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LA SOCIEDAD ÉTICA. INDICADORES PARA EVALUAR ÉTICAMENTE UNA SOCIEDAD Juan Carlos Siurana


LA SOCIEDAD ÉTICA. INDICADORES PARA EVALUAR ÉTICAMENTE UNA SOCIEDAD Juan Carlos Siurana

COLECCIÓN SIGLO XXI: ÉTICA ACTUAL

PROTEUS


Dirección Editorial: Miquel Osset Hernández Diseño gráfico de la colección: CanalGràfic Diseño editorial: Ana Varela Fotografía de la portada: © Ana Varela

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Primera edición: mayo 2009

© Juan Carlos Siurana © para esta edición: Editorial Proteus c/ Rossinyol, 4 08445 Cànoves i Samalús

www.editorialproteus.com Depósito legal: ISBN: 978-84-936999-6-3


ÍNDICE Introducción: Un viaje al país de la ética.................................................................................13 Desear un mundo más justo, es el primer paso (p. 13) — La fábrica de teorías sobre la justicia (p. 15) — El gabinete de ética aplicada (p. 17) — Ramas de la ética aplicada (p. 19) — Una mirada desde las alturas (p. 20) — Caso de ética aplicada (p. 23) PRIMERA PARTE: ESFERAS DE LA SOCIEDAD ÉTICA

La política..................................................................................................................................31 Analizar críticamente el liberalismo y el socialismo (p. 31) — Modelos de participación ciudadana (p. 34) — Participar en los ámbitos de la sociedad que nos afectan (p. 36) — Autonomía de los ciudadanos en lugar de corrupción (p. 37) — Conclusiones (p. 39) — Anexo 1. Indicadores para evaluar éticamente la política en una sociedad (p. 39) — Bibliografía (p. 41) La economía.............................................................................................................................43 Reglas éticas para una economía liberal (p. 43) — Cubrir necesidades básicas como justicia económica (p. 46) — Un consumo ético (p. 48) — Los retos de una economía globalizada (p. 50) — Conclusiones (p. 53) — Anexo 2. Indicadores para evaluar éticamente la economía en una sociedad (p. 53) — Bibliografía (p. 55) La impartición de justicia.........................................................................................................57 Impartir justicia: un poder y un servicio (p. 57) — Cuando el legalismo y la burocracia asfixian a la ética (p. 59) — Desarrollar la ética en la actividad judicial (p. 61) — Ética de la abogacía (p. 64) — Conclusiones (p. 68) — Anexo 3. Indicadores para evaluar éticamente la impartición de justicia en una sociedad (p. 68) — Bibliografía (p. 70) El medio ambiente...................................................................................................................71 Daños actuales al medio ambiente (p. 71) — Los derechos de la Tierra (p. 73) — El trato a los animales y las plantas (p. 75) — Antropocentrismo como ética del medio ambiente (p. 79) — Conclusiones (p. 81) — Anexo 4. Indicadores para evaluar éticamente la relación de una sociedad con el medio ambiente (p. 82) — Bibliografía (p. 84)


Las empresas............................................................................................................................87 Origen y desarrollo de la ética empresarial (p. 87) — Ética, responsabilidad social y stakeholders (p. 88) — Fines y rasgos de las empresas éticas (p. 90)— Mecanismos de gestión ética en las empresas (p. 93) — Conclusiones (p. 97) — Anexo 5. Indicadores para evaluar éticamente las empresas en una sociedad (p. 98) — Bibliografía (p. 100) La sanidad...............................................................................................................................103 La bioética y las metas de la medicina (p. 103) — Los principios de la bioética (p. 105) — La jerarquía en los principios (p. 109) — La aspiración a la calidad de vida (p. 112) — Conclusiones (p. 113) — Anexo 6. Indicadores para evaluar éticamente la sanidad en una sociedad (p. 114) — Bibliografía (p. 116) El periodismo..........................................................................................................................119 Los periodistas como profesionales (p. 119) — Las metas del periodismo (p. 124) — Códigos de ética periodística (p. 125) — Los ciudadanos en una sociedad mediática (p. 129) — Conclusiones (p. 130) — Anexo 7. Indicadores para evaluar éticamente el periodismo en una sociedad (p. 131) — Bibliografía (p. 133) La ingeniería..........................................................................................................................135 La finalidad de la ingeniería (p. 135) — Tecnologías intermedias y la necesidad de ética en la ingeniería (p. 137) — La relación de la ingeniería con otros ámbitos sociales (p. 139) — El contenido de los códigos de ética en ingeniería (p. 143) — Conclusiones (p. 144) — Anexo 8. Indicadores para evaluar éticamente la ingeniería en una sociedad (p. 145) — Bibliografía (p. 146) La informática y las telecomunicaciones................................................................................149 Cuestiones éticas en la informática y las telecomunicaciones (p. 149) — La ética del hacker (p. 154) — La brecha digital (p. 156) — Códigos de ética para la ingeniería informática (p. 158) — Conclusiones (p. 160) — Anexo 9. Indicadores para evaluar éticamente la informática y las telecomunicaciones en una sociedad (p. 160) — Bibliografía (p. 162) La arquitectura.......................................................................................................................165 Los fines de la arquitectura y grupos de afectados (p. 165) — Cuestiones éticas en la arquitectura (p. 167) — Las cinco lentes éticas de la arquitectura (p. 168) — Reglas de conducta (p. 172) — Conclusiones


(p. 174) — Anexo 10. Indicadores para evaluar éticamente la arquitectura en una sociedad (p. 174) — Bibliografía (p. 176) El arte......................................................................................................................................177 Aspectos éticos en la producción artística (p. 177) — Ética de los profesionales de museos (p. 181) — Ética de los profesionales de la conservación-restauración de arte (p. 183) — El artista como creador de valores (p. 185) — Conclusiones (p. 187) — Anexo 11. Indicadores para evaluar éticamente el arte en una sociedad (p. 188) — Bibliografía (p. 189) El deporte................................................................................................................................191 Finalidad del deporte y grupos de afectados (p. 191) — El deporte como desarrollo personal y fuente de optimismo (p. 194) — La sociedad y el deporte (p. 197) — La ética en el deporte como «juego limpio» (p. 198) — Conclusiones (p. 201) — Anexo 12. Indicadores para evaluar éticamente el deporte en una sociedad (p. 201) — Bibliografía (p. 203) La investigación......................................................................................................................205 Finalidad de la investigación (p. 205) — Aspectos éticos en la tarea de la investigación (p. 207) — Ética en la ciencia y la tecnología (p. 209) — La democratización de la ciencia y la tecnología (p. 213) — Conclusiones (p. 216) — Anexo 13. Indicadores para evaluar éticamente la investigación en una sociedad (p. 217) — Bibliografía (p. 218) La educación...........................................................................................................................221 Los fines de la educación (p. 221) — Principios de la profesión docente (p. 222) — El docente universitario y la vocación (p. 224) — Código deontológico de la educación (p. 227) — Conclusiones (p. 229) — Anexo 14. Indicadores para evaluar éticamente la educación en una sociedad (p. 230) — Bibliografía (p. 232) SEGUNDA PARTE: DESAFÍOS PARA LA SOCIEDAD ÉTICA

El desafío de la pobreza, el hambre y el acceso a medicamentos básicos...........................235 La ética para el desarrollo (p. 235) — La pobreza (p. 237) — El hambre (p. 239) — El acceso a medicamentos básicos (p. 241) — Conclusiones (p. 243) — Anexo 15. Indicadores para evaluar éticamente cómo una sociedad afronta el desafío de la pobreza, el hambre y el acceso a medicamentos básicos (p. 245) — Bibliografía (p. 247)


El desafío de los conflictos multiculturales............................................................................249 Definición de «cultura» (p. 249) — El multiculturalismo (p. 250) — ¿Relativismo o interculturalidad? (p. 253) — Elementos y valores de la ética intercultural (p. 255) — Conclusiones (p. 258) — Anexo 16. Indicadores para evaluar éticamente cómo una sociedad afronta el desafío de los conflictos multiculturales (p. 259) — Bibliografía (p. 261) El desafío de la drogadicción..................................................................................................263 Definición de «drogas» (p. 263) — La evolución de la legislación sobre las drogas a nivel internacional (p. 264) — El debate sobre la despenalización (p. 268) — Por una cultura de la responsabilidad ante el tema de las drogas (p. 270) — Conclusiones (p. 273) — Anexo 17. Indicadores para evaluar éticamente cómo una sociedad afronta el desafío de la drogadicción (p. 274) — Bibliografía (p. 275) El desafío de la violencia de pareja.........................................................................................277 La libertad republicana como no-dominación y la violencia hacia las mujeres en la pareja (p. 277) — La violencia psicológica como dominación del otro (p. 279) — Situaciones de violencia, situaciones de dominación (p. 283) — Una respuesta republicana a la violencia hacia las mujeres (p. 286) — Conclusiones (p. 287) — Anexo 18. Indicadores para evaluar éticamente cómo una sociedad afronta el desafío de la violencia de pareja (p. 288) — Bibliografía (p. 290) El desafío del terrorismo y la guerra ......................................................................................293 Las personas violentas y la violencia política (p. 293) — El terrorismo (p. 295) — La guerra (p. 297) — Sobre la paz perpetua (p. 302) — Conclusiones (p. 304) — Anexo 19. Indicadores para evaluar éticamente cómo una sociedad afronta el desafío del terrorismo y la guerra (p. 305) — Bibliografía (p. 307) El desafío de la transformación genética...............................................................................309 Los peligros de la Nueva Genética (p. 309) — Respetar el orden natural (p. 313) — Evitar la pendiente deslizante (p. 315) — La amenaza de la eugenesia (p. 316) — Conclusiones (p. 320) — Anexo 20. Indicadores para evaluar éticamente cómo una sociedad afronta el desafío de la transformación genética (p. 321) — Bibliografía (p. 323) Epílogo: Sobre los indicadores para evaluar éticamente una sociedad...........................325


A Diana


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INTRODUCCIÓN: UN VIAJE AL PAÍS DE LA ÉTICA DESEAR UN MUNDO MÁS JUSTO, ES EL PRIMER PASO

Cada día tomamos un sinfín de decisiones con implicaciones éticas. A veces, las meditamos con cuidado, pero otras las llevamos a cabo casi sin pensar. Al anochecer, cuando apagamos las luces de nuestra habitación y nos disponemos a dormir, algunas de esas decisiones aparecen de pronto en nuestra mente para impedir nuestro ansiado descanso. Imaginemos algunos ejemplos que podríamos descubrir en las mentes de muchos seres humanos durante una noche cualquiera. Raimundo es empresario y en la noche escogida se pregunta lo siguiente: «¿Debí despedir a Blas sabiendo que su sueldo era el único ingreso de su familia?» Teresa es profesora en la universidad y su pregunta es: «¿Debo aprobar al hijo de mi amiga Irene, sabiendo que si no lo hago tendré problemas con ella?» Eva es arquitecta, tiene un puesto de cierta responsabilidad en el sector de la construcción, pero ha tenido que encender la luz de su dormitorio, se ha puesto las zapatillas y ha caminado hasta la cocina para prepararse una infusión que la tranquilice. Al llegar a la cocina, una pregunta le sigue abordando: «¿Debería hacer público que mi empresa está incumpliendo normas importantes de seguridad laboral?» Estas preguntas, y otras miles que podríamos imaginar, necesitan una respuesta, y no vale cualquier respuesta, tiene que ser razonada y sentida como válida, tiene que convencernos internamente. Porque quizás logremos a veces engañar a otras personas, pero a nosotros mismos no podemos engañarnos. El descanso de nuestra conciencia sólo se alcanza si realmente pensamos que hemos actuado correctamente.


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Una de las principales tareas de la ética es la de pertrechar al ser humano con argumentos sólidos para distinguir lo correcto de lo incorrecto, lo justo de lo injusto. Algunas personas piensan que todo a nuestro alrededor es corrupción y egoísmo, que «las cosas son como son» y que no podemos cambiarlas. Pero los libros de ética son para las personas que saben leer en el corazón de los que le rodean y que están convencidas de que «las cosas podrían ser de otra manera». Son libros para las personas que se conmueven ante la pobreza y la falta de libertades, que desean conocer cuál es el camino a seguir para llegar a una situación de mayor justicia, y que quieren colaborar en esa tarea. A este tipo de seres humanos yo les llamo los «buscadores». Si usted pertenece a la estirpe de los buscadores, este libro le resultará entonces de gran provecho, porque le acompañará en su loable tarea. Hoy le presento un libro que he escrito sobre lo que sería una sociedad ética, donde me atrevo a aportar, en cada capítulo, doce indicadores para evaluar éticamente una sociedad. Con ello no pretendo ser exhaustivo, pero sí mostrar una visión general de cuáles son los principales ámbitos desde los cuales podríamos construir una sociedad más ética. Pero antes de comenzar a leer cada uno de los capítulos que contiene este libro, me ha parecido necesario recordarle, aunque sólo fuera a vista de pájaro, qué es esto de la ética. Sé que muchos piensan que los que nos dedicamos a la ética somos algo así como «extraterrestres», porque no parecemos de este mundo, y eso hace más difícil encontrar las palabras adecuadas para explicar en qué consiste este maravilloso saber. Por eso he decidido simplemente asumir la tarea de abrirle a usted la puerta de mi nave espacial y hacerle de guía turístico durante los breves minutos que dure este vuelo. En la introducción a este libro, vamos a visitar el País de la Ética, un lugar que sólo los buscadores desean conocer. Si, como sospecho, usted es una de esas personas, colóquese bien el casco, ajústese el cinturón y agárrese fuertemente al asiento, porque vienen curvas.


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LA FÁBRICA DE TEORÍAS SOBRE LA JUSTICIA

Los buscadores desean un mundo más justo, pero ¿qué forma y qué características tendría ese mundo más justo? Para responder a esa pregunta voy a presentarle el primer lugar de mi país. En el País de la Ética, unos trabajadores muy bien considerados son los que trabajan en la «Fábrica de Teorías sobre la Justicia». Allí se producen y se debaten las teorías sobre lo que es justo o injusto. A continuación nombraré a algunos de los trabajadores de esa fábrica: Para Anaximandro, que charla con nosotros desde el siglo VI a. C., la justicia es algo muy parecido al equilibrio o la armonía. Frente a ella, la injusticia sería un desequilibrio similar al que se produce a veces en la Naturaleza, sería como una tormenta que hace desbordar un río y consigue que un pueblo entero se inunde creando una situación caótica. Sólo cuando las aguas vuelven a su cauce y la vida vuelve a funcionar de manera ordenada se recupera de nuevo la armonía, es decir, la justicia. Cuando un delincuente roba o agrede a otra persona, rompe también la armonía de la ciudad. Si asumimos el descubrimiento de Anaximandro, entonces querer un mundo más justo significa querer un mundo donde reine la armonía, donde reine el equilibrio, donde no haya altercados, ni deseos constantes por rebelarse de manera violenta contra lo establecido. Pero, ¿cuáles son las características de un mundo armónico? ¿Cómo se conseguiría ese orden estable de la sociedad? Platón, contratado en la fábrica desde mediados del siglo IV a. C., piensa que ese mundo armónico es un mundo organizado de tal modo que cada cual ocupa el lugar que le corresponde, de acuerdo a sus capacidades. Cada uno de nosotros tiene unas dotes especiales para realizar un determinado trabajo. Lo importante es educar a los ciudadanos para descubrir qué dotes tiene cada uno y luego que los diversos puestos de trabajo los vayan ocupando las personas más capacitadas para ello. Entre las ideas de Aristóteles, discípulo de Platón, destaco que para él la justicia es la unión de todas las virtudes. Y que la persona virtuosa busca el bien de su ciudad-Estado, siendo capaz de encontrar el punto medio entre modos extremos de actuar. Damos ahora un salto hasta el siglo XVIII, para recordar el pen-


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samiento de Kant, quien asegura que no existirá jamás una situación de armonía duradera si las leyes sólo se aplican en un Estado. Es necesario regular también la relación de los Estados entre sí, establecer una federación mundial de Estados bajo leyes comunes donde los ciudadanos se desarrollen como seres autónomos. Sólo así podemos aspirar a la ansiada armonía, al orden del que habla Anaximandro, a la justicia, o como Kant prefiere decir: a «la paz perpetua». Marx, autor del siglo XIX reclama abiertamente un mayor desarrollo de la igualdad. Para él, la justicia consiste en eliminar las clases sociales en todos los países, así como exigir de cada cual según su capacidad y dar a cada cual según su necesidad. Por su parte, Mill es un referente importante en la defensa de las libertades individuales. Fundador de una corriente llamada «el utilitarismo» piensa que la justicia consiste en alcanzar la mayor felicidad del mayor número, respetando la libertad individual. Gracias a la «Fábrica de Teorías», se ha logrado obtener uno de los descubrimientos más importantes de la humanidad: los Derechos Humanos. Su referente más destacado es la Declaración Universal de 1948. Parece mentira que esos derechos hayan estado siempre entre nosotros y que nadie antes hubiera caído en la cuenta de que había que ponerles nombre. Pero estos pensadores fueron añadiendo cada uno ingredientes esenciales para construir las lentes que, por fin, nos permitieron verlos. Una parte de esos derechos se basan en el reconocimiento de la libertad, y otros en el reconocimiento de la igualdad. Los derechos que se basan en la libertad dicen, entre otras cosas, que los seres humanos tenemos derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, de opinión y expresión, de reunión y asociación, libertad para casarnos y fundar una familia. Los derechos que se basan en la igualdad afirman, por ejemplo, que los seres humanos tenemos derecho a la seguridad social, al trabajo con un salario igual por un trabajo igual, al descanso, a la alimentación, al vestido, a la vivienda, a la asistencia médica, a recibir un ingreso económico cuando la persona no pueda ganárselo por sí misma por causas ajenas a su voluntad, a la educación. Desde entonces mucha gente entiende que un mundo más justo sería aquel donde se respetaran y desarrollaran estos derechos.


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En la planta nueva de la fábrica, trabajan los autores que tienen menos de un siglo de antigüedad. Entre ellos, Rawls piensa que la sociedad justa es la que uno crearía si no supiera el lugar que ocupará en ella. Tomemos el experimento mental que nos propone este autor para diseñar una sociedad y apliquémoslo a escala planetaria: Imagine que a usted se le encarga diseñar un modelo de sociedad global sabiendo que se echará a suertes el puesto que ocupará en ella. ¿Quién propondría un mundo en el que 842 millones de seres humanos sufrieran malnutrición crónica como ocurre en el actual? Puestos en esa situación, cualquiera de nosotros intentaría asegurar las libertades fundamentales para todos y unos niveles de ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de todos los miembros de esa sociedad, de modo que aunque tuviéramos mala suerte y nos tocara ser el que ocupa el peor puesto en esa sociedad, la vida resultara, no obstante, aceptable. Y lo obvio es que un mundo así es posible. Pero, si le explicamos esto a cualquier ser humano de cualquier cultura, ¿llegaría a la misma conclusión que nosotros? No lo sé, habría que escucharles y dialogar con ellos. Por eso me parece muy sólida la propuesta de Apel y Habermas. Estos autores piensan que la justicia consiste en lo aceptado sin coacción por todos los afectados por un problema tras un diálogo en condiciones de igualdad. ¿Qué mejor modo de saber si el mundo que hemos diseñado es justo que preguntar la opinión a todos sus miembros y acordar conjuntamente cualquier posible mejora?

EL GABINETE DE ÉTICA APLICADA

Con el objetivo de transformar efectivamente el mundo y conseguir que sea más justo, en el País de la Ética se ha creado un servicio llamado el «Gabinete para Aplicar las Teorías sobre la Justicia», más conocido como el «Gabinete de Ética Aplicada». Tiene oficinas por todo el país, en las empresas, en los hospitales, en las universidades, en los colegios profesionales. Allí donde hay personas que no saben qué decisión es la más justa entre las que podrían tomar, o que, después de tomarla, tienen dificultades


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para dormir por las noches porque su conciencia les despierta de tanto en tanto, allí donde alguien necesita consejo sobre lo justo o lo injusto, allí se abre una oficina. Y como el País de la Ética es un país de buscadores, como se podrá usted imaginar, hay oficinas por todas partes. Sí, supongo lo que debe estar pensando usted en este momento: «¿Y cómo se hará eso de aplicar una teoría ética?» Algunos en el pasado han supuesto que uno podía ir con una teoría debajo del brazo y aplicarla directamente a cada problema, eran los llamados «deductivistas». Otros, en cambio, rechazaban las teorías creadas en la fábrica por considerarlas alejadas de la realidad, y propusieron debatir sobre los problemas de la vida cotidiana, llegar a algunas conclusiones y, en base a ellas, construir una nueva teoría; estos recibieron el nombre de «inductivistas». En la actualidad, una línea muy sólida de pensamiento, y que yo comparto, entiende que el modo más adecuado de realizar la aplicación es tomando ambos modelos a la vez. Por un lado, acercarse al problema con una teoría bien razonada y, por el otro, partir de los debates que ya se están produciendo en la realidad sobre esos problemas, conocer las conclusiones a las que han llegado los que viven esos problemas día a día, y comprobar en qué medida esas conclusiones modifican la teoría, y en qué medida la teoría modifica las conclusiones. Es algo así como una aplicación circular, y tiene también un nombre, se llama «hermenéutica crítica». A continuación vamos a sobrevolar por la zona donde podrá ver los principales Departamentos en los que se divide el «Gabinete de Ética Aplicada». Cada Departamento corresponde a un tipo específico de problemas éticos. Le noto impaciente, por favor, relájese. Mientras llegamos le pondré algo de música clásica que podrá escuchar por los auriculares. Delante de su asiento, encontrará además un folleto informativo donde aparece un esquema con los Departamentos que vamos a visitar. Le aconsejo que lo vaya leyendo. Comprobará que aquí a esos Departamentos los conocemos también con el nombre de «Ramas de la ética aplicada».


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RAMAS DE LA ÉTICA APLICADA 1

Existen tres ramas principales de la ética aplicada, cada una a su vez con varias sub-ramas. Son las siguientes: Ética aplicada a los sistemas La sociedad se compone de grandes sistemas que establecen el marco o las reglas de juego dentro de ella. Las éticas aplicadas más desarrolladas en este ámbito son las siguientes: 1.: Ética de la política. 2.: Ética de la economía. Ética aplicada a las organizaciones Una organización es un grupo de personas unidas coordinadamente para la realización de un fin. Habitualmente se distinguen tres tipos: - Públicas (por ejemplo, universidades públicas, hospitales públicos, etc.). También llamadas «Primer Sector». - Privadas con ánimo de lucro (empresas). Llamadas «Segundo Sector». - Privadas sin ánimo de lucro (por ejemplo, las organizaciones cívicas solidarias, habitualmente llamadas ONGs). Consideradas como el «Tercer Sector». La reflexión sobre ellas ha dado origen respectivamente a tres sub-ramas de la ética aplicada: 1.: Ética de la Administración pública. 2.: Ética de la empresa. 3.: Ética del voluntariado. Ética aplicada a las profesiones Con independencia de la organización en la que uno trabaje, el ejercicio de una determinada profesión supone afrontar un ámbito espe1

Esquema elaborado por Juan Carlos Siurana


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cífico de problemas éticos propios y asumir unos valores ya ampliamente debatidos dentro de esa profesión. Se puede practicar la ética aplicada en todas las profesiones existentes, pero aquí recordaremos algunas sobre las que ya se han realizado importantes trabajos: 1.: Bioética (esta es la rama más antigua de la ética aplicada, afronta todos los problemas éticos relacionados con la vida). Podríamos dividirla a su vez en: - Ética del medio ambiente y del trato a los animales (de interés común para la ética de los sistemas, las organizaciones y las profesiones, en tanto que afectan a la Naturaleza). - Ética de la producción y distribución de alimentos (también llamada ética de la agricultura). - Ética de las profesiones sanitarias (medicina, enfermería, farmacia, trabajo social...). - GenÉtica. 2.: Ética de la judicatura y de la abogacía. 3.: Ética del periodismo. 4.: Ética de la ingeniería. 5.: Ética de la informática y de las telecomunicaciones. 6.: Ética de la arquitectura. 7.: Ética del arte. 8.: Ética del deporte. 9.: Ética de la investigación. 10.: Ética de la educación.

UNA MIRADA DESDE LAS ALTURAS

Disculpe que interrumpa la música clásica que estaba escuchando, pero acaba de encenderse una luz roja en el tablero de mandos. Siento comunicarle que no nos queda apenas combustible. Esta introducción debe ser terminada dentro de pocos minutos. No vamos a poder acercarnos ahora a ninguna de las éticas aplicadas para conocerla, esa será una tarea a desarrollar a lo largo del libro. Pero ha tenido suerte, hoy ha salido un día soleado, no hay apenas


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nubes, así que voy a elevarme para que pueda usted observar el sentido que tiene todo esto en su conjunto. Mire, dentro de la ética de los sistemas, los que más se han trabajado son el sistema político y el sistema económico. La ética de la política ha reconocido desde hace mucho tiempo que una democracia es mejor que una dictadura, pero las actuales democracias aún pueden mejorarse mucho. Hoy el debate versa sobre qué tipo de democracia deseamos para nuestra sociedad. Dos modelos compiten entre sí: la democracia representativa y la democracia participativa. Por su parte, la ética de la economía se pregunta qué reglas deberían regir los intercambios económicos entre los habitantes de un país y entre los países entre sí. Dos modelos económicos se enfrentan actualmente: el modelo liberal, que deja a la economía de mercado funcionar libremente; y el modelo social, que hoy defiende una economía social de mercado, donde el Estado se ocupe de los que salen perjudicados en la competencia. Las propuestas se trasladan luego a nivel global. ¿Conoce el dato? En la actualidad, 258 multimillonarios son en conjunto tan ricos como los 2.500 millones de personas más pobres del planeta. La globalización económica es aquí un punto importante de reflexión. Pero, ¿qué criterios podemos tener para saber qué tipo de democracia es mejor? ¿Cómo saber cuál es el mejor sistema económico? Las personas que trabajan en el «Gabinete de Ética Aplicada», y que utilizan el método de la «hermenéutica crítica», han encontrado una fórmula mágica para adentrarse en la respuesta a esa pregunta. Esa fórmula mágica pide tener en cuenta la meta que da sentido y legitimación social a una determinada actividad humana. Y, ¿cuál es la meta de la democracia? ¿Cuál es la meta de la economía? Todo indica que la meta de la democracia es que gobierne el pueblo, y eso no parece ser el caso cuando la gente sólo deposita un voto en una urna cada cuatro años. Por su parte, la meta de la economía es regular los intercambios que permiten satisfacer necesidades humanas con calidad y con justicia. Sin embargo, hoy en día no se están cubriendo las necesidades básicas de muchos millones de seres humanos.


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Dentro de una sociedad, con su sistema político y su sistema económico, se encuentran las organizaciones, donde trabajan los diversos profesionales. Allí se producen cada día la gran mayoría de los conflictos éticos que afligen a los buscadores. Es necesario, por ello, reflexionar sobre qué es una organización y qué es una profesión. Al Gabinete le interesa saber, de modo especial, cuándo podemos decir que una organización y una profesión se desarrollan éticamente. Déjeme que le dé algunas pistas al respecto. Para una organización ética su principal capital son las personas y su estilo de dirección es la dirección por valores éticos. Tiene en cuenta a todos los grupos de afectados, y su responsabilidad abarca lo económico, lo social y lo medioambiental. Un buen profesional posee conocimientos y técnicas adecuadas para la realización del servicio que presta, e intenta realizarlo con la mayor calidad posible. Reclama un amplio campo de autonomía y, por ello, es responsable de los juicios emitidos, los actos realizados y las técnicas empleadas en el ejercicio de su profesión. Cada profesión tiene, por lo tanto, una finalidad específica que le da sentido y legitimación social. Veamos algunos ejemplos: La finalidad de la medicina es prevenir enfermedades y lesiones, aliviar el dolor y el sufrimiento, cuidar y curar a los enfermos, cuidar especialmente a aquellos que no pueden ser curados, y velar por una muerte en paz. La finalidad de la ingeniería es aplicar el conocimiento de las matemáticas, de las ciencias físicas y naturales, y de las ciencias humanas y sociales, obtenido por el estudio, la experiencia y la práctica, utilizando de forma responsable —desde el punto de vista económico, social y medioambienal—, los materiales y las fuerzas de la Naturaleza para el bien común. Podríamos seguir con otros muchos ejemplos, pero creo que le interesará saber ya cómo se aplica todo eso ante un problema concreto. Por favor, lea el caso de ética que hay escrito en el folleto que tiene entre sus manos.


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CASO DE ÉTICA APLICADA 2

Álex es un estudiante de ingeniería contratado temporalmente por una firma de consultores en ingeniería ambiental. Ramón, el ingeniero supervisor, le pide a Álex que tome muestras de unos bidones ubicados en la propiedad de uno de sus clientes. Álex observa que los bidones no están herméticamente cerrados y concluye que, a juzgar por el aspecto y el olor, el análisis de las muestras seguramente revelará que se trata de materiales peligrosos. Álex sabe que hay leyes que regulan el transporte y almacenamiento de ese tipo de desechos y, si él estuviera en lo cierto acerca del contenido de los bidones, las autoridades del país y del Estado deberían ser notificadas. Álex informa a Ramón de lo que piensa que los bidones podrían contener y pide instrucciones acerca de los pasos a seguir. Ramón le indica que tome muestras pero que no realice el análisis. Ramón también propone que se le entreguen las muestras al cliente, con quien tiene otros negocios, y se le informe acerca de la ubicación de los bidones, y de la posibilidad de que contengan desechos de alto riesgo. ¿Qué debería hacer Álex? En la pantalla que tiene en frente de usted voy a proyectar a continuación el esquema de mi metodología por si le sirve de ayuda para resolver el caso. Metodología para analizar y resolver casos de ética aplicada 3 Presentación del caso. 1.: Describa los datos de la situación. 2.: Sintetice el problema o problemas éticos en una frase. Metodología de análisis y resolución. 1.: Indique las posibles opciones de actuación y agrúpelas en cursos de acción 4 razonables. 2

Caso 92-6 de la NSPE (National Society of Professional Engineerings), recogido y traducido por el Online Ethics Center. Adaptación de Juan Carlos Siurana. 3 Elaborada por Juan Carlos Siurana (Basada en A. Cortina y E. Martínez). 4 Un «curso de acción» es un listado de acciones indicando el orden en el que se realizarán.


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2.: Evalúe esos cursos de acción desde los fines, valores y principios éticos de su profesión. 3.: Evalúe esos cursos de acción desde los fines, valores y principios éticos de su organización. 4.: Evalúe esos cursos de acción desde la legalidad vigente en su sociedad, y desde los valores éticos universales que legitiman las leyes. 5.: Señale quiénes son los afectados y cuáles serán para ellos las consecuencias de su decisión, según cada uno de los cursos de acción posibles. 6.: Evalúe los resultados de los pasos anteriores, en conjunto, desde las teorías éticas y desde la bibliografía de otros autores sobre temas similares. 7.: Diga cuál sería el curso de acción que tomaría en el caso concreto planteado. Si leemos con cuidado el caso de Álex, veremos que el dilema se plantea a un joven que, aún siendo estudiante, ya está realizando una actividad profesional que tiene un sentido y legitimación social (la ingeniería ambiental), y en una empresa de consultoría, que también tiene un sentido para la sociedad. Lo que la sociedad pide a ambos es que cumplan la finalidad para la cual se han formado o han creado una organización. La finalidad, en este caso, es supervisar que las sustancias peligrosas no sean abandonadas en la Naturaleza y asegurar con ello la calidad de vida de los seres humanos del presente y del futuro al poder disfrutar de un medio ambiente limpio y sano. Por lo tanto, para resolver el dilema planteado, los que se han formado en ética, saben que la pregunta a la que deben responder en este caso no es simplemente «¿qué debería hacer Álex?», sino «¿qué debería hacer Álex para cumplir del mejor modo posible la finalidad por la que cobra sentido su profesión, es decir, para asegurar que los seres humanos del presente y del futuro puedan disfrutar de un medio ambiente limpio y sano?» A partir de ahí comienza a resultar más claro el camino que debe tomar la resolución del dilema. Pero las variables de un dilema moral pueden ser muchas y, aunque conozcamos la meta que legitima nuestra profesión, la solución


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normalmente no estará clara. La defensa de unos valores supondrá a menudo tener que renunciar a otros. Si usted plantea este dilema a otras personas seguramente alguien preguntará: ¿Y si por defender la meta de su profesión los superiores despiden a Álex? ¿Estaría éticamente obligado de todos modos a cumplir la meta de su profesión? Mi respuesta suele ser que Álex deberá formarse bien en ética para poder explicar a sus superiores, con argumentos sólidos y razonables, la importancia de seguir la finalidad de la profesión. Si alguien ha visto la película El Dilema, protagonizada por Al Pacino y Russell Crowe, puede que formule esta pregunta: ¿Y si el jefe de Álex llega a amenazarle con enviar unos matones a que le den una paliza? No suele ser lo habitual, pero es cierto que en algunas ocasiones, los dilemas pueden llegar a ser extremos. Si usted se enfrenta a un dilema de ese tipo, recuerde que lo importante es pensar cómo puede usted ayudar del mejor modo a las personas afectadas por su actividad, y que usted forma parte de las personas a las que debe ayudar. En realidad, el objetivo más importante de trabajar con dilemas es pensar cómo tendría que funcionar una empresa, o la Administración pública, o una profesión, o una sociedad en su conjunto, para que sus trabajadores no estén continuamente sometidos a la presión de afrontar dilemas morales. Nos ayudan, pues, a diseñar los rasgos de las empresas éticas, de las profesiones éticas y de las sociedades éticas. Pero, ¿qué es una sociedad ética? De eso trata precisamente este libro. Lo que va a encontrar a lo largo de sus páginas es mi respuesta a esa pregunta y, para ello, verá que hago una síntesis de las llamadas «éticas aplicadas», aterrizando sus resultados en forma de indicadores, que definen un referente al que yo he llamado aquí «la sociedad ética». Se trata de una nueva brújula que permite averiguar si nuestras sociedades actuales avanzan o retroceden éticamente. En la primera parte del libro ofrezco indicadores que permiten medir el progreso ético de nuestras sociedades en las siguientes esferas: la política, la economía, la impartición de justicia, el medio ambiente, las empresas, la sanidad, el periodismo, la ingeniería, la informática, las telecomunicaciones, la arquitectura, el arte, el deporte, la investigación y la educación. Se han elegido esas esferas


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por ser las más representativas dentro de las actuales éticas aplicadas, aunque el listado podría ampliarse. En la segunda parte, presento el modo en que una sociedad ética afrontaría desafíos actuales tan relevantes como la pobreza, el hambre, el acceso a medicamentos básicos, los conflictos multiculturales, la drogadicción, la violencia de pareja, el terrorismo, la guerra, y la transformación genética de sus miembros. Verá que, en cada tema, he dividido los indicadores en dos grupos según se refieran a los ciudadanos o a los profesionales especialmente responsables de cada esfera o desafío social. Al final del libro he incluido un epílogo donde explico la metodología que he seguido para obtener los indicadores. Y, ahora, debo decirle que ha llegado el momento de dar media vuelta y llevarle volando de nuevo al lugar donde se encuentra usted leyendo este libro. Espero que le haya gustado esta visita introductoria a mi país. Bueno, disculpe la expresión, debí decir «nuestro país», porque en el momento en el que empezó usted a interesarse por la ética de verdad, como sólo saben hacerlo los buscadores, comenzó a construirse también aquí, sin que se diera cuenta, una hermosa casa para usted. Vuelva cuando quiera, este país también es el suyo. Deseo expresar mi agradecimiento al Programa «Ramón y Cajal», del Ministerio de Ciencia y Tecnología, a la Universitat de València, y a la Fundació General de la Universitat de València, por haberme posibilitado los recursos para desarrollar mi trabajo. Este libro se inscribe dentro del proyecto de investigación FFI200806133/FISO subvencionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. Me ha resultado de gran ayuda el haber trabajado en los últimos años integrado en diversos grupos de investigación o entidades que, desde una perspectiva interdisciplinar, tienen a la ética como «razón motora» para la transformación de la sociedad. Entre ellos, debo nombrar al «Grupo Interuniversitario de Investigación en Éticas Aplicadas y Democracia», dirigido por Adela Cortina desde la Universitat de València; la Fundación ÉTNOR (Para la Ética de los Negocios y de las Organizaciones), presidida por Emilio Tortosa; el GREVOL (Grupo de Innovación Educativa en Educación en Valores) de la Universidad Politécnica de Valencia, entre cuyos promotores cuen-


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tan Sandra Boni, J. Félix Lozano y Eva Adam; El Grupo de Investigación «Ética, Justicia y Economía» de la Universidad de la República de Uruguay, dirigido por Gustavo Pereira; la Red Interuniversitaria «Ética aplicada y ciudadanía», dirigida por Mª Teresa López de la Vieja; la Red Dilemata (Portal de Éticas Aplicadas), dirigida por Txetxu Ausín; y el Grupo de Trabajo en Bioética de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y Comunitaria, coordinado primero por Ana Costa y, actualmente, por Víctor Suberviola. También he colaborado con un número no menor de grupos de investigación de diversos países de Europa y de Estados Unidos, en proyectos internacionales, o mediante estancias de investigación, siendo las dos estancias más recientes las realizadas en el Institut für Sozialforschung, de la Universidad de Frankfurt, Alemania, bajo la dirección de Axel Honneth, y en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos, donde he trabajado con Vittorio Hösle. Esta orientación interdisciplinar es la que sigo promoviendo actualmente como director del Grupo de Investigación en Bioética de la Universitat de València. También me he beneficiado de haber impartido docencia sobre ética a estudiantes o profesionales de diversas ramas (filosofía, medicina, enfermería, administración de empresas, economía, periodismo, ingeniería industrial, ingeniería de telecomunicaciones, ingeniería agrícola…) en Universidades de España y de México, donde he aprendido mucho de mis propios alumnos. El curso «Ética de las profesiones», que impartí para profesores del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, en México, en varias ediciones, junto a Emilio Martínez, resultó una experiencia muy motivadora para reflexionar y dialogar con profesionales de muy diversas ramas sobre los contenidos de este libro. Durante su lectura, se comprobará que tomo como punto de partida filosófico, de modo especial, los pensamientos de Karl-Otto Apel y de Adela Cortina, representantes destacados de la ética del discurso, tratando de ampliar sus aportaciones. Las referencias a ambos autores, a los que considero mis maestros, son constantes a lo largo de todo el trabajo. A mi gran familia, que ha crecido recientemente de modo notable, le expreso, como siempre, el mayor de los agradecimientos por sentir, cada día, su apoyo y su calor.


PRIMERA PARTE: ESFERAS DE LA SOCIEDAD ÉTICA


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LA POLÍTICA ANALIZAR CRÍTICAMENTE EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO

El dogmatismo se opone a la reflexión y a la crítica. En esto se convierte la democracia cuando los políticos ya no ofrecen razones para defender sus ideas, sino que se limitan a ridiculizar al contrario y a causar actitudes de aceptación entre sus posibles votantes. Debemos rechazar el dogmatismo manipulador que actualmente impregna los discursos políticos y que, desgraciadamente, se traslada a los debates de los ciudadanos. En su lugar, es necesario ofrecer argumentos y analizar críticamente la esencia de las diversas propuestas políticas. Hay dos corrientes básicas que pretenden construir, a su modo, una verdadera democracia: por un lado, el liberalismo y, por otro lado, el socialismo. Analicemos ambas propuestas e intentemos tomar lo mejor de ellas. El liberalismo Hay varios liberalismos, pero todos tienen como núcleo tres descubrimientos: 1.: las personas con distintas concepciones de vida buena pueden convivir en paz compartiendo algunos valores fundamentales; 2.: no hay que interferir en los planes de vida de los individuos; y 3.: la vida social se compone de diversas esferas. El liberalismo originario, que es filosófico, intenta encontrar valores morales comunes para limitar el poder del Estado y regular


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la convivencia entre personas con visiones diferentes de lo que es una vida buena. Este liberalismo, de raíz kantiana, considera a la «persona moral» como individuo autónomo, con capacidad para dirigir su propia vida y, por ello, se niega a que el Estado actúe con los ciudadanos de modo paternalista. Para el liberalismo filosófico la democracia se convierte en despotismo cuando la mayoría decide contra la minoría; sin embargo, esto es aceptado por el liberalismo político. El liberalismo político, por su parte, también necesita un núcleo mínimo de valores morales y una idea de persona. Rawls es uno de los representantes de este tipo de liberalismo y, según este autor, los valores compartidos son: 1.: el diálogo racional y 2.: el respeto igual a todos los seres humanos. La democracia del liberalismo político transmite una idea de persona tolerante y respetuosa con los Derechos Humanos. En Rawls esta persona valora, sobre todo, la libertad, y acepta la desigualdad que beneficie a los seres humanos peor situados. El socialismo La pretensión fundamental del socialismo es la búsqueda de la igualdad entre los ciudadanos, especialmente la igualdad de recursos tan importantes como la alimentación, el acceso a la sanidad o la educación. Sin embargo, la aspiración a la completa igualdad de bienes materiales que representaron los Estados comunistas, aboliendo la propiedad privada, ha entrado hoy en descrédito por haber suprimido libertades básicas que son necesarias para los seres humanos. Esa utopía dogmática debe abandonarse y dejar paso a la crítica racional. El socialismo hoy debe entenderse como una «profundización en la democracia», pero esto no significa extender la democracia representativa a todos los ámbitos de la vida social, sino fomentar la participación, pues de este modo se desarrolla la autonomía de los individuos, que es la raíz última de la democracia. Además, potenciando la participación de los ciudadanos en los asuntos públi-


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cos es como mejor se puede aspirar a una distribución justa de los recursos materiales. Hay muchas instituciones —hospitales, universidades, etc.— donde, por ejemplo, no ha de aplicarse la regla de mayorías. En este sentido, uno de los hilos conductores de la propuesta de democracia que nos ofrece Cortina es «cultivar una ética de las instituciones tal que estén capacitadas para alcanzar los fines por los que cobran sentido.» Hay tres opciones para entender qué es hoy el socialismo: 1.: una cosmovisión, es decir, una teoría moral de lo bueno que intenta construir una comunidad feliz, 2.: una ideología sociopolítica que pretende diseñar reglas de justicia —procedimentalismo—, 3.: un recurso de los partidos políticos para motivar a los electores, es decir, un instrumento en manos del poder político. Cortina apuesta por la segunda opción. En esta línea, la ética discursiva de Apel y Habermas, que versa sobre mínimos compartidos, podrá considerarse un socialismo procedimental. Hacia un socialismo democrático liberal Cortina defiende un hibridismo semejante al que Walzer llama «socialismo democrático liberal». Según nuestra autora, esta postura es el resultado de adoptar lo mejor de tres tradiciones: 1.: la tradición democrática-participativa de origen aristotélico, donde la libertad está fundada en la igualdad de todos los ciudadanos para hablar en la asamblea y ante la ley; 2.: la tradición liberal, que defiende las libertades de los individuos haciendo necesario el marco legal propio de un Estado de derecho; y 3.: la tradición socialista, que intenta lograr una sociedad emancipada donde la igualdad significa la ausencia de dominación y la solidaridad es indispensable. Cortina, adoptando términos de Walzer, considera necesario crear una sociedad libre de dominación desde una idea de igualdad compleja, es decir, impidiendo que quienes poseen el bien propio


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de una esfera social, por ejemplo, «dinero», traten de poseer desde ella todos los demás bienes sociales, por ejemplo, «poder político» o «prestigio». Esta autora entiende que un socialismo democrático liberal como el diseñado podría ayudarnos a configurar una democracia radical, respetuosa con el «pluralismo real».

MODELOS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Existen dos conceptos de democracia: 1.: democracia directa o participativa, donde gobierna el pueblo ejerciendo directamente el poder por participación; 2.: democracia liberal o representativa, donde el gobierno simplemente es querido por el pueblo y éste limita y controla el poder. Para el modelo participativo el hombre es un animal político, mientras que para el modelo elitista el hombre es un animal económico que se sirve de la política como un instrumento al servicio de sus fines privados. Esto es en cierto modo comparable con la diferencia establecida por Constant entre 1.: libertad de los antiguos, que es una libertad política (participación) y 2.: libertad de los modernos, que es una libertad civil (independencia). Existen dos modelos para intentar realizar la democracia participativa: 1.: Modelo de democratización de los subsistemas sociales 1, que es una democracia representativa con reformas. Aquí se crean comisiones de representantes de los distintos sectores implicados, lo cual no es la igual participación de todos los afectados. 2.: Modelo de descentralización 2, que pide la participación igual y 1 2

Representantes de este modelo son, por ejemplo, Pateman y Bachrach. Este modelo se liga a Rousseau, Jefferson y socialistas como Fourier y Owen, pero también a Marx, Lenin, Cole, Yugoslavia y la Nueva Izquierda. Cortina considera, igual que Lindner, que este segundo modelo es el que recoge la auténtica tradición participativa.


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efectiva de todos los afectados, aunque sólo la posibilita en pequeños grupos sociales de base y no en la unidad centralizadora. Esto parece caer en un comunitarismo «premoderno». Una democracia actual ha de ser una sociedad pluralista donde convivan distintas formas de vida, una democracia procedimental situada en el nivel de los principios universalistas, donde el hombre desarrolla su autonomía en solidaridad. Dos candidatos parecen reunir estos requisitos en su propuesta de democracia participativa: 1.: la «democracia fuerte» de Barber y 2.: la aplicación de la ética discursiva a la política por los seguidores de Apel y Habermas. Democracia como espacio de cooperación ciudadana En la propuesta de Barber, las palabras clave de la política son: acción, publicidad, razonabilidad, conflicto y ausencia de un criterio independiente. Barber distingue entre: 1.: democracia débil o liberal, donde la deliberación es negociación, y 2.: democracia participativa, que a su vez puede ser unitaria, cuando los conflictos se resuelven mediante comunidad de consenso, o fuerte, si el conflicto puede transformarse en cooperación. Barber apuesta por una democracia fuerte, confiando en que el conflicto se transforme en cooperación a través de la participación ciudadana, la deliberación pública y la educación cívica. Para ello, pretende institucionalizar la conversación —con asambleas de vecinos—, la toma de decisiones —por referéndum, etc.— y la acción. Cortina, no obstante, señala los siguientes errores en Barber: 1.: no cumple el ideal de participación igual y efectiva; 2.: el ciudadano participa en las comunidades, pero no en los organismos superiores; 3.: somete al ciudadano a una actividad insoportable; 4.: identifica moral y política.


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Democracia mediante las asociaciones libres Por su parte, Apel afirma que la democracia tiene su fundamentación ético-normativa en la ética de la comunidad ideal de comunicación. Su defensa del diálogo y la comunicación ha hecho brotar, entre sus seguidores, la extendida creencia de que la ética discursiva fundamenta en el ámbito político una democracia directa, participativa, no-liberal, entendida en suma como una forma de vida valiosa por sí misma. Sin embargo, Apel y Habermas creen que eso es identificar esferas, es decir, comunitarismo. Según ellos, en la ética universalista la influencia de los afectados en las decisiones de la esfera política y económica es sólo indirecta. La propuesta de Habermas es potenciar asociaciones libres, de comunicación espontánea, que se ocupen de intereses universalizables y que influyan de modo indirecto en las decisiones políticas; pero no defiende una democracia participativa, pues considera fundamental no dejar la realización de una política deliberativa en manos de los ciudadanos, sino fiarla a la institucionalización de los procesos correspondientes. Habermas sólo deja espacio para la «participación» en la elección de representantes y en los procesos informales de opinión de asociaciones libres. Cortina entiende que, para Habermas, los sujetos han de tener, por tanto, la buena voluntad de potenciar este tipo de asociaciones, con lo cual, según nuestra autora, la ética del discurso se convierte, en este punto, en ética de la intención. Esta autora considera que la ética de la responsabilidad debería pedir mecanismos para ejercer la autonomía.

PARTICIPAR EN LOS ÁMBITOS DE LA SOCIEDAD QUE NOS AFECTAN

La Modernidad confió en el progreso, y Cortina, heredera de esta idea en el ámbito de la filosofía práctica, no renuncia a que nuestras sociedades alcancen una verdadera democracia o, como ella prefiere decir, una democracia radical. Este tipo de democracia no se corresponde con la defendida por el comunitarismo, corriente que, moviéndose en el marco de la comunidad autosuficiente de la tradición aristotélica, identifica lo


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social y lo político. Nuestra autora piensa —como Walzer— que la dimensión política es hoy sólo una de las dimensiones sociales, pero no la única. La identificación entre lo social, lo ético y lo político es una ideología a la que Cortina llama «imperialismo político». Lo social se compone de diversas esferas que siguen cada cual su propia lógica, por ello nuestra autora se opone también a los que quieren extender la lógica de la democracia representativa a todas las formas de la vida social. Cortina tiende hacia el participacionismo, el cual pretende que la participación social de los ciudadanos no quede reducida a ser meros electores ocasionales. Así, entiende por democracia radical aquella que respeta la diversidad de esferas cumpliendo sus compromisos en la esfera de la política, aquella en la que los hombres concretos son raíz y meta de las cosas que les afectan, pues «son interlocutores válidos y, por tanto, han de ser tenidos dialógicamente en cuenta». Así, las opiniones de los ciudadanos han de ser tenidas en cuenta, por ejemplo, cuando, como pacientes, acudan a recibir los servicios de un hospital; o cuando, como padres de familia, lleven a sus hijos a un colegio; y así en todos los ámbitos de la sociedad donde se vayan a tomar decisiones que les afecten. La primera tarea de la democracia radical será desprenderse de dogmas y someterse a la crítica; la segunda tarea, ejercer esa crítica desde las ideologías sociopolíticas, que ya no serán ni el liberalismo ni el socialismo puros, sino un hibridismo, pues sólo lo mejor de ambas ideologías realizará una democracia auténtica. Para intentar realizarla atenderemos tanto a los modelos de democracia dados en la historia como a las realidades concretas. En relación con ello descubriremos la exigencia de construir una ética de la sociedad civil desde cada ámbito de la ética aplicada.

AUTONOMÍA DE LOS CIUDADANOS EN LUGAR DE CORRUPCIÓN

El desarrollo autónomo de los ciudadanos La Modernidad transmitió una idea de sujeto capaz de autotransparencia y autodeterminación, lo cual ha sido criticado por estruc-


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turalistas y heideggerianos. Cortina acepta lo positivo de la Modernidad, como es la idea de autonomía, pero rechaza moverse según el modelo de la reflexión para aceptar el de la comunicación; así, la autonomía ya no se ejerce de modo monológico, sino que el sujeto autónomo pasa a entenderse como interlocutor válido. La autonomía de los sujetos es condición de sentido y validez de buena parte de nuestra vida, autonomía que ha de ejercerse en los ámbitos político, médico, ecológico, pedagógico, económico, etc. Esto es central en Cortina, pues, para nuestra autora, una determinada idea de sujeto autónomo, que ejerce su autonomía en los distintos ámbitos de la vida social teniendo en cuenta sus peculiaridades, es la clave de una democracia radical. La autonomía es descubierta en las situaciones concretas de habla, y se expresa buscando la norma que recibiría el consentimiento de todos los afectados. Puesto que cada persona está obligada a realizar el experimento mental de suponer lo que decidiría una comunidad ideal de comunicación, la autonomía de la conciencia individual se mantiene. Frente a la corrupción y la manipulación Walzer llama sociedad civil al espacio de asociación humana sin coerción y al conjunto de la trama de relaciones que llenan este espacio. Esto se asemeja al mundo de la vida de Habermas, lugar de la solidaridad y de la racionalidad comunicativa. El hombre es un ser capaz de autonomía, de proyectos vitales y de sentido de la justicia. Los diversos sistemas sociales han de desarrollar estas capacidades. Según Cortina, aquí juega un papel especial la sociedad civil, pues «en ella las personas pueden y deben ejercer su autonomía y defender intereses generalizables, teniendo una participación social significativa». La potenciación de los diálogos en la sociedad civil será capaz de reducir el actual desencanto político, ocasionado por la corrupción de algunos políticos —que promocionan su fortuna privada—. El debate en la esfera pública es una herramienta necesaria para acabar con la manipulación de los ciudadanos y la falta de autonomía de los sujetos que únicamente depositan un voto en las urnas.


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Lo interesante en Cortina es que, para ella, no hay hombre nuevo sin la conversión del corazón de cada hombre concreto, sin su convicción sentida del propio valor y del de cualquier otro hombre concreto; ahí radica nuestra más profunda autonomía.

CONCLUSIONES

Hay dos corrientes básicas que pretenden construir una verdadera democracia: el liberalismo, y el socialismo. El liberalismo ha puesto el énfasis en la promoción de la libertad de los ciudadanos, especialmente en la libertad para protegerse frente al Estado en una esfera privada. El socialismo ha defendido el valor de la igualdad y ha tomado medidas para redistribuir los recursos de una sociedad, buscando que, al menos, todos los ciudadanos tengan cubiertas sus necesidades básicas. Hoy, un socialismo no dogmático abogaría por una democracia más participativa. El modelo de democracia en la sociedad ética tomaría lo mejor de ambas propuestas. En la sociedad ética los ciudadanos participan activamente en los asuntos públicos. Se desarrollan como seres autónomos tratando de identificar y comprender los problemas de su sociedad, debatiendo con otros ciudadanos sobre ellos y participando en la toma de decisiones sobre cuestiones que les afectan. Los políticos, por tanto, tienen que dialogar con los ciudadanos para integrar sus inquietudes en sus programas. Deben desarrollar sus propuestas pensando en lo mejor para el pueblo, generando espacios para la participación ciudadana.

ANEXO 1. INDICADORES PARA EVALUAR ÉTICAMENTE LA POLÍTICA EN UNA SOCIEDAD

Los ciudadanos En el nivel de la autocomprensión. 1.: Forjan sus ideas políticas tomando lo mejor del liberalismo, del socialismo y de otras corrientes, sin prejuzgarlas de antemano.


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2.: Participan en la identificación de problemas de la sociedad y comprenden los aspectos más relevantes de los diversos problemas encontrados. En el nivel de la fundamentación. 3.: Fundamentan sus juicios sobre los problemas de la sociedad, debatiendo con otros ciudadanos y tratando de encontrar lo que podría ser aceptado por todos. 4.: Se sienten valiosos para su sociedad y valoran también al resto de los ciudadanos, sintiendo que les importa lo que les ocurra a éstos. En el nivel de la aplicación. 5.: Colaboran con asociaciones o movimientos de carácter solidario o, al menos, actúan en sus vidas cotidianas guiados por algún tipo de conciencia social que tenga en cuenta las consecuencias de sus acciones en otros. 6.: Expresan sus opiniones en cada ámbito de la sociedad en el que desarrollan sus vidas y tienen influencia en cómo se resuelven allí los problemas que les afectan. Los políticos En el nivel de la autocomprensión. 1.: Estructuran sus partidos evitando que el poder recaiga en unos pocos, y la orientación general así como el contenido de sus programas electorales son el resultado de un amplio consenso entre sus afiliados. 2.: Explican a los ciudadanos sus programas electorales, y les ofrecen a éstos cauces para opinar sobre el contenido de dichos programas, con el fin de comprender en qué medida están ofreciendo propuestas próximas a la realidad de los ciudadanos. En el nivel de la fundamentación. 3.: Hacen propuestas considerando que podrían ser aceptadas por todos los afectados, y dan espacio a éstos en los debates públicos para consensuar con ellos el mejor modo de resolver las divergencias encontradas.


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4.: Fomentan el diálogo público con los representantes de otros partidos políticos en un clima de cordialidad, buscando siempre en sus argumentos lo mejor para el pueblo. En el nivel de la aplicación. 5.: Diseñan las instituciones de la sociedad de tal modo que los políticos tengan el mínimo poder necesario y los ciudadanos tengan el máximo poder posible. 6.: Cuando son elegidos por el pueblo para estar al frente del gobierno, cumplen los compromisos asumidos, salvo que puedan demostrar que el propio pueblo no desea llevar adelante una propuesta concreta de su programa.

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La sociedad ética, de Juan Carlos Siurana  

Indicadores para evaluar éticamente una sociedad Las sociedades que conforman nuestro mundo sufren actualmente una profunda "crisis ética" q...

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