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bastante avanzada, ejecutaron las danzas a la vez que cantaban su música, impulsados por las tiernas añoranzas de su juventud. Casi todos los viejos que podían bailar estos bailes cuando se inició el proyecto han muerto ya, de tal suerte que la idea se lanzó a tiempo. La señora de Aquino, que era profesora de Cultura Física de la Universidad del Estado, enseñó estos bailes a chicos y chicas de aquel centro docente. Más adelante, cuando el doctor Jorge Bocobo fue nombrado rector de dicha institución en 1934, se dio mayor empuje a la empresa cultural, que continuó aun con mayor ahinco su sucesor en el cargo Bienvenido M. González. En 1939, cuando el doctor Bocobo fue llamado por el Presidente Quezón a la cartera de Instrucción Pública, la señora de Aquino fue trasladada al departamento del Minsterio para que continuase sus trabajos en una esfera más dilatada. De resultas de estos empeños, en noviembre de 1941 habían aprendido, dos millones de escolares en todo el país habían aprendido a bailar la jota, el fandango en sus distintas variedades, el chotis, la polva, la mazurca, la virginia y otros bailes que los españoles habían enseñado en Filipinas a la generaciones pretéritas. Hoy, cerca de cinco millones de alumnos en las escuelas públicas y privadas saben ejecutar estos bailes. Y aunque en Filipinas las últimas promociones apenas hablen castellano, todo

lo que tenga relación con España, como sus bailes, es un signo de distinción y señorío. El ejemplo filipino no es sólo una muestra de cariño, sino algo que honra a un país por la sabiduría y previsión de sus gobernantes; por el grado de cultura artística, tan sano como difícil, de su élite cultural de dirigentes; por el empeño aislado de un país oriental que ama y siente a occidente, tanto más digno de destacarse por ser el primero dentro de la comunidad de pueblos hispánicos que se ha hecho con el baile español, una labor que los mismos españoles estamos aun muy lejos de poder imitar. Por tal motivo, ya que el objeto del presente artículo es hablar de la Hispanidad de nuestros bailes en Sudamérica, en el mundo negro y en Oriente, vamos a empezar por los bailes filipinos.

-Imagen sup.: Grupo Flamenco de Manila. De iz. a dcha., Concepción Uichaco, Josefina Márquez, Elvira Domingo, el maestro Guillermo Gómez Rivera y su hija Rosa Pineda.

(Fragmentos del libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

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Edanza-14 2012

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