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1. Colin Powell fue abucheado durante su intervención. FOTO: IISD-ENB, LEILA MEAD. 2. Paula Dobriansky, responsable de la delegación de EE UU, declaró sin rubor: “Somos los campeones mundiales del desarrollo sostenible”. FOTO: IISD-ENB, LEILA MEAD.

de la ONU ha sido diversa y contradictoria. Por presentarlo de forma sucinta y esquemática, con los peligros que esto conlleva, podríamos decir que, para una parte de las organizaciones civiles presentes en el proceso, la disyuntiva era si el futuro global iba a estar gobernado por las Naciones Unidas o por los poderes económicos representados en la OMC, mientras que para otra buena parte de la sociedad civil mundial, la propia ONU y sus representantes políticos más relevantes ya habían apostado por la prioridad de los criterios comerciales y la cumbre estaba abocada al fracaso. Así, en Johanesburgo hemos asistido a una ceremonia de la confusión “preparada”. El esperado foro alternativo no ha sido tal y aquellas organizaciones y grupos que mantenían posiciones críticas con la dinámica oficial de la Cumbre ha

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El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

debido buscar su espacio fuera del NASREC, el recinto ferial donde ha tenido lugar el foro de la sociedad civil organizado por un secretariado ligado política y económicamente a la ONU y al gobierno sudafricano. La disidencia ha tenido que buscar lugares alternativos como la universidad o los abandonados estudios cinematográficos del Shareworld para reunirse. La víspera de la celebración de las anunciadas marchas desde el gueto de Alexandra (800.000 habitantes) a la sede oficial de Sandton había al menos tres convocatorias distintas, una de ellas ilegal, según la prensa local. Incluso el domingo, día posterior a las movilizaciones, se podía oír y leer que habían existido dos marchas, cuando no existió más que una, convocada por un amplio espectro de movimiento sociales sudafricanos. La otra marcha convocada por el ANC –el partido en el gobierno– no llegó a salir del estadio de Alexandra al no reunir más de 2.000 personas, pese a la asistencia de ministros sudafricanos y líderes políticos internacionales. La gente prefirió protestar con los líderes de a pie. Toda una semana de reuniones y negociaciones no fue suficiente para unificar criterios entre quienes pensaban que el marco es la ONU y que el gobierno sudafricano es un buen aliado y quienes mantienen que más allá de la retórica están los hechos y tanto las Naciones Unidas como el gobierno de Pretoria han apostado por el capital y no por “los condenados de la Tierra”. No podía haber acuerdo.

Gobierno de izquierda, política de derechas Como se puede deducir, en Johanesburgo además de la ONU ha tenido mucho que ver el gobierno anfitrión, un gobierno de izquierda que, a los ojos de sus críticos, hace política de derechas. Así lo atestiguaron el Movimiento de los Sin Tierra, el Forum Anti-Privatización o el Comité de Crisis de Electricidad de Soweto. Siguiendo las directrices del Banco Mundial, desde 1994 el gobierno del ANC tan sólo ha redistribuido un 1% de la tierra agrícola, basándose solamente en operaciones de compraventa. Sin embargo el 80% de la tierra agrícola sigue estando en manos de menos del 1% de la población (10). El gobierno de Thabo Mbeki, con 8 ministros pertenecientes al Partido Comunista, es el máximo promotor y defensor del NEPAD (Nuevo Partenariado para el Desarrollo Africano) un proyecto para el desarrollo africano apoyado por varios gobiernos africanos y rechazado por una amplia base social en Sudáfrica por promover la privatización del agua, la electri-

cidad, el transporte y los servicios de telecomunicaciones, así como el pago de la deuda externa y una mayor liberalización de mercados y de inversiones internacionales. La empresa para-estatal ESKOM combina las propuestas de privatización del suministro eléctrico con su participación en nuevos proyectos nucleares y la construcción de mega-embalses en Swazilandia, Uganda, Namibia, Mozambique y Lesotho (11). El espíritu internacionalista de muchas personas llegadas a Johanesburgo para la Cumbre se ha visto también tristemente controvertido por la política represiva y la distorsión entre discursos y hechos del gobierno sudafricano. Es difícil considerar “gobierno amigo”, por utilizar la expresión utilizada por las organizaciones sindicales, por ejemplo, a quién en vísperas de la Cumbre evacua a miles de personas de sus asentamientos ilegales al haber procedido a la venta de tales tierras y posteriormente reprime sus protestas encarcelando a 76 de los sin tierra. Otra evidencia de la política del régimen sudafricano fue el acordonamiento policial y militar de la marcha de los movimientos sociales durante 8 km, diseñando un callejón sin salida para miles de manifestantes flanqueado por las mismas metralletas y tanquetas que años antes se utilizaban en Soweto y en otros townships para reprimir las protestas anti-appartheid.

Pensar y actuar, local y globalmente De aquí extraemos una de las lecciones autocríticas más importantes de Johanesburgo, que tiene bastante que ver con una idea central del ecologismo. Lo local y lo global están íntimamente ligados y las dinámicas socio-económicas globales se basan en realidades locales que no se pueden desgajar del todo, ya que no funcionan autónomamente. Reactivar el activismo internacionalista y ecologista es prioritario. Los problemas ambientales a los que nos enfrentamos localmente tienen las mismas causas aquí y en Sudáfrica, por ello establecer nexos de colaboración y de intercambio internacionales es fundamental para dar vuelta a las dinámicas neoliberales. Es cierto que hay importantes redes y organizaciones internacionales con fuerte peso político y mediático en las cuestiones socio-ambientales. Y podemos decir que existen también diversos estilos de internacionalismo ecológico, como se ha podido ver durante la semana y media de cumbre. Greenpeace, por ejemplo, ha escogido dos apariciones centrales. Por un lado, 12 activistas entraron

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