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Interferencias culturales Texto y fotos: Marta Toca

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Si buscamos en el diccionario de la Real Academia la palabra Interferencia nos encontramos con la siguiente definición: Acción recíproca de las ondas, de la cual puede resultar, en ciertas condiciones, aumento, disminución o anulación del movimiento ondulatorio. Esto es precisamente lo que ocurrió el pasado Julio. Mientras España entera se manifestaba por la ola de los recortes, la onda de los bailarines quedó prácticamente anulada en la concentración de artistas frente al Ministerio de Cultura. Y es que ha sido un mes motivado por las ondulaciones artísticas. Unos se van y otros vuelven pero pocos fueron los que se acercaron a la Plaza del Rey para mostrar sus quejas contra una subida del IVA totalmente desproporcionada. Los bailarines tendrían otras preocupaciones, como ponerse las pilas para la audición del Ballet Nacional de España. Y a los directores de las diversas compañías de danza en España parece que les dio un poco igual. Sin duda una interferencia cultural que sorprende a los que de esto debemos hacer una crítica. Parece que las ondulaciones se dirigían más a lograr por fin entrar en una compañía estatal de danza como es el BNE, que en esta ocasión se convirtió casi en un reto histórico. Ya no existe cantera y Antonio Najarro presentó una convocatoria para cubrir nada más y nada menos que 15 plazas. Algo insólito en los últimos años. Volvieron las ganas y el esfuerzo de más de un centenar de bailarines que cogieron sus zapatos y palillos y se acercaron a la sede del Nacional. El objetivo: mostrar sus habilidades con la ilusión de entrar en una compañía en la que el bailarín sigue manteniendo uno de los derechos más importantes de los trabajadores: cobrar todos lo meses. Y claro, esto sin duda es mucho más importante que la subida del IVA. Por eso el ruido se hizo desde las aulas. Cerca de un mes entero bailarines que hacía tiempo que no se agarraban a la barra decidieron de nuevo ponerse en forma para poder ser los elegidos. Y los que sí que estaban en forma siguieron en ello. Otros se dieron cuenta de que aunque la Escuela Bolera parecía muerta, en el Ballet Nacional sigue existiendo, por lo que sus esfuerzos fueron encaminados a los saltos y a los quiebros. Y los que sin duda han llenado las arcas del verano han sido los bailarines avispados que han visto en esto un buen negocio. Dar clases de de danza de todos los estilos y niveles durante el mes de julio. No importa el precio, ni la hora, ni el calor, ni el tamaño de las aulas; porque en esta ocasión todos apuestan por ellos mismos y quieren ser los mejores para que Najarro se fije en ellos. Incluso el Real

Conservatorio Profesional de Danza tenía su oferta. Podías elegir una sola clase al día o podías elegir tres y prepararte como es debido. Esta fue la actitud ondulatoria del mes del julio. Y aunque hubo más plazas que nunca sólo unos cuantos pasan a mejor vida, o a lo que es lo mismo: mejores condiciones de trabajo. Condiciones que en este país casi brillan por su ausencia. Porque que la cultura pase del 8% a un 21% de IVA significa que está en peligro de extinción. Y más esta cultura, la danza, la siempre olvidada por los políticos y por los ciudadanos. Por eso si los propios protagonistas olvidáis vuestros derechos como ciudadanos y como trabajadores poco se puede hacer, porque básicamente poco seréis escuchados por los que en su poder tienen la varita de los recortes. Un privilegio que desborda al movimiento artístico, pero si el grito silenciosos de los bailarines no se oye ni se oyó en Sol ni frente al Ministerio, para algunos, desgraciadamente sois inexistentes. Sin duda la interferencia artística ha nublado los verdaderos valores de los que del arte depende su día a día.

Edanza 15  
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Edanza 15 sept

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