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62 I El Cactus

La frontera que separa al periodismo de la literatura, afirma Alejo Carpantier, tiene más coincidencias que líneas divisorias. Aunque uno escriba al calor de los hechos y el otro de manera retrospectiva; aunque uno exija concisión, orden, y el otro goce de licencias poéticas; aunque uno esté inmerso en la realidad y el otro parezca evadirse, la distancia entre un oficio y otro es casi imperceptible, o nula, cuando se trata de denunciar hechos que atentan contra la verdad y la justicia.1 El periodista, el escritor, hacen entonces de su pluma una espada, una tribuna contestataria. Bajo esta línea de trabajo quiero conectar dos acontecimientos que a fines del siglo diecinueve y a fines del siglo veinte, fueron respectivamente esclarecidos por las campañas de prensa que llevaron a cabo el novelista Émile Zola y el poeta Juan Gelman. Se trata del caso Alfred Dreyfus, un militar judío acusado injustamente de espionaje en 1894 por el gobierno francés; y del caso Macarena Gelman, nieta del poeta, nacida y desaparecida en cautiverio en 1976. El develamiento de ambos hechos estuvo a cargo de

Año 2. Nº 2 / Diciembre 2013

la pluma tenaz, consecuente e insobornable de los autores citados. Las campañas se realizaron en periódicos de París, La Aurora y Le Figaro, entre los años 1897-1900, y a través de Página 12, Buenos Aires, entre 1997-2000. En ambos casos el proceso tuvo un objetivo: desenmascarar el complejo aparato de intereses políticos que había victimizado a dos personas inocentes. Se produjo así un doble impacto social: por un lado, afirmó el lugar de la prensa como referente moral y por otro, puso en evidencia las limitaciones de los procedimientos institucionales. Las afirmaciones anteriores pueden ser explicadas bajo el marco conceptual que propone Alan Badiou2. El filósofo afirma que se accede a la idea de justicia cuando se visibiliza un hecho injusto. La justicia es oscura y lejana, mientras que la injusticia es clara e inmediata. El bien, la ausencia de víctimas, pertenece al ámbito abstracto de la justicia, mientras que el mal, el espectáculo de la víctima, se concretiza en su propio cuerpo. La humanidad, el cuerpo pensante, es privativo de la justicia; la animalidad, el estado de esclavitud, por el

contrario, carece de ideas. Se lee, consecuentemente, que para lograr que la víctima se ponga de pie, para que se humanice y recupere la identidad perdida, es preciso desentrañar el frente victimario que la ha señalado como tal. Bajo estos principios describiré la manera en que Zola y Gelman lograron revertir la situación de dos víctimas.

Víctimas y victimarios 1. Alfred Dreyfus era un oficial judío del ejército francés acusado de vender secretos a Alemania; fue condenado en 1894 por un Consejo de Guerra, liberado, vuelto a condenar en 1898 y finalmente rehabilitado en 1906. Un aparato ideológico reaccionario lo consideraba culpable; frente a ello la inteligencia francesa nucleada en el periódico La Aurora, entre quienes se encontraban Clemenceau, Charles Longuet -yerno de Marx-, Anatole France, y el afamado escritor naturalista Émile Zola,3 constata la inocencia de Dreyfus e impulsa a Zola a escribir el panfleto Yo acuso, donde se desenmascaraba al verdadero culpable,

el comandante Esterhazy, absuelto pese a las pruebas halladas en su contra. La noche del 12 de enero de 1898 todas las esquinas y todos los árboles de París mostraron tiras de papel anunciando lacónicamente: “Mañana La Aurora publicará un artículo, Yo acuso de Émile Zola”. Era una lanza, una bandera clavada en mitad de la Plaza de la Concordia. La carta estaba dirigida al presidente de la república Félix Faure. Con fuerza, pasión y coraje cívico Zola enfrentaba a todo un pueblo. Ocho días tardó el gobierno en responder. El 20 de enero de 1898 se decidió que Zola sería juzgado.4 El alegato presentado por Zola el 13 de enero de 1898 ante el presidente de Francia tiene veintitrés páginas. Comienza del siguiente modo: Señor: ¿Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy está amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha? Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazo-

1-Alejo Carpantier, El periodista, un cronista de su tiempo, periódico Granma, Unión de Periodistas de Cuba, 1975. Cita como ejemplos a Víctor Hugo, cuando atacó la tiranía de Napoleón III, cuando denunció el sistema carcelario y abogó por la abolición de la pena de muerte; a Anatole France, poeta “puro”, fundador del grupo socialista Claridad; a los retratos del siglo XIX español que realizó Mariano Larra; a las narraciones que, sobre la revolución mexicana y la revolución rusa realizó Jhon Reed; y al maestro del periodismo por excelencia, José Martí, quien llegó a fundar un periódico para niños, La Edad de Oro 2- Sus obras más importantes son La fundación del universalismo, 1999; La ética, ensayo sobre la conciencia del mal, 1994. Para este trabajo consideramos sólo Justicia, Filosofía y Literatura, conferencias pronunciadas en la Universidad de Rosario en junio del 2004, Homo Sapiens, Rosario, 2007. 3- Como escritor naturalista Zola buscó entender cientíicamente la compleja trama del tejido social. Vivió entre los años 1840 y 1902. Escribió, entre otras obras, Naná, La Taberna, El vientre de París. 4- Introducción a Emilio Zola, Yo acuso ed. Tor, Buenos Aires 1953

Revista El Cactus Nº 2  

El Cactus, revista de Comunicación (ISSN 2314-1581) es un medio para divulgar la producción académica de la Escuela de Ciencias de la Inform...

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