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ANTONIO, EL BAILARÍN La danza llegó a Antonio Ruiz Soler (1921-1996) por puro instinto, cuando al son de un organillero, teniendo a penas 4 años, se puso a bailar y las mujeres desde los balcones le echaron monedas. De esta forma, aquel niño prodigio pudo llevar dinero a su madre para aliviar las penurias de su numerosa familia.

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Aprendió el flamenco del maestro Realito, y formó parte de su cuadro flamenco, y en su academia conoció a otra niña sevillana: Rosario, con la que formó la célebre pareja “Los chavalillos sevillanos”. Ambos perfeccionaron su danza con los mejores maestros de aquel tiempo, destacando su aprendizaje del estilo bolero en la academia de Ángel Pericet. Al estallar la Guerra Civil escaparon a América y los triunfos internacionales fueron sucediéndose en una espiran ascendente. Unos años después se separó de Rosario y fundó su propia compañía de ballet español. Es imposible rememorar en este breve espacio todos sus triunfos, pero sí apuntar que el gran Massine invitó a Antonio como bailarín de su “Sombrero de tres picos” en la Scala de Milán, lo que hizo acompañado de Mariemma en 1951. Ese mismo año rodó la película de Edgar Neville “Duende y misterio del flamenco”, donde inventó un nuevo palo de flamenco: el martinete.

Antonio niño con la Compañía del Maestro Realito

Antonio a los 3 años

Revista EDANZA num. 7  
Revista EDANZA num. 7  

Revista EDANZA num. 7 5/2011

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