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indican que, desde el siglo XVI, se comenzó a llamar emprendedor a toda persona que, como Cristóbal Colón, se lanzaba a la aventura de viajar al nuevo mundo, sin ninguna certeza de lo que su viaje le deparaba e, incluso, sin saber si lograría volver. Reforzando ideas, en referencia a la cultura y su relación con el emprendimiento, se conoce que el ser humano desarrolla sus propias herramientas -físicas, sociales y simbólicas- para adecuarse a su medio, y éstas le ayudan a tener una mejor calidad de vida. Este hecho permite analizar la actividad humana del emprendimiento desde dos perspectivas: la cultural y la educativa. En cuanto a la primera, el trasformar objetos en herramientas, no solamente obedece a las urgencias de la producción y sus necesidades de sobrevivencia diaria, sino a procesos de construcción simbólica bajo los cuales se relacionan significados a elementos sensibles concretos, ya sean objetos, imágenes, lenguajes o costumbres. Los valores de nuestra sociedad, que definen una cultura pro emprendimiento, se alcanzan mediante las percepciones de la población en concordancia a las siguientes dimensiones: • Emprendimiento como una opción válida de carrera, y como medio de trabajo urgente ante la falta de empleo. • Mejora de estatus a emprendedores exitosos. • Acción de los medios, resaltando a los emprendedores exitosos.

En las percepciones sobre estos aspectos culturales, en Ecuador no hay diferencias superiores entre emprendedores y no emprendedores. En lo concerniente al crecimiento económico, la percepción de las economías fundadas en factores y eficiencia son parecidas, alejándose de las sustentadas en innovación, donde se observan las percepciones más bajas en relación

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al emprendimiento como buena alternativa de carrera y la atención de los medios. Para Ecuador, un 66.4% de la población encuestada considera al emprendimiento como una buena opción de carrera; un 67% afirma que el éxito en los negocios confiere estatus y respeto; y un 82.9% está de acuerdo en que el rol de los medios, al destacar a los emprendedores, contribuye con la cultura que favorece el emprendimiento en el país. (Global Entrepreneurship Monitor,2014)

La cultura, como un horizonte de comprensión, conforma contextos que dan sentido a los emprendimientos; uno de esos entornos es la familia, como la primera instancia de socialización y sociabilidad. Ésta y el ambiente más cercano, ayudan a fortalecer el espíritu emprendedor: por lo tanto, debe crear un ambiente armónico y de oportunidades bajo un interés común, para tener seguridad, protección, apoyo, sentido de pertenencia, aceptación, crecimiento y comunicación. Los emprendedores, cuyas familias o entornos cercanos están formados por creadores de empresas, se constituyen en tradición que motiva para darle continuidad y fortalecerla con nuevos emprendimientos. Esto que se llama emprendimiento social, otorga de una mentalidad emprendedora, también llamada espíritu empresarial, que va a ayudar en la formación de una tradición o escuela, en el sentido de la enseñanza que los individuos reciben de la sociedad y su cultura.

En este marco, se destaca la necesidad de fomentar la actitud y las condiciones que impulsen el espíritu emprendedor y la creación de iniciativas productivas.

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Revista Encontexto edición 71  
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