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Así, hasta las danzas grotescas, carnavalescas, con tenoras evocadoras, campesinas; coblas domingueras estridentes; tirolinas montañeras de pastores, que emparentan vagamente con la Bourré de la Auvernia francesa, y en ciertos momentos coinciden en espíritu y en gesto con danzas de regiones aun más lejanas como la Savoya y el Tirol.

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Con motivos semejantes existen danzas en todas las regiones de España, muchas de ellas mistificadas y con fáciles orillas de bandurrias, acordeón, violines y aires vulgares que las han ido desnaturalizando y desvirtuando, aunque todas en el fondo conserven un sello especial que las hace inconfundibles. La sardana A propósito de la sardana, hay quienes dicen que no se remonta más allá de a mediados del siglo XIX. Para otros, sin embargo, es una danza primitiva, inclusive, de carácter solar. Sus bailarines, tomados de la mano, forman un círculo. Hay una entrada que recuerda el canto del gallo anunciador del día, y que anuncia el comienzo del baile. Se empieza con los tiempos cortos, que simbolizan las horas de la noche, apenas sin movimiento, acompañada de una triste melodía. Siguen los tiempos largos; el movimiento, entonces, es más pronunciado y la música interpreta un aire alegre, indicando la proximidad del alba. Termina la danza con tiempos todavía más largos, que simbolizan las horas alegres, plenas de satisfacción y de vida. Así, en las veinticuatro medidas que forman la sardana se intenta buscar un apoyo a la tesis que atribuye esta danza un origen solar, correspondiente a las veinticuatro horas del día.

Pág. 56: Dibujo sobre azulejo Pág. 57 inf. iz: Ilustración publicitaria Pág. 57 sup. dcha.: Dibujo de la sardana por Pablo Picasso Pag. 57 inf. dcha.: Monumento a la sardana

(Fragmentos del libro “El enigma de España en la danza española” de Vicente Marrero. Ed. Rialp. Madrid 1959)

Edanza 10  
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Edanza 10 2011