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Por Gabriel M. Olivares

LA DANZA ESPAÑOLA VISTA POR GUSTAVO DORÉ (y III) Acompañándose de las elocuentes ilustraciones de Doré, Davillier continúa su recorrido por las danzas españolas con el Bolero, cuyo origen remonta al siglo XVIII, y su invención a un bailarín de la época de Carlos III, Sebastián Cerezo, que lo dio a conocer en 1780, aunque este baile procedería de otros anteriores como la Chacona, la Zarabanda, e incluso las Seguidillas. Entonces solo se bailaba por parejas en los teatros, donde el bailarín y la bailarina, usando las castañuelas, se enfrentaban tras dar media vuelta, pero el papel principal era siempre el de la bailarina. Más antiguo y popular era el Fandango, ya conocido desde el siglo XVII, del que se decía que no solo lo bailaban las personas de”baja condición”, sino también las mujeres” más nobles y de encumbrado nacimiento”. Lo podía bailar un hombre solo, o una mujer, o se bailaba también por parejas.

De aquí, la atención de los viajeros pasa de Andalucía a otras regiones españolas, y da comienzo un repaso por el resto de las danzas peninsulares. De La Mancha destacan las Seguidillas, ya mencionadas anteriormente. Cervantes, en el capítulo XVIII de Don Quijote, dice de ellas que son “la confusión de las almas, el transporte de la risa, la agitación de los cuerpos y finalmente el encanto de todos los sentidos”. Mateo Alemán se refiere a ellas en el “Guzmán de Alfarache”, y algunos tratadistas decían de ellas que eran las danzas más antiguas de España después de las danzas en corro o la Danza Prima. No había comarca que no tuviera su versión de las Seguidillas, aparte de las andaluzas o las manchegas, había seguidillas vascas, zamoranas, gallegas, pasiegas, etc. Y cada modalidad reflejaba el carácter de los habitantes de esa zona. Doré tomó bocetos de ellas en diversos lugares de España.

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http://www.edanza.net/ant.php?id=123  
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