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que has estado en tu mejor momento, física, emocional e intelectualmente. Desmenuza estos momentos en pequeñas partes distintas, como un químico en un laboratorio, destilando los ingredientes más importantes. Si durante este proceso encuentras algún punto de dolor, alguna parte que sientas herida o rota, o si no eres capaz de pensar en ello, date permiso para imaginar lo que podría hacerte sentir realmente bien respecto a ese punto. Date el permiso para soñar. 2. Elabora una lista de necesidades no satisfechas. Puede que en un primer momento esta lista sea muy larga. Repásala, te darás cuenta de que finalmente puedes ir agrupándolas por afinidad hasta reducirla a unas cinco o seis necesidades básicas. Por ejemplo: dormir lo suficiente, reconocimiento a tus esfuerzos, buena comunicación con las personas más allegadas, objetivos realistas y motivadores, y ocio placentero. Estos cinco ingredientes son los que podríamos intentar ofrecernos a nosotros mismos para confeccionar un día verdaderamente enriquecedor, en el que nuestro cuerpo se sienta cuidado y nuestra mente alentada y confortada. La lista podría ser radicalmente diferente a la del ejemplo, lo único importante es que sea algo que funcione para ti.

3. Date permiso para tratar de satisfacer esas necesidades de la manera que mejor te parezca, aunque sea de un modo imperfecto o intermitente. Sólo es necesario que lo intentes, y que tu motivación para intentarlo sea que seas consciente de que te mereces tener tus necesidades básicas cubiertas, y que al final del día te des cuenta de que, al fin y al cabo, el cubrir tus necesidades es tu responsabilidad. Este proceso puede parecer simple, pero las implicaciones son profundas. A diferencia del concepto de auto-cuidado anterior, en el que podíamos tener problemas para cumplir estándares alejados de nuestras posibilidades (visiones idealistas de gloriosos baños de burbujas perfumados, o paseos al atardecer en parajes idílicos) si permitimos que estos pocos elementos se conviertan en nuestra línea de base la tarea se facilita. Aunque no hayas hecho nada más hoy al menos habrás cumplido tu lista de necesidades prioritarias. Al recordar todo el tiempo anterior, en el que no te ocupadas de cumplir con tus propias necesidades de auto-cuidado, se benévolo contigo mismo, reconociendo tus circunstancias de aquel momento y las dificultades que tenías para centrarte en tu propio auto-cuidado, sin criticarte por ello. Date cuenta de dónde estás exactamente y comienza a encadenar actos casi infinitesimales de

Edanza num. 18  
Edanza num. 18  

Edanza num. 18 2013

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