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EDIC IÓN ESPEC CIAL AÑO 2019 / Nº1

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Ciud ría sím ade : b s su volo en ida Pág .

22

Infancia y adolescencia Grecia y Persia, culturas enfrentadas El ejército invencible Guerras Médicas y el control de las polis Un modelo a seguir en la antigua Roma Macedonia, la nueva potencia

ALEJANDRO EL MÁS GRANDE CONQUISTADOR

Perú S/. 12.00 Soles

Chile $2.500


E N T O D A S L A S P L ATA F O R M A S D I G I TA L E S

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D E S C A R G A M U Y I N T E R E S A N T E E N T U C O M P U TA D O R , TA B L E T Y S M A R T P H O N E


sumario 10 El

sueño del helenismo Alejandro nunca abandonó el deseo de unir Occidente y Oriente bajo los principios homéricos de honor, pudor y gloria.

16 Dos culturas enfrentadas Durante dos siglos, la lucha de las polis contra el Imperio aqueménida fue la de la tiranía persa ante la libertad de la Hélade.

22 Símbolos de grandeza Entre Macedonia y Persia, tres urbes sellaron la vida del rey macedonio. Pero Alejandría lo convirtió en un mito.

04Un semidiós llamado Alejandro

El mundo y la Europa de hoy no serían imaginables sin la enorme herencia que el conquistador macedonio dejó.

30 Diseñado

para la victoria Profesional, especializado y organizado, el ejército de Alejandro fue una maquinaria bélica sin rival durante casi dos centurias. muyinteresante@televisa.cl 1


sumario 44 ¡Enemigos a la vista!

38Nace una

nueva potencia Un pequeño reino al norte de Grecia acabaría por imponerse a todas las polis de la Hélade y al todopoderoso Imperio persa.

Las Guerras Médicas fueron parte de la lucha entre griegos y persas, que cesaría al ser conquistado el Imperio aqueménida.

Edición Chile Marisol Camiroaga M. Directora General de Revistas Francisca Vives Editora Ejecutiva Natalia Bindis Constanza Vivanco María Fernanda Aguirre Coordinadoras Editoriales Marco Ramírez Corrector de Estilo Arte Elisa Court Bernardita Cardone Directora de Arte Jonatan Guerra Diseño Claudia Pérez Alumna en practica

50 El forjador de un imperio Filipo II estableció las bases de la hegemonía macedónica en el mundo helénico.

Colaborador Jorge Jiménez Periodista

María Eugenia Goiri Rayo Gerenta General Chile Comercial Alejandra Labbé Gerenta de Ventas Josefa Larraín Coordinadora Comercial de Proyectos y BTL Rebeca Salas Gerenta de Venta Directa Finanzas Juan Carlos López Gerente de Administración y Finanzas Marketing y Publicidad María Paz Aguirre Gerenta de Marketing Circulación Rodrigo Gamboa Espinoza Gerente

Producción Gustavo Briones Coordinador General de Producción Claudia Cisternas Contreras Coordinadora

62 El sometimiento de Grecia

56 El elegido

Antes de iniciar la invasión de Asia, Alejandro y su padre Filipo II tuvieron que someter a las polis griegas.

de los dioses

Edición México Francisco Villaseñor Tadeo Director Editorial Editorial Gerardo Sifuentes Coordinador Editorial

Arte Manuel Arrubarrena Luna Coordinador de Arte Carlos E. Balan Lara Diseñador

Alberto Calva Corrector de Estilo

Brillante y precoz, pronto sus contemporáneos advirtieron que Macedonia le quedaba pequeña al joven Alejandro.

TELEVISA PUBLISHING INTERNACIONAL Porfirio Sánchez Galindo Director General Mauricio Arnal Director General de Administración y Finanzas

68 La conquista de Oriente Liberadas las ciudades griegas de Asia Menor, Alejandro partió con el objetivo de apoderarse del Imperio aqueménida.

La revista mensual para saber más de todo Suscripciones: suscripciones@televisa.cl Call Center: 6005955000 - 2 595 5000 Editorial Televisa Chile, Rosario Norte 555, Piso 18, Las Condes, Santiago, Chile. © MUY INTERESANTE. Marca Registrada. Año XXXVI Nº 1. Fecha de publicación: enero 2019. Edición especial de la revista mensual, editada y publicada por EDITORIAL TELEVISA CHILE, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes, Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000 ext 6930,mediante convenio con EDITORIAL ZINET TELEVISA, S.A. DE C.V. Oficina de Redacción y Publicidad: Editorial Televisa Chile, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes, Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000. Impresa para Chile por: A. Impresores Chile S.A., Av. Gladys Marín 6920, Estación Central Santiago de Chile, Chile. Tel: (562) 440-5700. INFORMACIÓN SOBRE VENTAS: Editorial Televisa Chile, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes, Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000. Distribuidor: El Mercurio S.A.P. RUT Nº 90.193.000-7 Santa María N° 5542, Vitacura, Santiago, Chile. Flete Aéreo: $290. Regiones: I, II, XI, XII y XV. Suscripciones: Tel: (562) 595-5070; Fax: (562) 596 69 40; suscripciones@televisa.cl. www.televisa.cl. EDITORIAL TELEVISA CHILE, S.A. investiga sobre la seriedad de sus anunciantes, pero no se responsabiliza con las ofertas relacionadas por los mismos. Prohibida su reproducción parcial o total. IMPRESA EN CHILE - PRINTED IN CHILE. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. ALL RIGHTS RESERVED. © Copyright 2017. ISSN 1665 – 3629. EDITORIAL TELEVISA, S.A DE C.V. COORDINACIÓN ADMINISTRATIVA DE LICENCIAS

74 Alejandromanía en Roma Tanto su vida como sus conquistas se convirtieron en modelo a seguir. Sin la imitatio alexandri no podría entenderse gran parte de la historia de Roma y de los romanos.


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MUY INTERESANTE

ALEJANDRO MAGNO

El legado de un ícono de la Antigüedad

Un semidiós llamado

Alejandro Ningún conquistador ant antes tes de él llegó tan lejos, lejos y pocos después. después El mundo global y la Europa de hoy no serían imaginables sin la enorme herencia que el rey macedonio dejó tras de sí y sin el helenismo surgido tras su muerte. Por Bernardo Souvirón

como un guerrero invencible a lomos de su caballo Bucéfalo ha sido recreada en numerosas obras de arte. En la imagen, su estatua ecuestre en la ciudad griega de Tesalónica.

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FOTO: ISTOCK

Fieles compañeros. La imagen de Alejandro Magno


C

omo buena parte de los hombres, Alejandro murió sin haber cumplido su sueño. Cuando sus ojos se cerraron y su cuerpo exhausto, cosido por las heridas, se entregó al pálido espectro de la muerte, toda la ciudad de Babilonia sintió el helado aliento del invierno a pesar de que era un férvido día de junio del año 323 a. C. Mientras los soldados griegos deambulaban sin rumbo consumidos por las lágrimas, y los persas, otrora exnemigos, se rapaban las cabezas en señal de duelo, todos los templos de la ciudad apagaron sus fuegos y las imágenes de muchos dioses, griegos y bárbaros, quedaron sumidas en la penumbra y el silencio. La oscuridad no sólo atrapó los recintos de los templos y las humildes capillas esparcidas como semillas por las orillas del Éufrates, sino que, como una niebla espesa, hizo opacos todos los horizontes, desde las montañas del norte de Grecia hasta las húmedas junglas de la lejana India. Por todas partes, la noticia se esparció igual que el eco de una oscura letanía. Por un momento la Historia dejó de fluir y el mundo enmudeció; las mentes más preclaras, los hombres y mujeres más proclives a proyectar hacia el futuro sus esperanzas, se prepararon para dejar atrás todo anhelo de progreso. Los espectros ancestrales creados por cada tribu de la Tierra se diseminaron de nuevo por los desiertos, los bosques, las montañas y los cielos. Los prejuicios, la concepción territorial de las relaciones humanas, la despiadada crueldad de los vencedores, los gritos de los vencidos, el pánico de las mujeres, poblaron de nuevo el paisaje de la Historia y llenaron los escritos de los historiadores.

FOTO: ROCÍO ESPÍN PIÑAR

Fin de una aspiración

El mundo entero se dispuso a volver del universo de los sueños, pues el deseo de Alejandro no había sido conquistar Persia ni devolver la libertad a las ciudades griegas sometidas al poder del rey Darío; eso nunca fue un sueño para él, sino una obligación impuesta por la Historia, y a los 23 años había cumplido con ella. Las columnas que sujetaban el edificio de sus sueños eran otras: la fusión entre culturas; la unión de civilizaciones, de razas y de continentes. Asia y Europa, griegos y bárbaros hermanados en un mundo en el que la luz brillara para todos, en el que Atenas, Sardes, Susa, Babilonia se contuvieran en Alejandría. Un mundo habitado por miles de pueblos igualados en una sola especie: la humana. La muerte lo hizo imposible. Cuando su cuerpo maltrecho colgaba, inerte y tibio todavía, del hilo de la vida, sus hetairoí, los que habían sido sus compañeros desde la niñez, aquellos que mejor hubieran

debido comprender las ideas de Alejandro, despertaron del sueño y retrocedieron a una realidad que sólo la presencia viva del rey había nublado: los países, sus riquezas y sus gentes tornaron a ser botín de guerra; los ríos, las cordilleras y los mares fueron, de nuevo, fronteras; la sangre de seres humanos inocentes, abono de la tierra.

Cumplidor de sus promesas

La territorialidad violenta, el convencimiento de que gente con otras costumbres y otra cultura es inferior sólo por el hecho de ser diferente, y la convicción de que otros modelos culturales o de relaciones humanas son cualitativamente inferiores a los nuestros, prevalecieron de nuevo. Todavía hoy, casi 2,400 años después de la muerte de Alejandro, la política internacional que se lleva a cabo en foros tan relevantes como la Organización de las Naciones Unidas está basada en esta concepción cualitativamente racista de las relaciones entre pueblos. Las grandes potencias occidentales, especialmente los Estados Unidos de América, dictan su política y elaboran sus leyes basándose en la íntima pero falaz conciencia de su superioridad. Cuando Sisigambis, madre de Darío, el rey persa derrotado por Alejandro, recibió la noticia de la muerte de éste, se retiró a una habitación, se sentó y se dejó morir consumida por la tristeza. Aquella mujer de hierro, que había contemplado cómo el conquistador rubio llegado desde los confines del mar de Occidente había vencido y, después, honrado a su hijo Darío ofreciéndole unos funerales dignos de un rey y persiguiendo a sus asesinos hasta la ciudad de Samarcanda, situada en los confines de la terra incognita; aquella imponente anciana que había adoptado a Alejandro como al hijo que hubiese debido ser Darío y que se había confiado a su bondad, convencida de que sólo un hombre como él podía cumplir la promesa de protegerla a ella y a todas las mujeres de su familia, finalmente se derrumbó.

La capital de un imperio. Tras cruzar el Helesponto y conquistar parte de Asia, Alejandro convirtió Babilonia en su hogar (arriba). Allí murió, en el palacio de Nabucodonosor II, rey de la dinastía caldea del siglo VI a. C. En la ilustración se reproduce la entrada a la ciudad por la puerta de Ishtar, uno de sus ocho pórticos monumentales.

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ALEJANDRO MAGNO

Proyecto inconcluso. Alejandro inició la restauración de Babilonia (arriba, en una pintura), un plan que se vio truncado por su muerte y cuyo mayor efecto fue el derribo del zigurat para construir uno nuevo que no llegó a realizarse. A partir de entonces, la decadencia de la ciudad se agudizó hasta que fue abandonada.

Quizá en esas últimas horas, atormentada por la cercana presencia de la muerte, recordó más de una vez el día en que conoció a Alejandro, que a la sazón tenía 23 años y acababa de derrotar a Darío en la batalla de Issos. Días antes de la batalla, Alejandro montó un hospital de campaña, dejó en él a todos los enfermos y heridos bajo la vigilancia de una guarnición y marchó hacia el sur en busca de Darío que, atemorizado tras la derrota de sus tropas en el río Gránico, escapaba hacia el norte por el interior. Los dos ejércitos se cruzaron sin detectarse, pero los persas localizaron el hospital. Siguiendo las costumbres –si no las leyes– de la guerra, liquidaron a la guarnición y, sin mostrar el más mínimo atisbo de piedad, descuartizaron a todos los que, enfermos o heridos, indefensos al cabo, encontraron a su paso. Aquel acto, acorde con los usos bélicos, no produjo más que la mezquina impresión de debilidad que, poco después, mostró sin reservas el gran rey Darío III.

Alentador en la batalla

Alejandro recibió la noticia con calma. Corría el año 333 a. C. cuando por fin los dos ejércitos se encontraron, no arengó a las tropas. Se dirigió uno por uno a muchos de sus soldados, pues conocía el nombre de buen número de ellos. Cabalgó delante de las tropas, dejándose ver, consciente de que iba a librar una batalla decisiva. Según nuestras fuentes, parece que los persas superaban a los griegos en una proporción de ocho a uno. Cuando Alejandro se lanzó en compañía de sus hetairoí contra los “Inmortales” persas, Darío huyó y, con él, todo el centro de su ejército, la élite de sus tropas, de manera que, en muy poco tiempo, todo el frente se desmoronó. Sólo Nabarzanes, al mando

Alejandro no se dejó llevar por la euforia cruel que ha caracterizado a los vencedores de todas las épocas. 6

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de la caballería, siguió combatiendo hasta que se le hizo evidente la magnitud del desastre. Parece que retiró a sus hombres en orden, con calma, como quien toma nota de lo que acaba de ver con el fin de no olvidarlo nunca. La retirada del resto del ejército, empero, fue un desastre pues, en su loco afán por salvar sus vidas, los que huían atropellaron a los que estaban en la retaguardia. La confusión fue total y el espectáculo debió de abochornar a buena parte de la nobleza persa. El desastre pareció agrandarse cuando se hizo evidente que toda la familia real había caído en manos de Alejandro. Alejandro no se dejó llevar por la euforia cruel que ha caracterizado a tantos vencedores de todas las épocas de la Historia. Entró en la tienda real persa como quien entra a un lugar mágico, cargado de exóticas sorpresas. Ante él, aterrorizadas, temblaban las mujeres de la familia real, entre ellas la reina madre, Sisigambis, que en la confusión propia de la situación se inclinó ante Hefestión (más alto que Alejandro), creyendo que se postraba ante el hombre que había derrotado y humillado a su hijo. Hubiera sido un desliz imperdonable en la corte persa, así que cuando la anciana advirtió el error su ánimo flaqueó. Entonces Alejandro la tomó de las manos, la hizo levantarse y le dijo: “Madre, no te has equivocado, él también es Alejandro”. Y prosiguió su viaje acompañado de aquella patética corte persa de mujeres y eunucos, a los que trató como si fueran miembros de su propia familia. Diez años después de esta escena, Sisigambis recibió la noticia de la muerte de Alejandro, el hombre que le había arrebatado todo: un reino, un hijo, una vida. Sin embargo, sabía que con la muerte de aquel muchacho ella misma y su familia perdían al que había sido su único protector. Fue entonces cuando tomó la decisión de dejarse morir. Después Bondadoso con los cautivos. Vencido el rey Darío, su familia se postró ante el nuevo emperador, Alejandro, quien le otorgó su protección. En el cuadro de Paolo Veronese se representa esa escena.

FOTOS: GETTY IMAGES; NATIONAL GALLERY

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Las aportaciones alejandrinas a la Historia

E

l alcance histórico de la figura de Alejandro ha sido discutido con frecuencia. Algunos historiadores han llegado a sostener que el rey macedonio no supuso cambio alguno en el devenir de los procesos históricos. Unas líneas bastarán para indicar al lector todo lo contrario. En el año 356 a. C., el del nacimiento de Alejandro, Macedonia era una potencia de segundo orden, amenazada por sus vecinos. Ni siquiera su existencia como Estado independiente estaba asegurada. Desde el punto de vista de las ciudades del sur, especialmente Atenas y Tebas, era una tierra bárbara, y su rey –Filipo II, padre de Alejandro–, un salvaje indigno. En realidad, Macedonia y todo el mundo griego dependían de la mayor potencia que había conocido el mundo hasta la fecha: el Imperio persa aqueménida. En el año 323 a. C., el de la muerte de Alejandro en Babilonia, Macedonia se había convertido en la potencia de la época.

Sobre los vastos territorios del Imperio aqueménida ya no gobernaba Darío. Alejandro, con apenas 33 años, había transformado el mapa político del mundo de un modo inimaginable. Base de la cultura helénica. Su legado fue mucho más que eso. Dejando al margen la capacidad de integración de Roma, heredera directa de la visión alejandrina, fueron el Magno y sus sucesores quienes forjaron el destino del mundo antiguo, de una manera infinitamente más duradera de lo que nadie hubiera podido imaginar. En efecto, hasta la llegada del Islam, los Balcanes, las tierras que rodean el mar Egeo, Egipto, Palestina, Asia Menor, el Oriente Próximo y algunos territorios de Asia Central fueron la base geográfica de la cultura helénica. Y a partir del siglo III a. C. el helenismo se expandió hacia Occidente donde, a su vez, fue asimilado y transmitido por Roma y Cartago. Ciertamente, la muerte de Alejandro supuso un cambio de época. En el año

Tras consolidar la frontera de los Balcanes y la hegemonía macedonia sobre

El imperio de Alejandro Magno

las ciudades-Estado griegas, Alejandro se dirigió a Asia para doblegar al Imperio persa. El gráfico muestra la magnitud de las conquistas del rey macedonio. Kokand

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MACEDONIA

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323 a. C. murió la era clásica, caracterizada por su feroz individualismo y por una concepción del mundo que no iba más allá de las murallas de la ciudad-Estado. Pero también fue el año en que nació la época helenística, tan parecida a la nuestra, caracterizada por la desaparición del estrecho horizonte de la polis y la irrupción de una mentalidad global, capaz de trascender fronteras con la misma facilidad con que Alejandro, al traspasarlas, transmitía los ideales de la cultura griega por el mundo. En Alejandro Magno (Alianza Editorial, 2011), Pedro Barceló escribe con acierto que no es casualidad que Roma cambiara el ordenamiento republicano por otro monárquico cuando el influjo helenístico se hizo más notable. Y añade: “El desarrollo político, la cultura y la religión de la época imperial romana, y con ello los fundamentos básicos de la Europa moderna, no son imaginables sin el enorme legado de Alejandro y del helenismo”.

Mar Rojo

Ruta de las campañas Ciudad fundada por Alejandro Magno

GRÁFICO: JOSÉ A. PEÑAS

Dependencias Macedonias

de muchos avatares, peleas encarnizadas y luchas entre los que habían sido sus generales y compañeros, su cuerpo embalsamado descansó en Alejandría. Más de dos siglos después lo vio Julio César (y, probablemente, Marco Antonio); Octavio Augusto dejó como tributo un estandarte imperial.

Dejando huella a su paso

En Persia la leyenda del conquistador macedonio se acrecentó con su muerte. Durante dos milenios crecieron los relatos de “Sikandar, el buscador del mundo”. En los bazares, en las posadas, en las casas de placer y en los harenes, las hazañas del dios muyinteresante.com.mx

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MUY INTERESANTE

rubio venido de Occidente crecieron y crecieron. Como nunca en ninguna época, la Historia y el mito, la razón y la imaginación, se fundieron para hacer casi imposible trazar una frontera entre ambas. El Islam lo asimiló. Los poetas lo presentaron con rasgos de conquistador invencible, destruyendo templos paganos y esparciendo los sagrados fuegos de Zoroastro. En Egipto las leyendas lo mostraban como el héroe que había acabado con los Zang, monstruosos bebedores de sangre y comedores de sesos. En China, Alejandro aparece aceptando la rendición de su rey, que le entrega al misterioso Jinete Propicio, un solícito guerrero que, al cabo, resulta ser una mujer de extraordinaria belleza con la que pasa una noche de amor indescriptible en la que siente que en su corazón se desata “un bullicio parecido al campanilleo de un camello ruso”. Triunfa sobre monstruos y salvajes y marcha hacia la noche ártica en busca del manantial de la vida eterna como el primer viajero literario de la Historia, Gilgamesh. Ningún guerrero ha dejado esta imagen en las tierras que conquistó. Nadie ha sido tratado por los habitantes de los pueblos conquistados como un libertador de fantasmas y de pesadillas.

Las disputas sucesorias. Alejandro murió sin tener un heredero legítimo. Sus antiguos generales se repartieron el Imperio, disputándose el poder con pactos y seis guerras que duraron 20 años, hasta que se estableció un sistema político que proporcionó el marco para el desarrollo cultural helenístico. Abajo se muestra el reparto de los territorios conquistados por Alejandro.

Disquisiciones sobre su muerte

Según nos cuenta Quinto Curcio Rufo en su obra Historia de Alejandro Magno, el cadáver del rey macedonio yació durante seis días en el féretro sin recibir

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EPIRO

cuidado alguno. A pesar de ello, cuando las primeras disputas entre sus sucesores se aquietaron, los que entraron en la cámara mortuoria lo encontraron sin muestras de corrupción y sin señales de lividez. El propio Rufo añade que ni siquiera la lozanía, “fruto del soplo vital, había abandonado los rasgos de su rostro”. Los egipcios y los caldeos que habían recibido la orden de embalsamar su cadáver no se atrevieron, al verlo, a ponerle las manos encima, como si todavía estuviera respirando. Sentían un respeto inmenso ante la presencia del rey muerto y empezaron su tarea “tras haber suplicado que los dioses y los hombres les permitieran a ellos, simples mortales, tocar el cuerpo de un dios”. Limpiaron el cuerpo de Alejandro, llenaron de perfumes el sarcófago de oro y colocaron sobre la cabeza del rey los emblemas de su fortuna. En relación con la muerte de Alejandro, el autor romano también afirma que la opinión más extendida era que había muerto envenenado. La copa letal se la habría ofrecido Iolas, hijo de Antípatro, el regente de Macedonia nombrado por el propio Alejandro y, según Rufo, instigador del envenenamiento. El veneno habría sido llevado a Babilonia por Casandro, hermano de Iolas y enemigo mortal de Alejandro. Se trataba de un veneno famoso que nacía de una fuente macedónica llamada “Styx”. La tradición contaba que era capaz de fundir el hierro y que sólo los cascos de los animales de carga podían resistir su terrible virulencia. En realidad,

GRÁFICO: JOSÉ A. PEÑAS

ALEJANDRO MAGNO

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Reyes diádocos (generales de Alejandro Magno)


no sabemos si fue envenenado. Pero Antípatro se convirtió en rey de Grecia, y su hijo Casandro, su sucesor, aniquiló por completo a la familia de Alejandro. Hizo asesinar a Olimpia, su madre, en el año 316 a. C., y, en un acto de extrema crueldad, ordenó el asesinato de Roxana y el de su pequeño hijo, y el de Estatira, hija de Darío y segunda esposa del rey. Las otras fuentes aportan pocos datos fiables. Diodoro Sículo pasa revista a las opiniones de otros historiadores. Justino afirma claramente que Alejandro murió asesinado, pero Arriano rechaza categóricamente tal afirmación y niega toda posibilidad de envenenamiento, igual que Plutarco, que se basa, entre otras cosas, en que el cadáver de Alejandro, después de haber estado expuesto durante varios días a los rigores del calor babilónico, no presentaba síntomas de descomposición.

FOTOS: GETTY IMAGES; HERMITAG EMUSEUM

Su sueño sigue vivo

La historiografía moderna está en línea con Plutarco y Arriano y, en términos generales, hay un cierto acuerdo en la secuencia final de la vida de Alejandro. Parece que se sintió mal una mañana a comienzos del mes de junio, después de un banquete en honor de Nearco y de alguna clase de fiesta en casa de Medio, un noble de la región de Tesalia. Quizá la enfermedad que acabó con su vida fuera el cólera o la malaria, unida a las complicaciones pulmonares causadas por la pleuresía, ya crónica, provocada por una herida. En cualquier caso, su cuerpo estaba cosido a heridas producidas por todo tipo de armas. Su corazón probablemente estaba muy debilitado por los excesos de la bebida, la falta de descanso y la tensión permanente a la que se vio sometido durante los últimos años de su vida. Por lo demás, cualquier infección de cierta intensidad pudo ser mortal en aquella época. Todo el reino de Alejandro se desmembró tras su muerte. La desaparición de su familia, asesinada por orden de Casandro, favoreció las luchas entre quienes habían sido sus hetairoí en otro tiempo, que batallaron sin descanso para hacerse con los flecos de un reino que, por primera vez en la Historia, había pretendido ser global. El sueño de Alejandro se desvaneció instantes después de su muerte. En realidad, ¿podemos saber quién era Alejandro? ¿Podemos comprender el mundo que bullía en sus sueños? Sinceramente, nos parece imposible. Sin embargo hoy, cuando han pasado más de dos milenios desde su muerte, las ideas que guiaron sus pasos están más vigentes que nunca. Hoy sabemos que, sin Alejandro, la extensión de la cultura helénica más allá de las fronteras de la propia Hélade hubiera sido imposible y la irrupción de Roma en la Historia, con la extensión de una cultura globalizadora y de un idioma común, no hubiera podido apenas esbozarse.

La desaparición de un héroe. La noticia de la muerte del libertador macedonio corrió como la pólvora por todos los territorios conquistados. Fue llorado y velado durante seis días por amigos y enemigos. Arriba se representa el velatorio del rey en una miniatura de un manuscrito árabe.

Nadie aparte de Alejandro ha sido visto por los habitantes de los pueblos conquistados como un libertador de fantasmas y de pesadillas. Quizá estemos en estos momentos más cerca que nunca de poder comprender el drama que supuso la vida de Alejandro Magno, pues, en gran medida, nuestro mundo se parece mucho al de sus sueños. Y al de sus pesadillas. Mas la visión del héroe macedonio sigue viva. Las tierras que él imaginó unidas a Europa se llaman hoy Irak, Irán, Egipto, Siria, Líbano, Palestina, Israel, Pakistán, India, Afganistán... Sobre ellas cabalgan todavía las sombras de sus generales guiando a quienes contemplan la tierra como trofeo de guerra. A quienes, 2,339 años después de su muerte, ni siquiera son capaces de imaginar el sueño de un semidiós llamado Alejandro.

Intrigas políticas. A la muerte de Alejandro Magno, tanto su mujer Roxana como su hijo Alejandro fueron víctimas de las intrigas y acabaron siendo asesinados en 309 a. C. Arriba, en un óleo del italiano Alessandro Varotari (s. XVII), ambos en compañía de Eumenes, soldado macedonio que defendió la unidad del Imperio y luchó apoyando al hijo del Magno, Alejandro IV de Macedonia.

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MUY INTERESANTE

ALEJANDRO MAGNO

La visión global de Alejandro

El sueño de un

nuevo mundo En sus treinta y tres años de vida, al rey macedonio nunca lo abandonó el deseo de hacer realidad la unión de Occidente y Oriente bajo un mismo ideal helénico, basado en los principios homéricos de honor, pudor y gloria. Por Bernardo Souvirón

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Entrada triunfal. En la Babilonia del siglo IV a. C., Alejandro fue recibido con todos los honores y tomó así posesión del palacio y del tesoro de la nueva capital de su Imperio. En este óleo de Francesco Fontebasso del siglo XVIII se recrea el recibimiento al nuevo rey de los persas en la ciudad.

FOTOS: EFE/ ZUMA PRESS

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s difícil juzgar la figura de Alejandro sin tener en cuenta las razones profundas que lo llevaron a actuar de la manera que lo hizo. Su magnanimidad es evidente, pero su cólera también emergió, a veces, desbordada, especialmente en los casos en que se creyó traicionado por alguien en quien había confiado. Lo que más sorprende al estudioso de su vida es que las reglas que gobernaron su comportamiento público son muy antiguas. En realidad, fueron establecidas por los guerreros micénicos que, como Aquiles, dieron forma a lo que podríamos llamar el amanecer de la mentalidad griega. Lo increíble es que Alejandro, haciendo suyo un código tan antiguo –basado en tres conceptos que veremos a continuación–, transformara el mundo de una manera tan radicalmente moderna. Pero esta aparente paradoja forma parte, casi siempre, de la esencia de los verdaderos genios.

El código de honor que regía la vida del hombre homérico tenía que ver menos con los dioses que con los hombres. En realidad, estaba relacionado con aquello que produce estimación pública, es decir, timé, una palabra que traducimos por “honor”; pero no sólo con ese concepto, sino también con el respeto que se tiene por la opinión de los demás. Esta idea está contenida en la palabra griega aidós (“pudor” ). Toda la vida de Alejandro se rige por este principio que, por otra parte, también gobernó la vida de Aquiles, su modelo. Para un hombre como Alejandro, los excesos de Aquiles, su arrogancia, palidecen ante su timé. El mérito de Alejandro, sin embargo, fue superar también esa cara negra de Aquiles, controlar, aunque no en todas las ocasiones, la tendencia al exceso tan comprensible en un hombre que había llegado a ser, antes de cumplir treinta años, el monarca de toda la Tierra. En las ocasiones en que Alejandro se dejó llevar por el lado irracional de su naturaleza, especialmente en el episodio de la muerte de Clito, sintió tal aidós que estuvo a punto de morir. Es esta presión de lo que podríamos llamar opinión pública la que conforma el carácter de Alejandro durante toda su vida. La diferencia con Aquiles es que se siente responsable de lo que hace y no cree que sean los dioses los culpables de sus actos, como el mítico personaje de Homero. El concepto de libertad y, como consecuencia, de responsabilidad, es completamente desconocido para los guerreros homéricos, que viven en un mundo que todavía no ha descubierto la individualidad. El hombre homérico no se define de forma abstracta, independiente, por referencia a un yo individual y característico, sino por su estatus, por su función dentro del grupo. Fuera del grupo y sin la intervención de los dioses no tiene identidad.

Relato épico como modelo

El carácter histórico de los acontecimientos narrados por aedos y rapsodos, que enaltecían las hazañas del pasado y convertían en héroes a los hombres que las habían protagonizado, posibilitó que, desde muy pronto, todo el relato épico adquiriera un carácter de modelo, puesto que tanto los hechos que se narraban como sus protagonistas habían existido. Esta impresión de realidad producía el efecto de la imitación y, por tanto, convertía a los poemas épicos en lo que algunos han llamado una constante exhortación a la acción. Desde el siglo VI a. C., los poemas escritos por Homero fueron el libro escolar por excelencia, sin distinción de regiones ni de regímenes políticos, y parece que Alejandro los estudió con tal intensidad que, según Dion de Prusa (Discursos, 4.39), se sabía la Ilíada de memoria. Y no sólo conocía la historia narrada en esos poemas, sino que se identificaba muyinteresante.com.mx

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MUY INTERESANTE

ALEJANDRO MAGNO

LIBRO Alejandro Magno, rey de Macedonia y de Asia Adolfo J. Domínguez Monedero. Silex Ediciones, 2013. La historia de Alejandro Magno ha fascinado a gente de todas las épocas, desde sus contemporáneos hasta el momento presente.

por completo con el ideal, vigente hoy día, que Néstor enunció en estos términos: “Ser siempre el mejor y estar a la cabeza de todos” (Ilíada, 11.784). En este contexto, la formación de Alejandro tuvo siempre como objetivo ser el primero en todo,como cualquier héroe del pasado homérico. La gran diferencia, lo que explica en buena medida el drama de su vida, es que en el siglo IV a. C. el hombre era ya libre y,por tanto,responsable de sus actos.ParaAlejandro,el honor (timé) es exclusivamente individual y, por lo tanto, la responsabilidad de sus decisiones es exclusivamente suya. Por eso asumió por completo la vergüenza (aidós) que sintió ante alguna de ellas.Alejandro representa el triunfo definitivo de la libertad individual y, sobre todo, la asunción de que su timé y su propia conciencia debían estar siempre por encima de la convención social de cualquier género.

Ni prudente ni modesto

Dentro de este código heroico, ningún ideal, ninguna acción tienen sentido si no es para procurarse gloria y, por tanto, fama. La gloria (kléos) es, por ello, lo que da significado a todo, pues es la única manera de conseguir la inmortalidad. Ésta es la razón por la que Alejandro (como Aquiles) no conoce la prudencia ni la modestia y constantemente alardea de su fuerza y de su valor, a la vez que está permanentemente dispuesto a demostrar con la acción lo que afirma con las palabras.

El drama de Alejandro fue que quizá solo Hefestión entendió su proyecto.

En este sentido, Aquiles vuelve a ser su ejemplo supremo: acepta la muerte porque sólo a través de ella alcanzará la kléos y entrará a formar parte del olimpo de los héroes inmortales. Alejandro demostró en los campos de batalla de la Historia, no de la literatura, que Aquiles no había muerto y no habría de morir nunca. Un rey macedonio es también, como Aquiles, un jefe militar que, en caso de guerra o de ataque a sus dominios, acaudilla al ejército; y es en la guerra donde debe dar la medida de sus merecimientos, pues tal actividad es la que, por encima de cualquier otra, procura timé. El combate es la ocupación más noble de un monarca macedónico, igual que de uno micénico. Para un hombre como Alejandro, sometido a un código de honor cuyas referencias están siempre en el combate, nada hay más deshonroso, nada produce más aidós que un comportamiento inadecuado en el campo de batalla. La muerte, como nos demuestra Aquiles claramente, es preferible al deshonor, sobre todo si aporta fama e inmortalidad; es decir, trascendencia. Pero no es una fama que pueda conseguirse con actos que impliquen deshonor. La fama es percibida por esta clase de hombres no como un camino para lograr notoriedad y beneficios inmediatos –como ocurre permanentemente con los “famosos” de nuestros días–, sino como el noble y honorable ejercicio de una vida que pretende trascender a la muerte. Alejandro, como Aquiles, persiguió la fama sólo como tránsito hacia la trascendencia.

El mundo atomizado de la antigua Grecia

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de este marco y quienes voluntariamente se apartaban de él sabían que, en cierta medida, estaban abocados a una especie de muerte civil. Como consecuencia, nunca los griegos tuvieron conciencia de ser un pueblo, una sola patria. Al contrario: los recintos amurallados de cada polis delimitaban no sólo un perímetro de seguridad, sino, más sutilmente, el mundo al que sus habitantes se sentían vinculados. En efecto, Pericles se sentía ateniense por encima de todo, no griego. Y Leónidas, espartano. Una unidad inexistente. Nunca a lo largo de su historia los griegos se unieron para llevar a cabo misión alguna. Ni siquiera en el caso de las famosas Guerras Médicas, a pesar de que este episodio se esgrime con frecuencia

El político Pericles (aquí, en una estatua situada en la capital griega) defendía su origen ateniense, puesto que no tenía conciencia de pertenecer a Grecia como una sola patria.

como prueba de unión de todos los griegos. Quienes conocemos bien la historia de la antigua Grecia sabemos hasta qué punto es falsa esta afirmación. Con demasiada frecuencia, el enemigo de un griego era otro griego. Y la enemiga de una polis, otra polis.

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os griegos fueron los primeros en crear un tipo de Estado que exigía de todos los que formaban parte de él una participación real y activa en la vida pública; lo llamaron polis. Es cierto que la Grecia clásica no fue la primera nación que conoció el régimen de la ciudad-Estado; estructuras semejantes existían ya en Mesopotamia y en la propia Grecia micénica. Sin embargo, hay una diferencia capital: Micenas y Pilo o las ciudades-Estado mesopotámicas eran, por lo que sabemos, dominio de un rey, dios o sacerdote que gobernaba a súbditos o vasallos. En Grecia, sin embargo, toda evolución política, social, económica e incluso religiosa estuvo vinculada con las instituciones de la polis. Nunca hubo ninguna posibilidad de desarrollo fuera


Por encima de todo: el honor

Alejandro, según todas las fuentes, se sentía poseído de repente, sin explicación aparente, por una suerte de ansia o anhelo (póthos) que lo mantenía en una permanente insatisfacción, como si todo lo que hubiera hecho hasta el momento no fuera suficiente y se viera empujado a ir más allá. La explicación profunda de este sentimiento, de este estado mental siempre en movimiento, quizá escapa a nuestros conocimientos. Empero, podemos entender ese anhelo si somos capaces de percibir que la recompensa que hombres como Aquiles o Alejandro esperaban de la vida no era la felicidad; esperaban timé y kléos. El honor y la gloria son para ellos los padres de una fama que, entendida como explicábamos más arriba, los recompensará de todo, incluso de la infelicidad y la muerte. Ni Aquiles ni Alejandro dudarán un solo instante en morir si con ello consiguen trascender. Incluso antes de abandonar para siempre Grecia, cada paso que dio Alejandro fue resultado de ese póthos, de ese anhelo inexplicable. En realidad, es lo que lo llevó casi al fin del mundo, al borde del océano, lo que le hizo cruzar el legendario río Istro (el actual Danubio) al mando de 1,500 jinetes y 4,000 soldados de infantería cuando tenía veinte años de edad. Este río, frontera natural de los griegos al norte, era de un tipo completamente desconocido por ellos. Probablemente, los caballos tuvieron que nadar.Los oficiales y los soldados debieron de quedarse perplejos ante la capacidad de aquel muchacho.

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La hora de Macedonia

Homero, autor de cabecera. De Alejandro el Grande se cuenta que se sabía de memoria fragmentos de la Ilíada, que había sido su libro de texto durante toda la infancia. Arriba, el rey macedonio leyendo en un cuadro del pintor barroco italiano Ciro Ferri.

no fueron capaces de llevar a cabo nunca Atenas ni Esparta. Se trataba de una deuda histórica que los griegos tenían consigo mismos: la de devolver a los persas el golpe que habían recibido durante el transcurso de las Guerras Médicas. Cuando Alejandro cruzó el Helesponto y puso su pie en Asia, no miró atrás. Nunca volvió a Europa. Tras las campañas en Lidia, Caria, Licia y Panfilia, había llegado más allá de lo que nunca lo hizo un ejército griego. Además, había vencido a las tropas persas en el Gránico (donde estuvo a punto de morir), en Issos, batalla decisiva en la que se produjo la primera huida de Darío, y había recibido de parte del todopoderoso Darío una oferta de paz.

El coraje tallado. La formación de Alejandro se centró en inculcarle que debía ser el mejor en todo. Así, en la batalla no cejó en su empeño de ganar a cualquier adversario que se le pusiera delante. Abajo, la escultura representa al rey combatiendo contra un enemigo.

En el otoño del año 335 a. C. Alejandro, con 21 años, recibió del Consejo de la Liga de Corinto el encargo de preparar la expedición contra los persas y fijar la aportación de cada ciudad a la empresa. En la primavera del año siguiente, comenzó la marcha. El ejército era relativamente pequeño, aproximadamente 40,000 soldados de infantería y 5,000 de caballería, pero claramente macedónico: Alejandro, como antes su padre Filipo, no quería compartir la gloria con el resto de los Estados griegos, que, desde el final de las Guerras Médicas, no habían logrado resolver el problema persa. Había llegado la hora de Macedonia. Tras el ejército, formando parte de esa hueste informe que siempre sigue a las tropas expedicionarias, marchaban ingenieros, arquitectos, cartógrafos, topógrafos, médicos, sacerdotes, historiadores, prostitutas… Cuando salieron de Pella, la capital macedónica, Alejandro contaba con setenta talentos, dinero para financiar la operación apenas un mes. En el año 334 a. C., con tan sólo 22 años, comenzó la campaña en Lidia y Caria. En realidad, era ésa la misión que tenía encomendada: la misma que muyinteresante.com.mx

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ALEJANDRO MAGNO

Tras derrotar a Darío, Alejandro entró triunfante en Babilonia, ciudad que soñó como capital del nuevo mundo que estaba decidido a crear. Rechazo a la proposición de paz

Se trataba de una propuesta nunca antes hecha a un griego: 10,000 talentos de rescate por su familia, toda Asia al oeste del Éufrates, una alianza con Macedonia y la mano de su hija. Parmenión, el experto general al que Alejandro había confiado buena parte del destino del ejército en Issos, lo instó a que aceptara tales condiciones de paz. Entonces Alejandro, presa de nuevo de ese póthos que lo caracterizó durante toda su vida, le contestó: “Aceptaría si yo fuera Parmenión. Pero soy Alejandro”. Este rechazo no fue bien aceptado por los generales de Alejandro, incluyendo a sus hetairoí. La realidad era que Macedonia carecía de una tradición de conquistas y las condiciones de paz ofrecidas por Darío iban más allá de lo que nunca hubieran soñado Temístocles o Leónidas. Fue un momento decisivo, y el rechazo de Alejandro cambió la Historia. Después de internarse en tierras fenicias y controlar sus puertos (base fundamental de la armada persa), Alejandro tomó la decisión de ir a Egipto, un lugar al que los persas no habían respetado demasiado. En efecto, conviene recordar que Cambises, en el último tercio del siglo V a. C., había abandonado la política de tolerancia religiosa que había sido característica de reinados anteriores (Heródoto, 3.27). Después, Artajerjes Oco sometió al país por completo: las murallas de las ciudades fueron demolidas, los templos saqueados y sus riquezas repartidas como botín entre los mercenarios que servían en su ejército. Alejandro entró en Egipto y se dirigió directamente a Menfis. Masaces, el sátrapa persa, lo recibió con calma, convencido de que Darío, después de Issos, no podría proporcionarle ayuda alguna. Entonces, tras haber realizado sacrificios solemnes en honor de Apis en el mismo templo en que había Faraón de los egipcios. muerto Artajerjes Oco, se presentó como un Las ansias por conquistar Oriente llevaron a Alejandro hombre de paz, no como un conquistador; los hasta Menfis, donde fue egipcios lo aclamaron como libertador y lo aclamado como libertador. Aquí, coloso del rey entronizaron como faraón: “Horus, amado de macedonio. Amón, elegido de Ra, hijo de Ra, Alejandro”.

En el año 331 a. C., fundó la ciudad de Alejandría (Estrabón, 17.1.6-10). Deambuló durante horas por el lugar, imaginó dónde estarían los templos, los edificios, y trazó líneas con harina que se comieron los pájaros. El presagio fue interpretado de manera muy alentadora: la ciudad daría de comer a muchos hombres durante muchas generaciones. Entonces, Alejandro tomó una de sus decisiones más sorprendentes.

Hacia el templo del oasis

Arriano (3.3.1-4, 5) nos cuenta que, repentinamente, lo poseyó un póthos de ir al oasis de Siwa. No era un lugar importante estratégicamente y no tenemos noticia de que antes lo hubiera visitado ningún faraón. Por otra parte, desde Persia llegaban noticias de que Darío se estaba movilizando y levantando un gran ejército. Pero Alejandro decidió encaminarse a Siwa, alejándose de la ruta hacia Persia e internándose en el peligroso desierto, donde las tormentas de arena podían desintegrar a un ejército. El sumo sacerdote del templo de Amón lo recibió como hijo del dios y lo invitó a entrar solo en el interior del templo, donde había una especie de tablero dibujado probablemente en el suelo. Los sacerdotes llevaban sobre los hombros una embarcación de la que pendían vasijas. Un adivino interpretaba los movimientos de éstas y el significado del lugar en que se paraban. Sólo Alejandro conoció lo que ocurrió en el templo. Al salir dijo que había obtenido la respuesta que su alma deseaba saber, pero nunca reveló aquello que había preguntado. Lo cierto es que su confianza en el destino, la fe en sí mismo, adquirieron desde aquel día una pujanza increíble. Quizá pensó que en verdad era, como Aquiles, Heracles o Dioniso, hijo de un dios. En la Grecia de aquella época, tal convencimiento no era una extravagancia.

Una tregua en el desierto. En su visita al templo del oráculo de Amón, Alejandro vivió una revelación que sólo él conoció. Aquí, foto del oasis de Siwa (donde estaba dicho templo) desde la ciudadela de Shali, en el oeste de Egipto.

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La efímera globalización helenística

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l año 323 a. C. marca el final de la época clásica y el nacimiento de la llamada época helenística. La muerte de Alejandro supuso, en efecto, el advenimiento de una nueva era que empezó a poner fin a ese mundo atomizado, característico de la antigua Grecia. Desde la muerte de Alejandro otras ciudades lejanas, casi todas en Oriente, hicieron que el mundo se volviera mucho más grande: Babilonia, Pérgamo, Alejandría, Sardes, Samarcanda y tantas otras emergieron con pujanza, desplazando hacia Oriente los ecos de la literatura, la música, la filosofía… Sin embargo, el genio creador del mundo helenístico, que no hubiera nacido sin la obra de Alejandro, se apagó demasiado pronto. Algunas ideas inherentes a la mentalidad griega, la incesante sucesión de guerras y, como dice Michael Rostovt-

FOTOS: REYNOLD MAINSE/NEWSCOM/EFEVISUAL

Alejado del mundo griego

zeff, “el deseo de independencia política […] y la tendencia implacable a suprimir al débil, características destacadas del griego no menos que su impulso creador”, impidieron que el mundo helenístico consiguiera logros de mayor calado. En realidad, el verdadero heredero del mundo que Alejandro imaginó no fueron los Estados helenísticos, desgarrados por las guerras y por la determinación de conseguir sus objetivos a toda costa.

El fracaso de una visión global. La verdadera heredera fue Roma, una potencia unida y magníficamente organizada que, sin el modelo de Alejandro, habría jugado un papel muy diferente en la Historia. La única globalización real hasta nuestros días, la protagonizada por el Imperio romano, fracasó. Y es un fracaso que debiera servirnos para analizar hoy, cuando otro intento de globalización está en marcha, las causas que lo provocaron.

En Sardes –actual Sart, Turquía–, antigua ciudad de Asia Menor, comenzaba el camino real que conducía a Susa. En la foto, las ruinas del gimnasio romano con un gran patio descubierto para hacer ejercicio.

Su actividad se redobló. Volvió a Tiro y, tras ofrecer sacrificios en el templo de Heracles-Melkart, lo preparó todo: Asia occidental, Egipto y, especialmente, las comunicaciones, estaban asegurados. Entonces decidió partir hacia el este. Excepto por sus recuerdos, sus libros y algunos enseres que siempre llevaba consigo, Alejandro abandonó el mundo griego para siempre. Quizá en la misteriosa visita al oasis de Siwa esté la respuesta al comportamiento de Alejandro. Como si, en efecto, hubiera averiguado allí lo que deseaba saber sobre sí mismo, se lanzó, con veinticinco años, a la conquista del Imperio persa aqueménida. En este mismo año 331 a. C., que marca quizá el floruit de

su figura, el joven macedonio fundó Alejandría, derrotó decisivamente a Darío en la batalla de Gaugamela y entró triunfalmente, como un libertador, en Babilonia, la ciudad que soñó como capital del nuevo mundo que estaba decidido a crear.

Hombre moderno e incomprendido

Y no se detuvo. Siguió hacia el este en busca del gran océano, cruzó el Indu Kush, llegó a la India y conquistó las satrapías del Norte, Bactriana y Sogdiana. Antes de verse forzado a regresar, imaginó el nuevo mundo. Diodoro Sículo (18.4.1-6) conserva la versión de Pérdicas, uno de sus hetairoí, en relación con los proyectos de Alejandro: la marcha contra Cartago, Libia, la península Ibérica y Sicilia. En su mente estaba el proyecto de construir una carretera desde Libia hasta el estrecho de Gibraltar, reubicar poblaciones de Asia a Europa, construir ciudades, templos y una tumba a su padre Filipo a la manera de las pirámides. Tales proyectos reflejan bien su carácter: guerra y paz, fusión de razas mediante matrimonios mixtos, deseo de armonía y amistad, algo muy atractivo para el hombre moderno. El drama de Alejandro fue que nadie entendió su sueño, a excepción quizá de Hefestión, quien murió antes que él. Solo, asediado por las convenciones y tradiciones que dividían el mundo entre griegos y bárbaros, Alejandro no pudo completar su proyecto. La muerte lo sorprendió antes de cumplir treinta y tres años. El historiador Diodoro dice que las ideas de Alejandro eran “extravagantes y difíciles de realizar, por lo que las olvidaron”. Quizá estemos todavía a tiempo de retomarlas.

LIBRO Historia Heródoto. Cátedra, 2004. El historiador griego centró su relato en lo más glorioso de la historia de Grecia; en la lucha heroica de un pequeño pueblo, el griego, contra la potencia monstruosa de Persia.

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Persia y Grecia: enemigos irreconciliables

Dos culturas

Una batalla mítica. El ejército aqueménida luchó contra las tropas aliadas griegas de las polis de Atenas y Esparta en el paso de las Termópilas.

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enfrentadas


Durante 200 años, la lucha de las polis contra el Imperio aqueménida se basó en un duelo entre dos concepciones antagónicas del mundo y la política: la tiranía persa frente a la libertad de la Hélade. Por José Ángel Martos

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l antagonismo entre Persia y Grecia que iba a marcar la época de Alejandro era una rivalidad consolidada desde hacía más de doscientos años. Todo un clásico que había convertido a ambas civilizaciones en una suerte de archirrivales irreconciliables. En este duelo, los historiadores griegos clásicos vieron a su pueblo legitimado para la guerra sin cuartel por la justicia del ideal que perseguían: ellos eran los representantes de la libertad de las ciudades frente al gobierno tiránico, personificado en los persas. Tal juicio ha marcado nuestra visión de Persia, etiquetando y simplificando al que en su momento fue el mayor imperio del mundo. Y con diferencia. Persia se había levantado de la nada, poco a poco, durante un periodo de quinientos años, el que va desde el año 1000 al 500 a. C. aproximadamente. Y lo hizo partiendo de una situación geográfica nada envidiable. Las planicies iraníes de donde es originario este pueblo eran muy secas y estaban rodeadas por escarpadas y difíciles cumbres. Los primeros persas, hace 3,000 años, llevaban una vida nómada, siempre a la búsqueda de recursos.

Prosperidad en Oriente

El gran cambio que permitió a Persia modificar su destino lo propiciaron los conocimientos de sus magi o sabios (mitad ingenieros, mitad geólogos), quienes idearon la forma de conducir las aguas que circulaban no por la superficie, sino debajo de ella. Fueron los inventores de los qanats, sistemas de canales subterráneos de irrigación que aprovechan el agua que circula por el subsuelo de sistemas montañosos como la cordillera de Elburz (al norte de Irán) para poder regar las llanuras a sus pies, aprovechando la fuerza de la gravedad. Estos canales persas se excavaron desde el año 1000 a. C., por lo que precedieron prácticamente en un milenio a los más conocidos de los romanos. Pudiendo dominar así grandes cantidades de agua, los persas prosperaron y se convirtieron en la sociedad dominante de Irán. Surge de esta manera la dinastía de los aqueménidas, que toma el nombre de su fundador, Aquemenes, quien habría vivido hacia el 700 a. C., aunque en general se duda de su historicidad y se le considera más bien un personaje legendario. El primer gran soberano aqueménida cuya fama traspasaría fronteras tardó doscientos años en llegar. Fue Ciro el Grande, uno de los pocos que se ganó con justicia su sobrenombre, a decir de los historiadores. Su reinado empezó en el 559 a. C. y durante treinta años de gobierno conquistó prácticamente todo el Oriente Próximo (Media, Lidia y Babilonia), llegando por el este hasta las orillas del Mediterráneo (Jonia), mientras que por el norte alcanza-

PELÍCULA 300

Zack Snyder (2006). Se trata de la adaptación cinematográfica de la serie de cómics del mismo nombre, obra de Frank Miller, que relata la batalla de las Termópilas.

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Ciro II el Grande constituyó el cuerpo militar de los “Inmortales”, 10.000 soldados de élite que serían la pesadilla de las tropas griegas.

LIBRO Maratón Richard A. Billows. Ariel, 2014. Pocas batallas hay tan legendarias como la de Maratón. Este episodio decisivo de la primera de las Guerras Médicas enfrentó en el siglo V a. C. a los ejércitos de los griegos y los persas.

ba la cordillera del Indu Kush. Ciro fue no sólo un conquistador, sino también un brillante político, admirado incluso por aquellos a los que sometía al yugo persa. Concibió el sistema administrativo de las satrapías, que permitía cierta autonomía a los territorios conquistados para agilizar su gobierno. Las cuatro satrapías que creó fueron Babilonia, Ecbatana, Susa y Pasagarda; cada una estaba regida por un rey vasallo, el sátrapa. Otro afamado invento político de Ciro para consolidar la administración imperial fue el primer sistema postal que se conoce, denominado Chapar Khaneh, nombre de las oficinas de correos que se encontraban distribuidas por el Camino Real Persa, una gran carretera de 2,500 kilómetros.

Gran potencia militar

Ciro creó un gran ejército y se esmeró en mejorar la calidad de sus soldados. Es recordado por haber constituido el famoso cuerpo de los “Inmortales”, 10,000 soldados de élite que iban a convertirse en una pesadilla para los griegos. A Ciro lo sucedió Cambises II, un rey que todavía ensanchó más las fronteras persas. Destacó sobre todo por su conquista de Egipto, que logró tras su decisiva victoria en la batalla de Pelusium. Cambises se coronaría como faraón, adoptando los títulos tradicionales de estos reyes e inaugurando de este modo una saga de reyes persas en Egipto, la Dinastía XXVII. Después de conquistar a los egipcios, la ambición del joven Imperio aqueménida se orientaría hacia los griegos. El enfrentamiento con éstos se iniciaría con otro rey, Darío I, quien, siguiendo la política expansionista de sus predecesores, se atrevió a cruzar

hacia el continente europeo. Primero lo hizo en una campaña que lanzó contra los escitas, asentados en el este de Europa, entre el río Danubio, el Don y el mar Negro. Se habían convertido en una molesta oposición que interrumpía el comercio persa. Además, los escitas siempre mostraban una fiera resistencia, y de hecho había sido en una batalla contra ellos donde su predecesor Ciro había encontrado la muerte. Por eso Darío quiso eliminarlos de raíz realizando una campaña en Tracia y Panonia, durante la que también conseguiría el sometimiento de Macedonia, que se convirtió en un reino vasallo. Después sucedería la primera invasión de Grecia, llevada a cabo también por Darío. Ésta puede explicarse por varias causas, incluyendo la avidez de gloria del mandatario persa, quien quería engrandecer su nombre con acciones que lo hicieran comparable a Ciro el Grande. Pero la causa más importante fue sin duda la revuelta jónica, la cual sería iniciada por los griegos que habitaban Asia Menor. Duraría seis años (desde el 499 al 493 a. C.) e inesperadamente se convirtió en una seria amenaza para la integridad del Imperio persa aqueménida.

Jonia se rebela

La primera de las ciudades jónicas en rebelarse, la de Mileto, lo hizo ya en nombre de la democracia, de manera que el ideal del gobierno del pueblo permaneció en el trasfondo de los enfrentamientos desde el primer momento. Cierto es que la conversión democrática de Mileto fue algo precipitada: la impulsó el tirano de la ciudad, Aristágoras, quien iba a ser depuesto por un sátrapa persa debido a su fracaso en una campaña militar en la isla de Naxos. Aristágoras prefirió adelantarse a los acontecimientos abdicando, un golpe de efecto que lo mantuvo en la cresta de la ola mientras declaraba que Mileto se había convertido en una democracia.

Persia conquista Egipto. Cambises II, hijo

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y heredero del gran conquistador persa Ciro II el Grande, venció en la batalla de Pelusium al faraón egipcio Psamético III. En este cuadro decimonónico de Jean-Adrien Guignet se representa el encuentro entre ambos reyes.

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Las traiciones en el bando griego

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o todos los griegos se oponían a los persas. De hecho, en diferentes momentos de las guerras entre ambas potencias vemos cómo aparecen traidores en las filas helénicas. El más conocido es Efialtes, un ciudadano de Tesalia, región limítrofe con las Termópilas, que con su conocimiento del terreno ayudó al ejército de Jerjes durante la batalla indicándole un paso alternativo. Pero hubo más ejemplos y no sólo personales sino colectivos. Durante la misma invasión de Jerjes, hubo ciudades griegas que claramente mostraron

simpatía o dejaron hacer con libertad a los persas. Fue el caso de Argos o de la propia Tebas. Ya había ocurrido algo similar en la época de la batalla de Maratón, cuando el gran temor de Milcíades, el general ateniense, fue que algún ciudadano tuviera inclinación a convertirse en traidor y facilitar la entrada de los persas en la ciudad. La independencia de las polis. La explicación hay que buscarla en la falta de una conciencia nacional griega, tal y como hoy la entendemos en nuestros actuales Estados-nación. Las polis griegas se gobernaban cada una de modo

Un ejército jónico apoyado por tropas de Atenas y Eretria marchó sobre la ciudad de Sardes, capital de la satrapía del mismo nombre, y la incendió. Luego, en su camino de retorno, los griegos fueron alcanzados por un ejército persa mucho más fuerte y resultaron derrotados en Éfeso. Pero pronto los jonios les infligieron otra importante derrota en Pedasus, en la región de Caria, al suroeste. Así, el conflicto quedó en una tensa igualdad que se mantuvo durante un par de años hasta que, en 494 a. C., Darío puso al mando de su ejército reagrupado a Datis, un general de origen medo –uno de los pueblos sometidos por Persia– y que por la proximidad geográfica de su origen conocía bien los asuntos que tenían que ver con los griegos.

FOTOS: EFE/ ZUMA PRESS

Enfrentamientos cara a cara

Datis contó con medios prácticamente ilimitados que facilitaron su tarea.A su ejército terrestre pudo sumar una amplia flota formada por egipcios, fenicios, cilicios y chipriotas, todos ellos pueblos que habían ido cayendo bajo la égida persa. En la batalla naval de Lade se enfrentaron cara a cara con los jonios, que todavía se verían más debilitados por una traición en sus filas: la de los samios, que acordaron retirar sus naves en el último momento. La debacle de la flota jónica puso punto final a la revuelta. El rey Darío quería asegurarse de que los griegos no volverían a darle más quebraderos de cabeza y, tras la extinción de la revuelta, envió embajadores en el año 491 a. C. a las ciudades griegas para exigirles el sometimiento.Todas lo aceptaron excepto dos,Atenas y Esparta, que contestaron de una manera ciertamente poco amistosa: su respuesta fue ejecutar a los emisarios persas.Ante este desafío,Darío ordenó organizar un nuevo ejército cuyo objetivo sería el de someter por la fuerza el territorio griego continental. El mando se otorgó de nuevo a Datis,aunque esta vez lo compartió con el general Artafernes.

Efialtes (en el grabado) traicionó al rey espartano Leónidas, ayudando al persa Jerjes a encontrar otra ruta alternativa al paso de las Termópilas.

independiente y solían mostrar fuertes rivalidades entre sí. Por ello, aunque el idioma las uniera, su particularismo las convertía en muchas ocasiones en enemigas irreconciliables.

Tras invadir y castigar a las islas de Rodas y Naxos, el ejército anfibio de los persas se dirigió hacia tierra firme. Primero arrasaron Eretria, que apenas ofreció resistencia. Luego se encaminaron hacia la región del Ática y desembarcaron en la bahía de Maratón. Cuando el ejército ateniense, mandado por Milcíades, llegó a aquel lugar, no esperaba encontrarse con un enemigo tan potente. Lo que vieron los griegos los dejó aterrorizados: el ejército persa los triplicaba en número, 30,000 soldados contra 11,000 de los suyos. La mitad de los generales atenienses ni siquiera querían luchar, porque se veían ante una batalla perdida.

Genial estrategia griega

Durante cinco días,ambos ejércitos estuvieron tanteándose sin decidirse a iniciar el enfrentamiento. Fue una espera tensa, sobre todo para Milcíades, ya que él había sacado a su ejército fuera de Atenas y temía que, mientras lo tenía en Maratón esperando acontecimientos, algún traidor favorable a los persas les entregara a éstos la ciudad.

Derrota griega Durante la revuelta jónica (499-493 a. C.) Éfeso (abajo, foto de sus ruinas en la actual Turquía), antigua ciudad de Asia Menor, fue testigo del dominio del ejército persa en el campo de batalla, pues allí venció éste a los soldados helenos.

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El hecho de que Atenas fuera el objetivo final de los persas ayudó en parte al comandante griego. Datis tomó la decisión de embarcar a su caballería y no emplearla en la batalla que se gestaba en Maratón, sino enviarla directamente hacia el objetivo final. En el momento en que la caballería ya se había alejado, Milcíades mandó a sus 11,000 hombres a una ofensiva feroz, que además se desarrolló con exquisita y genial estrategia: atacaron los flancos primeros hasta destrozarlos y sólo entonces marcharon sobre el cuerpo central del ejército persa, que se vio mortalmente rodeado. Fue un éxito en toda regla. Sin embargo, la batalla de Maratón no acabó ahí. La famosa carrera de Filípides, quien recorrió los 42,195 kilómetros que separan Maratón de Atenas, no fue por afán de propaganda, sino por necesidad comunicativa: si él no anunciaba la victoria a los

La Liga griega de Delos

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a historia de las relaciones entre Persia y Grecia durante el siglo V a. C. no dejó espacio para el entendimiento. Si en un primer momento fueron los persas los que se lanzaron sin piedad sobre los griegos, éstos no dudaron luego en revolverse con furia hasta que la situación les fue favorable, a pesar del menor tamaño de sus fuerzas. Y las ciudades-Estado griegas encontraron en el enemigo persa un acicate para ir labrando una mayor unidad de acción. Después de la hazaña de las Termópilas –aunque acabara en derrota– y de las victorias de Salamina, Platea y Mícala, los griegos se unieron en la llamada Liga de Delos, un interesante experimento de confederación para lograr la fuerza necesaria con la cual hacer frente a un enemigo más poderoso. Su nombre viene de que la decisión de formarla se tomó en una reunión en la isla sagrada de Delos. Se unieron a la Liga veintisiete entidades locales o regionales tanto de la Grecia continental europea como de islas o ciudades en el Asia Menor. El objetivo con el que se definió ya dejaba muy claro que no iba a haber respiro para Jerjes En la isla de Delos, en el archipiélago de ni sus descendientes: “Vengar las las Cícladas, se formó la Liga de polis griegas que luchó contra el enemigo persa. En la injusticias que sufrieron devastanfoto, las ruinas del templo de Isis. do el territorio del rey”, en palabras del historiador Tucídides. Dentro de la Liga unas ciudades mandaban más que otras, y la líder era Atenas. Discrepancias de opinión. Uno de los aspectos clave de la unión era cómo repartir los esfuerzos de guerra. Cada ciudad podía elegir para ello entre aportar soldados propios o pagar un impuesto al tesoro conjunto, que se ocuparía de contratar a la milicia. Muchos escogían pagar la tasa, que dio origen a un tesoro que se guardaba también en Delos. Pericles tomaría la decisión de trasladarlo a Atenas, con la excusa de que allí estaría mejor protegido de los persas, pero a las otras ciudades no les convenció el argumento, que lo vieron como una excusa para dedicar el dinero a engrandecer Atenas. Este ensayo de “unión griega” siempre estuvo sometido a sobresaltos.

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atenienses, los barcos persas que habían sobrevivido a la batalla y que viajaban ya hacia Atenas podrían sembrar el miedo entre ellos, y posiblemente habrían creído que la contienda estaba perdida y se habrían rendido sin luchar. De haber ocurrido eso, la victoria en Maratón no habría servido para nada. Filípides murió exhausto tras la carrera, pero su sacrificio permitió que los atenienses fueran los primeros en conocer lo ocurrido, mientras su ejército regresaba a la ciudad. Había que ponérsela difícil al enemigo, dando tiempo a Milcíades para llegar en su ayuda. Se barajaron varias opciones, pero al fin se les ocurrió organizar un gran simulacro, vistiendo como soldado a todo aquel que pudiera sostenerse en pie, ya fuera anciano, mujer o niño. Los persas no llegaron a poner pie en tierra. Ante la visión de lo que les pareció un ejército y temiendo quedar emparedados cuando llegaran por su espalda los hombres de Milcíades, que regresaban a toda velocidad, Datis decidió no arriesgarse y dio media vuelta sin desembarcar.

Humillación aqueménida

Así acabó la Primera Guerra Médica, como se le ha conocido tradicionalmente. La victoria contra pronóstico de Maratón convirtió de repente a Atenas en una gran potencia que pasó a ser respetada y tenida en cuenta en el concierto internacional de la época. La humillación, lógicamente, no fue olvidada en la corte persa. Darío enseguida empezó a hacer planes para una nueva campaña en territorio griego, pero una rebelión en Egipto lo obligó a cambiar sus prioridades. En el año 486 a. C. moriría sin haber podido llevar a cabo la venganza con la que soñaba. Su hijo Jerjes heredó el imperio y la misión de reducir a los griegos.Tras sofocar la revuelta egipcia se dedicó a preparar la invasión de Grecia concienzudamente, durante nada menos que cuatro años. Algunas de las decisiones estratégicas que el monarca aqueménida tomó fueron de gran magnitud, como la de crear un puente formado por barcos para que su ejército de infantería pudiera cruzar el Helesponto –el estrecho que separa la Turquía asiática de la europea, hoy conocido como de los Dardanelos–. De esta forma pretendía aprovechar sin obstáculos la superioridad numérica de su ejército. Tan impresionante como esto fue la decisión de construir un gran canal que atravesara el istmo del monte Atos para evitar rodearlo, pues en el 492 a. C. una flota persa había sido aniquilada al hacerlo.

Un contingente gigante

El ejército de Jerjes –encabezado por él mismo– entró en territorio europeo en el mes de abril del año 480 a. C. Se calcula que estaba formado por 200,000 hombres. En su camino hacia el sur de Grecia este

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ejército gigante tenía que cruzar por un estrecho paso, las Termópilas. Los griegos entendieron muy pronto que allí era donde podría tener menos eficacia la superioridad numérica persa. Para la ocasión Atenas contó con un aliado de excepción, la ciudad de Esparta, con la cual, a pesar de ser ambas griegas, mantenía una constante rivalidad. Atenas era una ciudad muy abierta, comercial, mientras que Esparta –mucho más pequeña– era una sociedad muy cerrada, volcada en hacer la guerra. En el mes de agosto, los persas llegaron a ese desfiladero de las “puertas calientes” (que es lo que significa Termópilas). Su ejército estaba entrenado para una lucha en grandes llanuras abiertas,el escenario habitual de las batallas en Asia Menor. En los espacios amplios, los persas decidían la batalla con sus carros,su caballería y su innumerable infantería. La historia de lo que sucedió en las Termópilas es una de las más populares de la Antigüedad: el pequeño ejército griego se bastó para taponar el paso de los todopoderosos persas durante dos días, con un protagonismo muy especial del puñado de soldados que envió Esparta –los famosos 300 mandados por Leónidas–, que compensaron su inferioridad numérica con una increíble ferocidad que sorprendió hasta a los mejores soldados de Jerjes, el cual observó la batalla desde una colina cercana,sentado en un trono y poniéndose cada vez más nervioso.

FOTOS: GETTY IMAGES; EFE/ ZUMA PRESS

Freno a la expansión persa

A pesar de que el contingente espartano fue aniquilado, el precio pagado por Jerjes fue alto en pérdidas humanas y en el retraso de sus planes. De todos modos, al imponerse logró enseguida controlar la región de Beocia –donde se encontraba Tebas– y abrirse paso sin impedimentos hasta el Ática y su capital, Atenas. Los atenienses eran conscientes de que no tenían nada que hacer y evacuaron la ciudad por mar hacia Salamina. Jerjes entró en Atenas sin oposición y la arrasó. Sin embargo, el emperador persa creyó que no era suficiente con eso. La dura resistencia le hizo concluir que era necesario derrotar totalmente al ejército de aliados griegos que tan capacitado se había mostrado. Con esa idea obsesionándolo, se preparó para dar la batalla contra la flota griega, el último reducto de fuerza militar de la Hélade. El episodio tuvo lugar en las aguas de la isla de Salamina un mes después de las Termópilas. Una vez más, se verificó que la superioridad numérica podía resultar un obstáculo. La enorme flota persa tuvo que luchar en los estrechos situados entre la isla y la península, con escaso espacio para maniobrar. Los barcos persas se molestaban entre sí y actuaban de manera descoordinada, sin lograr una disposición eficaz. Los griegos, mucho más ágiles y avezados en esas aguas, aprovecharon la

Mítico mensajero. Según Heródoto, la famosa carrera de Filípides (aquí, en una ilustración) no fue de Maratón a Atenas (42 km), sino desde ésta hasta Esparta para pedir ayuda al gobierno espartano: 246 km en dos días, una hazaña todavía más notable, de ser cierta.

En las Termópilas, Atenas contó con un aliado de excepción, la ciudad de Esparta, con la cual mantenía una constante rivalidad. oportunidad lanzando un ataque decisivo. En la batalla cayeron unos 200 barcos persas. Después de Salamina, Jerjes se vio obligado a alterar sus planes; temía que los griegos fueran capaces de destruir su puente de barcos sobre el Helesponto e impedir así el retorno de su ejército. Así que decidió retirarse con la mayoría de él y dejar una unidad más pequeña pero muy preparada al mando del general Mardonio, un veterano de las guerras contra los griegos. Pero la suerte ya no parecía estar de su parte. Un año después, en la batalla de Platea, los persas fueron derrotados por las fuerzas confederadas de los griegos, entre quienes destacó Pausanias, otro aguerrido espartano, sobrino de Leónidas. A esta derrota en tierra firme se sumó otra en el mar, la de la batalla de Mícala, que según Heródoto fue simultánea a la anterior. Así acabó la Segunda Guerra Médica, que significó un importante freno al expansionismo persa. Jerjes había apostado muy a fondo por el objetivo de conquistar Grecia, y había fallado. El liderazgo persa podía ser discutido donde parecía más incontestable: en el campo de batalla. El Esto es esparta. El legendario guerrero Leónidas (en un busto), imperio empezaba a vacilar y rey de los espartanos, luchó Alejandro Magno, un siglo descon sus 300 soldados contra el ejército persa de Jerjes I en la pués, iba a ser el encargado de batalla de las Termópilas. darle la puntilla. muyinteresante.com.mx

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Las ciudades que marcaron a Alejandro

Símbolos

de gra

Entre Macedonia y Persia, tres urbes sellaron la vida y el destino del que fue en su época rey de reyes. Pero su ciudad soñada, Alejandría, lo convirtió en un mito. Por Iria Pena Presas

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La tumba de Ciro

iro el Grande reinó en Persia entre 558 y 530 a. C. Dirigió el Imperio aqueménida y consiguió dominar casi toda Asia occidental, hasta la invasión de Alejandro Magno dos siglos después. Gobernó desde Pasagarda, capital ancestral del reino persa. Tras su muerte, su tumba (en la imagen) se convirtió en un lugar sagrado para sus sucesores. Los reyes debían realizar un ritual de coronación ante ella, en el que repetían viejas costumbres nómadas. El nuevo rey acababa la ceremonia poniéndose la capa de Ciro, momento en que se consideraba ungido con la soberanía de la antigua Pérside. La importancia de la tumba como símbolo de la monarquía oriental quedó confirmada con la visita que Alejandro Magno le hizo en 324 a. C. a su regreso de la India (algunos historiadores afirman que hubo una visita anterior, en el año 331 a. C.). Alejandro se encontró con una tumba saqueada en la que ya no quedaban las armas ni el ajuar que decoraban el monumento, hecho que impulsó al macedonio a buscar a los culpables de la profanación. Este episodio no frenó a Alejandro, quien con su visita pretendía convertirse en sucesor legítimo de Ciro uniendo los mundos de Occidente y Oriente, su gran obsesión en esos años.

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ntre todas las ciudades que pisó y fundó Alejandro Magno en sus años de reinado, una destaca en especial: Alejandría. La mítica urbe fundada en el año 331 a. C. en el delta del Nilo no conserva ni el faro de Sóstrato de Cnido ni la biblioteca de Ptolomeo que la hicieron legendaria. En el lugar de la antigua atalaya se levanta hoy el fuerte de Qaitbey (en la foto), mandado construir por el sultán del mismo nombre en el año 1480. Para la edificación de esta fortificación se utilizaron los restos de la antigua construcción, destruida completamente tras los terremotos de 1303 y 1323. La urbe fue una ciudad opulenta organizada siguiendo un plano hipodámico. Se dividió administrativamente en cinco distritos que se denominaron como las primeras cinco letras del alfabeto griego. Tras la muerte de Alejandro la ciudad siguió manteniendo una posición privilegiada, convirtiéndose en el centro de la cultura griega y de la difusión del helenismo por el resto de Egipto.

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La metrópoli soñada


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La venganza de Alejandro

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ersépolis (en la imagen), la capital ceremonial del Imperio aqueménida, fue construida por Darío el Grande, embellecida por su hijo y sucesor Jerjes y destruida por Alejandro Magno. El macedonio y su ejército partieron de Susa (la capital política del Imperio persa) a mediados de diciembre del año 331 a. C. con el objetivo de tomar Persépolis, que cayó en manos de Alejandro en enero del siguiente año. Los macedonios se encontraron con una ciudad imponente, de edificios monumentales que glorificaban a los reyes persas. La destrucción de la urbe se dio meses después de su toma, y los motivos para incendiarla aún no están claros. Plutarco y Diodoro relatan cómo un Alejandro borracho lanza la primera antorcha al palacio de Jerjes en venganza por la quema de Atenas por parte del rey persa. Por su parte, historiadores actuales ven en el incendio de Persépolis un símbolo de poder político: el anuncio de Alejandro a Oriente del fin del dominio persa.

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Cuna de dos grandes

n el siglo V a. C. Egas dejó de ser la capital de Macedonia. Para dominar y controlar los nuevos territorios del reino fue necesario buscar un nuevo enclave estratégico, por lo que la urbe costera de Pella (en la foto) fue el lugar escogido. La ciudad seguía un trazado hipodámico (división ortogonal regular del espacio urbano) y en el centro se situaba el ágora y alrededor surgían las viviendas, de entre 2,500 y 3,000 metros cuadrados las más grandes. Las casas más ricas estaban pavimentadas con elaborados mosaicos que representaban escenas mitológicas basadas en pinturas de la época. Arquelao I y Amintas III engrandecieron la urbe, llevando a artistas y poetas como el pintor Zeuxis o el dramaturgo Eurípides. Y en esta ciudad nacieron los dos gobernantes más importantes de Macedonia: Filipo II y su hijo Alejandro Magno. El primero se crió en el palacio de Pella, una construcción pensada no sólo para residir, sino para gobernar y dirigir la administración de Macedonia. Alejandro, por su parte, recibió en esta ciudad los conocimientos de un maestro ejemplar: Aristóteles.

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El ejército macedonio

Diseñado para

la victo Fue el protagonista indiscutible de las conquistas de Alejandro: profesional, especializado y perfectamente organizado, acabó por convertirse en una maquinaria bélica sin rival durante casi dos centurias. Por Alejandro Noguera

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ria La travesía por el desierto de Gedrosia. Fue uno de los capítulos más negros para el ejército macedonio, pues sucumbió gran parte de sus efectivos. En la imagen, el famoso momento en el que Alejandro rehusó beber agua, mostrándose como un dios ante sus soldados.

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esde muy joven, el príncipe Alejandro estuvo inmerso en la sociedad guerrera de Macedonia.Vio cómo su padre, Filipo, partía a la guerra con sus primos y tíos, y cómo algunos no retornaban. Los aedos cantaban junto al fuego las gestas de sus ancestros y las hazañas de los héroes homéricos. Siendo un niño, cuenta Plutarco que preguntó a los embajadores persas sobre su territorio, ciudades y ejércitos; a pesar de ser una anécdota probablemente apócrifa, es indudable que el rey macedonio se interesó por la guerra desde muy joven. El ejército macedonio fue una de las mejores maquinarias de guerra de la Antigüedad, y su paulatino perfeccionamiento y su forma de usarlo hicieron posible que un pequeño reino del norte de Grecia se convirtiera en la potencia hegemónica del Mediterráneo oriental desde finales del siglo IV a. C. hasta la llegada de la República romana.

Un ejército heredado

La importancia de los augurios. El joven conquistador tuvo siempre muy en cuenta las predicciones de sus sacerdotes. En la imagen de abajo, Alejandro durante un ritual justo antes de la batalla de Gaugamela.

No obstante,no debemos olvidar que dicho ejército no fue creado por el rey Alejandro III, por todos conocido comoAlejandro Magno,sino por su tío el rey Alejandro II, y desarrollado y perfeccionado por su padre Filipo II. En un discurso declamado ante sus tropas cerca de Babilonia poco antes de su muerte, el Magno indicó que fue su padre quien los organizó como ejército. Éste y muchos otros indicios demuestran que el ejército que vamos a describir no fue formado inicialmente por el gran conquistador. Sin embargo, fue él quien tuvo la habilidad

La falange macedonia y la sarisa

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sta unidad permaneció imbatida en los campos de batalla durante casi dos siglos. Se basaba en la disciplina y el orden al guerrear. En su armamento destacaba una pieza, la sarisa. Este tipo de lanza tenía varias versiones: la de infantería era una pica larga que durante el reinado de Filipo y Alejandro medía entre 4.5 y 5.5 metros de longitud, con una punta delantera de unos 50 centímetros de largo y una trasera de forma trapezoidal que podía hincarse en el suelo. Con esto se dotaba de estabilidad al arma y se hacía posible que se pudiera separar en dos partes; una pieza tubular de bronce unía en su centro las dos astas impidiendo así un exceso de vibración a la hora del choque. Fabricadas en madera. Sin embargo, los macedonios denominaban sarisa a toda arma dotada de un asta: desde las flechas, las jabalinas y las lanzas cortas hasta las sarisas de caballería y la sarisa larga de infantería, la más famosa. La raíz “sar” significa “roble” en griego. De hecho, la denominación de la flecha en latín (sagitta) proviene de la misma raíz. En todo caso las sarisas macedonias solían fabricarse con madera de cornejo rojo, muy flexible pero sólida, o de fresno, un árbol más común en Asia.

logística, táctica y estratégica para convertir y utilizar dicha maquinaria con la sabiduría necesaria para conseguir sus fines. El ejército de Alejandro Magno estaba compuesto por infantería, caballería, artillería, marina y una serie de unidades especializadas. Por otra parte, toda una corte iba junto al rey, así como una verdadera expedición científica, además de los habituales seguidores que tenían todos los ejércitos: prostitutas, mercaderes de esclavos y de todo tipo de productos,compañías teatrales,etc.No obstante cuando el rey necesitaba que sus tropas avanzaran rápidamente dejaba a su séquito y seguidores para que lo siguieran a mayor distancia. La infantería del ejército macedonio bajo Alejandro III puede subdividirse en tres grupos: los súbditos macedonios, los aliados griegos o balcánicos y los mercenarios, también con los mismos orígenes. Los súbditos macedonios constituían el núcleo central de la hueste. Conformaban, por una parte, la falange macedonia, y por otra, una unidad de arqueros. La falange estaba formada, a su vez, por tres tipos de componentes: los hipaspistas, los asthetairos y los pezhetairoi.

La infantería

Los hipaspistas eran, como su nombre griego indica, los “portadores de escudos”, es decir, escuderos en su origen, pero que ya en la época de Filipo se 32

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FOTO: ANDRE CASTAIGNE

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Una unidad móvil. Es probable que tanto los hipaspistas como los demás falangitas, cuando no luchaban en batallas campales, desmontaran sus sarisas largas para usar tan sólo la mitad delantera durante las marchas y los asedios, o bien que las cambiaran por jabalinas. La longitud de estas lanzas permitía que las puntas de las cuatro primeras filas sobrepasaran el frente, dando a la falange el aspecto de un puercoespín. La ligereza del resto del armamento hacía que fuera una unidad bastante móvil, que podía evolucionar en el campo de batalla e impresionar a sus oponentes cambiando de frente o mutando su formación a voluntad. Esto requería de un entrenamiento de alto nivel y una gran compenetración entre sus integrantes. De este modo, ninguna unidad enemiga, ya fuese de caballería o de infantería, conseguía romper el frente de una falange macedonia bien dispuesta. Posteriormente, tras la muerte de Alejandro Magno, por primera vez se enfrentaron falanges de tipo macedonio

Su gran versatilidad le permitió adaptarse a todo tipo de tropas enemigas. En esta pintura, una falange macedonia espera la carga de los elefantes de guerra en el curso de la batalla del Hidaspes.

unas contra otras. Fue entonces cuando se inició una escalada armamentística. Las sarisas fueron alargándose progresivamente: si una falange disponía de unos centímetros más, ganaba cierta ventaja sobre sus oponentes. Paulatina transformación. Por otra parte, fueron incrementando el peso de su armamento defensivo: las corazas se fueron generalizando, las que eran de lino o cuero fueron agregando el bronce; los escudos, que eran de 60 centímetros de diámetro (salvo para los hipaspis-

habían constituido en un cuerpo independiente para el que era reclutada la élite de los soldados macedonios por su altura y habilidades guerreras. Eran 3,000 hombres organizados en tres unidades llamadas quiliarca, que significa una “unidad de mil hombres”, y entre ellos los quinientos mejores formaban parte de la agema de los hipaspistas, la guardia real de infantería, que se relevaba por turnos para proteger al rey y lo acompañaba en todo momento. Solían llevar el armamento tradicional de los hoplitas griegos, es decir: casco, coraza de cuero o lino con su correspondiente faldellín, grebas para proteger las piernas, un escudo tipo hoplon (de 90 centímetros de diámetro, aunque sensiblemente más convexo que en el caso tradicional de espartanos y atenienses), la lanza media de los hoplitas griegos (de aproximadamente 2 metros y medio de longitud), una espada corta o un sable tipo kopis y en ocasiones un puñal. No obstante, durante las batallas suplían su lanza media por una sarisa larga de falangita, como se puede ver con más detalle en el recuadro de la falange macedonia. Los asthetairos y pezhetairoi formaban la infantería de línea de la falange macedonia, y conformaban cada uno tres taxeis o regimientos de 1,500 hombres. La única diferencia entre estos dos tipos de tropas consistía en que los pezhetairoi eran reclutados en la Baja Macedonia en tanto que los asthetairos procedían de la Alta Macedonia y,

tas), aumentaron su tamaño; el uso de las grebas se extendió… De este modo una unidad que era ligera y móvil pasó progresivamente a ser lenta y estática. Al mismo tiempo, el entrenamiento necesario fue escaseando, máxime cuando las guerras y las migraciones debidas al rey Alejandro y a sus sucesores, los Diádocos, habían despoblado Grecia en gran medida. Así, las falanges de tipo macedonio no fueron capaces de hacer frente a las legiones romanas a su llegada a la Hélade y acabaron siendo derrotadas.

El ejército macedonio fue el gran referente militar en la Antigüedad hasta la llegada de las legiones romanas. por ello, su habilidad en la lucha en terrenos montañosos era superior. El armamento de los 9,000 falangitas de línea de Alejandro Magno era más ligero que el de los hipaspistas. Llevaban casco, por lo general de tipo macedonio, coraza y grebas en el caso de las filas primera, central y final. Lo más probable es que los demás no llevaran coraza, al menos en su mayoría. En cuanto al armamento ofensivo, portaban la sarisa larga y una espada corta o sable tipo kopis.

Inferioridad en el mar. Al inicio de la guerra, los persas tenían una marina mucho más potente que la macedonia. Aquí, una pintura francesa del siglo XV que representa el desembarco de Alejandro en Persia.

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Una fuerza de choque. Las huestes macedonias contaban con una potente caballería tanto pesada como ligera. Aquí, los jinetes macedonios luchan contra los carros persas, en una miniatura datada en el siglo XV.

Los 9,000 falangitas más los 3,000 hipaspistas conformaban la falange macedonia, que en batalla se estructuraba en filas de 16 hombres. La unidad de 16 filas se llamaba syntagma, y seis de ellos constituían una taxis de 1,536 hombres. Las tropas macedonias recibían su armamento y vestimenta del Estado; por ello, podemos inferir un cierto grado de uniformidad en las unidades. Probablemente cada taxis o regimiento vestía un color propio para distinguirse de la siguiente. Entre los súbditos macedonios también existía una pequeña unidad de mil hombres formada por arqueros de élite que Alejandro Magno utilizaba a menudo en sus incursiones. Asimismo, hay que destacar un pequeño cuerpo de “pajes reales”, que eran jóvenes nobles que servían al rey y que además recibían su educación en la corte. La infantería macedonia se completaba con los aliados y mercenarios griegos y balcánicos. Cuando Filipo unificó Grecia (salvo Lacedemonia) por las armas, creó la Liga de Corinto. Entre las diversas normativas de esta liga, se incluía la obligación por parte de sus integrantes de enviar tropas o fondos para el esfuerzo común de la guerra contra los persas, y varias fueron las ciudades-Estado que enviaron a sus huestes.

Los reyes macedonios lideraban a sus tropas en la primera línea, lo que causó un gran número de bajas entre ellos. 34

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Aliados y mercenarios

Del mismo modo, Alejandro alistó mercenarios procedentes de Grecia y los Balcanes. En total disponía de 7,000 aliados y 5,000 mercenarios griegos, y además llevó consigo una unidad de 7,000 tropas aliadas balcánicas (formada por odrisios, tribalos e ilirios) y 1,000 jabalineros agrianos. En total, Alejandro, al iniciar su expedición, disponía de 13,500 macedonios, 12,000 griegos y 8,000 balcánicos, es decir, unos 33,500 infantes. Para sus golpes de mano lo que prefería era utilizar a los agrianos y a los arqueros como si de “comandos” modernos se tratara. Su velocidad y ligereza les permitía realizar persecuciones en montaña, ataques a fortificaciones, acometidas nocturnas y todo tipo de misiones especializadas.

La caballería

Este cuerpo del ejército, al igual que las tropas de a pie, se subdividía entre los súbditos macedonios, los aliados y los mercenarios. Los macedonios formaban dos unidades de caballería, los exploradores y los “compañeros”. Los exploradores, también denominados prodromoi o sarisaforoi, eran caballería ligera utilizada como avanzadilla para divisar al enemigo, buscar forrajes o emplazamientos para campamentos. Estaban armados con la sarisa de caballería, bastante más corta que la de infantería. Desconocemos su número, pero probablemente eran unos 600 repartidos en 4 ilai o escuadrones de 150. Si la falange constituía el yunque en la batalla, la caballería de los hetairoí o compañeros formaba

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Compactos y disciplinados


el martillo. Se trataba de caballería pesada reclutada entre los nobles macedonios y sus seguidores, así como entre otras personas que el rey deseaba distinguir. Iban armados con casco de tipo beocio y coraza de caballería acampanada o de lino reforzado con placas de bronce, y además usaban la sarisa de caballería y la espada o sable tipo kopis. Formaban escuadrones probablemente de unos 200 hombres, que se alineaban en cuña para atacar. Una de estas unidades era llamada el escuadrón real, que disponía de 300 hombres y constituía la guardia a caballo del rey macedonio. En total cruzaron a Asia 1,800 de ellos al principio de la campaña. En la mayoría de las batallas, la falange servía de yunque para fijar al enemigo mientras que la caballería de los compañeros constituía el martillo que asestaba el golpe de gracia, mediante una carga que chocaba contra las filas del adversario. Esta táctica fue una de las grandes innovaciones de los macedonios. El rey Alejandro iba al frente de su guardia de caballería, pues los reyes macedonios siempre debían liderar a sus tropas desde la primera línea de batalla, aspecto que causó no poca mortandad entre ellos.

GRÁFICO: JOSÉ ANTONIO PEÑAS; HELLENIC INSTITUTE OF BYZANTINE STUDIES/ VENICE

Las “falanges medievales”. Las hazañas de Alejandro se siguieron representando muchos siglos después de su muerte. Aquí, una miniatura bizantina del siglo XIV que ilustra la toma de Atenas, y en la que se muestra a las huestes macedonias como si fueran un ejército medieval.

La caballería del ejército macedonio se completaba, al igual que la infantería, con tropas aliadas y mercenarios provenientes del resto de Grecia y de los Balcanes. La más valiosa de estas unidades eran los jinetes tesalios. Estaban armados de forma similar a los compañeros, contaban con su mismo número y formaban tradicionalmente en rombo; a menudo estuvieron bajo el mando de Parmenio, el principal general de Alejandro. Pequeñas unidades de caballería ligera griega y balcánica, en particular la caballería peonia, completaban a los jinetes del ejército. En total, el rey macedonio llevó consigo unos 5,100 jinetes para conquistar el Imperio persa.

Un ejército sin rival

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lejandro heredó de Filipo un ejército muy diferente al del resto de Grecia. El rey macedonio perfeccionó las ideas del tebano Epaminondas convirtiendo la línea de batalla, con pocos cuerpos de profundidad, en un muro de bronce impenetrable, en el que las cinco primeras líneas combatían y el resto presionaban. Aún más importante, formó un ejército nacional, que se mantenía en continuo adiestramiento, frente a las tropas de las polis, formadas por ciudadanos. Soldados profesionales. Tradicionalmente, el hoplita (el portador del hoplon, el escudo) era un hombre libre que se pagaba el armamento con sus propios recursos, y sólo combatía cuando la ciudad lo requería. Únicamente Esparta y Tebas habían constituido antes una milicia profesional, pero ambas ciudades mantuvieron la tradición del soldado-guerrero individual. En cambio, los hoplitas macedonios combatían como un solo cuerpo, perfectamente coordinados en la formación del syntagma. Nuevos tiempos, nuevas armas. Los cambios en la táctica se reflejaron en el equipamiento, que ahora era suministrado por el Estado. La sarisa tenía que manejarse con ambas manos, así que el hoplon se redujo hasta los 60 centímetros y se colgaba del hombro, dejando los brazos libres. El yelmo corintio, que protegía toda la cara pero apenas dejaba visibilidad, se cambió por el frigio, con su característico bonete en la punta. La armadura de bronce dio paso a la coraza de lino y cuero, mucho más ligera. De esta manera, los infantes macedonios podían desplazarse con mucha más rapidez que sus rivales y resistían mejor el cansancio durante la batalla, como se vería en Queronea, donde los griegos, agotados bajo el peso de sus armaduras, no pudieron resistir frente al empuje de los endurecidos veteranos del norte.

Una vez establecida, la falange macedonia era un auténtico muro formado por lanzas y escudos, que además se movía coordinadamente como un solo cuerpo.

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La batalla de Gaugamela unidad lingüística: el griego era la lengua común en el ejército de Alejandro, mientras que entre las tropas persas se hablaba una multitud de lenguas, lo cual dificultaba la transmisión de órdenes. En cuanto a la motivación, las tropas de la expedición de Alejandro, en caso de ser derrotadas, se habrían encontrado en medio de territorio hostil, con el peligro de enfrentarse a una larga retirada. También había que contar con la moral de unos soldados que iban a conquistar un imperio, frente a otros que luchaban por un emperador al que no conocían. La batalla se inició con escaramuzas y Darío III lanzó sus carros falcados contra las tropas macedonias. Éstas abrieron sus filas ordenadamente y los dejaron pasar, haciéndoles perder su ímpetu inicial. Al mismo tiempo, el ala derecha persa atacaba, a lo que respondía el ala derecha macedonia, en la que los mercenarios pivotaron para proteger su flanco.

En cuanto a la marina, Alejandro dispuso a lo largo de su reinado de varias flotas. Inicialmente como comandante o hegemón de la Liga de Corinto, las ciudades griegas le enviaron una flota heterogénea de barcos de guerra y de transporte que le sirvió para cruzar a Asia y que contaba con unos 160 barcos. La tremenda superioridad de las flotas persas en el Mediterráneo y la falta de fondos de la monarquía macedonia al principio de la campaña empujaron a Alejandro a licenciar a su flota tras la captura de la ciudad de Mileto. A partir de este momento, optó por ir tomando las bases terrestres de la marina persa. Volvió a crear una pequeña flota al mando de Proteas a finales del 334 a. C., para defender el territorio de Macedonia en caso de recibir un intento de desembarco persa. Del mismo modo, en el 333 a. C., ya con mayores fondos, el rey creó una marina puramente macedonia. Pero no fue sino hasta el asedio de Tiro en el mismo año cuando AlejanEl sitio de Tiro. Alejandro demostró su dro recibió la mayoría de las genio militar construyendo una calzada flotas fenicias ahora súbditas para poder utilizar sus máquinas de asedio. En esta ilustración los soldados macedonios suyas, a las que añadió naatacan una brecha en las murallas de Tiro. ves de Licia, Chipre y Rodas. 36

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Este choque supuso el principio del fin del Imperio persa de los aqueménidas. En la imagen, el óleo de Jacques Courtois (1621-1676) La batalla de Gaugamela.

Genio táctico. En aquel momento, Alejandro inició una maniobra de distracción cargando con su caballería hacia la derecha para más tarde girar e ir directamente contra el centro de los persas. El ala izquierda macedonia estaba casi desbordada; esto creó un hueco en la falange por la que se infiltró la caballería enemiga, la cual atacó el

Finalmente, en la India armó una escuadra para descender el río Indo; luego la amplió y, con ella, el almirante Nearco pudo retornar hasta Babilonia por el Golfo Pérsico.

Las innovaciones de la artillería

Estos mecanismos eran un invento bastante reciente, ya que se concibieron en Siracusa a principios del siglo IV a. C. Sin embargo, la catapulta de torsión, que significaba un tremendo avance frente a sus antepasadas, que eran mucho más simples, fue probablemente creada en Macedonia bajo los auspicios de Filipo II poco después del 340 a. C., por el ingeniero Diades de Pella. Antes de este invento, las ciudades y plazas fortificadas, en general, se tomaban tan sólo por hambre o traición, y ambos métodos solían ser muy caros y costosos a largo plazo. Las catapultas se transportaban en piezas o se fabricaban durante los asedios largos, y las había de varios tamaños. Los macedonios las utilizaron tanto desde tierra como montadas en barcos. De hecho, el ingeniero de Alejandro, Arquídemo, ideaba barcos especialmente diseñados para montar torres de asedio artilladas en su interior. Las catapultas supusieron un tremendo cambio en el ritmo de la toma de ciudades. Además, también se usaron en campaña, en particular durante el cruce de ríos, como fue el caso del Iaxartes y el Eordaico. Las torres de asedio con puentes levadizos, pese a no ser una innovación propiamente dicha, al combinarse con la artillería constituyeron un arma de lo más temible.

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uvo lugar el 1 de octubre del año 331 a. C. en las cercanías de la actual ciudad iraquí de Mosul. Fue la mayor batalla en la que luchó Alejandro y sin duda la más decisiva, pues el destino del Imperio persa y de la expedición de los griegos se jugaba en ella. El ejército persa superaba quizá en más de tres a uno al macedonio. Esta confrontación demostró cómo un contingente más pequeño podía superar a uno mucho mayor en un campo de batalla. ¿Cómo venció Alejandro? Lo consiguió por varios factores. En primer lugar, a un entrenamiento mucho mayor de sus tropas: la falange macedonia y las guardias de infantería y de caballería eran tropas de más calidad que las persas; la mayoría de éstas estaban formadas por levas, y tan sólo la guardia, los mercenarios griegos y ciertas unidades de Asia central destacaban por su adiestramiento. En segundo lugar, estaba la


Los arqueros y jabalineros a caballo fueron unidades de origen persa que Alejandro incorporó a su ejército. campaña, que acabaría prefigurando de este modo las futuras expediciones científicas. El ejército que hemos descrito es básicamente el ejército de Filipo II y del inicio del reinado de Alejandro III. Sin embargo, a medida que avanzó y fue conquistando territorios a través de Asia, sufrió importantes pérdidas, ya fuera por muertes, heridas o enfermedades, aunque de igual manera fue recibiendo contingentes de refuerzos. El fenómeno más característico de los últimos años de su reinado fue la progresiva orientalización del ejército macedonio. campamento en vez de girar y tomar por la retaguardia a los macedonios. Alejandro creó una gran cuña con la caballería de los “compañeros”, que chocó contra el centro enemigo obligando a Darío III a emprender la huida. Como consecuencia, la mayoría del ejército persa escapó y muchos se salvaron, debido a que Alejandro tuvo que volver para apoyar a su general Parmenio, sobrepasado en su propia ala izquierda.

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Unidades especiales

Pero la artillería no era suficiente para tomar ciudades; necesitaba de unidades de ingenieros y zapadores que crearan terraplenes, rampas, desvíos de ríos y diques, como los dos enormes que se hicieron para tomar Tiro, además de todo tipo de obras para que las piezas de artillería cumplieran con su cometido. Estaban también todos los cuerpos de carpinteros, herreros y otras labores especializadas para construir la artillería, las torres, los barcos, renovar las armas o repararlas, así como los pontoneros, curtidores de pieles, agrimensores, constructores, etc. La administración del ejército requería de todo un séquito de secretarios, escribas, personal de protocolo, alto mando y Estado Mayor. De igual modo, el tren de equipajes crecía a medida que el colosal ejército avanzaba. Alejandro dispuso asimismo de un rudimentario servicio de información y de un servicio de correos muy avanzado para su época. Finalmente, el ejército contaba con un cuerpo de sacerdotes y adivinos, que gozaban de gran consideración e importancia a los ojos de Alejandro: este cuerpo se fue acrecentando con incorporaciones locales a lo largo de las tierras conquistadas. Sabios e intelectuales completaban esta verdadera expedición, algunos de la talla de Anaxarco de Abdera, el sabio atomista, u Onesícrito de Astipalea, el filósofo cínico y marino, acompañados de un gran número de geólogos, botánicos, zoólogos, médicos, físicos y toda suerte de filósofos, que fueron describiendo y recolectando datos y especímenes durante la

Influencia persa

En efecto, Alejandro Magno fue introduciendo paulatinamente tropas, sobre todo ligeras, de origen oriental, eminentemente iranio (persas, medos y bactrianos). Estaban formadas por arqueros a caballo y jabalineros a caballo, pero también hubo todo tipo de tropas ligeras de infantería. Este fenómeno cobró mayor relieve justo antes de la muerte del Magno, con la creación de un ejército paralelo persa armado y entrenado a la macedonia. Sus componentes habían sido educados como griegos desde jóvenes. Cuando Alejandro pasó por Babilonia antes de ir hacia Asia Central y la India los reclutó, y desde entonces habían sido entrenados. Así, esta falange persa estaba lista para entrar en combate. De la misma manera, quiso crear una falange mixta macedonia y persa en la que las tres primeras filas y la última fueran de piqueros macedonios, y las filas centrales estuvieran formadas por jabalineros y arqueros persas. Si la muerte no hubiera sorprendido a Alejandro Magno en junio de 323 a. C., quién sabe qué nuevos confines habría conseguido alcanzar con su ejército.

La ingeniería al servicio de la guerra. Las catapultas de torsión y las torres de asedio artilladas o con puentes levadizos fueron grandes innovaciones que facilitaron la toma de ciudades. A la izquierda, la reconstrucción de una catapulta utilizada en tiempos de Alejandro Magno.

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El despertar de Macedonia

Nace una nueva

potencia Unos inicios modestos dieron paso a una historia de lo más sorprendente, la de un pequeño reino al norte de Grecia que acabaría por imponerse a todas las polis de la Hélade y al todopoderoso Imperio persa. Por Roberto Piorno

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uenta la leyenda que Pérdicas, Gavanes y Aéropo, herederos de Témeno, descendiente a su vez del mismísimo Heracles, se vieron empujados a huir de su Argos natal en dirección a Iliria para, posteriormente, recalar en la Alta Macedonia, en la ciudad de Lebea, donde se ganaron el favor del monarca, que los acogió y empleó. No tardaron los ilustres hermanos en despertar los recelos del rey, que decidió expulsarlos de sus tierras no sin antes liquidar sus deudas remunerándolos, no muy generosamente, por los servicios prestados. Terminó el monarca por arrepentirse, ordenando su búsqueda y captura, pero los fugitivos lograron llegar hasta la Baja Macedonia, instalándose en los jardines que habían pertenecido al rey Midas. Pérdicas tomó así posesión de aquellas tierras, ampliando progresivamente sus dominios y reinando sobre toda Macedonia. De esta manera, cuenta Heródoto, los Teménidas conquistaron Macedonia a finales del siglo VIII a. C. o a comienzos de la centuria siguiente, cristalizando la hegemonía de la dinastía Argéada –el linaje ancestral del que descendía Alejandro Magno– sobre las tribus de una región que sabemos poblada al menos desde el Neolítico, pero cuyo origen histórico sólo revelan los ecos del mito.

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Ignoramos hasta qué punto éste encierra referencias genuinamente históricas. El relato de Heródoto parece sugerir, en clave legendaria, el origen de los macedones en las tierras altas (la llamada Alta Macedonia histórica), que comprendían las regiones de Lincéstide al norte, Eordaea en el centro, Elimea en el sureste y la Oréstide en el oeste.

Orígenes legendarios

En algún momento de finales del siglo VIII este ethnos, que reconocía en Macedón, hijo de Eolo, a su más ilustre antepasado, descendió desde las tierras altas hacia las llanuras aluviales de la Baja Macedonia, fijando en Egas el centro político y administrativo de la dinastía hegemónica, los Argéadas, que habría logrado emerger de entre la constelación de linajes locales que acaudillaban las diferentes subetnias del crisol macedonio. El mito del exilio de los Teménidas, probablemente, no es mucho más antiguo que la voz de su primer cronista, Heródoto, que al igual que Tucídides (o el Arquelao de Eurípides, donde también se recoge, con variaciones, la leyenda) se habría hecho eco de un relato construido por Alejandro I en la primera mitad del siglo V a. C. y apuntalado por Arquelao a comienzos de la centuria sucesiva en el empeño por argumentar el origen griego de su linaje, tratando de enfatizar las raíces helenas de los


macedones. Una cosa es cierta: en tiempos de Heródoto y Tucídides nadie en Macedonia dudaba de la veracidad del mito, y por extensión del origen griego de una monarquía que descendía del mismísimo Heracles.

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¿Bárbaros o griegos?

Por tanto, ¿se podía considerar helenos a los macedones? Muchos escritores griegos contemporáneos desdeñaban a sus vecinos macedonios, a los que veían como incivilizados bárbaros, y a lo largo del siglo IV a. C. Demóstenes y otros grandes políticos atenienses subrayaron con ahínco la no helenidad de esta región en un contexto de abierto enfrentamiento con Filipo II y su agresiva política expansionista. El griego era con seguridad una lengua de uso corriente en la antigua Macedonia, y por otro lado la práctica totalidad de nombres y topónimos macedonios conocidos son de origen griego. No sabemos casi nada del dialecto macedonio que, según las fuentes, empleaban habitualmente para comunicarse las unidades de infantería del ejército de Alejandro en Asia. Apenas sobrevive un puñado de vocablos inequívocamente macedonios y, aunque se infiere la influencia iliria y tracia, no podemos siquiera intuir las raíces lingüísticas de este dialecto. Por el contrario, la evidencia arqueológica apunta a la omnipresencia

El hogar de los primeros argéadas. Egas, situada en la actual Vergina, al norte de Grecia, fue la primitiva capital de Macedonia. En la imagen, las ruinas del antiguo palacio real de Palatitsia.

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Los griegos los consideraban bárbaros no por razones étnicas, sino por lo arcaico de sus instituciones y lo rústico de sus costumbres.

El mundo griego antiguo F. Ruze y M. C. Amouretti, Akal, 2004. Una obra clásica para introducirse en esta compleja época, en la que con frecuencia el relato histórico y el legendario se confunden.

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Un linaje mítico. Los monarcas macedonios afirmaban que eran descendientes de Heracles y por lo tanto tenían sangre griega. En la imagen, la obra Hércules en la encrucijada (1828), de Pietro Benvenuti (1769-1844).

prácticamente desde cero, de todas las estructuras políticas, sociales y militares del Estado, que habrían de convertir a Macedonia en un tiempo récord en hegemón incontestado del mundo griego, mediante un proceso de maduración política que provocó el nacimiento del primer gran Estado-nación territorial de la historia de Occidente. Sin embargo, ese proceso de autoafirmación de Macedonia como Bajo la influencia persa gran potencia no puede, en absoluto, desligarse de La historiografía moderna ha tendido tradicional- las políticas acometidas por algunos de los momente a situar un drástico punto de inflexión en narcas más enérgicos de la dinastía Argéada en el la historia de Macedonia en el ascenso al trono de transcurso de los siglos V y IV a. C. Filipo II,atribuyéndole la completa transformación, Desde las brumas del mito emerge a mediados del siglo VI la figura de Amintas I, primer monarca que ha dejado un rastro inequívocamente histórico en las fuentes y cuyo reinado está marcado por la sumisión a la todopoderosa Persia. Macedonia, a comienzos del siglo V a. C., y en vísperas del estallido de las Guerras Médicas, era, de facto, el más occidental de los Estados clientes del Imperio persa. En realidad, durante este periodo, la política exterior macedonia viene marcada por la debilidad frente a sus vecinos, por la necesidad de salvaguardar sus fronteras de las acometidas de tracios, ilirios y peonios y por la resignación frente a las Poderío naval. Las marinas de guerra exigencias de la gran potencia griegas estaban formadas por galeras político-militar del periodo, de trirremes. Para su construcción era fundamental la madera y Macedonia inmersa en una costosísima era uno de sus principales proveedores. guerra con los griegos.

FOTO: PALAZZO PITTI, FLORENCE, ITALY; PINTURAS DE GUERRA

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del griego en el día a día de la corte y la administración. Es más que probable que los macedonios fueran bárbaros a ojos de los griegos no por razones de índole étnico-lingüística, sino simplemente por lo arcaico de sus instituciones y lo rústico de algunas de sus costumbres (no mezclaban el vino con agua, a la manera griega). Así, hay que entender los prejuicios de las polis griegas hacia Macedonia como la proyección de una cierta arrogancia cultural del sur hacia el norte.Al fin y al cabo,los macedonios eran un pueblo de simples pastores,apegados a estructuras tribales muy primitivas con un modelo institucional nada sofisticado, al servicio de un reino en el que apenas existían ciudades dignas de llamarse así.


FOTOS: PARIS MUSEES COLLECTIONS

Las Guerras Médicas

Exigencias a las que tampoco pudo dar la espalda Alejandro I, el primer gran “estadista” de la historia de Macedonia, responsable de la helenización del reino, e impulsor de reformas que habrían de sentar las bases de un Estado con cimientos político-institucionales sólidos y duraderos. Alejandro I, cuyo reinado se prolongó durante medio siglo, entre los años 498 y 454 a. C., hubo de lidiar con un contexto político internacional incendiario y con la incómoda posición del intermediario, del convidado de piedra en el feroz enfrentamiento entre griegos y persas. El monarca macedonio se vio empujado, por puro instinto de supervivencia, a jugar un doble juego: por un lado hubo de ser fiel a los compromisos adquiridos por Amintas con el Gran Rey, inclinándose nominalmente hacia el bando persa en el transcurso de las Guerras Médicas; pero, por otro, era un rendido admirador de todo lo heleno y sus acciones dejan entrever su predilección por la causa griega en el conflicto. Así, mientras ejercía de emisario de Darío y Jerjes en las negociaciones con las polis, participando en el esfuerzo militar persa con la cesión de modestos contingentes, el rey, al que a raíz de sus victorias en los Juegos Olímpicos (hasta donde sabemos, fue el primer monarca macedonio que tomó parte) le fueron otorgados por Atenas honores de proxenos (embajador) por sus buenos servicios a la polis ática, asesoraba en secreto a los griegos, proporcionando información que habría de ser crucial, por ejemplo, en la victoria de la Liga Helénica en Platea (479 a. C.). Alejandro I, por consiguiente, gozaba de una notable reputación en ambos bandos y supo hacer de la necesidad virtud, eludiendo la enemistad de los dos contendientes y sacando partido del doble juego con las anexiones de Crestonia, Migdonia o Bisaltia y partes de la Calcídica. Aprovechó para ello la retirada del ejército persa, al que derrotó en Anfípolis, con lo que ganó definitivamente la amistad y el reconocimiento de los griegos, que no dudaron en otorgarle el título simbólico de “filoheleno”. En la segunda mitad de su reinado, las relaciones del rey con Atenas se enturbiaron a raíz del creciente imperialismo de la polis ática, cada vez más interesada en formalizar su presencia en territorio macedonio. A su muerte en 454, Alejandro I dejaba tras de sí, además, una ambiciosa reforma de la caballería, que pasó a estar integrada exclusivamente por miembros de la nobleza a los que se conocería a partir de entonces como los hetairoí (compañeros), lo que selló el nacimiento de uno de los ingredientes más característicos y eficaces de la maquinaria bélica de Filipo y Alejandro. El rey falleció a la avanzada edad de ochenta años en circunstancias que no son bien conocidas. Lo

Las instituciones macedonias

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l Estado macedonio estaba constituido alrededor de dos únicos pilares: el rey y los macedones, que eran los ciudadanos que nutrían las filas del ejército y que, por ese mismo motivo, tomaban parte en una de las pocas instituciones que atenuaban el poder del monarca: la asamblea. Ésta estaba compuesta por el rey y los ciudadanos en armas y, de lo que cabe deducir de las fuentes, era una institución un tanto informal, cuyas disposiciones no eran vinculantes, pues la última palabra estaba siempre en manos del rey. Sí jugaba un papel central en la designación del sucesor a la muerte del monarca y juzgaba casos de traición, aunque sus poderes, según se infiere de las fuentes, debían de ser limitados. Un carácter igualmente informal tenía la hetaireia, que era el círculo de los “compañeros

del rey” con los que cabalgaba en el combate y constituía el núcleo duro de la caballería. Los compañeros no eran sino aquellos individuos que más confianza inspiraban al rey y que le hacían compañía en los banquetes. La élite del reino. Poco a poco, sin embargo, fue dando cabida a los miembros de las familias más prominentes de la Alta Macedonia, muy especialmente a partir del reinado de Filipo, y entre los compañeros más destacados se seleccionaba a los alumnos de la Escuela de Pajes, una auténtica cantera de oficiales macedonios cuya sede estaba en Díon y que con certeza existía ya en tiempos de Arquelao. Filipo fue quien le dio su forma definitiva, pero la Escuela ya formaba a la élite de la corte, el ejército y la administración desde, al menos, finales del siglo V a. C.

La hetaireia Eran los compañeros con los que el rey cabalgaba en combate, y provenían de las familias más importantes de Macedonia. Aquí, una miniatura medieval donde se les representa.

único seguro es que a su muerte estalló una de las incontables crisis dinásticas que precedieron a la coronación de no pocos de los monarcas de la casa Argéada. En Macedonia no existía el principio de la primogenitura; el nuevo rey tenía que contar con el visto bueno de la asamblea (formada por los ciudadanos que prestaban servicio militar), circunstancia que, sumada a la institucionalización de la poligamia, propiciaba que en cada proceso sucesorio, de manera casi sistemática, proliferaran aspirantes al trono y con ellos las intrigas y la violencia. El trono vacante de Alejandro I tenía muchos pretendientes (el rey tuvo, como mínimo, seis hijos), aunque finalmente fue Pérdicas II el que hizo valer sus derechos. Se encontró con un conflicto abierto con Atenas, que cada vez más extendía sus tentáculos por las costas del golfo Termaico, poniendo así en riesgo la integridad territorial de

PERSONAJE

Arquelao I, hijo bastardo de Pérdicas II, tuvo un reinado corto (413-399 a. C.) pero muy fructífero: trasladó la capital a Pella, aseguró las fronteras del reino, reforzó sus estructuras económicas y estableció las bases de un potente ejército.

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tras de sí un reguero de sangre, pues eliminó uno por uno a todos los pretendientes alternativos.

Relaciones con Atenas

Larisa, capital de esta región, estuvo ocupada por Alejandro II hasta la intervención de Tebas en 368 a. C. Arriba, una imagen de los restos del antiguo teatro de la ciudad.

Macedonia. Ésta era un enclave absolutamente estratégico para los atenienses; no en vano, era el principal proveedor de la madera con la que se fabricaban los trirremes que sostenían el imperio ateniense y el esfuerzo bélico contra Esparta en la Guerra del Peloponeso. A lo largo del dramático conflicto que desangró a las polis griegas en la segunda mitad del siglo V a. C., Macedonia osciló según conveniencia hacia Esparta oAtenas en busca de un equilibrio que le permitiera contrarrestar la amenaza de ambos contendientes. Y en medio de ese delicado juego de alianzas, murió el rey por causas naturales, sucediéndole un hijo bastardo, Arquelao, que según Platón llegó al trono dejando

Intrigas en la corte

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a mujer jugó un papel muy menor, prácticamente invisible, en el ámbito de la polis. No sucedió lo mismo en Macedonia, donde la idea misma del poder estaba íntimamente ligada al concepto de dinastía. En un Estado monárquico como el macedonio, la separación entre el espacio privado (femenino) y el espacio público (masculino) era inexistente. La realidad es que la pertenencia a la familia real Argéada significaba poder y, aunque la macedonia era, naturalmente, una sociedad patriarcal, la cuota de poder e influencia política de las mujeres del linaje real era considerable. Las mujeres garantizaban la sucesión y los matrimonios, en el contexto de la corte, eran alianzas políticas en toda regla. Muchos de los reyes de la casa Argéada eran, además, polígamos. Esto creaba un vínculo estrechísimo entre los ni-

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La Argésda fue una dinastía convulsa: su historia está salpicada de magnicidios, usurpaciones y feroces luchas por el trono.

Eurídice

Amintas III

ños-pretendientes y sus madres, que maniobraban Pérdicas III Filipo II Alejandro II en la corte para promocionar a sus vástagos en perjuicio de los de las otras esposas del rey. Uno de los perfiles Alejandro III (El Magno) femeninos más prominentes de la historia de Macedonia fue el de Eurídice, esposa de Amintas III y madre de hasta tres reyes: Alejandro II, Pérdicas III y, to Amintas fue amante, o incluso esposa, finalmente, Filipo II. según algunas fuentes, de Ptolomeo de Las mujeres y la sucesión. Se sabe Aloro, el asesino de su hijo Alejandro II. que Amintas era polígamo, por lo que Es muy posible que decidiera “perdonar” necesariamente Eurídice tuvo que mael crimen al nuevo hombre fuerte de la niobrar hábilmente para que sus descencorte con el único propósito de proteger dientes ocuparan el trono en perjuicio de los derechos dinásticos de sus dos hijos los hijos de otras esposas. Una vez muervivos: Pérdicas y Filipo.

FOTO: STG_GR1 FROM ABELONAS, GREECE; GETTY IMAGES/ISTOCK

Los vecinos de Tesalia. La polis de

Reinó apenas durante 14 años, pero ningún otro monarca macedonio dejó semejante impronta y tan fructífero legado hasta la coronación de Filipo II. Su ascenso al trono coincidió con el colapso en la Guerra del Peloponeso de Atenas, que cada vez dependía más del favor del rey de Macedonia para su vital abastecimiento de madera, toda vez que su otro gran mercado, Sicilia, estaba perdido para siempre tras la desastrosa expedición de 415-413 a. C. Atenas y Macedonia estaban, pues, condenadas a entenderse. Con el frente en la Calcídica relativamente tranquilo, Arquelao pudo concentrarse en las fronteras occidentales y en asegurar la lealtad, mediante alianzas matrimoniales, de las aristocracias de la Alta Macedonia, que históricamente habían recelado de la autoridad y hegemonía de los Argéadas. La próspera relación comercial con Atenas, con la madera como protagonista, y la explotación de las minas de plata de Bisaltia, ahora bajo control macedonio, propiciaron una primera edad de oro que permitió al rey acometer una ambiciosa reforma militar de la que no tenemos demasiados datos, pero que comportó una sustancial modernización


Macedonia era una región básica para Atenas, ya que la surtía de madera para sus trirremes. del ejército, coronada por una mejora notable de los mediocres contingentes de infantería. Por vez primera, bajo Arquelao, Macedonia dispuso de un ejército eficiente,operativo y organizado; sobre esta base, ya muy sólida, construiría Filipo la máquina militar macedonia que habría de poner de rodillas a toda Grecia y al Imperio persa. El rey, por otro lado, trasladó la residencia real desde Egas a Pella, de tal manera que la vieja capital siguió teniendo un papel simbólico muy significativo por alojar las tumbas de los miembros de la casa real, mientras Pella, que gozaba de una posición geográfica mucho más estratégica, se convertía en el centro político y administrativo del reino. Arquelao era un declarado amante de la cultura griega, y su nueva capital se convirtió en un imán para atraer a la corte a la flor y nata de la intelectualidad griega de la época. En ella había asiduos personajes de la talla de Eurípides, Píndaro, Hipócrates o Timoteo.

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Conflictos fronterizos

Pella floreció y se convirtió en uno de los epicentros intelectuales del mundo griego, y Arquelao I, con sus políticas reformistas, sus dotes diplomáticas y su mecenazgo cultural filoheleno, sentó las bases estructurales del reino hegemónico que sus sucesores habrían de construir. No sus herederos más inmediatos, ya que la obra y el legado de Arquelao se vieron seriamente comprometidos tras su asesinato a manos de Crátero, un pretendiente que perpetró el magnicidio en una cacería. Se abrió así un periodo de turbulencias e intrigas en la corte que erosionaron los cimientos del reino y despertaron el apetito de atenienses, espartanos y calcidios y de nuevos actores políticos de la zona, como la reforzada Beocia o una Iliria desbocada bajo el liderazgo del rey Bardilis. Finalmente, en 393 a. C., seis años después de la muerte de Arquelao, la crisis sucesoria quedó cerrada en falso con la coronación de Amintas III. Éste, desbordado por todos los frentes, hubo de sucumbir a las injerencias exteriores y perdió el control de la Alta Macedonia, lo que le obligó a exiliarse en Tesalia, desde donde, con ayuda de los Alévadas de Larisa, logró recuperar el trono. Mientras, hubo de apoyarse en Beocia y Esparta para poner freno a la presión en el sur de la Liga Calcídica, de tal modo que a su muerte en 370 a. C. los hijos de Amintas recibieron una herencia envenenada. Fueron los tres vástagos de su unión con la reina Eurídice quienes, sucesivamente, ocuparían el trono, comenzando por el primogénito, Alejandro II. A éste, nada más ceñir

Foco cultural. Con el reinado de Arquelao, la capital macedonia de Pella se convirtió en un centro cultural e intelectual de primer orden. Grandes personajes como el poeta Píndaro (aquí, en una escultura de mármol) la visitaban con frecuencia.

el cetro, le fue remitida la exigencia de los Alévadas de Larisa, que pasaban factura por viejos favores exigiendo al flamante monarca ayuda para derrotar al tirano de Feras. El rey, en efecto, acudió a la llamada y ocupó en persona diversos territorios en Tesalia que, posteriormente, se negó a restituir a sus aliados Alévadas. Éstos, naturalmente, no se quedaron de brazos cruzados y pidieron auxilio a Tebas, nueva potencia hegemónica entre las polis griegas, que ocupó Larisa en 368 a. C. expulsando a Alejandro II y forzando una alianza bilateral entre Tebas y Macedonia sellada con la entrega, por parte de Alejandro, de rehenes pertenecientes a las treinta familias más notables de Macedonia. Uno de ellos, aún un niño por aquel entonces, era el futuro Filipo II. Tebas forzó un precario entendimiento entre el monarca y uno de los nobles macedonios más prominentes, Ptolomeo de Aloro, que pronto se convertiría en el personaje más influyente de la corte macedonia.

Una herencia envenenada

En pocos meses Alejandro II murió asesinado, en una conspiración urdida, según algunas fuentes, por el propio Ptolomeo, que al parecer era amante de Eurídice, viuda de Amintas. El usurpador fue regente de Macedonia durante tres años, y sólo las presiones de Tebas propiciaron que los derechos dinásticos de los hijos de Amintas (Pérdicas y Filipo) fueran nominalmente respetados. Finalmente la sucesión, como era habitual en la corte macedonia, hubo de resolverse mediante la eliminación de rivales. Harto de esperar a que Ptolomeo hiciera efectivo su compromiso, Pérdicas optó por la vía rápida asesinando al intruso y devolviendo el trono al linaje de Amintas III. Pérdicas III heredó una Macedonia en estado de descomposición, con los atenienses campando a sus anchas en la Calcídica y Bardilis, y liderando una nueva invasión en la Alta Macedonia, todo ello frente a la total impotencia del rey, que perdió la vida batallando infructuosamente contra los ilirios. Ésa fue la caótica Macedonia con la que el joven Filipo, coronado en 359 a. C., tuvo que lidiar: un Estado que hacía aguas por casi todos los frentes, pero con unos cimientos estructurales más sólidos, gracias al legado de Alejandro I y Arquelao, de lo que la historiografía moderna ha querido reconocer.

LIBRO

Grecia en el siglo IV a. C. José Pascual González, Síntesis, 1997. Amplio estudio sobre las relaciones políticas en la Hélade, desde el final de la Guerra del Peloponeso hasta las conquistas de Filipo de Macedonia.

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Las polis griegas contra el Imperio persa

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a la vista!

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Las Guerras Médicas fueron una etapa dentro de los más de dos siglos de lucha entre griegos y persas, una lucha que no cesó hasta la conquista del Imperio aqueménida por Alejandro Magno. Por Antonio Penadés

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principios del siglo V a. C., el Imperio persa comprendía todas las naciones situadas entre el mar Egeo y el río Indo. El centro administrativo era Susa, en la meseta iraní, pero el gran rey otorgaba un amplio espacio de libertad política y religiosa a los sátrapas y dinastías locales con tal de que mantuvieran el orden social en sus regiones y cada año recaudaran el tributo establecido. En esa expansión tuvo una gran relevancia el año 546 a. C., que fue cuando el rey Ciro el Grande invadió la ciudad de Sardes, en Asia Menor, pasando Lidia y Jonia a formar parte de los dominios persas. En torno al año 500 a. C. los jonios decidieron alzarse contra el rey persa, decisión que desencadenaría los sangrientos enfrentamientos entre persas y griegos que hoy conocemos como Guerras Médicas (492-479 a. C.). El promotor de la rebelión fue Aristágoras, tirano de Mileto, quien en 499 a. C. se embarcó hacia Esparta y Atenas para recabar sus apoyos. No convenció a los espartanos pero sí consiguió veinte naves de los atenienses, a las que se unieron cinco más de Eretria (isla de Eubea). Cuando estas tropas llegaron a Asia Menor, se unieron al ejército rebelde jonio y se dirigieron hacia Sardes, capital de Lidia. Después de tomar la ciudad, los levantamientos se extendieron por Anatolia, desde Bizancio hasta la región de Caria.

La rebelión jonia

Un punto de inflexión. En 480 a. C. se libró una batalla naval en los estrechos de la isla griega de Salamina entre una alianza de ciudades-Estado helenas y la flota del Imperio persa, liderado por Jerjes I. En la ilustración, una escena de ese combate que se saldó con una victoria decisiva para Grecia.

Tras esta afrenta, el rey persa Darío ordenó que una flota de trirremes fenicios invadiera Chipre para utilizar la isla como base para sus operaciones navales, mientras que, por tierra, su ejército alcanzó a las tropas griegas en Éfeso y las derrotó. Atenas y Eretria no prestaron su auxilio a los jonios en esta ocasión. Todas las ciudades griegas que se habían alzado fueron cayendo; todas excepto Mileto, que pudo resistir refugiándose tras sus murallas. Cinco años después, en 494 a. C., los jonios reunieron sus efectivos navales en Lade, un islote situado enfrente de Mileto, y esperaron a los persas para ofrecerles batalla. Sus 350 navíos procedían de Samos, Lesbos, Focea, Teos, Quíos, Priene y de la propia Mileto. Los persas acudieron a Lade con unos 700 barcos –sobre todo fenicios y egipcios–, presentaron batalla y ganaron a los jonios con relativa facilidad. La temprana retirada de los samios, una vergonzosa acción que supuso un lastre insuperable para el bando griego, resultó crucial. La consiguiente destrucción de Mileto fue terrible. La mayoría de los hombres fueron asesinados por los persas y las mujeres y los niños esclavizados, y el santuario de Dídima fue saqueado. Al final, la rebelión de los jonios sirvió para que el rey Darío y su hijo Jerjes contaran con una justificación para incluir en su lista de pueblos sometidos a los griegos, en especial a los atenienses por la ayuda prestada a los rebeldes. Dos años después, en 492 a. C., los persas emprendieron su primera expedición hacia Grecia continental a las órdenes de Mardonio, general perteneciente a la familia aqueménida. Tras recorrer las costas de Asia Menor, cruzaron el Helesponto y sometieron sin apenasresistencialaisladeTasosyMacedonia.Sinembargo,cuando continuaron su ruta hacia Occidente y bordeaban la península de Atos, se abatió sobre la flota persa un huracán que lanzó contra la costa a la mayoría de las naves, provocando cientos de muertos. muyinteresante.com.mx

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ALEJANDRO MAGNO

En la llanura de Maratón. Allí tuvo lugar el enfrentamiento que definió el desenlace de la Primera Guerra Médica en 490 a. C., pues la victoria griega puso fin a esta primera fase de la contienda. Arriba, la ilustración escenifica la encarnizada batalla entre las tropas persas y las griegas.

Expediciones aqueménidas

Guerra y destrucción. En

FOTOS: GETTY IMAGES

Asia Menor, la antigua ciudad de Dídima (abajo, las ruinas del templo dídimo de Apolo) estaba muy ligada al puerto de Mileto, ubicado a unos 15 km al norte. Ambos asentamientos fueron saqueados e incendiados por el ejército persa.

Después del fracaso de Mardonio, el rey Darío llevó a cabo su famoso despacho de mensajeros para solicitar a las principales ciudades helenas “el agua y la tierra”. La mayoría de los representantes griegos concedieron ambos símbolos de sumisión a los heraldos persas, pero la leyenda cuenta que Atenas y Esparta reaccionaron arrojándolos al báratro (infierno) y a un pozo respectivamente, instándoles a que sacaran de allí la tierra y el agua y se la llevaran al rey. Tras el escarnio sufrido por sus heraldos, inviolables e investidos de carácter sagrado, Darío decidió emprender otra expedición militar para castigar a Eretria y a Atenas por su participación en la quema de Sardes. El ejército persa sería comandado esta vez por un medo llamado Datis, con una flota de más de un centenar de trirremes. La flota de Datis asedió Eretria en 490 a. C. y asaltó sus murallas durante seis días. Saquearon e incendiaron sus templos y, acto seguido, esclavizaron a la población. A continuación cruzaron el canal de Eubea y, siguiendo los consejos de Hipias –tirano de Atenas entre 527 y 510 a. C.–, fondearon en la playa de Maratón.

Pronto acudieron a Maratón 10,000 hoplitas griegos –soldados equipados con panoplia pesada– y se instalaron a unos tres kilómetros de distancia. De ellos 9,000 eran atenienses y el resto de Platea, ciudad beocia que siempre mantuvo una relación de amistad con Atenas. Las tropas griegas y las persas permanecieron frente a frente durante ocho días. Milcíades, el general que comandaba las tropas atenienses y plateas, planteó una inteligente estrategia y consiguió formar un frente similar al del enemigo –de más de un kilómetro de anchura– a base de restar filas en la parte trasera de la formación. El día de la batalla, los 10,000 hoplitas griegos comenzaron a correr con todas sus fuerzas cuando se hallaban a unos 200 metros de distancia y no se detuvieron hasta chocar contra el frente enemigo. Con esa maniobra, los hombres de Milcíades quedaron expuestos el mínimo tiempo posible a la nube de flechas de los arqueros persas y, de paso, aprovecharon el impulso para cargar contra sus adversarios. Los atenienses y los plateos sufrieron 192 bajas y provocaron la muerte a unos 6,000 soldados bárbaros. La gran diferencia entre unos y otros residía en que el ejército persa estaba compuesto por tropas de infantería, ya que antes del choque reembarcó los caballos para intentar un ataque simultáneo en Atenas, mientras que los griegos utilizaron sus falanges, formación de combate integrada por hoplitas. En Maratón se enfrentaron unas tropas endebles y desestructuradas contra un ejército revestido de metal. Tan sólo tres días después de la batalla, los espartanos llegaron a Maratón pero no pudieron hacer más que felicitar a los atenienses por su victoria. La celebración de las fiestas carneas les impidió llegar a tiempo. La proeza de atenienses y plateos quedaría grabada para siempre en la memoria colectiva de la Hélade. Fue la primera vez que un ejército griego vencía a los persas en una batalla abierta, lo

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La astucia de Artemisia de Caria

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arra Heródoto en su Historia que, en el tramo final de la batalla de Salamina, la nave que capitaneaba la reina Artemisia de Caria, aliada de Jerjes, se vio rodeada por los griegos. Su situación era desesperada, pues un trirreme ateniense había enfilado su perpendicular y estaba a punto de embestir contra su costado. Tácticas de guerra. Artemisia realizó entonces una maniobra sorprendente: ella misma ordenó atacar y clavar el espolón de la proa de su navío contra un trirreme licio, a pesar de combatir también para la flota persa. Con esta estrategia, la reina consiguió un

triple objetivo: salvar la vida, pues los atenienses desistieron de atacarla al pensar que ella, al igual que ya había hecho alguno que otro barco jonio, había decidido cambiarse al bando de los griegos; en segundo lugar, devolvió a los licios una antigua afrenta que ambos tenían pendiente, y, por último, se ganó el reconocimiento de Jerjes, pues el gran rey vigilaba el desarrollo de la batalla sentado en lo alto de una colina y, desde la distancia, creyó que la nave hundida por la acción de Artemisia era griega. Al presenciar la maniobra de la reina, avergonzado como estaba por la deplorable actuación

que resquebrajó esa imagen de imbatibilidad que hasta entonces proyectaban las tropas asiáticas. Impulsado por Mardonio y otros cortesanos, el rey Jerjes, sucesor de Darío, convocó en Sardes en 480 a. C. a todas sus tropas, procedentes de cada una de las naciones por él sometidas.Aquel ejército, el mayor reunido hasta entonces, emprendería la expedición a Europa.

FOTO: EFE

El paso de las Termópilas

Cuando llegaron a Esparta las noticias de semejante desplazamiento militar –más de 200,000 efectivos de infantería y de caballería y unas 600 naves–, el rey Leónidas consideró necesario adelantarse y esperar a los persas en la montaña que éstos debían superar, pues allí se les ofrecía la oportunidad de hacerles frente. Defendió sus argumentos ante las instituciones espartanas pero las fiestas carneas se interpusieron de nuevo, por lo que sólo pudo conseguir una dispensa especial para llevar consigo a su guardia personal, compuesta por 300 hoplitas. En pleno verano de 480 a. C., Leónidas y su guardia, acompañados por unos 1,000 periecos y otros 1,000 hilotas no combatientes, se pusieron en marcha rumbo al paso de las Termópilas, en el extremo meridional de la región de Tesalia. Se les unieron por el camino 400 combatientes tebanos, 700 de Tespias y unos 1,000 focideos y locros opuntios. En total, Leónidas tuvo a su servicio a unos 4,000 hombres. Cuando los guerreros griegos llegaron a las Termópilas, acamparon junto a un antiguo muro levantado por los habitantes de Fócide. Después de varios días de espera, provocada por una tormenta que hizo naufragar a una parte de la flota persa frente a la costa de Magnesia, el rey Jerjes envió un último mensaje a Leónidas:“Entrega las armas”,y recibió de éste una contestación lacónica y contundente: “Ven por ellas”.

La reina Artemisia (en la ilustración) gobernó la satrapía persa de Caria y luchó contra las polis griegas en la Segunda Guerra Médica.

de su armada, Jerjes exclamó: “Los hombres se me han vuelto mujeres, y las mujeres, hombres”.

En 492 a.C., los persas emprendieron su primera expedición hacia Grecia a las órdenes del general Mardonio. En su ataque inicial, Jerjes lanzó contra los griegos a los contingentes medos y cisios, quedando patente la superioridad táctica y armamentística de las compactas falanges helenas. Posteriormente fueron los “Inmortales”, la guardia personal del rey, quienes tomaron la iniciativa, pero la mayor longitud de las lanzas griegas y las maniobras de los lacedemonios hicieron que el contingente persa sufriera la misma suerte. Irritado ante el desastre, Jerjes ordenó a su flota que se enfrentara a atenienses y eginetas en el cabo Artemision para desembarcar en la retaguardia del campamento griego; sin embargo, las naves persas no se habían reorganizado tras la tempestad y la batalla naval quedó en una escaramuza con resultado de tablas.

Fin de una batalla

Acabada la segunda jornada de combates, cuando más desesperado se encontraba Jerjes ante aquella inesperada resistencia, un lugareño llamado Efialtes comunicó al gran rey cómo rodear al ejército griego. Aquella deshonrosa traición desencadenó uno de los gestos que más dignifican al rey Leónidas: su decisión de no querer obligar a sus aliados a participar en aquel suicidio colectivo. Cuando los persas descubrieron la senda Anopea, que ascendía por la montaña y desembocaba más allá de la retaguardia griega,Leónidas dio permiso al resto de combatientes griegos para regresar a sus ciudades, considerando acaso que más adelante tendrían ocasión de defender a los suyos. El rey permaneció en el campo de batalla con los espartanos que quedaban con vida, con sus periecos, con los sirvientes hilotas y con los guerreros beocios. Más de 20,000

LIBRO Tras las huellas de Heródoto Antonio Penadés, Almuzara, 2015. Esta crónica sobre la figura de Heródoto parte de Halicarnaso, rincón del suroeste de la actual Turquía, donde el “padre de la Historia” vivió su infancia, y discurre por las antiguas ciudades de Mileto, Éfeso, Hierápolis, Sardes, Troya, Bizancio, etc.

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El triunfo de la cultura griega

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i los persas hubieran vencido en aquellas épicas batallas, la civilización clásica griega no habría existido tal como la hemos conocido. Grecia se habría convertido en una satrapía más del Imperio persa, la democracia no se habría desarrollado en Atenas y en sus ciudades aliadas y, sobre todo, los grandes pensadores y artistas clásicos –principalmente los atenienses, a quienes los reyes persas Darío y Jerjes guardaban una especial aversión– no habrían podido contar con las circunstancias necesarias para su florecimiento. Un ejemplo para Roma. Muchos de los protagonistas del Siglo de Oro de la Grecia clásica habrían muerto en caso de ser derrotados en las aguas de Salamina o en la llanura de Platea, y los que hubiesen podido escapar con vida habrían sido esclavizados o, con suerte, habrían emprendido la huida hacia las colonias de Sicilia y del sur de Italia. Atenas, por tanto, jamás El Siglo de Oro ateniense habría llegado a ser ese lugar de encuentro (V a. C.) fue liderado por donde se dieron cita pensadores y creadores la figura de Pericles (en la ilustración), político y gran de toda la Hélade. La república romana, por orador de la capital del Ática. ende, habría sido radicalmente distinta sin contar con una civilización griega que despertara semejante admiración, pues sólo de ese modo los griegos pudieron servirles de modelo durante varios siglos y les fueron prestando la esencia de su cultura. Seguramente, Roma no habría llegado a alcanzar semejante prosperidad, pues es lógico pensar que Jerjes o alguno de sus sucesores habría continuado su expansión hacia el Oeste hasta invadir la península Itálica, en cuyo caso el Imperio persa habría tenido que enfrentarse a los cartagineses para intentar obtener el control del Mediterráneo central.

LIBRO Termópilas: la batalla que cambió el mundo Paul Cartledge, Ariel, 2010. Esta batalla fue un auténtico choque entre civilizaciones. La leyenda del heroísmo y sacrificio de la élite de guerreros espartanos en defensa de la libertad de su patria fue esencial para definir la identidad de la Grecia clásica.

soldados asiáticos, la mayoría de ellos tropas de élite, cayeron durante los tres días que duró la batalla. Tras la gesta protagonizada por Leónidas, los griegos comenzaron a confiar en sus posibilidades. Tras dejar atrás las Termópilas,los persas conquistaron sin problemas la región de Beocia y Tebas y los aliados griegos prepararon la defensa del istmo de Corinto destruyendo el camino que lo cruzaba al tiempo que su flota se replegaba en la isla de Salamina, en el golfo Sarónico. Los atenienses, de acuerdo con el consejo de su general Temístocles, abandonaron la ciudad y se refugiaron en las naves y en la propia isla de Salamina, donde aguardaron la llegada de los enemigos. El ejército persa conquistó Atenas, defendida por una pequeña guarnición, y la saqueó.

El general ateniense organizó un impresionante plan de desinformación al enemigo. Envió un sirviente ante la presencia de Jerjes con un mensaje proclamando que su jefe estaba “del lado del rey, y prefería que prevaleciera su causa a la de los helenos”. Trasladó así la idea de que el mando aliado estaba enfrentado, que los peloponesios planeaban evacuar esa misma noche y que, para conseguir la victoria, todo lo que los persas tenían que hacer era cerrarles la salida al mar abierto. Jerjes mordió el anzuelo y la flota persa fue enviada esa misma noche para iniciar el bloqueo de los estrechos. Los aliados pasaron la noche discutiendo el curso de las acciones. Los espartanos eran partidarios de regresar al Peloponeso y sólo cambiaron de idea cuando desertores jonios informaron del despliegue enemigo: todos aceptaron que debían luchar. La fuerza helena en Salamina sumaba unos 400 barcos, mientras que los persas contaban con sus 550 naves más 120 de refuerzo. Los persas tenían además mejores navíos, siendo la mayoría de los barcos atenienses de nueva construcción y tripulados por hombres inexpertos. Una batalla en mar abierto habría beneficiado a los persas.Por otro lado, la armada aliada se preparó para la batalla mientras que los persas pasaron la noche en el mar,buscando sin éxito la supuesta evacuación griega.A la mañana siguiente,los griegos atacaron la primera línea de los navíos persas. El combate se desarrolló en el estrecho que separa la isla de Salamina y Atenas, donde el ejército de Jerjes no pudo aprovechar su superioridad numérica por falta de espacio.En muchas ocasiones no pudieron maniobrar sin colisionar entre sí.Además los griegos supieron ganar el barlovento, esencial en cualquier combate naval.Cuando dieron muerte al almirante rival,Ariamenes, provocaron el

El combate en Salamina

Adimanto, el comandante naval corintio, defendió que la flota debía reunirse frente a la costa del istmo para bloquearlo. Sin embargo, Temístocles se mostró partidario de una estrategia ofensiva para destruir las naves persas. Para ello se basó en las lecciones aprendidas en Artemisio, señalando que una batalla a corta distancia los beneficiaba. Su opinión prevaleció y la armada aliada permaneció frente a las costas de Salamina. 48

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Espartanos contra el poder persa Leónidas (en el centro del cuadro decimonónico del francés Jacques-Louis David), rey ágida de Esparta, encontró la muerte en el año 480 a. C. durante la Segunda Guerra Médica. Fue en la defensa del paso de las Termópilas para bloquear el avance de las tropas persas de Jerjes I.

FOTOS: GETTY IMAGES

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desconcierto entre los persas que, sin su jefe, emprendieron la retirada. En total, más de 300 navíos asiáticos fueron hundidos o capturados.

FOTOS: EFE/ ZUMA PRESS

La contienda de Platea

Temiendo que los griegos pudieran atacar los pontones tendidos para cruzar el Helesponto, atrapando así a Jerjes en Europa, el rey persa decidió marcharse a Susa. Mardonio se quedó con las unidades de élite de la infantería y con la caballería, retirándose a Tesalia para invernar allí. Los victoriosos atenienses pudieron retornar a su ciudad, que encontrarían arrasada. Al año siguiente, 479 a. C., el general Mardonio avanzó de nuevo hasta Beocia para atraer a los aliados a un terreno abierto y plantear un último enfrentamiento que habría de ser definitivo. Los atenienses enviaron 8,000 hoplitas más 600 exiliados de Platea para unirse a la fuerza helena, formada por 19 ciudades-Estado y que dirigiría el espartano Pausanias,sobrino de Leónidas.El ejército griego alcanzaría la cifra de 40,000 hoplitas, a los que habría que sumar tropas ligeras, arqueros e ilotas. Los efectivos persas seguían siendo más numerosos, pero también más vulnerables. Los griegos marcharon a través del monte Citerón para llegar a la ciudad de Platea, acampando en unas colinas boscosas cercanas al campamento enemigo a orillas del río Asopo. Mardonio no quiso esperar a que sus rivales recibieran todos sus refuerzos y lanzó a su caballería, pero los arqueros atenienses desbarataron el ataque. En las jornadas siguientes los persas intentaron forzar disensiones entre los aliados y envenenaron los pozos que los abastecían de agua con la pretensión de atraerlos a la planicie. Finalmente, después de 13 días de escaramuzas y choques, los griegos afrontaron el

combate definitivo.Las falanges presionaron al enemigo con todas sus fuerzas,especialmente el flanco derecho que ocupaban los espartanos, mientras las tropas de élite persas intentaban contenerlos.La cohesión y la disciplina espartanas permitieron abrir una brecha y aproximarse a Mardonio, que combatía montado en su caballo rodeado por su guardia de 1,000 hombres. Fue entonces cuando un espartano llamado Arimnesto lanzó una piedra que impactó en la cabeza del general, descabalgándolo. Con su comandante muerto, los persas comenzaron a huir de forma desordenada. Y aunque la guardia personal de Mardonio continuó combatiendo hasta ser aniquilada, la desbandada fue masiva. Se culminaba así la derrota definitiva de la invasión de Grecia.

Desde un lugar privilegiado. El rey Jerjes (en esta ilustración) ordenó que colocaran un trono en las laderas del monte Aigaleo, con vista a la bahía griega de Salamina, para presenciar la batalla en la que se enfrentaron 400 barcos helenos contra 670 naves persas.

El tratado de paz

Tras su derrota en Salamina en el verano anterior, los restos de la flota persa se retiraron hacia el este para recalar en las islas de Delos y Samos.Alcanzaron finalmente una playa cercana al cabo de Micala, ya en la costa de Asia Menor, donde sus 10,000 guerreros y remeros levantaron una empalizada para protegerse. Los persecutores griegos, comandados por el espartano Leotíquidas y el ateniense Jantipo, padre de Pericles, llegaron con sus 110 naves. A finales del verano de 479 a. C., tan sólo unos días después de la batalla de Platea, atacaron el campamento persa por el centro y por los flancos a la vez. Pese a su inferioridad numérica, destrozaron a sus rivales. Con este episodio los griegos redondeaban su triunfo sobre el Imperio persa; Jonia,por su parte, lograba al fin su tan ansiada liberación. Los peloponesios volvieron a casa, pero los atenienses se desviaron antes hacia el norte para atacar el Quersoneso tracio, todavía en manos de los enemigos, quienes se atrincheraron en Sestos. En las siguientes tres décadas,Atenas y su liga marítima expulsarían también a los persas de Macedonia y de Tracia. La Paz de Calias, firmada en 449 a. C., ponía fin a medio siglo de guerra.

Durante el conflicto en Platea, los persas envenenaron los pozos de agua para atraer hacia la planicie beocia a los griegos. muyinteresante.com.mx

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ALEJANDRO MAGNO

Padre de Alejandro. Monumento a Filipo II en el centro de Skopje, la capital de la Antigua RepĂşblica Yugoslaba de Macedonia.

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Filipo II de Macedonia

El forjador de

un imperio Eclipsado por la figura de su hijo Alejandro, Filipo fue uno de los grandes hombres de la Antigüedad clásica: estableció las bases de la hegemonía macedónica en el mundo helénico. Por José Luis Hernández Garvi

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e desconoce con certeza la procedencia del pueblo que se hizo con el control del territorio situado al norte de Grecia y que posteriormente sería conocido como Macedonia. Según el testimonio del historiador ateniense Tucídides, en el siglo VIII a. C. se habrían asentado en las áreas montañosas situadas entre los ríos Axio y Haliacmón, región dominada por amplias mesetas separadas por escarpadas cordilleras. Estos primitivos habitantes de la región eran pastores trashumantes que compartían el mismo dialecto y vivían en pequeños poblados nómadas regidos por caciques locales. Condicionados por la geografía y su forma de vida, durante mucho tiempo permanecieron aislados políticamente de los restantes Estados helenos, aunque muy influidos culturalmente por ellos.

FOTO: EFE /ZUMMA PRESS

Una potencia emergente

En el periodo comprendido entre las últimas décadas del siglo VIII y finales del VII a. C. se produjo la expansión hacia el este y el sur del germen del Estado macedónico, que se hizo paulatinamente con el control de las llanuras costeras desplazando a otros pueblos. A lo largo de ese siglo, Grecia había alcanzado un alto grado de desarrollo económico y comercial acompañado por un florecimiento cultural y artístico, prosperidad que no consiguió evitar la aparición de graves crisis sociales. A mediados del siglo IV a.C. la situación había experimentado un gran cambio. La pobreza de una mayoría de la población explotada por una clase oligárquica, la inestabilidad política derivada de las luchas entre facciones, los robos y saqueos cometidos por bandas de mercenarios ociosos convertidos en ladrones y el absentismo político y militar de los ciudadanos provocaron el cansancio de la sociedad griega. Este momento –con un enrarecido clima de tensiones sociales– fue aprovechado por los macedonios para extender sus dominios, lo que les brindó la oportunidad de intervenir en la región y establecer su hegemonía sobre la Hélade. El que había sido considerado hasta entonces un pueblo bárbaro de espíritu guerrero se hizo con el control de un

territorio de 30,000 kilómetros cuadrados que abarcaba desde el monte Olimpo hasta el lago Ocrida, con la frontera al este en el macizo de Ródope y el río Nestos, y al oeste en los montes Pindo. Su primitivo sistema político, basado en una organización de tipo feudal, evolucionó hasta convertirse en una monarquía hereditaria de carácter personalista apoyada por una aristocracia entre la que el soberano repartía títulos y riquezas para garantizar su fidelidad.

Los primeros años del futuro rey

La clave del éxito de su expansión territorial estuvo en la superioridad de su organización militar sobre la de otras naciones helenas. Y es en este contexto de grandes cambios en el equilibrio de fuerzas en Grecia donde surge la figura del rey Filipo II de Macedonia. La ausencia de fuentes históricas fiables impide determinar con exactitud la fecha del nacimiento del futuro soberano, aunque las últimas investigaciones han permitido situarlo alrededor del año 382 a. C. Originario de Pella, ciudad al oeste del curso del Axio –el actual río Vardar–, Filipo, cuyo nombre podría traducirse como “amigo de los caballos”, era el hijo más joven de los tres nacidos en el seno del matrimonio formado por el rey Amintas III y su esposa Eurídice. A la muerte del monarca, acaecida en el año 370 a. C., su hijo Alejandro, primogénito y heredero del trono, consciente de la inestabilidad por la que atravesaba el reino, decidió pagar tributo al pueblo de los ilirios para evitar una posible invasión. Cuenta la leyenda que, como garantía del cumplimiento de su promesa, les entregó a su hermano pequeño Filipo como rehén. Ante la debilidad de Macedonia, Tebas se convirtió en la polis hegemónica en la Grecia continental. Por aquel entonces contaba con el genio militar de generales de la talla de Pelópidas y Epaminondas, que en el transcurso de sus campañas consiguieron expulsar a los macedonios de la región de Tesalia. Alejandro II fue asesinado en 368 a. C., víctima de una conspiración instigada por Ptolomeo, amante de Eurídice, viuda de Amintas. Ante la minoría de edad de Pérdicas y Filipo, los hermanos de Alejandro, Ptolomeo se convirtió en el regente. Fue entonces cuando Tebas decidió intervenir en la muyinteresante.com.mx

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y el golfo de Salónica. Durante los cinco años que desempeñó el cargo, Filipo se dedicó a poner en práctica todo lo aprendido en Tebas, creando un poderoso ejército dotado de nuevas armas e instruido en las tácticas enseñadas por sus protectores y maestros, los generales tebanos, además de adquirir la experiencia de gobierno necesaria En la escuela tebana para satisfacer las ambiciones E l adolescente de quince de su innato instinto político. años fue puesto bajo la tu- Genios militares. El general tebano En el transcurso de la campatela del general Pammenes, Epaminondas salvó la vida de su futuro ña militar contra Iliria, Pérdicas colega Pelópidas en la batalla de Mantinea amigo personal de Pelópidas en 418 a.C. Arriba se ilustra esta escena. III se enfrentó a un poderoso y Epaminondas. Tebas era en ejército en la batalla que tuvo aquella época la mejor escuela para aprender sobre lugar en las cercanías del lago Ocrida. Las tropas mapolítica y el arte de la guerra, y el joven Filipo no cedónicas sufrieron una aplastante derrota en la que desaprovechó esa oportunidad. Además contó con perdieron cerca de 4,000 hombres, entre ellos su prola ventaja de disponer de libre acceso a la amplia pio rey. Amintas, el hijo del monarca fallecido, debía biblioteca de su tutor, una colección de tratados continuar la dinastía pero, ante su minoría de edad clásicos en la que había textos que narraban los y la necesidad de contar con un gobernante fuerte hechos más importantes de las Guerras Médicas y que pudiera hacer frente a los peligros a los que se del Peloponeso. Su lectura permitió al joven Filipo enfrentaba el reino, la Asamblea macedonia decidió entregar el poder a Filipo, que en aquel momento adquirir valiosos conocimientos que le iban a ser contaba con veintidós o veintitrés años. Al respecto, de gran utilidad en el futuro. En el año 365 a. C., Ptolomeo fue asesinado por en nuestros días existe cierto debate sobre si accedió Pérdicas III, que accedió al trono macedonio con al trono como rey, vulnerando el derecho legítimo de veinte años. El nuevo rey reafirmó su alianza con su sobrino, o si gobernó primero como regente hasta Tebas, lo que permitió la liberación de los rehenes. hacerse definitivamente con el poder. Antes de consolidar su reinado, Filipo tuvo que Después de tres años de forzado exilio, Filipo regresó concentrar todos sus esfuerzos en hacer frente a a Macedonia. El nuevo rey le entregó el gobierno de los numerosos enemi os de Macedonia. En el plaAmphaxitis, región situada entre el curso del Axio

Un rostro marcado por la batalla

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asta nuestros días han llegado escasas descripciones que nos permitan hacernos una idea del aspecto físico de Filipo II de Macedonia. Casi todas son representaciones artísticas idealizadas muy posteriores a su tiempo. Uno de los rasgos más reconocibles de su fisonomía eran las huellas que había dejado en su rostro una grave herida de guerra que a punto estuvo de costarle la vida. En el año 354 a. C. Filipo ocupó Metone, enclave en la costa macedonia arrebatado a los atenienses que le dio el control sobre la llanura de Ematia y el golfo Termaico. La ciudad quedó completamente arrasada, sus habitantes fueron desalojados y las tierras se repartieron entre colonos macedonios. Durante el

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transcurso de los combates previos a su conquista, Filipo estaba en primera línea inspeccionando las máquinas de asedio cuando una flecha disparada por un arquero mercenario cretense le alcanzó en el ojo derecho. A pesar de la gravedad de la herida y con la saeta todavía clavada, el rey consiguió llegar por su propio pie a la tienda del médico. La cicatriz de la herida. La flecha cretense, de mayor tamaño que las demás, le causó un gran destrozo, pero el casco posiblemente desvió su trayectoria y amortiguó el impacto, evitando que penetrara hasta el cerebro. Según el testimonio aportado por Plinio, fue atendido por Cristóbulo de Cos, quien extrajo la flecha y con ella parte del ojo, cosiendo después la horrible herida. El médico

El rey Filipo (en la ilustración) luchaba con sus tropas en primera línea de batalla, lo que le costó perder un ojo por la herida de una flecha enemiga.

consiguió salvarle la vida, pero no evitó la infección. Después de varias semanas de penosos sufrimientos y curas diarias, Filipo consiguió recuperarse. A partir de entonces su rostro quedaría marcado para siempre por una gran cicatriz.

FOTO: ARCHAEOLOGY NEWS NETWORK; JOSÉ A. PEÑAS

política interna de Macedonia, enviando al ejército de Pelópidas para asegurarse de que se respetaran los derechos al trono de los hijos de Amintas. En esa ocasión, fueron enviados a Tebas como rehenes los hijos de cincuenta destacadas familias macedónicas. Entre ellos volvió a estar Filipo.


no interno, varios de sus hermanastros pretendían derrocarlo. Entre ellos se encontraban los hijos que Amintas III había tenido con Gigea, una esposa anterior a Eurídice. Argeo se mostró como el más peligroso, movilizando a sus partidarios y a un ejército de mercenarios, mientras Atenas le brindaba su apoyo manteniendo las distancias a la espera de acontecimientos. Pero en contra de lo esperado en un principio, las tropas de Argeo fueron derrotadas por Filipo, que acusó de traidor a su hermanastro prisionero y ordenó su inmediata ejecución.

Varios frentes abiertos

A pesar de esta victoria, el ejército macedonio aún estaba en clara desventaja con respecto a los del resto de sus vecinos helénicos. Todavía no se había recuperado de la humillante derrota sufrida por Pérdicas III y, si Filipo quería poner en práctica su ambicioso plan de conquistas para extender la hegemonía de Macedonia sobre el resto de Grecia, debía contar con tropas entrenadas siguiendo el modelo tebano. El monarca contemporizó con las principales polis griegas, desplegando una política de acuerdos, de pactos y de pago de tributos que tranquilizó a sus enemigos exteriores, mientras ganaba el tiempo necesario para reconstruir el ejército macedonio. Paciente y minucioso, la venganza que deseaba cobrarse por la muerte de su hermano podía esperar. Entre sus rivales más peligrosos destacaba Atenas. Sin tener en cuenta el respaldo que los atenienses habían brindado a su hermanastro Argeo y consciente de que en ese momento su reino no era todavía lo suficientemente fuerte para enfrentarse a ellos, Filipo maniobró hábilmente y desplegó una política de entendimiento con gestos apaciguadores. A cambio obtuvo de Atenas el compromiso de no intervenir en la política interna de Macedonia. Neutralizada la amenaza ateniense, a Filipo todavía le quedaban varios frentes abiertos por cerrar. Arquelao, otro de los hijos bastardos de Amintas, se postuló como candidato al trono macedonio con el apoyo de sus hermanos Arrideo y Menelao. Filipo no tuvo demasiados reparos en eliminar al pretendiente, mientras sus dos hermanos huían y buscaban refugio en Olinto, ciudad que lideraba la Liga Calcídica, alianza formada por varias polis de la Tracia bajo tutela de Macedonia. Solucionados con mano firme los problemas dinásticos que habían puesto en duda su legitimidad para ocupar el trono, Filipo concentró todos sus esfuerzos en asentar los cimientos de un Estado poderoso y respetado.

Tras tres años en el exilio tebano, Filipo regresó a Macedonia y puso en práctica lo allí aprendido. milado en Tebas, al mismo tiempo que introducía una serie de cambios para adaptarlas a las circunstancias del momento político y económico por el que atravesaba Macedonia. El monarca prestó una especial atención a la instrucción de los soldados, adiestrando a nuevos reclutas al mismo tiempo que contaba con la experiencia de curtidos veteranos. La ausencia de una estructura social ciudadana y la falta de recursos financieros le impidieron armar una falange de estilo hoplita, de modo que optó por la introducción de nuevas armas, que hicieron a sus tropas mucho más móviles, y puso especial atención en la disciplina para mejorar su despliegue sobre el campo de batalla. Confiando en la capacidad de su ejército y consciente de la debilidad por la que atravesaban sus oponentes, Filipo se embarcó en una serie de campañas militares que lo llevarían a convertirse en el hombre más poderoso de Grecia. Tras someter la Peonia, región situada al norte de Macedonia y enclave estratégico que controlaba el acceso al reino, los ilirios se convirtieron en el siguiente objetivo colocado en el punto de mira del rey. El enfrentamiento era inevitable y, de este modo, la batalla entre los dos ejércitos tuvo lugar en algún punto indeterminado de la frontera iliria. El renovado ejército macedonio tuvo la oportunidad de poner en práctica sus nuevas tácticas y Filipo se hizo con la victoria. El rey Bardilis, el mismo que había derrotado a Pérdicas III, pereció en la batalla. De esta forma Filipo cobró su venganza. La región de Tesalia y el reino de Epiro se sumaron a la larga lista de conquistas del rey macedonio, aportando sus riquezas y población al esfuerzo de

LIBRO Filipo, Alejandro y el mundo helenístico Raquel López Melero, Arco Libros, 1996. Breve síntesis del importante periodo histórico que va desde la ascensión al poder de Filipo II de Macedonia hasta la conquista romana de Grecia y Oriente.

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Expansión imparable

Con el propósito de extender los límites del reino, garantizar la seguridad de sus fronteras y obtener riquezas, Filipo emprendió la reforma de su ejército, poniendo en práctica las enseñanzas que había asi-

Pella, cuna de reyes. En esta urbe nació el rey macedonio Filipo II y vivió hasta los quince años, cuando fue exiliado a Tebas. En la foto, atrio con mosaico de teselas con decoración geométrica en una mansión de Pella, en la llanura central de la región griega de Macedonia.

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guerra. Tras asegurar para su reino una amplia salida al mar al apoderarse de las ciudades de Potidea (en 356 a. C.) y Pidna y Metone (en 354 a. C.), conquistó Anfípolis, llave de acceso a las ricas minas de oro y plata del Pangeo, monte sagrado situado en la Tracia occidental. De esa forma se apropió de una importante fuente de ingresos con los cuales financiar su política expansionista.

Política matrimonial

PELÍCULA

Alejandro Magno Oliver Stone (2004). Comienza con el anciano faraón Ptolomeo contando la historia de Alejandro, a quien de joven sirvió como general. Se muestra cómo el rey macedonio desde niño fue testigo de la tensísima relación entre sus padres, Filipo y Olimpia.

Puerto estratégico Pidna es una ciudad de la costa griega de Pieria en el golfo Termaico. Pasó a formar parte del imperio macedonio cuando Filipo la conquistó en 357 a. C.

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En su lucha por adueñarse de la mayor parte de Grecia, Filipo no tardó en chocar directamente con los intereses de Atenas, polis que hasta entonces había gozado de una privilegiada posición de potencia regional. Tras la conquista de la codiciada Anfípolis, el monarca consideró que su ejército estaba lo suficientemente preparado como para hacer valer su superioridad ante las tropas atenienses y las de sus aliados. En aquel tiempo, la orgullosa Atenas se encontraba debilitada. La llamada Guerra Social, conflicto que la enfrentaba a las ciudades vasallas cansadas de estar sometidas a su autoridad y al pago de tributos abusivos, había menoscabado su poder e influencia. Ante este nuevo panorama, Atenas consideró que no era el momento más adecuado para recurrir a las armas, firmando con Filipo de Macedonia la llamada Paz de Filócrates. Al mismo tiempo que las tropas macedonias avanzaban victoriosas por suelo heleno, Filipo estrechó los lazos con los Estados conquistados mediante una política de matrimonios concertados en la que él desempeñó el papel protagonista. Para asegurarse el vasallaje de los ilirios, desposó a la princesa Audata, hija del rey Bardilis, aunque no incorporó el territorio a sus posesiones. Dando prueba una vez más de su astuto talante político, tomó como esposa a Fila, princesa de Elimea, región que formaba parte de la Alta Macedonia. Con este nuevo matrimonio, Filipo se aseguró el apoyo de sus habitantes. Consumado maestro en el complicado juego de alianzas sobre el tablero helénico, el rey macedonio apoyó a los alévadas en su lucha contra los tiranos de Feres, que contro-

Filipo estrechó los lazos con los Estados conquistados mediante una política de matrimonios concertados que él protagonizó. laban el comercio que llegaba y partía del puerto de Pagasas. Para reforzar su compromiso, contrajo matrimonio con una princesa alévada de nombre Filina antes de derrotar a los tiranos, ganando así un nuevo aliado y un enclave estratégico de vital importancia para sus ambiciones.

Esposas y amantes

En el año 357 a. C., el rey Neoptólemo, caudillo del pueblo de los molosos, tribu dominante entre las catorce que habitaban el reino de Epiro, entregó a Filipo en matrimonio a su hija Olimpia, en agradecimiento a la ayuda recibida por el monarca macedonio en su lucha contra Bardilis. Según cuenta la leyenda, Filipo cayó rendidamente enamorado ante los encantos de la bella princesa cuando ambos estaban siendo iniciados en los herméticos ritos religiosos de la isla de Samotracia. Al margen de condiciones sentimentales más o menos apasionadas, en el plano práctico Olimpia aportó como dote nuevos territorios con los que Macedonia amplió su frontera occidental. De esta unión nacerían el mítico Alejandro Magno y su hermana Cleopatra. Como vemos, además de territorios para su reino, el polígamo Filipo también acumuló esposas. La princesa iliria Audata murió en el parto de su hija Cinane y con Filina tuvo a su hijo Arrideo, niño que pronto dio muestras de un grave retraso mental. Pero Olimpia no sería la última esposa de Filipo. Después de ella vendrían tres más: la princesa tracia Meda, la hija del rey escita Ateas y la macedonia Cleopatra, con quien tuvo una niña a la que llamaron Europa. Al margen de estas parejas más o menos estables, el monarca habría mantenido numerosas relaciones fuera del matrimonio, tanto con hombres como con mujeres, promiscuidad sexual que era frecuente entre los reyes macedonios. Fruto de ellas habrían nacido numerosos hijos, no reconocidos y apartados de la línea sucesoria, a los que se refieren las crónicas de la época pero de los que ni siquiera se sabe el nombre. La victoria obtenida en 338 a. C. por Filipo en la batalla de Queronea, frente a la alianza liderada por Atenas y Tebas, le dio el absoluto dominio sobre Grecia. Esparta dejó de ocupar un papel determinante en los asuntos helénicos, mientras Atenas quedaba relegada a un segundo plano y Tebas, muerto Epaminondas, era reducida a la triste condición de olvidada ciudad provinciana. Filipo había unificado su reino y neutralizado a sus principales enemigos,

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Un monarca divino en la Tierra

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Durante su reinado, Filipo (aquí, en una estatua situada en Skopie, actual capital de Macedonia) asentó el poder macedónico tanto dentro como fuera de sus fronteras.

radicionalmente, los reyes macedonios eran considerados semidioses en vida y divinizados a su muerte. Durante el reinado de Filipo II este culto a la personalidad se acentuó, haciendo hincapié en las proezas heroicas del personaje. Las continuas victorias obtenidas por el rey en los campos de batalla extendieron entre sus súbditos la creencia de que era descendiente de Zeus a través de la línea dinástica de Hércules. Existen numerosos testimonios de la época clásica que nos conducen a pensar en este sentido. Así, sabemos que en Lesbos se habían levantado altares en honor de Zeus Philippeios, identificando al rey macedonio con el dios. Filipo también fue adorado en la ciudad de Anfípolis y, tras su victoria en Queronea, se aprobó una ley para rendirle culto en un santuario

consiguiendo lo que ningún rey macedonio había logrado. Arrastrado por la ambición de extender sus dominios más allá de los límites del mundo helénico, comenzó a hacer planes para llevar la guerra a Persia. Sin embargo, la vida no le daría esa oportunidad.

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Crimen por despecho

En julio del año 336 a. C. se celebró la boda de su hija Cleopatra con Alejandro el Moloso, rey de Epiro. Durante los festejos, Filipo acudió al teatro de Egeas para mostrarse ante su pueblo. En una fastuosa y cuidada puesta en escena, se presentó en medio del gentío que lo aclamaba, acompañado por su hijo, llamado a convertirse en Alejandro Magno, y su yerno, quienes lo seguían unos metros por detrás para no robarle protagonismo mientras los integrantes de su guardia personal permanecían en un segundo plano. Filipo estaba disfrutando de un baño de multitud, ajeno a cuanto le rodeaba, cuando uno de sus escoltas, de nombre Pausanias, lo atacó clavándole un puñal que le provocó una muerte instantánea. Los verdaderos motivos que llevaron a Pausanias a cometer el regicidio nunca han sido aclarados. La versión más extendida desde entonces apunta a un crimen por despecho. Pausanias, antiguo miembro de la Escuela de Pajes, habría sido amante del rey hasta ser sustituido por otro joven del mismo nombre. El asesino, molesto por haber perdido el favor de Filipo, habría puesto públicamente en duda la valentía de su suplente. Éste, dispuesto a demostrar su bravura, habría salvado la vida del monarca en el transcurso de una batalla a costa de perder la suya. Atalo, amigo del fallecido, consideró a Pausanias

erigido en honor de Hércules, su supuesto antepasado. El propio monarca habría ordenado la construcción de un templo donde se debía colocar una estatua suya tallada en oro y marfil, materiales reservados para las representaciones de los dioses. Durante las celebraciones con ocasión de la boda de su hija Cleopatra, los invitados presenciaron una procesión de doce estatuas de dioses del Olimpo a las que seguía una de Filipo. Méritos terrenales. Declarado admirador de la cultura griega, siempre puso especial cuidado en no ofender sus tradiciones religiosas, situación que hubiera podido producirse de comportarse como un impío al presentarse como un dios. Esto ha llevado a pensar que las representaciones de Filipo, lejos de tener un carácter religioso, eran en realidad un reconocimiento a sus méritos terrenales.

culpable de su muerte y juró vengarse. Con engaños éste fue atraído por Atalo a un banquete, donde fue emborrachado antes de ser entregado a un grupo de arrieros que lo ultrajaron. Furioso y resentido, Pausanias pidió justicia a Filipo, que se limitó a ofrecerle una cantidad de oro y un puesto en su guardia personal para olvidar el asunto. Según esta teoría, Pausanias habría decidido cobrarse la afrenta con la vida del rey, su antiguo amante.

Puesto de rey vacante

Tras cometer el regicidio, el asesino se dio a la fuga, pero fue alcanzado por dos guardias de Filipo, amigos personales de su hijo Alejandro, que le dieron muerte con sus lanzas, impidiendo así su captura con vida para ser interrogado. Según la opinión de algunos autores clásicos como Plutarco, el crimen habría sido instigado por Olimpia, madre de Alejandro, con el conocimiento de su hijo. El móvil habría sido pasional con un ingrediente sucesorio. Olimpia, resentida por haber sido sustituida por una nueva esposa mucho más joven, querría así asegurar el derecho al trono de su hijo Alejandro frente a la descendencia que pudiera tener Cleopatra. Al conocer la noticia del asesinato de Filipo, Olimpia viajó desde el Epiro. Dicen que la misma noche de su llegada fue al lugar donde había sido crucificado el cuerpo de Pausanias y colocó una corona de flores sobre su cabeza. Proclamado nuevo rey, Alejandro Magno recibió el legado de su padre y se lanzó a la conquista de gran parte del mundo conocido, realizando el sueño que nunca pudo cumplir Filipo de Macedonia.

Madre de Alejandro. Olimpia de Epiro fue repudiada por su esposo Filipo II en 337 a. C. y sólo volvió a Macedonia cuando éste murió, al año siguiente.

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Infancia y primera juventud

El elegido de los

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diose

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Desde su nacimiento, los primeros pasos de Alejandro estuvieron marcados por la grandeza. Brillante y precoz en partes iguales, pronto sus contemporáneos advirtieron que Macedonia le quedaba pequeña. Y no se equivocaron. Por Alberto Porlan

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l mismo Sol que vio nacer en Macedonia al príncipe Alejandro alumbró una nueva era en la historia de Grecia y del mundo. Nunca hasta entonces se había visto a un líder como aquél en el que se convertiría el bebé que ahora lloraba enérgicamente en brazos de su madre, la reina Olimpia. En el siglo IV a. C., Grecia era la nación más avanzada del planeta, pero no la más poderosa. Organizada bajo la forma de ciudades-Estado, sus habitantes eran cultos y amaban sobre todas las cosas la libertad. Se habían organizado de manera igualitaria según un sistema de su invención que llamaron democracia, y el afán de sus ciudadanos por pensar libremente en busca de la verdad producía entre ellos verdaderos gigantes intelectuales.

La Hélade, foco cultural

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La paternidad puesta en duda Olimpia siempre defendió que el verdadero padre de Alejandro era el dios Amón, quien se le había aparecido bajo el aspecto de una gran serpiente.

Ese afán por el conocimiento había hecho surgir disciplinas como la geometría, la física o las matemáticas, y en el plano de las conquistas humanísticas había desarrollado un modo de pensar al que Pitágoras llamó filosofía. Los avances habían comenzado en las islas del Egeo, y luego en Micenas y en Creta, donde se vivía de una manera inimaginable para los pueblos ribereños del Mediterráneo. Aquellos primitivos griegos habían desarrollado técnicas navales superiores con las cuales exploraron el mar hasta sus límites, que para ellos suponían los confines del mundo. Después llegaron los siglos de la Edad Oscura, entre 1200 y 800 a. C., los cuales cedieron el paso a una nueva era floreciente, que ahora llamamos arcaica. Ésos fueron los tiempos de Homero y Hesíodo, que culminaron en una época colonizadora y bélica a cuenta de las disensiones internas y las amenazas externas por parte de los persas, batallas que fortalecieron a las ciudades griegas, hasta que apareció en escena la ruda nación del norte. Macedonia era, a ojos griegos, una nación de bárbaros. Y tenían buenas razones para pensarlo así. Su sistema político era el de los pueblos que consideraban no civilizados: un caudillaje absoluto muyinteresante.com.mx

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Biógrafos de Alejandro: Plutarco

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lutarco, maestro de todos los biógrafos, nació en la ciudad de Queronea, donde había tenido lugar tres siglos antes la batalla decisiva de los macedonios. Queronea dista 30 kilómetros de Delfos, el corazón espiritual de Grecia, pero aquella Grecia heroica ya no era más que un recuerdo para los griegos, absorbidos ahora por

Plutarco fue uno de los últimos representantes de la cultura helenística. Su biografía del macedonio es una de las mejores fuentes antiguas sobre la vida del joven conquistador.

el Imperio romano. Plutarco se formó en Atenas, pero se hizo famoso en Roma como estudioso y erudito. Grecia era entonces el modelo, y el prestigio de Plutarco creció después de cada una de las conferencias que impartía. Su conversación era tan apacible y tan valiosa que quienes lo escuchaban lo consideraban un médico del alma. En Roma se formó en torno suyo un círculo de amigos que alimentaron todavía más su prestigio. Regresó después a Queronea, donde disfrutó el resto de su larga vida del afecto y el respeto de sus vecinos, moderado en todo y benévolo con todos. Una obra inmensa. En su ciudad fue elegido arconte y consejero del cónsul romano, quien necesitaba su aprobación antes de emitir cualquier edicto. Además, Plutarco fue uno de los autores más prolíficos de la Antigüedad. Nos han llegado 150 obras suyas, la tercera parte de las cuales son biografías encuadradas en su monumental Vidas paralelas, un increíble trabajo de erudición histórica en el que, como no podía ser de otra manera, ocupa un lugar destacado su colosal biografía de Alejandro Magno.

y hereditario que amparaba un régimen feudal y aglutinaba un poderoso ejército siempre ansioso por batallar. Los espartanos, antes que ellos, habían hecho del combate la base misma de su sociedad, y en ese empeño desarrollaron técnicas bélicas que los convirtieron en hegemónicos. Pero no para siempre. En el 371 a. C., Esparta fue derrotada por el tebano Epaminondas en Leuctra, y aquel desastre marcó su punto de declive, que también había afectado poco antes a los persas, tradicionales enemigos de los griegos.

Macedonia y su supremacía militar

Pronto, los macedonios heredaron el predominio bélico que habían detentado los espartanos y los tebanos. Partiendo de su base táctica tradicional, que era la caballería pesada, introdujeron importantes cambios en la manera de combatir. Una de las novedades consistió en importar máquinas de guerra asiáticas: catapultas, arietes y torres rodan58

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tes con las cuales acercarse y superar las murallas de las ciudades enemigas. Otra fue la invención de la falange, unidad de combate que consistía en una masa de guerreros acorazados formada por columnas de 16 hombres en fondo y armados con lanzas de seis metros y medio, las temibles sarisas, de modo que los de las filas traseras podían introducir sus picas entre los hombres que iban más adelante y multiplicar el número de puntas de ataque. Se requería entrenamiento para usar aquellas larguísimas lanzas por entre los cuerpos de los camaradas; pero, una vez entrenada, la falange resultaba una especie de erizo al que era casi imposible acercarse, incluso para la caballería pesada enemiga. Los macedonios no odiaban a los griegos, sino que los admiraban. Hablaban la misma lengua y practicaban la misma religión que ellos, de modo que se sentían ofendidos porque los demás helenos no los aceptaban en plano de igualdad, desdeñándolos por bárbaros. Su única posibilidad de acercarse a ellos y superar aquel desdén era la supremacía militar, y ése fue el camino que tomaron finalmente. En el año 359 a. C., Filipo II, hijo de Amintas III, se hizo con el poder macedonio. Era el aspirante más joven, pero después de oscuras luchas intestinas fue reconocido como el tutor oficial del joven rey Amintas IV, su sobrino, que era todavía un niño. Y de preceptor pasó en el 356 a. C. a ser el rey efectivo. Un monarca de 22 años que llegaba al trono a la vez que daba a Macedonia un heredero al que llamó Alejandro, como su abuelo y como su hermano. Pero aquel Alejandro que acababa de nacer iba a ser del todo diferente a los anteriores.

Filipo y Olimpia

Cuando recibió la noticia del nacimiento de su hijo, la vida le sonreía abiertamente a Filipo: acababa de rendir a la ciudad de Potidea, y junto con la buena nueva de su paternidad le comunicaron que su general Parmenión había obtenido una gran victoria frente a los ilirios y que su caballo había ganado en las carreras de los Juegos Olímpicos. Era como para sentirse amado por los dioses, y más si se consideran los extraños acontecimientos y señales que habían marcado al niño desde antes de nacer. E incluso antes de que sus padres se unieran en el tálamo, pues Olimpia sostenía que la víspera de su boda se desencadenó una tormenta y le cayó en el vientre una bola de fuego que se fragmentó en pedazos a su alrededor antes de disolverse en el aire. Por su parte, poco después de consumado el matrimonio, Filipo había tenido un sueño inquietante en el que sellaba la vagina de su esposa e imprimía en el sello la imagen de un león. Consultados los adivinos, la mayoría aconsejó que el rey vigilara más de cerca las actividades de Olimpia, pero hubo uno que discrepó. Aristandro de Telmisio interpretó

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que el sueño revelaba que Olimpia había quedado embarazada, “pues lo que está vacío no se sella”, y que su vientre alojaba a una criatura cuyo destino era convertirse en un guerrero invencible. Olimpia del Epiro no era una mujer vulgar. Era hija del rey de Molosia, y desde niña estuvo fascinada por lo oculto y lo maravilloso –hoy diríamos lo esotérico– hasta niveles de histeria. Así se explican las cartas que Alejandro le escribió a lo largo de sus conquistas, donde describe para ella toda suerte de prodigios absurdos como el cangrejo que arrastra a un caballo, personas con seis brazos y seis piernas, seres con tres ojos y cualquier otro disparate que se le ocurría. Sabía que ésas eran las cosas que su madre querría escuchar. Su nombre de pila no era Olimpia, sino Políxena, pero se lo cambió en memoria de la victoria olímpica de su marido el mismo día del nacimiento de Alejandro. Amaba las serpientes, y se rodeaba de ellas. Sostenía que el verdadero padre de Alejandro era el dios Amón, que se había ayuntado con ella bajo el aspecto de un dragón o una gran serpiente. Y no sólo eso, sino que su marido había presenciado su cópula con el dios a través de la rendija de una puerta, y por eso había perdido un ojo, ya que Filipo era tuerto. Además de crédula y supersticiosa, Olimpia era una persona intrigante, capaz de grandes odios cuya consecuencia habitual era el asesinato. Es posible que participara incluso en el del propio Filipo después de que éste la repudiara.

Vaticinios de grandeza

Alejandro nació a finales de julio, bajo el signo de Leo, y el mismo día ardió violentamente el templo de Juno en Éfeso, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Los adivinos y sacerdotes efesios juzgaron el incendio como anuncio de terribles males para Asia, que efectivamente terminó cayendo treinta años después en las manos del bebé que acababa de nacer. Todos los horóscopos parecían unánimes: aquella criatura estaba predestinada para realizar grandes hechos que quedarían en la memoria del mundo. El niño era hermoso, sonrosado, muy claro de color y, según los testigos contemporáneos, olía especialmente bien, hasta el punto de que sus ropas quedaban impregnadas de una delicada fragancia.

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Un niño muy especial

Según Plutarco, esto se debía a su complexión, que era ardiente y fogosa, “pues el buen olor procede de la cocción de nuestros humores debido al calor, por lo cual los lugares más cálidos son los que producen los aromas más variados y sutiles”. En todo caso, al margen de su buen olor corporal, la fuerza y vehemencia de su carácter empezaron a ser obvias desde muy pronto, así como su capacidad de

Joven prodigio. Alejandro demostró desde muy temprano que no era un muchacho cualquiera, ya que destacaba en todo tipo de materias y destrezas. Por este motivo, su padre Filipo le buscó el mejor maestro de su tiempo, y ése no era otro que el gran filósofo Aristóteles, el estagirita.

Según avanzaba su formación, Filipo se dio cuenta de que su hijo Alejandro era un verdadero superdotado. autocontrol y su continencia.Pero más que ninguna otra cosa,el niño demostró precozmente saber muy bien que era hijo del rey y que estaba preparado para grandes acontecimientos. Resultó ser un hábil velocista,pero cuando sus compañeros lo animaron a participar en los Juegos Olímpicos como corredor, descartó la idea diciendo que sólo estaba dispuesto a correr en una competencia si sus rivales eran, como él, hijos de reyes. En una ocasión se presentaron en Macedonia los embajadores del rey de Persia y fue él quien los recibió, pues Filipo estaba guerreando lejos de Macedonia. Las crónicas de aquella embajada cuentan que los persas se quedaron fascinados con aquel niño príncipe que se abstuvo de hacerles preguntas pueriles y superficiales, centrando la conversación en cuestiones importantes como las comunicaciones en Persia, el poder de su ejército y el carácter del rey. Les pareció incluso más sagaz que su padre, aunque es posible que el niño se hubiera aprendido de memoria las preguntas que sus consejeros querían proponer a los embajadores. Estaba rodeado por un ejército de ayos, educadores y servidores cuyo mayordomo era un pariente materno llamado

LIBRO Me llamo Alejandro Magno Pau Miranda y Christian Inaraja, Parramón, 2014. Ameno relato sobre la vida del macedonio, desde su instrucción con Aristóteles hasta sus últimos días en Babilonia.

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de Macedonia estaba dispuesto a reconstruir la ciudad de Estagira, cuna del filósofo, que el propio Filipo había arrasado hasta los cimientos nueve años antes. Y no sólo eso, sino que permitiría el regreso a la ciudad de todos aquellos ciudadanos de Estagira que aún quedaban con vida, muchos de los cuales eran fugitivos o habían caído en la esclavitud. Podría, sencillamente, haberlo obligado a ello apresando a Aristóteles y coaccionándolo, pero Filipo, que era capaz de las mayores crueldades, también era lo suficientemente listo para comprender que aquél no era el camino. A cambio, exigió del filósofo que transmitiera a su hijo cuanto sabía, tanto las materias acroamáticas, las que podían enseñarse a base de descripciones y razonamientos, como las epópticas, relativas a los conocimientos secretos que se adquirían en las iniciaciones a los misterios y cuya divulgación estaba penada con la muerte.

Compañeros inseparables. Bucéfalo es seguramente el caballo más famoso de la Antigüedad. Desde que el joven Alejandro lo domara, fue su montura durante todas las conquistas del macedonio. Vivió casi 30 años, hasta sucumbir en la batalla del Hidaspes. En su honor, Alejandro fundó una ciudad con su nombre: Alejandría Bucéfala, situada en el actual Pakistán.

PERSONAJE Aristóteles (384-322 a. C.)

Uno de los filósofos más destacados de la Edad Antigua, su pensamiento ejerció una enorme influencia en el desarrollo intelectual de Occidente. Fue maestro del joven Alejandro cuando éste tenía 13 años.

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Leónidas, un sujeto severo, sobrio de costumbres y de gran rectitud, asistido por un ayo principal de nombre Lisímaco y carácter mucho más jovial y tolerante. Escuchando las noticias que le transmitían los educadores del príncipe, Filipo estaba convencido de que su hijo Alejandro era un superdotado. El niño no aceptaba las imposiciones que no se le razonaban detalladamente; de hecho, no obedecía ni a su padre si no entendía el motivo de las órdenes que se le daban. Y se lamentaba en secreto de las hazañas militares de su padre; no por envidia, sino porque pensaba que las conquistas de Filipo eran tan grandes que no iban a dejarle a él un terreno que conquistar. Con esa base de carácter era evidente que necesitaba un gran maestro, y el orgulloso padre decidió procurárselo en la persona del mayor filósofo de su época y uno de los más grandes de todos los tiempos, Aristóteles, el estagirita. En el año 341 a. C., Filipo hizo una oferta a Aristóteles que el filósofo no pudo rechazar. En pago extra por sus servicios como maestro del príncipe, el rey

Alejandro tenía entonces trece años, y Aristóteles los mismos que Filipo, cuarenta. El rey les regaló un bosquecillo próximo a la ciudad de Mieza como espacio educativo, y el príncipe aprendió de Aristóteles durante muchos meses lo suficiente como para desarrollar las potencialidades que todos apreciaban en su carácter. Pero la instrucción intelectual no fue obstáculo para que Alejandro desarrollara otras virtudes en el plano físico, como la lucha, el manejo de las armas y la equitación. Las fuentes biográficas se demoran en describir la anécdota más celebrada de su adolescencia, relativa al que sería durante muchos años su inseparable montura: Bucéfalo (Cabeza de toro), un caballo de fuerza y belleza excepcionales que se ofrecía en venta a Filipo por la formidable suma de 13 talentos. A la prueba del caballo asistieron Alejandro, Filipo y varios de sus cortesanos. Ciertamente el animal era una hermosura, pero indómito. Se alzaba de manos ante cualquiera que se le acercara y piafó, relinchó y no paró de hacer corvetas hasta que finalmente el rey decidió no comprarlo. Entonces el adolescente Alejandro se levantó y reprochó a su padre que descartara a un animal tan bello por no saber ni querer manejarlo. Filipo, divertido por aquella actitud, lo invitó a intentarlo él mismo y convinieron en que, si no lo lograba, pagaría el precio del animal. El muchacho había visto algo que se les pasó por encima a los adultos. Bucéfalo, al salir bruscamente de su oscuro establo a la luz del día, se asustaba de su propia sombra. Así que Alejandro lo mantuvo de cara al sol, lo acarició y lo montó de un salto sin que el animal se resistiera. Luego lo hizo caminar siempre de frente al sol, le dio rienda y lo dominó ante el asombro de todos. La frase con que su padre lo recibió después de aquella

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La esmerada formación del príncipe


Diógenes y Alejandro

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na de las anécdotas más brillantes en la vida de Alejandro se produjo siendo príncipe muy joven, con motivo de su visita a Atenas poco después de que Filipo perdonara a aquella ciudad tras la batalla de Queronea. Los atenienses no sabían cómo agradar mejor a aquel maravilloso príncipe que reunía en sí belleza, inteligencia y destreza militar, así que le preguntaron directamente qué era lo que más le interesaba conocer de la ciudad, y se quedaron pasmados cuando el joven les pidió conocer a Diógenes. Porque para muchos atenienses, el filósofo cínico era un tipo despreciable y asocial, la vergüenza de Atenas. Pero como Alejandro insistió, lo condujeron hasta el viejo depósito de agua (la metroo) en el que se había instalado Diógenes. Un encuentro para la historia. Encontraron al filósofo tomando el sol al pie del depósito, donde jamás entraba

La visita a Diógenes es uno de los pasajes más famosos de la juventud de Alejandro. Aquí, una pintura de Sebastiano Ricci (1659-1734) que ilustra ese encuentro.

la luz y, tras observarlo un rato, Alejandro se acercó a él y se presentó diciendo “Yo soy Alejandro, el príncipe, ¿qué puedo hacer por ti?”. A lo que el otro contestó sin moverse: “No me quites el sol”. Tamaña descortesía motivó que incluso uno de los nobles atenienses que acompañaban a Alejandro desen-

brillante hazaña fue histórica, y también profética: “Tendrás que buscarte un reino a tu medida, hijo, porque en Macedonia no cabes”. Bucéfalo fue desde entonces su caballo de batalla y le sirvió hasta que murió en las remotas tierras de Pakistán. Agradecido por los servicios prestados, su regio amo inmortalizaría su nombre fundando allí mismo una ciudad: Alejandría Bucéfala.

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Proezas en el campo de batalla

Con 16 años, el príncipe dio el salto a las campañas militares. Mientras Filipo peleaba contra los bizantinos, su hijo vencía a los medos y entraba en su capital, que fue rebautizada como Alejandrópolis. Pero donde convenció de verdad al pueblo macedonio fue en la famosa batalla de Queronea en el año 338 a. C., en la que a vista de todos dirigió heroicamente el cuerpo del ejército que se enfrentó y derrotó a la temible cohorte sagrada tebana. Queronea fue un punto de inflexión decisivo en el dominio militar macedonio de toda Grecia. Las ciudades-Estado sentían un fuerte recelo hacia la supremacía macedonia: veían a Filipo como un lobo con piel de cordero que terminaría con sus libertades democráticas, así que Tebas y Atenas, seculares enemigas entre sí, firmaron un pacto para oponerse a Filipo. En Atenas, uno de sus principales oradores políticos, Demóstenes, se hizo famoso por sus advertencias y sus terribles invectivas contra el monarca macedonio, inaugurando un nuevo estilo oratorio: la filípica.

vainara la espada, pero Alejandro lo contuvo con una frase histórica: “Déjalo en paz, pues te aseguro que, de no ser Alejandro, quisiera ser Diógenes”. Nunca más volvieron a verse, pero el destino les había preparado otra extraña cita: el mismo día que murió Alejandro en Babilonia, murió Diógenes en Corinto.

El día de su nacimiento todos los horóscopos fueron unánimes; estaba predestinado a realizar hazañas extraordinarias. Una sucesión con tintes trágicos

Tras la victoria de Queronea, el rey macedonio se convirtió en el amo real de Grecia, pero actuó con magnanimidad. Hubiera podido destruir Atenas hasta los cimientos (era lo que se temían los atenienses), pero en lugar de eso propició una liga bajo condiciones razonables que todas las ciudades aceptaron excepto la intransigente Esparta.Esa coalición, la Liga de Corinto, supuso la unidad de Grecia bajo la supremacía encubierta de Macedonia, y permitió a Filipo proponer una gran ofensiva conjunta contra el enemigo común persa. Aquél fue el nivel más alto que alcanzó el reinado de Filipo, y hubiera subido más aún si su incontinencia sexual no lo hubiera empujado a repudiar a Olimpia y casarse con una jovencita llamada Cleopatra, lo que motivó el desafecto de Alejandro y el odio mortal de su esposa, que muchos aseguran fueron las causas que movieron el puñal del joven noble Pausanias, un integrante de la guardia personal de Filipo.El asesinato se llevó a cabo durante la boda de un hermano de Olimpia con una hija del propio Filipo, que se había organizado para contentar a los nobles de Molosia, muy molestos por el divorcio entre los reyes. Pero esto ya es el comienzo de otra historia.

LIBRO Vidas paralelas: Alejandro Magno-César Plutarco, Alianza, 2016. Traducido por Antonio Guzmán Guerra, esta nueva edición del clásico nos narra de una manera didáctica las trayectorias de estas dos grandes p personalidades.

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ALEJANDRO MAGNO

Capítulo oscuro. Cuando en el año 335 a. C. Alejandro decidió arrasar la ciudad de Tebas y vender a sus habitantes como esclavos, quiso dar una lección a los que osaban rebelarse contra él.

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De Queronea al paso del Danubio

El sometimiento

de

Grecia Antes de iniciar la invasión de Asia, Alejandro y Filipo tuvieron que solucionar los conflictos con las polis griegas, a las que acabaron por imponerse. Por Juan Antonio Guerrero

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a punta de la caballería macedonia se alineaba en formación de cuña en la primera posición de vanguardia. El joven Alejandro, con 18 años apenas cumplidos, la encabezaba con la mirada fija en el ala derecha del enemigo, que avanzaba al paso por la llanura. Impávido, contenía con las riendas al inquieto Bucéfalo, mientras esperaba el momento preciso. Su padre, Filipo II de Macedonia, que había avanzado en oblicuo con sus hipaspistas y luego comenzado a retroceder tras entrar en contacto con los griegos, había creado con su aparente debilidad un hueco en las densas filas macedonias que los atenienses y sus aliados se precipitaron a ocupar, creyendo suya la victoria. Era el momento que Alejandro esperaba para lanzar su caballería a la carga, penetrar por la brecha ateniense y girar envolviendo a los tebanos. Poco después, el invicto Batallón Sagrado había sido casi aniquilado, con 254 de sus 300 hombres muertos sobre el campo de batalla. Había comenzado la meteórica carrera que haría de Alejandro uno de los guerreros más gloriosos de la Historia. Filipo II de Macedonia (382-336 a. C.), que había sido rehén en Tebas durante tres años y aprendido educación militar de Epaminondas, partiendo de una Macedonia empobrecida, la unificó políticamente, fortaleció sus fronteras y estimuló el desarrollo de renovadas actividades económicas. La base de esta renovación estuvo sobre todo en la transformación muyinteresante.com.mx

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ALEJANDRO MAGNO

El poder de los hetairoí. La caballería era la fuerza de choque del ejército macedonio; sus potentes cargas en forma de cuña provocaban estragos en las filas enemigas. Aquí, una ilustración del paso del río Gránico.

LIBRO Alejandro Magno (I): El unificador de Grecia Gisbert Haefs, Quinteto, 2002. Primera parte de una de las mejores biografías del macedonio. Aborda su etapa de juventud, marcada por las relaciones con su padre.

de su ejército, al que convirtió en una fuerza profesional muy alejada de las levas griegas que transformaban a hombres, viejos y casi niños en hoplitas cuando sonaban las trompetas de guerra. No eran, según Filipo,los reclutas ni los ciudadanos-soldados quienes ganaban las guerras. Así que entrenó a sus tropas y mejoró las tácticas e incluso la organización, comenzando por la formación básica de la infantería griega, la falange, que había sido clave en las victorias durante las Guerras Médicas.

La senda hacia Queronea

Para ello creó la syntagma, unidad básica de 256 hombres formados en 16 lochoi o filas,cada una de 16 infantes y mandada por un lochagos que la encabezaba.A mitad de la fila se encontraba un hemilochites y en las posiciones intermedias, correspondientes a la cuarta parte de cada fila, había sendos enomotarcas. Las cinco primeras filas tendían sus sarisas (lanzas de carga o picas de 4.5 a 6.5 metros de longitud) por encima del hombro del hombre que les precedía, mientras que los de atrás las mantenían en alto, haciéndolas oscilar y entrechocar para que su estruendo atemorizara al enemigo. De paso, ese bosque de lanzas servía como protección, frenando los proyectiles arrojados contra la formación. La sarisa se sujetaba con las dos manos, colgando del cuello el escudo, que era redondo y más pequeño que el hoplon de los griegos, lo que además proporcionaba un punto de apoyo para el peso de la pica y permitía que las filas pudiesen estrecharse, dando mayor densidad a la formación. Los de las primeras filas podían llevar caras corazas,grebas y yelmos de bronce,pero el resto sólo se protegía con armaduras

Filipo convirtió al ejército macedonio en una fuerza profesional, muy alejada de las levas de ciudadanos-soldados de las polis griegas. 64

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de gruesas capas de lino, pegadas entre sí –como las modernas de kevlar–, a las que progresivamente se añadieron placas de bronce en el abdomen, el bajo vientre y los hombros. El arma auxiliar era la kopis, una espada parecida a la falcata ibérica, algo más corta que la de los hoplitas griegos y diseñada para golpear y cortar. Los flancos de la falange los cubría un cuerpo especial de élite, más ligero y armado con lanzas cortas, de unos 3.6 m de largo, y un escudo de mayor tamaño. Eran unos 3,000 hombres denominados hipaspistas y sus formaciones eran más abiertas y ágiles. Filipo,a medida que ganó nuevos territorios,fue reclutando arqueros o lanzadores de jabalinas nativos que utilizó como tropas ligeras. Además prestó especial atención a la caballería, convirtiéndola en un importante elemento de su ejército. Los caballeros procedían originalmente de la nobleza macedonia y se autodenominaban hetairoí,“compañeros”,pero más tarde sus filas incorporaron jinetes y caballos de Tesalia, considerados los más resistentes de su época. Tras la anexión de Tracia, también se añadieron soldados montados, convirtiéndose así la caballería en la fuerza de choque principal, cuya formación de ataque solía ser en cuña, la llamada “Punta”, por su similitud a la moharra de la lanza. Filipo cuidó también la logística,incorporando a sus fuerzas ingenieros,carpinterosyherrerosqueconstruíanmáquinas de asedio y se encargaban de salvar los obstáculos del camino y de la preparación defensiva.

Hegemonía en la Hélade

No olvidó, sin embargo, que la base del triunfo es el conocimiento del enemigo y para ello creó a los bematistas, que eran exploradores encargados de medir las distancias y tomar nota de las características topográficas, de determinar las zonas de vivaqueo y reavituallamiento y de efectuar la cartografía necesaria para el desplazamiento de las fuerzas macedonias. A veces realizaban también tareas de información y espionaje. Esta perfecta organización de guerra, entrenada y motivada, no tuvo rival en su época y obtuvo siempre la superioridad táctica hasta la batalla de Pidna (168 a. C.), en la que finalmente las legiones romanas vencieron al rey Perseo, último monarca macedonio, casi dos siglos después de la muerte de Alejandro. Filipo supo desde siempre que para lograr la hegemonía sobre los griegos tendría, en un momento u otro, que derrotar a la polis de Atenas, así que tomó el control de las ciudades coloniales griegas de la costa del Egeo, región que los atenienses consideraban como propia. Nombrado por la Liga Anfictiónica hegemón o guía de las tribus griegas, declaró la guerra a Amfisa, ciudad que se había atrevido a cultivar en tierras sagradas, pero el temor contra el creciente poder de Filipo llevó a Tebas, Atenas y

FOTOS: PETER CONNOLLY/ ESPASA-CALPE, MADRID

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FOTO: GETTY IMAGES; MAPA: JOSÉ ANTONIO PEÑAS

Una batalla decisiva

Aunque la posición exacta de ambos contendientes se desconoce, se supone que los griegos formaron una larga línea de oeste a este, organizados étnicamente con los atenienses en el ala derecha, los beocios en el centro y los tebanos en el centro-izquierda, con el Batallón Sagrado en ese extremo. El ala derecha ateniense unía su flanco con las mu-

Fillipo amaga un ataque contra los atenienses y, seguidamente, finge una retirada Fillipo contraataca y envuelve a los atenienses mientras Alejandro dispersa a los tebanos

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FILIPO Y LOS HIPASPISTAS (INFANTERÍA PESADA)

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otras ciudades a aliarse contra él. En el verano del 339 a. C., los tebanos posicionaron una fuerza en la carretera hacia Amfisa y otra en la frontera de Beocia, bloqueando el camino a las fuerzas macedonias e impidiéndoles el paso hacia el Ática y, por tanto, hacia Atenas. A pesar de que otras ciudades no se unieron a la alianza de tebanos y atenienses, sólo los foceos se pusieron del lado de Filipo. Para cumplir con su obligación como hegemón en el castigo de Amfisa, en la primavera del 338 a. C. se enfrentó a una fuerza de 10,000 mercenarios, a los que engañó fingiendo retirarse para regresar y sorprenderlos tan pronto como bajaron la guardia, apoderándose de la ciudad en apenas tres horas. La coalición ateniense decidió entonces sostener la inevitable batalla decisiva en la frontera con Focea, al noroeste de la ciudad de Queronea, en una llanura de más de 3 kilómetros de ancho cruzada por varios ríos, bordeada de colinas al norte y al sur y limitada por tierras pantanosas en el este: un espacio algo constreñido que creyeron podría impedir a Filipo maniobrar ventajosamente. A finales de ese verano, los macedonios acampaban a lo largo del río Cefiso, en el borde más oriental de la llanura. Eran unos 30,000 infantes y 2,000 jinetes. Un número similar de griegos, 30,000 infantes, en su mayoría hoplitas, y 3,800 jinetes, se situó en el extremo opuesto junto al arroyo Hemón.

Cep hiso

ALEJANDRO Y LOS HETAIROÍ (CABALLERÍA PESADA)

FALANGE MACEDONIA

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Río

La falange avanza y remata la lucha

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Viendo un hueco entre los aliados y los tebanos, Alejandro carga con la caballería y envuelve a los tebanos.

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Los aliados se suman al Aislados, los tebanos Los atenienses ataque ateniense, se desbandan, salvo cargan contra Filipo, desordenando ALIADOS el Batallón Sagrado creyendo que huye la línea griega (BEOCIOS vencido Y TROPAS MERCENARIAS)

BATALLÓN SAGRADO

ATENIENSES

rallas de Queronea a través de unos 5,000 soldados de infantería ligera aliada. Frente a ellos, el ala izquierda macedonia estaba ocupada por los hetairoí de la caballería de élite, cuya cabeza era Alejandro, acompañado, probablemente, por otros dos generales. El propio Filipo, con la mayoría de sus hombres más selectos, se encontraba enfrentado a los atenienses, y el grueso de sus falanges se situaba en el centro. La posición de los griegos era ligeramente ventajosa ya que, si la línea macedonia cedía, se podría ver obligada a internarse en las tierras pantanosas que, por otra parte, limitaban la capacidad de maniobra de la caballería, mientras que, en el mismo caso, los griegos aún podrían escapar hacia el sur,hacia el paso de Kerata,donde la persecución por la caballería enemiga sería muy difícil. Estratégica y tácticamente, se trataba de una posición muy sólida, ya que no tenía otra finalidad que la defensiva, la de cerrar el paso a los macedonios.

TEBANOS

Las estrategias de la batalla de Queronea. En el 338 a. C., los ejércitos griegos y macedonios se encontraron en la llanura de Queronea (en Beocia). El futuro político de la Hélade estaba en juego y, debido a una brillante planificación estratégica (resumida en el croquis de arriba), los macedonios lograron una victoria que cambió la Historia.

El Batallón Sagrado de Tebas

D El Batallón Sagrado cosechó victoria tras victoria hasta su caída en Queronea ante las falanges macedonias (arriba, una de éstas en un relieve en Tesalónica, Grecia).

urante más de tres decenios, el Batallón Sagrado fue la más temida unidad de élite de Grecia y participó en las batallas de Leuctra (371 a. C.) y Mantinea (362 a. C.), que marcaron el declive del poder de Esparta. Fue creado por Górgidas, se dice que a imitación del famoso batallón de “Los 300” espartano, y estaba constituido por 150 parejas homosexuales, cada una de ellas formada por un hombre de más edad, el heniochoi o conductor, y otro más joven, el paraibatai o compañero. Así, según Plutarco, este “ejército de amantes” se lanzaba a la batalla con lazos más fuertes que la simple tribalidad, el parentesco familiar, la camaradería o el más intenso corporativismo. Tras su victoria en la batalla de Tegira, el genial político y militar Pelópidas lo convirtió en su guardia personal. La única derrota de esta unidad fue precisamente en Queronea, donde, a pesar de ser rodeado, el Batallón Sagrado luchó casi hasta el último hombre. El propio Filipo, siempre según Plutarco, ante la pira de cadáveres del Batallón amenazó a quienes calumniaran a aquellos valientes: “Muera quien siquiera piense que estos hombres hicieron algo inapropiado”.

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ALEJANDRO MAGNO

La táctica favorita de Alejandro

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urante la batalla de Queronea, y más tarde en las del Gránico (334 a. C.) e Issos (333 a. C.) contra el ejército persa de Darío III, Alejandro empleó su táctica favorita, denominada “el martillo y el yunque”, una maniobra de envolvimiento por ambos flancos que no podía ser utilizada si los dos ejércitos enfrentados no contaban con cierta paridad, siquiera aproximada, de efectivos. Alejandro y su padre Filipo distinguían en ella dos elementos. El “martillo” se correspondía con los hetairoí o caballería pesada, que efectuaba el flanqueo del enemigo, generalmente por el lado derecho, que mandaba Alejandro en persona, o por ambos, con la caballería ligera en el izquierdo. Envolvían así a la formación enemiga en un espacio cerrado, impidiendo sus movimientos salvo hacia el frente, donde era aplastada contra el “yunque”, la falange macedonia y los hipaspistas o infantería de élite, que entretanto habían efectuado su avance. Garantía de éxito. Otras veces, como en Queronea, el flanqueo se producía a través de una brecha abierta en la formación contraria, ya fuera al ceder frente al empuje de los hipaspistas o, por el contrario, por precipitarse el enemigo hacia un hueco real o simulado entre las filas macedonias. El ataque de la caballería causaba un fuerte impacto sobre la infantería enemiga mediante la velocidad y la potencia de su carga, creando la mayoría de las veces una gran confusión al no poder distinguir sus mandos si las unidades se habían dispersado o simplemente no estaban coordinadas. El método del doble envolvimiento no sólo gozó de gran popularidad en la Edad Antigua, sino que su empleo se ha extendido hasta nuestros días: el mariscal alemán Rommel lo utilizó en la batalla de Gazala, en mayo de 1942, consiguiendo con ello la captura de Tobruk y que sus fuerzas avanzaran casi hasta el Canal de Suez.

y avanzar. Más de un millar de atenienses perdieron la vida y otros 2,000 cayeron prisioneros, y las bajas fueron similares para los tebanos, que perdieron casi por completo a su preciado Batallón Sagrado. Se confirmaba el predominio del lochagos, el soldado profesional, sobre el hoplita griego, ciudadano-soldado, tal como siempre había creído Filipo.

Alejandro, un alumno aventajado

La riqueza a la que había llegado Macedonia gracias a Filipo proporcionó a su hijo Alejandro una educación privilegiada, tanto intelectual como militar. Curiosamente, fue en la predominante Tebas de Epaminondas donde aprendió las tácticas que lo llevaron a conquistar un imperio. Su padre le asignó a edades muy tempranas tareas de Estado, lo nombró regente con tan sólo 14 años y le confió el mando de la fuerza de élite, como se pudo ver en Queronea. Ese mismo año Filipo le otorgó, incluso, el cargo de gobernador de Tracia. Un nuevo matrimonio de su padre hizo peligrar su derecho al trono, provocando que ambos se enfadaran y llegaran a una disputa pública. Alejandro tuvo que marcharse a Epiro junto con su madre. Filipo, consciente de las muchas virtudes de su hijo, a quien había proclamado su sucesor, terminó por perdonarlo. No en vano confiaba en él para su proyecto de conquista de Asia, cuyos preparativos ya habían comenzado. Dos años después de Queronea, mientras asistía a la boda de su hija Olimpia en Egas, Filipo II fue asesinado por el capitán de su guardia personal, Pausanias. Alejandro fue proclamado rey por los nobles macedonios y por el ejército, a pesar de que algunos insinuaron su participación en el crimen, hecho que arrojó ciertas sombras de maquiavelismo sobre el nuevo rey de Macedonia y que fue aprovechado por algunos Estados que, al conocer la noticia, se rebelaron contra él. Entre éstos estaban Tebas, Atenas, Tesalia y las tribus tracias del norte.

Las ingeniosas estrategias de Alejandro fueron clave en sus victorias militares. Arriba, la pintura Batalla del río Gránico, de Charles le Brun (1665).

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Filipo hizo avanzar sus hipaspistas en orden oblicuo, como había aprendido de Epaminondas, para luego fingir que se retiraba, lo que indujo de inmediato a los atenienses a avanzar aprovechando esa aparente debilidad. Pero ese movimiento lo que hizo fue crear un hueco en el centro griego, que fue de inmediato aprovechado por la caballería de Alejandro. Atravesada la línea, los compañeros del Magno giraron a la izquierda mientras la caballería ligera golpeaba por la derecha el flanco del Batallón Sagrado. Las dos fuerzas montadas lograron rodear a los tebanos. Al mismo tiempo, las muy entrenadas falanges macedonias detenían su retirada y se mantenían firmes, sin ceder terreno para, una vez debilitados los precipitados atacantes, rechazarlos

La respuesta de Alejandro fue rápida y contundente: a pesar de la oposición de sus asesores, reunió a la caballería macedonia y se dirigió a Tesalia, cuyo ejército estaba ocupando el paso entre los montes Olimpo y Ossa. Sin inquietarse, los rodeó, atravesando la montaña durante la noche, para situarse a su retaguardia. No sólo se rindieron los tesalios, sino que se acabaron incorporando a la caballería para continuar con la marcha hacia el Peloponeso. En las Termópilas fue, como su padre antes, reconocido como el hegemón de la Liga Sagrada, y luego prosiguió su marcha hacia Corinto, ciudad en la que fue nombrado el protector griego contra los persas tan pronto como Atenas pidió la paz y Alejandro perdonó a quienes no se hubieran involucrado en el levantamiento.

FOTO: MUSÉE DU LOUVRE/ FRANCE

Grecia se rebela


Después de la pacificación de la Hélade, Alejandro tuvo las manos libres para emprender la conquista del Imperio persa.

El paso hacia el Peloponeso. En 338 a. C., Filipo conquistó la ciudad de Corinto, ubicada en el istmo que separa la Grecia continental de la península del Peloponeso. En la imagen de arriba, el Templo de Apolo en Corinto, gran ejemplo de arquitectura dórica.

Para asegurar su frontera norte, en la primavera del 335 a. C., Alejandro tuvo que enfrentarse a la revuelta de los ilirios y tribalios en Tracia. En su marcha, reforzó sus efectivos con los agrianos de la tribu de Langaro, que eran aliados y amigos de Macedonia. Alcanzado el monte Hemo, donde los tracios habían colocado una barrera de carros de guerra, Alejandro ordenó a sus falanges marchar en orden abierto y, cuando los carros tracios cargaron contra ellas, sus disciplinados soldados abrieron las filas de la falange para que los arqueros pudieran disparar sobre los tracios, que, perdido el ímpetu inicial, fueron eliminados por la infantería ligera. La derrota de los rebeldes fue total. Alejandro se adentró después en los territorios de los tribalios, cruzando el Hemo y persiguiéndolos hasta la confluencia de los ríos Ligino y Danubio. Su rey, Sirmio, se refugió en la isla de Peuce, situada entre ambas corrientes fluviales, donde esperaba que Alejandro no podría alcanzarlo. Pero el asedio sostenido y el duro castigo que el macedonio infligió entre tanto a sus aliados, los getas, lo inclinó a pedir la paz.

FOTOS: GETTY IMAGES; SAMUEL H. KRESS COLLECTION/ NATIONAL GALLERY OF ART

La ruina de Tebas

La campaña del Danubio continuó con el cerco de Pelion contra las tribus ilirias, en lo que hoy es Albania. Al apoderarse de este paso, que proporcionaba acceso a Iliria y Macedonia, Alejandro pudo marchar hacia Tebas, ciudad en la que la rebelión había triunfado gracias, entre otras cosas, al oro persa. No deseaba la destrucción de la ciudad, antes al contrario: necesitaba a los tebanos para su campaña contra Persia; ya contaba con las ciudades de Orcómeno, Platea, Fócida y alguna más, que habían unido sus fuerzas a los macedonios. Decidió usar la vía diplomática, que no era muy de su agrado, enviando varias embajadas y exigiendo sólo la entrega de los líderes de la revuelta. Pero la respuesta tebana fue muy altanera, llegando incluso a aceptar la paz “a cambio de varios generales macedonios”. Aun así, Alejandro siguió negociando, incluso a pesar de que los tebanos realizaron una salida contra su campamento.

Una relación compleja. Es la que tuvieron Alejandro y Filipo, un verdadero filón que los artistas han sabido aprovechar a lo largo del tiempo. Aquí, el óleo Alejandro amenazado por su padre (1700/1705), del pintor italiano Donato Creti.

Sin otra opción posible,inició el asalto de la ciudad. Tras tantear las murallas, encontró un punto débil por el que las tropas macedonias consiguieron entrar. La resistencia tebana rechazó a los invasores hasta que el general Pérdicas, que encabezaba el asalto, resultó herido, situación que conmocionó a sus soldados y dio nuevos bríos a los tebanos, que, con los macedonios en retirada,abandonaron la ciudad en su persecución.Alejandro los esperaba en las afueras de la brecha y los dejó salir sólo para luego interponer a sus hipaspistas entre los perseguidores y las murallas. Pronto los perseguidores estuvieron en desbandada y los amurallados tuvieron que abrir las puertas para acogerlos. Alejandro aprovechó la ocasión para penetrar en la ciudad, prosiguiendo la lucha en las calles y plazas. A pesar de una encarnizada defensa que costó un número muy alto de bajas a ambos bandos, la capitulación no se hizo esperar. Alejandro,furioso por el costo y la arrogancia tebana, decidió la destrucción completa de la ciudad y que ésta sirviera como ejemplo a otros en el futuro. Más de 6,000 tebanos perdieron la vida y casi 30,000 supervivientes fueron vendidos como esclavos; sólo se salvaron los sacerdotes,los líderes promacedonios y los descendientes del poeta Píndaro, al que Alejandro admiraba profundamente.Con la destrucción de Tebas y pacificados sus vasallos en Europa, Alejandro tenía por fin las manos libres para emprender la invasión de Persia, una empresa que su padre tanto tiempo había deseado y planificado. muyinteresante.com.mx

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ALEJANDRO MAGNO

En un enclave legendario. En el inicio de la campaña de Asia, Alejandro con sus tropas llegó a la mítica ciudad de Troya, donde visitó la tumba de Aquiles, de quien los reyes de Epiro reivindicaban ser descendientes. Así Alejandro también lo sería por parte de su madre Olimpia de Epiro. Este cuadro de Giovanni Paolo Panini del siglo XVIII representa esa visita.

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Campaña militar de Asia

La conquista de

Oriente

Una vez liberadas las ciudades griegas de Asia Menor, Alejandro partió con su ejército hacia el este para cruzar el río Éufrates con el objetivo de continuar los planes de su padre y apoderarse del Imperio aqueménida. Por Juan Carlos Losada

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as conquistas de Alejandro fueron fruto de la combinación del poderío militar de su ejército y de su capacidad como general y líder, junto con las debilidades y errores persas. El rey macedonio había logrado aunar una fuerza pequeña pero homogénea, disciplinada, muy entrenada y sumamente motivada por las ansias de botín. Los persas, en cambio, eran muy numerosos, pero excesivamente divididos en etnias y pueblos, lo que restaba mucha eficacia militar. Al mismo tiempo la gran extensión de su territorio los hacía proclives a sufrir movimientos separatistas en las provincias más alejadas, encabezados por sus sátrapas o gobernadores, añadiéndose a estos conflictos los derivados de las rivalidades internas de la familia real. Todo ello no pasó inadvertido a los ojos de Alejandro, quien vio acertadamente que el Imperio persa de la dinastía aqueménida de Darío III era un gigante con pies de barro, que podía ser batido con cierta facilidad.

FOTOS: THE WALTERS ART MUSEUM

De Troya a Issos

Las ansias de gloria de Alejandro, desmesuradas y hasta enfermizas, también fueron determinantes. A diferencia de otros genios militares como Aníbal, César o Napoleón, no vaciló en combatir en primera línea al frente de su escolta personal de caballería, lo que elevó su prestigio y liderazgo, aunque le llevó a ser herido en varias ocasiones poniendo en

riesgo sus victorias. Pero tuvo suerte, pues cuando le alcanzó la muerte ya había destrozado para siempre a los persas en las distintas batallas en las que siempre resultó vencedor. Alejandro se sentía heredero de los antiguos griegos que sometieron Troya mil años antes. Por ello, tras cruzar el estrecho de los Dardanelos se dirigió a las ruinas de la vieja ciudad, donde hizo una ofrenda a Aquiles, uno de los héroes con los que se identificaba, para a continuación dirigirse a liberar a las ciudades griegas de la costa de Asia Menor que estaban sometidas al Imperio persa. A los pocos días, en mayo del 334 a. C., se dio la primera batalla de entidad cuando su ejército quiso cruzar el río Gránico. Eran unos 20,000 los macedonios y griegos que se disponían a hacerlo, esperándolos en la otra orilla un ejército persa que los doblaba en número, siendo la mitad mercenarios helenos y el resto combatientes originarios de distintos puntos del Imperio. A su frente estaba precisamente un griego, Memnón el Rodio, quien sabiendo que la debilidad de Alejandro estaba en los suministros que debían llegarle desde Grecia, defendía la estrategia de tierra quemada para debilitar al enemigo y evitar el choque directo. Era conocido que el invasor necesitaba diariamente unas 225 toneladas de forraje para sus caballos y mulos, así como 270,000 litros de agua que, si no se obtenían mediante requisa en los campos y terrenos próximos, debían traerse de la retaguardia. Pero los sátrapas persas no querían muyinteresante.com.mx

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ALEJANDRO MAGNO

Valioso puerto de la antigua Caria. En el año 334 a. C., Alejandro Magno liberó Mileto –antigua ciudad griega de la costa occidental de Anatolia– de los persas que ocupaban la urbe y su estratégico puerto. En la imagen, las ruinas de la ciudad en la actualidad.

Ataque por sorpresa

El mismo rey encabezó sus tropas de caballería y el enemigo, que esperaba el ataque al amanecer, no pudo ordenar sus fuerzas y fue desbordado. Alejandro luchó en vanguardia, de modo audaz, con dos capitanes persas a los que mató, pero estuvo a punto de morir a manos de un tercero salvándolo uno de sus capitanes, Clito el Negro. Al poco tiempo las fuerzas persas huyeron en desbandada, lo que otorgó a los macedonios su primera victoria en Asia. La victoria en el Gránico fue decisiva pues, por vez primera, los helenos vencían a su tradicional enemigo en su territorio. Con ella Alejandro consiguió importante bagaje de riquezas y vituallas, logrando que se sumaran a su bando las ciudades griegas de la costa jónica sometidas a Persia desde hacía siglos, fuera por convencimiento o temor. Más importante aún fue asegurar varios puertos que permitieron un abastecimiento más regular al ejército desde Europa. Sin embargo, el Imperio aqueménida seguía contando con un enorme poder naval y bases marítimas en la costa siria y fenicia. Desde ella podía lanzar sus naves contra las islas griegas, lo que hizo contra Lesbos y la misma Grecia continental, obstaculizando las líneas de suministro de Alejandro y tratando de sublevar con su oro a ciudades como Atenas o Esparta, que aún no había acabado de digerir el dominio de la monarquía macedonia. Por ello, antes de atacar el corazón del Imperio de Darío III, tenía que consolidarse en Anatolia y, sobre todo, anular su poder naval y su capacidad de contraataque, lo que llevó a descender hacia el sur, por la costa, tomando en primer lugar la ciudad de Mileto.

Pánico y desbandada

Victoria decisiva para los griegos. La batalla de Issos fue un triunfo táctico de Alejandro Magno y posiblemente su victoria más famosa. Se estima que el ejército macedonio perdió a unos 7,000 hombres frente a las 30,000 bajas causadas al ejército persa de Darío III. Aquí, el lienzo renacentista alemán La batalla de Alejandro en Issos (1529).

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En su marcha, la segunda gran batalla que se libró fue la de Issos, en noviembre de 334 a. C., en el golfo del mismo nombre al principio de la costa sirio-palestina. El rey persa decidió encabezar personalmente un ejército de unos 100,000 hombres, resuelto a acabar con la invasión macedonia, entre los que se encontraban sus selectos guardias conocidos como los Inmortales. Para dar más pompa a la

FOTOS: ALTE PINAKOTHEK/ MUNICH; GETTY IMAGES

destruir sus cosechas y asolar sus campos, por lo que decidieron ofrecer batalla, confiando en que sus buenas posiciones defensivas disuadieran a los griegos de vadear el río o a hacerlo en condiciones desfavorables. Pero el macedonio, consciente de sus carencias, precisamente sabía que debía atacar cuanto antes y hacerse con botín y reservas de víveres; de esta manera elevaría la moral de sus tropas y su avituallamiento. Por ello decidió atacar sin demoras y lanzó a sus hombres a atravesar el río aún de noche, tomando por sorpresa a los persas.


batalla había acudido con su madre, esposa, hijas y demás familia real. Los hombres de Alejandro, por su parte,alcanzaban los 40,000.Los persas se formaron con sus efectivos en una llanura, entre el mar y las montañas, al norte del río Pinaro, mientras enfrente, al sur y en la otra ribera, estaban los griegos. Darío confiaba en su superioridad numérica, pero estaba encajonado en un campo de batalla donde le era difícil explotar su ventaja. Considerando que su caballería no podía maniobrar en las zonas escarpadas, la había concentrado en la llanura junto al mar, en su flanco derecho, confiando en que en esa zona se daría el choque decisivo. Sin embargo,Alejandro volvió a atacar con sus jinetes de modo súbito por el flanco derecho (la izquierda persa),por donde Darío consideraba que era imposible al ser más abrupto,y tras vadear el río se lanzó al ataque de modo un tanto imprudente, dejando un hueco en sus filas fruto de la precipitación. Los persas podían haber contraatacado aprovechando este error, pero desconcertados no supieron reaccionar y dieron tiempo a que la infantería helena avanzara, mientras que su caballería los envolvía. Ello provocó que el grueso de las fuerzas persas entrara en pánico y comenzara a desbandarse, contagiando a su caballería del ala derecha, la cual era la única unidad que estaba haciendo frente con éxito a los griegos. Viendo el desmoronamiento Darío huyó del campo de batalla precipitadamente, no vacilando en abandonar sus estandartes personales y a su misma familia.

De tiro a Gaugamela

Las bajas fueron importantes por ambos bandos,sufriéndose unas 18,000 por parte persa y unas 6,000 por la griega.Pero las consecuencias políticas y militares fueron aún más trascendentales.Darío no tuvo

La victoria de Alejandro en la batalla del Gránico fue decisiva, pues por primera vez los helenos vencían al tradicional enemigo en sus dominios. otro remedio que replegarse a Mesopotamia, mientras que Alejandro descendía por la costa fenicia y palestina tomando una a una todas las ciudades costeras, para dirigirse luego a ocupar Egipto. Así el Imperio perdió al poco tiempo sus puertos, su enorme flota y por tanto la capacidad de contraatacar sobre territorio heleno. Sin embargo, la marcha de expedición fue lenta debido a las necesidades logísticas, lo que llevaba a acompasar la marcha del ejército a la llegada de suministros y a las fechas de las cosechas para que se pudiera abastecer sobre el camino. Al principio en su avance hacia el sur por la costa no tuvo dificultades, pues se rindieron Biblos y Sidón. Pero encontró el gran obstáculo en la ciudad portuaria deTiro, cuyo sitio se inició en enero del año 332 a. C., y en donde los persas mantenían el grueso de su armada. Su toma era especialmente difícil, pues estaba ubicada tanto sobre tierra firme como sobre un islote a menos de un kilómetro de la costa,protegido por unas murallas de más de 40 metros de altura y que contaba con dos puertos. Para conquistarla Alejandro tuvo que construir una lengua de tierra y madera para poder acercarse con sus máquinas de sitio a la isla, obra en la que empleó casi ocho meses. Durante ese tiempo los sitiados hicieron toda suerte de esfuerzos para destruirla y el macedonio para defenderla y consolidarla.Al mismo tiempo organizó una flota de 200 navíos para cercar a la isla también por mar. Por fin concluyó la construcción del espigón al tiempo que montaba torres de asedio sobre trirremes, de

LIBRO La conquista de Asia: Alejandro Magno 334-323 a. C. John Warry, RBA Libros, 2011. Esta obra describe en detalle las principales batallas de la campaña asiática de Alejandro Magno: el Gránico, Issos, Gaugamela, el Hidaspes y el complicado sitio de Tiro.

Alejandro, el fundador de ciudades

FOTO: GETTY IMAGES

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egún Plutarco, Alejandro fundó sesenta ciudades a lo largo de sus conquistas, siempre en puntos estratégicos. El motivo era que la urbe era el factor que podía vertebrar el nuevo territorio conquistado. Era la sede del poder político y militar, nudo de comunicaciones y centro económico. Además funcionaba como la base de las estructuras del Estado permanente que trató de implantar y que seguía el modelo griego de civilización, en contraste con el mundo mucho más rural sobre el que estaba concebido el Imperio persa. Además, las ciudades eran el marco perfecto para edificar grandes templos y convertirlas, por ello,

en centros de poder religioso, que se veía realzado por la grandiosidad de la arquitectura, donde la cultura griega se fundió con las aportaciones orientales, dando lugar a uno de los elementos clave del Situada en el sur de Turquía, Alejandreta (Iskenderun en turco) fue fundada por Alejandro llamado helenismo. Magno como punto de control de las Puertas de Siria. Muestra de megalomanía. Una ciudad majestuosa era un reflejo del nuevo poder, del sus ansias de perpetuidad y su carácter nuevo sistema político y administrativo, y divino, rasgos megalómanos que con por tanto expresión plástica de la autoriel tiempo fueron acentuándose en su dad y prestigio del soberano que ordenó personalidad, pues hay que recordar que su construcción. Además, con la fundabautizó con su nombre a una veintena de ción de ciudades Alejandro se aseguraba esas nuevas ciudades.

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modo que los arietes y las catapultas comenzaron a actuar tanto desde tierra firme como desde el agua, aunque no por ello los tirios cejaron en su acérrima defensa.

Fin del poder marítimo persa

Al final sus defensas cayeron y comenzó la masacre, siendo respetada únicamente la vida de los que se habían refugiado en los templos. La represión fue total para demostrar el destino que esperaba a quien se resistiera a los conquistadores y así evitar que otra ciudad pudiera retrasar su avance como lo hizo Tiro. Con la conquista de la ciudad marítima se acabó con el poderío persa en el mar y se conjuró para siempre la posibilidad de que Darío pudiera atacar ningún territorio griego europeo y cortar las líneas de abastecimiento del ejército de Alejandro. Cientos de naves persas, tripuladas por griegos jónicos, desertaron al bando griego, y otras tantas huyeron a Cartago y a otros puntos del Mediterráneo, con lo que su poder naval se desintegró. El siguiente obstáculo fue Gaza. La ciudad estaba sobre una colina rodeada de murallas y para acceder a ella había que superar pendientes que hacían inviable el empleo de máquinas de asedio. Por tanto, se tuvieron que construir terraplenes que nivelaran el terreno de forma que se pudo emplear la maquinaria utilizada en Tiro y trasportada por mar hasta Gaza. Tras dos meses de duro asedio, y en el que Alejandro volvió a ser herido, Gaza cayó a finales del 332 a. C. y, tras volver a perpetrar una nueva matanza de sus habitantes como escarmiento, el camino a Egipto quedó abierto, a donde llegó en pocas semanas.

Con Gaugamela, el Imperio aqueménida se desvaneció y su último rey, Darío, se convirtió en un fugitivo.

Control sobre Egipto

Muchos son los historiadores que consideran la expedición al país del Nilo como un error militar. Tras la toma de Tiro y Gaza, Egipto, que era una provincia alejada del Imperio persa, ya había escapado, de hecho, a su control y su sátrapa era una figura sin autoridad, por lo que nadie se resistió al conquistador, quien fue proclamado por la población como liberador y nuevo faraón. La explicación cabe buscarla en sus ansias de prestigio y poder. Sabía que en el oasis egipcio de Siwa –cerca de la frontera con la actual Libia– sería elevado a la divinidad por el gran sacerdote de Amón. También que con el control de Egipto se aseguraba el enorme suministro de alimentos que producía el delta del Nilo, en donde en uno de sus ramales fundó la ciudad de Alejandría en el año 331 a. C. Mientras tanto sus hombres de confianza que había dejado en la costa sirio-palestina y Anatolia, reorganizaban el territorio, al tiempo que aseguraban la logística que debía permitir la definitiva campaña hacia Mesopotamia y el interior de Asia. Pero el desvío hacia Egipto pudo haber tenido fatales consecuencias, pues podía haber dado tiempo a Darío III a reorganizarse y a atacar la retaguardia macedonia. Por suerte para Alejandro, los persas, sumidos en la división interna, eran incapaces de contraatacar y sólo pensaban en cómo resistir la inminente invasión. En la primavera del 331 a. C., ya divinizado y en la cumbre de su prestigio, partió de Egipto, regresó sobre sus pasos, descansó unos días en Tiro, donde se reforzó con hombres y bagajes, y partió hacia el este hasta cruzar el Éufrates. Sus fuerzas sumaban unos 47,000 hombres, todos de excelente calidad, destacando 7,000 jinetes y sus falanges macedonias. En sus filas se mezclaban macedonios, tracios, cretenses y griegos de distintas zonas y ciudades, pero todos férreamente unidos bajo el liderazgo de su comandante. Darío decidió esperarlo con un nuevo ejército en la llanura de Gaugamela, cerca de la actual Mosul, en las orillas del río Tigris, que había incluso allanado y desbrozado preparándolas para facilitar la maniobrabilidad de su caballería.

Toque exótico en la contienda. En la llanura de Gaugamela, las disciplinadas falanges macedonias fueron capaces de contener a la numerosa caballería persa, acompañada por 20 elefantes (en la ilustración) llegados de la India y doscientos carros con hoces afiladas en las ruedas.

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Sus efectivos han sido muy exagerados por los clásicos, pero apenas doblarían los de Alejandro. A diferencia de los atacantes, su infantería era muy poco combativa por su excesiva heterogeneidad y falta de adiestramiento (había desde bactrianos hasta indios pasando por escitas y armenios), a excepción de unos 4,000 mercenarios griegos y sus 10,000

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Persia lanza su caballería


El ejército de Alejandro

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FOTOS: MUSEUM KUNSTPALAST/ GOOGLE CULTURAL INSTITUTE; JOHNNY SHUMATE/ ANCIENT HISTORY ENCYCLOPEDIA

l núcleo de su máquina de guerra eran sus compactas falanges, de hasta 16 filas de profundidad, cuyo armamento más llamativo era una larga lanza, la sarisa, de unos seis metros de longitud. En formación de combate eran como un inmenso erizo impenetrable, capaces de maniobrar ágilmente con letal disciplina. En combinación con esta infantería actuaba la caballería pesada, los hetairoí o compañeros, siendo uno de sus escuadrones la guardia personal de Alejandro. La táctica consistía en que la caballería rompiera la formación enemiga con sus cargas, tras envolverlas por los flancos y la retaguardia, para empujarlas contra las picas de las falanges. Era también elemento imprescindible una infantería más ligera que colaboraba con

la caballería, los hipaspistas (portadores de escudo), cuya arma principal era una lanza de dos metros y medio, siendo uno de sus regimientos la guardia personal de a pie de Alejandro, los agêma. Aparte estaban las fuerzas auxiliares, tanto de caballería ligera como de infantería, destacando los arqueros cretenses, así como miles de mercenarios que actuaban como fuerzas de reserva o refuerzo. Todo ello formaba una organización militar flexible capaz de combinarse en la batalla según sus especialidades, y de vencer a pesar de ser inferiores numéricamente. El apoyo de artefactos pesados. Mención especial merecen sus complejas máquinas de asedio, como torres de asalto y pesados arietes, diseñadas por ingenieros y construidas por cientos de

Inmortales, estando su verdadero poder en su entrenada caballería de unos 30,000 jinetes, muy superior numéricamente a la macedonia. Como toque exótico, aunque muy poco efectivo contra los adiestrados griegos, también contaba con unos 200 carros falcados y unos 20 elefantes traídos de la India. El decisivo choque se produciría el 1 de octubre. La táctica persa se basaba en aprovechar la superioridad de su caballería, a la que situó en vanguardia con la misión de asumir el protagonismo. Debía lanzarse por las alas y envolver al enemigo tras destrozar sus flancos; una vez conseguido, las falanges macedonias, por muy efectivas que fuesen, acabarían siendo arrolladas. Alejandro lo contrarrestó atacando en oblicuo, retrasando su ala izquierda para dificultar el envolvimiento enemigo. Su plan era entretener el ataque de la caballería persa mientras él, en el momento oportuno, atacaría con lo más selecto de sus hombres, su caballería pesada (los hetairoí o “compañeros”) y sus falanges macedonias, contra el centro persa donde estaba resguardado Darío. La ofensiva de los jinetes aqueménidas fue contenida con dificultad, aunque la de los carros y elefantes fracasó por completo ante las disciplinadas falanges. Los combates más intensos acabaron librándose en el ala derecha griega, hacia donde avanzó buena parte del centro persa para apoyar el ataque. Pero eso supuso que se abriera un hueco en las filas centrales persas, lo que aprovechó Alejandro para lanzarse con sus compañeros y lo más granado de sus fuerzas, logrando superioridad en ese punto concreto que era donde estaba Darío. Viendo lo que se venía encima emprendió la huida abandonando a su ejército, con lo que la moral se hundió, a pesar de que sus

Además de portar escudo, los hipaspistas empleaban como arma principal la lanza. La ilustración representa a ese tipo de soldado macedonio.

especialistas artesanos, que permitieron la toma de Tiro, Gaza y otras ciudades fortificadas, lo que supuso un hito en la historia de las guerras de asedio.

hombres habían logrado poner en serios apuros al ala izquierda griega, así como alcanzar sus carros de bagajes que saquearon durante unos minutos, lo que obligó a Alejandro a enviar urgente socorro y detener la persecución del rey persa. Al final, la mitad del ejército vencido cayó muerto,herido o prisionero, mientras que los griegos apenas sufrieron unas 5,000 bajas entre muertos y heridos. Con Gaugamela el Imperio aqueménida se desmoronó. Darío se convirtió en un fugitivo que trató desesperada e infructuosamente de buscar nuevas tropas, pero cada vez más abandonado fue asesinado por los propios sátrapas de las provincias orientales, en julio del año 330 a. C., con la esperanza de que Alejandro los mantuviera en el poder, cosa que no lograron. De hecho, el conquistador ya era el nuevo rey de Persia.

Una muestra de humanidad. Tras la batalla de Gaugamela, el rey persa derrotado, Darío III, emprendió su huida hasta que los sátrapas insurgentes lo apuñalaron en 330 a. C. Alejandro lo encontró muerto y se cuenta que lloró y lo tapó con su manto. Arriba, el cuadro recrea ese último encuentro.

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La helenizaciรณn del mundo antiguo

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Roma

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Tras la muerte de Alejandro, sus seguidores fueron legión: tanto su vida como sus conquistas se convirtieron en un modelo a seguir. Sin la imitatio alexandri no podría entenderse gran parte de la historia de Roma y de los romanos. Por Laura Manzanera

S

e cuenta que, estando en Hispania, Julio César lloró ante una estatua de Alejandro Magno; el emperador Augusto visitó su sepulcro en Alejandría; a Calígula le gustaba exhibir su coraza; Trajano siguió su ejemplo al emprender una guerra de conquista contra el Imperio parto, que era la potencia oriental de su tiempo… Ningún personaje histórico ha alimentado el inconsciente colectivo ni estimulado la creatividad de pueblos de todo el globo como lo hizo el rey macedonio, un referente desde su misma muerte que los romanos tuvieron siempre muy presente.

Helenización a la romana

anía

Durante la primera mitad del siglo II a. C., Roma conquistó los reinos helenísticos, herederos del imperio que había forjado Alejandro. La cultura griega impregnó el alma romana y ayudó a modelar la que sería una gran civilización, como grande había sido la de Alejandro. Fueron los aristócratas los que captaron los nuevos aires que llegaban de Oriente y los transmitieron al resto de la sociedad. Muy pronto los romanos demostraron tener un gran conocimiento de la cultura griega y terminaron aceptándola. En religión, introdujeron el ritus graecus y asimilaron muchas divinidades helenísticas. Los poetas latinos traducían la literatura griega al latín y la primera Historia de Roma la escribió Quinto Fabio Píctor en el siglo III a. C., pero en griego, lo cual indica que muchos romanos dominaban la lengua de Homero. Pese a esa innegable influencia, se llevó a cabo una “helenización a la romana”, absolutamente controlada y que servía a intereses políticos concretos. Y en ella, la figura del Magno jugó un papel estelar. La imitatio alexandri arrancó prácticamente con los sucesores del macedonio, los reyes helenísticos que plasmaron su efigie en las monedas; prosiguió por la africana Cartago, enfrentada a Roma por el control del Mare Nostrum, y fue más allá, como no podía ser de otro modo, con los grandes generales y emperadores romanos.

Los primeros herederos FOTO: GETTY IMAGES

Entroncar con un pasado glorioso Fue lo que buscaron muchos emperadores y generales romanos. Uno de los casos más notables fue el de Octavio Augusto. Se consideraba heredero del Magno, y visitó su sepulcro en Alejandría (aquí, en un cuadro del siglo XVII). Su idea de imperio universal era reflejo de lo conseguido por el macedonio.

Y eso fue posible gracias al nexo permanente que Alejandro había establecido entre Oriente y Occidente, facilitando un fructífero intercambio económico y cultural.Tanto es así que, tal vez, la existencia del mismo Imperio romano o la difusión del cristianismo no hubieran tenido lugar sin él. muyinteresante.com.mx

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pagar y aumentar la leyenda. Fue entonces cuando se inició el “periodo helenístico de Roma”, en el que personajes relevantes, sobre todo de la familia de los Escipiones, se interesaron por el legado griego y hallaron en Alejandro un espejo en el cual mirarse. Aun así, seguía siendo bastante desconocido. Fue durante la República tardía, iniciada en 168 a. C., cuando saltó a la palestra, no tanto por el filohelenismo como por su talante de conquistador imbatible. En gran parte, debió su fama y su marcada influencia al gran general Publio Cornelio Escipión, el Africano Mayor (236-183 a. C.).

El Alejandro Magno romano. Así lo consideraban muchos de sus coetáneos. Publio Cornelio Escipión (aquí, en un relieve renacentista) venció a los cartagineses, llevando a Roma a ser la potencia hegemónica del Mediterráneo. Esta hazaña lo situó, según algunos, a la misma altura que el macedonio.

El Mediterráneo en juego. Su control es lo que se dirimía en la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.); abajo, una de sus batallas en una acuarela. La victoria de la República romana frente a Cartago le otorgó, además de la rica isla de Sicilia, un predominio marítimo indiscutible.

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Desde un principio, su figura demostró ser un eficaz instrumento de propaganda política, y por esa razón fue imitado. Pero había sido él mismo quien se había encargado de forjar su propio mito, del que muchos, más o menos conscientemente, sacaron un buen partido. La huella alejandrina se detecta en Roma desde tiempos de la República. Justo tras su muerte, la imagen del Magno que circulaba en Roma era más bien negativa,algo que empezó a cambiar en el siglo II a. C. La presencia romana en Grecia y Oriente hizo que pasara a ser visto como defensor de lo griego y se iniciara una relación más continuada entre Roma y el mundo helenístico, que ayudaría a pro-

Con su cargo de imperator, Escipión participó en las principales guerras que libró Roma, tanto en Occidente como en Oriente. Sus paralelismos militares con Alejandro incluían una sucesión de triunfos que aumentaron su carisma frente a sus soldados y que quiso aprovechar, igual que el macedonio, para situarse por encima del resto. Adoptó algunas costumbres griegas, cuya cultura admiraba, y por eso sufrió cierto rechazo por parte de la sociedad romana, como lo había sufrido Alejandro por su orientalismo. Pero que vistiera la clámide, la capa corta típica de los griegos, no significaba que quisiera imitarlos; en realidad, su gusto por las costumbres griegas no supuso un símbolo de ruptura como el de Alejandro en Persia. Fuera como fuese, Escipión se adelantó a otros ilustres romanos, aunque su relación con la figura del macedonio fue muy distinta de la de sus sucesores. Puesto que la expansión mediterránea de Roma en el siglo II a. C. y la carrera militar de Escipión fueron paralelas, ¿podría haber emulado al macedonio para sacar ventajas en lo militar? Polibio comenta en sus Historias que las guerras púnicas en las que Roma y Cartago se jugaban el control del mundo habían sido el primer paso en el proceso de Roma hacia el dominio universal, y en ese sentido Escipión, que en la segunda contienda se impuso a los cartagineses de Aníbal, sí sería el kosmókrator, el gobernador del orbe. Con la caída de Cartago se abría para los romanos la posibilidad de la hegemonía mundial. A partir de Tito Livio, que lo describe como físicamente impresionante y con una larga melena, símbolo de fuerza (es decir, como otro Alejandro pero romano), Escipión aparece como el artífice de la supremacía de Roma. Incluso se ha sugerido que habría querido, desde Hispania, iniciar la misma política que el macedonio en Oriente: crear asentamientos que unificaran física e ideológicamente el Imperio. Otra coincidencia: ambos se atribuían ejemplos de clemencia y generosidad para con los vencidos, una inteligente forma de captar nuevos partidarios.

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El paralelismo con Escipión


Durante mucho tiempo circuló una leyenda sobre una charla en Éfeso entre Escipión y su archienemigo Aníbal sobre cuál había sido el mejor general hasta ese momento. Aníbal citó, por este orden, a Alejandro, a Pirro y a sí mismo. Acto seguido, Escipión le preguntó en qué posición quedaba él teniendo en cuenta que lo había vencido. Aunque a todas luces falso, el supuesto encuentro, justo antes de la batalla de Zama, parece una calca del que tuvieron Alejandro y Darío III el día antes de su enfrentamiento en Gaugamela. Difícilmente será casualidad que en ambos casos se muestre a los enemigos admirándose mutuamente.

Defensores y detractores

Escipión se adelantó a otros generales del siglo I a. C., como Pompeyo o Julio César. Otra cosa es que su uso de elementos alejandrinos fuera consciente y premeditado. Pero así quisieron mostrarlo autores posteriores que hicieron hincapié en sus paralelismos: su semejanza física, su supuesto origen divino y el haber alcanzado el éxito siendo muy jóvenes. Algo distinto fue el caso de su nieto Escipión Emiliano Menor, que a diferencia de su abuelo defendía el poder unipersonal.Ése no debería haber sido el motivo de su muerte, como tampoco de la de Alejandro, aunque ambas sucedieron repentinamente y sobre ellas planeó la duda de un posible asesinato.Cuando se impuso en Cartago,la idea del kosmókrator ya había madurado. Pero fue en su triunfo en la guerra en Hispania cuando exhibió claramente su prohelenismo: en la

Con la caída de Cartago se abrió para los romanos la posibilidad de la hegemonía mundial, un proceso similar al de Alejandro con los persas. Celtiberia se enfrentó cara a cara en un duelo a un jefe celta, como lo habían hecho Alejandro y Darío III.Eso le permitió elevarse a la categoría de líder militar y de conquistador. Los Escipiones fueron parte de las oleadas de militares que Roma enviaba al Oriente helenístico.Ninguno de estos‘herederos’ de Alejandro cubrió las expectativas: sus antecesores habían dejado el listón demasiado alto. Otro destacado general que hizo gala de su “alejandromanía” fue Gneo Pompeyo Magno (106-48 a.C.).Y lo hizo,para empezar,adueñándose del apelativo Magnus. Así figura en monedas acuñadas en Hispania durante la guerra contra César. Cónsul en tres ocasiones y conquistador de los tres continentes entonces habitados (Europa, África y Asia), se le considera el artífice del Imperio Romano de Oriente y,como tal,otroAlejandro Magno,a quien admiraba desde siempre y con el que tenía coincidencias más allá del apodo. Como él, había demostrado poseer grandes virtudes; al menos, eso pensaban quienes apoyaron la Ley Manilia por la que se le concedía el mando supremo de los ejércitos en Asia. Si bien la imitatio alexandri tuvo lugar en la época republicana, fue con el Imperio, que arrancó en el año 27 a. C., cuando las opiniones sobre Alejandro y su legado resultaron más polémicas. Entre sus defensores a ultranza se hallaban autores como

Las grandes edificaciones romanas, como las de la plaza del Duomo de Siracusa, son herederas directas del colosalismo de la arquitectura helenística.

Sus huellas en el arte

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esde que en 212 a. C. los romanos conquistaran Siracusa (Sicilia), que formaba parte de la Magna Grecia –el sur de Italia ocupado por colonias griegas–, el arte helenístico empezó a llegar a Roma, y pronto el retrato se puso de moda. Alejandro sólo dejaba que esculpiera su rostro un artista, Lisipo, que concedía gran importancia a la personalidad del retratado. Con él, por primera vez, el arte occidental se esforzaba por captar y expresar el fuero interno. Aun así, las obras romanas no eran simples imitaciones; solía imprimírseles un sello propio. Una característica de muchas piezas era el hiperrealismo. Mientras que las helenísticas buscaban la belleza y perfección en los rasgos, las romanas marcaban las arrugas, la rudeza del rostro, la gravedad en la mirada…, todo cuanto denotara

experiencia y sabiduría, rasgos inequívocos de los gobernantes del mundo. Los romanos lograron que los artistas griegos cambiaran su arte para expresar los logros de Roma. La excelente técnica griega se puso al servicio de su mensaje. Finalidad determinada. También en la arquitectura se aprecia el legado de Alejandro y el helenismo. El colosalismo

y la teatralidad de las construcciones que el macedonio ordenó levantar están presentes en las romanas. Su objetivo final era recordar y magnificar a un personaje, exaltar su poder y sus hazañas a través de la piedra. La que pasaría a conocerse como “arquitectura de la ostentación” alcanzó su apogeo en el Imperio y resucitaría, siglos después, con el Renacimiento.

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La primera “novela” sobre Alejandro

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medida que crecía la importancia de Roma, fueron apareciendo obras sobre Alejandro escritas en latín. Entre las conservadas destacan dos: tres capítulos de las Historias filípicas del galorromano Pompeyo Trogo y la Historia de Alejandro Magno de un misterioso personaje conocido como Quinto Curcio Rufo, del que se ignora prácticamente todo. Ni siquiera se sabe cuándo y dónde vivió, pues al perderse el prólogo de la obra no puede comprobarse su datación, y tampoco existe mención a ella o a su autor en ningún texto antiguo. Aun así, los expertos suelen situarlo en el siglo I. Al margen del quién y el cuándo, lo más curioso de su Historia, cuyo contenido no varía apenas del de

otros escritos sobre el macedonio, es su tono. Sin duda se trata de una obra histórica (hay batallas, discursos, personajes de la época…), pero es claramente novelesca. Consigue mantener la emoción y la atención en todo momento y, pese a centrarse en acontecimientos reales, lo que la diferencia es su valor literario y su potente dramatismo. Explotando el mito. Tanto es así que se ha llegado a plantear que se trata de una ficción de tema histórico, algo exagerado teniendo en cuenta que el autor tiene muy presentes las fuentes, juzga los acontecimientos y parece esforzarse por explicar lo que realmente pasó. De hecho, existe un equilibrio entre realidad y ficción, como existe en nume-

Algunos intelectuales romanos lo rechazaron radicalmente, acusándolo de abrazar las costumbres bárbaras. Ovidio o Vitrubio, y también emperadores, empezando por el primero, Octavio Augusto. A todos ellos sirvió como propaganda favorable a una monarquía de tipo helenístico. Muchos otros, sin embargo, lo rechazaban radicalmente, en especial la oposición del Senado y los que

Miniatura en una edición del siglo XV de la Historia de Alejandro de Curcio Rufo, que muestra el nacimiento del macedonio.

rosas novelas históricas actuales. Visto así, Quinto Curcio Rufo fue un pionero; eso sí, la fuerza del personaje elegido debió facilitarle mucho la labor.

defendían las tradiciones republicanas. Un punto muy criticado era que hubiese adoptado costumbres “bárbaras”, hasta el punto de haberse casado y tenido un hijo con una de ellas. Esto provocó la especial animadversión de bastantes autores, que coincidían en tildar la relación de auténtico peligro para la estabilidad del Estado y de compararla con la de Marco Antonio y Cleopatra. Tampoco le perdonaban su intención de ser divinizado, la crueldad con que trató a los compañeros que se opusieron a su política en Oriente y, mucho menos, su tiranía.

Símbolo del helenismo. El grupo escultórico de Laocoonte y sus hijos es uno de los grandes exponentes del arte helenístico. Su representación de las emociones humanas tuvo un gran impacto en los artistas del Renacimiento.

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Así describió Valerio Máximo su paso de hombre civilizado a bárbaro: “Desdeñó el ser hijo de Filipo y tomó por padre a Júpiter Hammón; su desprecio por las costumbres y los hábitos de los macedonios lo llevó a adoptar la vestimenta y los usos de los persas; lleno de desprecio por la naturaleza humana, trató de emular la divina. No se avergonzó, pues, de renegar de su condición de hijo, de ciudadano y de hombre”. Séneca, por su parte, le achacaba su “megalomanía, soberbia y vanidad desmesuradas” y un “afán de fama y posesión” que le impedía controlar sus pasiones –entre ellas, la bebida en exceso– y hacía de él alguien cruel. Más contundente, si cabe, fue el sobrino de Séneca, Lucano, que lo tachó directamente de loco, insensato y saqueador, además de “plaga fatal para la Tierra y estrella de mal agüero para la humanidad”. En último término, había quienes mantenían una actitud intermedia: ensalzaban su coraje, pero no aceptaban su postura como hombre de Estado. Veían un antes y un después de su triunfo en Gaugamela, en 331 a. C., y de su orden, un año más tarde, de quemar el Palacio de Persépolis. A partir

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Crítica a su orientalismo


de estos hechos habría sufrido un cambio radical tanto en lo público como en lo personal. Como se diría vulgarmente, a aquel militar fuera de serie, a aquel virtuoso estratega de enorme talento, a aquel hombre de fuerte carácter y férrea disciplina militar, la fama se le subió a la cabeza: se tornó vanidoso, colérico y sanguinario. Y la causa última de esta transmutación no sería otra que su conversión a los usos y costumbres orientales. Uno de los acérrimos defensores de dicha teoría fue Tito Livio, que en su Historia de Roma fabula sobre una hipotética guerra entre las falanges de Alejandro y las legiones romanas. Sobra decir que el latino hizo vencedor al ejército romano, “menos uniforme, constituido por varios elementos, fácil de dividir y fácil de reagrupar...”. Esta tentadora historia-ficción la recogería veinte siglos después el escritor español Javier Negrete en Alejandro y las águilas de Roma, novela de 2007 en la que el Magno, tras haber sobrevivido en Babilonia, regresa a Occidente para enfrentarse a una alianza entre Roma y Cartago.

FOTOS: MUSEUM OF FINE ARTS/ BOSTON; DALLAS MUSEUM OF ART

Un personaje poliédrico

En la Antigüedad, lejos de existir una sola imagen del macedonio, su figura se dividía en múltiples caras. Por un lado estaba la del rey guerrero, conquistador, y sin un rival que pudiera frenarlo, inquieto, valiente y fuerte a la hora de descubrir cosas nuevas y enfrentarse a lo desconocido. Precisamente, sus ganas de descubrir, conocer y aprender definen a un hombre sabio y con un alto nivel cultural. Como constata Elena Torregaray, profesora de Historia Antigua en la Universidad del País Vasco, hay historiadores que en la imitatio alexandri distinguen entre imitatio, el deseo consciente de plagiar sus actos y maneras; aemulatio, ganas de igualar y hasta de superar sus hazañas, pero sin tener que imitarlo, y comparatio, según la cual los “culpables” serían los autores clásicos que establecen comparaciones entre él y otros personajes del pasado. Se pudo ver como héroe, y como tal sería audaz, generoso, caballeresco, amable; o como un antihéroe al que la crueldad, la ambición, el despotismo y la desmesura llevaron al “lado oscuro”. Para algunos fue alguien más cercano al mundo de la divinidad que al humano; para otros, la mismísima encarnación del diablo. Las visiones contrapuestas ayudan a forjar su personalidad poliédrica y dan una idea de cómo fue utilizado a gusto del consumidor y las circunstancias del momento. Resultó útil para aproximar a Roma al Oriente helenístico y para justificar su dominio allí. Su imagen de gobernante del mundo dejó una estela que guiaría a los conquistadores que llegaron a aquellos lejanos lares y a los gobernantes que debían llevar las riendas del que sería el mayor imperio del mundo.

Una rivalidad para la historia... Fue la que protagonizaron Alejandro Magno y Darío III. Uno de los relatos más controvertidos habla de una reunión entre ambos antes de la batalla de Gaugamela (arriba, en un cuadro) en la que se mostraron mutua admiración.

Entre los romanos más mitómanos se encontraba Caracalla, emperador de 211 a 217. Según se desprende de los escritos de Dion Casio y Herodiano,sufría una auténtica obsesión, no sólo por parecérsele, sino por ser el nuevo Alejandro. Loaba con suma frecuencia sus hazañas,imitaba sus modales y gestos y hasta se vestía como él.Su predilección por el pueblo macedonio y su ejército lo condujo a mandar erigir estatuas de su héroe en campamentos militares, templos y ciudades; visitó simbólicamente y llevó ofrendas a su tumba en Alejandría.Y un último dato nada menor: se hizo llamar Magnus y Alexander…

Caracalla reencarna el mito

En el plano religioso, veneró a divinidades griegas y orientales relacionadas con Alejandro o los lugares clave de su vida, y protagonizó sacrificios a dioses y héroes como Hércules y Aquiles (dos de los principales modelos de su ejemplo a seguir), dando fe de su sincretismo con religiones greco-orientales.

...Que también fue imitada. A imagen y semejanza del encuentro de Alejandro y Darío, una leyenda creó el mito de otro entre Escipión el Africano y Aníbal en Éfeso (aquí, en una imagen que lo recoge).

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MUY INTERESANTE

ALEJANDRO MAGNO

El emperador Caracalla lo emuló hasta el extremo, siguiendo sus pasos en la conquista de Oriente. los alamanes. Eso lo animó a planificar su gran proyecto: una expedición a Oriente, el punto culminante de su imitatio.

Un gobierno corto pero intenso Lucio Septimio Basiano, mejor conocido como Caracalla, estuvo al frente del Imperio sólo seis años, lo que no le impidió embarcarse en destacadas campañas militares en Asia. Arriba, en una ilustración, en sus famosas termas.

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Pretendía trazar un sendero de soberanía hacia la divinidad, y para ello intentó convencer a todos de que los dioses estaban de su parte. Tras la muerte de su padre, Septimio Severo, Caracalla ansiaba convertirse en el gobernante único, ya que compartía el poder con su hermano Geta, por lo que urdió un plan para eliminarlo haciendo creer que éste lo quería traicionar y asesinar. Según su testimonio, sólo la intervención de los dioses, que hicieron que su espada se girara en el último instante matando a su atacante, lo salvó para que pudiera ser el emperador. Y para reafirmarse como el elegido, agradeció su acción a los dioses en un edicto (Constitutio Antoniniana) que extendía la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio, y además incluía que todos colaboraran en un agradecimiento general. Al hacer participar a todos los súbditos en un acto religioso global, o sea, al imponer la obligatoriedad del culto imperial, y al optar por el sincretismo de dioses romanos y orientales (Isis y Serapis), recordaba mucho a Alejandro. Hay asimismo pruebas iconográficas de su devoción por el macedonio, como el camafeo que muestra a su madre, Julia Domna, vestida como Olimpia, la madre de Alejandro. Pero, probablemente, la evidencia más clara de que lo tenía siempre presente sea la adopción del título de Magnus Imperator. Y es que también él era “grande”, conquistador, cohesionador de pueblos y cosmopolita; precisamente todo lo que lo distinguía del común de los habitantes del Imperio romano. Y si Caracalla quería parecerse a Alejandro, no podía olvidar el terreno estratégico y militar, así que también se encuentran similitudes en sus proyectos de conquista en Oriente. En 213, concentró sus campañas en el área fronteriza del Rin y el Danubio y obtuvo triunfos remarcables contra

Dejó Roma para atravesar Tracia, cruzar el Helesponto (el actual estrecho de los Dardanelos) y llegar a Nicomedia. Allí pasaría el invierno para luego continuar y establecerse en Antioquía, la línea de salida de su expedición a Oriente. Tras fracasar en intentar recuperar Armenia, se encaminó a Egipto, concretamente a Alejandría, la ciudad a la que su héroe cedió el nombre. Allí visitó su sepulcro, convertido en un centro de peregrinaje. Si hacemos caso a Herodiano, la cosa fue así: “Se quitó su manto de púrpura, sus anillos de piedras preciosas, su cinturón y todo lo que llevaba de valor, y lo depositó sobre el sepulcro del héroe”. Cumplido el ritual, volvió a Antioquía para emprender su mayor ambición: la conquista del reino de los partos, a los que los romanos llamaban “bárbaros de Oriente” y a los que, según Herodiano, soñaba con vencer en el campo de batalla, puesto que eran la potencia extranjera más importante que se oponía al Imperio. Antes le pasó por la cabeza casarse con la hija del rey parto, Artabano V. De nuevo un paralelismo: Alejandro se casó con Roxana, hija de Oxiartes, sátrapa (gobernador) de Bactria, región en el actual norte de Afganistán. Caracalla no lo logró y optó por luchar. Su ejército acabó con la mítica ciudad de Arbelas, conquistada en su día por el macedonio. No tardó en enviar un mensaje al Senado. Anunciaba que en “el reino situado al este de Mesopotamia todo el mundo reconocía su autoridad”. En 217, mientras iba de Edesa a Carras, fue asesinado en una emboscada orquestada por Macrino, su prefecto del pretorio, que le sucedería al frente del Imperio. Tenía sólo 29 años y había gobernado seis. Cuando Alejandro falleció, a los casi 33, era dueño del mundo. Como su maestro, aunque con distinta suerte, Caracalla intentó ampliar los limes (fronteras) del Imperio en Oriente y hacer partícipes a otros pueblos de la “civilizadora y civilizada” romanización. El macedonio había cohesionado a varios pueblos y etnias y materializado el primer intento de globalización fusionando a Oriente y Occidente, con la consiguiente aparición de un mundo distinto: el helenismo. El romano cohesionó a todos alrededor del orbis Romanus, un nuevo imperio unido política y jurídicamente y que, a fin de cuentas, supuso la primera gran globalización de la Historia.

FOTO: GETTY IMAGES

Conquistador de Oriente


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