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En el fondo de las diferencias ideológicas entre Santos y Uribe subyacen temas esenciales: ni más ni menos que la estrategia en la conducción de la guerra interna, el papel de la sociedad civil frente al Estado, la inclusión de sectores que han sido severamente afectados por el conflicto, el modelo de producción y de demografía rural y quizá lo más importante, las relaciones de poder entre Bogotá y las regiones. Uribe representa la línea dura en esa variedad de temas: mayor presión militar en las zonas de frontera agraria, relajación en el tema de derechos humanos, defensa de los intereses de las élites rurales, reivindicación de los políticos regionales. Mientras tanto, Santos representa la línea blanda: preocupación por los derechos humanos, reparación de sectores excluidos. Son diferencias significativas puesto que la trayectoria de la sociedad colombiana va a ser muy distinta si es orientada por uno u otro proyecto. Gracias a la duda del presidente santos durante aproximadamente dos años del inicio de su gobierno, sólo tratando de acabar con la guerrilla e invirtiendo en proyectos militares, se estaban descuidando grandes sectores como el agrícola, industrial, marítimo y tecnológico, lo que provoca al expresidente Uribe a lanzar prejuicios en contra del presidente santos. Esto ocurre debido a la frustración que siente el expresidente Uribe cuando observa que algunos de sus planes están cayendo y siente que no se le ha dado el mérito suficiente, porque el presidente Uribe considera que gracias a él, Santos llego a ser el presidente de Colombia y se atreve a decir que el pueblo no le está agradeciendo al gabinete del partido de la U, que propulso al presidente santos hasta donde está ahora. A partir de esto, cada decisión que toma el presidente Santos es cuestionado por el expresidente Uribe; pero el conflicto entre ellos dos se agudizo cuando en el mes de noviembre y en vísperas de un nuevo encuentro entre Santos y Hugo Chávez, se divulgó un discurso de Uribe ante los candidatos de la oposición venezolana en el que les pedía que enfrentaran al presidente colombiano por su actitud amistosa con su colega bolivariano. En plena Unidad Nacional, sin más oposición que la de un Polo Democrático debilitado, la voz de Uribe se ha convertido en la más crítica del gobierno y sus planteamientos son amplificados por los miembros triples A del Uribismo que tienen columnas o acceso a los medios. Mientras que el presidente Santos cada vez se le nota más la molestia con este ‘fuego amigo’. La distancia crece. Uribe se la jugó a fondo en la campaña electoral, recorrió el país y apoyó candidatos diversos, la mayoría de los integrantes de la U, ante los escándalos que involucraban a miembros de su gobierno; utilizó la tribuna pública para acercarse a las bases. Pero estos dos personajes ya habían tenido diferencias anteriormente en el año 2001, así lo afirma este artículo. “En los primeros meses del año 2001, cuando era todavía un candidato presidencial desconocido, con apenas el mítico dos por ciento en las encuestas, el ciudadano Álvaro Uribe Vélez demandó ante la Corte Constitucional varios artículos de la ley de presupuesto aprobada algunos meses atrás por el Congreso. En su opinión, el entonces ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, había transgredido varios principios constitucionales al distribuir partidas de inversión regional por varios miles de millones de pesos entre cientos de congresistas.


cuyo presidente, Hugo Chávez, había sido acusado públicamente por Uribe de apoyar a la guerrilla colombiana de las FARC.

Para el demandante, estas partidas revivían los auxilios parlamentarios, sesgaban la competencia política a favor de los congresistas beneficiados y menoscaban la independencia del Congreso de la República. “¿Cómo puede haber autonomía e independencia del Congreso respecto del Ejecutivo, y un análisis crítico de los actos del Gobierno, si los congresistas, para hacerse reelegir, deben contar con la respectiva partida presupuestal?”. (El Espectador. 6 de marzo. 2010), preguntó entonces el actual Presidente de la República. Años más tarde, otros actores formularían la misma pregunta, pero el acusado de “hacer política con dineros públicos” había cambiado. Era esta vez el acusador de antaño, el mismísimo presidente Álvaro Uribe Vélez. El ex ministro Santos en ese entonces, se defendió con el argumento de siempre, con la invocación estándar a los beneficios sociales de la politiquería. “Los congresistas durante el debate del presupuesto realizaron gestiones para conseguir que el Ejecutivo apoyara presupuestalmente a sus regiones… propósito loable que comparte plenamente el Gobier-

no”, dijo uno de sus representantes. Pero el demandante nunca compartió los eufemismos del ministro Santos. Señaló entonces que las partidas en cuestión eran halagos presupuestales, burocráticos o contractuales. Pero estas disputas que afectaron el país en todos los entornos, además no es nada raro que en la política latinoamericana de un presidente saliente apoye a su candidato favorito, y luego lo critique cuando este último comienza a gobernar con ideas propias. Pero la actual disputa entre el expresidente colombiano Álvaro Uribe y el presidente Juan Manuel Santos va mucho más allá de lo que se ha visto en mucho tiempo. Es una brutal batalla verbal entre dos ex-aliados; que está sacudiendo a Colombia y que -si no se le pone fin- podría arruinar la nueva imagen del país como una estrella en ascenso de la economía latinoamericana. El actual presidente colombiano, quien fue ministro de Defensa de Uribe, hizo su campaña presidencial prometiendo continuar con las políticas de Uribe. Una vez electo sin embargo, mejoró las relaciones de Colombia con Venezuela,

Considero que el expresidente Uribe está tratando de persuadir a Santos y al país con diferentes razones; Uribe podría estar tratando de controlar una mayoría de personas en el Congreso para gobernar tras bambalinas. El expresidente sabe que cuanta mayor sea la percepción de que la situación de la seguridad se está deteriorando, mayor será la cantidad de colombianos que sentirán nostalgia de su presidencia, en la que Colombia gracias a él o a su ministro Santos logró disminuir la violencia o también está intentando regresar al poder, directamente, por ejemplo, presentándose como candidato a la vicepresidencia, y más tarde pidiéndole a su compañero de fórmula que se haga a un lado o indirectamente, a través de un candidato más dócil de lo que resultó ser Santos. Y lo que es una realidad es que Uribe está tratando de recuperar su lugar como el político más poderoso de Colombia, movilizando a sus simpatizantes por medio de más de un millón de seguidores en Twitter y a través de sus constantes apariciones en los medios. Lo que busca es controlar el partido gobernante, que está dividido entre los seguidores de Santos y los de Uribe, y obligar a Santos a regresar a las políticas de seguridad del gobierno pasado.


Uribe no le perdona a Santos su voluntad negociadora. Pero a la élite colombiana le asusta aún más la posibilidad de que las FARC lleguen a ser un partido político y perder sus fortunas ganadas a punta de bala. Santos, no es un salvador, ni siquiera es carismático. Pero supo recoger los frutos del Gobierno de Uribe para empezar a reconducir a Colombia a un camino hacia un verdadero Estado de Derecho, uno que sin duda requerirá muchos más años de los que Santos pretende reelegirse. El cáncer de Colombia no es ni la guerrilla, ni los paramilitares, ni siquiera su élite desfasada. Es la desigualdad económica que sustenta el narcotráfico, que a su vez nutre todos los otros males. Si Colombia va a prosperar, a erradicar a las FARC, a los paramilitares, las violaciones de los derechos humanos, debe elegir una reforma profunda de la estructura económica que permita, fundamentado en el libre mercado, una mejor distribución de la riqueza la cual elimine los factores que alimentan el narcotráfico. Solo así habrá una verdadera paz y reconciliación. Si continuamos escuchando y permitiendo que estas dos personalidades “cojan el sartén por el mango” en sus peleas y si permitimos que los conflictos entre estos dos sean la prioridad principal, tenemos que ponernos a pensar con cabeza fría por el presidente del próximo gobierno; alguien que tenga la suficiente capacidad para enfrentar los riesgos políticos y económicos de nuestro país, con sus propios planes de gobierno sin dejarse manipular por personas externas a este o a su partido político. El propósito de Álvaro Uribe Vélez al comenzar su presidencia era aumentar la competitividad del país e integrar económica y socialmente el territorio mediante el fortalecimiento de los medios de transporte,

partiendo de la importancia que tiene la infraestructura regional. Los esfuerzos desarrollados en el fortalecimiento de la seguridad nacional produjeron oportunidades de inversión y con esto llegó la vinculación de la empresa privada con el sector de la infraestructura. Sin duda, las diferencias entre el expresidente Uribe y el presidente Santos dentro del Partido de la U hacen que este partido se vea en la doble condición de ser el partido mayoritario de la coalición de gobierno, pero al mismo tiempo ser el vocero de la oposición a sus políticas y especialmente a la determinante en este momento, que es la de búsqueda de una superación negociada del conflicto interno armado con la insurgencia guerrillera. Una especie de esquizofrenia política del partido. Mientras el país político permanezca dividido entre Uribistas y Santistas, seguramente van a encontrar cabida y un amplio respaldo a todas las fuerzas que surjan como alternativas o una tercera vía, como en su momento ocurrió con la llamada ‘Ola Verde’. Esa es la opinión generalizada de algunos analistas consultados sobre el futuro que pueden tener los movimientos surgidos en los últimos días como el ‘Puro Centro Democrático’, que agrupa a los amigos del expresidente Álvaro Uribe Vélez y el recién anunciado movimiento ‘Pedimos la Palabra’, conformado por dirigentes políticos, académicos e intelectuales del país. En una entrevista el exmandatario dijo que el presidente Juan Manuel Santos “utilizó las banderas del Uribismo para ser elegido, pero no para gobernar”. Esto hace referencia al aprovechamiento del presidente a cargo Juan Manuel Santos, quien se fue metiendo poco a poco en los fines políticos de Uribe esperando nuevas elecciones para poder ser elegido, el conflicto radica en que el presidente Santos no está manteniendo las ideas políticas de Uribe. No estoy ni a favor ni en contra de ningún partido político, solo busco ilustrar al pueblo sobre el conflicto yaciente entre estos dos personajes públicos, haciendo énfasis en la falta de importancia de otros temas que son realmente importantes, como los daños y perjuicios que produce el TLC en el sector agrario; ya que estos políticos se concentran realmente en el pueblo, solamente meses antes para las elecciones o bien sea el caso para la relección.


El “Correazo” Judicial escrito por:

<<Julián Camargo>>

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esde el 2007, año en que el presidente ecuatoriano Rafael Correa se posesionó como dirigente de la República del Ecuador han transcurrido varios sucesos dentro de su mandato, los cuales han generado gran controversia por parte de la prensa y la población indígena con respecto a dos polémicas que puso en aprietos al presidente Rafael Correa. El diario ecuatoriano El Universo en su edición del 6 de febrero del 2011 publicó un artículo de opinión titulado “No a las mentiras” redactado por Emilio Palacio, en aquel entonces editor de opinión del diario, el cual acusaba al presidente Rafael Correa de ser un criminal y haber ordenado disparar a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles. Este caso conocido como 30S por ser el 30 de septiembre de 2010, fue una crisis de seguridad que inició como una revuelta policial contra la ley de servicio público salarial a la que estarían sujetos miembros de la Policía y Fuerza Militar, inconformes ante la imposición de esta ley se originó una situación caótica donde el presidente Correa fue lesionado en su rodilla y posteriormente llevado a un hospital, lugar que se encontraba rodeado por los policías inconformes que retuvieron al presidente. En ese hecho transcurrió un tiroteo entre los sublevados de Policía Nacional y Las Fuerzas Especiales de Seguridad, dejando así un resultado de 8 muertos y 274 lesionados. A partir de esta terrible masacre la cual el pueblo ecuatoriano no podrá olvidar. El presidente Rafael Correa ha pasado por ciertos conflictos en su gobierno, y acuso a los medios de comunicación de formar parte de la oposición y distorsionar la información que genera discusiones entre la población ecuatoriana.

¿Pero realmente pueden los medios de comunicación desestabilizar el gobierno del presidente Rafael Correa a través de la tergiversación? Para el Presidente Correa no ha sido fácil tener que lidiar con la prensa y su forma de alterar la información dicha. Otros casos importantes fueron publicaciones como La Hora y el libro Gran Hermano donde se exponían injurias y calumnias acerca de su gobierno, lo anterior según el mandatario. En el caso El Universo, el presidente decidió instaurar una demanda contra los directivos del diario Carlos Pérez y Cesar Pereza junto al ex-editor de opinión Emilio Palacio donde recibirían 3 años de prisión. No contento con esto el mandatario quería ser indemnizado por las tres personas con una suma de 40 millones de dólares. Por otra parte, el diario El Universo fue respaldado por los diferentes medios de comunicación de Latino América como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos (Andiarios) como lo son: El Tiempo y El Espectador. Además, el ex-vicepresidente de Colombia y director del programa “Noticias de la mañana” de RCN Radio, Francisco Santos, señaló que con esto se busca mandar un mensaje muy claro a Correa, el cual es: si usted se mete con los medios de comunicación, se mete con todos nosotros.

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