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98 I El Cactus

Porque el mundo de la cultura popular carnavalesca de la Edad Media se construye en cierto modo como parodia de la vida ordinaria, como un mundo al revés, de manera muy distinta de la parodia moderna puramente negativa y formal; en efecto, al negar, aquella resucita y renueva a la vez. La negación pura y llana es casi siempre ajena a la cultura popular y es propia de una elaboración intelectual y crítica. En el Río de la Plata se festejaba el carnaval desde la época colonial, en un sincretismo cultural que aunaba la herencia europea medieval con las tradiciones y los cultos populares de raíz africana, traídos a América por los negros esclavos. A través de ellos, Momo, el dios de la burla expulsado del Olimpo por reírse de los otros dioses, vuelve transfigurado a las calles porteñas, rompiendo con la cuadrícula urbana (apropiación del espacio céntrico), pero no con las jerarquías de la ciudad colonial.1 Si bien en el carnaval participaban disfrazados algunos hombres de las clases acomodadas, son los negros quienes, liberados por la Asamblea de 1813 y agrupados en barrios periféricos de

Año 2. Nº 2 / Diciembre 2013

Buenos Aires, le dan su particularidad a esta fiesta. Está claro que el carnaval no borra las diferencias sociales, pero sí borra temporariamente las jerarquías cronológicas y espaciales: en la vida ordinaria los negros (también indios, zambos y mulatos) pertenecían a un pasado tribal que, en el proceso colonial e independentista, se oponía al presente modernizador. El derecho universal impuesto en América por los europeos, supuso la entronización de un universo jurídico (la ley de la Corona, las leyes de Indias y luego las nuevas Constituciones nacionales) que excluía al otro y hacía de la diferencia su lugar de enunciación. El otro es el que no tiene ni la composición racial ni la lengua del dominador, ni religión, ni sustancia ética, ni derecho y por lo tanto carece de legalidad y de racionalidad. Justamente si el carnaval se permite solo unos pocos días es porque su carácter de excepción (irracionalidad, ilegalidad, rituales paganos, uso de un vocabulario soez, etc.) instauraba en esos momentos el desenfreno y la desviación con respecto al patrón del orden y de la civilización.

En estos días las comparsas, formadas por grupos de negros, invadían el centro de la ciudad. Estaban constituidas por músicos y bailarines que desfilaban al son de los tamboriles y las maracas. Como parodia del típico traje de los blancos, los negros se disfrazaban con levitas e imitaban cómicamente a sus amos. Predominaban los de los negros desfilando al son de sus candombes. Las letras de las canciones expresaban temáticas tanto graciosas como de crítica política o social, y cuya existencia se conserva gracias a las referencias que de ellas hacían las publicaciones de la época: Y un buen día de Carnaval se vio por primera vez una comparsa de negros convencionales, paseando nuestras calles con su casaquilla y gorrita roja, su pantalón blanco con bota de charol, y sus cantos alegres, acompañados por el monótono tan tan y los obligados jarros de lata, rellenos de maíz, que seguían con su ruido áspero el ritmo de aquellos (Figarillo; Caras y Caretas N° 19; 1899). Con el tiempo y ya casi desaparecida la cultura ne-

gra de los barrios porteños2, se instaló la murga, que incorporó el bombo con platillos adoptado por los descendientes de españoles. Es con la influencia de inmigrantes de distintas comunidades que el desfile se transformará en un corso -palabra de origen italiano- de carácter multicultural en el que participarán no solo las murgas sino también las comparsas que competían por la belleza de sus reinas y por los premios que se otorgaban a los mejores grupos. También con el tiempo, las clases acomodadas comenzaron a asistir como espectadores de la fiesta y los jóvenes osaban disfrazarse y divertirse en bailes de mascaritas en salones y clubes privados. Es para destacar, sin embargo, que el sistema de jerarquizaciones y exclusiones que se revelaba en el carnaval colonial de predominancia afroamericana, es reemplazado en la sociedad postcolonial decimonónica por nuevos sujetos: el otro es ahora el gaucho integrado a la ciudad en sus barrios marginales y el inmigrante, obrero y peón, instalado en los conventillos3 del puerto. Como diría Bajtín el carnaval instaura así una forma

1- No desconocemos la influencia de las tradiciones indígenas en otras zonas del país donde también se festeja el carnaval, pero por la índole de nuestra investigación nos referimos solo al carnaval que se festejaba en el ámbito rioplatense (Buenos Aires y Montevideo) donde predomina la influencia negra. 2- Los negros murieron casi todos en las primeras filas de los ejércitos de la independencia usados como carne de cañón para cubrir las retaguardias mejor armadas y compuestas por oficiales blancos. En las ciudades solo quedaron mujeres que sirvieron como domésticas en las casas de los señores principales y cuya descendencia ya era mulata. 3- Se denominó conventillo a las casas de pensión antiguas y con muchos cuartos, cada uno de los cuales se alquilaba a una familia completa de inmigrantes y en los que se vivía en condiciones de hacinamiento e insalubridad que solo las nuevas leyes del siglo XX habrían de paliar en alguna medida.

Revista El Cactus Nº 2  

El Cactus, revista de Comunicación (ISSN 2314-1581) es un medio para divulgar la producción académica de la Escuela de Ciencias de la Inform...