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CENTRO FLAMENCO AMOR DE DIOS Texto: Marta Toca - Fotos: Javier Carmona Casi en la salida del metro de Antón Martín ya se puede percibir el susurro de una guitarra flamenca. A medida que se avanza por la calle Santa Isabel todo adquiere un ligero sentido de arte y tradición, mientras los acordes afinados van vibrando al ritmo de tus pasos. Situado justo encima de un mercado, el centro de Danza Española y Flamenco Amor De Dios se convierte en patrimonio artístico y cultural de la pasión flamenca. La primera vez que se acude a la escuela, una sensación de frialdad y soledad invade todo tu cuerpo; sin embargo, a medida que se avanza por los largos y oscuros pasillos sientes que vas formando parte de una gran familia. Un enorme tablón, ubicado en la entrada de la escuela, te da las pistas necesarias para hacerte una idea de las clases y cursillos que puedes recibir. Allí, algunos maestros ya se consideran clásicos. Es el caso de la Truco, Merche Esmeralda, Dagmara Brown, Paco Romero, Los Hermanos Reyes, Cristóbal Reyes, entre otros.

45 No obstante, eso no quita para que las nuevas figuras del flamenco (Alfonso Losa y María Juncal, por poner un ejemplo) puedan irse haciendo un hueco en este espacio, y superar con creces los veinte alumnos diarios en sus clases. A pesar de de ser la escuela de flamenco por antonomasia, un dato curioso del que no podemos prescindir es la escasez cada vez mayor de bailarines profesionales. Muchos maestros han asumido que sus clases han de ser de nivel medio y dedicadas casi en exclusividad a alumnos extranjeros provenientes de cualquier parte del territorio internacional. Hay días, que al entrar en el vestuario te das cuenta que nadie es autóctono español, pero que sin embargo, conocen y valoran nuestro arte mucho más que los propios españoles. Periodistas extranjeros acuden asiduamente para hacer reportajes sobre la escuela y publicarlos posteriormente en su país de origen, escapándoseles muchas veces el verdadero encanto del lugar. Amor de Dios no es sólo un centro de danza, es algo más. Es una convivencia diaria con el flamenco y sus artistas. Significa formar parte de un todo, de un espacio en el que cada rincón huele a arte. En

Revista EDANZA num. 7  
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Revista EDANZA num. 7 5/2011

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