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Bailes grotescos, como el “Ball de nans”, con una honda llamada a la piedad, que nos conmueve hasta lo más íntimo, y ante los cuales no se sabe si reír o llorar, porque deja un sabor agridulce en los labios. Otras veces encierran un contenido dramático, como la danza del “Hereu Riera”; motivos emulativos, como en los “panaderos”, muy populares en el siglo XIX, con tours, que recuerdan los movimientos de los panaderos al amasar el pan, o como en el “Ball de Traginers”, danzado en los hostales por los arrieros que apostaban sobre los palos de la cruz innumerables vasos de vino de sus francachelas, o nos recuerdan las opulencias del indiano, o las fiestas de los últimos días de la vendimia, o posibles derivaciones de viejas estudiantinas, o de danzas pírricas, más viejas todavía. Parodias de ahorcados, que se bailan con pañuelos; avemarías, danzas de las muchachas españolas que confían en casarse el día de Santa Lucía; “les caballet” o el baile de los caballitos, que aun se conserva en algunas localidades y consiste en un grupo de hombres o muchachos que conducen la figura del un caballo de cartón, o de otra materia, en el que se introducen por una abertura que le llega hasta los hombros, quedando tapado el conductor o bailador con una tela que imita la gualdrapa

del caballo. Hay saludos con sables, que llegan a blandirse, revistas de guardia, desfiles, una parodia militar con un regocijo animal que no carece de encanto. No falta la leyenda que atribuye su origen a una treta jugado a los moros por los vecinos de San Feliz de Payarlos, aprovechando el temor que tenían a la caballería cristiana.

Pág. 52 sup.: “Gitana bailando” (1881) por Edlfelt Albert Pág. 52 inf.: “Bailando bajo la arboleda” por Sorolla Pág. 53 sup.: “Danza en Granada” por Francisco Rodríguez Sánchez Clement

(Fragmentos del libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

EDANZA 8 7/2011  
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revista EDANZA 8 7/2011

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