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de color y cromática tenían un fondo emocional y sensual en las obras representadas. Obras como La consagración de la primavera, La bella durmiente y Schéhérazade, entre otras, han quedado como obras de arte maestras e irrepetibles, marcando una nueva vía de exploración en los tejidos, diseños y colorido del vestuario en los ballets. Uno de los mayores escándalos que formaron estos ballets fue el estreno de la maravillosa coreografía de Nijinsky La siesta de un fauno; también llamó la atención, además de su “obscena coreografía” -Nijinsky nos muestra el despertar de un fauno que descubre el amor con seis bellas ninfas-, por ser la primera vez que un intérprete varón sale a escena con unas mallas tan pegadas a su cuerpo que parece estar desnudo sobre el escenario. El color maquillaje o arena que Bakst consigue en la malla, junto con los tonos oscuros de las manchas del fauno, sobre las luces del escenario y los movimientos del bailarín, consiguen crear la ilusión óptica que el personaje sale desnudo a escena, creando un escándalo mayúsculo. Hablamos del año 1912, claro. León Baskst usó colores primarios en armonías sin fin. En Scheherazade creó una sensación de claustrofobia con ricos y febriles colores, así como misteriosos; esta obra fue una sensación, y los diseños de Bakst se extendieron a la moda y al diseño de interiores, barriendo colores apagados y la intro-

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Edanza-11  
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Edanza 11 2011