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fácil. Era competente y versátil en un mundo que apenas conocía. Descubrí mis nuevas facetas y mis nuevas aptitudes. Salí del otro mundo tan fuerte que aterricé en éste con carrerilla. En cuestión de unos meses mi vida había cambiado por completo y me sentía totalmente realizada.

No sabemos si habrá una vida después de la muerte. Pero lo qué sí sé es que me siento orgullosa de estar viviendo mi segunda vida. De poder contar a mis hijos y nietos, cuando los tenga, que un día fui bailarina. Que me subí a los escenarios y que luego supe bajarme para encontrar otro camino.

Por eso tengo que agradecer a mis maestros y a mis compañeros y por supuesto a los escenarios lo que de ellos aprendí. Especialmente a Paula, quien me dio la actitud; a Cristina quien cumplió parte de mi sueño. Y a la que más a mi madre, que no solo me animó a bailar sino que además me impulsó a seguir estudiando mientras yo decía que jamás dejaría la danza.

Por eso, desde aquí, al otro lado de la burbuja y en mi nueva vida, quiero mandar un mensaje de ánimo y de ilusión a los que ahora por culpa de la crisis y de una mala gestión política en lo que a la cultura se refiere, no tienen trabajo.

Ese jamás hay veces que sorprendentemente se convierte en ahora. Pero siempre que sean decisiones personales porque la etapa termina, no hay que sentirse mal. Al contrario hay que seguir aprendiendo aprovechando lo que ya se tiene. Después de mucho tiempo me he cortado el pelo, voy al gimnasio sólo si me apetece y he vuelto a comer hamburguesas. No demasiadas porque hay que cosas que nunca cambian. Como tampoco cambia la obsesión, la tenacidad, la lucha y el sacrificio. Pero todo orientado a otras cosas.

Mi enhorabuena a los seguís sobreviviendo y a los que seguís bailando. A los unos y los otros os pido que continuéis haciéndolo, para que alguien debajo del escenario pueda seguir contando lo que pasa entre bambalinas.

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Edanza num. 18  
Edanza num. 18  

Edanza num. 18 2013

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