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El mejillón cebra –zebra mussel para los ingleses– es un pequeño bivalvo cuya concha no supera los tres centímetros de longitud; de forma triangular, con el borde externo romo, tiene el aspecto de un pequeño mejillón marino, pero resulta inconfundible porque posee un original diseño formado por bandas blancas y oscuras en zigzag. Se trata de un agente de cambio ecológico radical que disminuye la concentración de fitoplancton y altera completamente la cadena ecológica de los ríos que invade (7, 8, 9, 10 y 11). Apoyado por la navegación fluvial se extendió durante el siglo XIX por todo el centro y norte de Europa, de manera que hacia 1850 ya infestaba la mayoría de los ríos y canales de Inglaterra. Utilizando el transporte marítimo de mercancías como vía de dispersión, se logró introducir en los Grandes Lagos de Canadá y Estados Unidos a finales del siglo pasado –se cita el año 1982–, habiendo colonizado actualmente numerosas aguas continentales (embalses, ríos y lagunas); paralelamente, se introdujo en Europa occidental. En la península Ibérica existían citas de finales del siglo XIX, en la desembocadura del Duero, en Oporto (Portugal), pero debió tratarse de alguna introducción accidental de ejemplares muertos, porque la invasión no prosperó aguas arriba. Ahora, en cambio, la colonización parece imparable: en unos meses ha disparado todas las alarmas oficiales, ya que esta especie ha causado ya la extinción de diversos moluscos bivalvos autóctonos en otras partes del Globo. En el Ebro pone directamente en peligro a la especie ibérica más emblemática: la perla de río o almeja del Ebro (Margaritifera auricularia), pero, además, es prioritario evitar su diseminación a otros ríos españoles donde existen otras náyades (Margaritifera margaritifera y diversos Unio, en especial Unio elongatulus, entre otros moluscos, especies incluidas en el Convenio de Berna, apéndices II y III respectivamente) (12). Esbozaremos sólo un caso más entre los mal denominados “seres inferiores”, por no extendernos, pero la lista sería inacabable. Hasta una docena de hormigas foráneas han invadido nuestros hábitats, ocupando tanto los enclaves naturales como los antrópicos, desplazando en muchos casos a las especies nativas. Unas son conocidas desde antiguo, como la hormiga argentina (Linepithema humile, ver artículo en esta misma revista), y otras de reciente introducción en la península Ibérica, como sucede con las especies Leptothorax longispinosus, Paratrechina flavipes y Paratre-

china jaegesrkioeldi (13). Las consecuencias ecológicas de estas introducciones están todavía por estudiar. Aparte de todo eso, es conveniente recordar otra faceta, que no abordaremos aquí, pero que, en realidad, es un caso particular de este mismo problema, además de ser uno de los que más quebraderos de cabeza y más pérdidas económicas han causado a la humanidad desde los tiempos remotos (14); hablamos de las plagas. Desde antiguo, se conocen numerosas especies de animales (principalmente insectos), plantas (algunas de las denominadas “malas hierbas”), hongos y bacterias, que se han introducido en zonas ajenas a su área de distribución habitual y se han convertido en plagas que producen voluminosas pérdidas en los cultivos agrícolas y en las plantaciones forestales. Uno de los casos más llamativos de los últimos años en España es el de la introducción de una especie de gorgojo (coleóptero curculiónido) con elevada capacidad de dispersión: el gorgojo del eucalipto o Gonipterus scutellatus, originario del sudeste de Australia y de la isla de Tasmania; fuera de su hábitat natural se convierte en un poderosos defoliador de los eucaliptos. Se está propagando por todas las partes del mundo en donde se introducen los árboles huésped. En la Península Ibérica se detectó por vez primera en Galicia, en 1991, y se ha ido extendiendo por la cornisa cantábrica hasta llegar, en 2001, a Vizcaya (15). Otro es el de los barrenadores de la madera,

Coipú o rata nutria. FOTO: P. DUBOIS.

insectos del orden de los coleópteros y la familia de los bostríquidos, que por importaciones de madera de las regiones subtropicales pasan constantemente a incorporarse en nuestra fauna, con el peligro de aclimatación, como sucede con algunas especies como Apate monachus y Phonapate frontalis en gran parte del litoral o, en el interior, en comunidades más cálidas como Andalucía o Levante, donde pueden pasar de perforar especies arbóreas frutales a otras leñosas del dosel natural forestal (16). En el reino vegetal existe un ejemplo de gravedad singular. Un alga originaria del Caribe, Caulerpa taxifolia, se ha ido extendiendo en el Mediterráneo desde 1984 en Mónaco (se exhibía en los tanques del acuario de la ciudad y, por error, se filtró al mar). De increíble resistencia, además de tóxica (lo cual le evita muchos enemigos naturales) y de rápido creci-

Intereses políticos versus conservación

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pesar de los reiterados avisos de los expertos, no es raro que las administraciones públicas se posicionen en contra de aquéllos para defender intereses que nada tienen que ver con los de la conservación de la diversidad biológica y la naturaleza. Y baste un ejemplo propio (de España), bien que se podrían relatar otros muchos. El Dr. Ignacio Doadrio, jefe del Departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y uno de los biólogos españoles de mayor prestigio internacional, ha señalado recientemente en la prestigiosa revista National Geographic lo difícil que es calibrar el peligro real de la introducción de animales en ecosistemas distintos de los que les son propios (17), a la vez que ha concretado con un ejemplo diciendo que en la cuenca del Júcar una subespecie fluvial endémica, la loína (Chondrostoma toxostoma arrigonis), ha desaparecido prácticamente tras la introducción de otro pez: la boga de río (Chondrostoma polylepis), no debido a predación sino a la competencia establecida entre ambas especies, siendo el Dr. Doadrio, en este artículo, por ese mismo motivo, muy crítico con el nefasto Plan Hidrológico Nacional que el Gobierno español ha aprobado recientemente. Pues bien, este tipo de declaraciones, científicamente irrefutables y amparadas en hechos probados, desatan rápidamente complejas respuestas oficiales, como la que redacta el Secretario de Estado de Aguas y Costas, Pascual Fernández, unos meses después, en el mismo medio de comunicación (18). La respuesta oficial está repleta de argumentaciones técnicas que (a las pruebas nos remitimos) son sistemáticamente ineficaces y demuestran, una y otra vez, la incompetencia y el desconocimiento de los procesos naturales que provocan tan irresponsables y faraónicas obras de ingeniería.

El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

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El Ecologista nº 33  

La vergüenza espacial, Geografía de la Salud, Reforma fiscal ecológica ¿Por qué el riesgo de morir es más alto en el suroeste de España?, Un...

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