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NEURO Red Tr a n s m i s i ó n d e i m p u l s o s c u l t u r a l e s

Año 1 - Nro. 3

REVISIÓN TEMÁTICA El extraordinario fenómeno del síndrome de savant

TECNOLOGÍA Realidad virtual inmersiva

RESEÑA LITERARIA El ojo de la mente de Oliver Sacks


REVISIÓN TEMÁTICA

EL EXTRAORDINARIO FENÓMENO DEL SÍNDROME DE SAVANT Por Ricardo Ferreira. Médico (UBA) y director científico de la editorial EC-t Ediciones Científico-técnicas.

Memorias superdotadas En 1988, Dustin Hoffman fue el protagonista de la película Rain Man, dirigida por Barry Levinson, que se hizo muy popular y fue un éxito de taquilla. Hoffman encarnaba a Raymond Babbitt, un personaje singular que tenía la capacidad sorprendente de memorizar, sin esfuerzo alguno, miles de direcciones telefónicas, fechas, nombres y datos históricos, junto con textos enteros de libros; en fin, una habilidad prácticamente ilimitada para acumular información. Su hermano (Tom Cruise) lo lleva a Las Vegas y utiliza su memoria para ganar en el black jack grandes sumas de dinero, a tal punto que son expulsados de la ciudad por hacer saltar la banca. El caso de Raymond Babbitt no es un invento de Hollywood, ni siquiera una exageración. Barry Morrow, el guionista de la película, entrevistó al prodigioso Kim Peek, un joven que tenía la misma capacidad que el personaje de la película para archivar datos en el cerebro. Kim Peek, quien falleció en 2009 a los 58 años de un ataque cardíaco, sufría el trastorno conocido como síndrome de savant, una condición relativamente rara que se presenta en una de cada 10 personas con autismo y se calcula que, actualmente, en el mundo hay solo 100 casos. Características del síndrome de savant Estos prodigios de la naturaleza no son envidiables; la mayoría son autistas y tienen retardo en otras funciones motoras y cognitivas, deambulación y habla tardías, se aíslan del mundo que los rodea y prácticamente no pueden sobrevivir

1 John Langdon Down (1828-1896)


Kim Peek (1951-2009)

sin ayuda de terceros. Como compensación, poseen una memoria prodigiosa que la vuelcan al arte, la música o la acumulación de todo tipo de información, transformándose en una verdadera enciclopedia de datos. Son islas de increíbles habilidades, rodeadas de un océano de incapacidad. Otro concepto fundamental de la persona con síndrome de savant es que la destreza y talento que poseen en un determinado rubro les surge en forma espontánea durante la niñez y sin que hayan recibido ningún tipo de instrucción o información previa en esa disciplina. En el terreno musical, muchas veces no se limitan a tocar un instrumento con partitura delante o sin esta, sino que, además, son compositores, es decir que tienen talento creativo. Algunos de ellos formaron bandas de música y compusieron temas clásicos y populares. Tal es el caso de Leslie Lempke, quien escuchó a los 14 años el concierto número 1 para piano de Tchaikovsky y, después, lo reprodujo sin equivocar una nota. No satisfecho con este logro, realizó improvisaciones sobre obras clásicas, y el paso siguiente fue la creación de sus propias composiciones. En contrapartida, las personas con síndrome de savant, que se limitan a memorizar datos, carecen de la capacidad para sacar algún tipo de provecho de carácter rentable, y no pocos de ellos fueron explotados por sus familiares para obtener rédito económico. Los casos de síndrome de savant que se caracterizaron por desarrollar el aspecto visual de la memoria están entre los ejemplos más extraordinarios. Stephen Wiltshire sobrevoló en helicóptero durante 45 minutos la zona céntrica de Roma y, seguidamente, se pasó tres días dibujando lo que vio en un extenso mural de varios metros de longitud. Allí volcó gran parte de la ciudad de Roma con todas sus casas, calles, balcones, ventanas, arboledas y plazas. La iglesia de San Pedro y el Coliseo romano, dos de los edificios más complejos, los pintó con precisión fotográfica, incluyendo pequeños detalles como rajaduras o desprendimientos de alguna parte de la mampostería. En ningún caso sobró una ventana o faltó algún farol o el banco de una plaza. Primeras descripciones del síndrome de savant El primer registro del síndrome de savant fue una publicación científica que apareció en una revista de psicología alemana en 1783, que describió el caso de un tal Jedediah Buxton, un hombre que hacía cálculos mentales gracias a su extraordinaria memoria. Rush, el padre de la psiquiatría de Estados Unidos, también publicó uno de los primeros casos, un paciente llamado Thomas Fuller, a quien le pidió que contara cuántos segundos había en la existencia de un individuo que vivió 70 años, 17 días y 12 horas. Fuller tardó un minuto y medio en dar la respuesta correcta: 2 210 500 800 segundos, corrigiendo, incluso, los 17 años bisiestos incluidos en ese período. La descripción definitiva del síndrome de savant la estableció en Londres,

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en 1887, el Dr. John Langdon Down, el mismo que tambiĂŠn describiĂł el sĂ­ndrome que lleva su nombre. Fue Down quien, en una conferencia que dio en la Sociedad de Medicina de Londres, acuùó el tĂŠrmino idiots savants o idiotas sabios. En esa ocasiĂłn, presentĂł 10 casos que tenĂ­an facultades especiales extraordinarias. Uno de sus pacientes habĂ­a memorizado la obra histĂłrica El ascenso y la caĂ­da del Imperio Romano, pudiendo recitarla, incluso, de atrĂĄs para adelante. TambiĂŠn se los denominĂł “savant autistasâ€?, pero este tĂŠrmino y el de “idiota savantâ€? cayeron en desuso cuando se comprobĂł que alrededor de la mitad de los casos no eran autistas, o tenĂ­an un coeďŹ ciente intelectual normal. Actualmente, por razones cientĂ­ďŹ cas y de dignidad, se utiliza el tĂŠrmino “sĂ­ndrome de savantâ€?.

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Misterios del cerebro Otro aspecto interesante de este trastorno es que estas personas no solo no pierden su habilidad con el transcurso de los aĂąos, sino que la aumentan progresivamente, en especial en el arte de la mĂşsica y la pintura. Este terreno de la neurologĂ­a no deja de aportar sorpresas. En la Ăşltima dĂŠcada, se observaron casos de individuos completamente normales que, despuĂŠs de un traumatismo de crĂĄneo, desarrollaron el sĂ­ndrome de savant, es decir que, sĂşbitamente, adquirieron facultades de las que antes carecĂ­an, la mayorĂ­a de las veces relacionadas con una memoria prodigiosa. Con este hallazgo se derrumbĂł el concepto de que este trastorno era siempre de carĂĄcter congĂŠnito. La principal enseĂąanza que nos deja el sĂ­ndrome de savant es nuestra gran ignorancia sobre el mecanismo funcional del cerebro que, evidentemente, tiene una notable plasticidad. El futuro de las investigaciones en neurociencias en las prĂłximas dĂŠcadas se volcarĂĄ, en gran parte, a estudiar la plasticidad neuronal, donde una parte del cerebro toma la funciĂłn abandonada por otro sector daĂąado. Es evidente que tenemos capacidades que estĂĄn dormidas y en estado latente y que, con el transcurso de los siglos, el ser humano empezarĂĄ a utilizarlas, ampliando el uso de su cerebro, multiplicando su memoria y su capacidad creativa.

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TECNOLOGÍA

Realidad virtual inmersiva Por Ricardo Ferreira. Médico (UBA) y director científico de la editorial EC-t Ediciones Científico-técnicas.

El episodio de las Torres Gemelas Es la mañana del 11 de septiembre de 2001. El cielo, impecablemente azul y límpido hasta hace unas horas, se ve alterado por una negra y espesa nube que rompe la armonía del firmamento y que el viento arrastra casi horizontalmente hacia el sudeste. La inmensa humareda proviene de los pisos altos de las Torres Gemelas de Nueva York como resultado del atentado más devastador que haya sufrido Estados Unidos en su propio territorio. A escasos doscientos metros, una joven pareja contempla azorada la escena. Súbitamente, una de las torres comienza a colapsar sobre sus cimientos, produciendo un ruido ensordecedor. Pocos instantes después, la segunda torre se desploma de la misma manera. Un olor acre a goma quemada y metal invade el lugar, mientras una gigantesca nube de polvo, vidrios y partículas de toda clase de materiales avanza amenazadora hacia los Escape de la gente ante la caída de las torres. espectadores. La joven pareja, aterrada, comienza a huir atropelladamente. De pronto, la imagen desaparece, un asistente de guardapolvo se acerca al muchacho y le quita el complejo casco que le cubre totalmente la cabeza y lo mantenía aislado del ambiente en que se encuentra. Un operador que está frente a una consola fue quien recreó la escena del atentado a las torres mediante un sofisticado programa de computación. El trastorno de estrés postraumático El joven es una de las tantas personas que después de aquella catástrofe comenzó con un cuadro depresivo, alucina-

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ciones, sueños e imágenes recurrentes del episodio vivido. Se tornó irritable, ansioso y con miedo a circular por las calles de la ciudad. Se volvió solitario y comenzó a tener problemas con su novia que, si bien fue testigo junto con él de aquella catástrofe, no sufrió el cuadro que afecta a su pareja. Los síntomas del joven encuadran dentro del llamado “trastorno de estrés postraumático”. Se trata de una grave respuesta emocional a una agresión psicológica extrema. El factor desencadenante puede ser un accidente automovilístico, una violencia física por parte de terceros o algún otro tipo de amenaza a la integridad física o psicológica. La condición es llevada a un grado tal que las defensas mentales de la persona no pueden asimilarlo. Las violaciones o intento de violación a un niño o una mujer son desencadenantes frecuentes del trastorno de estrés postraumático. En el caso de este paciente, el factor causal fue la escena del derrumbe de las Torres Gemelas y la gigantesca nube de polvo de la cual intentó escapar, pero que, por un instante, lo atrapó sumergiéndolo en una oscuridad donde tropezó y chocó con otros que, como él, huían despavoridos. Las imágenes de la situación quedaron grabadas en una memoria emocional indeleble y vuelven a reproducirse una y otra vez con enorme realismo, en contra de la propia voluntad, a pesar del paso del tiempo y con todo lujo de detalles, como si estuviera nuevamente ocurriendo, un fenómeno conocido como flashback. Estos procesos cognitivos disminuyen la capacidad de concentración, la memoria y la toma de decisiones, y producen reacciones emocionales muy fuertes, con intensas respuestas de ansiedad y los síntomas previamente descritos que forman un conjunto de sensaciones negativas. Tratamiento de exposición mediante el empleo de la realidad virtual inmersiva El enfoque terapéutico del estrés postraumático es multidisciplinario y, junto con la medicación, generalmente constituida por antipsicóticos y antidepresivos, se emplea la terapia cognitiva conductual y el tratamiento de exposición. Este tratamiento tiene por objeto reducir la evitación, es decir la obsesión que el paciente tiene de evitar que se repita la situación que le generó el estrés postraumático. Esta evitación de la agresión original es, sin duda, un mecanismo protector pero, cuando llega a un grado extremo, ingresa en el terreno de la patología y afecta considerablemente la calidad de vida del paciente. El tratamiento de exposición suele hacerse teatralizando la situación que el paciente desea intensamente evitar, o sea, se lo expone a esta con el objeto de que se adapte y le resulte psíquicamente digerible. Actualmente, el tratamiento de exposición dispone de un método que puede simular en forma absoluta el estrés sufrido y que se conoce como “realidad virtual inmersiva”. Al sujeto se le coloca un casco que tiene un rastreador de la posición de la cabeza y un visor que le bloquea la visión del mundo real para mostrarle una escena ficticia. Un programa muy sofisticado de computación genera imágenes, sonido y sensaciones olfatorias, térmicas y táctiles que son percibidas por el

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© Trypode.

Casco con rastreador de posición, audífonos y visor.

usuario a través del visor, los audífonos y otros dispositivos del casco. El método diluye la frontera que separa la realidad de la irrealidad, haciendo que resulte auténtico el mundo irreal que rodea al espectador. Unos dispositivos electromagnéticos situados en el casco informan permanentemente a la computadora los movimientos de la cabeza y los ojos, de tal manera que la escena varía según hacia dónde mire el sujeto. Si se trata de un paisaje, al mirar al frente ve montañas; si dirige la vista hacia abajo, surge un lago y, si mira hacia arriba, se le aparece un cielo con nubes. El realismo se completa sintiendo la fragancia de las flores y el canto de las aves. Más aún, el espectador puede interactuar con el ambiente tocando y atrapando objetos virtuales porque tiene en las manos guantes con sensores que rastrean sus movimientos y envían la información a la computadora. Durante el estudio, el paciente se puede comunicar con el operador y este, además, recibe información del pulso y la respiración del sujeto, de tal manera que, si lo considera necesario, o el enfermo se lo solicita, se atenúa la intensidad de los estímulos cuando el grado de ansiedad es muy alto. Originariamente, esta nueva disciplina fue orientada hacia los juegos pero, a medida que fue avanzando en tecnología, se la aplicó en el campo de la aeronáutica para entrenar pilotos en simuladores de vuelo. Actualmente, es un complemento terapéutico para pacientes con trastornos psiquiátricos, como el pánico, el estrés postraumático, el accidente cerebrovascular, ciertas parálisis, el tratamiento del miembro fantasma y otras afecciones, incluyendo la obesidad y los trastornos de la alimentación. En el caso del trastorno de estrés postraumático, una revisión de la bibliografía médica reciente detectó 10 artículos bien elaborados en los que se utilizó la

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realidad virtual inmersiva y se evaluĂł su eďŹ cacia con escalas de depresiĂłn y de calidad de vida. De estos estudios, 6 fueron controlados, o sea que se los comparĂł con pacientes que no recibieron el mĂŠtodo, y la mayorĂ­a de ellos se realizaron con veteranos de las guerras de Oriente Medio. De los resultados con esta tĂŠcnica, se desprenden los siguientes aspectos sobre la realidad virtual inmersiva: P debe ser considerada un complemento y no una monoterapia en el tratamiento multidisciplinario; P pese a que el paciente es sometido a situaciones que le recuerdan la desagradable experiencia del estrĂŠs original, no se observaron casos de abandono terapĂŠutico; P no parece ser superior a las tĂŠcnicas clĂĄsicas de exposiciĂłn, pero hay que tener en cuenta que la mayorĂ­a de la poblaciĂłn estudiada estaba constituida por veteranos de guerra, considerados mĂĄs refractarios al tratamiento; P en la mayorĂ­a de los casos, se observĂł alivio de los sĂ­ntomas; P su principal indicaciĂłn para este trastorno parece ser el fracaso de los mĂŠtodos clĂĄsicos de exposiciĂłn.

BibliografĂ­a P 54<$1?)CZ)(;5C5´Z ;).;)5>=.4-5)=$1Y+E'$'B 5+.;=>$1)$1.=BA85<>;) -);$8B.4=-);)$=3)4=5+ \´B<=)3$=.')?.)@Y 4)Â&#x;Â?Â&#x17E;Â&#x;Z?51¤Y P 5?.;$´Z@$88Z8$41$4, )=$1Y-)><)5+?.;=>$1;)$1.=B.4 =-)<=>(B5+8)581)h<;)<854<)< =5?.51)4=.4'.()4=<Y ;54=.);<.4 )-$?.5;$1)>;5<'.)4')Â&#x;Â?Â?ÂŚ] ?51>3) Y P 5++3$4 Z.'-$;(Z5($ )=$1Y-) 11><.545+;)<)4') .4 33);<.?).;=>$1)$1.=B

Conclusiones La realidad virtual inmersiva es una herramienta que ya se ha instalado, aparentemente en forma deďŹ nitiva, para el tratamiento de diversas afecciones. En este artĂ­culo, solo se describe la aplicaciĂłn del mĂŠtodo como terapia de exposiciĂłn en el trastorno de estrĂŠs postraumĂĄtico, pero existen resultados satisfactorios sobre otras patologĂ­as neurolĂłgicas, como el accidente cerebrovascular, que es la otra afecciĂłn donde hay una experiencia en crecimiento con esta tĂŠcnica. Se requiere mayor estandarizaciĂłn, tanto de los equipos como de la metodologĂ­a de la realidad virtual inmersiva, para obtener resultados mĂĄs precisos, asĂ­ como la necesidad de que los estudios sean comparados y aleatorios para poder establecer con exactitud la eďŹ cacia del mĂŠtodo.

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RESEÑA LITERARIA

El ojo de la mente. El extraño caso de Oliver Sacks Por Mariana Lorena Nisebe. Lic. en Comunicación Social (UBA). Periodista especializada en ciencia y salud.

Vemos con los ojos, pero también vemos con el cerebro. A esto último se le llama imaginar”.

© Luigi Novi / Wikimedia Commons.

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¿Casualidad o causalidad? Todo en la vida de este neurólogo parece moverse como un péndulo entre estas dos posibilidades. Sus casos clínicos, columna vertebral de su obra, son siempre narraciones apasionantes, que logran unir con ingenio y observación historias “extrañas de gente común” con un “extraño neurólogo de lenguaje simple”. Y todo sucede naturalmente. ¿Casualidad o causalidad? Seguramente, el famoso Dr. Oliver Sacks se lo preguntó alguna vez. En diciembre de 2005, la vida lo sorprendió con una gran paradoja. El exitoso médico y escritor, que tantos pacientes había observado y descripto, se enteró de que, a partir de un tumor que tenía detrás de la retina de su ojo derecho, poco a poco perdía uno de sus tesoros, la vista. Pero también que, desde chico, tenía una patología infrecuente llamada “prosopagnosia”, más conocida como “ceguera facial”. Desde ese momento, el neurólogo observador pasó a observarse a sí mismo. Comenzó a tomar notas en lo que bautizó “diario del melanoma”, corazón de su reciente libro El ojo de la mente; donde combinó casos clínicos y autobiografía. Su gran tema es la visión y la imaginación visual, la vista como constituyente de nuestra personalidad, que nos permite no solo ver, sino ser. “Sacks cuenta las historias de personas que pueden estar en el mundo y comunicarse con otros a pesar de haber perdido habilidades que consideramos tan indispensables como leer, reconocer las caras o percibir el espacio en tres dimensiones”, se lee en la introducción de su libro. “Desde siempre me ha costado reconocer las caras. De niño no pensaba mucho en ello pero, cuando fui adolescente y cambié de escuela, muchas veces me avergonzaba. Mi frecuente incapacidad para reconocer a los compañeros de clase los dejaba perplejos y, a veces, los ofendía. No se les ocurría (¿y por qué se les iba a ocurrir?) que yo tenía un problema de percepción”, relata Sacks. Desde que le diagnosticaron el melanoma, anotó la manera en que su ojo iba transformando la realidad a medida que el tumor era tratado: cómo la ciudad se convirtió un día en una jungla de “medias personas” o cómo perdió la tercera dimensión con la que tanto le había gustado experimentar durante años. Al mismo tiempo exploraba la otra cara de la moneda, historias de personas con “ceguera facial”, que podían ver perfectamente, pero no reconocían “ni a sus hijos”. Él vivió las dos experiencias. Y, a pesar de la prosopagnosia y el tumor en el ojo, su vida continúa normalmente: maneja, camina sin inconvenientes, lee y escucha música. Cuenta en el libro que su percepción de un mundo sin relieve y carente de profundidad le abrió otro ojo, el de la mente. Además, reconoce que, en muchos de sus pacientes que recuperaron funciones o suplantaron las pérdidas con otras habilidades, lo que cumplió un papel clave fue el deseo (indestructible) de no darse por vencidos. Igual que él. ¿Casualidad o causalidad? NeuroRed es un espacio abierto de intercambio, comunicación y conexión entre los profesionales de la neurociencia. Dejamos abierto nuestro canal de comunicación nr@ect-ediciones.com para compartir opiniones, inquietudes y propuestas de contenido editorial. La presente obra tiene como objetivo informar a los profesionales de la salud sobre diversos temas relacionados con la neurociencia. Agradecemos a todos los que, de una forma u otra, han colaborado para que este material, de indudable interés científico y didáctico, pueda ser difundido. Producción científica y editorial de EC-t Ediciones Científico-técnicas SRL. © 2013 Derechos reservados. Leopoldo Marechal 1006, 1º piso (C1405BMF) Ciudad de Buenos Aires. www.ect-ediciones.com


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