazado tanto que parezco una calavera. Ahora todos en el pueblo me apodan la Catrina. Yo, con mucho dolor, digo desde lo más profundo de mi corazón que me arrepiento del ayer.

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Erick Giovanni González Esparza Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani” 2º “A” La muerte viene por mí En un pequeño pueblo de México vivía un hombre llamado Pancho. Le iba muy bien en el dinero y en el amor; le gustaba decir a toda la gente que él nunca iba a morir, que simplemente era inmortal. La gente lo juzgaba de loco pero a él eso no le importaba. Un día Pancho entró a una cantina, se acercó a la barra y pidió su tequila, a su lado se encontraba un hombre que por accidente lo empujó y por poco se cae de la silla. Pancho se enojó tanto que empezaron a discutir y el pleito se puso tan feo que le deseó la muerte al pobre individuo que lo único que hizo fue tener un descuido. Había un rumor en el pueblo: se decía que si le deseas la muerte a alguien, se puede morir un familiar cercano al que la desea. Así pasó, después de unos días la esposa de Pancho murió arroyada por un camión; esto le afectó tanto que duró varios días emborrachándose; era tanto su enojo porque se había hecho realidad el rumor, que comenzó a desearle la muerte a más gente sin aprender la lección: hermanos, primos y demás parientes pasaron a mejor vida. Ahora sí se estaba volviendo loco, perdió todo su dinero en alcohol y empezaron a suceder cosas muy extrañas dentro de su propia casa, veía una calavera vestida con una capa negra rondando por los pasillos. Pancho estaba muy consternado, al grado de que empezó a preguntar a todas las personas del pueblo sobre esa calavera; le decían que era la dichosa Catrina; que en donde se aparecía, ahí se quedaba hasta que la última persona muriera. Pancho no se asustó porque él seguía diciendo que ni la muerte ni nadie se lo iba a llevar, así es que, envalentonado, regresó a su casa. A la media noche escuchó una voz tenebrosa que le decía -¡Vengo por ti! La frase se repetía una y otra vez hasta que Pancho estalló y salió corriendo de su casa. Fue a buscar ayuda con la gente del pueblo, pero nadie le hizo caso; gritaba que la muerte ya venía por él pero que no se iba a dejar morir; por más que se lamentó nadie lo tomó en serio. Pancho decidió volver a su casa, aterrorizado ya por lo que pudiera pasar. Llegó a pensar incluso en quitarse la vida. A la mañana siguiente él ya no era el valiente que solía presumir, le temía a todo lo que veía o escuchaba, hasta que una noche la muerte le empezó a hablar y entonces, muy desesperado, corrió hacia la calle cuando de pronto vio esa capa negra que lo perseguía. Cuando volteó, reconoció que era la Catrina quien lo estuvo persiguiendo. La gente del pueblo se preguntaba qué era lo que le pasaba; él corría y gritaba por el pueblo pero nadie le brindó ayuda. Entró a la cantina y se encontró con una hermosa mujer. Pancho se le acercó para desahogarse y comenzó a platicar con ella: -¿Cómo te llamas? -Ella no le respondió, por el contrario, le preguntó: -Busco a un tal Pancho, ¿lo conoces? -Sí, soy yo, ¿para qué soy bueno? La mujer le dijo que venía por él. En ese momento se acordó de la horrible voz que le habló aquella noche incesantemente. Salió corriendo de la cantina y, al llegar a la esquina para cruzar la carretera, un conductor ebrio lo atropelló. Desde entonces la gente siempre está al pendiente de que no se aparezca la Catrina en su casa, porque sin duda, ya viene por ellos.

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Érika Contreras Medina Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “A”

La Catrina Chabela festeja su día

El 2 de noviembre, como todos los años, la tradición mexicana es celebrar a los muertos en este día; cada persona visita a sus familiares en el panteón y montan altares con la foto y ropa de los difuntos, además de que les colocan comida y bebidas de la que a ellos en vida les gustaban. En una ocasión, en una fecha como ésta, la Catrina Chabela estaba en una tumba; ella deseaba hacer algo para asustar a la gente en el día de muertos y divertirse de esta manera. A ella se le ocurrió una gran idea y lo primero que hizo fue ir a una carretera sola y abandonada en la que muy pocas veces pasaban autos por ahí; sólo transitaban personas que vivían por aquel rumbo. Descubrió que cerca venía un señor en una camioneta; estaba ya muy cerca la media noche y había mucha niebla; la visibilidad era poca. La Catrina se puso en medio de la carretera y en ese momento se escuchó un sonido muy fuerte. Era el señor que la había atropellado; él salió rápidamente de su coche para ver qué había sucedido, pues no vio a nadie que se hubiera atravesado y poder frenar a tiempo. Vio que la mujer estaba tirada sobre el pavimento, portaba un vestido negro y traía tapada su cara; sin embargo, se distinguía que estaba toda ensangrentada. De repente, la Catrina Chabela abrió los ojos y descubrió que estaba ahí tirada y que su cuerpo era un esqueleto. Poco antes, el señor que la atropelló miró cómo la mujer se iba deshaciendo poco a poco hasta convertirse en puro hueso y luego en polvo. Muy asustado subió rápidamente a su coche, intentó encenderlo para huir del lugar pero éste no daba marcha. De repente vio que la mujer se encontraba atrás de él y desapareció repentinamente. De nuevo quiso encender su coche pero esta vez sí pudo, huyendo lo más ponto de ese horrible lugar en el que la Catrina estuvo de pie observando qué pasaba con aquel hombre. Más tarde empezó a llover; la Catrina caminó hasta una parada de camiones urbanos y observó que se acercaba un taxi; le hizo la parada y se subió al vehículo en el asiento trasero; el taxista quiso ver el rostro de aquella mujer por el espejo retrovisor, pero no lo logró, pues traía la cara tapada con un velo negro. Ella colocó su mano sobre el hombro del taxista y éste de inmediato aceleró por la carretera. Volvió a sentir la mano de la mujer sobre su hombro y también escuchó un ruido sobrenatural muy quedito a su oído; al voltear nuevamente hacia atrás, observó cómo la mujer desparecía ante sus ojos. Asustado aceleró más; ya eran como las dos de la mañana. El taxista decidió regresar a su casa porque creyó que todo era producto de su imaginación, pues se sentía muy cansado. En el camino a casa volvió a pasar por la parada del camión, justo en el lugar donde levantó a esa extraña mujer y vio que ella ahí seguía, le hizo nuevamente la parada pero el señor aceleró el coche, escuchando una vez más aquel sonido extraño muy cerca de su oído. También sintió la mano de la mujer sobre su hombro y lo raro es que no la había levantado. Así siguió su trayecto hasta llegar a casa. La mujer regresó al panteón muy contenta platicando a sus amigas difuntas la broma que había hecho esa noche. Todas estaban muy contentas y más porque empezaron a comer sus ofrendas. Ese fue uno de los días más divertidos de la Catrina Chabela, pues nunca había asustado a nadie; fue así como ella pasó feliz el día de muertos.

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Érika Jazmín Macías de Lara Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2º ”B” Turno Matutino Amor encarnado 25 de mayo de 2012. Hoy fui a visitar un museo donde la titular era la Catrina. Vi una función de ella en tercera dimensión; se veía muy padre, hasta parecía que salían los personajes de la pantalla. Lo que me gustó más fueron sus vestidos. Ahí me encontré a un niño hermoso, alto, ojos negros, güero y muy guapo; me encantó. Topé con él por accidente y tiré mis lentes; al levantarme chocó conmigo y me sonrió; me dijo que lo disculpara, que había sido un tonto, pero la tonta fui yo al pensar cómo él podría enamorarse de mí que uso lentes. Soy chaparra, pelirroja, con frenos dentales y estoy a punto de reprobar aritmética. Tengo una amiga, Estefanía, que está conmigo desde que tenía tres años; estuvimos juntas en el kínder; somos muy buenas amigas y siempre compartimos cosas bonitas, nos tomamos fotos y vamos a tomar café. Ambas, junto con nuestros compañeros, llevamos una muy buena relación. Bueno, querido diario; te escribiré luego. 27 de mayo de 2012. Hoy me encontré a ese niño que me gustó; descubrí que su nombre es José. Espero escribirte nuevamente mañana. 28 de mayo de 2012. Querido diario, fui a visitar a mi familia y casi para llegar a casa me encontré a ese niño hermoso, estaba sentado en una esquina, no me quedé con la duda, le pregunté cómo se llamaba y me corroboró que José. -¿Y el tuyo? -me preguntó. -Camatí. -¡Oh! qué extraño nombre. Al ver que eran como las 4:30, le dije que tenía que ir a comer, que si lo podía ver mañana; su respuesta fue positiva. Nos quedamos de ver a las doce del día en la tienda que se ubica cerca del panteón. 30 de mayo de 2012. Ayer vi a José; empezó a llover y nos metimos a una casa abandonada que daba miedo y, de repente, empecé a contar algo de la Catrina; José estaba tan asustado que me preguntó por qué le contaba esas cosas, le dije que no se asustara. De repente se me pusieron las manos heladas; José ya se quería ir pero le dije que no, que faltaba todavía más historia por conocer sobre la Catrina. Posteriormente fuimos al panteón y estaba una tumba abierta; él seguía asustado y ya se quería ir, le dije que yo lo protegería en la tumba que tenía el nombre grabado de José Guadalupe Posada. Al entrar a un rinconcito, escuchamos una voz muy ronca que decía: “Catrina, Catrina, ven conmigo”, estábamos tan asustados que corrimos para salir del panteón. No podíamos salir, la puerta estaba atrancada y esa voz nos perseguía cada vez más; decidimos tranquilizarnos. Al calmarnos una bola de fuego salió entre unos árboles, se dirigió hasta donde estaba esa tumba sola y triste, era la Catrina. -Esa señora me da mucho miedo, -le dije a José. Al levantarnos para correr, la señora me dijo que fuera con ella; yo sentía curiosidad por ir pero a la vez sentía mucho miedo. Por fin pudimos salirnos; eran las 2:30 de la tarde y mi mamá me regañaría. En efecto, al llegar a casa ella estaba muy preocupada por mí y me regañó. No quedé de acuerdo con José para vernos otro día. 20 de junio de 2012. No he visto a José desde hace tres semanas. Estoy muy preocupada y no tengo dónde comunicarme con él; creo que estoy enamorada. Sin embargo, hoy he recibido una mala noticia. Al salir de mi casa me encontré a una niña flaquita, de pelo largo, como de 10 años; era la hermana de José. Me dijo que él había muerto y entre sus cosas encontraron una carta para mí, la cual decía:

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“Hola. Quiero decirte que la primera vez que nos vimos me pareciste muy linda; después que empezamos a salir me gustaste mucho, pero yo soy muy tímido; por eso no me animo a decirte lo que siento al verte. Eres una persona muy especial y siempre te recuerdo. Eres como una doncella y yo como un príncipe. Quiero que seas mi novia y espero me contestes que sí. Te amo”. -¿Cómo puedo contestarle ahora si él ya está muerto? Si me lo hubiera dicho antes. Lo extraño y siempre lo recordaré. -La hermana de José estuvo mucho tiempo sin decir nada. 30 de agosto de 2012. Han pasado dos meses y hoy volví a salir al parque, me encontré a un compañero de secundaria que fue mi pretendiente un tiempo; se llama Oscar. Platicamos y le conté lo sucedido. Intentamos iniciar una relación de novios, pero curiosamente cuando platicamos, siempre escuchamos la voz de José que me dice que no me dejará llevar una relación con nadie porque él me amará por siempre. Desde entonces escucho su voz que no me deja dormir todos los días y que me dice que yo también lo debo de amar por siempre. Desde entonces, no me deja ser feliz.

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Estefanía Lazcano Rentería Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 2° “H” ¿Qué pasa en la Ermita? Había una vez una señora de nombre Patricia que vivía en un pueblo llamado “La Ermita”. Este pueblo era muy pequeño y no tenía muchos habitantes; nadie le hablaba a Patricia, ya que todos decían que era muy rara; inclusive nadie se le acercaba porque le tenían miedo. Ella casi no salía de su casa por esa razón. Un día Patricia tuvo que ir al monte a cortar algunas plantas; el monte estaba tan lejos que se le hizo de noche. Cuando venía de regreso notó que atrás de ella venía un hombre al que le apodaban “el búho”; le decían así porque él sólo salía de noche; al verlo tuvo mucho miedo y corrió. El búho también echó carrera hasta que la agarró de la camisa y se la arrancó; ella gritaba que la soltara, pero él sin piedad abusó de ella y después la amenazó diciéndole que si comentaba algo la iba a matar. Como Patricia le tenía miedo, decidió no decir nada y seguir su vida aparentemente normal. Días después Patricia se empezó a sentir mal, ya no quería comer y tenía vómito; ella muy preocupada decidió ir al Centro de Salud del pueblo. Ahí, el doctor le dijo que tenía dos meses de embarazo, pero ella no quería a ese hijo porque decía que era del diablo. Después recapacitó y pensó que ese bebé no tenía la culpa de lo que a ella le había pasado. El día del parto, como no tenía quién la llevara al hospital, sola tuvo al bebé en su casa; era una niña muy bonita y sintió mucha emoción porque pensó que por fin alguien la querría. Pasó el tiempo y la niña fue creciendo, aunque nunca salía porque su mamá pensaba que a ella también la insultarían, pero lo que realmente le preocupaba a su madre era que se le apareciera el búho y le hiciera lo mismo que a ella. Cuando la niña cumplió siete años, observó que muchos niños iban a la escuela y jugaban; ella quería ser como los demás y no sólo estar encerrada en su casa, así que un día le dijo a su mamá que por qué ella no iba a la escuela; la mamá se sintió tan mal que decidió enviarla para que aprendiera y no fuera una ignorante como ella. El primer día de clases se presentó con todos sus compañeros y fue muy amable. Aunque hizo todo lo posible por ser amigable, nadie le hablaba; sus compañeros decían que ella era la hija de una bruja porque de un día para otro quedó embarazada. Las mamás de sus compañeros les tenían prohibido que se acercaran a ella porque decían que era mala. Ese día, al salir de la escuela, la niña fue corriendo a casa y le preguntó a su mamá: -¿Quién es mi padre? -¿Por qué preguntas eso? -Es que en la escuela dicen que te embarazaste de un día para otro y que nadie te conocía un novio. -No sigas preguntando que no te voy a decir nada. La niña se resignó a no saber nada de su padre, nunca volvió a salir de su casa porque tenía miedo de ser insultada nuevamente por los demás niños y, cuando se hizo mayor de edad, no conocía nada del mundo exterior. El primero de noviembre del año que transcurría vio que los niños se disfrazaban e iban a las casas a pedir dulces. Ella pensó que si se disfrazaba nadie la reconocería y no la insultarían, así que le dijo a su mamá que si le hacía un disfraz; la mamá no estaba muy convencida pero pensó que si esa era la única manera de que su hija saliera a la calle sin ser insultada, le haría el traje. Cuando la niña se lo puso le preguntó a su mamá cómo se llamaba su disfraz, y ella le contestó que era de la Catrina. Sin más preguntas salió a pedir dulces; pensaba que ahora sí tendría amigos, pero fue todo lo contrario porque aunque nadie la reconocía, no se le acercaban porque su disfraz daba miedo. A partir de ese día la niña continuó saliendo todos los años, el primero de noviembre, a pedir dulces pero, cuando cumplió los treinta, decidió vengarse de todos los que vivían en el pueblo; así es que todas las noches salía disfrazada de Catrina para darles un buen susto. Una noche como todas las demás, al salir de su casa se encontró con la sorpresa de que los habitantes del pueblo estaban afuera esperándola con hachas y palos que despedían fuego. Los vecinos ya sabían que era ella la que se disfrazaba de Catrina y asustaba a la gente; querían terminar con ello, así que mataron a ella y a su madre. Cuando la Catrina murió su alma nunca pudo descansar en paz porque no cumplió con su cometido. Aunque los vecinos sólo querían deshacerse de ella, no lo lograron porque su alma siempre ronda por ese pueblo en busca de venganza.

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Fernanda Isabel Villalpando de Luna Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “D”

El nacimiento de la Catrina

Se preguntarán qué pasa con la Catrina durante todo el año, pues yo se los voy a relatar, claro, después de cien años hay mucha historia para contar. Como toda persona, formé una familia y hoy en día soy una abuela simpática que cuenta sus aventuras a todos sus nietos. El día de hoy les contaré mi primer día como la Catrina. El señor José Guadalupe Posada me pidió dar una lección a las malas personas para que sepan que nadie se puede burlar ni escapar de la muerte. Mi primer día como la Catrina fue uno de los más divertidos, ya que me confundí y terminé asustando a una monja que no tenía vela en el entierro. Entré a su dormitorio y le susurré al oído palabras tenebrosas, la pobre se puso pálida como un muerto y del susto se desmayó; yo me puse muy nerviosa, tanto que me escondí bajo la cama; de rato llegó el Cura del pueblo quien oyó el tremendo golpe que se dio la monja y por poco me descubren. Cuando todos se fueron al dispensario del convento para revisar a la monjita, yo me escapé con la rapidez de un rayo para buscar a la que sería mi primera víctima. De nueva cuenta me confundí, pero ahora le di un gran susto al encargado de una morgue; me hice pasar por un cadáver para luego levantarme y darle una lección; lo peor de todo fue que, al pobre hombre, del susto le dio un infarto y se murió, ¡de verdad nietos míos que esa no fue mi intención! Ya casi amanecía y eso me preocupaba, pues me quedaba poco tiempo para realizar el encargo de don José. Creía que la tercera era la vencida y estaba en lo cierto, por fin lo logré; lo más extraño es que mi verdadera víctima ya me esperaba en su recámara sentada sobre su cama. Sin saber quién era, encendí la luz y me sorprendió, pues era el propio Posada diciéndome con una voz bastante especial: -Ya ves mi elegante dama que sólo yo puedo burlarme de ti. Esto es sólo lo que pasó el día de mi nacimiento. No se imaginan todo lo que me ha pasado en estos cien largos años, tiempo en que las historias han sido contadas por los ancestros y por las nuevas generaciones, mismas que han quedado grabadas en la mente de todas las personas que habitan la ciudad de Aguascalientes.

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Fernando Xicoténcatl Romo Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “A”

Una noche de copas con la Catrina

En una noche de parranda iban dos compadres bien borrachos caminando, jurando que eran muy machos y que no le tenían miedo a nada; cada uno platicaba sobre sus aventuras, que unas veces eran realidad y otras exageración o mentira. Tan distraídos iban que no se dieron cuenta de que caminaban hacia calles desconocidas y cada vez más despobladas. Se escuchaban a lo lejos los ladridos de los perros que más bien parecían lamentos. La luna iluminaba el camino, una vereda que bajaba de los cerros hasta el valle cuando, de pronto, uno de ellos le dijo al otro: -Oiga compadre ¿qué es eso que se ve allá? -No tenga miedo, es un panteón. -Oiga compadre, los panteones me dan miedo. -No sea llorón ¿qué nos puede pasar ahorita? -Es cierto compadre, a nosotros hasta la muerte nos tiene miedo. De repente empezaron a sentir un aire helado pero uno de los compadres trató de fingir que no tenía miedo, así es que empezó a silbar mientras caminaban. Sin embargo, al sentir que alguien los seguía de cerca, uno de los parranderos se detuvo, tenía miedo de voltear hacia atrás pero también sentía curiosidad, por lo que, armándose de valor se animó y lo que vio lo dejó tieso. No podía hablar y de su boca sólo salían sonidos extraños. Quería gritarle a su compadre quien seguía caminando dando grandes tragos a su botella, así es que no pudo darse cuenta de que él se quedaba atrás. Las nubes taparon la luna y su luz opaca desapareció dejando una oscuridad casi total; el otro compadre volteó hacia atrás un poco y hasta entonces se dio cuenta de que iba caminando solo. Pensó que su querido amigo se había salido del camino para ir al baño, así es que decidió caminar unos metros más adelante, donde encontrara una piedra para sentarse y esperarlo tranquilamente, pues su botella todavía tenía mucho vino. Aquel hombre borracho que estaba paralizado de miedo solamente tenía una visión fija: una mujer vestida de negro, que fue lo poco que pudo ver, iluminada con la luz pobre de la luna. El espectro traía un gran sombrero negro. Mientras, el otro compadre seguía sentado bebiendo; se desesperó y decidió ir en busca de su compañero. El viento empezó a soplar con mucha fuerza y se llevó las nubes que ocultaban a la luna, así es que ésta dejó de nuevo que sus rayos iluminaran aquella triste escena. Al ver lo que estaba a espaldas de su compadre, sintió un profundo miedo; no lo pensó dos veces y se echó a correr sin importarle su compadre del alma abandonado; no cualquiera se queda cuando siente tremendo espanto. Tan grande era su miedo que no se fijó hacia dónde se dirigía; en su mente sólo estaba la idea de escapar de aquella mujer de sombrero elegante, por lo que se metió al panteón del cual nunca saldría. La mujer elegantemente vestida se tapaba la cara con un velo y esperó pacientemente a que el hombre pudiera hablar, luego le preguntó con voz de ultratumba: -¿Cómo te llamas? -Rutilio Rulecindo Pérez para servir a Dios y a usted. -¿Qué haces a tan altas horas de la noche y en este estado? -Es que estaba festejando. -¿No te das cuenta que no debes venir al panteón de noche a perturbar la paz de los muertos? -Yo no quería despertar a los difuntitos, lo que pasa es que nos perdimos mi compadre y yo. -¿Y no tienes familia? tu deber es estar con ella. -Lo sé pero… El hombre no supo qué contestarle, sólo recordó que esa mujer le era familiar y que en alguna parte ya la había visto, así es que ese pensamiento hizo que por un momento el miedo desapareciera. -¿Acaso tú eres la muerte? -No, no soy la muerte, soy la Catrina y ando en busca de los vivos para que me acompañen a seguir festejando; a los que no huyen los invito y a los que huyen los castigo.

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Rutilio comprendió que aquella mujer estaba sola y que necesitaba compañía aunque fuera por un rato, así es que decidió quedarse ahí con ella. Rutilio Rulecindo y la Catrina se fueron a seguir su parranda sin saber del pobre hombre que le huyó despavorido. A la mañana siguiente no se acordaba de nada pero, al paso de los días, en sus sueños se le seguía apareciendo la Catrina. Pasaron los años y a Rutilio no le gustaba comentar lo que pasó aquella noche, pero desde aquel día 2 de noviembre del año 1945, solamente tomaba aguas de limón y de horchata, y cuando tenía algo qué festejar, se tomaba una taza de café bien cargado. No quería saber nada del vino y mucho menos de su amiga de ocasión: la Catrina. Todo esto ocurrió en la ciudad de Aguascalientes. La casa donde vivía el compadre desaparecido quedó abandonada, ya que nunca se volvió a ver gente ahí. Él decía que lo que vio aquella noche le sirvió de experiencia para respetar a la mentada Catrina. Hoy en día poca gente se acuerda de aquellos maravillosos hechos, pero el respeto por la muerte es una de las cosas que aún se sienten en nuestra sociedad. Los jóvenes que alguna vez han escuchado esta historia se burlan, pero no saben que la Catrina sigue en busca de parranderos que le hagan compañía. Y a ustedes ¿les gustaría ir de parranda y terminar en el panteón de la Cruz?

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Gary Ángel Reyes Ibarra Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “H”

Un cuento de cien

Un día, unos adolescentes y su maestro salieron de un concurso de cuentos de terror en el que la Catrina debía ser la protagonista. En el camino, de regreso a sus casas, se les quemó el motor del coche, se pararon a media carretera y el conductor llamado Nicolás les dijo a los demás que guardaran la calma, que pediría una grúa para que los recogiera. Uno de ellos, Tony, preguntó: -¿Cuánto tiempo estaremos aquí? -No sabemos, mejor pónganse cómodos -respondió el maestro José. Otro de los alumnos, el que había ganado el concurso, comentó que había visto una sombra y en tono de broma dijo: -¡Esperen! ¿No será la Catrina? -En ese momento se dieron cuenta de que uno de sus compañeros había desaparecido, por lo que decidieron dividirse en dos grupos, unos se quedaron a esperar la grúa y otros salieron a buscarlo. Entre más se alejaban del lugar donde se les había quedado el coche, Tony y Nicolás se encontraban Blanca Nieves Lugo Delgado rastros de sangre, así es que prefirieron regresar corriendo. Cuando contaron lo sucedido a los demás, Nicolás recordó que uno de los cuentos que se había escrito para el concurso “100 cuentos, 100 años. Homenaje a la Catrina” coincidía con lo que les estaba pasando, fue entonces cuando se les ocurrió consultar el texto que se había publicado con todos los cuentos hasta que encontraron el mencionado. Nicolás comenzó a leer: “Poco a poco, la Catrina se fue llevando uno a uno a los muchachos para asesinarlos; cuando la grúa que los iba a auxiliar llegó al lugar ya era demasiado tarde”.

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Gerardo Carreón Alvarado Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 2º “H”

Amor venenoso Transcurría el final del siglo XX. En un pueblito cerca de la ciudad de Aguascalientes vivía un joven llamado Édgar, él tenía la ilusión de continuar estudiando pero en el lugar donde vivía no existían escuelas que le ofrecieran esa oportunidad, así es que emprendió un viaje hacia la capital del estado. Durante algunos días, Édgar buscó dónde hospedarse y encontró un lugar que le gustó mucho, ubicado cerca del jardín de San Marcos; ahí se instaló y comenzó a dedicar su tiempo al estudio. Durante esa temporada conoció a alguien muy especial; era una mujer muy extravagante llamada Verónica, cuya familia tenía mucho dinero y vivía con muchos lujos, pero lo que se desconocía de ella es que en realidad era infeliz; su padre le cumplía todos sus caprichos pero no estaba de acuerdo con sus ideas disparatadas y sus actividades nocturnas. Cuando el sol caía y la luna se asomaba, Verónica salía de su casa a escondidas y visitaba lugares extraordinarios; tenía que regresar antes del mediodía, ya que su padre pasaba por su alcoba a revisar si ella se encontraba ahí. Una mañana Verónica estaba por llegar a su domicilio cuando de pronto, a la entrada de su casa chocó por descuido con Édgar; se miraron fijamente, intercambiaron sus nombres y quedaron de verse al siguiente día a la misma hora. En esta ocasión fueron a tomar un café y platicaron; sus encuentros se prolongaron durante varias semanas y el padre de Verónica empezó a sospechar que algo pasaba con su hija, así que hizo que la vigilaran por la noche. No pasaron muchos días cuando averiguó que su hija estaba saliendo con un joven que se encontró en la calle y pensó que seguramente era un bueno para nada que acosaba a su hija por el dinero, así que ideó un plan para que dejara de verse con ese hombre. Verónica se encontraba con Edgar en el Jardín de San Marcos; habían comprado un helado y Édgar le dijo que lo revisara a ver si no tenía algo raro porque a él no le sabía bien, en ese momento ella vio un anillo incrustado en medio de su nieve y él, emocionado al ver la reacción de su novia le pidió que se casaran; ella sin dudarlo le dijo que sí, pero en ese preciso momento llegó su padre y muy enojado tomó a su hija del brazo y se la llevó contra su voluntad. Édgar quiso defenderla pero los empleados del padre comenzaron a golpearlo brutalmente; ella sólo observa de lejos cómo lo golpeaban sin poder impedirlo; le imploró a su padre que dejaran en paz a su novio, pero el padre sin corazón ordenó a sus empleados que se lo llevaran fuera de la ciudad. Ellos obedecieron y lo amarraron de pies y manos, le taparon la boca y lo abandonaron en un acantilado. Al llegar a casa de Verónica, su padre la encerró en su habitación y bloqueó todos los accesos; ella estaba destrozada y muy dolida por lo sucedido con Édgar, así que imploró a quien pudiera escucharla para que su padre entrara en razón, aceptara a su prometido y los dejaran ser felices. En ese instante la habitación se oscureció y en medio de ella apareció una figura terrorífica, era un esqueleto con vestido, era la Catrina. Verónica se asustó pero la calaca elegante le dijo que no tuviera miedo y que se acercara a ella, la joven obedeció y la Catrina le dijo que sólo de una manera podrían estar juntos: asesinando a su padre. Verónica, cegada por el amor y el enojo, aceptó la propuesta. La Catrina cumplió su cometido, fue con el padre y lo obligó a liberar a Verónica, luego recogió a Édgar y lo llevó a los brazos de su prometida. Desde ese momento siempre le estuvieron agradecidos, se casaron y viven muy felices en el pueblo donde nació Édgar. Nunca más se supo sobre el padre. Algunos comentan que por las noches se escuchan golpes en una recámara de la lujosa y abandonada casa en la que vivió Verónica, donde una voz de hombre implora que lo dejen salir.

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Gloria Delgado Ibarra Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 3º “A” La Catrina de la noche Había una vez un ganadero llamado don Manuel; él se encontraba cuidando a su vaca que estaba próxima a dar a luz; había tenido un día muy cansado y temprano se regresó a su casa. Ya muy avanzada la madrugada volvió al corral a ver a su vaca; en el trayecto las calles se veían solas y oscuras, pero el ganadero no le tenía miedo a nadie, pues su casita estaba en el cerro donde convivía con una vecina con la que se llevaba muy bien y bromeaban. Su vecina se llamaba Federica y tenía una hija que trabajaba en el pueblo; siempre salía de trabajar en la madrugada, así es que Federica tenía que ir por ella. Después de que parió la vaca, don Manuel regresó a casa por las calles oscuras y tenebrosas, pues ya era tarde. Pasó por un arroyo y ahí la gente le decía que tuviera cuidado porque asustaban; él era muy valiente y no tenía miedo. Cuando empezó a caminar sobre la calle que pasa por el arroyo sintió un escalofrío y los perros empezaron a aullar; a lo lejos miró una mujer que se parecía a su vecina doña Federica y que iba por su hija. A don Manuel se le hizo muy extraño porque doña Federica no usaba sombrero ni tampoco vestido largo de color negro; así era la mujer que se veía a lo lejos. Entre más se acercaba, el ganadero sentía más escalofrío en todo el cuerpo. No obstante, se hizo el fuerte y le dijo -¿A dónde va doña Federica? ¿Qué no tiene miedo andar tan sola por estas calles? Debe hacerse acompañar de alguien, pues seguramente dejó a su marido en casa viendo la televisión, ¡ah, qué hombre tan flojo! Aquella señora no levantaba la cabeza y tampoco le contestó a don Manuel, quien a la vez agregó: -¿Pues qué está enojada? contésteme usted, o ¿qué ya también le pegó lo loco su marido? La mujer y don Manuel seguían caminando, pero ella nunca le respondió. Cuando ambos se toparon en el camino, ella levantó la cabeza y él observó que no era la persona que creía. La cara de la mujer era huesuda, de estatura rara y vestimenta oscura; recordó que era la misma imagen de la Catrina. Entonces don Manuel, muy asustado, apresuró el paso hasta que llegó a casa. Al siguiente día contó lo sucedido a su esposa, a sus hijos y a Federica su vecina. Les dijo que sin duda era la llamada Catrina, debido a su vestimenta y su gran sombrero. Eso fue hace unos días porque hasta hoy ya nadie pasa por ese arroyo ante el miedo que generó la presencia de la Catrina. Los vecinos del lugar pusieron junto al arroyo un alumbrado con un letrero que dice: “La Catrina de la noche”.

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Guillermo Luna Martínez Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “A”

Los aprendices de la Catrina

Hace mucho tiempo, un 31 de octubre, cuando la luna podía brillar sin que le estorbara la contaminación, los pequeños pueblos de México celebraban el día de muertos, tradición muy conocida en todo el país. Durante esos días, tres amigos curiosos llamados Juan, Lucía y Pepe fueron a visitar a la abuelita de Juan; estos chicos eran muy unidos, ocurrentes y graciosos. Esa noche se les ocurrió ir a caminar por el cementerio, ahí vieron un cripta abierta y fueron a curiosear el lugar, de repente aparecieron muchas luces de varios colores resplandeciendo por todo el cementerio; los niños se asustaron, cerraron los ojos por unos momentos y en seguida vieron salir de ese lugar a una calavera vestida elegantemente; en ese momento, Pepe recordó que había oído una leyenda hace muchos años que decía que la noche de ese día, al que se le apareciera una calavera vestida y la llegara a observar, lo iba a nombrar su aprendiz. Juan, Lucía y Pepe tenían un revoltijo de emociones, se quedaron sorprendidos y asustados al mismo tiempo; la calavera Catrina comenzó a hablar como una señorita muy bien educada y elegante; con un acento español muy original les dijo a los niños que ellos iban a ser sus aprendices, ella les quería dar algunos de sus poderes y contarles todo lo que había hecho durante tantos años.

José de Jesús Martínez Pérez

Conforme avanzaba la noche, la Catrina les fue contado miles de historias sobre la época en la que vivió, sobre el inframundo, de cuando era niña y cuando era joven; los niños estaban muy concentrados en las explicaciones que les daba mientras ella miraba la luna llena y a lo lejos los lobos aullaban; los niños le hacían muchas preguntas, pero en eso un gato negro se le acercó a Catrina, ella lo acarició y dijo sus últimas palabras: –Este mundo ha cambiado muchísimo, les encargo mucho mi lápida. Entonces empezó a hacer un viento constante y la Catrina se elevó despidiéndose de ellos con una risa macabra; su lápida se abrió, entró en ella y se cerró de repente, los niños se quedaron muy confundidos y asustados. Pasaron muchos años y, desde entonces, cada 31 de octubre se reunían en el cementerio para recordar los encargos que les había dado la calavera Catrina. Cada año venía más y más gente al cementerio para escuchar las historias que narraban Juan, Lucía y Pepe; ellos transmitieron esa tradición a sus hijos y a sus nietos. Hoy en día, la historia de la Catrina es conocida en todo el país y representa a la muerte sonriente y feliz; aunque se vista elegante, nos recuerda que todos tendremos el mismo final.

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Héctor Alejandro Santillán Martínez Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

Los mensajeros de la Catrina

Una vez iba caminando muy tranquila por el bosque la llamada Catrina. Entonces se encontró con un gigante que tenía una actitud malvada; vestía con chaleco y camisa color marrón, pantalón verde y usaba guaraches; además, tenía el cabello color rojizo y ojos de color café. Su mirada era muy tenebrosa. La Catrina se iba a hacer a un lado para pasar al gigante porque llevaba prisa, pero éste la estorbó hasta prov o c a r l a p a r a n o d e j a r l a p a s a r. Entonces ella le preguntó: -¿Acaso no sabes quién soy? Como respuesta obtuvo una ofensa, así es que la Catrina, muy indignada, le dijo: -Soy la muerte y a mí nadie me provoca de ese modo. Comenzaron a pelear y así duraron unos minutos hasta que el gigante resultó victorioso, en tanto que la Catrina salió toda golpeada y más porque cayó sobre una roca que la dejó noqueada durante largo rato. Curiosamente por ahí pasaba un joven fuerte y apuesto que, al verlo todo, le dio a la Catrina un elíxir que la ayudó a sanar inmediatamente. La Catrina entonces volvió a preguntar: -¿Así es que no sabes quién soy? –No –contestó el gigante-, no sé quién eres ¿Por qué tanta insistencia en que lo sepa? Sin responder, la Catrina envió al más allá a aquel hombre malvado. El muchacho que la ayudó se asustó, pero ésta le dijo: -No temas; a ti no te haré daño y, por el contrario, te enviaré mensajeros antes de que llegue tu hora, para que tú sí estés preparado para ese momento. Josué Alexis Delgado Méndez

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Itzel Yoali Ramírez Reyes Secundaria Técnica No. 34 “Frida Khalo Calderón” 2º “A”

La Catrina en tiempos modernos Suenan las campanas del pueblito Aguascalientes. Todos los niños traviesos, adolescentes incomprensibles por el mundo, mamás en chanclas, papás gruñones y viejitos tercos, salen de sus casas para celebrar la gran fiesta del día de muertos. En la placita, enfrente de donde venden los tacos de suavaca, hay un señor muy grande que cuenta muchas anécdotas de cuando vivía en su amado pueblito “Tangas más flojas”. Los mocosos del barrio se le acercan y le dicen -Buenas tardes don Juanito. -Buenas tardes mocositos. ¿Quieren oír una historia de terror? o al menos que se les caigan los calzones del miedo, ja, ja, ja. De pronto la niña Poposfecalita avienta su súper torta y le grita -Yo sí, yo sí quiero oír. -Luego, el señor de los tacos de suavaca, Pedro Pictmuch, le dice: -Eso nomás nos faltaba; hágase más pa’cá, yo quiero oír su historia y de paso me trae más clientela. Don Juan le dijo -Está bien, pero me tienes que traer unos tacos especiales de tripas de suavaca. Mocosos del barrio: -Ándele don Juanito que no he hecho mi tarea y luego por no cumplir los maestros me dicen que soy un burro, que si sigo así me van a salir orejas y cola de burro y que al rato me voy a ver como esos políticos ignorantes. Don Juan: -Ya entendí, ya voy porque después sí te vuelves moco-burro y le vas a echar la culpa a este pobre anciano tan solitario. Les voy a contar la historia: Todo comienza allá en mi pueblito “Tangas más flojas”, ¿ya les había hablado de mi pueblito? Pedro Pictmuch contesta con flojera -Sí don Juan... ¡Todo el tiempo!. Don Juanito suspira y sigue contando la historia: -¡Ay mi pueblito!, pues en “Tangas más flojas” había una señora de esas ricachonas que se creen de la alta sociedad. Un día, recuerdo que era domingo porque nos levantamos a las 5:00 para escuchar misa a las 6:00 pero, al llegar todos a la iglesia, nos quedamos sorprendidos al ver que el Señor Cura no estaba. Todos murmuraban que ya estaba viejo, que si había muerto, que si lo habían visto en el pan por la noche, en fin. De pronto, cuando todo parecía estar más perdido que la contaminación ambiental, vimos a una mujer asomarse por el campanario y gritó con una voz altanera -Pobres moribundos, ustedes no son más que unos mendigos mugrosos que no merecen escuchar la divina palabra de nuestro Señor, así que a partir de ahora la misa sólo la escucharemos los de la alta sociedad. Al escuchar esto, el pueblo la empezó a abuchear y le dijo -Podemos estar pobres, moribundos y cada vez más en la miseria pero nuestra fe nadie nos la quita; tu riqueza a la que llamas alta sociedad no puede comprar el amor de Dios hacia nosotros. Fue entonces que una extraña fuerza misteriosa lanzó un rayo y la Catrina desapareció junto con su perro faldero, llamado “Pus con huesos”. Muchos de allá de mi pueblito dicen que a ese rayo misterioso lo han visto rondar por las calles con vestidos de Lady Gaga, que siempre va acompañado de un anillo huesudo y que cuando camina como que se le cae su güipil, quedando sólo en calzones, apenado; dicen que varias veces se ha hecho de la pipí; a este pobre cobarde le dicen Pánfilo Lorenzo Chanclazo del Chorro del Agua de la Luz y, a esta macabra parejita, Pánfilo y Catrina, también los acompaña “Pus con huesos”, de raza xoloescuincle que cada vez que camina se va escuchando una matraca. Pospofecalita interrumpe la inspiración de don Juanito al contar la historia y dice -Yo sé cómo se escucha,

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va más o menos así “la matraca traca traca, la matraca ta”. -Don Juanito le contesta con voz de decepción casi llorando: -No, no y no Pospofecalita, la matraca no es una canción de esas que bailas y se te mueve toda esa enorme barrigona que tienes; la matraca es un juguete que sirve para hacer mucho ruido. Volviendo a la historia... ¡mmm! ¿En qué me quedé? ¡Ah, sí! Bueno, pues ahora ese trío de fantasmas han estado haciendo de las suyas allá en mi pueblito “Tangas más flojas”, precisamente hoy día de muertos deben de estar horrorizando a la gente; a unos los han dejado helados y temblando del miedo, a otros simplemente se los llevan como si la tierra se los hubiera tragado. Bueno niños y ¿qué ustedes no piensan ir a pedir su muertito? Los niños le contestaron con muchísima tristeza -Sí don Juanito, pero no tenemos disfraces. Don Juan contesta -No importa, ustedes ya nacieron con el disfraz puesto. -Gracias, igualmente, por cierto muy buena historia. Los chiquillos se echaron a correr hasta la casa más adinerada de Aguascalientes. -Esta es la primera casa; pongan cara fea con ojos de fisgón. ¡Ya, listos!, 1, 2, 3... ¿Me da mi muertito? La Catrina le gritó a Pánfilo con mucha felicidad; -¡Oye enano! preguntan que si les damos su muertito. Pánfilo: -Órale, qué buena onda Catrina, ya nos salió una chambita. Catrina: -Bueno chamacos y ¿qué quieren de muerto? Niños: -Los únicos requisitos son que sea dulce, que sepa rico y que no nos enfermemos. Catrina y Pánfilo: -Éstos quieren a su hermana cursi de esas que sólo piensan en un mundo rosa. Los niños muy asustados le dicen: -iHermaaaaaaana! Nosotros queremos dulces. Catrina: -¿Y para qué quieren dulces. Niños: -Mire señora de muy grande edad, en la actualidad aquí en esta bella ciudad de Aguascalientes se tiene por costumbre pedir dulces el día de muertos, entonces los niños salen de sus casa a pedir el clásico muertito, ¿ahora sí entendió?, ¿me da mi muertito?. Pánfilo: -iAh!, ya entendí, pues miren niños, aquí no tenemos dulces, pero se los podemos quitar a otros niños; dígame el nombre de alguien de su edad para quitarle sus dulces, después toman mis manos y empezamos a jugar sucio. Niños: -Ok, Yukón. Todos viajan con mucha rapidez y llegan al lugar donde está Yukón; de pronto todo se empieza a congelar; la Catrina, Pánfilo y “Pus con huesos” se hicieron lo suficientemente feos como para hacer que se muera alguien; en cierto momento se acercaron a Yukón, lo atravesaron por medio del cuerpo como reales fantasmas y él se desmayó. Catrina y Pánfilo dijeron: -Quítenle los dulces. -Así se la pasaron toda la noche espantando y quitando a los niños inocentes sus dulces. A la mañana siguiente los niños de Aguascalientes se habían desaparecido, mamás llorando por las pérdidas. Decían que salieron a pedir su muertito porque en toda la noche no llegaron, los únicos que seguían vivos eran los puros mocosos del barrio y Poposfecalita quienes hasta la fecha siguen sumamente arrepentidos por lo sucedido. Día tras día no dejan de penar en la catástrofe que ocasionaron. Se dice que en la noche del día de muertos debes cuidarte muy bien o podrías no llegar a casa.

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Jaime Ibarra Pérez Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A” La Catrina y Posada Esta historia sucede en el año de 1912 cuando el artista José Guadalupe Posada elaboraba el grabado de la Catrina. Cada vez se esforzaba para hacerla mejor. El día que la terminó se fue a dormir y luego comenzó a escuchar ruidos raros en su casa; se levantó y fue al cuarto donde estaba su grabado; ahí se dio cuenta de que en el pedazo de metal donde la Catrina quedó grabada ya no había nada. Posada se sorprendió por ese hecho sin explicarse qué había sucedido. Enseguida se le ocurrió mirar por la ventana hacia afuera y observó en la calle a una mujer muy elegante idéntica a la de su grabado. Corrió con su esposa para despertarla, contarle lo ocurrido y que también ella la viera; así podría comprobar que no era un sueño. Al mirar nuevamente para afuera la señora extraña ya no estaba, así es que la esposa no le creyó y regresó a dormir. A la mañana siguiente, Posada escuchó cuando sus vecinos comentaban que por la noche habían visto a una señora caminando por en medio de la calle sin parar, y llevaba la misma ropa que él le había visto. De momento pensó que se trataría de alguna broma tonta de alguien. Posteriormente tuvo que salir de su casa y, como regresó tarde, en el camino se encontró a su esposa tirada en el suelo, con sangre en la cabeza. Como pudo la levantó y la despertó, le preguntó qué le había pasado pero su esposa le dijo que no sabía, que sólo sintió que alguien la había empujado y le dijo palabras extrañas, pero parecía voz de mujer. La llevó a casa y la recostó en su cama. Al día siguiente Posada fue a la cocina para tomar algo, volteó hacia el cuarto de grabado y vio que la Catrina ya había aparecido. Entonces constató que no era una broma; eso lo trajo pensativo todo el día creyendo que esa señora pudiera ser el fantasma de alguien. El día de muertos todos los niños estaban pidiendo dulces en la calle y tocando casas. Hubo quien dijo que esa señora andaba por las calles y que, como algunos se disfrazaron de Catrina, la señora se molestaba. Un niño iba caminando para pedir sus dulces cuando vio a la señora flotando por el aire; inocentemente le dijo que tuviera cuidado, pero en eso la señora volteó a verlo y el niño descubrió que su rostro era un esqueleto. Del susto el niño quedó inmovilizado. La señora lo tomó de la mano y se despareció. Al siguiente día encontraron al niño muerto de manera extraña porque tenía heridas en el cuerpo. Al saber la noticia, Posada primero fue a la calle a ver al niño y enseguida corrió a su casa para ver su obra. Con sorpresa descubrió que en el grabado aparecía la Catrina tomando al niño por el cuello como si lo fuera a estrangular. Posada se convenció de que su obra era algo demoniaco. Salió corriendo de su casa en busca del sacerdote de la colonia para que le pusiera agua bendita a su grabado; así sucedió, pero cuando cayeron las primeras gotas de agua bendita sobre esa obra de arte, le empezó a salir humo de manera extraña. Terminó de rociar el agua y en eso el grabado ardió en llamas como si se le hubiera rociado gasolina. El sacerdote se impresionó tanto y empezó a temblar como si le estuviera dando un paro cardiaco, pero la realidad era que el espíritu de la Catrina se estaba metiendo dentro de su cuerpo. Después de un tiempo Posada se mudó a otro lugar pero nunca hizo público su grabado original de la Catrina; de hecho, la dejó abandonada en la casa donde él vivía. Hoy se dice que esa casa está maldita y que las personas que entran ahí nunca salen vivas.

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Jaqueline Villalobos Ramírez Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

El destino de José Guadalupe Posada

Aproximadamente hace cien años había una niña llamada Teresa, vivía con su padre Felipe. Cuando ella tenía 16 años, tuvo una discusión muy fuerte con su padre debido a una simpleza; la golpeó hasta que cayó inconsciente tras golpearse fuertemente la cabeza. Su padre era muy violento y era un prófugo de la justicia por haber matado a su esposa varios años atrás. Felipe, por temor a que Teresa reportara el hecho ante las autoridades correspondientes y fuera enviado a prisión por segunda vez, decidió regalarla a un conocido llamado José Guadalupe Posada. Él vivía en una pequeña cabaña ubicada a la orilla de la ciudad, y se dedicaba a la agricultura y la ganadería, además de que en sus ratos libres hacía grabados porque esta actividad también era su pasión. José Guadalupe aceptó quedarse con Teresa y darle el cariño que ella merecía, prometiendo tratarla como si fuera su propia hija. Todavía estaba desmayada de tan fuerte golpe, que él la recostó sobre una cama y esperó a que despertara, lo que ocurrió hasta el día siguiente. Él, al ver que ya se encontraba bien, le llevó el desayuno a su recámara; ella sorprendida le preguntó quién era y qué hacía ahí. De momento, no supo qué contestar y sólo le dijo que era su padre. Ella no recordaba nada, así es que pronto aceptó que ese hombre era quien le había dado la vida. Al terminar de desayunar, Teresa le dijo que se sentía muy abandonada y que quería realizar alguna actividad que la ayudara a relajarse, así es que él le pidió que le ayudara a dar de comer a los animales y atenderlos debidamente mientras él realizaba las labores de la agricultura. Así lo hizo, pero se sentía tan sola que comenzó a platicar con los animales del corral y les contaba todo lo que sentía. En sus ratos libres aprendió a hacer grabados, pues la actividad le gustó luego de ver uno en especial que Posada había creado y se trataba de la hoy famosa Catrina. María de Jesús Zambrano

Un día, Teresa y José Guadalupe salieron a caminar por un pequeño huerto que él tenía cerca de la cabaña y ahí le dijo que había un secreto del que tarde o temprano ella se enteraría y que sin duda no le iba a gustar; luego le dio un abrazo muy fraternal, ganándose así su confianza, pero ella no preguntó de qué se trataba. Una tarde, José Guadalupe salió al monte y se encontró un cachorro de lobo que tenía una pata rota, lo levantó y se lo regaló a Teresa para que no se sintiera tan sola y le diera los cuidados necesarios hasta que el cachorro estuviera sano. Después de unos días, el lobo desapareció y ella no lo encontró por ningún lugar. Salió a buscarlo prácticamente por toda la ciudad hasta que por fin lo encontró, pero no sólo encontró a su mascota, sino también a un joven que vestía muy elegante.

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Al verlo, Teresa parecía recordarlo, pero por más que lo intentó no logró saber quién era ni dónde lo había visto. Le preguntó cuál era su nombre y él respondió que Alexander. Luego, el joven la invitó a tomar un té al día siguiente. Ella encantada aceptó, no sin antes pedir permiso a su padre. Ya en casa del joven, donde también estaba presente el padre de éste, los tres juntos estuvieron mirando fotografías de la familia. En algunas aparecía una niña muy elegante que tenía un gran parecido a Teresa, pero nadie lo había notado, sólo Alexander quien entonces preguntó a su padre quién era ella. Él le contestó que era su prima, la hija de su tío Felipe. Volteó a ver a Teresa y se dio cuenta de que se trataba de la misma mujer, así es que fueron a hablar con el señor José Guadalupe quien terminó por confesar la verdad. Les dijo que Teresa no era su hija sino de Felipe quien se la regaló y él aceptó ante los malos tratos que su padre le daba. Agregó que durante el tiempo en que Teresa había estado con él, se había encariñado mucho con la muchacha y ella de él. Luego de conocerse la verdad, no pasó nada porque finalmente Teresa ahí tenía el amor que nunca tuvo de su verdadero padre. Pasaron algunos meses y Teresa decidió salir de la ciudad porque había un hombre que la molestaba demasiado, pero callaba aquella situación por temor a que le hicieran algo a ella o a su padre, quien ya sospechaba que algo le ocurría a la muchacha. El día que ella se fue, el hombre que la molestaba la siguió con la intención de matarla. José Guadalupe, al ver que su hija no se encontraba en su casa, sospechó que algo malo le ocurriría y pensó que se había ido de la ciudad, así es que tomó un tren y logró encontrarla pronto, pues en esa época las ciudades eran muy pequeñas. Luego, el hombre misterioso quiso deshacerse de Teresa y cuando estaba a punto de dispararle, José Guadalupe se interpuso, logrando que la bala se incrustara sobre su cuerpo y no en el de su hija. Así fue como murió José Guadalupe Posada quien siempre sintió por esa muchacha el amor que se le tiene a una hija. Tiempo después se supo que el asesino del agricultor, ganadero y también creador de la Catrina, había sido detenido y ya se encontraba tras las rejas.

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Javier Emigdio Mendoza Díaz de León Secundaria General No. 3 “Congreso de Anáhuac” 3° “K”

La silueta en trazos La Catrina tuvo su origen desde la antigüedad, donde los prehispánicos de México no la conocían totalmente, sólo logró transmitirse a ellos a través de las pérdidas de aquellas personas que más se estimaban, es por ello que los prehispánicos le temían y la imaginaban como un Dios. Cada cultura le tomaba la importancia que consideraba y le creaba una imagen tomando en cuenta su entorno. Así pasaron muchos años en los cuales la Catrina ocultaba su identidad con una tela negra que le cubría el rostro, un sombrero de apariencia elegante que le cubría la parte superior del cráneo, un vestido oscuro que le llegaba hasta los tobillos, unos guantes que hacían que sus manos huesudas se ocultaran, así como unos zapatos café completamente cerrados por la misma razón. Pasó mucho tiempo y se llegó la época de la conquista donde empezó a usar métodos distintos a los que antes había utilizado la Catrina para matar a las personas, tales como la guerra con armas de fuego y enfermedades que se transmitían de una persona a otra; con ello conseguía que un mayor numero de individuos muriera al mismo tiempo. El grado de fallecidos después de esta etapa empezó a disminuir cuando nuestros antepasados lograron adaptarse al entorno español, por lo que la Catrina se encontraba en una etapa de soledad, a tal grado, que no veía grandes oportunidades de trabajo; tenía que encontrar un pasatiempo que la ayudara a recuperar su fama. Cada vez las muertes se hacían menos constantes y la Catrina sólo pensaba en encontrar un método para no aburrirse. Duró varios meses sentada en la cima del árbol más alto comiendo polvo y, de las pocas frutas maduras que se encontraban en la copa de este árbol, no bebía más que el rocío matinal acumulado en la parte superior de las hojas. Hasta que un día logró contener una idea que era mejor de las tantas que había tenido hasta ese momento. Su decisión era simple, rondar por la plaza principal con su atuendo anterior y encontrar a alguien para que compartiera sentimientos y pensamientos con ella, es decir, tener una relación. Así fue y, debido a su riqueza y poder, encontró muchos pretendientes, pero en todos veía su avaricia y verdaderos planes. Después de mucho tiempo la Catrina se dio por vencida al no encontrar al individuo adecuado y entró a una cantina de la esquina del barrio, tomó tanto que no pudo contenerse y cayó del banco; al encontrarse en tal estado, vio a un joven que la tomó por el brazo y la ayudó a levantarse, éste era un tanto diferente en su aspecto al resto; en un momento decidió seguir el juego pero no sabía que eso le costaría muy caro; se puso las manos huesudas en el rostro para que no descubriera su verdadera identidad y terrible apariencia y se hizo la dormida para averiguar qué hacía aquel hombre con ella. Al creer que realmente estaba desmayada la cargó fácilmente debido a su ligereza. La Catrina, por su parte, observó discretamente que se dirigían hasta una carroza de metal negro y brillante, con ruedas de madera finamente talladas, jalada por caballos color café de raza extravagante y sujetos por lazos negros y delgados. El misterioso joven la acostó con gran amabilidad y cuidado, al mismo tiempo que la mujer sentía una infinita suavidad en aquel asiento rojo de seda fina, una majestuosidad no sentida antes. Quitándose las manos del rostro, discreta y parcialmente observó que aquel hombre se sentaba justo enfrente de ella y daba la señal al cochero para que emprendieran el viaje. Sin pensarlo, se quedó totalmente dormida por un momento debido al silencio del bosque y el galopar de los caballos, hasta que sintió que la carroza se detenía. El joven abrió la puerta de la carroza y bajó lentamente, al tiempo que daba la señal para que sus sirvientes bajaran a la mujer. Uno de los

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sirvientes que trabaja como jardinero sintió que la supuesta dama tenía un peso fuera de lo común y se dispuso a retirar tanto las manos como la tela negra del rostro de ésta, pero la Catrina al percatarse de ello, justo frente de los pies del joven, se presentó cordialmente con el nombre de Margarita Ríos de la Vega, al mismo tiempo que creaba una ilusión en la mente del hombre acerca de cómo había llegado hasta el suelo de esa cantina. Él por su parte, le creyó con tal magnitud que se presentó cordialmente y logró decirle su nombre: Pedro Guadalupe Téllez; era lo único que rondaba por la mente de la Catrina. El hombre de buena fe la invitó a pasar y ésta aceptó, su objetivo en ese momento era únicamente casarse con él. Después de que la mujer comió del gran banquete y quedara más que satisfecha, se dirigió a la puerta pero Pedro la detuvo y le dijo que permaneciera con él esa noche; ella aceptó sin pensarlo. Pasaron dos días hasta que Pedro le declaró su amor y ella también le dijo lo que sentía por él, pero había un problema: Catrina jamás había dicho algo sobre su identidad y aún tenía la tela negra que le cubría el rostro. A Pedro, por su parte, eso no le interesaba, ya que “Margarita” le había dicho que esa ropa había pertenecido a su madre y tenía un gran afecto por ella y, para verle el rostro, estaba esperando la oportunidad y el momento correcto. Pronto esa oportunidad llegó y decidió realizar una cena con todos los sirvientes de la mansión, debido a que sus padres iban a llegar de un viaje, provenientes de Guadalajara, y quería darles la buena noticia de que el día después de la cena se casaría con “Margarita”. La Catrina no contaba con eso y no pudo hablar cuando esa misma noche estaba frente a los padres de su futuro esposo y rodeada por una gran cantidad de personas. Después de un momento, Pedro propuso un brindis, tomó a la joven por la mano y se regocijó a su lado, después levantó la copa y dio la gran noticia: -¡Padres y estimados invitados, hoy en esta cena he decidido darles a conocer mi alegría y entusiasmo; me he enamorado de esta joven llamada Margarita Ríos de la Vega, a quien encontré en el barrio más temible de toda la ciudad de México y soy bien correspondido, así que hemos decidido contraer matrimonio mañana mismo! Todos emocionados comenzaron a aplaudir; Pedro tomó un trago de su copa y volteó con una gran ternura hacia la Catrina quien, temerosa y completamente confundida por lo que sentía, detuvo la mano con la que Pedro le iba a retirar la tela para besarla y salió corriendo sin dejar caer lágrimas, ya que ella no contaba con éstas. Por la acción y la fuerza del brusco movimiento, Pedro cayó contra una silla e hizo que se desequilibrara el carro de servicio en el que se encontraba una botella llena de whisky, la cual directamente se estrelló en la frente de Pedro y le provocó una muerte instantánea al golpear contra su cráneo. La Catrina completamente destrozada se detuvo para reflexionar lo que había hecho, en ese momento dedujo que estaba tan enamorada de Pedro que no había visualizado la importancia que tiene la honestidad en una relación, ni que el joven era el siguiente en morir. Estaba tan consternada que no vio que el padre de Pedro la venía siguiendo. Al estar cerca de ella, la empujó y la Catrina cayó en el piso al mismo tiempo que la tela negra se desprendía de su rostro, quedando expuesta la silueta deforme de un cráneo vacío. El hombre paralizado fue el único en la mansión que logró ver directamente a la asesina de su hijo y, confundido, no se percató de que un ligero vapor negro se llevaba a este monstruo. El padre de Pedro creó un trazo prácticamente exacto de lo que vio esa escalofriante noche; ese hombre era José Guadalupe Posada y su obra la seguimos contemplando hasta nuestros días. Poco se sabe de lo que fue de la Catrina después de esa tragedia; ésta pasó su vida lamentándose porque, gracias a su cegado enamoramiento, no vio que la próxima persona a la que le tocaba morir, era el amor de su vida. Después de este evento en la historia de la Catrina, el número de muertes por día aumentó un poco y hasta hoy se ha mantenido constante. Este suceso le dio una oportunidad a la Catrina para pensar sobre lo que había realizado aquella noche y recordar que, el rostro del único hombre que logró verla directamente a los ojos, fue el de José Guadalupe Posada quien se llevó a su sepultura este secreto. Tal vez por mera casualidad, entre sus obras más importantes se encuentra un grabado con la figura de una calavera sonriente y con su sombrero elegante adornado con plumas de avestruz.

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Jenifer Montoya Salas Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B”

Las travesuras de la Catrina

Era la época de la Colonia cuando estos hechos sucedieron, las personas se fijaban mucho en las clases sociales, las cuales eran muy marcadas por las castas y el mestizaje. Una familia de españoles de apellido Castro, recién llegaba a tierras mexicanas y se asentaron en lo que ahora es Aguascalientes. Esta familia la formaban tres hijas, la mayor, Carlota Castro de la O, con 18 años; María de 5 y Eugenia de 12. Los Castro eran dueños de una gran hacienda llamada “La Pastora”; en ésta se encontraban peones, caporales, cocineras y recamareras que trabajaban para la familia. La joven Carlota era muy hermosa, siempre vestía muy bien, le encantaba caminar de noche por la hacienda y de día montar a caballo así como bordar a mano. Al estar en Aguascalientes aprendió la técnica de los deshilados que le encantaban para hacer su ropa. En una de sus caminatas nocturnas se encontró a un hombre muy especial que llamó su atención y con quien, a partir de ese momento, sostenían encuentros y conversaban cada noche.

María Teresa Cordero

Un día Carlota salió muy apurada de la hacienda; su hermana María la siguió y descubrió que se encontraba con un hombre llamado José. Carlota le dijo a él algo muy importante: -¡Creo que estoy embarazada! José le dijo que no se preocupara y que huirían de la hacienda para tener a su hijo.

En ese momento escucharon un ruido, era María que, al enterarse de la noticia, corrió a la hacienda para contarle todo a su Padre. Carlota y José llegaron al acuerdo de que en la noche siguiente huirían para poder estar juntos. Carlota regresó a la casa grande, entró por la puerta principal pero ahí ya se encontraban sus padres don Carlos y doña María. Don Carlos le preguntó de dónde venía y ella contestó que de dar su caminata por la hacienda. Su madre la interrogó diciéndole que si no se había encontrado con alguien, a lo que Carlota comentó: -¿Con quién me iba a encontrar?, es de noche y la gente está descansando. -Don Carlos arremetió: –¿Nos puedes decir qué hablabas con José López, el peón? -Carlota decía que no lo conocía pero doña María ya no soportó más y le dijo: -Tu hermana María nos dijo que te vio y escuchó platicando con José López, el peón, un negro que no es de nuestra clase ni de nuestro abolengo. –Lo más grave no es que estuvieras platicando –agregó don Carlos- sino que también estás embarazada de una persona que es muy poca cosa para ti y para la familia.

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En ese momento don Carlos le soltó una cachetada a Carlota por la deshonra que provocó a la familia y le gritó que al siguiente día, muy temprano, la llevaría al convento. -Tendrás a tu bastardo, te ordenarás de monja y no quiero volver a verte. -Carlota salió corriendo en busca de José; su padre, muy enojado, agarró el rifle y salió a buscarla; al verla que estaba con José les disparó a ambos; antes de morir, Carlota juró vengarse de la injusticia que se estaba cometiendo. Al paso de los años se escuchaban diversos ruidos por los pasillos de la hacienda; en el jardín se aparecía una mujer de espaldas con un vestido negro y un sombrero, el vestido era bordado y deshilado con imágenes del Jardín de San Marcos y de viñedos, pero al darse la vuelta y mostrar su rostro, esa mujer era una horrible calavera. Se dice que se aparece por las cantinas; muchos aseguran haberla visto y dicen que de espaldas luce hermosa, pero al mostrar su rostro todos se espantan y gritan que hasta la borrachera se les ha quitado. Una noche oscura don José Guadalupe Posada caminaba por el Jardín de San Marcos cuando, en una banca, vio sentada a una mujer con un vestido negro deshilado y un sombreo con velo. Él acercó a la mujer que le había llamado la atención y le preguntó qué hacía tan sola en el jardín; a ella le dio confianza hablar con él y le contestó que no era una mujer porque ya había muerto; que la habían matado y que sólo trataba de decir a las personas que rezaran por ella; así, Carlota le contó su historia. Al terminar de escucharla, Guadalupe Posada en lugar de atemorizarse por lo que le contó y después de ver su rostro, le prometió hacer una pintura en la cuál la mostraría tal y como la vio: como la muerte, pero no con terror, sino como una muerte bonita y elegante que fuera significativa para los habitantes de Aguascalientes, ya que ella en su vestimenta portaba lo más representativo de nuestro estado, o sea, los viñedos y el Jardín de San Marcos. Por un momento Guadalupe Posada se quedó pensando y le dijo: -Ya sé qué nombre te pondré, Catrina, sí, Catrina. -Ella contestó que él no era hombre para ser un catrín, a lo que Posada reconoció que si bien no era un hombre con esas características, ella sí era una mujer muy bien vestida y elegante. Al día siguiente José Guadalupe comenzó su obra tal y como se la había prometido a Carlota. Desde entonces ella ya no se aparece para asustar, sino para mostrarse como símbolo de Aguascalientes, sobre todo en la fiesta de los muertos, fecha muy especial para nuestro estado y para todo México porque la anfitriona es nuestra querida Catrina.

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Jennifer Pamela Gaxiola Díaz De León Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1° “B” La casa de la Catrina En un día cualquiera se encontraban reunidos tres amigos llamados Pedro, Sebastián y Caro a quienes les encantaba visitar lugares extraños; no le temían a nada y como se habían enterado de que existía una mansión abandonada desde hace mucho tiempo, pidieron a sus padres permiso para que los dejaran ir; éstos se negaron, ya que el lugar estaba muy lejos y tenía mucho tiempo abandonado, además había riesgo de que se derrumbara. Los amigos decidieron escaparse, lo planearon muy bien y se fueron desde temprano caminando hasta que llegaron a la mansión. La casa estaba y descuidada; antes de entrar vieron a dos señores sentados cerca de la entrada y decidieron preguntarles sobre ésta; ellos les contaron que hace tiempo vivía ahí una señora muy elegante que tuvo un accidente automovilístico y no sobrevivieron ni ella ni su chofer. Después de su muerte pasó mucho tiempo hasta que llegó una familia a vivir ahí. En una noche lluviosa, una de las vecinas oyó gritos que provenían de esa casa y llamó a la policía, pero fue demasiado tarde, pues al entrar ya habían muerto la mayoría de los integrantes; sólo el hijo menor sobrevivió y, cuando fue interrogado sobre lo acontecido, dijo que vio a una señora con un vestido negro y un sombrero muy elegante. Los señores terminaron de contar la anécdota a los tres amigos quienes luego se despidieron; a ellos les entró un poco de miedo, pero aún así entraron a la casa, pues ya había anochecido y el camino de regreso estaba muy obscuro; sólo prendieron una linterna y, al entrar, encendieron unas velas que se encontraban sobre una mesa. Por dentro la casa estaba muy cuidada, aunque por fuera aparentaba todo lo contrario. Mientras tanto, Pedro, Sebastián y Caro tenían mucho sueño, encontraron en la parte baja de la casa una cama muy grande y cómoda en la que cabían los tres perfectamente; ya se habían acostado cuando de repente oyeron unos gritos y se levantaron a ver qué era; Caro les dijo que había sido mala idea haberse quedado e irse sin avisar porque seguramente para ese entonces ya los estarían buscando; de repente se oyó un ruido muy feo, los niños gritaron y pronto intentaron salir de la casa, pero estaba atorada la puerta y no podían; Pedro volteó a todos lados para ver qué sucedía en la casa y vieron pasar una sombra. Los tres amigos, muy asustados, siguieron forcejeando la puerta para escapar; cada vez se escuchaban más cerca los gritos mientras que veían bajar por las escaleras a una señora vestida de negro con un sombrero elegante y cuyo rostro no se distinguía; ella se acercaba cada vez más a ellos quienes gritaban y pedían auxilio, pero nadie los oía. Corrieron por las escaleras hacia la parte alta de la casa y se encontraron con unos cadáveres. Sebastián gritó -¡Ahí viene la Catrina! -Pedro y Caro se quedaron sorprendidos porque la mujer que los perseguía, efectivamente se parecía al personaje que todos conocían como la Catrina. La calaca gritaba -¡Váyanse, esta es mi casa! -Pero no tenían salida; todas las ventanas y puertas estaban cerradas; los muchachos estaban aterrados pensando en que les iba a suceder lo mismo que a los cadáveres. De pronto todos esos cuerpos que yacían en el piso comenzaron a levantarse y tomaron a los chicos por la fuerza y, dominados por la Catrina, los encerraron en el sótano de la casa. Mientras tanto, sus padres con desesperación lograron localizar el domicilio del lugar. Llegaron y, al entrar, encendieron unas velas que se encontraban sobre una mesa. Quedaron admirados por lo limpia y cuidada que estaba aquella casa en su interior. Fue entonces cuando vieron bajar por las escaleras a una señora vestida de negro con un sombrero elegante cuyo rostro no se distinguía. Pese a que buscaron a los jóvenes por toda la casa, nunca los encontraron ni supieron más de ellos. Dicen que la casa estaba maldita, pero lo comprendieron hasta que sufrieron la terrible pérdida de sus familiares a quienes lloraron toda su vida.

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José Asunción Carrera Villalobos Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 3º “A” La Catrina viviente

En una bella ciudad tecnológicamente avanzada, vivía una bella dama conocida como la Catrina. Por su belleza y elegancia, era novia de Érick, el hijo de José, un hombre que trabajaba en un laboratorio de investigación donde pretendían encontrar una fórmula para revivir personas. Un día, en el laboratorio, José descubrió una pócima para revivir difuntos, pero de antemano sabía que ésta tendría efectos muy agresivos para los muertos a los que se les aplicaría, pues les entraría un extraño virus que era el que hacía que volvieran a la vida. El papá de Érick lo comunicó a su jefe y a algunos compañeros quienes trataron de ponerlo a prueba con un anciano y, en efecto, éste resucitó pero ya no como humano, sino que era un ser salvaje y peligroso; además, era carnívoro y tenía un apetito inmenso por la carne humana; prácticamente se convirtió en un muerto viviente. El anciano atacó a dos científicos, desmembrándolos.

Nadia Lariza Luévano

El jefe del laboratorio y José observaron lo que ocurría hasta que terminó de matarlos; ellos no pudieron intervenir para evitarlo, porque en ese momento sus vidas corrían peligro. Luego, entre todos lograron detenerlo y lo encerraron en una cámara especial donde estaría segura esa bestia.

Entonces José dijo: -Bueno, ya sólo falta domesticarlos; hemos encontrado la fórmula para revivirlos y ahora hay que buscar otra que permita dominar esa bestia para que no se salga de control. ¿Están de acuerdo? Más tarde, un par de científicos fueron por sus equipos especiales de trabajo para entrar a la cámara donde tenían encerrada a la bestia y, al ingresar, los atacó mordiéndolos y comenzó a comerse parte de ellos, resultado insuficiente el equipo especial que portaban. Lo científicos, desesperados, gritaban pidiendo auxilio, pero nadie los escuchaba porque las paredes de la cámara eran muy gruesas y en ese momento nadie más se encontraba en ese lugar. Así fue como este virus se salió de control y se regó por todo el laboratorio; por fortuna el veneno no se extendió hacia afuera. Érick, el novio de la Catrina, la invitó a dar una vuelta en su moto; ella aceptó y se pasearon por un rato. Pasaron cerca del laboratorio donde trabajaba su papá y de repente se accidentaron al estrellarse contra un poste. Érick dio varias vueltas y, cuando logró levantarse, vio que su novia se encontraba unos metros más adelante, pero ya estaba muerta tras sufrir severo golpe en la cabeza. Desesperado, lloró por largo rato hasta que se le ocurrió llevarla al laboratorio para que la revivieran; los científicos la metieron a la cámara especial y le inyectaron la fórmula secreta. Érick esperó ahí hasta que Catrina recobró vida y luego se fueron de ese lugar.

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Notaba que Catrina tenía una actitud distinta y casi no hablaba, sin embargo, no se comportaba agresiva con él. Luego la llevó a un centro comercial para comprar alimentos; en lo que hacía el pedido se descuidó un instante y la perdió de vista. Enseguida la buscó y vio que ella entró a una tienda y se comió a la encargada de la misma. Rápidamente la sacó de ahí pero lo hizo en un auto que se robó en ese instante. Circuló por una carretera poco transitada e iba a alta velocidad, cuando de repente vio que una camioneta con dos tripulantes los seguía hasta que logró darles alcance. Bajaron a Érick y a Catrina del auto y los hicieron acostarse en el piso boca abajo. Uno de ellos dijo: -Miren a quién tenemos aquí. –Por favor –dijo Érick- no le hagan nada, ella es mi novia. –Tranquilízate muchacho, no le haremos nada, sólo queremos divertirnos un rato. Se llevaron a la novia a otro lugar y quisieron abusar de ella quien, sin piedad, los mató sanguinariamente. Érick se fue tras ellos pero los perdió de vista; luego la encontró y ella sutilmente lo abrazó sin lastimarlo. Érick y Catrina subieron al auto y él la llevó nuevamente al laboratorio, el cual estaban desalojando y encerrando a los muertos vivientes para que no salieran de ahí ni pusieran en peligro a los habitantes del lugar. Entre los muchos trabajadores, vio a su padre y le dijo que su novia había muerto, que le habían aplicado esa inyección para revivirla y que no era su intención abandonarla. -Debes encerrar aquí a Catrina y abandonarla –le dijo su padre- pues aunque la veas viva ella no es un ser humano como nosotros. -Contra su voluntad, Érick obedeció a su padre y se quedó llorando detrás de la puerta del laboratorio; antes se despidió de su novia. Luego de un tiempo encontraron un antídoto que hacía que esos seres extraños nuevamente murieran y esta vez para siempre. Se lo aplicaron a esos seres extraños y nuevamente todo volvió a la normalidad. Desde entonces Érick veneraba y respetaba a su novia eterna. En el pueblo decidieron rendir homenaje a los difuntos. Los científicos comprendieron que por más intentos que se hicieran para revivir a las personas, ahora había que dejarlos en paz. El laboratorio fue cerrado de manera definitiva y quienes ahí trabajaban abandonaron esa maléfica investigación a la que se dedicaron durante mucho tiempo.

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Josué Sabolet Mejía Flores Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2º “B” Turno Matutino La dama de la pintura Luchó persistentemente para dar a conocer el grabado y mantener viva la memoria de sus amigos Lucía y Roberto, a quienes por siempre mantendrá vivos en su corazón y los recordará cada vez vea el grabado. Se preguntarán por qué digo esto; les contaré: Guadalupe Posada era un habitante del estado de Aguascalientes; junto con sus amigos Lucía y Roberto, compartía un gran gusto por el arte; pintaban con óleo y eso les agradaba. A Posada le atraía más pintar a personajes políticos, obreros, ricos, pobres, todos ellos en forma de calavera, por que él sostenía que a todos les llegaría la muerte sin importar su condición social, ideología política, raza o religión. Un buen día, Posada y sus amigos fueron a comprar óleo y papel especial para pintar; después comenzaron la futura obra de arte, para lo cual, Posada tomó de un extraño baúl unos antiguos pinceles que compró con una misteriosa anciana en una tienda de antigüedades ubicada en el centro de la ciudad, negocio que cerró después de que el grabado de La Catrina se hiciera famoso. Entusiasmados trabajaron la obra hasta que, luego de unas semanas, concluyeron el proyecto. El resultado fue una calavera vestida de Catrina en un impactante fondo mostrando la inmensa belleza que tienen nuestros atardeceres. Los tres amigos orgullosos de aquel trabajo salieron a festejar; fueron por un trago, luego de haberse comido una rica jicaleta en los alrededores de Jardín de San Marcos. Al oscurecer, Lucía y Roberto fueron a sus casas a dormir. Posada vivía en la planta alta del taller, así que él volvió a dicho lugar. A la mañana siguiente sus dos amigos fueron muy temprano al taller; Posada los recibió e invitó a desayunar unas gorditas muy ricas que él mismo había preparado, ya que además de excelente pintor se le facilitaba cocinar. Al terminar de desayunar fueron a ver la obra; Roberto, con cara de horror, miró que en el cuadro pintado no se encontraba la Catrina; entonces sintieron mucho miedo, por lo que decidieron guardar el cuadro en el baúl, prometiéndose no volver a hablar del tema. Así pasaron tres años hasta que, una noche, los tres colegas decidieron hacer una reunión para cenar; luego fueron al taller y se quedaron ahí a dormir. Esa noche la luna brillaba con mayor intensidad, se sentía un ambiente frio y las calles lucían solitarias. A las dos de la madrugada los amigos despertaron al escuchar sonidos extraños en la planta baja del taller; confundidos, decidieron bajar a investigar de dónde venían éstos. Cada uno tomó un tubo por precaución y, estando abajo, notaron que todo en el taller estaba desordenado. Al principio creyeron que se trataba de un robo, pero no faltaba nada. Con sorpresa vieron que el baúl se encontraba abierto y en el otro extremo del cuarto se encontraba la pintura encima de una vieja mesa; también, en el suelo se hallaban los pínceles, pero eso no era lo peor, sino que en el cuadro se hallaba pintada la Catrina; se asustaron al recordar el acontecimiento que les sucedió en ese mismo taller tres años atrás, cuando la Catrina desapareció del cuadro. De repente se fue la luz del taller y trataron de iluminarse con alguna lámpara y velas, pero era inútil, todo estaba oscuro. En ese momento se oyeron pasos y un grito aturdidor de hombre. Luego de un instante regresó la luz pero ya no se encontraba Roberto en la habitación; lo peor fue que también él había desaparecido con la Catrina que segundos antes estaba pintada en el cuadro. Asustados, Posada y Lucía se dirigieron hacia la puerta para salir corriendo justo en el momento en que nuevamente se fue la luz; mientras corrían se escuchó un leve grito de doncella; era la voz de Lucía. Posada fue el único que pudo salir ante la impotencia de no poderla ayudar; pensó en todos los buenos momentos que pasó con ella y Roberto; además, irónicamente cuando la perdió se dio cuenta de cuánto la amaba.

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Siguió corriendo con gran dolor en su corazón, como consecuencia de su amor por Lucía. Llegó a la tienda de antigüedades a pedir ayuda y a que le orientaran cómo resolver el problema. Una anciana le contó que los pinceles eran de un mago y lo que se pintaba con ellos cobraba vida, así que al momento de pintar la Catrina ella tomó vida y sólo se podía destruir a ese ser con una extraña aleación de metales en forma de tablilla, al arrojársela quedaría atrapada ahí para siempre como un grabado. A la mañana siguiente con gran valor fue a enfrentarla, al entrar la vio horrible y sucia, él le arrojó la tablilla de metales y al momento quedó atrapada, sin vida, lo malo fue que sus amigos no volvieron a aparecer, por lo cual él quedó inmensamente triste hasta su muerte. Sólo recuperó el collar de oro que le había regalado a su amor Lucía y juró nunca deshonrar el recuerdo de ellos. Desde entonces luchó persistentemente para dar a conocer el grabado y mantener viva la memoria de sus amigos Lucía y Roberto, que por siempre mantendrá vivos en su corazón al ver el grabado con gran nostalgia. Por ellos jamás abandonó su profesión y gusto por el arte que compartían desde que se conocieron. Esta es la oscura historia que hay detrás de este famoso grabado. El relato salió a la luz pública gracias a que un niño de esos tiempos robó el diario de Guadalupe Posada cuando él estaba descuidado. La Catrina, al hacerse famosa, se convirtió en una obra más que le dio identidad a nuestro querido Aguascalientes. Por otra parte, los pinceles se perdieron entre la población de la ciudad. Espero que nadie los use porque si lo hace y pinta algo, reavivará el maligno ser que hoy en día hasta en internet se encuentra.

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Juan Alejandro Ruvalcaba Telesecundaria No. 32 “Manuel M. Ponce” 1° “C” El pintor y la Catrina Había una vez un pintor al que le gustaba dibujar figuras de muertes, calaveras y fantasmas, además contaba con una pequeña carpintería dentro de su cuarto. Para subsistir, hacía pequeños trabajos que la gente le encargaba y sólo en sus ratos libres se dedicaba a la pintura. En vísperas del 2 de noviembre, estaban organizando en la vecindad donde vivía una fiesta para celebrar el día de muertos. A muchas personas les gustaba su trabajo, así es que le encargaron que pintara calaveritas y fabricara figuras de madera del tamaño de una persona para decorar la vecindad y hacer sus altares de muertos. Primero hizo las calaveritas y las entregó dos días antes de los festejos, después comenzó a construir las figuras y, al terminarlas, las iba caracterizando según el personaje histórico del que se trataba. Una noche antes del día de muertos se puso a hacer la última figura que le faltaba y la vistió como la famosa Catrina. A media noche terminó su obra de arte, se recostó en la cama para poder descansar y, cuando se disponía a dormir, sintió un aire frío que le recorrió todo el cuerpo; se levantó creyendo que era porque estaba la ventana abierta. Cuando se dirigió a cerrar la ventana se dio cuenta de que la figura de la Catrina comenzaba a cobrar vida y se iba levantando lentamente hasta ponerse de pie. El pintor no podía creer lo que sus ojos estaban viendo y se desmayó de la impresión; duró unos minutos inconsciente y, cuando despertó, creyó que todo se lo había imaginado, pero para su sorpresa la Catrina continuaba frente a él sin dejar de mirarlo; después comenzó hablar y le dijo que no tuviera miedo, que ella no era mala y que estaba muy agradecida por haberle dado la vida. El pintor no le creyó y se lanzó contra ella para destruirla sin poder lograrlo, ya que flotaba y cambiaba constantemente de lugar, luego quiso encajarle un cuchillo y tampoco pudo, se le escapó y salió volando por la ventana. El día de la celebración todos estaban reunidos en el patio festejando a sus muertos, cuando de repente apareció la Catrina pero no se asustaron por que creían que era una vecina que se había disfrazado; el único que la reconoció fue el pintor quien comenzó a gritar y a decirles que esa mujer era un fantasma y que deberían hacer algo para deshacerse de ella. Los vecinos al escucharlo pensaron que estaba bromeando, pero insistía diciendo que él la había creado y que no era de este mundo. De repente la Catrina comenzó a flotar en el aire diciendo a todos que quería volver a ser joven y bella, y que únicamente lo lograría apoderándose de las almas de cada uno de ellos, ya que por cada persona que matara recobraría un año de vida. Al escuchar esto, todos comenzaron a correr en diferentes direcciones para ponerse a salvo, pero no lo lograron y cada vez que envolvía a una persona con su vestido, su cara iba cubriéndose de carne y su ropa vieja comenzaba a renovarse. Poco antes del amanecer ya se había apoderado de todas las almas de esa vecindad; sólo le quedaba la persona que le había dado la vida y la más importante, ya que él mismo la había creado y, apoderarse de él le daría la vida eterna. De pronto se lanzó contra el pintor y lo tomó del cuello, acercó su cara con la de él y de su boca salió humo negro que lo envolvió todo. Con toda su fuerza lo arrojó hacia un cuadro en el que había estado trabajando el pintor y ahí quedó plasmada su figura por la pintura fresca. Al amanecer ella salió de la vecindad siendo una joven bella y comenzó a caminar por las calles de la ciudad sin que nadie se diera cuenta de que en realidad era un fantasma. Pasaron los años y esa vecindad se convirtió en el Museo de la Muerte de la ciudad de Aguascalientes, visitado por miles de turistas atraídos por la historia de la Catrina y por el cuadro donde quedó plasmada la figura del pintor.

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Juan Jesús Díaz González Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “B”

La Catrina

En el año 2000 la gente hablaba sobre una mujer muy rica a la que le decían la Catrina; ella era una vieja fea y amargada. Al pasar el tiempo, corrieron rumores de que había muerto, otros pensaban que había salido del país, pero la verdad era que ya estaba muerta, enferma por el odio que tenía por los demás. Todo comenzó un domingo en la madrugada cuando, primero, dos hombres aparecieron muertos frente a la casa de la Catrina; luego se fueron acumulando más muertes en ese mismo lugar, lo raro era que siempre aparecían las víctimas frente a esa casa. En una ocasión tres amigos, dos hombres y una mujer, estaban caminando por la Plaza de la Patria de la ciudad de Aguascalientes cuando, de pronto, vieron a una mujer vestida de negro y con un sombrero que le cubría el rostro. Los tres trataron de verle la cara pero como no pudieron, uno de ellos comenzó a decirle malas palabras; en eso ella volteó a verlo y el joven murió de manera instantánea. Los otros dos amigos se asustaron mucho, corrieron y entraron a la casa más cercana, sin saber que justo era la de la Catrina. Ella los siguió y ellos se encerraron en una habitación donde se escuchaban ruidos detrás de las paredes. Juan, con mucho temor, se acercó a una Alexis Serrano Venegas pared mientras Delia le rogaba que no lo hiciera; Juan golpeaba junto a ese muro, lo que ocasionó que se desprendiera un trozo saliendo de ahí unos huesos humanos; ambos decidieron enterrarlos inmediatamente. Salieron de la casa y, cuando se dirigían al panteón, la Catrina estranguló a Juan. Delia tomó los huesos y corrió; la Catrina la seguía pero no le hacía nada gracias al rosario que traía colgado en el cuello; tomó una pala y empezó a cavar un hoyo. Cuando terminó, colocó los huesos y los enterró. Al intentar salir corriendo de ese lugar, ella tropezó; en ese momento el rosario se le desprendió y se rompió; ella lo tomó con su mano y volteó a todos lados, dándose cuenta de que ya no estaba la Catrina, sin embargo, ese terror acompañó a Delia el resto de su vida. Al paso del tiempo, un hombre llamado José Guadalupe Posada llegó a vivir a ese lugar; construyó una casa en un terreno donde alguna vez fue un panteón, precisamente en el que fueron enterrados aquellos huesos por Delia. Es así que a José se le aparecía la Catrina, pero no le hacía nada porque él tenía un gran parecido al único hombre que Catrina amó y que fue su esposo. Guadalupe Posada platicaba con ella y también la dibujaba, siendo así como creó a este personaje tan representativo en la ciudad de Aguascalientes.

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Juan Ramón Padilla Femat Telesecundaria No. 140 “Revolución Mexicana” 1º “A” Una Catrina enamorada Había una vez una bella dama llamada Catrina que estaba enamorada de un apuesto joven de nombre José. Catrina vivía en un pueblo llamado La Barranca, lugar en donde cada año se celebraba una fiesta de disfraces con motivo de las festividades del día de muertos. Cada año, Catrina asistía a esta fiesta esperando que José la viera, pues su amor por él era muy grande, aunque José no se daba cuenta y, por el contrario, él pensaba que Catrina no lo amaba y por eso le hablaba realmente muy poco. Pasaron varias semanas, meses y años asistiendo a tal celebración, y ellos seguían igual: se hablaban poco creyendo que ninguno se interesaba por el otro. Un día se encontraron en la calle y ahí fue donde José, al ver que pasaba mucho tiempo sin declararle su amor a ella, se atrevió a dirigirle la palabra para entablar cualquier conversación y conocerse aún más. Al principio, cuando José comenzó a platicar más con ella, Catrina se sintió muy nerviosa pero contenta a la vez porque fue la primera vez que se hablaban como si fueran grandes amigos. Estuvieron mucho rato platicando de todo y, desde entonces, comenzaron a verse más seguido. Un día José tomó la decisión de pedirle a Catrina que fuera su novia, pero pensó que lo mejor sería declararle su amor justo en la fiesta de disfraces con motivo del día de muertos de ese año. Al llegar ese día tan esperado, José partió rápido a la fiesta creyendo que ella ya se encontraría ahí, pues quedaron de verse a determinada hora, pero en realidad Catrina no había llegado porque aún no estaba lista, pues su disfraz sería de calavera elegante con vestido largo y sombrero con velo; todo en color negro. Al terminar de arreglarse se dirigió rápido a la fiesta porque ya llevaba muchos minutos de retraso; era tanta su prisa por llegar que, durante el camino, accidentalmente cayó a un río y murió ahogada. José durante toda la fiesta la estuvo esperando para declararle su amor, pero ella nunca llegó. Él pensó que Catrina tal vez no lo quería, sin saber que en realidad ella siempre estuvo esperando que él le dijera que la amaba y así estarían igualmente correspondidos. Muy triste José volvió casa y nunca más la volvió a ver a ella, aunque desconocía lo que en realidad había sucedido. Al año siguiente, durante la celebración del día de muertos, José se presentó a los festejos con la esperanza de volver a verla. Catrina se apareció en la fiesta reprochándole que no la hubiera buscado antes porque siempre lo había querido. Al ver el rostro de Catrina, José, pálido y sin dar crédito a lo que veía, se desmayó del susto al descubrir que ella era una calavera. Fue hasta el siguiente día cuando, preguntando entre los habitantes del pueblo La Barranca, descubrió que ella había muerto un año antes, tras caer a un río profundo. Catrina, desde entonces, cada año se aparece en esas festividades penando por José. Ha pasado el tiempo y de José nunca se ha sabido nada. Dicen que desde el día que descubrió el cadáver, él de la impresión y la tristeza también murió. Ahora los dos se encuentran juntos, disfrutando de su amor y apareciendo en cada celebración de muertos para gozar con todo su amor de esas festividades.

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Julio Luis Pedroza Martínez Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

La Catrina Justiciera

Hace mucho tiempo en la ciudad de Aguascalientes, después de que José Guadalupe Posada creara el famoso personaje de la Catrina, algo extraño comenzó a suceder en la ciudad. Una fría mañana de diciembre se encontró el cuerpo de un hombre degollado, con una expresión de horror en su rostro, que sujetaba en su mano un pedazo de tela negro parecido a un vestido de mujer. La gente murmuraba haber visto a la Catrina rondar por las calles de la ciudad, con su vestido negro y su extravagante sombrero. Corrió el rumor de que la culpable del asesinato había sido la Catrina y que, en la medida de lo posible, evitaran los habitantes salir de sus casas después de la media noche. Mucha gente no le dio importancia a la recomendación, sobre todo los hombres que salían a buscar diversión por las noches. Uno de ellos fue Pedro López, un humilde albañil que después de salir de la cantina empezó a notar que alguien lo seguía; caminó tan rápido como pudo cuando de repente, al dar vuelta en un callejón obscuro, se topó de frente con don Camilo que se dirigía a su casa. -Don Camilo, ¡qué susto me ha metido! Pensé que era la dichosa Catrina, ya ve que andan diciendo por ahí que se aparece por las noches. -Yo también venía apurado porque ya son más de las doce y más vale prevenir que lamentar; luego nos vemos, vete con cuidado a ver si no se te aparece la Catrina. –No don Camilo, yo a esa Catrina me la llevo si quiere hasta a un baile, ja, ja, ja. Dos cuadras adelante, de nuevo comenzó a sentir una extraña presencia que lo seguía, de reojo volteó hacia atrás pero no vio a nadie; luego, al darse la vuelta completa, tenía enfrente a la mismísima Catrina quien, sin darle tiempo de hacer algún movimiento, lo degolló con un cuchillo de la misma forma como asesinó al otro hombre. Al día siguiente todos los periódicos anunciaban una muerte más. El temor en la gente se hizo más fuerte y comenzaron a surgir nuevas versiones de que quizá alguien se estaba aprovechando de la fama del personaje de Posada; incluso la desconfianza apuntaba al mismo autor de la Catrina, ya que algunas personas aseguraron ante la policía tener evidencias de que el causante de esas muertes era él. Las autoridades no dudaron en arrestar a Posada; fueron directamente hasta su casa para enjuiciarlo. -¿Qué tiene que decir a su favor? -Yo sólo tengo que afirmar que el personaje que todos conocemos como la Catrina no existe, es sólo algo que yo inventé, esto tiene que ser obra de alguna persona que se aprovechó del personaje para cometer sus atrocidades, pero yo no tengo nada que ver con esto. Después de horas de discusión las autoridades decidieron dejarlo en libertad, ya que no había una prueba contundente que lo incriminara, pero como era el único sospechoso, le advirtieron que de llegarse a cometer otro asesinato en la ciudad sería fusilado sin contemplación. Pasaron dos semanas y todo parecía volver a la normalidad en Aguascalientes. La gente poco a poco comenzó a ser la misma de antes disfrutando las salidas nocturnas, hasta que sucedió una nueva tragedia. Doña Catalina, una viuda de familia acomodada, había salido tarde de la boda de su hermana; cuando se dirigía a su auto fue atacada por la Catrina. Al salir de la fiesta, todos los presentes encontraron el cuerpo degollado y comenzaron a correr a sus casas.

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Los policías cumplieron con la promesa de capturar a Guadalupe Posada. Al día siguiente sería fusilado delante de toda la ciudad, pero esa noche, triste y frustrado en lo más obscuro de la celda, una sombra muy obscura se empezó a formar, José no lo podía creer, era la verdadera Catrina ante sus ojos. -No puede ser, ¿en verdad existes? Pero si eres producto de mi imaginación, yo te inventé. -Tú sólo me diste un nombre ante la gente, pero en realidad yo he existido siempre con diferentes nombres; te agradezco por la manera en que me has mostrado ante el mundo y por eso estoy aquí, vine a hacerte el favor que quieras, dime y lo haré. –Debes hacer que la gente descubra la verdad. La Catrina se desvaneció en ese momento. Mientras tanto, el oficial Juan Mendoza se dirigía por el sentenciado cuando se dio cuenta de que alguien lo seguía; era la Catrina falsa que se encontraba frente a él: en ese preciso momento se apareció la verdadera Catrina y se llevó al verdadero culpable de los asesinatos. El oficial corrió a avisar a sus compañeros quienes no podían creer lo que decía, así que se dirigieron al lugar de los hechos y encontraron el cadáver de un hombre vestido de Catrina. Al parecer nadie supo la identidad del autor de los crímenes, sólo constataron que la verdadera Catrina había puesto en su lugar a quien había manchado su nombre. Fue así como José Guadalupe Posada recobró su libertad y por fin la ciudad recuperó la tranquilidad.

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Karen Lizbeth Santos Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

Lo que sucedió después del 2 de noviembre

Había una vez una niña que siempre salía a pedir muertito por las noches disfrazada de Catrina el 2 de noviembre de cada año. Un día salió de su casa como a las once de la noche y su mamá le pidió que regresara lo más pronto posible. Le gustaba pasar por unos callejones oscuros, pero en años a t r á s nunca se había asustado. Andaba tranquilamente por los callejones y miró a una m u jer con vestido negro y un sombrero elegante; la niña se sorprendió al verla, pero siguió su camino. Más adelante se volvió a encontrar a la misma persona; ella no hizo mucho caso y llegó a una casa, tocó y dijo: -Quiero muertito. -Entonces la señora le contestó: -Ve al panteón. -Pero ya no era hora porque le cerraron la puerta. Aquella niña siguió caminando y más adelante se encontró con unos niños que le quitaron los dulces que había juntado. La niña decidió regresar a casa e iba triste por lo sucedido; en el trayecto pasó por el panteón y escuchó un llanto acompañado de algo que caía de la bodega dentro del panteón. La niña decidió abrir las puertas del panteón, entró sin hacer ruido y miró a muchos fantasmas y muertitos que festejaban su día; no se había percatado de que en el suelo había muchas latas tiradas y, por accidente, al intentar salir corriendo del panteón se tropezó; entonces los muertitos dijeron: -¿Quién anda ahí? -La pobre niña se asustó tanto que se quedó paralizada sin saber qué hacer; vio un sótano y se escondió para que no la vieran. Ya iban a dar las dos de la mañana y la niña aún no regresaba a casa. Su mamá salió a buscarla, pero no la encontraba. Dio parte a las autoridades competentes reportándola extraviada, pues no sabía que la niña se encontraba encerrada en aquel tenebroso lugar. Más tarde entró el panteonero a arreglar una llave del agua; al verlo la niña se asustó más e intentó echarse a correr para salir de ahí, pero no pudo porque se percató de que el panteonero también era uno de los fantasmas que estaban en el pasillo de ese lugar. Dieron las cuatro de la mañana y la niña no salía de ahí. Sintió mucha sed y con temor salió de su escondite a tomar un poco de agua de la llave; de repente miró a la Catrina que se le apareció por el pasillo; era la misma Catrina que la seguía cuando pedía su muertito en las casas. Días después encontraron a la niña tirada en el sótano del panteón pero se encontraba sin vida. En ese momento nadie supo qué pasó, pero posteriormente encontraron a los culpables quienes revelaron a la policía lo sucedido. La verdad nunca salió a la luz pública, sin embargo, todos comentaban que su muerte fue espantosa porque la encontraron con quemaduras en el cuerpo. Esta historia la murmura mucha gente que ahora toma precauciones; dicen que a muchas otras niñas les pasó lo mismo y, al igual que la protagonista de esta historia, también las han encontrado tiradas en el sótano del panteón en las mismas condiciones.

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Karen Marely Delgado Aréchiga Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “A”

Un amor negro Un día, en una casa de recreación cultural cerca de la playa, en la increíble Chiapas, se encontraba un grupo de estudiantes de preparatoria quienes llegaron al lugar para saber más acerca de ese museo. En ese grupo se encontraba una pareja de amigos que se querían mucho, como almas gemelas. Ellos eran Michelle y Sebastián. Además de ser los más grandes de por ahí, había un amor aún más fuerte que el de la amistad y era difícil para los dos decirlo, pues creían que no se iban a poder corresponder. Después de ese recorrido cultural, ambos fueron a tomar un café y llegaron a la costa de la playa para poder relajarse. Ahí se encontraba un señor de la tercera edad a quien le era muy difícil caminar porque tenía la espalda encorvada; portaba un saco formal y un sombrero de copa negro. Michelle y Sebastián se preguntaban por qué el señor vestía tan formal en la playa. Michelle comentó: -De seguro va a una fiesta o a una reunión. –No creo –contestó Sebastián- de seguro ha de estar perdido; ven, acompáñame y vamos a platicar con él. Ricardo Alexis Valdez

Michelle fue con Sebastián y le dijeron al señor: -Permítanos ayudarlo, seguro está perdido. -No, no lo estoy, sólo quería estar a solas un rato recordando lo que fue mi vida pasada. –Vengan, siéntense conmigo –dijo al acercarse al lugar donde estaban Michelle y Sebastián- porque veo que entre ustedes hay una linda amistad. Después el señor cayó en llanto; Michelle se acercó a él y le dijo: -Señor, cuénteme qué le pasa, no se debe apenar, tenga por seguro que puede confiar en mí. -Está bien -contestó el señor- veo que tienes un alma pura y buena, confiaré en ti y te lo contaré. Después se hizo un silencio devastador, él suspiró y comenzó a narrar: -Esta historia era de mí y de mi hermosa Caty, ese era su nombre; ella era mi esposa, una mujer coqueta y muy hermosa, lo malo era que cuando se enojaba quería venganza. Ahora la he perdido.

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Después de unos segundos empezó a llorar de nuevo y Michelle le dijo: -Cuénteme señor, ¿por qué razón la perdió? Tal vez yo pueda ayudarle a recuperarla. -Te tomaré la palabra, ahora tomaré tu cuerpo y ella tomará el tuyo. Cuando Michelle y Sebastián escucharon lo que decía el señor, pensaron que estaba loco y se rieron de él quien, enojado, levantó la cabeza y dijo unas palabras desconocidas al cielo; en ese momento el ambiente se tornó denso y el cielo azul se oscureció, en tanto que las olas se movieron con gran velocidad en varias direcciones. Michelle y Sebastián se miraron fijamente y, preocupado, Sebastián la abrazó muy fuerte. De la nada apareció un cuerpo de cara blanca y un velo negro enorme, el cual se acercó vilolentamente hacia ellos. Michelle cayó rendida en los brazos de Sebastián, ya que ese extraño ser se metió en su cuerpo. Sebastián, muy asombrado, le preguntó al señor: -¿Por qué dejaste que esto pasara? Ahora Michelle estará poseída por ese cuerpo maléfico. -Ella lo decidió así, ahora mi esposa amada estará siempre conmigo, ¡quítate de ahí y déjame terminar este ritual! Confundido le preguntó gritando: -¿Por qué te la llevas? Ella es mi verdadero amor, no es justo que la apartes de mi lado y tú tomes el cuerpo de ella como si fuera de tu propiedad. -Es porque no la quieres lo suficiente y nunca le declaraste tu amor. Sebastián lo hizo caer, tomó el cuerpo de Michelle entre sus brazos y dulcemente le dijo: -Te amo, siempre te amé, no me arriesgué a decírtelo por temor a que tú no me correspondieras igual; te pido disculpas pero por favor vuelve a mí. Sebastián se recostó en su pecho y empezó a llorar. De repente salió del cuerpo de Michelle ese ser extraño, se retiró ansioso y dijo: -Ahora sé lo que es el amor verdadero, yo no podría adueñarme de ella, pues ahora entendí que ella es tuya, sólo tuya. El cuerpo se retiró y se desvaneció así como el cielo azul oscuro. Las nubes se esparcieron y nuevamente el sol deslumbró. Michel despertó, Sebastián la besó y ella le preguntó: -¿Por qué lo hizo? -Porque comprendió que tú eres el amor de mi vida. Después de ese suceso el señor no regresó jamás por ese lugar. Algunos vecinos afirman que desapareció al igual que su querida Caty, la verdadera Catrina.

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Karen Pamela Castillo Robles Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1º “D”

La Catrina Al principio del año 1800, en un pequeño pueblo llamado El Ojo del Tigre, habitaban personas muy prejuiciosas. En la mitad del pueblo había una casa grande, la más grande de todas y ahí vivía una familia de mucho dinero. La señora siempre deseó tener un hijo varón, pero no fue así porque resultó que nació una hermosa niña a la que pusieron por nombre Carina. El día de su nacimiento, la mamá, al ver que era una mujer, se decepcionó tanto que la sonrisa de su rostro jamás se volvió a dibujar. Pasaron los años y con ellos la niña fue creciendo, Carina se la pasaba en el patio de su casa jugando con lo que se encontraba, ya que ella nunca obtenía la atención de su madre. Armaba muñecas de paja para no sentirse sola y platicaba con ellas. En una ocasión la mamá tuvo un ataque de ira, pues estaba muy decepcionada por no poder tener otro hijo. Llegó a un punto en el que se enojó tanto que encerró a Carina en un pequeño cuarto obscuro diciéndole: -¡Tú no debiste haber pertenecido a esta familia, así que pasarás el resto de tus días sola y encerrada! Ya no quiero verte. Carina se sintió desconsolada al escuchar cómo su madre la odiaba tanto. Así fueron pasando los años y Carina cada vez estaba más débil, pues no recibía el alimento que necesitaba. Finalmente la madre tuvo otro hijo y, en esta ocasión sí fue un varón. Al momento de dar a luz a este hermoso bebé, la mamá volvió a sonreír como hacía varios años que no lo hacía. Decidió que lo mejor era mudarse a otro pueblo para que su hijo jamás supiera lo ocurrido con su hermana. Esa noche, la mamá fue a despedirse de Carina y le dijo: -¡Es hora de que yo me vaya! -¡No me dejes aquí! -gritó Carina con muchas fuerzas- libérame por lo menos de este encierro. –La madre no se tocó el corazón y la dejó ahí. A los pocos días Carina murió y esta historia se convirtió en leyenda. La gente del lugar dice que se le ha visto vagando en forma de calavera vestida a la usanza de aquella época, con un sombrero muy elegante. Ella busca a su madre para perdonarla por lo que le hizo.

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Karina González Piña Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A” Posada y la Catrina Hace mucho tiempo José Guadalupe Posada se mudó a un pueblo llamado Cañitas, Morelos; ahí las calles se hacían más tenebrosas por las noches; sus amigos no estaban de acuerdo con el cambio de residencia y le decían: -Mira que cambiarte de la ciudad a un pueblo, nomás a ti se te ocurre. José Guadalupe Posada hizo amistad con algunas personas que nunca habían salido de aquel lugar y le contaron la historia de la Catrina, leyenda que nunca fue del agrado del artista hasta cierta noche en que pasó algo extraño. Antes de meterse a la cama, Posada se arrimaba un vaso con agua al lado porque le daba mucha sed por la noche, de lo contrario, tenía que salir por ella durante la noche y caminar hasta la llave que estaba cerca del pozo a medio patio. Ya lo había hecho antes, pero después de haber escuchado el relato de las apariciones de la Catrina, ni por error quería salir de noche de la casa. Una noche Posada se quedó dormido, pero olvidó acercarse el vaso con agua. Luego de un par de horas lo despertó la sed. Temeroso observó la ventana en dirección a donde se encontraba la llave del agua y notó que el viento golpeaba muy fuerte las ramas de los árboles y se preguntó si sería la Catrina la causante de tal evento. Él mismo se tranquilizó y se puso los zapatos y la bata; agarró el jarrón para llenarlo de agua y salió lentamente de la puerta del patio; fue entonces cuando un aire terrible azotó la puerta; él trataba de no hacer caso a estas cuestiones de la Catrina y, con miedo, continuó llenando su jarrón; cualquier ruidito lo hacía estremecer; cuando terminó, el aire continuaba soplando fuertemente y fue entonces cuando se apareció la Catrina en medio del patio. Posada dejó caer el jarrón de agua y salpicó todo el vestido elegante de la Catrina; dejó a un lado el miedo porque le ganó lo caballeroso que era y trató de remediar el accidente limpiándole con su propia bata la humedad de su vestido; la calavera sintió una gran ternura hacia él, pues estaba acostumbrada a que todo mundo le huía en lugar de tener gestos amables con ella. Él se disculpó y a ella lo único que le quedó fue hacerle una reverencia en agradecimiento. Al regresar a su habitación el artista se sintió muy confundido, ya que la Catrina era todo lo contrario a la mujer que él se había imaginado. Se sintió atraído por ella y, esa noche, soñó que ambos paseaban por un bosque hermoso; ella traía puesto su gran sombrero y le sonreía coquetamente. La noche siguiente, intencionalmente Posada no llenó el vaso con agua; al despertarse con sed, rápidamente tomó el jarrón y salió al patio para ver si podía ver a la Catrina de nuevo; ella ansiaba también ese momento, así que se volvió a aparecer en el patio de su casa; en esta ocasión Posada la invitó a entrar y platicaron hasta el amanecer, dándose la oportunidad de conocerse; por fin ambos creían haber encontrado a su alma gemela. Desde ese día se volvieron inseparables hasta que, una noche, la Catrina le confesó que había venido por él porque ya le había llegado la hora de su muerte. Posada se sintió traicionado, él creía que Catrina lo amaba tanto como él a ella, sin embargo no era así; la calavera le dijo que no hiciera todo más difícil y que la acompañara, él le dijo que sí lo haría pero con una condición: que permitiera hacerle un retrato para que ella quedara plasmada en los corazones de todos los habitantes de Aguascalientes; ella aceptó. Si algún día quieres conocer a la Catrina, ella se encuentra esperándote en el museo Guadalupe Posada, nomás no hagas mucha confianza porque, detrás de esa sonrisita, puede que ya te esté esperando para hacerte compañía hasta el más allá.

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Karla Vanessa Estrada Guerrero Secundaria General N°5 “Convención de Aguascalientes” 2º “G”

Una catrina amigable

Había una vez una Catrina a la que le gustaba ayudar a los niños del planeta tierra cuando lo necesitaban. Ella solía disfrazarse de muchacha normal para que no le temieran y después poder hacerse de amigos; cuando los niños ya no necesitaban de su ayuda, se alejaba y se encargaba de dejarlos con una sonrisa, pues no le gustaban los niños tristes y hacía lo posible por darles felicidad. Una vez supo de un niño que no tenía padres y sufría mucho, ya que vivía con una señora que no le daba buena vida. En una ocasión, este niño se encontraba en su recámara y pensaba que si sus padres estuvieran con él tal vez no se sentiría despreciado y humillado. Lloró amargamente. Sus padres habían muerto en un accidente y la señora con la que vivía lo recogió, pero nunca le había dado el cariño que él necesitaba; de pronto, alguien tocó a la ventana y él se asomó, era la Catrina disfrazada de muchacha; sorprendido abrió la ventana y preguntó qué se le ofrecía. Ella le preguntó: -¿Te sientes sólo amiguito? -¿Quién es usted? -Me llamo Sara ¿y tú? -Yo soy Fernando, pero ¿qué se le ofrece? -Sólo vine porque busco un amiguito y creo que eres tú. -¿Yo? -Sí, tú. Sara le dijo que estaba ahí para ayudarlo a sentirse mejor, que si sus papás estuvieran con él, seguro estarían muy orgullosos de tenerlo. Fernando se alegró un poco y se hizo amigo de Sara, sin embargo, ésta temía que se diera cuenta de su verdadera identidad porque se asustaría y luego él ya no querría saber nada de ella. Tanta era la confianza que Fernando tenía en Sara que no le ocultaba secretos; a ella ningún niño la había echo sentir tan importante que sintió que no debía ocultarle más su secreto, pues él le estaba dando toda su confianza a una persona que ni siquiera existía; entonces decidió sincerarse con él. Muy atemorizado el niño salió corriendo de su casa cuando Sara le reveló la verdad, pero al atravesar la calle no se dio cuenta de que un coche pasaba a gran velocidad impactándose contra él. La Catrina inmediatamente lo llevó al hospital y se sintió muy culpable, ya que su propósito era ver a Fernando feliz. El doctor que atendió al niño le informó a la Catrina que estaba muy grave, por lo que ésta se dirigió a su habitación y le pidió disculpas por no haberle revelado la verdad antes; el chico le dijo que no había nada que perdonar, ya que lo importante era que estuvo con él apoyándolo y haciéndolo feliz; que él siempre la iba a querer y le prometió también guardar su secreto. Al siguiente día, Catrina regresó al hospital a visitar a su amiguito, pero el doctor no le tenía buenas noticias: Fernando había fallecido porque había perdido mucha sangre; ella se sintió muy culpable y triste, pero su consuelo fue que el chico por fin se reuniría con sus padres. Sara continuó con su encomienda visitando a otros niños e intentando superar la muerte de quien fue su amigo de verdad.

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Kassandra González Esparza Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

La venganza de la Catrina Hace muchos años existió un pueblo muy lejano donde habitaban pocas personas; ahí había una mala mujer a la que llamaban la Catrina; decían que ella era la dueña del pueblo. Era muy mala y todos los habitantes del lugar le tenían mucho miedo. Los niños, ante el temor de que les hiciera algo, maltrataban a la Catrina, pero había uno en especial que la trataba peor y la insultaba. La Catrina en realidad no era mala, creía que así eran los niños de traviesos y que sólo jugaban con ella, pero un día un niño la golpeó y sus amigos también le aventaron piedras y le pegaron con palos. La Catrina estuvo muy mala y tardó varios días en recuperarse. Desde entonces empezó a portarse mal con los niños porque no podía permitir que la siguieran tratando así. Un día los críos jugaban futbol frente a la casa de la Catrina y se les fue el balón hacia adentro de la casa. La Catrina ya muy molesta por el daño que le hacían, tomó el balón y lo destruyó frente a todos. Sentía ganas de correr a todos del pueblo y que la dejaran en paz, pero no lo hizo. Así pasó el tiempo sin que la Catrina no hiciera nada para remediar la situación. Pasaron los años y la Catrina se hizo vieja; estaba muy sola y los infantes del pueblo seguían maltratándola. Al poco tiempo ella cayó enferma y aún así, los vecinos Carlos Rodríguez Guevara la ignoraban y no la ayudaban. Hubo hasta quien le tiró sus medicamentos aprovechando que ella estaba en cama. Catrina ya no comía y quedó postrada en su cama. Menos la querían porque decían que ya no servía para nada, ni siquiera para que los niños se distrajeran con ella y le hicieran maldades. Pasó más de una semana sufriendo su enfermedad. Al día siguiente algunos niños entraron a su casa para fastidiarla pero se dieron cuenta de que ya no respiraba. Muy groseros le gritaban: -¡Levántese vieja, no se haga la muerta! -pero luego constataron que ya había fallecido. Para que no apestara, los vecinos la enterraron en el patio de su casa. Un día después los niños comenzaron a sentirse mal e inclusive uno de ellos en forma sorpresiva empezó a envejecer; apenas tenía diez años de edad. El amigo que trató peor a la Catrina se quedó paralizado al ver lo que sucedía y enseguida él murió. Los padres de los niños y los amigos creían que era un castigo de Dios por haber tratado mal a esa mujer, pero la realidad es que se trataba de la venganza de la Catrina.

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Kassandra Nallely López Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B”

La Catrina asesina

Esta historia trata de una familia que decidió irse a vivir al bosque, todo comenzó cuando uno de los integrantes, Juan, vio una casa abandonada en lo más recóndito del ese lugar llamándole mucho la atención, pero no entró; siguió su camino y, al llegar con su familia, le platicó a María, su hermana, sobre lo que había descubierto; a ella le entró curiosidad y le pidió que la llevara a ese lugar.

Al día siguiente Juan y María salieron muy temprano sin avisar a sus padres; caminaron durante una hora y media por el bosque; al llegar a aquella casa vieja vieron que por fuera estaba convertida en un desastre, con los vidrios rotos, sucia y oscura. Ambos sintieron mucho miedo pero decidieron entrar a la casa; cuando estaban a punto de hacerlo, se les apareció un señor que los había estado observando y escuchando, les preguntó qué hacían en ese lugar, a lo que Juan contestó con otra pregunta: -¿Y usted qué hace aquí?

Él respondió que sólo pasaba por ese lugar; entonces María le dijo que ellos también pasaban por ese sitio pero que tenían curiosidad por saber de quién era esa casa tan abandonada. Con cara de susto, el señor les comentó: -Yo sí sé de quién es; además, se dice que aquí murió una mujer asesinada a la que llamaban Catrina.

María se asustó y corrió; Juan salió detrás de ella y se dirigieron a la casa con sus padres. Ella platicó lo sucedido a sus otros hermanos, Mariana y Daniel, siendo este último quién sugirió que todos fueran a descubrir qué había dentro de ese sitio; todos decidieron hacerlo, así que esperarían a que amaneciera para emprender el camino a ese lugar.

Los cuatro hermanos esperaron al mediodía para que sus padres no sospecharan de su ausencia; así fue como emprendieron su camino a la casa abandonada y, aunque se les hizo un poco tarde, por fin llegaron. Entraron uno por uno y se dieron cuenta del desastre en que se encontraba en su interior, pues los muebles estaban llenos de polvo con telarañas por todos lados. María comenzó a asustarse y, al entrar a los cuartos, todos se aterraron al ver a una mujer acostada, misma que los sorprendió al agarrar la mano de Mariana quien gritó de miedo, para luego desplomarse muerta al ser degollada por esa mujer en presencia de sus hermanos que no pudieron hacer nada para salvarla. Horrorizados trataron de huir, pero lamentablemente no lo lograron. A María le mutiló las manos desangrándose lentamente hasta morir; a Daniel le quitó el corazón y a Juan le mutiló sus manos, sus piernas y prácticamente los descuartizó.

Ha pasado el tiempo desde que sucedió aquella tragedia. Hoy se cuenta que aquella casa abandonada siempre ha estado embrujada y que, toda aquella persona que entra a ese lugar, muere sin piedad a manos de una calavera a la que le llaman la Catrina y que fue quien la habitó muchos años hasta que murió asesinada.

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Kevin Galeana Calvillo Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 3º “J”

El misterio de la Catrina Había una vez una muchacha a la que le gustaba gozar de la vida; siempre estaba contenta, paseaba por las calles con su vestimenta negra y un sombrero grande de donde colgaba un velo que le cubría el rostro. Delgada y muy elegante, llevaba una sombrilla colgada del antebrazo; era discreta, no hablaba con nadie y la gente del pueblo al verla guardaba silencio; era tan fuerte su presencia que causaba miedo. Una noche fría y oscura, como era su costumbre, la muchacha salió a dar un paseo por las calles del pueblo, de pronto, al dar vuelta en una esquina chocó con un hombre alto, delgado y bien parecido; él quedó impactado al tomarla entre sus manos para evitar que cayera al suelo e inmediatamente le pidió una disculpa; ella, sin mirarlo, rápidamente continuó su camino mientras él, observándola, siguió su pasos hasta que la perdió de vista en la obscuridad de la noche. Al llegar a su casa lo esperaban su esposa y su pequeño hijo; en el tono de su voz se percibía lo consternado que estaba al platicarles lo que le había sucedido, además de que recordaba cómo al tomar de las manos a aquella mujer, había sentido un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Tiempo después de aquel suceso, el joven se dirigía muy temprano a trabajar y, como de costumbre, tenía que atravesar un tramo de cerro que quedaba al final del pueblo para llegar a sus tierras. De pronto, al subir por una vereda, tuvo la sensación de que alguien lo seguía, volteó hacia atrás y hacia los lados y no vio nada, en ese momento empezó a sentir un escalofrío semejante al de aquella noche cuando conoció a la mujer que vestía de negro, pero ahora el frío era más intenso, le llegaba a los huesos; rápidamente continuó su camino y durante todo el día lo asaltó el temor y la inquietud por lo sucedido. Al caer la tarde regresó a su casa, su mujer lo recibió con una sopa caliente y café; sentado a la mesa comentó a su mujer lo que le había pasado por segunda ocasión, ella le dijo que no se preocupara, pues esa madrugada había bajado mucho la temperatura y ella había sentido mucho frío al igual que él. Pasada una semana, el hombre llegó a su casa muy cansado y le dijo a su mujer que sólo le llevara un vaso de leche a la cama, pues había tenido un día muy pesado y necesitaba descansar. En cuanto se acostó se quedó dormido y comenzó a soñar con esa mujer misteriosa que le decía que se preparara, pues su partida sería muy pronto; que antes de lo que imaginaba habría cumplido su tiempo en la tierra. El hombre despertó gritando, mojado en sudor, su esposa lo tranquilizaba diciéndole que sólo había sido un sueño, sin embargo y para no angustiarlo más, ella le ocultaba que había visto varias veces fuera de su casa a una mujer con las mismas características que él describía, y que al igual que él, ella percibía algo malévolo cuando la veía. Al día siguiente, él se levantó muy temprano para irse a trabajar y se despidió de su mujer mucho más tranquilo que la noche anterior; al atravesar el cerro para llegar a sus tierras, se desató un viento muy intenso, los árboles se movían de un lado a otro y el frío comenzó a penetrar en su cuerpo; rápidamente se echó a correr de regreso a casa y, al entrar, vio a su mujer arrodillada a un costado de la cabecera de la cama de

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su hijo llorando inconsolablemente porque no respondía al moverlo; le gritaba y le hablaba, pero todo era imposible, su hijo había muerto. El señor le dijo que por favor lo dejara un rato a solas con el niño y que saliera de la habitación; ella obedeció y lo dejó solo, después se arrodilló frente a su hijo llorando y gritando, pero al levantar un poco la cabeza, con sorpresa vio que en los pies de la cama del pequeño estaba esa mujer vestida de negro y el sombrero con un velo que le cubría la cara; entonces le reclamó porqué se había llevado a su hijo, que él era muy pequeño y no se lo debía llevar; luego le pidió que se lo regresara. Ella le preguntó si estaba seguro de lo que estaba pidiendo y él, sin dudarlo, le dijo que sí. Cuando la esposa abrió la puerta, su pequeño hijo estaba sentado en la cama jugando y su padre recargado en ésta ya sin vida. La esposa nunca llegó a explicarse lo que había pasado esa mañana y tampoco volvió a ver a la mujer de negro que se paraba frente a su casa.

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Laura Cecilia Flores Martínez Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3º “C”

Amor traicionero Se escucharon los gritos y ella corría, pero no pudo más, de repente sintió que algo atravesó su cuerpo y cayó; sólo se veía la sangre corriendo por el piso. “Catrina” era como le decían a la esposa de don Héctor; vivían en una mansión ubicada al lado de un jardín en el centro de la ciudad; llevaban 6 años de casados, ella tenía 32 años y él 35. Héctor era un hombre muy guapo y de buena familia, ella también era hermosa; eran una pareja muy bonita y con mucho dinero. Un día hubo un baile en la colonia pero no todos llevaban pareja; después de algunas horas Héctor y Catrina fueron a descansar, ella con sus amigas y él fue al balcón donde había poca gente; de repente se le acercó una mujer y empezaron a platicar, su nombre era Violeta, de rato él la sacó a bailar y como Catrina estaba con sus amigas, no se dio cuenta que él bailaba con otra; más tarde Héctor fue a buscar a Catrina como si nada hubiera pasado; después que terminó el baile se fueron a sus casas y durmieron, pero ella notaba algo raro en él. Por la mañana Catrina despertó y no le hablaba a Héctor, pero esperó a que él le contara qué pasaba. DIARIO DE HÉCTOR Domingo 14 de julio. Me siento muy bien, muy feliz por lo que pasó hace unos días aunque un poco culpable, siento que debo decirle a Catrina la verdad, pero tengo miedo de que me vaya a dejar, es que tan sólo recordar a esa mujer de nombre Violeta, se me pone la piel chinita, tan hermosa mujer, diferente a todas las demás. Creo que no debió de pasar lo que pasó, pero cuando la escuché hablar su voz era tan dulce que me impresionó al igual que sus ojos y su cabello rojo intenso. Le tuve que responder y la invité a bailar; al tener su cara frente a mí me dieron ganas de besarla y, para ello, la llevé al balcón donde había poca gente y poca luz. Al tocar sus labios sentí lo que nunca había sentido con Catrina, pero a la vez culpable. Le dije que me tenía que ir, entonces la abracé, le pregunté dónde vivía y me dejó su dirección; yo le dije que iría a buscarla, pero no estoy seguro de hacerlo, aunque creo que sí iré a ver a esa bella mujer. DIARIO DE CATRINA Domingo14 de julio. El otro día en el baile, por un momento me fui con mis amigos y cuando regresé Héctor estaba muy raro, diferente de las demás veces, pero contento. A las ocho de la noche Héctor salió de la casa para ir a buscar a alguien. Han pasado los días y Héctor diario sale de la casa sin decir a dónde va. Yo sé que se ve con otra mujer y seguro que se trata de Violeta. Lunes 23 de julio. Me siento preocupada, he notado que Héctor sale muy seguido sin decirme a dónde va, pero no quiero preguntarle; he decidido que hoy lo voy a seguir sin que se dé cuenta. A las 8 de la noche Héctor volvió a salir de la casa, como siempre, sin percatarse de que yo lo seguía. Vi que llegó a la casa de Violeta, tocó, le abrió la puerta y lo recibió con un abrazo y un beso en la boca. Al ver aquello me sorprendí y sentí coraje y decepción; también sentí ganas de golpear a esa mujer que estaba con mi esposo, pero me controlé y no lo hice. Luego, dejé que pasaran varios días sin decir nada. Jueves 2 septiembre. Yo lo amaba y nunca me imaginé que me fuera a traicionar. Es tanto mi coraje que me voy a vengar sin importar cómo. Al día siguiente Catrina se levantó muy temprano y salió de la casa a escondidas; de rato regresó con una caja, entró a su cuarto y la guardó bajo la cama; luego hizo el aseo general de manera normal. Como siempre, dieron las ocho de la noche y Héctor salió de su casa; Catrina entró a su cuarto, sacó la caja y la abrió, dentro traía una pistola. Se dirigió a donde sabía que iba Héctor; cuando llegó, encontró la puerta entreabierta; entró silenciosamente y vio a Violeta arriba de Héctor besándose y acariciándose, entonces Catrina habló y les dijo: -Ja, ja, ja, hasta nunca. Violeta se levantó y empezó a correr; se escucharon gritos y ella seguía corriendo, pero no pudo más; de repente se escuchó un disparo, cayó y sólo se veía su sangre corriendo por el piso. Desde entonces Catrina sale todas las noches por las calles, en busca de mujeres y hombres traicioneros para hacer justicia por su propia mano y evitar que otras parejas vivan amores traicioneros como el que ella vivió.

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Leonardo Muñoz Macías Secundaria General No. 25 “Moisés García Sainz” 1º “A”

El museo de la Catrina En un museo, había una vez tres artistas que discutían sobre cómo querían que fuera una obra alusiva a la muerte; el primero dijo que la muerte le remitía a algo femenino y que definitivamente tenía que ser una mujer; el segundo estuvo de acuerdo, pero insistió en que debía llevar un vestuario negro que simbolizara la obscuridad del más allá y, el tercero, dijo que como buena mexicana debería de llevar un sombrero elegante, pero con el estilo de charro, propuso además el nombre de Catrina, en memoria de su tatarabuela que así se llamaba. El trabajo lo realizó el grabador José Guadalupe Posada y la Catrina ocupó, en pocos días, el pasillo principal del museo. Por las noches el lugar se tornaba obscuro y tenebroso; el velador evitaba pasar por donde estaba la Catrina, ya que aseguraba que se reía cada vez que la veía de reojo. En una ocasión, una familia visitó el museo para conocer la obra de tan afamado artista, al pasar por donde se encontraba la Catrina, el menor de los hermanos le dijo a su mamá que la calavera le había sonreído, ella no hizo caso del comentario y siguió observando las demás obras; ese mismo día, casi a la hora en que se cerraba el museo, una pareja se encontraba dentro de la sala de grabados cuando oyó unas carcajadas de mujer y que retumbaron en todo el museo, a ellos se les hizo muy extraño e incluso trataron de revisar los pasillos para ver si todavía se encontraba alguien por ahí, pero no vieron a nadie, después abandonaron el lugar.

Juana Paola González Guillén

A media noche, el velador estaba dando su revisión acostumbrada por los pasillos del museo cuando, de repente, apareció una mujer muy elegante con un sombrero grande lleno de plumas y un velo que le cubría el rostro, estaba muy contenta y reía a carcajadas; el velador, asustado, le dijo que ya no eran horas de andar paseando por el museo, que ya se fuera a dormir y dejara de andar dando lata porque ella era sólo una representación del trabajo de un artista y que hacía mal al espantar a la gente. La Catrina no podía creer lo que escuchaba, se quedó helada y, en lugar de reclamarle al velador, le dijo: -Tienes toda la razón, me veo ridícula haciendo esto ¿verdad? Lo que pasa es que yo soy un espíritu bonachón. ¿Acaso me veo tan tenebrosa y maléfica como tantos piensan? ¿Por qué no se fijan en mi sonrisa y en lo feliz que me veo en el grabado? ¿Acaso por representar a la muerte tengo que ser mala e infeliz? Mucha gente se equivoca. –Así es, elegante dama. Usted ya no se apure por eso, siga con sus carcajadas, pero cuando nadie la oiga, ¿qué necesidad tiene de que los demás piensen cosas equivocadas y qué necesidad tenemos nosotros de escucharla? Mejor quédese ahí quietecita y déjeme dormir. Desde esa noche ya no se oyen más las carcajadas de la Catrina, pero su sonrisa siempre nos está recordando que también muerto se puede ser feliz.

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Leslie Fernanda Carrera Delgado Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A” ¡Ten cuidado con la Catrina! Se cuenta que hace 100 años en la ciudad de Aguascalientes hubo una excursión tres días antes del día de muertos; todos los alumnos de la Telesecundaria “Jaime Torres Bodet” fueron invitados al panteón de la Cruz. En el camino estaban muy emocionados, especialmente los hombres. Cuando llegaron se hospedaron en un hotel cercano. Al llegar la noche, el maestro Lupe junto con el encargado del panteón, decidieron entrar al camposanto para hacer una oración a los difuntos. A la mañana siguiente los alumnos recorrieron el panteón, excepto Natalí, Leslie y Karina, quienes se quedaron con el maestro para preparar los disfraces para la fiesta del día de muertos. Al oscurecer los alumnos fueron a ver películas dentro del panteón, pero las tres compañeras se resistieron a ir porque les habían dicho que un día antes de la celebración de muertos ahí se aparece la tenebrosa Catrina. Los hombres, como se sentían muy machos, las obligaron a ir. Al llegar al panteón vieron que para su suerte éste se encontraba abierto y entraron. Observaron que el centro del panteón estaba vacío; ellos creyeron que habría más gente ante tal celebración, por lo que mejor decidieron regresar; al llegar a la puerta de salida ésta se encontraba cerrada con candado. Regresaron a la parte central del panteón y escucharon la voz de una de las tres amigas que gritaba -¡Ayúdenme, me quieren matar! Sus otras dos compañeras, nerviosas, dijeron que posiblemente era la Catrina. Entonces al maestro se percató de que efectivamente faltaba Natalí; para protegerlos, les dijo que corrieran y se escondieran en las diversas partes del panteón. Aún así volvieron a escuchar gritos pero ahora eran de su compañera Karina. Cada grupo decidió caminar hacia donde se oían los gritos para localizar a sus compañeros, pero no las encontraban. Todos se asustaron e incluso los hombres que se sentían muy valientes escucharon una risa tenebrosa. Ya eran las 4:30 de la madrugada. No podían salir del panteón y se mantuvieron escondidos en sus rincones hasta que dieron las seis de la mañana. Al intentar salir de sus lugares vieron una señora muy elegante y vestida de negro, en su cabeza llevaba un sombrero cubierto con un velo del mismo color. Ese día se celebraba a los muertos y, cuando el velador abrió la puerta para que la gente entrara, ellos salieron y se fueron al hotel a bañarse y arreglarse para luego regresar al lugar. Ahí la pasaron todo el día realizando las actividades que tenían planeadas, aunque nunca más se supo de las dos compañeras desaparecidas. Al llegar la noche el velador fue a invitarlos a ver una película sobre la Catrina y cuyo autor era José Guadalupe Posada; esta vez sí fueron porque el velador era quien los invitaba y era una persona seria. La experiencia que tuvieron fue inolvidable y, dos años después recibieron otra invitación al panteón los alumnos de la misma secundaria, pero en esta ocasión sólo acudió la mitad de los alumnos que ahí estaban inscritos. También asistieron todos los maestros, excepto el maestro Lupe. El maestro Lupe les advirtió que si no iba era porque diario soñaba que si regresaban al panteón, la Catrina y sus cómplices se reunirían para matar a todos sus compañeros. Y fue curioso porque, según lo narró el mismo profesor, desde entonces no volvió a saber nada de la gran mayoría de sus compañeros y alumnos de esa secundaria.

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Lesly Carrera Díaz Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A” La venganza de la Catrina Eran ya vísperas para el día de muertos; todas las personas se preparaban para ir a visitar a sus seres queridos al panteón. Unos ya habían puesto altares y otros habían decorado sus casas; en fin, todo estaba listo para ese día. Había una señora llamada Regina, era muy rica y siempre lucía vestidos y sombreros elegantes; ella también consideraba estas festividades importantes y participaba en ellas, sin embargo, siempre tenía pensamientos egoístas. Un día antes del día de muertos, su hija la escuchó decir que sólo las personas como ella podían calzar y vestir elegantes. Su hija le dijo que no debía pensar así porque alguna vez escuchó la historia de una señora que le decían la Catrina, que toda su vida había vendido garbanzos y siempre vestía muy elegante. Justamente el 2 de noviembre de cada año se aparecía para ver quién se burlaba de ella y, al que lo hiciera, le daba un pequeño susto; a pesar de ello Catrina no era mala. Regina pensó un momento y luego se burló de esa historia; pensó que sólo era una de tantas que se cuentan, pero nada más, y se fue tranquila a dormir. Esa noche estuvo soñando con la Catrina, vestida elegantemente y vendiendo sus garbanzos. Entre sueños Regina se reía de ella. Al día siguiente, día de muertos, Regina se despertó sin acordarse de la historia que le había contado su hija; se arregló, tomó lo necesario y se fue al panteón. Compró flores de cempasúchil que a su padre le gustaban tanto, y siguió su camino hacia el panteón. Cuando llegó Regina al panteón, éste se veía casi solo. Al principio sintió miedo pero después se tranquilizó. Se dirigió hacia la tumba de su padre, rezó un rosario por su eterno descanso, lloró y enseguida le puso flores. También le colocó platillos con lo que fue su comida preferida. Volteó a su alrededor, no vio a nadie y pensó que las personas eran ingratas al no acudir a visitar a sus difuntos, por lo menos ese día tan importante para ellos. Cuando terminaba de arreglar la tumba, escuchó que unos pasos se aproximaban hacia ella y pensó: “por lo menos alguien se dignó a venir y visitar algún familiar suyo”. Mientras, una persona desconocida se sentó en la tumba del padre de Regina; ella, sorprendida, no dijo nada pero por su cabeza pasaron muchas interrogantes. Pensaba en quién es, porqué se sentó ahí, porqué ni siquiera la miraba, porqué no le hablaba. Pensó en salir corriendo y contárselo a su hija, pero se contuvo y decidió averiguar de quién se trataba y qué intenciones tenía al sentarse ahí. La persona desconocida portaba un sombrero que le cubría la cara y eso impedía que Regina pudiera reconocerla. En ese momento, ese ser extraño se levantó el sombrero y Regina se sorprendió al ver que se trataba de la Catrina. Reaccionó y dijo: -¡La historia era cierta! -asombrada no supo qué decir ni qué hacer. Catrina en ese instante la saludó y le dijo: -Con que te gusta burlarte de las personas ¿verdad? sobre todo de los pobres sólo porque no contamos con la misma suerte que tú, nos humillas y eso no lo voy a permitir. Nosotros también merecemos que nos valoren y nos respeten. No te creas tan indispensable ni te sientas el aire que necesitamos para respirar. ¡Mírame! no soy rica pero visto y calzo igual que tú. ¡Anda! ¿No vas a decir nada? Regina le respondió: -No sé qué decir; creí que tú sólo eras una simple historia pero nada más. -Entonces Catrina le dijo: -Yo no te pido que cambies, pero sí te exijo que nos tengas un poco de respeto porque lo merecemos, ¿no crees? Al decir eso, Catrina sintió que se había vengado de esa mala mujer por humillar a los demás, y luego desapareció; esto sorprendió más a Regina quien, asustada, volteó para todos lados sin ver a nadie; sólo miraba la soledad de las tumbas del panteón. Se quedó otro rato ahí reflexionando sobre lo ocurrido en ese día tan triste. Al llegar a casa abrazó a su hija y le dijo: -Tenías razón hija, debí hacerte caso desde el principio. -Su hija se quedó asombrada por esas palabras y le preguntó porqué decía eso. Ahorrándose detalles, Regina le contó lo ocurrido en el panteón y le dijo que ahora se sentía comprometida para ayudar y respetar por igual a los más necesitados. Ahora Regina aprendió la lección. Entendió que la Catrina se había vengado de ella por su mala actitud pero que, después de todo, esa venganza era para hacer un bien porque su experiencia no fue tan dolorosa como otras, pero sí aprendió a tratar mejor a los demás y no humillarlos jamás.

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Lisbeth Moncerrath Martínez Peralta Secundaria Técnica. No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2º “B”

La conversión de Selene en la Catrina Era una pareja de jóvenes que se amaba mucho. Él se llamaba José, era alto, güero, de ojos verdes y cabello chino; ella era Selene, morena clara y de ojos café. José le propuso matrimonio a Selene pero había algo que le impedía aceptarlo: guardaba un secreto que a nadie había revelado, ni a su propia madre. Y es que años atrás ella había ido con una hechicera quien le dijo que si se llegaba a casar le sucedería una tragedia terrible, o bien, ocho años después de que eso ocurriera se convertiría en calavera; pero si no quería que le pasara nada, dos días antes de su boda tenía que matar a su madre. Por esa razón si decidía casarse se convertiría en calavera; en caso de aceptar casarse, se iría de ese lugar para que la conversión ocurriera lejos de su casa. Antes tuvo un hijo con José y lo bautizaron con el nombre de José Guadalupe. Hasta después se casó pero algún tiempo después se escapó dejando al niño con su mamá; también dejó en su recámara una nota: Querida Madre: Hoy me escapo sin decirte la razón. Sé que esto está mal pero, entre los motivos que me orillan a tomar esta decisión está que hace casi siete años fui con una Monthserrat Luévano Lugo hechicera; me dijo que si me casaba me ocurriría una tragedia terrible, pero si no quería que me pasara nada te tenía que matar. Dos días antes de mi boda estaba indecisa de hacerlo. Ya pasaron siete años con once meses y prácticamente en un mes me puedo convertir en calavera. No quiero que me veas cuando esto ocurra, por eso ya no regresaré nunca. No me busques y dile a José que lo amo. Cuida a José Guadalupe como si fuera tu hijo y, cuando sea mayor de edad, enséñale esta carta que deberán guardar muy bien para que no se entere antes. Posdata: Cuídate mucho y cuida a mi hijo. Atentamente: Tu hija Selene. Selene se hospedó en un hotel cerca de su casa durante veintiocho días; estuvo en un cuarto oscuro los dos días restantes esperando convertirse en calavera. Vestía de color negro y portaba un sombrero con velo del mismo color. El día veintinueve, después a las doce de la noche, se desvaneció y cayó en un profundo sueño para despertar hasta el siguiente día a las siete de la mañana ya convertida en calavera. Se puso por nombre “Catrina”. Al hijo de Selene, José Guadalupe, a sus diez años de edad ya le gustaba pintar. Pasaron los años y al cumplir la mayoría de edad se graduó como pintor. Él desde pequeño pintaba una calavera con vestido y sombrero negro; un día montó una exposición donde presentó todas sus obras desde que se iniciaba en la pintura. A muchos les gustaban los cuadros donde estaba pintada la calavera. Sin embargo, varias personas

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argumentaban que ya habían visto a la Catrina por las noches rondando por las calles de Aguascalientes; decían que ella siempre salía a las doce de la noche a pasear y, de día, se quedaba en un cuarto oscuro justo donde se convirtió en calavera. Algunas personas se acercaban a él para tratar de contarle la historia de la Catrina. Él bautizó sus cuadros de la calavera con ese nombre, sin saber que la mujer calavera que pintaba era su madre: Ante ello, su abuela se vio en la necesidad de contarle todo y mostrarle la carta que había dejado su madre. Él se sorprendió y sintió una emoción tan grande de saber la verdad, por lo tanto, siempre salía a las calles a las doce de la noche en busca de su madre. Un día vio, a varios metros de distancia, a la misma calavera que pintaba en sus cuadros; sintió deseos de hablarle pero no se atrevió; pensó que sería mejor dejarla en paz y se fue, pero comprendió que ella siempre estaría en su corazón. José, el papá, se casó con otra muchacha y tuvo hijos, pero siempre estuvo al pendiente de José Guadalupe por haber sido el hijo de Selene, que fue su primer amor. Su padre se enteró de la verdad mucho antes que su hijo, pues un año después de que la mamá de Selene encontró la carta en la recámara, su padre se enteró y fue a buscarla; se la encontró en la misma calle donde se conocieron y se enamoraron por primera vez; se acercó a platicar con ella, pero se escondía; al fin ella le confesó la verdad y le dijo que tuvo que irse porque lo amaba mucho y no quería hacerle daño. Ella le contó cómo fue su conversión en calavera; estuvieron platicando un rato y luego se despidió encargándole mucho a su hijo y pidiéndole que le dijera la verdad al cumplir la mayoría de edad. Selene, mejor conocida como la Catrina, ahora ronda por las noches en las calles de Aguascalientes. Los cuadros que pintó José Guadalupe, su hijo, fueron exhibidos en los museos de Aguascalientes y de otros estados, siempre se mantuvo en los corazones de quienes más la querían. La Catrina es honrada y venerada, inclusive en las fiestas del día de muertos, el 1 y 2 de noviembre. Se le recuerda porque vive en los corazones de las personas que más la querían y la apreciaban. José Guadalupe, quien la pintó si saber que era su madre hasta que le confesaron la verdad, todavía conserva los cuadros que pintó. En los museos de Aguascalientes y durante el día de muertos, las niñas se visten de Catrina para recordarla y pasarla bien con su familia y sus amigos, pidiendo dulces por las casas y recordándola con mucho agrado.

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Lisette Guadalupe Báez Dueñas Secundaria General No. 5 “Convención de Aguascalientes” 3° “J” El amor de Catrina Esta es la historia de una calavera, pero no cualquier calavera, sino de la más famosa de Aguascalientes: La Catrina. Esta bella dama estaba un día sentada en el jardín de San Marcos comiéndose un rico pan de muerto, lucía muy jovial con su sombrero lleno de plumas naranjas y moradas con muchas flores en el frente, su vestido largo hasta sus pies muy despampanantes, su paraguas en mano y sus zapatos brillantes. Estaba escuchando música sacra cuando, a lo lejos, vio a un hombre hecho calavera. La Catrina alzó la mirada y vio que lucía muy elegante, parecía un hombre de dinero porque portaba un sombrero, cigarro cubano, zapatos de charol, traje negro de líneas blancas, flores en el cuello de la camisa y un bastón. Pero sólo eso aparentaba, porque en realidad venía de una familia de poco dinero. Iba llegando al jardín y casi cruzaba la entrada cuando, de pronto, volteó a su derecha y vio a esta hermosa mujer calavera. Él se emocionó tanto que fue a comprar una bella flor roja, se acercó y le hizo una leve reverencia ofreciéndole la flor, misma que la Catrina aceptó. Se quedaron viendo un momento y luego él le preguntó cuál era su nombre. Platicaron largo rato hasta que él la llevó a su casa; quedaron de verse tres días después en el mismo lugar para platicar de nuevo. Llegó ese día y se saludaron; el Catrín bailó danzón con la Catrina y más tarde caminaron por el jardín. De rato se sentaron y él le dijo: -Eres muy hermosa Catrina, me gustaría verte más seguido. -Ella no le aseguró nada, pero luego él le dijo que haría lo posible para que entre ambos sucediera algo más que amistad. Pasaron los días y se veían en el jardín. Estas salidas se dieron durante tres meses hasta que el Catrín le declaró su amor; ella encantada aceptó. Luego de unas semanas empezaron a hacer planes de comprar una casa. La mamá de Catrina no aceptaba a Catrín porque él no tenía dinero. Un día que Catrín fue a casa de Catrina, escuchó que ésta discutía con su mamá porque ella no aceptaba la situación económica de él; así es que se fue y no regresó. Al día siguiente, la mamá decidió llevarse a su hija lejos de ahí para que no lo volviera a ver. Él se enteró de que Catrina se había ido y supo el lugar donde se encontraba, así es que comenzó a enviarle cartas todos los días. La mamá se enteró y todos los días rompía esas cartas sin que su hija lo supiera. La enamorada pensó que él ya la había olvidado al no recibir noticias suyas, pues no sabía que su mamá rompía esos escritos que diario recibía. Después Catrina conoció a una calavera llamada José, de muy buena familia y sobre todo con mucho dinero; la mamá pensó que él sí le convenía a su hija y aceptó la relación; se hicieron novios y se comprometieron en matrimonio en poco tiempo. Mientras tanto, Catrín empezó a construir su casa inspirándose en Catrina; no la podía olvidar. Un día a ella se le ocurrió visitar el jardín de San Marcos, lugar donde se conocieron, y empezó a preguntar por él; una calavera le dijo en dónde vivía y fue a visitarlo. Llegó a su casa y él, al verla, se sorprendió de su hermosura. Ella pensó que sería mejor irse, pues ya estaba comprometida y no debía visitar a Catrín; sin embargo, él la invitó a pasar a su casa y ella aceptó; comenzaron a platicar del por qué nunca volvieron a saber el uno del otro y salió la verdad: que su mamá había roto todas las cartas que él le mandaba. Catrina le dijo que no lo había olvidado, pero ya estaba a unas semanas de casarse con otro. Él le confesó que tampoco la había olvidado y que, incluso, el decorado de su casa estaba inspirado en ella, así que de pronto cambiaron todos los planes. Fue con su prometido y le dijo la verdad, que aún amaba a Catrín y que no podían casarse. A José le dolió aceptarlo pero entendió la situación. Catrina se fue rápidamente a casa de Catrín quien, al saber la noticia le dio un lindo beso. Al enterarse de esa decisión, la madre de Catrina rechazó la relación, pero su hija trató de convencerla y le dijo: -Tú no me vas a decir con quién me puedo casar o con quién debo vivir; eres mi madre pero no vas a mandar en mis sentimientos. Dime ¿Tú por qué te casaste con mi padre? ¿Por amor o porque te obligaron? A mí no vas a decirme con quien debo hacer mi vida porque esa es decisión sólo mía. La mamá de Catrina quedó pensativa por un momento pero finalmente entendió el gran amor que los unía. Esa misma noche, Catrín le dio el anillo de compromiso a su amada quién, con lágrimas de felicidad y una sonrisa huesuda, lo miró a los ojos y le respondió que sí aceptaba ser su esposa. Al comunicar a sus familiares del compromiso, todos recibieron la noticia con agrado, excepto la mamá, pero a Catrina eso ya no le importaba porque estaba a punto de casarse con el hombre de su vida. Planearon todo y la boda sería dentro de una semana. Llegó el gran día; Catrina y Catrín estaban felices; el papá de Catrina entró con ella al altar para iniciar la ceremonia que culminó con la bendición del sacerdote quién los exhortó a que sellaran su amor con un beso. Catrina y Catrín ahora son felices y ya nadie se los puede impedir. Ahora están juntos al hacer realidad ese sueño que tenían desde que se conocieron en el jardín de San Marcos. Vivieron en la casa que Catrín había construido para ella y es así como culmina esta gran historia de amor.

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Lissette Terán del Prado Secundaria General No. 17 “1º de Mayo” 1º “A”

La Catrina y la jaula de cristal Hace algunos años en México, Distrito Federal, había una hermosa mujer llamada Catrina, ella era una persona de la alta sociedad que vivía en un castillo de cristal. Un día como cualquier otro, Catrina observaba por la ventana cuando vio pasar a un joven muy apuesto; asombrada por su belleza, se inquietó y quiso salir del castillo pero, si ella daba un paso fuera de él, podría sufrir la maldición del castillo de cristal, la cual decía que si abandonaba dicho lugar estaría obligada a casarse con el señor Bonifacio, un hombre feo y avaricioso que la tenía como prisionera y que tenía como interés hacerla su esposa a como diera lugar. Catrina odiaba a Bonifacio y todos los días soñaba con salir del castillo para conocer al apuesto joven; pensaba que seguramente su nombre sería tan bello como él. Un día se encontraba en su habitación y de repente escuchó unas campanillas sonar; abrió la ventana, se asomó y vio pasar una caravana en la que iba ese apuesto joven. A pesar de la maldición, Christian Kevin Galena Catrina salió del castillo y, entusiasmada por ser la primera vez que dirigiría palabra con el apuesto joven, le preguntó: -¡Hola! ¿Cómo te llamas? -Hugo, ¿y tú? -Catrina; te he visto pasar varias veces y tenía la inquietud de conocerte; yo te observaba por la ventana del castillo; por cierto ¿te gustaría ir a tomar un café conmigo? Ella llevaba tanto tiempo prisionera que no sabía ni lo que era un café, pero fue lo primero que se le ocurrió. Platicaron mucho tiempo; ella se veía tan feliz con Hugo que por un momento se olvidó de la maldición que Bonifacio había proferido en su contra si abandonaba el castillo. Luego, Hugo la llevó a conocer todo a su alrededor; caminaron por los parques y entre los jardines; conocieron los edificios más hermosos de todo el lugar. Pasado el tiempo, él dijo que tenía que retirarse porque era hora de ir a trabajar, ella decidió acompañarlo y, para su sorpresa, resultó que Hugo era el trapecista del circo que se había instalado en la ciudad. Catrina disfrutó del espectáculo en el mejor asiento, nunca en su vida había visto algo así, gozaba presenciando todo lo que pasaba frente a sus ojos. Al terminar la función, el apuesto joven regresó con ella y le preguntó:

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-¿Qué te pareció? -Es algo hermoso y nuevo para mí -¿Por qué dices eso? -Yo he vivido presa en ese enorme castillo de cristal y, en estos momentos me han de estar buscando, pero no quiero regresar porque Bonifacio, el dueño del castillo, me obligará a casarme con él; además de ser viejo y feo, me ha mantenido cautiva con esa amenaza toda mi vida. -No te preocupes Catrina, si deseas te puedes quedar conmigo, espérame en el jardín, en unas cuantas horas llegaré por ti y nos fugaremos. Catrina muy entusiasmada esperó en el lugar donde acordaron pero él nunca llegó. En su lugar los secuaces de Bonifacio descubrieron dónde se encontraba; la acecharon y sin piedad alguna la mataron cumpliendo con las órdenes de su patrón; después la abandonaron en un paraje arbolado del cual jamás fue recuperada. Pasado el tiempo, un joven se acercó al árbol en el que ella había quedado incrustada después de que la golpearon hasta matarla. Admirado, sintió como si el árbol tuviera vida y desde entonces acudía a platicar con él. El árbol se ponía día con día más frondoso debido a las pláticas de aquel joven apuesto llamado Víctor. Un día ese árbol recobró vida y se transformó en Catrina. Luego, una vez que el joven regresó, ella se dispuso a conocer al joven presentándose ante él: -Hola, soy Catrina. -Qué raro, mi padre me contó que hace algún tiempo conoció a una hermosa mujer con ese nombre. Ella permaneció callada ante aquella confesión y él continuó: -Me contó que se quedaron de ver precisamente en este jardín, pero le fue imposible llegar, ya que un hombre muy malo llamado Bonifacio lo había golpeado hasta hacerlo perder la razón y, cuando recobró el conocimiento, llegó a este lugar pero ya no la encontró. Pasado un tiempo conoció a mi madre, se casó y nací yo. Mi madre ya falleció y él continúa trabajando para el circo como administrador. Catrina, consternada por lo que había escuchado, se moría de ganas de volver a ver a Hugo. -¿No me digas que eres tú la misma mujer que él no volvió a ver? -Sí, yo soy aquella mujer. Dicho esto, ambos se dirigieron rápidamente al circo y, cuando llegaron, ella se sorprendió muchísimo al verlo y no quiso acercarse. Víctor la invitó a pasar pero ella no aceptó. Ella lo vio y dio un suspiro enorme. El joven se acercó a su padre para decirle que lo buscaban, pero al volver la vista la mujer ya no estaba. Lo único que Catrina quería era ver nuevamente a Hugo para que su alma pudiera descansar. En ese momento vio una luz resplandeciente y caminó hacia su interior, al fin su alma se liberó, pues se dio cuenta que no había sido engañada y que la causa por la que aquel joven apuesto no había llegado a su encuentro, fue que Bonifacio lo impidió, afectando con ello su felicidad.

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Lizbeth Macías Flores Secundaria Técnica No. 18 “José Guadalupe Posada” 1º “B”

La verdadera historia del amor de la Catrina

Hace mucho tiempo en un lugar no muy lejano, vivía una jovencita llamada Dolores, era educada y respetuosa, pero sobre todo muy amable con las personas del pueblo. Lolita ya no tenía a sus padres pero vivía con una tía quien era maestra y le enseñaba todo lo que sabía; a su querida sobrina le encantaba leer y trabajaba como bibliotecaria en la misma escuela donde laboraba su tía. Un día como cualquier otro, salió a comer pero primero decidió llevar algunos libros a su casa; en el camino, un joven se distrajo y chocó con Lolita, ocasionando que se le cayeran los libros, pero él se portó como todo un caballero y le ayudó a levantarlos. –Discúlpame, soy un tonto. -No, no te preocupes. Ahí empezó todo; sus miradas se cruzaron y se vieron tiernamente a los ojos, entonces él le dijo: -Eres muy bonita. Pero qué tonto soy, no me he presentado, soy Andrés. –Mucho gusto, yo soy Lolita. Andrés la invitó a comer a un lugar muy tranquilo y le preguntó: -¿A qué te dedicas? -Soy bibliotecaria, por eso traía tantos libros. –Yo soy escritor, pero todavía no soy famoso porque no he publicado ninguna de mis obras, pero ten por seguro que mi primer libro te lo dedicaré. -Pero ni siquiera me conoces bien. -No necesito hacerlo porque yo siento que te conozco de toda la vida, -le dijo Andrés con mirada de enamorado. Sus salidas eran más frecuentes, parecía que Lolita se había enamorado también de él, pero no se atrevía a decírselo. Un día Andrés se armó de valor y le dijo: -Sé que sólo tenemos unas semanas de conocernos, pero eso para mí ha sido suficiente para que me traigas loco. ¿Quieres ser mi novia? -¡Sí! Nada me haría más feliz, -dijo ella con mucha emoción y lo besó. Un día, Andrés estaba sólo en la plaza escribiéndole un poema a Lolita cuando de repente llegó Karla, una muchacha que siempre había estado enamorada de él; le dijo que no podía olvidarlo, que lo amaba y que dejara a Lolita. Como él no hizo caso a su propuesta, Karla inventó una mentira para arruinar aquel romance. -Andrés, yo no quería decirte esto, pero Lolita no te quiere; el otro día la vi besándose con Daniel, ¿lo recuerdas? es el chico que siempre la anduvo rondando antes de que ella se hiciera tu novia. Andrés, aunque no quiso dar sentido a las palabras de Karla, se quedó con esa terrible duda que le daba vueltas por la cabeza y no lo dejaba en paz. Al día siguiente, él se mostró muy contento, como siempre, olvidando el comentario de Karla; se fue con rumbo a casa de Lolita, pero el cruel destino hizo de las suyas, al ver que a lo lejos Daniel estaba con Lolita. En realidad Daniel le comentaba a Lolita que era su cumpleaños y pensaba hacer una cena con la invitación de todos sus amigos; en ese momento estaba esperando a que llegara su novio para invitarlo también. Lolita felicitó a Daniel dándole un fuerte abrazo, pero Andrés a lo lejos cometió el error de juzgar a Lolita sin saber lo que pasaba. Pasaron los días y el pueblo repentinamente se estaba quedando con menos habitantes. Lolita estaba triste porque Andrés dejó de visitarla sin motivo alguno, hasta que decidió buscarlo en su casa; él salió con un semblante demacrado y le dijo: –Soy un tonto, andas conmigo, con Daniel y sabe con cuántos más. -¿Cómo puedes creer eso? Yo te amo y Daniel sólo es un amigo; no sé por qué crees que te engaño. -Karla me dijo la clase de mujer que eres tú y bien que tenía razón. -¿Cómo le puedes creer a ella que me odia? -La verdad es que ya no te creo Lolita, ya no te amo y te puedes ir al diablo. Lolita se fue corriendo y se dirigió a lo más obscuro y tenebroso de las orillas de aquel pueblo, en el camino tomó una cuerda y la colgó en un árbol, después escribió una nota:

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“No hago esto por venganza ni para que Andrés se sienta mal. Si él ya no me ama, ya no tengo cabida en este mundo. Perdóname tía. Perdóname Dios mío por lo que estoy a punto de hacer. Atentamente: Dolores”. Después se colocó la soga al cuello, metió la nota en su bolsillo y se ahorcó. Cuando ya estaba anocheciendo, se les ocurrió a Andrés, a la tía de Lolita y a otras personas ir a lo más alejado y obscuro del pueblo para buscarla, pues la muchacha no aparecía. Cada uno lo hizo por separado. La tía la descubrió y gritó desesperadamente, al tiempo que la descolgó, pero ya todo era inútil. Andrés llegó cuando ya estaba tendida en el suelo, la tomó entre sus brazos con mucho amor y llorando le gritaba: -¡Perdóname amor, yo te amo! Luego vio en su bolsillo la nota y, cuando la acabó de leer, sintió que su corazón se destrozaba y no sabía qué hacer; la cabeza le daba vueltas y sentía que se estaba volviendo loco. La tía de Lolita le decía: -Andrés, hijo, comprende que ella ya no… -Shhh, shhh, shhh, cállese, ¿qué no ve que la va a despertar? Ella está soñando, recuerde que no le gusta que la despierte tan temprano, si no se pondrá de mal humor y no me dejará decirle cuánto la amo, ni me dejará contarle que le haré una fiesta sorpresa el día de su cumpleaños y que ya voy a terminar el libro que le voy a dedicar. Durante el entierro, Andrés se escondía, no quería que nadie lo viera porque no podía dejar de llorar; de repente sintió un escalofrió muy grande porque del ataúd de Lolita empezó a salir algo negro como una sombra con la forma de su cuerpo. Él pensó que estaba alucinando y que no era real; esperó a que todos se fueran y se acercó a su tumba donde se leía el siguiente epitafio: Dolores de la Torre 1892-1912 “Murió por amor” Pasaron los días y empezaron a ocurrir cosas muy extrañas; casi cada semana había un muerto y a todos se les hacía muy raro. Algunos comentaban que era Lolita vestida de negro con un sombrero y un velo que tapaba su rostro porque no aceptaba estar tan sola en ese lugar. Decían que la veían todas las noches rondando por el pueblo porque su alma estaba en pena. Que cuando el sol se ocultaba, los habitantes se aterraban y no se acercaban ni a las ventanas porque ella podía llevárselos. Lucía muy elegante, por lo que la apodaron La Catrina. Hoy en día no saben si esa historia es sólo una leyenda del pueblo, pues se cuentan muchas cosas de este personaje. Lo que sí es seguro, es que en ese lugar algún día existió una pareja que se amaba demasiado.

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Lizeth Alejandra Escobedo Olmo Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “A” El secreto

El cielo se tornó plateado, mis manos cubiertas de sangre, su mirada desvanecida y mi vista nublada; todo pasó tan rápido, apenas puedo recordarlo, ¡este sentimiento que me carcome vivo! pude salvarla, pude evitarlo. Me reprocho todos los días el haberme quedado quieto, ella fue el amor de mi vida y la he perdido para siempre. Hay veces en que las personas tratan de tranquilizarte diciéndote el clásico “no fue tu culpa, tranquilo, sigue con tu vida, sólo fue un trago amargo”; tantas frases huecas que existen. Aunque sé que sólo lo hacen por tratar de ayudar, preferiría que se quedaran callados porque es más deprimente cuando te lo dicen. Ayer, medio mes después de su muerte, fui a su casa que estaba totalmente abandonada, pero todo intacto, los muebles, la ropa, su habitación, entre otras cosas. Sus padres se fueron una semana después de que muriera dejando todo, incluso a su gata negra llamada Medea y que aún seguía en la habitación principal. ¿Cómo había sobrevivido todo este tiempo? Tal vez se la pasó cazando ratones pero, ¿cómo con las ventanas cerradas al igual que la puerta? Aún así, seguía erizándose cuando me veía. Bueno, dicen que los gatos perciben cosas que los humanos no, aunque yo no creo en eso. Juan Ricardo Serafín García

Al entrar a su habitación vio que era un desastre, como si alguien hubiera entrado a destrozar el lugar, como si buscara algo y eso era raro porque la casa tenia facha de embrujada y nadie se atrevía a entrar, pues decían que ahí se aparecía una extraña mujer vestida muy elegante, con ropa de mediados del siglo XIX y que al darle la luz, se podían ver sus huesos. A mí me parecen locuras aunque ella siempre hablaba de ello, incluso fui su primer amigo, ya que nadie se atrevía a hablarle porque decían que era algo sombría y rara. Pero ¿porqué no aceptarla si eso era lo que encantaba de ella? Yo le decía que tenía mucha imaginación, que debería escribir un libro, ella sólo me miraba y me decía: -Mi mérito más grande ha sido poder hacerte daño y no haberlo hecho jamás. Yo nunca comprendí lo que me quería decir, incluso después de su muerte, puesto que un día antes de aquel trágico suceso me dijo: -Si lloras la pérdida del sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas. Todo este tiempo me he preguntado cómo fue que pasó; en un momento daba la vuelta en la esquina, al otro me gritaba por mi nombre; yo corrí en seguida, pero ya todo había sucedido, sólo me quedó solicitar ayuda y pedirle a Dios que no se la llevara.

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Me he decidido a encontrar al responsable de esto y llevar a cabo mi venganza. No me importa si esto va contra mi religión, así es que fui con Sagana, la bruja de la colonia; cuando entré ella dijo: -Adelante. Has venido para saber qué le pasó a ella ¿verdad? -Sí, pero ¿cómo lo supo? -Hemos sido amigas durante muchos siglos -¿Cómo que muchos siglos? -La vida es corta y el espíritu inmortal, su espíritu, ha sido capturado por los Lamiak, pero tienes una gran ventaja porque la Catrina está de tu lado; para poder salvarla tendrás que soñar despierto y encontrar el árbol de la vida, a ellos les gusta jugar. -Muy confundido me puse a meditar esa misma noche lo que ella me había dicho y, sin más, me quedé dormido. Mi sorpresa fue que la vi, vi a la Catrina caminando por un barrio sombrío y me dijo que la acompañara; al final de la calle todo era un paraíso, el pasto verde y muchos árboles con un letrero enorme que decía: “Sólo falta tu elección”; no lo comprendí al principio, pero adentrándome más en aquel lugar, pude ver una cerca de madera la cual encerraba una hermosa pradera de pastos dorados y que, en lo más lejano, tenía un enorme árbol cubierto de hojas verdes y azules. Me decidí a entrar y a la mitad del camino pude ver pequeños animalitos con alas jugando en el árbol. -Son los Lamiak -dijo la Catrina- así que me apresuraré a llegar. Cuando vi en el tronco del árbol un resplandor rojo deslumbrante, me acerqué y los Lamiak se pusieron a la defensiva, hasta que uno de ellos me dijo: -¿Qué quieres humano. -Vengo a rescatar al amor de mi vida. -Ella no puede salir del árbol, es una bruja muy poderosa, ya que su familia desde el inicio de los tiempos ha mantenido el equilibrio en el planeta; no puede irse o todo se derrumbaría. -Pero ella es… -Diferente, lo sé, no es como sus hermanas, ella es sombría, pero aun así es la más poderosa entre ellas. -Pero ¿acaso ellas no lo pueden hacer? -Si, pero se desequilibraría todo, aunque si la quieres rescatar… La Catrina me murmuró al oído: -¡Cuidado! Los Lamiak son muy traicioneros y no se andan con rodeos. -Él continuó: -Si la quieres rescatar tendrás que dar tu vida a cambio. -Eso me dio mucho qué pensar, pero comprendí todo: el cuerpo sólo es un peso, el espíritu alimenta el planeta. Comprendí que lo que ella me quería decir no era que me quisiera hacer daño, sino que me protegía porque a quien buscaban era a mí. Así que recapacité. Llamé a todo tipo de creaturas mitológicas que me ayudarían a combatir a los Lamiak; la Catrina tomó a uno y me dijo: -Lo necesitaremos, corre y sálvala, está dentro del árbol. Tomé el resplandor rojo y sentí una mano, era ella sujetándome fuerte, pidiendo que no la dejara, que no la olvidara ahí; la tomé con fuerza y la Catrina puso a un Lamiak, el resplandor se tornó verde y desperté. La Catrina seguía a mi lado y cuando desperté me dijo: -Esto aún no ha terminado, Sagana tiene el cuerpo de tu novia, lo ha estado cuidando y sanando para su regreso. -¿Su regreso? –Claro, sólo su espíritu se fue, más no su vida; ella sólo estaba en una especie de sueño eterno. Así que salí corriendo detrás de la Catrina que flotaba con gran rapidez hacia el bosque en el que el barrio había sido construido. Pude notar cómo nos acercábamos a una pequeña y vieja cabaña, de ella salió Sagana y dijo: -Todo está listo, ella está bien, la has salvado pero está muy débil, ahora está descansando. -La Catrina me dijo: -Vamos, entra, ella te está esperando. Entré corriendo y la vi toda pálida y desvalida: la tomé entre mis brazos y me dijo: -Un tiempo en una batalla es una victoria. –No me importa –le dije-, yo te protegeré con mi vida. Afortunadamente ella se recuperó y nos quedamos a vivir en la cabaña; vivimos muy felices y formamos una familia. La Catrina regresó a su sombrío hogar. Sagana vivió con nosotros como la tía de nuestros hermosos hijos y conservamos a Medea, esa gata odiosa. Sólo me queda decirte: -Si lloras la pérdida del sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas. -Lo demás es un secreto.

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Loyda Eunice Morales de León Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3° “A” El peor día de mi vida Yo cometí el gran error de haberme ido a aquella fiesta. Si le hubiera hecho caso a mamá esto no me hubiera pasado. Era el primer día de escuela cuando llegué al salón de clases; la maestra estaba sentada frente a su escritorio y nos pidió que nos presentáramos. Me dijo: -¿Como te llamas? -Carolina, pero todos me dicen Catrina. Las clases se pasaron rapidísimo. Llegué a casa muy temprano. Platiqué a mis papás cómo me había ido. Comí y posteriormente subí a mi recámara a hacer la tarea. Luego organicé mis labores del día siguiente hasta que me quedé dormida. En la mañana me desperté, me levanté, me bañé, me arreglé y bajé a la cocina a desayunar; luego me despedí de mamá. Cuando entré al salón de clases, se acercaron tres muchachas y me dijeron: –Hola. ¿Cómo te llamas? -Me llamo Carolina pero me pueden decir “Catrina. ¿Y ustedes quiénes son? -Mucho gusto Catrina; nosotras somos Keila, Sandy y Sofi. ¿Tienes amigos? -¡No! -Si quieres te puedes juntar con nosotras. -iClaro que sí! -contesté muy contenta al saber que tenía nuevas amigas. Como siempre, llegué a casa y platiqué a mis padres cómo me había ido. Les dije que tenía nuevas amigas, razón por la que les dio mucho gusto. Pasaron los días y me empezaban a hablar más compañeros. Keila me decía que no le hablara a otros porque tenían malas intensiones; me dijo que me estaba rodeando de personas que serían mala influencia para mí, pero no me daba cuenta que yo estaba cambiando mi actitud. Empecé a llegar a casa tarde y nada me importaba. No platicaba nada con mis papás y me estaba haciendo muy desobediente. Mis papas me regañaban una y otra vez, pero no les hacía caso. Un día Keila y sus amigas me invitaron a que nos echáramos la pinta y que no entráramos a clases. Yo le pensaba mucho porque eso nunca lo había echo; finalmente acepté y nos fuimos a una casa que estaba en un monte. Volvieron a pasar los días y yo no asistía a clases; mandaron llamar a mis padres para reportarles el hecho y ellos me regañaron mucho. En un momento hasta discutí fuerte con mi mamá y le grité, por lo que ella me dio una cachetada; en ese momento se me salieron las lágrimas y me subí a mi cuarto muy enojada. Ya no iba a clases, solamente me la pasaba en aquella casa del monte. Un día Keila llegó con una caja de cervezas y me dijo que me tomara una para desquitar todo el coraje que había pasado, me la tomé y así me fui una tras otra hasta ponerme borracha. En la mañana me desperté con un dolor de cabeza muy fuerte y desperté a Keila para irnos a nuestras respectivas casas. Al llegar a casa, vi que afuera había muchas patrullas; abrí la puerta vi a mi mamá llorando, me vio y corrió a abrazarme; los policías se retiraron y papá me preguntó muy enojado que dónde estaba y me dijo que ellos se habían preocupado mucho por mí. Yo les dije que estaba en una casa del monte. Me castigaron y no podía salir ni a la esquina de la casa; me llevaban a la escuela iban por mi, pero yo me reía porque de todos modos me seguía juntando con mis amigas. Ellas sí eran mala influencia, pero yo no me daba cuenta. Era un martes, me acuerdo bien. Keila me invitó a una fiesta en su casa y sería por la noche, yo le dije que no iba a poder ir porque estaba castigada. Keila me dijo que me escapara y yo le dije que lo pensaría.

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Llegué a casa y pedí permiso a mi mamá para ir a la fiesta, ella me dijo que no porque era muy peligroso y además estaba castigada. Subí a mi cuarto y me acosté esperando que cayera la noche. Bajé a la cocina por un vaso de leche y le dije a mi mamá que ya me iba a dormir. Subí, cerré la puerta con seguro y me salí por la ventana para irme a la fiesta. De rato llegué y todo parecía estar bien. Empecé a bailar, me ofrecieron un refresco y me lo tomé; después de un rato me empecé a sentir mareada. Uno de los muchachos que estaba bailando me llevó a un cuarto y ya no supe más. Al día siguiente amanecí tirada con un dolor de cabeza, me fui a casa, abrí la puerta despacito, entré y vi a mis papás abrazados llorando. Mamá parecía que volteaba a verme; yo les dije que ya no lloraran, que ya no lo volvería a hacer. Ellos seguían llorando y parecía que no me escuchaban por más que les hablaba. En eso me entró una desesperación y yo también quería llorar; quería gritarles y preguntarles porqué no me hacían caso. Voltee a mi alrededor y había muchas flores blancas, en eso los vi que todos estaban vestidos de color negro; ahí me di cuenta de que yo ya no estaba con ellos y sentí un nudo en la garganta. Empecé a llorar y llorar, diciéndome una y otra vez: -¿Por qué, Catrina, no le hiciste caso a mamá? Ahora vago por las calles de la ciudad, llorando por aquellos lugares donde vivo mi desgracia, buscando a aquel maldito que me asesinó.

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Luis Antonio Garita Delgado Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “A” Una Catrina presumida Esta es una historia de nuestro querido Aguascalientes, donde el día 2 de noviembre se festeja a los muertos y se hace una fiesta en grande que, hoy en día, ha tomado importancia nacional. Un día una niña le preguntó a su mamá porqué se celebraba a los muertos y ella le contestó que para recordarlos; para no olvidarnos nunca de nuestros seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros. Le explicó que en esta fiesta el personaje principal es una calavera con un atuendo negro muy elegante al igual que el sombrero que porta y el cual contiene plumas de avestruz. Le explicó que mucha gente se divierte con el personaje de la Catrina, a pesar de que es muy presumida. Unos dicen que la Catrina es mala y viene para llevarse a la gente al más allá, otros que sólo viene a asustar a los demás, mientras hay quienes piensan que es un personaje divertido. Inclusive, agregó la mamá de la niña, cuentan que un día se le apareció un fantasma a la Catrina y le dijo que si seguía siendo así de presumida, vendría otra vez por ella para llevarla al más allá de manera definitiva; así, ella ya no tendría oportunidad de convivir con los habitantes de Aguascalientes durante la fiesta de los muertos y sería olvidada por todos. La Catrina no hizo caso de esa advertencia y siguió siendo presumida, sintiéndose de la alta sociedad y humillando a los que menos tienen, pero en realidad ella nunca fue rica, sólo aparentaba ser lo que en realidad no era y nunca fue. El fantasma de la Catrina rondaba por las calles para cuidar que no molestara a nadie y que la gente estuviera en paz, festejando y recordando a sus difuntos. Pero ella no hizo caso y entonces, ese fantasma vino por ella a llevársela para siempre. Catrina le pidió una última oportunidad porque le gustaba que la festejaran el 2 de noviembre. Al lograr esa segunda y última oportunidad, comprendió que no debía ser tan presumida, así es que por eso cada año se le recuerda gratamente y su imagen permanece en las celebraciones anuales. Mucha gente la ve con temor por tener cuerpo y rostro de calavera, mientras otros la ven con mucho agrado. Lo cierto es que en Aguascalientes todos se divierten en esta fiesta en donde el personaje principal es la Catrina, grabado creado por José Guadalupe Posada, quien también nació en esta ciudad en el barrio de San Marcos.

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Luis Leonardo Corral Alvarado Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2° “B” La historia no contada de la Catrina

A finales del siglo XIX, cuenta la leyenda que Sor Graciela estaba enamorada de Fernando, el pianista de la iglesia; pero había un gran problema: Graciela era la jefa de las monjas de su orden religiosa y tenía muy en claro el pecado que estaba cometiendo ante tal sentimiento. Sor Graciela espiaba al músico, disfrutaba escuchándolo tocar el piano y soñaba con que algún día ella pudiera decirle lo que sentía. Fernando también tenía atracción por ella y cruzaban sus miradas cuando ella leía en misa o pasaba recogiendo las limosnas; él pasaba horas pensando en cómo hacer para acercarse a ella, ya que al interior del convento no podía entrar nadie que no fuera monja.

Ricardo Alberto López Rivera

En esa época las mujeres tenían únicamente dos opciones, o se casaban o se iban al convento. Graciela cuando era jovencita soñaba con casarse, pero nunca encontró al hombre indicado; todos eran muy groseros y de mal gusto, así que sólo le quedó la alternativa de ser monja.

Ella daba clases de catecismo los sábados por la mañana a los niños pequeños; después rezaba uno o dos rosarios e iba a la misa de dos de la tarde. En días comunes trabajaba desde el amanecer, lavaba, trapeaba y atendía un sin fin de tareas del convento; si acaso le quedaba tiempo, se ponía a rezar otro rosario. Un domingo saliendo de misa, leyó una convocatoria que invitaba a todas las mujeres del pueblo para que formaran parte del coro de la iglesia; sin duda alguna, Sor Graciela se inscribió en el coro, pero no porque le gustara el canto, sino para acercarse un poco más a Fernando. Los primeros días en el coro no mostró ningún afecto hacia el pianista, pero siempre se fijaba en él y en el movimiento de sus dedos al tocar; ella sentía que eran los días más felices de su vida. Llegaba más temprano a misa supuestamente para ocupar un lugar especial donde estaban sus compañeras monjas del coro, pero en realidad era para ver de frente a Fernando.

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Un día, cuando se disponía asistir al coro, recibió una misiva inesperada que decía: “Sor Graciela: Le informamos que ha sido propuesta para tomar la dirección de otro convento; usted dispone de tres meses para dejar ahí todo en orden. Los detalles de su intercambio se los daremos a conocer cuanto llegue allá a iniciar con su nueva encomienda. Atentamente…” La monja se impresionó tanto que estuvo a punto de desmayarse, sin embargo, esta situación la obligó a tomar una decisión y optó por confesarle su amor al pianista. Para ello, escabulló cuando terminó la misa en la que participaba Fernando y le comentó lo que sucedía; él sin dudarlo, le dijo que escaparan juntos, que se fueran muy lejos a disfrutar de su amor. La única condición que puso la monja fue que se casaran de una manera discreta antes de huir juntos, así es que esa misma noche Graciela preparó todo para su enlace nupcial. El cura que oficiaba la misa en el convento era su gran amigo y confidente, por lo que accedió a casarlos con tal de que ella no siguiera en pecado. Ella se puso un vestido largo de encaje con un velo blanco que le cubría el rostro y esperó a que llegara su amado, sin embargo, Fernando nunca llegó. Vestida de novia salió a buscarlo, pero en el camino, unos policías le dieron la mala noticia de que el pianista había caído de su caballo cuando iba a reunirse con ella y murió instantáneamente. Sor Graciela perdió la razón y nunca dejó de caminar buscando a Fernando para casarse con él. Con las plantas de los pies desgarradas y ante la falta de alimento, en medio del camino, un día cayó desplomada; era una mañana de invierno. Las personas que la encontraron muerta decían que parecía una calavera ante lo delgada que estaba y que su vestido blanco de novia se había convertido en harapos viejos y sucios. Esta leyenda la cuentan mucho los habitantes de la ciudad de Aguascalientes; es una de tantas que se cuentan sobre la Catrina, sólo que a ésta la llaman: “La historia no contada de la Catrina”.

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Luis Martín Siller Landín Secundaria General No. 3 “Congreso de Anáhuac” 3º “J” Cuento a la Catrina Fue un día de junio cuando, entre toda una comunidad, la gente decía que la Catrina era cobradora de vidas humanas; que ella era la misma muerte, pero venía especialmente por las almas de los que vivían en Aguascalientes. Cuenta la leyenda que era una mujer que había muerto en un accidente ferroviario y, desde entonces, se aparecía en la estación del tren para asustar a maquinistas y pasajeros. Durante mucho tiempo cobró varias vidas ante su enojo con los ferrocarrileros, pues decía que por culpa de ellos había sufrido aquel fatal accidente. Mucho tiempo pasó para que se dieran cuenta de que lo único que quería la Catrina era descansar en paz y no cobrar más vidas ajenas. Un día se apareció en la casa de José Guadalupe Posada. Él, al verla, se asustó y corrió a esconderse; la Catrina pensó que había ido a pedir ayuda y decidió irse de ahí. Pasaron varios días y ella regresó a la misma casa pero esta vez, muy astuta, lo hizo por la noche, cuando Posada se encontraba profundamente dormido; se sentó en un sillón a un lado de la cama y luego se recostó junto a él quien, entre sueños, escuchaba una dulce y macabra voz que le decía que, para hacer descansar a la Catrina, debería elaborar un hermoso cuadro de ella, en huesos y con la mejor ropa que había tenido en vida. Posada despertó y se levantó rápidamente de su cama; volteó hacia todos lados para ver de quién era aquella voz que le susurró al oído, pero no vio a nadie. Buscó por toda la casa y se asustó porque no encontró a nadie; sólo estaba él. Al siguiente día reflexionó sobre las palabras que escuchó entre sueños la noche anterior, así es que fue a la biblioteca para buscar información acerca de la Catrina. Investigó que se trataba de una calavera que siempre vestía de negro y andaba muy elegante; que, en vida, esa mujer había hecho cosas buenas y ayudaba a la gente pobre. Un día Posada estaba sentado en la sala de su casa cuando, de repente, vio entrar a la Catrina y muy tranquilo la recibió. Ella se acercó y, amablemente, le pidió de favor que informara a la población que él haría un grabado de ella. Su idea era que la gente la conociera, que supiera lo que le había pasado en aquel accidente ferroviario y que los maquinistas tuvieran cuidado para que nadie más muriera como ella. El grabador, muy consciente de lo que solicitaba la Catrina, comenzó la obra, pues quería ayudarla a descansar en paz. Una noche la Catrina volvió a entrar a la casa de Posada. Esta vez quería pedirle otro favor: que se presentara con la que había sido su familia en Guanajuato para informarles que ya había muerto, pues no sabían nada de ella desde que se fue a vivir a Aguascalientes. Al día siguiente él se trasladó a Guanajuato a encontrarse con la familia de la Catrina; llegó a la casa y, temeroso, tocó la puerta. Cuando le abrieron, con profunda tristeza les explicó que su familiar, a quien consideraban desaparecida, en Aguascalientes había tenido un accidente en el tren y ella había muerto. Al principio ellos pensaron que todo era mentira, pero después de que Posada empezó a platicarles más sobre la mujer, comprendieron que él decía la verdad. Se pusieron tristes y lloraron, pero José Guadalupe los tranquilizó y les dijo que él haría un grabado de ella y que si había viajado hasta ahí, era porque su espíritu se lo había pedido para poder descansar en paz. La familia se serenó porque se cumpliría su última voluntad. Días después y con mucha imaginación, Posada continuaba con el grabado de la Catrina. Hubo gente que no estaba de acuerdo con que el grabado fuera una calavera y lo denunció ante la policía; decían que él estaba loco por atender peticiones de los difuntos, pero los ignoró porque el alma de la Catrina estaría en paz. El cuadro fue terminado en secreto, pues tenía miedo de que lo siguieran acusando de loco y pudieran llevarlo preso o a un manicomio, pero quedó contento porque buscaría que esta obra trascendiera entre los habitantes de Aguascalientes. Al mostrar a la sociedad su obra concluida, ésta era tan perfecta que, en vez de acusarlo, todos le aplaudieron. Fue así como surgió el grabado de la Catrina: una hermosa y elegante mujer en forma de calavera, que hoy es merecedora de un homenaje en nuestra bella ciudad.

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Luis Roberto Cervantes Guevara Secundaria General No. 3 “Congreso de Anáhuac” 2° “A”

Terminal

-Entonces doctor, ¿me está diciendo que tengo los días contados? ¿Así, sin reparo? ¿Aún sabiendo que la esperanza, por lo menos la mía, no se tiene que perder sino hasta el último segundo de existencia? ¿Sabiendo que tengo muchos propósitos para intentar disfrutar este prometedor, aunque injusto mundo? Un silencio matinal reinaba en la habitación; aquel silencio que no se vive en otro momento del día; un producto del sueño de la mayoría de personas; un silencio que sólo los madrugadores o los insomnes experimentan y, sin duda, el mejor momento del día para reflexionar. -Usted disculpe, tal vez me falta sensibilidad para decirle esto, pero es mejor tanto para usted como para mi conciencia profesional, que se entere de una vez lo que le deparan los pocos días de su vida. Ahora usted ya lo sabe y puede apreciar en mayor medida sus últimos suspiros. Por ejemplo, señor Samsa, usted puede despedirse de aquellos personajes con los que compartió el aire a lo largo de su vida; puede también dedicarle un par de textos sonetos, si gusta, a aquel padre o madre de su infancia, a ese maestro o maestra recordado gratamente, a ese amor adolescente, vacío y fullero al que probablemente le juró amor eterno. -¡Oh! Verá usted. De eso no tengo por qué preocuparme. Mi vida se ha quedado prácticamente sola desde hace ya bastante tiempo. -¿Bastante tiempo, dice? ¿A tan poca edad se considera tan solo? No lo creo, debería escarbar un poco más en su mente; tampoco es lo único que usted puede hacer. Puede dejarle un legado al mundo, anónimo si quiere. No querrá irse como muchos otros, ¿o sí? siendo olvidado por todos. Toda su vida se resume aquí, usted decida, ¿qué es lo que quiere que suceda en el futuro de Alejandro Samsa? ¿En qué empleará sus contados latidos? Sobre una pequeña cama, en una habitación propia de hospital, con esa pinta quirúrgica y esterilizada que todos hemos imaginado, yacía recostado Alejandro Samsa, un joven de no más de una veintena de años; con apariencia frágil se encontraba en su lecho de muerte. A un costado de la cama permanecía su doctor, un hombre con la experiencia marcada en la piel; ¿quién iba a imaginar que se convertiría en su última compañía en este mundo? Alejandro, al notar que el silencio del doctor esperaba una respuesta, se quedó pensativo. Tantas posibilidades de respuesta tenía, pero ¿qué era lo que en verdad quería? Miró hacia la ventana y observó que la obscuridad nocturna era erradicada por el crepúsculo matutino. -Soledad, eso es lo que quiero, siempre la he disfrutado, quiero morir como viví, de la mano de ella, claro, si usted no dispone lo contrario. Le costaba articular las palabras. No fue hasta ese momento cuando su realidad fue tan real, mas no se encontraba asustado, lo que causó extrañeza a él mismo, ya que siempre temía a la oscuridad eterna de la muerte. ¿Qué sentimiento, entonces, le obstaculizaba el pensamiento? -Usted es su mejor compañía, disponga lo que desee, mi trabajo aquí terminó, no hay más. El doctor se aproximó a la puerta y salió de la habitación. Indiferencia, eso habría de ser. No se sentía feliz; muchas veces había deseado que terminara su vida tan monótona, pero tampoco sentía tristeza. Sus pensamientos estaban vacíos, sólo se empleaban en lo más simple, nada reflexivo. ¿Qué sería de su cuerpo

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libre de latidos cuando nadie lo reclamara? ¿Quién se apoderaría de su propiedad? ¿En qué se convertiría la vida de su viejo loro, que fue la única herencia que le quedó de su padre? ¿Quién se molestaría en notar su ausencia al no llegar más al almacén donde trabajaba? No tuvo tiempo de preguntarse más. Poco a poco sus ojos dejaron de ver. Su vista lentamente se nubló y se oscureció. La pared blanca, el piso amosaicado, la cortina azul a su izquierda, sus manos, su regazo, todo se lo tragaba la oscuridad. No advertía ninguna sensación semejante en su pasado, pero le resultaba extrañamente familiar, sin saber de dónde la evocaba. -¿Habrá empezado ya? -se preguntaba- ¿Así será cómo todo desaparece? El mundo simplemente se desvanecerá entre la oscuridad. Tan pronto como sucedió, las imágenes volvieron a sus ojos, tal y como antes estaban. Las paredes, el piso, sus manos, sus piernas, las sábanas claras, la luz del naciente sol colada por la única ventana, el banco que anteriormente ocupó el doctor, pero, ahora éste no era quien se apoyaba en él. -¡Garbancera! -saludó Alejandro- ¿Qué anda haciendo una calavera tan de mañana por estos rumbos? Ahí, cruzando una pierna con la otra, se encontraba sentada una mujer. Llevaba un elegante vestido negro que le cubría su cuerpo desnudo y un voluminoso sombrero de muy probable origen europeo con grandes plumas de avestruz que le distinguían. Sería una más de las mujeres fáciles de olvidar, de no ser porque se encontraba sólo en los huesos. Huesos y huesos unidos formaban un esqueleto invisiblemente articulado, pudiendo realizar movimientos locomotores tan bien o incluso mejor que Alejandro. Ahí, a un lado suyo, se encontraba la mismísima Catrina. -Soy la Catrina y tú muy bien deduces cuál es el propósito de mi visita. -¡Oh! sí, lo sé, creo que tu visita es algo apresurada, ¿no te parece? Alejandro ocultaba su desasosiego, estaba ya muy acostumbrado a ocultar sus emociones. -El tiempo lo decido yo -comentó irritada- y tu tiempo termina en este momento. -Disculpa, pero te equivocas. ¿Quién sería esa otra persona si no yo, que sentirá el final de la vida? Creo que hasta esto -dijo señalando el monitor cardiaco- sabrá mejor que tú mi final y no es tu decisión. -Concluyó disgustado, haciendo énfasis en esas últimas palabras. -Esperaré entonces, -dijo resignada la Catrina. -¿Y sólo te quedarás ahí sentada esperando verme morir? -preguntó amargamente, aparentando extrañeza- ¿Qué tal si me dices mejor a dónde me llevarás una vez yo difunto? -Sepa o no sepa a dónde lo lleve, queda fuera de sus posibilidades evitarlo o cambiarlo. No viene al caso que se entere, será una sorpresa para usted. ¿Para qué arruinar la sorpresa? -respondió indignada. -Entonces, al no querer hablar de lo que seguramente conoces mejor, ¿de qué se habla con una calavera como tú? -Éste no es un espacio para interrogarme a mí, dígame mejor, ¿no se supone que en estos momentos usted se encuentra acompañado? ¿Por qué tanto afán en lo que será de su vida? Como veo, no tiene mucho qué perder. La Catrina tenía razón, a Alejandro le importaba poco su vida y sin embargo la enfrentó. -Lo mismo me pregunto de ti, ¿acaso la soledad en tu vida no te hace también a ti desdichada? ¿Dónde quedó tu familia? -Mi familia no es como yo. Es demasiado sencilla, no ve más allá de lo que le dicen, lo trillado y ya. No ve que el mundo no sólo es de amor y comprensión, ¡vaya mundo que tendríamos si fuese así! Si toda la gente tuviera la mentalidad de mis padres y hermanos el mundo estaría en un lugar mejor. Ellos simplemente no son de mi clase. Él preguntó: -¿La superficialidad de la Catrina va tan lejos como para sentirse superior a sus semejantes?

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¿Usted es mexicana? Porque no porta un sombrero de paja con su águila. Quiera o no, debería estar agradecida, dispuesta a servirle de protección a México, ofreciendo su cuerpo y alma para el bien y el progreso, pero usted no lo siente, se le ve en los huesos y en su sombrero francés con plumas de avestruz; y ya que me doy cuenta, ¿para qué desperdicio mis últimos momentos dialogando con alguien incongruente? Es como intentar hablarle de ética a un hijo de padres desmoralizados. -Porque ciertamente soy su única compañía, -respondió severamente. -Estoy harto de este mundo, creo que me cansé ya de lo metódico que es estar aburrido. Vamos a ver qué me espera, no tiene caso adivinarlo cuando se puede comprobar. -Entonces, sea como sea, esperaba que llevara más tiempo esto, pero en fin, entre más pronto mejor. Me veo obligada a preguntarle, ¿usted cree que es el momento más apropiado para escribir ya el último párrafo de su obra de vida? Las personas que toman decisiones sin razonarlas siempre se arriesgan a resultados imprevistos. Alejandro se quedó pensando en por qué la misma Catrina le toleró la idea de que de él dependía el final, cuando él mismo sabía que eso no era verdad. -No queda más, -dijo él, atragantándose de palabras deseosas de ser pronunciadas por última vez- mis palabras están dichas, mis acciones realizadas, sólo queda finalizar. Dicho esto, disimulando su melancolía, se acercó un poco más a su acompañante y, sin más, le tendió la mano. -Como guste, -respondió indiferente la Catrina. Ella acercó su mano a la de Alejandro. Sólo con un toque y todo habría acabado en ese momento, pero Alejandro, sintiendo ya el aura del frío en las manos de la mujer, lentamente controlando el impulso de la rapidez, alejó su mano separándola por unos cuántos centímetros. -Una cosa más, -justificó Alejandro- ¿todo esto es real? ¿Es palpable esta situación o sólo está sucediendo en mi mente? La Catrina sonrió. Una sonrisa extraña como aquella que sucede cuando un niño responde correctamente a un cuestionamiento, fuera de lo concreto, de un profesor. Una sonrisa cómplice a un secuaz imaginario. -Claro que sucede en su mente -respondió satisfecha- usted murió hace unas horas, pero el hecho de que todo esto pase en su mundo subjetivo de pensamientos, ¿significaría que no fuese real? Un minuto, o tal vez menos, transcurrió en la última reflexión de Alejandro. Entonces sin más, estiró el brazo lo suficiente como para rozar la mano de una Catrina nueva para él. No era necesario pensar más, ya sabía qué le deparaba su porvenir.

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María Fernanda López Vera Secundaria General No. 3 “Congreso de Anáhuac” 3° “B”

La casa de la Catrina Juanita era una niña muy curiosa y atenta, vivía en el pequeño pueblo de San José con sus padres, pero le gustaba pasar mucho tiempo en la casa de sus abuelos. Se acercaba el mes de noviembre y a su abuelo, en esas fechas, le gustaba platicar historias referentes al día de muertos. En una ocasión contó la historia de una mujer que se hacía llamar la Catrina. A los pocos minutos, los padres de Juanita llegaron con todo lo necesario para montar un gran altar de muertos y escucharon las historias tenebrosas que el abuelo estaba contando; le dijeron que no lo hiciera más porque luego la niña no dormiría por las noches. Juanita se quedó con la curiosidad de conocer más sobre la Catrina porque su abuelo había dejado empezada la última historia. Pidió permiso a sus papás para salir a la casa de su amiga Rosita y ver si ella sabía algo más; ella le dijo que conocía a una viejita que se llamaba Doña Meche y que seguro ella, como era más o menos de la edad de su abuelo, sabría algo de la Catrina. Salieron de casa de Rosita sin pedir permiso y, cuando llegaron a la casa de la anciana, ésta las recibió con mucho gusto y les comentó lo que sabía de la Catrina: -Fue una mujer que vendía garbanza, que teniendo sangre indígena pretendía ser europea, ya fuera española o francesa; pero no se preocupen, no es mala, ella tiene cosas más importantes qué hacer que asustar a la gente. Juanita y Rosita se quedaron un rato más en la casa de Doña Meche jugando con su gato y comiendo unas deliciosas galletas cocinadas por la viejita, hasta que se dieron cuenta lo tarde que era y lo preocupadas que deberían estar sus mamás. Así sucedió, por lo que a Juanita le dieron tremendo regaño por haberse tardado tanto; la niña decidió no comentar la verdad a sus papás acerca de dónde habían pasado la tarde. Al día siguiente, Juanita y su familia se pusieron a montar un altar de muertos con adornos, comida, velas, flores y muchas cosas más. Cuando terminaron, la niña le dijo a su mamá que quería que Rosita lo viera y que si podía invitarla a su casa; ella accedió con la condición de acompañarla, pues no quería que se fueran por ahí otra vez. En el camino, de regreso a casa, Rosita, Juanita y su mamá pasaron por la casa de Doña Meche y las niñas le dijeron que si podían llegar a visitarla; la mamá, asombrada, les dijo que esa casa estaba abandonada desde hacía mucho tiempo y que ahí vivió una mujer que tenía mucho dinero, pero que ahora sólo iba un señor a revisarla de vez en cuando. Ellas confesaron toda la verdad de lo que pasó porque se asustaron mucho al escuchar lo que la señora les dijo. Al llegar a la casa de los abuelos, la mamá de Juanita habló seriamente con su padre y le platicó lo sucedido; le pidió que ya no le contara más historias a las niñas ni a nadie; sin embargo, el hermano mayor, Andrés, los estaba espiando y escuchó todo lo que decían; pidió permiso para salir con sus amigos y les contó lo que pasaba en la supuesta casa abandonada.

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Ellos se pusieron de acuerdo para ir la siguiente noche, la cual coincidía con la noche del día de muertos, dos de noviembre. Andrés reflexionó y luego sintió miedo, pues no entendía cómo era posible que una señora que se suponía no existía, les diera de comer y platicara con unas niñas; pero ya no podía echarse para atrás con sus amigos. Al día siguiente todo transcurrió como de costumbre; al caer la tarde, Andrés pidió permiso para ir a la casa de su amigo Pablo, donde quedaron de verse con Jaime y Enrique; decidieron realizar su plan de entrar a la casa para ver si en realidad estaba abandonada o alguien vivía ahí adentro. Cuando se encontraban en el lugar, los cuatro amigos entraron a la casa uno tras otro, el primero fue Pablo, ya que perdió el volado con Enrique y le tocó ir al principio. En la estancia principal de la casa únicamente había muebles, estantes y adornos cubiertos con sábanas y mantas con una gruesa capa de polvo, lo que significaba que la casa tenía mucho tiempo abandonada. Andrés seguía intrigado por lo que había ocurrido con su hermana y su amiga y pensó que lo habían inventado todo. Una vez que confirmaron que la casa estaba completamente abandonada decidieron salir, pero Jaime se apartó de los demás y siguió el rastro de algo que parecía humo saliendo de otra estancia de la casa; les habló a sus amigos y, al llegar a lo que parecía la sala, vieron con sorpresa que estaba perfectamente limpia; luego observaron que ahí había un cenicero con un cigarro encendido, largas pipas de las que se usaban antes y una copa de vino servida hasta la mitad. Muy asustados corrieron hacia la salida de la casa, pero al momento de intentar escapar, una mujer huesuda con un largo vestido negro y un sombrero cargado de adornos les impidió el paso; ellos, por todo lo que habían escuchado, inmediatamente la identificaron como la Catrina. -No les haré nada -dijo la Catrina con voz tranquila y seria-, yo estoy aquí para guíar a los muertos por buen camino. Salgan de mi casa; no es bueno que estén aquí. -Mudos por el miedo y el asombro, salieron de la casa y juraron no contarle nada a nadie. Cuando Andrés llegó a su casa, su familia celebraba el día de muertos recordando a sus seres queridos que ya habían fallecido; Juanita se acercó lentamente a Andrés y le dijo susurrando lenta y misteriosamente al oído: -Oye, ¿tú sabes algo sobre la Catrina? –Él, tranquilo, simplemente no contestó nada.

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Marcela Chávez Romo Telesecundaria No. 32 “Manuel M. Ponce” 1º “C” La nana Catrina Eran las cinco de la tarde y la niña estaba sentada en la banca de un parque observando cómo jugaban los demás niños, esto se repetía cada tarde y los que la veían no sabían nada de ella, ni quiénes eran sus padres ni dónde vivía, siempre se encontraba sola en el mismo lugar y, cuando el reloj daba las seis de la tarde, se retiraba del lugar. En una ocasión me decidí a seguirla, pero se dio cuenta y rápidamente se echó a correr para esconderse en un edificio en ruinas. Platicando más tarde con los vecinos les pregunté si no habían visto a una niña como de nueve años por el lugar, me respondieron que sí, que todas las noches salía a jugar con una muñeca a la orilla de la banqueta. Al día siguiente me dio todavía más curiosidad por saber sobre la niña y me dirigí de nuevo al parque a la misma hora; ahí estaba sentada en la misma banca y, como todos los días a la seis de la tarde, se levantó y comenzó a caminar. De nuevo la seguí, pero en esta ocasión en mi automóvil. Al dar vuelta en una calle, repentinamente apareció frente a mí y no pude frenar, se pegó de lleno contra el parabrisas y cayó al suelo; yo no lo podía creer y me preguntaba de dónde podría haber salido; me asusté tanto que metí la reversa y, agobiado, tomé la ruta hacia mi casa pensando en que pude haberla matado. Cuando entré a mi cuarto me senté en la cama y tomé mi cabeza entre mis manos. Llorando de miedo me preguntaba cómo es que había ocurrido semejante cosa, en ese momento abrí los ojos y la niña apareció frente a mí; me reclamaba porque la había atropellado y yo empecé a gritarle que me dejara en paz, que no tenía la culpa de lo ocurrido. Mi hermano, al escuchar mis gritos, entró a mi habitación y preguntó qué me pasaba, le platiqué lo sucedido y dijo que no me preocupara, que él me ayudaría a descubrir el misterio de la aparición de la niña. Pasaron unos días y cuando me sentí un poco recuperado, mi hermano me acompañó a investigar a la niña, así es que nos dirigimos a la calle en donde estaba el edificio viejo. En esos días se celebraba el Festival de las Calaveras, en especial esa noche hubo un desfile que representa una tradición muy importante en Aguascalientes y, por lo tanto, todas las calles estaban llenas de personas con disfraces de calavera, diablos, muertes y catrinas que acababan de participar en el desfile y se dirigían a sus casas. Al llegar al edificio donde había visto por última vez a la niña, nos encontramos a una mujer vestida de Catrina blanca, le preguntamos que si conocía a una niña como de nueve años, de pelo negro largo hasta la cintura, morenita, con un vestido estampado de florecitas de colores y unos guaraches blancos. Al escuchar esas características nos dijo que sí la conocía, se llamaba Brenda y no tenía papás por que habían muerto hacía más de veinte años, y que ese era el edificio donde ellos vivían; nosotros le platicamos que la veíamos todos los días, a la misma hora, en el mismo lugar y que andábamos investigando el por qué hacía eso; nos dijo que cuando sus papás vivían, la llevaban a jugar todos los días a ese parque; luego le preguntamos por qué sabía tanto de esa familia y nos dijo que era su niñera; que ella la cuidó desde que sus padres murieron, pero que un día se salió de la casa para ir a jugar al parque y la atropelló un coche que conducía un muchacho de mi edad. Entonces sentí mucho miedo y le dije a mi hermano que nos fuéramos de ese lugar. Dejamos pasar unos días para calmarnos y después planeamos regresar al edificio en compañía de un sacerdote para que rezara y echara ahí agua bendita. También decidí vender el carro porque, al investigar sobre él, me dijeron que había estado involucrado en un accidente en el que atropellaron a una niña.

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Mariana Díaz Pérez Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “B” La Catrina asesina La historia que les voy a contar es sobre varios muchachos que vivieron una peligrosa aventura en el bosque. Todo comenzó una tarde cuando dos jóvenes llamados Daniel y Rodolfo, iban en un auto hacia el bosque para acampar. Cuando llegaron al bosque caminaron hacia el centro de éste y ahí vieron una casa muy antigua y tenebrosa, con los vidrios quebrados. Los jóvenes decidieron poner la casa de campaña a un costado de aquella finca antigua; mientras la instalaban y se acomodaban llegó la noche; de repente se oyó como si un recipiente de vidrio se quebrara; los dos muchachos pensaron que ese ruido provenía de la casa de al lado. Entonces, rápidamente entraron a aquella casa y vieron que adentro había una mujer vestida de negro que no tenía carne ni piel, sino que era un esqueleto. Según habían escuchado, se trataba de la Catrina, de quien se decía, a ella le gustaba mucho la sangre humana. Sin pensar en el peligro que les acechaba, ambos permanecieron en esa casa antigua. La Catrina, por su parte, estaba decidida a matarlos para chupar su sangre, así es que la mujer le aventó un cuchillo a Rodolfo, pero a éste sólo le alcanzó a cortar un poco la mano; entonces corrió para evadir otro cuchillazo, pero la Catrina entonces siguió a los dos amigos y logró matarlos. La Catrina chupó la sangre de ambos y luego se dirigió a la ciudad en la que vivían estos amigos. Al llegar, vio que ahí había mucha gente para asesinar, así es que empezó con su obra maléfica. Sólo mató a algunos pobladores porque se cansó de beber tanto líquido rojo, así es que regresó a su antigua casa. Días después de lo ocurrido y de lo cual nadie se explicó que sucedió, tres muchachas decidieron ir a acampar al mismo bosque, instalándose también en el centro del mismo. De igual manera, vieron esa casa abandonada a la que entraron sólo por curiosidad; como no vieron a nadie, decidieron dormir ahí la primera noche; la casa era muy grande y tenía muchas habitaciones, así es que permanecieron en cuartos separados; ellas eran Nallely, Gloria y Alexia. A la primera de ellas le tocó la recámara trasera en la cual había un gran armario; a Gloria le tocó la recámara de al lado donde había un gran baúl el cual, era tan antiguo que sintió temor, pero aun así se quedó en ese lugar. Alexia, por su parte, vio que en la recámara había una calavera con vestido largo negro y un gorro ancho que tenía tela muy delgada a su alrededor; era la Catrina, quien permanecía inmóvil para que creyeran que era una estatua y así, en el momento oportuno, poder comerse a las muchachas. Mientras las tres dormían, la Catrina se movió, pero Alexia alcanzó a verla y gritó muy fuerte pidiendo auxilio; Nallely y Gloria la escucharon y rápidamente corrieron a aquella habitación para ver qué había pasado. Cuál fue su sorpresa que Alexia se encontraba atada en la cabecera de su cama pero ya no tenía cabeza; su sangre estaba derramada entre su cuerpo mientras la Catrina esbozaba una sonrisa que mostraba sus dientes llenos de sangre. Al ver esa terrorífica escena, Nallely se desmayó pero Gloria, como pudo, la sacó arrastrando de ahí hasta el cuarto que a ella le había tocado; ahí se encerró pero la Catrina las siguió y rompió la puerta para poder entrar. Gloria ya no podía cargar a Nallely, así que la abandonó ahí para poder salir de esa casa por la ventana de la recámara. Corrió por el bosque en tanto que la Catrina colgó a Nallely del techo de la habitación, mordiéndola salvajemente para chuparle la sangre. Durante ese rato, Gloria excavó un hoyo muy grande con la intensión de que la Catrina cayera dentro de él, y así ocurrió. Al caer la Catrina en esa trampa, Gloria la enterró para que nunca saliera. Desde entonces nunca más se supo de la Catrina y nadie la volvió a ver, pero dicen que su espíritu se siguió apareciendo en el bosque y siguió rondando por la ciudad, sólo que ahora ya no hace daño a las personas y sólo se escuchan lamentos de ella porque, al quedar sepultada en esa trampa, ya no podría salir más a hacer daño. Así fue como Gloria puso fin a la maldad de la Catrina.

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Marisol Rojas Medina Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 2º “A” Está en la niebla Un 19 de abril de 1982, en un pequeño pueblo llamado Los Arces, apareció una niebla tan densa que era casi imposible ver a pocos metros de distancia. Los habitantes que tenían más experiencia con este fenómeno empezaron a decir que la Catrina había vuelto junto con su niebla. Aunque la mayoría de ellos no sabían lo que significaba, todos comenzaron a sentir miedo. Días después la niebla no se había desvanecido, pero los niños desaparecían sin dejar rastro, o de formas muy extrañas. La gente que conocía de esto sólo decía: -Está en la niebla. Los niños continuaron desapareciendo, cada vez aumentaban más en número, hasta que también le tocó a la gente adulta. Pero aún así nadie se atrevía a entrar en la niebla. Un día, un grupo de hombres se armaron de valor y se aventuraron en la niebla, pero ya no regresaron. En las noches se creía ver sus siluetas rondando por el pueblo, pero sólo eran las trampas que la Catrina ponía para atraer a la gente ilusionada que creía haber encontrado a los desaparecidos.

Dulce Alejandra Serafín García

La Catrina seguía cobrando vidas y, cuando finalmente se marchó, la niebla se alejó poco a poco y la gente se empezó a calmar, pero continuaban con su pena. Tiempo después, un cazador entró al bosque en busca de comida para su familia, cuando de repente vio que la niebla se acercaba; trató de escapar, aunque en esta ocasión fue inofensiva; mientras estuvo dentro de ésta pudo descubrir el secreto que la niebla guardaba y nunca antes se había descubierto. El cazador regresó inmediatamente al pueblo para que la gente supiera lo que pasaba cuando ésta era atrapada por la niebla, pero antes de decir una palabra, la Catrina lo tomó por la espalda y se lo llevó.

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Marlen de Jesús Murguía Ruíz Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1º “D”

Una Catrina enamorada Era el año de 1890 cuando, en el barrio de El Encino de la ciudad de Aguascalientes, vivía una joven que vestía muy elegante. Ella acababa de cumplir 17 años y sus padres querían que se casara con un joven que pertenecía a una familia muy rica, pero ella estaba enamorada de otro joven que era muy pobre; ella sufría mucho porque no sabía cómo evitar que la casaran con alguien a quien ella no amaba. Un día, su padre ofreció una gran fiesta e invitó a las familias más ricas de la ciudad, entre las cuales se encontraba la familia del joven con quien quería que su hija se casara. Los padres de la joven se las ingeniaron para que su hija pasara toda la fiesta cerca de aquel muchacho y pudieran enamorarse. Ambos convivieron juntos toda la fiesta, pero ella no dejaba de pensar en el chico del que estaba enamorada. La fiesta terminó a las tres de la mañana y, cuando el joven y su familia se retiraban, los padres de ella los invitaron a él y toda su familia a dar un paseo que realizarían la próxima semana a un campo; les dijo que ahí la pasarían muy bien, y la familia aceptó encantada. Llegó ese día y las dos familias se fueron de paseo. Los padres de ella le dijeron que se encargara de atender al joven para que disfrutaran de esa excursión. La joven era muy obediente, pero se sintió forzada y no le quedó Miguel Ángel Martínez más remedio que aceptar lo que su padre le pedía. Ella no pudo disfrutar ese viaje, pues le era difícil atender al chico, cuando ella pensaba en el otro y soñaba con que él fuera quien estuviera ahí en esos momentos para pasarla bien. Se puso muy triste cuando, al terminar el paseo, sus padres le insinuaron a la familia de él que les gustaría que sus hijos se comprometieran en matrimonio; a los padres de él les encantó la idea y, sin consultar a los jóvenes, ellos tomaron tal decisión. Ella se entristeció profundamente y esa noche no pudo dormir, pues se la pasó llorando al pensar que perdería la oportunidad de casarse y ser feliz con aquel hombre que, aunque pobre, ella lo amaba. A la mañana siguiente les dijo a sus padres que no quería casarse con el joven rico porque no lo amaba, pero su padre, que era un hombre muy enérgico, le dijo que si no se casaba con quien le decían, no la dejarían casarse nunca con nadie más y tampoco la dejarían salir ya nunca de su casa. Ella se refugió en su cama y con profunda tristeza se suicidó, no sin antes recordar a su amado. Desde entonces en esa casa se aparece el espíritu de la chica vestida elegantemente igual que la Catrina, y diario se pone frente a sus padres para reclamarles por quererla obligar a casarse con quien no quería.

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Martha Araceli Zambrano García Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani” 2º “A”

La Catrina, hija de la muerte

Hace mucho tiempo, a las afueras de un pueblo lejano vivía una joven llamada Génova, estaba sin compañía y a punto de volverse loca, puesto que hacía ya casi cuatro años que ella había matado a sus padres; ellos nunca se llevaron bien, siempre estaban discutiendo hasta que, un día, fue tan fuerte la pelea que Génova, en su desesperación, terminó por dispararles con una pistola que guardaba su papá y luego los aventó a un barranco. En un pueblo cercano a donde vivía esta joven, existía una muchacha llamada Susana que provenía de una familia humilde y honrada. Un día, Génova salió de su jacal a buscar comida, pero le era difícil cazar animales, estaba muy hambrienta porque hacía varios días que no comía. Caminó durante varias horas hasta que se acercó al pueblo; ahí se encontró con Susana que estaba explorando los árboles y los insectos. Génova, al ver a Susana se enfureció porque según ella estaba en su territorio. -¿Qué quieres, a qué viniste? Te equivocaste de lugar, vete ya si no quieres que…, -replicó muy enojada. -Calma, calma, sólo estoy explorando. -Pues no deberías estar aquí, para mí es un lugar privado, -contestó Génova. Susana comenzó a caminar muy sorprendida por la forma en que actuó la desconocida, preguntándose el motivo de su coraje. Génova, caminando rumbo a su jacal, se encontró con una imagen de la muerte, era una calavera, se quedó tan impactada con ella que le construyó un altar y comenzó a alabarla. Cuando Susana llegó a casa le contó a su mamá lo que le había ocurrido y, al día siguiente, pidió permiso para ir otra vez a este lugar; tenía curiosidad por conocer más acerca de esa muchacha. Al siguiente día se dirigió al mismo lugar donde se habían visto por vez primera y se volvieron a encontrar, puesto que Génova nuevamente había salido en busca de comida. -Hola, -dijo Susana con entusiasmo. –Oye, perdón por hablarte de esa forma ayer –dijo Génova- es que no me pude contener. La malvada joven se dio cuenta de que debía ser amable para ganarse su confianza, después acabar con ella para que la dejara en paz. Muy en el fondo tenía miedo de que supieran lo que hizo con sus padres y, para eso, se cambió el nombre. -¿Cómo te llamas? -preguntó Susana. -Me llamo Catrina y soy hija de la mismísima muerte. -¿En verdad te llamas así? -Sí ¿por qué? ¿Tiene algo de malo? -No, no, sólo que se me hace raro. -Oye y ¿dónde vives? -Muy lejos de aquí ¿y tú como te llamas? -Susana. -¿Quieres ser mi amiga? -Sí, sí, claro. -Oye ¿y tú no tienes amigas? -dijo Susana. -No, todo este tiempo he vivido aquí. Así fue como estas jóvenes empezaron a ser amigas hasta que Susana cometió el error de preguntarle por sus padres: -Oye ¿y cuándo me vas a presentar a tus padres? -Génova se puso tensa y decidió hacer lo que tanto anhelaba, así es que le dijo: -¿Qué te parece si ahorita te llevo para que los conozcas? –Sí, estaría muy

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bien, me muero por conocerlos. -Génova murmuró en voz baja: -Te vas a morir pero después de que los conozcas. Cuando llegaron al jacal de Génova, Susana preguntó otra vez por sus padres. Génova se estaba enojando y se ponía muy nerviosa, luego la llevó frente al altar donde estaba la imagen de la muerte y le dijo: -Ella es mi madre –hizo una reverencia y se arrodilló frente a ella. -Esa no puede ser tu madre -dijo Susana en tono de burla. Génova se enojó y la tomó del cuello tratando de ahorcarla. -Aunque no me creas, ella es mi madre -respondió en tono alarmante. -Pues no lo creo, esto es una broma, no puedes jugar con esto -dijo Susana asustada. -Mira, yo hago lo que quiero niña mimada, y ten mucho cuidado porque puedes terminar como mis otros padres -dijo en tono muy bajo- encontrándote con la muerte. Ambas discutieron hasta que Génova la orilló y Susana cayó al mismo barranco en que había aventado a sus padres. Después de esto hizo una reverencia ante la imagen de la muerte, agradeciendo su ayuda para matar a la intrusa latosa. Desde entonces ya nadie se acerca al lugar donde vive Génova. Los vecinos dicen que ahí se oculta la Catrina junto con su madre la muerte.

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Mayra Lizbeth Macías García Telesecundaria No. 32 “Manuel M. Ponce” 1° “C”

La Catrina imaginaria Era un 2 de noviembre del año 2011 por la noche, cuando una pareja de enamorados viajaba por la carretera que va de Aguascalientes al municipio de Calvillo, en un carro de color rojo. Acababan de salir de una fiesta para celebrar el día de muertos y de repente empezaron a discutir. Ella le reclamaba que había bebido demasiado y que estuvo coqueteando con una muchacha que iba disfrazada de Catrina. Él se defendía diciéndole que todo lo inventaba, que en la fiesta nadie iba disfrazada de ese modo; de repente, en una curva, el muchacho perdió el control del volante y cayeron a un barranco demasiado profundo. Más tarde llegaron las ambulancias, encontraron al muchacho muerto y ella sólo tenía unos raspones y una pierna rota. Pasó un año y, para esa misma fecha, la chica que había sobrevivido al accidente decidió ir con sus amigas a celebrar el día de muertos. Casualmente pasaron por el mismo lugar en el que había muerto su novio y, en ese preciso momento, se escuchó una voz que se lamentaba diciendo: -¡Ay!, ¡ay!, ¡te quiero!, ¡te quiero mi amor! Ella se quedó asombrada pero no le dijo nada a sus amigas quienes, sorprendidas, nomás se voltearon a ver sin tocar el tema. Al llegar a su casa, la joven le contó todo a su mamá; esa noche y muchas otras que le siguieron, se quedó a dormir en su cama porque se encontraba alterada. Pasaron los días y la chica junto con su mamá decidieron ir al lugar para comprobar lo que le decía. Se bajaron del carro y, cuando habían caminado unos pasos, se detuvo otro carro del cual bajaron unos hombres vestidos de blanco y se llevaron a la joven por la fuerza; la subieron al coche y desaparecieron por la carretera. Su madre se quedó llorando porque ella misma había planeado todo para que se llevaran a su hija, le dolía mucho la situación pero pensaba que era la única solución para que ya no sufriera de los nervios. El lugar a donde fue llevada era un hospital psiquiátrico. La madre decidió ésto porque, desde el día en que ella llegó a su casa y le platicó lo que había escuchado en la carretera, no se pudo recuperar de la impresión y repetía constantemente esas palabras. Después de permanecer unos años en el hospital, los médicos decidieron darla de alta al verla recuperada. En cambio, en su casa, su madre observaba su comportamiento y continuaba pensando que no era normal, tenía cambios drásticos de estado de ánimo; unas veces sonreía, otras lloraba y otras duraba días sin decir una sola palabra. Un día los vecinos tocaron a la puerta de su casa porque ya llevaban varios días sin verlas salir y, como no les abrió nadie, fueron a avisar a la policía para que abrieran la puerta de la casa. Encontraron en una de las recámaras el cuerpo sin vida de la mamá, recostada en la cama como si estuviera dormida y con un rosario en la mano; a un lado estaba la muchacha sentada en una silla con la mirada perdida. Nadie supo que había muerto su madre y a ella se la llevaron de nuevo al hospital. Los doctores y enfermeras cuentan que cuando la muchacha regresó, ese año festejaron el día de muertos con los pacientes. Todos se disfrazaron y, en esa ocasión, una enfermera se disfrazó del personaje de Catrina; cuando la muchacha la vio se le dejó ir intentando ahorcarla mientras gritaba: -¡Por tu culpa! ¡Por tu culpa! La muchacha pasó el resto de su vida en el hospital y nunca recuperó la razón. Varias personas que pasan por el lugar donde ocurrió el accidente, siguen escuchando las palabras: -¡Te quiero!, ¡te quiero mi amor!

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Narcizo Alejandro Maldonado García Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2º “A” La historia de José el miedoso -Oye José ¿qué te sucede? estás alterado desde hace un día, cuando saliste corriendo y gritando de tu casa. -iAhh! ¡ahh!... Es que ayer... iahh! ¡ahh!. -Alto, primero respira y después cuéntame José. -Bueno, ayer estaba sentado en mi sillón cuando se me ocurrió pintar algo con ese extraño paquete que me dio un hermano, y resulta que terminando de dibujar, me fijé que hice una calavera feliz. -¿Y por eso ya venías manchando tu calzón? bien me dijeron que no eras valiente, pero esto ya es exagerar; al rato me saldrás con que viste a un salero y lloraste del pánico, -dijo Juan burlándose. -Permíteme seguir -interrumpió José a la risa de Juan- después la decoré con un gran sombrero elegante y, ya terminado, una extraña sombra se acercó a la pintura y levantó una de sus manos apuntando hacia ella. Primero pensé que era mi sombra, pero después que esa sombra tocó la pintura ésta se fue desvaneciendo. -¿Cómo sabes que no eras tú o alguna alucinación? -dijo Juan. -No, porque escuché una risa cerca de la pintura y, cuando me di la vuelta, la Catrina que había pintado me dio un zape. -¡Ay, sí tú!, como si eso pudiese pasar, sólo los tontos pueden creer en eso. ¿Sabes? yo mejor me voy, no vale la pena seguir escuchando esta farsa. -No. No estoy mintiendo. Cuando me di la vuelta la Catrina de la pintura no estaba en su lugar, si no que estaba en mi sillón mirándome y riéndose de mí. -Bueno, eso suena interesante; digamos que te sigo creyendo -dijo Juan pensado en que ésta sería una buena historia para contar en las noches. Después, con una voz aguda me dijo: -Nunca pensé que llegaría este día. -Yo, con voz temerosa pregunté: -¿Cuál día? para luego recibir la peor respuesta de todas. Me dijo: -Al fin me pintaron y como he escuchado que muchos artistas se enamoran de sus obras, creo que yo me voy a casar. -¿En serio dijo eso? -dijo Juan con voz de decepción porque con eso se iba su nuevo relato de terror para contar. Esta es la historia más decepcionante que he escuchado y, para colmo, sólo son patrañas. -Espera, sólo me escuchabas para poder relatar esta historia a otros. -Pues claro ¿por qué otra cosa te escucharía? -Bueno, si no me crees, quiero que veas por la ventana. Siguiendo la indicación de José, Juan se asomó sólo para luego poder burlarse de él y de su ocurrencia, pero al fijarse por la ventana vio a ese elegante esqueleto andante que corría desesperadamente por las calles buscando a su supuesto prometido. -Es verdad, lo puedo creer; pensé que era una fantasía, pero ya sé qué hacer. Como a ti es al que persigue, tienes que correr a la casa abandonada del final de la calle y gritarle a Lupe. -Confiaré en ti. Bueno, aquí voy. Una vez que llegó, le gritó a Lupe pero al terminar de tocar nunca se esperó lo que venía. Era una perra chihuahueña feroz que vivía sola porque su dueña la abandonó, pero como vio al suculento costal de huesos olvidó atacar a José y se dirigió hacia la Catrina para comer. Horas más tarde, cuando la perra terminó de comer José pensó en adoptarla debido a que le salvó de estar condenado a vagar con unos huesos elegantes a lado suyo.

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Natalí Udave Ramírez Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “A”

El sueño con la Catrina Hace cien años aproximadamente había un señor que le gustaba dibujar; se llamaba José Guadalupe Posada. Un día llegó a su casa muy cansado y se quedó dormido. Mientras dormía tenía un sueño en el que dibujaba el esqueleto de una mujer vestida muy elegante. Al día siguiente se acordó del sueño que había tenido. Pensó que si hacía bien esa obra y tuviera éxito, la gente siempre lo recordaría y de esa imagen se haría una gran tradición. Pasó un mes de que tuvo aquel sueño y, un día, unos amigos pintores lo invitaron a pasar dos noches en el Panteón de la Cruz; el motivo era hacer un dibujo de algún fenómeno con relación a la muerte y que la gente pudiera admirar por las noches. La idea era que se quedaran ahí en casas de acampar. Durante la primera noche todos estuvieron muy nerviosos y asustados. Se durmieron un rato pero, a las tres de la mañana José Guadalupe Posada se despertó porque tenía un presentimiento malo; posiblemente fue porque en el lugar se escuchaba muy fuerte el ruido de los truenos y de la lluvia que caía en ese momento. Posada salió de la casa de acampar y caminó un poco, cuando regresó a la casa sus compañeros ya no estaban y sólo se veían en el lugar unas manchas de sangre. Corrió hasta la puerta del panteón pero estaba cerrada con candado; entonces decidió buscar al velador y juntos buscaron a sus compañeros por todo el panteón; lo único que encontraron fue un zapato de uno de ellos sobre la tumba de una mujer. Edgar Aaron Collazo Morales

Debido al miedo, Posada decidió pasar la noche en el cuarto donde dormía el velador. Al amanecer, se levantó muy temprano para empacar sus pertenencias e irse de ahí. Ya eran las doce del día. Enseguida entró al baño del cementerio y se lavó la cara; en ese instante volteó hacia atrás y miró la misma calavera que había visto dibujada en su sueño de unos días antes y escuchó que con voz tenebrosa le dijo -Tú eres el que pagará al dudar que yo no existo. Te pasará lo mismo que le pasó a tus compañeros. José Guadalupe Posada desde ese día contó a la gente que la Catrina sí existe y no sólo es un mito; que deben de creer en ella. Así es que, a ti que me estás leyendo en este momento, te digo que tengas mucho cuidado y creas en su existencia, porque si no te pasarán cosas malas. Aunque tú no te des cuenta, ella siempre va junto a ti para ver lo que haces y a dónde vas; siempre vigilará tus pasos y en el momento en que niegues su existencia, ella se vengará de ti.

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Noemí E. Alonzo Ponce Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 3º “A”

Catrina banda En la radio se escuchaba la banda; el cuarteto de la comunidad de Los Caños tenía su oponente musical en el consorcio de El Taray, creado en el mismísimo estilo de los músicos norteños. La Catrina, como era la vocalista de la banda de Los Caños, ensayaba mucho para llegar a ser la mejor voz y tener con ella al mayor número de admiradores. Por otro lado, Pancho, el vocalista de la banda de El Taray, era un chico honesto, simple, sencillo, bueno, pero humilde, aunque muy guapo. A él lo único que le interesaba era que El Taray triunfara y todos conocieran el lugar al igual que su gente. Un día hubo un encuentro entre las dos bandas: El Taray contra Los Caños. Cuando la Catrina vio a Pancho se enamoró; ella decía que era un hombre encantador y con buenos sentimientos, pero los integrantes de su banda le decían que no; ella totalmente decidida habló con él, platicaron horas pero entonces él le dijo que se tenía que ir porque ya era tarde; ella se indignó y, mostrando indiferencia se despidió y le dijo: -Adiós, como si a mí me importaras. Pancho, al escuchar esas palabras le dijo: -Pero ¿qué te pasa? si hace un momento estábamos platicando normalmente. -Pues sí, pero ya te quieres ir y yo no te voy a detener; si ya te quieres ir, entonces adiós. -Pero me dijiste “como si yo te importara”. -Pues sí, a mí qué me interesa, si apenas hoy nos conocimos. Pancho, muy sorprendido por aquella actitud le dijo: -Está bien, pero no te creas tanto porque aunque eres muy bonita, sólo lo eres por fuera porque por dentro en realidad eres muy fea, controladora, con malos sentimientos; creo que sólo sirves para cantar; adiós, me despido y no te preocupes porque no te volveré a molestar. La Catrina, al escuchar esto se puso muy triste y durante largo rato estuvo muy pensativa, de tal manera que esa noche no pudo dormir. Reflexionó sobre lo que debería de hacer, decir y pensar. Al siguiente encuentro ella pidió hablar con él, pero él no aceptó; ella insistió hasta que lo logró. Arrepentida le dijo: -Estuve pensando lo que pasó el otro día y reflexioné que tienes razón; entendí que las cosas a las que yo prestaba más atención eran las menos importantes porque me preocupaba más por mí que por estar bien con los demás; me preocupaba más mi maquillaje, mi ropa y mis zapatos, que estar bien con mis amigos. -Qué bueno que lo hayas entendido porque así te conviertes en una mejor persona. Aunque esta parece una tierna historia de amigos, en las comunidades de Los Caños y El Taray dicen que esa Catrina era justamente la que creó Guadalupe Posada, que como era elegante y con sombrero negro con plumas, se sentía muy superior a los demás, pero que gracias a Pancho, la Catrina se convirtió en buena y que, sus apariciones en la noche, cuando tiene cantadas, lo hace de manera muy agradable y no asusta a los demás; al contrario, trata de que todos la conozcan y permanezca en sus memorias con una grata imagen de ella.

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Pamela Delgado Macías Secundaria Técnica No. 28 3º “D”

El diario de la Catrina

Nací en un lugar donde la tierra y el polvo son ajenos, así como el hombre que amé… Nací en un lugar donde los sueños permanecen siendo así, un simple sueño… Un sueño donde el hombre que amé se fue, desapareció. Mi alma me ha abandonado para irse con las otras almas; no me quieren allá arriba, ni allá abajo ni en ningún otro lugar. Han decidido que permanezca aquí y me perturbe el dolor que dejó un amor. Respiro todos los días viendo cómo se llevan a la gente desde el cielo, la tierra y el fuego. Una mano jala a los cuerpos ligeros y se los traga, no importa cómo mueras o, en mi caso, por quién lo hagas. Lo conocí cuando mi corazón se había fundido entre los restos de la soledad, pero él me encontró y me miró con sus ojos apagados, con sus labios secos y grises que besaba y se rompían sintiendo deseos, decidimos estar juntos para no estar solos, inconscientemente nos tomamos de las manos y esperamos a que nos arrancaran la tristeza de un tiro o dos. A menudo pensaba qué sería de mi vida sin él. Ahora he llegado a la conclusión de que el sentimiento de resignación creció. Sus ojos que me miraban mientras susurraban dos palabras cariñosas y sus ojos resignados que se disculparon por estar a punto de caerse sobre mis manos, han ido escondidos en el calor de la noche. Lo vi sonreír en medio de la obscuridad y me preguntaba si él soñaba conmigo, si me miraba a distancia cuando rescataba de los árboles inmóviles restos de su fruta aún comestible. Una noche sostuve sus brazos y me rodeé con ellos; el cuerpo hirviente temblaba de miedo y sus manos se hicieron puños fuertes entre mi vientre; quise besarlos pero me pareció demasiado dramatismo, entonces, sólo lo miré y por primera vez vi sus ojos como queriendo hablar, aunque permanecieron secos y desorbitados. Una mañana me sorprendió con una flor, era una margarita que había sobrevivido en un campo perforado, enterrada en medio del suelo gris. Un día de esos que son más soleados que tristes, le pregunté aprovechando el abandono de nostalgia: -¿Me quieres? Yo esperaba una respuesta más consoladora que sincera, pero cuando escuché su contestación tan firme, a pesar de su voz entumecida y distante, supe que estaba diciendo toda la verdad, pues me dijo: -Te quiero más que a nadie en el mundo. Ante su respuesta sólo pude sentarme en silencio y sentir como si me hubieran dicho que era la más hermosa del lugar, en un cementerio donde las mujeres se deshacían hasta ser parte del polvo que las cubría, ennegrecidas de su desgracia. Imagino todavía sus gracias, sus habilidades y sus costumbres, pues no conocía nada de éstas ya. Pienso que si nos hubiéramos encontrado en otra coyuntura, nos hubiéramos podido amar a plenitud sin temor a que el descuido de un beso nos aleje, que tendríamos una historia para contar. Quisiera saber lo que hubiera sido en algún tiempo, cuando había la posibilidad de llevar una vida juntos. Imagino también su olor diferente, pero lo que más percibo es su mirada despierta y su sonrisa espontánea, el sonido de su risa que tal vez ya nunca llegue a escuchar. Ahora, de un balazo me han arrebatado al hombre que amo. Sólo nos queda sentarnos a esperar nuestro destino. Hemos visto cómo algunos se adelantan por el miedo; poco a poco se acerca la dolorosa hora de decir adiós; la espera nos hace resistir y aguardar a una última esperanza de morir juntos, tal vez no tomados de las manos o acariciando nuestros rostros, pero sí con un cuerpo tibio al lado, que caliente aunque sea un poco nuestro cadáver. Te extrañaré; moriré con aquel vestido negro con el que te conocí; me haré un simple esqueleto, pero me voy contando la maravillosa historia de este amor que fue tan grande.

Con amor: Catrina.

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Paola Reyes Varela Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2º “B”

La carta de la Catrina

De: La Catrina Para: Posada Hola Posada. Sólo te escribo para decirte que te doy las gracias por haberme creado. Gracias a ello yo me he hecho muy famosa. También quiero decirte uno de mis secretos que guardo en mi cráneo: me estoy empezando a enamorar de ti. Probablemente te suene raro pero lo que siento por ti es muy profundo. ¿Has visto los arreglos florales que llegan a tu puerta sin ningún mensaje? ¿Los ruidos extraños que escuchas cuando estás a solas pintando tus cuadros?, esos cuadros tan hermosos que las personas admiran. ¿Cuando sientes que alguien te toma de la mano? ¿Cuando en las noches suena tu teléfono y al contestarlo nadie te responde? ¿Cuándo se escuchan esos misteriosos y raros pasos en tu azotea y que, al subir, no hay nadie? ¡Ah! la verdad las flores que llegan a tu puerta sin algún mensaje yo las he mandado, cuando esos ruidos tan extraños que se escuchan cuando estás pintando arriba de la azotea yo los he provocado, yo te he tomado de la mano para sentir lo mismo que sentía cuando me pintabas, yo te llamaba por teléfono para escuchar tu agradable voz. Lo que yo espero es que me vuelvas a hacer caso como antes. Todo el tiempo que me dedicabas lo extraño, esos ratos libres que tenías eran para mí, para pintarme en esos cuadros tan hermosos... ¡Ay! cómo quisiera que de nuevo dedicaras tu tiempo libre a mí y sólo a mí. La verdad es que te amo; estoy muy enamorada de tus ojos, de tu boca, de tus brazos y tu corazón. Cómo quisiera robar un beso de tu boca para quererte más y más cada vez; tu corazón está dentro de mí y no podría vivir sin él por que... si no fuera así, me moriría más de lo que ya estoy. Solamente quiero que me des una oportunidad para amarte más y que tú me ames al igual que yo. Yo no sería nada sin vos. Posdata: Espero que me contestes esta carta para saber si en realidad me amas. Atentamente: La Catrina. De: Posada Para: La Catrina Mira Catrina. No he tenido tiempo suficiente para dedicarme a ciertas cosas, ni siquiera para leer las cartas que me han llegado; son tantas que apenas acabo de leer la tuya que desde hace tiempo me mandaste. En verdad espero me disculpes por no haberte contestado lo antes posible, pero lo que tengo que decirte tal vez te sea desagradable: acaba de fallecer mi madre y he dedicado más tiempo a ella con los gastos de su entierro y funeral. Por eso no he tenido tiempo para mis pinturas ni para ti. Te quiero decir que yo también me he enamorado de ti, aunque seas sólo un simple retrato que yo inventé cuando estaba triste por el fallecimiento de mi esposa a quien amé y le entregué mi vida entera y mi corazón. Yo te inventé por el recuerdo que tenía de ella; por ello cada vez me enamoro más y más de ti al igual que tú de mí. Las cartas que me has escrito contienen las palabras más bonitas que han dicho, por eso creo que debemos darnos una oportunidad y quiero que aceptes ser mi novia; que nos amemos, que podamos pasar juntos todo el tiempo posible y, si un día yo muero, me gustaría que nos encontremos en el cielo y seamos felices por siempre. Posdata: Sí te daré esa oportunidad que tú me pides y te esperaré en mi casa a las ocho de la noche para conversar. Para saber si has llegado, debes hacer el ruido extraño que siempre hacías cuando te pintaba. Te esperaré en el balcón de mi casa y ahí tómame de la mano para empezar a conversar. Te quiero mucho. Atentamente: Posada.

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Patricia Dhamar Juárez Gordiano Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1º “A”

Las mejores amigas

Había una vez una jovencita llamada Ximena, era una persona muy servicial y querida por todos. Un día, la pequeña Ximena dio un paseo por un pequeño lago que estaba cerca de su casa; como sabía que estaba sola se quitó su vestido y se aventó con un gran clavado al agua; de inmediato comenzó a sentir muchísimo frío ya que el agua estaba helada; salió rápidamente de ahí porque si llegaba tarde a su casa la castigarían dejándola sin cenar, pues sus padres eran muy estrictos. Cuando la niña llegó a su casa se le hizo muy extraño no encontrar a nadie, en cambio vio una nota encima de la mesa de la cocina que decía que si quería volver a ver a sus padres, tendría que encontrarlos antes de la media noche; le indicaban además algunas pistas para ubicar el lugar. Rápidamente Ximena preparó una mochila con víveres y utensilios, para luego emprender la búsqueda. Caminó durante varias horas y siguió hasta encontrar una casa donde vivía una mujer famosa por hacer brujería, pero que nunca antes había visto. Cautelosamente se asomó por la ventana y vio a sus padres sentados en unas sillas; sin que la bruja se diera cuenta, los tres salieron sigilosamente por la puerta trasera y ella los llevó de regreso a casa; extrañamente ellos no se acordaban de nada de lo que había sucedido en esa cabaña. Pasaron los días y los padres de la niña comenzaron a portarse muy cariñosos; ella comenzó a creer que la persona a la que todo mundo rechazaba por creer que era una bruja, en realidad buscaba el bien de las demás personas. Cierto día, Ximena fue a visitar a la bruja a su cabaña, tocó la puerta y escuchó una voz que parecía la de una anciana que la invitaba pasar; la niña quedó sorprendida porque cuando entró, vio la espalda de una mujer muy elegante con un sombrero lleno de plumas; al acercarse frente a ella se impresionó tanto porque en realidad era una calavera sonriente y feliz. -Hola niña linda, pasa por favor, acércate. -¿Quién es usted? -Mi nombre es Catrina, cuéntame, ¿cómo se encuentran tus padres? –Muy bien, han cambiado mucho conmigo desde que estuvieron aquí -¡Qué gusto! precisamente eso es lo que yo deseaba para ti. -Desde ese día Catrina y Ximena se convirtieron en las mejores amigas. La enseñanza de esta historia es: “No debemos hacer prejuicios porque no siempre las calaveras tienen que ser seres de temor y muerte”.

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Paulina Concepción Gutiérrez Mendoza Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2º “B”

Tres veces viernes A María le decían la garbancera porque en algunas partes del centro vendía garbanzo, esto en la época del Porfiriato; siempre vestía elegante para los momentos importantes y se creía de la alta sociedad aún cuando ella sabía que era una simple vendedora de garbanzo; de ahí que después le pusieron como apodo “Catrina”. Ella vivía en el barrio de San Marcos, tenía varios pretendientes, entre ellos un pintor que iba todos los días a comprar garbanzo. Un lunes ella le preguntó: -¿Comes todos los días garbanzo? –No, sólo algunas veces porque otras se lo regalo a mis vecinas. -Ahora entiendo. -Sí. Bueno, me tengo que ir. -Gracias. Es un placer conocerte. -Igual para mí. Él se volteó con una gran sonrisa y a ella le brillaban los ojos como dos grandes luceros. Seguía visitando el lugar todos los días para comprar garbanzo. Un viernes él llegó y vio a Catrina muy contenta porque había vendido todo el garbanzo; ese día se retiró a su casa como a las 11:30 de la noche; la calle estaba muy oscura y casi no había gente, pero sí mucha neblina que impedía la visibilidad de los transeúntes. Catrina de repente vio una sombra que se movió muy rápido, aunque se asustó, no le tomó importancia pero sí corrió para llegar pronto a su casa. Él no fue a comprar garbanzo ni el lunes ni el martes, sino hasta el miércoles, día en que un hombre le pidió permiso para hacer una pintura de su rostro. Ese día Catrina portaba un sombrero negro con varias flores que le resaltaban, así es que con una gran sonrisa le respondió: -Sí, acepto que me retrates en una pintura. Él no perdía ni un sólo detalle de las facciones de la cara; sus ojos eran lo más importante; de rato terminó su obra de arte. Ella quedó muy contenta con el resultado y ya quería ver su retrato. Pasaron dos días y él no iba a comprar garbanzo. Larga se hizo la espera cuando de repente oyó una respiración que se acercaba, volteó y sólo vio una sombra y escuchó una voz que le dijo: -Hoy te toca a ti. -Pero... ¿Porqué?... Ella cayó de manera lenta sobre un jardín lleno de flores; empezó a perder poco a poco su pulso y murió repentinamente. El comprador de garbanzo fue el lunes a declararle su amor; desconcertado vio que no estaba en su lugar y le preguntó a una señora que ahí se encontraba: -¿No sabe qué le pasó a la muchacha que vendía aquí garbanzo? -¿Apoco no sabe? -No. ¿Qué le pasó? –Falleció; la encontraron sobre un jardín lleno de flores. -No lo sabía, ¿cuándo fue? -El sábado como a las 10:30 de la mañana. -Gracias por informarme. Lloró mucho hasta el miércoles, día en que se le ocurrió contactar a un amigo que sabía dibujar caras como si fueran la muerte; le pidió dibujar una cara de la garbancera y ese trabajo lo terminó el viernes por la noche. La hizo con ese gran gorro negro con flores de colores. Le dijo que se la entregaría al mediodía. El enamorado tocó varias veces la puerta para recoger la pintura pero nadie abrió. Se dio cuenta de que había una llave tirada junto a la puerta; la levantó, la colocó en la chapa y abrió. Al entrar, con terror vio que él mismo se estaba desangrando y ahí junto estaba un recado que a la letra decía: Quiero que me entierren junto al cuadro que hice yo y con el otro que hizo mi gran amigo José Guadalupe Posada, para regalárselo a la garbancera o mejor dicho Catrina, pues el que yo hice no se lo pude regalar en vida... También quiero que mi gran amigo firme con su nombre “La Catrina”.

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Paulina Vázquez Martínez Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2° “B”

La Catrina llegó por todos Hoy mi familia y yo fuimos al centro de la ciudad de Aguascalientes a pasear, cuando de repente un señor, comenzó a gritar: -¡Muy pronto llegará la Catrina! -Yo me asusté, porque en la escuela nos habían dicho que la Catrina es la muerte. Pero mis papás me dijeron que no era verdad lo que decía ese dizque profeta; que era un mentiroso. De inmediato nos alejamos de ahí y mi papá le dijo: -Usted es muy mentiroso. Seguimos caminando y llegamos a una tienda que estaba cerca de donde estaba ese señor, y el vendedor le dijo a mi papá: -Ya tiene como dos semanas diciendo eso, está loco. Hoy cuando llegué a la escuela les platiqué a mis amigos lo que había dicho ese señor. Unos compañeros me dijeron: -Eso es mentira, ¿cómo va a ser verdad lo que dice el señor? Unos se asustaron y dijeron: -Hay que estar preparados porque a lo mejor es verdad. -Otros opinaron que mejor le dijéramos a nuestros profesores y al personal de la escuela. Después de un momento, empezamos a informarles a todos lo que argumentaba el dizque profeta, pero todos mis maestros me comentaron que nada de eso era verdad, que no vendría la Catrina por nosotros.

Fernando Arenas Collazo

Regresamos al centro de la ciudad de Aguascalientes y ahí seguía el señor que decía que la Catrina vendría por nosotros. Muchas personas, entre ellas mi familia, le reclamaron al señor y preguntándole por qué decía eso, que eran sólo mentiras, cosas que él inventaba o que imaginaba, que con esos cuentos de fantasía asustaba a los niños. Posteriormente les conté a mis amigos y a mis profesores que varias personas ya le habían reclamado al supuesto profeta por decir cosas sin sentido; se alegraron mucho al saber que alguien ya había puesto en su lugar a ese señor mentiroso. Ayer en la noche se escucharon unos ruidos extraños en toda la ciudad y hoy, sin esperarlo, llegó a mi escuela el profeta sólo para informamos que la Catrina ya había llegado por nosotros; que nos escondiéramos para que no nos encontrara y no nos llevara con ella. Nos dejaron salir de la escuela para que pudiéramos escondernos en nuestras casas u otro lugar seguro. Algunos de los que sobrevivimos somos mi familia, el profeta y yo. Los sobrevivientes estamos muy agradecidos con el que era para nosotros un supuesto profeta, porque nos informó para que nosotros salváramos nuestra vida.

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Pedro Muñoz Banda Secundaria General No. 16 “Otilio Montaño” 2º “I”

Un tonto conoce a la Catrina Había una vez un muchacho llamado Pedro que vivía en la ciudad de Aguascalientes con sus abuelos. Su abuelo Jesús acostumbraba en los días de muertos contar historias de la Catrina. Pedro se emocionaba tanto que cada año le hacía un altar diferente a este personaje. Un día Pedro le preguntó a su abuela María: -¿Qué tengo que hacer para ver a la Catrina? -¿En serio quieres eso? -¡Sí! -Pues lo siento, yo no sé cómo. -Luego fue a preguntarle a su abuelo Jesús: -Oye abuelo, ¿tú sabes cómo le puedo hacer para conocer en persona a la Catrina? -¿Porqué quieres conocerla? -contestó el abuelo enfadado- la vas a molestar y se enojará por no dejarla descansar en paz. Pedro se retiró dudoso con la respuesta de su abuelo, pensando en por qué no querían que conociera a la Catrina. A la mañana siguiente se levantó muy temprano para ir a correr como lo hacía a diario, pero este día se le ocurrió ir por un camino diferente, atravesando la sierra. Ahí se encontró con una anciana que se le acercó muy nerviosa y le dijo: -Muchacho, tú no estás bien, tu destino es muy confuso y tus ocurrencias te pueden llevar a la muerte. -¿De qué habla señora? -Quieres conocer al espíritu famoso de Aguascalientes que llaman la Catrina, pero no te conviene, es desconfiada y mala, además tienes algo que le agrada. Ella fue quien me mandó que le advirtiera a un muchacho que iba a pasar por este camino a esta misma hora, para decirle que deje de buscarla. Cuando llegó a su casa le contó esto a sus abuelos y pensó que le darían un consejo, pero no fue así; su abuelo Jesús, enfadado, le dijo que no se obsesionara, que no le iba a gustar lo que pudiera descubrir de esa señora, a lo que Pedro le contestó: -Entonces ¿por qué me siento tan bien cuando me cuentas de ella? Sus abuelos se retiraron de la sala molestos y él se fue a su habitación, pues ya era hora de dormir. Empezó a soñar cosas raras, se encontraba en un lugar que no reconocía y caminó hasta llegar a un cementerio; de repente se escuchó una voz de lejos que le decía: -¡Ven, ven Pedro, acércate! -Pero Pedro no veía nada, solamente las lápidas y la neblina. A la mañana siguiente se levantó como siempre, les iba a contar a sus abuelos lo que había soñado pero pensó que se enfadarían más de lo que estaban y mejor se fue con sus amigos. A su mejor amigo Wallace, de la secundaria, le contó sobre el sueño y la conversación extraña con la anciana; él le preguntó si en serio quería conocer a la Catrina; al ver que sí, le comentó que algunas personas decían que el día de muertos se aparecía en el cementerio de la ciudad; luego se ofreció acompañarlo el próximo día de muertos. A sus abuelos les dijo que se quedaría a dormir en la casa de su amigo para que no se preocuparan. El famoso día de muertos llegó, los amigos planearon algunas cosas por si sucedían imprevistos. -Mira Pedro -dijo Wallace- si hubiera algún problema podemos llamarle a mis papás para que nos ayuden, pero necesitaremos salir rápido del cementerio, ¿aún te acuerdas de las clases de parkour? -Pedro asiente y dice: -¡Claro! pero sólo sé subir paredes. -Con eso es suficiente, nos ayudará a salir rápido de allí.

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Los muchachos estuvieron caminando por varias horas dentro del cementerio, pero no encontraban nada y ya tenían sueño, de pronto se escuchó una voz que decía: -¡Vengan, acérquense! -¿Quién eres? –preguntó Pedro. En ese momento se vio a lo lejos la silueta de una mujer alta con un vestido blanco que se iba acercando más y más. Los amigos se dieron cuenta que su rostro era un cráneo. Ella les preguntó: -¿Quién de ustedes es Pedro? –Soy yo, -contestó tembloroso. Mientras tanto, Wallace estaba atrás de Pedro muriéndose del miedo; fue entonces cuando a la mujer se le dibujó una sonrisa en el rostro y dijo: -¿Entonces tú eres el muchachito que tenía tantas ganas de conocerme? Pues aquí estoy, soy la Catrina. -Yo la quería conocer para ver si era tan fabulosa como en las historias que me contaba mi abuelo, pero también tengo qué preguntarle: ¿Por qué una señora me dijo que a usted le agradaba algo de mí? -¡Ah! eso es muy fácil, tu forma de ser me gusta y también la manera en la que te apasionas por alguien que conoces sólo a través de las historias de tu abuelo. Los altares que me pones en estos días me gustan mucho, nadie hace esto por mí. Toda la gente se asusta cuando me aparezco ante ellos, dicen que soy la muerte y que vengo a llevármelos, pero eso no es cierto, por eso te llamaba en los sueños, quería agradecerte todo lo que yo significo para ti. -Tú eres un personaje sensacional, deberías hacer algo para que todo el mundo te conozca y dejen de tenerte miedo. -No puedo, yo pertenezco al mundo de los muertos y sólo puedo salir este día en que se abre una puerta para convivir con nuestros seres queridos; esta ocasión la aproveché para estar contigo. -Te lo agradezco Catrina. -Bueno chicos, me tengo que despedir, el día de muertos se acaba y pronto se cerrará la puerta del panteón. Tú Wallace, ya no me tengas miedo. Pedro se despidió de la mujer con una sonrisa, pues sabía que había tenido el privilegio de conocer a la Catrina. Él, a diferencia de ella, tenía todo el año para contarle a las personas que no era mala sino todo lo contrario. Esta es la historia de un tonto que conoció a la Catrina y que se ganó su amistad.

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Ricardo Alberto López Rivera Telesecundaria No. 39 “Alberto J. Pani” 2º “A”

Zacatlán

Había una vez una familia que vivía en un pueblito de México llamado Zacatlán; ahí se contaban muchas historias sobre la muerte, pero la más famosa era la de la Catrina. Se hablaba mucho sobre ella pero pocos sostenían haberla visto. Como es tan popular, la festejan todos los años en el día de muertos y hacen una gran fiesta donde vienen personas de otras regiones con la esperanza de ver a la Catrina. Este año ocurrió algo sorprendente; esa familia era muy apegada a las fiestas de la Catrina y todos los años los padres iban a ver el festival de su hijo el 2 de noviembre; él era muy alegre e inquieto, se llamaba Juan. Ese día salieron los tres muy contentos al pueblo y, cuando llegaron a la fiesta, había mucha de gente. Juanito pidió dinero a sus papás para ir a comprar a un puesto. De repente empezó una discusión que terminó en pelea, entonces los papás comenzaron a buscar a su hijo desesperadamente pero no lo encontraban, el niño corrió por todas partes sin fijarse y tropezó; rodó hasta caer en medio de un bosque frío y obscuro, pero al recobrar la conciencia se sorprendió al verse en ese lugar extraño, empezó a caminar y vio a algunas personas, pero se le hizo extraño por que él recordaba que todas ellas estaban muertas; entonces supuso que él también había muerto. Distraído se topó con una persona y, cuando volteó a pedir disculpas, se dio cuenta que era la mismísima Catrina; tanta fue su emoción que se desmayó; después la Catrina lo cargó y se lo llevó a su mansión. Cuando despertó ella le dijo: -No te asustes, no te haré daño, quédate tranquilo. -El niño, asustado, preguntó: -¿Dónde estoy? -Tú ya has muerto, ya eres mío porque yo soy la dueña de los que han muerto por ser inquietos. -Pero si yo era muy tranquilo, siempre le hacía caso a mis padres. -No mientas, yo todo lo veo desde aquí arriba; vi cómo no le hiciste caso a tus padres cuando te gritaban que volvieras; ahora has muerto por un accidente y estarás aquí conmigo para siempre. El niño, llorando, dijo que se arrepentía de su mal comportamiento y que quería regresar con sus padres; le pidió que le dijera dónde encontrarlos porque debían estar muy preocupados por él. Entonces dijo la Catrina: -No puedo bajar a la tierra por mi seguridad. -Entonces ¿cómo te explicas que algunas personas de mi pueblo te han visto merodear por el panteón? -Eso es porque fueron algunos casos muy especiales. -Por favor ayúdame a regresar con mis padres, los extraño mucho. -Eso es imposible; mis manos, o más bien mis huesos, están atados, pero existe una posibilidad y te daré una sola oportunidad; bajarás a la tierra con otro cuerpo y te podrás acercar a tu familia, pero si mencionas que eres tú y los convences de eso, olvídate de volver a ver a tu familia. -Está bien, bajaré a la tierra, según tus reglas. El niño llegó a la tierra convertido en un adulto un poco viejo, al estar ahí en su pueblo se sorprendió por ver cómo estaba lleno de papeles pegados que decían: “Se busca un niño de 10 años, si lo ven comuníquese con…”. El viejo empezó a llorar al saber que aún lo seguían queriendo, continuó caminando por el pueblo cuando por fin encontró a sus padres, acababan de entrar a un restaurante; entonces entró ese forastero y

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se acercó a ellos diciéndoles: -¿Ustedes son los padres del niño que está perdido? –Sí –contestaron- somos nosotros, ¿usted lo ha visto?, ¿sabe dónde encontrarlo? -No, sólo preguntaba para saber a quiénes acudir en caso de verlo. Los padres de Juan le contaron al señor lo que pasó el día en que se perdió su hijo y, al llegar a la parte donde se fue al puesto de dulces, el señor les dijo que ese puesto le gustaba mucho a Juan porque vendían sus dulces favoritos. Sus padres quedaron sorprendidos y le dijeron: -¿Usted cómo sabe que ese puesto era de dulces y además que eran los favoritos de nuestro hijo? -El viejo les dijo que era predecible que a todos los niños les gustan los dulces. Después de unos cuántos minutos, el hombre se despidió y se fue de ahí corriendo. Se detuvo en una casa abandonada y en unos minutos apareció la Catrina; Juan le dijo: -¿Ahora qué quieres o qué hice mal? -Casi confiesas la verdad, te voy a llevar conmigo antes de que reveles todo. -Juan pidió que le diera otra oportunidad y que ya no iba a decir nada que lo comprometiera. Al día siguiente vio a su madre caminar sola por el pueblo y entonces Juan se le acercó para saludarla, ella le dijo que se sentía mal porque pensaba separarse de su marido, que ya habían pasado casi dos meses de la desaparición de su hijo y ya nada la tenía atada a él. Él le respondió que debía luchar por encontrar a su hijo y no rendirse nunca; que era mejor permanecer en pareja unidos, esforzándose más por encontrar a su retoño. La Catrina felicitó a Juan y le dijo que ya se había ganado un lugar junto a su madre, así es que lo mandó a la tierra en su cuerpo verdadero. El niño, feliz, salió corriendo hacia su pueblo, a casa de sus padres, tocó la puerta y ellos se pusieron radiantes por haber recuperado a su hijo; se abrazaron y vivieron felices por siempre.

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Rodolfo Ruvalcaba Ibarra Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 3º “A”

La Catrina vuelve Había una vez, hace muchos años, a unos amigos que les gustaba jugar futbol; ellos eran Juan, José, Óscar y Lupe. Casi siempre jugaban por la noche en una calle cerca del arroyo. Un día Manuel, un viejito del pueblo, les contó una historia que le acababa de suceder; antes de empezar les dijo que él venía del cerro en su burro, pero como ya era noche, decidió dar vuelta justo en la calle donde ellos estaban jugando. Les dijo que en trayecto, a lo lejos, vio a una mujer vestida de negro con velo y sombrero elegante; al acercarse a la mujer, el burro se empezó a agitar y él se asustó muchísimo. Ambos se emparejaron en el camino y él la saludó muy cortés, pero ella no le contestó a pesar de que lo volteó a ver. En ese instante él, paralizado, vio que la cara de esa mujer tenía forma de calavera muy similar a la Catrina.

Fátima Paulina Díaz Chávez

Les contó a los cuatro amigos que ya antes había escuchado una leyenda en la que decían que si alguien pasaba por ahí a las doce de la noche, ella se los llevaba a lugares desconocidos y no aparecían nunca más. Juan, incrédulo, le dijo: -No es cierto don Manuel, usted sólo nos quiere asustar para que ya no juguemos en la calle, pero además ya es tarde, mejor regresemos a nuestras casas.

Los jóvenes se retiraron del lugar, quedando de verse al día siguiente a las ocho de la noche. Al llegar, acordaron cómo quedarían los equipos entre ellos y luego empezaron a jugar. Así transcurrió rápidamente el tiempo y cuando iban a ser las doce de la noche, empezaron a sentir miedo pero trataron de armarse de valor. De rato, sintieron escalofrío porque a lo lejos vieron a una mujer con vestimenta negra, tal como don Manuel la había descrito en su historia. Lupe dijo: -No se preocupen, ha de ser Josefa la señora de la tienda, mejor sigamos jugando. Continuaron con el juego y de rato vieron que esa mujer se acercaba cada vez más, así es que optaron por saludarle: -Buenas noches bella dama. –Al no obtener respuesta, quedaron paralizados y más cuando la mujer se quitó un rebozo con el que estaba tapada porque vieron su horrorosa cara. Dicen que Juan, de la impresión al verla, murió al instante. Todos piensan que la Catrina se lo llevó. Desde ese entonces los niños jamás volvieron a jugar en esa calle. De hecho, dicen que nadie pasa por ese lugar por temor a que la Catrina llegue por ellos, pero todos hacen la advertencia de que tengan cuidado de no salir por la noche porque podría pasarles lo mismo.

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Rosalín Láriz Montoya Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “B” La Catrina y algo más… Todo empezó en el año de 1912, cuando en Aguascalientes se corría el rumor de que había una mujer muy bella y elegante que acostumbraba a pasear por las calles de esa ciudad. Ella salía sólo por las noches y vestía de una manera muy peculiar, pues su vestimenta era típica de Europa: usaba un vestido largo y un sombrero grande con plumas de avestruz y flores de colores. Prácticamente su atuendo era de color negro y ella lucía hermosa. Sin embargo, los pobladores nunca le veían la cara porque siempre la traía cubierta con un gran velo también de color negro. Era muy coqueta y llamaba mucho la atención de los hombres. La única persona que lograba verle el rostro era don José Guadalupe Posada, un grabador muy famoso de esta hermosa ciudad. Él les decía que no les convenía verle el rostro porque se impresionarían, pero al verla tan elegante nadie le creía y, al contrario, ella era motivo de burla por lo coqueta que se veía. Posada comenzó a hacer dibujos inspirado en esa mujer tan catrina e hizo que todo el pueblo los conociera y supieran de la existencia de esa elegante dama. Pasaron varios años y todos notaron que la Catrina ya no se aparecía por las calles de la ciudad; sin embargo, Posada la seguía dibujando. Cierto día un señor llegó a casa del dibujante y grabador; ansioso le preguntó: -Oiga Posada ¿Pues qué le pasó a la Catrina?, ya nadie la hemos visto y extrañamos mucho a esa mujer tan elegante y fina; ya sólo vemos sus dibujos donde ella está muy sonriente pelando los dientes. –No sabría decirle –contestó Posada- yo tampoco la he vuelto a ver. Así transcurrieron varios días hasta que, una noche, los hombres más coquetos y burlescos decidieron ir a buscarla por todas partes hasta que apareciera, así que unos se dirigieron al Jardín de San Marcos, otros a la estación del tren, otros a la Plaza de la Patria, a los parques y prácticamente a todos lados. En realidad lo que ellos querían era burlarse de aquella mujer que creían era presumida, sólo por ser catrina. Posada, al enterarse, los regañó y les dijo que ella no era motivo de burla; que si él hacía dibujos e ilustraciones de este personaje no era para que se burlaran, sino para que le rindieran culto porque ella representaba a la muerte y quería formar parte de las tradiciones de Aguascalientes. Ellos no le hicieron caso y continuaron buscándola; la invocaban y querían verla para que les siguiera coqueteando con tanta elegancia, pero ella nunca se volvió a aparecer. Durante la madrugada de un día 2 de noviembre, la Catrina se les apareció y permitió que vieran su rostro. Aquellos hombres se llevaron un gran susto al ver que se trataba de una calavera. Corrieron a casa de Posada y le contaron lo sucedido. Él les dijo: -Yo ya les había advertido que no la buscaran y que tampoco se burlaran de su forma de ser, aún cuando la creyeran presumida. Siempre les he dicho que no se deben burlar de ningún muerto. Desde entonces, todos reflexionaron sobre este acontecimiento y no volvieron a burlarse; Ahora recuerdan con cariño a la Catrina y se le valora como un personaje cultural. “Yo, que escribo este cuento, les digo que no hay que burlarnos de la muerte, sino que debemos verla como un símbolo de nuestra entidad y que, todas las historias que se cuentan sobre este personaje, también forman parte de nuestras tradiciones con motivo del día de muertos”.

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Sergio Carrera Láriz Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 2º “B” La Catrina en la ciudad Fue hace mucho tiempo cuando, en un lugar muy lejano al que llamaban Villa de Nuestra Señora de la Asunción, se decía que había una señora a la que le gustaba arreglarse mucho para ir a las fiestas que ahí se organizaban. La mayoría de las personas la envidiaban porque siempre llevaba ropa nueva y muy elegante, le llamaban la Catrina. Un sábado, en una fiesta se juntaron muchas personas para asesinarla, pues ahí era como un pueblo sin ley. Al llegar la hora del festival que se celebraba en el lugar, la mayoría de los invitados la esperaban para humillarla y decirle cosas feas respecto a su vestimenta. Pasaron varias horas pero la Catrina no llegó. Ninguno de los asistentes tenía idea de lo que le había ocurrido, pues ella no se perdía ninguna fiesta o evento de diversión.

Julissa de Lira Chávez

Pasaron varias semanas sin que se viera a la Catrina hasta que, un día por la mañana, un señor que se dirigía a su casa, después de estar bebiendo en la cantina, encontró a la mujer con el cuerpo cortado y la cara quemada, pero él en realidad no supo lo sucedido y pronto abandonó ese lugar.

El tiempo pasó y se supo que las personas que la mataron fueron envejeciendo hasta que, un día, de manera inexplicable, todos y cada uno de los asesinos de aquella mujer amanecieron muertos a la mitad de la calle, con el cuerpo cortado y la cara quemada. Hay quienes creen que fue la Catrina que regresó del más allá para hacer justicia. Otros aseguran que ella sigue entre nosotros y que la han visto en fiestas, pero usando otra ropa para que no la reconozcan y llevarse de este mundo a los que envidian a las mujeres elegantes.

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Suleima López Navarro Telesecundaria No. 174 “José Sixto Verduzco” 3º “A”

La maldición

Un día por la tarde, un par de amigas se preparaban para irse de fiesta con sus compañeros. Al llegar al lugar donde daría inicio la fiesta, José, Alejandro, Mateo y César comenzaron a tomar bebidas alcohólicas. Después de unas horas, Azucena y Alejandra se querían retirar de la fiesta porque ya era demasiado tarde y era muy peligroso. Azucena y Alejandra, al darse cuenta de que sus amigos habían consumido demasiado alcohol, se negaron a irse con ellos, pero César insistió hasta lograr convencerlas. Cuando entraron a la autopista y se dirigían a sus hogares, Mateo aumentó la velocidad del coche. Azucena y Alejandra insistían en que bajara la velocidad pero Mateo seguía acelerando; de repente, a lo lejos observaron una silueta y, de un segundo a otro apareció justo enfrente del automóvil una mujer misteriosa con un vestido largo y negro que la cubría de los pies a la cabeza; a la velocidad que iba, Mateo no pudo frenar el auto y arroyó a esa mujer. Unos metros adelante fue cuando logró detener el auto, todos se bajaron para auxiliar a la mujer y, al darse cuenta que estaba agonizando, Mateo y César decidieron no hacer nada, dejándola abandonada a la orilla de la carretera. Después de varios meses Azucena, Alejandra y Mateo, transitaban por aquella carretera donde había ocurrido el accidente cuando de pronto, a lo lejos, observaron a una persona que al parecer era la misma silueta que habían visto aquella noche. Azucena, al darse cuenta de que el miedo los iba consumiendo, no pudo controlar el volante y el auto se volteó dando vueltas en el aire. Cuando los tres despertaron de su inconsciencia a causa de los terribles golpes que recibieron, esa señora misteriosa apareció nuevamente justo en el lugar donde acababa de ocurrir el accidente, tomó de la mano a Azucena, la sacó del auto brutalmente donde ella se encontraba prensada entre las partes retorcidas del automóvil. La arrastró a unos metros del coche golpeándola hasta matarla y la dejó tirada, vengándose con ello de Azucena, ya que ella fue una de las que permitió que la dejaran a la orilla de la carretera. La mujer se dirigió nuevamente al auto y tomó por el cuello a Alejandra, la martirizó cortándole las manos y los pies hasta que fue perdiendo la vida poco a poco. La extraña señora, al terminar con la vida de esas dos jóvenes, las puso en un sitio juntas dejándolas abandonadas. Mateo, al ver lo que hizo esa mujer, se fue desvaneciendo poco a poco hasta desmayarse completamente. A la mañana siguiente, Mateo despertó y pensó que seguramente todo había sido una pesadilla, pero al mirar a su alrededor vio el auto volcado y a sus dos amigas destazadas. De la impresión corrió hacia la orilla de la carretera en busca de ayuda; creyó que todo esto era una venganza de la mujer porque la dejaron abandonada y malherida el día del accidente.

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Días después, José y Alejandro se encontraban angustiados por lo que les había platicado Mateo. Los cuatro amigos decidieron investigar sobre aquella señora extraña y misteriosa. Iniciaron cerca de un pueblito donde había ocurrido el accidente. Llegaron a una casa enorme y muy hermosa, César tocó el timbre y salió un señora como de ochenta años de edad, Alejandro le preguntó que si conocía a una mujer que a diario vestía un vestido negro que la cubría de pies a cabeza, y la señora le contestó que sí, contándoles lo que sabía de ella. -Escuchen bien lo que les voy a decir, esa mujer era muy rara, siempre andaba sola y no tenia familia alguna. Nunca hablaba con nadie y siempre vestía de negro y se cubría la cara con un enorme sombrero. Aquí en este pueblito la apodábamos la Catrina, de hecho, hace unos meses no la he visto por ningún lado, aunque aún recuerdo aquella noche que la vi caminando por la orilla de la carretera, pero desde ese día ella desapareció. Alejandro, César, José y Mateo se despidieron de la dichosa mujer, salieron de la casa, se subieron al auto, salieron del pueblo e iniciaron su camino. César iba manejando muy nervioso por lo que les había contado esa mujer cuando de repente vieron la misma silueta en la carretera. De los nervios Mateo y César se echaron a correr sin saber a dónde se dirigían; como era de noche no se veía absolutamente nada. De pronto se apareció la Catrina quien comenzó a golpear a Mateo, pero no murió, sólo quedó malherido. Alejandro y José tomaron el auto y levantaron a Mateo para dirigirse hacia la comunidad donde vivían y que los pudieran atender en urgencias del hospital. Mateo murió a las pocas horas y José decidió ir con César y Alejandro para entregarse a las autoridades. Fueron condenados a siete años de prisión por haber cometido un crimen y no apoyar a la víctima. Ellos prefirieron cumplir su condena a que la Catrina de nuevo intentara matarlos. Cada uno de ellos, al pasar por esa carretera, recuerdan aquel accidente que les marcó la vida para siempre al perder a sus queridos amigos. Se dice que las personas que transitan de noche por esa carretera, se les manifiesta la señora extraña conocida como la Catrina, con las tres cabezas de sus víctimas. Pero a pesar de eso, la mujer ya no hace daño, sólo se aparece en el lugar en que murió aquella noche.

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Ulises Contreras Mejía Secundaria General No. 36 “Enseña Nacional” 1° “C”

La historia de la Catrina

Había una vez una muchacha a la que le gustaban las emociones fuertes, le fascinaban las películas de terror y todo ese tipo de cosas. En la escuela se apartaba de los demás, pues no compartía los mismos gustos de la mayoría, por lo tanto, nadie se juntaba con ella. Hubo un día en que los vecinos de la muchacha decidieron irse de ese lugar, pues decían que aquellas casas estaban malditas y que transitaban por ellas espíritus que ya les habían hecho mucho daño. Ella decidió ir a una casa abandonada por sus vecinos para ver si podía grabar alguno de esos fantasmas a los que se referían; salió de su casa con una cámara de video en la mano y se adentró al jardín de los vecinos; ahí observó que una de las ventanas estaba abierta y, llena de emoción, entró por ella. Empezó a hacer un primer recorrido por la casa para ver dónde serían los lugares en donde grabaría más, luego, al caer la noche empezó con el segundo recorrido, pero en esta ocasión escuchó voces y gritos que provenían del ático; se dirigió hacia allí y comenzó a grabar lo que iba sucediendo; aunque le temblaban las manos no encontró absolutamente nada. Volvió a la sala y, justo a las tres de la madrugada, se oyó como si azotaran una puerta en el piso de arriba, ella corrió y encontró cerrada la puerta que había dejado abierta apenas unas horas; en ese momento sintió que alguien la estaba viendo pero, cuando bajaba las escaleras y quiso salir por la ventana por donde había entrado, se dio cuenta que estaba cerrada. Empezó a entrar en pánico y corrió por toda la casa donde cada vez se escuchaban más ruidos extraños; comenzó a imaginar cosas y la angustia la invadió al grado de que rompió el vidrio de una de las ventanas del segundo piso y se aventó quedando tendida en el suelo. Al día siguiente la policía encontró el cuerpo de la muchacha que identificaron con el nombre de Catherine. La encontraron con los ojos hundidos como los de una calavera. Después del funeral, se equivocaron al poner su nombre en la lápida y escribieron Catrina, por eso toda la gente desde aquel día la recuerda así. Cuentan que hoy en día, la Catrina sale de su tumba, pasea entre las lápidas del panteón y que, a las tres de la mañana, se escucha un fuerte sonido que parece como si hubieran roto un vidrio en la casa abandonada donde murió.

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Valeria Ruvalcaba Ibarra Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 3º “A”

La casa de la Catrina

Hace aproximadamente tres años, en una casa que hoy se encuentra solitaria, murió una señora a la que llamaban la Catrina. Un día un grupo de cuatro amigos se reunieron y uno de ellos llamado Germán, comentó que esa casa desde hacía mucho tiempo se encontraba sola y que nadie se animaba a entrar. Ricardo, otro de los amigos, les habló de una historia que le había contado su abuelo y dijo que el que entraba a esa casa no salía vivo porque a la Catrina la habían matado ahí dentro. Con la herradura de un caballo le habían sacado un ojo, luego la ahorcaron y después le cortaron la cabeza. De ahí que la Catrina siempre se aparecía en esa casa vestida de negro. Un día un niño se acercó a aquella casa y se asustó tanto que murió de un infarto, por lo que su papá quiso vengarse de la Catrina, de quien se dice, había tenido un hijo. Luego de contar la historia, los cuatro amigos decidieron ir y entrar a la casa solos. Quedaron de verse al día siguiente a las once de la noche, acordando que entraría primero Julián, luego Germán, enseguida Ricardo y por último Everardo. Al siguiente día se reunieron. Julián entró a la casa a las 11:02 y dijo: -¡Hola! quien viva aquí salga, sólo estoy yo. -Como nadie le contestó, salió de la casa y les dijo a sus amigos que entraran con confianza porque no había nadie; por lo tanto no les daría miedo. Enseguida entró Germán. Eran las 11:09, pero él vio una sombra y preguntó: -¿Quién eres tú? -Era la sombra de la Catrina que le contestó: -El que se mete a mi casa no sale vivo. -Luego le encajó una herradura de caballo en el ojo y murió. Como ya no salió de ese lugar, los otros tres amigos optaron por regresar a casa. Se reunieron al siguiente día con la esperanza de que Germán les contara cómo le había ido, pero no llegó. Ricardo comentó que a lo mejor había sentido miedo y por eso no quiso ir a la reunión, así es que mejor decidieron regresar a sus casas. Julián prendió la televisión y vio en las noticias que en la casa de la Catrina se habían encontrado el cuerpo de un niño llamado Germán. De prisa fue a la casa de Germán y su mamá, llorando, le contó que lo encontraron en una casa sola, con la herradura de caballo incrustada en un ojo y no se pudo salvar. Sorprendido y sin dar crédito a lo que había escuchado, fue a casa de sus amigos y les contó lo que había pasado a Germán en esa casa tan horrible. Ricardo, enfurecido, dijo que no iba a dejar de ir a esa casa y ahora más que nunca quería saber qué había pasado. Por la noche, a las 11:16, fue a la casa abandonada, entró y luego dijo: -Sal de ahí Catrina, no te tengo miedo. -De repente, por detrás de él, la sombra de la Catrina se apareció y lo ató al cuello con la misma cuerda que años atrás la ahorcaron a ella. A la mañana siguiente se dieron cuenta de que Ricardo no había aparecido. Everardo decidió ir a la casa abandonada en busca de sus amigos, pues supo que iban a ir la noche anterior. Entró a la casa y ahí, sin piedad, la Catrina le cortó la cabeza. Julián presintió que algo malo sucedía porque no veía a ninguno de sus amigos, así es que regresó a esa casa, al entrar, en el suelo encontró la cabeza de su amigo; desesperado la tocó y justo en ese momento llegó la policía, lo encontraron con las manos llenas de sangre y, por consecuencia, se lo llevaron a la cárcel. Cuentan que en la cárcel se le aparecía la Catrina a Julián y él se asustaba mucho, hasta que un día tomó una decisión y terminó ahorcándose. Hay quienes dicen que por las noches se escucha la voz de Julián diciendo: -¡Ay Catrina, no me mates!

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Víctor Manuel Carrera Villalovos Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “B” La Catrina y el hotel de la tortura En un lejano pueblo muy humilde había una dama muy elegante y con fama universal, a la que se conocía como Catrina. Las oficinas del Ferrocarril Nacional estaban cerca de ese lugar, por donde la mujer disfrutaba salir a caminar. Un día ella caminaba por cerca de aquellas oficinas y vio un letrero que decía: “Se volverá a hacer el viaje de verano, la salida es este lunes a las 19:00 horas. Prepárate. No te detengas”. Ese viaje era tan gustado por la mayoría de los habitantes del pueblo que Catrina se decidió a ir, por lo que se anotó en la lista de los pasajeros. Llegó el gran día y viajaron a un lugar distinto del que habían visitado otros años; por consecuencia, se hospedaron en un hotel distinto en el que, al llegar, a cada huésped lo acompañaron hasta su habitación. Apenas estaba sacando su ropa de la maleta cuando la Catrina escuchó unos ruidos muy extraños y salió de su habitación; afuera observó que un hombre obligaba a una mujer a beber licor, pero como ese era un hotel conocido en aquel pueblo y ahí no podía haber escándalos, pensó que tal vez ellos estaban bromeando, así que los ignoró y regresó a su habitación. Apenas se disponía a descansar tras el largo viaje, cuando escuchó unos gritos desesperados; volvió a Carlos Rodríguez Guevara salir de la habitación, caminó hacia el lugar de donde provenían esos ruidos y vio que eran del interior de un cuarto cuya puerta se encontraba emparejada, así es que entró y descubrió que dos hombres torturaban a una mujer a la que ya le habían cortado los pies. De inmediato y muy asustada corrió hacia afuera e intentó salirse del hotel pero, sorprendida, descubrió que éste no tenía salida, aunque eso no podía ser posible porque por algún lado habían entrado. Enseguida se vieron en el hotel varios hombres armados por todas partes; todos los que hicieron ese viaje de verano estaban asustados y más cuando esos hombres los metieron a cuartos oscuros donde los torturaban hasta matarlos. Los habitantes del pueblo de donde salió el tren, se enteraron que este año el viaje de verano era a otro lugar, justo a uno del que se sabía que ocurrían cosas extrañas; se empezaron a preocupar y se dirigieron hacia aquel sitio en busca de sus familiares para sacarlos de ahí. En el hotel todo iba empeorando, pero la Catrina aún no había muerto, sino que se encontraba herida y encerrada en un calabozo del que difícilmente podría ser rescatada porque estaba muy bien escondida. Ni los familiares ni la policía pudieron encontrar a todos los viajeros que no habían muerto y se encontraban en la lista de desaparecidos. Ha pasado el tiempo desde aquel viaje de verano, el último que se hizo y del que misteriosamente nadie supo quién fue la persona que lo organizó. Se cuenta que en el pueblo donde vivía la Catrina, todos los días se ve la silueta de una mujer vestida de negro que muy sonriente dice a las personas que pasan por la estación del tren: “Pásele, pásele, no se asuste, pues aunque calavera soy, no vengo por ustedes ni me da por asustar, sino que soy una mujer elegante con fama universal”.

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Wendy Delgado Estrada Telesecundaria No. 6 “Jaime Torres Bodet” 1º “A” La Catrina en penumbras Había una vez una niña llamada Cáterin que vivía en una casa del barrio de Triana, pues su padre era político y su madre la mejor actriz de Aguascalientes. Era un viernes 13, el mes no importa, cuando sus padres tuvieron que tomar un vuelo a Canadá. Como ocurría siempre, ella se quedaba sola en la inmensidad de su hogar. Sus padres prometieron llamar a las doce de la noche para decirle que habían llegado bien, hora en que Cáterin estuvo muy al pendiente del teléfono, pero éste no sonaba. Transcurrieron las horas y la niña, ante su desesperación porque sus padres no le llamaban, decidió marcarles a su celular, pero nadie contestó. De repente tocaron a la puerta de la casa y eran sus padres. Ella sorprendida les preguntó: -¿Qué no deberían estar en Canadá? –Sí, pero tuvimos un contratiempo, ahora iremos a otro lugar; pero nunca olvides que te amamos y que siempre estaremos contigo, -dijo el padre con emoción por estar con su hija. En ese momento sonó el teléfono y sus padres desaparecieron repentinamente; ella pensó que todo había sido producto de su imaginación; al levantar el auricular, una voz desconocida le dio la triste noticia de que sus padres habían muerto al caerse el avión en el que viajaban a Canadá. El cuerpo de Cáterin se erizó al escuchar esta noticia; su mente abandonó su cuerpo y sus pensamientos se volvieron oscuros. Resentida con la vida, ella se volvió mala y vengativa, pues la noticia le afectó tanto que inclusive, un día hasta intentó quitarse la vida, pero afortunadamente su nana alcanzó a ver lo que sucedía y la detuvo. Pasaron los días y Cáterin, de ser una niña alegre y amorosa, se volvió mala, amargada por la soledad en la que se encontraba. Ahora hacía daño a los niños y los detestaba. Cada viernes 13 se sentaba en la sala a esperar que el teléfono sonara; estaba muy afectada de su mente. Ya no quería hablar con nadie ni quería comer, así es que de repente su cuerpo se volvió cadavérico; cambió su vestimenta por sólo vestidos negros con sombreros del mismo color. Siempre se sentaba en el jardín de su casa a la media noche y ahí se quedaba hasta el amanecer. Pasaron los años y de aquella muchacha no se volvió a saber nada. Cáterin murió. La gente cuenta que en el jardín de su casa dejó una rosa que era símbolo de su bondad. También contaban que durante algunas noches se escuchaba su risa de cuando era bondadosa. Se cree que esa risa en realidad era porque le había llegado la muerte y ahora podría reencontrarse con sus padres. De hecho, decían que la que contaba esta historia era su propia nana quien, al encontrarla tirada en el piso el día que murió, el rostro de Cáterin tenía una sonrisa escalofriante.

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Yajaira Elizabeth Godínez Esquivel Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 2° “B” La tragedia por amor Karina era una joven de 25 años que, al morir su madre, ésta le confesó que tenía una hermana llamada Andrea de 18 años que vivía en el pueblo, así es que se fue en busca de ella, abandonando a su pretendiente José, que la amaba intensamente. José conservaba retratos de ella que él mismo pintó; era lo único que quedaba de su enamorada. Karina, al llegar al pueblo en busca de su hermana, se topó con un obstáculo al no saber las características ni el lugar donde vivía su hermana; sin embargo, se hospedó en un hostal. Al día siguiente, al salir de ahí, se encontró con una muchacha con la que entabló plática: -Hola. Yo soy Karina. ¿Cuál es tu nombre? -Fátima, no eres de por aquí ¿verdad? -¿Y tú cómo sabes, si no me conoces? -Es que toda mi vida la he pasado aquí. -Ahora entiendo, así que conoces a todos los del pueblo. –Claro. -Entonces debes conocer a Andrea. -¿A quién? -Andrea, debe tener como 18 o 19 años. -Por la edad que me dices no, sólo hay una Andrea en este pueblo y esa es mi madre. -¿Cuántos años tiene? -Cuarenta y tres. Disculpa, me tengo que ir, si quieres platicar te espero a las cinco de la tarde en la plaza. -Está bien. Más tarde se juntaron nuevamente, caminaron y recorrieron el lugar para que Karina lo conociera cuando, de repente, escucharon un trueno y Karina dijo: -¿Qué es ese ruido? -Ha de ser mi madre haciendo otro hechizo. -¿Por qué hace eso tu mamá? -Porque es la hechicera del pueblo. Siguieron caminando y platicando a la vez; luego pasaron al lado de un muchacho que a Karina le pareció guapo. -¿Quién es él? –preguntó Karina. -Es Mariano. Pasó el tiempo y Karina y Fátima seguían buscando a Andrea a quien no encontraban, ya que posiblemente ahora tenía otro nombre. Fátima invitó a Karina a comer a su casa y la primera le preguntó a su madre: -¿No sabes si aquí algún día vivió alguien con el nombre de Andrea? -Claro que no, –contestó su madre Victoria. Karina se dio por vencida al creer que tal vez su hermana murió, sin embargo, no quiso regresar al pueblo porque estaba enamorada de Mariano. Ella se dio cuenta de que él ni siquiera la volteaba a ver, así que se sintió muy triste. Fátima le aconsejó que fuera con Victoria para que le hiciera un hechizo a Mariano y la amara, propuesta que en ese momento rechazó, pero conforme pasó el tiempo la reconsideró. Así es que fue con Victoria y Karina le dijo: -¿Podría hechizar a Mariano? -Sí pero ¿con qué me pagarás? -Usted ponga el precio, hago lo que me pida. -El costo es que mates a José Antonio. -Enloquecida de amor aceptó sin preguntar nada y dijo: -Claro que si, haría todo por él. Al anochecer va y lo mata, lo que no sabe ella es que el hombre que asesinó era el padre de Mariano quien, un año antes del fallecimiento de su padre, acudió a una bruja de magia negra para que al morir, en caso de que fuera asesinado, esa persona se convirtiera en calavera. Así ocurrió; al matarlo, Karina se convirtió en una calavera. Un día José se sentía sólo por no tener a Karina junto a él, se acordó de los retratos que había pintado; al sacarlos vio que en vez de la imagen de Karina tenían la de una calavera vestida de Catrina. Después de un tiempo se enteró de lo que le había pasado a Karina y que murió sin saber que la hermana a la que buscaba era Fátima, pero Victoria le había cambiado el nombre para que nunca se la quitaran. Nunca se supo porqué los retratos cambiaron de imagen, aunque se trataba de la misma persona. José convirtió los retratos en grabados a fin de hacer famosa a su amada eterna.

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Yolanda Viridiana Mena Dueñas Secundaria Técnica No. 34 “Frida Kahlo Calderón” 3º “A” Carta de José Guadalupe Posada a la Catrina

12 de septiembre de 1912, Aguascalientes, Ags. Querido José Guadalupe Posada: La duda ofende. Defiendo a capa y espada todo aquello que me queda, por poco que sea. Creyeron que me rendí pero no es así; sólo frené para evitar más golpes como los que sufrí ayer. Siento que la vida pasa y no me espera. Mi condena es una carga difícil de llevar a cuestas. Siempre al final las fuerzas fallan como si algo faltara en mi interior porque, pese a todo, no cesaron las ganas. Quizá mañana sea peor y baje el ritmo de mi último baile. Dicen los niños susurrando que me guíe el aire, que me encuentre entre compases, que mi conciencia y la ansiedad hicieran las paces; dice el viento que aún me espera donde ya no pueda verte, que el camino mece y pese a todo, sigo siendo fuerte; son restos de besos aquellos que recuerdo, esa foto en blanco y negro, el poder verlo y no creerlo. Quizá las mariposas me hablen de ello y no sepa si ahora es cierto; tengo el secreto para seguir siendo fiel a mis deseos. No tengo lo que quiero, pero quiero lo que tengo; sueño demasiado y estanco en mi mente la magia. Si piso ciertos lugares me entra la nostalgia, será que pese a todo no crecí bastante, será que me niego creer que soy ignorante. Tengo más por dentro y no lo muestro como todos. Quiero levantarme y no hundirme en este lodo; no digo que no puedo, sólo que hay heridas y, las que no se ven, son las que no cicatrizan. Ya no siento, sólo intento ser feliz; estoy perdida y sé que existe una salida, el camino va cambiando y yo voy creciendo en él. Me guío por vivencias, mis valores y mi ayer. Sé que gente juzgará por ser joven pero no me importa porque la trampa de la apariencia, no siempre funciona. Paso de palabras que no dicen nada, pero mido los silencios con la calma exacta; si me miras, siento; si quieres intento no girar la vista a un lado cuando me reclame el viento; pregunto a cada estrella qué destino me depara; me siento a esperar por si algún día contestaran las cartas que llegaron, pero no dijeron lo que pienso; leí tu despedida y sé que observas desde el cielo; ya no me asombra sentirme sola entre tanta gente; mis sentidos con el tiempo te vieron inerte. Nada queda si nada soy, si nadas hoy en este mar de plena sabiduría, sé que te irás pero opté por no pensarlo. Han pasado los años y noté algo extraño, me guía tu sonrisa y tu cariño; nadie sabe de lo que hablo y me esfuerzo por vivir lo que a ti no te han dejado. Se define así porque tú lo has querido; tus palabras me confunden y pierdo los estribos, no quiero pensar si en realidad me amaste, pues ahora yo sé que nunca lo lograste. Das fin a este cuento donde sólo existen palabras sin sentido, tu corazón no late por mí y hoy no quiero vivir. Mata de una vez este corazón que lo único que sabe es hablar de dolor. Me has mentido y ya no formo parte de ti; quiero regresar al tiempo y escoger otro camino. Olvidarme de que existo en un gran suspiro; mata de una vez el amor que yo siento por ti, que nada me sirve si tú no estás aquí. Con mucho amor: La Catrina.

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“Tanto el habitante del campo como el de la ciudad tendrán que rodar, inevitablemente por la avenida de la muerte, una muerte alegre, sin duda, una muerte con cigarro en la boca, bailando el jarabe tapatío y, sobre todo, cómica y dramáticamente también disfrazada como una dama de fin de siglo, una especie de Mae West macabra, envuelta entre los mantones de la serpiente emplumada, Quetzalcóatl, su cabeza pelona cubierta por un suntuoso sombrero parisino, de alas anchas y cargado de flores. En sí misma extraordinaria, esta visión le debe tanto a la tradición como le otorga a la misma. En Posada, como en todos los grandes artistas, la creación es una pausa que lleva adelante a la tradición y, genialmente, la reconoce y trasciende, la niega y la enriquece.”

El Espejo Enterrado

Carlos Fuentes 1928-2012

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100 cuentos, 100 años  

Homenaje a la Catrina en su aniversario 2012. Compendio de 100 cuentos escritos por alumnos de secundaria inspirados por la obra "La Catrin...

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