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y usuario; la distribución de los elementos, en términos de concentración y dispersiónausencia; el mantenimiento de las calles y del mobiliario; y, por último, aspectos referidos a modificaciones concretas en el diseño de los elementos (como bancos, farolas o pilones), vinculadas a propuestas implícitas o explícitas. – La percepción de presencia de los diferentes elementos del mobiliario urbano y,

por lo tanto, su consideración como objetos de observación y de valoración, resulta muy diferente según los elementos tratados. Los elementos urbanos que más atención han recibido en todos los grupos son: aceras, pavimentos, pilones, alumbrado, semáforos, bancos, papeleras, contenedores y paradas de autobús. Un segundo grupo de elementos ha sido citado solamente en algunos de los barrios: carriles bici, señales de información, fuentes, bocas de metro, aparcamientos de bicicletas, cabinas telefónicas, buzones de correos, lavabos públicos y quioscos. Integran el grupo de elementos menos citados: alcorques, tapas de servicios, armarios y jardineras. Es decir, hay elementos que emergen de forma instantánea y espontánea en el discurso del ciudadano, mientras otros elementos parece que no tengan cabida tan fácilmente en las consideraciones del usuario, ya sea por su escasa presencia (y escasa facilidad a detectar su ausencia), como por su poca visibilidad, escaso poder atractivo sobre la atención del ciudadano o su acotado margen de utilización por su propia y restringida naturaleza funcional. Sin embargo, por encima de todo, sería el uso (o no uso) cotidiano de un determinado elemento urbano el que condicionaría su percepción de presencia, más que la presencia real o su visibilidad. Ello explicaría el motivo por el cual a pesar de que muchos elementos sean muy visibles, como las fuentes o la propia señalización, no hayan generado un mayor número de comentarios. – Existe una sensibilidad por la cuestión de relación de dimensiones, en cuanto a los

propios elementos de mobiliario urbano en relación con el espacio en el que se inscriben, como en términos de una integración proporcionada de estos espacios con el entorno urbano más amplio que los acoge. Así, en varias ocasiones se ha llegado a formular la propuesta de disponer de elementos urbanos diseñados en función de la variabilidad de dimensiones de los espacios donde se ubican; este es el caso de los contenedores de basuras (que en opinión de los ciudadanos deberían hacerse de una talla adecuada a las calles estrechas) o de los bancos (en los tramos conectores entre vías más concurridas o en áreas horizontales de vías de circulación en pendiente). Por otra parte, espacios como la Rambla del Raval o el corazón del Eixample han dado lugar a discusiones centradas en las características dimensionales que definen la relación entre dichos espacios y el trazado urbano en el cual están injeridos. En

Xavi Padrós

el primer caso, se ha comentado que la Rambla del Raval tiene unas proporciones que contrastan notablemente con las más discretas dimensiones de las calles y las

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La U Urbana - El libro blanco de las calles de Barcelona  
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