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Por Mercedes Albi

CIEN DESDE LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA (II): PREPARANDO EL ESTRENO La temporada de 1913 de los Ballet Rusos se acerca y su director, Sergei Diaghilev, sortea como puede los contratiempos que irremediablemente van surgiendo. Muchas veces se piensa en él como un señor adinerado que organiza ballets con el único fin de satisfacer su gusto personal de hombre rico amante de la belleza. Pero no se tiene en cuenta que Diaghilev supo ponerse siempre al servicio del talento de los demás, estimulando lo mejor de los otros, encauzándolo pero sin imponerse a la libertad de creación. Segei Diaghilev fue un ser único. Si estaba previsto que Nijinsky coreografiase únicamente “Juegos” -una breve pieza orquestal compuesta por Debussy para dos bailarinas y él mismo- la repentina dimisión de Fokine obliga a Nijinsky a hacerse cargo de la coreografía del nuevo ballet “La Consagración de la Primavera”. Nunca el gran bailarín se había enfrentado a un trabajo tal envergadura. Pero Diaghilev se mostraba feliz ante el reto, Vaslav Nijinsky no solo iba a ser el bailarín más grande del mundo, sino también el coreógrafo más importante. Una artista polaca, Marie Rambert (1888-1982), se incorpora al elenco de los Ballets Rusos. No es especialmente bella, pero su rostro posee el mag-

netismo de la inteligencia que denota la agudeza de su mirada y su elegante nariz ligeramente aguileña. La misión que se le encarga a Rambert es un tanto difusa pues no posee el nivel para ser bailarina de la compañía, sin embargo, sabrá encontrar su lugar y convertirse en una persona fundamental en el desarrollo de “La Consagración de la Primavera” y una colaboradora fundamental en el proceso creativo de Nijinsky. Marie Rambert le comprenderá como nadie. En un principio, ella se une a la compañía porque Diaghilev solicita a Jacques Dalcroze que le envíe alguien capaz de enseñar la aplicación de los principios de su teoría de la “eutrithmia” para la percepción musical. El empresario ruso cree que las tesis dalcrozianas pueden ser muy beneficiosas para Nijinsky y para los bailarines, ya que implican un desarrollo de la percepción musical corporal a través de los sentidos: El hombre instintivamente siente las vibraciones rítmicas en todos sus músculos conscientes; por ello es necesario entrenar el cuerpo a través de la totalidad de los músculos, pues todos y cada uno de las partes del cuerpo deben contribuir a despertar, clarificar, modelar y perfeccionar el ritmo conscientemente

Marie Rambert (3ª desde la dcha.) entre otras bailarinas de La Consagración (1913)

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Edanza 16 d  
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Edanza 16 d 2012

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