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50 I El Cactus

Llega a la Escuela de Ciencias de la Información tras unos imponentes lentes de sol, con su vaporoso cabello blanco. De caminar lento, tranquilo y seguro, como quien conoce el lugar y sólo está de vuelta. “Acá me tienen, disparen, estoy dispuesto a responderles todo”, dice jocoso. Héctor Schmucler, enorme intelectual, es antes de la entrevista uno más del numeroso grupo de El Cactus que lo rodea.

Sus ideas fueron fundacionales en el campo de la comunicación en Latinoamérica y en el mundo. Dio clases y creó cátedras en prestigiosas universidades. Estudió semiótica con Roland Barthes en París, donde también compartió aventuras literarias junto al autor de Rayuela, y en Chile fundó una revista con Armand Mattelart.

Todos hablan de memoria, pero creo que lo dominante es, contrariamente, el olvido. Al responder, Toto Schmucler no escatima detalles, pero concede: “Si me extiendo mucho en las respuestas, díganme. El que avisa no traiciona”. Es un placer oír a este pionero de la comunicación y de las ciencias sociales.

Año 2. Nº 2 / Diciembre 2013

Entrerriano y cordobés desde muy pequeño, después de haber recorrido un largo camino, a los ochenta y un años vive en Villa los Altos, Río Ceballos, maneja su automóvil e integra el grupo editor de la revista Artefacto; y de Estudios, del Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la UNC donde además dirige el programa Estudios sobre la Memoria. No para de viajar, dar conferencias y atender estudiantes. Héctor Schmucler ha forjado un currículum inabarcable. Creó revistas, escribió libros, ensayos, teorías. Expulsado del Partido Comunista en los sesenta, repasa vivencias de militancia, reclama diversidad para los medios públicos y no encuentra en la Argentina actual polémicas políticas serias. En esta entrevista, coniesa que ha vivido: –Usted contó que la admiración hacia un amigo lo condujo a estudiar medicina. ¿Por qué después eligió la carrera de letras? –Uno no sabe muy bien por qué hace todas las cosas. Con el tiempo, puede inventar, darse razones, explicarse. Siempre me interesó la literatura y posiblemente, empecé a estudiar medicina casi por razones literarias. Tenía un amigo médico que vivía cerca de mi casa, en un barrio que ahora es Pueyrredón; era especialista en niños. A mí me gustaba el contacto con la gente, imaginar la vida de la gente. Eso es casi literario. Mi vocación no era muy fundamentada en la ciencia médica. Me siguió interesando la literatura mientras estudiaba medicina. La primera vez que entré a un quirófano, y vi un estómago abierto e intestinos que se movían, salí porque me desmayaba (risas). Me pasé a letras. –En Memoria de la Comunicación asevera que estamos viviendo una cultura signada por la declinación de la palabra, devaluada hasta el extremo y que la consecuencia de eso es la desolación del mundo. ¿Qué le pasa a la palabra? ¿Cómo el lenguaje ha llegado a esa pobreza? –Escribí eso hace un montón de años. Creo que ahora estamos peor. Somos inconsecuentes. La palabra se va volviendo algo secundario, no compromete a quien la dice. Uno puede airmar una cosa y al día siguiente decir exactamente lo contrario. Y nadie pide cuenta,

ni se pide cuenta a uno mismo. Entonces la palabra se vuelve intrascendente, no pesa, no nos hace responsables y me parece que un rasgo del humano es ser responsable de la palabra. No estoy diciendo que uno tiene que repetir permanentemente lo mismo como un idiota porque la pura repetición o el cambio irresponsable son equivalentes. La palabra hoy no se condice con la acción, con el existir, con el sentir.

Rayuela: el sueño cumplido Héctor Schmucler es autor de Rayuela, Juicio a la Literatura, ensayo de gran notoriedad en el mundo literario, escrito tras la aparición del libro. Cortazariano de cepa, Schmucler jamás se olvida de su primer amor, las letras. –Ha escrito uno de los textos más referenciados sobre Rayuela. ¿Qué signiicó esta novela para usted?, ¿por qué la eligió para hacer su ensayo? –Yo era un lector asiduo de (Julio) Cortázar y de toda la literatura argentina y latinoamericana. En esa época, ya estaba dentro de la cátedra Literatura Argentina. Para mí fue un sacudón, un sacudón vital. Rayuela, para algunas personas de nuestra generación, vino a concretar algo que estaba en nuestra expectativa: vino a precisar, a poner en palabras y en gestos, historias, personajes con los cuales nos identiicamos. Rayuela vino a conirmarnos que algunos sueños, algunas ilusiones, algunas relexiones, tenían asidero. –Le envió su ensayo a Cortázar y así surgió una amistad. ¿Cómo fue? ¿Dónde se reunían?, ¿de qué hablaban? –Yo estaba preparándome para ir a Europa, con una beca. Estuve allí tres años. Y le mandé mi ensayito. Me contaron que en su archivo está la carta que yo le había mandado (risas). Creo que él me contestó: “Cuando llegues a París, hablame”. Y así fue. La primera vez nos vimos en su casa de campo en el sur de Francia, donde estuve un par de días, de paso, mientras esperaba a mi mujer y a mis hijos que llegaban de la Argentina. A Julio le interesó mucho mi trabajo. Nos hicimos amigos, hablábamos mucho, coincidíamos bastante...

Revista El Cactus Nº 2  

El Cactus, revista de Comunicación (ISSN 2314-1581) es un medio para divulgar la producción académica de la Escuela de Ciencias de la Inform...

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