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MINISTERIO COORDINADOR DE POLÍTICA ECONÓMICA

ORÍGENES DE LA POLÍTICA ECONÓMICA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL ECUADOR 1900-1960 Milton Luna Tamayo Quito – Ecuador Abril del 2013 Serie Historia de la Política Económica del Ecuador


CRÉDITOS Jeannette Sánchez Zurita. Ministra. Ministerio Coordinador de Política Económica. Mauricio León. Secretario Técnico. Ministerio Coordinador de Política Económica. Investigación y textos: Milton Luna Tamayo. Presentación: Jeannette Sánchez Zurita. Equipo de Comunicación del MCPE:

Coordinación: Grace Aguilar, Luis Dávila. Edición fotográfica: Roberto Yacovazzo.

Levantamiento de textos: Carmen Gangotena Granizo Diseño y diagramación: Oxigenio. Fotografías: Subsecretaría de Memoria Social, Ministerio de Cultura Impresión: Editogran S.A. Primera edición: abril de 2013. Tiraje: 500 ejemplares. Quito, Ecuador. ISBN- 978-9942-07-399-0 Ministerio de Coordinación de Política Económica. Santa María y Amazonas, Edificio Tarqui, piso 5. www.politicaeconomica.gob.ec Quito, Ecuador. Copyright: © Ministerio de Coordinación de la Política Económica Quito, Ecuador

MILTON LUNA TAMAYO Doctor (c ) en Historia de la Educación UNED, Maestro en Historia Andina FLACSO, Licenciado en Ciencias Históricas PUCE. Ex investigador del equipo de historia económica del Banco Central; ex Director de la Escuela de Historia de la PUCE; profesor de las maestrías de gerencia educativa de la Universidad Andina. Actualmente profesor de historia económica, social y educativa de la Escuela de Historia de la PUCE y de la maestría de educación inicial del Instituto de Post grado e Investigación de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central. Ha publicado libros de historia económica, social y de la educación.


CONTENIDO Presentación

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INDUSTRIAS, INDUSTRIALES Y POLÍTICAS EN EL ECUADOR, 1900-1960. ESTUDIO INTRODUCTORIO.

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El proteccionismo en la industria ecuatoriana (1887) Industrias en el ecuador (1909) Las industrias en el ecuador. Resumen histórico (1926) Las peticiones de los industriales del interior (1931) Plan orgánico de industrias (1935) Actas del primer congreso de industriales del ecuador. 1935 Acta n. 5 Plan de fomento industrial (1936) Breves notas sobre la industria textil en el ecuador (1937) Exposición de la cámara de industriales de pichincha sobre lesivo tratado comercial con colombia (1942) Informe reservado dirigido al presidente del h. Consejo nacional de economía (1949) La crisis textil (1958) Estudio sobre la situación de la industria textil ecuatoriana (confidencial) 1958 La industria textil en el ecuador. Informe de la cepal (1965)

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LOS PRIMEROS PASOS DE LOS INDUSTRIALES Y DE LA INDUSTRIA

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La génesis de la industria de la costa

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Los primeros industriales costeños

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Los primeros industriales de la sierra

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Los efectos de la regionalización en la industria

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Los industriales y su formacion histórica

36

Las políticas económicas y la importancia del proceso industrial hasta 1960

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Las trabas al impulso industrial

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La política económica: el proteccionismo y el uso del estado

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BIBLIOGRAFÍA

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DOCUMENTOS HISTÓRICOS

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EL PROTECCIONISMO Y LA INDUSTRIA ECUATORIANA (1887)

73

INDUSTRIAS EN EL ECUADOR (1909)

83

LAS INDUSTRIAS EN EL ECUADOR: RESUMEN HISTÓRICO (1926) Perspectivas industriales

98 111

LAS PETICIONES DE LOS INDUSTRIALES DEL INTERIOR (1931) Conceptos de la cámara de comercio y agricultura de Guayaquil

116 116

PLAN ORGÁNICO SOBRE INDUSTRIAS (1935) Organización de los industriales y manufactureros Reglamentación de las industrias Política del estado

122 126 129 131

ACTAS DEL PRIMER CONGRESO DE INDUSTRIALES DEL ECUADOR. 1935 Acta no.5: Sesión ordinaria de la tarde Acta no. 6: Sesión del 25 de marzo Acta no. 7: Sesión ordinaria de la tarde Acta no. 8: Sesión ordinaria de la tarde Acta no. 9: Sesión ordinaria de la tarde Acta no. 10: Sesión ordinaria de la tarde

134 134 162 205 229 256 287

PLAN DE FOMENTO INDUSTRIAL (1936) Ministerio de previsión social e industrias. Sección industrias -Informe no 20/x. Quito, 31 de octubrede 1936

321 321 321

BREVES NOTAS SOBRE LA INDUSTRIA TEXTIL EN EL ECUADOR (1937)

356

EXPOSICIÓN DE LA CÁMARA DE INDUSTRIALES DE PICHINCHA SOBRE LESIVO TRATADO COMERCIAL EN COLOMBIA (1942)

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INFORME RESERVADO DIRIGIDO AL PRESIDENTE DEL H. CONSEJO NACIONAL DE ECONOMÍA (1949) 383 LA CRISIS TEXTIL (1958)

394

ESTUDIO SOBRE LA SITUACIÓN DE LA INDUSTRIA TEXTIL ECUATORIANA (CONFIDENCIAL) 1958

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LA INDUSTRIA TEXTIL EN EL ECUADOR. INFORME DE LA CEPAL (1965)

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CONCLUSIONES

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PRESENTACIÓN

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na mirada tradicional de la economía ecuatoriana asigna a los años sesenta del siglo XX como el inicio de la industrialización del Ecuador. De hecho, múltiples indicadores y análisis confirmarían este aserto que casi sin mayor debate ha copado el discurso de las ciencias sociales ecuatorianas. No obstante, la industrialización ecuatoriana fue un proceso que hundió sus raíces en décadas previas. Fue un fenómeno destacado y complejo en todo el territorio, con mayor dinamismo en la sierra centro norte a propósito del entorno creado por la crisis del segundo boom cacaotero (1920) y por la apertura a un mercado nacional propiciado por las políticas alfaristas, especialmente por el trazado del ferrocarril que uniría Guayaquil con Quito en 1908. Tales iniciativas industrializadoras fueron esfuerzos relevantes de sectores privados y del Estado que plantearon preocupaciones tempranas por impulsar en el país nuevos modelos económicos. Hubo espacios de discusión, circulación de ideas, proyectos, voluntad política y vocación hacia la inversión productiva. Se trazaron roles para cada uno de los actores y se crearon algunos marcos normativos proteccionistas, que debían soltar las amarras hacia el nuevo modelo. Sin embargo, la todavía robusta estructura social dividida en estamentos, la débil formación de una clase hegemónica que liderara el proceso industrial a escala nacional, la fractura regionalista, la cultura paternalista de herencia colonial, un abigarrado modelo primario exportador favorable a familias oligárquicas propietarias de latifundios y plantaciones y un Estado funcional a esos tradicionales intereses limitaron el avance de la modernidad y de la industrialización. Recuperar para la historia económica del país los orígenes de la industrialización y de las políticas que las promovieron es un aporte para interpelar una visión lineal, sesgada e incompleta del pasado y dotar de los elementos necesarios para entender y explicar un proceso que es mucho más rico y complejo del que se tenía referencia. Tal recuperación no hace sino alimentar un debate contemporáneo orientado hacia la construcción del modelo económico que supere el viejo esquema primario exportador vigente desde el siglo XVIII.


Milton Luna Tamayo

Para emprender en este empeño, el Ministerio Coordinador de Política Económica, en concordancia con su línea editorial dentro de la serie Historia de la Política Económica del Ecuador, con un sentido pluralista y académico, solicitó la colaboración del historiador Milton Luna, debido a su trayectoria en la investigación y conocimiento en este y otros ámbitos de la historia nacional y latinoamericana, acumulados en la cátedra universitaria y en otros espacios de reflexión e indagación académica y científica. Este libro presenta un estudio introductorio y un aparato documental de significativa importancia para el análisis de estudiantes, docentes e investigadores de la economía y de la historia. El espacio temporal abordado va desde fines del siglo XIX hasta 1960. En estas páginas están presentes los pensamientos, debates, estudios y proyectos del Estado y de los sectores productivos. Se destacan las iniciativas y aportes de figuras como Eloy Alfaro, Jacinto Jijón y Caamaño y de instituciones estatales responsables del tema, así como de organismos internacionales de gran influencia en las políticas económicas del Ecuador desde los años cincuenta, como la Comisión Económica para América Latina –CEPAL–. Sin duda, este material inspirará no solo el debate sino la investigación. Quito, abril de 2013. Jeannette Sánchez Zurita Ministra de Coordinación de Política Económica.

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ORÍGENES DE LA POLITICA ECONÓMICA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL ECUADOR 1900-1960

TRABAJADORES DE LA HACIENDA CAAMANO TENGUEL Región Litoral, 1920/00/00: En primer plano algunos trabajadores y los tendales de la Hacienda con el cacao tendido a secar, en el centro se ve un hombre a caballo y dos cajas con cacao; al fondo las edificaciones 11 de la hacienda


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ORÍGENES DE LA POLITICA ECONÓMICA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL ECUADOR 1900-1960

TRABAJADORES DE LA FABRICA EL PROGRESO Quito, 192-?: En primer plano un grupo grande de trabajadores de la fábrica, las mujeres se encuentran sentadas en el suelo delante de los hombres que están de pie, en el grupo hay varios niños; al fondo la fachada del edificio de la fábrica 13


ESTUDIO INTRODUCTORIO


INDUSTRIAS, INDUSTRIALES Y POLÍTICAS EN EL ECUADOR, 1900-1960. ESTUDIO INTRODUCTORIO.

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esde hace más de doscientos años el modelo primario exportador es el eje de la economía ecuatoriana.1 Y allí se mantiene firme en perjuicio del desarrollo integral e independiente del país.

El cacao, el banano y luego el petróleo son los productos que en su momento sustentaron y sustentan gran parte los presupuestos del Estado y dinamizaron amplios segmentos de la actividad privada. Tal ha sido su presencia que legítimamente se podría periodizar la historia económica del país con el nombre de cada uno de ellos: “periodo cacaotero”, “periodo bananero” o “periodo petrolero”. Sin embargo, en el transcurso de la historia hubo varios intentos por apuntalar otros modelos y proyectos económicos para reemplazar el protagonismo del “producto estrella” aprovechando de su crisis o de otras circunstancias. Hubo personas y sectores sociales con entusiasmo por industrializar el país, pero sus proyectos no tuvieron la suficiente fuerza y se quedaron en el camino o avanzaron de manera ambigua.

La inserción del país al mercado mundial a través de un producto de exportación; el carácter marginal, mercantilista y dependiente del capitalismo nativo en sus primeros pasos desde la segunda mitad del siglo XIX; la configuración lenta de clases modernas en medio de una abigarrada sociedad estamental y aristocrática; la pervivencia de relaciones sociales y de producción de matriz colonial; la marginación de la mayoría de la población a la ciudadanía y al mercado; la configuración oligárquica del Estado; la pausada y conflictiva democratización de la política y de la sociedad y la vigencia de tradiciones y culturas paternalistas y patriarcales fueron algunas de las dinámicas que en un juego de interdependencia reforzaron el “modelo” primario que también las alimentó. 1

El primer boom cacaotero inició a fines de la época colonial, en el último cuarto del siglo XVIII.


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Encontrar las pistas de este complejo proceso en sus fases iniciales, ubicando al tema de la industrialización como foco de investigación, podría ayudar a la comprensión del porqué de los fracasos en la implantación de las alternativas al viejo modelo, de nuestra tardía modernización e iluminar el diseño de políticas económicas más eficaces para ayudar al salto hacia otro modelo de desarrollo. Este libro aporta en esa dirección con un ensayo introductorio y un conjunto de documentos que dan cuenta de los orígenes de la política económica del desarrollo industrial en el Ecuador. Se establece como metodología observar la serie de ideas, debates, proyectos y procesos hacia la industrialización que se promovieron desde fines del siglo XIX hasta la mitad del XX. Se identifica la iniciativa de los actores del sector privado, de los industriales. Se observa la respuesta del Estado. Se analizan sus relaciones. De esta manera se reconstruye el camino del proceso industrializador y de las políticas económicas que lo acompañan. El estudio introductorio, que focaliza su análisis en las primeras décadas de este siglo, indaga las dificultades que los industriales tuvieron para constituirse como clase y en esto encuentra algunas de las claves para entender la lentitud del proceso modernizante. A continuación, en forma somera, el trabajo rastrea los límites de la industrialización, los sentidos de las iniciativas estatales bañadas en la óptica proteccionista y algunos de los motivos económicos, sociales y culturales que impidieron el desarrollo pleno de dicho proceso. La introducción precede a un cuerpo documental sobre las políticas y la historia de la industria ecuatoriana.2 Son importantes vestigios producto de una minuciosa selección de materiales históricos que dan cuenta de los intereses, conflictos, pensamiento y problemas de la industria, de los industriales y del Estado. Son materiales que permiten apreciar el complejo e interesante proceso de construcción de la política económica elaborada por un Estado, obligado por las circunstancias históricas a promover acciones a favor del desarrollo industrial en el marco del proteccionismo. Los documentos publicados son fuentes primarias extraídas de informes parlamentarios y de guías comerciales de inicios del siglo XX. Son artículos escritos en los órganos de difusión de las Cámaras. Son planteamientos de funcionarios del Estado, de organismos internacionales y de los representantes de las industrias en diferentes y agudos momentos hasta 1960. Se debe destacar en este conjunto documental las actas más decidoras e importantes del Primer Congreso de Industriales del Ecuador, llevado a cabo en Ambato en 1935 y los valiosos informes del Banco Central y de la CEPAL de 1950 y 1960, sobre el proceso industrial ecuatoriano. Una breve descripción de los documentos publicados y de las temáticas es la siguiente: 2

El estudio introductorio y la selección documental son dos componentes de un mismo cuerpo y proceso de investigación. La introducción tomó como base: Milton Luna Tamayo, ¿Modernización? Ambigua experiencia en el Ecuador, Iadap, 1993.

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ORÍGENES DE LA POLITICA ECONÓMICA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL ECUADOR 1900-1960

El proteccionismo en la industria ecuatoriana (1887) Se rescata un discurso de Manuel Freile Donoso en el Congreso de 1887, en el que hace referencia al carácter central del proteccionismo del Estado como medida básica para salvar e impulsar la economía nacional. Toma como ejemplos a seguir los modelos proteccionistas adoptados en Europa y propone la incorporación y sus beneficios de estos modelos al Ecuador. Industrias en el Ecuador (1909) Se transcribe la ley expedida por Eloy Alfaro3 que aseguró por parte del Estado una protección más amplia a las industrias de la época. Se estableció una garantía de protección de diez años para estimular y proteger el capital además de no atentar contra los intereses de los consumidores. Las industrias en el Ecuador. Resumen Histórico (1926) Es un documento escrito por Jacinto Jijón y Caamaño en el que hace un recuento histórico de las industrias textiles que existieron en nuestro territorio. Hace referencia al indio andino y su capacidad para las industrias textiles y posteriormente describe a los obrajes durante la época de la Colonia que, citando un testimonio, llega a la conclusión que durante la Colonia la industria textil fue de mala calidad. Ya para 1900 se transforma la industria textil con la llegada de maquinaria nueva para las fábricas, finalmente menciona los impedimentos más importantes que tuvo la industria ecuatoriana para prosperar: vías de comunicación, costos de transporte, etc. Las peticiones de los industriales del Interior (1931) Los industriales realizan una exposición de sus peticiones al Presidente de la República: supresión de la salida de oro, prohibición a la introducción de productos extranjeros y artículos de lujo que se producen en el país e incentivos a una mayor cooperación de los bancos nacionales para expedir créditos a los industriales. Plan orgánico de industrias (1935) Con el fin de establecer nuevas formas de organización para mejorar el ambiente industrial y económico del país, se convoca a un congreso de industriales para plantear cuatro puntos fundamentales que van ayudar a fomentar el desarrollo del Ecuador: organización administrativa, organización de las industrias y manufacturas, reglamentación de la industria y política de Estado. 3

Fue un decreto dictado el 26 de junio de 1906 por Eloy Alfaro.

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Actas del Primer congreso de Industriales del Ecuador. 1935 Acta n. 5 Transcripción de la sesión de las Actas del Primer Congreso de Industriales del Ecuador que tuvo lugar en la ciudad de Ambato donde se discutieron ocho temas fundamentales para el desarrollo de las industrias: organización de industrias, arancel de aduanas, asuntos bancarios y legislación comercial, sustitución de impuestos, cuestiones obreras y legislación social, transporte y vialidad, agricultura e industrias agrícolas y asuntos varios. Al finalizar cada tema se destacan las resoluciones y acuerdos que transitaron por exhaustivos debates. Plan de fomento industrial (1936) Para impulsar un desarrollo de las fuentes de producción y las industrias, se elabora un plan económico integral donde las políticas fiscales deben sintonizarse con las necesidades agrícolas e industriales, de la misma forma el mejoramiento de la situación de trabajadores es fundamental para el desarrollo de las mismas fábricas. Asimismo la buena organización administrativa, políticas de crédito, habilitación de tierras y caminos, y la aplicación económica del presupuesto son esenciales para una buena política económica. Breves notas sobre la industria textil en el Ecuador (1937) Se describe el desarrollo que ha alcanzado la industria textil ecuatoriana mediante datos estadísticos, capitales invertidos, consumo de materias primas, salarios, producciones etc. Así como los nombres de las fábricas y el año respectivo al que pertenecen. Exposición de la Cámara de Industriales de Pichincha sobre lesivo tratado comercial con Colombia (1942) El Directorio de la Cámara de Industriales de Pichincha hace una exposición al Presidente del Congreso Nacional sobre la gravedad de la situación económica que atraviesa el país, y especialmente la industria: malas políticas económicas, legislación defectuosa, carencia de técnica, etc. Propone varios puntos que podrían ayudar a mejorar la situación: legislación referente al Seguro Social, el Código de Trabajo, fomento de la producción, expedición de decretos, contratación de técnicos, fabricación de productos químicos, decreto sobre el control de productos exportables y un tratado comercial con Colombia.

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Informe reservado dirigido al presidente del H. Consejo Nacional de Economía (1949) Este informe contempla múltiples consideraciones y medidas frente al desarrollo de la industria textil en el Ecuador. Medidas de proteccionismo, de carácter crediticio, políticas para regular el mercado de tejidos, protección a la materia prima nacional, protección arancelaria de maquinaria, protección fiscal, promoción del consumo, educación industrial. La crisis textil (1958) La industria textil en el año de 1956 tuvo un aporte importante en la economía del Ecuador y era un pilar fundamental a nivel nacional, sin embargo por causas como el contrabando, la competencia con Colombia, y el alto nivel de impuestos que afectaron a esta actividad, la situación textil de Ecuador cayó a niveles precarios. Estudio sobre la situación de la industria textil ecuatoriana (confidencial) 1958 Se esboza un amplio estudio sobre la situación de la industria textil en el Ecuador abordando diferentes aspectos característicos de esta actividad: materia prima, mercado de consumo, productividad de la industria, importaciones de insumos para la confección, equipos utilizados, mano de obra, comercialización; cifras, cuadros y estadísticas van a arrojar luz sobre esta actividad. La industria textil en el Ecuador. Informe de la CEPAL (1965) Este informe es parte de una serie de estudios realizados por la CEPAL sobre la industria textil en países latinoamericanos, en este caso del Ecuador. Se relata en este informe las características y estructura de la industria, su proceso evolutivo, los factores de producción y conclusiones finales sobre la industria textil en el Ecuador.

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CERVECERÍA LA VICTORIA Quito, 1920. En primer plano la Av. 24 de Mayo con varias carretas y personas en la acera; en segundo plano la fachada de la fábrica de cerveza “La Victoria“.

CERVECERIA TUNGURAHUA Ambato, 1928/00/00: Vista de las instalaciones de la Cerveceria Tungurahua; en segundo plano una panorámica de parte de la ciudad; al fondo montañas

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FABRICA NACIONAL DE FOSFOROS Quito, 1920/00/00: Vista del interior de uno de los talleres de la Fábrica Nacional de Fósforos de propiedad del Sr. Leopoldo Mercado

FABRICA DE MANTEQUILLA GUAYTACAMA Región Andina, 1920/00/00: Vista del interior de la fábrica de mantequilla de propiedad de Enrique Gangotena, se puede ver 2 trabajadores junto a las máquinas, a la derecha 2 ventanas y algunos recipientes; al fondo una puerta

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OBREROS DE LA FABRICA LA INTERNACIONAL Quito, 1934?: En primer plano un grupo de obreros de la F谩brica junto a los edificios de la misma

ASERRADERO EL CONDOR Regi贸n andina, 1929/00/00: Vista de los talleres en perspectiva, se puede ver la maquinaria del aserradero y algunos operarios trabajando, a la derecha ventanas y maderas

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TALLERES DE LA INDUSTRIAL ALGODONERA Región andina, 192-?: Vista del departamento de máquinas de la Industrial Algodonera en perspectiva, se puede ver las maquinarias y los obreros de pie junto a ellas

ENVASADORA DE LA GUITIG Machachi, 1929/00/00: En primer plano las maquinarias envasadoras del agua con algunos operarios de pie junto a ellas, en el suelo se ven algunas botellas del agua; a la izquierda y al fondo ventanas

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PRIMEROS PASOS

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TEATRO BOLIVAR Quito, 1920?: Fachada del Teatro BolĂ­var ubicado en la Calle Espejo


LOS PRIMEROS PASOS DE LOS INDUSTRIALES Y DE LA INDUSTRIA

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a mayoría de especialistas nacionales y extranjeros que han estudiado a la industria, a los industriales y a las políticas económicas relacionadas con el sector han focalizado sus análisis en los años 60 y 70 del siglo XX4, estableciendo la inexistencia, al menos hasta inicios de los 80, de una “fracción industrial independiente” dentro del cuerpo de las clases dirigentes. Señalan que son los mismos pequeños grupos familiares regionales los que hasta finales de los 70, diversificaron sus intereses por todos los costados de la economía: en la banca, en la industria, en el agro, en el comercio exportador e importador, etc. Este fue el resultado del capitalismo ecuatoriano tardío y dependiente, sujeto al modelo primario exportador, que generó una élite conformada en su mayoría por personas con mentalidad rentista, poco creativas y no proclives al riesgo, a la inversión productiva y ni al desarrollo industrial; una élite que no dispuso de las características de los industriales con mentalidad empresarial que desarrollaron el capitalismo en otras zonas del planeta. Los industriales ecuatorianos nacieron del seno de esas elites. Irrumpieron con aliento modernizador, pero contaminados con el rentismo, el paternalismo y la tradición. Una mezcla que dio un producto ambiguo. Además surgieron como hijos diferentes en dos espacios y experiencias productivas, comerciales y culturales diversas, producto de la regionalización histórica del Ecuador. Regionalización que se gestó en la Colonia y se mantuvo hasta bien avanzado el siglo XX, disminuyendo paulatinamente su presencia mientras crecía la fuerza del Estado y mercado nacionales, aunque hasta el siglo XXI todavía existen vestigios de dicho fenómeno

LA GÉNESIS DE LA INDUSTRIA DE LA COSTA Las primeras experiencias productivas y las personas de la zona dedicadas a la actividad industrial se las encuentra a fines del siglo XIX e inicios del XX. ¿Quiénes fueron los primeros industriales? ¿De dónde vinieron sus capitales? ¿Cuáles fueron sus relaciones con los otros sectores de la economía? ¿Por qué dedicaron sus capitales a la producción industrial? ¿Cuáles fueron las primeras industrias costeñas? ¿Cuáles fueron las condiciones económicas y sociales de la región costa que marcaron el surgimiento de la industria? 4

La mayoría de estudiosos coinciden en afirmar que fueron estos años en los que se inició la industria nacional. Esta hipótesis es cuestionada por el presente estudio que aporta elementos para señalar que la industrialización germinó desde los albores del siglo XX.


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Desde el siglo XVIII la costa ecuatoriana, se especializó en la exportación de productos tropicales, en especial del cacao. Ya a fines de aquel siglo la “pepa de oro” experimentó su primer auge, consolidándose su explotación como una de las principales actividades económicas de zona, desde 1820 hasta 1860 cuando decayó su producción y exportación. Luego de este período, a partir del último cuarto del XIX, el cacao volvió a tomar su lugar de privilegio e importancia. El mundo de Guayaquil y de sus zonas de influencia giró, hasta la segunda década del siglo XX, alrededor de las vicisitudes del mentado fruto, cuyo segundo “boom” se extinguió en estos años. Indudablemente todo el país se vio envuelto también por las ondas económicas generadas por el movimiento del cacao. Varias fueron las circunstancias que motivaron la creciente importancia del producto. Las inmejorables condiciones naturales de la región propiciaron, en primer término, el crecimiento espontáneo de bosques, cuyo desmonte se constituyó durante buen tiempo en tarea suficiente para su explotación. Más, cuando fue necesario cultivar para hacer frente a la mayor demanda, estas mismas facilidades del medio motivaron a los cacaoteros a la agresiva expansión de la frontera agrícola para dedicarla a la producción en forma extensiva. La profusa red fluvial de la zona, al reducir costos de transporte, aumentó las ventajas comparativas del producto. De igual manera, los excedentes del mundo industrializado en expansión permitieron que el consumo de chocolate aumente en estos países, impulsando la producción del cacao ecuatoriano, que por su calidad recibió altas cotizaciones en la Bolsa de Londres. Tales hechos propiciaron la multiplicación de propiedades dedicadas a la producción cacaotera. En la primera década del siglo XX los “fundos” especializados en este cultivo sumaban 4.837 con 58 millones de árboles de cacao en su interior5. Los dueños de estas tierras conformaron una importante clase propietaria, un opulento sector terrateniente que comenzó a usufructuar de las pingues rentas dejadas por la producción y exportación de la ya famosa “pepa de oro”6. De este grupo gran propietario salieron buena parte de las personas y de los capitales que iniciaron la industrialización en la costa ecuatoriana.

LOS PRIMEROS INDUSTRIALES COSTEÑOS Más allá de las divergencias que los especialistas tienen al interpretar las consecuencias del fenómeno cacaotero en la conformación de las clases en la costa7, 5 6

7

Andrés Guerrero, Los Oligarcas del Cacao , Ed. El Conejo,1980, pp 18. El valor de las exportaciones de cacao aumentaron de 5’672.851 en 1895 a 34’456.799 en 1919. Manuel Chiriboga, Jornaleros y Gran propietarios en 135 años de exportación cacaotera 17901925, Consejo Provincial de Pichincha, 1980. Varias tendencias de interpretación se presentan al respecto: Andrés Guerrero y Rafael Quintero señalan que la producción y exportación cacaotera dio lugar a la formación (hablando de las clases dirigentes) de básicamente dos sectores bien diferenciados, uno netamente latifundista,

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existe un consenso al afirmar que los capitales invertidos en la industria fueron pequeños y dependientes de los otros sectores económicos, lo que originó un sector industrial débil y no diferenciado.8 Los cacaoteros exportadores y banqueros invirtieron en las más grandes aunque contadas empresas industriales de la época. Fundaron algunos ingenios azucareros, piladoras de arroz y fábricas de calzado y fósforos. Su mayor participación se produjo en el área de servicios para la ciudad de Guayaquil (carros urbanos, alumbrado público, teléfonos y luz eléctrica). Los importadores, muchos de ellos inmigrantes italianos y españoles, crearon con capital muy inferior al grupo antes señalado, molinos de harina, ingenios azucareros, fábricas de galletas, fideos, chocolates, cerveza, cigarrillos y hielo. Finalmente en Guayaquil también funcionaron buen número de talleres artesanales y manufacturas cuyo capital fue de no mucha significación.9 No obstante, de este grupo y del de los importadores surgirá un incipiente capital industrial con relativa independencia de los poderosos intereses de la élite guayaquileña. Lo visto puso de relieve, “la inexistencia de una fracción industrial diferenciada durante este periodo” (Guerrero, R., 1979:63), o en otras palabras, que el sector “más importante del capital industrial, no tuvo una existencia autónoma en tanto que tal. Es más bien una prolongación del capital financiero-comercial y comercial a otros sectores económicos” (Guerrero,A.,1980:67) o más concretamente, son las mismas familias cacaoteras que están reproduciendo algo de su dinero en movimientos económicos marginales. Es un hecho que la principal actividad económica de estos “industriales” estuvo en la especulación financiera, en el comercio y en la explotación de sus fundos. Estos gastaron sus millonarias utilidades en su fastuoso tren de vida realizado principalmente en el exterior, invirtieron escasamente en tierras y en mejoras de la producción cacaotera y un escaso 10% de su capital en las ramas industriales antes descritas.10 Esta situación retrata la vocación mercantil de las élites porteñas y su nivel de entusiasmo por el desarrollo industrial del país.

terrateniente-precapitalista y, otro burgués, exportador-importador y financiero. Otra interpretación es formulada por Manuel Chiriboga, quien considera que el hecho cacaotero generó una burguesía agro-exportadora. Andrés Guerrero (1980); Rafael Quintero, El mito del populismo en el Ecuador, FLACSO, 1980; Manuel Chiriboga (1980). Otros aportes al debate y a la época en Ronn Pineo, Guayaquil y su región en el segundo boom cacaotero (1800-1925), en Juan Maiguashca (ed.), Historia y Región en el Ecuador, 1830-1930, Flacso-Corporación Editora Nacional, 1994 8 Los mismos especialistas concuerdan al señalar que hubo un sector industrial independiente de los otros sectores económicos, conformado mayoritariamente por artesanos acomodados, sin embargo por su reducido capital no tuvo económicamente mucha importancia. 9 Manuel Chiriboga, (1980); Andrés Guerrero, (1980).; Rafael Quintero, (1980); y Rafael Guerrero, “La formación del capital industrial en la provincia del Guayas,1900-1925” Revista de Ciencias Sociales N.10-11, Vol III,1979. 10 Jean Paul Deler, “Estructuración y consolidación del área central 1830-1942” en El manejo del espacio en el Ecuador, etapas claves, geografía básica del Ecuador. Tomo I. Geografía histórica, CEDIG,1983, pp. 204

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LOS PRIMEROS INDUSTRIALES DE LA SIERRA La sierra ecuatoriana por su geografía y por su vocación productiva, comercial y cultural gestó a su interior dos regiones históricamente diferenciadas. La sierra centronorte que comprende desde la actual provincia del Carchi hasta la del Chimborazo y Bolívar, y la sierra sur, compuesta por Cañar, Azuay y Loja. En cada una de ellas germina un tipo de industria y de industriales característicos de cada zona. La industria y los industriales de la sierra centro – norte Desde la Colonia la sierra norcentral tuvo dos actividades económicas fundamentales: la textil y la agropecuaria, siendo la primera de ellas, por largos periodos en la historia, el eje de la economía11. La hacienda fue el eje de la producción textil y agrícola. Lo fue también de la política. De ella surgieron, durante extensos retazos de la historia nacional, las “clases” y las relaciones sociales del país. En la base de la pirámide social se encuentran los indios, buena parte de ellos sometidos por el régimen hacendario al concertaje y a relaciones precarias hasta bien avanzado el siglo XX. En la cúspide, se encuentran las contadas familias de propietarios de extensos territorios. De este sector, surgió el contingente y el capital para el impulso del proyecto industrial. Estos terratenientes-obrajeros durante el siglo XIX, herederos de una dilatada y centenaria tradición productiva, alentados por una paulatina y creciente demanda interna y por el tradicional mercado sur colombiano, paulatinamente comenzaron a transformar los antiguos obrajes en fábricas textiles dotándolas de maquinarias modernas, importadas de los principales centros textileros del mundo.12 También modernizaron la producción de alcohol y azúcar y levantaron molinos en las orillas de los ríos de sus haciendas o en sus propiedades en las afueras de las urbes que empezaron a crecer. Este tímido proceso que se lo observa en el decurso del siglo XIX, se potenció con la llegada del ferrocarril a Quito en 1908 y, principalmente, a partir de la I Guerra mundial y de la crisis cacaotera, que al contraer las importaciones entre otros de sus efectos, abrió más el mercado costeño para los productos serranos. Esto dio lugar a un periodo de prosperidad económica de la región, donde se observó un importante crecimiento industrial. Como se muestra en el cuadro que sigue, 11 Esto es un hecho para los primeros siglos de la colonia hasta la crisis textilera del XVIII y del cual todos los investigadores de la época concuerdan. Para citar los principales Robson Tyrer, Historia Demográfica y Económica de la Audiencia de Quito, Banco Central del Ecuador, 1988; y los trabajos de Ortiz de la Tabla y de Guadalupe Soasti. Esta misma situación, Carlos Marchán la extiende para el siglo XIX y buena parte del XX, Carlos Marchán, Progreso y tradición. Un siglo de desarrollo agropecuario y económico de la sierra norcentral (1820-1933), 1990. 12 Blanca Muratorio, La transición del obraje a la industria y el papel de la producción textil en la economía de la sierra en el siglo XIX, Cultura N.24, Banco Central del Ecuador; y principalmente a Marchán (1990).

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a partir de 1914 se fundaron en Quito, Ambato, Otavalo y Riobamba múltiples empresas textiles. En forma reducida se instalan fábricas en Cuenca y Guayaquil, dando lugar a que la sierra centro-norte contenga para esos años el 95% de la capacidad instalada de la industria textil del país. Esto evidencia una vocación productiva en las élites regionales que están invirtiendo capital y generando fuentes de trabajo. Así, en 1928 “ existían en los Andes, entre Ibarra y Riobamba 15 empresas que empleaban a 2500 personas y que representaban más de 10 millones de sucres de capital invertido” (Deler, 1983: 214) CUADRO N 1 FUNDACIÓN DE FÁBRICAS TEXTILES DEL ECUADOR 1914- 1937 Año Ubicación Nombre Propietario 1914 Otavalo La Joya Alarcón Hnos. 1916 Quito (Sangolquí) San Juan Chillo 1917 Riobamba El Prado Carlos Cordovez 1919 Quito La Bretaña Fernando Pérez P. 1919 Ambato El Peral J. Jijón y Caamaño 1919 Tambillo El Inca   1920 Ambato La industrial Algodonera Sociedad Anónima 1921 Quito La América Daniel Hidalgo 1924 Atuntaqui Imbabura Sociedad Anónima 1924 Quito La Internacional Sociedad Anónima 1924 Quito (Amaguaña) La Dolorosa del Colegio J. Jijón y Caamaño 1925 Otavalo San Miguel Pinto Hnos. 1927 Quito Luz de América Abusaid Dassum 1928 Ambato La Florida Camilo Haffar 1928 Riobamba Fábrica Hilados J. Elias Castillo 1928 Cuenca Textil Azuaya Viver & Co. 1930 Ambato La Sultana Álvarez Hnos. 1934 Quito La Industrial de medias Ramadan & Co. 1935 Quito La Industrial Sociedad Anónima Kauffman Hnos. & 1935 1936 1936

Guayaquil Quito Quito

Inca Sedalana Sedería Unión Perla del Pacífico

Lainer M. Tobar Angulo Abusaid Dassum

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Sociedad Industrias 1936 1936 1936 1936 1937 1937

Quito Cuenca Quito Ambato Ambato Ambato

Única Pasamanería La Textil La Sirena Seda Europea La Elegancia

Textiles Carlos Tosi Slaveiro Hnos. H. Ortiz José Reinsburg Domingo Romano

Fuente: José Luis Gonzáles13

La mayoría de expertos que han estudiado la región y el periodo, concuerdan que las clases dirigentes de la zona estuvieron animadas de un espíritu modernista.14 Según ellos, los hacendados-industriales impulsaron un verdadero programa de transformación, no circunscrito solamente a la incorporación de maquinaria moderna e insumos para mejorar la producción (abonos, semillas y ganado extranjeros), sino también que llevaron adelante acciones que intentaron “modernizar” las relaciones de producción a través de disciplinar la fuerza de trabajo vía persecución de la cultura indígena. En esta línea la Cámara de Agricultura en 1938, manifestaba: “ El indio de la sierra ecuatoriana, en las condiciones en las que actualmente está , constituye un poderoso obstáculo para el desarrollo económico y cultural del país”15 Este proceso fue impulsado, al menos hasta la década de los treinta del siglo XX, por un núcleo central compuesto por los antiguos apellidos de terratenientes de la región. Jijón, Larrea, Barba, Ascásubi, Lasso, Valdiviezo, Fernández Salvador, Aguirre, Gangotena, Chiriboga, Dávalos, Donoso, Cordobés, Guarderas. Fueron redes familiares que conformaron los mayores círculos de poder económico, político e ideológico de este espacio (Marchán, 1990: 55 y siguientes). No obstante, esta situación se matizó con la presencia de otros actores. Desde los años veinte, capitales libaneses afincados en Guayaquil migraron a Quito y se integraron al movimiento textilero. Fundaron varias fábricas, pero sobre todo motivaron una renovación tecnológica en la producción de telas y de otras mercancías16. Para fines del XIX e inicios de XX el capital que salió de la producción agropecuaria y textil fue reinvertido en las innovaciones de estos sectores, pero también fue canalizado 13 José Luis Gonzáles, “Breves notas sobre la industria textil en el Ecuador”, Boletín del Ministerio de Previsión social , trabajo, agricultura e industrias, Año I,mayo de 1937,N.4, pp.37 14 Deler (1983); Marchán (1990); Carlos Arcos, “El espíritu del progreso: los hacendados en el Ecuador del 900” Revista Cultura N.19, 1984; Roque Espinosa, “Hacienda, concertaje y comunidad en el Ecuador”, Revista Cultura, N. 19, 1984. 15 El esqueleto de Don Quijote, La redención social del indio, Revista de la Cámara de Agricultura de la primera Zona, N. 1 , Año II, Quito, Julio de 1938 16 Lois Crawford de Roberts, Los libaneses en el Ecuador, 1996

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en otras secciones de la economía: en el comercio importador, en los servicios y en la banca. También importantes recursos fueron gastados en la satisfacción de las necesidades culturales de esta élite que viajaba a Europa e importaba su forma de vida a Quito.17 El capital industrial de la sierra centro norte estuvo fuertemente ligado con otros rubros de la economía, del comercio y de la banca; pero, sobre todo con los intereses terratenientes. El capital industrial no tuvo existencia independiente, sin embargo a diferencia de la costa, una buena parte las élites de la sierra tuvieron mayores simpatías hacia un proyecto productivo.

LOS EFECTOS DE LA REGIONALIZACIÓN EN LA INDUSTRIA La región marcó el origen de la industria ecuatoriana. ¿Cada región tuvo su propio proyecto industrial? ¿Cada región tuvo un tipo de industriales con intereses distintos a los de la otra región? ¿Qué consecuencias tuvo para el país la existencia de dos o más proyectos industriales? De 1914 a 1930 a consecuencia de la crisis del cacao, del elevamiento de precios de las mercancías foráneas y a la consiguiente contracción de las importaciones debido a la guerra; la industria de ambos lados de los Andes experimentó una similar experiencia: el fortalecimiento y la expansión. En el litoral hubo un sensible crecimiento de las unidades de producción y de capital en las mismas ramas productivas que existían hasta 1914(Guerrero, 1979: 79). En la sierra, en el mismo periodo, se fundaron 17 nuevas fábricas textiles, la rama industrial más representativa de la región (Cuadro N.1). Este fue un momento donde los industriales de costa y sierra, no solo compartieron la experiencia de la bonanza, sino los intereses económicos y políticos. Los del litoral íntimamente vinculados con los importadores,18 compartieron también los intereses de este sector comercial por la naturaleza de su producción fabril que necesita de bienes importados para su funcionamiento. Los del interior, de la misma manera fueron afines a este conglomerado económico mercantil, ya que importaron máquinas y materia prima para llevar adelante su producción. De igual forma, ambos bandos tuvieron simpatías por la exportación como fuente de divisas.19 17 Milton Luna Tamayo, Historia y conciencia popular, Corporación Editora Nacional, Quito, 1989, pp.110.; Roque Espinosa (1984). 18 “ De los industriales de Guayaquil,10 eran simultáneamente importadores, y entre los propietarios de los ingenios azucareros, para 1922 habían tres importadores importantes” (Guerrero,1979: 85). Se debe aclarar que Rafael Guerrero encuentra para 1922, 27 industrias, fuera de los ingenios. 19 Hay que recordar que los azucareros, sector agroindustrial más importante de la industria costeña, exportó en este periodo parte de su producción. La misma actitud económica tuvieron los industriales serranos que enviaron fuera sus principales productos: textiles, cueros , etc.

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Si por una parte, la limitación de acceso al país de algunos productos foráneos ayudó al desarrollo industrial, por otra, el creciente elevamiento del costo de determinadas mercancías extranjeras (principalmente bienes de capital y materia prima) en pleno momento de expansión, generó un estado de insatisfacción en las filas de los industriales contra los encargados del manejo económico, quienes, a su vez , para sostener el precio de determinados productos industriales nacionales de consumo popular impidieron su exportación, con el fin de evitar desbordes sociales. Por tales circunstancias, se estableció una tácita alianza de los “perjudicados a medias” frente a la política económica de los gobiernos plutocráticos representantes de la fracción financiera-exportadora, que para recuperarse de la crisis, implementó medidas devaluatorias perjudiciales para los importadores-industriales. Estos sectores manipularán, a su favor y contra el Gobierno de los cacaoteros, el movimiento popular guayaquileño de noviembre de 1922. Estos mismos estarán tras los revolucionarios julianos en 1925 derrocando definitivamente a los allegados del Banco Comercial y Agrícola. En todo el periodo de crisis del cacao los intereses de los industriales de costa y sierra fueron relativamente coincidentes. Más ¿qué sucedió más adelante en este proceso configuración de la industria nacional? Rafael Arcos, el 2 de febrero de 1931, gerente de La Internacional, y Jacinto Jijón y Caamaño, máximos representantes del industrialismo serrano, luego de relievar el estado deplorable de la economía del país elevaron al Gobierno sus requerimientos.20 En efecto, Arcos y Jijón, al describir la incidencia de la crisis mundial en nuestra economía dirán que ella “va haciéndose insoportable, en todos los ramos de la actividad nacional” (Arcos y Jijón, 1931) y que en el caso de la industria, ésta se encuentra “amenazada de muerte por la competencia extranjera” y por el cierre del mercado colombiano “que consumía el 50% más que menos, de nuestras fábricas textiles”. Para superar tal situación, los voceros del sector industrial propondrán varias medidas entre las que se destaca una rígida política de proteccionismo, que no sólo coloque barreras al ingreso de productos similares a los que consume el país, sino que ubique al Estado como su principal consumidor; para lo cual, éste debería apoyar a la industria “generadora de empleo”. La industria “quiere que el Gobierno, facultado como está, suspenda, siquiera temporalmente la introducción de productos similares a los que en la Nación se fabrican. Quiere que el patriotismo empiece por el Gobierno y sus dependencias, como son: Ejército, hospitales, cárceles, etc. etc.; que consuman el producto de la agricultura e industria nacionales y no se saque el dinero que resta en el país en forma de compra de harina, de manteca, de tabaco, de uniformes, mobiliarios y demás menesteres”. (Arcos y Jijón, 1931). Además de lo anotado piden “procurar que los Bancos Nacionales sean más amplios en conceder créditos, prolongar plazos y rebajar tipos de interés, a fin de auxiliar a

20 Rafael Arcos y Jacinto Jijón y Caamaño, “Las peticiones de los industriales del interior”, Quito 2 de febrero de 1931. Boletín de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil, Guayaquil, Febrero 28 de 1931, N . 269.pp.9.

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las fuentes de producción nacional”(Arcos y Jijón, 1931)). En fin, la bandera de los industriales serranos se resume en dos palabras: proteccionismo y crédito. ¿Cómo reaccionaron los industriales de la costa frente a los temas de proteccionismo y apoyo estatal a la industria? Se hubiera esperado una actitud de solidaridad y acuerdo. Pero las evidencias hablan de discrepancias. Los industriales costeños coinciden con la teoría que sustenta los postulados de sus similares serranos. ¡Cómo no estar a favor del proteccionismo! Están a favor -dicen-de “una protección razonable y justa a las industrias nacionales”, pero “sin admitir que a la sombra de la protección se organicen monopolios que otorgarían un exorbitante beneficio a los industriales a costa de toda la nación”.21 Tras tal afirmación se esconde una fuerte crítica a la industria del interior- según ellos- sobreprotegida por todos los gobiernos a partir de la Revolución Juliana. El proteccionismo exagerado ha desvirtuado a la industria serrana, especialmente a la textil, y la ha tornado en “una industria débil, poco recomendable y no fructuosa al interés general de la Nación que la posee y se ha desvivido por afirmarla”.22 Lo que pasa es que estos industriales de la sierra han demostrado “inadaptabilidad o incapacidad, y comprobación de insuficiencia aun para el aprovechamiento de la protección”23. Claro que su incapacidad no tiene nada que ver con su comprobado y oportuno talento para acrecentar sus bienes en época de crisis. En esta línea más bien han sido muy inteligentes ya que por vía de sus constantes quejas han logrado el amparo del país y han multiplicado su riqueza,24 sin embargo, “ sería de pedirles sinceramente que no reposen sobre los laureles alcanzados, y se dediquen a poner la fabricación más a tono con las fluctuaciones actuales, en relación con las bajas y con los precios de los artículos contrincantes”25. Ya que además que el Estado les protege, éstos mantienen sus precios altos, en perjuicio del consumidor nacional. Las evidentes contradicciones de los industriales de costa y sierra se revelaron más claras en los temas arancelarios. Al observar atentamente sobre qué mercancías los serranos piden se apliquen las normas prohibitivas de importación, se nota que la mayoría de ellas son materia prima necesaria a la industria del litoral y los restantes productos son los que sirven para que los importadores puedan llevar adelante sus negocios. Así, los industriales interioranos solicitan “prohibir la introducción de harina, manteca, tabaco, licores, géneros de algodón y lana, artículos de lujo,etc. etc.”(Arcos, Jijón:1931). Tomando como ejemplo la restricción al ingreso del primer artículo de la lista, la harina, elemento básico para las labores de las antiguas fábricas guayaquileñas de fideos, galletas y pan, se 21 A. Paulson, “Informe del delegado de las Cámaras de comercio de litoral en la comisión revisora del arancel de aduanas”, Guayaquil,13 de julio de 1931, Boletín de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil, Guayaquil, Septiembre 30 de 1931, N.276, pp. 132. 22 “Revisiones en la industria textil del Ecuador”, Revista de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil, Guayaquil, Enero 31 de 1932, N. 280,pp.6. 23 Ídem. 24 Efectivamente, antes que decaer, con la crisis del treinta y con el cierre del mercado colombiano, la industria textilera se expande. Las razones de tal fenómeno se explicarán más adelante. 25 Ídem.

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puede constatar la inconformidad de los propietarios de tales industrias. Sobre el mentado asunto los fabricantes se expresan en los siguientes términos: “El propósito de restringir prohibitivamente la concurrencia de harinas de trigo ha encontrado fuerte impugnación, fundada en la insuficiencia de calidad y cantidad del similar elaborado en el país”26 “Ha comenzado un brusco movimiento de protección mayor a las harinas nacionales, de trigo, expidiéndose órdenes que restringen las letras para la importación de las harinas extranjeras. Se discuten con este motivo cuestiones de gusto y de calidad, impugnando los industriales panaderos y defendiendo los molineros del interior. También se considera elevada la cotización de la harina del interior, en relación al precio de la importada que es de $ 12.00 cif. Guayaquil el quintal y $10.00 más o menos, por quintal, los derechos fiscales que paga. Nuestros harineros alegan mientras tanto un costo de producción arriba de $22.00 por quintal, y esto sin cubrir ningún impuesto especial que beneficie al Fisco, como acontece con la harina extranjera. ¿La calidad de la harina nacional se iguala a la importada? Esta interrogante no tiene aún una respuesta satisfactoria. Por lo pronto, parece del caso conciliar el interés nacional de esta industria, sin sacrificar el consumo, encareciéndolo desmedidamente”.27 Como se puede observar el argumento contra los productos del interior es contundente: poca cantidad, mala calidad, caro y sin beneficio para el Fisco. Esta resistencia al elaborado nacional se explicaría también por la poca receptividad del consumidor costeño a algunos de los productos que en mayor volumen bajan de la sierra. Sobre el tema Arcos y Jijón y Caamaño señalaban: “Y necesitamos la protección oficial, del momento, porque, preocupados los industriales ecuatorianos en proveer solo al mercado colombiano, que consumía el 50% más que menos, de nuestras fábricas textiles, no habíamos podido satisfacer al gusto y necesidad de los pueblos de la costa, que se proveían y proveen de mercadería extranjera, no siendo suficiente la mejor calidad del producto ecuatoriano para vencer la fuerza de la inercia del consumidor, habituado a determinado artículo (Arcos, Jijón:1931)”. Lo dicho por los líderes del industrialismo serrano, sugieren las estrategias comerciales y productivas diferentes, hasta la década de los treinta, de los industriales de sierra y costa. Sin duda, fueron dos industrias distintas, dos proyectos diversos, dos esquemas fabriles regionales no complementarios los que se practicaron en el litoral y en el interior. Los unos, según se desprende del cuadro N. 2, desarrollando la industria textil, los molinos, la agroindustria láctea, etc.; los otros, dedicados a la elaboración de galletas, chocolates, 26 Boletín de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil N. 269, ibid, pp.5 27 Revista de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil, Guayaquil, Enero 31 de 1933, N.292. pp.7

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fideos, cigarros, azúcar, etc. Los unos, hasta estos años, preocupados fundamentalmente en satisfacer las necesidades de sus mercados históricos: el colombiano y el de la sierra; los otros abasteciéndose para todo de sus proveedores del exterior. En fin, tales constataciones nos informaría que, hasta ese momento, el Ecuador estuvo posiblemente ante la presencia de dos clases industriales regionales distintas. Fueron dos “clases” distintas, pero que establecieron permanentes puntos de acuerdo en el tiempo como sucedió desde fines del siglo XIX hasta la Juliana y como sucederá más adelante. Esto se explica porque lucraron del mismo país, lo aprovecharon y lo guiaron a su manera. Sin embargo, cuando los intereses no concuerdan, y el control del aparato estatal favorece a un solo lado, reflotan las antiguas aspiraciones políticas autonomistas de uno de los bandos, expresadas en los treinta, tras la figura del federalismo. Y es que en el caso de los costeños, para el periodo analizado, sintieron que financiaban al país o más concretamente, que subsidiaban a la sierra; que con sus productos, principalmente con su agricultura de exportación ingresaban las divisas que - según ellos- no iban en beneficio de la costa y de su gente, ya que el “gobierno de Quito niega a estos pueblos del Litoral el derecho para traer, en cambio de su cacao, su café , su tagua, aquellos productos de la industria extranjera, como la harina, las telas de algodón, etc, que son indispensables para la vida de estos pueblos, y que de calidad excelente, pueden traerse a precios menores que los productos similares de la industria andina que el gobierno nos obliga a consumir...”.28 , por esto, “siempre hemos favorecido el principio del gobierno federal en el Ecuador”(Puig, 1933). En todo caso, llama la atención que este sentimiento regionalista y/o autonomista hondo y viejo de las élites costeñas, en ningún momento de la historia ecuatoriana se haya concretado como separación, a no ser por uno u otro altercado serio llevado a efecto en el siglo XIX.29 Más bien, parece que tal “anhelo” con el tiempo se transformó en proclama política, en “discurso”, en sentimiento de “labios para afuera”, utilizado en determinados instantes conflictivos, para intentar en la lucha por el control del aparato estatal volcar la correlación de fuerzas a su favor.30 En esos momentos, su única experiencia estatal era el Ecuador centralista y unitario del cual, por largos períodos, sacaron, como los otros, buen beneficio. En este mismo sentido se entienden también las virulentas críticas lanzadas contra el “ultraproteccionismo serrano”. Este es malo en tanto en cuanto, en ésta época, perjudica a la industria costeña levantada sobre la base 28 Arturo Puig, “Quiénes pagan la incautación de giros?”, Revista de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil,N.293. Guayaquil, 28 de febrero de 1933. pp.63. 29 El más notable fue el de 1859 cuando se constituyeron cuatro gobiernos a nivel nacional. 30 En efecto, en el periodo analizado, cuando más se critica al centralismo del “gobierno de Quito” y se habla de federalismo el país está dirigido por Juan de Dios Martínez Mera, abogado de importantes empresas y bancos costeños; con lo que se podría pensar que el Presidente de la República era supuestamente amigo de los intereses del litoral. Algún interés particular debieron tener en esta coyuntura las élites de Guayaquil para utilizar el regionalismo como bandera para presionar a su presidente. Se pretendía la derogatoria de la ley de incautación de giros, se buscaba el ningún control de las divisas, fórmula monetaria bajo la cual en la era plutocrática, los sectores financieros guayaquileños ligados a la agroexportación, se habían recuperado de las pérdidas que la crisis del cacao les había dejado.

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de insumos que, produciéndose en la sierra, les es más beneficioso importarlos; pero, al momento de hablar de otros rubros (caso liberación de impuestos a los bienes de capital), este es bueno ya que, como a los serranos, les favorece esta política. Desde la fundación de la República, hasta el momento analizado, las élites de costa y sierra tuvieron coincidencias y divergencias, no cuajaron un pensamiento estructurado, programas económicos, ni regionales, peor aún nacionales. Lo único que se observa son acciones coyunturales que vistas rápidamente aparecen como una amalgama de intereses que se presentan en las dos regiones y se confunden en determinado instante en una sola conveniencia o, en otras ocasiones, se muestran como aspiraciones netamente regionales. Ciertamente, respecto a la industria, los acuerdos y divergencias de estos sectores regionales pasan por comunes intereses respecto a determinada exportación y, fundamentalmente a determinada importación; este juego es parte consustancial de la constitución diferente de las dos industrias. Todo esto se presenta como una ambigüedad de conveniencias que unen y separan a las dos experiencias. Tal confusión no puede ser entendida, en parte, si no se comprende que la misma fue resultado de la probable falta de constitución de los industriales como clase, tanto a nivel regional, cuanto a nivel nacional. En otras palabras, que los industriales de sierra y costa, de la misma manera que sucedía a inicios de siglo, no tuvieron aun vida independiente en relación a otros sectores económicos y que esto no les posibilitaba tanto a nivel regional, cuanto nacional, esbozar un discurso clasista, porque todavía no se constituyeron como clase.

LOS INDUSTRIALES Y SU FORMACION HISTÓRICA Los autores Rafael Guerrero (1979) para el caso de la costa y J.F. Belisle31 para la sierra coinciden que desde 1914 en adelante se produjo un importante proceso de capitalización y de expansión del sector industrial en las dos regiones. El país, visto desde la realidad costeña, observó al fin la presencia de una clase industrial “hasta entonces inexistente” (Guerrero, 1979:77). El Ecuador, por tanto, desde la misma perspectiva, ingresó definitivamente en el capitalismo, “la intensificación de la acumulación del capital en la industria, es la vía a través de la cual la formación social nacional pasa definitivamente al capitalismo”(Guerrero, 1979). En la sierra, mientras tanto, el sector más dinámico de la industria, la textil, perdió sus bases terratenientes. Sus dirigentes adoptaron un papel más “empresarial” y comenzaron a constituir una fracción que “dejó definitivamente su visión tradicional para integrar los núcleos de la burguesía”(Belisle: 20). ¿Todo esto significó la existencia de una clase industrial independiente de otros sectores de la economía? ¿Estamos ante la presencia de una clase conformada? 31 Jean Francois Belisle, La industria textil ecuatoriana: fases de crecimiento, origen de los empresarios, Banco Central, Revista Cultura N 24

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A pesar de lo señalado por ambos autores, la realidad no es tan clara como la pintan. En lo que respecta a la costa, sin dejar de reconocer el “progresivo desarrollo del capital industrial”, no puede dejar de mencionarse que importantes sumas de dinero invertidas en esta área provinieron de otros sectores económicos. Es bien conocido, que muchos terratenientes, comerciantes y banqueros ligados al cacao, como mecanismo para escapar de la crisis, no solo que reorientaron sus cultivos hacia actividades agroindustriales, como la producción de azúcar, sino que invirtieron parte de sus capitales en la industria, aunque no en forma tan marginal como antes. De todas formas, la industria del litoral en este periodo siguió ligada a las élites tradicionales de la región. Por otra parte, como lo muestra reiteradamente el mismo Guerrero, la industria de 1922 siguió esencialmente siendo la misma (en cuanto a ramas de producción), que la de inicios de siglo, y siguió siendo propiedad de inmigrantes ligados al comercio de importación (Guerrero, 1979:79). Si para los treinta, como arriba quedó expuesto, este paisaje no se modificó esencialmente, se debe inferir que la industria continuó con fuertes lazos con este sector. En fin, nadie puede dudar que la industria fue un refugio saludable para inversionistas de otras áreas de la economía y que, incluso el capital industrial comenzó a autoreproducirse; pero, hablar de una fracción absolutamente independiente de aquellos grupos económicos extraindustriales con los que estuvo ligada, es sumamente arriesgado. Respecto a la sierra, la postura “no tradicional”, “modernizante” de un sector de las élites interioranas en los años treinta, no es dato suficiente para hablar de la existencia de una fracción burguesa en esos años. Ya desde el XIX pujos “modernistas”, en cuanto innovación de maquinaria y reinversión de excedentes, formaban parte del comportamiento económico de algunos terratenientes-obrajeros. Sin embargo, éstos mismos levantaron sus “fábricas” sobre relaciones de trabajo y de propiedad precapitalistas (concertaje y latifundio), las que sin mayores modificaciones llegaron hasta la Reforma Agraria de 1964 . Por otra parte, aceptando que en la década del treinta “el capital inicial en el sector textil no proviene, como antes, del excedente de la renta agraria”(Belisle:19), éste también vino del comercio de importación (de sirios, libaneses, judíos y alemanes). No obstante, la relación de la industria con los importadores fue más evidente por la forma cómo se efectivizó la producción industrial. Esta fue fuertemente dependiente de la importación de maquinaria y de materia prima (principalmente de algodón en el caso de los textiles). En estas transacciones se estrechan los lazos con los comerciantes. A partir de los treinta se acentúa la recomposición del grupo industrial serrano con la presencia de inmigrantes y de algún integrante de otros segmentos sociales como los artesanos ricos. De todas formas el núcleo central son las familias tradicionales. Sin embargo de todo, es innegable la existencia de este sector industrial, aunque no con la fuerza ni la independencia con que quieren verlo determinados autores. Los industriales en los treinta no lograron aún constituirse como clase empresarial independiente. Sí experimentaban un proceso de conformación más acelerado. 37


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El proceso de organización de las elites económicas del Ecuador 1890-1940 La constitución de la Cámara de Comercio de Guayaquil en 1889 fue la primera expresión de organización clasista en el Ecuador promovida por los comerciantes guayaquileños. En efecto, en pleno ascenso de las exportaciones cacaoteras, el presidente Antonio Flores Jijón, que se caracterizó por favorecer a las familias ligadas al cacao, a través del decreto ejecutivo del 5 de junio de 1889 estableció dicha organización.32 Pasaron veinte años para que esta entidad refleje en forma más fiel los intereses de sus asociados: el 13 de octubre de 1909, en el régimen alfarista, la Cámara de Comercio de Guayaquil se transformó en Cámara de Comercio y Agricultura (ídem). Ciertamente, hasta este momento, agricultores y comerciantes, en forma poco lógica con su realidad económica, estaban separados; incluso, en este mismo sentido los terratenientes costeños fundaron en 1903 la Sociedad Nacional de Agricultura, institución de vida efímera y cuya actuación “relativamente formal” se circunscribió a “la divulgación de técnicas de producción”(Chiriboga, 1980:358). En todo caso, se unificaron en 1909 a la sombra de una Cámara única. Esta asociación se constituyó, con aval del Estado y con la satisfacción de los comerciantes y agricultores, para “servir al Gobierno de comisión técnica consultiva”. Con el mismo auspicio la entidad podía plantear reformas al Código de Comercio, a la Ley de Aduanas, y podía formular proyectos de decretos, ordenanzas, tratados y convenios sobre navegación, comercio y fomento de la inmigración. En su estrecha relación con el Estado, previo pedido de las autoridades expedía informes para ellas, mas también realizaba indicaciones sobre la política económica gubernamental.33 No obstante, por sobre todo, la Cámara perseguía la prosperidad del comercio y de la agricultura del litoral. Para esto promovía concursos, exposiciones agrícolas e investigaciones; también propendía el estímulo de sus socios mediante recompensas pecuniarias u honoríficas y establecía relaciones con sociedades similares del país o extranjeras para el intercambio de plantas, semillas, etc. La Cámara tenía además como objetivo “la fundación de escuelas comerciales y de agricultura, estaciones agronómicas u otros establecimientos dedicados a la enseñanza práctica de administradores y mayordomos”.34 En fin, a más de plantear y negociar las necesidades del grupo con el Gobierno, esto es, de alzarse como interlocutor “de alto nivel” frente al Estado, y de procurar el desarrollo de los agricultores y comerciantes en todos los niveles, tenía como estrategia, en este mismo terreno, “servir de árbitro arbitrador en las diferencias” que mantenían aquellos en sus negocios. Como se puede ver, la Cámara se levanta como un organismo de clase, que representa - ante el Estado, la sociedad y ante sí mismos- los intereses comunes, en la agricultura y 32 Boletín del la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil,N.269, Febrero 28 de 1931. 33 Este fue un periodo en el que el Estado todavía débil, estuvo en proceso de afirmación. Durante el periodo plutocrático (1912-1925), el aparato estatal fue controlado por los sectores oligárquicos a través de sus organizaciones “clasistas”. Fue un periodo de amplia privatización del Estado. 34 Boletín de la Cámara de Comercio , N. 269, op.cit.

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en el comercio, de un conjunto de individuos que todavía no lograron constituirse en una clase independiente (de comerciantes o de agricultores), lo que da cuenta de la indiferenciación que existía en este grupo económico y familiar. De la misma manera, tal cual confirma el nivel de inversiones de esta gente -asunto analizado páginas atrás-, no podían aún pensarse como industriales, de allí que esta palabra (industria) no aparezca en el lenguaje organizativo de las élites costeñas de la época. Al contrario, la sierra, en esa misma época, está fundando una entidad que concentraba los intereses del comercio, de la agricultura y de la industria. Efectivamente en 1906, en el mismo año que toma nuevamente las riendas del poder Eloy Alfaro, las familias potentadas de la sierra centro-norte, a más de fundar el Banco del Pichincha, el Centro de Obreros Católicos y el periódico El Comercio, también crean la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias35 presidida por el hacendado, importador, exportador, banquero e industrial Manuel Jijón Larrea.36 De similar forma que en el litoral, el organismo clasista de la sierra representa los múltiples intereses de un grupo humano que tiene sus inversiones en todos los lados de la economía de aquel entonces. No obstante, aquí la preocupación por los asuntos industriales es evidente. La palabra industria aparece en el vocabulario organizativo de estas personas que, indudablemente, se pensaban no solo como agricultores y comerciantes, sino también como industriales.37 El camino de especialización de las Cámaras El proceso de constitución clasista de las elites económicas de las diferentes regiones del país vía organización señala que, hasta la segunda década de este siglo, la indiferenciación es el denominador común de todos ellos. Por esto sus cámaras no se especializaron en la defensa de una sola actividad económica, sino que se ocuparon de todas en las que estuvieron inmiscuidos sus asociados. Incluso este fenómeno se presentó cuando aparentemente se crearon gremios independientes como es el caso de la Asociación de Agricultores del Ecuador, entidad fundada en Guayaquil en 1911, la que por el título que esgrime podría sugerir que su creación fue consecuencia de un reacomodo de los sectores económicos fuertes de esa ciudad hacia una mayor definición clasista y, que por tal razón, debía agrupar solamente a terratenientes; sin embargo, en su seno se albergaban los mismos banqueros,

35 Boletín de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias, N.4, Quito, Diciembre 20 de 1906. Imprenta del El Comercio. 36 Manuel Jijón Larrea fue padre de Jacinto Jijón y Caamaño. 37 La palabra industria como la palabra obrero fueron sumamente divulgadas en la sociedad serrana de entonces. Tanto la una como la otra fueron parte del vocabulario “de moda” de todas las “clases” sociales. Así, antes que los mismos “industriales”, ya en 1892 , otros sectores de la sociedad (sectores medios y populares ligados a la artesanía), se apropiaron del término y fundaron la famosa Sociedad Artística e Industrial del Pichincha (SAIP). Milton Luna Tamayo, 1989.

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terratenientes cacaoteros y comerciantes exportadores de la “pepa de oro” que militaban en la Cámara de Comercio y Agricultura.38 CUADRO 2 PRESIDENTES DE LA CAMARA DE COMERCIO Y AGRICULTURA DE GUAYAQUIL 1898-1922 AÑO 1898 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909 1910 1912 1916 1917 1918 1919 1920 1922

NOMBRE Aurelio Aspiazu Rodrigo Arrete Luis Adriano Dillon Alfredo Cartwright Enrique Stagg Ramón L. Mejía Hernan Moeller M.E.Seminario M.E.Seminario M.E.Seminario Max Muller Lautaro Aspiazu A Cueva M.E.Seminario Luis F. García Luis Vergaza F. González Rubio Guillermo Higgns Manuel Seminario

Fuente: Manuel Chiriboga, 1980. Elaborado: Milton Luna

Lo que sucedió es que tras el membrete de Asociación de Agricultores se encontraban los acuerdos y acciones coyunturales de los más importantes banqueros y comerciantes ligados al cacao -los que en su gran mayoría eran propietarios de plantaciones cacaoteras-

38 Según Manuel Chiriboga los mayores accionistas de la Asociación de Agricultores se encontrarían entre los exportadores y gran propietarios, es decir “ entre los Seminario, Aspiazu, Puga, Parodi, Morla, Burgos etc.” Manuel Chiriboga, 1980, pp. 374. Estos mismos apellidos los encontramos dirigiendo la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil.

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que se habían reunido para defenderse en el terreno comercial y especulativo de la franca caída que comenzaba a experimentar la exportación del fruto (Chiriboga, 1980:357).39 En otras palabras, esta Asociación no fue sino un organismo comercial de las élites guayaquileñas en el ocaso del segundo boom cacaotero. Lo destacable de todo esto es la utilización de la palabra agricultores con la cual parecería que se encuentran más identificados los “empresarios costeños”. Fenómeno similar sucedía en el interior donde la afinidad hacia la misma es compartida por los grupos poderosos de esta región. No obstante aquí este hecho correspondió a una genuina necesidad de unidad de los terratenientes, quienes en un acto de fe hacia sus intereses fundamentales, se coaligaron en torno a la Sociedad Nacional de Agricultura que la fundaron en 1913. Esta entidad, que persiguió “el progreso de las industrias agrícolas y la unión de los agricultores”40, fue una de las primeras expresiones clasistas más definidas de ese entonces. Este evento organizativo, particular y exclusivo, del sector agrario fue coherente con el peso específico que la actividad agrícola tuvo sobre los diversos negocios que llevaron adelante los hacendados de la zona. Si bien mantuvieron en pie, aunque sin mucho empeño, su Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias, la Sociedad Nacional de Agricultura es la que se alza como la abanderada indiscutible de los intereses regionales hasta bien avanzados los años treinta (Arcos,1984:118). De esto se puede inferir que como clase, más que comerciantes, banqueros o industriales, se sentían y pensaban como agricultores. La Sociedad Nacional de Agricultura, no solo fue importante por lo antes visto, sino porque su comportamiento revela un hecho de magnitud vinculado con las características claramente regionales de los intereses que defiende. Esta sociedad como todas las otras instituciones gremiales de los grupos dirigentes del país de entonces, tiene un carácter eminentemente regional: es una expresión de los intereses de los latifundistas serranos, intereses más de una vez contrapuestos con los del litoral. Es tan evidente esta realidad, que la Ley de Cámaras de Agricultura que el Estado dicta en 1937 estableció la marcada división entre sierra y costa. En el lento andar organizativo hacia la diferenciación de clase, la sierra y la costa en los años veinte tuvieron similares experiencias. A mediados del decenio, en Quito se reportó el surgimiento de una entidad clasista independiente, siendo ahora la gente que tiene intereses en la industria, los actores de este hecho. Ellos fundan la Unión de Industriales del Ecuador, asociación que persiguió “colaborar, de una manera positiva, en el marco de sus actividades, para la protección de los intereses de la colectividad industrial, factor importante del bienestar de la nación”41, En tal sentido la Unión proponía: obtener “leyes y reglamentos... que respeten la libertad individual y garanticen la buena marcha de las industrias y el legítimo beneficio 39 Información importante sobre este punto se encuentra también en Lois Crawford de Roberts, El Ecuador en la época cacaotera, Ed. Universitaria, Quito, 1980,pp.165 40 Estatutos de la Sociedad Nacional de Agricultura (1913) , en Carlos Arcos,1984,pp.118 41 Ecuador, Guía práctica... op. cit.pp.334-335

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de los industriales” (ídem); lograr la participación de los industriales en todos los órganos oficiales donde se resuelvan asuntos de su interés y, conseguir “la buena colocación de los productos nacionales, mediante la revisión de las leyes arancelarias de aduana y las gestiones encaminadas a procurar que el Ecuador suscriba tratados internacionales de comercio que favorezcan a la industria ecuatoriana”(ídem). En torno a este programa mínimo se unían algunos industriales textileros como Jacinto Jijón y Caamaño, F. Pérez Pallares, Alfonso Pérez P., Daniel Hidalgo y los representantes de La Internacional y de otras fábricas, como la de mantequillas; Los potreros bajos, de Machachi; Aguas Minerales Güitig; Compañía de Cervezas Nacionales; óptica de Quito y Guayaquil; aserradero El Cóndor; Molino eléctrico de Quito, Desmontadora de algodón; Bosques de San Carlos y Fábricas el Progreso. Esta organización tuvo una efímera participación en la vida nacional, pero el hecho de su creación demuestra el interés de las personas que la fundaron por construir su propio canal de comunicación con la sociedad y con el Estado y por esbozar solidariamente un proyecto conjunto a favor de sus particulares necesidades. No obstante, la debilidad de su composición, la falta de definición política y económica de algunos de sus integrantes que todavía observaban como su portavoz a la Sociedad Nacional de Agricultura, hicieron de esta una experiencia fugaz pero muy importante en el camino hacia la constitución independiente de los industriales como clase. Mientras tanto en Guayaquil, “un grupo de cinco industriales ... ávidos de desarrollar un bien trazado plan de actividades a base de la unión de todas las industrias vivas del litoral” , el 10 de septiembre de 1925, organizaron con la presencia de “17 propietarios” la Federación de Industrias del Guayas.42 Esta sociedad se propuso sobre todo lograr la unidad de los diferentes ramos industriales, para lo cual esbozaron un plan estratégico que apuntaba a: desarrollar la industria; ampliar los conocimientos relacionados con las industrias establecidas; estudiar el tipo de industrias que deben establecerse en el país; fomentar escuelas para expertos y obreros; organizar una oficina de información, estadística, consulta técnica y propaganda; conseguir crédito para la industria; conseguir la normalización de materias primas y productos elaborados por la industria; gestionar leyes de aduana y fomento industrial; proponer leyes de protección a los trabajadores y arbitraje y, prestar apoyo al senador funcional de las industrias (ídem). A pesar de la energía que los industriales guayaquileños dieron a su sociedad, ésta fue débil y sin mayor trascendencia pública ya que sus propuestas y necesidades tuvieron que canalizarse a través de la organización “empresarial” más constituida de entonces, la Cámara de Comercio y Agricultura del Guayas .43 Sin embargo, el hecho de que un puñado de industriales quisiera levantar “su propia casa” fue un asunto de gran significado en la historia de su conformación como clase. Tal actuación fue un gran esfuerzo de unos 42 La industria factor principal del progreso del país, Revista de la Cámara de Comercio y agricultura de Guayaquil, N.300, Guayaquil, septiembre 30 de 1933,pp.331 43 Para ejemplificar esta afirmación señalaremos que ante la ausencia de un órgano propio de difusión, la Cámara de Comercio y Agricultura en 1933 les brinda un espacio en su Revista. Nota editorial, Idem.pp.331

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pocos industriales por hacer vida independiente, mas la realidad de muchos de ellos que tuvieron sus intereses muy relacionados con otras esferas de la economía - hizo de la Federación de Industriales del Guayas, una entidad débil que terminaría disolviéndose en la Cámara de Comercio y Agricultura del litoral. Las actuaciones de Pedro Maspons, miembro de la Federación de Industriales y, al mismo tiempo, vicepresidente de la Cámara de Comercio y Agricultura grafican este hecho. En efecto, este alto dirigente de las élites costeñas el 16 de julio de 1933 ante la Convención de Agricultores del litoral se expresaba sobre este asunto en los siguientes términos: “Los nuevos estatutos están ya terminados y en breve serán sometidos a la discusión y aprobación de la Junta General… La antigua Cámara de Comercio y Agricultura , se llamará Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias , proponiéndose ser el verdadero HOGAR, de aquellas tres fuerzas vivas de la nación, dentro de normas modernas de federación y colectivismo, de tal modo que teniendo cada una de las tres secciones autonomía y derecho propio, se agrupe con su similar, para el mejor desarrollo de sus actividades”.44 Esto recuerda lo que sucedió hace 24 años, cuando en 1909 la también débil Sociedad Nacional de Agricultura del Guayas se disolvió en la Cámara de Comercio, transformándose en Cámara de Comercio y Agricultura; ahora en 1933, nuevamente otra pequeña asociación fue absorbida por la “vieja” organización de los hombres de negocios del puerto. Esta vez la tradicional entidad añadirá la palabra Industrias a su nombre. Esto muestra claramente que, bajo nuevas circunstancias, pervive aún la indiferenciación en el núcleo de los “empresarios” del litoral. Las condiciones históricas y sociales para tal proceso no estuvieron dadas. Los dirigentes empresariales creyeron que organizarse en cámaras aparte podía debilitar su capacidad de acción e incidencia. “Quizá algún día, cuando la institución tenga toda la lozanía y el vigor que le deseamos, siendo manifiesta su influencia, en todos los órganos de la colectividad y aún en el gobierno, para dirigir los destinos de la nación, podamos pensar en la formación de un gran núcleo de comerciantes congregados en su Cámara de Comercio; de agricultores en su Cámara de Agricultura; pero hoy sería una insensatez destruir los vínculos con esta vieja entidad”(Idem). Vieja entidad, que conserva hasta los 30 los tradicionales privilegios y directrices de los comerciantes, grupo fundamental de las élites porteñas.45 Aunque los sectores económicos tradicionales en cada región siguieron a su manera liderando el movimiento organizativo y político de su “clase”, el proceso de diferenciación siguió su lento avance. Los industriales continuaron su lucha por construir su propia voz. Fueron tiempos de crisis de lealtades y de representación, de readecuación interna del bloque de poder económico. 44 .Crónica de la Convención de Agricultores del Litoral, Revista de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil,n.298, Julio 31 de 1933,pp.249 45 Esto se desprende de la preeminencia de las necesidades del comercio en las preocupaciones de la Cámara reflejada en su importante órgano de difusión: “ Algunos amigos me han observado que la Revista, en la actualidad, a pesar de su extraordinario formato, número de páginas y material de lectura general, sólo responde a las necesidades comerciales y que para nada tiene en cuenta la sección agrícola o industrial”Idem,pp.249

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Mucha gente de negocios en los treinta no encontró con facilidad su ubicación de clase y no halló respuestas a todas sus necesidades en los “antiguos” órganos de representación. Por esto, tales sociedades debieron experimentar una fuerte crisis (“crisis de representación”), de la cual naturalmente no se escapa ni la Cámara de Comercio y Agricultura del Guayas. Es así que en forma desesperada los dirigentes de ésta, en 1931, señalan al respecto: “El número de socios con que cuenta la Cámara actualmente es insignificante, proporcionalmente al número de hombres de negocios que podían pertenecer a ella en calidad de miembros activos, tanto en Guayaquil como en el resto del país. De ahí que la voz de la Cámara ha sido siempre débil y su eco se ha perdido muy pronto en el vacío de la indiferencia”46. En la base de la crisis de representación estuvo el proceso económico, derivado de las crisis económica mundial y del cacao y de la reconversión de capitales cacaoteros hacia la inversión en otras áreas, que creó nuevos intereses y nuevas alianzas en las elites económicas del Ecuador. Hubo desconcierto, desmoralización y crisis de identidad: “Nuestra falta de vigor moral y material, marca la acefalía perenne y causa de hecho el frustramiento no solo de toda iniciativa, sino de toda defensa de los intereses generales... Está visto que carecemos de espíritu de cohesión cooperativa y hasta de la debida comprensión de los preceptos de clase”.47 Esta situación de inicios de los treinta estuvo presente durante toda la década. El Primer Congreso de Industriales del Ecuador que se realizó en Ambato en 1935, fue un escenario en el que se expresó con claridad la compleja y contradictoria experiencia que vivían a su interior los capitalistas originarios: debilidad, heterogeneidad de experiencias e intereses cobijadas bajo el nombre de industriales, búsqueda de identidad y representación, necesidad de organización en los elementos más dinámicos y dependencia del Estado. La mayor revelación de este Congreso sería que no fue promovido por el sector privado, por los industriales, sino por el Estado, dando cuenta de la compleja situación de un grupo humano diverso, compuesto de adelantados y rezagados, en proceso de constitución de clase y de un Estado también débil, pero intentando impulsar procesos modernizadores en la sociedad. En el primer gobierno de José María Velasco Ibarra, el Jefe de la sección de Industrias del Ministerio de Agricultura e Industrias, José Luis Gonzáles, uno de los ecuatorianos más interesados en el desarrollo industrial del país,48 estimuló a uno de los industriales y comerciantes más dinámicos de la sierra central, el señor Domingo Romano, a la sazón 46 Augusto Alvarado Olea, miembro de comisión directiva del Boletín, Las Cámaras de Comercio y su importancia para el desarrollo comercial del país. Estado incipiente en que se encuentran estas instituciones en el Ecuador y necesidad de incrementarlas, Boletín de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil,N.270, Guayaquil, marzo 31 de 1931,pp.17 47 Qué hacemos, Boletín de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil,N.272, Guayaquil, mayo 31 de 1931. 48 Se debe recuperar el destacado papel y el pensamiento de José Luis Gonzáles en el impulso de la industrias del país. El señor González prestó sus servicios en varias instituciones de Estado. Algunos de sus aportes prácticos y teóricos han sido utilizados en el presente texto.

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presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Tungurahua,49 para que lleve adelante la idea de reunir a los industriales de país a fin de que, aprovechando de tal cita, establezcan contactos, creen su organización y formulen un programa de acción clasista. Así es que con el estímulo de señor González, la Cámara de Ambato convocó a los representantes de las sociedades que concentraban a las gentes dedicadas a la industria. Concurrieron al llamado las Cámaras de Comercio e Industrias de varias provincias: Pichincha, Guayas, Azuay, Loja, Tungurahua, Chimborazo, Carchi, Los Ríos, Esmeraldas, Cañar y Manabí;50 es decir, aquellas donde algún impulso industrial y comercial se había gestado hasta la fecha. La composición del Congreso reflejó la realidad de entonces, esto es, la heterogeneidad de intereses de todos los asistentes: industriales y pequeños industriales relacionados al comercio y a la agricultura. Grandes esfuerzos hicieron el Estado y los dirigentes de las Cámaras para lograr su cometido. En algunos casos casi a empellones se logró interesar y movilizar a la gente para que asista a su encuentro: “en ocasiones, ni aún por la súplica de los compañeros se ha logrado que vengan aquí algunos representantes. Hay provincias en las que el Gobernador, no presentándose como autoridad sino como amigo, a insinuación del dignísimo Presidente de la Cámara de Comercio de Ambato, ha tenido que entrar de casa en casa, como mendigando el patriotismo de los representantes que concurran al Congreso”.51 Esta situación, no fue sino una muestra de la crisis de organización de las élites de todo el país: “Las llamadas de los distinguidos elementos de nuestro comercio en lugares importantes del país no surten el efecto debido; se reúnen asambleas de comerciantes e industriales, se integran las Cámaras de Comercio respectivas, pero después de pocos meses van disgregándose los elementos, uno por uno, hasta quedar reducidos a su mínima expresión; hay Cámaras de Comercio que tienen dos o tres miembros y otras que han desparecido completamente”52. Por este motivo y ante la presencia política y social cada vez más protagónica y compacta en la vida nacional de otros actores sociales, tal el caso de los trabajadores,53 49 En 1936 Domingo Romano además de comerciante importador era propietario de fábricas de sombreros de paños, camisas, corbatas y colchones ubicadas en Ambato. 50 Actas del Primer Congreso de Industriales del Ecuador, Ambato marzo de 1935, Imprenta Nacional, Quito, 1936. 51 Palabras del doctor Arturo V. Cabrera, propietario de “Editorial Chimborazo”. Idem.pp. 105-106. 52 Leopoldo N. Chávez,Idem, pp.96 53 En los años treinta hubo importantes avances en la organización laboral en el Ecuador. En 1938 el III Congreso Nacional de Trabajadores, reunido también en Ambato, impulsó al Estado para que dicte el Código del Trabajo. En el mismo año en Quito los Obreros Católicos fundaron la CEDOC (Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos). Ver Milton Luna Tamayo, El origen del movimiento obrero de la sierra ecuatoriana , Revista Cultura N.26.; Guillermo Bustos, El Congreso obrero de Ambato (1938), identidad y demándas de las clases trabajadoras del Ecuador, 1991; La politización del “problema obrero” : los trabajadores quiteños entre la identidad “pueblo y la identidad “clase” (1931-1934), en Rosmery Thorp, Crisis en el Ecuador, CEN, 1991.

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los miembros más conscientes del “empresariado” se desesperan por organizarse; por esto se entiende que el primer punto de la agenda del Congreso fuese el que planteaba la urgente organización clasista. Una organización que -muchos de ellos - la plantean en términos de obligatoriedad. Obligación que, por las condiciones de apatía, debía venir desde arriba, esto es, desde el Estado a manera de imposición: “Quiero creer que sí tenemos derecho para decirle al poder público: organícenos porque durante un siglo y más no nos hemos podido organizar nosotros mismos. Algún día debe venir desde arriba una fuerza que nos imponga esa obligación”54. Por otra parte, obligatoria o no la participación en las Cámaras, la poca concurrencia a ellas era un síntoma, como ya se ha dicho, entre otras cosas, de la falta de identificación que sus socios tenían en ellas. Estos no veían fielmente reflejados sus intereses en las mentadas entidades, ya que ellos mismos no lograban una clara definición de sus conveniencias. Y de esto eran conscientes; sabían que “ somos un pueblo que todavía no se ha diferenciado mucho; todavía no nos hemos especializado en los diferentes ramos para que cada uno de estos ramos tenga sus posibilidades completamente independientes”.55 Por esto, y a pesar de los esfuerzos estatales por lograr a través del Congreso la unidad y la organización autónoma de un solo sector, del industrial, los asistentes al Primer Congreso de Industriales del Ecuador, lejos de las previsiones teóricas y de las aspiraciones del Estado, decidieron fundar la Cámara de Agricultura, Comercio e Industrias. Otra vez la esencia indiferenciada de los intereses de las élites presiona para que esta gente funde una sociedad acorde a su realidad. Con esto retornan al círculo del cual no pueden escapar. Ciertamente, la creación de la Cámara de Agricultura, Comercio e Industrias, no es un cambio en la organización de los “empresarios”: tal corporación -como se ha visto- ya existía en varias provincias con el nombre de Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias, constituyendo la única diferencia entre ambas, el orden como estaban colocadas las palabras Agricultura y Comercio. De ahí que, si se toma en cuenta que estas antiguas cámaras no tienen mayor capacidad de convocatoria, se entiende que, el paso dado en el mentado Congreso por las élites que deseaban nuevos rumbos para sus sociedades, no fue sino un moverse en el mismo terreno pero que, exclusivamente -en razón de la incidencia de su naturaleza económica y mentalpudieron solamente hacer uso de sus viejos y conocidos caminos. Pero quien reiteradamente estaba dispuesto a dar un cambio en esta situación era el Estado. Por sobre las intempestivas decisiones del Primer Congreso de Industriales, el 20 de Agosto de 1936, el gobierno del ingeniero Federico Páez, obligó a los industriales a fundar sus organizaciones independientes:

54 Leopoldo N. Chávez, Actas...,op. cit.pp.123 55 Idem,pp.99

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CUADRO N.3 DIRECTIVOS DE LAS CAMARAS DE INDUSTRIALES 1936 Provincia Ciudad Dignatarios Imbabura

Ibarra

Pichincha

Quito

Tungurahua

Ambato

Bolívar Azuay

Guaranda Cuenca

Loja

Loja

Guayas

Guayaquil

Los Ríos

Babahoyo

Presidente: Dr. Jorge Viteri G. Secretario: Sr. Juan M. Suárez Presidente: Ramón Gonzáles Artigas Vicepresidente: Julio Zaldumbide Secretario: Luis de J. Valverde. Presidente: Rafael A. Arcos Vicepresidente: Julio M. Mera Secretario: Dr. César Herrera Naranjo Presidente: Augusto Larrea Vicepresidente: Belisario Rodríguez Secretario: Carlos Palacios. Presidente: Guillermo Crespo Ordóñez Presidente: José Miguel Burneo Secretario: Dr. Agustín Eguiguren Presidente: Teófilo Fuentes Gilbert Subdirectores: Dr. José M. Alemán y Jacinto Jouvín Arce Presidente: Miguel Uquillas Secretario: Bolívar Lupera.

Fuente: Boletín del Ministerio de Previsión Social, Trabajo, Agricultura e Industrias, N.1, diciembre de 1936

Como el Cuadro N. 4 lo muestra, quedaron constituidas en el país nueve Cámaras de Industrias. Siete de ellas tienen su sede en la sierra y de éstas cinco en varias provincias de la sierra centro-norte. Tal distribución según los “empresarios” de entonces denota “que hay poco entusiasmo para responder al llamamiento que se les ha hecho o de que en las demás provincias hay un reducido número de industriales que no pueden organizarse francamente en cámaras, cuanto más que estos mismos señores pertenecen ya a las respectivas Cámaras de Comercio existentes en toda la República”.56 Efectivamente esta afirmación daba cuenta de la realidad. El llamado estatal tuvo poca acogida debido a que la mayoría de personas -que no son muchas- dedicadas a esta actividad tenían estrecha relación con las 56 Se organizan los industriales en Cámaras, Boletín, Órgano de la Cámara de Comercio e industrias de Tungurahua, N. 18 , Ambato Septiembre 30 de 1936.

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otras secciones de la economía, por lo cual no pueden comprender el afán del Estado en separarlos: “No podemos comprender el motivo de esta nueva organización, ya que en esta ciudad de Ambato existe una bien organizada Cámara de Comercio e Industrias a la que pertenecemos la mayoría de los señores industriales aquí presentes.”(Ídem) Lo único que ven es el interés estatal por debilitar y dividir a las famosas “tres grandes fuentes de riqueza” con que cuenta el Ecuador: la agricultura, el comercio y la industria.57 No obstante, frente al sector comercial-industrial se levanta un grupo de industriales genuinos y dinámicos que son los que impulsan políticas a favor de la industrialización y motivan a la organización independiente de los industriales. Entre estos modernizadores estuvieron el presidente de la Cámara de Pichincha, el economista catalán Ramón Gonzáles Artigas, el vicepresidente de la misma, Julio Zaldumbide; el presidente de la Cámara de Tungurahua, José Antonio Arcos; los subdirectores de Cámara del Guayas José M. Alemán, y Jacinto Jouvín Arce y, el presidente de la Cámara de los Ríos, Miguel Uquillas,58 todos ellos activos militantes de la fracción industrial “pura” que lentamente ganó autonomía organizativa e independencia en esta década. Los problemas de organización de los industriales después de los 30 La importante iniciativa del Estado y de la fracción industrial en los 30 poca trascendencia tuvo en la vida del país. Las cámaras que se fundaron se extinguieron paulatinamente y pasaron a la historia como interesantes signos de las contradicciones que se desarrollaban al interior de las “clases” dirigentes. Superando esta fase, del sector más dinámico de la industria, del textil, nació la organización de mayor importancia y duración. En efecto, los textileros se conformaron como Cámara en 1942, dando, aunque tardíamente, un paso significativo en su presencia 57 “Cuán la razón para que la industria tenga una Cámara aparte? Dónde la Causa para que la agricultura no esté de acuerdo con el comercio? Francamente no entendemos el objetivo del Supremo Gobierno al querer aislar, debilitar el ímpetu y el entusiasmo que habría si estas tres grandes fuentes de riqueza estuvieren cohesionadas.” Organización o desorganización, Boletín, Órgano de la Cámara de Comercio e Industrias de Tungurahua, N.20 , Diciembre 3 de 1936, N.20, pp.13 58 Ramón Gonzáles Artigas, inmigrante catalán, en la década de los treinta controla varias fábricas: “La industrial C.A.”, “La Bretaña”, “La Inca”, “San Pedro”, “San Juan”, todas relacionadas con la producción textil. Además es fabricante de pisos, cabos y piolas de cabuya en la fábrica “Cabuya Industrial”. Es fabricante de calzado y es propietario de la fábrica de muebles, aserradora y secadora “La industrial”. En 1952 se lo consideraba como “un gran propulsor de la industria nacional”, impulsor de los cultivos y plantas oleaginosas y Presidente de las siguientes empresas industriales “Compañía textil San Juan, Compañía textil Capuy, Compañia textil La fabril, Compañía de Manteca y Aceites Vegetales INALCA de Manta, fábrica de calzado Ecuador, fábrica de jabones ABC de Guayaquil. Además en este año se lo ve comercializando los productos de todas estas fábricas a través de la empresa CAISE de la que también es presidente. Incursionó en las finanzas (Gerente del Banco Manabita) y en la ganadería. Julio Zaldumbide en 1930 es propietario de un Molino. José Miguel Alemán en el decenio de los treinta es farmacéutico y miembro de la Asociación de farmacéutico del Guayas y como tal asistió al Primer Congreso de Industriales del Ecuador. Jacinto Jouvín Arce en los mismos años es en Guayaquil fabricante de sobres, dueño de la imprenta “La Reforma” y miembro activo de la pequeña Federación de Industriales del Guayas. Miguel Uquillas es un conocido fabricante de la provincia de los Ríos.

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económica, social y política independiente. Su existencia reflejó el estado de progreso de la rama59 y el desarrollo de la conciencia de clase de sus dirigentes; mas también da cuenta de la incapacidad de los otros segmentos de la industria de conformarse como clase social. Durante los 40, significativos esfuerzos realizaron los industriales de todas las ramas con el objeto de generar sus órganos de representación. Un efecto de tal proceso se lo observó a inicios de los 50, cuando en marzo de 1952 se efectuó la Primera Convención Nacional de Cámaras de Industrias, en la que se fundó la Confederación de Industriales del Ecuador. Incierto y débil fue semejante proceso ya que una década después, en 1963, una Cuarta Convención Nacional organizada por la Cámara de Industriales de Pichincha, creó nuevamente una organización nacional de Industriales, que tomó el nombre de Asociación Nacional de Industriales del Ecuador, y promovió la estructuración de las Asociaciones Provinciales de Industriales.60 Hasta los 60, incierta y débil fue la presencia como clase de los industriales en el Ecuador. Los pecados originales, que en los 30 tuvieron viva fuerza, la no diferenciación económica y el regionalismo,61 fueron factores que no permitieron su constitución como clase hasta más allá de la mitad del siglo XX.

LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS Y LA IMPORTANCIA DEL PROCESO INDUSTRIAL HASTA 1960 La industria y los industriales ecuatorianos hasta los sesentas se abrieron paso en medio de condiciones complejas que marcaron una ruta productiva singular y una presencia relativa como clase. Tal proceso no tuvo la suficiente consistencia para presentarse como alternativa al modelo primario exportador, por lo que no tuvo el suficiente atractivo para ser valorado y estudiado como una experiencia importante en la que se amasó, de todas maneras, un proyecto industrializador que se concretaría desde los años sesenta. En efecto, según la mayoría de estudiosos, el Ecuador no formó parte del grupo de países latinoamericanos que en los treintas aprovecharon la crisis del “centro” para 59 Esta tendencia que estuvo presente durante las primeras décadas de este siglo se mantuvo todavía hasta los sesentas cuando, al decir de la CEPAL, en 1965 , la “ industria textil representa uno de los sectores más dinámicos de la producción fabril, con más del 14% del valor de la producción, 20% de los sueldos y salarios y el 29% del empleo total. CEPAL, “La industria textil en América Latina, IX Ecuador, Naciones Unidas, Nueva York, 1965,pp. 15. 60 Cámara de Industrias de Pichincha, Acta final de la IV Convención Nacional de Cámaras de Industrias del Ecuador, Ed. Unión, Quito, junio de 1963. 61 Según la CEPAL, al hablar de la industria textil, en los 60 la sierra y particularmente la sierra centronorte todavía concentra el mayor porcentaje de capacitad instalada: “En cuanto a la distribución geográfica del equipo instalado, en la provincia de Pichincha (que incluye Quito, la capital), se encuentra alrededor de 70 por ciento del total; Imbabura y Guayas poseen 10 por ciento cada una y el equipo restante se encuentra en Azuay, Chimborazo y Tunguragua.” CEPAL, La industria textil en América Latina. IX Ecuador, Naciones Unidas, 1965, pp.18

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desplegar un programa industrial de envergadura, llegando, por tal razón, tardíamente en los sesentas, a desarrollar un movimiento más profundo.62 Sin embargo hay que señalar que a pesar de su relativa fuerza, el proceso industrial ecuatoriano, en aquellos años, mantuvo la tendencia al crecimiento, hecho que venía desde antes del “crac”, en las ramas textil y azucarera. Sobre todo en la primera el progreso fue significativo a pesar que tuvo que afrontar el cierre del natural y tradicional mercado del sur de Colombia a donde dirigía, según anunciaba Jacinto Jijón y Caamaño páginas atrás, el 50% de su producción.63 Como se puede ver en el Cuadro N.1, en lo que va de aquella década, antes que cerrar fábricas, se fundaron 12 nuevas, o sea hubo un incremento de un 38% en relación del total de las existentes hasta 1937. Esto fue resultado de una política estatal proteccionista en lo arancelario y en lo monetario, de una política de sustitución de importaciones, pero, más que todo es efecto de un proceso de sustitución de la producción interna, de la pequeña producción artesanal urbana y rural que, por tal motivo y también por el cierre del mercado colombiano, sufre un serio quebranto.64 62 De entre ellos Fabio Villalobos expresa que por esta razón, en el contexto latinoamericano, el Ecuador se ubica en el grupo “tardío y postrero” de desarrollo industrial, proceso que según él y los otros autores, cobra vigor en los años sesentas. Fabio Villalobos, El proceso de industrialización hasta los años cincuenta , Nueva Historia del Ecuador, Vol 10, Corporación Editora Nacional, Grijalbo, Quito, 1990, pp. 75. 63 El sur de Colombia es el natural mercado de los productos elaborados en el norte del Ecuador. Estos espacios, ecuatoriano y colombiano, son interdependientes y hacen desde hace centenares de años atrás una sola región económica, dividida artificialmente por los linderos impuestos por los estados nacionales. De allí que pensar en mentalidad exportadora cuando se habla del envío de mercancías de un lado al otro de la frontera por parte de la gente que realiza estos negocios, es poco menos que forzar la figura de relaciones naturales de intercambio que vienen de allende el tiempo. Por esto es que la medida de fines del decenio del veinte del presente siglo del Estado colombiano (quien defiende entre otros intereses los de los dinámicos industriales de Antioquía, la gran mayoría textileros), de restringir el libre comercio entre las dos zonas es recibido con igual descontento y rechazo por los quiteños y por los pastusos. Los unos porque - como ya se ha dicho - el 50% de su producción ya no pueden destinarla a Colombia, y los otros, porque - como dicen ciudadanos colombianos residentes en Pasto a su Presidente Abadía Méndez- “ el libre cambio de artículos naturales manufactureros en el Ecuador, beneficia enormemente a estas regiones. Restablecido el arancel aduanero en la frontera terrestre, no daría rendimientos al tesoro nacional, porque estimularía el fraude que es imposible repeler en la extensísima frontera. Esta medida tampoco abona con la pretendida protección a las industrias nacionales, pues en este departamento no existen fábricas de hilados, por carencia de materias primas y maquinarias” tomado de Ecuador Comercial, pp. 15 64 Sobre la extraordinaria expansión de la industria textil y sobre la captación de ésta del mercado interno popular, en 1936 en el Primer Congreso Nacional de Industriales, se expresaban las siguientes afirmaciones: “la situación actual de la industria nacional es buena, quizá sin exageración puede decirse que es boyante; los altos cambios han encarecido notablemente el precio de la mercadería extranjera, al punto que todas las existencias de las fábricas del país, especialmente textiles se han agotado. Ventajosamente nuestro pueblo, nuestro campesino ha encontrado un recurso admirable en estas fábricas porque ha podido subsanar la necesidad de sus vestidos, comprando franelas, casinetes, lienzos, pañolones, sempiternos y un sin número de telas que ha podido conseguir a precios más bajos que los similares extranjeros”. Actas Primer Congreso, op. cit. pp.225. Sin duda este tipo de producción de las fábricas no es un invento de los años treintas. Ellas tradicionalmente abastecieron el mercado popular; sin embargo en estos tiempos, el excedente que iba a Colombia se lo destina al mismo mercado, que era abastecido por la pequeña producción artesanal. Por esto en este mismo evento se denunciará que “ la industria manual de tejidos de lana, que se cultiva en muchas poblaciones del país, se halla sufriendo la crisis de estancación de sus actividades, por la falta de consumo nacional y de facilidades para la exportación a nuestras naciones vecinas, sobre todo a

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A fines del decenio del treinta e inicios del cuarenta la tendencia al crecimiento continúa, beneficiada ahora por las condiciones generadas por el enfrentamiento bélico mundial que distrae a la industria de los países desarrollados en pugna hacia el esfuerzo de guerra y que encarece los productos que importa el país. Sin embargo, más adelante, a mediados de los cuarentas, y, particularmente desde el fin de la Guerra, cuando la industria de los Estados Unidos, nuestro principal proveedor, restablece su ritmo y reorienta su producción, inunda nuestros mercados con sus mercancías baratas y de mejor calidad en detrimento de la producción nativa. En los cincuentas y sesentas, gracias a los recursos provenientes del banano y a una política estatal de promoción de la actividad fabril, la industria experimentó un avance de consideración. No obstante como se puede ver en los Cuadros 4 y 5, dicho progreso, como el de décadas pasadas, no fue de mayor alcance si se observa el peso que ésta actividad tuvo dentro del conjunto de la economía. CUADRO N.4 PRODUCTO INDUSTRIAL EN RELACIÓN CON EL PRODUCTO TOTAL Años Producto total Producto Industrial Participación (Millones de Sucres de 1970) (Por ciento) 1950 12.042 1.922 16.0 1955 15.483 2.328 15.0 1960 19.507 3.052 15.7 1965 24.205 4.176 17.2 1970 32.898 6.040 18.4 Fuente: Galo Salvador, Estrategia y política de desarrollo industrial en el Ecuador, 1950-1972.

CUADRO N.5 EMPLEO GENERADO POR LA INDUSTRIA ECUATORIANA Población Económicamente Activa Años Total Industrias Participación (miles personas)   (por ciento) 1950 1.063 152 14.3 1960 1.437 202 14.0 1970 1.941 260 13.4 Fuente: Galo Salvador,Estrategia y política de desarrollo industrial en el Ecuador 1950-1972. Colombia, a donde se exportaba, hasta hace poco, artículos de esta clase por valor de más de dos millones de sucres al año.” Idem,pp.89

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Así en 1950 la participación de este sector dentro del Producto Interno Bruto es del 16 % y luego de 15 años, en 1965, es del 17.1%. De igual forma en relación a la población económicamente activa, la industria en 1960 absorbe solo el 14% y en 1970 el 13.4%. Es decir, el Ecuador para estos años tuvo todavía fuertemente ligado su destino a los vaivenes del comercio exterior, esto es, y en forma más concreta a la economía agroexportadora que domina sus destinos desde siempre.

LAS TRABAS AL IMPULSO INDUSTRIAL La inserción del Ecuador en el capitalismo en calidad de productor y exportador de artículos primarios e importador de manufacturas y bienes de capital fue el proceso que condicionó el tipo de “desarrollo del país”. No obstante otros factores internos económicos y extraeconómicos (geográficos, sociales, políticos y culturales) también influyeron en la trayectoria de la economía ecuatoriana, en el reforzamiento de viejo modelo o en las facilidades o trabas a las nuevas propuestas, como la industrial. De hecho, las injustas relaciones económicas internacionales en las que está inscrito el país se convierten en el gran telón de fondo de nuestra historia. Allí interactuan otros elementos como el reducido mercado nacional. En efecto la población ecuatoriana que para 1950 a duras penas llega a los tres millones de habitantes, sumada a su limitada capacidad adquisitiva influyeron decisivamente en la configuración de la estructura fabril nativa. Sobre todo este último elemento tuvo indiscutible incidencia. Así rubros que de alguna manera permiten apreciar la realidad económica de un país como el Producto Interno Bruto (PIB), el ingreso nacional y el ingreso disponible por persona, para 1950 en el Ecuador se estimaban en 143, 119 y 107 dólares respectivamente, dando cuenta de un nivel de vida extremadamente bajo. Si a esto se suma que el 71% de la población vivía en el campo y que las relaciones salariales no adquieren mayor desarrollo, se podrá tener una idea de la escasa fuerza que tenía este mercado.65 La carencia de una infraestructura suficiente limitó el avance de la industrialización en los 50. Hubo un restringido sistema de transportes y comunicación. El ferrocarril a inicios de este decenio siguió siendo la principal vía de comunicación a través de la cual costa y sierra se comunicaban. A lo largo esta década y principalmente en los 60 se construyeron múltiples carreteras que unieron varias regiones del territorio nacional. Además de esto los servicios de fuerza eléctrica y de agua fueron obstáculos para el necesario funcionamiento de las fábricas. Todavía en 1965 el 53.2 % de la energía consumida por la industria proviene de la autogestión (Salvador: 1972). En otro plano, la dotación de materia prima fue una traba permanente de la industria. Se puede constatar que, hasta los cincuentas, las limitaciones y bajos niveles 65 Galo Salvador, Estrategia y política de desarrollo industrial en el Ecuador, 1950-1972, Estudio realizado en la Junta de Planificación en base a un cuestionario solicitado por las Naciones Unidas. 1972, mecanografiado. pp.1-2.

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de productividad de las actividades primarias y de la mayoría de industrias de bienes intermedios, generaron materias primas de baja calidad y alto precio, afectando a la calidad y al costo de los productos industriales. (Salvador: 1972) Con este pretexto, a partir de estos años, las sucesivas leyes de protección industrial avalizaron la parcial o total liberación de impuestos a la importación de materias primas, produciéndose graves distorsiones al proceso industrial analizado. La baja disponibilidad de recursos económicos para financiar la industrialización fue un problema permanente. La escasa vocación hacia actividades productivas del conjunto de las élites ecuatorianas tuvo que ver con este asunto. De la misma manera, la limitada inversión de capital extranjero, hasta los cincuentas, es un dato a tomar en cuenta. La fuerza de trabajo escasamente capacitada fue también otro de los aspectos que contuvieron el avance de la industria. Este problema, estrechamente vinculado con los altos niveles de analfabetismo del país y con el vacío de programas educativos vinculados con el desarrollo, fue un factor que gravitó sobre los planes industrializadores. Sin embargo, un inconveniente clave fue la ausencia de una clase industrial vigorosa, de un empresariado audaz y emprendedor que fuera el portador del proyecto. Todo esto, a inicios de los 50, configuró una industria que al decir de la CEPAL, “se encuentra en condiciones extremadamente deficientes”66 y que según su misma opinión a mediados de los 60 “ocupa una posición bastante desfavorable en relación con los demás países latinoamericanos” (CEPAL: 1965:4). La responsabilidad de este limitado nivel de desarrollo la comparten diversos actores y sectores: el Estado, pero particularmente las clases dirigentes de este país. Max Weber y Joseph Schumpeter,67 estudiosos del desarrollo del Capitalismo asignan (sobre todo Schumpeter) un papel relevante a los empresarios en cualquier proceso de desarrollo industrial. ¿Cuáles son las características que debe reunir este empresariado para convertirse en un impulsor de procesos de cambio económico hacia la implantación de la industrialización? Para estos autores , existe una diferencia entre el dueño del dinero y el que siendo o no poseedor de él, piensa y actúa como empresario. Al uno le gusta atesorarlo y vivir de sus rentas, al otro le interesa reproducirlo, multiplicarlo. La mentalidad empresarial, opuesta a la rentista, es creativa, es audaz, corre riesgo, invierte, se realiza en el libre mercado y lucha por la “modernización” ya que se opone a todo tipo de relaciones de producción que atenten contra el desarrollo del capital. 66 Comentario que realiza la CEPAL respecto al sector textil, rama industrial históricamente más pujante del Ecuador. CEPAL, Productividad de la mano de obra en la industria textil algodonera de cinco países latinoamericanos. Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos, 1951,pp. 73 67 Max Weber, La ética protestante y el desarrollo de capitalismo, Joseph Schumpeter, Capitalismo, Socialismo y Democracia.

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En el caso que nos ocupa, el grueso de nuestras élites no encajarían en este modelo empresarial referido por Schumpeter, ya que la mayoría de nuestras clases dirigentes son poco creativas, temen el riesgo, realizan limitadas inversiones en la producción, generan una industria super protegida, defienden un mercado cautivo y hasta los sesentas todavía mantienen las relaciones precapitalistas en el país. Bajo estas premisas en el Ecuador, en muy pequeños núcleos se habría gestado una clase industrial con pensamiento empresarial moderno. En efecto solo de esta manera se puede explicar, por ejemplo, que en épocas supremamente favorables como en los años de la segunda guerra mundial, “desgraciadamente la mayor parte de las empresas no quisieron o no supieron aprovechar las preciosas ventajas, temporales desde luego, que les deparaba tan favorable coyuntura mercantil, para acumular previsivamente las voluminosas utilidades obtenidas, a fin de destinarlas a la renovación, ampliación y mejora de las instalaciones”.68 Por tal motivo según observaba la CEPAL a inicios de los 50 las fábricas ecuatorianas “son del tipo antiguo de principios de siglo” (CEPAL: 1951). Es una industria que por obra y gracia de este tipo de política se coloca en una situación deficiente. “Para darse cuenta de la magnitud de la deficiencia que la falta de máquinas nuevas, materias primas adecuadas, y métodos modernos de trabajo y administración, ocasionan a la industria textil del Ecuador, bastaría decir que toda su producción actual de telas de algodón, elaborada por más de 4.000 obreros, en 9 fábricas, con 37.286 husos y 1.454 telares, podrían hacerla 500 obreros, en una sola unidad moderna de 19.000 husos y 500 telares”.(CEPAL:1951) Aunque gracias al apoyo estatal se produjo una importante modernización de la maquinaria durante los cincuentas y sesentas,69 la productividad no se vio compensada por este esfuerzo, ya que según investigaciones de la época los equipos modernos no fueron eficientemente utilizados.(CEPAL: 1965:4-5) Concuerdan los estudiosos al señalar que son los problemas de administración y de organización los que, por sobre la mayor incorporación de aparatos nuevos, estancan el desarrollo de la industrialización nativa.70 En otras palabras, en términos schumpeterianos, la carencia de mentalidad empresarial y la baja preparación intelectual de los dirigentes del proceso, se conviertieron en factores gravitantes que imposibilitaron el avance del proceso industrial.

68 Julio C. Vela ( Secretario de la Comisión), Informe reservado dirigido al Presidente del H. Consejo Nacional de Economía, Quito 30 de abril de 1949, S. G. 1.2.100. Archivo Histórico del Banco Central del Ecuador(AHBC). 69 Sin embargo el fenómeno dista de ser extraordinario, ya que en 1965, hablando de la industria textil, el 54% de los telares de algodón eran obsoletos. Es el nivel de obsolescencia más marcado de Latinoamérica. CEPAL, 1965, op. cit. pp.6-7. 70 CEPAL, (1965). y Banco Central del Ecuador, Departamento de Investigaciones económicas, Estudio sobre la situación de la industria textil ecuatoriana, Quito, noviembre de 1958.

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LA POLÍTICA ECONÓMICA: EL PROTECCIONISMO Y EL USO DEL ESTADO El temor al riesgo y a enfrentar la competencia llevaron a los industriales a utilizar al Estado con el fin de garantizar sus intereses. Esta concepción de uso del Estado es un viejo elemento que integra el pensamiento y la acción de las élites del Ecuador. El control del Estado fue prioritario en la cotidianidad de los hombres de negocios, no solo porque a través de él pudieron brindar seguridad legal y militar a sus empresas, sino que él mismo fue convertido en uno de sus más importantes clientes y en agente de sus iniciativas.71 Esta dependencia del aparato estatal fue reflejo de la fragilidad histórica de la empresa privada que, para su desenvolvimiento, requirió de un sirviente dócil, inorgánico y poco profesional. Dependiendo de cómo se alternaron en el poder los diversos grupos económicos, la política económica que se modeló dio cuenta del interés de quienes la impulsaron. Y en lo que respecta a la política industrial esta fue progresivamente más y más proteccionista. Si bien Eloy Alfaro dictó una ley proteccionista a favor de la industria en 1906, la mayor parte de la estructura fabril fue montada sobre la Ley de Protección Industrial del 5 de octubre de 1921 dictada por el gobierno de “la plutocracia” presidido por José Luis Tamayo. Bajo este amparo legal hasta el decenio de los cincuentas, los industriales celebraron contratos con los Ministerios respectivos para exonerar a las fábricas que se establecían o ampliaban sus instalaciones del pago de derechos arancelarios y otros impuestos por maquinarias, y en más de una ocasión por materia prima.72 Esta forma de operar fue alterada en julio del 57 cuando se dictó una nueva Ley de Fomento mucho más beneficiosa que la anterior. Empero las mejoras no vinieron solo del lado de las barreras arancelarias, sino también de la política crediticia y particularmente de la monetaria, especialmente de la Ley de Cambios Internacionales dictada en 1947, que estableció un sistema de cambios múltiples en el Ecuador a base de varias listas de importaciones. Estas ventajas fueron resultado de las reiteradas apelaciones, quejas, presiones e imposiciones del sector privado al Estado; pero también, en algunos casos, fueron producto de la propia iniciativa estatal a través de las ejecutorias de determinados técnicos de la burocracia imbuidos por la idea de la modernización. En los treinta, cumplió un rol destacado el Jefe de la sección de industrias del Ministerio de Previsión, el señor José Luis Gonzáles y, en los 50, esta predisposición se la encuentra en la serie de técnicos 71 Por ejemplo para el desarrollo de la industria textil, ante la estrechez del mercado interno, en el siglo XIX y buena parte del XX, se obtiene que el Ejército sea uno de sus principales consumidores. Marchán, 1990.pp.97-104., Milton Luna, 1989., pp.119 72 Orgullosamente proliferan en todo este tiempo los informes de los organismos oficiales sobre los contratos de protección industrial que realizan con gran cantidad de empresas. Ver, por ejemplo, Boletín, N.1. del Ministerio de Previsión Social, Quito, diciembre de 1936.pp.4; Clemente Yerovi Indaburu, Informe a la Nación, 1948-1949, Quito, 1949. pp.34.; Colón Serrano, Ministro de Economía, Informe a la Nación, 1950-1951, Quito, pp.261.

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del Banco Central y de otros organismos oficiales que giraron en torno a la agenda de la CEPAL.73 Esta situación puso de manifiesto la presencia de dos interlocutores que negocian en desigualdad de condiciones el destino de la industrialización. De un lado los industriales que obtuvieron sus requerimientos por cualquier vía, y de otro, un sector tecnoburocrático del Estado que pretendió dirigir el proceso, pero que a la larga tuvo que aceptar su rol de servidor del primero. Las élites, con representantes propios o ajenos dirigieron, dependiendo de sus juegos de poder, las altas cúpulas de los gobiernos y las políticas económicas del Estado. Políticas que en el caso de los industriales reflejaron su carácter conservador; sentimiento expresado en la escasa iniciativa para diseñar proyectos industriales y en la siempre urgente necesidad de mayor protección. Ésta se persigue imponerla a pesar que su ejecución atente contra el desarrollo del país. Sólo así se entienden las expresiones de Jacinto Jijón y de Rafael Arcos a inicios de los treintas, cuando viendo que se quedaban sin el mercado colombiano, exigieron el proteccionismo estatal, en crédito, en barreras arancelarias y en compra por parte del Estado de sus mercancías, aunque el costo de tal medida signifique sacrificar el desarrollo del país que para ellos es entendido como “iluso progreso que pretendemos sostenerlo con construcción de ferrocarriles y otras obras” (Arcos y Jijón: 1931:11); en otras palabras estos “campeones de la modernidad y del progreso”, señalaron que defender la industria significaba dejar de lado la ampliación del mercado interno. Los técnicos del Estado, en estos mismos años, al evaluar las políticas impulsadas por los industriales, creían “que el Estado contemporáneo debe ser el orientador de la economía general”74, pero se topaban que éste tiene un “desconocimiento espantoso, aún de los aspectos más elementales que se rozan con la industria y la manufactura” (Gonzáles:1935:14). Por esto el primer gran paso era “organizar al Estado, crearle base orgánica a la gestión que tiene que realizar”(Idem:14), y el segundo era cambiar la mentalidad de “nuestros industriales y manufactureros (que) están acostumbrados a esperarlo todo del Estado”(Idem:16). Vanas ilusiones de los técnicos, ya que en cuanto al Estado, presa de la manipulación política de las élites mantuvo durante todo el siglo XX, un carácter inorgánico, poco eficiente y limitadamente profesional y; en cuanto a lo segundo, el interés por dotar al grupo industrial de nueva actitud, la primera gran frustración la consiguieron cuando al intentar organizarles como clase, en el Congreso de industriales de 1935 extensamente analizado en páginas anteriores, no se consiguió absolutamente nada. Sin embargo, no se agotó la iniciativa de la tecno burocracia, que presionó para que la industria siguiera adelante: las exposiciones permanentes de industrias75, la organización independiente 73 Entre estos se puede señalar al Ingeniero José Corsino Cárdenas y al Doctor Germánico Salgado. Milton Luna Tamayo, Introducción, El Ecuador de la posguerra, Banco Central, Quito, 1992. 74 José Luis Gonzáles, Nuestro plan orgánico sobre industrias, Boletín N.11, Órgano de la Cámara de Comercio e Industrias de Tungurahua, Ambato 23 de marzo de 1935.pp.14 75 Esta fue otra de las iniciativas que en los treintas el Ministerio de Previsión Social, a impulso de José Luis Gonzáles, implementó para que los industriales, en un local adecuado, en forma permanente y rotativa exhiban sus productos.

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de la Cámara de Industriales fue otra de las tantas buenas ideas que ante la inercia de la mayoría de la empresa privada, se esfumaron con el pasar del tiempo. Tras los fracasos y tras la estela de buenas intenciones dejada por los profesionales del Estado, lo único que quedó en pie fue la idea y la práctica de industrialización de las élites: industrialización fuertemente protegida por el Estado.76 Idea que por lo demás fue parte esencial del programa de los técnicos. La única diferencia entre unos y otros fue que los primeros deseaban un proceso plagado de garantías, facilidades, sin riesgos, sin competencia, sin exigencia de calidad, con crédito fácil y con privilegios para importar maquinaria e incluso materia prima;77 por lo mismo, lento, poco creativo y con escasas posibilidades de arrastrar tras sí a otros sectores de la economía del país. Y los segundos pretendieron un proyecto más dinámico y nacional, y en donde a cambio de protección, los industriales simplemente tuvieran que consumir materia prima ecuatoriana y producir mercancías de buena calidad y bajo precio.78 De todas formas, el Estado, poseedor de los recursos jurídicos, políticos y económicos, progresivamente asumió un papel más protagónico en el desarrollo industrial.79 En los cincuentas y sesentas se lo vio induciendo, imponiendo la profundización del proceso mencionado. Montó la infraestructura legal, económica e institucional para el despegue de la industria.80 Dictó una nueva Ley de Protección, realizó los censos industriales 76 En los años treinta, el colmo del proteccionismo llegó cuando el Estado, bajo el mandato de la empresa privada, prohibió la creación de fábricas nuevas en las ramas donde venían funcionando industrias ya establecidas. Y el colmo también se hizo evidente cuando el temor a la competencia se lo cubrió tras un supuesto beneficio para la gente que quería invertir en zonas ya saturadas porque esto les llevaría a un seguro fracaso: “ Nos han manifestado que en estos últimos tiempos han sido rechazadas tres solicitudes tendientes a obtener permiso para el funcionamiento de fábricas... Naturalmente el beneficio de este amparo a la industria salta a la vista porque así están respaldados los capitales de quienes haciendo cara a todas las vicisitudes de iniciación han llegado a consolidar sus negocios en forma tal que representa ya una halagüeña esperanza en el porvenir. Cuanto más que, en esta forma está consultándose la capacidad consumidora del país y se está beneficiando aún a quienes pretenden instalar industrias de las que ya tenemos muchas, pues que de hacerlo sería un fracaso seguro.” Hemos sido escuchados . La defensa de las industrias establecidas. Boletín N.21, Órgano de la Cámara de Comercio e Industrias de Tungurahua. Ambato, enero 1 de 1937. pp.8 77 Muchos de estos requerimientos los plantearon en una serie de petitorios que los realizaron al Estado. Ver, Asociación de Industriales Textiles del Ecuador, La Crisis Textil, Septiembre de 1958. 78 Estudio sobre la situación de la industria textil ecuatoriana (1958).pp.35 79 El papel protagónico del Estado se dio en el marco de la influencia en la política económica ecuatoriana de la CEPAL inspirada en el Keynesianismo. La consigna fue el desarrollo industrial a través de un proceso de “sustitución de importaciones”. Tal modelo fue denominado desarrollismo ya que priorizó el crecimiento económico sin poner mayor énfasis en los otros factores de la realidad, particularmente los sociales. Fernando Carvajal, Ecuador: La evolución de su economía 19502008, Informe Cero, Ecuador 1950-2010, Estado del País, Quito, 2011. 80 “La política fiscal estuvo deliberadamente orientada a promover la expansión y diversificación productivas. La inversión pública desempeñó un rol estratégico en la integración entre la Costa y la Sierra y, consiguientemente, en la ampliación del mercado interno. El Estado se convirtió en el motor del crecimiento de la demanda de bienes y servicios…Fue un instrumento de negociación y conciliación entre la burguesía agroexportadora y financiera con el latifundismo serrano”, Adrián Carrasco Vintimilla, Pablo Beltrán Romero, Jorge Luis Palacios, La economía ecuatoriana: 19502008, Informe Cero, Ecuador 1950-2010, Estado del País, Quito, 2011, pp. 127

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y creó varias instituciones para dar soporte fundamentado y activo a dicha dinámica. Fundó la Junta de Planificación y Coordinación Económica para el diseño de los planes de desarrollo y la programación industrial; la Comisión de Valores que posteriormente adoptaría el nombre de Corporación Financiera Nacional (CFN) para financiar, facilitar créditos y canalizar recursos del exterior en beneficio del fomento industrial; el Ministerio de Industrias para aplicar y controlar el avance industrial; el Centro de Desarrollo (CENDES) para incentivar a las élites a la inversión; el Servicio de Capacitación Profesional (SECAP), para la formación técnica de la fuerza de trabajo; y, el Centro de formación empresarial (CEFE) para capacitar a los empresarios.81 Estas medidas que aparecieron inspiradas en las fórmulas de la CEPAL tuvieron como sustento el proteccionismo de larga y antigua data en la mente de nuestras élites.82 La “sustitución de importaciones”, una de las consignas de la Comisión Económica para América Latina, tuvo para su rápida asimilación en el medio un terreno abonado en el Ecuador, país que más bien la utilizó para fortalecer el proteccionismo, el que a su vez, de alguna manera, dinamizó el esquema de industrialización planteada por los “empresarios” nativos. Efectivamente se crearon más fábricas, se importó maquinaria, pero continuó la baja productividad y la mala calidad de los productos; aunque, de hecho, con dificultad se pasó de la tradicional producción de bienes inmediatos, a la de productos intermedios y con mucha menos energía a la de bienes duraderos. De cierta manera, el proteccionismo largamente perseguido por los industriales, según los analistas de la época, “bien pudo haber sido uno de los factores que han provocado el escaso progreso técnico de la industria, en detrimento de su productividad y de los intereses del consumidor nacional”.83 El tipo de industria que se montó en el país fue un reflejo del carácter de los industriales y del tipo de Estado estructurado desde inicios de la República para defender y canalizar los intereses de las élites. En medio de esta lógica quedaron desestructuradas las ilusiones y buenas intenciones de la tecno burocracia modernizante. El carácter del empresariado nacional fue condicionado y moldeado por una rígida estructura social que, en gran parte del siglo XX, impidió el desarrollo al frenar la movilidad social y al perpetuar modalidades tradicionales de trabajo. Fue una sociedad basada, hasta más allá de los 60, en relaciones sociales en las que pugnaban las castas de herencia colonial con las modernas clases sociales en constitución,84 dando como 81 De manera coincidente, la plataforma sobre la que se levanta el proyecto industrializador de sustitución de importaciones fue el crecimiento económico del país en los años 50 generado por el relanzamiento del modelo primario exportador del boom bananero. 82 Referencias sobre este punto se las encuentra frecuentemente en la literatura económica del Ecuador desde su misma fundación. 83 Estudio sobre la situación de la industria textil, (1958).,pp.30 84 Estudios que de alguna manera topan este asunto son los de Milton Luna Tamayo, Historia y conciencia popular, 1989, pp. 171 en adelante; Hernán Ibarra, Indios y cholos en la formación de la clase obrera, Ponencia presentada al Segundo Seminario de la Historia del Sindicalismo en América

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consecuencia un ambiguo orden social donde lo viejo alternaba y convivía con lo nuevo y, en donde, la impermeabilidad social se desgarraba lentamente y la estructura oligárquica (familiar) de poder aún se mantenía en pie. Tales condiciones sociales se reforzaron mutuamente con el reparto injusto de la riqueza social, el limitado desarrollo de la democracia y de la representación, la inestabilidad política, el avance de la corrupción, la escasa práctica de la libertad y la débil institucionalización del Estado. Efectos de la estructura oligárquica fueron también la indiferenciación económica y de clase de las élites y el control familiar de las fábricas, situación que se mantuvo vigente y robusta hasta la década del setenta. Sobre esto los estudiosos del tema señalan que: “la naturaleza familiar y cerrada de las empresas industriales fue reforzada por el contexto de bonanza petrolera, el cual hizo posible la disponibilidad de una cantidad creciente de crédito (nacional e internacional) desde 1972 hasta el fin de la década”.85 … “El Estrato empresarial del país es muy nuevo y está conformado por los mismos propietarios del capital, las empresas no han perdido su carácter familiar y esto significa que no se ha gestado una división funcional entre el propietario del capital y los gerentes o administradores, cumpliendo ambas funciones los primeros.86 El control familiar y la no “división funcional entre el propietario del capital y los gerentes o administradores”, perjudicaron al manejo profesional y empresarial de las empresas. Sin embargo, hubo industriales que hicieron estudiar ingenierías, administración o materias afines a sus hijos, algunos en universidades extranjeras87, aunque esta no fue una práctica generalizada. La débil iniciativa empresarial moderna de las élites, su falta de voluntad para innovar, mejorar la producción e incorporar avances tecnológicos en el proceso productivo, se atribuye a la influencia de un factor independiente de ellas, a un elemento genuino de la realidad Latinoamérica y andina: a la abundancia de fuerza de trabajo barata. Tal fenómeno presente a lo largo de toda la historia fue percibido en el decenio del cincuenta como causa de la “pereza” del empresariado. Este hecho se lo observa tanto en el campo como en la ciudad. Respecto al campo se dice: “En relación al proceso de mecanización, se debe señalar que la existencia de una oferta abundante de mano de obra en las haciendas y el bajo costo de la misma, en términos pecuniarios (era contratada a cambio de un permiso para utilizar los recursos naturales monopolizados por los hacendados), constituía una clara traba para el proceso de incorporación de maquinaria”. (Barski:1988:49) Latina, CLACSO, Tlaxcala, 1987. 85 Jorge A. Hidrobo, Industriales, Estado e industrialización, USFQ, INSOTEC, Quito,1990, pp.74. 86 Jorge Fernández, Un decenio de industrialización en el Ecuador: un balance crítico, en Cristián Sepúlveda, El proceso de industrialización ecuatoriano, IIE-PUCE,1983,pp.112. 87 González Pérez Bustamante, hace estudios de ingeniería textil en EE.UU.; Jorge Dassum Lasso en Alemania; y los primos Germánico y Francisco Pinto D. y Pedro Pinto R., también realizan estudios fuera. Belisle, op. cit. 1986.pp.22

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En relación a la ciudad: “La existencia de personal completamente innecesario puede atribuirse principalmente al hecho de que las fábricas ecuatorianas se organizaron desde un principio con abundancia de obreros, ya que la mano de obra era sumamente barata, y, como uno de los industriales dijera “no importaba tener unos centenares de hombres más” (CEPAL:1951:73). La relativa comodidad que genera en las élites la utilización de la numerosa fuerza laboral es un problema de larga duración afincado en la colonia. Los antecesores de buena parte de los industriales del siglo XX vinieron de España cargados de “concepciones sociales feudatarias”88, las que se fortalecieron ante la presencia de millones de brazos listos a ser utilizados en su beneficio. Por esto la invasión “castellana no se caracterizó empero por ser, a diferencia de otras, una ocupación campesina o mercantil, sino que reposó sobre una explotación de la fuerza de trabajo autóctona” (Sánchez Albornoz: 1987:154). El encomendero y sus descendientes, aquel “migrante metropolitano encuadró a los naturales, pero las más de las veces no trabajó por sus propias manos”(Idem:154). Por tal razón, en éste y sus familiares, se fortaleció el desprecio al trabajo manual. Se acostumbró, sin hacer mayor esfuerzo, a recibir los frutos del trabajo ajeno a través del tributo y la mita, y no aprendió las virtudes y la creatividad del trabajo por mano propia. Atrapado por la agreste geografía quedó sujeto en el localismo y sus aspiraciones no fueron más allá de una conservadora defensa de cierto nivel de vida que se basa en la renta de la tierra y de la mano de obra.89 De esta manera el colonizador aprendió a maximizar seguridad al tiempo que minimizaba riesgos. Creció y se generalizó la mentalidad rentista en toda la sociedad llegando lozana al siglo XX. Hasta la década de los 1950, la disponibilidad de buena cantidad mano de obra barata desestimuló la innovación tecnológica al cubrir con brazos la necesidad de nuevas máquinas. La educación fue desestimulada, ya que el manejo de equipo antiguo volvió innecesaria la permanente capacitación de la fuerza de trabajo; aunque, desde los cincuenta, el modelo desarrollista propició el cambio de esta historia. Fue necesaria una reforma educativa, ya que la industrialización demandaba de “capital humano”, de mano de obra calificada y de la ampliación de la masa de consumidores.90 88 Nicolás Sánchez Albornoz, El trabajo indígena en los Andes: Teorías del siglo XVI, Revista Ecuatoriana de Historia Económica N.2.,Banco Central del Ecuador,pp.163. 89 En 1869 un perspicaz observador colombiano al evaluar el carácter poco afecto al cambio de los ecuatorianos señalaba que “El ecuatoriano, tímido por carácter y consagrado a labrar la tierra o a tejer el algodón y la lana, es quizá el pueblo de América que menos gusta a la emigración, aún en el caso en que para otros se hace indispensable”. Está por demás señalar que en páginas atrás el autor destaca como motor del desarrollo de muchos pueblos del orbe, la capacidad de emigración, de movilización que estos tienen. Por otra parte hemos de destacar con esta cita el cómo nos ven los observadores de la época. Un amigo de la Justicia, Ecuador y Colombia, cuestiones de actualidad, Imprenta del “Star y Herald”, Panamá, 1869.pp.10 90 Esta situación comenzó a cambiar en la década del cincuenta, cuando a la par que se renueva el

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El contrapunto a la mentalidad rentista lo puso un pequeño y dinámico sector de las élites. La fracción industrial de la sierra centro - norte desde el siglo XIX importaba maquinaria, abonos, insumos, nuevas razas de animales, etc., para la mejora de la producción industrial y agropecuaria (Arcos:1983, Marchán:1990, Espinosa:1983, Trujillo:1988, Barski:1988). Más su fuerza y dinamismo no contagió al conjunto de las clases dirigentes ni de la sociedad, ya que su matriz de pensamiento y acción se debatió permanentemente entre la tradición y la modernidad, en la ambigüedad. Finalmente la ambigüedad y el rentismo moldearon no solo la sociedad, sino el Estado, las políticas económicas y el espíritu del proceso de modernización y de industrialización del Ecuador llegando su influjo más allá de los años sesenta del siglo XX. Es probable que en esta experiencia se encuentren algunas pistas para entender y superar el viejo modelo primario exportador todavía vigente hasta estos días del siglo XXI.

equipo, hubo gran interés por la capacitación de todos los segmentos de la producción fabril. Estudio sobre la situación (1958). pp.15. De hecho el modelo cepalino “colocó en el centro de la iniciativa al Estado y demandó una importante movilidad social. El Estado debía planificar y crear las condiciones normativas, económicas y de infraestructura. La sociedad debía aportar mano de obra calificada y más consumidores…” en tal sentido se impulsó a la educación y a la reforma educativa ligada con el crecimiento económico. Milton Luna Tamayo y Alfredo Astorga, Educación 1950-2010, Informe Cero, Ecuador 1950-2010, Estado del País, Quito, 2011. Pp. 292

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OBREROS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

TALLER DE COSTURA Loja, 1951-03-00: Grupo de mujeres al interior de un taller de costura.

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INDUSTRIA DE MUEBLES LA ECONOMICA Ambato, 1928/00/00: En primer plano algunos trabajadores de la industria de muebles finos “La Económica” junto a las maquinarias

FABRICA LA ACTIVA Cuenca, 1925?: En primer plano un gran taller con dos filas de maquinarias de la fábrica

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15 DE NOVIEMBRE DE 1922

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ASAMBLEA NACIONAL DE 1946


DOCUMENTOS HISTÓRICOS


DOCUMENTOS HISTÓRICOS EL PROTECCIONISMO Y LA INDUSTRIA ECUATORIANA (1887)91

Honorables señores:

E

legido diputado para que represente a esta importante provincia en el Congreso de 1887, rindo las más expresivas gracias por tan insigne honra y me cumple hacer por ella y las demás provincias, cuanto esté de mi parte en pro del bienestar económico y social del país, cuyo porvenir preocupa a todo ecuatoriano de sanas intenciones y ambicioso del bien general. Deploro hoy que el talento y las luces necesarias para tan elevado puesto, estén bien distantes de mi cabeza; pero sí me satisface que no está lejos de mi corazón el sagrado fuego del amor patrio y mediante él y en obsequio de él, confío disimularéis mis errores y faltas, cuando me veáis solícito por la prosperidad y engrandecimiento de esta patria adorada. Muchos ecuatorianos opinamos que el malestar económico de nuestro país puede remediarse, en gran parte, adoptando prudentemente el sistema proteccionista que, según demuestra la historia económica de varios pueblos, se han salvado con este sistema vivificador de la industria indígena. Perdonad, honorables señores que llame vuestra atención sobre este punto; pero advertid que no me anima otro espíritu que el de llenar el deber que me señala el cargo que inmerecidamente se me ha confiado. Si protegéis el trabajo nacional la Patria estará de plácemes, pues tal es la convicción profunda que abrigo de sus benéficos resultados.

91 Título original: Manuel Freile Donoso, El sistema proteccionista prudente y oportunamente aplicado a la industria ecuatoriana, indicaciones al Congreso de 1887, Quito, imprenta de Elena Paredes, 1887.


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I Subir, cuando fuere necesario, los derechos de aduana sobre los artículos extranjeros similares a los que se cultivan y manufacturan en el Ecuador, a fin de levantar y estimular la industria nacional que se halla tan abatida, tal es la proposición que tenemos a honra presentaros y cuyas ventajas no se esconderán a vuestra ilustración y patriotismo. Condenado el hombre, por su desobediencia en el Edén, a comer con el sudor de su frente, quedó sancionada por el Creador la ley santa del trabajo; desde entonces desapareció la espontaneidad de los frutos de la tierra; y los hijos de Adán , por causa de esa funesta culpa, obligados a emplear afanes, desvelos y fatigas para el logro de la cosecha; desde entonces el trabajo ha sido considerado por todos los pueblos del mundo como la fuente más fecunda de la riqueza particular y por consiguiente de la riqueza social; desde entonces el trabajo fue el corredentor de la familia humana en orden a las terribles consecuencias de la miseria y del ocio; porque como dice Macaulay, la miseria, hace irritable al hombre de condición mansa, irracional, crédulo, ávido de toda reforma e incrédulo a las consecuencias. El trabajo, dice un profundo economista, es la riqueza, es el poder, es la fuerza; el trabajo, pues, es el que únicamente aumenta los capitales, y de aquí el que se pueda medir la prosperidad de un pueblo por la suma total de su producción. Demostrado como está por el consentimiento unánime de todas las naciones civilizadas, que la industria propia es la más poderosa arteria de riqueza, preguntamos ¿por qué nuestra querida Patria se halla sumida en tanta pobreza y abatimiento ¿Son acaso los habitantes en extremo inactivos o las producciones de su suelo y sus manufacturas no representan valor alguno? Con noble orgullo diremos que ni lo uno ni lo otro puede aplicarse a los ecuatorianos. Cada provincia de la República puede decirse que tiene industria propia, sus artefactos y manufacturas son apetecidos aún por el comercio exterior, y para persuadiros de lo dicho nos permitiréis recorrer las provincias. Imbabura, compréndase también a Carchi, esa bellísima porción de la República, ora por su esmerada naturaleza, por la variedad de sus climas, por la casi espontánea producción de sus artículos, por la feracidad del suelo y, ora en fin, por la laboriosidad de sus hijos, esa provincia digna de mejor suerte, está casi al perecer. A Imbabura se le puede aplicar aquel pensamiento del poeta “¡Ay infeliz de la que nace hermosa!” El infortunio en que hoy se encuentra, prueba es de esta verdad. Consiste su industria en el trabajo del azúcar, raspadura, aguardiente, bayetas, calzado, encajes, chales, frazadas, jerguetas, ponchos, sombreros, sal, monturas, etc. etc. La agricultura produce más allá de lo necesario para la vida. Pichincha, rica en población, pero población que desespera por salir del abatimiento natural que trae consigo la pobreza; la industria está bien desarrollada en varios ramos, porque el hijo de Quito viene distinguiéndose desde la antigüedad por su notable genio para las artes y manufacturas; bástale al quiteño ver un objeto por difícil que sea el hacerlo, para que imite con perfección. Las maquinas de casimires, géneros de algodón,

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liencillos plantadas por la constancia de algunos de sus hijos están produciendo magníficos resultados, no obstante el fuerte contrapeso de los artículos extranjeros. La competencia de estos artículos que se venden más baratos que los nuestros, tiene abrumada la industria de esta provincia, a tal punto que el infeliz artesano pasa vida tristísima si es virtuoso y si no lo es, se entrega al robo o a la embriaguez. Creemos que al estimular las artes mecánicas la capital de la República obtendría gigantesco resultado debido a la gran población y al genio sobresaliente de sus habitantes. León, provincia así mismo laboriosa, cuya industria consiste en varios tejidos de algodón y de lana, como lienzos, ponchos, chales, frazadas, fajas, bayetas, alfombras, jerguetas, etc. etc.; la agricultura es exuberante. En Tungurahua la industria consiste en suelas, cueros curtidos con perfección, calzado excelente y abundante, monturas, tejidos de lana, algodón y de cabuya. Agricultura adelantada y varios de los artículos se exportan a las demás provincias. Chimborazo, otra provincia notable por su numerosa población y por el desarrollo industrial: tejidos de bayetas finas y bien tinturadas, frazadas bordadas con dibujos e hilos variados, alfombras, ponchos, monturas, ácido sulfúrico que se prepara en Guano y se emplea en el tinte de cardenillo, azufre, alumbre y caparrosa. La agricultura en buen predicamento. Bolívar, provincia de creación reciente, ha sido y es esencialmente comercial y en esto consiste la industria; exporta de sus valles aguardiente y raspadura a la vecina Chimborazo. Posee también buena agricultura. Cañar, sensible es que no se exploten las abundantes minas de esta rica provincia; las tiene de plata, carbón de piedra, cerca de Azogues, oro en los riachuelos de Chuquipata, antimonio, mercurio y mármoles en la cordillera. Consiste la industria en tejidos de lana y algodón, en sombreros de paja toquilla tan finos como los de Manabí. Los productos agrícolas son abundantes. Azuay, los productos industriales de esta lindísima provincia son azúcar y aguardiente; en el valle de Yunguilla, tejidos de lana y algodón, como bayetas, ponchos, lienzos; loza fina y de colores tan bellos que tiene reputación y expendio, obras de mármol blanco y de mármol verde llenas de calados; tienen gran estimación los sombreros, monturas y calzado. Su agricultura es variada. Loja. Esta provincia tiene la honra de haber sido la primera que descubrió la preciosa corteza de la quina, cuyo descubrimiento dio por resultado millones de pesos para la República. Su industria consiste en la elaboración de azúcares y aguardientes, tejidos de alfombras, pellones, suelas del Amaluza, raíz de ratania que se extrae del pueblo de San Pedro, la cochinilla y arabisca. El Oro, azúcares y cacao se exportan de esta provincia y se explotan con empeño sus abundantes minas de oro, y si acaso realizan los empresarios las grandes esperanzas que han concebido, esa provincia será el porvenir de la República.

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Guayas es una de las más importantes provincias por su puerto, astillero y posición en el Pacífico. Los nobles productos agrícolas son: cacao, arroz, café, tabaco, orchilla, tagua, que se llevan al extranjero en gran escala y con buena reputación, y los industriales: maderas selectas de varias clases para construcción de buques, azúcares y aguardientes de los muchos trapiches que tiene, sombreros, caucho, la abundantísima mina de sal que abastece a toda la República, minas de betún que sirve para calafatear buques y el liquen para tintes que se exportan al extranjero. Los Ríos. La industria de esta provincia está en la exportación de cacao, café, arroz, azúcares, aguardiente, maderas y buenas cañas de construcción que se sacan de sus bosques. Manabí es la segunda provincia del litoral del Ecuador. Sus productos industriales son: los afamados sombreros de paja toquilla, que se exportan por mayor, monturas,hamacas, riendas de hilo de algodón, pita, caucho y vainilla. En sus costas se hace la pesca de ballenatos, perlas, corales, esponjas ordinarias y ámbar gris. Esmeraldas es una importantísima provincia por su posición topográfica, pero desgraciadamente en malas condiciones por la escasez de población; poblada sería una de las más ricas y florecientes. La industria está concentrada en la exportación de tabaco superior, cacao, pita, cera, caucho, bálsamos, bejucos, zarzaparrillas, etc. Probado está, aunque a la ligera, que todas las provincias del Ecuador tienen industria propia. Pero nada importa que nuestros compatriotas sean industriosos, que nuestro suelo sea fecundo en nobles producciones, cuando por desgracia del país nuestras leyes y costumbres tienden a matarla y prefieren dar vida a la industria ajena. Decimos las leyes, porque vemos con sorpresa que el legislador no alza considerablemente la importación de las manufacturas y de los artículos extranjeros similares a los que se cultivan y preparan en nuestro país. El Ecuador, por el incremento notable que han adquirido últimamente las artes y manufacturas, podemos decir que más es industrial que agrícola; la agricultura en las provincias del interior le da sólo lo necesario para sustentar la vida, puesto que el sobrante de la cosecha no puede exportarlo por la falta de vías de comunicación. Por tanto el legislador debe pensar seriamente en buscar los medios para impulsar la industria fabril, como segura fuente de riqueza. Levantada la industria fabril, las provincias del interior contarían con grandes medios para verificar cumplidamente los negocios mercantiles con la costa y, a su vez, ésta obtendría mayores ganancias, porque cuando el consumidor es rico lo es mucho más el productor o vendedor. Los artículos de primera necesidad y todos aquellos que no tenemos y que se importan, serían consumidos pronto y realizados al contado. Sabido es que las naciones, así como los individuos, corren igual suerte en materia de industria; país o individuo que no puede satisfacer sus necesidades mediante su trabajo, sino con el ajeno, tiende a ser víctima de la miseria. El Ecuador ha caído en pobreza, porque viene muchos años alimentando la industria extranjera, se introduce del exterior

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cuanto se puede discurrir e imaginar, y el infeliz obrero ecuatoriano queda cruzado de brazos sin tener tal vez ni el escaso pan para la familia; de manera que el trabajo, que en otras partes levanta y enriquece, acaso entre nosotros humilla y anonada. “Cuando se establecieron en Canford y valle de Darwint los primeros molinos de agua para la filtura de los algodones, el Gobierno inglés creó, en 1783, primas de exportación a los tejidos, y para asegurar mejor el monopolio de los mercados extranjeros, no temió en 1789 imponer pena de muerte a todo el que hiciera salir del Reino Unido una máquina de hilar. En ningún pueblo como en éste ha sido más extremada la protección. Ved, honorables legisladores, las medidas que se han tomado en otros pueblos a fin de levantar sus nacientes industrias. Hemos dicho las costumbres, porque si las leyes son el reflejo de éstas, y habiendo aquellas abierto puerta franca al comercio extranjero, estamos por causa de esas leyes, funestamente acostumbrados a satisfacer nuestras necesidades, no sólo las ficticias sino también las imperiosas, con el trabajo del inteligente y calculador extranjero, que aprovecha de nuestra pueril y necia vanidad para cambiar diestramente el oropel con nuestra plata y nuestro oro. La exigente y caprichosa moda, ídolo y tormento de las mujeres, hace vender un rico brazalete de perlas y diamantes para comprar un sombrero a la parisiense: los padres y madres de familia a empeñar parte de menaje de plata para vestir a los hijos e hijas a la moda de París. Prescindimos de bosquejar el tristísimo cuadro de nuestra sociedad, remedadora fiel de las costumbres francesas, sociedad que, la mayor parte de ella, se viste a la última moda haciendo esfuerzos costosísimos, sacrificando el capital que es el porvenir de las familias, y medio de acción para toda clase de empresas, por un presente improductivo. Tiempo es ya de reformar esas leyes y esas costumbres, porque aquéllas han empobrecido y éstas corrompido nuestra sociedad. Tiempo es de salvarnos, protegiendo la industria nacional. Mientras el Ecuador no coma, beba y vista de su trabajo, en cuanto le fuere posible, será siempre nación pobre y atrasada. Hubo una época feliz en que la quina dejó brillantes resultados a la industria nacional; muchos ecuatorianos y colombianos que la explotaron, obtuvieron grandísima utilidad, pero desgraciadamente el previsivo europeo comprendió las ventajas de este artículo, lo cultivó, y muy pronto el Ecuador perdió esa ganancia, y vino el alza de las letras y de las mercancías extranjeras. Inglaterra y Holanda, dice La Nación de Bogotá, nos han quitado nuestro negocio de quina y los Estados Unidos tratan de hacer grandes plantaciones de café, y aún en la fría Albión misma, se trata de cultivar tabaco. El mismo periódico, hablando de la crisis actual de Colombia, dice lo siguiente: “El Gobierno colombiano se ha decidido por el proteccionismo, subiendo los derechos de aduana, especialmente a las mercancías manufacturadas”. Esta protección se dirige no tanto a sostener nuestras manufacturas, que son insignificantes, sino a procurar el

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fomento de su establecimiento. Necesitamos establecer de algún modo la industria nacional, si no queremos permanecer a la retaguardia de las naciones civilizadas. Hay la creencia de que el país no se presta a empresa fabriles, lo que puede ser cierto, por ahora, en artículos de lujo, pero que no es exacto respecto a las manufacturas de poco precio. México se halla en circunstancias topográficas semejantes a las nuestras y sin embargo, tiene ya 35 grandes fábricas de tejidos y aún se fabrican zarazas. El Ecuador va mucho más adelante que nosotros en materia de tejidos, a pesar de tener menor población y riqueza.

Tratando de los medios fáciles para hacer que prospere la industria algodonera dice: “Los telares pueden mejorarse sin grandes costos, haciéndolos como los que se usan en el Ecuador, los que se prestan para hacer hasta 80 combinaciones de tejidos. El Gobierno con muy poco gasto podría [traer] unos dos maestros ecuatorianos para que enseñen el modo de construir telares y el [...]de manejarlos. Cada maestro quedaría contento con 50 pesos mensuales”. Atiéndase que el Gobierno de Colombia es hoy altamente progresista e ilustrado y, atiéndase también que el adelanto de nuestra industria fabril llama ya la atención de la república vecina. Según los diarios extranjeros hay países que principian a cultivar nuestro gran artículo de exportación, el cacao; entonces le espera al Ecuador pérdida considerabilísima en su exportación e importación, por consiguiente le conviene prever y remediar los males venideros, favoreciendo con tiempo la industria fabril, a fin de que levantada ésta se desarrolle en su plenitud y economicemos la compra carísima de las mercancías extranjeras, que en ese caso, así sucedería. Apliquemos a nuestro país el pensamiento de Mr. Varing, Jefe de la Oficina de Comercio de Inglaterra: “entrada para el extranjero de todo aquello que no puede perjudicar a la industria inglesa”. El gran principio de los economistas –“la inteligencia comprimida por la necesidad busca medios de subsistencia”–, convirtiéndolo de otra manera y fijándonos en las condiciones del país, diríamos que la industria nacional, comprimida por la necesidad de satisfacer las necesidades del país, y estimulada por el legislador, triplicaría los medios de subsistencia; entonces aquella se desenvolvería en todas las esferas de acción y el resultado sería que se fijara el precio justo entre comprador y vendedor. País en que se aprecia más el trabajo ajeno que el propio, digno es de lástima. Además, fijémonos en otra consideración que es de vital importancia. Un gobierno patriota e ilustrado se propuso mejorar la suerte de la mujer ecuatoriana mediante la enseñanza de las obras manuales, que en Europa son el patrimonio de las señoritas desheredas de los bienes de fortuna, y para lograr tan noble y santo objeto, trajo de Europa religiosas, con los nombres de Hermanas de los Corazones y Hermanas de la Providencia. Costó a la nación gastos y sacrificios plantear esos establecimientos, pero el

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Gobierno cosechó sus afanes: complace ver los magníficos resultados en las exposiciones anuales; los salones están cubiertos de objetos preciosos trabajados por las niñas, tan bien y con tan buen gusto, que en nada se diferencian de los extranjeros. Mas nada importa tanto adelanto y progreso, cuando la realización de esos objetos es difícil, porque en las tiendas de comercio se venden más baratos; por consiguiente, el país poco o nada ha aprovechado, los sacrificios y los establecimientos han sido estériles e improductivos, debido solamente a la competencia del comercio extranjero. La suerte de la mujer inspira compasión entre nosotros, excepto la que ha nacido rica; las demás casi perecen por falta de ocupación. La aguja, instrumento único de trabajo, es hoy enteramente improductivo. El comerciante importa en gran escala toda clase de bordados, encajes y ropa blanca confeccionada; por tanto, la obrera ecuatoriana queda privada del socorrido medio con que siempre ha contado para la subsistencia y no será extraño, que la mujer abrumada por la miseria, salte la barrera del pudor y la virtuosa se resigne a convertirse en pordiosera. Súbanse los derechos de aduana en esta clase de artículos y veremos mañana a la mujer auxiliada con las prodigiosas máquinas de costura, alcanzando subsistencia cómoda, honesta y lícita, y no será entonces carga pesada para la sociedad y para la familia. El zapatero, el sastre, etc., apenas tienen para sustentar la vida, porque del extranjero viene hecho y preparado todo lo que nuestros industriales trabajan hoy con bastante perfección.

II Leyendo la memoria del señor Ministro de Hacienda del año de 1885, en el cuadro presentado por la Oficina de Estadística respecto de los artículos importados por sólo la aduana de Guayaquil, vemos con harta pena nuestra, que se introducen fuertes sumas en artículos que se manufacturan en el país con muy buen resultado. En azúcares, alfombras, bayetas, camisas, calzado para hombres, señoras y niños, casinetes de algodón, cigarros, cigarrillos, encajes, frazadas, lienzos, monturas, muebles de madera, ponchos, sombreros de varias clases y ropa hecha, se importa la suma de $ 1´472.864. Ved honorables señores, que solamente en estos artículos gastamos fatuamente tan enorme cantidad cuando he manifestado ya, que nuestras provincias trabajan los artículos que acabo de enumerar. No se diga que el industrial ecuatoriano aprovechará de las restricciones impuestas a los artículos extranjeros, para preparar mal y por mal cabó los suyos, y que entonces el consumidor sería el perjudicado. Tal cosa no podría suceder. Nuestro inteligente artesano comprendería muy bien que la pereza o la mala calidad del artefacto, serían pronto castigadas con una ley que abriera puerta franca a la industria extraña, y esta consideración es suficiente para estimular el mejoramiento de nuestras obras mecánicas. Con el sistema proteccionista nos convertimos en consumidores de nuestros propios artículos, y halagado al obrero

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con el aliciente de pronta y segura ganancia, imposible sería se realizara aquel temor. El interés individual es el mejor móvil de las acciones humanas, especialmente en materia de comercio e industria. Con ese sistema levantamos las tres fuentes de riqueza: agricultura, comercio e industria. La primera, manufacturando en el país los productos agrícolas; la segunda, concretando sus pedidos a artículos de mayor consumo, con lo cual, la venta de éstos sería inmediata y efectiva y el comercio redimido de las frecuentes quiebras; y la tercera, mediante el auxilio de las dos primeras desarrollaría en toda su extensión, porque se convertiría en consumidora de las otras y bastaría esto para que el agricultor, el comerciante y el industrial satisficiesen sus necesidades y obtuviesen eficaz ganancia, “porque la agricultura decae tanto cuanto decrece la producción industrial, los industriales son los más seguros consumidores de los frutos y cosechas indígenas”. Protejamos nuestra industria porque tiempo es ya de hacer ver al extranjero que los ecuatorianos sabemos trabajar. Permítasenos recordar la opinión de la junta central que representó en París a la asociación defensora del trabajo nacional, compuesta por un par de franceses y por el presidente del Consejo General de Manufacturas: “Es imposible que exista el comercio activo al lado de una fabricación que decae, o de una agricultura que arruina. Cuando disminuye el trabajo en el interior, la importación de los productos fabricados mengua, los recursos para comprar fuera del país decrecen. Todo está enlazado, todo es solidario entre los elementos que constituye la actividad nacional”. Si las naciones, así como los individuos, no fincan su riqueza en su propia industria ¿cuál será entonces el porvenir que les espera? Si el trabajo ha de ser todavía improductivo entre nosotros, porque se dice que el del extranjero es más barato, no será mejor emigrar de la Patria e ir a buscar el pan en playas extrañas? Un célebre economista dice a este respecto: “La suerte que aguarda a toda nación desde que abandona sus manufacturas, con pretexto de comprar del extranjero productos mejores y más baratos, es la que experimenta Portugal y sin poder remediar la esclavitud marítima, comercial e industrial; esa misma suerte ha cabido a la India, la concurrencia de la manufactura inglesa la ha abismado en la miseria”. Esa decidida protección a la industria extraña, causa poderosa es también de nuestras insensatas revoluciones y frecuentes trastornos políticos. La juventud desocupada y el jornalero mal recompensado, abrazan la infame y maldecida ocupación de las revueltas. La juventud laboriosa y el artesano remunerado, detestan los trastornos. La próspera y adelantada Chile ha adoptado severamente el sistema proteccionista y vedla con sólo una Constitución Política en más de 50 años de su emancipación de la metrópoli. Pero si todo lo que llevamos dicho es inexacto, si el libre comercio con el extranjero es el verdadero protector de nuestra industria, ¿por qué todas las clases sociales se quejan amargamente de su situación?

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III Tal vez nuestra desautorizada voz no encontrará eco en tan respetable cuanto ilustrada Asamblea. Recurriré a la de economistas célebres que han escrito brillantemente sobre la materia. Oídles. El español Sayró dice: El libre cambio es un lazo que el Gobierno inglés hace 50 años está tendiendo a todos los pueblos industriosos para sumirlos en el abismo de la miseria, inherente a todo país privado de los elementos de trabajo y producción, y para acaparar con el triunfo de unas doctrinas que jamás escuchó y ahora predica, la suma total de las producciones más o menos lucrosas y con ella la riqueza y bienestar de todos los pueblos. ¿Y por ventura no es a la prohibición de importar el papel común, tan combatida por los librecambistas de 1840, a lo que debe España la creación, en menos de seis años, de la riqueza y considerable trabajo que le proporcionan 24 nuevas fábricas del último, y las que, en consecuencia y con su auxilio, se han establecido de cartón y de papel pintado? Los resultados responden elocuentemente. Cuando nos sea posible, por la importancia que el Gobierno debe dar y que culpablemente no da a nuestras industrias y manufactura, sin duda porque propende a favorecer otros intereses en vez de escuchar benévolo los justos clamores de nuestros fabricantes, ya no nos será tan difícil recoger datos capaces de suministrar una idea cabal del estado de aquellas fuentes inagotables de riqueza pública; entonces imitando el ejemplo de los proteccionistas franceses, ofreceremos al país el espectáculo de lo que seamos y podamos o debamos aspirar a ser, siguiendo con perseverancia y denuedo la carrera industrial que con menos medios emprendieron otras naciones hasta haber conquistado esa supremacía y colosal poder con que intentan humillarnos y supeditarnos, y de que engreídas se mofan de la ilusión que de ser libres nos forjamos, sin advertir que ningún país puede serlo, siendo pobre. Concluiremos recordando que si bajo [...] una protección vacilante, nuestras fábricas de varios artículos han prosperado notable y notoriamente, ¿a dónde hubieran llegado todas las producciones agrícolas e industriales en España, si hubieran tenido la eficaz y bien entendida protección que a las suyas dispensó y sigue dispensando la Francia? He aquí un punto que, en nuestro entender, no puede ser controvertible ni cuestionable sino para los librecambistas a quienes estaba reservado en este siglo de disputas, presentar como dudosa la verdad, la verdad palmaria, de que el país que necesita paño y no lo fabrica, nunca podrá tener lo propio, si permite que el extranjero se lo traiga; ni sacudirá la servil dependencia de éste, mientras no se resigne a fabricarlo y o pagarle más caro cuanto tiempo sea necesario. Esta carestía producirá tres bienes inmediatos y evidentes: 1. dará trabajo y además sustento y moralidad a los que a él se dediquen; 2. privará de tan inapreciables ventajas a la nación de [las] que antes se proveía, y 3. fomentará las demás producciones naturales con el consumo que hagan de ellas los nuevos fabricantes.

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El notable economista Ulloa, en su obra sobre el restablecimiento de las manufacturas y comercio de España, hablando de los estragos ocasionados por el libre comercio con Inglaterra, dice: “esta nación se parece al cocodrilo, cuando después de no haber dejado más que los huesos de un cadáver, se lamenta furioso, no de piedad sino de desesperación, porque nada le queda para devorar”. Así quedará pronto la industria ecuatoriana, en huesos de un cadáver, el comercio con el extranjero, sin que se tome en consideración la industria propia, es para nosotros el cocodrilo. Escuchad, por último, a la Junta Central de París, compuesta por los miembros de que ya os hemos hablado: “No se estableció el sistema protector, como se quiere hacer creer, por los librecambistas, por gobiernos incapaces o legisladores ignorantes. Los hombres que lo fundaron o desarrollaron, fueron los hombres de Estado más eminentes. Baste citar a Cromwel, Colbert, Napoleón, nombres que bien pueden contraponerse con ventaja a los de Smith y Juan Bautista Say. El nacimiento y la extensión de la industria en Europa procede del sistema protector: la Inglaterra que fue la primera y la que en mayor escala lo puso en práctica, es también la nación que ha llegado al punto más alto del poder industrial y comercial. No hace mucho tiempo que Portugal, desdeñándolo, no defendió su trabajo y a la vista está el grado de decadencia al que ha llegado. El sistema protector se aplicó en Francia como en los demás países y debemos advertir desde ahora que se aplicó de un modo menos absoluto que en Inglaterra; bajo su influjo es cómo se ha constituido nuestra agricultura, nuestra industria y nuestra marina. Con su ayuda es cómo se han desarrollado las diferentes ramas de nuestra producción, [se] ha provisto abundantemente a todas las necesidades, [se] ha estimulado la concurrencia interior, favorecido su progreso y logrado mejorar la calidad y disminuir el precio de los productos; por consiguiente, ha matado la pereza y extinguido la rutina de nuestros fabricantes y ha esparcido la comodidad en todas las clases sociales, [y] propietarios y manufactureros [se] aprovecharon de la protección.

IV Notad, honorables legisladores, a qué grado de adelanto han llegado las naciones de Europa que tuvieron la cordura y la precisión feliz de proteger las artes y manufacturas incipientes. Al Ecuador, cuya industria principia a desarrollarse, le conviene adoptar el mismo sistema; preciso es hacer un ensayo, busquemos el camino por dónde salgamos de esta pobreza deshonrosa y perjudicial. Hagámosle experimentar al pueblo los benéficos resultados de un Congreso que está dominado por la idea de la prosperidad de aquel,

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huyamos por fin de las teorías fascinadoras del libre cambio y enteramente inaplicables a nuestro pobre y excepcional país y descendamos al terreno práctico en donde podamos hacer el bien. Un sistema restrictivo prudente y oportunamente dirigido y aplicado al comercio extranjero, puede salvar la situación económica del Ecuador. Concluiremos, honorables legisladores, repitiendo las palabras del notable español Sayró: “Del tiempo y quizás de amargos y tardíos desengaños, esperamos la recompensa de nuestra pequeña tarea, si desgraciadamente nada por ahora consiguiéremos”. Quito, junio 8 de 1887.- Manuel Freile Donoso.

INDUSTRIAS EN EL ECUADOR (1909)92 El desarrollo industrial de la República ha sido muy lento. La falta de capitales y de la necesaria protección del Estado, han sido las dos causas principales que han detenido su desenvolvimiento. No es pues de extrañar que el Ecuador cuente hoy con relativamente pocas industrias manufactureras de alguna importancia. Con elementos abundantes en materias primas y con un pueblo eminentemente laborioso se podría haber llegado a la misma altura que los demás países latinoamericanos. Desgraciadamente se ha seguido una política económica errónea, cual es la de buscar la protección de los consumidores, fundándose sin duda en la falsa apreciación de que siendo la mayoría de éstos pobres, debía buscársele la economía en el precio de sus consumos. Esto ha detenido a la vez el alza de los jornales desde que no apreciándose la producción, era imposible aumentar el costo de ella. El país importa aún una ingente cantidad de productos manufacturados, muchos de los cuales podría producirse en el país, ya sea con su misma materia prima, ya sea con solo los gastos de manufactura, ahorrando al país algo de la emigración de capital. Una de las industrias más importantes del país es la manufactura de azúcar que tiene invertidos hoy quizás más de $3’000.000. Partiendo del principio erróneo de defender al consumidor, se la ha forzado varias veces a la baja de sus precios por medio de la reducción arancelaria. Igual cosa ha sucedido con la fabricación de cerveza, con la fabricación de calzado y aún con la fabricación de tejidos; de allí que el espíritu industrial haya estado siempre ahuyentado. Fue sólo en el año 1906 que el jefe supremo general don Eloy Alfaro, acogiendo las indicaciones que desde el año 1902 venía haciendo con un altruismo digno de 92 Tomado de la Guía comercial, agrícola e industrial del Ecuador, Guayaquil, s/e, 1909.

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encomio la Cámara de Comercio de Guayaquil, y ensanchando, aún más, las miras proteccionistas, dictó la ley de 26 de junio, la cual puesta en práctica con la eficacia que merece, está llamada a abrir un horizonte extensísimo a la industria ecuatoriana. Esta ley es poco conocida y como la conceptuamos de una inmensa importancia para el porvenir del país, la insertamos íntegra. Dice así:

Eloy Alfaro, Encargado del Mando Supremo de la República, Considerando: Que es necesario favorecer la implantación y desarrollo de nuevas industrias en el Ecuador; Que la agricultura, en sus diversos ramos, merece especial atención de los encargados del poder público; Que la abundancia de corrientes y caídas de agua en la República, hace muy fácil la producción de fuerzas motrices, en especial la fuerza eléctrica tan favorable y económica para las industrias fabriles, y Que es indispensable infundir confianza al capital extranjero, otorgándole las seguridades y las garantías que ha menester para emplearse en el país, Decreta: Art. 1. [Se concede] preferentemente el uso de los ríos, cascadas y de todas las aguas que corren por cauces naturales, a los empresarios que implantaren cualquier establecimiento fabril en que se emplee fuerza hidráulica o [...] eléctrica. Esta concesión no menoscaba los derechos adquiridos, ni el de proveer de regadíos a la agricultura y de agua a las poblaciones, conforme a lo dispuesto en el Código Civil. Art. 2. En caso de ser terrenos fiscales los ocupados por las fábricas que se implantaren, se concederá a cada una de ellas lo propiedad de una superficie de 25 hectáreas, con 200 metros de frente al río u otra corriente de agua utilizada por el fabricante. Si dichos terrenos fueren de propiedad particular, podrán ser expropiados por causa de utilidad pública, mediante el pago de precio que fijaren dos peritos, conforme a las leyes del caso. Art. 3. Se concederá la propiedad hasta de 200 hectáreas de terrenos fiscales a los cultivadores de henequén, ramio, lino, maguey y cualquier otra planta que produzca materiales textiles.

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Art. 4. Los industriales que se dedicaren a la sericicultura obtendrán también la propiedad hasta de 50 hectáreas de terrenos del Fisco y gozarán de igual concesión los viticultores. Art. 5. Los que se dedicaren a desarrollar y mejorar la industria pecuaria podrán importar animales de cría, sin pagar ningún derecho fiscal ni municipal por el término de 10 años. Art. 6. Se tendrán como de dominio nacional todas las lagunas permanentes que, en las provincias interioranas, tengan más de 100 metros de extensión y se concede su uso y explotación, por 10 años, a los que se dediquen a la piscicultura. [Se exceptúan] de esta concesión las lagunas de Yaguarcocha y San Pablo, por contener [...] pesca, de la que se aprovecha el público. Terminados los 10 años que ha de durar el privilegio, quedará libre la pesca en las lagunas a que se refiere el inciso 1 de este artículo, sujetándose a los reglamentos que expedirán las municipalidades respectivas para el ejercicio de la referida pesca. [Se prohíbe] extraer regadíos y abrir desagües que disminuyan el agua en las referidas lagunas, Art. 7. [Se concede] por 10 años la libre importación de semillas y plantas, pero si estos artículos fuesen destinados al consumo, se reputarán como contrabando. Art. 8. Los propietarios de los referidos establecimientos agrícolas o fabriles, los ingenieros, dependientes, rabadanes y trabajadores que pertenezcan a dichas empresas, estarán exentos de todo servicio militar, salvo el caso de guerra internacional, respecto de los que fueren ecuatorianos. Art. 9. Desde el 1º de enero de 1907 y durante 10 años, no se podrán rebajar los derechos de importación y sus recargos a los artículos manufactureros que se importaren a la República, en caso de que en el país se hayan establecido ya esas mismas manufacturas. Art. 10. Desde que se instale una nueva industria manufacturera, y por un período de 10 años, no podrá rebajarse el derecho de importación y sus recargos a los artículos manufacturados similares que se importaren del exterior. Art. 11. Para el caso del Art. 9 se fijará como derecho el que pague el artículo manufacturado extranjero, conforme a la tarifa vigente del 1º de enero de 1907, y para el caso de Art. 10, se determinará el derecho por el que pague, según la tarifa vigente en la fecha en que la nueva industria empiece a vender sus productos. Art. 12. Desde el 1º de enero de 1907, y por 10 años, no podrá elevarse el derecho de importación o sus recargos a las materias primas que se empleen en cualquier manufactura establecida en el país. Art. 13. Desde la fecha en que se establezca una nueva industria y por 10 años, no se podrá elevar el derecho de importación o sus recargos, a las materias primas que la referida industria tenga que introducir para su manufactura. Art. 14. No podrá gravarse a las industrias nacionales, por un período de 10 años, a partir del 1º de enero de 1907, con impuestos fiscales o municipales que en su conjunto equivalgan a más del 50% de lo que los productos similares extranjeros paguen por derecho de importación y recargos.

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Los productos de las industrias que empleen materias primas del país no serán gravados con ningún impuesto, durante 10 años, desde el 1º de enero de 1907. Se exceptúa las industrias en que sirvan de materia prima la caña de azúcar y el tabaco. Para el cómputo de los impuestos de que se habla en el inciso 1 de este artículo, se tendrá en cuenta lo que la industria hubiere pagado por importación y recargos de las materias primas y envases traídos del exterior para la manufactura, y los impuestos de contribución general y patentes de privilegio. Art. 15. Los concesionarios de terrenos baldíos, conforme a este decreto, que no hubieren implantado su industria en los dos años siguientes a la concesión, perderán todo derecho a las referidas tierras, las que volverán al dominio del Estado. Art. 16. El Poder Ejecutivo hará formar un registro de las industrias existentes el 1º de enero de 1907 y las que en adelante se establecieren, a fin de determinar cuáles son los artículos comprendidos en las disposiciones de este decreto. Art. 17. En el período comprendido entre el 31 de julio y el 30 de octubre de cada tres años, empezando en 1907, se proveerá un certamen industrial, en el lugar que designare el Poder Ejecutivo y se discernirán premios honoríficos y pecuniarios a los expositores, conforme al reglamento que el Ejecutivo expida. Para cada certamen se destina la suma de $50.000, la que se invertirá a juicio del Poder Ejecutivo. Art. 18. El Poder Ejecutivo nombrará una o más comisiones que estudien y promuevan el establecimiento de nuevas industrias en el país. Art. 19. Al primer Congreso Legislativo presentará el Ejecutivo un informe detallado de las industrias del país y propondrá las medidas que crea convenientes para su mejor desarrollo. Art. 20. Para evitar especulaciones que retardarían la implantación de las industrias mencionadas en este decreto, el Ejecutivo negará la concesión, siempre que el que la solicitare carezca de los capitales indispensables para verificar la empresa. Art. 21. En caso de que fueren varios los que solicitaren la misma concesión, ya relativa a la pesca, ya a determinada área de terrenos fiscales o caída de aguas, el ministro del ramo concederá el privilegio al solicitante que más garantías ofrezca, en cuanto al mayor capital para la realización de la empresa. Art. 22. Se tendrán por incorporadas en la Ley de Aduanas, todas las disposiciones pertinentes de este decreto, de cuya ejecución quedan encargados los ministros de los respectivos negociados Dado en Quito, capital de la República, a 26 de junio de 1903. Eloy Alfaro.- El Ministro de Hacienda, C. Echanique.- El Ministro de lo Interior, Manuel Montalvo.- Es copia.- El Subsecretario del Ministerio de Hacienda, R. M. Sánchez

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Por decreto supremo de 16 de julio del mismo año se concretó las excepciones determinadas en el Art. 14, inciso 3, a los aguardientes, alcoholes y sus compuestos entre los productos que se obtengan de la caña de azúcar. La protección que concede esta Ley a las industrias existentes y a las que se establezcan en el futuro es lo verdaderamente racional, pues sin atacar los intereses de los consumidores en lo más mínimo, pone a los productores a cubierto de la competencia extranjera, favorecida por medios artificiales como lo sería la reducción de los impuestos para obtener la baja forzada de los precios. La restricción establecida en el arancel a la vez que la más amplia libertad en el país, deja abierto el campo para los mismos industriales que tienen como norma y como base los precios de costo hoy con el derecho que actualmente se paga. La lucha normal entre los industriales y entre éstos y los importadores no permitirá la explotación del consumidor, pero los capitales que se invierten en industrias contarán con no temer otra competencia que la normal y en condiciones absolutamente iguales. Los 10 años de garantía son lo bastante para proteger y estimular el capital. Las grandes industrias con que cuenta el país son, como lo hemos dicho ya, muy pocas. En su mayor parte están radicadas en la costa, donde las facilidades económicas han sido siempre mayores. En primera línea figuran los ingenios de azúcar, de los que en la provincia del Guayas existen los siguientes: Cantón Yaguachi Nombres

Propietarios

Producción anual quintales

Valdez Rafael

Valdez (Herd.)

45.000

San Carlos

Carlos S. Lynch

22.000

Luz María

Homero Morla

Matilde

Homero Morla

40.000

Inés María

Carrillo Hnos.

20.000

Rocafuerte

Julián Aspiazu

20.000

El Cóndor

Félix Chevasco

5.000

Cantón Balao María Darío Morla

5.000

También en el fundo Tenguel existe un pequeño ingenio Cantón Daule Santa Ana

Herederos de J. J. González

7.000

Jaime Puig y Mir

15.000

Rogerio Alvarado

20.000

Cantón Babahoyo San Pablo Archipiélago Colón Progreso

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Ademås de Êstos existe sólo el ingenio San JosÊ en la provincia de Imbabura, perteneciente a los herederos de don Manuel Jijón Larrea, que fue uno de los industriales mås progresistas y avanzados que ha tenido el Ecuador. Su producción incipiente aún es de 5.000 quintales al aùo. La producción azucarera es toda consumida en el país y sólo en algunos aùos se ha exportado los sobrantes, que han sido siempre relativamente pequeùos. Las condiciones costosas de su producción no permiten exportarla sino como accidente. El valor de la producción total es de mås o menos $1’500.000. La destilación de aguardiente de caùa se trabaja en todo el país, hallåndose la materia prima en todas sus quince provincias. TambiÊn es solo artículo de consumo local. En la mayor parte del país se emplean los aparatos de destilación de fuego directo; pero comienzan ya a usarse los de destilación continua y cada día se avanza en el perfeccionamiento de la fabricación de licores. La producción total es de mås o menos 11’000.000 de litros por aùo y su valor en junto inclusive el derecho representa unos 3.500.000 de sucres. Recientemente se ha empezado, en la provincia de Tungurahua, a trabajar el aguardiente de uva, industria que obtuvo del Congreso de 1908 la exención del impuesto fiscal. La fabricación de cerveza en Guayaquil ha llegado a un grado de perfección muy halagßeùo. Hay sólo una fåbrica, pero tiene invertido un capital de $1’000.000(100.000) y estå instalada con todos los aparatos y útiles para la mås moderna fabricación. Esta fåbrica, establecida en 1897, produce en la actualidad de 120.000 a 150.000 docenas de botellas por aùo y tiene capacidad para aumentar esta producción a 300.000 docenas. Elabora sólo con materiales de primera clase y bajo las prescripciones higiÊnicas mås completas, por lo que ha logrado obtener el consumo en todo el país sustituyendo en parte la enorme importación extranjera. Sus propietarios, los seùores E. Gallardo y Cía han logrado no sólo poner esta industria en la brillante condición en que se encuentra, sino que han iniciado con Êxito el consumo del petróleo crudo de Santa Elena para su combustible, dando así margen a un nuevo trabajo en el país. Intentan tambiÊn establecer una maltería para la germinación de la cebada de una manera científica, con el fin de sustituir la importación de esta materia prima del exterior. En Quito existen varias cervecerías, siendo la mås importante y moderna la establecida por el seùor Luis Maulme y que hoy pertenece a sus sucesores (viuda de Granger y J. M. YÊpez). Esta fåbrica, así como las demås existentes en Quito, consumen la cebada producida en las provincias de Pichincha y León. Su producción alcanza a unas 40.000 docenas de botellas al aùo. Las demås cervecerías de la capital son las siguientes: r -B $BNQBOB  QSPQJFEBE EF VOB DPNQBÒÎB BOÓOJNB Z TV QSPEVDDJÓO FT EF 35.000 docenas de botellas al aùo. r *NQFSJBM QSPQJFEBEEFEPO(VJMMFSNP)FSNBO1SPEVDDJÓOEPDFOBT de botellas al aùo.

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r 1BOFDJMMP  QSPQJFEBE EF EPO (VJMMFSNP %BNNFS 1SPEVDDJÓO BOVBM  docenas de botellas. r 'FSSPDBSSJM  QSPQJFEBE EF MPT TFÒPSFT &OSÎRVF[ Z 4JMWB 1SPEVDDJÓO BM BÒP 10.000 docenas de botellas. La elaboración de cigarros y cigarrillos ha llegado ya en el Ecuador a un grado de adelanto muy satisfactorio. En la actualidad existen en Guayaquil dos fåbricas mecånicas, ademås una en Ambato y dos en Quito. La fåbrica El Progreso, en Guayaquil, propiedad de don Leopoldo Mercado, es un establecimiento industrial de primer orden. Elabora distintas clases de cigarros y cigarrillos y por la selección de los materiales pueden competir, ventajosamente, con cualquier manufactura extranjera. En la actualidad estå montando una instalación completa en el valle de Chillo (Quito). La fåbrica de don Avelino Herrera G. elabora las dos marcas de cigarrillos tan acreditadas: Cuba Libre y Triunfo, es de mås reciente fundación, no obstante, se consume su producto en todo el país. En Ambato se ha establecido últimamente la fåbrica llamada El Vencedor, cuyos cigarrillos han empezado a ser acogidos con bastante favor en el público. El seùor Modesto Sånchez Carbo ha instalado en Quito una fåbrica modelo, con las últimas aplicaciones modernas. La marca es La Corona. Figura en primera línea la manufactura de cigarros elaborados en Esmeraldas por la fåbrica La Flor del Ecuador, propiedad del seùor Teófilo Díaz. Existen, ademås en Guayaquil, en Quito y en otras ciudades de la República diversas fåbricas manuales de cigarros y cigarrillos, cuya producción se consume en los mismos lugares donde se elabora. El consumo conjunto de tabaco elaborado alcanza a mås o menos 700.000 kilos al aùo. La fabricación de tejidos de algodón, de lana y de cabuya, constituye una industria de muchísima importancia en el interior. Las fåbricas de Chillo de los herederos del seùor Manuel Jijón Larrea producen telas de algodón y de lana de superior calidad. En Chillo tambiÊn existe la fåbrica de don Salvador Ordóùez cuyo producto es, con justicia, muy apreciado. En Ambato existen los telares de los seùores Barona y Bucheli, que por ahora no estån trabajando. A la entrada de Quito existe la fåbrica El Progreso, propiedad de la seùorita Isabel Palacios, que produce tejidos de algodón. En la provincia de Imbabura existe la fåbrica propiedad del seùor Fernando PÊrez Quiùones, cuya producción de lienzos, casinetes e hilo se consume parte en el país y otra se exporta a Colombia.

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En diversos lugares del país se teje a mano artículos de lana, algodón y cabuya. Entre estos merece especial mención la fabricación de sacos o costales que se tejen en las provincias de Imbabura y Tungurahua, con la fibra de cabuya y los que superan, en mucho, a los de yute importados del exterior. Esta fabricación está protegida por la distancia y el gasto de transporte, de allí pueda aún, tejérselas a mano. Quizás por esta razón no se ha estimulado todavía el establecimiento de una fábrica mecánica, pues el consumo de sólo el interior no sería lo suficientemente grande para alimentarla. Cuando el transporte a la Costa sea posible, indudablemente se sustituirá la importación de sacos del exterior. La fabricación de bayetas a mano también es bastante importante y proporciona trabajo a mucha gente en el interior. Otros tejidos también a mano, como ponchos, telas, etc. tienen, así mismo, una extensión bastante importante. Parte del producto de telares mecánicos, así como de la fabricación manual, se exporta por la aduana terrestre de Tulcán a Colombia, siendo motivo de un comercio bien activo. Digno de mención también es la manufactura de alpargatas de cabuya, que es el calzado del pobre y que por lo tanto tienen un consumo bien extenso. Asimismo el tejido de alfombras y pisos de cabuya y de algodón, es bastante importante, no obstante la competencia del producto barato extranjero. La industria del tejido de sombreros de paja, aun cuando es sólo manual, puede considerarse que es la más grande e importante de todas en e país. No tiene invertidos grandes capitales pues no requiere de empleo de máquinas ni edificios. En cambio se ha extendido y se extiende cada día más en toda la República, siendo después del cacao uno de los artículos de mayor exportación nacional. Es además una de las industrias peculiares del país, cuya materia prima (la paja toquilla) es la mejor que existe en el mundo. Es también la industria más antigua y casi puede decirse que existe en Ecuador desde que forma parte de las naciones civilizadas. Especialmente en los últimos años ha tomado una importancia, cada día más creciente, llegando a representar en la lista de exportación de 1907 la suma de $2’371.487. El Ecuador produce en materia de sombreros, desde el más fino, que alcanza precios fabulosos en Europa y Estados Unidos (80 y 100), hasta el más ordinario que vale $4 y $5 la docena. Las cifras comparativas de los años 1905 a 1908 son las siguientes: 1905

1906

35.083

Sombreros entre finos Sombreros ordinarios

Sombreros finos

Total

90

1907

1908

89.314

140.322

36.306

699.290

1’028.224

1’319.452

760.080

544.196

1’115.334

917.914

802.182

1’283.753

2’145.992

2’317.487

1’605.649


ORÍGENES DE LA POLITICA ECONÓMICA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL ECUADOR 1900-1960

En la actualidad se tejen sombreros en casi todas las provincias del Ecuador, aumentándose incesantemente el número de tejedores. Para dar una idea de cómo ha crecido esta industria, nos bastará citar las cifras de exportación de algunos años desde hace medio siglo. Se exportó por año:

1857 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1870 1871 1873 1874 1875

206.432 196.152 163.720 455.152 235.716 174.240 35.776 270.240 510.780 487.645 313.680 74.256 231.800 73.760 68.947

1876 1877 1878 1879 1880 1881 1882 1883 1884 1885 1886 1889 1890 1891 1892

61.440 43.785 49.180 78.032 64.008 34.272 87.504 53.464 233.224 38.528 30.809 244.048 303.700 315.875 383.005

1893 1897 1898 1899 1900 1901 1902 1903 1904 1905 1906 1907 1908 1909

439.106 317.172 158.167 228.281 327.489 379.561 680.108 697.374 886.760 1’283.753 2’245.992 2’342.088 1’605.569 2’307.146

Creemos que la industria continuará ensanchándose, y si se pone en práctica las distintas medidas propuestas para protegerla, llegará a significar un valor de mucho mayor importancia. Diversos otros objetos como gorras, cigarreras, etc. se tejen también con la paja toquilla, pero más bien constituyen artículos de curiosidad que de verdadero comercio. De paja mocora se tejen hamacas en cantidad de alguna significación que en casi su totalidad se consumen en el mismo país. Parece que siendo el Ecuador el país mayor productor de cacao y teniendo también las demás materias primas que constituyen los componentes del chocolate (azúcar, canela, vainilla), podría haber desarrollado esta industria en proporciones considerables. No ha sido así y a semejanza de los demás países productores de dicho grano, se ha reservado solo su cultivo y exportación en bruto. Quizás como un medio de defensa contra la especulación que le explotó tan inicuamente a fines de 1809, así como en varias ocasiones anteriores, llegará a ello.

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Por ahora existen solo tres fábricas de chocolate en Guayaquil, que lo elaboran para el consumo interior y si bien, su producto no está tan bien presentado como el que se importa del exterior, es de superior calidad y su precio al alcance de todos. El conjunto elaborado por las distintas fábricas alcanza a unos 80.000 kilos al año. Si se llegare a establecer la fabricación para exportar en las condiciones en que se consume en el país, se llegaría a dar al consumo general un impulso cuya extensión no puede preverse. La enorme población del Oriente, que no puede consumir el chocolate europeo porque su carestía lo convierte en artículo de lujo, podría absorber una enorme cantidad luego que no pudiera obtener en condiciones económicas como alimento. La fabricación de galletas y confites ha tomado bastante incremento en Guayaquil. Hay tres fábricas que juntas elaboran y expenden unos 150.000 a 200.000 kilos anuales y han llegado a poner estos artículos al alcance de las clases populares, cuando antes eran sólo artículos de lujo. Así mismo la fabricación de fideos se ha extendido lo bastante para suplir casi en su totalidad la importación extranjera. Por falta de una protección eficaz se ha detenido el incremento de la industria de jabón y velas, habiendo suspendido sus labores la fábrica más importante, propiedad de los sucesores de don Rafael Valdez. Esta industria no ha podido aún llegar a obtener la materia prima nacional, pues su volumen no alcanza a costear la valiosa instalación para el objeto, pero sí significa para el país la menos emigración del valor de la manufactura, transporte y utilidades extrañas. La fabricación de calzado hasta ahora ha sido manual, proporcionado trabajo en toda la República como industria pequeña en cada localidad. Recientemente se ha establecido en Guayaquil una gran fábrica mecánica que está llamada a sustituir, en buena parte, la importación extranjera y a retener en el país algo de dinero que emigraba. Las curtiembres o tenerías se mantienen en un estado de desarrollo lento, pues su producción se destina sólo al consumo local. Hace algunos años se exportaba a los países vecinos, pero como en todos ellos también se fabrica, no ha podido sostener la competencia desigual y la exportación ha ido decayendo. Los últimos años la exportación de suela ha sido así:

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1901

3.105

1905

1.113

1902

6.130

1906

3.364

1903

6.559

1908

4.459

1904

3.747

1909

2.900


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Esta industria está concretada, por ahora, al curtido de cueros de res, pues aunque se ensayó y se trabaja en pequeña escala los demás artículos más finos, su consumo no es lo suficiente para darle vuelo. Quizá con el establecimiento de la fábrica a vapor de calzado pueda sustituirse, no sólo trabajo extranjero sino toda su materia prima. Se ha establecido en Guayaquil, hace poco, la fabricación de fósforo, que sale ya de su período experimental. Sus primeros productos empiezan a consumirse y han sido recibidos con bastante favor por parte del público. Posible es que dentro de poco tiempo veamos eliminada de la lista la importación este artículo y retenido en el país el valor que emigra todos los años para comprarlo. El Gobierno ha concedido a esta compañía privilegio por seis años para elaborarlos en la provincia del Guayas. La importación de sacos vacíos va eliminándose y concretándose la tela para fabricarlos. En Guayaquil existen dos fábricas (de los señores Enrique Valenzuela Reyna que fue la primea que se estableció y la de los señores Luis Orrantia y Cía.) que llega ya a producir casi lo suficiente para las necesidades de la Costa. Hay en Manabí otra fábrica que empieza a atender todos los requerimientos de esa provincia. Esta industria aunque secundaria, pues por ahora no consume la materia prima del país, proporciona trabajo y retiene ese valor que antes emigraba. El impuesto diferencial a la exportación de la tagua (4 centavos el kilo la con cáscara y 6 centavos kilo la pelada) ha despertado la industria de descascararla. Todavía no se emplean máquinas ni aparatos de clase alguna sino que el trabajo se hace a mano. La exportación de esta pepa alcanza ya 450.000 quintales al año, y posible es que la industria de pelarla se perfeccione y toda la producción sea pelada. Éste es un mayor valor que queda en el país, pues antes se descascaraba en el exterior donde se pagaba menos por el producto. Se inicia ya la idea de manufacturarla y en 1907 se registró una máquina para cortarla en trozos y últimamente el Gobierno ha concedido un privilegio por seis años a una maquinaria de fabricar botones, en Manabí. La provisión mundial de esta materia prima se hace casi exclusivamente por Colombia y el Ecuador, teniendo nuestro país algo como el 80% de la totalidad consumida; pero el país se ha reservado sólo a la exportación de la pepa. La manufactura es susceptible de desarrollarse, sino hasta el extremo de producir objetos de tagua, por lo menos hasta exportarla cortada y lista para entrar en las máquinas de hacer los botones. Así se daría muchísimo más valor, se pagaría mucho menos flete y algo de trabajo más utilizaría el país. En ese tiempo figurará entre las exportaciones de muchísima importancia. Los molinos de harina representan una industria floreciente en el interior de la República especialmente en las provincias de Pichincha, León y Tungurahua. Los de Pichincha son los más importantes y producen alrededor de unos 10.000 quintales al mes (120.000 al año). Pertenecen a los siguientes industriales: Isabel Palacios, Herederos de Manuel Jijón Larrea, Nicanor Palacios y Enrique Gangotena, de Quito; Arsenio Poultier de Latacunga, Luciano Lafitte de Ambato y Rhor y Cía., de Cajabamba.

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En la costa hay varias piladoras de arroz, industria que aunque no es de grandes proporciones, abastece el consumo del país. Entre todas pilan cerca de 120 a 150 mil quintales al año. De pocos años a esta parte se ha iniciado el trabajo de labrar la madera a máquina y el país cuenta con varias instalaciones de aserrar, cepillar y tornear. Dignas de mención son las fábricas de los señores Manuel Genaro Gómez, Camilo Palomeque, Calderón hermanos, Francisco Robles, Alfredo Valenzuela y Francisco E. Ortiz en Guayaquil; la de Rodolfo Riofrío, en la parroquia de Uyumbicho (provincia de Pichincha), Adriano Cobo y Gabriel Hidalgo y la montada por Salvador Ordóñez en Chillogallo,en la misma provincia. Poseyendo el Ecuador bosques inmensos de maderas finas y de construcción, está llamado a que cuando cuente con mayores facilidades en sus caminos, esta industria tome proporciones colosales. Tradicional ha sido la fama de los astilleros de Guayaquil y la exportación de sus maderas de construcción, en los primeros años en que se estableció en el Pacífico la navegación a vapor. Las facilidades de transporte y el desarrollo propio en los países de América han ido reduciendo el volumen de estas industrias, limitándolas a ses layas)l cantón de Santa Elena redujo las necesidades locales, pero se han ido perfeccionando y van extendiéndose, a medida que esas mismas necesidades lo exigen. Los trabajos manuales de madera, como carpintería y ebanistería, han alcanzado un grado de perfección muy halagüeño y tanto en la costa como en la sierra se trabajan muebles y otros objetos análogos. de buena clase y estilo como los importados. Así mismo la construcción de edificios y sus detalles han progresado muchísimo. Hay en Guayaquil dos talleres grandes y varios pequeños de fundición. Merece mención especial la instalación del señor Jaime Puig y Mir, que cuenta con aserrío de madera. Los trabajos de esta fábrica han alcanzado el justo aprecio del público y representa un capital invertido de más de $100.000. En Quito existe una fundición muy bien instalada, perteneciente a los herederos de Martinod, que trabaja fierro y bronce y llena una parte de las necesidades locales. Después de una constante e inteligente labor, el señor don Emilio Estrada logró establecer en Guayaquil su fábrica de mosaicos y baldosas La Victoria, que ha venido a suplir con ventaja el material extranjero. En todos los puntos de la República se conoce y aprecia los productos de esta fábrica, tan buenos como los importados del exterior. Fábricas de soda, aguas gaseosas y jarabes hay 8 en Guayaquil, 2 en Quito y alguna que otra en otros puntos de la República. Si se tienen en cuenta las dificultades naturales con que se tropieza aún en el interior, es digno de llamar la atención la instalación de la fábrica La Fama, propiedad de los señores Guarderas y Cía., cuyos productos trabajados científica e higiénicamente, hacen competencia ventajosa a otros similares del Ecuador.

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Las industrias locales en las haciendas van tomando poco a poco un incremento de importancia. En los grandes fundos de ganado se trabaja en la fabricación de quesos y en el interior se fabrica mecánicamente mantequilla de superior calidad. La cuantía de todas estas industrias de la leche, alcanza aún sólo para el consumo del país, pero está en camino de ensancharse para la exportación, habiéndose ya hecho ensayos prácticos, con resultados satisfactorios Las industrias manuales también progresan de manera importante. Especialmente en Quito, Guayaquil y las demás capitales de provincia, existen sastrerías, talabarterías, zapaterías y hojalaterías de primera clase, que dan ocupación permanente y lucrativa a muchísima gente. Hay artesanos que han perfeccionado sus estudios en el exterior y que han llegado a establecer una enseñanza verdadera para sus oficiales y empleados. El producto de todas estas industrias es considerable puesto que casi en su totalidad el país viste y calza productos nacionales, disminuyéndose constantemente la necesidad de usar ropa y calzado extranjeros. Luego que se entre de lleno en el sistema proteccionista, todas las industrias nacionales, en especial las manuales, entrarán en un período de completa prosperidad. La industria tipográfica también alcanza proporciones muy satisfactorias, y solamente los trabajos muy especiales se importan del exterior. Alguna protección concede a esta industria el arancel de aduanas, pero no tanto como podría serlo. La litografía y el fotograbado ha empezado a explotarse con buen resultado y, a no dudarlo, dentro de muy poco tiempo esta industria estará completamente desarrollada. La minería está todavía en sus comienzos, principalmente por la falta de vías de adecuadas comunicación. El país cuenta con minas riquísimas de toda clase, pero que aún son inaccesibles a su explotación. A medida que se desarrolle la construcción de caminos públicos, el trabajo minero se irá extendiendo. En la actualidad apenas si se trabaja en las minas del distrito de Zaruma (provincia de El Oro), y a pesar de que el trabajo no es muy significativo, la exportación de mineral alcanza ya una cifra de importancia. También se ha trabajado en los placeres de oro de la provincia de Esmeraldas y en los lavaderos de Oriente, pero todo en pequeña escala. El conjunto de mineral de oro exportado en sus diversas formas (mineral, polvo, barras y fundido) representa en los últimos años las siguientes cantidades, que hemos de ver aumentada muy pronto.

1899 1900 1901 1902 1903

68.267 35.942 239.418 837.151 715.660

1904 1905 1906 1907

418.174 495.143 606.932 589.980

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En el cantón de Santa Elena, provincia del Guayas, existen grandes depósitos de petróleo, cuyo valor se desconocía hasta hace poco. Sólo se había extraído la brea, que se la exportaba desde 1870, aunque en pequeña escala. Hace pocos años se inició la explotación del aceite crudo, pero en proporción que podría llamarse experimental. Sólo en el último quinquenio varios industriales avanzados, cuya energía y actividad son recomendables, han dado a esta industria un impulso eficaz; en la actualidad extraen de 25.000 a 30.000 barriles al año. En San Antonio (cantón Quito), se ha empezado la explotación de los yacimientos de lignito, habiéndose obtenido satisfactorios resultados en los experimentos preliminares. Está en vía de instalarse una factoría para la elaboración de biquettes de ese combustible, cuya capacidad será de 100 toneladas diarias. Con el establecimiento de esta industria, el interior contará con un combustible barato y bueno del que carecía y por cuya falta su desarrollo industrial ha sido hasta ahora tan lento. En Biblián (provincia de Cañar) existen grandes depósitos de hulla que no pueden aún ser explotados por falta de una vía férrea. Todo hace suponer que esta línea se construirá pronto y que esta riqueza se explotará más. Por igual causa no se trabajan las minas de cobre de Tanachi, provincia de Pichincha, cuya ley de mineral es abundantísima. Lo mismo puede decirse de las canteras de mármol al sur de la República, y de las diferentes minas que hay en casi todas las provincias del Ecuador. El laboreo de la sal marina en el cantón de Sata Elena (Guayas), en Charapotó (Manabí) y en Payana (El Oro) se hace aún de manera muy rudimentaria. La venta de sal es monopolio del Estado y los productores no se ocupan sino de extraerla de cualquier modo y en la cantidad que compra el Estado, sin beneficio ni preparación alguna. De Santa Elena se extraen casi todos los 8’000.000 de kilos que el país consume. Hay la intención de establecer la refinería y compactación, como medio de proporcionar un artículo de mayor calidad. La industria de transporte se ha ido modificando y el ferrocarril va sustituyendo el carguío a lomo de mula. La línea férrea, recientemente concluida, de Guayaquil a la Capital, es una obra para la cual el país no ha omitido sacrificio alguno y ha reemplazado el transporte primitivo de los arrieros. En otra parte de esta obra damos una descripción concisa y completa de ella. En Guayaquil existen dos empresas de tranvías. La una es la empresa de carros urbanos, establecida en el año 1885, que cuenta con un capital de $750.000; puede decirse que ésta ha contribuido a desarrollar ese puerto y darle la extensión urbana que tiene en la actualidad. La otra empresa, de luz y fuerza eléctrica, se ha establecido recientemente e intenta sustituir la tracción animal. El transporte fluvial del puerto de Guayaquil con los centros productores río arriba, es una entidad considerable. A más de la innumerable cantidad de canoas y embarcaciones de vela que hacen el comercio también con los demás puertos de la República, existen

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vapores fluviales cuyo valor en conjunto asciende a más de $1’000.000. Hay varias compañías y muchos vapores de propiedad particular. La industria eléctrica ha tomado en los últimos años un desarrollo muy grande. En la capital existen tres empresas: la Quito Electric Light & Power Company, la de los herederos de Martinod y la de la señorita Isabel Palacio. La primera cuenta con dos instalaciones modernas y muy completas situadas, la una en el punto denominado Piedrahita, y la otra, instalada hace poco más de un año en el sitio del Infiernillo, en Guápulo. Esta empresa suministra el alumbrado público por medio de 200 lámparas de arco de 450 wats/hora y gran parte del alumbrado particular (más o menos 4.000 lámparas de 16 bujías). Tiene capacidad para otro tanto y puede suministrar hasta 1.000 caballos de fuerza. Las otras dos empresas suministran sólo alumbrado particular. La Quito Electric Light & Power Company es la primera compañía que tiene accionistas en el exterior. De su capital de $450.000 oro (22.500 acciones de $ 20), la Anglo French Pacific Syndicate de Londres,posee el 12.950 % de acciones, o sea $259.000. En Latacunga (provincia de León) se acaba de establecer el alumbrado eléctrico por medio de una instalación levantada con fondos del Municipio, y en Ambato (provincia de Tungurahua) se ha contratado, no hace mucho, el servicio por empresario particular. En Riobamba (provincia de Chimborazo) existe también una instalación de luz eléctrica y el Municipio de Cuenca acaba de contratar el servicio con un particular. En Guayaquil la compañía de Luz y Fuerza Eléctrica estableció alumbrado desde el año 1905 y se ocupa actualmente de establecer la locomoción para tranvías. Tiene también en mira extender su esfera de acción, transportando la fuerza a Guayaquil desde el caudal del río Chimbo, que está a unas 90 millas de distancia. La compañía de alumbrado por gas establecida en Guayaquil desde el año 1886, continúa la explotación de su negocio en condiciones satisfactorias, no obstante la competencia del alumbrado eléctrico, y suministra todavía la mayor parte del servicio público y privado del Puerto. Muchísimas otras industrias pequeñas hay en el país, y se puede decir que en todo o Ecuador se trabaja sin cesar, pudiéndose considerar como uno de los lugares más laboriosos de la tierra.

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LAS INDUSTRIAS EN EL ECUADOR RESUMEN HISTÓRICO (1926)93 El indio andino de la América del Sur ha demostrado capacidad admirable para las industrias textiles. Para comprobarlo, sino tuviéramos el entusiasta testimonio de los cronistas castellanos que quedaban maravillados con las telas manufacturadas por los súbditos de los incas, bastaría ver las telas que hacen aún los indígenas para su uso. Admiración justificada, ya que las telas extraídas de los antiguos cementerios de la costa del Perú bien merecen las alabanzas prodigadas por los escritores españoles. Pocos restos quedan de esta antigua industria ecuatoriana. El clima de la costa y de la sierra han impedido se conserven, salvo escasos ejemplares que, por condiciones verdaderamente excepcionales, han llegado hasta nosotros. Así, para juzgar la manufactura textil aborigen, debemos acudir a la de los actuales indígenas, tan variada y hermosa, en la que predomina la técnica de tintura por nudos, muy de acuerdo con el procedimiento negativo empleado por los indios del Ecuador para ornamentar su alfarería. En el Ecuador prehispánico se hilaban y tejían la lana de las llamas, el algodón y la cabuya (agave americana). Después de la Conquista, la introducción de la oveja y la formación de numerosos rebaños, incrementaron la industria textil aborigen, a la que proporcionó también la rueca europea, medio más industrial que el huso aborigen, al cual no logró sustituir totalmente, así como telares más rápidos que el primitivo americano que continúan empleando los indios para sus telas ornamentadas. La industria textil del Ecuador actual es tan solo el desarrollo de la de los indígenas. Las modernas fábricas de tejidos, aún cuando pequeñas, son la evolución del obraje colonial y éste, a su vez, tiene su raigambre en las comunidades indígenas. El más antiguo obraje del Ecuador, del que tenemos noticias, es el de Chimbo. Villasante, por 1571, escribió: “En este pueblo han hecho los indios un obraje de paños bajos y de frezadas […] hay cien tornos cada día que hilan indias dentro de una casa y muchos telares […] las frezadas que se hacen allí son mucho mejores que las de Modejar y Palencia y muy mayores, finísimas que parecen de felpa. De la ganancia de este obraje pagan los indios sus tributos a su encomendero”.94 No era, pues, el obraje de Chimbo una institución española; la base de su organización era la comunidad indígena, que era su propietaria y beneficiaria, y aún cuando se hiciese “con industria que les dio un español del oficio”, hemos de reconocer en él la evolución y perfeccionamiento de la industria textil practicada por las parcialidades aborígenes, un desarrollo de la granjería netamente indígena, de que nos habla Maldonado, al 93 Jacinto Jijón y Caamaño, “Las industrias en el Ecuador”, Dios y Patria, Revista Cultural General, vol. III. No. 9.año III, enero de 1926. 94 Villasante, Relaciones geográficas, vol. I., p. 16.

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tratarse de los indios de San Andrés (Chimborazo), cuando dice: “Con cabuya […] hacen mucha sarcia para los navíos del mar del Sur y del Norte. Es la principal granjería que tienen y con ella van al embarcadero de Guayaquil”.95 Treinta años después de escrita la relación de Villasante, en la que hemos encontrado noticia del obraje de Chimbo, se sabe que existían en las cercanías de Quito siete obrajes, en los que trabajaban 1.350 indios. Era, entonces, la edad de oro de nuestra industria fabril; las comunidades indígenas poseían obrajes para su propio beneficio, otros pertenecían a la Corona Real, y los había de particulares. En Latacunga,a principios del siglo XVII, había tres obrajes indígenas, en uno de ellos se hacían “280 paños cada año que tendrán 12.000 varas y con las frezadas, jergas y bayetas de los otros dos se recogían 40 mil pesos”. Entonces, en el de Chimbo, del que ya hemos hablado, trabajan 250 indios, 50 muchachos y otras tantas mujeres. En Guano existían los famosos obrajes del duque de Uceda. [En 1610 en Ambato] había dos obrajes, de paños, rajas, frezadas y sayales y dos batanes […] a media legua de distancia estaba el de Rodrigo de Venegas, en que se labraban rajas de colores, jergas y sayales […T]res leguas de Ambato estaba también el que decían de San Idelfonso […se labraban] allí paños, rajas y frezadas […] El pueblo de Chambo tenía obraje fundado desde muy antiguo; labran al año 120 paños de 40 varas y otras cosas. En el de Licto, [obraje] de comunidad, se labraban cada año 110 piezas y otras tantas frezadas. [...] En el corregimiento de Otavalo había dos obrajes de paños […] El corregimiento de Cuenca mantenía obrajes en Alausí, Oña, Azogues […] Pacaibamba y Cañaribamba.96

Este desarrollo fabril produjo, según González Suárez, “no sólo comodidad sino hasta una cierta riqueza relativa”.97 Mas el bienestar no fue durable, y múltiples causas contribuyeron a estancar el desarrollo industrial de la Real Audiencia de Quito; se temió que las manufacturas criollas pudiesen entorpecer el comercio con la Madre Patria y, por ello, se prestó atento oído al clamor de sinceros o aparentes celosos defensores de los indígenas, narrando al rey los sufrimientos de los trabajadores de los obrajes, con lo cual se logró enternecer el ánimo real, a fin de que fuesen suprimidos aquéllos en que mejor trato percibían los indios, que eran cabalmente los que mayor competencia podían hacer a las manufacturas peninsulares.

95 Ibíd.., vol. III, p. 132. 96 Cappa, Estudios críticos. Industria fabril. Madrid, 1891, p. 71, 171-173. 97 Federico González Suárez, Historia del Ecuador, vol. IV, p. 472.

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Nos explicamos: había, según hemos visto, tres clases de obrajes: los de comunidades, en los cuales los indios trabajaban para satisfacer más fácilmente el tributo que debía a la Corona; en estos administraban los fondos el corregidor del distrito, el cura del lugar y el cacique de la parcialidad aborigen; los que pertenecían a la real hacienda y eran administrados por funcionarios nombrados por el rey o sus representantes, y los de particulares. Éstos, así como los primeros, podían ser o no fundados con licencia regia y según la tuviesen o no, debían conseguir operarios voluntarios o tenían derecho a cierto número de trabajadores, que eran proporcionados obligatoriamente por determinadas agrupaciones indígenas Así, en unos obrajes existían trabajadores forzados, a los que los administradores o propietarios podían causar extorsiones; unos, en que el beneficio era seguro, suprimido casi en absoluto el gasto de la mano de obra y donde el trabajador carecía de todo aliciente para perfeccionar su manufactura, y otros, en que la libertad de trabajo debía necesariamente producir todas sus benéficas consecuencias. Ahora bien, el 22 de febrero de 1680 se expidió una cédula real, por la cual se prohibía establecer nuevos obrajes y se ordenaba demoler todos los que se hubiesen fundado sin permiso del rey. La orden real principió a cumplirse en Quito, destruyéndose todos los telares que había en el barrio de San Blas y la Recoleta, pero, ante el clamor de los vecinos, el presidente Munive suspendió su ejecución y Carlos II “expidió dos cédulas, mediante las cuales se proveyó tanto a la conservación de la industria fabril del tejido de paños, bayetas, jergas, jerguetas y sayales como al buen tratamiento de los indios”.98 Ésta fue la primera herida que recibió la industria fabril de la Audiencia de Quito, que paralizó su pujante desarrollo e hizo que no pudiese resistir en años posteriores la competencia de las telas importadas; sin embargo, durante la presidencia de Alcedo y Herrera (1729-1736) estaba aún bastante floreciente. En la Descripción de Quito, obra de este ilustrado mandatario, se lee que en la actual provincia de Imbabura los moradores se ocupaban de ella en el “trabajo de los telares de tejidos de algodón, de lienzos finos y bastos, medias, gorros, mantelería, pabellones, colchas y otros para el menaje de las casas y tocuyos camisetas de la gente popular y de servicio”. Del Corregimiento de Latacunga, dice que de los destrozos causados por las erupciones del Cotopaxi ha vuelto a repararse y restablecerse como si no hubiesen pasado […] tan desgraciados contratiempos, porque con la fecunda fertilidad de las tierras y beneficio de sus frutos, especialmente de la lana, en tantos obrajes de las fábricas de paños, pañetes, bayetas, mantas, frazadas, colchas, cobijones y ponchos, camisetas, medias y otras muchas manufacturas de la misma especie, de que hacen esta provincia y la que sigue un gran comercio con las del distrito y de Perú, de tanta salida que necesitan tener 98 Ibíd., p. 477.

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continuadamente proveídos los dos almacenes (sic) de Lima, que llaman de Los Pañeros de Quito el uno de la casa de Pila, en la calle del Arzobispo y el otro de la que dicen Polvos Azules en frente de Santo Domingo, de donde se proveen las tiendas de un gremio de mercaderes, de estos géneros en una calle entera, que por esto se llama la de las mantas.99

El Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar y Fraso, en su Descripción de Quito, da interesantes datos acerca del estado de la industria textil en 1754. Según él, en el Corregimiento de Quito se fabricaban “algunos tejidos de algodón que sirven a la gente pobre en su vestuario”. En el de Latacunga había 28 obrajes en que se tejen paños, bayetas, algunos lienzos de algodón y jergas, siendo esta fábrica misma la que sigue en muchos galpones y chorrillos, que son oficinas en que se trabajan por menor estos tejidos […] el regular destino de ellos es internarlos al Perú por Guayaquil, cuyos oficiales reales exigen allí los derechos correspondientes a S. M. Del de Riobamba escribe: El más establecido destino de sus habitadores, es de los tejidos de paños, bayetas, lienzos de algodón, pabellones y alfombras que en 12 obrajes se labran, dirigiendo los interesados estas fábricas por el río de Guayaquil y navegación de aquel puerto o tráfico de sus costas al Perú. Esta especie de comercio satisfacen los reales derechos en su tránsito a los oficiales reales de las cajas de Guayaquil.[Se ha] regulado que en cada año se fabriquen en esta villa más de 1.000 piezas de paños constando cada una de 55 varas; la más frecuente labor se ejercita en los azules, y algún corto número de paños pardos, téjense igualmente algunos sayales para los religiosos de San Francisco y estameñas para los de otras religiones, siendo esta especie de tejidos muy frecuente en los muchos galpones y chorrillos que contiene aquella villa. [De los indígenas de Otavalo afirma] propenden mucho a los tejidos que ejercitan en muchos obrajes [… se remiten] muchos de aquellos tejidos […]a las provincias de Popayán, Chocó y Barbacoas y en todas pagan los correspondientes reales derechos.100

A juzgar por la enumeración de tantos obrajes por las 55.000 varas de paño fabricadas anualmente en solo el corregimiento de Riobamba, podría creerse era próspera y hasta opulenta la industria fabril en el Reino de Quito; se trabaja aún con ardor en los obrajes, pero las telas elaboradas en ellos se vendían difícilmente y a precios reducidos. Del mismo Montúfar son las siguientes palabras: 99 Alcedo y Herrera, Descripción geográfica de la Real Audiencia de Quito, Madrid, 1915, p. 25 y 29. 100 Montúfar y Fraso. Estado de Quito. Colección de libros raros o curiosos que tratan de América, vol. XI, Madrid, 1894, p. 125, 129, 133 y 176.

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El comercio de tejidos que poco después de su erección estableció esta provincia con el Reino del Perú, ha sido toda su utilidad civil y el medio único de entrar en ella el dinero, hasta que en este tiempo con las crecidas cargazones de ropas de Castilla que se internan en aquel reino, han venido a ser despreciables en sus provincias los tejidos de éstas, que no teniendo para su aumento otra substancia, está reducida a la más estrecha inopia […] El gasto de las tintas con que benefician sus tejidos, es el mismo que en los tiempos de su mayor opulencia, lo que produce que cuando en el Perú (a largo tiempo) se venden estas ropas, el corto precio de sus compras con las crecidas expensas en la fábrica, dejan arruinado este comercio.101

Más expresivo es aún, en 1784, don Miguel de Jijón y León, Conde de Casa Jijón: El Reino de Quito es uno de los más fecundos y poblados que el Rey tienen en la América Meridional; sus naturales y habitadores debajo de un clima el más benigno son ágiles, activos, vivos e industriosos. Lo que otros tiempos le hacía floreciente, eran las fábricas de industria reducidas a paños, bayetas, estameñas toscas, lienzos de algodón, […] sombreros, macanas, encajes angostos y otras diversas manufacturas, las cuales se vendían en todo el Reino de Nueva Granada y el Perú, de donde se traían dineros que lo hacían opulento, pero con la facilidad que de medio siglo a esta parte se ha hallado de pasar el Cabo de Hornos, todas las fábricas de industria apenas puede costearse, de [lo] que ha nacido un desaliento general […] y en los pobres pueblos […]hay millares de individuos desocupados que no encuentran un jornal razonable para su manutención.102

Confirmando lo aseverado por el criollo están las palabras mismas de uno de los presidentes de la Real Audiencia de Quito que, con más descaro, se mostró siempre adverso a los nativos de América. En el estado en que se halla el comercio de España con Lima, por el Cabo de Hornos, no puede resucitarse el de paños y bayetas que con el Reino del Perú hacían estas provincias de Quito, y era el que de muchos años a esta parte había sostenido a los dueños de obrajes, entreteniendo éstos infinidad de indios y de blancos hilanderos, tejedores, tintoreros y demás oficiales, difundiéndose en el resto del pueblo y demás artesanos el beneficio, para común mantenimiento de todos. Como vienen por aquella vía crecido surtido de paños de segunda, que son los que viste la gente vulgar del Perú y los dan al mismo o menor precio que pueden dar los suyos los de Quito, ha resultado una grande baja en el de éstos, tal y tan notable que no pueden costearlos y va por lo mismo por la posta acabándose este único ramo de comercio, que servía de patrimonio a estas provincias. 101 Ibíd., p. 181-182. 102 Representación que hace al Excmo. señor don Joseph Galves Ministro del Despacho Universal de Indias a favor del Reino de Quito, su menor servidor el conde de Casa Jijón, Cádiz, diciembre 14 de 1784. ( Biblioteca Jijón y Caamaño).

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De aquí se ha seguido que cerrados los más de los obrajes y separado los indios que se ocupan en ellos, no tienen éstos con que pagar sus tributos […] Huyendo de apremio, los indios se desertan de los pueblos, dejan sus mujeres e hijos, mueren de necesidad y se aminora o acaba una raza tan importante al Estado.103

Muy interesantes son los datos que consignó Malaspina en sus apuntes, de los que copió P. Cappa, el trozo que nosotros, a su vez, transcribimos: Los efectos que se conducen por Guaranda y Riobamba, que por, Babahoyo, pasan a Lima y todo el Perú, que en todo tiempo se abastecían de sólo de ellos: no llegan a 600 las piezas de paños, los más de color azul, cuando pasaron de 6.000 fardos de paños, bayetas, estameñas y otros tejidos de lana y algodón que expedían las provincias de Quito a las de Santa Fe, Perú, Chile, Paraguay y Buenos Aires, antes de la pragmática del Sr. don Carlos II, en que se permitió a los franceses la conducción de géneros de Castilla por Cabo de Hornos. Las crecidas cargazones que fue atrayendo aquél permiso, proporcionaban los géneros más baratos y de mejor calidad, y arrastró el comercio de Quito a su ruina. Reformado algunos años después aquel fraudulento comercio y establecido el de galeones que duraron hasta el año de 1740, volvieron a fomentarse las provincias de Quito, hasta que establecido el método de los registros, volvieron a caminar juntamente a su ruina […] con cuyos atrasos han llegado a términos los hacendados de no poder pagar los censos de sus haciendas ni seguir sus labranzas.104

El testimonio citado retrata el estado lastimoso de nuestra industria textil al terminar el período colonial, perdió el Reino de Quito sus mercados del Sur y pudo sólo conservar cierto influjo en los del Norte, en los más inmediatos, en los de la Gobernación de Popayán. Este no es un estudio histórico, mas el pasado es el antecedente del presente, la luz del porvenir, por eso hemos hablado de lo que fue la industria textil ecuatoriana durante los tres siglos del dominio español, antes de narrar los principios de la actual y considerar lo que puede ser en lo futuro, pero, oportunas serán algunas reflexiones acerca de lo expuesto. El antiguo Reino de Quito no conoció nunca la riqueza del Potosí o Huancavelica, no fue tampoco imperio agrícola, no tuvo la opulencia de México ni Lima, pero la pequeña colonia legó a la República un arte, si igualado quizás, nunca superado en la América Hispana y monumentos inferiores sólo a los de los que, no en vano, se llamó Nueva España. ¿Por qué? Por su prosperidad industrial, por su riqueza manufacturera, seguro indicio de que en ella está el futuro bienestar económico de la nación. Situada en el trópico, cuenta con las materias primas que hacen la riqueza de esta clase de países, 103 González Suárez,“Carta de Gálvez, Quito, 18 de junio de 1779”, en Op. cit., vol. V, p. 291. 104 Cappa, Op. cit., p. 208.

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atravesada por los Andes, da sustento a rebaños y en ella, crecen las plantas que son el nervio de los países subtropicales, en donde se ha formado la civilización humana, con una población laboriosa y hábil, está predestinada a un desarrollo fabril que hizo al Reino de Quito próspero durante cerca de dos siglos de coloniaje. La prosperidad no fue duradera: la industria criolla no pudo resistir la competencia europea, habíase desarrollado bajo un proteccionismo exagerado, que volvió innecesario el mejoramiento de la producción y de los métodos del trabajo; sin rival serio en los mercados, el obrajero sólo debía preocuparse de producir mucho, la baratura de la mano de obra le dispensaba de perfeccionar el mecanismo del trabajo. Durante la Colonia, todos los tejidos se hicieron a mano.105

Por otra parte, el Gobierno español jamás se interesó por el desarrollo industrial de su colonia, incluso lo miró de reojo. El P. Cappa, no obstante su parcialidad, reconoce que: “bajo los reyes de la dinastía Borbónica lejos de impulsar la industria fabril en las colonias americanas, se tiende a hacerlos totalmente dependientes de la metrópoli”.106 Por esto, se fomenta la importación de telas europeas, mientras las criollas siguen pagando derechos, al ser introducidas a los mercados de las provincias vecinas; de ahí que si hay facilidades para el comercio con la península, siguen vigentes prohibiciones, sólo compatibles con leyes económicas de la dinastía de los Austrias. Así se lee en la relación de Selva Alegre: “El gasto de las tintas con que benefician sus tejidos, es hoy el mismo que en los tiempos de su mayor opulencia [… si este comercio] comprase las tintas en los puertos del Realejo y Sonsonate […] tendrían más comodidades en las fábricas y por más bajo precio las venderían, mientras que en Quito traídas´ las tintas desde Lima se venden por exorbitantes precios”.107 Hemos tratado casi exclusivamente de la industria textil porque fue la única que, en verdad, existió en la Colonia; añadiremos tan sólo breves noticias sobre otros ensayos industriales. En la segunda mitad del siglo XVIII se estableció en Cuenca una buena fábrica de sombreros. La fabricación de sombreros de Jipijapa [aun cuando no sea aborigen] data de muy remotos tiempos; entre 1779 a 1788, se exportaron 97.620 sombreros de esta clase. En el mismo decenio se exportaron por Guayaquil 1.394 docenas de palos de plumaros y molinillos, 1.259 bateitas, 211 docenas de cocos labrados, 2.230 baúles, 105 González Suárez, Op. cit., p, 292. 106 Cappa, Op. cit., p. 207. 107 Selva Alegre, Op. cit., p. 182.

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1.633 catres cujas, 1.332 taburetes y mesas, 2.112 gualatacos, 168.204 balaústres, 30 papeleras, 18.631 docenas de cucharas de palo, 5.000 gruesas de rosarios.108

En las postrimerías de la Colonia algunos patricios quiteños ensayaron la fabricación de objetos de porcelana. Desde el siglo XVI hubo, en Latacunga, una fábrica de pólvora que fue luego propiedad de la Audiencia, existió hasta avanzada la época Republicana. La Colonia legó sus obrajes a la República y, durante estos últimos años hemos visto clausurarse, uno a uno, los que todavía anacrónicos y antieconómicos subsistían. De los obrajes nacieron las pequeñas fábricas de tejidos que tiene la República. Comenzaremos, por su historia, la reseña de la actual industria ecuatoriana. La Compañía de Jesús, entre las muchas propiedades de que era dueña, tenía una muy valiosa en el Valle de Chillo, en donde había obraje de telas de lana y algodón. Expulsados los jesuitas por Carlos III, vendidas sus temporalidades, la hacienda de Chillo pasó a ser propiedad de los marqueses de Selva Alegre, incorporándose así con gloria su nombre en los anales patrios, como hospedaje de sabios y santuario del patriotismo y mientras los Montúfar recibían en ella a Humboldt y Caldas, fraguaban la Independencia de América o, perseguidos, se refugiaban en las asperezas de los Andes, siguieron las ruecas y los batanes de los telares su acompasado movimiento. Casó doña Rosa Montúfar con el general Vicente Aguirre y, establecida ya la República, este distinguido patricio, con el apoyo del general Juan José Flores, entonces presidente, cambió los rutinarios procedimientos seguidos hasta entonces, con los que se usaban en aquella época en Europa. Fue la primera fábrica mecánica de la República; junto a los telares se instalaron una fundición y talleres de reparación, que sirvieron a García Moreno para fabricar armas para la defensa nacional, en 1860. La erupción del Cotopaxi de 1877 destruyó la fábrica; henchido el cauce del río Pita, por el deshielo de las nieves del volcán, desbordó por las colinas vecinas a la tejeduría y arrasó con esta. Los señores Juan y Carlos Aguirre Montúfar sobrellevaron con valentía el revés, pidieron nuevas y más perfectas maquinarias, que instalaron en dos edificios, de los cuales el uno fue devorado por las llamas; sustituyeron las máquinas destruidas con otras nuevas, pero, faltos de crédito, debieron entregar su inmensa fortuna en pago de deudas relativamente pequeñas. Pobres y abatidos, murieron aquellos preclaros hermanos, dignos descendientes de don Juan Pío Montúfar y Larrea, segundo marqués de Selva Alegre. Fueron atletas del progreso en su Patria: por ella combatieron cuando se ocuparon en los negocios públicos o en sus intereses privados.

108 Cappa, Op. cit.,p. 153-215.

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Las fábricas de San Juan de Chillo fueron adquiridas por don Salvador Ordóñez, y su viuda las vendió al doctor Ricardo Ruiz, actual propietario, que procura incrementar su establecimiento. Otro obraje existía en la hacienda de Peguche, junto a la ciudad de Otavalo; su dueño era don José Manuel Jijón y Carrión, de quien nada diré por ser mi abuelo. Quien quiera juzgar del mérito de sus esfuerzos, lea lo que de él escribió don Rufino Cuervo, consultando el epistolario de éste, publicado por su nieto.109 Al instalar las maquinarias para hilar y tejer lana, don José Manuel Jijón realizaba un antiguo anhelo de los suyos: su tío abuelo, don Miguel, primer conde de Casa Jijón, introductor de innovaciones en la industria de la península, había tratado de la importación a Quito de una maquinaria para tejidos, a la altura de los conocimientos de su época. Con gran trabajo las fábricas de lana principiaron a producir telas bastas en 1841, y de ellas se vistieron parte de nuestras tropas en la expedición ecuatoriana al sur de Colombia, que comandó el general Flores. Los primeros casimires los lucieron, en su indumentaria, varios representantes a la Convención de Cuenca, entre ellos Rocafuerte, Olmedo y Gómez de la Torre. Años después (1860) don José Manuel trasladó su fábrica, para facilitar la administración, a su hacienda Santa Rosa de Chillo. Es la fábrica San Francisco que aún subsiste, modernizada y ensanchada, y pertenece al autor. Y, para no mencionar en otra parte a quien de cerca nos toca, diremos que estableció una gran fábrica para sulfatar la quina que, con la crisis de la cascarilla, no dio resultado económico y desapareció. Por el año de 1858 don Pedro Pérez Pareja marchó a los Estados Unidos con el objeto de importar una maquinaria de algodón. Entre los obstáculos con que tropezó, no fue el menor, el bloqueo de Guayaquil por la escuadra peruana, que le obligó a conducirla a Callao y de allí traerla a Guayaquil. En 1860 llegaron a Quito las máquinas y funcionaron hasta 1868, en que fueron destruidas por el terremoto del 15 de agosto. Los fragmentos de esta maquinaria fueron vendidos a los señores Aguirre e incorporados en la de San Juan de Chillo. Dieciséis años después don Fernando Pérez adquirió parte del sitio en que su padre había montado la maquinaria y, en 1886, compró, en bajo precio una maquinaria trunca que había importado el señor Gómez de la Torre y que fue destruida por un incendio en Babahoyo, lugar de tránsito entre Guayaquil y la sierra, en donde se encontraba de paso. El señor Pérez adquirió en los Estados Unidos la parte que le faltaba y logró instalar una diminuta fábrica, incrementada luego, constantemente, con nuevas y más perfectas máquinas, hasta ser ahora la próspera fábrica textil de San Pedro de Otavalo.

109 Luis Augusto Cuervo, Epistolario del doctor Rufino Cuervo (1826-1840), en Biblioteca de Historia Nacional, vols. I-II, Bogotá.

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Menor ventura cupo al señor José Villagómez, quien montó a orillas del Cutuchi, una maquinaria, la mayor y más perfecta de cuantas se han introducido al Ecuador, hasta hace poco; el aluvión del Cotopaxi, que arrasó las instalaciones de los señores Aguirre, barrió con la suya, desapareciendo así esta industria antes de entrar en producción. El ilustre publicista, don Benigno Malo, llevó a Cuenca una maquinaria para algodón que, por dificultades internas, no llegó a funcionar; hasta hace poco existía convertida en un montón de fierros viejos. Por entonces se instaló otra fábrica de tejidos de algodón en las inmediaciones de Quito, de propiedad de la señora doña Isabel Palacios. Con tan tristes augurios principió la industrialización de la industria textil en el Ecuador. La naturaleza coartó la iniciativa de los hombres emprendedores que quisieron introducir la industria moderna en un país pobre y sin caminos, en donde era preciso transportar, a brazo, a través de las cumbres de los Andes y los abismos tajados en las rocas por los ríos, pesadas máquinas; país convulso, más que por los volcanes y terremotos, por la guerra intestina, síntoma de una sociedad que aún no ha encontrado la estabilidad de una organización política adecuada. Nación falta de crédito interior y exterior, en donde eran posibles fenómenos como aquel que produjo la bancarrota de los señores Aguirre, que debieron entregar sus bienes raíces a los acreedores por deudas que no ascendían a la mitad del valor de su fortuna inmueble. Al ponderar los esfuerzos realizados por los industriales mencionados, el ánimo más prevenido debe confesar que no fue el mezquino interés el impulso de sus actos sino una fuerza ideal: el entusiasmo por el progreso en consorcio con el amor a la Patria. En la última década del siglo pasado solo existían: la instalación de San Juan de Chillo, propiedad de don Salvador Ordóñez, en la que se elaboraba lienzo, el tocuyo de la Colonia; la San Pedro, en Otavalo; de don Fernando Pérez Quiñones, que producía casinetes; la de la señora Palacios; y la de San Francisco en Chillo, en donde se trabajaban bayetas, frazadas y casimires de don Manuel Jijón Larrea. Estas varias fábricas se proveían de materia prima en el país. Para las necesidades de los que elaboraban algodón, eran suficientes los pequeños cultivos existentes entonces en Imbabura. El negocio distaba mucho de ser próspero, su rendimiento era mediano. El que esto escribe es testigo de que se interrumpían las labores fabriles cuando la agricultura necesitaba brazos para las siembras o cosechas. El país consumía pocas telas: un vestido servía durante años a un dueño o a varios, pasando de mano en mano, según su estado de deterioro; una falda centro, de una mujer del pueblo, era el sayal de la pobreza durante años hasta que, vuelto jirones, recibía otro empleo. La exportación al sur de Colombia era la mejor esperanza de los productores. Junto a las fábricas arrastraban una existencia decrépita los obrajes; mención especial merecen el de Pinsaquí (Imbabura) y el de Guachalá (Pichincha). Las indias en los caminos, en la paz de sus moradas, hacían funcionar sin descanso sus husos, de forma

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inmutada desde tiempos prehistóricos y, en telares iguales a los usados antes de la llegada de los españoles, reproducían hermosos tejidos en los que vivía y viven aún, para bien del arte, los tejidos aborígenes. A fines del siglo XIX, por 1892, la industria textil recibe nuevo incremento. Los señores Chacón implantaron en Ambato una fábrica para telas de lana cardada. La carencia de dirección competente hizo que fracasen en su empresa, las máquinas fueron adquiridas por don Manuel Jijón Larrea y trasladadas a Chillo, en donde, unidas a las existentes, fueron de gran incremento para la fábrica San Francisco. Don Fernando Pérez visitó Europa en 1900 y 1908 e importó al Ecuador valiosos elementos industriales que transformaron su fábrica de San Pedro. Don Salvador Ordóñez no permaneció indiferente y mejoró su instalación de San Juan de Chillo. Más el hecho que transformó nuestra industria textil fue la instalación de dos fábricas nuevas, compradas ambas en el exterior en 1 900, aun cuando representase la gestión de varios años de trabajo. La una fue adquirida, en Inglaterra, por los hermanos Barona, e instalada en Ambato, en el local construido por los señores Chacón; el primer contratiempo que sufrieron los empresarios fue la destrucción de buena parte de la maquinaria por un incendio en Babahoyo, en donde se encontraban de tránsito. Dificultades luego de otro género entorpecieron la instalación definitiva. Ni los hermanos Barona ni el señor Bucheli recogieron el fruto de sus afanes. La fábrica fue adquirida por la Sociedad belga-ecuatoriana en 1911, la que logró funcionar con intervalos, por mala administración y falta de capital, hasta 1919, en que la adquirió el autor de este artículo. Elabora liencillo únicamente. La otra, americana, fue instalada por su dueño don Manuel Jijón Larrea, junto a la fábrica San Francisco, en la hacienda de Santa Rosa de Chillo; produjo un inmediato cambio en el mercado del algodón y funciona con regularidad desde 1903. Consecuencia de esta instalación la costa principia a vender su algodón en los mercados del interior de la República. Elabora lienzos, casinetes y variados artículos similares. En 1914 el español don Francisco Dalmau (el primer extranjero que hemos mencionado en esta reseña) montó, en las inmediaciones de Otavalo, una pequeña fábrica, adquirida en Inglaterra, de segunda mano, la que denominó La Joya. Los capitales de que disponía el inmigrante, llegado un año antes, eran muy pequeños, por lo que debió obrar en condiciones muy poco favorables; pero tal fue su actividad y tesón, que logró establecer firme y próspera su industria, mejorando la instalación primitiva; elabora casinetes. Apenas logrado su objeto, el señor Dalmau, con el concurso de señor Isidoro Cordovez y de la casa Grace y Cía., de New York, montó en 1916 una fábrica mucho más vasta en Riobamba, conocida con el nombre de El Prado, para trabajar algodón. Vendió luego su acción al señor Fernando Pérez Pallares y éste, a su vez, al señor Manuel Navarro, quien traspasó sus derechos al señor Jorge Cordovez; suya y de sus hijos es hoy día.

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No bien el señor Dalmau hubo vendido sus derechos de la fábrica riobambeña, él y su hermano Antonio instalaron, en Ambato en 1919, una diminuta fábrica para tejer el hilo sobrante de La Joya, el que podía adquirirse de otros productores; éste fue el modesto principio de La Hispana. Incrementaron, poco a poco su instalación, trasladándola a un local más amplio y, en 1920, el activo y pasivo de los señores Dalmau fue adquirido por La Industria Algodonera, SA. La sección de tejidos fue completada con otra para hilar y cardar y, en 1922, se montaron máquinas para la elaboración de lana. La Sociedad de Crédito Internacional, que se ocupaba en negocios de banca, creyó conveniente destinar parte del capital social a la instalación de una fábrica de estampados y telas finas de algodón, la que fue provisionalmente inaugurada, mientras llega el resto de la maquinaria adquirida en Inglaterra. En días reciente el señor Manuel Tobar Angulo montó maquinaria para hilados y tejidos de lana cardada; y el doctor Ricardo Ruiz, otra para lana peinada; y don Fernando Pérez Quiñónez, ha instalado en las inmediaciones de Quito una maquinaria para hilar algodón. Hoy existen las siguientes fábricas con un total aproximado de 30.000 husos:

Fábrica

Propietario

San Juan San Francisco San Pedro La Victoria San Jacinto El Peral

Ricardo Ruiz J. Jijón y C. Fernando Pérez Nicanor Palacios J. Jijón y C. J. Jijón y C.

La Joya

La Industrial Algodonera

El Prado

Cordovez e hijos

La Hispana

La Industria Algodonera

La Bretaña La Internacional

Fernando Pérez Sociedad de crédito Internacional Manuel Tobar A. Ricardo Ruiz

Materia prima algodón lana algodón algodón algodón algodón algodón y lana algodón algodón y lana algodón algodón lana lana

Localidad Sangolquí Amaguaña Otavalo Quito Amaguaña Ambato Otavalo Riobamba Ambato Quito Quito Quito Sangolquí

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Existen algunas otras instalaciones para tejidos de punto, como la fábrica América, anexas a algunas de las mencionadas. Desde que fray Jodoco Ricke cosechó el trigo por él sembrado, debieron los españoles preocuparse por encontrar el medio de hacer harina y molinos primitivos, del tipo de los de granos que existen en los campos de la sierra, que debieron instalarse muy temprano en el Reino de Quito. Ya en los albores del siglo XVII se empleaban las caídas de agua para mover estos molinos. La primera maquinaria completa de molino de piedra, fue la instalada por el general Juan José Flores en las goteras de Quito, hoy incorporada a la fábrica La Victoria, de propiedad del señor Nicanor Palacios. Poco después, don José Manuel Jijón instaló los molinos de Flor del Valle en Cayambe y El Retiro en Quito, según los procedimientos tenidos entonces por más perfectos, trayendo para el efecto técnicos europeos. Don Manuel Larrea y Donoso montó en Miraflores un molino de cilindros, el primero de este género en el país. A más de innumerables molinos de piedra, dispersos por todo el Ecuador interandino, existen muchas instalaciones en las que se emplean métodos modernos para la producción de harinas. El tabaco producido en nuestras regiones tropicales durante muchos años se elaboró en el Ecuador a mano; con el paso del tiempo se emplearon en la fabricación de cigarros y cigarrillos, métodos industriales. Existen varias instalaciones de este género, entre las que sobresalen las pertenecientes al señor Leopoldo Mercado, en Sangolquí (Pichincha), Guayaquil, Esmeraldas e Ipiales (Colombia). Mencionaremos también La Corona (Guayaquil), perteneciente a don Modesto Sánchez Carbo. La explotación de caña de azúcar en el Ecuador es tan antigua como la civilización occidental, y existen innumerables trapiches en todos los valles templados de los Andes y en la región de litoral. Existen, además, varios ingenios en los que se elabora azúcar suficiente para el consumo del país, según los métodos mas modernos y perfeccionados. En este último año se ha montado en Guayaquil una poderosa fábrica de cemento, de propiedad del señor José Rodríguez Bonín. Existen en el país varias cervecerías, siendo la de más importancia la The Ecuador Breweries Co., de Guayaquil. Desde hace poco tiempo funciona en Santa Elena (Guayas) la refinería para petróleo Viggianí. La Iberia (Guayaquil) a más de una tenería, quizás la mayor de las varias que existen en el Ecuador, tiene una instalación para extraer el aceite de la pepa del algodón y a esta casa es anexa la fábrica de calzado Nacional, que puede producir 800 pares por día. Existen otras instalaciones semejantes, aun cuando de menor proporción. La fábrica Nacional de Fósforos, del señor Leopoldo Mercado, en Sangolquí, Pichincha, ha logrado desalojar del mercado al similar extranjero, y merece especial encomio por ser, en verdad, una industria nacional pues, salvo ciertos productos

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químicos, emplea únicamente materias primas nacionales. Junto a la instalación para elaborar fósforos, el señor Mercado tiene un taller para hacer escobas. La tagua, uno de nuestros artículos de exportación, comienza a ser aprovechada, pues funcionan actualmente dos maquinarias para botones: la del señor Juan Manuel Uraga en Guayaquil y otra en Ambato, de propiedad del autor. En Guayaquil, hay una fábrica para producir gas. Loja fue la primera población del Ecuador que tuvo luz eléctrica. Antes de su instalación, se hacían ya ensayos privados en Quito. En 1893, don Manuel Jijón Larrea colocó un dínamo en El Retiro, junto a Quito, para alumbrar su casa y una farmacia que poseía; luego puso otro en la fábrica San Francisco, situada en su hacienda Santa Rosa de Chillo. De estos ensayos nació la Empresa de Luz Eléctrica, de la que fueron socios los señores Víctor Gangotena, Julio Urrutia y Manuel Jijón Larrea, y fue el origen de la Quito Electric Light and Power Company. Después de Quito, poco a poco, todas las ciudades del interior han gozado de alumbrado y fuerza eléctrica, beneficio que se ha extendido a los principales centros del Litoral. Muchas pequeñas instalaciones industriales se nos escapan en esta reseña, que no pretende sea un catálogo completo. Si hemos reseñado la historia de nuestra industria textil minuciosamente, ha sido por creer que dicha relación se presta a interesantes reflexiones y proporciona provechosas enseñanzas, pues encierra en sí, y en más amplio marco, la historia de todas las demás empresas que han sido un verdadero progreso para la nación.

PERSPECTIVAS INDUSTRIALES

Se ha repetido en todos los tonos, en el sesudo discurrir de gente grave, en la apasionada discusión del periódico y en el arrebato del poeta, que el Ecuador es un país agrícola; que la edad de oro principiará para la Patria, el día que las labores agrícolas se intensifiquen y perfeccionen en su suelo. Apenas si el coro de alabanzas a la futura agricultura ha sido interrumpido por alguna voz escéptica, su eco se ha perdido en medio del clamor de quienes proclaman la futura riqueza agrícola, sin lograr precisar cuándo y cómo llegará aquella soñada era de prosperidad y riqueza. ¿Es el Ecuador un país agrícola? Conteste nuestra historia, hable la geografía patria. Los primeros europeos, al establecerse en el Reino de Quito, no encontraron veneros de oro ni de plata, pero hallaron numerosa población indígena, hecha al trabajo, hábil para el manejo del huso y del telar, y fue el trabajo del aborigen y los tributos pagados al encomendero que le hicieron soportar la existencia lejos de los grandes centros mineros, de las ciudades cortesanas. El castellano se volvió agricultor, más por amor a las faenas

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del campo, que por apego a un pedazo de tierra al cual llamarlo suyo y transmitirlo en herencia a los hijos, que por verdadera necesidad. Señor de vasallos era y éstos y su hacienda constituían su riqueza. Mas la organización primitiva duró poco: pasaron las encomiendas, desaparecieron los feudos. La hacienda, con sus peones, con sus conciertos, súbditos, no de un hombre sino adheridos a una parcela, fue el núcleo de la organización económica; y con la hacienda vio la luz el obraje, de progenie aborigen, que el español supo organizar. La Colonia, aislada y pobre, se volvió rica, no con la opulencia fácil de la Corte, ni el azaroso bienestar del minero, sino con aquella prosperidad serena, que es el fruto de la labor constante y metódica. Fue la edad de oro del Reino de Quito, la época de los grandes pintores, de las construcciones monumentales. Medidas gubernativas inconsultas detuvieron el desarrollo industrial, poniendo restricciones a la producción libre; la política económica de los Borbón hirió de muerte nuestra prosperidad fabril, y sobre el actual Ecuador se cernió la miseria. Quito había sido una nación manufacturera. De la suma pobreza en que yacíamos, nos sacó la cascarilla; los días de bonanza que produjo este negocio no fueron obra de trabajo agrícola, sino de la explotación de las riquezas naturales, acopiadas en nuestros bosques. Una agricultura bien dirigida habría hecho quizás, menos fugaz aquella holgura. A la cascarilla le sucedió el cacao; entonces sí hubo cultivo, aunque incipiente y rutinario. Durante algunos años fue la pepita de oro la fuente de la riqueza nacional; pero su reinado ya toca a su fin. De las tres fuentes de riqueza apuntadas, la de mayor duración fue la industria manufacturera; su ocaso fue obra de la errada acción del Gobierno español. Si por la variedad de climas y productos se juzgare al Ecuador, sería un país eminentemente agrícola; mas esta diversidad se debe al fragoso relieve del territorio, nada propicio a extensos cultivos. Un distinguido viajero nos decía, después de una excursión a la hoya del Guayllabamba, que jamás en su vida había visto tanto en tan poco espacio, y era un naturalista. La costa (región comprendida entre la cordillera occidental y el océano) está dividida por la naturaleza en secciones diferentes: a) Las hoyas de los grandes ríos –Guayas, Esmeraldas, Santiago- en las que el terreno, en gran parte, está constituido por depósitos aluviales, que rellenan antiguos golfos y son fértiles en extremo; están cultivadas en buena parte, y su producción no puede sobrepasar en un céntuplo a la actual. b) Existen otras hoyas semejantes a las anteriores, mas por estar en la zona seca del litoral o pertenecer a los sistemas orográficos no andinos -cordilleras más antiguas- carecen de la humedad suficiente. Estos valles, como el de Portoviejo, prometen mucho a la agricultura, si un día tienen suficiente riego.

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c) Las estribaciones de los Andes o las colinas, restos de más antiguas cordilleras, situadas en la zona húmeda, en las que un cultivo intensivo traería como consecuencia la demudación de las rocas, cubiertas con una pequeña capa vegetal. d) Las colinas de la región seca, de porvenir agrícola aún menos halagüeño. Debe advertirse que el litoral ecuatoriano, en su mayor extensión, está ocupado por cordilleras, dependientes de los Andes o que forman parte de los sistemas orográficos locales; es, sin embargo, la región adecuada para la agricultura. Las hoyas de los grandes ríos de ahora o de tiempos geológicos, de fertilidad insuperable, se prestan de maravilla para toda clase de cultivos tropicales, mas son relativamente pequeñas comparadas con el territorio montuoso, en el cual nunca será posible una agricultura intensa, pues como consecuencia vendrá la denudación del terreno y la disecación de las regiones más fértiles. Evidente es en Manabí, que a medida que se destruye el bosque en las colinas, se extiende la zona árida en los valles más fértiles. Así, si algún día el litoral tuviere una población compacta, apenas podría el cultivo de la tierra bastar al sostenimiento de esa, ya que, no obstante la fecundidad maravillosa de ciertas zonas es, en su mayor parte, inadecuada para una explotación intensiva. El territorio andino del Ecuador se subdivide a su vez: a) En la región de los bosques húmedos subtropicales del declive occidental, impropios para toda agricultura, salvo en pequeñas extensiones; la floresta debe aquí conservarse cuidadosamente, pues su destrucción sería fatal para el resto del país. b) La región de las estepas (páramos), que cubre la mayoría del territorio andino en las dos cordilleras, es adecuada para la ganadería y no para el cultivo. c) El valle interandino, cuya producción máxima no llegará nunca al decuplo de la actual. d) Los declives orientales de los Andes más extensos que los occidentales, de cuyo porvenir agrícola no podemos juzgar. La región amazónica parece privilegiada para los cultivos del trópico. De la ligera exposición hecha desprenderá, el lector, que si el Ecuador puede y debe esperar mucho del desarrollo de su agricultura, no puede llamarse país agrícola, ni confiar su prosperidad futura únicamente al trabajo del suelo. Se ha dicho, y en ello no hay exageración alguna, que la fuerza hidráulica es la hulla blanca: es un tesoro acumulado por la naturaleza, que no sufre menoscabo ni desgaste: yacimiento petrolífero que no merma con la explotación; mina de carbón, que

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no se profundiza, aumentando el costo de la explotación. En fuerza motriz hidráulica, el Ecuador es de excepcional riqueza. Caudalosos ríos, casi nunca encajonados entre abruptas rocas, sino bordeado por playas, poco más o menos extensas, cruzan el callejón interandino o se desprenden desde las altas cimas de los Andes. Fijémonos, por ejemplo, en uno de nuestros ríos: el San Pedro. Supongamos que a la altura de Machachi (2.900 msnm) se capte un metro cúbico de agua por segundo y se lo conduzca hasta el principio del valle de Chillo (alrededor de 2.600 msnm) y se aprovecho la caída de 300 metros en un salto o varios sucesivos, daría un rendimiento de 2.000 HP. De Tumbaco a Guayllabamba se podría fácilmente disponer de una masa líquida de 12 metros cúbicos por segundo, que en 400 metros de caída, rendiría 43.000 HP. Esto es, sólo en el cauce principal del río podrían producirse 57.000 HP., suma que puede multiplicarse por diez, si se cuenta con los numerosos afluentes. Fijémonos ahora en el Chanchán. Nace a 4.000 metros de altura y hasta Bugñag tiene una caída de 2.150 metros. Considerando el caudal de agua en un metro cúbico, puede estimarse la fuerza disponible en 12.000 HP. Desde este lugar hasta el puente de Chimbo (345 metros), calculando un promedio de 30 metros cúbicos, se obtiene una energía de 138.000 HP. No pretendemos con esto afirmar que sea posible producir cada una de las fuerzas indicadas en una sola instalación, sino tan solo enunciar cual podría ser el rendimiento en caballos de fuerza de cada uno de estos ríos, para que, teniéndose en cuenta cuántos hay en iguales condiciones, se pueda apreciar la energía que, bien aprovechados pueden rendir nuestros ríos. No creemos exagerar al afirmar que sólo los sistemas hidrográficos de la región actualmente poblada del Ecuador, callejón interandino y parte de la costa, puedan proporcionar más de 5’000.000 HP, mientras que usando la energía de los ríos en las regiones ahora inhabitadas, en los declives occidental y oriental de los Andes, podría centuplicarse la suma enunciada. No hay para que decir, que país que disponga de tal potencia de energía hidráulica está predestinado a singular prosperidad industrial, tanto más cuanto que, situado en el trópico, cuenta con un clima templado o frío, propicio para el desarrollo de núcleos de población, gozando buena parte del territorio de condiciones higiénicas comparables a los de los países más favorecidos de la zona templada. Lo que impide el desarrollo de la industria ecuatoriana son el alto costo de los transportes, la falta de caminos, el excesivo flete ferroviario en las regiones que gozan de ferrocarril y el costo del transporte marítimo, pues no es, no puede llamarse nunca industrial, un país que sólo satisface sus necesidades y no envía lo que produce a mercados extranjeros. La coronación de las obras ferroviarias emprendidas y la electrificación de nuestros ferrocarriles harán desaparecer estos obstáculos y, entonces, podrá la Patria aspirar a un desarrollo industrial que la haga próspera. Mientras tanto, deben los ecuatorianos

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preocuparse de aprovechar la fuerza hidráulica y desarrollar la producción nacional hasta satisfacer, por medio de ella, las necesidades del mercado interno; mas, tanto en este período como en el que debe seguir, creeremos que toda instalación industrial que no esté basada en el aprovechamiento de la energía hidráulica implica en sí un error. Hemos manifestado que el Ecuador no es una nación agrícola, aun cuando puede desarrollar mucho más esta fuente de riqueza. En la combinación entre los variados productos de nuestro suelo y el feliz empleo de la energía de sus ríos, creemos que está el secreto de la riqueza de la Patria, cuyo porvenir se finca en ser nación manufacturera, para elaborar los productos propios que pueden ser ya los del trópico, ya los de la zona fría, ya, en fin, los que en el futuro puedan rendir las minas. El armónico desarrollo de las riquezas del país es el que lo hará próspero y floreciente y esto es posible mediante el aprovechamiento de la energía hidráulica. En nuestros torrentes, en los ríos que bajan desde las nieves andinas hasta el ardiente trópico está la llave del desarrollo del Ecuador, cuya mayor riqueza consiste en la imponderable fuerza con que le dotó la naturaleza, que a los hombres cuesta tan poco aprovechar. J. Jijón y Caamaño

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LAS PETICIONES DE LOS INDUSTRIALES DEL INTERIOR (1931)110 CONCEPTOS DE LA CÁMARA DE COMERCIO Y AGRICULTURA DE GUAYAQUIL

A la consulta de opinión que el señor Ministro de Agricultura se dignó hacer a nuestra Cámara, respecto a los puntos de vista y peticiones de los industriales y agricultores del interior, el Consejo Administrativo de nuestro cuerpo hubo de exponer los conceptos que tras detenido estudio concretó una comisión nombrada al efecto, integrada por los señores Augusto Alvarado Olea, tesorero, y por los vocales Jacinto Jouvín Arce y Pedro Maspons. Los documentos pertinentes siguen a continuación: Exposición de los industriales Quito, a 2 de febrero de 1931 Señor Presidente de la República: Los ecuatorianos, todos, hemos estado esperando las medidas de prudente defensa que el Gobierno ha de adoptar, sino para librarnos, por lo menos para atenuar la crisis económica que va haciéndose insoportable en todos los ramos de la actividad nacional. La agricultura, que es nuestra mayor fuente de producción, se mantiene desesperada, sin hallar refugio a sus necesidades, o se venden muchos productos agrícolas, como: trigo, lentejas y otros; las papas tienen un precio irrisorio que no costean ni el transporte a los agricultores que están lejos de las ciudades donde se consumen. Igual cosa sucede con la cebada. El ganado cuesta dificultad venderlo y, de realizarse, también es barato y en poco número de reses. Si de productos tropicales hacemos recuento, éstos constituyen la pérdida no sólo de la producción sino hasta del capital que se invirtió en cultivar una región llena de tropiezos y sacrificios, en la que los gastos de salud, de capital y de tiempo son invalorables. Allá los jornales y la alimentación de peones son caros; las herramientas costosas y duran poco, y el transporte e instalación de máquinas cuesta en extremo. Y la vida tiene como peligros: el paludismo, en todas las variadas formas, desde el violento ataque de perniciosa, hasta la simple neuralgia periódica, que va minando el organismo y allanando el camino a la anemia incurable, y la anquilostomiasis es endémica.

110 Rafael Arcos, Jacinto Jijón, “Las peticiones de los industriales del interior”, en Boletín de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil, N. 269, Guayaquil, febrero 28 de 1931.

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¿Cómo entonces, señor Presidente, podrá luchar la agricultura, si el Gobierno no se preocupa en ayudarle? El cacao, que constituía la riqueza nacional, podemos decir que ha desaparecido, por su reducida producción. El café no puede competir, por el precio, con el de otros países. ¿Qué nos resta? Sólo la insignificante cifra de valor de sombreros de paja toquilla y el poco de tagua que se exportan. Además, si hay casos como el que a los productores de aguardientes les niega el estanco oficial hasta el derecho a destilar y vender lo único que constituye el producto de su predio, que es el aguardiente, ¿qué justicia habrá al arruinar a ese agricultor industrial porque en la conveniencia del fisco está percibir mucho dinero, aún a costa de la ruina de los ciudadanos? La industria, amenazada de muerte por la competencia extranjera no pide otra cosa sino que se adopten las medidas que los países prudentes y celosos del bienestar de los ciudadanos ponen en práctica para defender la riqueza nacional, ya que ésa se compone del cúmulo de la de los particulares, y quiere que el Gobierno, facultado como está por la ley, suspenda temporalmente la introducción de productos similares a los que en la nación se fabrican; quiere que el verdadero patriotismo empiece por el Gobierno y sus dependencias, como son: ejército, hospitales, cárceles, etc., etc., que consuman el producto de la agricultura e industria nacionales y no se saque el dinero que resta en el país en forma de compra de harina, manteca, tabaco, uniformes, mobiliarios y demás menesteres. Cerrado el mercado de Colombia para nuestros productos ecuatorianos, invadidos en Loja por mercaderías peruanas, por lo menos deberíamos asegurar el consumo y venta en nuestro propio país, de todo aquello que producimos. Y necesitamos la protección oficial porque, preocupados los industriales ecuatorianos en proveer sólo al mercado colombiano, que consumía el 50% más que menos de nuestras fábricas textiles, no habíamos podido satisfacer al gusto y necesidad de los pueblos de la costa, que se proveían y proveen de mercadería extranjera, no siendo suficiente la mejor calidad del producto ecuatoriano para vencer la fuerza de la inercia del consumidor, habituado a determinado artículo. Cualquier industria ecuatoriana, en los actuales momentos de crisis mundial ocasionada por el reajuste de la producción, lleva la peor parte al compararse con las extranjeras. Enumeraremos sólo lo que más resalta a la vista: 1. El capital de las industrias de Europa y Estados Unidos es grande y capaz de hacer frente a circunstancias excepcionales mediante sus instalaciones completas, suficientes para producir enormes cantidades. 2. El tipo de interés al que se obtiene dinero en otros países es bajo, entre el 3 al 4%. 3. Por razones del costo del transporte marítimo y terrestre, los derechos aduaneros que pagamos, las averías, el montaje caro por no haber técnicos especialistas en cada industria que implantamos, la maquinaria y su conservación valen la mitad de lo que cuesta al industrial ecuatoriano.

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4. En el Ecuador no hay depósitos generales de materias primas, las cuales se necesite, ahorrando con ello los intereses de un fuerte capital que invertimos los ecuatorianos para comprar todo lo requerido para el trabajo de año. 5. Fábricas de Europa y Estados Unidos, protegidas por una legislación aduanera adecuada a la actual época de crisis, cuentan con inmensos mercados internos y el de sus colonias, con millones de pobladores, para hacer frente a sus gastos y destinan el sobrante de productos, a precios inferiores al de costo, para la exportación; y ayudadas siempre por sus gobiernos, que aprecian en lo que vale la conquista de nuevos mercados y la defensa de la balanza internacional de pagos de sus respectivos países. 6. Gobiernos, como el de Estados Unidos, subvencionan a las fábricas para que éstas no cierren sus puertas ni mermen obreros, ya que el problema de los desocupados constituye la mayor amenaza para la estabilidad social. Con esa subvención los industriales pueden luchar y aún abaratar sus productos en épocas de crisis. Consideraciones especiales, en nuestra agricultura y en nuestras industrias son: el desequilibrio de nuestra balanza económica, que deberíamos evitarlo por todos los medios posibles, va haciéndose sentir día a día por el crecido volumen de introducción y el escasísimo de exportación. A pesar de esto, seguimos gastando millones de sucres para comprar harinas, manteca, tabaco, géneros de algodón y de lana, licores y artículos de lujo, innecesarios para países pobres como el nuestro. Naciones como Francia, productora de artículos de lujo, como perfumes, gravan grandemente al consumo interno y liberan la exportación. El Gobierno de Inglaterra, en época de crisis, como la carbonera, ayudó a las empresas mineras comprándoles carbón en cantidades mayores a las que necesitaba. Brasil, en años de gran producción de café, pagó a los agricultores el valor de muchas toneladas de ese grano, que las fondeó en el mar; así defendía a los agricultores, poniéndoles a cubierto del bajo precio por la superproducción. Muchos otros casos podríamos citar, pero baste con los enumerados. Remedios que sugerimos, en el momento actual, son: 1. Suprimirla salida del oro, ya sea por compras del Gobierno o de particulares, suspendiendo todo lo de postergable provisión. Para esto hay que proteger las fuentes agrícolas e industriales del Ecuador: producir más y comprar menos en el exterior. 2. Prohibir la introducción de harina, manteca, tabaco, licores, géneros de algodón y lana, artículos de lujo, etc. 3. Procurar que los bancos nacionales sean más amplios en conceder créditos, prolongar plazos y rebajar los tipos de interés, a fin de auxiliar a las fuentes de producción nacional.

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Hecha esta exposición, considerad, señor Presidente, qué le espera al campesino trabajador, qué al obrero de la industria, si el capital del agricultor y del industrial se agota y hasta corre el riesgo de desaparecer, al paso que vamos. Las industrias nacionales, que ya se han visto obligadas a disminuir la producción y el número de obreros tendrán, si no reciben inmediata y eficaz protección del Gobierno, que cerrar sus fábricas y despedir a todos los trabajadores. Meditad en sus consecuencias, porque esos obreros impulsados por el hambre constituirán una amenaza social y fermentarían las ideas comunistas. Los grandes males necesitan grandes e inmediatos remedios, señor Presidente. Corresponde al Gobierno, más que a nadie, poner todos los recursos que la ciencia y la prudencia le aconsejan, para remediar el mal, aunque sea sacrificado iluso progreso que pretendamos sostenerlo; con construcción de ferrocarriles y otras obras que está bien hacerlas cuando, por lo menos, los estómagos están asegurados del alimento necesario para la vida. Meditad, señor, en la situación del país; poneos un momento, con vuestros Ministros, en el lugar de los que bregamos en la lucha y, como ecuatorianos, tratad de remediar miserias. Del señor Presidente, respetuosamente, se suscriben los delegados de los industriales y de varios agricultores, R. A. Arcos E.- Jijón y Caamaño.- El señor Alberto Acosta Soberón, no firma por haberse ausentado.- Por poder y autorización expresa de industrial, señor Nicanor Palacios, Alberto Acosta Soberón.

Contestación de la Cámara de Comercio de Guayaquil Guayaquil, febrero 24 de 1931 Señor Pedro V. Miller Ministro de Agricultura Quito. Acompañamos copia del estudio hecho por la comisión designada por el Consejo de Administración de esta Cámara de Comercio y Agricultura, de la exposición presentada al señor Presidente de la República por algunos industriales de la capital, que confiamos será debidamente acogida. Del señor Ministro, muy atentosS. S.Gonzalo Jiménez Arze, Secretario.

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Guayaquil, 24 febrero de 1931 Reunido el Consejo de Administración de esta Cámara de Comercio y Agricultura para estudiar, formar juicio y emitir su opinión acerca de los puntos contenidos en la exposición presentada al señor Presidente de la República por algunos industriales de la capital, tiene a bien exponer al señor Ministro que abunda en iguales o parecidas ideas a las sustentadas en el documento en referencia, por los elementos aludidos, en todo cuanto se refiere a los precedentes de la crisis que se desea combatir, salvando detalles, como que el cacao haya casi desaparecido o que el café nacional, por su precio, no pueda competir con el de otros países; y diversos puntos de vista que no forman el núcleo principal de la tesis sustentada. En lo que respecta a la síntesis del documento en mención, o sean los remedios sugeridos en el momento actual, esta corporación en, términos generales, está de acuerdo en lo siguiente: 1. Con la necesidad de suprimir, en cuanto sea posible, la salida del oro, ya sea por compras del Gobierno o de particulares, suspendiendo lo de particulares y lo de postergable provisión. Para esto hay que proteger las fuentes agrícolas e industriales: producir más y comprar menos en el exterior, e intensificar la exportación por todos los medios posibles. 2. En cuanto a prohibir la introducción de harina, manteca, licores, géneros de algodón y lana, artículos de lujo, etc., esta Cámara entiende que el asunto es demasiado complejo para resolverlo en forma tan apremiante, puesto que si bien considera la urgente conveniencia de un régimen arancelario de proteccionismo a las industrias nacionales, no se puede, por el momento, concretar una opinión definitiva, por falta de estadísticas adecuadas de producción y consumo. En lo referido al tabaco, sí creemos que debe ser restringida su importación, mediante un nuevo régimen arancelario, a fin de prestar todo el apoyo necesario al tabaco nacional, cuyo prestigio ha sido menoscabado en estos últimos tiempos, sin una razón fundamental. En lo tocante al resto de los productos mencionados, y otros que se omiten en aras de la brevedad, sin duda alguna cabe una revisión prolija de nuestra tarifa aduanera, para prestarles el debido apoyo, de acuerdo con el estado de adelanto de los similares que se produzcan en el país y siempre que esta producción garantice buena calidad. 3. Respecto a que los bancos nacionales sean más amplios en conceder créditos, prolongar plazos y rebajar tipos de interés para auxiliar a las fuentes de producción nacional, esta Cámara, sin dejar de reconocer que el tipo de interés bancario depende de varios factores de orden científico económico, actualmente en plena discusión, cree que es indudable que una revisión de las causas que hayan podido obligar a los bancos a las medidas actuales, sea en extremo provechosa para el desarrollo de las actividades nacionales. Comentados muy someramente los tres puntos sugeridos por los señores representantes de los industriales y agricultores, esta Cámara, que siente y considera la gravedad de los momentos actuales, se permite sugerir al señor Ministro que, a la mayor

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brevedad, el Gobierno convoque en esta ciudad, centro de las mayores actividades industriales, comerciales y agrícolas de la república, una junta de expertos en asuntos económicos y otros ramos del saber, que complementen el conocimiento eficiente y práctica adecuada en banca, comercio, agricultura, industria, aduana, etc., a fin de que, con base y tiempo suficientes, resuelvan cuantos puntos se consideren de notoria trascendencia para buscar alivio a la angustiosa situación del momento. Dicha junta, si bien debería tener carácter oficial, podría ser integrada, por derecho propio, por los gerentes de los bancos e instituciones de crédito, Superintendente de Bancos, comerciantes e industriales con un capital declarado mayor de 100.000 sucres, agricultores propietarios de fundos que, según catastro, tuvieran un valor mayor de 50.000 sucres, miembros de todas las cámaras de comercio, despachadores de aduana matriculados, representantes de la prensa, etc. Reunida la indicada junta en sesión plena, nombraría del seno de la misma, las ponencias respectivas, de acuerdo con los conocimientos o experiencias de sus miembros, y en un plazo perentorio deberían ser aprobadas las respectivas conclusiones que se tomarán como base fundamental para las leyes que serían dictadas en el próximo Congreso reunido para el efecto. Esta Cámara cree de su deber y a la vez experimenta gran satisfacción al consignar que se halla enteramente dispuesta a aportar todo su contingente de entusiasmo y buena voluntad para contribuir al estudio detenido de los problemas económicos que nos agobia, para lo cual, sin duda alguna, sería una legítima esperanza la junta que, a grandes rasgos, nos permitimos insinuar. Del señor Ministro, atentamente Gonzalo Jiménez Arze, Secretario.

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PLAN ORGÁNICO SOBRE INDUSTRIAS (1935)111 Aprovechando de la gentileza del señor Domingo Romano, digno Presidente de la Cámara de Comercio de Ambato, a cuyo entusiasmo se debe, en gran parte, la reunión del primer Congreso de Industriales del Ecuador, nos permitimos presentar los apuntes que esbozamos a continuación, en nuestro anhelo sincero de hacer labor constructiva, orgánica, duradera, que levantando la potencialidad de nuestras industrias se promueva el fomento del consumo de los artículos del país, y se de margen para que la agricultura encuentre en la explotación del suelo un rendimiento estable, firme, alentando la producción de materia prima, muchas de las cuales no han merecido la atención de nuestros hombres del campo, como la cabuya, la higuerilla, la naranjilla, etc., por el rendimiento inseguro de su cultivo. Nuestro deseo era aportar al congreso proyectos de ley y organización ultimados, pero labores concernientes al mismo congreso nos han privado de esta íntima satisfacción. Nos limitamos, pues, a presentar estas consideraciones generales, confiados en que la benevolencia de los señores delegados al congreso sabrá llenar vacíos y disculpar errores posibles. Nuestra gestión contempla cuatro puntos fundamentales de acción, enlazados tan estrechamente, que su dislocamiento implica el fracaso del plan, porque, ni el Gobierno en su política ni el industrial en su producción, ni el comerciante en el cambio del artículo, pueden proceder aisladamente, a menos que el desconcierto y la anarquía económica arruinen al país. Es preciso hablar con toda franqueza: o se organizan las actividades productoras de la riqueza o renunciamos para siempre el mejoramiento estable de nuestra economía. No hay otra alternativa porque, en materia económica, las posiciones falsas tienen una sola consecuencia: caos y miseria. Por esta razón, la piedra angular de este edificio, viene a ser la organización y, con base en ella, esbozamos el siguiente plan: 1. 2. 3. 4.

Organización administrativa; Organización de las industrias y manufacturas; Reglamentación de la industria Política del Estado.

111 Título original: José Luis González, “Nuestro plan orgánico sobre las industrias”, en Boletín de la Cámara de Comercio e Industrias de Tungurahua, Ambato, 23 de marzo de 1935.

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Vamos pues a analizar los cuatro puntos que proponemos como cimiento del edificio del progreso industrial y manufacturero que deseamos para el país, como uno de los medios de mejorar la economía nacional. Hemos puesto en primer término la organización administrativa, porque creemos que el Estado contemporáneo debe ser el orientador de la economía general que, necesariamente, forma la economía nacional. El Estado es la cabeza directiva, el que encausa el rumbo de la producción de acuerdo con la situación del mercado no sólo interno sino externo. Su previsión o imprevisión se reflejan inmediatamente en el bienestar o malestar interno y es a su debilidad orgánica que se debe la anarquía de la economía nacional. Porque ¿cómo puede esperarse, menos exigirse, una política definida, firme, constructiva a un Ejecutivo ignorante de la situación exacta de aquello que pretende encausar o mejorar? Si el desconocimiento más espantoso, aun de los aspectos elementales que se rozan con la industria y la manufactura ha observado siempre la gestión administrativa ¿sobre qué base se pretende levantar la nueva legislación que abrirá un nuevo horizonte a las diversas actividades económicas que informan la vida del país? Así, pues, ¿cómo puede la Legislatura, y menos el Ejecutivo, afrontar y resolver el problema de la harina, el de la manteca, el del sombrero de paja toquilla, el de la industria textil, etc.?¿Cómo y sobre qué base cierta, comprobable, precisa en los resultados a obtener y en las consecuencias y prolongaciones que se derivan de las medidas tomadas, puede definir la política exterior económica del Estado, y restringir la introducción de ciertos artículos, reducir las tasas de otros o, en su defecto, abandonar esta política por otra que, sin ser elástica en el arancel, contemple y asegure el consumo de la producción nacional? ¿Conocemos el monto y la variedad del consumo de la materia prima nacional y extranjera que emplean nuestras industrias y manufacturas? ¿Sabemos hasta qué grado, la libre introducción de éstas puede limitar la introducción del producto manufacturado? ¿Cuál es el beneficio que por este concepto se concede al industrial y si éste llega a favorecer al consumidor en la calidad de los artículos y en su cotización, o el industrial se aprovecha sólo para sí de estas prerrogativas? ¿Cuál es el sistema que más conviene a la regulación de esta producción y su consumo? A nada de esto podemos responder, y el último interrogante tiene una solución oscura todavía. En consecuencia, ¿qué es lo primero por hacerse? ¿Organizar al Estado, crearle base orgánica a la gestión que tiene que realizar? ¿Cómo puede conseguir esto? Existe en el Ministerio de Fomento una dependencia administrativa llamada Sección Comercio e Industrias. El desconocimiento de su importancia, la poca atención que se ha prestado al cometido que tiene que llenar, una vez que ella debiera ser la que encause la política industrial y comercial del país, el laboratorio de estudio de todos los

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problemas que la afectan, la oficina de comprobación de la aplicación legislativa sobre el particular etc., le ha colocado como dependencia de segundo orden, situación que el actual señor ministro del ramo se halla interesado en solucionar. En efecto, esta sección, que debería ser un departamento autónomo, responsable de la directiva que llegara a imprimir el Ejecutivo a la política industrial y comercial del país, se halla sujeta en sus labores al límite fijado en el presupuesto nacional y a la posibilidad económica administrativa del departamento en que se halla incluida. Encasillada en el presupuesto como dependencia de segundo orden, tiene que limitar sus gestiones administrativas, al terreno jerárquico de su posición. Lo inmediato y urgente es proceder a una organización más eficiente de esta dependencia oficial; a una organización de carácter técnico. Su posición debe ser el de una oficina netamente comercial e industrial. Sus actividades deben girar con base en el conocimiento nimio del desarrollo del comercio y la industria nacional, en relación tanto con el mercado interno como externo. Es decir, debe dotársela de todos los servicios que exige una gestión administrativa de esta clase, para que su labor sea prácticamente provechosa para el país, para el industrial, el comerciante y el pueblo. A efecto de lo antes dicho, el presupuesto de la sección debe atender a las siguientes necesidades indispensables: Un jefe de sección. Un ayudante encargado de la estadística industrial. Un ayudante encargado de la estadística comercial interior y exterior. Un encargado de la exposición permanente de las industrias. Dos Amanuenses. Gastos de escritorio. Gastos especiales para la compra de muestrarios para los consultados, y levantamiento del censo industrial. El éxito de la organización propuesta depende de la capacitad e idoneidad del personal de empleados que se hallen al frente. Porque es de tener presente que, aun para la dirección del establecimiento orgánico de la estadística, es preciso tener criterio claro y una conciencia efectiva de los problemas que se trata de esclarecer, y de los aspectos importantes que es preciso enfocar, de manera que la luz que ellos proyecten, sea lo suficientemente clara para poder conocer en forma precisa todos los contornos que informa su compleja constitución, y es al jefe de sección o al director del departamento a quien corresponde conocer de todos estos detalles para imprimir rumbo firme y provechoso a la política del Gobierno en materia económica. Así por ejemplo, respecto del problema de la manteca ¿cuáles son los aspectos que debe contemplar y esclarecer la estadística, a fin de resolverlo con acierto, de forma que

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las disposiciones que se adopten ni alarmen al mercado exterior ni vayan en daño del consumidor, sino que aseguren el desarrollo normal de la industria? 1. 2. 3. 4. 5.

Cálculo del consumo de manteca, por zonas. Volumen de la producción nacional por provincias y por ciudades. Existencia actual del ganado porcino, su raza, por zonas y provincias. Porcentaje de manteca que se obtiene del ganado según su raza. Cantidad de ganado porcino que se necesita para llenar el consumo de manteca de todo el país. 6. Zonas propicias para la crianza de cerdos: área, condiciones agrarias, climatológicas, etc. 7. Clase de alimentación que más conviene, a efectos de obtener un mayor rendimiento de manteca. 8. Facilidad del cultivo de esta alimentación y su costo. 9. Número de fábricas existentes: producción máxima, capital, sistema de producción, clase y cotización de ésta. 10. Número de trabajadores requerido y valor de los jornales, condiciones de trabajo, beneficios complementarios que debe percibir. 11. Costo de las maquinarias, repuestos, lubricantes, materias primas, envases. 12. Transporte, costo total desde la fábrica a los diversos lugares del consumo. 13. Costo total de la producción lanzada al mercado. 14. Volumen de la importación de manteca, clase y cotización 15. Costo del transporte de la manteca importada. 16. Procedencia de esta manteca, potencialidad del productor, condiciones de esta producción, beneficios que le otorga al Estado y a esta industria, volumen de consumo en el país de origen, etc. 17. Importadores de manteca extranjera, su especificación comercial y su relación con el mercado. 18. Situación del industrial extranjero, en oposición a la del productor nacional. Y como punto final, cuáles son las prolongaciones económicas que se desprenden para el país, la agricultura, la industria, el pequeño propietario y el pueblo, del estudio de los puntos anotados. Entonces, podemos afirmar, esta es, señores la política que debemos adoptar y hasta en qué grado ha de concederse el crédito al industrial, al agricultor y al pequeño propietario. Y, si el número de fábricas existentes bastan con su producción para

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abastecer el consumo del país, o debe permitirse la implantación de otras, y en qué número, de manera que este establecimiento no venga a afectar la vida de las existentes. He aquí, cómo una eficiente organización administrativa que se dedique a establecer la situación real de las diversas actividades industriales del país y controle la situación del mercado externo, puede servir de base firme al engrandecimiento de la nación y de medio de defensa de sus intereses en caso dado.

ORGANIZACIÓN DE LOS INDUSTRIALES Y MANUFACTUREROS El segundo aspecto fundamental que consultamos es el que se refiere a la organización de los industriales y los manufactureros, punto al más difícil del plan propuesto, ya que, no obstante, es indispensable llevarlo a cabo. Nuestros industriales y manufactureros están acostumbrados a esperarlo del Estado, sin que de su parte haya el menor esfuerzo para apoyar la ardua gestión administrativa. Pero debe entender la ciudadanía que no puede haber administración posible sin colaboración, ni es dable construir en anarquía, y progreso es disciplina, organización y acción armónica. Compréndase que la mal entendida resistencia de su sector, es brecha que se abre en el cuerpo de la economía nacional, desequilibrando el conjunto, y que si el interés colectivo está por encima y en primer plano que el interés particular, el Gobierno guardián de este gran interés, está en el deber de anular esa resistencia y exigir disciplina para el afianzamiento del progreso que para esa misma ciudadanía se busca. Porque, no por la ambición desmedida de unos pocos no se ha de dar la mano al bienestar de toda la colectividad y si el interés privado merece respeto, éste termina donde empieza el nacional, donde los beneficios individuales no pueden sobrepasar los generales, porque cada uno nos debemos a todos, con lo que la preponderancia exclusivista de un grupo viene e desmedro, desequilibrio y ruina del conjunto. Equilibrio del Estado, economía nivelada, es también justicia distributiva. Pero esto es imposible en la indisciplina y la anarquía. Quien se resiste a colaborar económicamente con el Estado, es porque no se pertenece a la colectividad o teme la pérdida de un interés bastardo y desmedido. Que si algún bien llegamos a adquirir, no es fruto exclusivo de nuestro trabajo, sino que en él está la parte que le corresponde a cada cual, sea en la producción, sea en el consumo y así, en el mismo trabajo como en el beneficio. Por consiguiente, si nos debemos a la colectividad, y el Gobierno es el representante de ella, tiene o no derecho de exigir la organización de nuestras actividades, porque

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sólo así es posible la administración económica del país, y no de otra manera puede concebirse el progreso general. Ni cómo, ni con qué derecho podemos exigir de los poderes públicos protección a la industria y apoyo a la manufactura, si le negamos toda información al Gobierno, y éste ignora desde el número de los industriales y manufacturas existentes, hasta la clase, la importancia del número de las industrias. ¿Acaso el Gobierno es un rentista que ha de estar sujeto al capricho de cada cual? ¿Ni cómo ha de acceder a todo lo que, por ejemplo, le pide el industrial o el comerciante, si no sabe si es justa o no su petición, si ésta afecta a los demás industriales o a la economía general? Por otro lado, sin organización, ¿cómo puede pedirse orientación alguna posible, del género que fuese, a no ser que le induzca a cometer desafueros? Hablemos con verdad y con franqueza, y dígasenos ¿están en lo justo y razonable nuestras apuntaciones? Si es exacto lo que afirmamos, justo es también modificar nuestra conducta. De lo contrario, de nada sirve la organización administrativa sino de peso muerto en el presupuesto que gravita con desastrosas consecuencias sobre la economía nacional. De qué vale que el Gobierno, por medio de la sección comercio e industrias ultime los lineamientos del edificio del progreso de la industria y de la manufactura nacionales, si a la hora de la ejecución no se ha de disponer de material informativo que la construcción de este edificio económico reclama. Con lo cual queda demostrado la necesidad imperiosa, fundamental e impostergable de la organización de los industriales y manufactureros del país. Desde el aspecto administrativo, someta a la consideración del Congreso los puntos de vista que enumeraremos: 1. Ley de empadronamiento obligatorio, previo al funcionamiento de la industria, de todos los industriales y manufactureros de la República. 2. Apertura y conservación de un registro de industriales, en la Sección de Comercio e Industrias del Ministerio de Fomento. 3. Organización de una exposición permanente de las industrias y manufacturas ecuatorianas, a cargo de la mencionada Sección. La ley de empadronamiento debe contemplar las siguientes disposiciones: 1. 2. 3. 4.

Nombre de la fábrica. Su razón social. Su capital invertido Número de clase de maquinarias.

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5. Fuerza que emplea o que pretende emplear. 6. Trabajadores que ocupa, nacionales y extranjeros de ambos sexos. 7. Índole del trabajo, jornal que paga y tiempo de trabajo. 8. Variedad de la producción. 9. Capacidad máxima de esta producción, diaria y al año de cada uno de los artículos 10. Variedad de materias primas empleadas, nacionales y extranjeras. 11. Volumen de consumo de cada materia prima. Todos estos datos deben constar en el libro registro que llevará la Sección Comercio e Industrias, la misma que debe expedir la respectiva patente, renovable cada año, para el funcionamiento de la industria y el ejercicio manufacturero. Respecto a los manufactureros, los datos de inscripción deben reducirse a los siguientes: 1. 2. 3. 4. 5. 6.

Nombre del manufacturero. Producción a la que se dedica. Materias primas que emplea y su procedencia. Volumen de la producción semanal, mensual y anual. Número de operarios a su cargo. Jornal que paga.

Para mayor eficiencia de esta labor debe dictarse una ley relativa a la sindicalización de los manufactureros. Así también, como consecuencia de esta organización, debe dictarse otra ley, por medio de la cual todos los industriales deben consignar en la sección que anotamos, un muestrario completo de todos los productos que elabora, renovable cada año, y con la especificación de sus artículos, precios al por mayor y menor, y volumen de la producción diaria y mensual de cada cual. Estos muestrarios servirán para formar la exposición permanente de las industrias y manufacturas del país, la misma que será la mejor guía de orientación acerca de la política que, a favor de ella, deba desarrollar el Gobierno, a la par que un índice de las necesidades de cada una de ellas y de la forma de mejorarlas. En cuanto a la organización de los industriales, como cuerpo integrante de cada Cámara de Comercio, personas versadas en el asunto sabrán proponer una solución satisfactoria al respecto.

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REGLAMENTACIÓN DE LAS INDUSTRIAS La estadística detallada de la producción manufacturera y fabril, artículo por artículo, y la estadística de la importación similar, sumados los resultados, y añadido éste el movimiento del mercado, según sus plazas, puede determinar el volumen del consumo. Todos estos datos son de carácter básico para legislar sobre la reglamentación de las industrias, la misma que obra a favor de su firme progreso, amparándole de los peligros de la competencia inconsulta y desleal, la cual deprime estas actividades hasta producir el paro de las mismas. A estas medidas de precaución económica en vía de prevenir conflictos internos, se añade la consideración especial de asegurar la inversión de capitales, de garantizar a la industria de la competencia desleal y fraudulenta, de alentar y afirmar el consumo de los productos del país, protegiéndola contra los sustitutos y las falsificaciones que perjudican a la industria en mayor grado que la importación del producto extranjero. Estableciendo la capacidad del consumo nacional para cada producto transformado, y el movimiento de éste en cada plaza comercial, en forma que pueda determinarse la capacidad económica provincial y regional y fijar la producción máxima y normal de cada fábrica en relación con el mercado donde se halla instalada, y con el movimiento económico regional, seccional y nacional; según la índole, la clase y la variedad de su producción, debe procederse a reglamentar la industria, sin reprimir su progreso ni limitar su desarrollo, sino afianzándolo, que éste es el objetivo principal de la reglamentación. Normar la industria sobre bases firmes ha de ser un delineamiento positivo de su evolución, y en ningún caso ha de traducirse en obstáculos. Desde este punto de vista, y mediante los datos que apuntamos ya, ha de calcularse prolijamente si por cada ciudad basta una industria(por ejemplo de la manteca refinada) o es mejor el que el número de fábricas se comparta por secciones, y si ese establecimiento, de acuerdo con el consumo nacional, no producirá una competencia ruinosa para las mismas, sino que favorecerá a todas, si cada industria pone de parte el interés, la seriedad y el capital necesarios para su desarrollo. Esto es para las industrias a establecerse, que para las que se hallan en funcionamiento, debe estudiarse si las que existen bastan ya para el consumo actual y, en consecuencia, debe impedirse la implantación de otras idénticas o, por el contrario, permitirse el establecimiento de nuevas fábricas de producción similar, en qué número y en qué lugares, averiguada la capacidad de producción de ellas y conocida la de las existentes. La limitación de la producción de las industrias, no creemos aconsejado, menos aceptable, porque de este modo se paraliza de hecho su progreso, se desalienta al industrial, sin conseguir el objetivo principal de la reglamentación, que, mediante la fijación del número de fábricas que corresponden al consumo del país, se ha limitado automáticamente la producción, que para el normal desarrollo de ésta, la organización

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del consumo es otro aspecto de gran importancia que se debe tener en cuenta, y cuya posibilidad de ejecución puede estudiarse en los dos primeros años de reglamentación industrial. Dentro de esta reglamentación debe tenerse muy en cuenta la capacidad económica del industrial, en forma que el capital a invertirse asegure la vida normal de la industria, y esté en relación con la cuantía y la magnitud de ella. El crédito industrial de defensa fabril adquiere en este caso un papel preponderante. Crédito elástico y consultado, en forma que no venga a constituirse en dogal del prestatario y, menos, en acelerador del fracaso de la industria. De lo contrario, no habiéndose calculado prolijamente las tres clases de capital que toda industria ha menester(capital a invertirse en la instalación de fábrica, capital en giro y capital de respaldo), el momento menos esperado, sobre todo si la situación del mercado es anormal, la fábrica se ve obligada a reducir la producción, disminuir las horas de trabajo, castigar el salario de los obreros y, por último, como ha sucedido varias veces, cerrar la fábrica, produciéndose necesariamente el consiguiente pánico industrial, intimidando la inversión de nuevos capitales, ubicando en situación anormal el mercado, y abriendo una brecha de consideración en la economía nacional, por el campo al descubierto que queda para el similar extranjero, situación que obliga al Estado a dictar disposiciones de emergencia, exigidas por la imprevisión del industrial que, en vez de producir efecto económico normal, altera el mercado y provoca resistencia de otros pueblos. Imprevisión industrial originada por la restricción del crédito. Esta solvencia industrial es necesario exigir y apoyar, para garantizar el trabajo obrero y mejorar su nivel económico de vida. Porque no es justo ni humano que todas las medias de protección que adopta el Estado para la industria, y los beneficios que esta política produce, sirvan sólo para enriquecer al dueño de la fábrica, sino que ella ha de refluir también en provecho del trabajador, asegurándole un jornal equitativo, así como el auxilio que debe dársele en su ancianidad. Esto es casi imposible si el industrial no cuenta con el apoyo del Estado para el consumo de su producción y del crédito para mejorarla y aumentarla. Así, pues, la reglamentación de las industrias debe contemplar tres aspectos fundamentales, alrededor de los cuales giran lo demás: 1. Establecimiento de fábricas de acuerdo con el consumo seccional y nacional. 2. Capacidad económica del industrial 3. Mejoramiento del nivel económico del obrero y aseguramiento de sus beneficios y de su vida. A los puntos considerados debe añadirse la obligación que tiene todo industrial de registrar sus productos, a fin de impedir y comprobar las adulteraciones de ellos.

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La adulteración de un producto nacional, sobre todo si es alimenticio, debe ser castigado severamente. La reincidencia puede ocasionar el cierre del establecimiento; sólo de esta manera se garantizará al consumidor y al industrial serio. Todas estas medidas no tienen otro objeto que el de fomentar el desarrollo normal y vigoroso de las industrias nacionales, dar margen al industrial para mejorar su producción, y abrir campo para una ganancia discrecional que beneficie también al trabajador y no vaya en mengua del consumidor. Una vez organizado y sistematizado el consumo, el desplazamiento del similar extranjero se produce automáticamente, sin que sea necesario violentar la política exterior, y aun producir represalias, como aconteció el año de 1934, con la llamada Ley de Emergencia.

POLÍTICA DEL ESTADO Consolidados los cimientos que han de servir de base a la edificación del progreso de la industria y la manufactura del país, el Estado puede definir su política y sistematizar su realización ¿Cuál puede ser el objetivo fundamental alrededor del cual gire toda esta política? ¿Limitar la importación, afianzar el progreso de la industria, mejorar la economía nacional? Todo esto es importante, pero para nosotros lo fundamental es la liberación económica del trabajador y del pueblo. Este es el aspecto que, en nuestro concepto, se coloca en primer plano y todas las disposiciones que respecto del progreso de la industria se adopten, no pueden menos de ser consecuencia de este punto de vista, para que el progreso que se busca pueda ser estable. Lo primero es armonizar el sistema de producción, luego reducir su costo de esta producción. De estas dos medidas se desprende el desarrollo firme de la industria y el bienestar que ella deja para el obrero, el pueblo consumidor, el industrial y la economía nacional. ¿Cuál es el sistema de producción que nos conviene? Para el manufacturero creemos que la sindicalizada, eliminadora del intermediario, apta para procurar la factura superior de la manufactura, en condiciones de producir mayores beneficios al trabajador y asegurar su vida económicamente por medio del sindicato. La solvencia moral de éste, mediante su capacidad técnica para ultimar negocios a firme y gran escala con el exterior, permite al manufacturero adquirir una situación cien veces mejor que la actual. Respecto del industrial el problema se complica ¿Sería factible provocar el cambio radical del sistema de producción actual, o debemos principiar por asegurar la participación del trabajador en las utilidades del industrial? ¿Cuál de estas dos influiría con mayor eficacia en la reducción del costo total de la producción? Porque este aspecto

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es capital en el éxito comercial de la fábrica, así en el mercado interno como en el externo. Una producción a precios castigados y jornales altos es menos susceptible de abarrotarse que la misma producción a precios altos y jornales bajos, hallándose en condiciones de luchar con mayores ventajas que la otra. De todas maneras el interrogante es sustancial, y el Congreso debe afrontarla con la valentía del caso. Sobre la base sustentada, y considerada nuestra potencia industrial en relación con la de otros países, nuestra política tiene que ser, necesariamente, de protección. Así lo demanda el capital raquítico invertido, la dificultad de tener a disposición maquinarias, repuestos y materias primas que deben ser comprados fuera del país, la situación de muchos artículos no competitiva con la producción extranjera (que de dejarla libre, inundaría nuestros mercados), el equilibrio de nuestra economía, y la necesidad de surtir la mayor parte de nuestras necesidades por nuestro propio esfuerzo. Como consecuencia de lo dicho, debemos adoptar las siguientes disposiciones: 1. Reducción del precio del transporte en un 50% para la producción industrial y manufacturera del país. 2. Incremento, mejora y sistematización del cultivo de las materias primas industrializables. 3. Obligación de las industrias de preferir materia prima nacional o transformada que se produce en el país, y que se importa, como lubricantes, etc. Esta disposición debe generalizarse para todas las industrias. 4. Organización del consumo de la producción, principiando por las escuelas, colegios, ejército, etc. 5. Propaganda por cuenta del Estado de las manufacturas nacionales y su concurrencia tanto a ferias nacionales como internacionales. 6. Facilitar el crédito al industrial y manufacturero sindicalizado. 7. Controlar el mercado exterior, poniéndose al tanto de su movimiento. 8. Declarar libre los derechos de toda clase de maquinarias para la industria, y los medios de presentación en el mercado. 9. Ampliar la ley de 5 de octubre de 1921, extendiendo sus beneficios para los manufactureros. 10. En los tratados de comercio salvar las estipulaciones que vengan a deprimir el desarrollo de la industria nacional, para la internación de productos similares. 11. Promover congresos industriales que tengan por objeto armonizar la producción, mejorarla, reducir su costo y orientar al Estado en su política. 12. De acuerdo con las estadísticas de la producción, estudiar la fijación máxima del precio de los artículos y controlar el empleo en la industria de las materias primas, manufacturadas y máquinas que hayan sido liberadas de derechos, a fin de evitar la especulación sobre los mismos.

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13. Prohibir la exportación de maquinarias que hayan tenido beneficios de protección del Estado, en cualquier forma. 14. Defender la producción industrial y manufacturera en el exterior, por medio de la patente, del control de las exportaciones y de la garantía del Estado a la producción superior. 15. Reprimir con disposiciones severas, y hasta con la producción del negocio, toda especulación sobre la manufactura nacional que le perjudica gravemente, como sucede con el sombrero de paja toquilla. 16. Reprimir la exportación de ciertas materias primas nacionales susceptibles de ser manufacturadas. 17. Liberación de todas las tasas posibles a la manufactura y de impuestos al capital y a la exportación de los productos industrializados. 18. Todas las industrias y manufacturas deben declararse nacionales, recayendo sobre ellas la producción del Estado, tanto en el interior como en el exterior, sobre el disciplinamiento de sus actividades y el acatamiento de las disposiciones que al efecto dictare el Gobierno. He aquí esbozado en breves términos nuestro plan orgánico sobre el desarrollo de las industrias en el país, que lo presentamos al estudio de los más versados en la materia, como una modesta colaboración, encaminada exclusivamente a mejorar la vida de la gran colectividad, convencidos de que, este nuevo nivel de vida, provocará la mejoría de la economía nacional. José Luis González

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ACTAS DEL PRIMER CONGRESO DE INDUSTRIALES DEL ECUADOR. 1935112

ACTA NO.5 SESIÓN ORDINARIA DE LA TARDE Marzo 24 de 1935 (Concurren 48 delegados) Se instala la sesión a las 3:35 pm, bajo la presidencia del señor Carlos Manuel Larrea, con la concurrencia de los delegados, señores: Coloma, Badillo, Salazar, Cañizares, Dávila, Cumba Molina, Zatizábal, Heredia Crespo, Veintimilla Moscoso, Vinueza, Cisneros, López Guerra, Veintimilla Mosquera, Rodríguez, Chávez, Ledesma, Pinto, González, Artigas, Zaldumbide, Sandoval, Ángel Minos, Cueva, Erazo, Jouvín Arce, Cabrera, Briones, Pons, Del Hierro, Colvín, Vaca, Salazar, Bueno, Martínez, Domínguez V., Eguiguren, Levy Romano, Alemán, Cuesta, Paz, Núñez, Pagés, Bonzi, Uquillas y Noboa. Actúa el infrascrito Secretario. El señor presidente ordena la lectura del acta de la sesión preparatoria del 23 de marzo, la que es aprobada sin observación alguna. A continuación la presidencia recuerda a los señores delegados que deben acercarse a secretaría para conocer la trascripción taquigráfica de sus discursos. Enseguida se da lectura al acta de la sesión inaugural que también es aprobada sin modificación. Luego el señor presidente manifiesta que, conforme a lo acordado, se ha reunido a la comisión de mesa y ha procedido a la designación de las diferentes comisiones, cuya nómina se lee por secretaría, y es del tenor siguiente: Comisión Organización de las industrias.Señores Leopoldo N. Chávez, Segundo Miguel Pinto, Alfredo Martínez, Domingo Romano, César León Hidalgo, Julio C. Vinueza, Pedro Briones, Arturo Cabrera y Francisco Pons.

112 Selección tomada del Ministerio de Obras Públicas, Agricultura e industrias, sección industrias, Actas del primer congreso de industriales del Ecuador, reunido en la ciudad de Ambato, marzo de 1935, Imprenta Nacional, 1936.

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Comisión Arancel de aduanas.Señores Ramón González Artigas, Ángel Minos Cueva, Cornelio Veintimilla, Maximiliano Vaca, Roberto Levi, Carlos E. Dávila, Vicente Domínguez, Guillermo Colvín, Domingo Romano y Alfredo Coloma. Comisión Asuntos bancarios. Señores Arturo Cisneros, Arturo Cabrera, Julio Guillén, Guillermo Eguiguren, José F. Cuesta, Augusto del Hierro, Néstor E. Ledesma, Miguel Heredia Crespo. Comisión Sustitución de impuestos. Señores Julio Zaldumbide, J. Arturo Salazar, José Ugarte, Luis A. Núñez, Gabriel Noboa, Alberto Rodríguez, Plutarco Paz, Jorge Álvarez Lara, Ángel Polivio Sánchez, Jorge Rada, Roberto Leví y Domingo Romano. Comisión Cuestiones obreras. Señores Alfredo Coloma, Miguel Uquillas, Manuel Antonio Badillo, Roberto Leví, Arturo Aguilar, Leopoldo N. Chávez, Alberto López Guerra, Vicente Domínguez y José María Alemán. Comisión Transporte y vialidad. Señores Miguel Heredia Crespo, Miguel Uquillas, Francisco Javier Salazar, Alberto Cuba Molina, Humberto Trujillo, Amador Sandoval, Segundo E. Cañizarez, Luis Zatizábal y Enrique Veintimilla. El señor presidente: ruego a los señores delegados que si tienen alguna observación que hacer al cuadro que acaba de conocerse, ya sea en el sentido de pertenecer a una comisión distinta de aquélla en las que consta, ya sea en el sentido de haberse omitido el nombre de algún representante, se sirvan manifestarlo, a fin de prestarles la atención debida. El doctor Heredia Crespo: por no tener a mano la lista completa de los señores delegados, la comisión de mesa resolvió que si se hubiese omitido a alguno de los señores representantes en el cuadro que acaba de leerse, se sirva llamar la atención sobre el particular, para hacerlo constar en la comisión a la que desee pertenecer. El señor presidente: En cuanto termine esta sesión, las comisiones permanentes deberán reunirse y proceder al nombramiento, del respectivo presidente y secretario, de entre su seno, comunicando estas designaciones a la secretaría del Congreso, a fin de que el cuadro de comisiones quede perfectamente organizado. El señor Jouvín Arce: como miembro de la comisión de mesa, me permito pedir a los demás miembros que la integran, se sirvan agregar a la comisión de sustitución de impuestos al doctor Roberto Leví. Se accede a lo solicitado. El doctor Badillo mociona, con apoyo de los delegados Briones y Salazar, que se nombre una comisión de agricultura. La moción es modificada por el señor Jouvín Arce en el sentido de que la comisión sea de agricultura e industrias agrícolas, y así se aprueba. El señor presidente: la comisión de mesa tendrá cuidado de formar inmediatamente la comisión cuya creación acaba de aprobarse.

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El doctor Leví, con apoyo del doctor Uquillas mociona que se nombre una comisión de asuntos varios. El doctor Heredia Crespo: a este respecto debo decir que la comisión de mesa acordó que en vista de los asuntos que vayan presentándose, se irán nombrando las nuevas comisiones que hagan falta. Esta creación se dejó a criterio de la misma comisión de mesa o del señor presidente, según los casos; de manera que si se suscitaran cuestiones que deba conocer el Congreso y que no correspondieran a las comisiones ya existentes, la comisión de mesa o el señor presidente procederían a crear una comisión de asuntos varios, o verían si ellas pueden enmarcarse dentro de las comisiones ya designadas, a fin de no aumentar demasiado el número de comisiones, lo que sería perjudicial. Como varios delegados solicitan cambios e incorporaciones a diversas comisiones, el cuadro de comisiones definitivo queda así: Organización de las Industrias. Presidente, Domingo Romano, secretario, Arturo Cabrera. Miembros: Leopoldo N. Chávez, Segundo Miguel Pinto, Alfredo Martínez, César León Hidalgo, Julio C. Vinueza, Pedro Briones, Francisco Pons y Juan Marcet. Arancel de Aduanas. Presidente, Roberto Leví, secretario, Carlos E. Dávila. Miembros: Ramón González artigas, Ángel Minos Cueva, Cornelio Veintimilla, Maximiliano Vaca, Vicente Domínguez, Jacinto Jouvín Arce, Guillermo Colvín, Domingo Romano, Alfredo Coloma, Sinja Lainer, Julio Guillén, Julio Zaldumbide y Subirá Pagés Bonzi. Asuntos Bancarios y Legislación Comercial. Presidente, Heredia Crespo, secretario,, José F. Cuesta. Miembros: M. Arturo Cisneros, Arturo Cabrera, Julio Guillén, Guillermo Eguiguren, A. Sandoval, Augusto del Hierro y Néstor El. Ledesma Sustitución de Impuestos. Presidente, aún no se designa, secretario, aún no se designa. Miembros: José A. Bueno, J. Arturo Salazar, José Ugarte, Luis A. Núñez, Gabriel Noboa, Alberto Rodríguez, Plutarco Paz, Francisco Carrasco V., Jorge Álvarez Lara, Roberto Leví y Domingo Romano. Cuestiones Obreras y Legislación Social. Presidente, Alfredo Coloma, secretario, Miguel A. Uquillas. Miembros: Luis Erazo, Manuel Antonio Badillo, Roberto Leví, Arturo Aguilar, Leopoldo N. Chávez, Alberto López Guerra, Vicente Domínguez, José M. Alemán y Pedro Briones. Transporte y Vialidad. Presidente, Miguel A. Uquillas, secretario, E. Veintimilla Mosquera. Miembros: Manuel Badillo, Francisco Javier Salazar, Alberto Cumba Molina, Humberto Trujillo, Amador Sandoval, Segundo E. Cañizares y Luis Zatizábal. Agricultura e Industrias Agrícolas. Presidente, Pedro Briones, secretario, M. A. Badillo. Miembros: Alfredo Coloma, Amador Sandoval, J. A. Alemán, Francisco Pons, Vicente Domínguez y César León Hidalgo.

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Asuntos Varios. Presidente, Cabrera, secretario, Luis Zatizábal. Miembros: José Ugarte, Guillermo Eguiguren, Jacinto Jouvín Arce, Francisco Javier Salazar y Guillermo Colvín. A continuación, el señor presidente indica que la sesión de hoy debe concretarse a la lectura de las ponencias presentadas por las distintas delegaciones, de acuerdo con el programa y a su distribución entre las respectivas comisiones. El suscrito secretario da lectura al proyecto de decreto presentado por la Cámara de Comercio de Tungurahua: Exposición de motivos: señores delegados al Primer Congreso de Industriales del Ecuador: nadie mejor que el industrial, el comerciante y el manufacturero, para conocer de las necesidades que le agobian, y, por lo mismo de los remedios que cree aconsejados poner en práctica para solucionarlos con acierto. La mayor parte de nuestros desastres económicos tienen como causa genética la desorganización de nuestras actividades, la desconfianza mutua, falta de espíritu de colaboración, de asociación que nos distingue, espíritu de cooperación que uniendo esfuerzos y voluntades en pro de un ideal común se constituye en la palanca más formidable del progreso de los pueblos. El morbo de un egoísmo cerrado mina el florecimiento de actividades en potencia de alcanzar un porvenir brillante, a cubierto de fracasos y depresiones económicas que repercuten con graves prolongaciones en el bienestar de los pueblos. Nadie que mire con ojos serenos el caos de nuestra vida, en su aspecto orgánico, podrá poner en tela de juicio la urgente necesidad que hay de poner remedio inmediato a este anormal estado de cosas. Esta es la finalidad que se propone el presente proyecto de ley, enfocando resueltamente el aspecto básico del problema, como es la organización de una de las actividades productoras de la riqueza: la industria. Los honorables delegados que forman parte de este congreso, sabrán apreciar en toda su trascendencia la importancia intrínseca de este proyecto, y sabrán darle la acogida que merece, en la seguridad de que al hacerlo obrarán en pro de la industria y del pueblo en general. Domingo Romano, Presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Ambato. Por las industrias, Guillermo Colvín, José F. Cuesta, Luis Antonio Núñez. Proyecto de decreto:

El Congreso de la República del Ecuador Considerando: Que incumbe a los poderes públicos velar por el progreso de las industrias nacionales, procurando una organización de las mismas, y mejorando las condiciones de vida del trabajador,

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Que las Cámaras de Comercio e Industrias son los organismos representativos de estas actividades, correspondiéndolas la organización de ellas. Decreta: Art. 1. Facultase a las cámaras de comercio e industrias de Quito, Ambato, Guayaquil y Cuenca que en adelante se denominarán cámaras centrales de comercio e industrias, para que procedan a organizar a los industriales de sus zonas respectivas. Art. 2. La organización de los industriales ecuatorianos se dividirá en zonas, a saber: primera, segunda, tercera y cuarta. Art. 3. Cada zona comprenderá a los industriales de las siguientes provincias: primera: Carchi, Imbabura y Pichincha; segunda: León, Tungurahua, Chimborazo y Bolívar; tercera: Guayas, El Oro, Esmeraldas, Manabí y Los Ríos; a cuarta: Azuay, Cañar y Loja. Art. 4. Las cámaras centrales de comercio e industrias organizarán a los industriales de su zona respectiva, en una agrupación, que formarán parte constitutiva de cada cámara. Art. 5. Todo industrial asociado está en la obligación de consignar en la Cámara de Comercio de su zona respectiva, un cuadro de estadística mensual, indicando el volumen de la producción de cada uno de los artículos que elabora o fabrica, el volumen del consumo de los mismos, así como el saldo de existencias que quedare en la fábrica o en sus depósitos. Art. 6. A la fecha de los balances anuales, el industrial remitirá a la Cámara de Comercio de su zona, un inventario específico sobre las utilidades líquidas que hubiere obtenido en la fábrica o fábricas de su propiedad o arriendo. Art. 7. Una vez sustituidos los impuestos a la venta y a la renta, los industriales aportarán del monto de sus utilidades, el 10% en efectivo, como fondo amortizable para la construcción de casas para sus obreros, fondo que será depositado en el banco industrial que se creará para el efecto. Art. 8. La Cámara Central de Comercio de cada zona controlará, recaudará y depositará en el banco industrial, la suma correspondiente al 10% del aporte fijado en el artículo precedente. Art. 9. Cada Cámara Central de Comercio, al efectuar el depósito de los aportes de los industriales de su zona, indicará el nombre del propietario de la fábrica y el lugar donde funciona, como la cantidad del aporte entregado. Una copia certificada de estos depósitos enviará a la Dirección General de Ingresos del Ministerio de Hacienda, para el control de la exactitud de las recaudaciones. Art. 10. La directiva de cada cámara, de acuerdo con los industriales, formulará los planos de las casas para los obreros, los mismos que serán sometidos a la aprobación del Ministerio de Obras Públicas. Art. 11. La construcción de las viviendas obreras se harán de acuerdo con un tipo de casa estándar y con los fondos provenientes del aporte amortizado por cada fábrica, y en los lugares designados para ello, previo acuerdo entre el industrial y la respectiva Cámara Central de Comercio.

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Art. 12. Las casas construidas quedarán como propiedad de la fábrica respectiva y se entregarán para vivienda gratuita a los obreros de la misma, sin que por esta mejora el industrial pueda fijar canon alguno de arrendamiento, ni gravar en modo alguno el jornal de los mismos. Art. 13. Entre las obligaciones que el presente decreto establece para las cámaras centrales de comercio e industrias, éstas tienen que llenar las siguientes actividades: a) dictar los reglamentos internos de las mismas y los correspondientes a la organización de los industriales y comerciantes; b) buscar mercados para los artículos de producción excedente al consumo nacional, y c) llevar una estadística detallada de comercio y la industria de la producción, cotización y consumo de los artículos nacionales. Art. 14. Las cámaras centrales de comercio para el ejercicio de sus funciones dispondrán de los siguientes fondos: a) de las cuotas que fijaren para cada uno de los socios, comerciantes e industriales, y b) del producto proveniente del 3% que tomará del impuesto sustitutivo al de la venta. Art. 15. Los fondos contemplados en el artículo anterior, se invertirán en la construcción de edificios y gastos administrativos de las cámaras. Por el comercio: Domingo Romano y Luis Antonio Núñez. Por las industrias: Guillermo Colvín, José F. Cuesta y Maximiliano Vaca.

Pasa a la Comisión de Organización de las Industrias, con la indicación del señor presidente de que se pongan de acuerdo con los miembros de la Comisión de Cuestiones Obreras. Se lee la ponencia de las delegaciones del comercio y las industrias de Los Ríos, encaminada a solicitar de los poderes del Estado la sustitución del impuesto a las ventas, cuyo tenor es el siguiente:

La Asamblea General de Comerciantes e Industriales del Ecuador Considerando: Que es mandato, entre las reglas generales hacendarias, que los impuestos para medir la susceptibilidad de los contribuyentes, ya por lo odioso de la forma de recaudación, ya por la intromisión de la autoridad en el orden de los negocios, ya por la propensión de los abusos de parte de los recaudadores, se establezcan de preferencia indirectos sobre negocios, más bien que directos sobre la persona o sus actos. Que los impuestos directos sólo causan odiosidad para las autoridades que los implantan, y dificultad de recaudación, por el ocultamiento de la verdad, que posiblemente puedan hacer algunos contribuyentes.

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Que el impuesto llamado “a las ventas” tiene todos los caracteres de odiosidad que hemos anotado, por ser directo, y que, por lo mismo, es procedente que la autoridad encargada de la recaudación insinúe al Poder Legislativo la reforma legal de dicho impuesto. Acuerda: Art. 1. Insinuar al Poder Ejecutivo la preparación de un proyecto de ley sustitutivo de la de impuestos a las ventas y su presentación al Poder Legislativo para el efecto de que sea ley de la república. Art. 2. Enunciar al Ejecutivo que la Sociedad General de Comerciantes e Industriales verían con agrado se inspire la ley sustitutiva del impuesto a las ventas en la necesidad primordial de que la imposición sea indirecta, ya gravando el capital con que se gira en el negocio, ya a la introducción de mercaderías extranjera, ya de cualquier otra manera que e vite lo odioso del impuesto actual. Art. 3. Para el efecto de que el anhelo de la sociedad en este sentido sea una realidad, la asamblea general designará una comisión de su seno para que concurra y sostenga ante el Congreso la necesidad de esta sustitución. Los gastos que demanda esta delegación al Congreso serán pagados por la sociedad. Art. 4. La asamblea declarará preciso e indispensable para la buena marcha del comercio e industrias la sustitución del impuesto a las ventas y, por consiguiente, de interés general para la Sociedad General de Comerciantes e Industriales. Dado, etc. El delegado por las industrias, Miguel A. Uquillas. El delegado por las industrias, Segundo Enrique Cañizares. El delegado por el comercio, Jorge Álvarez Lara. El delegado por el comercio, Alberto Cumba Molina.

Pasa a la Comisión de Sustitución de Impuestos. Se lee la siguiente ponencia de las mismas delegaciones sobre el desarrollo de la vialidad en la república.

La Asamblea General de Comerciantes e Industriales del Ecuador Considerando: Que es indispensable para el intercambio comercial e industrial que existan buenos caminos, tanto para el transporte de las personas como el de los productos agrícolas manufacturados y del comercio.

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Que la vialidad es y ha sido en todo país, el empeño máximo para encontrar su progreso. Que el sistema vial existente en nuestra república, especialmente en las provincias del litoral, es sumamente rudimentario y por exceso de fertilidad de su suelo, hace que se borren fácilmente hasta los trilles, dejando sólo selva espesa en vez de aminos o carreteras. Que es indispensable que la Asamblea de Comerciantes e Industriales que representan capitales invertidos para negocios, se preocupe de extender la vialidad en la república, a fin de que pueda progresar el comercio e industrias, encontrando mayor facilidad de transporte entre las fuentes productoras de materia prima y de mercados de consumo. Acuerda: Art. 1. Excitar al Poder Ejecutivo para que poniendo en práctica la ley vigente de caminos, y con vista del presupuesto de obras públicas, extienda, por medio de sus autoridades administrativas, la red e carreteras que debe unir entre sí todos los pueblos y atravesar todas las importantes zonas de nuestra fértil república. Art. 2. Insinuar a las cámaras de comercio la necesidad de propulsar la construcción y conservación de caminos vecinales, cooperando, en la forma que crean conveniente, el despertar cívico de las colectividades, en el sentido de que sientan y anhelen con fervor la necesidad de construcción de carreteras y cooperen a ello como buenos ecuatorianos. Art. 3. Solicitar de los propietarios de fundos agrícolas su aporte de gente e iniciativa, para el efecto de que pronto sea una hermosa realidad una red amplia de buenos caminos en el Ecuador. Art. 4. Solicitar a la prensa nacional, tan patriota y entusiasta por el progreso del país, su valiosa, cuanto estimulante, cooperación incrementando la campaña de vialidad, al efecto de que en este año, en su estadística de caminos, pueda el país anotar un triunfo marcado en la sección carretera. Art. 5. Declarar obra vital para la nacionalidad ecuatoriana la construcción, conservación y mejora de las carreteras y pedir a las autoridades el máximo de su apoyo para esta obra. Dado, etc. El delegado por las industrias, Miguel A. Uquillas. El delegado por el comercio, Jorge Álvarez Lara. El delegado por las industrias, Segundo E. Cañizares. El delegado por el comercio, A. Cumba Molina.

Pasa a la Comisión de Transportes y Vialidad.

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Otra ponencia de las mismas delegaciones acerca de la reglamentación de comerciantes y dependientes y entre patronos y trabajadores, pasa a la Comisión de Cuestiones Obreras.

Asamblea General de Comerciantes e Industriales del Ecuador Considerando: Que es indispensable regular la marcha interna de los negocios, contemplando con serenidad y sinceridad, todos los problemas relacionados con el esfuerzo, tanto de patronos como de obreros, la armonía que debe reinar entre ellos, el espíritu de justicia que es preciso prime en todo orden de relaciones entre seres humanos. Que el espíritu moderno excesivamente suspicaz, despertando sospechas de unos sobre los otros de estos dos factores importantes de la producción, el capital y el trabajo, ha creado una especie de sisma permanente y odiosidades recíprocas entre patronos y obreros. Que labores doctrinarias patrocinadoras de esta separación de afectos, obstaculizan la producción, creando situaciones difíciles y dolorosas entre ambos factores y soliviantando las pasiones humanas. Que es indispensable que los comerciantes e industriales establezcan normas fijas, para la relación cordial, entre los valores efectivos de la producción de riqueza, Acuerda: Art. 1. Establecer el presente estatuto que servirá de norma para regular las relaciones económicas entre comerciantes y dependientes, entre industriales y obreros de la república del Ecuador. Este estatuto comprenderá en sus disposiciones, no sólo las leyes vigentes de nuestro país sino las conclusiones científicas, las normas de valor universal, aceptadas como relaciones verdaderas, en las relaciones económicas mundiales. Art. 2. Para las relaciones comerciales entre los factores capital y trabajo en el Ecuador, se denominarán patronos todos los elementos que representan el capital simplemente, o el capital y el trabajo, y sea éste de la pluma o trabajos intelectuales, ya del músculo o trabajos manuales. Art. 3. Al capital, o sea al patrono, corresponde la dirección y administración de toda empresa por cuanto los riesgos de pérdidas o las esperanzas de ganancias le son pertinentes. Al obrero corresponde la disciplina u obediencia racional. Art. 4. El capital correrá en absoluto con el riesgo de las pérdidas ya que a él se concede la dirección y el cálculo de probabilidades de éxito de todo negocio. El obrero, en ningún caso, deberá soportar dicho riesgo, porque su cooperación es sólo actual y sus

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necesidades fijas, y como carece de capital no permiten esas necesidades ser satisfechas sino con el valor de su esfuerzo, o sea con su jornal. Art. 5. Como el contrato de servicios personales es un acto de voluntad deliberado y como los actos de voluntad libre no deben encuadrarse dentro de normas fijas, ya que dichos actos sobre todo los de relaciones económicas están sujetos a múltiples circunstancias personales o sociales, no es posible en el presente estatuto, establecer leyes fijas sobre el contrato de servicios personales, en lo referente a salarios por remuneración. Con todo, como es preciso dejar establecidas las bases de cordialidad, y definidos derechos y deberes de patronos y obreros, en el punto básico de la remuneración o salario, se establece: 1. El salario o precio de un trabajo será previamente estipulado entre el patrono y el obrero. 2. Esta estipulación tendrá por base las tarifas o escalas, que en cada industria o empresa tendrán la obligación de hacerla previamente sus dirigentes. 3. Estas escalas o tarifas se establecerán tomando en cuenta el grado de esfuerzo intelectual o muscular, la naturaleza del trabajo en sí, ya sea que exija instrucción técnica especial o simplemente esfuerzo mecánico, la zona donde debe realizarse el trabajo, los riesgos o peligros que lleve aparejados el mismo trabajo, el desgaste de energías o vigor que el trabajo exija, etc. 4. Estas tarifas o escalas, impresas en grandes caracteres, deberán constar en los lugares más visibles de la fábrica y servirán de norma general para todos los contratos de servicio sin distinciones ni preferencias odiosas. 5. En esta escala o tarifa se incluirán también el valor de medios jornales, o sea los de aquellos obreros que, como los niños o muchachos, puedan hacer trabajos que exijan pequeño esfuerzo o menos horas de acción. 6. En la escala o tarifa se comprenderá no sólo los salarios de obreros propiamente dichos, o sea los de los que trabajan en la industria a la cual está destinado el negocio, sino la de los sirvientes o domésticos que prestan sus servicios como tales, así los barrenderos, limpia muebles, etc. 7. Para fijar el mínimum de los salarios en las tarifas antedichas se tendrá en cuenta lo que determina la ley especial sobre salario mínimum y, a falta de ley, a la costumbre de lugar atentas las dificultades o facilidades de vida que se presenten en el lugar dicho. Art. 6. Siendo el contrato de salario un acto voluntario, éste se establece por el solo querer de las dos partes contratantes, patronos y obreros y, por lo mismo, para su terminación no requiere otra cosa que la mutua voluntad de las partes contratantes. Con todo, cuando falte la voluntad de una sola de las partes contratantes, puede también concluir un contrato, pero en este caso, la parte que desee que concluya el contrato noticiará a la otra para dicha terminación. El plazo para este desahucio será el de una semana antes del día en que se desee termine el trabajo; y, llegando este plazo la parte desahuciante tendrá derecho a dar por terminado el contrato, y abandonar el trabajo si fuere el obrero, u obligar a desocupar la empresa o fábrica, si fuere el empresario. Si el obrero o el empresario quisieran hacer

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terminar de hecho el contrato antes de la semana enunciada, podrán hacerlo abonando una u otra el valor de los salarios de la semana de trabajo. Art. 7. Como los elementos integrables de la producción de la riqueza son el trabajo y el capital, y como a pesar de que todos los riesgos de pérdidas se hallan a cargo del director, empresario o patrono, para humanizar un tanto la relación económica entre el obrero y el empresarioes preciso establecer para el obrero una participación en las utilidades de la empresa, ya que muchas veces el salario es consumido inmediatamente y el obrero puede llegar, no obstante su labor y honradez, a situaciones precarias; se establece que toda empresa concederá a sus obreros un 5% anual sobre la ganancia líquida. El reparto de este 5%, lo harán las empresas, cada seis meses en diciembre y en junio, en proporción a su salario. Art. 8. Además los empresarios están en la obligación de conceder un 5% anual sobre la misma ganancia líquida, para la atención médica o accidentes de trabajo que ocurran en el año entre sus obreros, ya por epidemias o por otros motivos. Si durante el decurso del año no se hubiere consumido el valor de este 5%, el saldo acrecerá la cantidad que deberá repartirse como participación de beneficios. Art. 9. Cuando el obrero de una fábrica o empresa se enfermare, además de su cuota por medicina tendrá derecho al goce del jornal íntegro durante la primera semana y de medio jornal durante la siguiente. En las restantes semanas gozará de los auxilios médicos mas no de los de jornales, a menos que la enfermedad sea por accidentes de trabajo ocurrido durante las horas de servicios. Art. 10. Cuando un obrero falleciere en ejercicio de funciones, la empresa o fábrica concederá una cantidad que se llamará cuota mortuoria, que se sacará de otro 5% de las ganancias líquidas en cada año y se repartirá en proporción al número de fallecidos y a la cantidad de jornal que ganaba cada uno. Si en el año no ocurriera ninguna defunción, el fondo mortuorio irá acumulándose para poder atender los gastos de defunciones en los años subsiguientes. Si la acumulación llegare a cinco años sin que haya ocurrido ninguna defunción, este valor acumulado se repartirá entre los obreros que hubieren trabajado durante cinco años, en proporción de sus salarios y al tiempo de servicio, como participación de utilidades. Art. 11. Como es muy dura la situación en que queda la familia después de la muerte del jefe, las empresas reservarán un 5% de sus ganancias líquidas anuales para repartirlas entre las familias de los obreros fallecidos, en forma de auxilio del fallecimiento y en proporción a la calidad del obrero fallecido. Art. 12 Para los efectos de establecer este 20% sobre las ganancias líquidas, toda empresa está obligada a llevar libros de contabilidad para con el estudio comparativo de los ingresos y egresos habidos durante el año estimar el valor de este porcentaje. Art. 13. El 80% de la ganancia líquida corresponde al capital para pagar los sueldos o salarios al empresario, incrementar su capital, compensar sus pérdidas y atender al desgaste de maquinarias y otros implementos de la empresa.

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Art. 14. La jornada de trabajo comprendida bajo la denominación de una semana, será la de 44 horas de trabajo, ya sea éste realizado en los seis días, incluyendo el sábado inglés, o en menor número de días trabajando horas supletorias. Art. 15 Las horas de trabajo en que los 6 días de la semana exceden de las enumeradas en el artículo anterior, serán consideradas como extraordinarias y pagadas con un aumento de un 50% el valor que corresponde al obrero por horas normales. Art. 16. La semana de trabajo realizada da derecho al jornal íntegro durante 6 días, incluyendo el domingo. Si fuere menor el número de horas de trabajo, sólo dará opción a que se abone por el domingo una parte proporcional a las horas trabajadas. Art. 17. Para hacer efectivas las obligaciones y prácticos los derechos que se establecen en muchos estatutos, toda empresa designará un magistrado, que sin ser parte de la empresa, dirima cualquier controversia que se suscite entre obreros y patronos. Si las resoluciones de este magistrado no satisficieren a las partes, podrán apelar de su resolución a los comisariatos de trabajo que designará con este objeto al Poder Público, ya sean éstos los intendentes de policía en la capital de la provincia o algún magistrado del Poder Judicial, en los cantones o parroquias. Si con este fallo no convinieren las partes, y el asunto fuere de importancia, se concederá tercera instancia ante el fiscal de la Corte Suprema o ante el Presidente del Consejo de Estado, según lo acordare el Poder Público. Art. 18. La tramitación será verbal para la primera instancia y escrita en papel común para las dos instancias siguientes. En ningún caso necesitará para los reclamos intervención de abogado. Art. 19. Cuando se suscitaren divergencias colectivas o huelgas, serán resueltas en la misma forma que las divergencias individuales. Mas en ningún caso podrá autoridad pública alguna obligar a las empresas a que continúen en el contrato de salarios y servicios personales entre patronos y obreros que han tenido pugna o divergencia. Art. 20 La ejecución de mandato que contiene el presente estatuto, se realizará después que se encuentren organizados y en funciones todos los factores que se establecen en el estatuto de organización de la Sociedad General de Comerciantes e Industriales del Ecuador. Art. 21. La asamblea insinuará al Poder Público que formule y presente al Legislativo una ley concordante con los mandatos que contiene el presente estatuto. Dado, etc. El delegado por el comercio, Jorge Álvarez Lara. El delegado por el comercio, A. Cumba Molina. El delegado por la industria, Miguel A. Uquillas. El delegado por la industria, Segundo Enrique Cañizares.

Enseguida se lee la ponencia del señor Carlos Manuel Larrea, acerca de la obligación que deben tener los comerciantes e industriales de suministrar datos estadísticos. Pasa a la Comisión de Organización de las Industrias. Ponencias.

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El Congreso de Industriales reunido en la ciudad de Ambato Considerando: Que la estadística es la base fundamental para todo estudio referente a la situación de las industrias, a sus necesidades, a su protección e incremento. Acuerda: 1. Solicitar del Gobierno nacional la más eficiente y completa organización de las oficinas de estadística, dando particular importancia a los datos referentes a la industria. 2. Recomendar a todos los industriales de la república que faciliten los datos concernientes a maquinarias, capacidad productiva, cantidad de materia prima empleada y número de obreros ocupados en su respectiva industria. Dado, etc. ( Carlos Manuel Larrea, delegado por la industria de Pichincha.

La segunda ponencia del mismo señor Larrea, acerca del establecimiento de escuelas profesionales gratuitas, adscritas a las fábricas industriales, pasa a la Comisión de Cuestiones Obreras.

El Congreso de Industriales del Ecuador Considerando: La necesidad de fomentar la instrucción técnica para el progreso de la industria nacional y facilitar la práctica del trabajo industrial a fin de formar obreros aptos y experimentados, dando así oportunidades para el trabajo del pueblo y su mejoramiento económico. Acuerda: Recomendar a todos los industriales del Ecuador el establecimiento de escuelas técnicas y prácticas gratuitas, en sus respectivas fábricas, y el empleo de los mejores medios para estimular el estudio y dedicación al trabajo industrial. Dado, etc.

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La ponencia sustitutiva del impuesto a las ventas por patentes comerciales, presentada por la delegación de la Cámara de Comercio de Ambato, pasa a la Comisión de Sustitución de Impuestos. Proyecto de decreto

El Congreso de la República del Ecuador Considerando: Que los impuestos a la venta y a la renta en vigencia, ocasionan resistencia en un elemento contribuyente por la forma como se hallan consultadas las recaudaciones respectivas; Que es preciso dar al Estado, al par que un medio de recaudación más asequible al contribuyente, mejor consultado con la capacidad contributiva de cada cual, en forma que todos los ciudadanos colaboren con el Estado en el fomento del progreso nacional. Decreta: Art. 1. Créase la patente del impuesto progresivo al capital, en sustitución a los impuestos a la venta y a la renta, de conformidad a la escala contributiva que se establece: a) para los almacenes cuyo capital sea de $ 500.000 en adelante, patente de primera clase de $ 3.000 al año; b) para los almacenes cuyo capital sea de $ 400.000 y no llegue a $ 500.000, patente de segunda clase, de $ 2.000 al año; c) para los almacenes cuyo capital se de $ 300.000 y no lleguen a $ 400.000, patente de tercera clase de $ 1.500 al año; d) para los almacenes cuyo capital sea de$ 200.000 y no llegue a $ 300.000 patente de cuarta clase de $ 1.000 al año; e)Para los almacenes cuyo capital sea de $ 100.000 y no lleguen a $ 200.000 patente de quinta clase de $ 500 al año; f) para los almacenes cuyo capital sea de $ 50.000 y no llegue a $ 100.000, patente de sexta clase de $ 300 al año; g) para los almacenes cuyo capital sea de $ 30.000 y no lleguen a $ 50.000, patente de séptima clase de 200 al año; h) para los almacenes cuyo capital sea de $ 10.000 y no lleguen $ 30.000, patentes de octava clase de $ 100 al año. Art. 2. La patente al comerciante importador, exportador o agencia de negocios se cobrará al capital invertido en cada establecimiento, aunque éste pertenezca a una misma razón social. Art. 3. Las patentes industriales se dividirán en seis categorías, aplicables a cada fábrica, y la recaudación correspondiente se efectuará de acuerdo con la siguiente especificación: a) el industrial que cuente con un capital de más de $ 100.000 pagará la patente primera clase, o se $ 10.000 al año; b) el industrial que cuente con un capital que cuente con $ 500.000 y no llegue al $ 1.000.000, pagará la patente de segunda

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clase, o sea de $ 6.000 al año; c) el industrial que cuente con un capital de $ 200.000 y no llegue a $ 500.000, pagará una patente de tercera clase de $ 3.000 al año; d) el industrial que con un capital de $ 80.000, y no lleguen a $ 200.000 pagará la patente de cuarta clase de $ 1.000 al año; e) el industrial que cuente con un capital de $ 10.000 y o llegue a $ 80.000, pagará la patente de quinta clase de $ 200 al año; f) el industrial que cuente con un capital de $ 5.000 y no llegue a $ 10.000 pagará la patente de sexta clase o sea $ 50 año. Art. 4. Las compañías de explotación de minas pagarán las de primera categoría $ 50000 al año y las de segunda categoría $ 10.000 al año. Art. 5. Todos los profesionales titulados pagarán una matrícula de $ 20 al año. Art. 6. Todos los vendedores ambulantes que ejerciten el comercio pagarán una matrícula de $ 5 al año. Art. 7. Todos los demás profesionales no incluidos en la especificación anterior de carácter comercial, industrial manufacturero, etc., pagarán una patente de $ 4. Art. 8. Al efecto de los fines que contempla la presente ley, el Ejecutivo designará una comisión compuesta por un representante por la Cámara de Comercio, un miembro del Consejo Provincial y un fiscalizador de la Tesorería, en cada provincia, los cuales procederán a la calificación de los capitales de acuerdo con la escala prescrita en la presente ley. Art. 9. En las provincias donde no hubieren cámaras de comercio, se nombrará un comerciante honorable del lugar para que integre la comisión de que trata el artículo anterior. Art. 10. Las recaudaciones provenientes de las patentes contempladas en el curso de esta ley serán abonables trimestralmente y la demora en el pago de la misma será gravado con el interés contemplado en la ley vigente. Art. 11. Del monto de las recaudaciones provinciales que se efectúen por este gravamen, destínese el 3% de los mismos para el sostenimiento de las respectivas cámaras de comercio de cada provincia. Por el comercio, Domingo Romano y Luis Antonio Núñez. Por las industrias, Guillermo Colvín, José Folementor Cuesta y Maximiliano Vaca.

La siguiente ponencia presentada por la delegación de la Cámara de Comercio de Guayaquil pasa a la comisión tercera. Exposición previa: Es indudable que el comercio en sus costumbres, usos y normas, ha tenido una evolución y transformación imponderables, pues el ritmo acelerado de la civilización, el progreso y las exigencias de la vida moderna han ido produciendo modificaciones substanciales en los viejos métodos y han introducido otros sistemas, aumentando el radio de acción comercial y su rapidez.

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Dada la índole excepcional de las relaciones comerciales, de las transacciones de comercio internacional e interno en cada país, de la necesidad imperiosa de revestir la confianza, seguridades y garantías de los vínculos jurídicos que se crean, se hace necesariamente impostergable una reforma armónica y eficaz de los sistemas legales que hasta hoy rigen en el Ecuador. Un sistema legal es la concreción de principios que se forman en consecuencia con la experiencia, creencias y esas formaciones humanas sufren sus modificaciones hondas, ante la evolución de las sociedades y las conquistas imponderables del pensamiento humano. En esta virtud, urge que este Congreso se preocupe también de propugnar la reforma de sistemas legales sintonizando con la estructura de las instituciones jurídicas, comerciales, industriales y sociales de la hora presente. Estas poderosas razones que no se escapan al ilustrado criterio de los distinguidos miembros de este Congreso, me han determinado a presentar las siguientes ponencias, que me es grato someterlas a su atinada consideración: Primera. El Código de Comercio ecuatoriano no ha sufrido desde su expedición sino dos reformas, que la suprimió el Juzgado de Comercio y la que constituyó el capítulo referente a las letras de cambio y pagarés a la orden. Sin embargo, esta última ley sustitutiva ha omitido designar el funcionario ante quien deba sacarse los protestos por falta de aceptación y falta de pago, acto de vital importancia en cuanto favorece al ejercicio de recursos contra endosantes. Además, en el capítulo referente a pagarés a la orden, sea por mala traducción, sea por error, al especificarse en el Art. 79 de las reglas aplicables a estos documentos mercantiles, se ha omitido disponer que sean aplicables ciertas reglas referentes a las letras de cambio, creando así dificultades y restando seguridades al pagaré. En esta virtud, el Congreso debe recomendar que se dicten las siguientes reglas: 1. Que los protestos por falta de aceptación y pago se hagan ante los corredores con carácter público. 2. Que el Art. 79 de la ley sustitutiva de 1925, diga: “Son aplicables el pagaré, en cuanto sean compatibles con la naturaleza de este documento, las disposiciones relativas a la letra de cambio”. Se suprimiría la enumeración de artículos por quedar sujeto al pagaré a todas las reglas legales referentes a la letra de cambio. Si bien no cristalizó otra aspiración en gracia a la brevedad, sería de significar siquiera de que debe restablecerse el procedimiento mercantil, con trámites sumarios, para que las cuestiones comerciales sean resueltas prontamente. Segunda. Siendo uno de los medios más viables para las transacciones mercantiles el del cheque, en la ley especial que existe no se ha llegado a dictar reglas en las que garanticen su efectividad. Para las compraventas de mercadería, pago de créditos, etc. se acostumbra el uso de cheques; pero muchas veces esos cheques no pueden hacerse efectivos por cuanto al ser presentados se los protesta por falta de fondos. Aun cuando se dispone que el librador sin fondos queda sujeto a la pena correspondiente, en el Código penal no existe el delito declarado sino en lo que se refiere a la libranza a la orden, por lo que han quedado impunes estos giros. En esta virtud, me permito insinuar la conveniencia de que se introduzcan en el Código de Enjuiciamiento Civil y en el Código penal estas reformas: en el Art. 505 del Código de enjuiciamiento civil agregar

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“y los cheques protestados”. Con esta reforma el cheque sería título ejecutivo como lo es la letra de cambio. Siendo el cheque un instrumento de mayor difusión aún que la letra de cambio, debe revertírselo de ese carácter de ejecutivo para favorecer su cobro. En el Art. 475 del Código Penal, después de las palabras “por medio”, agregar “de una libranza a la orden, letra de cambio o cheques contra una persona o entidad que no existe o que no era su deudora, o que no debía serlo al tiempo del vencimiento, o que no lo había autorizado para girar contra ella”. Tercera. Para llevar a liquidación a las sociedades mercantiles, el sistema legal de comercio es prácticamente ineficaz, especialmente al tratarse de sociedades colectivas integradas por dos, tres o más socios. Según el Art. 347 inciso 2 del Código de Comercio debe convocarse a la junta de los socios para nombrar liquidador, pero no se especifica si esta convocatoria puede pedirse al juez competente, en caso de no hacerlo alguno de los socios o de abstenerse éstos de concurrir. Parece que la intervención debe limitarse, por lo que corresponde al juzgado ordenar que se registren los poderes. El sistema legal de comercio, en cuanto se refiere a las quiebras, es igualmente oneroso, lento y generalmente ineficaz para el fin creado: esto es, para asegurar los bienes del fallido y respaldar a sus acreedores. Con tal sistema son grandes los perjuicios que sufren acreedores y deudores; en esta virtud, es sumamente imprescindible procurar una reforma integral que restablezca un procedimiento rápido, eficaz con el que se puede llegar prontamente a una solución beneficiosa. Pero no comporta esta reforma sólo la introducción de nuevas normas de procedimiento, sino que requiere la organización de un cuerpo de peritos contables o auditores, a quienes no sólo se les pudiera encomendar las funciones propias de contadores, sino que podrían actuar como fiscalizadores por mandato del juez a pedido de los asociados de compañías o de acreedores, hacer las veces de orientadores y de síndicos en bancarrota. El ejemplo más provechoso lo encontramos en el sistema kemmeriano para la liquidación de bancos, que ha dado un magnífico resultado en la liquidación del Comercial y Agrícola en el Ecuador, en que los acreedores han sido totalmente cubiertos en el primer caso y en un fuerte porcentaje, en el segundo. J. Guillén.

Las ponencias de las delegaciones del Carchi sobre: la obligación delos comerciantes de inscribirse en los registros de las respectivas cámaras; la reforma de las tarifas aduaneras; el establecimiento de una sucursal del Banco Central y de una oficina de aforo; el cobro de un impuesto al pasaje, para el desarrollo de la vialidad, y la facultad que se debe conceder a los gobernadores para que puedan expedir salvo conducto a los viajeros nacionales y extranjeros, pasan a las respectivas comisiones. Las ponencias: Primera. Formular el respectivo proyecto de decreto, dirigido al Poder Ejecutivo, para que el próximo Congreso lo considere, referente a la obligación de todo comerciante de inscribirse en los registros de las cámaras de comercio del cantón donde tenga su

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establecimiento, sin cuyo requisito no podrá ejercer sus actividades comerciales, debiendo el secretario de la Cámara de Comercio conferir el respectivo certificado. El comerciante que no cumpliera con este requisito será penado con la multa que señala el Art. 26 del Código de Comercio. Segunda. Con el propósito de favorecer la industria nacional se hace indispensable la inmediata revisión de las tarifas aduaneras y sugerir a los poderes públicos el alza o rebaja de las mismas, en lo referente a la importación de artículos similares a los que se producen en el país. Este procedimiento requiere, a la vez, de la inaplazable expedición de una ley que determine fórmulas de beneficio proporcional de utilidades entre industrias y obreros, ya que tal determinación redundaría en estímulo para un mayor rendimiento de trabajo, con mejores ventajas para el industrial, el obrero, el consumidor y el fisco, como también una equitativa distribución de la riqueza y el capital que se reflejaría en una mayor capacidad adquisitiva y tendería a solucionar un aspecto importante del problema económico nacional. Tercera. Dada la importancia del puerto de Tulcán, respecto a la importación y exportación que por él se hacen, alcanzar del directorio del Banco Central establezca en esta ciudad una sucursal de dicho banco. Cuarta. Obtener del Ejecutivo que, para dar mayores facilidades al comercio de Tulcán, se establezca en esta ciudad la oficina de aforo de paquetes postales. Quinta. Dependiendo, en gran parte, el desarrollo de las industrias y comercio nacional de las vías de comunicación, plantear la necesidad de que, para la mejor conservación de éstas, se realice el cobro de un peaje que no exceda de diez centavos para cada acémila y de veinte por cada vehículo que transite por la carretera. Sexta. Con el fin de fomentar el turismo, solicitar del ministerio respectivo faculte a los gobernadores de las provincias limítrofes con las naciones vecinas, conceda salvoconductos a las personas procedentes de dichas naciones que, con certificados que merezcan crédito respecto a la buena conducta y honradez, deseen viajar al territorio nacional, por tiempo prudencial que no excederá de treinta días. Ambato, marzo 23 de 1935. Plutarco Paz, Augusto N. del Hierro.

La ponencia del señor delegado señor Lainer, sobre reformas aduaneras, pasa a la Comisión de Arancel de Aduanas. Ponencia de Sinja Lainer, representante de la fábrica de tejidos El Inca, de Guayaquil, para que el Congreso de Industriales del Ecuador proponga, a quien corresponda, que el impuesto a la introducción de hilos de seda, algodón y lana, preparados para fabricar artículos de punto, no exceda del 10% ad valoren; que la introducción de artículos manufacturados en el extranjero, con dichas materias primas, se aumenta en un 100% con relación al actual arancel. Esta proporción se basa en la necesidad inaplazable de proteger el desarrollo de la incipiente industria nacional, tal como lo hacen otros países, especialmente la república del Perú, con la cual el Ecuador tiene tratado de libre

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intercambio comercial por Macará. En la indicada república se cobra, según consta con la regla 46 del arancel de aduanas, el 10% ad valoren a la introducción de la materia prima destinada a la industria de los tejidos de punto y en cambio a la importación del artículo manufacturado se grava con un porcentaje superior, como por ejemplo con el hilo de seda artificial que paga 0.75 centavos, (partida 372 del arancel) y un kilo de tejido de punto de la misma materia, paga 25 soles (partida 405). Con esto se puede observar la enorme diferencia del aforo peruano entre la materia prima y la manufacturada, todo en beneficio del incremento industrial del país, cuyo magnífico sistema proteccionista debe seguir el Ecuador. Además, la invasión de los artículos japoneses a los mercados ecuatorianos, proviene de que su costo es muy reducido al extremo de que el artículo manufacturado se cotiza a un precio más bajo que el de la materia prima. Las ponencias que la delegación del Azuay presenta a la consideración del Congreso de Industriales, pasan a las comisiones respectivas. Las ponencias: Primera. Que se recomiende al Poder Ejecutivo una junta de control de exportación, a fin de que los productos exportables sean seleccionados y uniformes. Segunda. Que siendo la vialidad un factor primordial para el desarrollo del comercio y las industrias, el Congreso recomiende al Poder Ejecutivo continuar con esa sana política administrativa, especialmente en lo que respecta a las provincias australes, cuyos productos exportables (de gran peso, por tratarse de minerales como el mármol, tierra aurífera, etc.) necesitan de vías de comunicación y además por ser un distrito consumidor en gran escala de productos agrícolas. Tercera. Que el Congreso de Industriales, recomiende al Poder Legislativo que en las reformas que deben hacerse a la Constitución, se contemple dos representantes funcionales por las industrias, uno por el Litoral y otro por la Sierra. Los delegados: M. Heredia Crespo, M. Arturo Cisneros, Julio C. Vinueza y Cornelio Veintimilla.

El doctor Heredia Crespo dice: Señor Presidente: la delegación azuaya no creyó oportuno presentar sus ponencias en forma de decretos para que las comisiones respectivas se encarguen de esta labor, puesto que pueden haber ponencias semejantes presentadas por otras delegaciones; en cuyo caso pueden ser suprimidas, o bien, pueden enmarcarse dentro de otras ponencias que se relacionen íntimamente con los mismos asuntos. Son tres las ponencias que presenta la delegación azuaya y que el señor presidente se designará disponer que pasen a las comisiones que juzgue oportuno. Las nueve ponencias de la Asociación de Farmacéuticos de Guayaquil, presentadas por los delegados Roberto Leví y J. Miguel Alemán sobre diversos tópicos, pasan a las respectivas comisiones. Las ponencias: Formación de laboratorios biológicos y estaciones agrícolas en varias partes del interior, que deben ocuparse en la escogida de sembríos y de semillas de papas, de

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cebada y trigo, para conseguir mayor rendimiento, y cebada cervecera que también se deje utilizar para malta, sin enturbiar la cerveza y cebada para la panificación. Que se estudie la elaboración de almidón de las papas. Que en los laboratorios biológicos se elaboren los fermentos para lechería y quesería para mejorar la producción de quesos y mantequilla nacionales. Que la fermentación de los quesos sea con cuajo y cultivos puros y estandarizados, renovados constantemente para evitar su degeneración. Que se garantice de manera eficiente la profesión de farmacéutico, tanto de los científicos como de los industriales, con la aplicación de las leyes permanentes y la sanción al empirismo, que amenaza esta profesión con manifiesto daño a la salud pública. Que se contrate verdaderos técnicos para que enseñen, como agregados a la sección química industrial de la Universidad Central de Quito, todo lo que se refiere a la industria de tejidos, la preparación de fibras animales y vegetales, su conservación y teñido. Que se agregue a la misma sección universitaria una sección de minería, dirigida por expertos en mineralogía y geología y que se añada a un laboratorio para análisis de minerales. Que el Gobierno haga inspeccionar, estudiar y analizar las betas de las montañas del interior por estos expertos para exportarlas por cuenta del mismo Estado, para que su rendimiento ayude a sostener el presupuesto nacional. Que el Gobierno ayude a los sembradores del almidón de achira en el Azuay en sus estaciones de agricultura, para que sus semillas sean estandarizadas y que se produzca entonces la más blanca, y que se de a estos agricultores los implementos necesarios para que puedan elaborar una tapioca que sea exportable en la forma granulada como el sagú de Singapur y el arrowrrow de San Vicente. Que el Gobierno traiga aldeanos de Bélgica o de Holanda para que enseñen el cultivo y elaboración de la fibra de lino; no se necesita expertos costosos sino aldeanos que realizan la actividad a nivel casero. Estos aldeanos en una corta temporada enseñarían, tanto el cultivo como la preparación de fibra. Que el Gobierno destine una suma para la importación de semillas de alhucema, almendras dulces y anís, para repartirlas en las zonas de Imbabura, Pichincha, León y Tungurahua, especialmente en la zona entre Patate y Baños, donde hay lugares apropiados para estos cultivos. Que el Gobierno ponga mayor atención a la apicultura y reparta en el interior colmenas de abejas para que la industria de la elaboración de miel y cera se hagan sobre una base racional; que se traiga centrífugas pequeñas para la separación de miel y cera y se habrá creado una industria sin mayor desembolso para el Estado. Esta industria de miel y cera para exportarlas producirán a la agricultura y al Estado rentas considerables. Que el Gobierno traiga adelantos de México, entendidos en el cultivo de la vainilla y que se los lleve a Balzar, Colines y Catarama para que en estas zonas enseñen a cultivar la vainilla. Con estas medidas se aumentará el cultivo de frutos exportables, cuya producción se adaptará a la idiosincrasia de nuestros aldeanos. Que se traiga semillas de nuez de kola, de habas de tonka y nuez moscada, para que se reparta a los agricultores pequeños de la Costa y que también se traiga aldeanos que sepan cultivar y preparar estos frutos, para que instruyan a nuestros campesinos. Si se logra los cultivos indicados independizaremos la Costa del monocultivo peligroso del cacao y habremos creado una producción nueva que en 3 o 4 años pueda dar lo suficiente para reemplazar el déficit de exportación por falta de cacao. 153


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Se dan iguales resoluciones a las 20 ponencias de la Federación de Industriales del Guayas: Primera. Acogiéndose los industriales al precepto de la Constitución de la República, que garantiza la libertad de industria, pide la derogatoria de todos los decretos que fijan precios a los productos del país; y solicita que se dé completa libertad a los agricultores e industriales para la fijación de precios de venta de los artículos, los cuales no pueden tener otra ley que la natural de la oferta y la demanda. Segunda. Que se suprima los Arts. 4 y 5 del proyecto de salario mínimo que se halla pendiente en la Cámara de Diputados, por cuanto los tres primeros artículos del citado proyecto, indican ya la manera cómo fijar el salario mínimo en cada región, de acuerdo con las necesidades de los mismos obreros y según el estado económico de cada provincia. Pues los dos artículos precitados son enteramente contraproducentes a la idea de un salario mínimo regional, desde que todas las provincias no pueden estar en iguales condiciones en la oferta y demanda de trabajo. Tercera. Accidentes de trabajo, enfermedades e invalidez. La finalidad de esta ponencia es impedir que el obrero al sufrir algún accidente, enfermedad o invalidez, por causas extrañas a su voluntad, tenga que acudir a medios extremos y hasta la beneficencia, para su manutención o curación, puesto que no existe una forma legal que le garantice el beneficio de una ayuda eficiente para el sustento y curación, tal como una subvención oficial y otra análoga. Para atender estos gastos se puede destinar el 1% sobre el jornal o sueldo que percibe el obrero, pagaderos por los propios beneficiarios más el 1% como contribución de los patronos. Con la creación de este 2%, sobre los salarios de obreros y empleados no fiscales ni municipales, se pueden acumular fondos para fundar una Caja de Seguros, cuya administración debe estar a cargo de una junta mixta de obreros y patronos. Dichos fondos aparte de su objeto principal, podrían servir también par suministrar préstamos, con las seguridades de estilo, a los obreros y empleados de las industrias de las cuales emanaren dichos valores. Se reglamentaría debidamente este servicio. Cuarta. Que se elimine en la ley de Trabajo la jurisdicción de las intendencias y comisarías, y que en su lugar se establezcan jugados arbitrales, integrados por obreros y patronos. Aquellos tribunales juzgarían no solamente los casos a que se refiere la Ley de Trabajo e indemnizaciones, sino además, las diferencias, reclamos, etc., entre patronos y asalariados. Clasificación del obrero por medio de un carnet personal, según modelo que al efecto se acordaría. Quinta. Las materias primas que son de producción agrícola, minera o de otras fuentes, deben llegar hasta los industriales en forma económica y fácil, de suerte de evitar que con calidades deficientes o precios elevados, se tenga que recurrir a la importación de similares. Para conseguir esto, atender a la pureza de dichas materias y revisar favorablemente las trifas de transporte. Sexta. Leyes proteccionistas de aduanas. Nóminas de las materias primas más indispensables en el uso industrial, sujetas a importación y de otras elaboradas en el país. Su aplicación y necesidades.

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Séptima. Que el estanco de alcoholes no cambie el precio del alcohol industrial para uso de elaboraciones industriales sean éstas cuales fueren, y que mantenga firme el precio de $ 1 (un sucre) sin distinciones en su distribución. Que la existencia en los depósitos sea permanente para la venta a las industrias. Tener en cuenta que las nacientes industrias alcoholeras necesitan un precio módico y estable para poder desarrollarse y competir con sus similares de otros países, donde el alcohol industrial se suministra a precios mucho más bajos a fin de ayudar la exportación de sus preparaciones industriales, con lo que adquieren gran ventaja sobre los productos fabricados en el Ecuador. Octava. Estandarización de las semillas de arroz por medio de la importación de semillas de arroz escogido, que se vendería a las piladoras para que éstas, a la vez, las distribuyan entre los agricultores. La idea principal de esta ponencia es obtener de las plantaciones de arroz mayor producción de un buen grano, que serviría tanto para el consumo interno cuanto para la mayor exportación del artículo. Por otra parte, prohibir por decreto la siembra de otra clase de arroz que no sea la de semillas entregadas, de manera que en las piladoras no haya confusión ni mezcla de clases como hoy acontece, sino uniformidad de una o dos clases máximo. Que se importe semilla de arroz apropiada para cada zona, de acuerdo a la indicación del Director de Agricultura del Litoral. Novena. Estandarización de harinas nacionales. Que el Gobierno proceda a la estandarización de las harinas de trigo y cebada nacionales, poniendo y mejorando la agricultura ecuatoriana en condiciones tales, que se pueda sembrar semillas cuyo valor y cualidades sean probadas en las estaciones agronómicas del Estado que hayan dado buen éxito, para garantizar un rendimiento y calidad uniforme, de acuerdo con la región del plantío. Que el Gobierno disponga a los terratenientes aumentar progresivamente, cada año, el sembrío de trigo y cebada. Que se estimule a los agricultores que hayan aumentado el 50% de sembríos de trigo, instituyendo premios que fluctúen entre 1.000 a 5.000 sucres, a los que se hayan hecho acreedores a esta prima. Décima. Que inspectores educados en la Escuela de Agricultura del Estado recorran los campos instruyendo y enseñando a los agricultores los métodos prácticos de preparar, cosechar y conservar los diferentes productos del país, tales como el arroz, el trigo, la cebada, el algodón, el cacao, caucho y otros de consumo interno y de exportación, para obtener de este modo el perfeccionamiento y mejor presentación de dichos artículos. A nadie se le oculta de que una buena cosecha depende de negociación en los mercados con resultados económicos beneficiosos. Crear cursos de agronomía ambulante en distintas zonas de carácter obligatorio para lograr la finalidad antedicha. Décima primera. Que se importen por cuenta del Estado, cerdos de raza para el cruzamiento con las razas nacionales, y por este procedimiento mejorar las crías, y en consecuencia, la carne y la manteca, hoy escasas. Que se establezcan en las estaciones agropecuarias sistemas de alimentación estándar, que sirvan para la atención y engorde de cerdos, en cuya alimentación pueden usarse el polvillo de arroz, la melaza y desperdicios de los mataderos, rebajando para el efecto los fletes de ferrocarril a esta clase de artículos, a fin de que las diferentes regiones del país puedan proveerse de los mismos a precios bajos, regulados para las necesidades de la cría de ganado menor. Que se sostenga un servicio de veterinarios para supervigilar la cría de cerdos y toda clase de ganado en toda la república. Que se establezcan ferias y exposiciones provinciales de ganado porcino y otros ganados, con el objeto de estimular las buenas crías y a los ganaderos, concediendo

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primas en dinero y medallas a quienes presenten crías modelos, como también artículos industrializados de la misma procedencia, por ejemplo, manteca, carnes preparadas etc. Décima segunda. Educación del indio como factor importantísimo en el adelanto del país, haciéndolo consumidor tanto como productor. Su consumo económico daría poderoso impulso al desenvolvimiento industrial ecuatoriano. Hacerle productor pero también activo elemento de consumo. Dedicar detenido estudio a esta proposición, procurando resolver los medios de que el indio no sólo sirve para el trabajo, sino también para el adelanto moral e intelectual de su raza. Todo esto en conformidad, indudablemente, con los recursos de la región en que habitan. Décima tercera. Pedir al Gobierno, que ha tenido el acierto de auspiciar este congreso, el primero en el Ecuador, que las decisiones o acuerdos que se tomen en este certamen, sean considerados y ejecutados ya por medio del Poder Ejecutivo o ya por la resolución de la próxima legislatura de la república. Décimo cuarta. Que se aumente en la Cámara del Senado una curul funcional, destinada a representar la industria del litoral, en la misma forma que lo está el comercio, por un senador por cada una de las dos regiones. Actualmente el senador por la industria es uno solo. Los intereses industriales tanto del interior como de las provincias porteñas exigen que deben indispensablemente ser dos, para que cada uno de ellos que dedique al estudio de las cuestiones industriales correspondientes. Décima quinta. Que se cree un Ministerio de Agricultura y Fomento, separando este ministerio de los otros existentes, por cuanto únicamente un solo departamento no puede atender tantos problemas de importancia. Décima sexta. Que se funde un servicio de estadística de producción industrial y agrícola en todas las provincias del país. Décimo séptima. Que se atienda a la vialidad de la nación, puesto que la industria no puede prosperar sin caminos transitables durante todo el año, tanto para transportar materias primas, cuanto para repartir sus productos. En especial debe cuidarse los caminos interprovinciales del Guayas, Los Ríos y Manabí. Décimo octava. Que sea revisada la ley de marcas, dado que la ley actual no garantiza eficazmente las marcas, pues sus disposiciones son demasiado amplias, igual que la de patentes que no garantiza como es debido los inventos y procedimientos industriales. Décimo novena. Que el precio de la sal para la industria de cueros y pesquería no exceda de $ 4.00 por quintal, a fin de que la conservación de las pieles en el interior, y del pescado en la Costa, sea lo más perfecta posible y se preste consiguientemente para un intercambio conveniente entre las dos regiones citadas. Vigésima. Para los fines de reglamentar el trabajo, la federación presenta un modelo que aprobó el 17 de octubre de 1934 y en el que se hallan contemplaos casi todos los puntos inherentes a las industria: horario, condiciones, disciplina interna y otros. Por la Federación de Industriales del Guayas: el presidente, doctor Roberto Leví. El vicepresidente, licenciado Jouvín Arce. Vocal, Pedro Briones.

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La ponencia de la Cámara de Comercio de Guayaquil sobre el cultivo de arroz, pasa a la Comisión de Agricultura e Industrias Agrícolas, cuya constitución se acuerda. Necesidades del cultivo arrocero. Desde hace muchos años el arroz, considerado como uno de los productos más nobles de nuestra agricultura, ha venido produciendo cantidades de consideración que enriquecen nuestra economía nacional, pero, desgraciadamente no se ha hecho hasta estos momentos nada que conduzca a aumentar la producción de tan importante grano. Los trabajos de cultivo que son utilizados actualmente no han variado en lo más mínimo desde pasadas épocas, por eso, el rendimiento de este producto permanece estandarizado en cantidades ya conocidas, fluctuando solamente, pero en pequeña proporción conforme al precio que haya alcanzado en anterior cosecha; por otra parte, el mismo descuido de los agricultores que no han tratado de mejorar la semilla, produciéndose un arroz muy deficiente que proviene de la degeneración de la semilla que se ha venido cultivando desde épocas remotas, como también la ninguna clasificación que se hace de ella, impide que se venda con facilidad en los mercados del exterior. De desear fuera que se haga una verdadera campaña para lograr que se introduzcan mejoras en el cultivo, realizando una extensa propaganda en que se demuestren las ventajas que proporciona el utilizar métodos de acuerdo con los adelantos actuales, con lo que obtendría una reducción del costo del producto, no quedando por consiguiente los sembradores a merced de los jornaleros que, con sus enormes exigencias que imponen por la escasez de los mismos, gravan enormemente el costo de este grano. Así mismo sería de desear que el Banco Hipotecario, que es el llamado a beneficiar a la agricultura en general, desplegará una política más liberal favoreciendo especialmente al pequeño agricultor con el establecimiento de agencias en las zonas de mayor cultivo, para un mejor control del dinero a prestar y una constatación de las verdaderas necesidades de los mismos o, en su defecto, establecer oficinas informativas que cumplan eficientemente su cometido. Semilla. Para conseguir un aumento de consideración en las exportaciones, actualmente restringidas por la escasez de calidades que impone una estandarización de la semilla, clasificando para eso la que obtenga mejor aceptación en los mercados consumidores. Actualmente merece preferencia la variedad llamada fortuna (morado), por su grano grande y uniforme. Sin embargo para la mejor elección sería de convocar una reunión de agricultores y exportadores con la asistencia del Director de Agricultura del Litoral, los que con mayor conocimiento se pronunciarían a favor de una variedad, entre las que contamos, por su buena aceptación en los mercados consumidores y su buen rendimiento productivo, beneficiando directamente tanto a los productores como al país. Por otra parte, por intermedio de la Dirección de Agricultura debe procurarse la importación de otras variedades de semillas cuyo consumo esté asegurado en otros países a los que pretenderíamos llegar con la producción de las nuevas calidades, que se dedicarían, al principio, a cosecharlas en las estaciones experimentales que el Gobierno tiene establecidas y en las que se registrarían las bondades de las mismas. En caso de que éstas redunden en rendimiento productivo, debería venderse al costo de los agricultores o verificar permuta con sus arroces, a la vez que una extensa propaganda demuestre a

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nuestros sembradores las ventajas que les reporta al cosecharlo y el precio que obtendrán por la mejor calidad. Con esto evitaríamos también el gran estancamiento que sufren las piladoras de arroz cuya calidad no puede ser exportada, con un enorme perjuicio para ellas, ya que son enormes los esfuerzos que realizan para poder presentar un arroz conforme a las exigencias de los centros consumidores. Actualmente la agricultura arrocera afronta un grave peligro por la enorme difusión que ha obtenido una variedad de arroz llamada comúnmente “canilla”, que por su enorme rendimiento ha sido preferida por nuestros agricultores, sin detenerse a considerar que esta calidad es rechazada en los mercados consumidores de Chile, Perú y Colombia, únicos compradores en la actualidad de nuestro arroz, por su inferior calidad, con un enorme perjuicio para la industria y la economía nacional. Por tal motivo y en defensa de la agricultura arrocera, debe tomarse alguna medida radical para que impida que dentro de poco, lo que hoy es floreciente riqueza, se convierta en fracaso, con el consiguiente perjuicio para nuestra región, aparte de las cuantiosas pérdidas que soportarían nuestras industrias y comercio por el estancamiento forzoso de las cosechas. Al respecto me permito sugerir que de no logarse una completa abstención de la siembra de esta variedad, por lo menos, debería limitarse su producción, ya que es posible asegurar su consumo en los mercados de nuestro país. Así mismo debería hacerse conocera nuestros agricultores, por medio de circulares, el enorme peligro que representa la introducción de esta variedad por su ninguna aceptación en el exterior y exigirles mayor interés en la clasificación de las calidades dedicadas a la siembra, ya que al hacerlo aseguran un mayor beneficio económico y prestigio al país. Producción anual. Para una mejor ilustración sobre el volumen que alcanza la producción total de arroz, reseñaré a continuación, según estadísticas proporcionadas por la Intervención de Zona, las cantidades producidas en los últimos cuatro años. 1931

571.629,29

1932

512.782,11

1933

649.263,62

1934

853.750,25

Como se notará, en el último año se ha registrado un aumento importante en relación a la producción de años anteriores, lo que se lograría intensificar con un tesonero esfuerzo de parte de las instituciones llamadas a velar por el éxito de la agricultura; con el apoyo de los poderes púbicos se logrará que se aumente año por año la producción. Exportación. Consecuencia de lo anterior, obtendríamos inmediatamente una mayor producción. Refiriéndome a las estadísticas publicadas por la eficiente revista Cámaras de Comercio, la exportación de arroz en el presente año ha sido de K. 4.700.394 kilos, o sea de 102.182,45 quintales, con un ingreso de $ 1.588,242, provenientes de la exportación. Como se notará, estas cifras no dejan de ser de consideración, pero si tomamos en cuenta la misma estadística de la mencionada revista, que reseña existencias en los graneros de la república, notaremos que al 31 de diciembre del pasado año existían en bodegas la cantidad de 408.225,09 quintales con los que se atienden las

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necesidades interiores para la nueva cosecha que empezará a recogerse en este mes de mayo, y como las mismas estadísticas a que me refiero registran un consumo mensual que fluctúa en 60.000 quintales mensuales, resulta que tendremos un saldo favorable de más de 160.000 que, de haber sido exportado, nos significaría un ingreso aproximado de $ 2.500.000 al no influir las razones que dejo anotadas en el párrafo anterior. Este aumento o saldo, de no tomarse medidas que nos permitan venderlo con facilidad en el exterior, pasaría a aumentar los saldos que año tras año tendrán que irse acumulando por falta de mejoramiento en la semilla. De llevarse a la práctica algunas de estas medidas conducentes a lograr una mayor producción exportable, las demandas de parte de los países consumidores se registran inmediatamente, aparte de la labor que sería de esperar por parte de nuestro Gobierno al ordenar a los representantes diplomáticos se haga conocer, por medio de exposiciones o en propaganda o circulares, la calidad de nuestro arroz como las direcciones de nuestros exportadores para que se dirijan a ellos en pos de muestras y cotizaciones, logrando de modo inmediatoy con general beneplácito, un mejor rendimiento económico para la agricultura, la industria y el país en general.

El delegado Badillo expone que el tiempo le ha venido estrecho para presentar las ponencias de la delegación de Bolívar y como las tiene en borrador, solicita permiso para leerlas personalmente. Así lo hace. La presidencia resuelve que cuando las presente por escrito, pasarán a las comisiones respectivas. El señor Chávez. Señor presidente: había pedido la palabra antes de que comenzara a hablar el señor delegado que acaba de hacer uso de la palabra, para indicar que, acogiéndose a uno de los artículos del reglamento interno del congreso, cualquier delegación puede presentar sus ponencias hasta el día de mañana. El señor Coloma. Señor presidente: quiero manifestar que he pedido a mis compañeros de la delegación de Bolívar que me excusaran de suscribir esas ponencias, porque, en mi calidad de senador provincial, no es conveniente que lo haga; sin perjuicio de cooperar en todo sentido al mayor éxito de las labores de este Congreso. El doctor Ledesma. Señor presidente: Manabí podría presentar una multitud de ponencias que acaso constituirán un libro, por la extensión de su territorio y su riqueza misma, pero ya son tantas las que se han presentado, que creo no va a haber tiempo ni para presentar oportunamente los respectivos informes. En consecuencia, sólo voy a pedir verbalmente que en una de las ponencias presentadas aquí, creo que por la Federación de Industriales del Guayas, se agregue que se importen cactus sin espinas y henequén para la siembra en las zonas secas de Manabí. Y en lo que respecta a frutos provinciales, cuando se discuta al respecto, he de concretarme a apoyar los puntos principales señalados por la Cámara de Comercio de Ambato. Con eso creo

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que tenemos más que suficiente para un mes, no digo para siete días, pero que quede constancia que para Manabí he pedido que se importen cactus sin espinas y henequén; y que para la enseñanza de estos cultivos se contraten aldeanos de San Francisco de California y de México. El señor presidente sugiere el estudio de una ponencia relativa a recomendar a los poderes públicos, atiendan con preferencia a la irrigación de la rica provincia de Manabí. El doctor López Guerra. Señor presidente: La delegación del Cañar no ha formulado ninguna ponencia, en vista de las muchas que ya se han presentado y que creo son más allá de lo suficientes; de manera que la delegación del Cañar hace suyas todas y cada una de las mencionadas ponencias, porque, cual más cual menos, todas encierran mucho talento, mucha comprensión y buen sentido, a más de que las necesidades de los diversos sectores de la república son más o menos las mismas. Además, la efectividad de nuestra delegación se ha realizado a última hora, en virtud de ser suplentes y de haber conocido a última hora la no presencia de los principales. Por estos motivos no hemos podido presentar por escrito todas nuestras sugerencias, pero nos adherimos y oportunamente apoyaremos muchas de las ponencias tan inteligentes presentadas aquí. El señor doctor Uquillas pide a la Asamblea faculte a la presidencia para que envíe a las diversas comisiones las ponencias que no se han podido presentar hasta hoy. El Congreso conviene en la petición. El señor Dávila. Señor presidente: en calidad de delegado por la provincia de Bolívar, debo manifestar que no he traído ninguna ponencia especial, pero que sí estoy listo a cooperar con mi apoyo a la aprobación de las ponencias que creyere convenientes. Nuestra intención es la de procurar un franco apoyo a todas las incipientes industrias nacionales, llegando a un último acuerdo con la colectividad. Mi intención es la de favorecer a todas las industrias nacionales existentes y procurar crear las que nos hacen falta, porque al Ecuador le corresponde convertirse en un país industrial como única manera en que puede salvarse de la angustiosa situación económica por la que atraviesa. Felizmente, con la inauguración de este congreso se ha puesto la primera piedra para levantar el sólido edificio de la industria nacional, mediante el esfuerzo, la constancia y la inteligencia. A continuación, terminada la lectura de las ponencias, la presidencia ordena leer las comunicaciones recibidas. Se lee el oficio con que la Cámara de Comercio de Guayaquil remite una copia del memorial elevado por esta entidad acerca del ejercicio de 1934.La presidencia ordena contestar agradeciendo. Se da lectura de los telegramas del Subsecretario del Ministerio de Comercio e Industrias y del Rector de la Universidad Central, felicitando al congreso por su constitución.

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El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: para que las comisiones puedan trabajar prontamente y que la falta de algunos de sus miembros no constituya un obstáculo para despachar los asuntos que les corresponda, se estila que las resoluciones puedan adoptarse con solo la mayoría simple de sus miembros, de manera que si una comisión se compone de siete personas, puede emitir sus informes con cuatro, de modo que este mismo procedimiento debe adoptarse en el congreso de industriales y comerciantes. El señor presidente: Me permito recomendar a las comisiones la mayor actividad posible en el despacho de los informes. Creo que las comisiones están facultadas para refundir en una sola ponencia aquellas que estuvieren repetidas. Me parece que sería conveniente el conservar los considerandos tan importantes de varias de las ponencias, porque más tarde cuando se publiquen estas ponencias con los considerados y exposiciones de motivos, la sola enunciación de todas las materias que se han traído a discusión en esta asamblea, constituirán un honor para el Congreso y, especialmente, para la Cámara de Industria de Ambato, iniciadora de esta idea. La sesión de mañana se verificará a las dos de la tarde y en ella se pondrá en debate el informe respecto a la primera comisión, o sea, a la organización eficiente de los industriales, y todas las ponencias que a la primera comisión correspondan. Ruegoa los miembros de las diversas comisiones que no olviden sesionar inmediatamente después de levantada esta sesión, para elegir en su seno el presidente y secretario respectivos. Antes de levantarse la sesión el señor Jouvín dice: pido que la comisión de mesa haga inmediatamente la designación de las comisiones que faltan, o sea la de Asuntos Varios y la deAgricultura e Industrias Agrícolas. A las 6 p.m. se declara terminada la sesión. El Presidente del Congreso, C. M. Larrea.El Secretario del Congreso,B. Ruíz y Gómez.

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ACTA NO. 6 SESIÓN DEL 25 DE MARZO (Concurren 40 delegados) Bajo la presidencia del señor Carlos Manuel Larrea, a las 2 y 30 pm. se instala la sesión, con la concurrencia de los delegados: Coloma, Badillo, Salazar, Dávila, Cumba Molina, Zatizábal, Heredia Crespo, Veintimilla Muñoz, Vinueza Cisneros, López Guerra, Veintimilla Mosquera, Rodríguez, Noboa, León Hidalgo, Chávez, Ledesma, Pinto, González Artigas, Zaldumbide, Sandoval, Minos Cueva, Erazo, Domínguez, Martínez, Eguiguren, Jouvín Arce, Cabrera, Briones, Pons, Culvín, Vaca, Lainer, Leví, Romano, Alemán, Cuesta, Paz, Núñez. Actúa como secretario ad-hoc Miguel Uquillas, para la lectura del acta de la sesión matinal del 23, en la cual se aprobó el reglamento interno del Congreso. Se aprueba el acta. A continuación el suscrito da la lectura al acta de la sesión ordinaria de la tarde del 24 del presente, la cual es aprobada con la indicación del señor Badillo, de que no ha pedido la organización de una comisión de industrias, sino de agricultura. El señor Jouvín Arce mociona, con apoyo del señor Cisneros y del doctor Uquillas que se prorrogue el plazo para presentar las ponencias hasta el día de mañana a las 11 am. Puesta en discusión la moción, el señor Jouvín Arce dice: señor presidente, entiendo que sólo hasta hoy pueden presentarse las ponencias que aún no se han entregado en secretaría, pero como hay algunas ponencias que faltan de formularse, pido que dicho plazo se prorrogue hasta mañana a las once del día. Creo que no perdemos nada con conceder esta pequeña prórroga, de allí que yo suplico que sea aceptada mi insinuación. Votada la moción se la aprueba. Se lee el telegrama del señor Gobernador de Ibarra, felicitando por la realización del Congreso. Se lee la excusa del delegado del Carchi Augusto N. del Hierro, con cuyo motivo el presidente dice: El señor del Hierro me ha manifestado las razones poderosas que le obligan a retirarse. De mi parte le expresé el sentimiento del Congreso por verse privado de las luces de tan inteligente representante. El señor Paz pide se dirija un telegrama a la Cámara de Comercio de Tulcán, para que acredite inmediatamente al delegado suplente. Así se resuelve. Se da lectura a la exposición de motivos y ponencia de la delegación lojana, encaminada a solicitar al Poder Ejecutivo habilite la intervención de correos de Loja para el aforo de paquetes postales.

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Exposición de motivos. Señor presidente: hemos tenido el agrado de oír en la sesión del día de ayer la lectura de los importantísimos proyectos o ponencias de las varias representaciones de la república, en las que se contemplan los diversos problemas de orden general que afectan en la actualidad los intereses de la industria y del comercio ecuatoriano. De manera que creemos innecesario el presentar a la sapiente consideración del Congreso, ponencias sobre los mismos particulares, ya que estimamos se ha enfocado con certeza la sustitución de los odiosos impuestos de venta y a la renta en las ponencias de la Cámara de Comercio de Ambato, sustitución que traerá mejores rendimientos al fisco y una menor molestia para los contribuyentes. En lo que respecta al proyecto presentado por la misma cámara sobre organización, sentimos únicamente apartarnos en lo que se refiere a sedes o centralizaciones varias que él mismo establece, pues opinamos que cada provincia debe tener su organismo propio, por ser muy peculiar para cada una su fenomenología comercial, por ser diversos los factores que lo producen; y, en consecuencia, mal podría apreciarse, a la distancia, las propias y peculiares condiciones de cada plaza comercial e industrial del país. Por lo que creemos conveniente debe sentarse el principio de que cada provincia debe tener su cámara de comercio, en su respectiva capital, debiendo ellas enviar sus sugerencias directamente a los poderes públicos. Este es nuestro sentir, honradamente interpretado, puesto que es necesario que cada capital de provincia debe tener su propia organización para un mejor estudio de sus problemas; pues es un principio conocido por todos de que un mayor número de criterios alcanzan a dilucidar situaciones que un pequeño número no lo han podido hacer, mucho más si se trata de problemas que gravitan sobre cierta porción geográfica de caracteres especiales, que deben resolverlos o considerarlos sus propios elementos subjetivos. Sin que esto obste, para que cuando de problemas generales llegare a tratarse, sea la acción mancomunada de todas las cámaras de la república las que hagan oír su voz ante los poderes del Estado. Expuesto lo anterior, no nos resta sino pedir la benevolencia del Congreso, a fin de que se de inmediato curso a las dos ponencias sobre solicitar del Poder Ejecutivo continúe intensificando los trabajos de las carreteras occidental y norte que unirán a Loja al resto de la república, así como por la que se pide al mismo Poder Ejecutivo dicte el decreto que habilite la oficina de aforo de paquetes postales. Como usted verá señor presidente y H. congresistas, son ponencias de carácter particular para la provincia que representamos y que, por lo mismo, estimamos no deben seguir el trámite reglamentario, sino que, aprobadas como un acto de cortesía y solidaridad para con la provincia hermana, sean elevadas a la inteligencia del Poder Ejecutivo. Loja es la olvidada provincia de la república, situada en la arrinconada más abrupta de la América, pero a pesar de ello, su patriotismo legendario y heroico siempre ha estado y estará al servicio de los nobles intereses de la república, hasta en los momentos más angustiosos de su vida, que es con los que hoy se debate en su total aislamiento. Rogamos al Congreso y elevamos como moción al efecto se declaren aprobadas las dos ponencias indicadas para que luego sean elevadas al Poder Ejecutivo. Delegados por Loja, Ángel Minos Cueva y Guillermo Eguiguren.

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El Primer Congreso de Industriales de la República Considerando: Que es necesario procurar los medios comerciales que sirvan de unión entre las plazas nacionales y los mercados extranjeros. Que el Congreso ordinario de 1932 autorizó por decreto respectivo, la habilitación de la oficina de aforo de paquetes postales en la ciudad de Loja; y Que hasta la fecha no se ha cumplido con dicho mandato, Acuerda: 1. Solicitar del Poder Ejecutivo, con el carácter de urgente, la expedición del correspondiente decreto por el que se habilite la intervención de Correos de Loja para el aforo de paquetes postales, y 2. Exteriorizar al supremo Gobierno anticipada gratitud por el beneficio que traerá a los intereses comerciales de esa apartada sección del suelo patrio al dictar el decreto que se solicita. Es dado, etc., Delegados por Loja, Ángel Minos Cueva y Guillermo Eguiguren.

El Primer Congreso de Industriales de la República Considerando: Que la base de la riqueza nacional estriba en la red de comunicaciones que pongan en contacto las diversas secciones de la república; Que la provincia e Loja ha permanecido durante mucho tiempo sin disponer de la red de caminos necesarios para su desenvolvimiento económico y social, y Que es un deber del Estado mantener la unidad nacional. Acuerda: Insinuar al Poder Ejecutivo continúe con el mismo entusiasmo de hoy, los trabajos de las carreteras occidental y norte iniciadas en dicha sección, procurando intensificarlos, de acuerdo con el amplio programa trazado por el Ministerio del Ramo; por constituir

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dichas obras un problema de alta trascendencia nacional para el futuro de la patria y de justicia para el meridiano ecuatoriano. Es dado, etc. Delegados por Loja, Ángel Minos Cueva y Guillermo Eguiguren.

El señor presidente: Pongo en consideración del Congreso si se accede a la solicitud de los representantes por Loja y se pone inmediatamente en discusión estas dos ponencias, o se les da el trámite ordinario de que pasen previamente a una comisión para informe. Me permito indicar que, tratándose de asuntos enteramente locales concernientes a Loja, por una parte; y por ser simples recomendaciones sobre asuntos que ya han sido aprobados por el Poder Público, quizás podríamos discutir inmediatamente las referidas ponencias, para aprobarlas o negarlas, a fin de ganar tiempo. El doctor Uquillas. Señor presidente: Como indica la presidencia, creo que debe procederse de inmediato a la resolución de las ponencias que acaban de presentarse, puesto que la una sólo trata de pedir al Ejecutivo que ponga en ejecución un decreto ya existente, y la otra, trata de obtener que dicte un decreto tendiente a ejecutar una ley que ya se encuentra dictada. En consecuencia, la asamblea puede entrar directamente a resolver el asunto, sin que pase a comisión. De mi parte, el voto será afirmativo; o sea, en el sentido de que se apruebe la recomendación y que se comunique inmediatamente al Ejecutivo para los efectos legales. A la pregunta del señor presidente, la Asamblea asiente considerar de inmediato las ponencias lojanas. El señor Romano. Señor presidente: Yo creo que la representación de Loja está mal informada de los antecedentes que rodean este asunto. Ciertamente, está expedido el decreto que ordena la creación de oficinas de paquetes postales en todas las provincias del Ecuador, o por lo menos en la mayor parte de ellas; en estas circunstancias se encuentran Ambato, Latacunga y otras ciudades más. La orden respectiva fue dada en el presupuesto de 1933, en el cual se señaló la partida de egresos correspondiente, al igual que en el del año de 1934; Ambato por ejemplo, tiene $250 mensuales para este servicio, pero no obstante el trabajo constante que venimos haciendo para que Ambato goce de tal mejora, no henos podido conseguir que se la haga efectiva, debido a que existe una dificultad grande, pues el Congreso, al dictar esa disposición, lo hizo con tanta ligereza que no reparó en que era necesario modificar a la vez la ley Orgánica de Aduanas. Precisa, pues, modificar primeramente la citada ley para que entonces cada una de las provincias que aspira a tener el servicio de despacho de paquetes postales, pueda tenerlo. El señor Cisneros. Señor presidente: No se trata sino de una simple insinuación al Poder Ejecutivo para que haga efectiva la creación de la oficina de paquetes postales en Loja, que ya está ordenada por el Congreso, según una disposición constante en el 165


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presupuesto del Estado; por lo mismo, creo que la asamblea no tendrá inconveniente en aprobar las ponencias de los señores delegados de Loja. Debo manifestar también que la aprobación de tales ponencias será beneficiosa también para las demás provincias que esperan este servicio ya que por hallarse en iguales condiciones, podrá hacerse extensivo también a ellas De manera que no hay inconvenientes en que se aprueben las referidas ponencias porque, como dejo dicho, se trata de simples sugerencias al Poder Ejecutivo; mi voto, pues, será en sentido afirmativo. El señor Cuesta. Señor presidente: Lamento no estar de acuerdo con lo expuesto por el señor Cisneros, por cuanto el Poder Ejecutivo no está autorizado para dictar el decreto correspondiente; es el Congreso el llamado a modificar la Ley Orgánica de Aduanas, como cualquiera otra que se halle vigente. En consecuencia, opino porque las ponencias en debate pasen a estudio de la Comisión de Aduanas, para que informen indicando el procedimiento más conveniente que debe seguirse. El señor Salazar. Señor presidente: Si mal no recuerdo, la creación de oficinas de paquetes postales está ordenada no sólo para la ciudad de Loja sino también para las de Riobamba y Ambato. Por esta razón, el doctor Erazo y el que habla, como representantes de las provincias de Bolívar y Chimborazo, pedimos que la proposición se amplíe en el sentido de que se solicite a al Ejecutivo que cree también oficinas de paquetes postales en las dos ciudades últimamente nombradas. El doctor Eguiguren. Señor presidente: Pienso que no es al Congreso de Industrias a quien corresponda decidir sobre si una ley está o no derogada y si se opone a un decreto legislativo en vigencia. Nuestra ponencia al respecto tiende sólo a conseguir de la honorable Cámara su importante apoyo en orden a que se insinúe al Poder Ejecutivo la habilitación de la oficina de paquetes postales de Loja, cuyo decreto está en vigencia. De otro lado, en nada se opone la habilitación de esta oficina a los preceptos de la Ley Orgánica de adunas. En esta virtud vuelvo a recabar del honorable Congreso su importante apoyo en el orden solicitado. El señor Domínguez. Señor presidente: Deseo conocer de parte del señor Romano qué fundamento tiene la explicación que nos dio hace un momento porque no sería posible que nosotros procedamos a aprobar esta ponencia si existe una ley cuya derogatoria es indispensable para llegar a realizar este pensamiento o solicitud. De no haber inconveniente legal, estaría yo porque se acceda a lo solicitado, no sólo para la provincia firmante del pedimento sino también para las demás que se encuentren en igual caso; pero si existe un inconveniente legal, entonces habrá que remover previamente ese obstáculo para proceder a la debida consideración de lo solicitado. El señor Romano. Señor presidente: En mi exposición anterior quise manifestar el inconveniente que hay para que se realice el propósito que se persigue, dado el estado de cosas existentes. Así como Loja quiere tener una oficina de paquetes postales, igual aspiración tienen las ciudades de Riobamba y Ambato, y así hemos venido constantemente trabajando en este sentido. Por tanto, lo que conviene es solicitar al

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próximo Congreso que haga la necesaria reforma a la Ley Orgánica de Aduanas, de modo que en esto estriba el punto fundamental. Para organizar esa oficina de paquetes postales, se requiere que la Dirección General de Aduanas destine para el efecto vistaforadores, que deben ser renovados periódicamente, como se hace con las oficinas análogas existentes; pero eso no puede realizarse tratándose de nuevas oficinas, si no lo permite la ley del ramo. De manera que no cabe sino insinuar al próximo Congreso la reforma de la expresada ley. El señor Coloma. Señor presidente: Creo que la única solución que cabe, como una atención a la representación lojana, es que se trasmita al Poder Ejecutivo las ponencias, recomendándole que si no hubiere ningún inconveniente legal, las ponga en práctica. Esto es todo. El señor presidente: El Congreso, al dirigirse al Poder Ejecutivo, trasmitirá la ponencia, manifestándole su deseo de que sea atendida, si no hay inconveniente para ello. El señor Domínguez. Señor presidente: Me permito suplicar que al dirigirse esa comunicación a quien corresponda, se añada que igual solicitud hacen las demás ciudades a las que nos hemos referido: Riobamba, Ibarra, Tulcán y Ambato. Cerrada la discusión, se aprueba la ponencia con la indicación anotada. Enseguida la secretaría da lectura a la segunda ponencia de la delegación de Loja, sobre el incremento de las obras de vialidad en dicha provincia, cuyo texto consta más arriba. El señor Martínez. Señor presidente: Nos consta a todos el interés que el Gobierno tiene por incrementar la vialidad, por tanto, creo que no habría sino que trasmitir esta ponencia en igual forma que la anteriormente aprobada. Cerrada la discusión. Se aprueba la moción. El doctor Cueva. Señor presidente: No me queda sino agradecer la generosidad y gentileza de los delegados a este Congreso, que han puesto de manifiesto, una vez más, que Loja no está olvidada. Quedo muy reconocido de mis distinguidos colegas. Se lee la ponencia del señor Zatizábal, delegado de Esmeraldas, sobre el desarrollo de la propaganda comercial. Señor presidente: De conformidad con lo acordado por la corporación en la sesión del día de ayer, de que todas las sugerencias y proyectos de resoluciones se presentaren, a más tardar, en la sesión del día de hoy, tengo a bien presentar a la distinguida consideración del Congreso, del cual es usted su digno presidente, y en mi calidad de representante de las industrias de la provincia de Esmeraldas y a nombre de mis compañeros de representación, un proyecto de resolución que tiende a la organización de la propaganda de nuestros productos naturales e industriales que se exportan para la colocación en los mercados extranjeros. El proyecto en mención lleva el propósito

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de procurar un mejor conocimiento de nuestros productos en el exterior, a la par que tiende a dar una forma armónica a las actividades industriales en cuanto se relacionan en su campaña en pro de su colocación en los grandes mercados del mundo. No dudo que cada uno de los señores representantes interpretará en lo que vale la necesidad de sostener una propaganda constante y conscientemente practicada en torno de nuestros productos exportables, campaña que redundará en positivo beneficio de la industria y economía del país. Cualquier punto que fuere necesario explicar o aclarar me será grato hacerlo en la sesión mientras se discuta el proyecto. Del señor presidente, atentamente. L. Zatizabal, representante por las industrias de la provincia de Esmeraldas.

El Primer Congreso de Industriales de la República Considerando: Que el país necesita de una propaganda comercial e industrial de los productos nacionales, con el propósito de que se lleve a cabo una mejor campaña de divulgación en el exterior de nuestra producción industrial y se procure el desarrollo de nuestro comercio entre los grandes centros comerciales. Que al procurarse la divulgación de nuestros productos en los grandes mercados del mundo, se tiende al mejoramiento e incremento industrial, ya que así se facilitará la apertura y consecución de mercados para nuestros productos, que día a día necesitan que se les haga campaña de propaganda. Que al procurarse y llevarse a cabo una propaganda bien manejada, no sólo se tiende a la colocación de nuestros productos exportables sino que, a su vez, se procura el mejoramiento e intensificación de nuestras fuerzas industriales que por hoy apenas cuentan con mercados en el exterior, los pueden considerarse como incipientes. Que con la búsqueda de mercados para nuestros productos y la propaganda de los mismos en el exterior, se tiende al mejoramiento de la riqueza nacional, como también a beneficiar la balanza comercial, con el aumento de la exportación. Resuelve: 1. Pedir al Poder Ejecutivo que, por intermedio de los cónsules en el exterior, desarrollen una labor de propaganda en torno de nuestros diversos productos de exportación, con preferencia de nuestros productos industriales. Además que nombre agentes de propaganda comercial e industrial en cada uno de los distintos centros comerciales, a fin de que hagan conocer nuestros productos y la potencialidad industrial del país y procuren mercados a los mismos.

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2. Recomendar a la Legislatura venidera que asigne una partida en el presupuesto nacional con la cual atender los gastos que demande dicha propaganda en el exterior, la que, en todo caso, deberá ser con carácter permanente. 3. Pedir a las cámaras de comercio del país que procedan, cuanto antes, a practicar la estadística de la producción industrial de las distintas provincias, las mismas que se utilizarán para la formación de la estadística general de la producción nacional. Las mismas cámaras formarán muestrarios de sus productos industriales los mismos que, a su vez, serán estandarizados, a fin de que se envíen dichos muestrarios a los agentes de propaganda comercial o industrial, los cuales serán utilizados para la divulgación de los productos en el exterior. Dichos agentes dispondrán de una nómina de los exportadores, haciendo constar el producto o productos que exportaren, como a su vez, la cantidad que anualmente pudieren exportar. 4. Recomendar al Poder Ejecutivo y a las cámaras de comercio que cuiden y vigilen que los productos exportados correspondan a los muestrarios por medio de los cuales se hubiere hecho la venta del producto o se practicare la propaganda en el exterior, ya que sólo así se procurará colocar al país en situación ventajosa dentro de la competencia mundial. 5. La propaganda, a más de hacerse por medio de los muestrarios que se colocarán en los grandes centros comerciales del exterior, como de los que se utilicen para los viajes de propaganda que efectuaren los agentes, comprenderán una labor constante y eficaz por medio de artículos insertados en los órganos de publicación que hubieren en los lugares en donde se llevare a cabo la propaganda. 6. Dichos agentes de propaganda comercial e industrial, remitirán a las cámaras de comercio la estadística de los distintos productos exportables del país, en donde desarrollaren sus actividades, como a su vez, enviarán muestras de aquellos productos similares que se manufacturaren en el país, dando sugerencias en cuanto a mejora de los mismos por parte de las fábricas nacionales, como insinuando la forma de procurar una mejor oferta y colocación de los mismos en los mercados del exterior. Ambato, 25 de marzo de 1935 Delegación de Esmeraldas. Luis Zatizábal.

Pasa a la Comisión de Asuntos Varios. El señor Coloma. Señor presidente: Parece más adecuado que tan importantes sugerencias las estudie la Comisión de Arancel de Aduanas, a la que a mi juicio, corresponde este punto, aun cuando no sé si esté equivocado. El señor presidente: Se trata de cuestiones de propaganda, que corresponden ser estudiadas por la Comisión de Asuntos Varios. Además, la Comisión de Aduanas está muy recargada de trabajo por tener que presentar su informe el día de mañana. Se lee la ponencia de la delegación del Chimborazo acerca de la protección a las industrias de lana y cabuya. 169


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El Primer Congreso de Industriales de la República Considerando: Que la industria manual de tejidos de lana, que se cultiva en muchas poblaciones del país, se halla sufriendo la crisis de estancación de sus actividades, por la falta de consumo nacional y de facilidades para la exportación a nuestras naciones vecinas, sobre todo, a Colombia, a donde se exportaba hasta hace poco artículos de esta clase, por valor de más de dos millones de sucres al año. Que esta crisis de la industria textil manual obedece, en su mayor parte, al encarecimiento de la lana en los mercados del país, que han menester estas manufacturas, debido a que, un grupo de acaparadores, estimulados por las ventajas del algo cambio, exportan a Colombia grandes cantidades de lana bruta por las aduanas de Tulcán, sin pagar derechos de exportación. Que la industria cabuyera constituye el principal medio de sustentación del indio que habita muchas provincias del país, siendo a la vez, un apreciable renglón para la economía nacional, por cuanto muchos productos agrícolas de la Costa se los despacha embalados en sacos de cabuya. Que no obstante de haber mejorado en estos últimos tiempos la calidad del saco de cabuya y permitir el embalaje de granos finos, se consiente la importación de tela de yute, que compite en forma desastrosa con los productos de cabuya,, no obstante existir una ley que prohíbe su importación, la misma que es burlada mediante simples decretos ministeriales, los mismos que son inspirados en las falsas informaciones de unos pocos importadores del yute. Acuerda: 1. Pedir al Gobierno que grave con tasas prudenciales la exportación de lana bruta por la aduana de Tulcán y que celebre tratados con Colombia, a fin de poder exportar los artículos de lana que pertenecen a la pequeña industria manual. 2. Excitar el patriotismo de los señores exportadores de los productos costaneros para que usen definitivamente el saco de cabuya en el embalaje de sus productos y formen un sindicato de compradores que estandarice el precio y los factores de la producción y del consumo. 3. Pedir al Gobierno que haga cumplir la ley sobre la importación del yute, facultando solamente la importación de dicho artículo para el embalaje del arroz y del azúcar, hasta cuando se implanten maquinarias que permitan hacer tejidos más tupidos. 4. Pedir que se dicte una ley por la que se obligue a exportar en sacos de cabuya todo producto que no sea arroz y azúcar, de cuyo cumplimiento y vigilancia estarán encargados los agentes de las aduanas nacionales. Dado, etc. Ambato, marzo 25 de 1935. Doctor César León Hidalgo, delegado por las industrias de Riobamba y Guano.

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Pasa a la Comisión de Arancel de Aduanas. El señor Domínguez: señor presidente: Si no es inoportuno, anoto que ya se resolvió que todas estas ponencias nuevas deban ir directamente a la respectiva comisión, para poder emplear nuestro tiempo, de preferencia, en los asuntos que están designados para la discusión de hoy. No es este un acto de descomedimiento o descortesía para con los señores que suscriben esas hermosísimas y bien meditadas ponencias; es la necesidad de emplear el tiempo en el objeto para el cual se ha destinado. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Precisamente estaba anotando lo mismo que acaba de indicar el señor Domínguez. Ayer, su señoría ordenó, con la venia de la Asamblea, que todas las ponencias nuevas pasarán, por orden de la presidencia, directamente a la respectiva comisión. Hay que advertir que los días de sesiones del congreso están señalados para asuntos determinados, que son los cinco puntos señalados por la Cámara de Comercio de Ambato y el punto que se adicionó posteriormente, relativo a transporte, vialidad y fletes. Creo que el asunto señalado para la sesión de hoy es muy importante que nos a de llevar mucho tiempo. Por tanto, como tengo conocimiento de que ya ha sido presentado el respectivo informe por la comisión, ruego a su señoría se sirva ordenar su discusión, sin perjuicio de que, si además hubiera alguna otra ponencia referente a este mismo asunto, sea también considerada en esta sesión. El señor presidente ordena la lectura del informe de la comisión encargada de estudiar las ponencias relativas a la organización de las Cámaras de Comercio e Industrias. El doctor Arturo Cabrera, secretario de la comisión, lo lee por no estar aún sacado a limpio y la presidencia lo pone en consideración. El doctor Uquillas. Señor presidente: He tenido el honor de ser designado presidente de la delegación de Los Ríos, y he tenido el honor también de presentar a la ilustrada consideración de la asamblea un proyecto de estatuto, formado por la Sociedad General de Comerciantes e Industriales del país. Este proyecto de estatuto es el constitutivo de la sociedad. El congreso de industriales y comerciantes está ampliamente representado y con facultades omnímodas, por todas y cada una de las cámaras de comercio y de las sociedades generales de industriales del país; y por consiguiente, siendo representante genuino de estas entidades que se llaman comerciante e industriales de la república, tiene perfecta facultad, como los diputados y senadores del Congreso, para representar el conjunto nacional de estos ramos, es decir, el conjunto de los comerciantes y de los industriales. Algunos de los señores comerciantes e industriales tienen también el carácter de agricultores, pero no me parece prudente englobar también en la formación de esta sociedad a los agricultores, porque no ha sido invitado el mayor número de los agricultores del país, pero los comerciantes e industriales sí pueden perfectamente considerarse representados, los de todo el país, por las delegaciones aquí presentes. Ahora bien, creo que el punto básico que debe tomar en cuenta la asamblea para que sus labores tengan ante la historia un verdadero realce y constituya en verdadero triunfo, es dejar establecida alguna base sólida para el triunfo de estas entidades que

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se llaman agricultores y comerciantes. El aislamiento en que nos hallamos cada uno de los individuos en nuestras actividades, hace que el país no progrese en ninguno de los órdenes: el individualismo nos mata. Ahora bien, si aquí se halla representado y dignamente los más valioso del orden económico, el comercio y la industria del país, ¿por qué no podemos, como una expresión clara de los anhelos de la república, anunciar que declaramos organizada una sociedad de comerciantes, industriales y agricultores del Ecuador? Cada delegación representa a las provincias, en sus dos factores, comercio e industrias; en consecuencia, debemos, como una necesidad práctica, empezar por la organización de la sociedad de comerciantes e industriales, para luego deducir las autoridades. Mi proyecto comprende todo este basto plan, es decir, declara primero el establecimiento de la sociedad de comerciantes e industriales y después determina las autoridades que va a tener esa sociedad. Entre éstas, la asamblea general, que constituye la autoridad máxima; luego vienen las autoridades provinciales, que constituyen la autoridad en la respetiva provincia y que son los consejos provinciales; y finalmente vienen las comisiones permanentes de comercio e industrias en las parroquias. La célula de todo esto es el individuo comercial e industrial. Además, el proyecto contempla que debe haber comisiones ejecutivas para que lleven a la práctica lo que resuelvan esos parlamentos en pequeño, que son las asambleas generales y provinciales, los consejos y las comisiones. He determinado también en ese proyecto que existan cámaras de comercio, formadas dentro del núcleo de todos los comerciantes e industriales de la misma provincia, en virtud de sus delegaciones. Hemos establecido un punto más amplio, el de crear una caja propia, una caja comercial e industrial, para la protección al comercio y las industrias del país; y por último, hemos determinado que cada uno de los comerciantes e industriales, individualmente, se ha de afiliar, puesto que debe haber solidaridad entre ellos, si se quiere hacer posible una defensa amplia de sus intereses. Lo que nos falta es cordialidad, armonía, y en consecuencia, es necesario crearlas. Lo único que salvará ante la historia la brillante organización de esta asamblea, es dejar establecida una base estable, permanente y segura para la organización del comercio y de la industria. En consecuencia, a pesar de que respeto y admiro el talento de los señores que componen la Comisión de Organización (y allí se encuentra el señor Romano, un valor efectivo de la cámara de comercio de esta bella Tungurahua; el doctor Cabrera, un valioso exponente de la intelectualidad y del foro y en todos los órdenes administrativos; y otros dignos representantes de las provincias, valiosos exponentes del talento y la ilustración), me permito rogar a la asamblea que, apartándose del dictamen enunciado por ella, y teniendo en cuenta que ante todo y sobre todo somos ecuatorianos y después representantes del comercio y de las industrias, se apruebe por unanimidad, o por lo menos por mayoría, la ponencia presentada por mí respecto a una organización colectiva de los comerciantes e industriales. Así se salvará el país y al buen nombre de esta ilustrada asamblea. El doctor Cabrera. Señor presidente: En 50 artículos preciosos, llenos de erudición y ciencia económica y divididos en 14 títulos, la inteligente representación por Los Ríos, en la que se encuentra el doctor Uquillas, como exponente altísimo de la cultura y el

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talento, ha presentado un proyecto completo para la organización de los comerciantes e industriales. Hemos encontrado nosotros en esos 50 artículos una serie de indicaciones precisas que, sin duda, servirán de base fundamental para que, más tarde, las cámaras de comercio, industrias y agricultura, puedan sacar lo más importante, lo más valedero de ese estudio digno de aplauso y formar los estatutos que han de regir a dichas entidades. Muy bien ha dicho el doctor Uquillas quien, repito es un altísimo exponente de la representación de Los Ríos, que es necesario que vayamos a hacer algo práctico; pero ha pedido el mismo representante que inmediatamente aprobemos la ponencia presentada por la delegación de Los Ríos. Yo pido que en este momento demos por aceptada, con un voto de aplauso a la inteligencia e importante ponencia de la representación de Los Ríos. Bien vale la pena que así lo hagamos, pero ella nos ha de servir, como ha dicho la comisión informante a la que tengo el honor de pertenecer, para que la comisión permanente que dejará establecida este mismo Congreso, entresacando lo más precioso de ese estudio o en su totalidad, adopte los estatutos que más tarde han de regir a todas las cámaras de comercio, agricultura e industrias del país. Ese mismo representante nos ha dicho que debemos laborar unidos sólo entre comerciantes e industriales. Yo creo que debemos ser más amplios en nuestros conceptos y traer a nuestro seno, por la razón o por la fuerza como quien dice, a nuestros hermanos los agricultores, por ser ellos también los dueños de la principal riqueza del país. El comercio, la industria y la agricultura son tres eslabones que forman una sola cadena; de estos tres elementos valiosísimos, es que hemos de valernos para hacer la prosperidad nacional. Bien vale, señores, que no desoigamos el llamamiento que hacen de muchas partes verdaderos agricultores para formar con el comercio y la industria un solo cuerpo, un cuerpo homogéneo. Así, esta mañana hemos oído a representantes del comercio, agricultura e industrias del Guayas, a representantes del comercio, agricultura e industrias del Azuay; manifestar su deseo de que las tres agrupaciones trabajen de común acuerdo. ¿Por qué, hemos de rechazar a tan valiosos elementos? Valgámonos de los tres ramos más importantes de la actividad nacional y hagamos la felicidad del país, restablezcamos la economía nacional. Este momento es precisamente la oportunidad para que presentemos a la república el postulado valiosísimo de que queremos el bienestar nacional, pero para procurarlo deseamos hacer una labor conjunta entre los elementos del comercio, la industria y la agricultura, sin alejar ni desvincularnos de ninguno de estos tres ramos. Y aun cuando el doctor Uquillas ha dicho que la agricultura no tiene muchos representantes en este Congreso, el mismo representante ha expresado la necesidad de evitar el aislamiento; pues, hagamos efectivo ese deseo y procuremos estar todos unidos, tanto los elementos del comercio, como los de la industria y la agricultura. El propio doctor Uquillas nos ha dicho que hay que sentar en forma práctica una base sólida para la organización de las industrias, del comercio y de la agricultura; pues, esa labor práctica será la que encierran las sugerencias que presenta la comisión informante, según las cuales se formarán cámaras de comercio, agricultura e industrias en todas las capitales de provincia y en todos los cantones de la república. A su vez dichas cámaras formarán un solo grupo representativo en la república y ese grupo central se valdrá, seguramente, del valiosísimo estudio de la representación de Los Ríos para formular los estatutos 173


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correspondientes. Oportunamente pediré al Ejecutivo que imprima en los talleres nacionales el mencionadoproyecto y si el Ejecutivo no lo hiciere, lo imprimiré yo en mis propios talleres, como un reconocimiento a la magnífica labor presentada por dicha delegación. Una vez impreso el proyecto y repartido en toda la república, se sacará de él todo el juego, toda la preciosa ciencia que contiene, para utilizarla en la organización efectiva y provechosa de todos los industriales, comerciantes y agricultores del Ecuador. Creo, pues, que el deseo de hacer algo práctico será debidamente satisfecho con la aprobación de las conclusiones que presenta la comisión y que no son sino el esqueleto de la organización que se desea, sobre el cual vendrá después la preciosa ornamentación, en la que jugará papel importantísimo, repito una vez, más el interesantísimo estudio del doctor Uquillas. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Creo que para proceder con orden y encarrilar la discusión y resolución de este asunto, es necesario ir a los antecedentes. De acuerdo con el reglamento interno y con el respectivo programa de labores, cada día deben discutirse las ponencias relativas a cada uno de los puntos que debe tratar el congreso. De acuerdo con ello, el primero de los puntos propuestos por la Cámara de Comercio del Tungurahua, junto con las demás ponencias hechas al respecto, entre las cuales figura la valiosísima del doctor Uquillas, han ido a la respectiva comisión, la cual las ha estudiado y presentado su informe. En consecuencia, yo reo que en primer lugar debemos aprobar o negar el informe. Si se aprueba, entramos a discutirlo y separadamente cada una de sus conclusiones o adiciones que fueren convenientes. Yo, pues, trato de establecer el procedimiento que debe seguirse: se ha presentado el informe por la comisión, pero el doctor Uquillas quiere que no se estudie ese informe, sino el valiosísimo proyecto de que es autor. Como cuestión previa es necesario que la asamblea resuelva si se acepta el informe, en cuyo caso entraremos a discutir sus diversas conclusiones y allí podrá el doctor Uquillas pedir que se hagan las modificaciones o adiciones que se juzgue convenientes. Debo añadir que me gusta mucho el informe en cuanto da participación a los agricultores. Inmerecidamente desempeño la presidencia de la sociedad de agricultura del Azuay y Cañar y con agrado he oído que se quiere dar intervención en las cámaras de comercio e industrias, a los agricultores, haciendo que las entidades agrícolas ya establecidas y que tienen estatus aprobados por la ley, pueden tener sus representantes en las cámaras de comercio e industrias, con lo cual se habrá logrado que los tres ramos principales de la vida del país estén unidos para hacer una labor más eficiente. Los principales problemas, incluso el político, se resuelven por la agricultura, el comercio y las industrias; de manera que está muy bien que estas tres actividades se solidaricen y que unidas representen a una sola entidad, primero, de carácter provincial o mejor todavía cantonal; y por último, en una entidad superior, en la que se concretarían las aspiraciones de todas las demás entidades, para tramitarlas a los poderes Ejecutivo y Legislativo. Repito, pues, que me gusta el informe, de modo que puede ser aprobado sin perjuicio al dictar el reglamento o estatuto que contemple todos los puntos del caso, entre ellos como ha dicho el doctor Cabrera, las valiosísimas ideas del doctor Uquillas, digno representante de Los Ríos. Pido a su señoría se sirva

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ordenar la votación del informe, y si se niega, entonces podrá ponerse en discusión otro proyecto. El señor presidente: Hasta este momento se está discutiendo el informe, de acuerdo con lo prescrito en el reglamento interno del congreso, de manera que a menos que hubiere una apelación de esta resolución y se pidiera que en lugar de discutir el informe se discuta directamente la ponencia presentada por el doctor Uquillas, se seguirá discutiendo dicho informe. El doctor Uquillas. Señor presidente: Como ha dicho muy bien el señor presidente, está discutiéndose el informe, sólo que, habiendo yo conceptuado que este informe, a pesar del talento e ilustración de los comisionados, no tiene el principal objetivo que debe perseguir la asamblea en esta reunión; he manifestado mi voto contrario y lo he razonado. Solamente razonamiento del voto contrario al informe, a pesar de lo valioso de los elementos que han integrado la comisión, es la que ha hecho en mi exposición anterior, de manera que anuncio al doctor Heredia Crespo que, aún cuando no he tenido el honor de ser legislador, intuitivamente puede decirse, conozco las reglas parlamentarias. En esa forma he querido presentar nada más que una oposición al informe presentado, no obstante lo importante de él. Me voy a anunciar más: el talento máximo del doctor Cabrera, en la exposición que hizo sosteniendo el informe, aboga por mi tesis. Decía el doctor Cabrera que debemos llamar a los agricultores, en un abrazo de hermanos, para formar un solo todo, acepto la indicación del doctor Cabrera y quiero incluir en mi ponencia en el título primero se diga: “se proceda a la formación de la sociedad de agricultores, comerciantes e industriales del país”. Ahora bien, el doctor Cabrera, ha anunciado que son valiosos los conceptos y que es necesario tomarlos en cuenta, pero en la conclusión de su informe, no hace práctica esa bondad, más bien la combate, porque quiere imponer lo que se llama una dilatoria en jurisprudencia: vamos primero a nombrar cámaras de comercio, dice, para luego de allí, formar una sociedad de agricultores. Yo he dicho lo contrario, que es preciso aprovechar de que en esta asamblea está representado el comercio, industria y agricultura, y consecuentemente, aprovechemos la ocasión de estar reunidos bajo los auspicios de la noble Tungurahua y procedamos de hecho a la formación de esa entidad. En la discusión del informe, he defendido la necesidad improrrogable de que se proceda de hecho y directamente a la constitución de esta entidad y a la aprobación de los estatutos. No es preciso que las cámaras de comercio nombradas por decreto ejecutivo y a expensas del Gobierno vayan a formar la sociedad de agricultores, comerciantes e industriales. Nosotros tenemos valía propia, somos representantes de este sector en los diferentes pueblos; en consecuencia, con derecho propio, dictemos los estatutos constitutivos de la sociedad. El doctor Cabrera, con el talento magistral que ha revelado en todos sus actos, ha hecho muy gentiles galanterías; las agradezco de corazón y anuncio que sólo caballeros y talentos como él saben hacer estas gentilezas, pero le pediría, por lo mismo, que con energía y patriotismo procedamos de hecho a anunciar que debe aceptarse la ponencia de su informe ratificada en este sentido, para que las cámaras de comerciantes e industriales

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del país, pongan las bases firmes entre todos los elementos valiosos de la economía nacional. El doctor Cabrera. Señor presidente: Aclaro que el informe no es mío, sino de la comisión a que tengo el honor de pertenecer. El señor Chávez. Señor presidente: Ardua era la tarea que tenía que realizar la comisión, por los varios trabajos que se han presentado a ella. Los importantísimos que se han dignado consignar las delegaciones de Tungurahua y de Los Ríos, daban ya materia suficiente para un larguísimo estudio. Debemos tomar en consideración que el país sufre de un mal, de un eterno mal: la desorganización, la falta de constancia, ese espíritu inquieto que nos obliga a cada momento a liberarnos de lo que consideramos nosotros la imposición. Las llamadas de los distinguidos elementos de nuestro comercio en lugares importantes del país, no surten el efecto debido; se reúnen asambleas de comerciantes e industriales, se integran las cámaras de comercio respectivas pero después de pocos meses van disgregándose los elementos, uno por uno, hasta quedar reducidas a su mínima expresión. Hay cámaras de comercio que tienen dos o tres miembros y otras que han desaparecido completamente. Era, pues, necesario consultar una organización hasta cierto punto obligatoria; como obligatoria es la educación primaria para el niño, debe ser obligatoria también la asociación para el industrial, para el comerciante, para el agricultor, en un país como el nuestro que no se ha desarrollado todavía ampliamente, en un país que todavía mantiene costumbres, usos, idiosincrasia; elementales idiosincrasias de niño. Era pues preciso, en primer lugar, organizar esto con un carácter hasta cierto punto obligatorio; quitada la obligatoriedad, ya veremos si después de un año existe una sola de las cámaras de comercio que con el brillante proyecto del doctor Uquillas podrían organizarse. En el proyecto presentado por la comisión se ha querido interpretar el mayor número posible de puntos y las ponencias que hemos formulado establecen sólo una organización general, es el andamiaje sobre el cual tendrá que establecerse todo el detalle de la organización de la industria, la agricultura y el comercio. Con bastante razón el doctor Cabrera había dicho que son tres eslabones que no se pueden separar el uno del otro; efectivamente, agricultura, industria y comercio, de la manera más lógica, están encadenados para realizar un solo fin: desarrollar la riqueza del país. Si en verdad, la agricultura tiene aquí representantes genuinos, autorizados oficialmente; no por eso no hemos de temer nosotros el derecho de invitarnos a propugnar una organización que sea más eficiente, acaso más conveniente también, para los intereses de esa otra entidad. El proyecto consulta la organización de un centro, que sería la cámara central de comercio, agricultura e industrias de la capital. Nos henos inclinado a esto no porque sea la capital de la república, la ciudad más importante en lo económico, pero ningún representante podrá objetar que el organismo central de esa entidad debe estar próximo a los altos poderes, Ejecutivo y Legislativo, con los cuales se relaciona íntimamente. Hasta hemos consultado un detalle, la conexión que deberá tener con el Poder Ejecutivo esa cámara central de comercio, agricultura e industrias, a través del Consejo de Economía Nacional, prescribiendo que los miembros de dicho Consejo, representantes de la agricultura, el comercio y las industrias, serán miembros natos de esta cámaras. Era imposible para

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nosotros hacer un estudio circunstancial de cada una de las ponencias, acaso el mismo Congreso se vería ahogado en el estudio de los numerosos detalles, valiosísimos por cierto, que estas ponencias contienen. Sería insuficiente para esto, no digo los ocho días de sesiones del Congreso, sino otros ocho días y aún no terminaríamos con las sugerencias, muy valiosas, como tantas veces anotó el doctor Cabrera, que contienen esas ponencias. La comisión permanente de este Congreso tomará muy en cuenta todas esas sugerencias y dictará un estado fundamental que se podrá adoptar de acuerdo con la modalidad de cada una de las circunscripciones territoriales, para su constitución. No podríamos tampoco, desde este momento, imponer detalles a ninguna de las cámaras de comercio, agricultura e industrias, que se establecerán en las distintas poblaciones; me parece de todo punto aconsejado fijar sólo el esqueleto, la carne vendrá después y la irán poniendo las diversas cámaras de comercio, de acuerdo con las modalidades de las respectivas localidades. El señor Domínguez: señor presidente: Aquí han concurrido verdaderos talentos, fuentes de riqueza intelectual para derramarlas en este Congreso. No olvidemos lo que significa un informe: es el cofre valiosísimo en que se encierra el tesoro aportado por todos los que han venido aquí. El doctor Cabrera y sus dignísimos compañeros, presentan a la vista de esta Asamblea ese cofre y le dicen: aquí está el tesoro que se nos ha confiado, hemos quitado toda la arcilla, todo el barro, presentamos a ustedes el oro purísimo. Nosotros, concretándonos al informe, debemos decir: el cofre es hermosísimo, es digno del oro que contiene, vamos a abrirlo para examinar su contenido. Debemos, pues, declarar si aceptamos o no el informe, para luego discutir en detalles. El señor Coloma pide se repita la lectura del informe. Así lo hace el mismo doctor Cabrera. El señor presidente consulta si el congreso acepta o rechaza el informe. El Congreso lo aprueba. El doctor Uquillas. Señor presidente: Habiendo sido aprobado el informe por la asamblea y encontrando ideas luminosas en ese o informe, que se compaginan perfectamente con las que ha enunciado el señor Chávez, con las que ha enunciado el doctor Heredia y con las que ha enunciado el señor Domínguez, voy a suplicar a los señores miembros de la comisión y a la asamblea ver si es posible llegar a una conclusión: adoptándose los considerados que tiene mi ponencia, se hagan constar como parte resolutiva, los tres artículos siguientes. Art. 1. Se establece la Sociedad General de Agricultores, Comerciantes e Industriales del Ecuador. Art. 2. Los estatutos de esta entidad se formarán por la comisión permanente que el Congreso nombrará para este efecto y a quien delega el Congreso todas sus facultades.

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Art. 3. Se recomienda a la comisión tomar muy en cuenta todas las ponencias presentadas respecto a la organización y, además, las brillantes consideraciones que ha hecho la comisión en el informe.

Me permito consultar a la cámara si sería posible aceptar ese decreto de parte de la asamblea, que organice terminantemente la sociedad de agricultores, comerciantes e industriales del país, dejando la labor ardua delos estatutos, para la comisión permanente, como indica muy bien el informe la comisión. El señor presiente: Habiendo sido aceptado el informe, debemos proceder con orden. En consecuencia, se discuten las conclusiones que en ese informe se hacen. El doctor Uquillas puede elevar a moción cada una de sus sugerencias, en el lugar correspondiente que, si tienen poyo y son aprobadas, se incorporarán en las conclusiones que la comisión ha presentado. Conforme a la resolución presidencial, el suscrito lee y se pone en debate el artículo primero del informe. El señor Coloma. Señor presidente: Ante todo, debo expresar que estando compuesta la comisión, cuyo informe acaba de leerse, por exponentes tan valiosos, dicho informe no podría ser mejor ni contemplar mejores puntos de vista. El informe empieza diciendo que, interpretando el sentir de las varias ponencias y sobre todo las presentadas por la delegación de Los Ríos, se presentan las conclusiones que figuran a continuación; de manera que allí mismo se está expresando de manera franca que se acepta casi todo lo contenido de la ponencia del doctor Uquillas, pero en un informe no podrán englobarse los 50 artículos que ella contiene. Me permito preguntar respetuosamente a la comisión si, diciendo como dice, el primer punto, materia de este informe “organización eficiente de los industriales”, ¿sería posible que se agregue también a los agricultores? Encuentro esta sola dificultad. Yo no soy ni comerciante ni industrial; mis actividades están en el campo, soy agricultor, y personalmente no encuentro ninguna dificultad para que el artículo se apruebe en la forma que consta, ya que son solamente sugerencias las que va a dictar el Congreso de industriales y el Poder Ejecutivo sabrá si las acepta o no, pero vuelvo a consultar a la comisión si sería conveniente incluir a los agricultores, por el hecho de haberse señalado sólo la organización de los industriales asunto al cual debe concretarse el informe. El señor Chávez. Señor presidente: La comisión, como debía hacerlo, no ha aprobado taxativamente el primer capítulo de discusión de este Congreso. Así como al discutir el reglamento no se aceptaron observaciones respecto al contexto de esos artículos que debían ser discutidos aquí, no era posible tampoco obligar a la comisión que de hecho acepte la forma en que estaban ellos concebidos. Para una eficiente organización de la industria se ha considerado necesario que los agricultores, los industriales y los comerciantes formen una sola entidad. La comisión ha contemplado la necesidad de que las tres fuerzas vivas del país, en lo económico, formen una sola entidad; de manera

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que esta es una proposición ante el congreso de industriales. Estas tres fuerzas vivas del país, estas tres fuerzas latentes que tienen conexiones íntimas en cada momento de su actuación, estas tres fuerzas tienen forzosamente que marchar unidas porque cada una se relaciona con las otras. Estas fuerzas no pueden aislarse porque el comercio está íntimamente relacionado con la agricultura y las industrias. No es posible, pues, aislar una de estas actividades sin menoscabar hondamente los intereses que corresponden a las demás. Hemos considerado que la unidad económica del país no se puede destruir en esta forma. Si es verdad que hasta aquí se han organizado cámaras de comercio sin que integren a los industriales. Y considerando además que también existe una Sociedad Nacional de Agricultores, hemos visto por los intereses del país, por los intereses de la patria, que era necesario integrar esta entidad con las tres entidades constitutivas de la vida económica del país. Para nosotros, eso es sustancial, esencial. Naturalmente, podrán quedar constituidas otras entidades, otros organismos, pero la integridad, la unidad es preciso mantenerla. Tomemos en cuenta que somos un pueblo que todavía no se ha diferenciado mucho; todavía no nos hemos especializado en los diferentes ramos para que cada uno de estos ramos tenga sus posibilidades completamente independientes. Somos un pueblo joven y todavía no realizamos una labor integral. Poquísimos como somos, debemos organizarnos aún en una forma globalizada. Naturalmente, esto podrá afectar en el momento inicial a la Sociedad Nacional de Agricultores, pero entiendo que las sociedades organizadas comprenderán las sanas intenciones del congreso de industrias y dirán: “el postulado fundamental ha significado la unidad de acción, la integración”, y disculpe que abuse de este término, “la globalización de las actividades del país”. Bien pueden seguir viviendo esas entidades independientemente, con sus respectivos representantes y, por lo mismo, constituida cada cámara de comercio, agricultura e industrias, con representantes de los agricultores, de los comerciantes, llevarán la voz a esas entidades y harán la defensa de sus propios intereses. El señor Martínez. Señor presidente: Al emitir en el informe el sentido que acaba de conocerse, al querer atraer al seno de nosotros los comerciantes e industriales, a los agricultores, hemos tenido en mente que la agricultura sin la industria no tendrían lugar a ser una verdadera fuente de riqueza y que, así mismo, la industria sin la agricultura, tampoco tendría cómo desarrollarse; y que, por último, tenemos al comercio que sirve con verdadera decisión a la agricultura y a la industria. No veo, pues, por qué no se quiere unir al industrial, al comerciante y al agricultor en un solo block de armonía, de comprensión, para procurar la reconstrucción nacional. Nuestra mente al emitir el informe, ha sido la de llevar al agricultor para que, de común acuerdo con su factor esencial, el industrial y con su factor indispensable también después, el comerciante, armónicamente vayan a procurar la reconstrucción económica del país. No hay oposición alguna en esto; pues por el contrario, si la industria, la agricultura y el comercio marcharan juntos, tendríamos como consecuencia evidente el incremento de la riqueza de la nación ecuatoriana. Esta ha sido, repito, nuestra mira al tratar de acarrear hacia nosotros a los agricultores.

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El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: La misma duda expuesta por el señor Coloma y que también abrigan otros delegados con quienes he hablado en este momento, la tuve yo; pero, como expresé hace un momento, perteneciendo a la Sociedad de agricultores del Azuay y Cañar, que tiene valía nacional al igual que la Sociedad de Agricultores de Quito, puesto que está reconocida por un decreto de la Asamblea constituyente de 1928 a 1929, sí creo conveniente la unión de las tres entidades, comercio, agricultura e industrias, es decir, de los tres ramos más importantes de la vida nacional en lo económico. Así mismo, creo que por esto no se va a quitar la independencia de que gozan esas agrupaciones, esas sociedades de agricultores ya existentes y que tienen el amparo legal, por la aprobación de sus estatutos, ya que no habría inconveniente alguno en que ellas formen parte también de las cámaras de comercio, agricultura e industrias, por medio de sus delegados. Efectivamente, no porque se formen cámaras de comercio provincial ni una cámara de comercio central, que funcionará en la capital de la república, van a perder, en lo más mínimo, ninguno de los derechos que actualmente gozan las referidas sociedades de agricultores; en tanto que si se espera una ley del Congreso o un decreto del Ejecutivo al respecto, esto equivaldría a derogar, de una sola plumada, todas las leyes que han dado vida a esas sociedades de agricultura. Vuelvo a decir, no creo que las sociedades de agricultura van a perder su independencia, sino que ellas tendrán también sus delegados ante las cámaras de comercio, agricultura e industrias; por eso desde ahora indico que en el informe, en la parte que dice que las cámaras de comercio, agricultura e industria, se formarán de tales o cuales elementos, se agregue: “y los delegados de las sociedades de agricultura, reconocidas por la ley, es decir, que tienen estatutos aprobados por el Ejecutivo”. Mi opinión como dejo dicho, es la de que resulta altamente conveniente unir a los tres ramos, industria, comercio y agricultura; basta recordar que la agricultura da la materia prima que sirve a la industria y al comercio, de manera que cuidando de que la creación de las cámaras de comercio, industrias, de agricultura no vaya a atacar a la independencia de las sociedades de agricultores existentes o que pueden existir, no hay inconveniente en que se apruebe esa parte del informe. Para el efecto, puede establecerse que las citadas sociedades de agricultores formarán parte de las cámaras de comercio, agricultura e industrias por medio de sus representantes. El infrascrito secretario. Señor presidente: Quiero hacer una indicación al Congreso. El día de la sesión inaugural, tuvo el honor de leer un oficio del señor Ministro de Agricultura, al cual acompañaban sugerencias muy importantes respecto a la organización de las cámaras de comercio, en las que tenían cabida las tres ramas representativas de la actividad nacional. Siento muchísimo no haber podido entregar oportunamente a la comisión segunda, que ha informado sobre el particular, no obstante, que se haya publicado en El Día de ayer, el proyecto presentado por el ministerio del ramo. Creo que de haberse salvado esta dificultad no habríamos perdido una hora de discusión, tratando de aceptar o no a los agricultores en las cámaras de comercio e industrias. El proyecto presentado por el ministerio es completo, abarca todo el funcionamiento de las referidas entidades. Ni el proyecto del doctor Uquillas, no obstante, lo brillante

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y digno de aplauso que lo encuentran los delegados, ni tampoco el informe de la comisión llena todos los puntos de vista de este proyecto. Es un proyecto general sobre el funcionamiento de cámaras de comercio e industriales, lo único que ha faltado y que se ha dejado para el trabajo de los señores representantes es ponerle la articulación. Invito a los señores delegados a oír la lectura del mencionado proyecto, en la confianza de que ella contribuirá eficazmente a salvar las dificultades que ahora se presentan, ya que se trata de un proyecto de ley general para el funcionamiento de las tres ramas. Acabamos de oír, por dos ocasiones, el informe de la comisión; así mismo he tenido el honor de leer la ponencia del doctor Uquillas, empeñado en alcanzar que se dicte una ley general para la organización del comercio y de las industrias, quiere que de una sola plumada se apruebe su proyecto; encuentro que es extemporáneo. Tampoco el informe de la comisión alcanza a considerar todos los puntos; sin embargo presenta una serie de sugerencias muy valiosas. Pero teniendo sobre la mesa un proyecto cabal, casi completo, me permito sugerir la conveniencia de que sea considerado. Si por la lectura satisface dicho proyecto, volvería a la comisión, porque sería hasta un acto de descortesía para el señor Ministro que después de haberle ofrecido en la Sesión Inaugural que su proyecto será tomado en consideración, ni siquiera la comisión lo tome en cuenta, máxime que es un proyecto que reviste verdadera importancia para la buena organización y funcionamiento de las cámaras de comercio e industrias. El doctor Cabrera. Señor presidente: Sí conocemos ese estudio capital, preciso, completo; pero vuelvo a decir que las conclusiones presentadas por la comisión constituyen sólo un esqueleto, constante de pocas líneas que apenas hacen una página. A la base de ese estatuto, la cámara central formulará sus estatutos valiéndose del proyecto del ministro del ramo, del estudio precioso del doctor Uquillas y de las demás sugerencias hechas al respecto. Es, pues, un esqueleto para constituir una entidad central; luego esta cámara de comercio central, se valdrá de todos estos estudios y proyectos para formular los estatutos. El señor presidente: Entiendo que estamos votando el informe de la comisión. La comisión, cumpliendo con su deber, ha presentado un proyecto de organización de las cámaras de comercio, agricultura e industrias; no ha presentado, ni tratado de presentar un proyecto de estatutos y funcionamiento de esas cámaras; pero el organismo ya creado tendrá muy en cuenta las brillantes sugerencias hechas por el doctor Uquillas, así como las importantísimas presentadas por el señor Ministro de Obras Públicas, las que probablemente servirán como pauta para la organización interna, para los estatutos de las cámaras de comercio. Nosotros, lo único que ahora tratamos es de crear esos organismos; el funcionamiento, las atribuciones, la extensión que tendrán, etc., vendrán después; ahora sólo estamos poniendo los delineamientos generales, porque eso sí era indispensable. Por eso la comisión se ha limitado a señalar las condiciones que las cámaras de comercio cantonales, provinciales y la central, deberán tener. El doctor Uquillas. Señor presidente: Encuentro que todos y que cada uno de los miembros de la asamblea tienen el patriotismo digno de la causa que representan, o

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sea la restauración de la economía nacional; y todos hemos acudido con entusiasmo a procurar trabajar por él. Todos estamos de acuerdo en que es necesario hacer algo práctico. El doctor Cabrera, cada uno de los delegados a este Congreso, todos creemos que se debe hacer algo práctico por estos valores que se llaman agricultura, comercio e industrias. Está en discusión el primer artículo, que constituye en el informe el primer número. Me permitirá suplicar a la comisión que, de ser posible, se sustituya en este artículo algunas expresiones por otras. El artículo dice así: “Organícese a la brevedad posible por decreto ejecutivo, en las capitales de provincia y en los cantones que juzgue conveniente, una cámara de comercio, agricultura e industrias”. Pido a la comisión que las palabras “organícese a la brevedad posible por decreto ejecutivo” se sustituyan por: “Organícese a la brevedad posible en el país, la sociedad general de agricultores, comerciantes e industriales El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Discutimos en este momento el artículo primero que dice: (lee). Como en la actualidad existe en Quito una cámara de comercio, agricultura e industrias, pido que a continuación , de donde dice “en cada capital de provincia”, se agregue “donde no existiere”. El señor Domínguez. Señor presidente: Muy respetuoso, voy a llamar la atención de los señores de la comisión sobre un punto que estimo básico. Estamos ”ensanchando el cauce”, permítaseme lo gráfico de la expresión. En todo el país circuló el proyecto lanzado por la cámara de comercio de esta ciudad y todo el país no solamente ha entendido tácitamente sino que de modo expreso sabía que entre esos puntos, uno de los capitales era el de la organización de la industria, como organismo interno de las cámaras de comercio, según dice el programa formulado por los señores de la comisión de la cámara de comercio de Ambato. Quisiera yo consultar si esta cámara de comercio de Ambato tiene a bien, que en virtud del informe que vamos a discutir, quede ensanchado el cauce en el sentido propuesto. Esto no deja de tener su importancia, porque así como en Pichincha, también en otros lugares de la república vienen funcionando centros muy importantes, con el encargo especialísimo de entenderse en la discusión y desarrollo de la agricultura nacional, y pudiera creerse que estas agrupaciones o entidades de suyo respetabilísimas, podrán resentirse con el Congreso actual, ya que se tomó la opinión de esos centros, ni se les hizo saber siquiera que este Congreso iba a englobar en la organización de la industria, la organización de la agricultura. Solamente me permito anotar este ligero inconveniente. ¿No habrá dificultad en el ensanchamiento del cauce, en el sentido que se indica? ¿Será conveniente, eficaz que lo ensanchemos así y que una vez declarado esto, metamos en ese cauce nuestra actividad? Esta es la pregunta que yo me permito hacer. El señor Romano. Señor presidente: La Cámara de Ambato ha formulado cinco puntos importantes, que servirán de base para las discusiones del Congreso. El primero de esos puntos es precisamente el relativo a la organización eficiente de los industriales; pero la comisión, al estudiar este asunto tan importante ha creído necesario agrupar dentro de las mismas cámaras de comercio a los agricultores, a los comerciantes y a los

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industriales. Creemos que en esto no habrá dificultad alguna porque las cámaras que funcionan en Ambato, Quito y Guayaquil están organizadas, así, esto es, como cámaras de agricultura, comercio e industrias; y se explica este hecho porque la agricultura, por sí misma, está unida a los otros dos ramos, el comercio y la industria. Nosotros hemos formado el cuerpo, pero nos faltaba la cabeza y no era posible que nosotros separáramos del comercio y la industria a un factor tan importante como la agricultura, al cual nos hemos visto obligados a ponerlo en el puesto primordial que le corresponde. El comercio, la agricultura y la industria deben constituir un solo engranaje, deben marchar de acuerdo; y así era preciso ponerlas tratándose de constituir una verdadera organización. Y algún día debemos organizarlo. Para el efecto, es necesario formar una cámara de comercio, agricultura e industrias en cada una de las provincias, una directiva propia, tal como lo consulta el informe. Cada una de dichas cámaras constituirá una entidad de carácter técnico, con elementos preparados; y todos los elementos de la industria, el comercio y la agricultura debemos ingresar a esos centros, para combatir el aislamiento en que hoy nos hallamos y que hace imposible toda labor provechosa. Estas consideraciones son las que ha tomado en cuenta la comisión para pedir que de hoy en adelante las cámaras de comercio, agricultura e industrias; se trata de un pequeño cambio que no afectará a las entidades existentes porque a la sociedades agrícolas como a las cámaras de comercio que están funcionando, se les respetará ampliamente. El doctor Badillo. Señor presidente: Sería conveniente oír las sugerencias del señor Ministro de Agricultura, tanto para ver si está de conformidad con el artículo que vamos a discutir, cuanto también por la atención que se merece quien las presenta. Así que pido se las de lectura. El señor Cuesta. Señor presidente: La comisión encargada de estudiar este primer punto ha manifestado que las sugerencias presentadas por el señor Ministro de obras públicas las ha conocido oportunamente, al igual que las brillantes sugerencias del doctor Uquillas. Aquí estamos para laborar rápidamente, sin perder el tiempo en largas discusiones, ya que no disponemos sino de ocho días dentro de los cuales debemos dejar terminados los principales puntos de vista que se van a tratar en este Congreso; por esto pido al señor presidente que, como ya se ha discutido largamente sobre el primer punto, referente a la organización del comercio e industrias, se de por terminad el debate y se proceda a la votación. El señor presidente: La presidencia lamenta no poder acceder al pedido del doctor Badillo, porque la comunicación del señor Ministro de Obras Públicas es demasiado larga. Si esa comunicación no hubiera sido conocida por la comisión que elaboró el informe, habría sido un deber proseguir a la lectura que se inició en la sesión inaugural; pero habiendo conocido la comisión informante el documento presentado por el señor ministro del ramo, parece que no es necesario leerlo ahora, para abreviar tiempo. El señor Coloma. Señor presidente: Respetuosamente solicito a su señoría reabra la discusión. He mandado traer la Constitución porque creo que en la parte del informe

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que se discute hay una parte que está en contradicción con la prescripción de la ley fundamental. El señor presidente: Ante el temor de que vayamos a quebrantar la Constitución, queda reabierta la discusión. El señor Coloma. Señor presidente: Anteriormente tomé la palabra para manifestar que ante todo respetaba el importantísimo informe de los miembros de la comisión, pero esto no quiere decir que en el curso del debate me vea privado de hacer ciertas sugerencias y observaciones para el mejor resultado de dicho informe y de todas las resoluciones de esta asamblea. Hablando con algunos compañeros encontramos el inconveniente de que no sólo los agricultores del país, sino muchísimas corporaciones agrícolas que se hallan constituidas en forma jurídica podrían objetar que no tenían representantes en el seno de este Congreso; y por esto inmediatamente habíamos anotado la dificultad de que se incluyera en esta organización a los agricultores, sin embargo de que, como ya expresé, el punto a discutirse era el relativo a la organización de los industriales solamente. Como de aquí va a salir un proyecto de sugerencias que las estudiará el Poder Legislativo, debo llamar la atención a que hay una disposición, la contenida en el Art. 151, numeral 24 de la Constitución que dice: (lee). Si pues, hay una libertad, mal podemos exigir en un proyecto que se asocie o no a determinada agrupación los agricultores, industriales y comerciantes, ya que cada uno puede organizarse en la forma que le parezca más adecuada. Nosotros vamos a tratar ahora de la organización de los industriales y nada más. Si estoy equivocado, estaré muy contento de que ustedes me hagan reconocer el error. El doctor Cabrera. Señor presidente: Me parece que todo depende de la forma en que se expida el respectivo decreto ejecutivo. Vemos que el Ejecutivo acaba de ordenar la creación de una Bolsa de Valores de Guayaquil; y también se podría decir que aquello no está por la Constitución de la república. De manera que el jefe del Ejecutivo, con quien varias ocasiones he tenido el honor de conferenciar sobre este mismo punto, allanará, dando la forma debida al correspondiente decreto, estos inconvenientes que al parecer se presentan, ya que es bien sabido que las palabras salvan los inconvenientes, aún los legales. Creo, pues, que dejando como se deja allí al Ejecutivo el arbitrar la mejor forma de ejecutar estos propósitos, no hay inconveniente alguno. Por lo demás, hemos juzgado que es necesario que haya una fuerza que esté sobre la voluntad de los asociados, para poder lograr la organización que se persigue; porque desgraciadamente, estamos viendo que muchas veces si queremos hacer el bien, tenemos que hacerlo hasta con un poquito de violencia. Hay algunos representantes de provincias que nos han dicho en la intimidad (con no decir los nombres creo que se puede referir en público) que con mucha dificultad algunas provincias han mandado sus representantes a este congreso. Ciertamente, es lamentable que tengamos que lamentar esa falta de interés para concurrir a un congreso como éste, reunido en el centro de la república, en una ciudad que brinda toda clase de halagos y a la cual hasta por placer se debería venir a pasar unos días, voluntariamente y con mucha mayor razón si se trata de venir a cumplir

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con un deber de amor propio, de patriotismo. No obstante, en ocasiones, ni aún por la súplica de los compañeros se ha logrado que vengan aquí algunos representantes. Hay provincias en las que el gobernador, no presentándose como autoridad sino como amigo, a insinuación del dignísimo presidente de la Cámara de Comercio de Ambato, ha tenido que entrar de casa en casa, como mendigando el patriotismo de los representantes, para que concurran al Congreso. No es posible, señores, que dejemos las cosas en este estado sin tomar una medida eficaz par restaurar la economía nacional. Si queremos salvar el país, no podemos dejar la economía nacional en manos de gente que (tal vez yo entre ellos) por desgracia, no tiene todo el fervor patriótico, todo el entusiasmo para concurrir a certámenes como éste. Así mismo, se forman asociaciones que se llaman cámaras de comercio, agricultura e industrias pero, la generalidad de los ciudadanos rehúsan pertenecer a esas entidades, por ese mismo espíritu falto de solidaridad, que nos hace reconocer con dolor el hecho que anotaba anteriormente de que algunos representantes de provincias, después de haber estado hasta en viaje, se han regresado encargando a algunos delegados ya asistentes al Congreso, que los representen; por eso hemos creído que debe tenderse a la formación de las entidades de comerciantes, agricultores e industriales hasta con un poquito de fuerza, en la confianza de que existiendo esa presión, luego iremos de buen grado. Perdóneseme que me vea obligado a tomar la palabra en momentos que tenemos que discutir un informe pequeño por cierto, pero para cuya resolución no tenemos sino la tarde de hoy. Para terminar, repito al señor Coloma que es posible que salvemos el inconveniente anotado por él, con la forma que anote el Ejecutivo; de manera que debemos confiar en la buena comprensión de los poderes públicos, en lo que, por otra parte, hay que reconocer decisión y buena voluntad para salvar la economía nacional. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Tal vez el temor de algunos delegados de que se pueda herir la susceptibilidad de los agricultores por no haber sido invitados a esta asamblea debido, únicamente, a que no podía preverse que se llegaría a adoptar una forma de organización en que se incluye también a los agricultores y que resulta beneficiosa para ellos, podría desaparecer en la forma siguiente: modificando el artículo en discusión en el sentido de que en todas las capitales de provincia y cantones, donde el Ejecutivo creyere conveniente, deberá haber cámaras de comercio e industrias, se agregue después esta disposición: “formarán parte también de estas cámaras de comercio e industrias todas las sociedades de agricultores, en los lugares en donde ellas existan, por medio de sus representantes en dichas cámaras”. No elevo a moción esta indicación porque quiero oír primero la opinión de los señores delegados acerca de ella; pero me parece que así no habrá lugar para que se abrigue el temor de que los agricultores hagan llegar al Ejecutivo su voz tendiente a impedir que se dicte un decreto organizando las cámaras de comercio, agricultura e industrias, en forma directa, sin que los agricultores hayan tenido representación en este Congreso. El señor C. Veintimilla Muñoz: Señor presidente: Creo que lo dicho por el doctor Cabrera es lo más acertado: nosotros no henos venido aquí a legislar, hemos venido a organizar únicamente; por lo mismo está bien que en el informe presentado por la

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comisión se sienten las bases para esa organización, pero el Ejecutivo será quien después haga efectivas esas bases, si las encontrare convenientes, o las modificará en el sentido que juzgue oportuno. Repito, pues, que lo enunciado por del doctor Cabrera debe tomarse muy en cuenta. El señor presidente encarga la presidencia al vicepresidente doctor Heredia Crespo, pues, desea intervenir en los debates. Dice: Para obviar toda dificultad a fin de ganar tiempo, si encuentro apoyo, presentaría la siguiente moción: que el artículo primero comience con estas palabras: “respetando la independencia de las entidades existentes, organícese, etc.”. Creo que en estos términos no hay obligatoriedad, no hay la presión que puede ir contra el derecho que la Constitución reconoce a todos los ciudadanos, de la libertad de asociación. Creo que en esta forma no se va contra ninguna libertad, simplemente se anuncia la necesidad de organizar estas entidades, porque si fuéramos a llevar al extremo el respeto a este principio de la independencia o libertad de asociación se convertiría en un principio disolvente porque a nadie se le puede obligar a pertenecer a una institución, a una asociación. Quizás más adelante, en el artículo en que se hace obligatorio a todos los agricultores pertenecer a las cámaras de comercio, allí habría que modificar esa disposición, porque tampoco estoy de acuerdo en que sea obligatorio; sencillamente debe procurarse estimular de la mejor manera posible la concurrencia del mayor número de comerciantes, agricultores e industriales a esta entidad que tratamos de formar, con el objeto de fomentar la riqueza nacional; pero sin obligatoriedad de ninguna especie. Apoyan varios delegados la moción del señor presidente. El señor Coloma. Señor presidente: No debe decir Poder Ejecutivo, sino Poder Legislativo. El Ejecutivo no tiene derecho para esto, el Legislativo sí. El doctor Uquillas. Señor presidente: De acuerdo con el artículo constitucional que establece la libertad de asociación y teniendo en cuenta los mismos postulados de libertad de los pueblos para asociarse, he enunciado que los pueblos, por medio de sus valores representativos los uno, por solidaridad los otros, han designado sus delegados comerciantes e industriales, a este congreso. En consecuencia, los señores aquí presentes representan la voluntad conjunta de los pueblos, en los sectores que se llaman comerciantes e industriales, de acuerdo con esa libertad de asociación que tienen. Creo, pues, que nosotros tenemos la facultad de decir: “nos organizamos en sociedad general de comerciantes e industriales”, y como algunos delegados han tenido la gentileza muy digna de decir que se englobe también a los agricultores, aun cuando no hayan tenido representación ni invitación oficial, puede hacerse también esto, sin carácter de obligatorio para los agricultores. En cambio, en el artículo, tal como se ha puesto dice: “Organícese por el Poder Ejecutivo las cámaras de comercio”, lo cual equivale a que nos arroguemos nosotros, congreso de industriales y comerciantes, las facultades que tienen los congresos nacionales de dictar leyes para que el Ejecutivo las ejecute. No es ese el caso; nosotros representamos la voluntad de los industriales; en consecuencia, tenemos facultad, posibilidades múltiples para poder organizarlos. Además, según consta en el

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plan de programa que dictó la Cámara de Comercio de Ambato y por el cual formulé ese proyecto de organización general dice: “Organización eficiente de las industrias”, no dice organización eficiente de las cámaras de comercio. Bien está que se organicen las cámaras de comercio, pero lo que dice la ponencia es organización eficiente de las industrias. Habría una expresión un poco vaga y por eso el señor Domínguez tuvo que preguntar el espíritu de esa ponencia; pero esa vaguedad no se ha tomado en cuenta al hacer la ponencia mía. Creo que tenemos facultad delegada de todos los comerciantes e industriales de país para organizar la sociedad de comerciantes e industriales; no tengo ningún interés más que el progreso del país y el que se salven y se apoyen mutuamente los comerciantes, que haya armonía entre todos los industriales, así como hay armonía eficiente entre los delegados. Pero si después de tanto sacrificio, después de tantas exigencias, después de tantos trabajos preliminares, llegamos a que el primer artículo que se aprueba es solamente el de la organización de las cámaras de comercio y esto sólo en solicitud al Ejecutivo para que, si quiere ejecute o no, entonces quiere decir que ha fracasado desde el primer momento la delegación de los pueblos, en sus amas de comerciantes e industriales. Tendría muchísima pena de que una organización tan distinguida, con valiosos elementos como los que están aquí, fracase desde el primer momento. En consecuencia, yo, deplorando estar en contra de la moción, en el sentido de que no creo potestativo de esta asamblea impulsar al Poder Ejecutivo a que dicte un decreto creando cámaras de comercio, tendré que expresar que doy mi voto en contra de la moción, sólo por este motivo. El señor Domínguez. Señor presidente: Estimo inconveniente dejar al Ejecutivo lo que le compete a esta misma asamblea. Esta asamblea va a dejar de ser tal mañana o después de pocos días, pero su acción no debe terminar ni en el tiempo ni en el espacio; esta asociación debe perpetuarse en sus obras, en relación con sus acciones de hoy. Nosotros podemos hoy resolver, decretar la creación de la agrupación que comprenda las necesidades, industria, agricultura y comercio; y nosotros mismos hemos de tomar las medidas para que nuestras resoluciones vivan mañana y se encarguen los hechos. Y no solamente estos sino que habiendo echado la simiente en el surco, hemos de cuidar cariñosamente que esa simiente brote en el suelo; y hemos de hacer más, hemos de cuidar con cariño para que crezca; y más todavía, hemos de hacer que eso se haga un árbol frondoso a cuya sombra venga más tarde a sentarse la patria a gozar del fruto óptimo, que más tarde hemos de cosechar nosotros mismos o las generaciones que vengan. ¿Por qué queremos dejar al Ejecutivo que forme estas cámaras de comercio si nosotros, continuando nuestra acción, podemos ser actores de nuestro propio porvenir? Para esto, como proyecto complementario, estamos tratando de la creación de las cámaras de comercio que se han de suceder en el futuro, en una no interrumpida sucesión, pero tales entidades han de ser establecidas por este mismo congreso que ha de vivir a perpetuidad en el país, aun cundo no esté compuesto por los mismos elementos distinguidísimos que hoy lo componen, de manera que sean ellos los que se encarguen de la realización de la obra, de hacer crecer y de hacerla fructificar. He aquí como yo puedo compaginar la creación de las cámaras de comercio, haciendo que sean instituidas

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por este mismo congreso que va a vivir en el tiempo y en el espacio, con su actividad latente, tocando y moviendo todos los resortes que se encarguen de hacer que la semilla brote en el suelo y se convierta en árbol frondoso que de frutos magníficos que ofrecer a la nación ecuatoriana. El señor Larrea solicita un momento de receso para redactar la modificación al artículo primero. Se accede a lo solicitado y la presidencia concede un momento de receso. Reinstalada la sesión, el señor vicepresidente, encargado de la presidencia, concede la palabra al señor C. M. Larrea, quien expresa: Señor presidente: Respetuoso como el que más de las disposiciones constitucionales, veo que el inciso 24 del Art. 151 de la Constitución, dice: “Se garantiza la libertad de asociación y agremiación”, y añade: “El Estado cuidará de estimular y desarrollar la cooperación social”. Necesitamos, pues, el apoyo del Estado, necesitamos que el Estado tome en sus manos, para la ejecución, las nobles ideas que va a lanzar este congreso; sino, todo quedará en el aire, serán simplemente votos, deseos sapientísimos unos, nobilísimos otros, pero todos de ninguna eficacia, si el Estado no toma por su cuenta la ejecución y realización de estos votos de aspiración del Congreso. Por esta razón me permito someter a consideración del Congreso la redacción del Art. 1, en los siguientes términos: (lee). El señor Romano. Señor presidente: Como presidente de la comisión que ha presentado el informe que se discute, debo decir que no tenemos inconveniente en aceptar la redacción propuesta por el señor Larrea. Se aprueba el Art. 1, con la reforma enunciada y queda así: “Art. 1. Organícese por el poder público a quien corresponda, respetando la independencia de las entidades existentes, en cada capital de provincia y en los cantones en los que fuere conveniente, una cámara de agricultura, industrias y comercio”. El señor Carlos Manuel Larrea vuelve a ocupar la presidencia. El doctor Cabrera da lectura al Art. 2: 2. Serán miembros de estas cámaras, con carácter obligatorio, los agricultores, industriales y comerciantes que ejerzan tales actividades en las respectivas circunscripciones territoriales y que reúnan para el efecto las condiciones siguientes a) Agricultores que posean propiedades de diez mil sucres o más; b) Industriales con un capital de cinco mil sucres o más; c) Comerciantes con un capital de cinco mil sucres o más. Los agricultores, industriales y comerciantes, con menor capital y que desearen ser miembros de las cámaras, podrán asociarse a ellas voluntariamente.

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El doctor Uquillas. Señor presidente: Mi empeño, como ecuatoriano, fue que el Congreso organice, de una vez, la sociedad general de comerciantes e industriales, o como muy bien dijo el doctor Cabrera, la de agricultores también. En el ambiente general de la asamblea prima la idea de que nosotros no podemos llegar a conclusiones voluntariamente; en el curso de la conversación durante el receso, he podido comprobar que, atenta nuestra idiosincrasia, necesitamos que el poder público nos organice para que haya una fuerza constructora que nos guíe. Yo creía, como ecuatoriano libre, que era la voluntad la única que debía construir; pero con mucho acierto los miembros de la asamblea han comprendido que primero es indispensable que la autoridad intervenga para poder realizar todos los progresos nuestros. En tal virtud, como anuncié al principio, iba a dar mi voto en contra de la moción guiándome por mi concepto; pero lo di a favor, inspirándome en la idea que prima con razón, por la observación de los hechos, en todos los distinguidos colegas. Consecuentemente, con la aceptación del primer postulado, estoy por la aprobación del segundo artículo. El señor secretario. Señor presidente: Como tengo a la vista el proyecto del Ministerio de Obras Públicas , debo decir que en él hay un artículo casi igual al que acaba de leer el doctor Cabrera, pero encuentro una diferencia fundamental: en el artículo del doctor Cabrera se señala que deben ser miembros de las cámaras de comercio, agricultura e industrias, ciertas personas que, como condición esencial, deben poseer una determinada cantidad de dinero, alguna propiedad o capital; en tanto que en el proyecto del Ministerio, teniendo en cuenta que debe perseguirse el propósito de agremiar al mayor número de agricultores, comerciantes e industriales, no señala límite alguno ni condición especial para ser socio de las referidas entidades. Entiendo que es mucho mejor no establecer esa diferencia que señala el proyecto de la comisión; por eso creo debe adoptarse el proyecto del ministerio que dice: (lee). El doctor Cabrera. Señor presidente: Sólo como aclaración debo llamar la atención que justamente el Art. 2 del informe de la comisión dice lo mismo que el proyecto del ministerio, pues establece que todo comerciante, industrial o agricultor puede ser socio de las respectivas cámaras, si lo desea; sólo que obligatoriamente deben pertenecer a dichas entidades los que tengan un capital de diez mil sucres o más. Esta disposición tiene por objeto no hacer obligatorio el ingreso de aquellos industriales, comerciantes o agricultores que tienen un pequeño capital de cuatro, tres, dos mil sucres o menos. El señor Martínez. Señor presidente: La comisión tuvo en cuenta que los socios de las cámaras de comercio, agricultura e industrias, tendrán que concurrir con una cuota para el sostenimiento de las instituciones; y por eso se creyó oportuno no arrancar esa cuota, que tal vez resulte gravosa a los agricultores, comerciantes e industriales que tengan un capital menor de diez mil sucres. El señor Secretario. Señor presidente: Este concepto de cuota resulta, a mi manera de ver, demasiado exiguo, porque pienso que aun los comerciantes, agricultores o industriales que posean un capital menor al señalado en el informe, no tendrán inconveniente en pagar la respectiva cuota, con tal de hacerse oír en el seno de dichas

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corporaciones. En la actualidad el ser socio de las cámaras de comercio constituye casi un privilegio para ciertos comerciantes o capitalistas, pero los comerciantes de poco capital no tienen cómo hacer oír su voz; de allí que algunas cámaras de comercio hasta han desaparecido, como decía el señor Chávez, y las demás, cuentan con muy escaso número de socios. Una cámara de comercio, agricultura e industrias no podrá cobrar una cuota mayor de cinco sucres mensuales, que bien podrá ser pagada por una persona que tenga un capital menor que diez mil sucres, ¿por qué rechazar a estos señores que no tienen un capital fuerte? Estimo mucho mejor que se cuente también con ellos, eliminando la diferencia que pretende establecerse en razón de la cuantía del capital. El doctor Cabrera. Señor presidente: Vuelvo a decir que a los comerciantes, agricultores e industriales de un capital menor a diez mil sucres no se les excluye, sino que únicamente se deja a su voluntad el ser o no miembros de las cámaras; únicamente que aquellos que cuentan con un capital de diez mil sucres o más se les impone obligatoriamente el ingreso a las mencionadas entidades. Además, en buena hora se les abrirá las puertas a quienes voluntariamente quieren ser socios. El señor Martínez. Señor presidente: Estaría en contradicción plena este artículo con el primero si no constara la palabra “obligatoriamente”. El señor Chávez. Señor presidente: No hay ninguna contradicción entre lo primero y lo segundo. En efecto, las entidades existentes hoy se respetarán; no quiere esto decir que se van a eliminar, pero es obligatorio a los miembros que constituyen estas entidades el pertenecer a las cámaras de comercio, industrias y agricultura. No se opone lo uno a lo otro, porque no se deja de respetar las entidades existentes, de modo que ellas pueden seguir funcionando con absoluta libertad. El señor Cumba Molina. Señor presidente: Soy de la opinión de que la obligatoriedad de pertenecer a estas entidades se haga extensiva a los agricultores, comerciantes e industriales que tengan cinco mil sucres o más de capital. El señor Secretario. Señor presidente: creo que si se expide una ley debe ser de carácter general para todos, sin hacer diferencias en razón de la cuantía del capital, sino rigiéndose únicamente por la calidad de la persona. Si va a ser obligatorio pertenecer a estas entidades para un agricultor, industrial o comerciante que tenga diez mil sucres de capital, debe ser obligatorio también para otro que tenga cien sucres de capital, no porque tenga tal o cual suma de dinero, sino en razón de su calidad misma de agricultor, industrial o comerciante. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Por lo general, casi toda persona es agricultor porque no hay quien no tenga una parcela de tierra; en consecuencia, según lo que pide el señor Secretario, será obligatorio, hasta para un infeliz que tiene un pedazo de terreno que lo ha comprado en veinte sucres, ser socio de la cámara de comercio, agricultura e industrias; mientras tanto, según el proyecto de la comisión si ese individuo que posee tierras por un valor mínimo quiere ser socio, no hay ningún inconveniente

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para que sea aceptado, porque se le deja la puerta abierta para ello, pero sin imponer esa obligación, que implica el pago de una cuota que tal vez le resulte gravosa. El doctor Cabrera. Señor presidente: Nosotros que tenemos práctica en estas cuestiones, sabemos que un comerciante que posee cinco mil sucres de capital dispone de una renta mayor que un agricultor con diez mil sucres de capital. El comerciante hace rodar su capital y puede obtener lo necesario para atender a sus necesidades, en tanto que el agricultor, muchas veces no tiene ni para comer. El señor Secretario. Señor presidente: Noto que hasta aquí la discusión tiene un carácter especial, el de considerar que la agremiación en cámaras de comercio, agricultura e industrias, es una carga para los asociados y por eso se les quiere imponer sólo a los que se hallan en condiciones de soportarla. Pero la agremiación no es una carga sino un organismo para la realización de fines beneficiosos para los asociados. Este es el criterio que debemos rectificar. Pero, si alguien me puede quitar este criterio, estaré muy contento de ello. El señor Chávez. Señor presidente: No hemos creído ni creeremos nunca que la forma de agremiación que contempla el proyecto sea una carga; de ninguna manera, puesto que si los señores agricultores, industriales o comerciantes encuentran que es un derecho, una garantía, un beneficio el que van a obtener, libres son de ingresar a las cámaras respectivas. Ahora bien, el proyecto del ministerio, que lo encuentro sabiamente concebido, tiene también un inconveniente; allí se habla de la calidad de socio, como que hay socios buenos y socios malos, comerciantes honrados y comerciantes pícaros, agricultores de una y otra índole también; y que hay que calificar a estos malos hijos de la patria para mandarlos sacando de las cámaras. ¿No sería mejor reunirlos, convencerlos, educarlos? ¿No sería hasta una finalidad educativa agremiar a todos los industriales, comerciantes y agricultores con un carácter obligatorio? ¿No se estimularía la sanidad moral de los agricultores, industriales o comerciantes al contemplar en los estatutos para aquéllos que delincan en forma pública y privada, en relación con sus actividades? Creo que no hay inconveniente en que se acepte el artículo en la forma propuesta por la comisión, bien entendido que toda la reglamentación, todos los estatutos y disposiciones de cada una de las cámaras de comercio regularán la conducta de cada uno de sus asociados, ya que los buenos pueden llegar, algún día, a ser malos y los malos componerse dentro de las cámaras de comercio, agricultura e industrias. El doctor Badillo. Señor presidente: Creo inconstitucional el que a todo agricultor, comerciante o industrial que posea cierto capital se le obligue a pertenecer a dichas instituciones. En la Constitución, en el Art. 151, numeral 24, primer inciso, garantiza la libertad de asociación y agremiación; por tanto un agricultor, comerciante o industrial que posea cien mil sucres de capital puede perfectamente negarse a pertenecer a la respectiva cámara, en virtud de un derecho que le garantiza la Constitución. Creo, pues, que debe respetarse la libertad absoluta que garantiza la Carta Fundamental y que todos los proyectos o sugerencias que apruebe este congreso deben ser enteramente ceñidos a la ley para que no merezcan reparos u objeciones.

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El señor presidente: Entiendo que el principal espíritu de la disposición constitucional es el de que el poder público garantice la libertad de asociación, es decir, que no podrá oponerse a que los ciudadanos sean socios. Nosotros estamos ejerciendo precisamente esa garantía constitucional. Lo único que me parece tal vez digno de consideración es el término “obligatorio”, pero obligatoria es toda decisión de una asamblea, de una corporación. Inmediatamente después que un ciudadano se agremia, por ejemplo, se hace comerciante, toma sobre sí todas las obligaciones que el cargo de comerciante lleva consigo. Por eso creo que esa disposición no va contra la Constitución, ya que por el contrario estamos ejerciendo esa garantía. El señor Cisneros. Señor presidente: Precisamente, hace un momento el doctor Eguiguren y que habla conversábamos acerca dela inconstitucionalidad que se quiere encontrar en la disposición que se discute; sería fundado ese temor si es que este congreso de comerciantes e industriales no le estuviera pidiendo al Poder Ejecutivo que nos asocie. Al fin o al cabo, hay que reconocer que muchas de las cámaras de comercio de provincias no tienen el regular funcionamiento que sería de desear; por esto los comerciantes e industriales vamos a pedir al Ejecutivo que nos organice, no autoritariamente, sino por propio deseo y solicitud de nuestra parte, de manera que no hay ninguna dificultad en ello, desde el punto de vista constitucional. Es el concepto que nos hemos formado, tanto el doctor Eguiguren, como el que habla. Cerrada la discusión se aprueba el artículo segundo, en la forma leída. Puestos en consideración los Art. 3, 4, 5, 6 y 7, se aprueban así: Art. 3. Los estatutos sociales de estas cámaras serán sometidos al Poder Ejecutivo a la brevedad posible, para su legal aprobación. Art. 4. Cada cámara fijará el valor de las cuotas de sus asociados, de acuerdo con su capital. Art. 5. En cada cámara, a ser posible, se constituirán las secciones de agricultura, industria y comercio. El directorio estará formado por representaciones correspondientes a las mencionadas actividades.” Art. 6. Así mismo, por el poder público, se creará la cámara central de agricultura, industrias y comercio, formada por un representante de cada una de las cámaras provinciales y cantonales, con residencia en la capital de la república.” Art. 7. Al sostenimiento de esa institución contribuirán forzosamente con un porcentaje fijo de sus ingresos, cada cámara.

El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Me permito indicar la conveniencia de que en lugar de decir que las cámaras de comercio, agricultura e industrias contribuyan para el sostenimiento de la cámara central con la misma cuota que la Cámara de comercio de Quito, de Guayaquil o de otra ciudad rica, de allí que se ha puesto que la contribución

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se hará en forma de porcentaje para que las cámaras de comercio ricas, den una cuota alta y las pobres, una cuota baja. Esta ha sido la idea de la comisión. Se aprueba el artículo séptimo. Se da lectura al Art. 8: Son atribuciones y deberes de la cámara central conocer y resolver todos los asuntos de interés general para la agricultura, industrias y comercio ecuatorianos que fueren propuestos o presentados por las cámaras federales, por intermedio de sus delegados; fomentar el intercambio de los productos nacionales en el territorio de la república y fuera de ella, haciéndoles conocer con adecuada propaganda o por medio de exposiciones agrícolas, industriales y comerciales, así en el interior como en el exterior del país, formando al efecto, las estadísticas necesarias por medio de las cámaras de agricultura, industrias y comercio y los poderes públicos; representar los intereses de las cámaras de agricultura, industrias y comercio, para su incremento; colaborar con los poderes públicos y tomar a su cargo las gestiones que le encomendaran cualesquiera de las cámaras federadas, cuidando que las obligaciones y garantías de estas entidades se repartan por igual en todos los ámbitos del país; y, todas las demás atribuciones que fijen los estatutos y reglamentos.

El señor presidente: Me permito insinuar que se añada: “y todas las demás atribuciones que fijen los estatutos y reglamentos”, para darle la mayor amplitud posible. En esa forma se podrá aprovechar muchas de las indicaciones del doctor Uquillas. El señor Colvín. Señor presidente: Creo que la comisión ha olvidado que uno de los fines más importantes que se persiguen con la organización de los industriales, es el de formar estadísticas industriales del país. Dentro de ese objetivo, han olvidado los miembros de la comisión una cláusula por la cual sea obligatorio para las cámaras de comercio mandar a la cámara central estadísticas de la producción de sus asociados, de los saldos de mercaderías que tengan al término de cada mes, a fin de formar una estadística completa, que es indispensable. El señor presidente. Me parece muy importante la sugerencia del señor delegado, pero soy de la opinión que la disposición pertinente se redacte en forma general, más o menos en los siguientes términos: “procurar la organización de estadísticas lo más perfectas posibles”. El señor Martínez. Señor presidente: Una vez terminadas las conclusiones del informe, podemos atender a la inteligente idea del señor delegado. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Puede aprobarse la idea y después la comisión de redacción se encargará de colocar la exposición respectiva en el lugar que le corresponda.

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Se aprueba el Art. 8. Se da lectura al Art. 9: “Los representantes de la agricultura, industrias y comercio, en el Consejo de Economía, deberán formar parte del directorio de la cámara central”. El señor Martínez. Señor presidente: Este artículo se ha puesto con el objeto de que la cámara central conozca plenamente las actividades del Consejo de Economía Nacional y, a la vez, que la cámara pueda dar sugerencias en el seno de dicho consejo, para la mejor solución de los más importantes problemas del país. El señor Domínguez. Señor presidente: Debe tenerse en cuenta la existencia de estos dos centros, el Consejo de Economía Nacional, que actúa en Quito, y el que debe actuar en Guayaquil; porque en ambos lugares deben organizarse estos centros de economía nacional. El señor Chávez. Señor presidente: Se había tomado en cuenta, como acaba de decir mí distinguido compañero de comisión, que el Consejo de Economía Nacional está muy cerca del Ejecutivo y, habiendo como hay, representantes de las industrias, del comercio y de la agricultura en dicho consejo, podían surgir divergencias de opinión entre la cámara central de agricultura, comercio e industrias y el Consejo de Economía Nacional, especialmente con sus representantes, de manera que en cualquier momento esta disparidad de opinión hubiera hecho fracasar ya a los representantes en el Consejo Económico, ya a la cámara central. Por ese motivo se dispuso que en el proyecto figurara como obligatorio que los representantes de estas entidades integraran el directorio de la cámara central. Ahora bien, se acaba de llamar la atención que en Guayaquil existe también un Consejo de Economía. Me permito aclarar que no se trata de un consejo, se trata de una comisión económica; pero posiblemente, la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias de Guayaquil, interpretando el buen sentido de esta organización, adecuará en sus estatutos la organización de la comisión económica de Guayaquil al principio que se ha considerado en estos estatutos generales. En consecuencia, bien puede quedar lo uno para que la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias de Guayaquil haga lo propio en sus estatutos, si lo cree conveniente. Se aprueba el Art. Y se da lectura al Art. 10: “Las actuales cámaras de comercio, agricultura e industrias existentes, se denominarán en lo sucesivo, cámaras de agricultura, industrias y comercio”. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Creo que este artículo no tiene razón de ser porque ya en el primero se está respetando la independencia de las entidades existentes, las cuales deben quedar con el nombre que hoy tienen. Mas, si por esta nueva disposición se les va a obligar el nombre que allí se indica, esto irá contra lo establecido en el primer artículo. El doctor Cabrera. Señor presidente: Al consultar el cambio de orden en la denominación, estamos haciendo como quien dice, un acto de reconocimiento de acatamiento a las cámaras de comercio que ya existen para que en un momento dado no se vaya a creer que al dictar este acuerdo en el congreso, estamos desconociendo

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a las entidades que a la fecha estén ya establecidas. Tal vez como simple aclaración estamos diciendo en el informe: “Las cámaras de comercio existentes, subsistirán sólo que se dignarán tomar este nuevo nombre”. Esto no va en contra del principio sentado anteriormente de que se respetará la independencia de las entidades existentes, porque estas son sociedades agrícolas que existen en Quito, Guayaquil y Cuenca, las cuales seguirán subsistiendo como tales; las sociedades de otra índole, como por ejemplo la farmacéutica, pueden conservar sus propios nombres, únicamente tratándose de las cámaras de comercio se ha querido hacer esta diferencia: decirles que las reconocemos pero suplicarles al propio tiempo, que en lugar de llamarse cámaras de comercio e industrias, se llamarán en adelante cámaras de agricultura, comercio e industrias. El señor Domínguez. Señor presidente: Habría entonces que insinuar a estas entidades que ensanchen cuanto antes su extensión, llamando a su seno a los agricultores, porque ¿cómo van a llamarse cámaras de agricultura, comercio e industrias, si van a seguir constituidas como están ahora, sólo con comerciantes e industriales? El señor presidente: Me permito sugerir la supresión del artículo porque la cuestión de nombre es lo de menos. En una ciudad donde el comercio sea la actividad principal, la denominación deberá ser “cámara de comercio, agricultura e industrias”, en una ciudad, donde no exista esta entidad pero vaya a constituirse, y la principal actividad sea la agricultura, la denominación será “cámara de agricultura, industrias y comercio”. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Desde el momento que se están creando estas cámaras, es natural que han de denominarse con el nombre que se designa en el primer artículo; de manera que si tengo apoyo, pido se suprima este artículo. El doctor Cabrera. Señor presidente: Creo que este artículo no es sino resultante de lo dicho anteriormente. En él lo único que hacemos es reconocer la existencia de las cámaras que se hallan establecidas, porque de otra manera tal vez va a creerse que este acuerdo significa la expiración de las actuales cámaras de comercio, a no ser que se expida un decreto ejecutivo ordenando que continúen subsistiendo. Por eso de una vez aquí nos adelantamos a decir que las cámaras de comercio que hoy existen, seguirán viviendo, pero tomarán este nuevo nombre. Se vuelve a leer el artículo. El señor Chávez. Señor presidente: El objeto de este artículo es mantener la unidad. Muchas veces el Ejecutivo se dirige a una cámara y no sabe cómo se llama, si de agricultura, comercio e industrias o viceversa. Sería mejor que la denominación sea general, única; y que todas las cámaras se llamen de agricultura, comercio e industrias, que me parece lo más lógico. Se aprueba el Art. 10. Se lee y aprueba el Art. 11: La Federación de Cámaras de Comercio del Ecuador, que actualmente funciona en Quito, se titulará Cámara Central de Agricultura, Industrias y Comercio”.

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El doctor Leví. Señor presidente: Para mí pasó desapercibida la sugerencia que hizo hace un momento el señor Colvín, en el sentido de que los industriales estarán obligados a enviar los datos estadísticos de su producción, ventas, existentes a la cámara de comercio del distrito al que pertenezcan. Al respecto, quiero preguntar ¿cómo se imagina el proponente que puede ser posible el envío de tales datos por parte de determinada clase de industriales? Para una piladora de arroz, para una fábrica de azúcar, etc. esto será cosa sencilla; pero tratándose de una fábrica de tejidos, que tiene tantos modelos, de una fábrica de vestidos, fideos, chocolatines o de productos farmacéuticos, que elabora 500 y tantas especialidades, ¿cómo es posible que quiera obligarse al propietario a que cada vez envíe a la respectiva cámara de comercio una estadística detallada de todos los productos que ha fabricado, que ha vendido y que tienen en almacén? Aparte de que esto significaría un trabajo ímprobo, de casi imposible realización, tendría el inconveniente de que los competidores irían a la cámara de comercio y se informarían de todos estos detalles para orientar mejor sus negocios, lo cual sería perjudicial y molestoso para todos. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: El principio sentado aquí es de carácter general; después los estatutos y la reglamentación tomarán en cuenta lo que acaba de decir el doctor Leví. El doctor Cabrera. Señor presidente: La indicación del señor Colvín obedece a que en el estudio hecho por la Cámara de Comercio de Ambato, a la que pertenece el señor Colvín, consta esa indicación, pero la comisión ha tomado en cuenta todas estas indicaciones para la formación del acuerdo que se discute. El señor Colvín. Señor presidente: Creo que para que este congreso obtenga verdadero éxito es necesario que se establezca ¿cuáles son los artículos que se fabrican en el país?, ¿de qué materia prima se puede disponer?, etc. Sino se conocen estos datos estadísticos, ¿cómo podrá el Ejecutivo defender una industria nacional, poniendo obstáculos a la importación de determinados artículos, si no se sabe que en el país se fabrican esos mismos artículos? Por eso creo que la base principal para que este congreso cumpla la misión a que está llamado, es la formación de las estadísticas productivas del país, como existen en todo el mundo. No estoy pidiendo una cosa extraña sino algo que se hace en todos los países adelantados, esto es, la formación de estadísticas que siempre están al alcance del Gobierno, para que sepa cuál es la producción nacional, ya que de otra manera no se podrá exigir protección para las industrias. El doctor Leví tiene mucha razón al decir que tratándose de un negocio de farmacia, por ejemplo, es muy difícil proporcionar una estadística detallada; pero ese no es el caso, porque a ningún industrial se le podrá exigir datos pormenorizados. Al doctor Leví, por ejemplo, nadie le va a obligar a decir cuántos frascos de pomada ha vendido, sino que es suficiente con que dé el monto total de su producción y de las existencias que tiene disponibles. De igual manera las industrias textiles, por ejemplo, indicarían el monto de su producción y la cantidad de materias primas que tienen almacenadas, sin especificar que tienen tantas varas de una tela de determinado color o tantas varas de determinado valor; por eso he dicho que las estadísticas a formarse no serían a la base de detalles relativos a

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las calidades, colores, variedades, etc., sino de las cantidades. Por ejemplo, una fábrica diría: en tal lapso de tiempo hemos fabricado artículos por valor de millón y medio de sucres, hemos vendido medio millón, en consecuencia, nos queda en existencia un millón; así el Gobierno podrá darse cuenta de la protección que esa industria requiere. No dudo que habrá muchas industrias que no podrán dar estadísticas detalladas, pero los datos de carácter general son los más importantes, y deben darse. Si no se expide un decreto obligando a los industriales a proporcionar esos datos, de manera espontánea, no los suministrarán nunca. El doctor Cabrera. Señor presidente: Justamente, para este objeto muy bien enunciado por el señor Colvín, la presidencia presentó ayer una ponencia que mereció la aprobación del Congreso, y que dice así (lee). El señor presidente: Consulto al Congreso si esta ponencia debe ser discutida independientemente de la organización general. Si el Congreso se digna resolverlo así, podríamos ponerla inmediatamente en discusión. El señor Domínguez. Señor presidente: No hace falta que discutamos separadamente esta moción porque al hablar de estadísticas se habla de las estadísticas científicas, que exigen reserva, de manera que al hablar de la necesidad de formar estadísticas, esta dicho todo. El señor Coloma. Señor presidente: Creo que sin necesidad de que conste como un artículo, independiente del acuerdo que acabamos de discutir, la ponencia del señor presidente debe considerarse separadamente, porque su importancia es de gran relieve. Sin estadísticas el país no podrá progresar jamás. El señor presidente: Agradezco el concepto del señor Coloma. Creo que la comisión ha cumplido de la manera más cabal con su cometido, presentando el informe acerca de la organización eficiente de los industriales; pero, como hay una ponencia que puede considerarse como independiente de la organización de los industriales y que se refiere a un punto muy importante para la industria, como es el de la organización de las estadísticas, hecha por el Estado, mediante sus oficinas propias y con la cooperación de los industriales para proporcionar los datos correspondientes, sí creo que debería ponerse en discusión esta ponencia. El señor Martínez. Señor presidente: Si el señor Coloma eleva a moción su indicación, tendré el gusto de apoyarlo para que, aparte de aprobarse la idea anterior, relativa a la formación de estadísticas, se apruebe también la ponencia presentada por usted. El señor Secretario. Señor presidente: Se trata de dos clases de estadísticas. El señor Colvín tiene razón al exigir que se disponga la formación de estadísticas comerciales, al tratarse de las atribuciones de las cámaras de comercio, entre las cuales, en el proyecto del ministerio, consta la siguiente: “Creación y mantenimiento de estadísticas”. Mientras tanto, la ponencia del señor presidente se refiere a la organización de estadísticas por parte del Gobierno. Esta última debe discutirse y seguramente aprobarse; pero debe

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constar también la idea del señor Colvín, como una atribución de las cámaras de comercio. El doctor Uquillas. Señor presidente: Creo que como ha enunciado alguno de mis colegas y el señor secretario en especial, se trata de dos asuntos independientes: estadística oficial que solicita el Congreso que se establezca de manera terminante por el Estado; y la estadística que deben llevar los comerciantes e industriales. En consecuencia, creo que entre las atribuciones que se van a señalar a las cámaras de comercio debe constar la de exigir a sus asociados el envío de datos estadísticos comerciales, sin perjuicio de que la ponencia del señor presidente sea aprobada, para recomendar al Ejecutivo que se establezca de manera vigorosa la estadística oficial. Se aprueba la ponencia. El informe de la comisión quedó aprobado así: Señor presidente del Congreso de industriales: Vuestra comisión encargada de emitir informe sobre la organización eficiente de los industriales, como organismo interno de las cámaras de comercio, presenta a la ilustrada consideración del congreso el siguiente. Consideradas con la atención posible las importantísimas ponencias presentadas al congreso en relación con la organización industrial, nos es grato reconocer que se han hecho estudios profundos y dignos de ser tenidos muy en cuenta para la realización de todos los postulados que persigue este congreso y que contribuirán eficientemente para la verdadera organización de las entidades económicas del país con la inmediata atención de los poderes públicos. Recomendamos pues, que dichos estudios sean entregados a la comisión permanente que este congreso deberá nombrar para que saque ella todo el provecho debido de tan valiosas ponencias; siendo ésta para nosotros la oportunidad de tributar a las delegaciones que has han presentado, singularmente a las de Tungurahua y Los Ríos, nuestro más fervoroso aplauso. Interpretando las ideas de los señores autores de las ponencias, y a fin de llevarlas a la práctica, condensamos nuestra opinión en las siguientes conclusiones: 1. Organícese por el poder público a quien corresponda, respetando la independencia de las entidades existentes, en cada capital de provincia y en los cantones en los que fuere conveniente, una cámara de agricultura, industrias y comercio. 2. Serán miembros de estas cámaras, con carácter obligatorio, los agricultores, industriales y comerciantes que ejerzan tales actividades en las respectivas circunscripciones territoriales y que reúnan, para el efecto, las condiciones siguientes: a) agricultores que posean propiedades de diez mil sucres o más; b) industriales con un capital de cinco mil sucres o más; c) comerciantes con un capital de cinco mil sucres o más; los agricultores, industriales y comerciantes con menor capital y que desearen ser miembros de las cámaras, podrán asociarse a ellas voluntariamente. 3. Los estatutos sociales de estas cámaras serán sometidas al Poder Ejecutivo a la brevedad posible, para su legal aprobación.

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4. Cada cámara fijará el valor de las cuotas de sus asociados, de acuerdo con su capital. 5. En cada cámara, a ser posible, se constituirán las secciones de agricultura, industrias y comercio. El directorio estará formado por representantes correspondientes a las mencionadas actividades. 6. Así mismo, por el poder público, se creará la Cámara Central de Agricultura, Industrias y Comercio, formada por un representante de cada una de las cámaras provinciales y cantonales, con residencia en la capital de la república. 7. Al sostenimiento de esta institución contribuirá forzosamente con un porcentaje fijo de sus ingresos, cada cámara 8. Son atribuciones y deberes de la Cámara Central conocer y resolver todos los asuntos de interés general para la agricultura, industrias y comercio ecuatorianos que fueren propuestos o presentados por las cámaras federales por intermedio de sus delegados; fomentar el intercambio de los productos nacionales en el territorio de la república y fuera de ella, haciéndolos conocer con adecuada propaganda o por medio de exposiciones agrícolas, industriales y comerciales, así en el interior como en el exterior del país, formando al efecto las estadísticas necesarias por medio de las cámaras de agricultura, industrias, comercio y los poderes públicos; representar los intereses de la agricultura, industrias y comercio para su incremento; colaborar con los poderes públicos y tomar a su cargo las gestiones que le encomendarán cualesquiera de las cámaras federales, cuidando que las obligaciones y garantías de estas entidades repartan, por igual en todos los ámbitos del país; y, todas las demás atribuciones que fijen los estatutos reglamentos. 9. Los representantes de la agricultura, industrias y comercio en el Consejo de Economía, deberán formar parte del directorio de la Cámara Central. 10. Las actuales cámaras de comercio, agricultura e industrias, existentes, se denominarán, en lo sucesivo, cámaras de agricultura, industrias y comercio. 11. La Federación de Cámaras de Comercio del Ecuador, que actualmente funciona en Quito, se titulará Cámara Central de Agricultura, Industrias y Comercio. Este es nuestro parecer, salvo el más acertado del Congreso. La comisión: Domingo Romano, V. A. Cabrera M., A. Martínez, Pedro Briones, L. N. Chávez, Julio C. Vinueza, S. Miguel Pinto y Francisco Pons Millás”.

La secretaría da lectura a la ponencia presentada por los delegados, señores Chávez, Briones y Cabrera: 1. En los casos que lleguen hasta el Estado u otra entidad de carácter oficial, necesitare hacer adquisiciones, las licitaciones se harán conocer más ampliamente que lo

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que se efectúa actualmente, publicándose en periódicos de mayor circulación que lleguen hasta los centros de producción del artículo o artículos que se desee adquirir. 2. Para el mejor éxito agrícola-industrial, se garantiza de la manera más amplia, de acuerdo con la Constitución de la República, el funcionamiento en todos sus detalles de la gestión agrícola-industrial, y no se pondrá, en consecuencia, obstáculos que entraben dicha acción, derogándose todas las leyes y disposiciones que existen fijando precios, etc. P. Briones E., V. A. Cabrera M. y L. N. Chávez.

El doctor Cabrera. Señor presidente: La razón de esta ponencia, cuyo autor es el señor Briones y que ha sido acogida por nosotros, es la siguiente. Hay casos en que se abre una licitación para la compra o adquisición de un artículo cualquiera y se la publica en un periódico de Quito, en El Comercio o El Día, por ejemplo, pero ambos periódicos, a pesar de su gran circulación, no llegan a algunos lugares de la Costa en donde también hay industrias y comerciantes que pueden tomar parte en la licitación. De allí que nosotros hemos visto inmediatamente la razón en que se funda la ponencia del señor Briones y hemos tenido a honra suscribirla. El doctor Ledesma: señor presidente: Desearía que esa ponencia sea redactada en términos más amplios. Al efecto, propongo que se modifique la ponencia en el sentido de que toda licitación debe ser comunicada a las diversas cámaras de comercio provinciales, las cuales a su vez, las publicarán en los periódicos locales, a fin de que llegue a conocimiento de todos los interesados, ya que si se conserva la redacción actual, no se obtendrá el fin deseado, puesto que muchos periódicos, por mucha que sea la circulación que tengan en una población, no la tienen en otras. El objeto que se persigue es el de que toda la república conozca estas licitaciones, a fin de que todos los interesados puedan ofrecer en competencia los artículos que se trata de adquirir. Esta es la idea que debe redactarse en términos convenientes. Se lee de nuevo la ponencia con la reforma solicitada por el doctor Ledesma. El señor Noboa. Señor presidente: Insinúo que la ponencia, en la parte pertinente, diga: “En los periódicos locales de mayor circulación”, porque hay periódicos locales que desgraciadamente no son leídos por todo el público. Son esta indicación, se aprueba la ponencia. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Pido que cuanto antes la comisión de mesa designe los miembros que deben integrar la Comisión de Redacción, a fin de que los acuerdos aprobados se presenten debidamente redactados dentro del menor plazo posible.

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El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Aun cuando sé que el proyecto que acaba de aprobarse está completamente terminado, quiero llamar la atención sobre un punto (en momentos me encontraba ausente), para rogar al Congreso, que de ser posible, lo reconsidere, ya que si queda tal como ha sido aprobado, constituirá un ataque a algo que siempre hemos defendido, la libertad individual. Una de las disposiciones del proyecto que acaba de aprobarse, dice: “Serán miembros de estas cámaras, con carácter obligatorio, etc.”, no creo que de ninguna manera debe ser obligatorio el pertenecer en calidad de miembro a las cámaras de comercio, agricultura e industrias; debemos dejar en libertad a cada individuo para que, de acuerdo con su conciencia, ingrese o no a estas instituciones. Siempre se ha dicho que las cosas deben ser voluntarias; sin embargo, tenemos el caso de que la enseñanza primaria es obligatoria. Con eso estoy de acuerdo, porque hay padres ignorantes que creen que no importa que el niño no estudie; pero tratándose de este punto, vamos a matar el proyecto. ¿Cómo vamos a establecer la obligación de ingresar a dichas instituciones, para todos los agricultores, industriales o comerciantes? Nosotros, los que estamos aquí, podemos contraer obligaciones pero no podemos pedir que mediante un decreto ejecutivo, se obligue a todos los demás industriales, comerciantes y agricultores a ser miembro de las referidas instituciones, porque con ello estaríamos atacando a un principio básico de la Constitución. Pido la reconsideración del artículo a fin de que se suprima la frase “Con carácter obligatorio”; si no encontrara apoyo, pediré que conste de manera expresa mi voto negativo a esa parte. Si el proyecto queda así, nacerá francamente muerto. Hay que dejar en libertad a cada individuo para que haga lo que le corresponde y quiera hacer. Cierto que en muchas leyes, de cierto tiempo a esta parte, se consignan disposiciones que atacan ese gran principio de la libertad individual que Juan Montalvo, hijo de Ambato, proclamó y defendió con tanto ardor; yo no estaré jamás por esa clase de medidas. Le presta su apoyo para la reconsideración el señor Maximiliano Vaca, delegado por Tungurahua. El señor Chávez. Señor presidente: Este asunto ha sido discutido ya bastante y fue objeto de muchas e importantes observaciones, hasta se citó la Constitución, pero no debemos olvidar que en realidad la libertad no existe; toda libertad está limitada y nosotros queremos limitar nuestra libertad conscientemente. Quiero creer que sí tenemos derecho para decirle al poder público: “organícenos porque durante un siglo y más no nos hemos podido organizar por nosotros mismos”. Algún día debe venir de arriba una fuerza que nos imponga esa obligación. Se ha citado lo que dije respecto a la obligatoriedad de la enseñanza primaria; pero quería yo comparar al industrial, al comerciante y al agricultor de mi patria, con un niño. Niños somos en nuestra vida de nación y es necesario que se nos coja y se nos encuadre a cada cual en nuestro sitio, y eso es lo que estamos pidiendo nosotros. No es que el Ejecutivo nos va a imponer por sí mismo esta obligación, somos nosotros los que le vamos a pedir que nos organice, porque si sólo el Congreso decreta esta organización, después de un año nos reuniremos para

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lamentar que nada se ha hecho al respecto. Tenemos, pues, que aceptar esa obligación si hay el verdadero deseo de unir a todos los elementos que integran los ramos de la agricultura, industria y el comercio nacionales. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Nosotros, los que estamos aquí reunidos, podemos pedir que nos organicen; pero no podemos pedir que se obliguen en general a todos los comerciantes, agricultores e industriales del país a que ingresen a las referidas instituciones. Si dichos individuos no cumplen con ingresar a las cámaras respectivas, ¿se les impondrá acaso una pena? En ese caso se estará atacando la libertad de los individuos, garantizada por la Constitución. Voluntariamente podemos ir a dónde nos quieran llevar, pero en forma obligatoria, resulta atentatorio contra la libertad de cada individuo. El señor Coloma. Señor presidente: No quiero hablar sobre el aspecto principal del asunto porque fui yo quien originó la discusión que acaba de tener lugar. Desgraciadamente, en el Art. 2 se consignó, de manera especial, la palabra “obligatoriamente”, no obstante lo cual yo quedé callado y dejé pasar el asunto para que no se crea que tenía algún interés personal. Pero no quiero dejar pasar por alto una expresión de mi inteligente amigo el señor Chávez, relativa a que la libertad no existe. Probando está que tenemos libertad, el hecho de que nos hayamos reunido aquí, en Ambato, la cuna del liberalismo genuino, y por eso debemos defender esa libertad que realmente existe, de acuerdo con la ley, con nuestro modo de ser y con las necesidades de la vida El señor Martínez. Señor presidente: El señor Jouvín incidentalmente preguntó qué pena tendría el que no ingrese a la respectiva cámara. Debo responderle que dicha pena consistirá en no gozar de las ventajas que proporcionará la agremiación que se proyecta; ésa será la mayor pena que pueda sufrir un industrial, agricultor o comerciante que haga caso omiso del cumplimiento de la mencionada disposición. Efectivamente, el proyecto que se ha aprobado está basado absolutamente en una obligación que se crea, obligación que podemos solicitar para nosotros mismos y para todos los demás agricultores, industriales y comerciantes del país, por ser sus verdaderos representantes. Por lo demás, es absolutamente necesario establecer dicha obligatoriedad porque de otra manera, será casi imposible que lleguemos a agremiarnos, ya que, aún cuando sea sensible y doloroso decirlo, por carácter, por naturaleza, no somos capaces de ser constantes, hemos heredado de nuestra madre España la inconstancia y de allí no salimos, de manera que es conveniente y aún necesario conservar el carácter de obligatoriedad. El doctor Uquillas. Señor presidente: Creo que el señor Jouvín, con ese espíritu enteramente generoso y liberal, franco y amplio que posee, cree que en el caso propuesto el término “obligatoriamente”, significa algo así como una presión, algo así como un mandato fuerte o como una cadena, pero voy a decirle que la obligación a que se refiere el artículo sólo es una obligación voluntaria, puede decirse. Nosotros hemos visto lo siguiente. La Cámara de Comercio de Ambato, con espíritu amplio, insinuó a todos

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los comerciantes e industriales del país que enviaran sus delegados al congreso, con poderes amplios, para que éstos pudieran resolver lo conveniente respecto al progreso de las instituciones respectivas. En esta virtud, todos los pueblos se reunieron y todos los hombres del ramo designaron sus delegados a esta asamblea. ¿Este acto de los pueblos era enteramente voluntario?, ¿que querrían los pueblos? Que se organice la respectiva entidad. Ahora bien, esos pueblos hablando por boca de sus representantes, dicen: “Pedimos al Ejecutivo que declare que de un modo obligatorio estamos en la necesidad de agruparnos, para recibir los beneficios que esa agremiación nos brinda”. Esto es lo que va a solicitar el congreso, de manera que no es una presión del Ejecutivo, no es un mandato de alguien que no tenga facultad de hacerlo sino es que la solicitud de los que tenemos facultad de pedir, porque hemos venido con esta facultad. De manera que suplico al señor Jouvín Arce que retire su petición de reconsideración. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Agradezco ante todo la frase bondadosa del doctor Uquillas, pero comprendo que su concepto no es real porque tal como está la disposición, es obligatoria; de manera que sostengo mi ponencia y ojalá entráramos, cuanto antes, a discutir si se acepta o no el artículo tal como está, porque entiendo que de quedar en la misma forma en que está concebido no tendrá aceptación y especialmente los agricultores, a quienes no representamos nosotros, se mortificarán mucho al saber que nosotros hemos pedido que se los haga ingresar a la bayoneta a tales instituciones. El señor Chávez. Señor presidente: Al decir que la libertad no existe, lo he dicho en un sentido muy relativo. Había que comprender muy bien que al haber enunciado esa idea, naturalmente extremista, en un sentido desfavorable, yo me había considerado en la situación del hombre que en la convivencia social ingresa pleno de libertad para sacrificar muchas de sus libertades; pero cuando se sacrifica una libertad ha de ser a expensas del bien de la colectividad. No concibo el sacrificio de la libertad en otra forma. En la modesta actuación de toda mi vida, he sido un tenaz defensor de la libertad, pero de esa libertad relativa. Nadie está atribuido a creerse con absoluta libertad, al hecho de que nos hayamos reunido aquí espontáneamente y digamos: “Pedimos al poder público que organice estas entidades” no va a imponer al Ejecutivo. Por allí debemos comenzar nuestro razonamiento, no será obligación de los poderes públicos organizar las cámaras de comercio en la forma que nosotros lo proponemos; los poderes públicos estudiarán la posibilidad, consultarán la razón, los inconvenientes que pueden surgir de nuestra idea; lo proponemos como un ideal, como una indicación, como una sugerencia, pero el mismo hecho de que nosotros hayamos solicitado eso, da a entender que no se trata de una imposición de los poderes públicos para los individuos que van a agremiarse. Finalmente, querría que se tome en cuenta también que de acuerdo con la Constitución, los poderes públicos no pueden obstar la libertad de agremiación de los individuos, no vamos a atacar con esto a la libertad de las entidades que existen, ni a impedir que nuevas instituciones se organicen,. Lo único que queremos es que exista una determinada asociación que agremie a industriales, agricultores y comerciantes, pero

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libres son ellos, si quieren tener otras entidades, agremiaciones y sociedades, de reunirse en el número que a bien tuvieren y establecer nuevas sociedades, nuevas instituciones. Votada la reconsideración, resulta negada. Votan a favor de ella los señores Jouvín, Vaca, Heredia, Badillo y Domínguez. El señor Chávez. Señor presidente: Interpretando la intención de los distinguidos compañeros que integraron la comisión, quiero agradecer de la manera más cordial a la ilustre asamblea por la forma amplia y generosa con que ha tratado el primer punto, acaso el más difícil, de todos los que tenemos que tratar en el Congreso. Eso nos da la idea de que sí podemos entendernos en todos los puntos tan importantes que tiene que considerar este congreso. Si tenemos esta amplitud de miras, esta comprensión inteligente, esta cordialidad en la discusión, esta alta concepción del respeto que merece la opinión ajena, estoy plenamente convencido de que los resultados de este congreso serán como los resultados de esta sesión; acalorada, activa, pero de todas maneras cordial y absolutamente plena de buena voluntad de parte de todos los miembros de la asamblea. El señor presidente: De mi parte quiero cumplir con el deber de dar un voto de aplauso a la comisión por haberse desempeñado tan brillantemente. Con lo cual se termina la sesión a las 7 pm. El presidente del Congreso, C. M. Larrea. El secretario del Congreso. B. Ruiz y Gómez.

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ACTA NO. 7 SESIÓN ORDINARIA DE LA TARDE Marzo 26 de 1935 (Concurren 47 delegados) Con la presencia del señor Carlos Manuel Larrea, se instala la sesión a las 2:45 p.m., con la concurrencia de los delegados Coloma, Badillo, Salazar, Dávila, Cañizares, Cumba, Molina, Zatizábal, Trujillo, Martínez, Domínguez L., Bueno, Salazar F., Heredia Crespo, Vinueza, Veintimilla Muñoz, Cisneros, López Guerra, Noboa, Rodríguez, Carrasco, Erazo, Veintimilla, Mosquera, Chávez, Ledesma, Zaldumbide, Eguiguen, Cueva, Sandoval, León Hidalgo, Leví, Cabrera, Briones, Colvín, Vaca, Romano, Cuesta, Alemán, Paz, Núñez, Álvarez Lara, Jouvín Arce, Pons, Uquillas, Guillén, Lainer y De Pages. Actúa el infrascrito secretario. Se omite la lectura del acta de la sesión anterior por no haber alcanzado a prepararla, dada su gran extensión y la estrechez del tiempo. La secretaría da cuenta del personal que integran las comisiones de Agricultura e Industrias Agrícolas, la de Asuntos Varios y la de Redacción, últimamente designados. Se leen las siguientes comunicaciones recibidas: telegramas de los gobernadores de Loja, Guayas, Cuenca, y Secretario de la Federación de Cámaras de Comercio del Ecuador, congratulándose por la realización del congreso y haciendo votos por su éxito; telegrama del Director General de Sanidad, se ordena contestar manifestando que oportunamente se tomarán en cuenta las sugerencias, pasándolas al estudio de la comisión respectiva; oficio del señor director genera de estadísticas pidiendo que el congreso acuerde obligar a los industriales para que den prontos y veraces informes para la formación estadística. Al respecto se pide contestar por telégrafo, indicando que el congreso ha visto complacido esta iniciativa y que con anterioridad se ha tomado ya un acuerdo al respecto. Oficio del Director de HCJB La voz de los Andes. Igualmente, se decide que se manifieste que el congreso aprecia en todo su valor la labor de la estación HCJB Oficio de la sociedad “La Fibra industrial”. Se solicita trascribirla al Ministerio de Hacienda recomendando se preste atención a su contenido. Enseguida la presidencia ordena se proceda a considerar el informe de la comisión de arancel de aduanas, de acuerdo con la orden del día. Se lee el informe en referencia. Señor presidente: vuestra comisión sobre asuntos arancelario, estudiadas las ponencias presentadas por las delegaciones del Tungurahua, Bolívar, Pichincha y Guayas y todo lo relacionado con el arancel de aduanas, a usted, atentamente, informamos: que atento

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lo complejo del programa arancelario y teniendo en cuenta que se han presentado a la comisión tres ponencias que, en su parte esencial, se hallan en desacuerdo (la primera del señor Ramón González Artigas, la segunda del señor Alfredo Coloma y la tercera del señor doctor Roberto Leví y licenciado Jacinto Jouvín Arce). No habiendo podido armonizar la comisión los conceptos en desacuerdo de dichas ponencias resolvió, a pedido del vocal señor Zaldumbide, presentar a la consideración del congreso las tres mociones para que éste, con estudio sereno y con discusión general, las remita a la Junta Consultiva Económica de Quito y Guayaquil para que ellas hagan las sugerencias y resuelvan lo más conveniente a la industria y economía nacionales. Éste es nuestro parecer, salvo siempre el más ilustrado del congreso de industriales. Ambato, marzo 26 de 1935. El presidente, doctor Roberto Leví.

El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Como hay una ligera omisión, pido que el señor presidente de la comisión haga la aclaración respectiva. La presidencia ordena leer cada una de las tres ponencias presentadas. Se lee la primera suscrita por el señor Alfredo Coloma. Señor presidente: vuestra comisión encargada de informar respecto del segundo punto señalado en el programa de esta asamblea (sugerencias convenientes para las reformas a la Ley y Arancel de Aduanas), y después de haber oído las opiniones de sus miembros, así como conocidas las varias ponencias que se han presentado con este mismo objeto, tiene a bien expresar su opinión en la forma siguiente. En efecto, las reformas a la ley y arancel de aduanas constituyen un factor indispensable no sólo para el mejoramiento de las industrias nacionales, sino también para el progreso general del país, ya que de sus buenas exposiciones y con el incremento comercial en sus varias formas ha de mejorar indudablemente nuestra balanza de pagos. En esta virtud la Comisión de Arancel de Aduanas juzga que lo elemental sería insinuar al Poder Ejecutivo la preparación de un proyecto de ley, que organice una corporación permanente, cuyo único fin sea el estudio constante de las dos leyes, a base de estadísticas, para que de este modo se pueda reformar el arancel, toda vez que sea necesario, de acuerdo con las diferentes situaciones que se presenten, a saber: por la variación de cambios, por el incremento de nuestra industria, por el valor adquisitivo de la moneda, por el estado agrícola del país, y por otros muchos factores que concurren a menudo haciendo inevitable la regulación arancelaria. En tanto el Poder Legislativo apruebe el proyecto que mencionamos, vuestra comisión resuelve recomendar al Gobierno que inmediatamente dicte decretos de emergencia, por medio de la facultad que le da la ley de 8 de diciembre de 1933, decretos que contengan, de acuerdo con el Consejo de Ministros [...] , los siguientes puntos. Primero: no tendrán recargo alguno, a aforos actuales, los artículos que no produciéndose en el país, sean, por lo mismo, de forzosa importación. Segundo: pagarán el 50% de recargo en los actuales aforos los artículos que, aunque se produzcan el país, no son indispensables, pero si de relativa necesidad, en muchos casos de complementos de otros. Tercero: todos los artículos extranjeros, cuyos similares se fabrican y producen

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en el país, se gravarán fuertemente, a juicio del Poder Ejecutivo, a fin de hacer, por este medio, difícil su importación; pues, de otro modo, y si por consideraciones diversas, la nación sigue importando sin cálculo ni medida, nunca van a mejorar nuestras industrias, las que deben ser protegidas ampliamente. Cuarta: las materias primas extranjeras que se usan en la fabricación de varios artículos, [...] deben tener una rebaja apreciable en los derechos que pagan actualmente, para favorecer e incrementar tales industrias, siempre que no se produzcan en el Ecuador materias primas similares. Recomendamos, de manera especial, al Poder Ejecutivo, haga esta rebaja, sobre todo en lo que se refiere a materias primas, hilos de seda artificial, hilos de lana especial que se emplean en la fabricación de medias y sweaters, por cuanto la importación de medias de seda, artículo suntuario, comprende la salida de una enorme cantidad de oro, habiéndose establecido, de este modo, la costumbre de usar, casi de manera general, medias de seda, haciendo así imposible el ahorro tan necesario no sólo para épocas de crisis, sino también para los pueblos pobres como el nuestro. Quinto: deben gravarse con los más altos derechos todos los artículos suntuarios, cuya importación desmedida beneficia solamente a pocos comerciantes importadores de ellos. Un país pobre, repetimos, debe vivir pobremente, y los ricos que tienen dinero, que paguen esos artículos a los pecios altos que deben costar por la elevada tarifa que se ha señalado en todas las naciones. Sexto: las nuevas industrias que se establezcan, de cualquier clase que fueran, gozarán de los mismos beneficios que las ya establecidas, a fin de atraer de esta manera los capitales extranjeros, tomando las medidas que aseguren a esos capitales su inversión. Séptimo: el Poder Ejecutivo, mediante la facultad que le concede la ley, dictará las reformas necesarias para impedir que los fabricantes e industriales del país abusen de la protección del Estado, aumentando sin consideración los precios de sus artículos, perjudicando de tal modo al pueblo consumidor, no sólo con el mayor precio sino también, en algunos casos, con inferior calidad del similar extranjero. Hay industrias que están ganando actualmente más de un 200%. Octavo: sugerir al Gobierno gestione por medio de los cónsules ecuatorianos en el extranjero, no sólo la intensa propaganda de nuestros artículos, sino también el intercambio internacional de productos que el Ecuador puede tener en un momento dado, como por ejemplo, con el alcohol y sus derivados, tabaco, etc. Noveno: obtener de la compañía del ferrocarril, tan pronto sea posible, la rebaja de los altos fletes en todos los productos nacionales, especialmente en los de primera necesidad. La comisión, haciéndose eco de un imperativo para el equilibrio económico del país, sugiere la necesidad de liberar de todo derecho a la exportación, aún quizá a los de muelle, etc. Los cueros, cuando éstos hagan falta para la industria nacional, pueden tener algún pequeño derecho de exportación, únicamente en este caso. Diez: la comisión ha recibido informes de que el contrabando de mercaderías extranjeras se ha desarrollado en mayor escala, sobre todo en el puerto de La Libertad y, con tal motivo cree del caso recomendar al señor Ministro de Hacienda, tome las medidas más convenientes para evitar el contrabando. Alfredo Coloma, delegado por Bolívar.

Se lee la segunda, suscrita por el señor Ramón González Artigas.

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El arancel de aduanas que quede tal como está, el anterior a los dos decretos de emergencia promulgados por el Gobierno, derogando estos derechos; pero tomando en cuenta que este arancel entró en vigencia cuando el cambio se encontraba a razón de cinco sucres por cada dólar, se aplicaría en los artículos de derechos específicos de las tarifas indicadas en el arancel, la diferencia de cambio de cinco sucres al precio que fijase la aduana. R. González Artigas.

Se lee la tercera suscrita por los señores Jouvín Arce y Leví, que está precedida de una exposición de motivos. Considerando que las necesidades de las industrias y de la agricultura deben conciliarse armónicamente con la cada día más angustiosa necesidad de las masas consumidoras, que ven palpablemente disminuir la capacidad adquisitiva de sus salarios, conciliación y armonía que deben ser fijadas de manera razonable y científica tratándose de impuestos, cuya exacción no nos es dable prever. Los dos últimos decretos ejecutivos que reforman la ley arancelaria de aduanas contemplan ya una subida notable de los derechos de importación para los artículos extranjeros, cuyos similares de producen en el país y, si es verdad que las industrias nacionales necesitan un apoyo decidido y eficaz, también es muy cierto que con las dos últimas reformas arancelarias, lo único que queremos es que éstas se verifiquen después de un prolijo y mediato estudio de todas y cada una de las partidas arancelarias, teniendo a la vista datos estadísticos auténticos que faciliten el trabajo y sean guía segura de acierto. Fundados en las anteriores razones, consignamos la siguiente moción: que, por el momento no se cambie el arancel de aduanas vigente, el que con las dos reformas que ha sufrido últimamente, consulta una protección a los artículos nacionales. Cualquier aumento que se hiciere, encarecería el estándar de vida del pueblo consumidor. Y no solamente subirán los artículos importados, sino que en virtud de leyes económicas inevitables, el alza se reflejaría inmediatamente en los artículos de producción nacional. Cualquier nueva reforma que se quiera introducir en el arancel de aduanas, debe ser, a nuestro juicio, sometida a un estudio prolijo por comisiones competentes que, sobre la base de datos exactos estadísticos, puedan resolver la conveniencia de aumentos en determinadas líneas del arancel. Por esto opinamos que este estudio sea hecho por dos comisiones permanentes, una en Quito y otra en Guayaquil, encargadas de recibir sugerencias de los industriales, agricultores y comerciantes del país, y propongan al Ejecutivo, después del consiguiente estudio, las reformas que juzgaren convenientes. Estas comisiones estarían formadas en Quito por el Director General de Ingresos y cuatro miembros nombrados por la cámara de Comercio y dos por la de Industriales. Las referidas comisiones formularán sus respectivos proyectos, canjeándolos recíprocamente para su mejor unificación de opiniones. Estos proyectos serán sometidos a consideración del Poder Ejecutivo quien dictaminará lo que crea más conveniente a los intereses del país.

Roberto Leví, Jacinto Jouvín Arce.

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A pedido de la delegación de Bolívar, y con venia de la presidencia, se lee la siguiente ponencia: Ponencias que la delegación de Bolívar presenta al congreso de industriales y comerciantes, para que sean consideradas. Este congreso estudiará y emitirá las sugerencias que crea convenientes para la reforma de la Ley de Aduanas. Este considerando del congreso, lo tratamos en la siguiente forma: a) Con el proteccionismo que deben conceder leyes e instituciones, lo propio que el pueblo, a las industrias nacionales, siempre que éstas sean benéficas al obrero (trabajador de fábrica o en el campo) y de utilidad al pueblo, esto es, que los artículos producidos o por producirse ofrezcan igualdad de precios y calidades con los artículos similares extranjeros. b) Prohibición de importación de mercaderías que sean innecesarias (globos de caucho para carnaval, porque con su destino se infringe el Código de Policía que prohíbe el juego de carnaval) y también, de mercaderías conceptuadas como enteramente de lujo. c) El riguroso control de las exportaciones de nuestros productos, cuidando que la presentación y calidades de éstos los prestigien y adquieran la confianza de los mercados extranjeros (la agricultura y las industrias harán su papel mejorando todo producto agrícola o industrial). d) Buscando mercados para nuestros productos, con intensas propagandas por nuestros cónsules y más funcionarios residentes en el exterior y la creación de oficinas de propaganda en los EN países donde no tengamos representaciones. Delegados por Bolívar. Por el comercio, Arturo Salazar. Por las industrias, Manuel Antonio Badillo”.

El señor Jouvín Arce interrumpe la lectura y expresa í: Señor presidente: Entiendo que la ponencia presentada por estos caballeros, cuyos nombres no conozco hasta este momento, francamente es tardía porque la comisión ha presentado el producto de su trabajo, o sea el informe. Sin embargo, no sé lo que la Asamblea resuelva al respecto. El doctor Badillo. Señor presidente: Hago presente que yo leí aquí mi ponencia con toda oportunidad. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Creo que con mucha pena no vamos a conocer estas dos ponencias por cuanto pueden conceptuarse como tardías, puesto que la Comisión de Aranceles funcionó y ha presentado el informe relatando lo que ha ocurrido en su seno; o sea, que no se ha podido llegar a un acuerdo; entiendo que debemos más bien discutir la ponencia del señor Coloma y luego, en forma sucesiva, la del señor González Artigas y la del señor Leví y el que habla. El señor secretario. Señor presidente: Me permito informar al señor Jouvín que las ponencias presentadas por los señores Lainer y Badillo fueron leídas con anterioridad a la presentación del informe y han pasado a estudio de la comisión. En consecuencia, el informe respectivo debe haber comprendido también la consideración de dichas ponencias.

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El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Ocurre, en realidad, que la comisión no ha podido llegar a conclusiones, de manera que la única conclusión que existe son las tres ponencias que se han leído y que deben ser estudiadas separadamente por el congreso. El doctor Salazar. Señor presidente: La delegación de Bolívar no ha tenido la intención de que las ponencias por ella presentadas, sean tomadas en cuenta de preferencia; ellas no son sino un aporte de buena voluntad, pero sea ésta la ocasión para retirar las ponencias que acaban de leerse por secretaría. El doctor Ledesma. Señor presidente: Las ponencias presentadas, desgraciadamente, no han sido estudiadas por la respectiva comisión y en consecuencia mal podrían ser discutidas por el congreso sin un estudio previo. Creo que para no perder más tiempo la presidencia debe poner a discusión cada uno de los informes parciales que se han presentado. El doctor Uquillas. Señor presidente: Voy a aclarar algo referente a las ponencias del doctor Badillo. Como recordará la asamblea, el doctor Badillo pidió permiso a la presidencia y leyó las ponencias que presentaba la delegación de Bolívar, porque tenía hecho sólo el borrador, pero después las presentó en secretaria, sacadas en limpio. Parece que la delegación de Bolívar no pudo presentar en limpio esas ponencias en tiempo necesario para que puedan enviarse a la Comisión de Aranceles, para su estudio; por eso tiene mucha razón el señor Jouvín al decir que la comisión no ha podido conocer dichas ponencias. Creo, pues, que puede entrarse a discutir, sin tener en cuenta ya estas ponencias, el informe de la comisión, en el sentido que la presidencia crea conveniente. El señor Coloma. Señor presidente: El asunto es muy sencillo. No sólo la comisión sino toda la Asamblea, conoció las ponencias de la representación de Bolívar, desde el momento que fueron leídas por el doctor Badillo. Esa es la situación. El señor Heredia Crespo. Señor presidente: La manera como puede resolverse esta dificultad, según mi modo de pensar, es la siguiente: se debe poner en discusión el informe de la comisión y a medida que se vaya conociendo las diversas partes del mismo, los proponentes de las ponencias a que se refiere esta discusión, pueden ir presentando las respectivas indicaciones o mociones. El señor Guillén. Señor presidente: Yo entiendo que si se han nombrado comisiones para que estudien y conozcan las ponencias, son las comisiones las que deben emitir los respectivos informes. Ahora, si dentro de una comisión hay divergencias de opinión, debe presentarse informes de mayoría y minoría; de suerte que si la comisión ha conocido las ponencias que acaban de leerse por secretaría, en mi concepto, deben ser presentadas como informe de minoría. El señor presidente: En realidad el programa del congreso señala para hoy el debate del informe de la comisión que haya estudiado las ponencias para una armónica aplicación del arancel. Las ponencias de la delegación de Bolívar fueron conocidas por el congreso por haberlas leído el distinguido delegado doctor Badillo y la comisión

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conoció de esas ponencias. Lo que debemos discutir es, pues, el informe, pero es preciso aclarar este punto: el informe, en realidad podría concretarse en estos términos: no se discuten las ponencias sino que deben ser elevadas al Ejecutivo, por no haber habido unanimidad, ni mayoría absoluta. Esto es lo que tendría que discutirse ahora; y en caso de ser aprobado el informe, el congreso nada haría sino sencillamente trasmitir al Ejecutivo las tres opiniones surgidas en el seno de la comisión; si se negara el informe, el congreso entraría a conocer separadamente las diversas opiniones de los miembros de la comisión, comenzando por aquélla que hubiere tenido mayoría. Tal debe ser el procedimiento. El señor Cornelio Veintimilla. Señor presidente: Como miembro de la comisión debo manifestar que convinimos en que las ponencias no se presentarán al Congreso, tal como se lo ha hecho, sino que aceptamos la moción presentada por el señor Zaldumbide, de que una vez que la comisión no ha llegado a acuerdo alguno, se informe recomendando que las ponencias debían enviarse a los consejos de economía de Quito y Guayaquil, quienes se encargarían de su estudio. Debemos, pues, discutir esa resolución, que fue aprobada por la mayoría de la comisión arancelaria. El señor Jouvín Arce lee una moción apoyada por el doctor Leví y otros, referente a pedir que el estudio de la revisión arancelaria se confíe en dos comisiones, una en Quito y otra en Guayaquil; la primera integrada por el Director de ingresos y cuatro miembros, y la segunda por el Director de Aduanas y cuatro miembros, designados por las cámaras de comercio. El señor presidente siente no someter a discusión la moción, por cuanto primero se debe aprobar o negar el informe de la comisión. La secretaría vuelve a leer el informe. El doctor Leví. Señor presidente: Quiero aclarar la situación de la comisión para que todos los señores aquí presentes, conozcan el motivo por el cual se ha presentado ese informe. Nuestra intención fue la de discutir el arancel de aduanas partida por partida, pero en vista de la brevedad del tiempo, que hacía imposible entrar en un estudio tan complejo, se resolvió ver cuáles eran las ponencias que estaban en cartera y en qué forma se podían arreglar. En este estado, se propuso una ponencia de parte del señor González Artigas, que fue muy discutida y que provocó una resistencia formidable en la comisión. Se presentó luego otra ponencia del señor Coloma, quien quería conciliar las resistencias surgidas de parte y parte, pero en vista de que esta moción no consultaba tampoco las necesidades de otra parte de la comisión, se presentó una tercera. Esas tres mociones se pusieron en discusión y como el tiempo venía corto y resultaba imposible llegar a un acuerdo, el señor Zaldumbide hizo una proposición conciliatoria en el sentido de que sería mejor de que las tres mociones anteriores envíen a las juntas consultivas de Quito y Guayaquil para que las estudien y resuelvan si eran o no convenientes para la industria y economía nacionales. Esta moción fue aceptada por unanimidad. Éstos son

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los hechos y mediante ellos se explica por qué se ha presentado este informe, que parece tan singular. El señor Zaldumbide. Señor presidente: Efectivamente, en la comisión de la cual tuve el honor de tomar parte, se presentaron sucesivamente las tres mociones que ya se conocen y ante la imposibilidad de tomar una resolución sobre problema tan complejo, cuya resolución resulta harto difícil aun para el congreso, mucho más para una comisión que disponía de tiempo tan corto, creí mejor que dichas mociones fueran sometidas a las juntas económicas de Quito y Guayaquil para que, de acuerdo con el Ejecutivo, tomen las medidas que crean más convenientes. El señor Coloma. Señor presidente: Todo lo expresado por el doctor Leví y el señor Zaldumbide es la más pura verdad; pero debo expresar también que la comisión acaso no ha procedido parlamentariamente, ya que todos los acuerdos y resoluciones de los congresos nacionales, de los consejos cantonales y demás corporaciones de carácter jurídico y aún particulares, se resuelven por mayoría de votos. Ayer hemos podido hacer esto, pero para conciliar mejor el parecer de todos los miembros de la comisión, aprobamos la moción del señor Zaldumbide en el sentido de que las tres ponencias se elevaran al Poder Ejecutivo y a los consejos de economía, para su estudio. Pero, vuelvo a decir que esta resolución de la comisión no la creo parlamentaria; y estimo que debemos tomar una resolución decisiva, rechazando el informe y aprobando una de las tres mociones ya formuladas, u otra cualquiera que se presente. El señor presidente: Es exactamente cómo ha comprendido la presidencia que debe procederse. Por eso, está en discusión el informe. El doctor Uquillas. Señor presidente: Creo que atendiendo al reglamento interno aprobado por la asamblea, propiamente no hay informe. Por tanto, siguiendo la iniciativa del señor Coloma, creo que el informe debe negarse para entrar parlamentariamente a considerar las ponencias de mayoría y de minoría de la comisión. El señor Coloma. Señor presidente: Tengo que ratificar un concepto quizás equivocado del doctor Uquillas. En ningún momento he dicho que debe ser negado el informe, ya que como miembro de la comisión no podía expresar eso de ninguna manera. Por otra parte, aprovechando de que he tomado la palabra, quiero expresar que en ningún momento deseo imponer mi criterio; yo he presentado mi moción por el deseo de la mayoría de los miembros de la comisión, reunida en casa del señor Colvín. Primeramente se presentó la moción del señor González Artigas, tan conocedor de estos asuntos, pero por no haber estado todos de acuerdo en que se suba el arancel de manera global, fue negada esa proposición; en ese momento, por haber ido yo recogiendo los diversos detalles del curso de la discusión, a los que puse en conocimiento de la comisión, mis colegas me suplicaron que redacte esas ideas para que sirvan de base para una nueva proposición. En efecto, hice sacar en limpio dichas conclusiones y repartí copia de ellas; luego, nos volvimos a reunir por la noche y entonces se presentó la tercera moción del doctor Leví, pero como tampoco hubiera acuerdo para aceptarla, se presentó la última,

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o sea la del señor Zaldumbide. Así han sucedido las cosas. Repito que yo como miembro de la comisión no quiero imponer mi criterio, puede ser que esté en un error y estoy listo a conocerlo y a retirar mi moción. Si acepté la representación de Bolívar, no obstante mi carácter de senador funcional por Tungurahua, fue sólo por las grandes deferencias que tengo a esa provincia en la que he vivido muchos años y de la que conservo gratos recuerdos, y por prestar mi modesto contingente al mejor éxito de este congreso. La presidencia manifiesta que sí cree que hay una parte resolutiva en el informe y que bien se lo puede discutir. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Creo que sí hay informe. Por lo demás, este congreso no va a presentar sino sugerencias al Ejecutivo, que es el que resolverá sobre ellas, y si las encuentra aceptables, expedirá el respectivo decreto de emergencia, cuando se trate de algún asunto de su incumbencia, o trasmitirá las sugerencias al Congreso, si se requiere la intervención legislativa. Este congreso si resuelve aprobar el informe, según creo que debe hacerlo, estaría manifestando al Ejecutivo lo siguiente: nosotros tenemos estas tres tesis respecto a materia tan compleja y difícil, como es el arancel de aduanas; pero dejamos que sobre ellas resuelva quien debe resolver, el Ejecutivo, el cual podrá adoptar cualquiera de las tres sugerencias o bien tomar de cada una de ellas la parte que crea aceptable. Creo, pues, que sí hay informe y he de estar por su aprobación. El doctor Cabrera. Señor presidente: Estamos haciendo un problema difícil donde no existe. Me parece que ante todo debemos ir al estudio sereno de las tres ponencias presentadas y ver si de ellas podemos sacar algo provechoso. El señor Zaldumbide. Señor presidente: Es indudable que existe informe, puesto que la comisión llegó a la conclusión terminante que allí se expresa, por unanimidad de votos. Pero ese informe debe ser sometido a votación para saber si el congreso lo aprueba o lo rechaza. El señor Vinueza. Señor presidente: Entiendo que la comisión, por lo difícil del problema, ha estado en completo desacuerdo. En este caso, estoy de acuerdo con el doctor Cabrera en que primeramente se deben estudiar las tres mociones presentadas en el seno de la comisión, y de luego ver si podemos sacar alguna conclusión, pasar a considerar la parte resolutiva del informe, que dice que dichas mociones deben enviarse a estudio delos consejos de economía de Quito y Guayaquil, para ver si se acepta. El señor presidente lee el Art. 6 del reglamento interno de la Cámara y pide se concrete la discusión al informe. Una vez que éste fuere aprobado o negado, se entrará a considerar las otras mociones. El doctor Uquillas. Señor presidente: Creo que según las exposiciones que han hecho los señores delegados, hay tres informes distintos: el uno dice que no debe reformarse el arancel, el otro, que debe reformarse, y por último el informe conjunto de la mayoría que dice que hay que elevar las mociones anteriores al Ejecutivo para que él resuelva;

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este es el tercer informe. Ahora bien, el tercer informe que está discutiéndose, como muy bien dice el señor presidente, tiene una parte resolutiva, por lo mismo el congreso debe resolver si acepta el informe, en cuyo caso debe prescindirse de discutir en esta asamblea los aranceles de aduana; pero si se niega, puede pasarse a discutir las tres ponencias. De manera que está muy bien que la presidencia haya puesto en discusión el informe de mayoría para que se apruebe o se niegue. El doctor Roberto Leví. Señor presidente: Quiero rectificar un concepto del doctor Uquillas. No existen tres informes sino tres mociones que divergen en su manera de considerar las cosas; y existe además una conclusión final, que es el verdadero informe de la comisión, que quiere conciliar las tres mociones disponiendo que ellas sean enviadas para su estudio a los consejos de economía de Quito y Guayaquil. El congreso de industriales no puede tomar resoluciones obligatorias, todas sus decisiones son de carácter platónico, por eso me parece muy práctico lo que aconseja el informe que está en discusión. De manera que lo que debe resolverse en este momento es si se acepta o no el informe, o sea la proposición del señor Zaldumbide, que fue aceptada por unanimidad por todos los miembros de la comisión. El señor Chávez. Señor presidente: El conflicto que ha surgido en la comisión era de esperarse. Debíamos comenzar por reconocer francamente que esa dificultad tenía que asomar. El arancel de aduanas sin duda alguna tenía que ser objeto de crítica y objeto de atención especialísima por parte de la industria, la misma que tiene que procurar una defensa para sus actividades; eso es muy razonable, muy lógico. El comercio, por su parte, tiene que defender un arancel que no sea muy alto, eso es también lógico y razonable. Conciliar estos dos intereses que aparentemente están en pugna por el estudio breve, rápido, inmediato, sin una contemplación detallada del arancel, era realmente imposible. Yo encuentro (y perdonen ustedes la franqueza) un vacío en el informe; éste se refiere únicamente a la imposibilidad de armonizar opiniones. Si el informe hubiera contemplado ciertos principios básicos que se han de tomar en cuenta para la revisión del arancel, se habría restablecido la armonía inmediatamente. ¿Cuáles son esos principios básicos? A mi manera de ver, entre otros, son estos: la necesidad de contemplar la desvalorización monetaria que afecta sin duda el arancel; vale decir que si las mercaderías importadas han estado pagado un determinado porcentaje, los derechos específicos resultan mucho menores en comparación con el valor de nuestra moneda y con relación a otro tiempo; pero en cambio los derechos ad valorem se ha duplicado, se han cuadruplicado. En consecuencia, pedir una elevación del 100% del arancel, significa una elevación del 400 o 500% para determinadas mercaderías. Si una mercadería paga el 30% y se debe duplicar ese derecho arancelario, es decir, debe pagar 60% y si nuestra moneda se ha desvalorizado en un 75%, quiere decir que se pide una elevación del arancel del 800%. Tómese en cuenta esto para analizar el sentido que tiene la reclamación tanto de la industria como del comercio porque, hablemos francamente, se trata de un problema a resolverse entre la industria y el comercio importador. Ésta es la primera base del sistema de aranceles, la desvalorización monetaria que tiene que obligar a la elevación de los derechos específicos, no de los derechos advaloren. Segundo,

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el equilibrio de la balanza comercial. Si estamos importando más de lo que exportamos, si estamos debiendo una cantidad apreciable que figura en la incautación y necesitamos ventilar esa deuda, muy natural es que hemos de limitar la importación para pagarla. Luego, el segundo postulado es el equilibrio de la balanza comercial. Tercero, deber de los poderes públicos es velar porque las condiciones económicas del pueblo estén en armonía con los derechos arancelarios que paga, porque no henos de olvidar que el pueblo consume gran cantidad de artículos del exterior, artículos indispensables como herramientas, medicinas y otros más, que bien valen la pena considerarlos a fin de que no sean más gravados de los que han sido hasta hoy; por otra parte, es conveniente a los intereses del país el desarrollo de la industria nacional y por eso determinados artículos deben sufrir un alza apreciable. Otras cuantas consideraciones básicas podrían servir para elevarlas al poder Ejecutivo y eso es, a mi manera de ver, lo que hace falta en el informe. No habiendo armonizado el criterio, se eleva esto al Poder Ejecutivo y se pide que sobre estos principios fundamentales se proceda a la revisión del arancel, que se le dé actividad en cada momento, que ya suban, que bajen los derechos, según las conveniencias de cada momento. Es necesario, en fin, que el arancel se vitalice, que cada día una comisión esté auscultando, observando, midiendo en el termómetro de nuestra situación económica, lo que conviene hacer con el arancel. El señor Coloma. Señor presidente: En mi moción, no tengo el empeño que se la apruebe, se contemplan todos y cada uno de los puntos señalados por el señor Chávez, favoreciendo al pueblo consumidor y dando amplio apoyo a la industria. Estos tres puntos contemplan mi moción. El señor Chávez. Señor presidente: Hago constar que no he hecho ninguna crítica al trabajo presentado por el señor Coloma. El señor Guillén. Señor presidente: Estoy de acuerdo con muchos de los puntos expuestos por el distinguido colega señor Chávez y voy agregar algunas palabras sobre el particular. Yo entiendo que la labor de la revisión del arancel es una labor de suma trascendencia, una labor de arduo trabajo, de análisis y de estudio profundo, y el congreso carece materialmente de tiempo para estudiar a fondo este problema. Por otra parte, el aumento de los derechos arancelarios, en estas circunstancias, implica el aumento del costo de la vida del pueblo y el aumento del costo de la vida del pueblo no está en relación ni con los sueldos, ni con los salarios que gana actualmente, porque en 24 horas no se pueden equilibrar los precios con los salarios y sueldos. Por otra parte, no debemos olvidar que el Ecuador es un país agrícola, que exporta muchos artículos, y voy rectificar un dato del distinguido amigo señor Chávez: en el año 1934 la exportación alcanzó a 108 millones de sucres, contra 63 millones de importación, según la estadística y si esta no miente; por tanto, no hay diferencia de la balanza comercial en contra del Ecuador. Por otra parte, no debemos olvidar que el Ecuador está perdiendo sus mejores mercados de exportación. No ha mucho Italia ha comunicado que el contingente que puede comprar de café y cacao es muy pequeño, en relación con lo que nos compraba anteriormente; España acaba de comunicar al Gobierno que sólo puede comprarnos

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un contingente muy reducido de café y no hay que olvidar que España compraba el 60% de nuestra producción de café; nuestro mercado de Francia está bloqueado, nos queda Estados Unidos, pero es posible que este gran mercado también lo perdamos muy pronto. Acaba de firmarse un tratado comercial entre el Brasil y Estados Unidos, según el cual éste último le concede a Brasil la entrada libre de sus productos, como son el café, cacao y diez productos agrícolas más; a su vez, Brasil le concede a Estados Unidos una rebaja en el arancel de 25 hasta 65%. Además, hay la circunstancia de que Brasil debe a Estados Unidos, en calidad de deuda comercial, 20 millones de dólares que no puede pagarlos sino con productos. De esto se saca la conclusión que dentro de poco tiempo vamos a tener un serio competidor para nuestros productos de exportación en el mercado de Estados Unidos y tendremos forzosamente, que pedir a Estados Unidos que, mediante un convenio comercial, nos conceda igual trato que al Brasil en el café y cacao, pero Estados Unidos nos concederá aquello si nosotros le rebajáramos las tarifas arancelarias. Por todas estas razones, entiendo que es el momento menos oportuno para pensar siguiera en aumentar los aranceles. Vosotros habréis observado que cuando los productos tropicales de nuestra agricultura se han exportado fácilmente, la agricultura, la industria, el comercio y todas las actividades han estado en buenas condiciones, incluso los trabajadores; pero cuando la agricultura ha estado en crisis, la industria y el comercio también han estado en crisis. Por tanto, el aumentar las tarifas arancelarias perjudicará en forma directa a las industrias nacionales porque si nosotros, al aumentar el arancel, vamos a comprar menos, lógico es que nos han de comprar menos también y entonces el poder adquisitivo del pueblo disminuirá y en consecuencia no se podrá consumir artículos nacionales. Mientras tanto, si se fomenta la exportación, si buscamos nuevos mercados, el poder adquisitivo del pueblo aumentará y entonces se consumirá una mayor cantidad de artículos nacionales. Por esta razón entiendo que debemos llegar a la conclusión de que se nombre una comisión en Quito y otra en Guayaquil, designadas por las cámaras de comercio de Quito y Guayaquil, para que se encarguen de hacer detenidamente la revisión del arancel. El doctor Cabrera. Señor presidente: Estoy en todo de acuerdo con las palabras del señor Guillén, pero quiero únicamente manifestar que la diferencia entre la exportación y la importación no es tan grande como él ha manifestado, debido a que si bien son exactas las cifras citadas, hay que tener en cuenta que en la exportación están incluidas las cifras correspondientes a los envíos de tierra aurífera y de petróleo, que hacen compañías extranjeras y cuyo monto disminuye enormemente, lo que en realidad debía beneficiar al país. Por lo demás, creo que lo que conviene en este momento es negar el informe de la comisión, o sea la moción del señor Zaldumbide, para luego aprobar un informe que en esencia diga lo mismo que lo propuesto por el señor Zaldumbide, pero razonándolo con las ideas valiosísimas de los señores Coloma, Chávez y Guillén. Ese es mi criterio. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: En realidad, el asunto tratado en la comisión fue el siguiente. ¿Se debe o no subir el arancel? El señor González Artigas propuso que se haga un aumento de 100% a todo impuesto específico, es decir, que se cierre el libro

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y de una plumada se efectúe esa alza de derechos. El señor Coloma presentó una serie de sugerencias aceptables, pero desgraciadamente presentaban un aspecto abstracto que no podía convenir de ninguna manera. Tal es la situación actual; de manera que debemos resolver acerca de la ponencia del señor González Artigas, teniendo en cuenta que ella significa un alza del 100% a todo arancel. La presidencia, a fin de conciliar los diversos pareceres y, a pedido de muchos delegados, concede un momento de receso. Se restablece la sesión, un cuarto de hora después. Se lee un telegrama urgente del señor Ramón González Artigas en que comunica al Congreso que debido a un accidente automovilístico ocurrido en la mañana, ha tenido que regresar a Quito, y que no podrá concurrir a la sesión. Enseguida el señor Jouvín, con apoyo unánime de las delegaciones, pide que inmediatamente se participe al señor González Artigas que el congreso deplora el accidente y hace votos por su pronto restablecimiento. Así lo ordena la presidencia. Se continúa con la discusión del informe. La secretaría da lectura a una moción sustitutiva del informe, suscrita por el doctor Leví, a nombre de la comisión.

El Primer Congreso de Industriales de la República, Considerando: Que mientras la situación económica del país se normalice por el equilibrio de los factores que la condicionen y, siendo el arancel de aduanas capítulo fundamental de este equilibrio. Que es también deber de los poderes públicos velar por el bienestar de los asociados. Acuerda: Recomendar al Poder Ejecutivo el estudio y la revisión del arancel, previo el informe de comisiones especiales que funcionarán en Quito y Guayaquil. Dicha revisión debe realizarse teniendo en cuenta, principalmente, los principios básicos siguientes: 1. Que es preciso asegurar el equilibrio de la balanza comercial. 2. Que la capacidad económica de nuestro pueblo no ha mejorado en relación con la desvalorización monetaria, especialmente en las clases trabajadoras. 3. La conveniencia de procurar el desarrollo de la agricultura y la industria nacionales.

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4. Que es preciso conservar la armonía entre los intereses económicos del país en sus relaciones internas e internacionales, consultando la posibilidad de celebrar tratados de comercio con otros países. 5. Que es indispensable que el Estado cumpla con el presupuesto nacional, satisfaciendo los servicios de la administración pública, con los ingresos que debe rendir el arancel de aduanas, sin perjuicio de mantener y aún ampliar la protección a la industria y agricultura del país. 6. Que toda reforma arancelaria debe basarse en datos estadísticos fehacientes, que permitan calcular el porcentaje ad valorem que representan los derechos específicos en relación con el valor real del articulo. DoctorRoberto Leví.

El señor Martínez. Señor presidente: Creo que se trata de una nueva moción. Insisto ene que se decida si hay informe o no; si lo hay, éste debe ser primeramente rechazado o aceptado por el Congreso, antes de considerar cualquier otra proposición. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Si los autores del informe en discusión aceptan o hacen suya esta nueva proposición, no habría inconveniente en que se discuta inmediatamente. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Como miembro de la comisión, me permito agregar algo respecto de las comisiones de Quito y Guayaquil. La de Quito debe estar integrada por el Director de Ingresos, por dos miembros designados por la Cámara de Comercio de Quito, por dos miembros designados por la Federación de Cámaras de Comercio; y la de Guayaquil, por el Director General de Aduanas, por dos miembros de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias y dos miembros por la Federación de Industrias del Guayas. La presidencia consulta si la comisión íntegramente o por mayoría, acepta la moción modificatoria. La mayoría de los miembros de la comisión (señores Zaldumbide, C. Veintimilla, Coloma, Domínguez) no aceptan la modificación. La presidencia manifiesta que no habiendo sido aceptada la modificatoria como sustitutiva se debe continuar en la discusión del informe. El señor Coloma. Señor presidente: Anteriormente parece que se dijo que el informe de la comisión no tiene considerandos de ninguna clase. Como miembro de ella, me opongo a que se considere ese proyecto como sustitutivo, porque si en alguna parte tiene considerandos, en cambio no tiene sugerencias de ninguna clase, las que sí las hay en las mociones propuestas. En consecuencia, creo que se debe discutir si se aprueba o se niega el informe original. El señor presidente anuncia que va a cerrarse la discusión.

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El doctor Heredia Crespo dice: Señor presidente: Para aprobar o negar ese informe, es necesario que el Congreso conozca previamente esas tres opiniones. El señor Martínez pide en honor a la comisión, que se repita la lectura del informe y de las ponencias recomendadas en éste. El señor presidente cierra la discusión y ordena leer el informe y las tres ponencias. Así se procede. El doctor Leví pregunta: En caso de aceptarse el informe ¿qué se entraría a discutir? La presidencia indica que va a tomarse votación nominal del informe y secretaría da nuevamente lectura en la parte resolutiva. Votado el informe, es aprobado por 43 votos contra 5. Votan a favor los señoreas: Leví, Jouvín, Cabrera, Briones, Pons, Colvín, Vaca, Uquillas, Guillén, Romano, Cuesta, Alemán, Núñez, Álvarez Lara, Ledesma, Zaldumbide, Eguiguren, Cueva, Sandoval, León, Erazo, Salazar, Carrasco, Rodríguez, Noboa, López Guerra, Cisneros, Veintimilla Muñoz, Vinueza, Heredia, Martínez, Bueno, Domínguez, Coloma, Badillo, Salazar Arturo, Dávila, Cañizares, Cumba, Molina, Zatízabal, Trujillo, Lainer. Votan en contra del informe los señores: Paz, Chávez, Pinto, Veintimilla Mosquera y el señor presidente. Luego el señor presidente reclama la atención de la cámara y explica que, aprobado el informe no hay razón para discutir las tres ponencias, y que el Congreso pasará esas ponencias a estudio de las juntas consultivas de Quito y Guayaquil. El doctor Uquillas pegunta para qué día debe estar presentado el informe sobre vialidad. El señor presidente indica que debe ser para el día 30, de acuerdo con el orden constante en el cuadro de comisiones. Se lee la ponencia del doctor Arturo Cabrera para que se nombre una comisión permanente que se encargue de la organización eficiente de las cámaras de comercio, agricultura e industrias en el país, aprovechando el magnífico proyecto enviado por el señor ministro del ramo y otras sugerencias. La presidencia la pone en debate. El doctor Uquillas. Señor presidente: Apoyo la moción presentada por el doctor Cabera, pero me permito pedir que se amplíe un poco esa moción, anunciando qué número de personas deben componer esa comisión permanente. El señor Jouvín indica que debe quedar encargada de esto la Federación de Cámaras de Comercio que funcionan en Quito. El señor Martínez indica que debe ser el directorio.

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El doctor Cabrera. Señor presidente: por mi parte acepto la indicación del señor Jouvín. Por lo demás, contestando a la insinuación del doctor Uquillas, debo manifestar que convendría cambiar el texto de la ponencia en el sentido de que la referida comisión ha de componerse de igual número de miembros que la Federación de Cámaras de Comercio, que se compone de trece representantes de comercio de todas las provincias del país, pero que como en adelante va a haber representantes de todas las provincias y cantones, los miembros sean treinta, con los cuales estarán representados todos los lugares de la república. En esta forma, el congreso continuará viviendo y laborando en lo futuro, por medio de los representantes de las cámaras de comercio en la federación. La secretaría lee la moción con las indicaciones anotadas. El señor presidente pide que se ponga en la parte respectiva, “con el carácter de comisión ejecutiva permanente”. Cerrada la discusión. La secretaría lee nuevamente la moción modificada, la que se aprueba, en la siguiente forma:

El Congreso de Industriales del Ecuador, Teniendo en cuenta la importancia de las ponencias presentadas al congreso relativas a la organización industrial, etc., el magnífico proyecto enviado por el señor Ministro de Agricultura, Comercio e Industrias y los demás estudios presentados sobre asuntos económicos, de organización obrera, etc., por diversas delegaciones. Resuelve: Encargar, con el carácter de comisión ejecutiva permanente, al directorio de la Federación de Cámaras de Comercio que funcionan en Quito, de obtener todo el provecho posible de tan valiosas sugerencias, procurando incorporarlas en los estatutos de la Cámara Central y cámaras provinciales de agricultura, industrias y comercio, y en la elaboración de proyectos de ley que serán sometidos a la próxima Legislatura. Benjamín Ruíz y Gómez, Secretario del Congreso de Industriales.

Se lee y aprueba la ponencia del señor Sinja Lainer acerca de la protección a las pequeñas industrias, la cuales es del tenor siguiente:

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El Primer Congreso de Industriales de la República, Considerando: Que al lado de las grandes industrias nacionales ya establecidas y que cuentan con organización perfecta y buen estado de florecimiento, nacen y viven exiguamente muchas pequeñas industrias que cuentan con reducido capital y tienen que soportar muchas cargas, tan intensas en muchos casos como las que soportan las grandes industrias. Acuerda: Recomendar a los poderes públicos la expedición de medidas protectoras a la pequeña industria, previa investigación de las que pueden ser denominadas verdaderamente tales. Entre las medidas aconsejables, este congreso recomienda el estudio de una ley o disposición gubernativa que impida el alza intempestiva de los alquileres sobre los inmuebles que ocupan los pequeños industriales; pues en la práctica se ve que muchas veces estas elevaciones de arrendamiento mensual se producen en tal forma que agobian al industrial y hasta le provoca la ruina. Dado en la sala de sesiones, etc. Delegado por la Fábrica de Tejidos de Punto El Inca, Sinja Lainer.

Se lee el telegrama del Presidente del Consejo Municipal de Guano, sobre la necesidad de proteger las pequeñas industrias manuales del país, como la de la lana, la cabuya y otras. La presidencia indica que se tomará en cuenta cuando la comisión respectiva presente su informe. El doctor León Hidalgo pide se de lectura a las ponencias por él presentadas anteriormente. La presidencia accede al pedido y, al efecto, se lee la primer ponencia sobre la contradicción de expertos extranjeros que renueven las pequeñas industrias del país y se implanten otras.

El Primer Congreso de Industriales de la República Considerando: Que las múltiples industrias manuales que se desarrollan en el país no han progresado en sus técnicas ni en sus procedimientos de manufactura, sino que, hasta hoy, se hallan regidas por los sistemas primitivos con que fueron implantadas en los tiempos coloniales.

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Que muchos de aquellos procedimientos son perjudiciales a la salud de los obreros que los ejecutan y que su rendimiento utilitario no recompensa ampliamente a la penosa labor que demanda su empelo. Que los artículos manufacturados por las pequeñas industrias del país, tales como: bayetas, ponchos, cobijas, sombreros de lana, macanas etc., sirven para el vestuario de la clase media y del indio ecuatoriano, es decir, para llenar las necesidades del 79% de nuestra población, y que, por consiguiente, es enorme el número de obreros que se dedican a estas manufacturas. Que los procedimientos químicos y la técnica moderna aplicada a nuestras manufacturas traerían positivos beneficios al progreso y al mayor rendimiento de las industrias nacionales. Que la falta de educación técnica en nuestros obreros manuales es una de las causas de su retraso material y la que provoca, frecuentemente, las crisis sociales del trabajo. Que la enseñanza de modernas técnicas aplicadas a nuestras industrias manuales fomentarán la capacidad profesional y el bienestar material de nuestros obreros y campesinos. Que dicha enseñanza se les puede dar mediante la contratación de técnicos extranjeros, quienes dictarán cursos intensivos en los mismos lugares fabriles, de las materias técnicas que necesiten las manufacturas locales, y también por medio de la fundación de cursos de dibujo y arte aplicados a las industrias manuales. Acuerda: 1. Pedir al Gobierno nacional que contrate en el exterior una misión de químicos industriales, ingenieros fabriles, contramaestres, etc., que vengan al país a renovar los procedimientos de nuestras pequeñas manufacturas y a fomentar la implantación de nuevas industrias manuales, que no demanden la inversión de fuertes capitales. 2. Solicitar al señor Ministro de Industria, para que, de acuerdo con los técnicos contratados, formule un vasto plan para el funcionamiento de los cursos intensivos de enseñanza técnica de los obreros manuales que trabajan en las poblaciones fabriles de la república. 3. Pedir a los municipios, bajo cuya jurisdicción se hallen los pueblos en los que se desarrollan actividades industriales, que costeen con sus rentas la creación de laboratorios y la provisión de los materiales que sean necesarios para la enseñanza técnica y el desarrollo de los cursos que dictarán los técnicos, 4. Pedir a los municipios, en cuyas poblaciones se trabajen manufacturas de arte, funden inmediatamente escuelas de dibujo y arte aplicados a las industrias manuales, como también se creen bibliotecas con obras de técnica aplicada a las artes e industrias. Dado, etc.

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Exposición de motivos: Los pequeños industriales y manufactureros, productores de la mayor parte de artículos necesarios a la clase pobre y en especial al indio, no obstante el progreso de las artes y las ciencias aplicadas a las industrias; siguen empleando en la ejecución de sus profesiones los procedimientos más rudimentarios y las técnicas más penosas para el esfuerzo y la salud de esos honrados y laboriosos artífices de la pequeña industria nacional. La mayor parte de los procedimientos usados en la preparación de las materias primas y la manufacturación de muchos artículos, son los que, hace tres siglos, nos enseñaron los españoles en la época colonial, y no pocos sistemas están basados aún en las técnicas aborígenes. Este lamentable estancamiento en el progreso de nuestra industria manual, no se crea que obedece a la apatía o a la falta de espíritu progresista de nuestros obreros manuales, quienes, ávidos de progreso para sus técnicas, siempre andan en busca de libros que los ilustren o de maestros que les ayuden a renovarse. El atraso en que yacen estas industrias obedece, a mi modo de ver, a la falta de enseñanzas técnicas aplicadas a las industrias, a la falta de prácticos que enseñen nuevos procedimientos, a la falta de químicos que contribuyan a la divulgación de sistemas más económicos, más rápidos, menos penosos y más humanos para la ejecución de los trabajos manuales, a la falta de escuelas de dibujo aplicado a las industrias, etc. Para aprobar mi aserto, voy a tomar como ejemplo, unas pocas industrias que se desarrollan en el país, en la forma más rudimentaria y bajo las normas enseñadas por nuestros conquistadores: la industria de bayetas, que en el cantón Guano solamente ocupan a 1.500 tejedores y 1.000 tintoreros, se desarrollan en telares primitivos, con procedimientos de tinturación los más rudimentarios y penosos, puesto que, si la mayor parte usa los colorantes modernos de anilina, no saben por desgracia, los métodos científicos, ni las combinaciones químicas que requiere su empleo racional; y su ignorancia, la suplen con el consumo de mayores cantidades de colorantes y lo que es peor, con la pérdida de tiempo y de salud, ya que se pasan de día y la noche alado de las pailas de cocción para llegar a fijar los colores, minando lentamente su salud por lo mal que les hace los gases fuertes que se desprenden en la evaporación de la anilina y por pasar tanto tiempo junto a la hoguera del fogón, y no son pocos también los tintoreros que provechan las orinas humanas y de los animales, fermentadas, para utilizar el amoníaco que contienen como mordiente de sus tinturas, procedimientos que aniquilan su salud por los miasmas que desprenden tales sistemas de tinturación. Y lo que dejo dicho de los industriales de Guano, puede hacer extensivo a los de Otavalo, que son los artífices de tantos primorosos artículos para nuestra clase media y hasta de los casimires que hoy está usando nuestra gente de levita. Lo mismo se puede aplicar a los industriales de Salcedo, Quero y otras poblaciones, con sus industrias de ponchos y cobijas; a las manufacturas de macanas de las provincias del Cañar y del Azuay. La industria cabuyera, es otra que se halla a la saga del progreso técnico y no obstante de ocupar en la elaboración de la fibra de cabuya (el oro blanco del indio, como se ha dado en llamar) a más de 5.000 indios, y en los tejidos de mantas para piso y sacos de embalaje, a 2.500 obreros del cantón de Guano solamente. La extracción de la fibra de cabuya no puede ser más rudimentaria, al par de antieconómica en su rendimiento y peligrosa para la salud, pues, el procedimiento de pudrición que hoy se utiliza, hace perder un 40% de la fibra y de los gases de fermentación que se desprenden, como el nauseabundo olor que soportan los pobres indios, trae consigo enfermedades pulmonares y bronquiales. La industria alfombrera, genuinamente guaneña y los bordados a mano de mantelería, tapetes, sábanas, prendas de vestir femeninas, peculiares también en Guano y que se cultivan, así mismo, en muchísimas poblaciones de

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la república, vegetan, también con estas técnicas e inspiraciones artísticas. Esos buenos obreros y meritísimos obreras, sin nociones de dibujos y normas de arte aplicado a sus manufacturas, con su habilidad instintiva, combinan colores y ejecutan dibujos que hacen competir sus alfombras y bordados con los similares extranjeros. Si educásemos el gusto artístico y si se les enseñara dibujo aplicado a sus manufacturas, cuánto podrían mejorar nuestros obreros…! Las razones que dejo expuestas y otros motivos que los expondré en los debates, justifican, señores delegados, la ponencia que dejo a vuestra sabia consideración. Ambato, marzo 24 de 1935. Dr. León H.

Pasa a la comisión de Cuestiones Obreras y Legislación Social.La segunda ponencia, sobe la protección médico social del obrero fabril, pasa a la misma comisión.

El Primer Congreso de Industriales de la República, Considerando: Que a los industriales del Ecuador les toca afrontar con talento y sagacidad los problemas sociales que se hallan estrechamente vinculados a las clases laboriosas, que son la fuerza ejecutora de las fecundas empresas que propugnan la industria mediante la honradez y el entusiasmo de sus dirigentes. Que la clase obrera y empleada, para su bienestar moral y material, necesita ser protegida con leyes previsoras que se hallen fundamentadas en los modernos sistemas éticos y humanos, que reclama la convivencia democrática moderna, con medidas que precautelen la salud y que pongan el bálsamo piadoso en las heridas del obrero que haya caído en la cotidiana lucha por la vida, o que agotadas sus fuerzas por la fatiga del trabajo, o agobiados por la vejez, tenga que retirarse a terminar su existencia sin el amparo necesario; Que así como la empresa atiende al buen funcionamiento de sus máquinas y evita su desgaste, debe así mismo prestar sus más solícitos cuidados a la máquina humana y prevenirle su prematuro aniquilamiento; Que las normas de higiene y salubridad de una fábrica contribuyen a conservar la salud de un obrero y le capacitan para un mayor desarrollo y rendimiento en su labor; Que el manejo de ciertas máquinas, la manipulación de ciertas sustancias y materias primas, en fábricas que desarrollan pelusas y polvo provenientes de los desechos de fabricación, predisponen a la tuberculosos pulmonar y a las enfermedades profesionales y orgánicas del obrero. Que la orientación profesional se halla en relación directa con su capacidad fisiológica, la misma que debe ser cuidadosamente estudiada en el postulante, antes de señalarse la tarea que tiene que cumplir en la fábrica, para dosificarle previamente el trabajo, orientar su profesión y prevenirle de la fatiga que produce un trabajo inadecuado

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con la contextura orgánica del obrero, evitando de esta manera que la empresa desembre su capital humano. Que la fisiología, la higiene y la medicina social, aplicadas al trabajo, han puesto las bases de las modernas normas de organización fabril y han sacado las más sabias conclusiones para la previsión social y humanitaria a que tiene derecho el obrero. Acuerda: 1. Pedir a los señores ministros de Previsión Social y Trabajo y al de Industrias, que asesorados por una comisión de profesores e higienistas de la Universidad Central, formulen un proyecto de ley sobre la protección médico-social del obrero fabril, el mismo que debe confrontar, entre otros, los siguientes puntos: a) Creación de enfermerías, en toda fábrica cuyo número de obreros pase de 50, las mismas que estarán equipadas con medicamentos y material quirúrgico para las curaciones de primera instancia y con instrumentos fisiológicos que permitan medirla capacidad física de los obreros y postulantes; b) Sostenimiento de un médico en las fábricas que tengan el mismo número de obreros, versado en la práctica de la medicina aplicada al trabajo, el mismo que atenderá gratuitamente a los obreros y sus familiares, cuidará de la higiene del establecimiento y dictará las medidas necesarias, a fin de precautelar la salud y prevenir los accidentes del trabajo, y dará, periódicamente, conferencias sobre temas profilácticos y de la medicina social; c) Implantación de la “ficha sanitaria obrera” obligatoria para todo obrero fabril, la misma que estará inspirada en los modelos usados por otras naciones; d) Establecimiento de servicios higiénicos, baños, lavabos, bebederos asépticos, patios para cultura física, casinos y salas de espera, dotados con biblioteca y juegos de entretenimiento; e) Normas arquitectónicas higiénicas para la construcción de edificios fabriles, o para adaptar a una mejor salubridad a los que ya existen; f) Ampliación y reglamentación de las funciones que hoy tienen los delegados de sanidad provincial, con normas aplicadas a la higiene del obrero fabril, para que supervigile el estricto cumplimiento de las leyes sanitarias aplicadas al trabajo que se dicten. 2. Pedir a la Dirección General de Sanidad que formule sendos programas, que consulten los estudios de especialización aplicadas a la medicina-social de trabajo y a todas las ramas científicas que le son peculiares, para que los médicos nacionales puedan optar porel título de “médico experto en medicina del trabajo”, requisito indispensable para que pueda servir como médico de una fábrica. Dado, etc., César León Hidalgo.

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Enseguida se lee la ponencia de la Cámara de Comercio de Tungurahua sobre la unificación y regularización de nuestro sistema de pesas y medidas. Está suscrito por el señor Max vaca. Pasa a la Comisión de Asuntos Varios. Señor presidente del Congreso de industriales. Ambato. Habiéndose presentado serias dificultades en las transacciones comerciales, por la diferencia de peso entre el nominal y el efectivo, de las mercaderías lanzadas al mercado público, llamamos la atención del congreso sobre la necesidad de unificar y hacer efectivo el sistema de pesos y medidas establecidos en el Ecuador. 1. No vemos la razón del por qué las harinas extranjeras introducen a nuestro comercio con un peso de 88 y 98 libras el saco, siendo así que deben tener 100 libras de peso neto, por cuanto nuestro sistema de compras consta y es usual en nuestro comercio: quintal, medio quintal y un cuarto de quintal o sea: 100, 50, 25 libras etc., respectivamente. El público consciente se da cuenta de la diferencia que hay entre comprar 1 libra, 1 arroba o 1 quintal exactos o aproximados, más no así la mayoría de los consumidores que sufren el engaño sin percatarse de esta falta y creen que con comprar un saco lleno de harina ya es un quintal o las 100 libras, máxima que muchos no tienen balanzas grandes o romanas para poder pesar y darse buena cuenta. Estas circunstancias no podemos afirmar, si los productos extranjeros son los culpables o si el comerciante importador ordena que se le mande con estos pesos para su mejor finanza y por ende obtener mayor utilidad de lo normal, punto que debía investigarse. 2. Si de las harinas nacionales se trata, otra vez repetimos, ¿por qué se expenden sacos de harina conteniendo solamente 96 o 97 libras, en vez de las consabidas 100 libras que debe ser peso neto?. No se puede atribuir por mermas en las compras de trigo, porque a los agricultores les compran por quintales de 100 libras neto y por medidas, siendo esta última medida de peso aún más provechosa, por aventajar al quintal de 8 o 10 libras más. 3. El cemento, tanto nacional como extranjero, se cotiza actualmente en sacos de 42 kilos peso bruto debiendo ser lo legal 46 kilos equivalente a 100 libras. Igual diferencia se nota en mucha mercadería extranjera introducida al país, por ejemplo: ¿por qué vienen las pasas en bultos de 80 libras peso bruto, cuando debe ser 100 libras peso neto para el perfecto cálculo comercial sobre base de unidad?¿Por qué el aceite de comer y tantos otros productos análogos no vienen con pesos legales y usuales en el Ecuador, que es el litro, medio litro y cuarto de litro, para que entonces, sobre esa base se dé buena cuenta al consumidor de la cantidad de compra y por la que paga su valor, pues casi en ningún envase vienen indicando el peso del contenido? De ahí que el comerciante más listo, ordena a la casa expedidora se le despache con el peso que indica y de esta manera compite fácilmente y se impone en el mercado vendiendo más barato lo ilegal, mientras que el comerciante legal, se ausenta de sus clientes porque no puede rebajar su precio normal, por cuanto le está ofreciendo un producto genuino y de peso completo, que encaso de intentar competir obtendría pérdida. Por consiguiente, su negocio tiende a irse a la ruina o a levantarlo ilegalmente como su competidor. Estas divergencias suceden también con infinidad de artículos nacionales de primera necesidad, que merecen ser constantemente vigilados, porque sólo en la forma antedicha compiten una infinidad de comerciantes inescrupulosos y sobre todo, las adulteraciones son ilimitadas. 4. Es de todo punto necesario el establecimiento por parte de las municipalidades o de quien corresponda en cada provincia, de gabinetes

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químicos de investigación perpetua, dotados de especialistas titulados y aparatos adecuados para el análisis concienzudo y tesonero de las sustancias alimenticias en general, porque juzgamos que no sólo la leche debe ser vigilada de adulteraciones, sino que, a este cuidado debe añadirse el que merecen una infinidad de productos alimenticios y de primera necesidad, que son adulterados en diversas formas, y por lo tanto, vueltos nocivos a la salud, dejando en el organismo de los individuos, gérmenes de intoxicación y degenerándolos debido a la ingesta de alimentos envenenados, con harta mala fe vendidos, para de este modo, obtener pingües utilidades y competir, como con el comerciante honorable y legal. 5. Entre los de mayor consumo y que por lo tanto merecen especial atención, citaré los artículos siguientes: harinas de las diversas clases (que por lo mezcladas con otras de inferior calidad y más baratas, llegan a ser clasificadas), chocolate, café, mantecas, mantequilla, pan, quesos, dulces, aguas, gaseosas, colorantes, etc., La [falta de escrúpulo] llega al extremo de colorear las substancias elaboradas, con anilinas y más productos químicos de petróleo y sales minerales, por resultar más baratos que los similares vegetales. 6. Los artículos de exportación sufren un rechazo de las industrias extranjeras, por cuanto no se les exporta estandarizados. Sería bueno la investigación asidua de tales mercaderías de exportación y la creación de una oficina controladora para tal efecto, de esta manera sería preferido en el extranjero un producto ecuatoriano porque como se sabe son mejores que los de otras naciones productoras sino que el mismo exportador lo daña. Al respecto, merecen especial examen los siguientes productos: cacao, café, frutas, mantequilla y todo lo que se exporta. 7. No alcanzamos a comprender cómo puede ofrecerse al comercio azúcares de primera, segunda especial y segunda corriente, que por la poca diferencia entre ellos se prestan a confusión y fraude. Efectivamente, el ingenio factura este artículo con las tres denominaciones antedichas, pero el comerciante vendedor al detal y de mala fe, como los hay aún con raras excepciones, vende el azúcar de segunda especial como de primera, sufriendo de esta manera el engaño el consumidor, máximesi éste pertenece a la clase social inferior. 8. Toca al congreso industrial, encarecer a los ingenios la fabricación de sólo azúcar de primera y segunda clase, como en años anteriores se tenía la costumbre de elaborarlos, pues, de este modo, es muy fácil ser clasificado por el consumidor. 9. Se debe a toda costa derogarse el odiado por todos los comerciantes e industriales del Ecuador: impuestos a las ventas; pues éste es el factor principal que aplasta el desarrollo de las actividades por su naturaleza ya conocida por todos. 10. En cuanto al jornal de los obreros, deben ganarlo por los días de fiesta que no trabajaren, lo mismo que el correspondiente al medio día del sábado inglés, a excepción, sin embargo, del día domingo. Ambato, marzo 25 de 1935. Maximiliano Vaca G., delegado por las industrias de la provincia de Tungurahua.

La presidencia indica que ya no es posible aceptar nuevas ponencias que requieran el estudio de comisiones y que sólo serán consideradas las que puedan ser estudiadas directamente por el congreso. Se lee la ponencia del señor Jouvín Arce para que se insinúe al Ejecutivo la creación de becas en el exterior para el estudio de veterinaria y agronomía.

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El doctor Heredia Crespo dice que ese pedido debe dirigirse al Congreso y no al Ejecutivo. El doctor Leví pide que se añada una beca para minería. La presidencia, con esta indicación, pone a consideración del congreso la indicación del doctor Leví. El señor Cumba Molina está porque se contraten profesores para que dicten cátedras en las universidades, beneficiando así a un mayor número de estudiantes. El señor Cisneros. Señor presidente: Me permito indicar que anexa a la Universidad Central hay una Facultad de Agronomía y otra de Veterinaria con técnicos extranjeros. El doctor Levi. Señor presidente: no es lo mismo el estudio de minería en una universidad extranjera, en la que se brinda a los alumnos la oportunidad de visitar las minas y en la que los estudios son más completos, que en una universidad nuestra, donde siempre los estudios son un tanto deficientes. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Conocido es por todos los ecuatorianos que las provincias del Azuay y Cañar son centros mineros de suma importancia y los más ricos en el país. Atendiendo a esto, tanto el Congreso como el Ejecutivo han fundado ya en Cuenca una escuela de minería, con técnicos extranjeros, habiendo comenzado a funcionar este año el primer curso. El señor secretario. Señor presidente: me permito informar que existe una Escuela de Agronomía, anexa a la Universidad de Quito, así como también está funcionando en dicha ciudad una Escuela de Veterinaria, a cargo del Ministerio de Agricultura. El señor Coloma. Señor presidente: Además, el Ejecutivo acaba de dictar un decreto creando la Escuela Politécnica, con técnicos que ya han sido contratados en el exterior; de manera que dicha escuela debe comenzar a funcionar en un futuro próximo. El señor Jouvín Arce retira su moción. No habiendo otro asunto a discutirse, la presidencia declara terminada la sesión. El Presidente del Congreso, C. M. Larrea. El Secretario del Congreso, Dr. B. Ruíz y Gómez

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ACTA NO. 8 SESIÓN ORDINARIA DE LA TARDE Marzo 26 de 1935 (Concurren 46 delegados) Bajo la presidencia del señor Carlos Manuel Larrea, se instala la sesión ordinaria a las 2:45 p.m. con la concurrencia de los delegados señores: Bueno, Martínez, Domínguez, Coloma, Badillo, Salazar, Dávila, Cañizares, Cumba, Molina, Zatizábal, Erazo, Heredia Crespo, Vinueza, Veintimilla, Muñoz, Cisneros, López, Guerra, Novoa, Rodríguez V., Carrasco, Veintimilla, Salazar Francisco Javier, Chávez, Ledesma, Pinto, Zaldumbide, Eguiguren, Sandoval, León, Hidalgo, Cabrera, Colvín, Vaca, Uquillas, Romano, Cuesta, Paz, Núñez, Leví, Jouvín, Alemán, Briones, Guillén, Pagés, Pons, Marcet y Lainer. Actúa el infrascrito secretario. Se lee el acta correspondiente a la sesión de 25 de los corrientes, la que es aprobada sin modificación. Enseguida se lee el acta de la sesión última. Puesta en consideración el señor Plutarco Paz, dice: señor presidente: Al tratarse en la sesión de ayer el informe de la Comisión de Aranceles se dio una resolución que quizá merece revisarse. El señor Presidente de la República, en su discurso inaugural pidió que el congreso formule proyectos, dé ideas, etc., que él haría efectivos; por tanto, creo que el congreso está llamado a dar sugerencias claras y concretas, en lugar de resoluciones ambiguas. Por este motivo pido que se reconsidere la aludida discusión de ayer. El doctor Uquillas. Señor presidente: Debemos guardar el orden en la discusión. Estamos ahora discutiendo el acta de la sesión anterior, o sea la relación de los hechos ocurridos y nada más; posteriormente puede presentarse cualquier otra proposición. El señor presidente: En realidad lo que está discutiéndose es el acta que, como bien ha dicho el doctor Uquillas, no es sino la relación de los hechos. Cualquier rectificación al acta puede hacerse; pero lo concerniente a rectificar lo aprobado el día de ayer es materia de reconsideración que deberá pedirse independientemente de la aprobación del acta. El acta se aprueba sin modificación alguna. El señor Coloma. Señor presidente: Por tratarse de un asunto breve, me he permitido presentar una moción, que pido sea puesta en debate. El señor presidente: Para no alterar el orden del día, vamos a considerar la proposición del señor Coloma inmediatamente después de conocido el asunto señalado para hoy. Entonces se lee el informe de mayoría, presentado por la Comisión de Asuntos Bancarios sobre la creación de un banco agrícola, industrial y comercial, suscrito por los señores Heredia Crespo, Cisneros, Cuesta, Ledesma, Eguiguren, Sandoval y Cabrera.

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Informe sobre la creación de un banco agrícola, industrial y comercial”. Señor presidente: vuestra comisión, encargada de la creación de una institución bancaria de protección agrícola, industrial y comercial, tal laudablemente considerada por la Cámara de Comercio de Ambato, en el programa de acción de este congreso, he llegado a las siguientes conclusiones. Primera: que es indispensable el establecimiento de una institución bancaria que incremente el mayor desarrollo de la agricultura, las industrias y el comercio de la república. Segunda: que se solicite a la próxima legislatura nacional que dicte cuanto antes el respectivo decreto que crea esa institución. Tercera: los puntos principales que se considerarán para el establecimiento de este banco, serán los siguientes: a) Para la suscripción del capital, toda persona natural o jurídica, de derecho privado, que dentro del territorio de la república posee un capital mínimo de 10.000 sucres, tomará acciones que representen el 1% del monto total de dicho capital, por una sola vez; b) El pago de las acciones se efectuará así: el 25% para la fundación, otro 25% después de fundado y el resto en dos dividendos, cuando lo juzgue conveniente la directiva del banco, mediando por lo menos 90 días entre ellos; c) La organización correrá a cargo de la Cámara Central de Agricultura, Industrias y Comercio, de acuerdo con la Superintendencia de Bancos; d ) La casa matriz funcionará en la ciudad de Quito, debiendo establecer sucursales o agencias y cooperativas en todas las capitales de provincia y en los cantones que se creyere conveniente; e) La organización, funcionamiento, duración y más requisitos de esta institución bancara, se sujetaría a la Ley General de Bancos. Este es el criterio de vuestra comisión, salvo el mejor parecer del honorable Congreso, muy dignamente presidido por usted. Ambato, a 27 de marzo 1935. M. Heredia Crespo, presidente. José F. Cuesta, secretario. N. E. Ledesma. Eguiguren. A. Cabrera M. Sandoval.

A continuación se da lectura al informe de minoría suscrito por el señor Guillén. Informe sobre la creación de un banco agrícola, industrial y comercial. Señor presidente: El Suscrito miembro de la comisión encargada del estudio de la creación de una institución bancaria de protección agrícola, industrial y comercial, propuesta por la Cámara de Comercio de Ambato, deplora no estar de acuerdo con el informe de la mayoría, por los siguientes motivos: 1) Si bien es cierto que se siente la necesidad de dar mayor impulso al crédito agrícola e industrial, esta necesidad no puede llenarse con la creación de un banco cuyo capital debe formarse a base de un decreto que atropella el principio más elemental del derecho privado, toda vez que en dicho informe se contempla la formación de dicho banco, obligando a tomar acciones a todo ciudadano que posea más de 10.000 sucres. El suscrito entiende que la formación de un banco industrial debe ser a base del capital privado y aportarlo en forma espontánea. 2) teniendo en cuenta la existencia del Banco Central, del Banco Hipotecario del Ecuador y los bancos comerciales, entiendo que el Banco Central, ampliando sus operaciones de crédito podría llenar las necesidades de la agricultura y la industria. 3) Me permito recomendar como base fundamental para la ampliación del crédito a la industria y

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agricultura, el proyecto de ley de movilización de propiedad en servicio del crédito y de reconstitución de establecimientos industriales o financieros, del señor Víctor E. Estada, a base de las compañías anónimas pueden efectuar emisiones de bonos hipotecarios. Este es el criterio del suscrito que forma la minoría de la comisión de creación de una institución bancaria de defensa industrial y agrícola . Ambato, 27 de marzo de 1935. J. Guillén.

La presidencia pone a discusión el primer informe. El doctor Heredia. Señor presidente: Como presidente de la comisión que ha informado sobre este asunto, debo manifestar que únicamente el delegado Guillén se ha apartado del criterio del resto de la comisión. En este caso, creo que debe discutirse primero el informe de mayoría y, caso de ser negado, considerarse el de minoría. Por lo demás, me anticipo a manifestar que el proyecto de crear un banco en la forma contemplada en el informe, mediante el concurso de todos los capitalistas del Ecuador, no constituye un atropello a la propiedad privada. Esa forma consiste en hacer una imposición, por una sola vez al capital, a manera de una contribución, en propio provecho de los asociados. La creación de este banco es tan justa y necesaria que la Cámara de Comercio de Ambato la ha previsto en uno de los cinco puntos especiales señalados para que sean considerados por este Congreso. El señor Guillén. Señor presidente: Fui nombrado miembro de la Comisión de Asuntos Bancarios en momentos que tuve necesidad de trasladarme a Quito y, por este motivo, no he tenido ocasión de actuar con mis distinguidos colegas; cuando regresé esta mañana, me puse al habla con el señor presidente de la comisión, que me informó del proyecto que tenían. Estudiando éste, no estuve de acuerdo con él y por eso me he permitido presentar un informe de minoría, exponiendo mi criterio al respecto, esto es todo. El señor presidente: Dada la índole del informe, me parece que podemos ir discutiendo punto por punto. Si se aprueba el primer punto que manifiesta la conveniencia de establecer una institución bancaria, podremos seguir adelante; caso de ser negado, no habría necesidad de seguir discutiendo los demás artículos. Está en consideración el primer artículo. Se lee la conclusión primera del informe. El señor Jouvín. Señor presidente: Ante todo, mi opinión es que el informe de mayoría debe ser discutido en conjunto, porque tratándose de la fundación de un banco, primeramente hay que establecer si conviene o no que se le realice; luego, algo tal vez más interesante, es saber con qué capital se va a hacer dicha fundación del banco. Tal vez la opinión general de los industriales, comerciantes y agricultores es la de que no sería mala la fundación de un nuevo banco que atienda de preferencia a dichos sectores

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de la economía nacional. Repito que lo primordial es saber cómo se va a formar el capital; si este capital se va a constituir mediante aportes voluntarios de los individuos, magnífico, pero si dichos aportes van a tener el carácter de forzosos, de acuerdo con la Constitución de la República, con nuestra manera de ser, etc., me parece imposible y atentatorio a la libertad y a la propiedad privada que se obligue a las personas a aportar su dinero con esta u otra finalidad cualquiera. Por otra parte, tratándose de instituciones de crédito, el factor principal es la confianza; si se funda una institución de esta clase, los individuos aportan su dinero si tienen confianza en los dirigentes de esa institución, en la clase de negocios a que se va a dedicar, etc., pero fundar un banco con capital integrado a la fuerza, creo algo absurdo. Antes que pensar en esto y teniendo en cuenta que las industrias en el país necesitan apoyo, debemos consultar al Banco Central si se encuentra en condiciones de dar a los bancos comerciales sumas tales o cuales de dinero para que estos últimos los presten a los industriales al plazo de cuatro y cinco años, para el fomento de sus empresas, mediante pagos o amortizaciones semestrales. Por lo mismo que quiero que el congreso triunfe, no quiero que se me consulte la formación de este banco atacando a uno de los artículos de la Carta Fundamental, ya que por mucho que se diga que el fin que se persigue es laudable, creo que estamos soñando. El doctor Ledesma. Señor presidente: Todavía no estamos en el caso de discutir la parte del informe que se refiere al capital. Cada miembro de la comisión haremos oportunamente la defensa del proyecto, según nuestro criterio y, como muy bien su señoría ha expuesto, debemos proceder con orden; consideremos sucesivamente cada una de las partes del informe, hasta su terminación. Oportunamente, pues, contestaremos a las observaciones muy atinadas del señor Jouvín Arce. El señor Cisneros. Señor presidente: Las palabras del señor Jouvín pueden parecer como de mucho peso, pero tal vez no es así en realidad. Convengo yo en que es una especie de obligación la que vamos imponer a los industriales, comerciantes y agricultores, forma que quizás es un poco violenta; pero es que debemos iniciar una reacción, alguna vez debemos hacer un sacrificio para levantar a la industria, al comercio y la agricultura, ya que si todo lo esperamos de los poderes públicos nunca vamos hacer nada bueno ni práctico. El 1% para las personas ricas, capitalistas, efectivamente será un sacrificio, pero un sacrificio que bien pueden hacerlo en aras del patriotismo. De otra manera, al calor de sólo buena voluntad, no será posible la fundación de este banco, que tantas utilidades rendirá. Repito que el 1%, por una sola vez, es un sacrificio después de todo pequeño; otras ocasiones, en gastos superfluos, invertimos mayor cantidad. Este es pues mi criterio, de acuerdo con el informe. El doctor Heredia. Señor presidente: Voy a referirme ligeramente a las palabras del señor Jouvín. Este distinguido delegado comenzó diciendo que se iba a cometer un atropello a la propiedad privada, pero el Estado puede decretar expropiaciones, crear nuevos impuestos etc. Todos los años los congresos están gravando con un impuesto y otro al comercio, a la agricultura y a las industrias ¿con qué fin? Precisamente con un fin que redundará en beneficio de aquéllos que pagan la contribución, sin que pueda decirse

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que en ello hay un ataque a la propiedad. De igual manera, en el presente caso el Estado hará una imposición a lo comerciantes, agricultores e industriales para formar el capital de este nuevo banco, en beneficio de ellos mismos, de igual manera que el que tiene un bien raíz, paga un impuesto obligado por la ley y está sujeto a que mañana le impongan nuevos gravámenes, sin que con ello se les haga objeto de un ataque a sus derechos de propiedad. Por lo demás, muchos de los aquí presentes han ido, en más de una ocasión, a un banco con el propósito de obtener un préstamos para fines de lo más honrados y laudables y ha sido rechazada su operación; ahora, disponiendo de este banco, los agricultores, industriales y comerciantes irán a él como a casa propia y dirán, soy accionista y vengo a solicitar tal cantidad de dinero que necesito con legítimo derecho, no tendrán, pues las trabas con que hoy tropiezan con grave perjuicio para sus intereses y para la economía general del país. Por último, este congreso no da sino sugerencias; el Congreso es el que dará la ley, allí es donde se consultarán todos los detalles referentes a este proyecto, pero pongamos el principio, si los legisladores encuentran dificultades de orden legal o constitucional, sabrán encaminar este asunto en mejor forma, pero nosotros debemos aprobar el informe para responder a una aspiración ampliamente sentida, como es la de que se funde un banco que favorezca principalmente a las tres ramas más importantes de la economía nacional: comercio, agricultura e industrias. El doctor Uquillas. Señor presidente. Soy muy respetuoso de la opinión de los distinguidos delegados, por lo mismo que son hombres inteligentes y patriotas, pero soy muy respetuoso también del orden y voy a permitirme enunciar que los designios del señor presidente son los que se discuta primero el primer numeral, para después entrar a considerar los demás, luego de aprobado el primero, cosa que me parece de lo más justa y razonable. El punto en discusión es, pues, si existe o no necesidad de la creación de un banco de esta clase. Ahora bien, este punto debe descomponerse en esta forma, teniendo en cuenta la exposición del señor Jouvín: será factible la creación de un banco agrícola e industrial, siendo así que hay tantos otros bancos como el Hipotecario y el Banco Central que, ampliando su crédito, pueden favorecer a la industria y a la agricultura. Esto puso en mientes el señor Jouvín, de manera que debe discutirse: ¿hay o no actualmente la necesidad de la creación de un banco? En mi concepto, teniendo en cuenta las palabras muy bien expresadas por el doctor Heredia, digo que hay necesidad de la creación de ese banco, ¿por qué? Porque los bancos comerciales tienen un rigorismo en los reglamentos, en cambio que este banco, como si dijéramos propio, valiéndome de las palabras del doctor Heredia, puede perfectamente facilitar capital al pequeño industrial con una especie de cuenta corriente en la cual habiendo sacado una cantidad determinada de dinero, la vaya amortizando lentamente, tal como ocurre con la Caja de Pensiones y los empleados. Reclamando, pues, el orden de la discusión, o sea pidiendo que el congreso se concrete a discutir este primer punto de si es o no indispensable la creación de un banco, dejo establecida mi opinión en sentido afirmativo. El señor Guillén. Señor presidente: Se pregunta si hay necesidad de un banco. Los pueblos tienen muchas necesidades, los hombres tenemos muchas necesidades, pero ante el dilema de la necesidad hay que consultar si esta necesidad está en relación

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con la posibilidad de satisfacerla. Si hubiera un grupo de hombres capitalistas que tuvieran un capital disponible para crear un banco industrial, creo que el proyecto sería magnífico y conveniente; pero no existiendo la base fundamental, creo que dicho proyecto no es aconsejable, porque suponiendo que se fundara este banco de comercio, agricultura e industrias, con capacidad de dar crédito en forma amplia, como se desea, ¿qué harían los demás bancos comerciales? ¿Qué haría el Banco Central? ¿Qué haría el Banco Hipotecario? Si tenemos esos organismos destinados al desarrollo de nuestras actividades, ¿Por qué no nos dedicamos a fomentarlos, a organizarlos en mejor forma para que respondan a la necesidad para la cual fueron creados? Repito que mientras no dispongamos de un capital suficiente y aportado voluntariamente para formar un banco industrial, debemos dedicarnos a mejorar la organización de los bancos que tenemos hoy fundados, para que atiendan en mejor forma a la agricultura, a la industria y al comercio. Por este motivo yo me declaro en contra de la fundación del banco que se proyecta. El señor Dávila. Señor presidente: Todas las instituciones bancarias existentes tienen sus círculos ya establecidos, formados generalmente por los grandes capitalistas, que son a los únicos a quienes favorecen con sus préstamos. Creo, pues, que la fundación de esta nueva institución de crédito contribuirá enormemente al desarrollo de las actividades del pequeño industrial, del pequeño agricultor, que también tienen derecho a obtener préstamos. Por esta razón fundamental estoy de acuerdo con el informe de mayoría. La presidencia anuncia que va a cerrarse la discusión. El señor Coloma. Señor presidente: No había querido tomar parte de la discusión porque consideraba que era suficiente que la idea haya sido enunciada por la Cámara de Comercio de Ambato por medio de su digno presidente, el señor Romano, persona tan entusiasta para procurar el mejoramiento de la economía nacional, a tal punto que la Municipalidad de Ambato lo ha declarado ciudadano grato, para que el proyecto hubiese sido aceptado sin discusión; pero es necesario tomar en cuenta ciertos puntos indispensables. La fundación de un banco ante todo requiere la existencia de un capital formado por las personas que hayan proyectado la fundación de dicha institución. Teniendo esta base primordial, lo demás es fácil, ya que no queda sino sujetarse a la ley general, la Ley de Bancos, en la cual se consultan los detalles que han de llenarse para el efecto. Si el proyecto que ha estudiado la comisión contempla todos estos detalles, yo creo que no solamente debemos aceptarlo, sino que debemos dar por aceptadas las grandes ventajas que reportará, para la economía nacional la fundación de este nuevo banco. No estoy de acuerdo con aquello que acaba de expresar mi colega Guillén, en orden a que tal vez es innecesaria la fundación de un nuevo banco, teniendo como tenemos el Banco Central, el Hipotecario y otros, a los que bastará dotar de una mejor organización para obtener el fin que se persigue; yo pienso lo contrario, que mientras mayor sea el número de bancos en la población, mayores serán también las utilidades comerciales. En Ambato tenemos tres instituciones bancarias y si tuviéramos 30, la población estaría mejor servida. El proyecto del señor Romano seguramente obedece a que los actuales bancos no prestan las facilidades que necesita el comercio y la industria.

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Al respecto, aún con peligro de cansar la atención de mis distinguíos colegas, me voy a permitir citar el siguiente hecho: un sirviente mío necesitó 400 sucres, que me los solicitó en préstamo, no pude proporcionárselo, pero le ofrecí mi garantía para obtenerlos del Banco Hipotecario, institución destinada a favorecer los intereses agrícolas del país; no pudo obtenerse el dinero inmediatamente porque se nos dijo que la solicitud debía ser conocida por la oficina principal. En definitiva, el sirviente al que me refiero, no realizó el préstamo porque la contestación favorable llegó cuando ya no tenía necesidad del dinero porque el dueño del terreno que se proponía comprar lo había vendido a otro interesado, perdiendo con ello la oportunidad de adquirir una cuadra de terreno junto a otra que ya poseía anteriormente. Repito, pues, que mientras mayor sea el número de instituciones bancarias, estaremos mejor servidos; de manera que contando con el capital necesario y cumpliendo con los requisitos de la Ley de Bancos no hay por qué oponerse a tan bella idea. El señor Jouvín. Señor presidente: Efectivamente, el solo hecho de que la Cámara de Comercio de Ambato haya lanzado este proyecto, debe ser motivo para que todos nosotros lo aceptemos, especialmente yo, por ser para mí, Ambato, una ciudad predilecta y querida por muchos motivos. Lo que dice el señor Coloma es la verdad, la organización del Banco Hipotecario es mala, según he podido comprobarla personalmente, pero no creo tampoco lo que dice el doctor Heredia en el sentido de que los congresos tienen facultad absoluta para dictar leyes estableciendo tal o cual cosa; los congresos deben modelar las leyes de la realidad, al sentido común. Nadie podrá soportar la tiranía de los congresos y esto habiendo concurrido varias ocasiones a la Legislatura como representante y tengo, hoy mismo, la calidad de senador suplente del comercio del Litoral. Si un congreso va a decir que todo el que tenga más de 10.000 sucres sufrirá una imposición del 1% para la fundación de este nuevo banco, esa ley no se amoldará a nuestra manera de ser, ni a los principios constitucionales. El señor Chávez. Señor presidente: Después de las brillantes exposiciones que acabamos de oír, algo se puede añadir a favor de las ideas emitidas aquí sobre la fundación de un banco de protección agrícola, industrial y comercial. Se ha hablado con mucha razón de que el Ecuador necesita todavía mayor número de bancos; esta es una verdad inconclusa, ojalá cada aldea de las nuestras tuvieran un banco, nunca estarán demás los bancos. Se ha dicho que tenemos numerosos bancos que podrían tomar a su cargo la gestión de apoyo a la industria, al comercio y a la agricultura; pero tal vez se olvida que estos bancos se dejan absorber por situaciones del momento, especialmente por la situación del cambio y en este momento rehúyen todo apoyo a la industria, al comercio y la agricultura. Acabamos de contemplar una lucha tenaz y formal en que los bancos han limitado de una manera absoluta el crédito; ahora no tenemos crédito, no tenemos cómo sacar delos bancos un solo centavo. Hay millones y millones de sucres en los bancos y, sin embargo, al necesitado agricultor, industrial o comerciante no se le concede el dinero que pide, que acaso le es indispensable para salvar una situación de emergencia. Yo opino que mientras la agricultura, industria y comercio no tengan un banco, que defiendan directamente sus derechos, que atienda de manera especialísima

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sus intereses y se preocupe de velar por las necesidades de estas actividades de la vida económica del país, estaremos siempre sujetos a la veleidad de los bancos comerciales. Por lo demás, para fundar este nuevo banco no se va, como se dice, a crear un capital, el capital tiene que salir de los demás bancos. En efecto, la contribución o la imposición a cada uno de los agricultores, industriales o comerciantes, no vendrá a crear un capital, lo que hará es movilizar una parte del capital de los bancos en un sentido determinado. Hoy, todos esos bancos creen que defienden la agricultura, el comercio e industria, pero en el momento menos pensado estos bancos entran en pugna los unos y los otros y resultan como los primeros damnificados en esa lucha, los industriales, comerciantes y agricultores. Si mal no recuerdo, el capital inicial del Banco Hipotecario fue de 2 millones de dólares que hoy significarían alrededor de 26 o 28 millones de sucres. ¿Con cuánto cuenta en este momento el Banco Hipotecario? Apenas con 10 millones de sucres. La desvalorización monetaria ha colocado al Hipotecario en situación sumamente difícil, reduciendo su capital al 30% de su valor inicial; ese 30% no sirve hoy para atender a las necesidades de estas ramas importantes. Habiendo razonado ya en el sentido de que las industrias, el comercio y la agricultura necesitan una institución que atienda a sus propias necesidades, la mayor parte del argumento que se puede invocar a favor de esa tesis; crear una institución que exclusivamente se encamine a defender esas fuerzas vivas del país, las fuerzas económicas. En consecuencia, el Congreso de Industriales de la ciudad de Ambato, debe resolver si es o no una necesidad del momento la institución de un banco que defienda exclusivamente esas fuerzas vivas del país. Si los bancos existentes pueden cumplir ampliamente con esa finalidad, si la situación del momento en el país no presenta ningún estorbo para que esos bancos puedan dar su beneficio en este sentido, si se me comprueba que los bancos actuales del país pueden adquirir una organización eficiente, amplia y segura para que puedan dar ese resultado, entonces si estaré plenamente convencido de que no es necesaria la fundación de un nuevo banco; pero si hay la más ligera duda de que una situación análoga a la presente, de una pugna entre esas instituciones, motivada especialmente por el factor cambio, puede anular esos beneficios; entonces no vacilaré al sostener que la creación del nuevo banco será verdaderamente beneficiosa para la agricultura, la industria y el comercio. El doctor Cabrera. Señor presidente: Se ha hablado bastante y con claridad meridiana sobre la necesidad de un nuevo banco, que proteja a las industrias, al comercio y a la agricultura. Creo que hay un gravísimo peligro con la fundación de ese nuevo banco y ese peligro es el de que se acabaría el despotismo de los demás bancos. Al haber este nuevo banco, estaríamos libres como hombres y como personas para presentarnos con la cara limpia a solicitar un préstamo en caso de necesidad. El señor Cuesta. Señor presidente: El criterio de la Cámara de Comercio de Ambato, al haber establecido la ponencia relativa a la fundación de un banco para la defensa agrícola, comercial e industrial ha sido un criterio patriótico, grande y tal vez no del todo utópico. Como los colegas que me han precedido lo han manifestado claramente, nuestro propósito ha sido el de llenar, con la creación de este banco, una función que está haciendo falta en las principales actividades económicas del país. Sabido es que la

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generalidad de los bancos no dan las facilidades que requieren el comercio, la agricultura e industrias; habiendo, pues, sentido las necesidades de este banco, la Cámara de Comercio de Ambato lanzó esa ponencia. Repito que no es utópico creer que se pueda organizar este instituto bancario, porque teniendo una riqueza individual que constituye la riqueza del país, bien podemos tomar de esa riqueza el 1%, que es una bagatela, y bien podemos soportar tal contribución con patriotismo y decisión, ya que muchas veces en gastos superfluos invertimos nosotros una cantidad mayor, máxime que en este caso esa contribución no va a desaparecer sino que la vamos a conservar a nuestro favor, entrando a formar parte como accionistas del banco. Así se llenará una necesidad clamorosa del momento. Debemos estar convencidos de que si queremos desarrollar la riqueza futura, debemos hacer un pequeño sacrificio y fundar este banco, destinado a dar un apoyo precioso a las industrias, el comercio y especialmente a la agricultura, porque el criterio para manejar esta institución no será de obtener una enorme utilidad, sino el de prestar un verdadero servicio a todos sus asociados. El señor Colvín. Señor presidente: Creo que de las exposiciones que hemos escuchado se deduce la necesidad ineludible de que se establezca un banco industrial, agrícola y comercial en el país. Quiero hablar ligeramente respecto de las causas por las cuales los bancos hoy establecidos no prestan ninguna cooperación a la industria, ni a la agricultura; se debe a que dichas instituciones son organizadas por capitalistas que se dedican a explotar su capital, sin ejercer ninguna industria. Voy a poner un ejemplo: se establece una industria y para ello se compra un terreno que vale 10.000 sucres solamente; pero invierte 90.000 sucres en maquinarias, se implanta la industria, pero en el momento de empezar a trabajar se encuentra que le faltan 20 o 30 mil sucres para tener el capital suficiente para lanzar sus productos. Si ocurre a un banco, como me ha acontecido personalmente y seguramente a otros de los aquí presentes también, lo primero que preguntan es cuánto se tiene invertido en propiedad, en tierras. La propiedad no vale casi nada, pero existe invertido capital fuerte en maquinarias. La contestación es la siguiente: “sentimos mucho, pero, lo único que podemos hacer es avaluarle su terreno y como éste no vale sino 10.000 sucres no le podemos dar sino 5.000 sucres”. Los bancos no toman en cuenta para otorgar préstamos, el valor de las maquinarias. Cosa análoga pasa con los agricultores. Por esto creo indispensable fundar ese banco, formado por los industriales del país, los comerciantes y agricultores. Aquí estamos representantes de esos tres sectores de la economía nacional y si esta asamblea toma la decisión de pedir al Gobierno que nos obligue a formar ese banco, no habrá un solo agricultor, industrial y comerciante que se niegue a formar parte de ese instituto bancario y aún se nos dirá: “ustedes han procedido a conciencia, porque, en realidad, tienen necesidad del banco”. El señor Jouvín. Señor presidente: Que conste mi voto negativo, fundándome en que no creo que el capital deba formarse a la fuerza, sino voluntariamente. El señor presidente: En el momento en que se discuta ese punto, podrá el señor delegado hacer constar su voto negativo.

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Cerrada la discusión es aprobada con el voto negativo del señor Jouvín, quien pide que expresamente se haga constar. así su opinión en el acta. Se lee la conclusión segunda del informe. Puesta en discusión, es aprobada. Se lee la conclusión tercera, (numeral a) del informe. Puesta en consideración, el doctor Uquillas dice: Señor Presidente: Creo que es nobilísimo el anhelo que ha tenido la Cámara de Comercio de Ambato de crear un banco de esta clase y creo también que susceptibilidades como la del señor Jouvín Arce, quien se opone a esta creación, podrían no tener motivo para alarmarse, con un solo pequeño cambio en la redacción. Dice la letra a) “para la suscripción del capital, toda persona natural o jurídica, de derecho privado que dentro del territorio de la república posea un capital de 10.000 sucres para arriba, tomará acciones que representen el 1% del monto total de dicho capital, por una sola vez”. La forma en que está escrito, aparece, como muy bien decía el señor Jouvín, una imposición; pero si cambiamos la redacción, dejando únicamente que toda persona natural o jurídica tenga una obligación meramente moral de tomar esas acciones, se salvará la dificultad y se logrará que este banco sea una realidad. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Ante todo debo manifestar que el informe está suscrito, entre otros, por el seños Cisneros y el que habla, no obstante que somos gerente y presidente del Banco del Azuay, respectivamente, Yo no creo que debe ponerse esa disposición en forma de una mera insinuación, porque entonces estaría muerto el propósito y seguiríamos en la misma situación que tenemos hoy; porque, a lo sumo concurrirían unas pocas personas, con lo cual ya se desvanecería la naturaleza misma del proyecto. El señor Jouvín. Señor presidente: En realidad, voy a votar en forma negativa porque, como ya he dicho, estoy en desacuerdo con que el capital del banco se lo ponga a la fuerza, pero al respecto voy a dar una ligera explicación: una persona posee una casa de 12 .000 sucres que le produce una renta. ¿Qué capital tiene este individuo a quien ya se le considera como capitalista? y ¿qué obligación tiene en relación con este proyecto? Mi opinión es que el propietario de ese fondo urbano, según el proyecto, tendrá la obligación de tomar acciones, porque tiene un capital de 12.000 sucres que le produce una renta; y ya sabemos la diferencia que hay entre capital y riqueza. El doctor Leví. Señor presidente: En principio estoy por la fundación de este banco, porque bancos y casas comerciales se fundan a diario y también quiebran a diario, según la forma cómo se las maneja. Hemos visto instituciones bancarias muy poderosas que han sido bien llevadas en principio, pero que luego han llegado hasta la quiebra; así mismo, bancos pequeños, que han prosperado mucho, como La Previsora. Estimo que un nuevo banco, de esta clase, destinados a servir a los verdaderos intereses de la industria, comercio y agricultura, puede contribuir a la prosperidad del país, pero la

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forma en que se quiere constituir el capital, francamente no me gusta. Yo he deseado que esta fundación del banco se haga en forma cooperativa, en cuyo caso sí apoyaría completamente la idea. El doctor Eguiguren. Señor presidente: Soy respetuoso, como el que más, de la opinión ajena y celebro que el señor Jouvín profese un verdadero culto a la libertad humana, pero pienso que un excesivo deseo de libertad, nos está haciendo esclavos de la libertad. No es verdad que la libertad del hombre sea tan amplia, ya que está restringida por los derechos colectivos, por los derechos ajenos. Lo dicho por el doctor Heredia anteriormente, es la verdad; al imponer forzosamente la suscripción de acciones a todo aquél que tenga un capital mayor de 10.000 sucres no estamos atacando la libertad, estamos sencillamente limitando la propiedad, dentro de los derechos que también, por su parte, tiene la sociedad. El señor Cisneros. Señor presidente: Debo una explicación al señor Guillén respecto a la verdadera intensión de la comisión. El concepto de ésta es que todo capitalista de más de 10.000 sucres contribuya por una sola vez con el 1% de su capital para la fundación de este banco; pero esta obligación no es sino aparente porque una vez emitidas las acciones, estos documentos son perfectamente negociables, de modo que, cualquiera quedará en libertad para volver a adquirir el dinero que invertirá en este objeto. El doctor Cabrera. Señor presidente: Debo llamar la atención del Art. 460 de la Ley General de bancos que dice: (lee). Este artículo, pues, viene a favorecer el que puedan llenarse las aspiraciones que se persiguen con la fundación de este banco. El señor Guillen. Señor presidente: Voy a referirme por una vez de modo breve a este asunto. El doctor Heredia dijo que la fundación de este banco perseguirá fines análogos a los de la Caja de Pensiones, en su ramo; discrepo de esta ilustrada opinión porque la Caja de Pensiones persigue un fin distinto: retiene al empleado un 5% de su sueldo, para devolvérselo después, en forma de jubilación, de fondo mortuorio, etc.; en tanto que aquí se dice que todo capitalista con más de 10.000 sucres dará el 1% para invertirlo en un negocio que se llama banco. En cuanto a lo dicho por el señor Cisneros, en orden a que los títulos de las acciones que se adquieran obligatoriamente, puedan ser negociados en el mercado, debo observar que por el mismo hecho de tratarse de una institución de reciente fundación, dichas acciones sufrirán una fuerte depreciación en el mercado. Por todo esto, insisto, que más vale que la contribución o aporte del capital se haga en forma voluntaria. El doctor Ledesma. Señor presidente: Sólo quiero mencionar una razón, que me parece suprema, para que en este país funcione este banco es sabido por todos que el circulante en el país es tan escaso que apenas llegan a 40.000.000 de sucres, y puedo decir que sólo mi provincia, Manabí, necesitaría para su comercio, no digo para sus industrias porque no las tiene muchas, siquiera 20.000.000 de sucres. A pesar de que dicha provincia exporta unos 23.000.000 por año, los bancos comerciales no prestan

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las debidas facilidades; por esto creo absolutamente necesaria la creación de este nuevo banco, para facilitar los préstamos a los pequeños industriales y comerciantes. El doctor Domínguez. Señor presidente: Hemos olvidado lastimosamente otro capital que no es posible dejar inexplotado. Voy a considerar el problema bajo una faz enteramente nueva. ¿Qué quiere este congreso? Unir a los ecuatorianos, cogerlos en una enorme red par que se amen como hermanos y como hermanos busquen la prosperidad para la patria ¿Puede darse una finalidad más hermosa? Para este propósito, el congreso es la primera semilla, el banco será la hermosísima flor. Voy a probarlo haciendo que los hombres del septentrión, del centro y del mediodía del país adquieran este género de banco, que es sustancial y básico para el desarrollo entre los diferentes componentes de un pueblo, los demás sentimientos, el amor y el reconocimiento recíprocos, vendrán como consecuencia. ¿No estamos, por ventura, laborando en estos momentos la realización de la suprema necesidad de los ecuatorianos: conocernos los habitantes de todos los ámbitos de la patria? Conocernos como hombres honrados, capaces y patriotas. He aquí por qué he aplaudido con todo el fervor de mi alma este hermosísimo proyecto, que contribuirá al acercamiento mutuo entre todos los ecuatorianos, como la base de la verdadera prosperidad de la patria. El señor Chávez. Señor presidente: Después de las brillantísimas palabras que acabamos de oír, vergüenza da tomar la palabra para hacerlo en forma tan sencilla y simple y por eso sólo querría valerme del peso de los argumentos. Se habla del sacrificio de la libertad, creo que en pocas horas estamos evolucionando de manera notabilísima en esta asamblea. Anteayer se habló acaloradamente de esto, hoy ya vamos cediendo y me complace sobre manera encontrar que personas que en este día estuvieron en contra de la imposición de los industriales, comerciantes y agricultores para que integren las cámaras de comercio, hoy encuentren sumamente viable el que se obligue a un sacrificio de la libertad, por el bien colectivo. A la riqueza la entiendo yo como en función social; si vamos a sacrificar un pequeñísimo porcentaje de ella, no lo vamos a sacrificar en beneficio de todos, no lo vamos a sacrificar en beneficio de un grupo, sino en beneficio nuestro. Vamos a sacrificar la libertad en 1% y vamos a conseguir la libertad en un 100% de nuestra riqueza, el 1% nos va hacer conseguir ese 100%, porque hoy no tenemos libertad ante los bancos y esa libertad perdida no la estamos reclamando ni la podemos reclamar ante la institución que no nos pertenece. Ahora bien, con un sacrificio insignificante, obtendremos la enorme ventaja que significa la creación de este banco, de cuya necesidad estoy convencido. Nos debemos pues, obligar a sacrificar ese pequeño porcentaje para llenar la necesidad de conseguir la libertad económica, que tanto ansían el comercio, la industria y la agricultura. Por último, aun cuando no es el momento, pero para aclarar conceptos debo decir que según el proyecto, la organización de este banco se encargaría de la superintendencia del ramo, desempeñada hoy por personas honorabilísimas, que tienen íntimas vinculaciones con el comercio, la agricultura e industrias.

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El señor Guillén. Señor presidente: Si sentimos la necesidad de fundar este banco para fomentar la agricultura, el comercio y las industrias, debemos seguir las normas que nos dicta la experiencia. Yo creo que en vez de un banco se debería fundar cooperativas de crédito agrícola e industrial, en base a un impuesto a la producción. En esta forma no ocurrirá que tengan que entrar a formar el banco elementos que por la escasez de sus capitales o por cualquier otro motivo están diametralmente opuestos a la fundación de este banco. El señor Coloma. Señor presidente: El señor Chávez seguramente me aludió cuando dijo que en este congreso estaba evolucionando el concepto de la libertad, es decir, quiero manifestar que yo creí en un momento que se atacaba a la libertad de los agricultores, comerciantes e industriales al agremiarlos obligatoriamente, en tanto que él creía que no había inconveniente alguno ni el menor ataque a la libertad. Para contestar esa alusión, de manera amigable, sólo quiero manifestar estas palabras: supongamos que yo haya estado en un error, pero alguien ha escrito que es propio de los hombres superiores reconocer sus errores. El señor secretario. Señor presidente: tan sólo me permito hacer una indicación a la parte que se discute. Soy uno de los más entusiastas y encuentro muy razonable la fundación de este banco. Se ha hablado de la libertad de agremiación y también de que se ataca a la libertad, pero encuentro que en este congreso de agricultores, comerciantes e industriales, al formar un capital en el banco, abarca más allá de lo que son sus propias actividades, porque se comprende a individuos que, en realidad, no correspondería agremiarlos dentro de esta denominación, porque el artículo que se discute dice así: (lee). Pienso que debe ponerse una exposición para aquellos capitalistas que no tengan actividad alguna relacionada con la agricultura, industrias y comercio, quienes no deben estar sujetos a esta situación. Por ejemplo, profesionales como el que habla y otros más que no somos agricultores, comerciantes ni industriales, ¿por qué razón vamos a estar obligados a asociarnos a un banco industrial o agrícola? Si bien pudiéramos organizar otro banco que atienda nuestra peculiar situación, conviene, pues, hacer constar esta excepción. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: La comisión discutió el punto enunciado por el señor secretario y llegó a la conclusión de que al establecer esa excepción, no se conseguirá el propósito que se desea porque, al amparo de ella, muchas personas se negarían a entrar a formar parte del capital del banco alegando que son profesionales, a pesar de que, como ocurre muchas veces, sean también a la vez agricultores, comerciantes e industriales. Por lo demás, todos los profesionales tienen motivo para relacionarse con el comercio, la agricultura y las industrias. La presidencia cierra la discusión. Se vuelve a leer el numeral a) y es aprobada con el voto negativo de los señores: Jouvín, Briones, Guillén y Pons, por cuanto opinan que la suscripción del capital del

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banco debe ser voluntaria, no obligatoria. Los aludidos delegados piden a la secretaría se haga constar su voto negativo a todo el proyecto. El doctor Heredia Crespo, con apoyo de varios delegados, pide se añada un inciso, que con la indicación del señor Martínez, quede así: “que las personas que así lo desean podrán tomar un mayor número de acciones y que las que posean un capital inferior a $ 10.000 podrán voluntariamente ser accionistas del banco”. Se aprueba el inciso. Se lee el numeral b) de la conclusión tercera del informe y es aprobado por los votos negativos de los señores Jouvín y de los delegados de la Cámara de Comercio de Guayas, por la razón ya anotada. Se lee el numeral c) de la conclusión tercera del informe, y al respecto el doctor Cabrera pide que en la parte pertinente se añada, “de acuerdo con la Superintendencia de Bancos”. Con las indicaciones anotadas se aprueba el numeral, con los mismos votos negativos ya anotados Se lee la letra d) de la conclusión tercera del informe y el señor Carrasco, con apoyo del señor Vaca, mociona en el sentido de sustituir la ciudad de Quito por la de Ambato, para sede principal del banco, como homenaje a la ciudad organizadora de este primer congreso. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: La historia recogerá que a la ciudad de Ambato le corresponde el honor de haber fundado este banco, pero por motivos que todos conocemos, especialmente por el movimiento que debe tener, soy de la opinión de que la sede de esta institución debe estar en la capital de la república. El señor Núñez. Señor presidente: No tengo sino que agradecer al señor Carrasco por la deferencia que ha tenido con la ciudad de Ambato, pero opino que este banco debe establecerse en la capital, por cuanto el consejo directivo de la Cámara de Comercio Central de Agricultura, Comercio e Industrias, residirá también en dicha ciudad. El señor Carrasco retira la moción. El doctor Ledesma. Señor presidente: Que se agregue un inciso que diga: “uno de los fines primordiales del banco es fundar y organizar sociedades cooperativas y capitalistas en los cantones de cada provincia”. El doctor León Hidalgo. Señor presidente: Una de las razones fundamentales por las que se ha propugnado la creación de este banco con tan heroico patriotismo, es la democratización del crédito. Yo creo que debemos ser lo más amplios posibles en esta materia, debemos darle crédito a nuestro campesino, a nuestro buen obrero, a nuestro buen chagra. En otras naciones, en Francia, instituciones análogas a la que estamos creando mantienen agencias o sucursales aún en los pueblos más pequeños, con el fin de democratizar el crédito. Este mismo debe ser el espíritu que prime en los dirigentes de esta nueva institución y en este sentido he apoyado gustoso su fundación.

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El señor Cisneros. Señor presidente: Es muy laudable el propósito del distinguido compañero doctor León y el punto relativo a la creación de sucursales y agencias fue discutido en la comisión, la cual vio con razón que al obligar en forma imperativa a que se mantengan dichas sucursales y agencias en todos los cantones, se iría al fracaso, porque el asunto hay que tratarlo bajo el punto de vista comercial. Todos sabemos que si se obliga a establecer agencias en todos los cantones, el gasto de instalación y mantenimiento de estas agencias y sucursales no reportaría sino desembolsos que podrían hacer fracasar al banco. Por esto, la comisión ha creído oportuno que vayan creándose tales agencias y sucursales, a medida que lo requieren las necesidades del movimiento que vaya adquiriendo día a día, a juicio del directorio. La presidencia cierra la discusión. Se lee nuevamente el numeral y se aprueba. Se lee el numeral c) de la conclusión tercera del informe. El doctor Cabrera, de acuerdo con otros delegados, indica que sería mejor decir: “La organización, funcionamiento, duración y más requisitos legales de esta institución bancaria, se sujetarán a la Ley General de Bancos.” El doctor Ledesma. Señor presidente: Pregunto si a todas estas instituciones bancarias les señala la ley de bancos un tiempo de 50 años, porque entiendo que todas ellas deben tener un tiempo limitado de duración para seguir o liquidarse. El señor presidente pregunta a la comisión si acepta esta modificación. Como ésta la acepta, se pone en discusión y resulta aprobada. El doctor Heredia Crespo manifiesta que la comisión que preside ha estudiado algunas otras ponencias sobre las que ha emitido también el informe respectivo y pide se les dé lectura. La presidencia así lo ordena y se lee la siguiente ponencia de la delegación azuaya.

El Primer Congreso de Industriales de la República Considerando: Que muchos artículos de industria nacional y algunos manufacturados, como el sombrero de paja toquilla, que se exporta y constituye una gran fuente de riqueza para el país, día a día van desacreditándose en los mercados extranjeros consumidores, por la poca escrupulosidad de algunos exportadores, que no cuidan de ofrecerlos con la clasificación o determinación de calidad que se requiere, y con la inconformidad que se solicita, que esto constituye un empobrecimiento de la riqueza nacional, abriendo así campo a competidores de otras naciones que, tal vez, producen artículos mejores que los ecuatorianos y que, por último, es deber del Estado cuidar y procurar el desarrollo de la exportación.

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Resuelve: 1. Pedir al Poder Ejecutivo, que restablezca la Oficina de Control de Exportación, en la ciudad de Guayaquil, con dependencias en las aduanas de la república, a que cuide que se exporten los productos y artículos nacionales bien confeccionados, sanos y uniformes en sus calidades y estandarizados; 2. Que se tomen y dicten las medidas necesarias, a fin de evitar que, por las aduanas de algunos puertos pequeños, se exporte de contrabando materias primas, que tienen fuerte derecho de exportación, como la paja toquilla que sale del país a ser industrializada en otros países con enorme mengua de industrias ecuatorianas. Ambato, marzo 27 de 1935. M. Heredia Crespo, Julio C. Vinueza, Cornelio Veintimilla M. Y M. Cisneros.

El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Existe una ponencia de la delegación azuaya y otra del distinguido compañero señor Coloma. Éste ha pedido que se tome medidas para evitar que el país siga sufriendo en sus intereses por la falta de control en la exportación, mediante el establecimiento de una oficina, suprimida por razones de orden político. Obvias son las razones que hay a favor del restablecimiento de la citada oficina, porque donde se exporten artículos de mala calidad o que no corresponden a la clase pedida en el exterior, el país sufre el consiguiente descrédito. Así mismo, conviene evitar que se exporten artículos como la paja toquilla, cuya salida del país está prohibida para evitar la competencia de la manufactura extranjera. Pido, pues, que se considere el informe de la comisión al respecto. El doctor Ledesma. Señor presidente: Así como se pretende que haya una oficina para el control de la exportación de Guayaquil, debe haber otras oficinas similares en otros puertos de exportación del país. El señor Paz. Señor presidente: Estoy en desacuerdo con la opinión que acaba de exponerse. No hay razón para crear nuevamente una oficina para el control de exportación y esto lo digo basado en la experiencia. En Tulcán se exportaba alrededor de dos millones de sucres anuales, pero al crearse la oficina de control se restringieron las exportaciones. Si el control va a hacerse sobre la paja toquilla u otros artículos de primera necesidad, está bien, pero si se generaliza el propósito esta ponencia resultará inconveniente porque dejarán de exportarse muchos artículos que se envían a Colombia. El señor Coloma. Señor presidente: No estoy en ningún caso con la opinión que acaba de exponerse. Recuerdo que después de tres años fue aprobado en el Congreso el proyecto relativo a establecer el control de exportación mediante una oficina que existe en todo el mundo, porque esta clase de departamentos fomentan las exportaciones porque se preocupa de buscar la estandarización de los productos. Lo dicho anteriormente por el doctor Heredia Crespo no puede se más justo.

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La presidencia anuncia que va a cerrarse la discusión y ordena leerse la parte resolutiva. El doctor Ledesma pide que en la parte correspondiente, se diga: “puertos marítimos y terrestres” o “aduanas de la república”. El señor Jouvín. Señor presidente: Entiendo que se trata de restablecer una oficina de control de exportación que ya antes existió. Cuando acabamos de salir de un control, el terrible control que significaba la incautación que ha hecho tanto daño al país, estamos inmediatamente queriendo otro control. Entiendo que la ofician de control de exportación existió en Guayaquil, y que fue suprimida porque no dio buenos resultados, de modo que no hay que pensar en volverla a crear. El señor presidente: llama la atención acerca del punto que se discute. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Como autor del proyecto, debo defenderlo, porque creo que no me he dejado entender. Desde luego que se argumenta en la forma que lo ha hecho el señor Jouvín ¿Cómo vamos a comparar el control de cambios con el control de exportación, que son cosas diferentes? El fin de esta oficina de control es cuidar de que no exporten artículos de mala calidad o que no se mande un artículo de segunda clase como de primera, para evitar el consiguiente desprestigio para el país. Los que hemos tenido ocasión de viajar al exterior hemos tenido ocasión también de constatar que en esos países hay una queja contra los exportadores ecuatorianos, debido a su falta de seriedad, de manera que por esto es muy natural y conveniente que exista esta oficina de control de exportación, que hay en todo país civilizado. El señor Paz. Señor presidente: Estoy de acuerdo con que se establezca este control en los puertos donde exportan grandes cantidades de mercaderías, mas no en aquellos puertos pequeños donde las exportaciones son escasas, y por lo mismo, dicho control no viene sino a presentar obstáculos. Cerrada la discusión, es aprobada la ponencia con los votos negativos de los señores Jouvín, Leví, Paz y los demás representantes del Guayas. El doctor Uquillas. Señor presidente: Tenemos listo para presentarlo mañana, el informe de la Comisión de Vialidad y Transporte, de manera que pido que se agregue este asunto en el orden del día de mañana. La presidencia accede y ordena se lo incluya en el orden del día de mañana. Se lee el informe sobre la ponencia de la delegación del Carchi, acerca del establecimiento de una sucursal del Banco Central en la ciudad de Tulcán. Informe de la Comisión de Asuntos Bancarios y Comerciales sobre la ponencia de la delegación del Carchi, relativa a pedir que el congreso de industriales y comerciantes solicite, del Banco Central del Ecuador el establecimiento de una sucursal en Tulcán. Señor presidente: Vuestra Comisión de Asuntos Bancarios y Legislación Comercial,

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conocida la tan justa petición de la distinguida delegación de Tulcán, por la cual pide el establecimiento de una sucursal del Banco Central del Ecuador en la ciudad de Tulcán, informa. Que el presente congreso de industriales y comerciantes debe recabar del citado Banco Central el pronto establecimiento de una sucursal en la capital de la provincia del Carchi y que, así mismo, sería de lo más interesante para el mejor desarrollo del comercio, la agricultura y de las industrias, que se establezcan también sucursales o agencias en plazas importantes, como la ciudad de Portoviejo, donde en la actualidad no existe. Este es el parecer de vuestra comisión, salvo el más ilustrado del congreso de su digna presidencia. Ambato, marzo 27 de 1935. M. Heredia Crespo, José F. Cuesta, G. Eguiguren, A. Sandoval, N. E. Ledesma, A. Cisneros, V. A. Cabrera y M. J. Guillén.

El señor presidente: Lo único que me permito indicar es que hubiera sido de desear que se hubiese formulado ya el acuerdo. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Creo conveniente que todas las resoluciones de este congreso sean recopiladas por una comisión especial, para que sean presentadas en un pliego al Poder Ejecutivo. Votada la ponencia es aprobada. Se lee el siguiente informe de la misma comisión. Informe sobre las ponencias presentadas por la delegación de las Cámaras de Comercio, Agricultura e Industrias de Guayaquil, ante el Congreso de Industriales y Comerciantes, contraídas a pedir reformas de las leyes de comercio. Señor presidente: Vuestra Comisión de Asuntos Bancarios y leyes de comercio, estudiadas las ponencias presentadas por la distinguidísima delegación de las Cámaras de Comercio, Agricultura e Industrias de Guayaquil, informa: Primero, que las reformas que dicha delegación pide se hagan al Código de Comercio, relativas a la necesidad de que en dicho código se designe la persona o funcionario ante quien deban sacarse los protestos por falta de aceptación y la falta de pago de las letras de cambio y pagarés a la orden; que las reformas que ella insinúa, deben hacerse al Código de Enjuiciamiento Civil y al Código Penal, respecto a los cheques protestados, y, por último las que, también insinúa, se deben hacer al mismo Código de Comercio, respecto a las liquidaciones de sociedades comerciales, son del todo indispensables y necesarias para la mejor marcha y moralidad de los negocios comerciales e industriales. Segundo, que, por lo tanto, este congreso debe resolver que se solicite del próximo Congreso tan importantes reformas a los códigos de Comercio, de Enjuiciamiento Civil y Penal. Este es el parecer de vuestra comisión, salvo el más acertado de la corporación que usted acertadamente preside. Ambato, marzo 27 de 1935. M. Heredia Crespo. José F. Cuesta. G. Eguiguren. A. Sandoval. N. E. Ledesma. M. A. Cisneros. V. A. Cabrera M. J. Guillén.

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Se lee la ponencia suscrita por los señores Coloma, Dávila y Arturo Salazar, concebida en estos términos:

El Primer Congreso de Industriales del Ecuador Considerando: Que habiéndose reunido con el fin primordial de adoptar los medios que estén a su alcance, para mejorar la situación económica y social del país y que por lo mismo, uno de los deberes es propender al bienestar de los pueblos, especialmente de la clase obrera y campesina; Que es un imperativo proteger a las clases pobres y a la raza indígena, procurando el abaratamiento de las subsistencia y Que siendo muy alto el precio de la sal, artículo de primera necesidad. Resuelve: Pedir al Poder Ejecutivo que por medio del Consejo de Economía prepare un proyecto de ley para el próximo Congreso, que contemple la rebaja del precio de la sal, por lo menos a diez sucres el quintal, estudiando la forma de reemplazar la diferencia que ocasionaría dicha rebaja en el presupuesto de ingresos del Estado. Dado, etc. Ambato, a 27 de marzo de 1935. Alfredo Coloma, Carlos E. Dávila C. y Arturo Salazar”

Se aprueba. El doctor Heredia Crespo, solicita se deje constancia que ha tenido mucha complacencia en suscribir el informe relativo a las ponencias enviadas por la Cámara de Comercio de Guayaquil. Se leen dos telegramas del señor Ministro de Obras Públicas. El primero, manifestando que el afán del departamento no declinará hasta que las obras de vialidad que se llevan a cabo en la rica provincia lojana se cristalice en palpable realidad. En el segundo agradece el acuerdo del congreso y reitera el ofrecimiento de su más decidido apoyo y cooperación a las labores que quiera realizar. A continuación se leen telegramas del señores gobernadores de Ibarra y Cañar, expresando, primero, su agradecimiento por el acuerdo expedido por el congreso, y el segundo, formulando sus fervientes votos porque la labor del congreso redunde en beneficio de los vitales intereses de la nación. Se lee también un telegrama del señor presidente de la Cámara de Comercio del Carchi

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solicitando el apoyo del congreso para la mejor realización de la feria de muestras a realizarse próximamente en Tulcán,. El señor presidente: El congreso acogerá gustoso cualquier moción que se haga en el sentido de estimular o apoyar la concurrencia de los agricultores, comerciantes e industriales a la Feria de Industrias que va a tener lugar en Tulcán. El señor Eguiguren. Señor presidente: Que quede constancia especial en el acta del agradecimiento de la Federación de las Cámaras de Comercio para el señor ministro del ramo, por el apoyo presentado al respecto. El doctor Uquillas. Señor presidente: De acuerdo con la insinuación que acaba de hacer su señoría, hago la moción siguiente: que el Congreso de Industriales, insinúe a los industriales del país que se sirvan cooperar con su valioso contingente en la realización de la feria que va a tener lugar en Tulcán. El señor Paz. Señor presidente: La Cámara de Comercio de Tulcán ha dirigido circulares a las cámaras de comercio del país de Colombia invitándoles a la feria organizada por la empresa OCRE, siendo de advertir que dichas cámaras tendrán puesto especial para los agricultores industriales que quieran enviar sus muestras a este certamen; y quisiera que los delegados hagan conocer a las Cámaras de Comercio del Carchi de que contribuyan a dar mayor realce a la feria proyectada. Se aprueba. Se lee un telegrama del señor vicepresidente de la Cámara de Comercio de Tulcán, acreditando al señor Napoleón H. Saá, como delegado del congreso, en reemplazo del señor Augusto del Hierro que se excusó. El señor Paz pide que se llame al señor Saá a integrarse a este congreso. El señor presidente autoriza su incorporación a la cámara y el señor Saá ocupa su puesto e el congreso. El señor Paz. Señor presidente: En el informe presentado ayer por la Comisión de Aranceles, en uno de los puntos se dice que se presentarán a consideración del congreso otras mociones para que con SU estudio sereno las remita luego a la Junta Consultiva Económica. Yo creo que ayer hubo una confusión al respecto, en el momento de la votación. No creo que estas ponencias, siendo discrepantes entre sí, deban enviarse a la citada corporación sino que el mismo congreso debe tratarlas aquí, ya que su deber es dar sugerencias clara al Congreso o a quien corresponda. Por esta razón, creo que debe sacarse todo lo bueno que contienen estas ponencias, para agruparlas en forma de una resolución del congreso. En este sentido, dejo propuesto el punto para que si se cree necesaria una reconsideración de lo resuelto ayer, proponerla oportunamente, si encuentro apoyo. El señor presidente: La presidencia cree que el congreso está capacitado para estudiar las ponencias, pero habiéndose discutido y aprobado el informe que resolvía que estas

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ponencias fuesen enviadas a las comisiones económicas de Guayaquil y Quito, no cabe que se pongan en discusión las ponencias, puesto que la parte resolutiva del informe era el envío de éstas al estudio de las comisiones de Guayaquil y Quito. Para poner en discusión el asunto sería preciso una reconsideración, que parece prohibida por los estatutos, puesto que el art. 6 dice que cada ponencia deberá quedar resuelta en la sesión respectiva. El señor Guillén. Señor presidente: Pero el congreso no discutió las ponencias sino únicamente el informe de la comisión. El señor presidente: No se discutieron porque se aprobó el informe; si éste se hubiera negado, entonces se hubiera estudiado dichas ponencias. El doctor Cabrera. Señor presidente: De acuerdo con el criterio de la presidencia, creo que hay una aparente o tal vez real contradicción, pero ésta se puede obviar mediante una redacción conveniente, con lo cual todo quedará a satisfacción general. El señor presidente: aún cuando la redacción de las ponencias no necesitan ser aprobadas por el congreso, si éste lo tiene a bien, voy a dar lectura al borrador del informe de redacción elaborado por la comisión respectiva, aunque todavía no ha sido presentado (lee). El doctor Cabrera. Señor presidente: Me parece que la forma serena, inteligente, clara, en que la comisión ha redactado el proyecto, consignando los puntos esenciales de la discusión de ayer, debe ser aceptada por ser algo conveniente para el buen nombre del congreso, que hasta aquí no tiene sino triunfos. Tal vez en un momento de ofuscación se dio una resolución que estaba de acuerdo con lo que correspondía; por eso me parece una cuestión conveniente, casi de dignidad, que este Congreso apruebe la forma inteligente y clara propuesta por la Comisión de Redacción. El señor Chávez. Señor presidente: Fui de los pocos que dieron el voto en contra el día de ayer y querría en este momento razonar mi voto. Estoy de acuerdo con la redacción magnífica y comprensiva de la Presidencia. Mi opinión sólo difería en el destino que se daba a las ponencias al disponer que sean llevadas a las comisiones económicas, entidades las menos adecuadas para conocer un arancel con la detención necesaria. No quiero hacer la crítica de dichas instituciones, perteneciendo al Consejo de Economía que funciona en la capital, pero sí hay que confesar que tales instituciones son las menos adecuadas para el objeto. Yo hubiera estado por el informe si las ponencias hubieran sido remitidas a las corporaciones acerca de las cuales se habló antes, integradas por los miembros de las cámaras de Quito y Guayaquil. Ésta era la forma más racional, más conveniente, de darles curso a esas ponencias. El señor presidente: Me permito aclarar un punto; sin estar en divergencia con la opinión del señor Chávez, no podía yo hacer otra cosa que redactar la ponencia de

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acuerdo estrictamente con lo resuelto en el congreso. Lo que resolvió ayer fue que se enviaran las tres ponencias a estas dos entidades, y eso tenía yo que consignar. Se vuelve a leer el informe original de la Comisión de Arancel de Aduanas. El señor presidente llama la atención de los señores delegados y pide que se formule una moción que base la discusión. El señor Guillén. Señor presidente: Mi objeto es únicamente el que cumpla con el informe, el cual dispone que los dictámenes han de ser estudiados por el congreso. El doctor Ledesma. Señor presidente: Cualquiera sea la idea del señor Guillén, si quiere que se vuelva a discutir el informe, debe presentar la correspondiente moción de reconsideración. El doctor Erazo menciona una disposición del reglamento interno de la cámara, que la secretaría lee. El doctor Cabrera pide que se lea el acuerdo como asunto previo a proponer una moción. Dice: Señor presidente: hay que tener en cuenta una cosa, la esencia del informe se va a conservar, pero en realidad hay ciertos detalles que merecen rectificarse. Voy a permitirme agregar dos palabras más, que creo merecerán la aprobación de todos. Hoy día he conversado con uno de los miembros del Consejo Económico de Quito que no es el señor Chávez, aquí presente, quien me ha dicho, que es una verdadera lástima lo resuelto por el Congreso el día de ayer; he salido verdaderamente abrumado de pena al ver que se ha encargado a las juntas económicas de Quito y Guayaquil un asunto que requiere un estudio largo y una dedicación especial, como es el arancel de aduanas, compuesto por más de 1.200 partidas, que muy raras personas lo conocen debidamente. El referido señor me ha expresado que hubiera sido preferible encomendar a otra entidad este asunto, ya que los consejos de economía pueden conocer cuestiones monetarias, bancarias, económicas, etc., menos arancel de aduanas. Yo, con esta idea, voy a pedir que en lugar de decirse juntas consultivas se ponga cámaras de comercio o entidades formadas por los directores de Ingresos y Aduanas, que son los dos funcionarios técnicos en la materia. En las juntas consultivas hay hombres eminentísimos, en todo sentido, pero que no tienen tiempo para tomar el arancel de aduanas, lleno de reformas, para hacer de él un estudio minucioso y largo como el que se requiere. Animado sólo con el deseo de que este congreso deje bien puesto su nombre, por la dignidad misma de él, pido la reconsideración para proponer la reforma que dejo indicada, para que este Congreso llene su misión en la mejor forma posible. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Ante todo, quiero que el congreso declare que el proceder de la presidencia ha sido de lo más correcto y ajustado a las resoluciones tomadas en la sesión de ayer. El señor Jouvín. Señor presidente: Entiendo que nadie abriga la menor duda respecto de la forma correcta como la presidencia encamina las sesiones de este congreso. Fui de

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los primeros en trabajar por la presidencia del señor Larrea, porque estaba seguro de que sería prenda segura del buen éxito de nuestras labores. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Para completar la armonía que ha reinado en las labores del congreso, cabe hacer constar que en él se ha prescindido en lo absoluto de la política. Con el objeto de cumplir con el reglamento, creo que en la presente sesión puede aprobarse la reconsideración de la parte pertinente de la resolución de ayer que dejara pendiente, para que los proponentes traigan el día de mañana formulada la lista de las personas que deben resolver sobre el asunto arancel de aduanas. El señor Coloma. Señor presidente: El doctor Cabrera ha manifestado la imposibilidad en que se verán las juntas económicas de Quito y Guayaquil para estudiar el arancel de aduanas, pero el informe no dice eso; lo único que van hacer esas juntas es resolver cuál de las tres mociones aquí presentadas es la más conveniente, e indicarla al Ejecutivo para que lo ponga en práctica. El señor Guillén. Señor presidente: Admiro como el que más la caballerosidad y el procedimiento correctísimo del señor presidente al dirigir las sesiones. Si he pedido la aclaración de algún término que para mi estaba dudoso, ha sido sólo en beneficio del buen éxito de las labores del Congreso. El doctor Uquillas. Señor presidente: He comprendido que todo el congreso está en un solo sentir para expresar sus simpatías al señor presidente, por su magnífica actuación al frente de la institución, por tanto, solicito que se dé un voto de aplauso, si hay quien me apoye. El Congreso con todo entusiasmo aprueba la moción del doctor Uquillas, poniéndose de pie por un instante El señor presidente: Agradezco de la manera más cumplida esta manifestación de confianza que se hace a la presidencia. La presidencia no quiere de ninguna manera imponer su voluntad ni obstar la libre emisión del pensamiento, lo único que ha querido es seguir de la manera más correcta el trámite parlamentario. El informe fue aprobado en el sentido de que las mociones pasen a las comisiones económicas de Quito y Guayaquil; si luego se ha pensado que esas instituciones no son las llamadas a conocer el asunto, no es culpa de la presidencia. Por lo demás, creo que no hay inconveniente para la reconsideración, si ésta se concreta de manera precisa al cambio de las comisiones que deben conocer de las tres ponencias. El señor Chávez. Señor presidente: Me permito indicar a su señoría que no se trata de un cambio de opinión; la opinión es la misma, sólo hubo un mal entendido porque casi la totalidad de los miembros que integran este digno congreso comprendieron que el señor presidente solicitaba la opinión sobre si se debía o no aceptar el informe para la discusión, creyendo que vendría después la discusión de detalle. Esta es la situación.

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El doctor Cabrera, apoyado por el doctor Uquillas, lee una moción de reconsideración de lo acordado en la última sesión sobre la revisión del arancel de aduanas. La presidencia la pone en consideración. Votada, se aprueba. A pedido de muchos delegados la presidencia concede un momento de receso. Restablecida la sesión la secretaría da lectura a la moción modificatoria en que consta: “Pedir a las cámaras de comercio de Quito y Guayaquil, asesoradas por el Director de Ingresos y el Director de Aduanas, que verifiquen un detenido estudio de la cuestión arancelaria”. La presidencia la pone en discusión. El doctor Ledesma pide el cambio de “asesoradas” por “con la concurrencia”. El señor Veintimilla, con apoyo del señor Zaldumbide, presenta como moción modificatoria, “Pedir a la Federación de Cámaras de Comercio en Quito, el detenido estudio, etc.,” ya que en esta federación están presentadas todas las entidades nacionales. El señor Veintimilla. Señor presidente: Pido que se amplíe la moción en el sentido de que no sean sólo las Cámaras de Comercio de Guayaquil y Quito las que estudien el arancel, sino también las cámaras federales. El doctor Cabrera. Señor presidente: Al decir de Cámaras de Comercio de Quito y Guayaquil, tal vez se comprende ya a la federación. El doctor Ledesma. Señor presidente: Es muy razonable la indicación del señor Veintimilla, porque, si bien es cierto que en Quito y Guayaquil hay elementos muy entendidos en arancel de aduanas, los hay también en otros puertos de la república en los que el comercio de importación y exportación es bastante notable, por tanto, para el estudio del arancel debe haber un delegado por cada cámara de comercio fundada o que se fundare. El señor Cuesta. Señor presidente: Pido que se envíe este informe a las Juntas Económicas de Guayaquil y Quito, con la concurrencia del Director de Aduanas y el Director de Ingresos. El doctor Cabrera. Señor presidente: Llamo la atención de que en las cámaras de comercio generalmente hay representantes también de la agricultura y las industrias. El doctor Leví. Señor presidente: Desearía que también se agregue en Guayaquil, la “Federación de Industrias del Guayas.” Se accede a la petición. El señor Romano. Señor presidente: Debiendo formarse la Federación de Cámaras de Comercio, según el proyecto ya aprobado, esta entidad cuidará de llamar a los delegados de todas las cámaras de comercio para, en conjunto, estudiar la ley arancelaria.

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El señor presidente: Me permito llamar la atención sobre el punto en discusión. La secretaría vuelve a leer el Acuerdo con las últimas modificaciones. El señor Veintimilla. Señor presidente: He pedido la ampliación de la moción en el sentido de que debe tomar parte la Federación de Cámaras de Comercio, que está formada por representantes de todas las cámaras de comercio de la república, cada una de las cuales tiene ideas distintas sobre el arancel. El señor Martínez pide un momento de receso para arreglar los términos de la moción. La presidencia concede otro momento de receso. Reinstalada la sesión, la secretaría indica que no se ha presentado ninguna otra modificación y lee la anterior. El señor Vinueza con apoyo de los señores r Heredia Crespo, Domínguez y otros, propone como moción sustitutiva: “que las tres ponencias se eleven al Ejecutivo para que él les de el giro correspondiente, encargando su estudio a las corporaciones que crea conveniente”. El señor Vinueza. Señor presidente: Creo que lo más conveniente es dejar que sea el Ejecutivo quien estudie las tres ponencias para que él vea quién debe conocer de ellas, con lo cual habremos salvado la dificultad. El señor Guillén pide que se apruebe o niegue la moción anterior. El señor Jouvín. Señor presidente: Creo que lo más conveniente es que un asunto de tanta importancia como el arancel sea estudiado por entidades oficiales con personería jurídica, como son las cámaras de comercio. El doctor Cabrera. Señor presidente: Entiendo que es lo más justo y razonable que la cuestión arancel de aduana sea estudiado por los técnicos en la materia, como son el Director de Ingresos y el Director General de Aduanas, por eso insisto en mi moción, rogando a los compañeros se dignen apoyarla. El señor Vinueza. Señor presidente: Ventajosamente las discusiones que están llevando acabo dentro de la mejor armonía y por eso puede decir que hay intereses contrapuestos: los comerciantes queremos arancel bajo, los industriales arancel alto. Ante esta dificultad para ponernos de acuerdo, me ha parecido lo más conveniente dejar al Ejecutivo para que se designe las personas que deben ocuparse de tan importante cuestión en forma conveniente, para llegar a una solución armónica, que ahora no es posible porque cada uno defiende su punto de vista. El señor Guillén. Señor presidente: Si bien es cierto que hay intereses contrapuestos, no es menos cierto que debemos tratar de armonizar y limar las divergencias, cosa posible porque entre el comercio, la agricultura y la industria hay sus conexiones que requieren comprensión y armonía. Por esto creo que debe ser aprobada la moción que tenemos

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presentada con el doctor Cabrera, como la forma más conveniente de solucionar el asunto. El señor Paz. Señor presidente: Con pena acabo de oír que un delegado ha dicho: “no puedo estar por esta moción porque va en contra de mis intereses”. Y allí está el error porque hemos venido a defender intereses colectivos no personales y de allí que tengamos que hacer un sacrificio. Insisto en que no veo por qué han de enviarse estas mociones al Ejecutivo, en lugar de a la Cámara de Comercio que es la entidad llamada a ocuparse del asunto. El señor Vinueza. Señor presidente: Seguramente no me hice entender. He venido en representación de la industria azuaya y he hecho lo posible por defenderla, junto con mis compañeros de delegación, con los cuales ventajosamente he marchado de acuerdo con creer que deben primar los intereses de la industria. Yo no he defendido intereses propios, que ventajosamente no los tengo muchos porque soy pobre; he defendido los intereses que represento o sea de la industria azuaya. Cerrada la discusión, la secretaría da lectura a la modificación propuesta por el señor Vinueza, que es negada. La presidencia dispone que se lea la moción del doctor Cabrera. La secretaría da lectura a la moción que ha quedado definitivamente redactada así, con todas las indicaciones al respecto:

El Primer Congreso de Industriales de la República, Considerando: Que los asuntos relacionados con el arancel de aduanas tienen trascendental importancia para la economía nacional, para los intereses de la agricultura, de la industria y del comercio y para el equilibrio del presupuesto del Estado, Que la estrechez del tiempo no permite a este Congreso llevar a cabo, en toda su amplitud, el profundo y detenido estudio de todos los fehacientes datos estadísticos indispensables para conocer la verdadera situación de la balanza comercial, la capacidad económica del país en relación con la desvalorización de la moneda y el monto del circulante, el estado de nuestras relaciones comerciales con otros países y los tratados de comercio que se hallen en negociación, y , Que las diversas ponencias presentadas respecto del complejo problema arancelario tienen puntos de vista divergentes, que lo que las diversas razones no han podido armonizarse.

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Acuerda: Pedir a la Federación de Cámaras de Comercio en Quito,, a la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias y a la Federación de Industriales del Guayas, en Guayaquil que, con la concurrencia del señor Director de Ingresos y Director General de Aduanas, respectivamente, verifiquen el detenido estudio de la cuestión arancelaria de aduanas como medio de proteger la agricultura, la industria y el comercio nacionales, atendiendo, al mismo tiempo, al mejoramiento de las condiciones económicas del pueblo; y, para tal efecto, remitir a dichas corporaciones las tres ponencias presentadas sobre esta materia. Dado en Ambato, a 27 de marzo de 1935. El presidente del Congreso, C. M. Larrea. El secretario, B. Ruíz y Gómez.

El señor Cabrera. Señor presidente: Esta moción no es sino consecuencia del informe que aprobamos el primer día. Votada la moción es aprobada por 26 votos contra 20. Estuvieron por la moción los delegados señores Chávez, Ledesma, Eguiguren, Sandoval, León, Hidalgo, Cisneros, Carrasco, Salazar, Cañizares, Cumba, Molina, Zatizábal, Leví, Jouvín, Cabrera, Guillén, Briones, Pagés, Marcet, Uquillas, Romano, Paz, Núñez, Alemán, Pons, Saá y el señor presidente. Votan en contra los señores Pinto, Zaldumbide, Erazo, Heredia, Crespo, Veintimilla, Muñoz, Vinueza, López Guerra, Novoa, Rodríguez, Salazar, Bueno, Martínez, Domínguez, Coloma, Badillo, Dávila, Colvín, Vaca, Lainer y Cuesta. El señor Coloma razona así su voto: señor presidente: Voto en contra porque soy autor de una de las mociones anteriormente presentadas, de modo que al votar favorablemente a esta moción caería en una contradicción conmigo mismo. Quiero aclarar un punto. Esta mañana fui honrado con la visita de los señores Jouvín, Guillén, Briones, y otros, quienes discutieron conmigo este punto, llegando a la conclusión de que las mociones debían ser enviadas a estudio de las Cámaras de Comercio de Quito y Guayaquil, pero siempre que eso se hiciera dentro de los puntos constantes en el primer considerando de mi moción; pero como esta última no ha sido discutida, voto en contra de la moción del doctor Cabrera. Se clausura la sesión El presidente del Congreso, C. M. Larrea. El secretario del Congreso, Dr. B. Ruíz y Gómez.

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ACTA NO. 9 SESIÓN ORDINARIA DE LA TARDE Marzo 28 de 1935 (Concurren 33 delegados) Bajo la presidencia del señor Carlos Manuel Larrea a las 3 p.m. se instala la sesión, con la concurrencia de los delegados señores: Leví, Álvarez Lara, Colvín, Vaca, Uquillas, Romano, Núñez, Paz, Saá, Cuesta, Chávez, Ledesma, Pinto, Zaldumbide, Eguiguren, Sandoval, León, Hidalgo, Erazo, Novoa, López, Guerra, Rodríguez, Carrasco, Salazar, Domínguez, Coloma, Badillo, Dávila, Cañizares, Cumba Molina, Zatizábal, Trujillo y el señor Rafael A. Buenaventura, delegado suplente por Bahía, quien se incorpora al Congreso. Actúa el infrascrito secretario. Se lee el acta de la sesión anterior. Puesta en consideración, el señor Coloma dice. Señor presidente: Antes de que se apruebe el acta que acaba de leerse, voy a permitirme hacer una breve exposición, quizás obligada y necesaria. No sé si el taquígrafo ha alcanzado a sacar toda la versión de los discursos de ayer, pero como quiera que sea apelaré al testimonio fehaciente de los delegados para que confirmen los razonamientos que voy a expresar. Después de haber tratado la ponencia correspondiente el día de ayer, se pidió la reconsideración de un asunto ampliamente debatido y resuelto el día anterior, relativo al arancel de aduana. Uno de los fundamentos de esa reconsideración, expuesto por uno de los delegados, el doctor Cabrera y, repetido por él más de una vez, consistía en que él quería salvar el honor del congreso. Apelo al testimonio de mis compañeros para que recuerden si esto es verdad. Siento muy de veras que no esté el doctor Cabrera, pero al final de mis palabras pediré que se aplace la aprobación de esta acta para que él conozca lo que voy a decir. El solo hecho de haber expresado repetidas veces el doctor Cabrera que quería salvar el honor del congreso, contempla que hay que considerar la existencia del concepto opuesto, es decir, del deshonor. ¿Qué es el honor, señor presidente? El honor, en mi concepto, es la cualidad moral que nos lleva a todos al severo cumplimiento de nuestro deber. Yo estoy plenamente convencido de que todos y cada uno de los delegados que han concurrido a esta asamblea han cumplido su deber, aportando no sólo el contingente de sus talentos, conocimientos y experiencia, sino todo el caudal inmenso de patriotismo para salvar al país en estos momentos difíciles de su economía. No creo, pues, que podamos aceptar que en un acto de esta clase exista concepto desdoroso alguno para el congreso; el hecho de decir que se quiere salvar el honor del Congreso, admite la experiencia del concepto opuesto, del deshonor. ¿Qué es la honra, señor presidente? La honra es lo que tienen los conciudadanos que se forma la opinión pública, acerca de nuestros actos, acerca

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de nuestra conducta, de manera que hombre de honor es el que cumple sus deberes, hombre honrado es el que recibe la justicia de que esos conciudadanos, esos amigos reconozcan que han cumplido con su deber. ¿Cómo es posible que en una de las actas de este congreso, actas que pasarán a la historia y que constituirán, indudablemente, uno de los hechos que serán verdaderos exponentes del progreso del Ecuador, se haga constar que esta asamblea ha procedido desdorosamente? Anoche no quise alzar mi voz, no obstante que sentí que las fibras de mi alma, en mi corazón, esos conceptos, pero soy de un temperamento nervioso y, ahogué en mi mismo esa censura porque esperé que con calma y serenidad la honorable asamblea reconsiderara estas palabras. La censura todavía tiene mayor efecto para los honorables miembros de la Comisión de Arancel de Aduanas, compuesta de doce miembros; no creo que ninguno de ellos haya querido defender intereses creados porque sólo hemos venido aquí a defender intereses generales de la nación, del pueblo consumidor. Mi ponencia, de la cual forzosamente tengo que hablar, sí contemplaba todos estos puntos. No soy comerciante, no soy industrial, pero sin embargo favorecería en mi ponencia a los comerciantes e industriales en la forma más amplia. En cuanto a la serenidad de mis intensiones, nadie puede ponerla en duda; felizmente mi actuación política es tan conocida que en mi corto sendero he dejado una huella muy limpia. No quiero ser más largo en mi exposición porque tal vez resultara una paradoja aquello de que defendiendo el concepto de honor, hiera la susceptibilidad de alguno o algunos de los distinguidos miembros de esta asamblea, y por lo mismo voy a terminar pidiendo que se aplace la aprobación de esta acta hasta que se encuentre presente el doctor Cabrera, para que consienta en el retiro de las palabras a que me he referido. El señor presidente: Si el señor Coloma eleva a moción su exposición, será considerada. El doctor Uquillas. Señor presidente: Me permitiría sugerir que sólo la parte pertinente del acta se deje suspensa y el resto se lo apruebe. El señor Coloma. Señor presidente: Creo que no hay inconveniente en que se aplace para mañana la aprobación del acta íntegramente. Con el apoyo de los señores Zaldumbide, Cuesta, Colvín, Carrasco, Chávez y otros, mociona el señor Coloma que se aplace la aprobación del acta hasta que esté presente el doctor Arturo Cabrera y consienta en el retiro de sus palabras “salvar el honor del congreso”. El señor presidente: Me permito observar que he puesto en discusión esta moción, a pesar de que el acta no es sino el resumen sintético de los hechos acontecidos en la sesión anterior en la cual no caben sino rectificaciones de hechos que, por algún error que se hubiese escapado, figuren tergiversados: no obstante, he puesto en discusión la moción por razones de delicadeza y, que creo que ella debe ser considerada por el congreso por encontrarse debidamente apoyada.

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El señor Domínguez. Señor presidente: Voy a ser breve. Permítaseme corroborar los conceptos emitidos tan elocuentemente por del señor Coloma, que acaba de precederme en el uso de la palabra. Voy a permitirme sólo una breve reseña de los antecedentes que produjeron las declaraciones que ya conoce el congreso. Catorce fueron los delegados que, honrados con la designación de elementos de la comisión encargada de estudiar el arancel de aduanas, concurrieron durante dos veces y a diferentes horas a la casa de uno de los caballeros, que bondadosamente la ofreció y cuyo apellido, por el momento, no recuerdo. A la reunión de la mañana concurrieron once de estos delegados y a la tarde, concurrieron los catorce juntos. Como dije ya en otra ocasión en que hice igual exposición del enorme deber que habían contraído respecto al gravísimo problema cuya solución les exigía este congreso, procediendo con la mayor calma, discreción y exigencia de conciencia, permítaseme la expresión aquí a estudiar todos los intereses que concurren en el asunto, a considerar todo lo necesario a la fácil y acertada solución del problema. Se discutió todo esto, se midió y se examinó cuidadosamente todo cuanto detalle concierne al problema, y para armonizar los intereses y responsabilidades se tomó como conclusión conciliadora de la resolución: hacer un solo todo con los tres informes presentados a consideración del congreso. Ésta era una labor tan patriótica y tan sensata que el congreso la aceptó ampliamente. Está en la conciencia de todos y cada uno de nosotros, como ya dijo el señor Coloma, el congreso cumplió con su deber y lo cumplió fijándose en las miradas de todos los que constituían la barra en ese día porque el congreso tenía la conciencia de estos dos hermosísimos conceptos que con tanto acierto la apreciación acaba de definir el señor Coloma: sabía que el honor es el cumplimiento del deber y la honra es el concepto que so forman los demás de la forma cómo se ha cumplido ese deber. Así se procedió ¿Cuál es el resultado? Una enorme mayoría de 44 votos contra 5 aprobó el informe y entre esos votos estaba el del doctor Cabrera, como consta en el acta respectiva. Nadie se imaginó que este congreso había dejado de cumplir su deber ni que le iba a recaer al siguiente día el terrible anatema de no haber procedido conforme a las leyes de honor y de haber traído sobre sí la terrible comunicación de que estaba fuera de lo que le exigía la honra. Vino el siguiente día y el mismo doctor Cabrera que el día anterior había votado por el informe, hizo lo que ha referido el señor Coloma; entre sus argumentos pone éste y además invoca el testimonio de un desconocido y alto personaje que, según información del doctor Cabrera, era miembro del Consejo Nacional de Economía. En ese momento el doctor Cabera no pronunció el nombre del desconocido visitante pero sé que después ha dicho que fue el señor Rafael Vélez M., paisano mío, joven lleno de prestancia y para honor de él, miembro efectivo del Consejo Económico. Con estos antecedentes, entró a discutirse la reformatoria propuesta y después de tanto trajín intelectual, después de tanto esfuerzo, ¿se han cambiado las cosas sustancialmente? No se ha hecho sino esto. Después de haber llegado a la conclusión del honor de este congreso, cambiar dos entidades por otras dos; dos entidades existentes, organizadas, competentísimas, me refiero al Consejo Nacional de Economía que actuó en Quito y en su similar que actuó en Guayaquil y me permito decir que son competentísimas porque el señor Presidente de la República, hombre patriota y honrado de las altas concepciones, las constituyó después de haber 258


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pasado valores en el país. Aquí tenemos a uno de los miembros, el señor Chávez, de indiscutible prestancia. He aquí porqué la comisión y el congreso confiaron a la inteligencia y preparación de estas dos entidades el grave estudio del problema en cuestión. Vino la discusión y se cree que estas dos comisiones no son suficientes y se encarga el estudio a otras dos entidades. Esto se ha hecho en sustancia y de este “parto de los montes” se quiere desprender que el congreso no ha cumplido con su deber y se ha hecho acreedor a la terrible conminación de que ha lesionado su honra. Yo, como miembro de este congreso y como persona , que en toda mi vida ha rendido tributo muy sincero y práctico a lo que es el honor y el respeto que merece el juicio ajeno, no puedo aceptar esto. Verdaderamente me duele como riobambeño y como amigo muy sincero de los ambateños que tuvieron el gran acierto de organizar este congreso, tener que tratar de este asunto. Habría querido ni siquiera volver a pensar en él para no renovar en mi alma el hondo pesar que me causó la vez primera, pero habiéndome precedido en esta jornada, en esta jornada de honor, el gran ciudadano, el gran patricio don Alfredo Coloma, no quise quedarme en silencio y he preferido volver a oprimirme con ambas manos el corazón para dejar que hablen mis labios. El señor Chávez. Señor presidente: No quiero de ninguna manera acoger, hacer mías ni aprobar las palabras que ha enunciado aquí del doctor Cabrera; soy sumamente respetuoso de la libertad de los demás. Acabo de oír con mucho placer, desde luego, las brillantes exposiciones de los señores que me han precedido en el uso de la palabra, pero sí no justifico plenamente la razón de ser de esta protesta; yo la explico y la puedo explicar razonablemente. Por desgracia, el doctor Cabrera, a quien se alude por haber emitido términos que podrían parecer injuriosos para la asamblea, se halla ausente. En esta virtud he apoyado la moción presentada aquí para que ante el doctor Cabrera se hagan las aclaraciones y rectificaciones del caso. Por otra parte, respeto la libertad de los demás, respeto las opiniones de los demás; no creo que la injuria lanzada, si de injuria se tratara, por un elemento del congreso en un momento de calor, de actividad de la discusión, de brote de sentimientos al calor de los argumentos. No creo que la voz aislada de un representante que alguna vez puede tener un desliz puede fallar, especialmente tratándose de personas como yo que no tiene costumbre de hablar en público, esas palabras no pueden de ninguna manera, significar una ofensa ni menoscabar la dignidad de un cuerpo tan respetable como éste. Pero sí quiero referirme al concepto de la resolución posterior del congreso de industriales, al “parto de los montes” como lo acaba de expresar el señor Domínguez. Debo yo, por dignidad, por delicadeza, defender a todos los miembros del Consejo Nacional de Economía que, a excepción hecha de mi persona, el último de sus miembros, son individuos distinguidísimos, banqueros casi todos ellos; yo soy un modesto comerciante y actúo en compañía de ellos. Sin embargo, desde el primer día fue mi voto uno de los cuatro únicos que se presentaron en contra del informe y sustancialmente tuve razón para oponerme a la aprobación del informe. Mi razonamiento se fundaba en lo siguiente: el arancel de aduanas había sido revisado dos veces, la una en diciembre, la otra en febrero; que el arancel había sufrido dos veces alzas apreciables, en partidas numerosísimas que representaban un 90% sobre el total

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en las que se incluyen hasta artículos de indispensable necesidad como la vajilla para el pobre, la herramienta del artesano, el papel en que lee y escribe el pueblo, vehículos de cultura; partidas que están subidas en un 50%. El comercio nada ha dicho, aceptó esta elevación de tarifas arancelarias, hasta apoyó y aprobó porque una comisión de la Cámara de Comercio de Quito, con la presencia del Presidente de la Cámara de Comercio y Agricultura de Guayaquil, revisó gran parte de los aranceles que habían sido alterados y habían sido reformados; el comercio fue el primero en aplaudir la labor del Gobierno, ninguna protesta, ninguna observación se produjo de parte del comercio en contra de la disposición gubernativa. Frente a esta situación había una ponencia que pedía una elevación de un 100% del arancel, sin considerar ninguna diferencia entre el artículo de lujo y el absolutamente necesario, entre el artículo indispensable para el consumo del pueblo y el indispensable para la industria. Yo me he asombrado de que industriales vengan aquí a laborar en contra de las industrias. Hay muchas industrias que laboran materias que vienen del exterior y que difícilmente la industria nacional produce esas materias primas; era por eso que yo había encarecido una y diez veces, hasta el fastidio, que no se comisione al Consejo de Economía para que trate de este asunto, porque esa entidad está integrada por elementos muy distinguidos, muy valiosos y muy competentes para otros órdenes de actividades, más no para estudiar el detalle mínimo del arancel. El arancel había sido subido dos veces y el comercio no había protestado; el arancel tiene partidas a las que no se les debe mover en defensa del pueblo y de las industrias y esto no iba ocurrir si se acepta una elevación, un alza aduanera de un 100%. El presidente pide al señor Chávez que concrete su discurso al punto en discusión y éste continúa así: Usted disculpe, señor presidente, pero como la exposición anterior se apartó del asunto en discusión, tengo yo que explicarme. Por eso, señor presidente, se solicitó la reformatoria de la redacción, cambiando el Consejo de Economía con la entidad formada por las cámaras de comercio, no para oponerse a las alzas aduaneras, sino para razonarlas, para ampliarlas, para distribuirlas convenientemente. Es por eso que a mi manera de ver, no se trata de un “parto de montes”, se trata de una cuestión completamente razonable. Muy natural es que si el arancel va a ser modificado, se ha de oír la opinión de las partes interesadas. Las cámaras de comercio de Guayaquil y Quito están integradas por elementos del comercio y también de las industrias, no quiero decir con esto que las industrias tengan una representación igual en cuanto a miembros del directorio, pero quizá sea éste un motivo para que las industrias integren con sus representantes en mayor número esas entidades y entonces se podrá aclarar y discutir cualquier divergencia que se suscite. Ésa es la explicación que yo puedo dar al asunto. Por lo demás, no parece que el congreso de industriales hubiere reconsiderado una resolución concluyente, acabada, espléndida para sustituirla con una inadecuada. La sustitución del Consejo de Economía con elementos que integren las cámaras de comercio, con el Directorio de Ingresos y el Director de Aduanas, me parece que satisface el anhelo no sólo del comercio sino de la industria. Más que el comercio y la industria, es el pueblo ecuatoriano mismo que se ve afectado con cualquier variante de las tarifas arancelarias.

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Ingresan a la cámara los delegados señores Marcet, de la Pagés, Jouvín Arce, Guillén, Pons, Briones y Alemán. El doctor León Hidalgo. Señor presidente: Voy a corroborar las palabras de defensa que acaba de pronunciar el señor Chávez a favor del doctor Cabrera, haciendo una ligera exposición alrededor del punto que se discute, cumpliendo con ello también un elemental deber de amistad. Conozco mucho, por ser paisano mío, al doctor Cabrera; conozco su generosidad y sé perfectamente bien de su cultura. Ocurre que en momentos de ofuscación en el desarrollo de una discusión, a veces no se emiten con propiedad las palabras. Yo no puedo creer jamás que el doctor Cabrera haya sido capaz de tratar de injuriar al Congreso de Industriales, como acabo de oír decir. Al efecto, voy a relatar que después de terminada la sesión de ayer, el doctor Cabrera se expresó en el sentido de que jamás tuvo la intención de ofender con sus palabras, aún más, dijo que si han tomado sus palabras como ofensivas, jamás fue esa su intención, sino que quiso que el asunto reformas arancelarias se encomiende a una comisión técnica, como sería la formada por representantes de la Cámara de Comercio de Quito y Guayaquil, con la asesoría del Director de Aduanas y del Director de Ingresos. Nunca el doctor Cabrera quiso lesionar el honor, el altísimo valor de la prestancia de cada uno de los miembros del Congreso ni de la asamblea toda, mucho menos ha podido dudar de la altísima honorabilidad y antecedentes muy limpios de los señores Coloma y Domínguez. Ruego al Congreso que postergue su dictamen respecto a la exposición hecha ayer por el doctor Cabrera, hasta cuando él se presente personalmente a hacer su defensa y a explicar el verdadero concepto que quiso expresar con aquellas palabras que, desgraciadamente, han sido tomadas en el sentido distinto del verdadero. El doctor Leví. Señor presidente: Siento no estar de acuerdo con las palabras del señor Coloma, en lo que respecta a la apreciación hecha de las palabras del doctor Cabera. Debemos ser indulgentes tomando en cuenta, sobre todo, que en una discusión es muy fácil que ocurra un lapsus linguis y que se deslicen expresiones que pueden herir susceptibilidades; pero sin que sea ésta la intención del que las pronuncia. No puedo ni siquiera imaginar que una persona como el doctor Cabrera, tan culta, tan correcta, haya tenido la intención de ofender al congreso. Todos conocemos que es un caballero perfecto y, por consiguiente, ¿puede admitirse que él pretenda mancillar el honor de otra persona? Imposible. Por esta razón, ruego al señor Coloma que no tome las cosas tan a pecho, que sea indulgente y que no interprete las palabras del doctor Cabrera en la forma que lo ha hecho, sino que las dé por no dichas, ya que eso nos impone el deber de amistad y de compañerismo entre colegas. Pido, pues, al señor Coloma que retire su moción y que haga cuenta que las palabras del doctor Cabrera no han sido pronunciadas. El señor Guillén. Señor presidente: Hay un adagio en castellano que dice “no hay palabra mal dicha sino mal entendida”. Si nosotros tenemos la firme convicción del que el doctor Cabrera es un caballero y un buen amigo, no podemos poner en duda, ni por un momento, que haya tenido la intención de ofender ni al congreso, ni a ninguno de sus miembros. Consecuentemente, pido al señor Coloma se sirva retirar su moción.

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El doctor Ledesma. Señor presidente: Estoy en un solo sentir con los razonamientos últimamente expuestos, pero debo observar que lo pedido por el señor Coloma, según entiendo, no es que se haga constar que las palabras del doctor Cabrera encierran una ofensa, sino que esos términos se supriman del acta, porque, como usted, señor presidente lo expresó acertadamente hace un momento, ésa es la verdadera historia de este congreso. Ni el señor Coloma, ni ninguno de nosotros, puede entender que el doctor Cabrera haya pretendido herir la dignidad de nadie y, justamente por eso, la moción pide que se suprima estos términos del acta. Estoy pues, por la proposición del señor Coloma o por lo menos pediría que se aplace toda resolución hasta que venga el doctor Cabrera, de quien estoy seguro dará amplias satisfacciones que pueden significar una apreciación que menoscabe el honor de este Congreso. El señor Chávez. Señor presidente: Además si vamos a hilar delgado en el sentido de las expresiones y las ideas, en el alcance próximo o lejano que pueden tener las palabras, me permitiré también pedir explicaciones respecto a cómo es que la resolución de esta asamblea, dada ayer por 26 votos, al reconsiderar la forma de redacción del acuerdo como del informe, significa el “parto de montes”. Creo que esto si atañe a la dignidad de los miembros del congreso que dimos nuestro voto a favor de ese cambio. Pediría, pues, que con la misma estrictez que se analizan las palabras del doctor Cabrera, se analicen también en el sentido que puede tener la expresión relativa a que 26 miembros del congreso, la mayoría, ha hecho de ese informe al cambiarlo, el “parto de montes”. Pediría que la persona que ha tenido la libertad de opinar en esa forma se sirva explicarnos lo que entiende por ese término. El señor Domínguez. Señor presidente: Complacido voy a responder al que acaba de tomar la palabra, cuyo nombre sí lo sé, es el distinguido ciudadano señor Leopoldo N. Chávez, pidiéndole eso sí, que en otra vez exija un poquito más de fidelidad a su memoria al referirse a mis expresiones, modestísimas desde luego. El señor Chávez acaba de forjar en mi contra con un motivo de acusación interpretando en otro sentido mi expresión de “parto de montes”, pero mi finalidad no ha sido la de herir a nadie, de modo que el argumento del señor Chávez no prueba lo que quiso probar. El doctor Cabrera dijo que iba a mirar por el honor de ese congreso y propuso el cambio de que se constituya una especie de tribunal supremo, compuesto por delegaciones de la Cámara de Comercio, en vez del Consejo Nacional de Economía. Examinemos lo que significa este cambio y digamos serenamente si hay argumento bastante para batir palmas y decir que con ello hemos salvado la situación. No quiero insistir sobre el particular, lo dejo a la apreciación inteligente del congreso; pero sí debo impedir que el señor Chávez en quien reconozco la alteza de miras que lo guían, quiera llevar mi argumentación a un terreno distinto de aquél en que he querido que actúe, no consentiré jamás que mis palabras sean llevadas a otro plano ni pasadas por otro matiz. Tengo la suficiente valentía para recibir una sentencia de muerte si he cometido la falta, pero tengo la suficiente energía para defender mi inocencia cuando ésta tiene que defenderse. Vamos a la segunda parte: sentado el antecedente de que se iba a mirar por la dignidad de este congreso ¿qué significó la aprobación del cambio propuesto? Significó, con lógica concluyente, la justificación de

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lo que se proponía el doctor Cabrera, quien, repito, entre varios argumentos, expuso de que estaba de por medio el honor del congreso; luego ese argumento ha herido a los aquí presentes y de allí que el fallo posterior consagrado por 26 votos contra 20 lo he considerado, en la forma que expresé hace un momento, pero sin la más ligera intención de menoscabar la dignidad de los honorabilísimos miembros de este congreso. He dado gusto al señor Chávez en quien debo reconocer, al igual que en todos los demás, que han tomado las palabras a favor del doctor Cabrera, su hermosísima labor movido por el noble sentimiento de la amistad. Soy uno de los que en mi vida he retenido fervoroso culto a la amistad, a la buena amistad y dentro de este concepto aplaudo la labor del señor Chávez en defensa de su amigo el doctor Cabrera, aplaudo la defensa del doctor Hidalgo, rindo tributo a esta nobilísima acción y deploro que el doctor Cabrera no haya estado aquí para pedir una explicación sobre sus palabras que habiendo herido hondamente mi sensibilidad, comprometen también la honorabilidad de este congreso. El doctor Badillo. Señor presidente: Estamos perdiendo miserablemente el tiempo en estériles discusiones sobre susceptibilidades, que no son lo que nos han traído aquí. Debe esperarse que esté presente el doctor Cabrera para que lo oigamos y entonces dar nuestro fallo; por ahora debemos seguir directamente nuestras discusiones y tratar de hacer algo en bien de la patria. Cerrada la discusión por la presidencia, se lee una vez más la moción que se discute y que es del tenor siguiente: “Que se aplace la aprobación del acta, hasta que el doctor Cabrera, estando presente, consienta en el retito de las dos expresiones vertidas en su discurso”. El señor Coloma. Señor presidente: Mi moción dice que se aplace la aprobación del acta hasta que el doctor Cabera, hallándose presente, consienta en el retiro de las expresiones a que anteriormente me referí. Ahora, si el señor presidente cree que se puede retirar dichas expresiones, sin permiso del autor, dejaría sin efecto mi moción. El señor presidente: La presidencia cree que no se puede retirar ningún concepto del acta sin permiso de aquel que lo expresó, esa es la razón por la que he puesto en debate la moción del señor Coloma. Votada la moción, se la aprueba y, en consecuencia, se suspende la aprobación del acta. El doctor Ledesma manifiesta que está presente en el Congreso uno de los señores delegados de la Cámara de Comercio de Bahía, el señor Rafael A. Buenaventura. El señor presidente le da la bienvenida a nombre del Congreso. El señor Buenaventura. Señor presidente: Quiero agradecer al Congreso de Industrias por la bondadosa acogida que me dispensa, y, al mismo tiempo, me es grato presentarle el saludo del pueblo de Manabí, especialmente de la Cámara de Comercio e Industrias de Bahía de Caráquez.

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El señor Sandoval, por encargo de la delegación del Azuay, presenta la excusa por la inasistencia a la sesión de hoy. El señor presidente: La delegación del Azuay, con mucha delicadeza, puso en conocimiento de la presidencia que tenía un compromiso especial ineludible para hoy, por lo cual sentía no concurrir a la sesión. La presidencia ordena la lectura del informe de la Comisión de Sustitución de Impuestos sobre las ponencias presentadas acerca de la sustitución de impuestos a las ventas y a la renta, y consulta el orden del día. Puesto en consideración, el señor Romano, dice: Señor presidente: Para nadie es desconocido que desde que se creó ese impuesto ha sido combatido por todos, habiéndose llegado a producir hasta un paro general para obtener su derogatoria. El impuesto en la forma en que está actualmente, es imposible que continúe; por eso entre las ponencias presentadas al congreso está la de sustituir este impuesto y la comisión, como resultad de su estudio, cree que lo más conveniente es hacer dicha sustitución, armonizando tanto el beneficio del contribuyente como también la necesidad de una mayor recaudación para el Estado. No hemos podido presentar un detalle definitivo para demostrar el monto a que ascenderían las recaudaciones producidas por el nuevo impuesto, pero podemos afirmar que pasarán de $5’000.000 mientras que en la actualidad no alcanzan sino a 3’000.000 las entradas provenientes de los impuestos a las ventas y a la renta. De allí que hemos consultado también que un 3% de esta recaudación que se efectuare en cada una de las provincias, serán fondos de las cámaras de comercio, que servirán para su sostenimiento. Yo estoy seguro de que en la conciencia de cada uno de ustedes está la necesidad de sustituir el referido impuesto, y estoy seguro de que la forma propuesta por la comisión merecerá la aprobación del congreso. El señor Cumba. Señor presidente: Estoy de acuerdo con el señor Romano, pues los inspectores y fiscalizadores del impuesto a las ventas son personas que han llegado al extremo de extorsionar a los pequeños comerciantes, exigiéndoles que les den ciertas cantidades de dinero y, en ocasiones, cuando no son satisfechas sus exigencias, ponen a los comerciantes utilidades ficticias para causarlos perjuicios y obligarlos a que accedan a sus pedidos. En la forma indicada por el señor Romano, nos veremos libres de esta plaga y los comerciantes podremos vivir más tranquilos. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Efectivamente, los impuestos a la renta y a las ventas han ocasionado una fuerte resistencia de parte de los contribuyentes porque a mi juicio, ambos son faltos de equidad. El impuesto a la renta se lo creó porque se creyó que mediante él se conectaba a los ciudadanos más activamente a la vida del Estado; se creyó también que de esta manera se gravaba en una proporción justa a los capitales, y el impuesto a las ventas se lo creó únicamente con fin de tener un renglón de entradas fiscales, pero este gravamen tiene una serie de inconvenientes. En primer lugar, un artículo paga en un momento dado el impuesto, pero después va donde el comprador el cual a su vez, lo pone a la venta y vuelve a pagar el impuesto; de manera que hay artículos que pagan tres, cuatro y más veces, encareciéndose con ello la vida en general. El impuesto a la renta, por su parte, ha ocasionado la ocultación de los

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capitales. No creo que deba imponerse este gravamen en el Ecuador porque nuestros capitales son pequeños y nada saca el Estado con obtener actualmente una renta de $1’000.000 anuales, cuando sustituyendo este impuesto con el que propone la comisión, se obtendrían mayores entradas para el Estado y los capitales saldrían libremente a trabajar en las industrias, el comercio y la agricultura. He tenido ocasión de ver un cuadro demostrativo de lo que produciría la sustitución de estos dos impuestos por el de patentes; entiendo que éste último puede darle al Estado una renta mayor. De allí que el congreso debería pronunciarse por dicha sustitución. Hay una ley por dictarse, mejor dicho un proyecto, al que le faltan dos discusiones en el Congreso, por el cual se sustituye el impuesto a las ventas por el de patentes, pero creando a este último sobre lo cobrado en los tres últimos años; mas esto sería irse contra de la equidad, porque los comerciantes que en los tres últimos años hayan vendido mucho, tendrían un fuerte promedio; o por el contrario, puede darse el caso de comerciantes que en el indicado lapso hayan vendido poco en relación a lo que vendan en los años siguientes, y en ese caso tendrían un impuesto pequeño. Mejor sería que nosotros confiáramos este asunto, una vez aprobada la sustitución, a la muy activa e inteligente Cámara de Comercio de Ambato, para que continúe haciendo toda la labor preparatoria que necesita el próximo congreso, principalmente un cuadro estadístico respecto de las nuevas recaudaciones y emprenda, además, en la propaganda por la prensa y por todos los medios de que pueda disponerse para obtener el fin deseado. El doctor Leví. Señor presidente: Yo he sido uno de los firmantes del informe que se ha presentado aquí y tengo que manifestar que teóricamente he considerado al impuesto a las ventas como un impuesto muy justo y muy legal, porque el impuesto a la ventas en vigencia considera la venta de un comerciante cuando ya está efectuada, de modo que el impuesto se cobra sobre lo que se ha vendido, una vez efectuada la venta y se da todavía al comerciante para que éste pueda pagar un trimestre, cuando está terminada toda operación comercial. Comercialmente, digo yo, es un impuesto más científico que el impuesto sobre el capital en giro o de patentes, porque el impuesto de patentes es aproximado, ya que bien puede ser que en un buen año un comerciante venda más de lo que la patente le califique y en un mal año el comerciante venda menos de lo que la patente le impone y en ningún caso, el fisco recibe lo que debe recibir. Debemos pensar que los impuestos son creados para que el Estado nos garantice la vida de los asociados, tenga la administración de justicia, sus servicios de aduana etc. Ahora bien, en la Sierra hemos oído la queja pero no conocemos ningún caso de extorsiones cometidas en el cobro de este impuesto, el cual aquí siempre ha sido muy bien llevado, sin ninguna forma de agresión a los intereses de comerciantes, industriales o agricultores, pero las quejas que hemos oído en el seno de la comisión respecto a las agresiones de esta naturaleza, cometidas en otros lugares de la república, me han convencido de que conviene cambiar el actual sistema por otro que no deje lugar a una agresión personal contra el honor de un comerciante, industrial o agricultor; por eso he aceptado la forma del impuesto sobre el capital en giro, tal como se ha presentado aquí, en una forma que no consulta los intereses del comercio en forma directa, pero satisface la necesidad de

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que no haya atropellos porque el capital en giro es conocido y si hay duda, habrá una comisión nombrada al efecto que podrá rectificar en caso de que existan divergencias de opiniones y conceptos. Yo he sido defensor de la forma actual del impuesto y se me ha convertido, tengo que manifestar los motivos, como lo he hecho. El señor Cuesta. Señor presidente: Me declaro enteramente conforme con el informe de la comisión de sustitución de impuestos, por muchas razones esenciales: primero, el sistema actual del impuesto a la venta es esencialmente odioso, como ya lo hemos visto y lo hemos proclamado todos los que pagamos este impuesto, siendo ésta la base fundamental para que dicho gravamen no sea pagado con honradez tal vez por una gran mayoría de comerciantes e industriales. En segundo lugar, soy partidario del informe, porque sustituyendo el impuesto a las ventas con otro como el de patentes, se obtiene como ventaja que el Gobierno tenga mayores utilidades; y es deber de los ciudadanos prestar su concurso para el sostenimiento de los servicios públicos. Por otra parte, con esta sustitución conseguiremos que todos los capitales que se encuentran ocultos salgan al terreno de la actividad. Estos son los motivos en que se basa mi apoyo al informe. El doctor Uquillas. Señor presidente: Como delegado de Los Ríos y en asocio de mis compañeros de delegación, tuve el honor de presentar a consideración de la dignísima asamblea de comerciantes e industriales una ponencia relativa a este mismo asunto. Las razones que han expuesto mis colegas son fundamentales; los hechos prácticos de observación han determinado que el impuesto a las ventas es perfectamente odioso por su forma de recaudación, ya que no en todas las partes del país se pueden obtener las garantías conseguidas en las provincias del Guayas y Pichincha, pues los empleados de muchos cantones y parroquias se han extralimitado en el cumplimiento de sus deberes y cometido extorsiones. En una palabra, es un impuesto odioso en su recaudación, aun cuando insignificante en sí mismo. En tal virtud, como el informe consulta la sustitución de ese impuesto por otro de más fácil recaudación, menos oneroso para el mismo que contribuye y, por último, más beneficioso para el fisco, el cual podrá obtener mayores beneficios para atender las necesidades colectivas, estoy por la aprobación del informe. Lo único que pido es que se demuestre numéricamente que el impuesto sustitutivo llena estas condiciones de dar mejores entradas al fisco que el actual impuesto a las ventas. El señor Romano. Señor presidente: Como manifesté anteriormente, por la premura del tiempo y careciendo de datos estadísticos a la mano, no hemos podido ampliar nuestro trabajo, pero tengo aquí algunos datos que pueden dar a conocer cómo el nuevo impuesto puede producir al fisco mayores entradas que el impuesto a las ventas vigente. En 1932 la cantidad de comerciantes e industriales en el Ecuador era de 2.286; sobre esta base la comisión ha calculado que el nuevo impuesto puede dar mayor utilidad al fisco. Para demostrar voy a citar algunas de las categorías creadas según el nuevo sistema de recaudaciones para el cobro de impuesto. Primera categoría, 75 almacenes en toda la república, con más de medio millón de sucres de capital, a los que se implicaría una patente de $6.000 anuales. Pregunto ¿si pueden o no existir esos 75 almacenes con más de $500.000 de capital cada uno? Todos contestarán que sí, pues bien esos 75 almacenes

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producirán $250.000 anuales. La segunda categoría comprende 125 almacenes en toda la república con $400.000 o más de capital, pero sin llegar a los $ 500.000, a estos almacenes se les cobraría $ 2.000 anuales y estoy seguro de que nadie discutirá que existe ese número de almacenes de la indicada categoría y aún algo más. No quiero cansar la atención de la asamblea leyendo todos estos datos; sólo voy a dar un pequeño resumen general, 11.050 almacenes se calcula para toda la república, de los cuales se eliminan la mayor parte de los capitales pequeños porque es indispensable ayudarlos, pero con solo el impuesto de los almacenes de cierto capital en adelante, producirán $ 3?292.050. Además 1.236 industriales, a $ 20 anuales cada uno como promedio, tomado en cuenta que han sido eliminados por la comisión los pequeños industriales, producirán $ 24.720; tres compañías de minas de $ 50.000 cada una por año (en el informe dije $ 100.000 cada uno) son $ 150.000 anuales: vendedores ambulantes a $ 5 cada uno, impuesto que no hace daño a nadie por lo pequeño, $ 3?557.970; los profesionales que también tienen el deber de contribuir a sostener el Estado pagarían $ 20 anuales, con un total de $ 51.140. Así, por este orden, las diversas categorías de impuestos que contempla un nuevo proyecto darían un total de $ 3?954.704; y esto de acuerdo con los datos correspondientes al año de 1932, pero en la actualidad ha aumentado el número de almacenes, etc., por lo cual podemos afirmar que el nuevo impuesto daría mayores utilidades que el sustituido. En el año de 1932, por concepto de impuesto a las rentas y a las ventas se obtuvo $ 2?800.000, mientras de acuerdo con el cuadro que acabo de leer, formulados sobre los datos referentes al mismo año, producirán $ 3?954.704, es decir, que habría un saldo favorable para el fisco de $ 1?154.704, esto sin tomar en consideración que se eliminarán muchísimos gastos con el sistema propuesto. Hemos demostrado así el beneficio que económicamente reportará para el Estado el nuevo impuesto y estamos dispuestos a demostrarlo más detalladamente y de manera práctica, llegado el caso. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: También estoy de acuerdo con que el nuevo impuesto produciría más que los otros impuestos que se van a sustituir. Se asegura que muchos comerciantes en la actualidad no declaran todo el monto de sus ventas; y que sustituyendo el impuesto a las ventas por el de patentes también muchos comerciantes declararán un capital menor que el verdadero. Indudablemente, tanto en el un caso como en el otro, es posible que ocurra esto, porque en la humanidad hay cosas que no se pueden evitar; pero la recaudación más o menos exacta del impuesto de patentes no la creo difícil sino más bien fácil, por cuanto cada comerciante declarará su capital mediante un formulario que al efecto presentarán; declaración que tiene que estar de acuerdo con su contabilidad puesto que, conformo el Código de Comercio, todo comerciante debe llevar libros de contabilidad según el volumen de sus negocios, y hoy con el impuesto que tenemos los inspectores con mucha frecuencia hacen las revisiones a que estamos acostumbrados y que no evitamos, ya que con la mejor buena voluntad presentamos nuestra contabilidad porque no hay ningún comerciante, ni industrial que tenga motivos para no enseñar su contabilidad porque no tenemos secretos, pero en definitiva lo que creo es que con el nuevo impuesto que se proyecta vamos a crear una situación mejor para el contribuyente y también para el Estado.

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El señor Dávila. Señor presidente: Con todos los puntos que contempla el proyecto de la comisión que ha estudiado el impuesto sustitutivo del de las ventas, estoy de acuerdo, menos en lo que se relaciona a fijar un impuesto igual para todos los profesionales, siempre hay que hacer una distinción entre un profesional capitalino, por ejemplo, y otro radicado en un pueblo pequeño. Asó, el doctor Ayora no puede tener la misma clientela ni percibir la misma remuneración que un modesto abogado radicado en la cabecera de un cantón. En esta virtud, sugeriría la conveniencia de que se aumente la tasa del impuesto a los que viven en la capital y se disminuya a los de provincias. El señor Vaca. Señor presidente: Estoy inclinado a que se derogue el impuesto a las ventas y el impuesto a la renta porque de allí proviene el malestar general que se siente en la economía nacional, ya que dichos impuestos traen un estancamiento de las actividades por la ocultación de capitales. Además, dichos impuestos inclinan a hombres probos a la mentira porque todas las declaraciones tienen que ser juramentadas y muchas veces el contribuyente puede inclinarse a no decir la verdad y entonces se corrompe la moralidad del hombre honrado. Por otra parte, no todos los fiscalizadores son honorables, y de allí que mientras unos comerciantes e industriales pagan el impuesto legalmente, otros no porque tienen la sinvergüencería de cohechar, de comprar a los fiscalizadores. Efectivamente, señor presidente, conozco casos de grandes importadores, especialmente unos extranjeros de mala fe, que tienen la costumbre de comprar al fiscalizador con dinero efectivo y regalándoles un sombrero, un corte de casimir, etc., con lo cual consiguen el ocultamiento de la verdad, con el consiguiente perjuicio para el fisco. Estoy, pues, porque sederogue el odioso impuesto a las ventas, pues entonces vendría la moralidad. Por estome permito rogar al Congreso consienta que sea leída por secretaría una petición suscrita por los comerciantes de Ambato. La secretaría lee la solicitud. Señor presidente del Congreso. Quito. Señor presidente: Los abajo suscritos comerciantes e industriales de Tungurahua, ante usted respetuosamente, presentamos la siguiente solicitud, pidiendo la derogación del vejatorio y odioso impuesto a las ventas, por razones cuyos puntos sobresalientes a continuación se expresan: 1. Porque desprende completamente la mora individual. 2. Porque provoca a personas poco escrupulosas a inclinarse al perjurio, toda vez que son juramentadas las declaraciones de la capacidad de sus negocios. 3. Porque es obligar a ser falsos y perder la moral bajo todo aspecto y punto de vista. 4. Porque es llevar a la humillación cobarde ante el individuo fiscalizador que nunca lo conoció y que le obliga a demostrarle sus negocios, sus finanzas y más actividades, a nombre de la ley; éstas, que por ningún motivo ni causa se quisiera traslucir a nadie, ya que son privilegios que la naturaleza dota al hombre en diferentes maneras, y fácil y miserablemente es explotado y descubierto ante cualquier empleado fiscal; éste a su vez, informa o puede informar estos varios secretos comerciales e industriales a cualquier amigo o familiar; en consecuencia,

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resultan fácilmente los competidores, dejando en este sentido sin ánimo, sin esperanza, sin halago y sin valor para el halagüeño desenvolvimiento de sus negocios en el futuro. 5. Porque queremos pagar un impuesto si es posible mayor al de las ventas, pero sin estorbos, sin molestas, sin esclavitudes … 6. Porque en el siglo de las luces se extinguió la esclavitud y, este impuesto, indirectamente produce este fenómeno; esto es, convirtiendo en esclavos a hombres probos y honrados. 7. Porque al ser derogado este odioso impuesto y sustituyéndolo con otro legal, la contribución para el fisco sería mayor porque se evitaría de gastos su recaudación, en numerosos empleados, oficinas y gastos de ellas; basta sería el recaudador, el tesorero de hacienda de cada provincia por intermedio de sus empleados que los ocupa, como así efectúa tantas otras cobranzas, sin más trámite que el pasar la nota de débito al contribuyente. Los empleados cesantes de impuestos a las ventas, bien podrían ocuparse en la agricultura que tantos brazos necesita para impulsarla, siendo ésta por nadie desconocida la primordial riqueza del país; a esto se añade, que algunos empleados son propietarios de terrenos y, por atender a sus empleados, abandonan el cultivo. Por lo que respecta a este último punto, no hacemos más que una mera sugerencia. 8. Porque esta forma directa de impuesto restringe al mínimum la actividad y desarrollo del comerciante y del industrial inteligente, etc., porque sabe que si más vende, más paga; en tales circunstancias, se exime de hacer circular su capital íntegro, ni se preocupa de desplegar su vigor y energías al máximum. Este desagradable e inconsulto impuesto, adormita, le da inercia, corta y apaga el ánimo de trabajo, mientras que, con la sustitución de un impuesto fijo y razonable, sucede todo lo contrario. 9. Porque este impuesto a la ventas es del descontento general, porque extorsiona y obliga a la fuerza. Las contribuciones deben ser sin molestias, sin fastidios, sin estorbos, deben ser indirectas, dejando así en paz el trabajo del hombre. Nuestra república, no está adaptada para este ambiente que la degenera. 10. Porque no es que se quiere evitar el pago, porque un nación sin impuestos no vive, sino que, como se menciona arriba, contribución aún más todavía pero libres, sin humillaciones ante nadie, ni que ningún empleado se acerque a oficinas de importancia a exigir que se le rinda su contabilidad, que con el nombre de fiscalizadores, las invade e interrumpe la tranquilidad de nuestras faenas, coincidiendo que en momentos de más presión, de más quehaceres se presenta y hay que dejar todo a un lado para atenderlo largas horas y, si el contribuyente es de su agrado o le ha complacido alguna vez, en tal o cual forma, todo está bien y su fiscalización es ipsofacto, pero si el contribuyente no es de su simpatía, es enérgicamente ceñido al rigor de la ley y la fiscalización es difícil y engorrosa, resultando por consiguiente, la discrepancia: bienaventurados unos y castigados otros. Este fantasma de impuesto lo daña todo, cosa sumamente desdorosa que atañe al sano criterio y la dignidad de sus propietarios o gerentes.

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11. Porque es muy fácil sobornar al fiscalizador, con raras excepciones, en cuyo caso es corromper la hombría de bien, tanto del comerciante honrado como del sobornado o sea fiscalizador, casos que se dicen ya haber sucedido por muchas veces, esto es, consabido “callao boca”, pero no todos podemos hacer tal cosa en resguardo de nuestro honor y delicadeza personal. 12. Porque el doctor José María Velasco Ibarra, preclaro y digno Presidente de la República, en su bellísimo discurso de la transmisión del mando, entre otras cosas dijo: “Buscad un método que armonice el rendimiento impositivo y la libertad del productor. Para defender al pequeño propietario no hay que acoquinar a todos, sino desarrollar las instituciones admirables que estudia la economía moderna”. Sí, señores legisladores, padres de la patria, libertad pedimos a una sola voz, atended el clamor general del comercio y de las industrias, atended nuestra justa petición de que se derogue el fantasmagórico impuesto a las ventas, sustituyéndolo con otro más digno, más ecuánime, más razonable, más halagador, que no moleste y retorne la tranquilidad a nuestras labores; libertad pedimos para la prosperidad y desarrollo de nuestro comercio, de nuestras industrias, y la patria gozará de mayores y grandes beneficios y vuestros nombres quedarán grabados en nuestros corazones como recuerdo de gratitud, que nos habéis librado de este mal que inmisericorde nos aqueja. Honor y patria. Ambato, septiembre 25 e 1934 Vaca Hermanos, Domingo Romano, Jaime A. Cobo, Alfonso R. Troya, Germán Tamayo, doctor Aurelio Soto V., Julio C. Correa, Juan Santana, Eudozia López, Juan Carrillo, Manuel Padier, Juan I. Mantilla, Emilio Pérez M., Francisco Lara, Ricardo Loza, Modesto Villacís, Ángel C. Acurio, Teófilo López, José Adán Aguirre, Eulalio Acosta, Lora & Velasco, C. Cisneros, Acosta Hermanos, Ana Judith Mejía, Segundo D. Jurado, Nicolás Abedrabbo, Camilo Haffar, Julio C. Banda.

El señor Guillén. Señor presidente: el impuesto a las rentas es muy técnico, podrá ser todo lo técnico que se quiera pero no es equitativo porque unos lo pagan y otros no. Por esta razón entiendo que todos estamos de acuerdo con el proyecto de la comisión. Lo que sí creo necesario aclarar es si el impuesto de patentes se cobrará sobre el capital en giro y sobre el capital líquido pagado y cuentas del exterior. Pido, pues, a los señores de la comisión que expliquen este punto. El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Entiendo que se trata del capital líquido no del costo de las mercaderías; y aun conversando con los caballeros de la comisión les ponía el siguiente ejemplo: un comerciante tiene un stock de mercaderías que vale $ 12.000 y su cuenta acreedora en un banco asciende a $ 3.000, es decir que en total tiene $ 15.000; pues bien, el impuesto no será sobre los $ 15.000 capital en giro, sino únicamente sobre los $ 12.000.

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El señor Núñez. Señor presidente: Yo creo que el impuesto debe ser más amplio porque si tengo $ 15.000 en mercaderías en un almacén, hay que suponer que todo ese capital me está produciendo utilidad, de lo contrario no va a obtenerse como producto de este impuesto la suma que se ha calculado a favor del fisco. El señor Domínguez. Señor presidente: Para cumplir por mi parte con mi deber de exponer aquí el sentimiento que siempre primó en el seno de la Cámara de Comercio de Chimborazo, de la cual fui presidente hace tres años, en los días que más se exacerbó la lucha con este odiado impuesto, entonces la Cámara de Comercio citada siguiendo la misma trayectoria que ha observado hasta hoy, entró en la lucha en contra de ese impuesto, impulsada por el sentimiento que con ella comparte todo el pueblo ecuatoriano, de que es un gravamen odioso, que está repudiado por la conciencia nacional y por el sentimiento popular. No quiero yo entrar a hacer el recuento de los inconvenientes que tiene en la práctica este impuesto a nuestro país, dada especialmente la desorganización en que vivimos. Me atengo al hecho fundamental del repudio de la nación toda para el impuesto, y me atengo también a la gran filosofía que encierran las manifestaciones o expresiones del sentimiento popular respecto a un hecho o de un suceso, sea cualquiera el orden a que pertenezca. Si el pueblo ecuatoriano, después de haber vivido largos años angustiosos bajo la práctica de este régimen económico, lo repudia, tenemos que deducir con lógica terminante que es imposible que el pueblo ecuatoriano pueda vivir en paz y tranquilo mientras pese sobre sus hombres un yugo odioso como éste. Esta es una conclusión lógica. Entonces, me refiero a hace tres años, este impuesto produjo un desequilibrio en el país con ocasión del paro que fue generalmente aceptado y unánimemente sostenido en todos los centros comerciales del país. Creo que es la hora de que el Poder Legislativo, sintiendo lo que siente el pueblo ecuatoriano en materia del impuesto, sienta como si dejáramos el castigo que significa este gravamen y haga suyo este sentimiento y acepte nuestras súplicas de la derogación del mismo. Me parece muy aceptada la indicación anterior del señor Jouvín, relativa a que encomendemos el trabajo posterior para la sustitución que se proyecta a la Cámara de Comercio de Tungurahua y que se apruebe el proyecto, para darle la debida aplicación; a fin de que el Congreso estudie dicho proyecto, ultimado ya por la citada entidad, como una cosa perfecta y acabada, fruto de un sentimiento de justicia y de un anhelo nacional. El señor Chávez. Señor presidente: De todas las exposiciones hechas hasta el momento, debemos sacar una conclusión: todos los señores opinan interpretando el sentir de la mayoría del pueblo ecuatoriano y especialmente del comercio, en el sentido de que se debe derogar el impuesto a las ventas. Francamente, yo no querría criticar de manera desfavorable el impuesto, menos aún la forma cómo se lo cobra. He oído de muchos abusos, he oído de muchas exacciones; hablo la verdad, no me consta ninguna, ni personalmente ni siquiera de manera indirecta, pero este mismo sentir unánime del pueblo, esta igualdad absoluta de opiniones que hasta se puede observar aún en el seno de este congreso, en el cual hay personas tan distinguidas por su honorabilidad, dignidad, caballerosidad, etc., nos hace comprender que se trata de un clamor unánime de toda la república, clamor que debe ser atendido por los poderes públicos. No querría yo razonar en

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sentido favorable al informe; suficientes razones y conceptos se han emitido ya, de manera verbal en esta asamblea; quiero sólo añadir un pequeño argumento y ojalá este argumento pudiera servir para ser incorporado a las magníficas consideraciones del informe. En la actualidad los impuestos en cuestión producen alrededor de $ 3’000.000 y no menos de un millón de sucres no se cobra dentro del año económico a que se refiere el impuesto, se cobra en el año siguiente. Es constante en Quito, por lo menos, que hasta este momento no se ha cobrado el impuesto correspondiente al último trimestre del año anterior y el último trimestre en la capital produce más que cualquiera de los otros trimestres porque si el comerciante ha tenido algún pequeño olvido, si hay alguna ratificación etc., es en el último trimestre en el que se aplica la mayor cantidad de impuestos que debe pagar en el año. Resulta pues, que el Estado no percibe este impuesto íntegramente dentro del año porque prácticamente ese millón de sucres no lo cobra, de modo que no se lo invierte en lo que dispone el presupuesto. El presupuesto fija la partida de ingresos en $ 3’000.000 pero no ingresan sino $ 2.000.000.00 en el año económico; el millón restante ingresa en el año siguiente, por febrero, marzo y aun abril. No digo que este millón se va malbaratar, sino que va a desaparecer por partidas esenciales, absolutamente necesarias para el presupuesto, las cuales no se pueden llenar y luego viene la reunión de los cobros correspondientes al año anterior para inversiones que no siempre están bien meditadas. Yo añado este pequeño argumento en beneficio de la supresión de los impuestos a las ventas y a la renta. El señor Vaca. Señor presidente: Respetando las palabras del señor Chávez, debo manifestar que si no se pagan puntualmente estos impuestos, si los ciudadanos no contribuimos con lo que debemos contribuir por ese concepto, se debe a los empleados y fiscalizadores que son una tarea de vagos, a quienes hay que rogar para que vengan a hacer las fiscalizaciones correspondientes y sólo lo hacen cuando les da la gana; mientras tanto hay que tener el dinero listo. Con el impuesto de patentes, el fisco cobraría el valor respectivo adelantado por meses, por años, etc., según fije la ley. El señor presidente llama la atención al señor delegado Vaca acerca de los términos en que se pronuncia. El señor Chávez. Señor presidente: por haber sido aludido voy a aclarar que no creo que se trate de mala voluntad, menos aún, de negligencia de parte de los empleados que cobran el impuesto a las ventas; el control que tienen que verificar dichos empleados es sumamente prolijo y ese control no lo hacen los primeros meses del año porque entonces no sería posible hacer un acopio de documentación para ese control en todo el trimestre. El control se verifica, como todos lo saben, especialmente para el comercio importador en cuanto a la fiscalización de ingresos por las importaciones y por las compras que se realizan en otros almacenes, y la aduana no puede proporcionar inmediatamente datos que se refieran a las importaciones trimestrales, ella sería un trabajo abrumador; es al término del año cuando la aduana suministra todos los detalles y sabe lo que cada comerciante ha importado; trabajo suficientemente pesado para que se lo verifique en untrimestre. Igual control verifican los recaudadores del impuesto con respecto a los mayoristas y toda esa labor no se puede realizar en cada trimestre. Entiendo que es por

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eso que obligatoriamente, y por una razón de fuerza, el impuesto correspondiente al último trimestre tiene que cobrarse al finalizar el primer trimestre o acaso el segundo trimestre del año siguiente. El señor Carrasco. Señor presidente: Hay que ser también un poco hidalgo. Conozco a muchos inspectores del impuesto a las ventas que han cumplido con su deber honrada y laboriosamente. Por lo demás, es muy justa la protesta de los comerciantes, quienes nos hallamos bajo un verdadero látigo, ya que el impuesto en cuestión, resulta humillante y vejatorio para el comercio. Por esto pedimos a gritos la sustitución de ese impuesto en la forma que consulta la ponencia. El señor Cumba Molina pide se lea una exposición relativa a demostrar los abusos de los fiscalizadores del impuesto a las ventas. La secretaría da lectura al siguiente documento del señor Cumba Molina: Sustitución del impuesto a las ventas. Hay la creencia general, de parte de los empleados inspectores y fiscalizadores de este impuesto, que son los pequeños comerciantes los que más se esfuerzan por ocultar las ventas, a fin de pagar menos gravamen. Y esta idea los lleva a cometer toda clase de tropelías, especialmente en la Costa. En cambio, a los comerciantes mayoristas se les cree sus declaraciones, como a la Biblia. Y, esto es un lamentable error. Por otra parte, un gran número de los empleados inspectores y fiscalizadores, hay unos de escrupulosidad en el desempeño del caso y más bien traficantes en lo que se refiere a dádivas y recompensas, procuran extorsionar al pequeño comerciante, no para castigar la ocultación y hacer rendir más entradas al fisco, sino para obtener que la oferta sea mayor, en su propio beneficio. Esta corruptela hay que extirparla, sustituyendo este impuesto con otro que produzca tanto como éste, pero sin la intervención de tanta gente abusiva con los infelices. Tal vez, cobrando un porcentaje adicional a la importación, a fin de que el importador, al calcular la factura correspondiente, incluya de una vez al costo del artículo tal gravamen adicional. Haciéndose así esta sustitución, se obtiene las ventajas siguientes: primero, el fisco deja de sostener una legión de langostas que en lugar de hacer producir, más bien resta entradas al erario. Segundo, se devuelve la paz y la tranquilidad al comerciante que sólo vive asediado de estos tiranuelos, y, tercero, al consumidor, porque así podrá éste obtener las mercaderías a unos cuantos centavos menos de lo que paga hoy, ya que el impuesto a las ventas es a manera de tornillo sin fin, porque las mercaderías desde que salen del importador hasta que llegan a manos del comprador, tienen un alto recargo, según el número de intermediarios por los que pase, habida, cuenta que cada intermediario cobra el 1% por tal concepto. Delegación de Los Ríos. A. Cumba Molina.

Cerrada la discusión se aprueba el informe con los votos negativos de los señores presidente, Zaldumbide, Briones y Pons. El señor presidente: Que conste mi voto negativo porque considero que el impuesto a las ventas, tal como está establecido, es más científico y equitativo. 273


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De acuerdo con lo resuelto en la última sesión, se lee el siguiente informe de la Comisión sobre Vialidad y Transporte: Señor presidente: Vuestra comisión encargada de informar sobre las ponencias de vialidad y transporte, presentadas por las delegaciones de las provincias del Azuay, Cañar y Los Ríos, presenta a consideración del Congreso de Industrias y Comercio, las siguientes conclusiones, que en forma de proyectos de decreto, espera sean aceptadas para la mayor eficiencia del progreso general.

El Congreso de Industriales del Ecuador Considerando: Que el intercambio comercial e industrial del país necesita, primordialmente, de una red de vías de comunicación perfecta; Que el sistema vial existente dentro del territorio de la república carece de las características modernas de vialidad, sufriendo por ello el intercambio comercial e industrial; y, Que los caminos del litoral y de las provincias australes exigen una improrrogable atención: Acuerda: Art. 1. Insinuar al Ejecutivo que lleve a la práctica, con decisión y energía, por medio de sus autoridades administrativas, la ejecución de la Ley de Caminos vigente. Art. 2. Insinuar al mismo que considere en el presupuesto, después del capítulo de educación, el de obras públicas, asignando para la vialidad un porcentaje adecuado de las rentas nacionales, habida cuenta de su importancia para el desarrollo de la vida económica nacional; Así mismo insinuarle que en la aplicación del reparto del presupuesto de este año atienda, de preferencia, a las provincias australes y del litoral, para dotarles de buenas carreteras estables. Art. 3. Excitar a todas las municipalidades de la república, el patriótico cumplimiento de lo estatuido en la regla 6 del art. 17 de la Ley de Régimen Municipal vigente, consignando en su presupuesto del 5 al 10% sobre su renta anual las municipalidades del norte y centro de la república y 10 al 25% las municipalidades del litoral y de las provincias australes, para vialidad. Art. 4. Insinuar a las cámaras de comercio del país la necesidad de propulsar la construcción, conservación y reparación de los caminos, cooperando en la forma que

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crean conveniente, al despertar cívico de las colectividades, haciéndolas sentir con fervor el anhelo, la necesidad de construcción de carreteras como un postulado nacional. Art. 5. Otorgar un premiso pecuniario a la provincia que mayor actividad haya demostrado a favor de las obras viales. Premio que lo otorgará la Cámara Central de Agricultura, Comercio e Industrias, y que se destinará al impulso vial en la provincia premiada. Art. 6. Pedir a los propietarios de fundos rústicos, su patriótico aporte de iniciativas y brazos, para el efecto de que sea pronto una hermosa realidad una red amplia de buenos caminos en el Ecuador. Art. 7. Hacer mención especial, por el primer Congreso de Industriales del Ecuador, de la noble y desinteresada labor de las provincias de Imbabura y Carchi, quienes con entusiasmo patriótico, y al amparo del esfuerzo privado, han impulsado con eficiencia el sistema vial. Art. 8. Pedir a la patriótica y entusiasta prensa del país, continúe con su labor de propaganda, para la construcción vial de la república. Dado, etc. Miguel A. Uquillas V., presidente. Enrique Veintimilla, secretario. A. Cumba Molina, (Luis Zatizábal, Humberto Trujillo, y E. Cañizares.

Puesto a consideración, el doctor Badillo dice: Señor presidente: Debo hacer presente que oportunamente formulé una moción, la cual no se ha puesto en discusión. Esa ponencia contenía un estudio sobre el problema de la vialidad, esto es, para la construcción de carreteras en la república, ya que sin ellas no hay industria, comercio ni agricultura. Todas las naciones europeas, al igual que Estados Unidos y algunos países sudamericanos, tienen una buena red de caminos, que son la base de su progreso y a esto debemos tender también nosotros. Ya que no se ha tomado en cuenta mi ponencia, la sostendré verbalmente. El doctor Uquillas. Señor presidente: De todos es sentida y por todos es conocida la importancia enorme que tiene para el progreso del país la vialidad. Inútil sería poner de relieve esa necesidad ante una asamblea tan distinguida como ésta, que está en todo su corazón por esta tendencia. Con todo me voy a permitir enunciar la ponencia que voy hacer al Congreso de Industriales de la nación, y no provee otra cosa que pedir que se cumplan las leyes de la vialidad pero con pleno conocimiento del valor que significa éste en toda la república. En las provincias australes y del litoral, la vialidad debe ser un poco más atendida, sencillamente porque en las provincias del litoral, en virtud de una excesiva fertilidad, los caminos son poco estables; cosa semejante ocurre en las provincias australes, con la agravante de que en estas últimas ni siquiera existe una buena red de vías de comunicación, de modo que es necesario que el Gobierno dirija su atención por ese lado. Sin embargo,, parece que ya se está atendiendo a la construcción de caminos en las provincias australes, y por eso en la ponencia se dice que el Gobierno debe continuar con esa política sana de vialidad a favor de esas provincias, mientras que 275


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para los del litoral debe pensar en establecer un sistema de vialidad de carácter estable, que sirva en todo tiempo, tanto en verano como en invierno. De manera que teniendo en cuenta que es una necesidad clamorosa del progreso de la nación que se impulse la vialidad, rogaría a los colegas que, respondiendo a una tendencia amplísima de su espíritu enteramente progresista, aprueben el informe a efectos de que pronto sean una realidad las aspiraciones del Ecuador. El señor Romano. Señor presidente: Si la comisión autora del informe lo permite, insinuaría que se solicite al próximo Congreso que vote una partida para la compra de tractores para atender a la construcción de caminos, especialmente en las provincias de la Costa, que son las que más lo necesitan. El doctor Uquillas. Señor presidente: Agradezco y acepto la indicación que se ponga que se voten equipos camineros para cada una de las provincias del litoral. El doctor Levy. Señor presidente: Hablar de vialidad es como hablar de las venas y arterias del cuerpo humano. Quien no tiene arterias y venas no puede vivir y, de igual manera, dentro de un país que carece de vías de comunicación, no es posible que unas regiones se beneficien con los productos o artículos de otra región. Por eso, en el Ecuador, ¿de qué sirve que la provincia del Azuay tenga mármol precioso, que tengamos minas de carbón en Biblián, que tengamos en Loja cascarilla, si carecemos de caminos para sacar esos productos? Todos ellos se pierden en las selvas. En los últimos años la política seguida respecto a la vialidad no es la más aconsejada ni la más favorable. Con los caminos de la Costa ocurre que si hay un aguacero fuerte se forman verdaderos lodazales que hacen imposible el tráfico de vehículos. Si tuviéramos una buena red de caminos, tal como la proyectada por Automóvil Club, cuyo presidente tengo el honor de ser, otra suerte sería la del país. Voy a permitirme dar una ligera idea de cuáles son los caminos que, en nuestro concepto, necesita el Ecuador; empecemos por el Norte: de Tulcán a Ibarra se gastan 5 horas en automóvil y de Ibarra a Quito otras 5, de modo que desde la frontera Norte hasta Quito se emplean sólo 10 horas, en un camino cómodo, que presta facilidades para el transporte de las mercaderías. Avanzando, tenemos que el camino de Quito a Ambato es también bueno, pero de allí a Guaranda ya deja mucho que desear, porque si se produce un aguacero está uno condenado a pasar muy malos ratos. Los caminos son verdaderas arterias para un país y si pudiéramos garantizar en todo el año el camino estable de Quito a Babahoyo en 13 horas, el tráfico aumentaría notablemente y los artículos de la Sierra podrían ser traídos a la Costa, evitándose enormemente el riesgo que en la actualidad corren ciertos artículos de que lleguen tardíamente, o lo que es peor, en malas condiciones, como ocurre con las legumbres, que muchas veces se las recibe podridas. Ahora, por otra parte, tenemos el camino de Guayaquil hasta Quevedo y de Guayaquil hasta Bahía, que son igualmente necesarios, pues mediante ellos podríamos ir a Babahoyo, a Portoviejo en 15 horas. Por este estilo, tenemos una serie de caminos que pueden ser construidos a la brevedad posible, si queremos colocar al país en situación de verdadero progreso.

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El señor Novoa. Señor presidente: Se ha tratado de demostrar la necesidad urgentísima del país, de que se intensifique la construcción de carreteras; yo, además voy a permitirme manifestar la necesidad que tienen las provincias azuayas de que se labore por el beneficio de ellas. Desgraciadamente, para ir al Azuay, no tenemos carreteras de ninguna clase, hay simplemente la vía férrea, que parte de Sibambe, pero el tráfico por esa línea se hace por medio de kalamazos, que no prestan ninguna comodidad para los pasajeros y, así mismo, dificultan mucho la conducción de la carga, ocasionándose con ello un grave perjuicio al comercio y a las provincias azuayas en general. Resulta que se venden determinadas mercaderías en las provincias azuayas, pero sólo están llegando a poder de los compradores después de 50 o 70 días; esto es, cuando ya ha pasado la necesidad de esta mercadería, la cual en consecuencia, es puesta a la orden del vendedor. Me permito, pues insinuar que se solicite se provea, por parte del Ministerio de Ferrocarriles, al ferrocarril Sibambe-Tambo del material rodante necesario par que se establezca en esa línea un servicio satisfactorio. El señor presidente: Me permito observar que, por lo que he leído en la prensa, el Gobierno va a adquirir una nueva locomotora y cierta cantidad de carros para destinarlos, especialmente a la línea Sibambe-Tambo. El señor Noboa retira su proposición. El doctor Badillo. Señor presidente: En primer lugar empezaré agradeciendo el gran interés que se han tomado algunos representantes por la construcción de caminos, y al respecto debo recordar que es una aspiración nacional la construcción de la carretera Rumichaca-Babahoyo, que fue uno de los números que desarrolló el Gobierno del doctor Ayora, ya que dicha carretera significa un ideal no sólo nacional sino internacional, debido a un acuerdo de los gobiernos del Ecuador, Colombia y Venezuela para hacer la gran carretera desde la Guayra a Guayaquil; acuerdo que ya se ha cumplido por Venezuela, que está al cumplirse por Colombia y que por parte del Ecuador falta el cumplimiento de parte de ese convenio, o sea, determinadas conexiones para la terminación de esa gran obra. Además, hay la carretera Guayaquil-Quito estudiada técnicamente por el ingeniero señor J. A. Gómez Gault, Director de Obras Públicas del Litoral, y al respecto pido que por secretaría se lea la publicación que voy a entregar en este momento. El señor presidente: Me parece que hay unanimidad en cuanto al convencimiento de la necesidad de incrementar las vías de comunicación en la república, por eso, si el doctor Badillo quiere, se dará lectura a esta publicación, sino procedemos a votar la ponencia que parece que es bastante amplia y que comprende todos los puntos más indispensables, como una recomendación a los poderes públicos para la realización del propósito de este Congreso, que es el de facilitar el transporte por medio del incremento de las vías de comunicación. Como el señor doctor Badillo insiste en su deseo de que se lea el artículo publicado por el ingeniero Gómez Gault, en El Telégrafo de 20 de junio de 1932, la secretaría complace al señor Delegado.

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El señor Dávila. Señor presidente: Quiero expresar mis agradecimientos por el interés que se han tomado algunos de los señores representantes en el trabajo de las carreteras, propósito que responde a un clamor de todos los pueblos deseosos de nuevas vías de comunicación, para tener rápido contacto con los centros consumidores y productores, porque en la actualidad miles de miles de sucres se pierden en productos agrícolas, debido a que no hay cómo sacarlos por la falta de caminos. Por estas razones estoy por el proyecto. La secretaría da lectura. El doctor Badillo pide que se ordene que la secretaria de lectura a una moción relacionada con este punto. El señor presidente manifiesta que se está discutiendo el informe y que se va a votar. Votando el informe, es aprobado por unanimidad. El doctor Badillo obtiene que se conozca su moción escrita y consiga, además la suma de $ 30.00 como cuota inicial para el fomento de la vialidad. Dicha moción dice: Señor Presidente del Congreso de Industriales. Las decisiones de este congreso, no dudo que, la mayor parte de ellas, serán bien acogidas por la nación, ya que han sido propuestas por personas inteligentes, bien preparadas y que a este congreso han traído un gran aporte de patriotismo y la mayor y decidida buena voluntad de cooperar con sugerencias de útiles reformas, para el engrandecimiento nacional y su prosperidad económica. Si no cabe duda que es cierto lo que he enunciado anteriormente, para que este congreso, desde ahora, tenga su efectiva utilidad, pide la representación de Bolívar ser apoyada en el proyecto que presenta a la ilustrada consideración del congreso, que es la conclusión de la carretera Quito-Guayaquil, cuya utilidad manifiesta y necesidad de terminarla, se funda en las razones siguientes: beneficia a diez provincias, Carchi, Imbabura, Pichincha, León, Tungurahua, Chimborazo, Bolívar, Los Ríos, Manabí y Guayas; pone en directa comunicación la capital de la república con su puerto principal, Guayaquil, al que se llegará directamente, sin las dificultades, molestias y gastos de trasbordos; será útil y, grandemente, a la agricultura, porque recorrerá las más fértiles y valiosas zonas de las provincias de Tungurahua, Bolívar, Los Ríos y Guayas, que aún no tienen carreteras o que hay que perfeccionarlas, las que sólo sirven como carreteras de verano y, por fin, la construcción de la carretera Quito-Guayaquil es una necesidad aún de carácter internacional, ya que dicha carretera no es sino parte de la gran carretera Simón Bolívar, que empezando en la Guayra terminará en Guayaquil; vía que debe hacerse en virtud del pacto internacional celebrado por los gobiernos de Venezuela, Colombia y Ecuador, con el fin de perpetuar la memoria del americano más ilustre, el Libertador Bolívar; Venezuela hace dos años concluyó la carretera en la parte que le tocaba, Colombia, en el año pasado hizo una gran sección de lo que faltaba, restándole muy poco que hacer, sólo el Ecuador está quedando rezagado en el cumplimiento de este pacto, que es de gratitud para el Libertador Bolívar y de interés nacional indiscutible, por las razones ya expuestas.

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Ahora bien, como para la realización de obras de tanta importancia se necesitan fondos suficientes, el parecer nuestro es que, con lo que se debe hacer una realidad, la idea que ponemos a consideración del Congreso, es con lo siguiente: 1. $ 100.000 más del presupuesto especial de obras públicas dará el Ejecutivo de lo asignado, actualmente, para la conclusión de la carretera Ambato-Guaranda, tramo integrante de la carretera Quito-Guayaquil. 2. Declarará el Ejecutivo Día del Trabajo Nacional , el día primero de cada mes desde el próximo abril hasta octubre, en honor de la memoria del Libertador Bolívar; de Quito, al heroico pueblo el 10 de Agosto; de Guayaquil, la hermosa Perla del Pacífico, ciudad del 9 de Octubre y del cantón de Junín y de este hermosísimo país de Montalvo, el campeón del pensamiento alto y rebelde y de las ciudadanas libertades; en dicho Día del Trabajo Nacional , todos los empleados civiles y militares de la república darán lo que corresponde a su sueldo, en el día ya dicho. 3. Todo óbolo de los particulares, que el patriotismo ecuatoriano dé para esta obra, debiendo la suscripción popular ser auspiciada e incrementada por las municipalidades, los gobernadores y las sociedades de artesanos e industriales, donde los hubieren. Hecho este primer ensayo de un pequeño sacrificio, en aras de una gran obra y de inmensa importancia nacional, el Congreso entrante puede hacer ley de la república, la presente sugerencia, ley que a no dudarlo será de indiscutible utilidad y un gran aporte para la economía nacional este ahorro indirecto de los empleados de la república en pro de la vialidad, que a no dudarlo tiene la máxima importancia, ya que no hay agricultura, industria ni comercio posibles sin buenas vías de comunicación, este día de trabajo nacional, en cuatro años, a lo más, pudiera hacernos concluir nuestras carreteras troncales: TulcánLoja, Loja-El Oro, Quito-Manabí, Ibarra-Esmeraldas y Quito-Napo; los millones dados por el patriotismo de los empleados serán resarcidos con creces, sin la menor duda, al tanto de ciento por uno, eso tal vez fuera el paso mayor que en la vialidad diera la república. No dudo que el señor Presidente de la República, ciudadano de altas y patrióticas compresiones y que encauza la república por el sendero del progreso, la libertad y el orden, auspiciará la idea de la representación del Bolívar, que ha sido aceptada con todo entusiasmo y decisión, por el señor Gobernador de Tungurahua, persona inteligente, culta y de altas miras y que, como todo ambateño, sigue las luminosas huellas del primer pensador americano, el egregio Montalvo. La representación de Bolívar, haciendo práctica la idea propuesta al Congreso de Comerciantes e Industriales, consigna ante éste, su cuota del Día del Trabajo Nacional . Ambato, marzo de 1935. La representación de Bolívar: Manuel Badillo, por los industriales; Arturo Salazar, por los comerciantes, y Eduardo C. Dávila, por los comerciantes.

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El señor Cumba. Señor presidente: Sería conveniente que en cada capital de provincia se establezcan juntas patrióticas que vean cómo crear un impuesto de 6, 8 o hasta 20 centavos sobre los pasajes en automóviles y autobuses para apoyar las carreteras. El señor presidente concreta así la moción del doctor Badillo: Que se eleve al Poder Ejecutivo la ponencia del doctor Badillo que contiene tan importantes sugerencias para el incremento de la vialidad en la república. El señor Cuesta. Señor presidente: Además pediría que a la petición del doctor Badillo, tan inteligentemente trazada, se agregue la petición que hacen dos ciudadanos de Ambato y que ruego se sirva ordenar se le dé lectura por secretaría. “Señor presidente: Que atenta la necesidad de fomentar en todo lo posible la vialidad, insinúe al Poder Ejecutivo el restablecimiento de las juntas de fomento agrícola, que antes existían con tan buenos resultados. José F. Cuesta y L. A. Núñez”. Leída por secretaría, la presidencia cree que se refiere a otro punto que aquél que se discute y resuelve que se lo considere posteriormente. El doctor Uquillas. Señor presidente: Así como la asamblea ha tenido la gentileza de apoyar por unanimidad el informe respecto a la vialidad, por ser de interés nacional, así me permitiré pedir que para respetar el orden, se establezca primero la aprobación de la moción para luego llevarla de inmediato a conocimiento del Ejecutivo, a ver si se alcanza que se declare el Día del Trabajo Nacional como desea el doctor Badillo, para que empiece a ser efectivo desde el primero de abril, que está tan próximo. En consecuencia, me permito rogar al Congreso que proceda lo antes posible en este sentido, ya que estamos en todo de acuerdo con el doctor Badillo, para dar a la moción inmediato trámite. El doctor Leví. Señor presidente: Suplico al doctor Badillo que donde dice Congreso de Industriales y Comerciantes ponga sólo Congreso de Industriales, por ser éste el verdadero nombre que le corresponde. Cerrada la discusión, la moción es aprobada. Se lee la segunda ponencia presentada por el doctor Uquillas, sobre transporte.

El Primer Congreso de Industriales de la República, Considerando: Que es indispensable regular los transportes, consultando la diversa capacidad económica de los viajeros y la valía de la carga, para establecer tarifas equitativas y propulsoras del intercambio comercial y del turismo.

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Que el precio que se cobra en el ferrocarril de Sibambe a Tambo, es igualdad para todos, sin que exista la distinción de primera y segunda clase, medios pasajes o pasajes gratis; y que en la carga pasa igualdad cosa. Acuerda: Artículo único. Insinuar al Poder Ejecutivo obtenga la revisión de tarifas ferroviarias, consultando el mejor beneficio del intercambio comercial. Dado, etc. M. A. Uquillas, E. Veintimilla Mosquera, A. Cumba Molina y E. Cañizares.

El doctor Uquillas. Señor presidente: Debo una explicación. Hace unos días me indicaron que en los transportes por ferrocarril desde Sibambe a Tambo, se llevaba sólo por un precio único a todos los individuos, los que iban sumamente incómodos y he tenido el gusto de ver confirmada, por un colega, esta mala impresión respecto al transporte ferroviario; por eso se hace necesario que el Gobierno regule las tarifas de estos transportes, dé mayores facilidades presentando carros más cómodos para los pasajeros de primera, carros también cómodos para los de segunda y que consulte medios pasajes y pasajes gratis para los niños de 5 años o menores de esa edad. El señor Chávez pide a la secretaría repita la lectura de la ponencia del doctor Uquillas. Se la lee. El señor Chávez. Señor presidente: Yo me permitiría insinuar a la comisión que se digne enfocar todo lo referente a la revisión de las tarifas ferroviarias, para la carga, de manera particular, a fin de que esa revisión favorezca a la agricultura y a las industrias nacionales. El Ferrocarril del Sur sin duda ha traído un aporte cultural al Ecuador que acaso no se puede medir, que acaso no se puede comparar con ninguna otra institución, con ningún otro medio de cultura de que dispone el país. La prosperidad en el Ecuador se ha valorizado con ese ferrocarril por lo menos diez veces más con relación a la época anterior a la que el ferrocarril cruzó la región interandina; los ingresos de ferrocarril son de tal naturaleza que la empresa en la actualidad bate palmas porque ve satisfechos ampliamente sus anhelos. Yo estimo que un ferrocarril en un pueblo de escasa cultura y de un progreso incipiente aún, no debe ser una empresa de negocio. Se habla de que el ferrocarril representa una carga con su crecida deuda, una carga que pesa sobre el país y que es conveniente disminuir día por día esa carga que pesa sobre los ecuatorianos en una forma abrumadora, por concepto de la construcción y mantenimiento del ferrocarril. El país debe unos 120 o 150 millones de sucres, lo que es una deuda realmente grande y que parece que no le podremos pagar. Acrecentar esta deuda sería un crimen y es menester que el ferrocarril, aparte de mantener todos sus servicios y todo su material en perfecto estado,

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pueda también rendir la suficiente cantidad para que día a día vaya eliminando esa deuda. Yo parto de un punto de vista completamente distinto, el ferrocarril ha dado un beneficio al Ecuador, que no vale solamente 120 o 150 millones de sucres, que es lo que significa la deuda actual, lo que el país debe al ferrocarril vale acaso miles de millones de sucres. Toda deuda que pague el país o que se comprometa a pagar o que pese sobre los ecuatorianos, en concepto del ferrocarril, es una deuda que la debemos reconocer y que la debe reconocer el presupuesto nacional. Es por eso que yo opino que la revisión de las tarifas se enfoque en beneficio de la agricultura y de la industria nacional. Efectivamente, artículos agrícolas o industrializados pagan muy altas tarifas, el transporte de un saco de cereales que apenas pesa un quintal desde Guayaquil a Quito cuesta alrededor de 2 o 3 sucres y por eso los carros muy a menudo regresan vacíos pero prefiere el ferrocarril llevar esos carros vacíos a llevarlos llenos de productos agrícolas o industriales. Si por concepto de esta rebaja el ferrocarril experimenta una pérdida, no quisiera con esto que el ferrocarril, de manera implícita reconozca, o acaso que el país lo imponga la obligación de pérdida, no; querría que si el ferrocarril va a experimentar un menoscabo con la reducción de las tarifas para los artículos agrícolas y de la industria nacional, se eleven las trifas de los artículos importados. No es un agricultor, no es un industrial que utiliza los servicios del ferrocarril en gran escala; se trata ante todo, de un importador quien habla en estos momentos para pedir que el beneficio de la agricultura e industria nacionales se rebaje a un mínimo todos los fletes ferrocarrileros en todos los ferrocarriles del país; y si los cálculos que se hicieran por concepto de esta rebaja determinaran una cantidad de pérdida para los ferrocarriles, que se grave con un ligero aumento de 5 a 10%, para resarcirse los ferrocarriles de esas pérdidas al transporte de las mercaderías extranjeras. No hay ninguna contradicción entre lo que opino este momento y lo que he defendido hace una hora o más y lo que he defendido hace un día o dos. Si los derechos de aduana se han elevado en un 50%, si la desvalorización monetaria nos ha obligado a invertir cantidades dos y tres veces mayores para adquirir la misma cantidad de mercadería de otros tiempos, natural es que los fletes del ferrocarril se eleven también en una ligera proporción. Si consideramos la finalidad de favorecer la agricultura o industria nacional, bien está este sacrificio, que por otra parte, no lesionará demasiado los intereses del comercio importador. El señor Coloma. Señor presidente: Las palabras del señor Chávez acaban de confirmar lo que manifesté en la exposición que hice al principio de la sesión de hoy y había ofrecido dar mi apoyo a la moción que presentaría la Comisión de Aranceles. Mi moción dice así: (lee). El doctor Uquillas. Señor presidente: Como presidente de la comisión acepto la indicación que hace el señor Chávez y entonces el informe quedaría ampliado, puede decirse, colocando un artículo que indique que respecto al ferrocarril austral se hará la revisión de las tarifas dividiéndolas para las distintas clases de pasajeros y distintas clases de carga. Un artículo más, anunciaría que para los demás ferrocarriles la revisión se hará rebajando las tarifas de las cargas, para artículos de primera necesidad nacional, para

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impulsar la agricultura e industrias, pero aumentando aquellos renglones referentes a los transportes de productos extranjeros. El doctor León Hidalgo. Señor presidente: Como el proyecto que se está discutiendo enfoca un punto de vital importancia nacional e internacional, quiero tocar también algo que se relaciona estrechamente con los transportes; me refiero al turismo. Voy a analizar al turismo como factor preponderante en la vida de las naciones. Yéndonos a Europa, tenemos que el transporte se ha comercializado e industrializado, pero refiriéndome al Ecuador, voy analizar el punto bajo tres aspectos, patriótico, comercial e industrial. Fin patriótico: enfoca la facilidad con que llegaríamos los ecuatorianos a unirnos, a estrecharnos, a reconocer, a amarnos y entendernos si pudiésemos en una forma fácil y barata ir del Carchi al Macará, y de la Sierra a la Costa; esto constituirá uno de los factores con que podríamos acrecentar la vinculación a la que debemos propender todos los ecuatorianos y me gustaría que de esta unión efusiva, armónica, cariñosa, gentil que se ha producido en el seno del congreso, salga una idea que fomente el turismo, buscando los medios para hacerlo viable, real, que se lo conseguirá mediante el abaratamiento de los pasajes, ya que con ello pudiera un ambateño, por ejemplo, ir a gozar de ciertos días en la Costa marina, admirar las grandezas del mar, aspirar su aire yodado, o bien, que un costeño azotado por los rigores del clima pudiera venir a pasar unos ocho días entre nosotros. Con esto se llenaría un fin social, porque tenemos también que buscar la forma de que las energías del comerciante, las fatigas del industrial y en general de todos los ecuatorianos, tengan su refugio, su oasis, respirando mejores aires para adquirir nuevas fuerzas y energía para la brega y la diaria lucha por la vida. Por último, tenemos los fines comerciales, que son aquellos relativos a la creación y fomento de empresas turísticas, que nacerían como consecuencia natural de lo anterior. En fin, quisiera que al proyecto se agregase lo siguiente: “que se estudie la forma de crear el pasaje de turismo y así mismo que se cree el boleto de ida y vuelta en nuestro Ferrocarril del Sur, que es la única vía troncal que tiene el Ecuador”. Ahora sucede que estamos obligados a tomar un boleto esta mañana, por ejemplo, y si por desgracia no hemos concurrido a tomar el ferrocarril, perderemos el boleto. En naciones europeas un boleto puede ser válido hasta por ocho días. Así mismo, deseo que se agregue la idea de crear el boleto de ida y vuelta, con el porcentaje de descuento respectivo, porque hay una circunstancia más, que es favorable al incremento económico de la empresa del ferrocarril: todos sabemos que hoy el Ferrocarril del Sur tiene una gran competencia en la sección Riobamba a Quito por los autobuses que están prestando un servicio magnífico, de modo que la creación de pasaje de turismo y el boleto de ida y vuelta aumentarán las entradas del ferrocarril por la preferencia que se le daría. El señor presidente pregunta al Congreso si con las indicaciones últimas aprueba o no el informe. Se lo aprueba y el informe queda en el tenor siguiente:

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El Primer Congreso de Industriales de la República, Considerando: Que es indispensable regular los transportes, consultando la diversa capacidad económica de los pasajes y la valía de la carga, para establecer tarifas equitativas y propulsoras del intercambio comercial y el turismo. Que el precio que se cobra en el ferrocarril de Sibambe a Tambo, es de igualdad para todos, sin que exista la distinción de primera y segunda clase, medios pasajes o pasajes gratis; y que en la carga pasa igual cosa. Acuerda: Art. Único. Insinuar al Poder Ejecutivo obtenga la revisión de tarifas ferroviarias, consultando el mejor beneficio del intercambio comercial, con la rebaja del trasporte de carga que interese a la agricultura, industria y comercio nacionales y contemple, además, un aumento del 5 al 10% al transporte de los artículos importados y que se producen en el país. Así mismo, pedir al Ejecutivo que considere la posibilidad de crear el pasaje de turismo y el pasaje completo de ida y vuelta, hasta un tiempo prudencial y con módico descuento. C. M. Larrea, Presidente del Congreso. B. Ruiz y Gómez, Secretario del Congreso.

Se lee la moción de los señores Cuesta y Núñez de la delegación del Tungurahua, sobre el restablecimiento de las juntas de fomento agrícola. El señor Núñez. Señor presidente: Nos hemos permitido presentar esta moción en vista del gran éxito que han tenido todos los proyectos relativos a la vialidad. Si en verdad en los presupuestos nacionales se hacen constar año por año cantidades muy grandes para el fomento de la vialidad, el reparto que se hace es muy deficiente y defectuoso y de allí, que muchas provincias jamás han sido beneficiadas con las rentas del Estado. Así por ejemplo, las provincia del norte y también la de Tungurahua, todas las vías de comunicación que poseen son obras de sus propios hijos y poco, o tal vez nada, han recibido del Estado. Presentamos, pues, esta sugerencia en el deseo de procurar el fomento agrícola mediante la intensificación de los caminos, porque recordamos que en tiempo anterior en que existían las juntas de fomento agrícola, los caminos, sean vecinales o provinciales, progresaron mucho y, por ende, las poblaciones. Una prueba de ello es la provincia del Tungurahua que gracias a dichas juntas se encuentra cruzada de caminos. El aporte para el sostenimiento de tales entidades es insignificante, no consiste sino en la contribución de dos jornales por cada año, por cada ciudadano y mediante esta

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contribución creo que cada una de las zonas del país progresará muchísimo. Esperamos tener apoyo en nuestra moción. El doctor Eguiguren. Señor presidente: Estoy de acuerdo con el restablecimiento de estas Juntas llamadas de adelanto agrícola, las cuales efectivamente dieron mucho impulso al progreso del país, pero si me permite la comisión, quisiera que se reforme el nombre en el sentido de que sean de fomento vial, para que correspondan a la finalidad a que están llamadas. El doctor Badillo. Señor presidente: La respectiva ley consultaba que estas Juntas, para atender al desarrollo de la agricultura y la vialidad, percibiría dos jornales por cada ciudadano aparte de otras contribuciones que fijaba la misma ley, llamada de fomento agrícola. El señor Cuesta. Señor presidente: Nosotros hemos pedido el restablecimiento de las juntas de fomento agrícola porque, dentro de las finalidades de tales juntas está la de ampliar y fomentar la vialidad; prueba de ello es que la provincia del Tungurahua recibió un gran beneficio en cuanto al desarrollo de sus vías de comunicación gracias al esfuerzo de dichas juntas. El señor presidente pregunta a los firmantes de ponencia si aceptan la modificación. Los ponentes aceptan, en el sentido de: “pedir establecimiento de juntas agrícolas y de vialidad”. Con esta modificatoria se aprueba la moción. Se da lectura a las siguientes comunicaciones recibidas. Carlos Manuel Larrea. Presidente Congreso Industriales. Aplaudo con patriótico fervor acuerdo congreso Ambato relativo arancel de aduanas. Esto se llama colaborar hondamente por resurgimiento nacional. No cabe política de cambio sin política aduanera. No cabe política aduanera sin base estadística. Ustedes lo han comprendido sabiamente y están dando un rumbo a la república ecuatoriana y van a orientar eficazmente la política gubernativa. Les felicito y les pido continúen su noble tarea. Hago votos cese vocinglería políticos tendenciosos que únicamente aspiran producir caos en el país y que sea escuchada la voz de hombres como ustedes, ajenos a odios personalistas, anhelos del levantamiento patria ecuatoriana. Presidente República. Presidente Congreso Industriales. Referencia atento telegrama de Ud., manifiesto este ministerio tiene mejor deseo atender justa petición habilitar oficina aforo paquetes postales varias ciudades, para lo cual estudia parte legal y económica. Atento ,Ministro Correos.

En vista de las excusas presentadas para no continuar concurriendo al congreso, por parte de los delegados de León, señores José A. Bueno, A. Martínez y Francisco Javier Salazar, se ordena llamar a los respectivos suplentes.

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El señor Jouvín Arce. Señor presidente: Producir debe ser y es, felizmente, uno de los postulados de la grandeza nacional. La agricultura es la base de esa grandezas y de allí que el espíritu público se inquieta cuando vemos que nuestra producción agrícola no alcanza a satisfacer las necesidades del consumo. El algodón en Manabí se produce en grandes cantidades, pero todavía es insuficiente y hay que importarlo; necesitamos más trigo porque necesitamos producir más harina, y así ocurre con muchos otros productos. Con esta idea me voy a permitir hacer la siguiente moción: que se solicite al Poder Legislativo que, a fin de obtener una mayor producción agrícola de ciertas materias primas necesarias para nuestra industria, como algodón, trigo, etc., se establezca por medio de un decreto especial para todo propietario de fondo agrícola que produzca anualmente una cantidad mayor en un 20%, de las materias producidas en el año anterior, cantidad que será fijada por el Ministerio de Agricultura, sea exonerado el pago de los impuestos fiscales correspondientes al año en que obtuvo la mayor producción. La moción enunciada por el señor Jouvín Arce y apoyada por numerosos delegados, es aprobada por unanimidad. Termina la sesión. El presidente del congreso C. M. Larrea. El secretario del congreso, Dr. B. Ruiz y Gómez,

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ACTA NO. 10 SESIÓN ORDINARIA DE LA TARDE Marzo 26 de 1935 (Concurren 40 delegados) Bajo la presidencia del señor Carlos Manuel Larrea, a las 3 p.m. se instala la sesión, con la concurrencia de los delegados, señores: Leví, Jouvín, Cabrera, Briones, Colvín, Vaca, Uquillas, Romano, Cuesta, Núñez J., Paz, Saá, Alemán, Pons, Guillén, Álvarez Lara, Chávez, Pinto, Buenaventura, Sandoval, Erazo, Heredia Crespo, Vinueza, Veintimilla, Muñoz, Cisneros, López Guerra, Novoa, Carrasco, Dávila, Salazar, Trujillo, Cumba, Molina, Ledesma, León Hidalgo y Rodríguez. Actúa el infrascrito secretario. Se lee el acta anterior y una vez puesta en consideración, el señor Cabrera dice: Señor presidente: Dos puntos voy a permitirme tratar ligeramente en esta sesión. Uno de carácter personal, puedo decir que el otro relacionado con la aprobación del acta que acaba de leerse; ruego, pues, a mis colegas se dignen escucharme unas pocas palabras. A las ocho de la mañana de ayer leí los periódicos de la capital y, en el diario El Comercio encontré publicado un telegrama dirigido por mí, de acuerdo con la petición que me había hecho el director de dicho periódico de darle cuenta de los proyectos y asuntos que se traten en el seno del congreso. En dicho telegrama consta el informe relativo a los asuntos bancarios y El Comercio al hacer la publicación, lo pone con el subtítulo de: “Sugerencia del doctor Cabrera aprobada”. Naturalmente, me llamó la atención y me fastidió este detalle, a tal punto, que inmediatamente llamé por teléfono a la redacción de El Comercio para pedir que se haga la rectificación del caso, ya que la noticia dada en esa forma no correspondía a la realidad. Manifesté al redactor del periódico que atendió mi llamada telefónica, que el informe aprobado pertenecía a la comisión llamada de asuntos bancarios, compuesta de personas eminentes y que yo personalmente casi no había tomado parte en la redacción del informe, ya que únicamente aquí, en el seño del congreso me fue presentado el trabajo ya hecho por el doctor Heredia y, encontrándolo conforme con mi modo de pensar lo suscribí, por ser también uno de los miembros de la comisión respectiva. El redactor de fomento vial me manifestó que la falta se debía tal vez al corrector de pruebas y que para hacer la rectificación correspondiente mandara yo una carta al respecto. En este mismo momento envié al señor Mantilla, Director de El Comercio la carta siguiente, que me voy a permitir leer, (lee). Hoy día El Comercio, si bien no publica íntegramente esa comunicación, sí da ha conocer su esencia, en los siguientes términos, (lee). Con estas pocas palabras dejo indicado este pequeño incidente, tal vez de orden personal, pero que en realidad convenía que lo ponga en claro para que no se crea que me tomo la arbitrariedad de presentar como mías, sugerencias que en realidad corresponden a una comisión. El segundo punto al que

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quiero referirme, es aquél que se relaciona a ciertas palabras vertidas por mi en sesión anterior, al tratar de un asunto de interés nacional y animado de la mejor atención y sin el menor deseo de herir a nadie, menos a personas tan distinguidas como son todos y cada uno de los señores que pertenecen a este congreso. Me refiero a las expresiones que vertí cuando pedí que la revisión del arancel de aduana se haga, no por el Consejo de Economía Nacional sino por una comisión técnica especial. Al respecto, debo mencionar el hecho de que al saludar ayer en Quito con el Director de Ingresos doctor Riofrío Villagómez, éste dignísimo funcionario me manifestó que el Gobierno había mirado con complacencia el cambio de la comisión que debía estudiar dicho problema y aún me dijo que el Gobierno iba a dirigir un telegrama felicitando al congreso por tal resolución. Quiero aclarar, pues, que mis palabras al decir que trataba de salvar el honor del congreso fueron emitidas de la manera más sincera y con la mayor honradez, sin intención de herir a nadie, aunque tal vez, en el calor de la discusión, dichos términos no fueron emitidos con toda propiedad ni tomando en cuenta la posibilidad de que se le pudiera dar un alcance distinto del que en realidad tienen. Si, pues, se han tomado acaso esas palabras como una injuria contra determinadas personas o contra el congreso en general, tengo el placer de manifestar con toda honradez que me caracteriza, que yo sólo traté de expresar que el honor del congreso exigía que pasáramos debidamente cada uno de los acuerdos que tomamos aquí y que dicen relación con el interés nacional; pero si se cree que tales expresiones no están bien puestas, gustoso las retiro porque jamás he tenido la intención de herir ni a ese congreso, tan honorable, ni a ninguno de sus miembros, para quienes tengo la mayor estimación y el más grande respeto. El señor Coloma. Señor presidente: Habiendo sido yo el autor de la moción, quedo muy complacido de oír la explicación que se ha servido darnos el doctor Cabrera y el hecho mismo de que yo hubiese consultado al señor presidente si era posible retirar esas palabras sin permiso del autor, está expresado que no tenía el menor interés en causar ningún disgusto al doctor Cabrera. Las actas constituyen la historia del congreso, de manera que retiradas esas palabras, queda sin lugar el incidente. El doctor Heredia. Señor presidente: Como presidente de la comisión autora del informe sobre cuestiones bancarias y que fue aprobado, debo manifestar que es exacto cuanto ha dicho el doctor Cabrera. La comisión formuló el informe lo presentó, considerando el hermosísimo proyecto de la Cámara de Comercio de Ambato; el doctor Cabrera, por ocupaciones de otra condición no pudo concurrir a las reuniones en que se trató el asunto, pero una vez escrito el informe, no tuvo inconveniente en suscribirlo también. El señor secretario. Señor presidente: Habiéndose salvado el inconveniente que se presentó para la aprobación del acta de la sesión de antier, creo que, de hecho, debe considerarse como aprobada dicha acta. Así lo resuelve, y el acta se aprueba con el retiro de las palabras del doctor Cabrera que fueron impugnadas por el señor Coloma. A continuación se lee y aprueba el acta de la sesión del día 28, sin modificación alguna.

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De acuerdo con el orden del día, la secretaría da lectura al siguiente informe de la Comisión de Cuestiones Obreras y Legislación Social. Señor presidente: Vuestra comisión encargada de informar acerca del sexto punto fijado en el programa de este congreso, a saber. Señalamiento del salario mínimo, reglamentación de las horas de trabajo, en conformidad de las leyes existentes, y después de haber estudiado todos los importantes trabajos presentados por las delegaciones del Guayas, Pichincha, Bolívar, Chimborazo y Los Ríos, así como recogidas las diferentes opiniones sustentadas por todos y cada uno de los miembros de esta comisión, durante el curso de los debates; habiendo tomado en cuenta las leyes vigentes y muy especialmente la necesidad de una reglamentación en este importante aspecto social, pasa a ser una exposición de carácter general y luego adjunta proyecto de estatutos que contempla las medidas que, a juicio de la comisión, han de adoptarse a fin de hacer práctico este anhelo general sentido mucho tiempo. Vuestra comisión cree que siendo tan complejo y delicado el problema, no puede haber llenado ampliamente su cometido, y pide por lo mismo, el valioso aporte de todos y cada uno de los señores delegados, a fin de que cualquiera que sea la resolución abarque todas las aspiraciones relacionadas con el capital y el trabajo. Exposición de motivos. Anteponemos la necesidad de dictar una Ley de Salarios, que a juicio de la comisión, es un imperativo de la armonía social, ley que debería ponerse en práctica sin más vacilaciones, pero al mismo tiempo reconoce también que es un problema, como hemos dicho antes, complejo y delicado en extremo y que consiguientemente, prudencia y serenidad han de ser la norma que sujete la discusión de sus múltiples aspectos, en todos los cuales la justicia debe guiar sus resoluciones. Sin embargo, que el Art. 151 de la Carta Fundamental ordena, desde el año 1929, la creación de la ley, hasta ahora se ha dificultado la realización de este anhelo general, a pesar de los esfuerzos que se han hecho, y así, el Poder Ejecutivo no ha podido cumplir la disposición legislativa del Congreso de 1933 que dispuso que el consejo de ministros fijara el salario mínimo oyendo el dictamen de los consejos provinciales. Estas corporaciones pese a su buena voluntad y con todo de haber trabajado empeñosamente, se vieron en la imposibilidad de llevar a cabo teniendo al fin que declinar tan arduo cometido. El Congreso del año próximo pasado anunció desde el comienzo de sus sesiones su deseo de aproar la ley y, con tal motivo se discutió ampliamente, pero divergencias de opiniones en el seno mismo de la Cámara del Senado la dejó sin aprobarse, habiéndose presentado a última hora un proyecto sustitutivo que sabemos no se terminó, con todo del patriotismo, ilustración y talento de los legisladores que intervinieron en los debates. Como consecuencia de esta serie de dificultades, creemos que este congreso no puede fijar el salario mínimo por cuanto necesita tener de antemano una suma de datos innumerables que forzosamente han de intervenir en sus resoluciones, debiendo concretarse a determinar, de una manera general, las normas que servirán de base para la fijación de los diferentes salarios.

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Para fijar los salarios debe existir ya el antecedente de una completa y prolija investigación, alejada de pasiones políticas que muchas veces se apoyen en ideologías carentes del conocimiento exacto de nuestro medio ambiente; de un catálogo de datos relacionados con el trabajo y el capital, las costumbres, costo de la vida, mayor y menor número de población, condiciones de trabajo, salarios actuales, costo de transporte, situación vial, climatología, estadística, (que por desgracia no tenemos completa todavía) etc., todo esto, no sólo de cada provincia, de cada cantón, de cada parroquia, sino también de cada zona, ya que dentro de una misma provincia, cantón o parroquia varían estas condiciones por causas que le son peculiares. Será posible, decimos, fijar salarios con la orientación que tenga todo el gran arsenal de detalles indicados? Pueden fijarse, pero estos límites pecarían de ligeros y faltos de equidad y justicia. Esta obra es propia de comisiones permanentes que se dediquen al estudio del gran problema, pues, sólo así se podrá coronar con éxito una aspiración que siente las bases de bienestar a que tienen derecho todos los obreros que son el músculo que levanta, en medio del orden y la paz, el gran edificio del progreso de los pueblos. Un procedimiento rígido, impuesto e impulsado por intereses inversos al fin que se propone la ley, sería contraproducente ocasionando perjuicios graves para los mismos a quienes se trata de favorecer, aumentándose como consecuencia la desocupación, que es un mal peor. Hay que distinguir, por lo menos, dos clases de salarios: industriales de empresas y talleres, unos, y agrícolas los otros; distinción que a la vez varía, ya se trate de la Costa, ya se relaciones con la Sierra, por cuanto operan en distintos medios y porque así hay más posibilidades de acierto. Los primeros no son difíciles de reglamentarse, no así los segundos, los agrícolas, por depender de otros factores. Aunque sea repetir lugares comunes mil veces dichos, no podemos desconocer que la agricultura interandina está sujeta a muchas contingencias, principalmente por falta de estaciones climáticas marcadas que sujeta la producción a merced del tiempo bueno o malo, a que las sementeras sean o no destruidas en un día después de meses de abnegación y trabajo con las temidas heladas que no se pueden combatir y que son el peor azote de los cultivos serraniegos; así como las condiciones climatéricas adversas y las plagas que se desarrollan en la Costa. Sea o no la agricultura la primera fuente de la riqueza nacional, es lo cierto que constituye una de las principales y siendo así, no cuenta con el apoyo de los poderes públicos en la medida que le corresponde, pues aunque sea penoso confesar, la agricultura ha vivido en medio de la indiferencia de los gobiernos, abandonada a su propia suerte. El agricultor, especialmente el pequeño propietario lucha solo, sin disponer de lo más indispensable, muchísimo menos de los implementos modernos que facilitan el trabajo y aumentan la producción. Prueba de esto es la insignificante suma que se asigna al presupuesto del Estado, sin embargo, de que una de las más valiosas rentas fiscales es la de los estancos de alcoholes y tabaco que son dos ramas principales de la agricultura ecuatoriana. Es inaplazable que el Estado se preocupe de fomentar la agricultura del país para que salga así de la rutina y empirismo que le caracteriza, bajo un plan científico que le encauce debidamente, dotándole de escuelas rurales, de médicos sanitarios, amparando al campesino contra la explotación de las mismas autoridades y de los malos vecinos y patrones y, finalmente, haciéndole conocer siquiera los elementos de la moderna ciencia

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agrícola. El Consejo de Economía Nacional, de reciente fundación, acaba de señalar en su programa de reconstrucción económica, que uno de los puntos básicos es el de apoyar a la agricultura dentro de los medios que acabamos de indicar. Siendo el indio el factor principal de la producción agrícola, sin embargo, su estado de incultura no le permite al agricultor o patrón, en muchos casos, mejorar las condiciones de su trabajo, debido a la falta de costumbres y a la falta de preparación que haga el trabajo más eficiente, con mutuo provecho. Hay que educar al indio creando escuelas obligatorias y adecuadas a su temperamento, dotándose sobre todo, de maestros que sepan enseñarle, sin anarquizar el santo apostolado de la instrucción, propagando, como ha sido muchas veces, teorías que son más dañinas que provechosas. Proyecto de estatutos.

Primer Congreso de Industriales del Ecuador Considerando: Que es indispensable regular la marcha de los negocios contemplando con serenidad y de manera sincera todos los problemas relacionados con el esfuerzo, tanto de patrones como obreros, la armonía y el entendimiento mutuo que debe reinar entre ellos, el espíritu de justicia, que es preciso impere en toda orden de relaciones. Que labores doctrinarias, patrocinadas de esta separación de afecto obstaculizan la producción de la riqueza, creando situaciones difíciles y a veces dolorosas entre estos dos factores. Que la situación del indio exige un esfuerzo máximo social, para culturizarlo y hacerle partícipe de la convivencia social. Que la situación del obrero requiere una reglamentación más adecuada para buscar su mejoramiento económico y moral; y, Que es indispensable que los comerciantes o industriales, establezcan normas para la relación cordial entre los obreros en general y los patronos, como factores de la producción de la riqueza y del progreso general. Resuelve: Art. 1. Establecer el presente estatuto que servirá de norma para regular las relaciones económicas entre comerciantes y dependientes, entre industriales y obreros, entre propietarios agrícolas y trabajadores del campo de la República del Ecuador. Este estatuto comprenderá en sus disposiciones no sólo de las leyes vigentes de nuestro país, sino las conclusiones científicas, las normas de valor universal, aceptadas como verdaderas, en las relaciones económicas mundiales.

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Art. 2. Para las relaciones comerciales entre los factores capital y trabajo en el Ecuador, se denominarán patronos a todos los elementos que representan el capital simplemente, o al capital y al trabajo a la vez, y se denominarán obreros a los que representen simplemente al trabajo, ya sea éste la pluma o trabajo intelectual, ya el músculo o el trabajo manual. Art. 3. Al capital o sea al patrono, corresponde la dirección de administración de toda la empresa, por cuanto los riesgos de pérdidas y las esperanzas de ganancias le son pertinentes. Al obrero corresponde la disciplina racional y justa. Art. 4. El capital correrá en absoluto, con el riesgo de las pérdidas ya que en él se concede la dirección y el cálculo de probabilidades de éxito en todo negocio. El obrero en ningún caso deberá soportar riesgo alguno, porque su cooperación es sólo actual y sus necesidades fijas, y como carece de capital, no es posible exigir que ellas dejen de ser satisfechas, imputando pérdidas a un salario. Art. 5. Como el salario siendo la remuneración del esfuerzo, se halla sujeto a un sinnúmero de circunstancias de tiempo, de lugar, de naturaleza, etc., no se puede fijarlo a priori. Mas, como es necesario establecer la relación de armonía entre el capital y el trabajo, se pueden señalar las normas a las cuales se atenderá para la fijación de salarios, en caso de discrepancia entre el obrero y el patrón. Éstas son: 1. El salario o precio de un trabajo será previamente estipulado entre el patrono y el obrero; 2. Esta estipulación tendrá por base, las tarifas o escalas que cada industria o empresa tendrá la obligación de hacerlas previamente, de acuerdo con el comité de salarios. 3. Estas tarifas o escalas se establecerán tomando en cuenta el grado de esfuerzo intelectual o muscular que el trabajo exija, la naturaleza esencial del trabajo, y a sea que exija preparación técnica especial o simple esfuerzo mecánico, la zona donde deba realizarse el trabajo, los riesgos o peligros que para la salud o integridad personal lleve aparejados el mismo, el desgaste del vigor, que el trabajo exija, etc. 4. Estas tarifas o escalas impresas en grandes caracteres, deberán constar en los lugares más visibles de la fábrica y servirán de norma general para todos los contratos sin distinciones. 5. Estas tarifas incluirán también los medios jornales, o sea los de aquellos obreros que como niños y obreros inhábiles puedan hacer trabajo que exijan pequeño esfuerzo o menores horas de acción. Así mismo se comprenderá en las tarifas los salarios que como los domésticos, se requieren en toda empresa aunque no sean obreros propiamente dichos. 6. Para la fijación del salario mínimo se atenderá a las disposiciones legales si las hubiere y a la falta de ley, a las costumbres del lugar, consultando siempre un

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mínimum de libertad de bienestar personal para el obrero, atentas las necesidades de la vida en el lugar. Art. 6. Los obreros se clasificarán para la estimación de sus salarios en la siguiente forma: industriales de empresas y talleres agrícolas y domésticos. Dentro de esta clasificación general se admitirán distinciones especiales atentos a la naturaleza o destino que se dé a todo esfuerzo. Art. 7. Los contratos de salarios pueden ser permanentes cuando por la naturaleza del trabajo requiere estabilidad y continuidad en el esfuerzo, y ocasionales cuando lo exijan de un modo transitorio y por un tiempo limitado. Además se clasificarán los contratos teniendo en cuenta la naturaleza del trabajo a que se dedican. Así serán agrícolas, mineros, etc. Art. 8. Los comités de salarios a los que se refiere el Art.5, se compondrá en las capitales de provincia, del presidente del consejo provincial quien lo presidirá, de dos representantes del patrono y dos del obrero. Art. 9. Siendo el contrato de salario un acto de voluntad, el contrato se establece sólo por el querer de las dos partes contratantes, y por lo mismo para su terminación, no requiere otra cosa que el mutuo acuerdo de las partes. Con todo, cuando falta la voluntad de una sola de las partes para continuar en el contrato, puede también concluir éste; mas en este caso requiere que la parte que desea concluir el contrato notifique a la otra, anunciándole que desea terminar el contrato. Este desahucio o notificación se hará por escrito, en carta que, por duplicado, enviará un ejemplar el desahuciante al desahuciado y otro al presidente del comité de salarios, anunciando el particular. El plazo del desahucio será de un período de tiempo igual al que se ha establecido para el pago de los salarios y, cuando no se hubiere establecido, según la naturaleza del contrato y forma de costumbre en el pago, y cuando falte ésta, por lo menos con la anticipación de una semana. Terminado el período de tiempo del desahucio, el que desahucia podrá dar por terminado el contrato, ya abandonado el taller o fábrica, si fuere el obrero, ya obligando a abandonarla si fuere el patrono. Si el obrero o el patrono quisieren hacer terminar de hecho el contrato, antes de que corra el tiempo de desahucio, podrá hacerlo abonando uno u otro el valor de los salarios correspondientes al período del desahucio. Art. 10. La jornada de trabajo, comprendida en la denominación de una semana, será la de 44 horas para los trabajos normales, 33 horas para los trabajos mineros u otros que signifiquen desgaste enorme de fuerza o agotamiento general, y de menor número de horas, atenta la costumbre y la necesidad, cuando se trate de trabajo de índole especial como la de los mineros, etc. Esta jornada de trabajo podrá hacerse bien en seis días continuos, incluyendo el sábado inglés, o bien en número de días trabajando horas supletorias. Art. 11. Las horas de trabajo que en los seis días excedan de las enumeradas en el artículo anterior, serán consideradas como extraordinarias y serán pagadas en la forma que contempla la Ley de Trabajo, teniendo como base el salario del obrero respectivo.

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Art. 12. La semana de trabajo realizada da derecho al jornal íntegro de seis días, incluyendo el sábado inglés. Art. 13. Para hacer efectivos los derechos y prácticas las garantías que se establecen en los artículos anteriores, se establecerán tribunales de arbitraje sobre asuntos obreros en los que intervendrán por igual, representantes de los obreros y de los patronos y un representante del poder público, quien los presidirá. Cuando no fuere aceptada por alguna de las partes la resolución de estos tribunales, se concederá apelación a la Corte Suprema cuando el asunto fuere de vital importancia, o a la Corte Superior del distrito cuando el asunto, siendo de importancia, no revista una máxima valía. El trámite para la primera instancia será verbal y para la segunda escrito, en papel común. Si se suscitaren divergencias colectivas o huelgas serán resueltas en la misma forma. Art. 14. Concédase representación a los obreros de una localidad, para que integren el comité de salarios, los tribunales de arbitraje, y para la fundación de la caja de seguros que abarcarán las siguientes secciones: de enfermedades, de vejez, de mortuoria y de jubilación. Art. 15. Consecuentes con los enunciados contenidos en los artículos anteriores acerca del salario, es preciso solicitar la supresión de los Arts. 4 y 5 del decreto legislativo que sobre salarios mínimos cursa en la Cámara de Diputados. Art. 16. Como el obrero es factor importante en la producción de la riqueza, se hace necesario la creación de una caja de seguros para obreros y campesinos, caja que se formará con el 2% progresivo, hasta el 5% que sobre el salario mensual, concederán los patrones para este objeto. La progresión del porcentaje se entenderá así, en el primer año están obligados a conceder el 2%, en el segundo el 3% y así sucesivamente en los años subsiguientes, hasta que quede establecido, de un modo uniforme, el 5% sobre los salarios para la fundación de la Caja de Seguros Obreros. La Caja de Seguros establecerá una sección de ahorro y préstamos obreros. Art. 17. Como precisa que los poderes públicos cooperen al progreso de las industrias nacionales, pedimos: 1. Que el Gobierno contribuya con una cuota especial en el presupuesto para la formación de la Caja de Seguros Obreros, durante 10 años. 2. Que también las municipalidades contribuyan permanentemente para este objeto, con el 5% de sus rentas netas. Art. 18. Los industriales del Ecuador establecerán en sus fábricas, escuelas técnicas y prácticas gratuitas, y emplearán los mejores medios para estimular el estudio y dedicación al trabajo de los obreros industriales y de sus hijos. Art. 19. En toda fábrica debe existir, atenta su capacidad, un médico rentado por el patrono para atención gratuita para sus obreros y familiares. Como existen ciertos trabajos que por su propia naturaleza exigen precauciones para que no se altere la salud

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de los obreros, como en las fábricas de algodón las pelusas, etc., los patronos dotarán de mascarillas u otros implementos capaces de preservar al obrero de enfermedades u otros riesgos. Art. 20. Se nombrará una comisión técnica permanente para que con estudio de las leyes vigentes sobre trabajo y las necesidades generales del obrero, proceda a organizar proyectos de ley que contemplen la estructura más amplia y protectora de los derechos del obrero y los patronos y luego, de existir la ley, vigilen su cumplimiento. Art. 21. Como es constante que cuando se sostiene a almacenes de provisiones, por parte de los dueños de la fábrica, los obreros se creen perjudicados, se prohíbe establecerlos en adelante. Art. 22. Para garantía tanto del obrero como el patrono, se establecerá el carnet obrero, en el cual conste una historia breve de sus actuaciones anteriores. Así mismo se establecerá la ficha sanitaria. Art. 23. Como el indio es un factor muy importante en la agricultura y como hasta hoy no se ha establecido nada práctico que pueda servir para su regeneración económica y moral, se impone como necesidad social, que se adopten las siguientes normas exclusivamente para él: 1. Que se le ilustre y eduque por medio de escuelas especiales, con maestros dignos e ilustrados, para que en un porvenir muy próximo, se incorpore ampliamente a la civilización. 2. Que se le mejore, en lo posible, las condiciones generales de su vida, haciéndole partícipe de los beneficios que la civilización establece, tales como mejores habitaciones, buenos vestidos, higiene pública y privada, recreaciones, etc. 3. Que se haga efectiva la representación funcional del indio en el Congreso, concediendo la elección del senador por la raza indígena a genuinas representaciones de ellos. 4. Que se preparen profesores especiales, expertos en el idioma quichua para que, en cruzada de acercamiento, ilustración y moralización, vayan al indio a traerlo a una mejor vida. Art. 24. Insinuar al Poder Ejecutivo que formule y presente al Legislativo, un proyecto de ley concordante con los verdaderos intereses del obrero y del industrial. Dado en Ambato, a 29 de marzo de 1935. Nota: La secretaría de la comisión informa: que estando ya aprobada por la comisión todos los postulados que se contienen en el informe preinserto, fue presentada por el señor Briones, con el apoyo del señor Chávez, la siguiente moción, que fue aprobada por mayoría. La moción es la siguiente: “La comisión opina que el salario mínimo en la república debe ser de $ 1,50. En casos excepcionales, previa la aceptación del comité de salarios, este mínimo podrá a lo sumo reducirse a un sucre”. Lo que pongo en conocimiento del Congreso de Ambato, marzo 29 de 1935 Alfredo Coloma, A. López Guerra, Vicente Domínguez, L. Chávez, Luis Erazo, Dr. R. Leví, José M. Alemán, Briones, León Hidalgo y M. A. Uquillas”.

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El doctor León Hidalgo pide que se le haga constar entre los firmantes del informe, como miembro de la comisión e inmediatamente lo suscribe. El señor presidente: Verdaderamente no puedo reprimir mi entusiasmo al oír la lectura de este importantísimo informe. Creo yo que él sólo bastaría para dejar el nombre del congreso en el más alto puesto en la historia del movimiento social e industrial ecuatoriano. Me permito pues, como digo, lleno de emoción y sin poderme contener, dar mi voto de aplauso, cordialísimo, sincero y entusiasta a los inteligentes miembros de esta comisión que tan dignamente han sabido cumplir su cometido. Está en consideración el informe. El señor Briones: Con respecto a la nota que acaba de leerse últimamente, quiero hacer una ligera explicación. He sentido mucho que esta nota no haya figurado en el texto mismo del informe, debido a que por la premura de tiempo nos pusimos de acuerdo respecto a ella cuando el informe ya estaba redactado, pero me permito manifestar que los miembros de la comisión hemos dado por aprobado ese punto, que es uno de los principales, por su importancia, de aquéllos que tratará este congreso. Creo imposible que se pueda llegar a hablar de industria y de industrialización si no consideramos una solución para el problema del consumidor. Es preciso señalar el salario mínimo porque eso es precisamente lo que se nos ha pedido. Por tanto, me permito insinuar la conveniencia de que la nota en referencia figure dentro del texto mismo del informe. El señor Coloma. Señor presidente: En nombre de la comisión, ante todo voy a agradecer intensamente las palabras generosas del señor presidente del congreso. La comisión no ha hecho otra cosa que cumplir con su deber y ahora tengo la oportunidad de repetir lo que dije ayer a este respecto; la comisión no ha hecho sino agotar sus esfuerzos en la medida de sus posibilidades para presentar un informe que, como dice alguno de sus acápites, contemplará las aspiraciones generales de todo el Ecuador en este gran problema social. Ahora, entrando a materia, debo decir que el informe, naturalmente, es una historia de todas las discusiones que ha tenido la comisión, en número de tres o cuatro, pasando por momentos de calor unas veces y por momentos de calma en otras; discusiones en las que hemos tenido el gusto de saborear importantísimos conocimientos de todos y cada uno de los miembros de la comisión. Todos estábamos de acuerdo en lo que expresa el informe y muy cerca de concluirlo, como ya teníamos el tiempo avanzado, se propuso la moción del señor Briones que fue apoyada por el señor Chávez. No pudimos ponernos de acuerdo y entonces se sujetó la resolución a votación, obteniendo mayoría dicha moción pues quedamos solamente tres para sostener la tesis contraria, el doctor Uquillas dignísimo secretario de la comisión, el señor López Guerra y el que habla, los tres nos separamos al principio de la moción aprobada por la mayoría, pero no podíamos estar de acuerdo con ella, porque todo el texto del informe aprueba una y mil veces que es necesario reconocer la diferencia de los salarios: salario industrial y salario agrícola, salario de la Sierra y salario de la Costa; distinción que no existe en esa moción. El salario mínimo que se paga al obrero del campo en la Costa me parece que sube de $ 1,50 fijado por la comisión, si nosotros tuviéramos la suerte de

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tener aquí representantes agrícolas, habríamos transado fácil y yo habría preguntado a todo ese grupo de representantes si es posible que el salario agrícola sea igual al salario industrial y si me hubiere contestado afirmativamente, hubiera sido el primero en apoyar la moción. No creo que de ninguna manera pueda ser el salario agrícola al salario industrial; actualmente tenemos que la situación agrícola de todo el país no es de lo mejor, un sinnúmero de circunstancias que se expresan en el informe ha hecho que las cosechas en el país sean malas, los precios generales de las subsistencias muy elevadas; el Gobierno ha tenido momentos de intensa actividad para ver si dictaba la ley de salario mínimo, creyendo de esa manera podría subsanar el problema de las subsistencias, pero los intereses de diversas órdenes, opuestos muchas veces, porque el precio de la subsistencia obedece a una ley inmutable, la de la oferta y la demanda, que hace que si hay gran cantidad de artículos en el mercado el precio baje y si escasean esos artículo, el precio suba, cosa indiscutible, que no podemos negar, ha hecho difícil la expedición de la proyectada ley de salario mínimo. Al mismo tiempo, la situación actual de la industria nacional es buena, quizás sin exageración puede decirse que es boyante; los altos cambios han encarecido notablemente el precio de la mercancía extranjera, al punto que todas las existencias de las fábricas del país, especialmente textiles se han agotado. Ventajosamente nuestro pueblo, nuestro campesino, ha encontrado un recurso admirable en estas fábricas, porque ha podido subsanar la necesidad de sus vestidos, comprando franelas, casinetes, lienzos, pañolones, sempiternos y un sinnúmero de telas que ha podido conseguir a precios más bajos que los similares extranjeros. Una prueba de esto es lo que voy a expresar. En días anteriores se publicó en toda la prensa del país un aviso de la Casa Jijón, una de las principales fabricantes textiles del país, a más de las establecidas en Amaguaña y Guayaquil, las mismas que estaban en liquidación, porque toda la producción de la fábrica estaba vendida. Esto da la medida de que la industria nacional está pasando por un tiempo admirable que les deja muy buenas utilidades y de ello están muy contentos y satisfechos todos los ecuatorianos, porque eso redunda en mejora económica del país y de la balanza de pago. Seré infatigable en decir que es deber de todos los ecuatorianos apoyar la industria nacional porque es la única manera como puede progresar el país. Si no se favorece la industria nacional, nunca podemos mejorar. Al mismo tiempo y como consecuencia de todo lo que acabo de manifestar respecto a la industria, tengo forzosamente que contemplar que esa utilidad es necesario repartirla de algún modo. La historia nos está enseñando repetidamente que mientras el obrero no sea amigo del fabricante e industrial, será su enemigo. En el seno de la comisión muchísimas veces he manifestado la necesidad de hacer partícipe al obrero de las utilidades líquidas de las empresas, en alguna forma; estamos atravesando un período de profundas renovaciones, de amplia civilización, que exige pulir, por decirlo así, las asperezas del actual orden de cosas. Si hablamos de democracia, si estamos diciendo a menudo que el pueblo es soberano, que la república existe, que la libertad impera, ¿por qué vamos a postergar por más tiempo el bienestar de los pueblos? Este congreso de industriales debe sentar las bases en las cuales se sustente este gran edificio del engrandecimiento nacional. Yo creo, señores representantes, que todos habéis venido empapados del sentimiento de la más grande solidaridad y por lo mismo, quiero que 297


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seáis vosotros los que dejéis la primera piedra de este gran edificio, tal como un grano de mostaza forma luego una fronda corpulenta. Quisiera, pues, que Ambato, que ha tenido la suerte de albergar en su seno a tan distinguidos representantes, Ambato atalaya de la libertad, cuna de Montalvo, de aquel hombre que sacrificó su vida para salvar la doctrina, para salvar la democracia, tuviera un templo donde se elevara un trono a la justicia, a esa justicia a quien Augusto levantó un templo colocando en una mano el cuerno de la abundancia y en la otra la balanza; entonces todos nos miraremos en ese espejo para hacer justicia a nuestros colaboradores. Me reservo el uso de la palabra, como presidente de la comisión, para volver hablar cuando sea tiempo. El señor Buenaventura. Señor presidente: Felicito muy efusivamente al señor Coloma por su acertada exposición. Efectivamente, el salario no puede ser común para la industria y para la agricultura porque esta última no puede soportar salarios tan altos como aquélla. Debe pues contemplarse salarios distintos para una y otra. El señor Chávez. Señor presidente: Reitero los agradecimientos más efusivos por mi parte, haciéndome eco también, como lo hizo mi distinguido compañero de comisión, el señor Coloma, de las palabras benévolas que el señor presidente se sirvió expresar a la comisión. Efectivamente, ninguna de las comisiones ha tenido que abordar un problema tan difícil, tan complejo y tan arduo como el que ha abordado la Comisión de Salario Mínimo Obrero. El hecho mismo de que al terminar el informe aparezca una nota en la que se hace constar una moción que aparentemente cambia el sentido del informe y aparentemente también está en desacuerdo fundamental con el informe, dará la medida del gran conflicto que se suscitó en la comisión, no digo entre un miembro y otro de la misma, digo más, dentro de la conciencia de cada uno de los que integraron esa comisión, lo confieso paladinamente: un día hemos pensado de distinta manera que otro día y al siguiente, hemos pensado en una forma nueva, pero sólo que de día en día hemos ido dando pasos hacia delante, buscando la manera de mejorar el bienestar del obrero. Ésta es la razón de ser de la última moción. Esa moción significa la superación de nuestro esfuerzo, muy comprensible por lo mismo, que hayamos llegado a esa conclusión después de haber consignado en el informe una serie de postulados que, como decía antes, parecen estar en desacuerdo con la resolución final, pero mantenemos firmemente con toda tenacidad de nuestras almas y de nuestros espíritus, el derecho que tiene el obrero a elevar sus condiciones de miseria en que hoy se encuentra. El congreso de industriales se ha preocupado de una manera eficaz de mejorar la situación de las industrias del país, todos los medios, todos los recursos, todas las insinuaciones que se hacen a los poderes públicos, según las mociones aprobadas, tienden a incrementar el desarrollo industrial. Me imagino para después de cuatro o cinco años una industria brillante, espléndida, una industria que abastezca a todos los sectores de la patria, una industria que pueda ofrecer a los dos, tres o cuatro millones de habitantes todo cuanto ha menester al hombre culto, al hombre civilizado; perome imagino, al mismo tiempo, que esa misma industria después de uno, dos o tres años va a ahorcarse ella misma porque no ha preparado también al consumo de esos artículos que están produciendo. Si por un lado se incrementa la producción y por otra parte no

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se mejora la condición económica del pueblo, que son dos comisiones que deben estar íntimamente relacionados al tratarse del desarrollo industrial, no es posible comprender que un país como el nuestro que tiene tres millones de habitantes, apenas tenga 500 mil consumidores, o sea la sexta parte de los habitantes del país; eso no es concebible en ninguna parte del mundo. Debe, por tanto, atenderse en primer lugar al desarrollo económico del pueblo; más de 100.000 obreros hay en la república que se dedican a la industria, más de 100.000 hombres, pues, que incrementan una riqueza que no va a gozar nadie. ¿Quién va a gozar de ese desarrollo industrial? ¿Tenemos posibilidades de exportar? ¿Es posible que el Ecuador compita con estos vecinos o mas aún, con países europeos para poder colocar el rendimiento de nuestra industria? De ninguna manera, señor presidente, por tanto, esa producción está muerta de antemano y si hoy vemos que las fábricas de tejidos, por ejemplo, trabajando 24 horas al día no tienen todavía artículos que vender, esto es muy explicable por el cambio demasiado alto, por las restricciones a la importación que son factores que impiden la importación, factores que facilitan la colocación de los artículos que produce la industria nacional. Por otra parte, con mucha razón el señor Coloma nos ha hablado de la imposibilidad de someter a la agricultura al salario mínimo que se fija en la moción; yo comprendo que es muy razonable todo lo dicho por el señor Coloma al respecto, pero por otra parte, hemos de tomar en cuenta que la misma moción contempla la posibilidad de reducir el salario de $ 1,50 al mínimo absoluto de $ 1.00, pues dice allí: “pero previa la aceptación del Consejo de Salarios, el salario de $ 1.50, en caso excepcional, podrá reducirse a $ 1.00”. Hay, en consecuencia, una válvula de seguridad para la agricultura. El agricultor, además del salario que da al obrero agrícola, le ayuda también con una parcela de tierra de donde el indio, cultivándola, puede obtener un porcentaje apreciable de lo que corresponde a sus gastos; la hacienda suministra a los peones auxilios frecuentes, ya en dinero, ya en especies; auxilios que, seguramente, en caso de implantarse ese salario mínimo, no se lo repartiría con la misma generosidad con que se los reparten algunas haciendas. Por otra parte, el desarrollo económico del pueblo ha de permitir a la agricultura una amplia colocación de los productos; ya no ocurrirá lo que ocurre en los trojes la cantidad de maíz reunido durante el año, la cantidad de patatas cosechadas en una sementera se pudre porque no hay consumo, porque no hay consumidores, porque no hay dinero para comprar. Se habla en el proyecto de incrementar la educación del campesino, del indio y del obrero; yo no concibo cómo se puede tener hombres libres si es que en primer lugar no se establece la independencia económica que es la primera independencia que se debe buscar para los ecuatorianos. Educar al indio, mejorar la situación cultural del campesino, problemas son que no se han de resolver si, en primer lugar, el hombre no tiene lo indispensable para la vida; porque otra cosa sería incrementar el número de parías, de parías ilustres que vamos a tener en el país. No es concebible eso, pero, de no haberse asegurado el respaldo económico, ¿qué es lo que se va a enseñar en esas escuelas? ¿Se va a enseñar a sufrir resignadamente la miseria para toda la vida? ¿Se va a enseñar a soportar la miseria permanente?

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El doctor Cabrera. Señor presidente: Aplaudiendo de corazón el magnífico informe que se ha presentado y refiriéndome especialmente a las palabras muy acertadas del señor Coloma, quien nos ha manifestado que las industrias están en una situación brillante y en capacidad de repartir sus ganancias entre los obreros dedicados a ella, debo decir que, aplaudiendo, repito las palabras del señor Coloma me ha llamado grandemente la atención que se quiera hacer abstracción completa de otro obrero, del otro factor importantísimo de la civilización y de adelanto de los pueblos, del obrero en los campos, del campesino y del indio. No es posible que releguemos al olvido al obrero del campo por no poderlo poner en el mismo nivel que el obrero de la ciudad, que el obrero industrial; continuando con las palabras pronunciadas por el señor presidente de la Cámara de Comercio de Quito, don Leopoldo Chávez, quiero decir que si seguimos nosotros en una progresión ascendente en el mejoramiento del trabajador industrial, debemos también tener en cuenta al otro obrero infeliz para quien los señores del Consejo Provincial de Pichincha han dicho que es imposible fijar un salario mínimo. Creo que en una amplia comprensión de palabras dichas de corazón, podemos afirmar que nada es imposible; en efecto, creo que si bien el salario mínimo no puede ser el mismo en la Costa que en la Sierra, ese salario se debe fijar haciendo las debidas diferencias para una y otra región. Creo así mismo que no cabe un salario igual entre el obrero industrial y el agrícola, pero no debemos admitir la palabra imposibilidad, imposibilidad para ayudar a nuestros hermanos, para levantar el nivel de los que trabajan y sudan con nosotros y por nosotros, para hacer que obtengamos los frutos óptimos de la tierra, no sólo para el enriquecimiento de los llamados agricultores opulentos, sino par el abastecimiento de las necesidades humanas de todos los ecuatorianos. Es pues, preciso tener en cuenta que el obrero del campo, el indígena como el campesino, debe tener también su miramiento, que debemos ver por su progreso. En el magnífico informe de la comisión se dice que no debe ser uno mismo el salario del que trabaja en las industrias de la Costa que el de aquel que trabaja en las industrias de la Sierra, mas, del campesino, del indígena, no se trata nada. Se dice simplemente que la agricultura está en malas condiciones. Creo que tal vez es una especie de equivocación de creer que la agricultura en los últimos años no ha estado en situación boyante; pero la verdad es que sí ha estado en buena situación, porque sus productos se han vendido a precios elevados, entiendo que me refiero a la Sierra que es lo de lo que conozco. Así, por ejemplo, las patatas que en años pasados costaban 2 o 3 sucres el quintal, últimamente se han vendido a 8 a 10 y a 12 sucres. En buena hora que esto sea así, si ello significa el adelanto de la agricultura y las industrias, pero por justicia debe compartirse esa utilidad con los hombres, que con el sudor de su frente, con su vida misma, dedicados al trabajo y a las labores de campo hacen el enriquecimiento de los llamados grandes agricultores. Si no estoy equivocado, el señor Coloma dijo que las industrias deben hacer un reparto de las grandes ganancias, sí estoy conforme con ello, pero sostengo también que los grandes agricultores deben hacer igual cosa, para que no ocurra como hoy que el indio, el campesino, que es realmente el que trabaja, no tiene un pedazo de género con que cubrir su desnudez. Yo ruego que se me crea que no estoy hablando en esta forma para merecerme aplausos, todo esto lo estoy diciendo de manera franca, no quiero alabanzas, sólo quiero hablar la verdad. Éste es el primer congreso de 300


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industriales de la república y quiero que él haga obra provechosa. El señor Coloma nos ha hablado que en la tierra libertaria de Montalvo deben hacerse grandes ideas; mis ideas son pequeñas, pero quiero el engrandecimiento del infeliz, tanto en la ciudad como en el campo, como de la región más apartada y pido que no nos olvidemos ni por un momento al obrero, al campesino, al indio, quienes por el encarecimiento actual de las telas, causado por las restricciones aduaneras para proteger la industria nacional, porque las industrias deben ser protegidas, si bien con límite, han llegado al caso de no tener cómo poder cubrir sus carnes. En Quito, al menos, hay personas que pasan el año entero encerradas en sus casas sin tener con qué cubrir sus cuerpos; hay individuos que salen a mendigar porque no tienen dinero para hacerse camisas, pues los géneros han subido desmedidamente, de allí sostengo que si bien las industrias deben ser protegidas como lo están actualmente, en forma suficiente, esa protección no debe llegar a puntos tales que, no pudiendo entrar la mercadería extranjera, llega el caso en que el precio del artículo nacional no da para que el hombre infeliz, el hombre menesteroso, pueda adquirir un pedazo de género para cubrir las desnudeces de sus hijos. En esta parte de su exposición, es interrumpido por el señor presidente, en los siguientes términos: Señor secretario, que conste en el acta estas palabras dichas por un representante de la Cámara de Comercio de Quito. Y yo protesto por ciertas apreciaciones completamente falsas del honorable que está en uso de la palabra. Como presidente de la Sociedad Industrial La Internacional, puedo probar con números la falsedad de esos términos en el momento que los delegados quieran que esas pruebas se presenten, las podría presentar porque aquí tengo los estatutos de esa empresa industrial, más o menos semejantes a las de otras industrias textiles del Ecuador, en la que no se trabaja para que el pueblo esté desnudo, sino todo lo contrario, para facilitar al pueblo el que pueda vestirse, no abusando de su miseria sino procurando cubrir esa miseria; basta con que se lea esa cantidad que se destina gratuitamente para los obreros. Me es grato manifestar que por artículo de los estatutos esta institución industrial y esto lo digo para salir por los fueros del Congreso de Industriales que tienen obligación de repartir, y reparto de hecho el 5% de las utilidades para pagos de desahucios o gratificaciones a empleados y un 5% más para fondo de trabajadores, con los cuales los trabajadores y empleados de La Internacional de Quito han podido comprar ya dos grandes parcelas de terrenos y comenzar la edificación de casas propias. Quiero que quede constancia de esto porque se trata del congreso de industriales y me ha dolido verdaderamente escuchar las palabras del doctor Cabrera. El doctor Cabrera prosigue su discurso así: Señor presidente: En prueba de mi aserto voy a relatar en pocas palabras un incidente. Era el mes de diciembre del año que acaba de terminar y nosotros, los de la Cámara de Comercio de Quito a la que me es muy honroso pertenecer, habíamos visto la miseria en que viven muchos infelices niños de la ciudad; el presidente de nuestra institución, uno de los mayores protectores de la infancia y quien dedica toda su renta para dar de comer diariamente a los niños infelices de establecimientos educativos sugirió la idea

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de hacer una colecta para vestir a unos mil niños pobres, de los muchos que andan sin vestido por las calles de Quito, El señor presidente, interrumpiendo el discurso del doctor Cabrera le dice: Diga el doctor Cabrera cómo respondieron los industriales a ese llamamiento. El doctor Cabrera prosigue su discurso así: Señor presidente: El señor Presidente de la Cámara de Comercio para ayudar a realizar esta magnífica idea sacó su chequera y extendió un cheque por $ 500 en beneficio de esos niños infelices, luego comenzamos la colecta y en cinco minutos, entre las pocas personas de la misma cámara reunimos $ 2.500. Al día siguiente se puso en movimiento la comisión que debía recolectar los fondos, compuesta por el presidente de la cámara, el señor Aurelio Andino, el señor Gonzalo González y el que habla. Fuimos donde diversos señores como don Luis Hernández, quien nos dio $ 500, don Ramón González Artigas, quien nos dio $ 1.000, don Jacinto Jijón quien nos dio igual cantidad, la fábrica La Internacional también $ 1.000, etc. Y así fue como en pocos días reunimos $ 28.000 con los cuales nos pusimos a hacer cálculos para vestir a 1.500 niños, dándoles a cada uno un par de zapatos, medias y vestido completo, cosa que en efecto lo hicimos. A esto se deben mis palabras anteriores, que las he dicho no para ofender a nadie sino, antes bien, para encomiar, para poner en alto las virtudes que adornan a los industriales de Quito, pero digo que esa ayuda no es suficiente, que debemos tener un rasgo más de benevolencia, de caballerosidad, para con los pobres obreros que son humanos, como nosotros, y no tienen con qué cubrir sus carnes ni las de sus familias, especialmente tratándose de los campesinos. Yo no ofendo, digo la verdad, pero si se cree que con estas palabras ofendo a los terratenientes, a los capitalistas, a los dueños de grandes industrias, que venga en buena hora la maldición para el doctor Cabrera. El señor Coloma. Señor presidente: Empiezo pidiendo al doctor Cabrera que para refutar un discurso se fije bien en lo que oye. Probablemente yo no me expliqué bien cuando él no me ha comprendido. El doctor Cabrera empezó diciendo que yo hacía abstracción del indio, pero en ningún momento puede decirse semejante cosa y apelo al señor Chávez, quien, en una discusión que tuvimos en el seno de la comisión, pidió para mí un voto de aplauso diciendo que nadie había enfocado mejor que yo el problema del indio. Por modestia, quizás, el doctor Cabrera dijo que tenia ideas pequeñas respecto a estos asuntos, y en contraposición, sin modestia, diré que tengo ideas muy grandes en el aspecto social, tan grandes que en el seno de la comisión he dicho que el 10, el 20%, etc., de la utilidad de toda empresa industrial, agrícola, etc., debe ser repartida entre los obreros y llegué a decir, en un momento, que si en la vida necesitamos todos para subsistir, cosa que es la suprema ley, pues repartámoslo todo por igual. El doctor Uquillas. Señor presidente: Después de los luminosos discursos que de parte y parte se han presentado, tanto de los que defienden la un ponencia como la otra, puedo afirmar de una manera concreta que unos y otros están en un solo corazón y como muy bien dijo el señor Chávez, hay sólo una aparente contradicción. Efectivamente, ¿qué piden los unos? Los unos no desean despojar al obrero y mermarle el jornal, al contrario,

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desean que el jornal o salario dependa de un sinnúmero de circunstancias, tales como por ejemplo, el número de hijos que tiene, esto es, que si un obrero tiene numerosos hijos, ha de gozar de un salario que le alcance para satisfacer todas las necesidades de su hogar, pero la comisión dice científicamente: no es posible fijar el salario mínimo, con lo cual no quiere decir, vamos a poner al obrero el último de los salarios, si no al contrario, vamos a levantarle el nivel muy arriba, vamos a darle un jornal adecuado a la situación que padece, en relación a la cantidad de hijos que tiene y el esfuerzo que realiza. Todas estas consideraciones son las que debe tomar en cuenta la comisión respectiva, en cada localidad, para señalar el salario mínimo. Hemos dicho los de la comisión que el salario mínimo no se puede señalar a priori, ni podemos decir: $ 1 para satisfacer las necesidades de todos los obreros porque $ 1 de jornal, en el día, significa una cantidad irrisoria, con la que no puede subsistir un obrero en ninguna forma; al contrario, deseamos que los salarios sean fijados de acuerdo con las circunstancias y con las necesidades del obrero. Estamos en un solo corazón con el doctor Cabrera en que es preciso atender a las necesidades y por eso no hemos querido fijar un salario mínimo. En cuanto a que el salario no debe ser el mismo para la Costa que para la Sierra, enuncio de manera terminante que las necesidades de una y otra región son distintas, por lo mismo esa moción que engloba en un solo salario a los obreros todos, tanto de la Costa como de la Sierra y tanto los industriales como los campesinos, no es aceptable. Nosotros, los de la comisión, hemos enunciado que sólo queremos sentar normas porque la ciencia no permite otra cosa. Se ha dicho por el doctor Cabrera que se debe buscar el bienestar del obrero, para esto es precisamente lo que la comisión enuncia en cada párrafo de su informe y por eso queremos que se establezca en banco para el obrero, que se le de toda clase de consideraciones, que el salario se fije de común acuerdo entre obreros y patronos y que para eso tengan los hombres llamados a regular esos salarios, normas fijas, de manera que no queden al arbitrio del patrón y por eso dejamos ésta en manos de una comisión llamada comisión de salarios, encargada de ejercer la vigilancia del caso. Esta comisión atenderá a todas las condiciones del salario, compuesta de dos representantes obreros, de dos representantes de los patronos, para que haya equilibrio y un representante de la autoridad pública . La finalidad, pues, de los miembros de la comisión, al querer que se deje sin establecer el salario mínimo, es una conclusión científica, que persigue que la prosperidad del obrero sea efectiva, dejando que el salario sea elástico, como toda mercadería que está sujeta a oferta y demanda; pero también los miembros de la comisión buscamos que se levante el nivel del obrero y procuramos que el salario sea lo más alto posible. El señor Chávez anunció también que si no se fija salario mínimo, las mismas empresas industriales van a ahorcarse a sí mismas, por sus propias manos, ¿Por qué se van a ahorcar las empresas? ¿Por qué no se señala el salario mínimo? Al revés, tengo la evidencia de que las empresas se ahorcarían con salario mínimo. Voy a explicarme, si hay una ley que determina que el salario debe ser tal o cual, entonces a esa ley se atendrían todos; pero si hay una ley que dice que no se puede determinar el salario mínimo sino que este dependerá de tales o cuales circunstancias, entonces el obrero dirá, mis circunstancias son de tal o cual naturaleza, hoy se necesita más para la vida, es justo que reclame que suba el jornal. Esto va a pasar con dejar abierto el campo 303


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de manera científica para que puedan señalarse los salarios por las comisiones, no se van ha ahorcar las empresas, sino van a levantarse, porque los jornaleros comprenderán que aumentando las ganancias de las empresas, tendrán derecho para que se les suban los jornales, para pedir mayor cantidad de renta, de manera que con salario mínimo específico estarán más bien ahorcándose las industrias. El señor Chávez ha declarado algo más, el obrero agrícola goza de parcela, el industrial reparte beneficios a sus obreros y aún ha agregado algo más, que la fijación del salario mínimo será la causa del desastre de los obreros porque los industriales se acogerán a la ley, cumplirán lo que es imperativo y entonces no dejarán más salario que aquél que les obliga la ley, en cambio que dejando que el salario tenga la elasticidad que debe tener, entonces puede prosperar la industria porque una industria floreciente se interesará en que salgan sus productos a la circulación para consumirse, de modo, que considerará mayores jornales para que puedan venderse mayor número de mercaderías a los obreros. Juzgo, como juzgaba el señor Chávez, que hay una simple aparente contradicción entre estos dos postulados, uno de ellos que fue aprobado en una sesión en la que se encontraba el señor Chávez, por unanimidad, se dice que no es posible establecer a priori, sin consideración alguna, el salario mínimo, en tanto que en el otro se dice establecemos el salario mínimo de $ 1.50 para toda clase de obreros. Digo que hay aparentemente contradicción, porque en realidad, el salario está perfectamente definido por los moldes que se determinan en ese último proyecto, que establecen la forma cómo se ha de determinar el salario, lo cual es mucho más amplio que eso de decir $ 1,50. Ahora bien, tratándose de una cantidad fija como salario sin hacer distintas divisiones para obreros agrícolas, industriales, de taller, etc., me parece a mí que es completamente injusto porque son completamente diversas las condiciones en que se encuentra cada uno de los obreros, de modo que habría que fijar distintos tipos de salario según la capacidad, el trabajo, etc., de los obreros. Esas normas son las que ha querido la comisión señalarlas, en el deseo de procurar mejores condiciones para el obrero. El señor presidente encarga la presidencia al vicepresidente señor Jouvín Arce y dice: Señor presidente: He querido tomar parte en la discusión, pura y exclusivamente para aclarar ciertos conceptos. Lleno de entusiasmo aplaudí el magistral estudio que la comisión ha hecho acerca del problema obrero, problema que ha sido una de las preocupaciones grandes de mi vida; desde que era muchacho me he preocupado por las condiciones del obrero y he procurado por todos los medios, estudiar serenamente la manera de levantar el nivel de la clase trabajadora. Permítaseme que haga un recuerdo personal, casi desde mi niñez. La primera asociación a la cual pertenecí fue el Centro Católico de Obreros, en el cual había un círculo auxiliar de obreros al que consagré todas mis energías y entusiasmo en esa primera edad. Quiero manifestar que yo habría sido el más entusiasta de los delegados porque se fije un salario mínimo, si hubiera comprendido que esto era posible, porque sería defraudar los intereses de los mismos obreros, a él se acogerían muchos capitalistas, a él se acogerían muchos industriales, comerciantes y agricultores también para, apoyándose en la ley, negar un justo salario. No podemos, pues, señalar un salario mínimo uniforme para toda la república, tenemos

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que considerar las diferencias que existen, relacionadas con el medio geográfico, con las necesidades del obrero, con la industria, arte u oficio que desarrolle. Así por ejemplo, un salario de $ 1,50 para un obrero industrial me parece absolutamente imposible. Hablo de lo que sé, me refiero, pues, a la fábrica La Internacional en la cual el mínimo salario es el de $ 2,50, habiendo obreros que perciben hasta $ 40 semanales y no puede ser de otra manera, porque el trabajo rudo y constante tiene que ser remunerado convenientemente ¿Cómo vamos a señalar nosotros un salario mínimo para que mañana venga un director, un gerente de esa fábrica y apoyándose en la ley, en lo estatuido como mínimo de jornal, quiera hacer rebajas para acrecentar las utilidades de la fábrica? No, señor presidente, yo creo que debemos dejar elasticidad, que debemos organizar la defensa del obrero como henos organizado la constitución de las cámaras de comercio, como hemos tratado de organizar el banco industrial para el desarrollo de la industria, de la agricultura y el comercio en el país. Esto es todo cuanto quería decir. Al término de su discurso reasume la presidencia. El doctor León Hidalgo. Señor presidente: Como miembro integrante de la comisión que ha tratado tan vasto punto, quiero ahondar en breves palabras, un poco más sobre el tópico que se está tratando. Dos aspectos fueron tomados muy en cuenta para el desarrollo de la moción que se discute. El primero, es el aspecto humano, y el segundo el social; uno y otro ampliamente discutidos, uno y otro perfectamente definidos, en primer lugar por el señor presidente del congreso, en quien tengo que reconocer en estos momentos su alto valor moral y sus altas concepciones humanitarias a favor del obrero industrial y campesino. En el aspecto humano hay que considerar al hombre como factor; analicemos este punto bajo un principio de realidad social y veamos el hogar del obrero, analicemos sus medios de subsistencia, examinemos el techo bajo el cual habita, estudiemos cómo vive nuestro campesino, no digo el indio, porque para hablar del indio, parodiando el excelso Montalvo, habría que llorar sangre para con esa tinta escribir la historia del indio; quiero hacer, simplemente, la historia del campesino, en su manera de vivir, sin ventilación, en casas desprovistas de ventanas, sin luz suficiente, en convivencia repugnante con animales que cría bajo su propio techo. ¿El campesino usa colchón? ¿Cobijas? Tampoco. Apenas unos pocos andrajos que le sirven para abrigar su cuerpo, de allí que busque el abrigo del fogón muchas veces, percibiendo gases o ácido carbónico que mengua su salud. En cuanto a los medios de subsistencia, los medios de alimentación, podemos decir que el pobre indio, el pobre campesino, no tiene la cantidad de vitaminas suficientes, no come grasa ni carnes, un poco de arroz, un poco de harina de cebada y granos, he allí su alimento cotidiano. ¿Cómo se quiere que un hombre con este régimen de alimentación tenga las energías suficientes para abrir el surco de la prolífica tierra ecuatoriana para darnos las riquezas que ella es capaz de producir? Como corolario del aspecto que acabo de estudiar, podríamos sacar conclusiones sociológicas y biológicas; entre éstas últimas podríamos enumerar el hecho de la falta de alimentación racional, higiénica de nuestro campesino. No quiero hablar de la higiene sí de que esa alimentación no es suficiente para que esos hombres puedan desarrollar la cantidad de energías necesarias para la ardua tarea que realizan diariamente en su

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pesada y heroica faena. Si hemos venido a cristalizar, a enfocar un estudio no genérico sino sintético, debemos ir a la célula humana, que está en todas las esferas de actividad, aún en los más lejanos ámbitos de la patria. Actualmente la sociología estudia con altísima razón y justicia la fisiocracia o sea la contextura fisiológica de las democracias, comparativamente con lo que estudia la medicina bajo el nombre de fisiología o sea la contextura del organismo humano. ¿Cómo vamos a pedir que una célula indígena produzca energías cuando su organismo no ha llenado las necesidades biológicas vitales? El anhelo que palpita en este congreso se ha concretado a fomentar las industrias, ya que, como es natural, esta asamblea por su naturaleza misma está en el deber de velar por la prosperidad de las industrias nacionales, procurando formar otras entidades industriales, que elaboren nuevos productos, pero, ¿cómo vamos a producir mayores productos si no tenemos quien consuma? La base de la producción debe ser la capacidad económica de los consumidores, pero si éstos no tienen capacidad económica suficiente, ¿con qué van a comprar? El fomento del consumo, de allí otro factor primo para el progreso industrial, pero ¿cómo vamos a buscar el progreso del consumo si tenemos hoy en la abyección y miseria más grande a uno de los factores más numerosos en el Ecuador y que en mayor cantidad debería consumir el indio? Me permitiré volver a decir que el indio no conoce las necesidades utilitarias vitales ni siquiera las necesidades de la más rudimentaria comodidad, no necesita del vaso, ahí tiene su mate para tonar agua o leche, tampoco necesita de la cuchara o el plato. Hablo en lo genérico. Vamos ahora al obrero, también vive alejado de la civilización a que han llegado las otras capas de la estructura social ecuatoriana. Yo no estoy defendiendo a la gran producción ni a las grandes instituciones fabriles con que cuenta el país, voy a relatar simplemente la crisis absoluta, enorme, que está padeciendo el pequeño industrial, el pequeño manufacturero, el buen hombre de nuestro pueblo que sabe hacer sus cosas necesarias para el vestido y que constituyen un 70% de nuestra población ecuatoriana. En este momento ingresan al salón de sesiones el Gobernador de la Provincia y el diputado por la misma, doctor Guillermo S. Cisneros, quienes son invitados por el señor presidente para tomar asiento junto a la mesa directiva. El doctor León Hidalgo, continua: Uno de los días anteriores a mi venida aquí como delegado de Chimborazo fui a Guano, un pueblo que como todos ustedes saben, es eminentemente fabril en sus aspectos manuales, quise ir a auscultar sus anhelos para traer a este congreso mis expresiones de la propia realidad. Empecé a investigar cuáles eran sus principales industrias y comencé por examinar la industria de tejidos de lana. Allí se hacen alfombras que todos conocemos, se hacen ponchos, cobijas, etc., pues, me informé que hoy la producción de estos artículos, especialmente la de bayetas en Guano, es de 60.000 varas mensuales, mediante 500 telares en los que trabajan 1.500 tejedores, número respetable; por tanto, como son 12 meses los que tiene el año, la producción anual es de 720.000 varas, pero no obstante lo apreciable de esta cifra, los guaneños me manifestaron que hasta hace dos años producían 90.000 varas mensuales las cuales ascendían en el año a un millón y pico de varas de bayeta que producían más de $ 3’000.000 a ese pueblo, digno de mejor suerte. Hoy, como es natural, la curva de

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producción fabril de este pueblo ha descendido a un extremo francamente espantoso, porque la miseria y la necesidad están haciendo presa de esta población. Otro punto que investigué fue la industria de zapatos; sin exageración se puede decir que por el lugar por donde uno pasa se encuentra un zapatero, el gremio de zapateros que se encontraba presente me habló de que hasta hace dos años el gremio contaba con mil operarios y hoy apenas cuentan con 200 zapateros. Pero hágame el favor de decir ¿cuál es la causa para esta disminución? Me expresaron que el comercio de ventas había disminuido, en un porcentaje infinito, sin contar con el fenómeno que están experimentando, tanto los bayeteros, como los zapateros, por falta de exportación a los mercados de Colombia. Los zapateros expresaron que tampoco su industria manufacturera estaba en buen pie, debido a que todo el mundo hacía poner dos y tres medias suelas a sus zapatos, de modo que el que antes compraba dos y tres pares anuales, ahora sólo compra un par cada año o cada dos años. Para concluir, debo sentar la conclusión de que hay que pensar que sin aumentar la capacidad adquisitiva de la mayoría de los ecuatorianos no podría haber verdadero resurgimiento de las industrias. Aclaro nuevamente que no he defendido en este instante las grandes industrias ni a quienes están vinculados con los grandes capitales, he defendido la pequeña industria, al pobre industrial, al humilde manufacturero. El señor Cuesta. Señor presidente: Con hondo entusiasmo he tenido la ocasión de oír el informe presentado por la Comisión de Salario Mínimo y Asuntos Sociales. Nada más justo que estudiar la fibra más honda de la economía nacional constituida por las masas obreras y ciudadanas. Soy pequeño industrial que ayer nomás estuvo en la situación de obrero, soy un industrial tan pequeño como el que más y he podido saborear lo que es el hambre y la necesidad de esos obreros porque con ellos he estado siempre; siempre he estado a lado de ellos saboreando el amargo pan elaborado con el sudor de sus frentes. Y así como soy tan pequeño ahora y lo fui ayer, quiero sacar de las fibras más íntimas de mi alma, de mi corazón y mi conciencia, los sentimientos que allí guardo para tratar este problema con cuyo estudio y resolución del congreso de industriales va a verificar mañana y a representar un motivo de honor y engrandecimiento para la patria. Dije que soy un pequeño industrial y esa es la verdad: soy el último de los representantes de la industria de la república, soy el más pequeño, pero tal vez uno de los más comprensivos y de más generosos sentimientos en cuanto al problema social. Evidentemente, el obrero industrial, al que me voy a referir ahora, debe estar colocado en un nivelo más alto de cultura, de educación y de vida. El obrero debe ser estimulado con un mejor salario, con una mejor remuneración ¿por qué? Porque la situación misma del cambio actual de la moneda hace que las necesidades de los obreros sean mayores y para que puedan atender esas necesidades es preciso que los obreros dispongan de la mayor remuneración. No se vaya a pensar que porque nosotros somos industriales tratamos de extorsionar al pueblo que nos ayuda a levantar el edificio reconstructivo de la patria; por lo mismo que en nuestro corazón existen principios de humanidad amplia y por lo mismo que tenemos en nuestras cabezas bellas ideas de renovación social, estamos listos en todo momento para auscultar las necesidades de esos hombres que, como digo, nos ayudan a levantar

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el edificio de la patria y procurar su mejoramiento dándoles mayor educación, mejor vestido y alimentación y aún, si cabe, un poco de ilustración y no sólo un poco sino todo lo que sea posible. Tanto las pequeñas como las grandes industrias van incrementándose y aumentando sus posibilidades económicas, deben también ensanchar su acción social hasta el extremo de considerar que las masas sociales obreras tienen pleno derecho a colocarse en el mismo nivel a todos los ciudadanos cultos y conscientes, porque si esos obreros son tan humanos como nosotros, ¿por qué no ha de llegar un momento en que levantado el nivel de esas masas puedan llegar a formar parte del gran concierto civilizado? Si los ecuatorianos, con su riqueza, tratamos de levantar el edificio de la patria hagamos un templo y vayamos a ese templo, tanto patronos como obreros, a depositar nuestros corazones ampliamente comprensivos, tanto los unos como los otros, para que lo que hoy se pretende hacer mediante la revolución se haga mediante una renovación, renovación de principios y hechos; y para ello habría que aliar al capital con el trabajo, en forma armónica. Si ha llegado el momento de que nosotros los industriales, que manejamos el capital y las ideas, mediante la cooperación misma del obrerismo, actuemos, pues entremos a actuar inmediatamente pidiendo a grandes voces de los poderes públicos que se consulte una mejor situación para el obrero, que es lo que nosotros deseamos con plena sinceridad. Es pues preciso que llegue el momento de la sinceridad más amplia y que cultivemos la simpatía por el capital de parte del obrero, a fin de que éste comprenda que somos sus hermanos, listos siempre, no a defraudar sus esperanzas sino a satisfacerlos en cuanto tienen derecho, ayudándolos para que se levanten al mismo nivel en que estamos colocados. Deseo, pues, que hagamos un llamamiento a los poderes públicos para que estos atiendan nuestro clamor de que se contemple una mejor situación para el obrero, para el pueblo que trabaja, para el pueblo que da lustre a la ciudadanía. Hace un momento se habló de la generosidad de los industriales, nosotros tenemos una industria pequeña, pero al tiempo que es pequeña, en el cuerpo directivo de esa empresa estamos hombres de corazón y comprensivos, hombres que nos sabemos dar cuenta del dolor humano, del dolor de muchos infelices que se han acercado a las puertas de nuestra fábrica a solicitarnos alguna ayuda, sin que hayamos jamás cerrado esa puerta, porque comprendemos que el pueblo necesita vivir y no sólo hay que darle algo sino todo lo que se le puede dar. Ocasión he tenido en que por medio de entidades respetables como la Dirección de Estudios de Tungurahua, sin que me lo hayan solicitado, he envidado una pequeña ayuda a los niños que se educan en los planteles públicos y que carecen de recursos económicos suficientes; ha sido ciertamente pequeño nuestro contingente, pero ello se ha debido a que no nos ha sido posible dar más porque nuestras fuerzas no nos lo permiten, pero estoy seguro de que la aspiración de la industria ecuatoriana toda, al igual que la nuestra, es la de que una vez llegado un estado de prosperidad, con el corazón en la mano, estaremos listos a ayudar a la masa obrera en todo lo que necesite; nuestra protección sería amplia a favor del pueblo, porque el pueblo constituye la grandeza de la patria y debemos unirnos en cúmulo de efectos para ser hermanos todos, tendiendo siempre a levantar el nivel de las masas obreras.

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El doctor Leví. Señor presidente: Por motivos ajenos a mi voluntad no he podido asistir a la redacción del estatuto de obreros y siento mucho que así haya ocurrido, porque he visto que al final se ha agregado una moción que está en desacuerdo con todo lo que se había tratado al respecto, en los días anteriores. Estoy muy agradecido de los miembros de la comisión por la forma benevolente en que han acogido las ponencias que hemos traído los delegados del Guayas al Primer Congreso de Industriales, me refiero especialmente a la ponencia por la cual se crea la caja de seguros, contra accidentes de trabajo y se crean a la vez, seguros a favor de los obreros por invalidez, ancianidad, etc. Con la aceptación de esta ponencia y con la presentación de ella por parte nuestra, hemos demostrado nuestra voluntad de venir al Congreso de Industriales a considerar la mejor forma de establecer algún beneficio para nuestros empleados y obreros, beneficio al que, en las actuales condiciones, tienen verdadero derecho a reclamar. Anteriormente, los obreros y empleados tenían necesidad de pedir al patrón cualquier ventaja como una limosna o valiéndose de medios impositivos; hoy los mismos patronos, con la mayor buena voluntad, les estamos otorgando estas garantías. Allí se contempla también la creación de tribunales en los que el obrero tiene voz y voto y puede intervenir en la manera más amplia para dirimir las divergencias que surgen con los patronos. Esta es una ponencia sumamente importante, que seguramente será aceptada. Así mismo, se contempla la representación de los obreros en los comités de salarios, con lo cual tendrá el obrero la posibilidad de intervenir en la fijación de la renta que va a percibir por su trabajo, cosa que constituye para él una garantía en el futuro. Nosotros necesitamos un obrero bien rentado, porque si se disminuye el poder adquisitivo de los trabajadores, las industrias y el comercio se verán perjudicados, ya que si no hay relación entre los salarios que percibe la masa consumidora y la producción de industrias, éstas languidecen a causa del consumo ocasionado por el empobrecimiento de los empleados y obreros. En fin, todas estas son verdades de Perogrullo, en las que no hay necesidad de insistir. Luego, nuestra ponencia relativa a la creación de médicos para asistencia de los obreros, también ha sido aceptada. Otra ponencia, que llamó la atención y que se refiere a la elevación del nivel moral económico del indio para hacerlo accesible a una vida de civilización y pueda gozar de los beneficios que de ella se derivan, también ha sido aceptada. En fin, todas estas ponencias que trajimos los delegados del Guayas han merecido buena acogida, cosa que la celebro y que revela el alto espíritu de que han estado animados los miembros de la comisión. Únicamente tengo que deplorar que se haya aprobado la moción que consta al final del informe, según la cual se fija en $ 1,50 el salario mínimo de toda la república, disposición que constituye una cierta inconsecuencia con respecto a lo establecido en el Art. 14, ya aceptado. No me explico por qué motivo tan distinguidos delegados, después de haber considerado detenidamente la parte fundamental del informe, al final han llegado a cambiar el proyecto; y digo cambiar, porque el capital y trabajo deben valorizarse mutuamente, recíprocamente; por sí mismos capital y trabajo son dos productos como cualquiera otros, si no hay capital, el trabajo se paraliza y abundan los brazos inactivos y, por lo mismo decae su valorización; así mismo, el capital sin el trabajo resulta improductivo. De manera que el capital sin el trabajo no puede hacer nada, lo mismo que el trabajo sin el capital. El 309


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trabajador no dispone de otra mercadería para vender que la del trabajo y su tiempo; el capitalista ofrece también su mercadería, el capital. Por tanto si el obrero ofrece su trabajo como una mercadería cualquiera, debe estar sujeto a las mismas leyes de la oferta y la demanda, como ocurre con el capitalista. Voy a citar un caso práctico: en el año 1932, época de la incautación de giros, en la que la agricultura de la Costa se hallaba en decadencia, en las zonas de Milagro, Rocafuerte, etc., los trabajadores ofrecían su concurso para labores agrícolas sin exigir como retribución más que la comida, sin ninguna remuneración adicional; en 1933 el cambio subió considerablemente, lo cual produjo el fenómeno que antes no se había visto, de que un sinnúmero de obreros fueron a Sigsig, a Méndez, etc., en busca de oro, estimulados por el alto precio que comenzó a pagarse este metal, y entonces ocurrió que todos los obreros que en la época de la zafra iban a prestar los trabajos en los ingenios de azúcar, así como en la época de la cosecha del arroz, iban a presar el trabajo en la recolección de este grano, en la Costa, viéndose mejor remunerados, ya no abandonaban las provincias de que son nativos, el Azuay y Cañar, sino que quedaban en ellas dedicados a lavar oro, ocupación que les resultaba más remunerativa. Esto produjo la falta de brazos en la Costa, a tal punto que el año pasado el salario ha subido hasta $ 3,50 para los obreros en los ingenios, por cuatro horas de trabajo. Esto es, pues, una prueba evidente de que la oferta y la demanda son las leyes que determinan el precio del trabajo humano, porque si en la Costa hubiera continuado la oferta de obreros del Cañar y Azuay, como en años anteriores, los salarios no hubieran pasado de $ 1,20, $ 1,50 etc. Lo mismo ocurrió en la provincia de Manabí. Refiriéndome concretamente a lo ocurrido con el señor Eloy Loor, propietario de un ingenio de azúcar, puede decir que en el año 1932 disponía de bastantes obreros, en relación con el volumen de los trabajos que tenía que efectuar tanto en dicho ingenio, como en otras actividades agrícolas, como la cosecha de algodón; pero el último año todos los obreros que antes trabajan en el ingenio prefirieron irse a cosechar algodón en lugar de someterse al régimen de control de un ingenio. Como consecuencia el señor Loor, en su ingenio, no ha podido encontrar obreros sino a precio muy crecido; y es así como ha tenido que pagar $ 3,50 y $ 4 diarios, en una zona donde antes se pagaba sólo el jornal de $ 1,50 o $ 2 máximo. Ésta es otra prueba, pues, de que la elasticidad en el precio del trabajo humano es consecuencia de la oferta y la demanda, sin que sea posible fijar al máximo y el mínimo, ya que si así se hiciera, se pondría al obrero en peor condición que a un capitalista, ya que éste último tiene derecho a subir o bajar el precio de los artículos a voluntad, en tanto que el obrero estaría obligado exigir por su trabajo una cantidad determinada, lo cual en muchas ocasiones sería un grave obstáculo para que pueda ser ocupado. El señor presidente le hace presente al orador que, conforme el reglamento, los discursos no pueden durar más de diez minutos. El doctor Leví. Señor presidente: Ya he hablado anteriormente sobre la valorización del trabajo y el capital. ¿Qué resultaría si mañana los ríos no arrastraran más oro? Entonces todos los trabajadores que hoy ganan $ 6 y aún más por día, otra vez irían del Azuay al Cañar a ofrecer su trabajo en la Costa y entonces, por causa del aumento en

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la oferta de brazos, bajarían los precios de los jornales a su nivel antiguo. No es posible, pues, regular arbitrariamente el salario del obrero, sino que hay que dejarlo que siga las fluctuaciones naturales. Por eso, lo más que hemos creído que se puede hacer es crear comisarías de trabajo mediante las cuales el obrero y el patrono valoricen mutuamente el trabajo y celebren los contratos correspondientes. Mas, si se quiere ir a una fijación del salario mínimo, llegaremos a una tiranía, a una dictadura, que será la peor enemigo del obrero, porque se le pondrá en condiciones en que, aún cuando quiere trabajar no pueda hacerlo. La industria necesita ocupar los servicios de niños y de mujeres, pero si la ley les obliga a los industriales a pagar a esa clase de obreros $ 2 y $ 3 diarios, entonces no buscarán niños ni mujeres sino hombres y tendremos como consecuencia una desocupación enorme de mujeres y menores, que son tan necesarios en la industria para determinados trabajos fáciles y, los mismos menores y mujeres se verán en grave situación, por no hallar ocupación en las industrias. Por eso he pedido que se supriman los Arts. 4 y 5 del proyecto del salario mínimo. Me parece una inconsistencia que el delegado de la misma Federación de Industriales del Guayas, contrariando el encargo que ha recibido, trate de imponer un precio para el trabajo. La delegación de industriales del Guayas recibió el encargo de procurar que se supriman los Art. 4 y 5 ya citados, y no es posible que un delegado que tiene el mandato de trabajar en este sentido en el seno del congreso, se aparte del cumplimiento de su cometido y trate de poner un artículo diametralmente contrario. Replica el señor Briones, por haber sido aludido, en los siguientes términos. Señor presidente: Siento mucho que mi compañero y colega señor Leví, uno de los delegados de la Federación de Industriales del Guayas, me haya aludido en la forma que lo ha hecho. El hombre evoluciona, el hombre de hoy no es de mañana, porque puede y debe aprender para saber mañana más; si el doctor Leví, me ha aludido en esa forma porque no ha evolucionado, la culpa no es mía. Creo que el salario mínimo de un sucre es realmente lo menos que se le puede pagar a todo hombre. ¿Qué significa un sucre? No estamos fijando el salario de un sucre para los hombres enteramente hábiles y competentes sino que estamos fijando ese mínimo para evitar que se pague menos de un sucre a aquellos obreros que, por una causa u otra, no perciban ni siquiera esa miserable suma como jornal. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Aun cuando es cierto que de la discusión nace la luz, el informe en discusión no ha hecho sino desarrollar uno de los puntos tan acertadamente presentados por la Cámara de Comercio de Ambato en su programa. Hoy debemos terminar con la aprobación o negación de ese informe, mas, es evidente que cuanto se ha dicho aquí a favor de la fijación del salario mínimo, es muy fundado y sin necesidad de ahondar en estos problemas, dado el movimiento social que se siente en todas partes, inclusive en el Ecuador, está fuera de duda la necesidad de levantar al obrero y mejorar sus conocimientos de vida; por eso, repito, la Cámara de Comercio de Ambato, muy acertadamente, consignó en su programa este punto del salario mínimo. El Congreso de Industriales, al que me honro en pertenecer, viene tratando de este asunto con mucho entusiasmo y calor, se ha dejado oír la voz de los

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industriales y comerciantes, en forma que constituye un eco que traduce unánimemente el sentir ecuatoriano. Creo que el informe establece, primero, la necesidad de que los salarios mejoren, cosa que lo pide una sola voz el Ecuador entero y también la ley general de la oferta y la demanda está demostrando esta necesidad. Bien dijo el señor Chávez que este problema es uno de los más delicados de que nos hemos ocupado. Hay provincias como la del Azuay, donde en estos momentos no se consigue jornaleros ni a sucre diario y por ello, los hacendados no pueden trabajar sus haciendas porque todos los obreros están dedicados a lavar oro y tejer sombreros de paja toquilla. De todas maneras creo necesario señalar que el salario mínimo, inclusive para la agricultura y al respecto no voy hacer sino repetir las palabras mías que están escritas en el diario de debates del Congreso próximo pasado, estoy por la tesis de que debe señalarse un salario mínimo, por pequeño que sea, para que no haya ningún obrero que esté por debajo de ese límite. En cuanto a los demás puntos del informe es cuestión de irlos discutiendo poco a poco y haciéndoles las modificaciones que se crean convenientes, pero una vez que nos hayamos puesto de acuerdo en el mínimo que debe pagase como salario. Sin embargo, creo también necesario que debe haber cierta elasticidad, que esté a discreción a la junta que contempla la comisión, porque hay que atender la diversidad de zonas, de trabajos, etc., de manera que el informe es muy laudable. Por lo demás, estoy también con lo que indicó el señor Coloma, que tan acertado es en todas sus opiniones, en el sentido que deberíamos oírla voz de los agricultores, en este congreso integrado solo por comerciantes e industriales. En resumen, estaré por la fijación del salario mínimo del cual no se puede bajar, pero contemplando las diversas clases de trabajo, de zona, etc. Un niño, por ejemplo, no puede ganar lo mismo que un adulto. De manera que ruego se concrete la discusión del informe y que usted, señor presidente, ordene que se vuelva a leer, para votar, ya que parece que todos estamos de acuerdo sobre la materia. La secretaría cumple con el pedido del señor delegado. El doctor Erazo. Señor presidente: Muy bien ha expresado el doctor Heredia, quien me ha precedido en el uso de la palabra, la necesidad ineludible y forzosa de fijar el salario mínimo. Hay en la actualidad algunas industrias florecientes que dan participación de beneficios a los obreros, cosa de lo más racional y lógico; mientras tanto, en otras fábricas se paga como salario dos o tres reales diarios, suma irrisoria que no alcanza para el sostenimiento del obrero. Por eso sostengo también que es imprescindible fijar hoy mismo el salario mínimo. El señor Chávez. Señor presidente: Querría invocar, en primer lugar, toda la benevolencia del señor presidente para que el asunto se discuta con toda la amplitud que él se merece; y querría rogar a los delegados el sacrificio de una, de dos o casa más horas para tratar este asunto vital para la economía del país. Cuando discutíamos el reglamento interno del congreso quise fijar tiempo para las sesiones, pero se me dijo que era toda la tarde y toda la noche, si fuera posible; ahora pido, pues, a los señores delegados, que se dignen declarar que esta sesión tiene el carácter de permanente hasta resolver con la amplitud debida del asunto.

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El señor presidente: Al referirme, hace un momento, al reglamento he aludido a la disposición que fija un término de diez minutos para la duración de cada discurso como máximo, pero no me he referido a la duración misma de las sesiones. El señor Chávez. Señor presidente: Todos los postulados de este congreso se han discutido con serenidad; parece que todos hubiéramos traído el corazón repleto de sentimientos para unificar opiniones. Incidentes tan pequeños que no valdría la pena de tomarlos en cuentan, han turbado apenas esa paz y esa serenidad de la asamblea pero, en definitiva, ha primado un verdadero concierto de opiniones hacia el fin de este congreso de desarrollar sus actividades en orden a conseguir que los poderes públicos den un apoyo eficiente a la industria, a la agricultura y al comercio. Las opiniones vertidas aquí han llegado ha consignar una serie de cuestiones realmente luminosas que, bien entendidas por los poderes públicos, darán el más óptimo resultado; sólo nos resta este capítulo, que nos ha resultado el más delicado. No se trata de unificar el salario, de decir que con el $ 1,50 se quiere unificar el salario en la Costa y en la Sierra; no. Lo que se quiere es señalar el salario mínimo en la república y ese mínimo que va a regir en una y otra región no se opone a que en la Costa, si el brazo del obrero está demandando más, éste gane más también, de modo que no hay ninguna contradicción en ello. El salario debe fijarse científicamente, se dice, pero si esperamos que se resuelvan científicamente nuestros problemas, otro siglo más necesitaremos de república independiente para que recién se comience a hacerlo todo científicamente. Estamos comenzando nuestro desarrollo en el sentido de la industria y aparte de que necesitaríamos poder declarar que científicamente la industria se está desarrollando para poder fijar también científicamente el salario del obrero, necesitamos aplicar la conclusión de que las estadísticas han de ser el termómetro preciso de las necesidades del obrero. Pero ¿no sentimos todos, sin necesidad de manejar teoría científica, que hay hambre y desnudez en el pueblo?¿Necesitamos acaso que esto lo compruebe la ciencia, señor presidente? El proyecto contempla la creación de una Caja de Seguros y Jubilación para el obrero, una idea muy avanzada y acerca de esta misma idea no querría yo contar cuál ha sido el proceso de desarrollo en la conformación de esa idea, para que contemplemos que no hay ninguna contradicción en que al término de ese informe, hubiésemos puesto una nueva moción. Habíamos empezado con 2% fijo con el que debían contribuir de un lado el patrono y de otro lado el obrero, cada uno con el 1% para crear esta Caja de Seguros y Jubilación, y ¿cuál es el resultado? Que el 2% anual lo da el patrón y en el año siguiente dará el 3%, el año que viene dará el 4% y después el 5% permanente. Fíjense entonces cómo el criterio de la comisión fue evolucionando día por día. Necesitamos dar cultura al indio, pero tenemos una aberración de cuatro siglos el creer que el indio no es susceptible de cultura, yo diría que ¿tal vez nosotros no somos susceptibles de cambiar esa idea, mirando las cosas desde el punto de vista opuesto? ¿Por qué no podríamos pensar también que nuestra mentalidad ha llegado a estereotipar esta idea, que no sale de nuestra mente? El indio es susceptible, como todo hombre, de llegar a ser un hombre culto. Un siglo después de la Conquista un pontífice reconoció al indio su característica de persona, hoy, ¿por qué no hemos de reconocer en él su derecho a la libertad económica? En la tierra de Montalvo, en la tierra

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de las libertades, cuyos hombres se han sacrificado por la libertad ¿por qué no ha de ser honrosamente esta asamblea, que tiene representantes de todo el país, la que declare que es necesario, imprescindible, que se reconozca la libertad económica del indio? La libertad ideológica es una, la libertad económica es otra, pero la libertad económica es la libertad fundamental. No he dicho que las industrias conceden beneficios y conceden favores a los trabajadores, he dicho yo, los agricultores muy a menudo favorecen a sus trabajadores en forma de prestaciones, con un huasipungo, con el pasturaje de animales, reparto de víveres, de vestidos, etc. No me he referido a la industria, no conozco casos al respecto y por eso no los he citado. Desearía yo que a cambio de la fijación de salario mínimo se limitaran todos esos auxilios de caridad, no debemos tratar al obrero como a un miserable que necesita de caridades; el concepto caridad ha evolucionado, hoy el obrero necesita apoyo eficaz y ante todo, una remuneración equitativa. Además, la empresa, la fábrica, puede ayudar, puede apoyar al obrero, pero lo que no querría es que esos auxilios y esos apoyos se los de en forma de caridad. Y yo contemplo, con respecto a la agricultura, una evolución que está pidiendo a grito herido todo el pueblo, está pidiendo insistentemente el pequeño labriego tener una insignificante parcela de tierra para cultivar. Efectivamente, la elevación de salario del obrero, la fijación del salario mínimo de acuerdo con las bases propuestas en la última moción, encarecería, sin duda, la demanda de trabajo en las haciendas. Efectivamente, los dueños de hacienda, en lugar de tener 50 o más peones, querría tener 30, a lo sumo 40, y esto es lógico. ¿Qué harán esos hombres que quedan sin trabajo? Buscarían la tierra, se encariñarían más con la tierra, querrían independencia mediante el cultivo de la tierra; esos hombres adquirirían tierras y de esa manera iríamos lentamente hacia la parcelación de las tierras. Necesitamos que en el Ecuador se de más tierras al campesino, que se den tierras propias al indio y a eso tiende la moción. En último término, queremos también que en la agricultura se le imponga un salario mínimo, mínimo sí, sin las complicaciones que en este recinto se han citado. No hay para qué razonar más acerca de la necesidad de señalar ese salario mínimo, de manera que en la agricultura el obrero agrícola debe tener tanto como él requiere, tanto como él necesita para la subsistencia; no debemos fijarnos en las ganancias mayores o menores que tendrá el agricultor, esas ganancias aparecerán oportunamente, han aparecido ya. No quiero con esto declarar que mi opinión es en sentido contrario al derecho que tienen los agricultores a hacer una ganancia suficiente en sus haciendas, pero a todos consta que en los últimos años con la mayor circulación de dinero, con buenas cosechas, las haciendas han hecho suficientes ganancias; puede quedar una pequeña cantidad de esas ganancias en beneficio del hombre que hace esas riquezas, que aumenta los capitales, que crea la verdadera riqueza del país. El señor Saá. Señor Presidente: Muy placentero es que el Congreso de Industriales haya querido afrontar el problema, de suyo, difícil y hasta cierto punto incompatible al parecer con las justas aspiraciones de los industriales y agricultores y muy placentero es que quiera plantearse un aspecto trascendental del problema vital que tiene que afrontar el país, como es el problema social en relación con el salario mínimo. Considerando el aspecto de la industria y de la agricultura habrá necesidad, a la vez, de apreciar los

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factores productores de la riqueza pública, de la riqueza privada; el capital, sin el asocio del trabajo, que se considera con mucha justicia como capital trabajo, no podría dar los resultados eficientes que en la actualidad sólo redundan en beneficio exclusivo para el industrial y el agricultor. El asocio del capitalista que aporta el dinero y del capitalista que aporta el trabajo, da por resultado el florecimiento industrial y agrícola, precisamente dentro del reconocimiento de la justicia social. Bien ha acabado de opinar el señor Chávez: no se haga caridad al trabajador, no se haga caridad al obrero porque esa caridad se ha trasladado ya al aspecto de la justicia. Sin la concurrencia del trabajador en el campo y en las fábricas, no producirían ni las fábricas ni los campos; el asocio del capital y el trabajo es lo que hace producir la riqueza; el esfuerzo de los brazos del trabajador en los campos y del manual en las fábricas, produce la riqueza privada y lo que es más, aquello que los tratadistas llaman el plus valor. Sería justo que este congreso que tiene sobre sí la gran responsabilidad económica nacional, quiera hacer una distribución de esta parte del capital para colaborar eficientemente en beneficio de esa propia utilidad privada. Al hablar del salario mínimo, creo que no se trata de fijar el salario único sino la mínima cantidad que puede percibir un hombre por el trabajo. Si recorremos de Loja a Imbabura, encontramos partidas inmensas de hombres harapientos, sucios, que están en perfecto estado de abyección; justamente nuestra estructura social ha colocado a esos hombres en un plano inferior al de los caballos. Se puede citar casos, como por ejemplo, el de los caballos dedicados a las carreras, a los cuales el dueño les proporciona diariamente alfalfa, los baña y les da pesebre, en tanto que el indio vive en verdaderas pocilgas, porque de ellos no se ha acordado la caridad humana. Siguiendo este proceso, cabría también decir que para el florecimiento industrial deben considerarse tres aspectos: el aspecto del trabajador, del capitalista y del consumidor; en el momento en que estos tres aspectos tengan cooperación, se habrá presentado la felicitad para que se reflejará en beneficio de la economía nacional. Para concluir, pido a los miembros aquí presentes, que son representantes de la industria, que hagan fe, que hagan una manifestación de que no solamente se ha venido a este congreso a organizar el comercio y la industria en beneficio particular, sino general de la colectividad, porque si en realidad la industria y la agricultura están floreciendo y en estado de prosperidad, hay un gran conglomerado de ciudadanos que sufre todas las torturas del hambre. El doctor Leví. Señor presidente: Voy ampliar un tanto los conceptos que expuse anteriormente. Advierto que no soy demagogo, ni hablo con efectos teatrales, para que se me aplauda. He sido designado por la Federación de Industriales del Guayas para que presente en este congreso palabras y proyectos que afectan tanto al obrero, como al industrial para considerar los intereses de unos y otros y conseguir la manera de conciliarlos mutuamente. Esta es la misión con que me enviaron a Ambato. Cuando yo presenté estas ponencias a la Federación de Industriales del Guayas, el doctor Carlos Palacios Sáenz, que es uno de los dirigentes del socialismo en Guayaquil, expresó que debían ser aceptadas; y cuando se trató del salario mínimo, expresó que había que oponerse a que se fije cualquier precio a dicho salario mínimo, agregando lo siguiente: “Nosotros somos obreros, tenemos una carpintería en la que ocupamos muchachos a

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quienes pagamos $ 0,80 o $ 0,60 diarios, por tanto, si nos imponen un salario mínimo nos obligarán acerrar ese taller”. Y he cumplido la misión que se me encomendó, sosteniendo la moción de que no se debe poner valor al salario mínimo, sino dejar que éste se rija por las leyes de la oferta y la demanda. Yo me apoyo en el concepto del doctor Palacios Sáenz, quien sostiene esa misma tesis, abogando por el sostenimiento de una institución obrera; los industriales debemos, pues, aceptar dicha tesis. Muchos de los aquí presentes oyen defender la necesidad de fijar el salario mínimo y aplauden, sin saber que con su aplauso quieren condenar a muchos hogares en la misma miseria. En Guayaquil, por ejemplo, hay un sinnúmero de mujeres y niños que se ocupan en el trabajo de escoger café para la exportación; si se quiere ahora obligar a que se pague a todos por lo menos $ 1,50 diarios, los exportadores traerán maquinarias y eliminarán a esos trabajadores, es decir, que quitará el pan a muchos hogares. Por último, debo referirme a lo expresado por el señor Briones, quien dijo que había evolucionado y por eso había cambiado el criterio; yo felicito al señor Briones, y ojalá sus obreros evolucionen junto con él.” El señor Vaca. Señor presidente: Las opiniones tendientes a mejorar la situación del obrero las creo muy acertadas; creo que ese es un objetivo justo porque hay que reconocer que si no fuera por los obreros, ningún industrial, ni agricultor podríamos hacer nada. El informe presentado para que se fije el salario mínimo, lo encuentro acertado y sólo quisiera que se agregue que los obreros percibirán también su salario en los días de fiesta de entre semana, a excepción de los domingos. Ocurre que por lo general hay la costumbre de no pagar esos días de fiesta a los obreros y entonces éstos, si bien tienen descanso, la pasan muy tristes porque saben que no van a ganar. Por ejemplo, en la Semana Santa hay cuatro días de fiesta, entonces sabiendo que no sufrirán perjuicio en su remuneración, los obreros podrán descansar tranquilamente. El señor Dávila. Señor presidente: Para manifestar el sentimiento humanitario que prevalece en esta asamblea y el deseo de que se resuelva con justicia el problema del obrero ecuatoriano, presento a consideración del congreso la siguiente moción, si hay quien lo apoye: que se nombre en cada capital de provincia una junta encargada de velar por la indumentaria de los hijos de los obreros pobres, el dinero lo aportarán las respectivas cámaras de comercio. Apoyada la moción por varios delegados, el señor presidente resuelve que la moción deberá ser considerada después del informe que se discute. Cerrada la discusión, el señor presidente aclara que va a votarse el informe, sin la moción acordada últimamente que se decide por fijar el salario mínimo. El señor Chávez pide votación nominal. Como se observara alguna discrepancia en la consideración de lo que iba a votarse, el señor presidente, ordena se vuelva a dar lectura de la parte resolutiva del informe. El suscrito así lo hace y entonces el señor presidente manifiesta: Va a votarse el informe sin la moción, porque si el informe es aprobado se considerará negada dicha

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moción, porque encuentro que hay contradicción entre varios artículos expuestos en el informe y la moción añadida posteriormente. Me parece que está bien clara la contradicción entre la moción añadida a última hora y el informe de la comisión, porque aquélla va directamente contra los Arts. 5 y 6 y también contra el Art. 15, del mismo informe. En consecuencia, repito, va a votarse el informe. Caso de ser aprobado será aprobada la moción y quedará exclusivamente dicha moción, sin que se adopte ninguna de las otras. Así es como entiendo que debe procederse, pero si alguno cree que no es así, puede apelar de esta resolución a la presidencia. El señor Chávez. Señor presidente: La moción debe incorporarse obligadamente al informe. Sólo por la imposibilidad de redactar de otra manera el informe es que se lo ha mantenido tal como consta. Hemos trabajado toda la mañana hasta las 12h30 y el informe estaba avanzado ya, y al terminarse nos pusimos de acuerdo en mayoría para presentar esa moción, que fue aprobada dentro de la comisión. En consecuencia, esa moción integra el informe; si los señores compañeros que apoyaron esa moción están conmigo, la moción es parte integrante, absolutamente integrante del informe. El ropaje, el vestuario del informe se podrá conformar después al sentido de la moción, si ésta se aprueba. No hay en consecuencia contradicción y sólo es cuestión de redacción, pero la moción debe incorporarse al informe. El señor secretario: Señor presidente: Encuentro que las palabras del señor Chávez guardan perfecta relación con el informe presentado en secretaría y que acaba de leerse: La moción es parte integrante del informe. La comisión parece que ha sostenido íntegramente el informe pero ha considerado que no existe la aparente contradicción que el señor presidente encuentra. Creo que la dificultad se salvará suprimiendo el Art. 5, del informe, el cual se contrae a dar bases y normas para la fijación del salario, cuando la comisión todavía no lo determinaba, como posteriormente ha llegado a fijarlo. Sería, pues, del caso que alguien hiciera la moción de que se suprima el citado Art. 5. Como se ve, se trata de una serie de indicaciones determinadas muy acertadamente por la comisión, pero cuando todavía no se concretaba la moción final que determina el salario mínimo. Insisto en creer que la dificultad se obviaría haciendo salvedad de esta parte del informe y aprobando todo lo demás. El señor Coloma. Señor presidente: Aún cuando al principio de la sesión indiqué detenidamente que existía una verdadera contradicción, no puedo estar de ninguna manera con la exposición que acaba de hacer el señor secretario, por cuanto la exposición de motivos y todo el informe mismo, está en contradicción con la moción. Deseo que se vuelva a leer dicha exposición de motivos para que se compenetre el congreso y el público vea la contradicción existente. El señor presidente: Así lo ha comprendido la presidencia y por eso tenía que resolver acerca de lo que aquí se ha presentado. Si la intención de algún miembro de la comisión ha sido modificar o cambiar dicho el informe, con la moción propuesta, es otra cuestión; pero la presidencia tiene que dirigir la discusión en el sentido de los documentos aquí presentados. La exposición de motivos, después de bellísimas consideraciones sobre la

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necesidad de atender a la cuestión obrera, versa casi totalmente sobre la imposibilidad de fijar el salario mínimo; hay pues una contradicción entre la exposición de motivos y los Arts. 5, 6 y 15, del informe y la moción posteriormente añadida. La presidencia encuentra que, o hay que discutir el informe o hay que discutir la moción, si se aprueba el informe, queda negada la moción; si se aprueba la moción, queda negado el informe y toda la exposición de motivos. Esta es la decisión de la presidencia, de la que puede apelar cualquier señor delegado. El señor Buenaventura. Señor presidente: Solicito cinco minutos de receso. Solicitud que es negada. El doctor Cabrera. Señor presidente: Las indicaciones del señor presidente nos dan el camino que debemos seguir para obviar los inconvenientes presentados, si existen las contradicciones anotadas, pues eliminemos los Arts. 5, 6 y 15 del informe, quedando incorporada la moción últimamente agregada, con lo cual habremos salvado toda dificultad. El señor Coloma. Señor presidente: Veo que no me he explicado bien una segunda vez, lo cual es una verdadera desgracia. Aún suprimidos los Arts. 5, 6 y 15, subsistirá la contradicción con la exposición de motivos, porque ésta se refiere a toda la parte resolutiva. Pido sea leída dicha exposición de motivos. El doctor Heredia Crespo. Señor presidente: Creo que lo manifestado por el señor Coloma es absolutamente cierto; estoy de acuerdo que se fije un salario mínimo, pero la aprobación de la moción últimamente añadida daría lugar a que se niegue el informe y sería una lástima que se pierda un trabajo realmente importante como ése, en el cual se contemplan muchas consideraciones a favor del obrero. Creo, pues, preferible aprobar el informe y dejar a quien corresponda la fijación del salario mínimo de acuerdo, con las regiones, capacidad de los individuos, etc. El señor Chávez. Señor presidente: Creo absolutamente necesario que la presidencia se digne consultar a la comisión si incorpora o no la moción leída últimamente el informe, porque allí está la manera de salvar la dificultad. Si la incorpora, aquellas partes que aparecen contradictorias serán suprimidas, de lo contrario se aprobará el informe tal como consta. El señor presidente consulta al congreso si se niega o no el informe, pues es un convencimiento que aprobándose la moción se negaría el informe. De nuevo, el suscrito secretario, en el deseo de armonizar el importantísimo trabajo de la Comisión de Cuestiones Obreras y Legislación Social con los que han opinado, posteriormente, por la fijación del salario mínimo, se permite expresar que aprobándose la moción, bien se podía aprobar también el informe, haciendo las salvedades del caso en las partes en que hubiere palmaria contradicción, ya que en el magnífico estudio del informe constaba la creación de un estatuto y el establecimiento de la Caja de Seguros Obreros, junto con otras valiosas sugerencias que era preciso aprovechar.

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El doctor Uquillas. Señor presidente: Quien debe resolver este punto de si se incorpora o no la moción al informe es el mismo congreso. El señor secretario. Señor presidente: Debo indicar que el informe está suscrito por todos los miembros de la comisión. Quizás la forma correcta en que debió procederse era la de presentar un informe propiamente dicho y el otro, sólo la moción; pero seguramente por la premura de tiempo no ha sido posible adoptar este procedimiento. El señor Chávez. Señor presidente: Pido que primero se vote la moción, si se niega, el informe es aprobado, si se aprueba la moción, el informe conformará a la moción aprobada. El señor Coloma. Señor presidente: Quizás sujetándonos a las prácticas parlamentarias, sería conveniente tomar como que se han presentado dos informes, uno de mayoría y otro de minoría. Entonces, la votación será la que resolverá todo. El doctor Badillo. Señor presidente: En realidad, no ha habido informe de mayoría y minoría. El señor presidente aclara que va a votarse la moción, nominalmente. Recogida la votación, resulta aprobada por 23 votos contra 17 la moción que fija el salario mínimo. El suscrito da a conocer que han votado a favor los señores: Jouvín, Cabrera, Guillén, Briones, Vaca, Álvarez, Núñez, Paz, Saá, Alemán, Pons, Chávez, Ledesma, León, Hidalgo, Erazo, Heredia Crespo, Vinueza, Veintimilla Mosquera, Badillo, Domínguez, Cañizares, Cumba Molina y Carrasco. Que han votado en contra los señores: Leví, Colvín, Uquillas, Romano, Cuesta, Pinto, Buenaventura, Saldoval, Veintimilla Muñoz, Cisneros, López Guerra, Noboa, Rodríguez, Coloma, Dávila, Salazar y el señor presidente. El señor Romano pide reconsideración de lo resuelto. El señor Chávez, con apoyo del doctor Cabrera, mociona porque se apruebe el informe en su parte principal, haciendo salvedad de lo que estuviere en contradicción con la moción que acaba de aprobarse. Puesta en consideración y sin mayores discusiones se la aprueba. El doctor Leví. Señor presidente: Pido que se deje constancia en el acta de que soy el único delegado de la Federación de Industriales del Guayas que ha sostenido las ponencias enviadas por dicha corporación ante esta asamblea. El doctor Heredia Crespo, con apoyo de varios delegados mociona y obtiene la reconsideración de la resolución tomada por el congreso relativa al establecimiento de la oficina de control de exportación, y pide que se rectifique tal ponencia en el sentido de que el control debe establecerse en los centros de producción.

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El señor Dávila pide a la presidencia que ponga a consideración la moción que presentara hace un momento, referente a que las cámaras de comercio se preocupen del vestuario de los niños pobres. La presidencia así lo ordena. Cerrada la discusión en la que intervienen los señores Buenaventura y doctor Ledesma, se aprueba la moción. El doctor Heredia Crespo: Habiendo obtenido la reconsideración antes mencionada, con el apoyo de varios delegados, mociona que en la parte pertinente a la aludida resolución se diga: “Las cámaras de comercio se encargarán de estudiar el restablecimiento de las oficinas de control de exportación en los centros de producción”. Se da lectura a la moción del señor Jouvín Arce, apoyada por el señor Guillén y el señor presidente. Que se solicite al Poder Legislativo que, a fin de obtener una mayor producción agrícola de ciertas materias primas necesarias para nuestras industrias, como el trigo, el algodón, el tabaco, etc., se establezca por medio de un decreto especial, que todo propietario de fundo agrícola que produzca anualmente cantidades mayores en un 20% de las materias primas producidas el año anterior, las que serán fijadas por el Ministerio de Agricultura, sea exonerado del pago de los impuestos fiscales respectivo, correspondientes al año en que se obtuvo esa mayor producción.

Puesta en consideración, se aprueba por unanimidad. El señor Carrasco pide que se lea la ponencia presentada por la delegación del Cañar relativa a este asunto. Por ser avanzada la hora y habiéndose cumplido con el orden del día, el señor presidente declara terminada la sesión y ruega a todos los señores miembros del congreso que se sirvan acompañarlo un momento al hotel de su residencia. Termina la sesión. El presidente del congreso C. M. Larrea

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El secretario del congreso,Dr. B. Ruíz y Gómez


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PLAN DE FOMENTO INDUSTRIAL (1936)113 Obra del señor José Luis González A., Jefe de la Sección de Industrias del Ministerio de Previsión Social, ya conocido por sus estudios estadísticos en el Ecuador, es el importantísimo trabajo que insertamos a continuación y que constituye un estudio concienzudo y amplio acerca de “nuestra realidad nacional” en lo que respecta a las industrias del país. La experiencia y clara visión del señor González le conducen a la elaboración de un sistemático y muy apreciable Plan de Fomento Industrial y Manufacturero, cuya aplicación por nuestros gobiernos daría admirables resultados, pues en él se contemplan sugerencias inteligentes y acertadas. Esperamos que su estudio ha de interesar a nuestros industriales, hombres de negocios y de pensamiento, y que será motivo para que se formulen nuevas sugerencias –inspiradas en un sincero afán patriótico por levantar las industrias nacionales– y que vengan a llenar vacíos y completar el tan laudable plan elaborado tan hábilmente por el señor Jefe de la Sección de Industrias del Ministerio de Previsión Social, como un aporte muy deseable para “un plan de acción de cinco años, en lo que se relaciona con las actividades del país”, en que se halla interesado el indicado departamento. Las columnas de este Boletín estarán a disposición de quienes deseen aportar sus luces e iniciativas, para el perfeccionamiento de este plan.

MINISTERIO DE PREVISIÓN SOCIAL E INDUSTRIAS. SECCIÓN INDUSTRIAS INFORME NO 20/X. QUITO, 31 DE OCTUBRE DE 1936

Señor Ministro de Previsión Social e Industrias, En su despacho Cúmpleme, en primer lugar, agradecer a usted el alto honor dispensado a los jefes de sección de este ministerio y, en consecuencia al suscrito, al confiarnos la elaboración de un plan de acción para cinco años, en lo que se relaciona con las actividades de cada departamento, plan que se propone realizar metódicamente su Secretaria de Estado. Un plan esencialmente económico, como es el que se trata de formular, no puede ser considerado, por lo que se refiere a esta sección, aisladamente de los múltiples, complejos y varios factores que forman el todo de nuestra economía, por lo cual, y en vista de la 113 Cámara de Industriales, Boletín, año 1, No. 2, Ambato, 19 de diciembrede 1936.

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trascendencia del asunto, hablaré a usted con toda la franqueza del caso y, sobre todo, con toda sinceridad. Puedo equivocarme en mis apreciaciones, pero ello obedecerá a que no he podido comprobar numéricamente las causas de los hechos que comento; sin embargo, en el curso del presente estudio, procuraré ajustarme estrictamente a la verdad. Un plan de fomento industrial no puede menos que estar acorde con la política general del Gobierno, en sus diversos aspectos. Pero, cuando falta unidad en la política económica en forma definida y estable, es un contrasentido querer impulsar el desarrollo de las fuentes de producción y, en especial, las industrias, por cuanto aquello que se pretendería fomentar con unas leyes, se deprimiría con otras, como de ello tenemos ejemplos numerosos. Ésta es la gran falla de nuestra economía. Lo predicho obedece a una falta de criterio definido en los gobiernos sobre esta materia, de modo que la política fiscal, crediticia, social, etc., operen de común acuerdo, armonizando sus disposiciones y procedimientos con el imperativo de impulsar un progreso estable y justo, y no tengamos el espectáculo muy decidor de que mientras un ministerio procede en un sentido, otro se coloca en el extremo opuesto, de modo que se hace imposible ninguna labor positiva. Con el respeto que guardo a su ilustrado criterio sobre tan delicado asunto, mi opinión es que el enunciado es uno de los aspectos fundamentales del problema, y que urge al prestigio de la dictadura, la elaboración de un plan económico integral, en el que se halle condensada la obra de reconstrucción de nuestra economía, que se quiere llevar a cabo. Otras consideraciones generales. El fomento de las industrias implica un paralelo fomento de la agricultura, de materias primas. La política fiscal debe marchar en armonía con las necesidades de este desenvolvimiento agrícola e industrial. El progreso de la fábrica debe consultar un progreso paralelo del trabajador en el mejoramiento de su estándar de vida y salarios, y la aplicación presupuestaria debe corresponder al impulso que se pretende dar a las fuentes de la riqueza y al bienestar colectivo que se desea alcanzar. El problema de los costos, el del consumo, el de la capacidad adquisitiva de la moneda, todo en fin, se hallan de tal manera ligados, que atender a unos y descuidar a otros es enredar más el dédalo angustioso de nuestra actual situación, y precipitar la ruina del país. En virtud de lo predicho, estimo indispensable formular las siguientes observaciones.

Organización administrativa y aplicación económica del presupuesto Pudiera creerse que la organización administrativa y la política presupuestaria nada tienen que ver con el fomento industrial del país, todo lo contrario. Cabalmente, en la pésima, pesada e irresponsable organización de nuestro sistema burocrático, reside el secreto del fracaso de los hombres que más capacitados creyó la ciudadanía para el mando. Los proyectos más saludables, los propósitos más nobles, las mejores iniciativas, se estrellan fatalmente contra la complicada organización administrativa y la ausencia de sentido lógico en la aplicación presupuestaria.

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Fusión de dependencias congéneres, selección de personal, estabilidad del mismo, y dotación del personal indispensable requerido de acuerdo con las necesidades de cada departamento, es lo urgente respecto de la organización administrativa, atendiendo en forma preferente aquellas que están encargadas de administrar las fuentes de la producción. Este sistema de organización eliminará un sinnúmero de cargos superfluos, que no hacen sino aumentar el número de empleados sin mejorar los servicios públicos, y facilitará la dotación del personal necesario a las dependencias que en verdad lo necesitan con urgencia, por ser ellas las encargadas de fomentar la riqueza pública, como la agricultura, las industrias, la colonización, el comercio, las vías públicas, etc. Al tratarse de las industrias, de su fomento, de la adopción de una política al respecto, es incuestionable que el Gobierno necesita conocer las clases de industrias que existen en el país, las materias primas que pueden utilizarse, la capacidad de consumo de estas materias primas por parte de las fábricas, la capacidad de producción de artículos elaborados con estas materias primas, la capacidad de consumo de nuestros mercados para esos productos, etc., con lo cual podrá orientar su política de crédito agrícola, industrial y comercial, su política fiscal y arancelaria, y, aun el mismo giro de su política presupuestaria; pero, como es obvio suponer, todos estos datos nos puede proporcionar tan sólo una estadística técnicamente elaborada y esta labor se realiza con personal, del que carecen en absoluto las dependencias antes nombradas, y en especial la sección a mi cargo, que funciona con un jefe y un amanuense, no obstante su indiscutible importancia en el fomento de nuestras principales fuentes de riqueza. Si el Gobierno no dispone de fuentes de comprobación de las auténticas posibilidades del país, es claro que su política económica tiene que ser vacilante, incierta y, con no poca frecuencia, contradictoria, porque está sujeta a las influencias de los grupos interesados en sostener tal o cual situación; pero, si se quiere dar solidez a las resoluciones oficiales de carácter económico, por donde debe principiarse es por organizar eficientemente las dependencias antes nombradas, poniendo orden en la gerencia suprema de los intereses nacionales, y capacitándoles para cumplir la función que les está encomendada. El segundo aspecto, la aplicación económica del presupuesto, es asunto delicado, pero que debe afrontarse indefectiblemente, si se quiere evitar con tiempo las consecuencias políticas, económicas y sociales que tienen que derivarse de persistir el actual estado de cosas. Un presupuesto elevado, superior a la capacidad contributiva del país, lo aniquila, y solo puede ser aceptable, aun con el sacrificio de la ciudadanía, con una condición: que por lo menos el 50% de este presupuesto se destine al fomento organizado y disciplinado de las fuentes de producción, en cuyo caso opera como estimulante de ellas, y es a manera de préstamo colectivo a redituarse dentro de un plazo determinado. De modo que este 50% se reparta, previo un estudio técnico de conjunto y la elaboración de un plan a desarrollarse sistemáticamente en: caminos, habilitación de tierras y colonización, fomento agrícola y ganadero, y desarrollo de las industrias y manufacturas que emplean nuestras materias

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primas. Junto con este plan de producción, un plan de crédito agrícola e industrial y un plan de fomento de consumo del producto propio, levantarían automáticamente al país de su actual postración. En este caso, el presupuesto, en vez de limitarse a consumir los ingresos fiscales, obra como fortificante de la situación general, y no es un peso odioso al país; todo lo contrario, al cabo de cinco años de esta labor, la producción de la riqueza en esta fecha, le permitiría al Gobierno doblar el mondo del actual presupuesto, sin deprimir en lo más mínimo las actividades vitales del país. Cálculos más positivos los encontrará el señor Ministro en mi obra Nuestra gran realidad, que tuve el placer de ofrecerle. Queda demostrado, a grandes rasgos, cómo la organización administrativa y la aplicación económica del presupuesto vienen a constituirse en uno de los fundamentos de una buena política económica. Pero, antes de entrar a considerar el Plan de Fomento Industrial y Manufacturero, creo indispensable y previo bosquejar la situación de la industria y de la manufactura nacional en estos momentos.

La pequeña industria y las manufacturas Instalaciones industriales en actual funcionamiento en el Ecuador, hay 1.063, según consta en los archivos de esta dependencia. De este número, pueden considerarse como fábricas de alguna importancia 103, distribuidas en la siguiente forma: textiles 15, molinos 15, ingenios 13, muebles de madera 12, aserraderos 11, galletas, fideos y chocolates 8, curtiembres 7, cerveza 4, cigarrillos 4, fuerza eléctrica 3, bebidas efervescentes 4, calzado 4, velas 3, cemento 1. El resto de las llamadas fábricas son modestas instalaciones industriales pertenecientes a obreros de ayer, o a personas de limitados recursos, cuyos ahorros de muchos años los han invertido en actividades que, con no poca frecuencia, consumen el pequeño capital invertido, y le dejan al entusiasta trabajador en la calle, de lo cual podríamos citar ejemplos al día, crueles, es cierto, pero que es fácil comprobarlos, si se tiene presente que no por ser pequeños se hallan exonerados del pago de impuestos, que aun a las industrias grandes les significa un peso demasiado fuerte para su desenvolvimiento; se les exige requisitos de instalación que no está en su capacidad económica afrontarlos, y que gravan fuertemente el reducido capital móvil que disponen, como saldo del invertido en adecuación de locales y una que otra maquinaria y herramientas; pagan derechos altísimos sobre la importación de materias indispensables para su producción, como en colorantes, anilinas, mordientes, productos químicos, esencias, colas, etc.; se les obligan a las mismas condiciones de trabajo con respecto de sus operarios que las fábricas, y, además, de que se hallan al margen del crédito, abandonados a sus propios recursos e iniciativas y siempre con el temor del fracaso a las puertas, tienen que contentarse con una producción tan limitada, que la realización de sus productos, en la generalidad de los casos, no llega a cubrir el costo de la producción. Y como ese pequeño industrial tiene familia y tiene que vivir, resulta que no disponiendo de utilidades, o siendo éstas muy limitadas en razón misma de su escasa producción, lo que se come es el miserable capital

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móvil de que dispone, hasta que a la postre la ruina, o cuando menos el estancamiento del negocio, es la consecuencia final de tanto esfuerzo, de tantos desvelos y sacrificios. Ésta es la situación del pequeño industrial en tiempos más o menos normales. Pero cuando el mercado se altera, es el pequeño industrial y el manufacturero, este último sobre todo, quien sienten el peso de la situación con mayor tiranía que el industrial. En efecto, hallándose el pequeño industrial al margen del crédito, el movimiento de sus negocios queda limitado a los recursos que puede disponer de la realización de sus productos. Pero si las materias que podemos llamar primas, se ponen fuera del alcance de su capacidad de compra, tenemos entonces que de hecho se restringe su producción, con lo que su situación es sumamente angustiosa. Para darnos una idea aproximada de la magnitud del problema, precisa advertir, hay que, sobre una población urbana cuyo cálculo mínimo es de 650.000 habitantes, hay 103 fábricas de alguna importancia, 930 pequeñas industrias, con excepción de las panaderías, el número de los manufactureros repartidos entre productores del sombrero de paja toquilla, alfombras de lana, de sacos de hilo de cabuya, de casimires, de chalinas, de cobijas y bayetas, de cueros curtidos, de maletería, carteras, monturas, calzado, tintorerías, ropa blanca confeccionada, jerga y rodapiés, jabones y velas, mueblería de madera y de mimbre, utensilios de hojalata, envases de viruta, cartón, etc.; hay alrededor de 77.000 talleres entre grandes y chicos, cifra que da una idea aproximada del número de obreros empleados en estos menesteres, que bien se puede calcular en cerca de 385.000 individuos, computados a cinco personas por taller. Si sube el precio de la suela, del cuero, del alcohol, del hilo, de las anilinas, de los productos químicos, de las herramientas, etc., es obvio suponer que, automáticamente, ese manufacturero ha recibido un golpe mortal en su negocio, porque esta elevación de precios se arranca no de las utilidades que puede tener, sino de sus recursos de producción, como lo tengo dicho, que su ruina es inevitable. Ruego al señor ministro que tenga un poco su atención en este problema que afecta vitalmente a la colectividad trabajadora ecuatoriana de las urbes, demasiado castigada con los problemas que se desprenden de la excesiva concentración. Aparte de lo predicho, había que considerar otros factores de carácter comercial que operan directamente en contra del manufacturero y del pequeño industrial, como la competencia entablada por el producto fabril, el acaparamiento de ciertas materias primas por algunas firmas comerciales, el monopolio de la producción manual que especula sobre el producto, hecho que ha colocado en una situación sumamente crítica al obrero profesional fuera la fábrica, para el cual no hay leyes de protección, ni crédito, ni dispone de otros recursos que su trabajo, y se halla abandonado a su suerte y a las contingencias del mercado, del cual es su juguete y su víctima. De este modo se explica el por qué ha venido, en estos tiempos, tan a menos la seriedad comercial del artesano y el incumplimiento de sus compromisos comerciales. De aquí también que se explique cómo es tan grande el porcentaje de manufactureros en busca de empleo, demostración de la inutilidad de

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su profesión en un medio tan adverso como el nuestro. Éste es el panorama popular del momento, señor ministro, que puede degenerar en un epílogo de sangre si, con tiempo, no se corrige esta situación. Si ésta es la cruda realidad del medio manufacturero y de la pequeña industria, no es ni tan ni mucho más halagadora que se diga la de la llamada industria de alguna importancia, como se verá en la exposición que formulo. Situación de las fábricas La ciencia de los negocios y la técnica industrial prescriben como condición fundamental del éxito, para el establecimiento de una fábrica, la disposición de tres clases de capital: el capital a invertirse o a armonizarse en la adquisición de edificios, maquinarias, aparatos, etc.; el capital que pudiéramos llamar móvil, y que está destinado a sostener todos los gastos de la producción fabril y, el capital de respaldo. Por desgracia, este principio no se reserva entre nosotros y nuestras fábricas sólo cuentan con el capital invertido o a invertirse, y un capital más que reducido para el movimiento de la industria, y esta verdad se prueba en el hecho de que casi todas las fábricas se ven obligadas a adquirir créditos para iniciar el movimiento fabril, de manera que desde el comienzo del negocio la fábrica soporta un peso demasiado fuerte como para pensar en el pronto restablecimiento de la primitiva inversión; más todavía si se tiene presente que ninguna industria produce utilidades desde el primer año de su funcionamiento, sino a partir del segundo, y esto según la índole de su explotación, por lo que no es de admirarse que cierta clase de industrias no produzcan utilidades sino a partir del quinto año de producción. El primer año, o los dos primeros, son de experimentación de técnica de producción y de condiciones del mercado y, por consiguiente, de abolición de utilidades. Éstas se producen cuando la industria se ha puesto de acuerdo con la idiosincrasia del medio y las características del consumo. Estos pormenores, quizá, no han sido tomados en cuenta por nuestros industriales, no por desconocimiento del asunto, sino por la falta de capitales amortizables, hecho que está probando el gran privilegio que se cierne sobre la industria, cuyo desarrollo depende en este aspecto, del crédito que pueda disponer. La restricción de éste, en consecuencia, opera fatalmente sobre la fábrica. Por otra parte, las características del mercado y la capacidad de consumo del mismo, no da margen para el establecimiento de lo que se pudiera llamar gran industria. Nuestro mercado se caracteriza por una profunda diferenciación étnica, determinante del mayor o menor consumo de un artículo. A esto obedece que nuestro mercado sea poco denso, si se tiene presente que, sobre una población cuyo cálculo mínimo al presente pudiera ser de 4’500.000 habitantes, no alcanza a 1’000.000 el número de individuos capaces de consumir toda nuestra producción industrial, la misma que se limita a satisfacer las necesidades de las poblaciones urbanas; y, aun en este caso, la mayor parte de nuestras industrias, sobre todo aquéllas que no corresponden a la clase de industrias básicas, dispone de un medio de consumo mucho más restringido aún.

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Esta poca densidad del medio no se opone, en modo alguno, a que una bien dirigida producción industrial penetre en este enorme saldo de mercado al descubierto. Por lo contrario, es perfectamente factible llegar a cubrir, por lo menos, el 50% de nuestra capacidad de consumo, si a la calidad y a la baratura se añade la especialización de la producción, teniendo en cuenta que algunas de nuestras industrias, como las de harina, azúcar, manteca, tejidos, son de volumen y no de elevación de los precios en las unidades de venta, que es el sistema seguido por nuestras fábricas, con perfecto desconocimiento de la índole del negocio, y de la magnitud que puede alcanzar el mercado. Esta limitación de la capacidad de consumo de nuestros mercados proviene de dos factores: de la poca elevación cultural de la mayor parte de la población campesina y, sobre todo, de la depreciación de la moneda, que al reducir su capacidad adquisitiva, ha reducido lógicamente su capacidad de compra. Si esto se añade al bajo promedio del salario, al margen del presupuesto, tenemos lógicamente que el gran consumidor, el pueblo, por culto que fuese, se halla en imposibilidad de consumir por cuanto su reducido salario y la limitada capacidad adquisitiva de la moneda que percibe como paga, la emplea en su manutención, quedándole como saldo cantidades de dinero tan pequeñas que no le permiten otra clase de inversiones indispensables al bienestar de su hogar, por cuanto el alto costo de la vida, con el encarecimiento de las subsistencias y el alza de los arriendos, absorben todo su jornal o su sueldo, según los casos. Un mercado en estas condiciones, inestable, inseguro y poco denso, como es el nuestro, en el momento presente no puede dar cabida sino a fábricas raquíticas. De aquí proviene que los industriales se avengan a montar instalaciones fabriles de segunda y tercera mano, que les ahorra, al propio tiempo, la inversión de capitales. Económicamente el procedimiento es suicida y de fatales consecuencias para la misma industria, porque se incapacita para mejorar la calidad de su producción, y para competir con el similar extranjero. En cuyo caso, es preferible tener tres o cinco fábricas especializadas en su producción, y montadas con maquinarias nuevas, que un sinnúmero de fabriquitas de mala muerte y de producción menos que mediocre… Esta modalidad del establecimiento fabril obedece también a la ausencia de una política de fomento industrial, y a la inestabilidad de la política fiscal, que cohíbe la inversión de capitales, pues le carga con tributos crecidos desde la iniciación del negocio deprimiendo la producción y estancándola. Con este modo de ser peculiar nuestro, es un contrasentido predicar la urgencia de movilizar los capitales dormidos. ¿Para qué? … Una comprobación del decantado florecimiento fabril ecuatoriano, y de su deleznable prosperidad, es el hecho de que ninguna de nuestras industrias se halla capacitada para renovar su maquinaria, y que la mayor parte de ellas puede cubrir con dificultad los créditos adquiridos, hechos que están probando hasta la saciedad la existencia de graves y complejos factores que se oponen en forma permanente al desarrollo de nuestras industrias. Más todavía, si esta incapacidad de renovación de maquinarias se refiriere a fábricas instaladas hace cinco o seis años, pudiera argüirse que el plazo de amortización de la

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primitiva inversión es demasiado corto. Pero el hecho doloroso, demasiado revelador de nuestra realidad industrial, es que esta incapacidad se refiere a fábricas viejas, de historia casi centenaria, imposibilitadas de renovar sus instalaciones industriales y, por consiguiente, al margen del éxito en el campo comercial, por la deficiencia técnica de la producción, factor al cual se debe el que ni con tarifas protectoras puedan luchar ventajosamente con el similar extranjero, en el propio mercado, como sucede con la industria textil, por ejemplo. Si a lo predicho se agrega la equivocada política fiscal, tenemos entonces que a factores tan desfavorables al desarrollo de la industria nacional, viene a sumarse un peso de tal magnitud que, forzosamente, tiene que desquiciar los más sólidos cimientos. Con respecto a este último punto conviene hacer algunas observaciones, cuya finalidad es absolutamente orientativa. La política fiscal debe tener por objeto recaudar de los ciudadanos los tributos que están obligados a entregar al Estado para el sostenimiento de los servicios públicos y su progresiva mejora. Pero, esta política tributaria ha de tener mucho cuidado en no gravar excesivamente a las fuentes de producción, ya que en este caso ese exceso tributario recae directamente sobre el capital y lo desgasta, hasta inutilizarlo, por cuanto al elevar el costo de la producción, provoca forzosamente la contracción del consuno en virtud de que los precios de las mercaderías llegan a colocarse fuera del alcance de la capacidad del consumo del pueblo. Al examinar los impuestos vigentes, se encuentra que no se hallan en relación los que paga la industria con los que paga el comercio importador, y es tan grande la desproporción, que se obliga a la fábrica a pagar una cuota tributaria que ya hubiera cerrado muchas industrias, a no ser por la Oficina de Control de Importaciones y de Giros. Me refiero al comercio importador de los similares elaborados en el país. El efecto las fábricas están pagando los siguientes impuestos: 6.5% ad valorem de derechos consulares; $ 1 por certificados de origen de las mercaderías; $ 10 por tonelada de carga PBK. Tarifas arancelarias altas, a la importación de materias primas: 5% ad valorem a la importación de dichas materias primas extranjeras, 1% ad valorem a las mercaderías declaradas libres, como máquinas. Tasas portuarias: 2% a las ventas brutas. 4% a los predios urbanos. Impuesto a la renta. Impuesto al capital en giro, etc.

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De cuyo examen se desprende, con claridad meridiana, ser imposible a la industria no digo competir con el similar extranjero, sino impulsar su desenvolvimiento. Cierto que pueden elevarse los aranceles a los productos similares que se importan; pero, ni aún así la industria puede surgir, porque esta elevación de las tarifas está anulada de antemano con el monto de las contribuciones que pesan sobre la fábrica, las mismas que se reflejan en la violenta elevación del costo de la producción. Además, precisa tener en cuenta que, por elevadas que sean las tarifas arancelarias, la producción fabril extranjera, como la japonesa, puede competir con ventaja con los similares del país, precisamente por el volumen de su producción, que le permite obtener ganancias aun con precios castigados. La mercadería nipona que se consume en nuestros mercados es el saldo de 700.000.000 yenes de mercaderías iguales colocadas en Asia y Europa, la misma que ha devengado en su realización costos y beneficios y que, por esta razón puede colocarse en nuestros mercados sin pérdida, vendiéndola a un bajo el costo de la producción. De aquí que la respuesta japonesa a la elevación del 50% de nuestras tarifas arancelarias haya sido la inmediata colocación de algunos millones de sucres en mercaderías en nuestros mercados, situación que hubiera sido insostenible en este momento, de no mediar la oportuna creación de la Oficina de Control de Importaciones, como ya lo advierto en líneas anteriores. Y esto que sucede con la industria textil, es para con todas las fábricas. Y no es menester devanarse los sesos para dar con el quid del asunto. Una producción que se obtiene con maquinarias viejas, en un mercado ralo, sin capitales de consideración, sin crédito, sin estímulo, sin técnica, sin conocimiento científico del negocio, dirigidas por gente de buena voluntad, con valiosas excepciones, y sobre la cual pesan tributos excesivos, es como una tortuga que pretendiera correr con un peso de 50 toneladas encima y quisiera competir en la marcha con un camello ágil y ligero de carga. El camello en la industria extranjera dispone de maquinarias propias, modernísimas que eliminan más del 50% de desperdicios, limitan en más del 60% el número de obreros, dispone de trabajadores expertos, técnicos en cada ramo, capaces de un rendimiento del 100% de materia prima estándar, productos químicos propios de gran clase y baratos, gozan de créditos amplios y oportunos, de transporte fácil y barato, y obtienen una producción especializada que tiene por mercado un consumo de millones de individuos. He aquí la fantástica diferencia de la industria extranjera con la nuestra. Si a esto se agrega la política de rigurosa protección que se dispensa a esas industrias, hasta el extremo de impedir prácticamente la introducción del similar, se advertirá cuan fácil les es a las grandes industrias de allende los mares, inundar nuestros mercados en la menor oportunidad que se les presenta. La más insignificante reducción de las tarifas arancelarias al azúcar, calzado, bombones, chocolates, telas, harinas, café, etc., extranjeros, es franca puerta a la invasión comercial. Si por ejemplo se redujeran en un 50% las actuales tarifas a los productos antes mencionados, al cabo de dos años todas las fábricas de los productos similares del país habrían quebrado irremisiblemente.

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De todo lo expuesto se viene a concluir cómo es de arbitraria la actual tributación a la industria. El comercio no corre más riesgo que las alternativas del juego comercial, que un hombre de negocio sabe prever con sagacidad. La industria, en cambio, corre el riesgo de estrellarse contra una adversa situación del mercado. Aparte de esto, la industria está creando riqueza nacional propia, que no emigra y que da trabajo a centenares de ecuatorianos. Con ser tan grande la diferencia entre el comercio importador de productos similares a los que produce el país y la industria nacional, y siendo ésta de mayores beneficios para el país, debe el Gobierno fomentarla y proteger su desarrollo y, en consecuencia, modificar radicalmente su política fiscal. Téngase presente que el 50% ad valoren se paga sobre materias carísimas en las mismas fábricas extranjeras productoras, como colorantes y compuestos químicos. Añádase a éste el 6% y 5% ad valoren, más las altas tarifas arancelarias, y se tendrá sólo con los tres impuestos que estas materias primas han alcanzado, precios prohibitivos, imposibles para las fábricas, y matadores para los manufactureros. El 1% ad valorem a los artículos declarados libres en el arancel, se refieren en su mayor parte a las maquinarias y herramientas. Ahora bien, la depreciación de nuestra moneda ha contribuido a que estos implementos hayan duplicado y hasta triplicado su valor. Un caldero de 30 HP vale alrededor de 30.000 sucres, precio mínimo. Un equipo moderno de cultivos de trigo, cuesta CIF Guayaquil 60.000 sucres. Un simple telar Rama, cuesta CIF Quito, 23.000 sucres. Ahora, calcúlese el equipo completo de maquinarias que se necesitan disponer para la instalación de una fábrica, y calcúlese así mismo el valor al que puede ascender esa instalación industrial, y se verá si el porcentaje ad valorem, es monstruoso o no. La instalación de una fábrica de hilados, completa, montada de acuerdo con las exigencias de la técnica y con las necesidades industriales del país, en estos momentos, es decir para surtir hilo fino para tejidos de muselina y medias mercerizadas, etc., requiere la inversión de un capital en maquinarias modernas, tipo 1936, de 1.500.000 sucres, con excepción del edificio de la fábrica. Si sobre la importación de estas maquinarias aplicamos el 1 y 6,5% advaloren, tan sólo tenemos que la mencionada fábrica necesita amortizar antes ni de montarse la fábrica, un capital de $ 112.500. Si a esto añadimos tasas portuarias, más $ 10 por tonelada de peso bruto etc., más el 2% a la producción de la fábrica, se habrá completado el cuadro de quiebra que se prepara para la mencionada fábrica, por el peso que comienza a soportar cuando más necesita la ayuda, y de una economía de centavos si es posible. No olvide el Gobierno que si deprime la industria, lógicamente, deprime la agricultura y la ganadería productora de las materias primas, con lo que la economía nacional sufre un colapso de profundas consecuencias. En cuyo caso, fomentar la industria es fomentar la agricultura, y si éste es el propósito del ministerio, como de ello estoy íntimamente persuadido, es obvio suponer que debe principiar por colocar a la industria en condiciones

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que le capaciten desarrollarse normalmente, en beneficio de nuestra rehabilitación económica. El ideal del ministerio debe ser el de alentar una producción industrial de tal naturaleza, sobre todo de los productos que se elaboran a base de materia prima natural ecuatoriana, que después de una labor armónica de cinco años, por ejemplo, pueda suprimir automáticamente la importación de azúcar, tejidos de algodón, chocolates y bombones, harinas, sacos de yute, mantecas, etc., por la calidad alcanzada por la producción nacional, y por el volumen de esta producción que se baste para llenar las necesidades del consumo interno. Un desarrollo fabril de esta naturaleza, debe ser llevado a cabo con un paralelo desarrollo de la agricultura de materias primas, con tendencias a la regulación de calidades y precios. El problema es muy difícil de resolverlo si se efectúa a base de las grandes propiedades. Me permito manifestar que este aspecto de la producción agrícola, ésta normalización de cotizaciones y calidad, solo es factible a base de la pequeña propiedad cooperativa, pero no de propiedades diminutas de cinco hectáreas, sino de pequeñas propiedades de mayor extensión, por ejemplo, de 50 hectáreas en la costa, agrupadas en la forma predicha. Sino se adopta este sistema, temo que el momento menos pensado todo el empuje industrial del ministerio se derrumbe por falta de materia prima, o por la exagerada cotización de ésta. Para ejemplo, basta el jueguito especulativo alrededor de trigos y harinas. Pero, a la par que se fomenta el desarrollo industrial y agrícola del país, conviene atender también el aspecto del trabajo, como elemento que es parte en la producción. Me concretaré a la fábrica. No creo, señor Ministro, que una política alarmista y precipitada en este delicado asunto, sea lo aconsejado. Precisa hacer una distinción entre los derechos del trabajo y los deberes del trabajador, entre la justicia en las relaciones del capital y el trabajo, y la indisciplina de la fábrica. La prescindencia de estos principios fundamentales de organización ha motivado la parcialidad de la legislación sobre industrias y trabajo; pues, así como el trabajo no ha de vegetar deprimido y explotado por el capital, tampoco se ha de colocar a éste en una situación insostenible, de perpetua zozobra por la quiebra del espíritu de disciplina y de la conciencia profesional del trabajador. Si garantías necesita la fábrica, también lo ha menester el obrero, pero en forma tal que no se trastorne la escala de la división del trabajo, haciendo que los salarios de las ocupaciones más modestas lleguen casi a nivelarse a la de los obreros profesionales y técnicos, en cuyo caso, señor Ministro, la grave injusticia cometida, si afecta al mismo obrero preparado, es un golpe mortal dado a la fábrica, puesto que la eficiencia de la producción queda a merced del capricho del trabajador, una vez que el obrero preparado abandona su labor al menos apto, en razón de esta rivalidad de salarios, con perjuicio de la calidad de la producción, y, en consecuencia de la fábrica. Cierto que hay explotaciones del trabajo por parte de algunos industriales. Cierto que los beneficios del capital no se hallan en relación con el estándar de vida que las fábricas deben proporcional al obrero. Cierto, también, que un espíritu hasta cierto

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punto inhumano, ha pretendido colocar a nuestro trabajador como un simple engranaje de la fábrica, sin importarle que éste aniquile su juventud y su vida en beneficio del patrón, y sin más remuneración, ni aspiración que el salario que percibe, el cual termina con su enfermedad o con su muerte, quedándole como saldo de tanto esfuerzo una miseria segura para los suyos. Esta situación de injusticia clamorosa no se la ha de remediar elevando, artificialmente, salarios que no tienen base de sustentación. Por el contrario, una razonable política industrial no puede menos que consultar la elevación de los salarios como consecuencia del desenvolvimiento de la industria, y haciendo que los beneficios correspondan en una parte proporcional y equitativa al trabajador. Un ejemplo será el mejor argumento explicativo al respecto: existe una ley sobre protección industrial, mediante la cual se exonera de derechos aduaneros y de impuestos a la importación a las industrias protegidas de acuerdo con la ley. Por este hecho, estas fábricas se hallan en situación muy superior a las que se hallan al margen de la ley, una vez que se ha desgravado el costo de su producción. Pero los beneficios que el Gobierno cede al industrial deben refluir en beneficios del consumidor y del obrero de la fábrica respectiva. En los contratos se ha consultado los beneficios correspondientes al consumidor, y sería oportuno reglamentar también los que deben percibir los trabajadores de esta clase de industrias. De esta manera, los salarios al ser elevados de los actuales precios o tarifas, no afectan al capital, ni deprimen la industria. El respeto, la división del trabajo permite el perfeccionamiento del trabajador. Precisa estimular la conciencia profesional, urge crear y fortificar el espíritu de responsabilidad, que el obrero se percate que el progreso de su fábrica significa el progreso personal de él, y que una mayor utilidad de su industria es parte de las utilidades que a él le corresponden. Pero esto sólo es posible haciendo al obrero partícipe de las utilidades de la industria. Para llegar a estas condiciones de funcionamiento fabril y de relación equilibrada entre el capital y el trabajo, precisa descargar a la fábrica del peso tributario actual, y defenderla abiertamente. Así se contendrá la emigración de fábricas, como las que se han llevado a Colombia, con un espíritu egoísta y antipatriótico, crudamente censurable; pero, también no es posible negarlo, en defensa de unos intereses ciegamente atacados. He aquí, señor Ministro, expuesta a grandes rasgos la situación real de la industria, a cuyo desenvolvimiento se oponen también el alto costo del transporte, que conviene abaratarlo en bien del restablecimiento de nuestra anémica economía interna. Por consiguiente, y tomando como base la realidad descrita, me permito someter a su estudio el siguiente Plan de Fomento Industrial, a ponerse en práctica desde el presente año.

Plan de Fomento Industrial y Manufacturero Para la elaboración de un Plan de Fomento Industrial, se precisa distinguir dos clases de industrias: las llamadas básicas, es decir, aquellas cuya producción es un elemento primario de vida del pueblo, o de defensa económica o militar. Y las accidentales, o sea

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las que tienen por objeto llenar las demás necesidades del consumo impuestas por el progreso de los pueblos. Como industrias básicas cuenta el país con las siguientes: textil; de cueros y calzado; de azúcar y panelas; de harinas y trigo y sus elaborados; de mantecas y chocolates. También hay otra subdivisión: las industrias que emplean materia prima nacional en estado natural o semielaboradas y las que emplean materia prima extranjera, cualquiera que ésta fuese y en cualquier estado de utilización. Además, conviene distinguir las industrias de producción a consumirse en el país, de aquellas cuya producción tiene por objeto el mercado exterior. Como principio fundamental, el Gobierno debe dar atención preferente a las industrias básicas y a las que emplean materia prima nacional, sin descuidar el fomento de las que emplean materia prima extranjera. En consecuencia, el Plan de Fomento Industrial y Manufacturero debería comprender los siguientes puntos: 1. Aplicación del 50% del presupuesto, a la apertura de caminos de las zonas que disponen tierras nuevas para el cultivo de materias primas para las industrias, fomento de esta clase de agricultura, mejora de las razas bobinas, ovinas y porcinas con fines de carácter industrial y fomento de las industrias y manufacturas. 2. Reforma de la política tributaria: creación del impuesto único a la industria, según el proyecto del señor ministro. 3. Reforma a la política arancelaria: maquinarias y materias primas libres de derechos o, en su defecto, reducción de un 50% de sus actuales tarifas para las últimas; y restricción de la importación de los productos elaborados similares a los que produce el país. 4. Crédito industrial amplio. Derogación de las disposiciones que limitan la concesión de créditos a la industria en 50.000 sucres, por ser nugatoria a la fábrica que necesita créditos cuantiosos. 5. Renovación total de maquinarias, por lo menos, para las industrias básicas que lo han menester. Limitación del establecimiento de fábricas en relación con la capacidad de consumo del país y con el número de fábricas establecidas. Esta limitación debe ser por un tiempo prudencial. 6. Elevación de los salarios y participación del trabajador en las utilidades de la industria. 7. Organización de los manufactureros en cooperativas y agremiación a las cámaras de industrias respectivas. 8. Revisión de las leyes sobre protección industrial en un sentido más amplio y afirmativo de la industria. 9. Fomento y propaganda del consumo del producto nativo.

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Todo esto bajo la súper vigilancia del ministerio y de las dependencias titulares, debidamente organizadas. A lo predicho debo agregar la reducción en un 50% de las tarifas de transporte ferroviarias para los productos considerados como materias primas para las industrias, y, en especial, las destinadas a las cooperativas de los manufactureros, o a los pequeños industriales, lo cual se podría comprobar con el certificado respectivo de incorporación a la cámara de industriales correspondiente.

Aspectos de carácter general industrial 1.

Fomento de las industrias básicas (textil de algodón, lana y cabuya)

El ideal del ministerio debe ser llegar a copar las necesidades del mercado de tejidos de algodón, por lo menos en sus principales renglones de producción, como géneros ligeros y de hilo torcido, aprovechando de su materia prima e intensificando sus cultivos de algodón, a la par que capacitando a las fábricas para una mayor y más técnica producción. En igual forma, puede incrementar los cultivos en gran escala de la cabuya, con el objeto de facilitar el desarrollo de las industrias de envases y sacos de cabuya. La producción tanto de la materia prima como de los productos elaborados puede ser de tal magnitud que haga innecesaria la importación del yute, y empaques del mismo, creando así una fuente de riqueza sumamente valiosa y habilitando zonas arenosas enormes que permanecen desocupadas. La industria textil de lana no puede mejorar su producción por la pésima materia prima que disponemos. La introducción de sementales ovinos, en cantidad suficiente para mejorar las razas nacionales y hacer de los páramos y ciertas regiones benignas del interior, criaderos especiales, debe merecer atención preferente del ministerio. Conviene crear alicientes para el oficio del pastoreo que va desapareciendo paulatinamente, por el éxodo de sus cuidadores al pueblo o a la gran ciudad. Acaso es mejor salario del pueblo o de la ciudad que el que percibe por la crianza de borregos o por su realización, obliga al pastor a abandonar sus rebaños. La campaña que tiene que realizar el Gobierno en este aspecto es intensa. 2.

Fomento de la industria de cueros y sus manufacturas

Facilitar y mejorar las razas nacionales de bovinos, sistema comprobadamente más aceptado para los fines industriales enunciados, que el mejoramiento de razas, a base exclusiva de animales importados.

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Con respecto a la buena calidad de cueros para la industria, conviene instruir a los ganaderos y matarifes respecto del trato que deben dar a la piel, evitando los pinchazos, las magulladuras, golpes, arañazos, etc., que desmerecen el producto y afectan a las industrias de curtiduría, que les imposibilitan obtener cueros en la calidad requerida. Un gran apoyo a la industria de manufacturas de cuero sería la organización cooperativa de los trabajadores, mediante la cual podrían disponer de cueros y suelas a precios más ventajosos que en la actualidad, en el que el precio de la suela ha llegado a ser casi prohibitivo. 3.

La de azúcar y panelas

No hay razón alguna justificable para que el Ecuador no pueda llenar con holgura su capacidad de consumo de azúcar y disponer de saldos exportables. La capacidad de producción de nuestros ingenios y la extensión de las plantaciones que pudieran efectuar nos deben colocar entre los países exportadores de azúcar. Éste debe ser el ideal del ministerio, pero, el caso curioso es que falta azúcar para el consumo nacional y nos vemos obligados a importarla. ¿A qué se debe este fenómeno anormal? ¿Acaso a alguna plaga que ha arruinado los cañaverales? ¿Acaso a las disposiciones del estado de alcoholes? ¿Acaso a la especulación de la producción y de la venta del producto, que no se contenta con utilidades modestas, sino que pretenden ganar el 100%? Cualquiera que fuese la causa, el ministerio debe estudiarla con serenidad y afrontarla con energía, porque no es posible que el país sufra en su economía por un puñado de individuos. Apóyese a la industria ampliamente, pero modérese las utilidades. El Ecuador debe llegar, después de dos años, a suprimir la importación de azúcar. 4.

Fomento de la industria de harinas y sus elaborados

Ésta es otra industria de los grandes intereses. En principio el Ecuador no tiene razón de importar harinas y puede llegar a abastecerse a sí mismo. El ideal del ministerio debe ser el de llegar a la supresión de la importación de harinas extranjeras. El problema tiene tres aspectos: los intereses del triguero, del molinero y del importador, amén de los intereses del panadero y los del consumidor. En fin de cuentas, el explotado es el consumidor, víctima de mineros, trigueros, importadores y panaderos. El problema no se solucionará nunca si no hay la voluntad de cumplir el plan que se trace al respecto sobre cultivos de trigo, elaboración de harinas, cotizaciones y sistema de distribución de las panaderías. Si hace algunos años el Ecuador exportaba harinas, quiere decir que por lo menos, al presente, puede llegar a satisfacer sus propias necesidades y ésta debe ser la situación que trate de alcanzar el ministerio.

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5.

Fomento de las industrias de mantecas, mantequillas, grasas lubricantes. etc.

La industria mantequera es netamente nacional y sus materias primas se producen con abundancia, tanto en la costa como en la sierra. El fomento de la obtención de estas materias primas favorece especialmente al campesino y al hombre de modestos recursos, habite éste en las montañas o los poblados de la costa como en las serranías. La importación de mantecas afecta directamente a este hijo del pueblo. Esta sección dispone de las estadísticas del desposte del ganado porcino en la costa y de la producción de mantecas, porcentajes ambos que alcanzan cantidades sorprendentes, como para demostrar el falso criterio que se ha establecido respecto a la imposibilidad de consumir manteca nacional en el litoral. Cierto que la maneca pura se diluye fácilmente con el calor. Pero se la puede refinar, obteniendo así manteca endurecida pura de chancho, en vez de la manteca adulterada que se importa. En este problema, sólo un interés se afecta: el de los importadores, pero, en cambio, se beneficia al pueblo. El ministerio debe dar todas las facilidades para la crianza de cerdos y para la industrialización de sus productos, hasta copar las necesidades de la plaza de Guayaquil. Las refinerías pueden instalarse en la misma costa, exonerándolas de toda clase de impuestos, con el objeto de abaratar el producto. Instalada una buena refinería de manteca en el litoral, debe prohibirse la importación de mantecas, dejando tan sólo manteca vegetal, en cantidades normalizadas a las fábricas que precisan de este producto. 6.

Fomento de las manufacturas de productos exportables (sombreros de paja toquilla, alfombras de lana, chalinas de algodón, objetos de cuero)

El problema del fomento de las manufacturas se resuelve mediante la adopción del siguiente plan de labor: a) Organización cooperativa de los manufactureros. b) Desplazamiento de los intermediarios de compra de la manufactura. c) Abaratamiento de la materia prima y de las tarifas de transporte para la misma y para los productos elaborados. d) Estandarización del producto, de conformidad con las exigencias del mercado extranjero. e) Establecimiento de una sociedad única de exportadores del producto. f) Propaganda de la manufactura efectuada por el Estado y apertura de establecimientos municipales para vender los artículos no destinados a la exportación, con excepción del sombrero. g) Crédito debidamente consultado para la cooperativa, con respaldo del producto elaborado.

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Este sistema de producción organizado elevará automáticamente el nivel de vida del manufacturero y la calidad de la manufactura. 7.

Fomento de las industrias complementarias de progreso

El ideal del ministerio debe ser el de facilitar el desenvolvimiento de todas las industrias que, por el momento, pueden implantarse en el país, sin pretender abarcar todo el radio de la producción industrial, a fin de dejar un campo de compensación de importaciones con que balancear las exportaciones ecuatorianas. Las medidas de fomento industrial de las demás industrias nacionales se exponen a continuación: a) Organización de la estadística industrial y manufacturera en sus diversos aspectos, por intermedio de las cámaras de industrias. b) Dotación de los medios y de los servicios indispensables para llevar a cabo esta estadística a la dependencia titular. c) Incremento del servicio de información industrial con provisión de catálogos, revistas, libros, etc., anexos a la sección industrias, y para el servicio público. d) Creación, por intermedio de las cámaras de industrias, de cursos de enseñanza técnico-industrial en sus diversos ramos, en forma de capacitar tanto al obrero fabril como al que lucha fuera de la fábrica para rendir una mejor y más técnica producción. e) Edición de la revista del Ministerio de Industrias que debe tener doble finalidad: instructiva para el productor y de propaganda del producto nativo. f) Creación de la exposición permanente de las industrias nacionales, como el mejor medio de difundir el conocimiento del producto propio en el mercado interno, haciéndolos conocer en escuelas, colegios, universidades, corporaciones, sociedades, agentes comerciales extranjeros, etc., mediante visitas periódicas a la exposición. g) Establecimiento de un pequeño laboratorio para análisis de los productos importados, similares a los que se producen en el país. h) Reforma de la política tributaria y de la política arancelaria. i) Política crediticia más amplia para la industria y para el manufacturero. j) Nueva legislación sobre industrias y trabajo. k) Productos estancados. l) Transporte m) Consumo de propaganda.

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Las actividades enunciadas y que corresponden desarrollar a la sección, exigen un presupuesto un poco elevado para el primer año de ejecución del plan, reduciéndose éste a más del 50%, desde el segundo año, si se tiene presente que una vez instalados los servicios, sólo se requerirían los gastos de mantenimiento de los mismos. El presupuesto para el primer año sería el siguiente:

Personal administrativo Jefe de la sección Ayudante de la sección Dibujante de estadística Dos amanuenses de estadística a $ 200 cada uno Un ayudante encargado de la exposición permanente Dos cuidadores de la misma a $200 cada uno Máquinas para estadística, calculadoras, útiles, etc. Adecuación de los locales destinados a la exposición permanente, muebles, instalación de luz, etc. Gastos para el levantamiento del censo industrial, movilización del personal, impresión y propaganda del censo, etc. Suscripción a revistas técnicas sobre industrias, compra de libros, etc. 10.000 Total El presupuesto para el segundo año quedaría reducido a: Personal administrativo igual que el anterior. Gastos de la exposición permanente, folletos y divulgación industrial, etc. Gastos de fomento de las industrias del país y de sus productos, etc. Total

Mensual 400 250 230 400 250 400

Anual 4.800 3.000 2.760 4.800 3.000 4.800

Total

23.160 15.000 120.000

20.000

188.160 23.160

15.000 20.000 58.160

Con respecto al presupuesto para el fomento de los cultivos de algodón, cabuya, caña de azúcar, crianza de ganado bobino, ovino y porcino; mejoramiento de los cultivos

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de trigo, cebada, cacao, etc., y disposición de semillas, personal técnico agrónomo, parcelación de las propiedades que deben serlo en razón de exigirlo así los nuevos cultivos a iniciarse, tanto de carácter tropical como subtropical y de clima frío, o bien, de aquellas que rodean poblaciones, mensuras, linderación y levantamiento de planos por cuenta del Estado, y fijación del precio de venta de las mismas, etc., el departamento o departamentos correspondientes presentarán, seguramente, a usted, los presupuestos del caso. Ruego encarecidamente al señor Ministro dispense todo su apoyo para la realización de verdad de la exposición permanente de las industrias y manufacturas nacionales, cuya primera piedra me cabe en honra haberla puesto, y cuyo edificio corresponde llevarlo a cabo al ministerio. A éste no le costaría sino los gastos de instalación y funcionamiento de la exposición. Todos los muestrarios deben ser suministrados por las respectivas fábricas y manufacturas. La exposición debe disponer de la cabuya, el hilo, el algodón, la tagua, la corteza de quina o cascarilla, el cuero en bruto y el semielaborado, etc., hasta el producto acabado, en una escala que comprenda todo el progreso de la producción y las diferentes transformaciones que sufre un artículo hasta que llega al público. Qué lección objetiva más convincente para el niño, señor ministro, aun para el ciudadano que tiene a su vista un libro práctico de enseñanza y de iniciativas y que le estimulan para emprender, él también, en actividades semejantes. Las legislaturas tendrán a la mano la demostración gráfica de la magnitud de trabajo que un producto demanda, para adoptar disposiciones acordes con la realidad, con respecto a la importación de tal materia prima, de las semielaboradas o no, porque sabrán si ellas son o no indispensables para la elaboración de tal o cual producto que se elabora en el país. El Ecuador, en fin, necesita presentarse decentemente entre los extraños y demostrar, por lo menos, que sabe qué produce y cuánto produce. Qué artículos puede exportar y cuáles no, sirviendo la exposición de índice comercial valioso a la observación del capital extranjero. Si algo imperecedero puede hacer el ministerio, esta es la exposición de las industrias y manufacturas nacionales, señor ministro, por lo menos en condiciones parecidas a la exposición permanente de las industrias peruanas en Lima, o a las de las industrias chilenas, etc.

Aspecto tributario y política fiscal El proyecto del señor ministro al respecto me parece justo y científico. Parte del principio opuesto a la agravación del costo de la producción, haciendo que los tributos recaigan, no sobre la producción, sino sobre las utilidades, con lo cual se obtiene dos resultados trascendentales en el desenvolvimiento industrial, firmemente consolidado: facilitar el alza de los salarios y reducir el precio de los artículos elaborados.

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El impuesto único a las industrias, que es el 25% a las utilidades líquidas, es capaz de resolver en la forma indicada el tan intrincado problema de los intereses fiscales en armonía con los intereses del progreso colectivo. En este caso la tributación no eleva el costo de la producción, puesto que el fisco percibe sus rentas de acuerdo con la suma de utilidades de la industria. Tampoco la elevación de los salarios, en este caso ataca a la fábrica, una vez que repercute en los intereses fiscales que se disminuyen por aumento del costo de la producción. En suma, la reforma es fundamental y trascendental, de tanta trascendencia que ella es capaz de resolver satisfactoriamente los intereses, tanto del capital, como de los trabajadores, sin necesidad de soliviantar a la fábrica. El fisco tampoco debe tener recelo de que disminuyan sus recaudaciones con este nuevo impuesto sustitutivo de los demás que pesan sobre la industria, por cuanto se halla compensado lo que deja de percibir, con el volumen de los negocios que tiene que realizar necesariamente la fábrica, por cuanto la desgravación del costo de su producción facilitará los negocios de volumen de la misma. Pero, para que esta reforma tenga toda la eficacia del caso, a la supresión de los impuestos, a la importación, a la renta, al capital, a la propiedad, etc., debe añadirse una reforma urgente: la de las tarifas y disposiciones arancelarias, abaratando el costo de las materias primas extranjeras y restringiendo la importación de los productos similares a los que se producen en el país. También en este aspecto el fisco tiene su compensación; una vez que el monto de sus recaudaciones se efectúa a base del volumen de la importación de dichas materias primas, cuyo consumo se duplicaría si se tiene en cuenta el crecido número de manufactureros que las emplean, como en el caso de las anilinas. Y, mientras las maquinarias, herramientas y accesorios se consideran libres de todo gravamen, las de las demás materias primas deben reducirse en 50%, según los casos, las actuales tarifas, considerando algunas libres de derechos. A continuación me permito enumerar las maquinarias principales y diversas materias primas extranjeras que emplean las diversas industrias.. Artes gráficas Prensas, guillotinas, cosedoras automáticas, numeradoras automáticas, tipos de imprenta, plomo para linotipo, linotipos, matrices para linotipos, troqueles, cuchillas cortantes, motores, componedoras, marcos de fierro y más materiales para imprenta. Materias primas: alambres para cosedoras, cola para fundir rodillos, barniz para tintas, pasta secante para tintas, pasta para rodillos, cola para encuadernación, dextrina, brozas para lavar tipos, espátulas para tinta, polvo para estampar en alto relieve, tinta para imprenta, papeles en general, cartón y cartulinas. La libre introducción del papel y tinta para imprenta debe ser no sólo para las empresas periodísticas sino para todas las imprentas favoreciendo, de este modo, a los

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pequeños talleres de artes gráficas y al numeroso personal que se ocupa en ellos. Lo propio de la cola para rodillos. Los papeles que emplean las industrias gráficas son: de imprenta, para encuadernación, para carátulas de folletos, jaspe blanco y en colores, para lomos de blocks, brillante y de colores para forrar, para cajas de cartón, pergamino o de grasa, blanco y de colores, para envolver en hojas y en rollos, de empaque, para envolver botellas, cartones y cartulinas para la elaboración de envases. Aguas, gaseosas y efervescentes Aparatos sacudidores, saturadores, esféricos, llaves de válvula, válvulas de reducción de la presión, portabotellas de tornillo y de resorte, asientos de resorte, tornillo o palanca, globos mezcladores, esferas de cristal, aparatos para botellas con tapón corona, aparatos sistema “unión” con bomba de jarabe y alimentación automática de tapones corona, mangueras para ácido carbónico, aparatos para envasar aguas con motores adheridos, en sifones, en botellas de bola, aparatos con regulador automático de nivel y escape automático del aire, embotelladoras y encorchadoras, máquinas agrafadoras, guardaespuma, productoras de ácido carbónico, columnas de expendio, fuentes de expendio, máquinas jarabeadoras automáticas, prensa para sifones, tenazas para atornillar cabezas de sifones, máquinas coronadoras, abridores de tapas coronas, calentadores para ácido carbónico, manómetros con tubo elástico, aparatos para disolver y filtrar azúcar, calderas para hacer jarabes, aparatos para destilar aguas, máquinas de lavar botellas, cepilladoras de botellas, aparatos enjuagadores, aparatos limpiadores de botellas, artesas remojadoras, bombas productoras de agua comprimida, embudos de cristal para filtrar, accesorios y repuestos de estas maquinarias. Materias primas. Esencias de frutas, colorantes vegetales, ácido cítrico, espumantes, tapas de porcelana, esencias de cola, ácido láctico, empaques de caucho para botellas de bolita, mangueras de presión para agua gasificada, papel blando para filtrar, papel bujía para filtrar, papel pulpa para filtrar, botellas, sifones. Nota. Las botellas deben considerarse libres de derechos. Las demás materias primas deben reducirse el arancel en un 50%. El gas y el ácido carbónico deben reducirse en su precio a$ 2 el kilo, para los productos en el país, sobre todo para las fábricas que tienen contrato de protección industrial. Aguas minerales Máquinas para elaborar aguas minerales, para envasar aguas minerales, corchadoras, lavadoras de botellas, compresores de gas carbónico,compresores de aire, mangueras para las conexiones, tanques, cilindros para gas, accesorios y repuestos de las máquinas.

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Materia prima. Cloruro de calcio para deshidratar ácido carbónico, botellas y medias botellas de vidrio. Las botellas de vidrio deben considerarse libres de derechos. Las tapas coronas deben considerarse como materias de precios regulados, obligando a la fábrica productora a reducir el actual precio del artículo, por cuanto gozó de contrato de protección industrial por 10 años. Artículos y manufacturas de caucho Máquinas encauchadoras, para tejidos de caucho, para fabricar calzado de lona, moldes de hierro para las fábricas de calzado, motores, calderos de vapor, laminadoras de caucho, molinos especiales para moler caucho, rodillos, mezcladoras, prensas hidráulicas, prensas a vapor, banda de cuero, repuestos y accesorios de las maquinarias más arandelas cobrizadas. Materias primas extranjeras: óxido de zinc, óxido de hierro, carbón black, azufre sublimado en polvo, estearina, parafina, asfalto, especialidades químicas exclusivas para la industria del caucho, activantes en general, desodorantes en general, hojalillos de hojalata para zapatos de lona. Nota. Los aceites lubricantes para las maquinarias pueden emplearse los que se producen en el país. Artes y bisutería Pinzas, alicates para cartón, alambre de cobre desnudo y dorado, casquillos de cobre, cartón para estuches. Nota. Las pinzas y alicates deben considerarse libres de derechos y el resto de los artículos enumerados con el 50% de reducción de las actuales tarifas. Baúles, maletas, carriles y manufacturas de cuero Materias primas: armazones de hierro charolado o no, armazones de hierro latonado, cerraduras, chapas, tachuelas maletas, clavos maletas, llaves de división, esquineras de metal, esquineras de hierro charolado, esquineras de hierro niquelado, esquineras de hierro latonado, sostenes para tapas de maletas, remaches de dos puntas de hierro niquelado, bisagras para maletas y baúles, placas para maletas y baúles, argollas para tiraderas, tiraderas de hierro latonado, tiraderas de hierro niquelado, componentes de arneses para monturas, galápagos, cinchas, etc., herramientas para manufacturas de estos artículos, designados bajo el nombre de materiales para talabartería. Nota. Todos los artículos enumerados deben considerarse libres en los aranceles.

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Caramelos, confites, bombones, chocolatines, etc. Máquinas para la fabricación de caramelos, balanzas de precisión, moldes de hierro, hojalata y latón, cuchillos, bandas de cuero, motores eléctricos. Materias primas: esencias, bicarbonato de soda, carbonato de amoniaco, vainilla en cristales, papel de aluminio en hojas, papel celofán, papel de grasa, crémor tártaro, cápsulas de aluminio, papel estañado en hojas y resmas, papel parafinado con aluminio, papel sulfito, cera mineral, gelatina, parafina, talco en polvo, ácido muriático, vainilla, glucosa, goma arábiga, cápsulas de aluminio para bombones. Nota. La canela y la vainilla pueden prepararse en el país en la forma indicada para la industria, por lo cual no deben rebajarse los aranceles. En los demás artículos la reducción debe ser del 50% mínimo. Cervecerías Máquinas de cocimiento, tanques de fermentación, tanques de depósito, máquinas para envasar, encorchadoras, máquinas para lavar botellas, para fabricar hielo, refrigeradores de bodegas, filtros, hornos para la fabricación de malta, motores eléctricos, bombas de aire, bombas de precisión, tela metálica especial para los depósitos de preparación de la cebada, tuberías de hierro, tuberías de caucho, embotelladoras rotativas o no, válvulas de reducción, grifos de extracción con llave, cepilladoras de botellas, máquinas enjuagadoras, aparatos remojadores, aparatos para lavar la pasta filtrante, embudos de cristal para filtrar, coladeros de fieltro, transportadores automáticos de botellas, capsuladoras, máquinas para alambrar botellas, abridores de botellas, aros de goma para botellas de goma, máquinas etiquetadoras, alicates, tenazas, destornilladores, introductores de arcos, llaves de tuercas, sujeta tapones de alambre estañado, sujeta tapones de chapas de acero. Materias primas extranjeras: gasas de alambre, lúpulo, masa filtrante, gas anhídrido, sulfuroso y botellas vacías. Nota. Las máquinas, herramientas y botellas vacías deben considerarse libres de derechos en el arancel. Las tapas coronas deben ser vendidas a un precio convencional fijado según se indica en aguas gaseosas. Cemento Máquinas para fabricar cemento, repuestos de estas maquinarias; motores eléctricos, repuestos de estos motores, maquinarias diesel, motores diesel, dínamos, martillos de aire para barrenar, carbones para motores, compresores de aire, pernos, tuercas y tornillos para las maquinarias, ladrillos refractarios para los hornos, cemento refractario para pegar ladrillos de los hornos, cojinetes, repuestos de cojinetes, molinos tubulares, bolas para los molinos, tambores de las maquinarias, bandas de cuero, correas para las

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bandas, mangueras de caucho para las conexiones de las maquinarias, planchas de acero perforadas y modeladas, aceiteros, graseros. Materias primas y accesorios: sacos de empaque de pulpa de madera, amarras de cobre para sacos de empaque, mechas fulminantes, feat fusible, dinamita. Nota. Las maquinarias deben ser libres de derechos, más los sacos de empaque. Pastelerías, fideos, galletas, etc. Máquinas para la elaboración de galletas, fideos y pasteles, máquinas divisoras en sus diversos modelos, silos de harina con mezclador automático, cernidoras de harinas, amasadoras y revolvedoras, máquinas con artesa giratoria, hornos eléctricos transportables, hornos de vapor, hornos combinados, hornos de secar a vapor, hornos caloríferos, molinos para azúcar, baldes transportables para pan de fermentación, bandejas con parrillas para soporte de masa, refrigeradoras, motores eléctricos, bandas de cuero, repuestos de todas estas maquinarias. Materias primas: levaduras, almendras molidas o no, nueces sin cáscara, nuez molida, avellanas, pasas, frutas secas, charoles de cartón para pasteles, discos de cartón para pasteles, bolsas de papel celofán, papel de estaño, papel de aluminio, malta en polvo, bicarbonato de soda en polvo, carbonato de amoníaco, gas amoníaco para máquinas refrigeradoras, aceite no congelable, glucosa, goma arábiga, vaselina, glicerina, estearina, lúpulo, papel cristalino, papel acanalado, papel apergaminado, papel crespón, papel satinado, papel bullinado, esencias de frutas en general, esencias de licores y hojalata para envases. Nota. Las maquinarias deben ser libres de derechos, así como la hojalata para envases. Los artículos clasificados como materias primas deben reducirse en 50% las tasas que contempla el arancel. La leche condensada, en polvo, mantequillas, mantecas y harinas deben emplearse las nacionales. Con las fábricas de la costa puede hacerse una excepción en lo relacionado con la manteca vegetal, de coco y esto en tanto no se produzca esta manteca en el país. Fábrica de hielo Maquinarias para elaborar hielo, generadoras de hielo seco, compresores de gas carbónico, frigoríficos, carrocerías para transporte de hielo seco, motores eléctricos, compresores de hielo, repuestos y accesorios de estas maquinarias. Materias primas: amoníaco anhídrido, bandas de cuero, ganchos para coser bandas, aceite no congelable.

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Nota. Las maquinarias deben ser libres de derechos, así como sus repuestos y accesorios. Las bandas de cuero deben emplearse las nacionales. Los aceites lubricantes deben emplearse los nacionales. No deben rebajarse los derechos para los dos últimos artículos. Industria farmacéutica Botellas de vidrio, cubetas, cajas de hojalata, corchos, cartón de hojas, frascos de vidrio soplados, frascos goteros, obleas vacías, anilinas, etiquetadoras, esencias para jarabes, balanzas de precisión y todos los aparatos de laboratorio químico. Otras materias primas: aceite de castor, acetanilida, almidón de papa, agar-agar, aceite de bacalao, alcanfor, amoníaco anhídrido, ácido fénico, amoníaco bromuro, azufre precipitado, ácido acético, ácido bórico, ácido láctico, aceite de coco, alquitrán, aceite de cade, ácido aleico, ácido salicílico, ácido cítrico, ácido tartárico, ácido tánico, ácido clorhídrico, aceite de parafina, áloes, alumbre, ácido pícrico, adrenalina, acetona, amilo acetato, aluminio en polvo, aluminio en hojas, azúcar de leche, aguarrás, aloína, aceite de soya, ácido salicílico acético, bálsamo de la Meca, bálsamo del Perú, bórax, benzil beoato, bismuto subgalato, bromoformo, butanol, cal trifosfato, cal glicerofosfato, creosota, cal hipoclorito, calcio hipofosfito, cera camaufa, cera montaña, ceresina, calcio bromuro, cumarina, cafeína, clorazeno, cloretona, cloroformo, cloral hidratado, cal carbonato, crémor tártaro, calcio clorhidrofosfato, colodión, cebadilla, calomel, eucalipto, etilo acetato, éter sulfúrico, estoraque, estricnina, estrofantina, estearina, ferrolfatina, formalina, guayacol, goma arábiga, glicerina, goma tragacanto, gelatina, goma benjuí, goma naina, goma laca, hojas de belladona, hojas de boldo, hemoglobina, hojas de lobelia, hierro citrato, hierro cloruro, hierro reducido, hierro óxido, hidrastinina, ictiol, kaolina, litio bromuro, lanolina, litina benzoato, litargirio, mentol, metilo salicilato, manganeso glicerofosfato, magnesia estearato, magnesia sulfato, nitroglicerina, novocaína, nitro benzol, podofilina, parafina, potasa hipofosfito, petrolatum, pez rubia, potasa bromuro, pez de borgoña, potasa glicerofosfato, potasio yoduro, pancreatina, pepsina, potasa clorato, potasa permanganato, raíz de angélica, raíz de galanga, raíz de ruibarba, raíz de genciana, raíz de regaliz, raíz de cedoaria, resorcina, soda bocadilato, sacarina, sodio hipofosfito, soda cáustica, soda carbonato, soda sulfato, sodio bromuro, sodio yoduro, sodio glicerofosfato, sodio metilaseniato, sublimado, soda bicarbonato, santonina, sodio hiposulfito, sodio bisulfito, sodio benzoato, sodio citrato, sodio y potasa tortrato, terpina hidratada, talco, tiocol, terpinilo acetato, timol, tierra salicílica, toluol, titano droxido, teobromina, urotropina, vino malvasía, xeroformo, yodoformo, yodo sublimado, zinc estearato, zinc óxido. Nota. Las botellas, frascos, pomos, goteros, máquinas etiquetadoras, obleas vacías, anilinas y aparatos de laboratorio deben considerarse libres de derechos. Las demás materias primas, según los casos, deben reducirse en un 50% los aranceles.

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Ingenios de azúcar Maquinarias para ingenios, tubos para calderos, tubería de las instalaciones, uniones de tubería, neplos de tubería, codos de tubería, llaves mecánicas de toda clase, ladrillos de fuego, tierra de fuego, empaques para vapor, empaques para agua, pernos de toda dimensión, remaches en general, fierro en varillas, fierro en planchas, válvulas de fibra, prensas hidráulicas, copas de cuero para prensas, trapiches, repuestos para trapiches, motores, centrífugas, bombas, dínamos, grasa fina lubricante, mazas, catalinas, engranajes, conductores intermedios, cristalizadores, bombas, reductores, filtros prensas, polarímetros, balanzas de precisión, aparatos de control de acidez, defecadoras y sus repuestos, secadoras, pulverizadoras, soldadoras eléctricas, llenadoras mecánicas de carros de caña, calentadoras de guarapo y tubos de cobre para sus repuestos, planchas de acero, columnas, tambores, tubos y vigas para calderas, aparatos al vacío y sus componentes: tachos, tubos de cobre, bronce y hierro, balanzas para caña, balanzas para guarapo, decolorantes para guarapo, aluminio en polvo, asbesto, acero y fierro para ejes, metal babit, crisoles, locomotoras, rieles de ferrocarril, carros de transporte de caña, tractores, arados, hachas, machetes, azadones, palas, zapapicos accesorios y repuestos de las maquinarias. Materias primas extranjeras: óxido de hierro, aceite de linaza, aceite de cilindros, tela metálica para centrífugas, tela metálica para cedazos, decolorantes para guarapo, ácido muriático, soda cáustica, ácido fosfórico. Nota. Las maquinarias, telas metálicas y decolorantes deben considerarse libres de derechos. Las demás materias primas, con un 50% de rebaja de las tarifas arancelarias. Jabonería en general Moldes y maquinarias para la elaboración de jabón, motores, repuestos y accesorios. Materias primas: esencias, anilinas, aceites de coco y palma, soda cáustica, silicato de soda, carbonato de soda, carbonato de potasa, resina, azul ultramarino. Nota. Las maquinarias, repuestos y accesorios más anilinas, deben considerarse libres de derechos, las demás materias primas con el 50% de descuento en las actuales tarifas arancelarias. Ladrillos y baldosas Maquinaria para fabricar ladrillos y baldosas, cedazos de alambre de acero para