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Hay que actuar No obstante, no disponer de un diagnóstico científico adecuado o preciso no puede servir de pretexto para la parálisis o para la espera. La limitada información actualmente disponible no debería impedir la puesta en práctica y evaluación de intervenciones que mejoren la situación actual y permitan proteger el ambiente y la salud. Y ello por varias razones. Primero, porque mientras que la obtención de buen conocimiento es tarea difícil y requiere mucho tiempo y esfuerzos, los problemas del día a día no pueden esperar y con la informa-

ción disponible ya es posible realizar cambios sustanciales que muy previsiblemente van a mejorar la salud de la población. Segundo, porque, por bueno que sea, el conocimiento científico siempre será incompleto. La ciencia no puede proveer la verdad, sólo pruebas más seguras que la opinión subjetiva o el sentido común. De hecho, no es realista pedir certeza antes de actuar. Más aún, a veces reclamar la “verdad” puede sólo servir de excusa para evitar tomar decisiones. Y tercero, porque el buen conocimiento, por completo y riguroso que sea, no será en sí mismo la solución del problema. Un buen diagnóstico de la realidad puede llevar o no a una intervención y ésta, a su vez, puede ser o no adecuada. La historia de la salud pública está plagada de ejemplos en los que, en una situación en la que la información es incompleta o insuficiente, puede actuarse racional y solidariamente, esto es, de forma eficiente y equitativa. Ante un problema de salud pública serio, y sin caer en alarmismos innecesarios, no cabe duda de que lo que sabemos es más que suficiente como para actuar con rapidez y contundencia. El conocimiento de que disponemos es útil, si se ponen en práctica de inmediato políticas laborales, ambientales y sociales adecuadas, para lograr grandes mejoras en la salud y el ambiente de una áreas geográficas muy deprimidas. Como señala el principio de precaución: cuando una actividad amenaza con dañar la salud humana o el medio ambiente, aunque la relación entre causa y efecto no esté completamente establecida científicamente, no caben excusas para actuar y establecer acciones preventivas (15). Desde este punto de vista, ante los datos y la información actualmente disponibles habrá que convenir que los factores y actividades señalados son dañinos mientras no se demuestre lo contrario y no, como a menudo sucede, a la inversa. En este caso, las preguntas que hay que responder son varias: ¿qué prioridades y estrategias de salud pública se van a realizar para mejorar la situación de las áreas geográficas en peor situación?, ¿qué políticas, de qué magnitud y con qué duración, se van a tomar para reducir el riesgo de mortalidad y el daño para el medio ambiente? Contestar todos los interrogantes planteados comporta desafíos formidables que no pueden soslayarse. ¿No sería oportuTrabajador en contacto con amianto

aún no conocemos bien por qué y de que manera está ocurriendo. Para entender adecuadamente lo que ocurre, para escudriñar en los determinantes y en las causas, las autoridades sanitarias deberían situar a una amplia zona del suroeste del país bajo un microscopio especial. ¿Cuál? Dado que nos enfrentamos a un problema de salud comunitario, las hipótesis, datos, métodos y el enfoque científico deberán tratar de esclarecer y diagnosticar un problema de salud pública. Por ello, nuestro microscopio deberá proceder de la utilización de los conocimientos e instrumentos que nos ofrece esta disciplina. Para entender las causas de lo que ocurre en los municipios (y quizás también en los distritos de las principales ciudades) se precisa disponer de datos mucho mejores y de mucha más investigación. Además de buena información descriptiva, se necesitan los medios y los recursos necesarios que permitan realizar estudios analíticos rigurosos de tipo epidemiológico y toxicológico que pongan a prueba hipótesis como las planteadas. Para conocer los daños para el medio ambiente y la salud se requiere una red de vigilancia toxicológica y epidemiológica adecuada que permita seguir detalladamente en el tiempo los factores de riesgo y los problemas de salud de la población. Ante esta situación, las cuestiones básicas que hay que contestar son las siguientes: ¿qué fuentes de información y qué indicadores habrían de estar accesibles?, ¿qué análisis y qué métodos utilizar para valorar adecuadamente interacciones entre factores de riesgo que son muy difíciles de estudiar?, ¿qué investigaciones se van a realizar para dar cumplida respuesta a lo que aún ignoramos?, ¿qué recursos se van a destinar para ello?, ¿quién va a tomar esas iniciativas?

no desde ahora vigilar qué respuestas están dando (o van a dar) las administraciones públicas responsables? ¿No sería oportuno desde ahora dar pasos para qué los grupos ecologistas, las asociaciones que defienden la salud pública, los movimientos sociales, o los partidos políticos y ciudadanos sensibles a estos temas ayuden a esas administraciones a dar las respuestas necesarias?

Referencias 1. GUNDERSEN L. “Mapping it out: using atlases to detect patterns in health care, disease and mortality”. Ann Intern Med 2000;133:161-164. 2. BENACH J, YASUI Y, BORRELL C, ROSA E, PASARÍN MªI, BENACH N, ESPAÑOL E, MARTÍNEZ JM, DAPONTE A. Atlas de mortalidad en áreas pequeñas en España (1987-1995), Barcelona: Universitat Pompeu Fabra, 2001. 3. BENACH J, YASUI Y, MARTÍNEZ JM, BORRELL C, PASARÍN MI, DAPONTE A. The geography of the highest mortality areas in Spain: a striking cluster pattern in the south-western region of the country (enviado). 4. LÓPEZ-ABENTE G, ESCOLAR A, ERREZOLA M, y col. Atlas del cáncer en España. VitoriaGasteiz: Gráficas Santamaría, S.A., 1984. 5. LÓPEZ-ABENTE G, POLLÁN M, ESCOLAR A, ERREZOLA M, ABRAIRA V. Atlas de mortalidad por cáncer y otras causas en España 19781992. Madrid: Fundación Científica de la Asociación Española Contra el Cáncer, 1996. 6. ESCOLAR A, LÓPEZ-ABENTE G. Atlas del cáncer de la provincia de Cádiz 1975-1979. Sevilla: Junta de Andalucía, 1989. 7. I.E.A. Consejería de Salud (Registro de Mortalidad de Andalucía. Elaboración: Consejería de Salud. Dirección General de Salud Pública y Participación). 8. Segundo Informe del CSIC www.csic.es/ hispano/huelva2/ 9. En los hombres se produce un exceso de mortalidad por cáncer de piel del 53%, por cáncer de riñón del 27%, por cáncer de estómago y por cáncer de hígado del 19%, por cáncer de próstata del 14% y por cáncer de pulmón del 11%. En las mujeres, el exceso de mortalidad por cáncer de estómago es del 40%, en el cáncer de riñón es del 27%, por cáncer de hígado es del 22%, cáncer de colon del 20%, y en el caso del cáncer de pulmón es del 16%. 10. Primer informe del estudio que coordina el CSIC sobre el diagnóstico ambiental y sanitario de la ría de Huelva. 11. 1999/30/CE, en vigor a partir de 2005. 12. La futura normativa de la UE marcará un valor limite de Arsénico de 6 ηg/m3 de valor promedio diario. Este valor se supera en Huelva con un valor medio diario de 9 ηg/ m3 y máximos de hasta 96 ηg/m3. 13. BENACH J, YASUI Y. Geographical patterns of excess mortality in Spain explained by two indices of deprivation. J Epidem Community Health 1999;53:423-31. 14. Anuario económico de España. Servicio de estudios. Barcelona: Caja de Ahorros y Pensiones, 2002. 15. RIECHMANN J, TICKNER J, (coord.). El principio de precaución. Barcelona: Icaria, 2002.

El Ecologista, nº 33, noviembre 2002

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