Page 27

Por Mercedes Albi

Lo que fue del Imperio de los Zares: Bailarines rusos exiliados en París (III) Anna Pavlova (1881-1931) ya no vivía en Rusia cuando estalló revolución: desde 1913 se había establecido en Londres, en una hermosa casa, Ivy House, sobre una colina en la zona norte. Su éxito y bienestar no le hicieron olvidar sus raíces, y la colonia de exiliados la consideraba una gran benefactora. Nunca dejó de prestarles su ayuda. Así, en París mantenía un hogar destinado a unos treinta niños refugiados rusos. Y en 1923 llegó a enviar a Rusia ayuda directa desde América para las bailarinas del Bolshoi y del Marinsky. El empresario S. Hurock recuerda haber visto como las artistas hacían cola en el teatro para recoger los paquetes con provisiones que Pavlova les había mandado. Ella fue la primera bailarina rusa que obtuvo fama internacional, y cuyo nombre se ha convertido en un mito que perdura hasta nuestros días. ¿Qué fue lo que la hizo destacar a Anna Pavlova entre las demás? Pavlova supo hacer de lo que parecía un defecto una virtud, y lo hizo a fuerza de inteligencia y voluntad.

en su autobiografía, que la delgadez estaba considerada como contraria a la estética, y la opinión general era que Anna Pavlova necesitaba sobrealimentarse, y ella misma lo debía de creer así, ya que se atiborraba de aceite de hígado de bacalao. Si contemplamos las fotos de las bailarinas clásicas de los primeros años del siglo XX, nos llama la atención su aspecto robusto. Entonces se pensaba que, para mantenerse en puntas y realizar los complicados giros exigidos desde que Pierina Legagni lograse por primera vez las 32 fouettés del Lago de los Cisnes, era necesario poseer como ella, fuerza en los tobillos y una considerable envergadura corporal. Anna sufría mucho por lo que consideraba sus defectos. Pero el maestro Guerdt fue capaz de vislumbrar la verdadera naturaleza de su talento. El maestro sufría al ver los frágiles miembros de su alumna ejecutar lo que convenía a la estrella italiana de vigorosa musculatura, y le ordenaba: “¡Deje a las otras los efectos de la acrobacia! Me duele ver sus tobillos tan frágiles obligarse a semejantes pasos. Lo que usted considera sus imperfecciones constituyen por el contrario aquello que la vuelve única entre mil”.

En la Escuela de Ballet Imperial, relata Karsávina

Pavlova, que nunca pudo hacer las 32 fouettés, estaba destinada sin embargo a revivir sobre la escena el encanto olvidado del ballet romántico de la

Pavlova y Fokine en un ensayo

Pavlova en su jardín

25

EDANZA - 13  
EDANZA - 13  

EDANZA - 13 2012

Advertisement