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responsable internacionalmente” de los daños causados por éste. La posterior “Convención sobre la Responsabilidad Internacional de los Daños Causados por Objetos Espaciales”, que entró en vigor en 1972, siendo firmada, como el TEE, por casi todos los Estados del mundo, dice que el Estado lanzador será totalmente responsable de tales daños. Sin embargo, en 1991, la NASA y el Departamento de Energía de EE UU establecieron un acuerdo sobre la energía nuclear en el espacio para las misiones espaciales estadounidenses, que establecía que los vuelos estarían cubiertos por la llamada ley Price-Anderson. Esta ley de EE UU sirvió originalmente para proteger a la industria nuclear, y limita las responsabilidades por daños en el caso de un accidente nuclear a 8,9 miles de millones de dólares para daños domésticos (dentro de EE UU) y sólo 100 millones para daños a todos los demás países. Por lo tanto, si ocurre un accidente en la próxima misión Europa, ya mencionada, o en cualquier otra con vehículos espaciales nucleares, EE UU no aceptará la responsabilidad completa del mismo.

Peligro en los cielos Y tales accidentes han ocurrido. El percance más serio para EE UU ocurrió el 21 de abril de 1964, cuando un satélite con una fuente de energía nuclear que contenía plutonio, no alcanzó su órbita y cayó, desintegrándose y esparciendo casi un kilo de plutonio por el mundo. “Un programa mundial de muestreo de suelos efectuado en 1970, mostró que los residuos radiactivos del satélite estaban en todos los continentes y a cualquier latitud”, de acuerdo con la publicación de 1990 “Preparación de Emergencia para Satélites Nucleares”, un informe de la Organización Europea para la Cooperación Económica y el Instituto Nacional Sueco de Protección Radiológica. El peor accidente espacial nuclear de la antigua Unión Soviética ocurrió en enero de 1978, cuando el Cosmos 954, un satélite alimentado por un reactor nuclear, cayó en los Territorios del Nordeste

canadienses, esparciendo residuos nucleares sobre un área enorme. El informe citado anteriormente afirma que “cantidades considerables de deshechos radiactivos sobrevivieron a la reentrada y se esparcieron sobre un recorrido de 600 km desde el Gran Lago de los Esclavos hasta el lago Baker”. La misión Cassini a Saturno, que está transcurriendo en la actualidad, lleva la mayor cantidad de plutonio utilizada nunca en un vehículo espacial (más de 30 kg). Su parte más peligrosa llegó el 17 de agosto de 1999, cuando la NASA acercó la sonda a poco más de 1.000 km de la Tierra, con la intención de aprovechar el impulso de la gravedad para dar a la sonda una velocidad adicional para que pudiera alcanzar Saturno. La NASA afirmó en su declaración final de impacto ambiental para la misión Cassini que, si la sonda no hubiera sobrevolado la atmósfera sino que se hubiese hundido en ella, habría caído hacia la Tierra liberando el plutonio. Cassini no cayó. Pero cinco semanas después, el 23 de septiembre de aquel año, el Mars Climate Orbiter de la NASA se estrelló contra la superficie del planeta rojo en un vuelo demasiado bajo. Resultó que dos equipos de científicos que trabajaban en el proyecto, uno de Lockheed Martin y otro del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, habían usado diferentes unidades para medir la altura del vuelo (uno pies y el otro metros). Para hacer frente a las actividades comerciales en el espacio, que surgen sin cesar, Cuevas, abogado de la red mundial ya mencionada, propone “una extensión de las leyes ambientales internacionales (por ejemplo, de las leyes que han acordado las naciones para proteger los océanos)” y, a continuación, “integrar” los estatutos ambientales del espacio en “un régimen legal espacial internacional”. La acción ciudadana de base sería muy necesaria. “El establecimiento de un debate democrático mundial sobre el tipo de semilla que la Humanidad debería llevar al espacio es el objetivo final de la red global”, declara Gagnon, otro de sus miembros. El grupo quiere organizar “una voz colectiva que llame a la protección del espacio de los males que hemos sembrado en esta Tierra”.

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1. El espacio cada vez está más lleno de artilugios de todo tipo. 2 y 3. La empresa LunaCorp quiere mandar vehículos robot a la Luna desde 2003 con fines comerciales. 4. La sonda europea Rosetta utilizará paneles solares de alta eficiencia para producir electricidad.

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El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

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El Ecologista nº 33  

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