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– El diseñador Ramón Úbeda mostró una nueva tipología de asientos públicos

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pensados para promover el disfrute del espacio urbano y la relación social. “Conozco a alguien que tiene un banco en su casa. No porque goce de una espléndida terraza, ni tampoco porque le hagan falta media docena de sillas para sentarse. Lo tiene por pura nostalgia. Dice que le recuerda sus años de adolescente en el pueblo, cuando se citaba con los amigos en los bancos de la plaza. En torno a uno de estos bancos se inició en la vida social, aunque la nostalgia le debe sobrevenir porque sobre aquel mismo banco de estilo romántico —qué definición tan bonita— se pasó tardes enteras abrazado y literalmente amorrado a su primera novia. Durante prácticamente quince años mi conocido vivió delante de una plaza del Poble Sec de Barcelona. Una plaza maravillosa donde había dos bancos exactamente iguales que aquellos que tan gratos recuerdos de juventud le evocaban. Durante todos aquellos años cruzó mil veces esta plaza, pasando frente a los bancos, pero nunca llegó a sentarse en ellos. A pesar de que casi siempre estaban desocupados. Tan vacíos como la propia plaza que solía contemplar desde la ventana de su piso, casi con cierta obsesión, quizás con la esperanza de que algún día cobrarían vida. Cuando un buen día decidió cambiar de barrio se dio la coincidencia de que empezaron unas obras de remodelación de aquella plaza, las cuales modernizaron considerablemente su aspecto. Se reservó en ella un extraño espacio para que los perros pudieran hacer sus necesidades y evitar así el problema de que cada mañana apareciera minada, y fue cambiado su mobiliario urbano. Donde antes se encontraban aquellos dos bancos ahora había muchos más. Pero resultó que los nuevos eran individuales. Mi conocido, que no pudo entenderlo, consiguió rescatar uno de los viejos asientos y lo instaló en su casa. Un tiempo después, mi conocido invitó a cenar a un conocido suyo, diseñador, instalado en Suiza, que mostró su extrañeza al saber que en la cálida Barcelona los bancos no tuvieran quien los quisiera. Tampoco podía entender las razones por las cuales se priorizaba el aislamiento o la poca comunicación en las calles de una ciudad que se presta como pocas al goce de sus espacios públicos. Su razonamiento fue tan frío como evidente: la calle, la plaza, el parque, son espacios de relación social, un territorio para compartir. Si compartir significa respetar a los demás se puede deducir que quien se relaciona —y respeta a los demás— no permite que su perro vaya dejando minas que pueden explotar bajo el zapato de un vecino.”

Dibujos que pertenecen a un proyecto de mobiliario urbano diseñado por Alfredo Häberli (instalado en Suiza) para la empresa barcelonesa BD Ediciones de Diseño. Son nuevas tipologías de asientos públicos pensados para promover el goce del espacio urbano y la relación social.

La U Urbana - El libro blanco de las calles de Barcelona  
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