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SÍNDROME DE DEPRESIÓN POST-VACACIONAL Mª José Tenorio

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Seguro que habéis oído hablar del síndrome de depresión post-vacacional, ese periodo de desdicha y desánimo por el que pasan algunas personas al regresar a sus rutinas habituales después de las vacaciones. Por supuesto, a los bailarines también les afecta, y aunque pasar por ello es hasta cierto punto normal, es importante saber cómo afrontar la vuelta nuestras ocupaciones con una actitud optimista y positiva para que dure lo menos posible. En este artículo os proponemos una serie de consejos para poder superar este problema cuánto antes. Lo cierto es que, aunque no hay acuerdo unánime en la comunidad científica sobre si debe considerarse o no como tal, se define como un síndrome que suele presentar unos síntomas muy parecidos a los de una depresión clínica: sensación de apatía, desánimo, irritabilidad, dificultad para relacionarse con los demás, insomnio, etc. En casos graves puede llegar a provocar estados de ansiedad, trastornos digestivos y taquicardias. Su detonante principal es la vuelta a la rutina después de un prolongado periodo de vacaciones, aunque el cambio en los horarios y la modificación de las horas de sueño contribuyen también. Los días de ocio y disfrute dan paso a las largas jornadas de clases, ensayos, actuaciones y a las responsabilidades que conllevan, por lo que es lógico y normal que en algunos momentos aparezca la sensación de desánimo. El verdadero problema surge cuando esa sensación de desánimo generalizado se prolonga demasiado en el tiempo, es decir, durante más de dos semanas. El primes consejo que puede ser útil, parece una obviedad, pero es fundamental: Tómate el día con filosofía. De nada servirá lamentarse y amargarse sin sentido. En lugar de pensar en lo bien que lo pasaste en vacaciones y lo duro y triste que resulta estar de vuelta en el estudio, tómate tu primer día de trabajo como una jornada laboral más. Así conseguirás quitarle dramatismo al asunto. Por otra parte, no olvides que la vuelta a la rutina no sólo supone una vuelta a las responsabilidades y a las exigencias, sino que también es un reencuentro con los compañeros y amigos y, sobretodo, con lo que más te motiva en el mundo, la danza…..aunque de vez en cuando pases por momentos amargos, si sigues ahí, agarrado/a a la barra, esforzándote cada día, es porque es tu vocación. Recuerda el gran privilegio que supone poder dedicarse en cuerpo y alma a aquello que realmente amas y llena tu vida de sentido. ¡No todo el mundo es tan afortunado!

En segundo lugar, no esperes llegar al estudio y empezar a trabajar al mismo ritmo y con el mismo nivel que el día que lo dejaste desde el primer momento, tómate tu tiempo para ponerte en forma. Seguro que durante el verano has seguido haciendo ejercicio, estirándote, etc. así que ten confianza en que pronto estarás “a punto”, pero se paciente y amable contigo. Márcate un plazo razonable para llegar poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, al punto en que estabas antes de tus vacaciones. Organízate, márcate una línea de trabajo y unos objetivos a conseguir en tu primera semana de trabajo. Verás que, poco a poco, irás recuperando el tono físico y el ritmo de trabajo al que estabas acostumbrado antes de irte de vacaciones. Si aún así ves que te cuesta un poco acostumbrarte otra vez a la rutna, no desesperes, no eres el único que está pasando por esta situación. Cuando te quieras dar cuenta ya no sentirás esa sensación de desasosiego cada vez que tengas que ir al estudio. ¡No te obsesiones! Márcate nuevos objetivos e ilusiones. Estar recordando todo el tiempo los días pasados y atormentarte pensando en que aún te quedan muchos meses para las próximas vacaciones es un error que sólo hará que te deprimas aún más. Piensa que puedes aprovechar los fines de semana, que el calendario laboral está poblado de días festivos y que puede que incluso la vida te sorprenda con algún que otro día libre inesperado por disfrutar. árcate proyectos y metas que alcanzar a través del trabajo diario, con esto lograras acudir a las clases con la ilusión propia de quien persigue un sueño. Intenta mejorar las cosas en el trabajo. Pero no nos engañemos, ¡no todo es de color de rosas! Un profe, coreógrafo o director despótico, un compañero al que no soportas, un suelo inadecuado que te destroza la espalda y te sobre carga las piernas, un proyecto que no sale, etc. Aún si uno tiene la inmensa suerte de estar enamorado de su trabajo siempre habrá cosas que no sean de su agrado. Si este es tu caso ponte manos a la obra para cambiar aquello que no te gusta. Nadie te garantiza que lo vayas a conseguir, pero por lo menos te quedará la satisfacción de haberlo intentado. Establece flujos de comunicación más fluidos, haz que tu punto de vista sea escuchado y tenido en cuenta, si algo no te parece bien hazlo saber. Te sentirás mucho más implicado en tu trabajo, y ello hará que la vuelta al mismo no se haga tan costosa.

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