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Naciones Unidas, sólo por los negocios Algo también negativo de este panorama o coyuntura actual es el papel jugado por las propias Naciones Unidas. Su anquilosado sistema de funcionamiento, adecuado a los resultados de la Segunda Gran Guerra, no ha asumido los grandes cambios demográficos y políticos sobrevenidos en estos 60 años y siguen amparando un esquema de juego antidemocrático y desequilibrado. Por si esto fuera poco, la nueva tendencia puesta en marcha por el actual secretario general, al que se conoce humorísticamente como “Neskoffi” Annan, es abrir las puertas de la ONU a las empresas multinacionales para que sufraguen los gastos que los países enriquecidos del mundo no quieren hacer. Ya en Río de Janeiro el Consejo Mundial del Comercio para el Desarrollo Sostenible consiguió eliminar toda crítica y responsabilidad del mundo empresarial sobre la crisis ecológica (4), y ahora, en el proceso preparatorio de Johanesburgo, han promovido un nuevo tipo de convenios voluntarios, acuerdos Tipo II, diferenciándolos de los acuerdos Tipo I que son los tradicionales acuerdos inter-gubernamentales que obligan a los gobier-

nos. Los 54 acuerdos voluntarios entre la industria, los gobiernos y algunas ONG ambientalistas promovidos por la Business Action for Sustainable Development (5) han sido la interesada respuesta del mundo de los negocios al Global Compact propuesto por la ONU. Esto es, un nuevo partenariado voluntario basado en las ofertas económicas de las grandes compañías a gobiernos y organizaciones ecologistas para demostrar su interés por el desarrollo sostenible y salir así de su posición de aislamiento frente al resto de grupos representativos o stakeholders – accionistas en inglés– (ONG ambientales, sindicalistas, agricultores, indígenas, científicos y mujeres). De esta guisa han tratado de desbaratar la petición de estos últimos para organizar una convención de las Naciones Unidas para el control y responsabilidad de las empresas (6). A pesar de los esfuerzos realizados en el período preparatorio de la Cumbre por parte de las ONG para exigir el control y la fiscalización de las empresas transnacionales, en este caso apoyadas por el Grupo 77 y por China, sus demandas se han encontrado con la oposición de las tres grandes potencias económicas (EE UU, UE y Japón) que han defendido que para controlar y establecer las responsa-

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1. Johanesburgo: mucha parafernalia, pero pocos resultados. Montaje durante la apertura de la conferencia.

bilidades de las empresas transnacionales son suficientes las directrices voluntarias emanadas de la OCDE. Una vez más, la política es incapaz de someter y controlar las actividades económicas. Y como quedó claro en Doha y ha quedado demostrado en Johanesburgo, la OMC no esta dispuesta a someterse a los dictados de la ONU. Llegados a este punto hemos de aclarar que las posiciones de la Unión Europea respecto a la OMC y a Doha (7), manifestadas tanto por el presidente de la Comisión, Romano Prodi (8), como por la Comisaria danesa de Medio Ambiente, Margot Wallström (9), no han sido muy diferentes a las mantenidas por el gobierno norteamericano. El comercio les sigue pareciendo la vaca más sagrada.

Foros poco alternativos Tras la IV convención preparatoria de junio celebrada en Bali (Indonesia) los desacuerdos (tres cuartas partes del Programa de Acción entre paréntesis) eran mucho más que los acuerdos y en Johanesburgo lo que no se había logrado poner en orden en 10 años se debía intentar recomponer en 10 días. En esta tesitura la respuesta de la sociedad civil mundial ante las iniciativas y propuestas

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FOTO: UN DEPARTMENT OF PUBLIC INFORMATION

2.“Olvidémoslo: EE UU llamó terroristas a Mandela y al ANC” (partido en el gobierno). FOTO: IISD-ENB, LEILA MEAD.

3. Nelson Mandela. FOTO: IISD-ENB, LEILA MEAD.

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El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

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El Ecologista nº 33  

La vergüenza espacial, Geografía de la Salud, Reforma fiscal ecológica ¿Por qué el riesgo de morir es más alto en el suroeste de España?, Un...

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