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La jota, como decía Mariano de Cavia, ha hecho más por España que la espada y la política. Debe su fama al brío de ejecución y su imperio, aunque musicalmente considerada resulte a veces trivial.

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Pero, además de en Aragón, hay jotas en Valencia, Cataluña, Navarra, Extremadura, Baleares…, aunque la más famosa sea la aragonesa. Todas tienen similitud, cuando no sean exactamente iguales. Sobre su origen hay varias versiones, y casi todas ellas fantásticas. Unos dicen que su nombre es la herencia dejada a la posteridad por su inventor Abenjot, un árabe valenciano, poeta-músico del siglo XII, que llegó a Cataluña huyendo de su tierra. No falta quien asegura que la jota es un fandango, o que echa raíces en el canario. Se acompaña a la guitarra y es propio de parejas. No obstante, no es un baile que puede calificarse de personal. Su expresividad tiene un marcado carácter regional, o mejor dicho, nacional. Se trata de un indiscutible símbolo de España.

Pág. 50 sup.: “La jota”, obra de Francisco Marín Bagüés. Pág. 50 inf.: Susana y José de Udaeta bailando la jota. Pág. 51 sup.: “La jota. Aragón” de Joaquín Sorolla. Pág. 51 inf.: Mariemma y Antonio en la Jota del Sombrero de Tres Picos. Teatro La Scala

(Fragmentos del libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

Revista EDANZA num. 7  
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Revista EDANZA num. 7 5/2011

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