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Los poderes económicos siguen poniendo freno a las demandas de la sociedad civil

“Los derechos para la gente, las normas para los grandes negocios”. Protesta frente al Sandton Conference Center. FOTO: CHARO ROMO.

Lecciones de Johanesburgo Iñaki Barcena

L

a perversa situación que atraviesa la política internacional es un factor determinante para entender lo que ha acontecido entre finales de agosto y primeros de septiembre en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible de Johanesburgo (Sudáfrica). Esto es, la especial coyuntura política en que se ha producido este evento internacional viene marcada por una escalada militarista de ámbito planetario que trata de rediseñar el mercado y la propiedad de las reservas del petróleo y a su vez acabar con el nuevo y amplio enemigo “terrorista”, ése que ha venido a suplantar al bloque comunista de décadas pasadas, hoy cuasi-extinto. No estamos, ni en plena guerra fría

Iñaki Barcena (zipbahii@lg.ehu.es), representante de Ekologistak Martxan en la cumbre de Johanesburgo

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El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

como en 1972, cuando en Estocolmo se hablaba de ecodesarrollo (1) para advertir de los límites ecológicos de la Tierra, ni tampoco en 1992, en Río de Janeiro, cuando la desaparición de la Unión Soviética traía para unos el fin de la Historia y para otros la oportunidad de dedicar a las necesidades sociales los recursos de la carrera armamentista. Si Bush padre fue a Río a decir que no tenía ninguna intención de comprometer el american way of life y no firmó ni el Tratado de Biodiversidad ni el del Cambio Climático, diez años después Bush junior ni siquiera se ha desplazado a Johanesburgo y sus mandatarios han sido la mayor rémora, no la única, seamos justos, para poner en marcha un Plan de Acción socioambiental con fechas, compromisos y medios financieros adecuados a tamaña empresa. El abucheo y la protesta ante Colin Powell ha sido la imagen que mejor resume lo

acontecido en esta cumbre.

El mundo sigue en venta Todo el mundo ha hablado de Río+10 como expresión en positivo de un momento vital para reactivar la Agenda 21 y los acuerdos de la década anterior en Brasil. Sin embargo, había quienes, como Vía Campesina, hablaban de Doha+10 meses y no les faltaba razón. El pasado noviembre la Organización Mundial del Comercio (OMC), nacida en Marraquech a principios de 1995, se reunía en Doha para intentar recuperar fuerzas y poner en marcha sus planes tras su inesperado y estrepitoso fracaso en Seattle. Si durante la celebración del 50 aniversario de las instituciones de Bretton Woods, la campaña “50 años bastan” (2) significó un clamor multitudinario y la reactivación de la crítica contra el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el GATT (ahora OMC), en Seattle (1999) se produjo una movilización que conmocionó al mundo (3). Un eficaz enjambre de movimientos sociales en pie, impidieron que la OMC se reuniera y cerraron la calle a sus representantes. El ejemplo cundió y tuvieron que buscar lugares inaccesibles para poder reunirse. Así las cosas y con una animadversión creciente frente a la globalización neoliberal, Doha (Qatar, 2001) significará, como después Monterrey (México, 2002, Conferencia Internacional para la Ayuda al Desarrollo) y ahora Johanesburgo, la imposición por las elites político-económicas del mundo, con las compañías transnacionales a la cabeza, de unos acuerdos que priorizan sus intereses mercantiles a las necesidades sociales y ambientales de la mayoría de la Humanidad. Por eso tiene sentido decir que “el mundo sigue en venta”. Porque como se ha visto en Johanesburgo, lo importante no es que el agua potable y el saneamiento lleguen a los hogares humildes del mundo, sino que estos servicios sean gestionados por compañías privadas. Lo vital para ellos no es que la energía solar sea introducida en los países empobrecidos, sino que las compañías eléctricas públicas dejen, como está sucediendo en Europa, paso libre a la privatización de los suministros energéticos. A su entender la única medicina que puede resolver el hambre y la pobreza es una sobredosis de mercado...

El Ecologista nº 33  

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