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tiene el raro privilegio de ser la cuna y solera del cante jondo.

su ejecución, que permanece unida al recuerdo de sus intérpretes.

Ya los romanos del Imperio tenían a nuestras bailarinas gaditanas por las más bellas del mundo. Tuvieron el alto honor de ser cantadas por sus poetas y comentadas por sus historiadores.

Tal es el caso del Olé de la Curra, de la que se conserva un retrato en el Alcázar de Sevilla y a la que los maestros de la danza veían como la más perfecta encarnación del Olé.

Hay textos de Marcial, Juvenal, Plinio, referentes a estas bailarinas andaluzas que figuraron en caso todos los festines de Roma como uno de los principales atractivos. Propio de la danza andaluza es la influencia del pueblo gitano, que si bien no tiene bailarines propio, sino danzas rituales, en casi todos los bailes de la región se aprecian sus improntas vivamente acusadas.

(Fragmentos de libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

Pecaríamos de reiterativos si nos detuviésemos en los bailes andaluces, inseparablemente unidos en las interpretaciones de nuestros grandes bailarines, de los que hablaremos constantemente. La nueva enumeración serían interminables: cachucha, chacarrás, chairos, granadinas, jaleos, olés, rondeñas, los seises sevillanos, el vito, la zambra, el zapateado… Hay danzas populares andaluzas que, a causa de su simplicidad, exigen una gracia extraordinaria en

Pág.48 sup.: Amparo Álvarez, La Campanera, en un grabado de Gustavo Doré Pág.48 inf.: Retrato de Lolita, obra de Ignacio Zuloaga Pág.49sup.: Fotografía del maestro Otero bailando con su esposa la danza de “La maja y el torero” Pág.49 inf.: Grabado de la bailarina Fanny Elssler interpretando la cachucha

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Edanza número 6 marzo-abril 2011  
Edanza número 6 marzo-abril 2011  

-Edanza número 6 marzo-abril 2011

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