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ciente de la importancia de una buena formación, afirma: “si se es un bailarín extraordinario modelado por las ratas, después probablemente se convertirá en un modelo de rata”.

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Le colocan en la 8ª categoría (habiendo sido admitido en la 6ª en su prueba de acceso). Un profesor excepcional, Alexandre Puhskin, será decisivo en su camino. Pero nada es fácil para este joven provinciano recién llegado al que nadie conoce, y que tiene las piernas demasiado cortas para lo que supone que debe ser un bailarín principal. Siempre se habla del valor que tuvo Rudolf para escaparse de la Rusia Soviética, pero nada es comparable en su vida a todos los obstáculos que tuvo que vencer para salir desde un lugar remoto de la estepa rusa, sin apoyo familiar, con la oposición radical de un padre militar, sin dinero... Y llegar a alcanzar su sueño de brillar con luz propia en el Teatro Kirov de Leningrado. Al principio, el maestro Puhskin le ignoraba, pero poco a poco se fue fijando en este peculiar alumno, y lo que más llamó su atención fue su gran determinación y su enorme capacidad de trabajo. Una inmensa pasión por el ballet posee al joven Nureyev.

Remi Wörtmeyer. Foto de David Makhateli

Fue entonces cuando sufre una grave lesión de rodilla, y los médicos le pronostican que nunca volverá a bailar. Pushkin se compadece de él y lo lleva a su casa. Allí conoce a Xenia, la atractiva esposa del maestro, que le dispensa todo tipo de cuidados para su recuperación. Ella, fascinada por el joven alumno, lo convierte en su Pigmalión y lo introduce de su mano en el mundo artístico e intelectual de Leningrado. Durante los años que Rudolf permanece en el Kirov, baila hasta 15 papeles principales. En su repertorio figuran los roles clásicos más importantes: Don Quijote, La Bayadera, La Bella Durmiente del Bosque, El Lago de los Cisnes... Y es parternaire de todas las estrellas de la compañía. Sí, Rudolf Nureyev era especial. Xenia lo recordará siempre, hasta el último día de su vida con un amor desesperado e imposible, sabiendo que jamás lo volverá a ver. Pues en la primera ocasión que se le brinda, se escapa de Rusia. Fue durante una gira al extranjero en 1961, cuando el Ballet Kirov actuó en París. El mundo esperaba al joven Nureyev. Las fronteras siempre fueron demasiado estrechas para el alma nómada, curiosa y errante del “niño de la caja de cartón”.

http://www.edanza.net/ant.php?id=120  
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