Page 100

El Cientiicom I 99

especial de comunicación humana: un trato más libre y familiar, que permitía liberarse por un tiempo – breve ciertamente – de las convenciones y las rígidas reglas morales del siglo XIX. Crea un discurso y una semiosis propia, imposible de encontrar en otros textos culturales de la época, claramente diferenciado del lenguaje de la iglesia, de la educación formal y de las instituciones públicas. Sin embargo, no es aplicable la idea utópica de Bajtín cuando piensa en el carnaval como lugar de una promesa libertaria ya que en el Río de la Plata y aún en estas prácticas en las que, como dijimos, se anulan las distinciones cronológicas y espaciales, sigue mostrándose claramente el sistema de jerarquizaciones y exclusiones sobre el que sustentaba la sociedad colonial y luego la república. Romeo César sostiene con respecto al carnaval del Río de la Plata: El orden y desorden extraordinarios que instauran los celebrantes de la fiesta, por tres o más días, se contraponen al orden y al inevitable desorden concomitante que imperaban en el tiempo ordinario de vivir comunitario habitual o de cualesquiera sociedades. Evitan, así, que estos últimos se naturalicen o se oculten. Por esta razón, muchos lo han calificado de subversivo e incluso “revo-

lucionario” (en Lamborghini; 2003: 71)

Cultura letrada y raigambre popular Habíamos señalado anteriormente la existencia de una zona de convergencia entre la cultura letrada y su raigambre popular que se da en tres tipos de textualidades: el teatro, las nuevas formas narrativas (como el costumbrismo y la gauchesca) y la aparición de la prensa satírico-caricaturesca. En las tres clases de textualidades se ponen de manifiesto los géneros provenientes de la cultura oral popular, otras formas de decir ligadas a la escritura y la existencia de un nuevo público lector (a veces no alfabetizado aún, pero lector de caricaturas y dibujos humorísticos y oyente atento de las lecturas hechas en torno de los fogones por alguien que sabía leer). Con respecto a la prensa, siguiendo el modelo español, en la Argentina aparecen toda una serie de diarios y revistas de neto corte humorístico que hacen de la caricatura su modo principal de mostrar vicios y denuncias sociales a los fines de la oposición política o la prédica moralizante. Los más importantes de la época fueron El Mosquito (1863-1893) fundado por Henri Stein, Don Quijote (1884-1903) de Eduardo Sojo y Caras y Caretas (1898- 1939) editado por José Sixto Álvarez (Fray Mocho). Para muchos escritores de

la época, tanto el teatro como el periodismo son el lugar de entrada a la escritura literaria (Sarmiento, Mansilla, García Merou) y para otros, “un modo específico de concebir proyectos y desarrollar tradiciones culturales”, tal como lo señala Claudia Román (2003: 473) cuando estudia las familias de escritores periodistas (los Varela, los Mitre, los Gutiérrez). Por otra parte, el teatro satírico-costumbrista tiene su punto de partida “en el sainete español que los actores y compañías españolas representaban en los escenarios porteños a fines del siglo XIX. Rápidamente los artistas locales se apropiaron de las convenciones del género y las reelaboraron dando lugar a la emergencia de un género con características propias...” (Cazap y Massa; 2003: 130). En muchos momentos, el género sirvió para criticar al poder como en el caso de Alberdi, un político romántico liberal que escribe la obra de teatro El gigante Amapolas para satirizar duramente a Juan Manuel de Rosas. Con respecto al ámbito de la cultura letrada en cruce con una veta popular, se destaca el nacimiento de un nuevo género propio del Río de la Plata: la gauchesca, que habrá de dar importantes obras, tanto en el plano lírico como en el teatral y cuyo estilo habrá de marcar toda una línea de la literatura argentina -de Hidalgo a Hernández-, del teatro nacional

-de Maciel al circo criollo-, y del periodismo de origen popular y aluvional. La poesía gauchesca -imitación del habla de los gauchos por escritores cultos- registra no solo sucesos históricos y el modo de constitución de la nueva sociedad rioplatense sino también el cantar guitarrero y el decir pícaro y muchas veces polémico, de los sujetos populares. Su origen está en la mezcla entre la herencia del romancero español y la transformación de la copla americana. Entre los escritores de veta burlesca se destaca Hilario Ascasubi (1807-1875), editor de gacetas satíricas en lenguaje gauchesco (denominadas gacetas gauchipolíticas) que publicaba bajo el pseudónimo de Aniceto El gallo. Una de estas gacetas es el periódico cordobés llamado El arriero Argentino, en cuyo único número fechado en septiembre de 1830, le llama “diario que no es diario, escrito por un gaucho cordobés”. Haciendo de la polémica, la burla y el agravio su tono central, este periódico fomentó las disputas y recibió encendidas respuestas. Mofándose de la corta duración de esta gaceta José Feliciano Cavia escribe el Cielito del arriero empantanado (Lucero; 2003). Otro periódico de más trayectoria es la Gaceta jocotristona y gauchi-patriótica que publica Ascasubi, ya en Buenos Aires, entre 1853 y

Revista El Cactus Nº 2  

El Cactus, revista de Comunicación (ISSN 2314-1581) es un medio para divulgar la producción académica de la Escuela de Ciencias de la Inform...