Page 51

Por Manuel López-Benito

LA ARMONÍA DE LAS ESFERAS (I): FILOSOFÍA DE LA MÚSICA Comentaba en el artículo de Historia de la Música Clásica “Grecia II” cómo Pitágoras aludía a la Armonía de las Esferas. Profundicemos un poco más en este concepto desde el punto de vista de la filosofía de la música. Pitágoras defiende que la relación matemática derivada del Número rige el mundo microscópico del alma y el macroscópico del Universo. Estas relaciones matemáticas pueden materializarse en una secuencia de sonidos. La leyenda establece que infirió esta suposición al escuchar tañer diversos martillos en una forja, observando que las alturas de los sonidos obtenidos obedecían a los pesos de los martillos, de manera que, por ejemplo, martillos cuyo peso estuviesen en la relación de 2:1 producían sonidos separados por una octava. La comprobación la hizo con el monocordio. Visitar el artículo mencionado mas arriba. Las esferas, los planetas, debían regirse por la misma ley. Concluyó que el tiempo que los planetas tardaban en recorrer su órbita determinaba la altura de su nota planetaria dentro de la escala musical celeste. Y las distancias interplanetarias eran responsables de los intervalos tonales. El Universo se convertía así en un gran “sonador” estructurado armónicamente por estas relaciones planetarias.

Cuando el matemático y astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) estudie y explique los movimientos planetarios, y enuncie sus famosas leyes, -Las Leyes de Kepler- que tantos de nosotros estudiamos en su día, va aproximarse a la música de las esferas para complementar lo expresado por Pitágoras. Kepler atribuye a cada planeta una sucesión de notas, otorgándole a la Tierra la sucesión mi-fa-mi. Entroncando con la teoría del ethos griego, la teoría de la carga moral del sonido, Kepler responsabilizó a esa secuencia de: “el hambre y el dolor que reina en este valle de lágrimas”. Recordemos que Europa estaba inmersa entonces en la devastadora Guerra de los Treinta Años. Para terminar este artículo citar que según el Génesis (4, 21), Jubal, descendiente de Caín es el patriarca de los tañedores de la cítara y la flauta (los dos instrumentos básicos de los griegos, -lira y aulós-, en su versión bíblica). Kepler establece que Apolo no es otro que Jubal, siendo Pitágoras, Hermes Trismegisto- tres veces grande- , el mensajero de los dioses del que deriva la Hermenéutica, ciencia de la interpretación de los textos, y al qué volveremos en posteriores artículos. Cierra, así, un círculo mágico que une la Mitología griega con el Antiguo Testamento y la música. Tendremos oportunidad de encontrarnos variantes de este círculo a lo largo del desarrollo de la Historia de la Música Clásica, aquí en clasica 2. El grabado que ilustra la entrada de hoy pertenece a la obra Theorica musicae de Franchinus Gaffurius (1451-1522), compositor y teórico italiano, que dota al Renacimiento italiano de un corpus doctrinal musical con sus tres obras fundamentales: Theorica musicae (1492), Practica musicae (1496) y De harmonia musicorum instrumentorum opus (1518). Fijaros que este grabado muestra a Jubal, arriba a la izquierda, vigilando a los herreros forjando con sus martillos. En los otros tres cuadrantes vemos como el filósofo griego experimenta su teoría de las relaciones matemáticas y la altura del sonido con campanas de diversos tamaños, vasos de agua con distintas cantidades de líquido, diversos monocordios y flautas de distintas longitudes.

(NR: Artículo gentileza de la Web: www.clasica2.com donde podéis encontrar los audios de las músicas que en él se citan)

49

Revista EDANZA num. 7  
Revista EDANZA num. 7  

Revista EDANZA num. 7 5/2011

Advertisement