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Basura espacial

Tratamientos con láser

La minería es el objetivo principal de los que buscan la explotación comercial del espacio. Por otro lado, aunque la presencia humana en el espacio se remonta a unas pocas décadas, el espacio que rodea a la Tierra ya está contaminado. En la actualidad, hay unos 110.000 objetos de origen humano mayores de un centímetro orbitando la Tierra (más de 3.000 toneladas de basura espacial), y la situación se ha hecho tan seria que la NASA “reemplaza ventanas picadas tras casi todos los vuelos” de las lanzaderas espaciales, como señalaba un informe de 1987 del Consejo Nacional de Investigación de EE UU, que avisaba de colisiones, potencialmente catastróficas, con los residuos espaciales. Entre la basura sobre nuestras cabezas hay 37 satélites alimentados con energía nuclear de origen estadounidense y soviético. Los satélites dejaron de operar, pero el combustible radiactivo que portan es activo y letal, y los satélites caerán sobre la Tierra durante los próximos siglos. El uso de la energía nuclear en el espacio continúa, a pesar de los graves accidentes que afectaron a los programas espaciales nucleares tanto soviéticos como estadounidenses. El próximo lanzamiento de un dispositivo con energía nuclear está previsto para 2003, cuando la NASA planea lanzar una sonda espacial propulsada con plutonio, llamada Europa, a la luna de Júpiter de dicho nombre. El plutonio se usará para dar energía a diversos instrumentos a bordo de la sonda. La NASA mantiene que el plutonio es necesario, porque el uso de paneles fotovoltaicos no es efectivo tan lejos del sol (estos paneles los llevan los satélites debido a los accidentes provocados cuando varios satélites nucleares cayeron a la Tierra, dispersando su contenido radiactivo). Sin embargo, ese mismo año 2003, la Agencia Espacial Europea lanzará su sonda Rosetta, que utilizará células solares de alta eficiencia en lugar de plutonio para producir electricidad, y Rosetta viajará más allá de la órbita de Júpiter para encontrarse con el cometa Wirtanen. La insistencia de la NASA en usar energía nuclear en el espacio se debe, en parte, al deseo de coordinar sus actividades con el ejército de EE UU, que considera la energía nuclear necesaria para las armas de alta energía, tales como los láseres, que pretende instalar en el espacio en los años venideros.

Como afirmaba el informe “Nuevas perspectivas del mundo: Poder aéreo y espacial en el siglo XXI”, elaborado en 1996 por el Grupo de las Fuerzas Aéreas de EE UU, “en las próximas dos décadas, las nuevas tecnologías permitirán la aparición de armas espaciales de efectividad devastadora, que podrán suministrar masa y energía como proyecciones de fuerza en conflictos tácticos y estratégicos. Estos adelantos permitirán que láseres con una masa y un coste razonables causen muchas bajas”. “Si se permite a EE UU trasladar la carrera de armamentos al espacio, no habrá vuelta atrás”, dice Bruce Gagnon, coordinador de la red mundial contra las armas y la energía nuclear en el espacio. “Tenemos esta oportunidad única, este momento único en la historia para detener la entrada de armas en espacio”. Gagnon, que encabeza esta red mundial, con base en Florida y afiliados en todo el mundo, añade: “durante años, hemos contaminado ríos, lagos y océanos, pensando que la solución para la contaminación era la dispersión. Hoy en día sabemos que esto fue una equivocación. Pero en la actualidad se mira al espacio de esa manera, pensando que es muy grande y que nada de lo que hagamos en los cielos tendrá consecuencias (...) Debemos actuar ahora para proteger el espacio, igual que protegeríamos cualquier otro lugar natural importante. Los cielos han de ser una reserva sin armas, sin energía nuclear ni desarrollo comercial masivo. El cielo no está en venta”.

La ruptura de EE UU Intente decirle eso a EE UU. En años recientes, se ha puesto de manifiesto que la redacción original del TEE tenía algunas lagunas en el tema del armamento –por ejemplo, las armas láser no existían en aquel entonces, por lo que no se prohibían específicamente en el acuerdo–. Para aclarar cualquier confusión, Canadá y China han presentado resoluciones recientemente a las NN UU. Su secretario general, Kofi Annan, ha apoyado decididamente esta iniciativa. Como declaró Annan en la apertura de la Conferencia de las NN UU sobre desarme celebrada en Ginebra en 1999, el espacio debe mantenerse “como un ambiente libre de armas”, y

urgió a “codificar los principios que puedan asegurar que el espacio exterior permanece sin armamentos”. Pero ¿por qué se oponen otros países de forma tan decidida a los planes estadounidenses para el dominio del espacio? ¿es porque creen sinceramente que debe dejarse a éste en su estado natural, o bien porque quieren también su parte de la tarta? “El dominio del espacio es un concepto hegemónico”, declara Wang Xiaoyu, primer secretario de la delegación china ante la ONU. “Su esencia es el monopolio del espacio y la negación del acceso de otros al mismo. También se propone alcanzar objetivos estratégicos en la superficie”. El resultado, añade, sería, o bien que las otras naciones aceptaran que EE UU obtuviera la superioridad estratégica en el espacio, o que establecieran sus propios programas. Ante este panorama, dice, “la comunidad internacional debería actuar sin más dilación para tomar medidas efectivas que impidan que suceda lo peor”. En una Conferencia para el Desarme de las NN UU, China presentó formalmente su resolución para “un instrumento legal internacional que prohiba las pruebas, desarrollo y uso de cualquier arma, sistema de armas y sus componentes en el espacio exterior, con el objetivo de prevenir la entrada de armas en el espacio exterior”.

Lanzamiento de la sonda Cassini, conteniendo más de 30 kg de plutonio, la mayor cantidad utilizada en un vehículo espacial.

El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

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El Ecologista nº 33  

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