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te. ¿A qué bailarín/a no le resultan familiares estas expresiones?: “Si alguien hace una clase o representación, o algún ejercicio o variación, mejor que yo, entonces me siento como si yo no hubiera hecho nada bien.” “Me da la sensación de que los demás aceptan estándares más bajos de sí mismos que yo.” “Mis padres quieren que yo sea el mejor en todo.” “Cuando era niño, me castigaban por hacer las cosas de manera imperfecta.” “Tiendo a no avanzar en mi trabajo porque repito las cosas una y otra vez.” “La pulcritud es lo más importante para mí.” Cada una de estas declaraciones nos muestra una faceta del perfeccionismo: La preocupación por los errores: Los perfeccionistas tienden a interpretar los errores como equivalente al fracaso y creen que van a perder el respeto de los demás después de un fallo. Altos estándares personales: Los perfeccionistas no solo establecen para sí mismos niveles de eva-

luación muy altos, sino que además dan una importancia excesiva a dichas normas de auto-evaluación. Expectativas de los padres: Los perfeccionistas tienden a sentir que sus padres establecen metas muy altas para ellos. Críticas de los padres: Los perfeccionistas perciben que sus padres (o maestros) son (o eran) demasiado críticos con ellos. Duda por sistema: Los perfeccionistas siempre dudan de su capacidad para realizar las tareas. Organización: Los perfeccionistas tienden a enfatizar el orden. Tener altos estándares de exigencia, o ser ordenada, no implica necesariamente que una persona sea perfeccionista. Son condiciones necesarias, pero no suficientes. De hecho, “La mayoría de las personas que tienen éxito se han puesto el listón muy alto para sí mismos”, comenta Frost. “Y sin embargo, suelen ser felices”. Lo que convierte estas actitudes en un problema y la vida en un dolo-

EDANZA 9 9/2011  
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EDANZA 9 sept 11