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Corbicula fluminea

Muflón. FOTO: CARLOS SANZ.

Malvasía canela

Cotorra de Kramer

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El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

(Myocastor coipus), un vegetariano semiacuático sudamericano de gran tamaño introducido en Europa por la industria peletera a principios del siglo XX; tiene asentamientos fijos en algunos ríos del País Vasco y Navarra, y también se ha visto en otros de Cataluña; puede ocasionar daños a la vegetación de ribera. En las aves hay numerosos ejemplos (4), pero el más paradigmático quizás sea el de la malvasía canela (Oxyura jamaicensis), de origen americano, que está acabando, por hibridación, en nuestro país y en Europa con la malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala), especie que está catalogada “en peligro de extinción” y que se había recuperado ligeramente en estos últimos años (5). La especie americana se introdujo repetidamente entre 1940 y 1960 en algunas colecciones privadas inglesas de anátidas, concretamente en Slimbridge; algunos individuos escaparon y otros fueron liberados, de manera que una pequeña población logró reproducirse en libertad; de allí se fueron extendiendo por Europa; en 1983 apareció en España, en Tarragona, y en 1991 se detectaron los primeros híbridos de la malvasía jamaicana con la malvasía cabeciblanca, una de las especies más amenazadas hoy día en el Viejo Continente. De modo similar, la codorniz común sufre la invasión genética de la codorniz japonesa (Coturnix coturnix japonensis), introducida por negocio cinegético. El faisán (Phaisanus colchicus) y el colín de Virginia (Colinus virginianus) fueron traídos por el Ministerio de Agricultura para incrementar el número de especies en suelo patrio a las que disparar tiros. Otras aves introducidas que están causando problemas ecológicos son la cotorra argentina (Myiopsitta monachus), la cotorra de Kramer (Psittacula kramerii), la cotorra carirroja (Aratinga mitrata), los picos de coral (Estrilda astril y Estrilda melpoda) y el bengalí (Amandava amandava). Pero es sin duda entre los peces, por la propia fragilidad de los ecosistemas fluviales y debido a la perniciosa costumbre de introducir especies interesantes para la pesca deportiva (en un pantano de Málaga se ha llegado a pescar una piraña roja sudamericana –la captura está documentada, sucedió el 20 de septiembre de 1997–, ¡y no es difícil imaginar cómo fue a parar allí!), donde el problema se ha reflejado con mayor incidencia. Se estima que el 30% de nuestra fauna piscícola dulceacuícola corresponde a especies invasoras. Numerosas especies, algunas tan conocidas como la carpa (Cyprinus carpio), medran en nuestras aguas y hacen

que los peces autóctonos vayan desapareciendo de los ríos. Así, perca americana o black-bass (Micropterus salmoides), lucio (Exox lucius), trucha arco iris (Salmo gairdneri), gambusia (Gambusia holbrooki), gobio (Gobio gobio), siluro (Silurus glanis), pez gato (Ictalurus melas) y pez rojo (Carassius auratus), entre otros, se incluyen en la larga lista de invasores. Y la situación no es mejor en aguas salinas: al menos 110 especies importadas conviven con unas 530 autóctonas en el Mediterráneo según se desprende de un estudio reciente (6). También aparecen ejemplos entre reptiles y anfibios. Todos los años se soltaban miles de las denominadas tortugas de Florida (Trachemys scripta), uno de los animales de compañía más vendidos en Europa, lo que introdujo la especie en numerosas lagunas del país, que entra en competición directa con los galápagos europeo (Emys orbicularis) y leproso (Mauremys leprosa), las especies autóctonas. Actualmente, está prohibida su venta y tan nefasta práctica, pero este galápago foráneo ya está muy extendido y aclimatado. La enorme rana toro americana (Rana catesbeiana) ha escapado de las granjas de cultivo y ya se ha asilvestrado en Extremadura; se teme que desplace a las especies ibéricas, concretamente a la rana común, Rana perezi. Pero vamos con los invertebrados, dónde también se han dado casos flagrantes de consecuencias medioambientales catastróficas en los que la administración no supo reaccionar a tiempo. Aparte de los estudiados avatares del declive del cangrejo de río autóctono (1), se está produciendo un caso en la actualidad que se atisba sumamente preocupante y ha producido una alarma espectacular (que no es para menos). Un molusco bivalvo de agua dulce (que también resiste aguas salobres), el mejillón cebra (Dreissena polymorpha), procedente de los mares Negro y Caspio y áreas circundantes, lugares donde habita en equilibrio biológico, ha colonizado el curso bajo del río Ebro. En agosto del año pasado el Grupo de Natura Freixe de Flix de Tarragona detectó su presencia desde Xerta hasta el embalse de Ribarroja; unos meses después, a mediados de noviembre, miembros de la Estación Biológica del Aiguabarreig confirmaban su presencia en Aragón, desde Fayón hasta Mequinenza, en troncos flotantes y en algún embarcadero, lo que significa que la plaga está avanzando rápidamente aguas arriba del embalse (ya lo han detectado cerca de la confluencia con los ríos Cinca y Segre y en el Matarraña).

El Ecologista nº 33  

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