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La Moxiganga de Sitges en los años 20

indumentaria de tipo simbólico, cuyos colorines, minuciosamente dispuestos junto a las flores de papel que se guarnecen los sombreros, participan del espíritu que informa la decoración de tantos altares barrocos en las iglesias de nuestras costas mediterráneas. En ella podemos ver la coronación del Señor, su flagelación, crucifixión, agonía, la Virgen al pie de la Cruz, el Sepulcro, la Resurrección final… Se trata de algo que es mucho más que una mera pantomima. La fuerza de la danza atraviesa toda la obra,

(Fragmentos del libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

verdaderamente asombrosa como rara. El mismo esbart lleva otra Moixiganga, como hace Juan José Tharrats. Aunque carezca de sorpresas y el enigma desaparezca desde el principio, en la Moixiganga como en las danzas que repite el pueblo, hay algo que no cansa, radicalmente diferente del ballet, que carece de hondas raíces; algo que está muy cerca del arrobo y de una credulidad sencilla, pero que asombra siempre de nuevo.

Foto de Ricard Gascó cedida por el archivo de la Agrupació de Balls Populars de Sitges

Edanza-12  
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Edanza 12 2012