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en su estado emocional que en la propia ejecución; ocupar su mente con anticipaciones negativas de posibles fracasos y sobre la opinión de los demás sobre su actuación, o sobre él mismo como persona, lo cual hace subir su nivel de ansiedad, perjudicando su capacidad de ejecución y contribuyendo a que el “guión” de fracaso que había creado en su mente se cumpla. Es lo que se conoce como la “Profecía auto-cumplida”. ¿Significa esto que si seguimos la estrategia contraria, es decir, generar un “guión mental” de éxito, se cumplirá también indefectiblemente? Desgraciadamente no. Algunos libros de auto-ayuda nos han llevado a creer que el utilizar pensamientos y sentencias positivas indiscriminadamente, tengan una base real o no, es la clave del éxito y que, básicamente, si uno fracasa es porque quiere. Pero lo cierto es que el uso de falsas frases de ánimo y el adoptar actitudes de ir “sobrados” por la vida, no es más que la otra cara de la baja auto-

estima. Quienes así actúan generan una falsa autoconfianza que, quizá en un principio les sirva para afrontar las actuaciones con aparente entusiasmo, consiguiendo auto-engañarse y confundiendo al observador poco entendido, pero lo hará sin un verdadero control de la situación. Se sentirá cada vez más desorientado ya que, dado que ha decidido vivir en un mundo irreal, no tiene la capacidad de análisis necesaria para evaluar su trabajo y resaltar los puntos fuertes del mismo y detectar aquellos en los que debe mejorar para seguir avanzando. Queda de esta manera estancado y sin posibilidad de crecer como profesional y como persona. La gran discrepancia entre las expectativas previas y lo que ocurre en la realidad, contribuirá a debilitar aún más la percepción de auto-eficacia, disminuyendo el control de la situación en sucesivas ocasiones y produciendo un progresivo deterioro de la auto-estima.

Edanza-11  
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Edanza 11 2011