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Como violinista, es increíble que en aquellos tiempos se pudiese tocar todo lo que él escribió pero también es impensable que nadie escriba algo que no pueda interpretar. Tocar las extensiones, octavas digitadas, armónicos dobles (que suponen una gran independencia entre los dedos) décimas, etc, solamente se puede comprender si se tiene una mano excepcionalmente grande, y éste no era el caso. Según me contó el profesor de violín en Génova, Renato De Barbieri, cuando fue abierto el ataúd de Niccolo Paganini, se pudo comprobar, pues el cuerpo estaba embalsamado, que curiosamente sus manos eran relativamente pequeñas, en contra de lo que algunos dibujantes y escultores de la época nos habían hecho creer. Por tanto, la explicación está en que Paganini padecía un síndrome, la híper laxitud ligamentosa, que también tienen algunos artistas del circo. Pero en fin, volviendo a la música, Paganini escribió 6 conciertos para violín de inspiración propia, muchas obras para violín Solo, o con acompañamiento de piano. En su mayor parte tomaba temas de diferentes óperas y escribía unas variaciones a cada cual más difícil, aunque también he de decir interesantes y divertidas (para el oyente). Los temas de los conciertos son suyos e inspiradísimos, aunque el acompañamiento es muy sencillo, poco elaborado. Pero hasta esto podría ser voluntario, para no distraer al oyente de la melodía y del interés virtuosístico.

En todo caso, para mí, la obra más importante, absolutamente genial, es la que constituyen los 24 Caprichos para violín Solo. Tienen un contenido didáctico extraordinario y a mí me parecen sencillamente preciosos, pero claro, han de estar bien interpretados. Hay en ellos una inventiva, una melodía. Vamos a decir que suelen contener una parte melódica y otra virtuosística. Pienso en los nº3, 4, 6, 7, 11, 13, 15, 20, etc. Y siempre está presente ese afán didáctico. Pero hay que respetar lo escrito, no facilitar. Por ejemplo, en la parte rápida del nº11, hay una indicación del autor “contro” que significa que hay que tocarlo todo con los arcos cambiados. Muchos violinistas del siglo pasado han publicado ediciones de estos caprichos en las que han corregido e incluso cambiado algunas notas, pero sin mejorar en absoluto la línea melódica. Hoy en día existe una edición totalmente fiel, la de Renato de Barbieri, que los recoge todos tal y como los escribió Paganini. Es por tanto, la que yo recomiendo. La verdad es que de esta obra se podría estar escribiendo durante horas, pero como siempre, no quiero ser demasiado técnico, y sí contar sólo lo que la música me cuenta a mí.

Niccolo Paganini

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