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Pero, salvo contadísimos casos de danza puramente india, entre las que destaca por su elementalísima coreografía este “Carnavalito”, pronto, muy pronto, a lo largo de las cordilleras de los Andes, se siente el tropel de las caballadas. Canciones y bailes que no pudieron permanecer indiferentes, ajenas al heroísmo en marcha, heroísmo que en las danzas se convierte, sobre todo, en el regocijo del zapateado, completamente extraño al mundo indio. Pronto aparece el gaucho, un tipo humano eminentemente occidental, con un gran sentido de la libertad, que tiene en dos importaciones hispánicas, en el caballo y en la guitarra, sus mejores amigos. Galopa horas largas y se halla siempre en el centro mismo de su universo verde, de sus canciones nostálgicas, de los vientos que silban en su pajonales, y baila sus “malambos” –su danza preferida- de hombres solos, que remedan el galope de su caballo en un cotejo de habilidades con el vecino. Posturas con algo de gallo y mucho de potro, que se multiplican hasta el infinito en competiciones ganadas por aquel que sabe más pasos y los ejecuta con mayor limpieza, siendo demostración de potencia y donosura para las mujeres que lo ven bailar.

(Fragmentos del libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

Edanza 16 d  
Edanza 16 d  

Edanza 16 d 2012

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