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VII PREGÓN HERMANDAD DEL Rocío. ECIJA 1986

Jerónimo Valpuesta Güeto S.l.

CELEBRADO EN EL PALACIO DE PEÑAFLOR EL SÁBADO 3 DE MAYO.


,

PREGON

Reverendo Señor Arcipreste. Señor presidente de la Unión de Hermandades y Cofradías. 11ustrisimo Señor Coronel. Reverendo Señor Cura Párroco. Hermanos Mayor. Hermanos y hermanas de la Hermandad de la Virgen del Rocío de Ecija. Señoras y señores, y ecijanos todos amantes de la Virgen.

(Respuesta a la presentación) Acaban de hacer la presentación del pregonero. En lo que se ha dicho hay una verdad y una cosa que no es verdad. La verdad se capta directamente entre las palabras que acaban de dedicarme. y es una verdad de la que aún antes del pregón estaba convencido, nuestra hermana Guadalupe me quiere de verdad. Me quiere por vínculos de sangre; me quiere por sacerdote y me quiere por rociero. y ese amor le lleva a engrandecerme de tal manera, que no se para a pensar, si 10 que dice de mí responde a la realidad. y aquí está lo que no es verdad, que desde ahora, como sacerdote se 10 perdono: El cariño que me tiene te lleva a tanto, que llegas a pensar que soy, cómo debería ser y cómo tú me idealizas. Por tanto, querida Lupe, quiero agradecerte lo que de mi has dicho, y sólo te pido que le digas a la Virgen del Rocío, que lo que tu corazón te ha llevado a pensar de mí, sea una realidad en mi vida de eterno peregrino por los caminos del mundo.

(Ofrecimiento) Quiero dedicarte, además, a ti este pregón. A ti y a dos personas más que fuisteis los pioneros de esta devoción y Hermandad en nuestra Ciudad.


Dos personas, a las que como rociero, no te dé celos, quiero casi tanto como a ti: nuestro Párroco Don Esteban, auténtico pilar de la Hermandad; pionero y mantenedor de un espíritu verdadero, que hace que la salud espiritual de la Hermandad alcance cotas elevadísimas. No sabe la Hermandad de Ecija lo que tiene con este director espiritual. Yo conozco muchas hermandades, y qué pena de ver a algunas de ellas, huérfanas de directores espirituales. Don Esteban es un regalo y un enviado de Santa María. La otra persona eres tú, Luís. Artífice con don Esteban y con Lupe de este milagro que hoy tenemos ante nuestros ojos. Tú, con tu saber estar en tu sitio; con tu prudencia; con tu humildad y con tu gran corazón, eres un digno hijo de la Blanca Paloma, del que yo como hermano, me siente orgulloso. A vosotros tres, lazarillos de mi andar rociero, dedico este pregón con todo el cariño y veneración que os merecéis; teniendo en cuenta, que lo poco o mucho que tenga yo como rociero, se debe en gran parte a vosotros tres. Va, por tanto, por vosotros, y con los mejores deseos de que la Virgen os siga bendiciendo.

(El porqué de mi elección) Cuando recibí el primer anuncio de que yo sería el pregonero de la Virgen del Rocío en Ecija este año, mi primera impresión fue, que ni yo podía llegar a tanto, ni el pregón a tan poco. Me han antecedido personas de mucho más talante y oratoria que yo. Muchos quedan también con los mismo méritos, esperar un dia cantar las Glorias de la Reina de las Marismas. Sin embargo, yo no podía negarme, por una razón muy sencilla: todos los que me pedíais acceder, lo hacíais, no por mis dotes literarias, que son bien pocas; no por la oratoria, que sabéis es sencilla. Lo hacéis por el cariño que me tenéis, que, como el de Guadalupe, es de tal manera, que estáis dispuestos a superar todos los defectos, para que juntos hablemos un rato, en este marco incomparable de algo que todos tenemos en el corazón y que suple con creces las grandezas de una oratoria exquisita: la devoción a la Virgen del Rocío.


(Cómo empecé a ser rociero) Mi vinculación con el Rocío, empezó más bien tarde. El año 70, estando yo en Jerez, en una Parroquia que presidía una Virgen del Valle Dolorosa, me invitó un señor a ir al Rocío. Quedamos citados en la ermita donde está la Virgen del Val1e, pero surgió lo imprevisto. Dificultades de última hora irnpedían que aquel domingo de Pentecostés, pudiera ir yo al Rocío. Confieso que sufrí una fuerte decepción, pero por 10 visto la Virgen tenía ganas de que yo fuera, y me echó un cable. Cuando cabizbajo marchaba por la calle Sol jerezana del barrio de la Plazuela, un amigo, Antonio Barrera, se me acerca y me pregunta: ¿pero tú no ibas a ir al Rocío? Mi cara debió ser un poema, pues ni corto ni perezoso, llamó a su mujer por teléfono: Josefina, prepara lo que sea, que dentro de media hora estoy ahí con el Padre Jero, y que nos vamos para Rocío. y ahí empezó todo. Josefina no pudo venir por sus ocupaciones laborales del día siguiente, y cuando fuimos a recoger las cosas para marchamos, me dijo casi llorando: yo no puedo ir, y me quedo con esa pena, pero ve tú por mí y rézale a la Virgen; y besando su medalla, con manos temblorosas, la puse en mi cuello. Y así entré en el Rocío por primera vez en mi vida, y con una medalla rociera jerezana el cuello.

(Primeras impresiones) Nunca podré olvidar la primera impresión que ca.usó en mí la presencia sencilla de la Virgen. Aquel atardecer del Rocío, entre una nube de arena y polvo, contemplé una cara radiante y sencilla. La vida se paró en aquel instante. No sabía ni dónde ni con quién estaba. Sólo me vi de pronto de rodillas y musitando una oración. Los ojos semi ocultos de la Virgen me penetraron dentro de mi alma. Besé mi medalla rociera, pero no sentí el frío del metal, sino el calor humano de una persona que parecía besaba mi frente. Ciertamente, la presencia espiritual de María estaba allí. Desde entonces, cada Pentecostés, menos uno en que la Virgen me quiso al lado de un compañero sacerdote, que se marchó ese mismo día para siempre a las Marismas eternas, he sido fieJ a la cita. No puedo faltar. En mi camino hacia Dios, siempre ha de estar presente esta parada mariana. Parada que es recuerdo y revisión de lo que pasó. Parada que es aliento y esperanza para 10 que queda por recorrer.


Recuerdo

que aquella

noche

y madrugada, pasé frío; mucho frío;

torpemente arropado por las cuatro latas de un coche. Pero de mi mente no se apartaba aque11amirada escondida de la que es Reina de los cielos y tierra. Al alba, y no antes, salió la Virgen de la Ermita. Nunca he visto rezar con más fuerza y lágrimas que aquella mañana fría de primavera. Era otro mundo distinto. Como si el reloj del tiempo se parara. Al1í no había prisa ni carreras. A11í sólo un grito hecho oración. y la Virgen que iba posando su mirada a cada una de las personas que había junto a Ella. Era un ir y venir de la Virgen. Como la que saluda y vuelve de nuevo. Como a la que le cuesta marcharse defmitivamente. Después del mediodía, fuimos a decirle adiós a la Virgen. Ya estaba casi sola. Los bancos de la iglesia medio arrinconados y llenos de polvo. El suelo lleno de arena. Sólo se oía el fuerte sonar de los votos de aquellos, que como nosotros, iban a decirle adiós. Adiós no, hasta luego, o hasta siempre. Porque el que ha vivido una experiencia como la que yo viví, si tiene fe y corazón, necesariamente tiene que volver. Desde aquel momento, la Virgen me contó entre el número de sus elegidos.

(Mi sueño) Cuando después de salir del Rocío y atravesar Almonte, enfilamos la carretera de Hinojos, me quedé dormido, Y entonces soñé con Ecija, ¿y esto que yo he vivido, por qué no se puede vivir en Ecija? Y soñé lo que sería vivir estas realidades entre los paisanos. y hoy, al recordar aquel sueño, mi imaginación de pregonero me lleva a transcribir desde el fondo de mi alma 10 que entonces soñé: Sueños del Roeio Acariciando las torres, vi una carreta de plata tirada por rojos toros a! despuntar la mañana. Vi recortada en el Cielo en medio deflores blancas, un Simpecado de oro en terciopelo de grana.


Entre coplas y cantares bailan locas las campanas en carrusel de alegría al campas de sevillanas. Negras crines azabache, blanco el lomo de lajaca, negros los ojos morenos de la mujer ecijana. Blanca de soly de cal las paredes de las casas,' negra la noche de estrellas blanco el despertar del alba, y en claroscuro de cielo vi mi carreta de plata. Voces de bronce en las torres, revuelo en los palomares, palomas cortan el cielo, espuma blanca de mares. Ecija se viste alegre; de plata los olivares, de oro, la inmensa campiña, de blanco los azahares. Marcan seguros los toros su paso lento en las calles, y una carreta se pierde rodeada de cantares. Sobre una nube de polvo vigilan los encinares, y en mañanitas de sol andando por arenales, sueño una noche de estrellas rodeada de pinares.

Pero ahora, al cabo de más de quince años, al recordar aquel sueño, pienso, y vosotros conmigo, que es una realidad. Que hay un Sirnpecado de grana; que hay unos toros rojos; que hay campanas al vuelo; que no es un sueño, que nó, que es una realidad.


Cuando por esos caminos miramos hacia atrás, desde la carreta del Simpecado, y vernos los peregrinos que siguen sus pasos; cuando hay una hilera de charrets y coches de caballo; cuando la carreta avanza escoltada por flamencas y jinetes; cuando se alargan los remolques de tal manera que hay que mandarlo por delante, o por la otra carretera para no entorpecer el tráfico; cuando cada romería veo esto, pienso que no estoy soñando, que estoy viviendo una realidad viva, que entonces era insospechada. ¿Quién de los que estamos aquí y vivimos esto desde el comienzo, podía sospechar que veríamos esta realidad?

(Sueño de la Virgen) y ahora soy yo, recordando aquel mi primer encuentro con la Virgen, el

que echo a soñar a El1a. Esta, manda a un ángel que COlTadesde el Rocío a la campiña sevillana. El ángel se para en la Giralda y mira desde el río para el Rocío. Ve muchos pueblos blancos donde la Reina de las Marismas tiene casa y es querida por todos. Pero cuando vuelve la cara hacia atrás, hay un vacío lejano y silencioso, y la Virgen dice al ángel: busca, busca que quiero extender mis manos hacia otras latitudes. Quiero tener más hijos. y el ángel se pone a volar, y de pronto dormita junto al río; ve a una dudad, blanca en sus casas, azul en sus torres, verde en su campiña, donde el sol es el rey. Ecija, duerme. El ángel la despierta: [Ecija, levántate, te llama la Virgen del Rocío!

(Primeros pasos de la Hermandad) y un grupo de personas se pone en marcha. Ha sido el anuncio del ángel y la voluntad de María. Han sentido lo que significa traer a Ecija la devoción rociera. Una ciudad, que corno la nuestra tiene por patrona a la Virgen del Valle, será la madrina, la Palma del Condado. Los nombres de estas personas los conocemos todos, pero sobre todo están en el corazón de la Madre. El resto ya 10 sabemos. Aquel camino de todos en autobús. Aquellas pequeñas cosas, pero nos parecía un palacio, del acebuchal. Aquella primera locura de Carreta de madera. Aquel primer camino con nuestra carreta de plata. Quien podía soñar aquella Misa de romero en nuestra


Parroquia, con la Carreta esperando, y aquella segunda Misa de romero en el

San Jacinto trianero, con nuestra madrina de camino. Cuando la Carreta de plata se perdía ante nuestra vista por la cuesta de Ecija, o por el puente del Patrocinio de Sevilla, nos parecía soñar. Y un mar de pañuelos blancos, despedían emocionados a nuestro Simpecado. Cada tone ecijana tiene un ángel. y el pregonero se imagina que cuando el enviado por la Virgen viene a Ecija, ellos también se echaron a soñar; pero el de Santa María le cantaría por sevillanas a las demás tones ecijanas:

Sueños de torres Tu no sueñes, Santa Cruz, que tienes entre tus naves la gracia de Ecija entera: la Virgen del Valle.

Sueño con. ser peregrino bajo el sol de cada día, sueño con hacer camino

al pié de Santa María. Tuno me sueñes, San. Gil, que eres calvario de sangre, cuando al pueblo cada viernes sube hasta el Cristo a rezarte. Sueño con.ser peregrino bajo el sol de cada día, sueño con hacer camino al pié de Santa María. No me sueñes, Santiago, que entre arcadas ecijanas eres el mejor tesoro del guardián de mi España. Sueño con ser peregrino bajo el sol de cada día, sueño con. hacer camino al pié de Santa María.


Carmen, por Dios, no me llores, que para poder soñar, entre ráfagas de plata tienes a mi Soledad. Sueño con ser peregrino bajo el sol de cada día, sueño con hacer camino

al pié de Santa Maria.

(Cómo prendió el Rocío en Ecija) Cuando cada año desde mi atalaya de la Parroquia, que tiene a honra llevar el nombre de María, veo la inmensa multitud de personas. Cuando en las Misas de camino veo rodeada en la noche nuestra Carreta. Cuando veo entrar en el Rocío esa masa de ecijanos detrás del Simpecado, que no paran de cantar, me hago siempre la misma pregunta: ¿Cómo ha podido darse este fenómeno de fe en Ecija, que sabemos que es un pueblo frío en muchas de sus manifestaciones?

(Terreno abonado) La primera respuesta es clara: porque la Virgen lo guiso. Pero además hay otra respuesta muy consoladora, y es que Ecija era un terreno abonado. Porque si Ecija puede presumir de algo ante el mundo y a través de la historia, es de tener una fe viva y auténtica. De tal manera, que si esta fe no fuera así, seguro que la llama del Rocío no hubiera prendido. Pero un pueblo gue fue evangelizado por el Apóstol San pablo. Un pueblo en el que San Fulgencio nos dejó pa:ra siempre nuestra Madre y Patrona, la Virgen del Valle. Un pueblo en el que el principal monumento, y por el que se conoce ante el mundo es por ser el pueblo y ciudad de las torres. Un pueblo en el que la inmensa mayoría de sus joyas son religiosas; que incluso en sus monumentos civiles tendrá siempre un sitio de privilegio la Santísima Virgen, y que en muchos de ellos llevan su anagrama en el dintel de la puerta, es un pueblo abonado, para que la fe de la Virgen en todas sus manifestaciones, cale profundamente.


Qué hermoso es el pensar que nuestros mayores disputáran quién hacía la torre más digna para sus templos. Órdenes religiosas que en su inmensa mayoría pasaron, desgraciadamente, pero que nos dejaron las devociones populares: Dominicos con el Rosario; Capuchinos ':l la Divina Pastora; Carmelitas con la Virgen del Carmen; Mercedarios con la Merced; Salesianos y María Auxiliadora; Paules y Milagrosa ... Un pueblo que crea conventos de clausura, para que cada día y cada hora se alabe a Dios y a su Madre Santísima. Un pueblo en el que el toque de alba será siempre el tilinteo alegre de una campana. Un pueblo que cada viernes hace un calvario viviente la cuesta de San Gil. Un pueblo que no tiene un día especial para vigilar a su Patrona, porque son todos los días del año; es un pueblo que necesariamente tiene que alabar y cantar a Maria. Y allí, donde quiera que haya un ecijano verdadero, allí habrá una plegaria continua a la que es Madre de Dios y madre nuestra.

(Torres, Vírgenes y Apóstoles) El pregonero ha ido contando un día las Vírgenes Dolorosas de nuestra incomparable Semana Santa, y me he dado cuenta que son once, como el número de torres de nuestra Ciudad. Como el número de Apóstoles fieles a Cristo y a su Madre. y he pensado que esas once Vírgenes, naturalmente son la misma, con once versiones distintas, una sola es la Virgen Maria, que en nuestra tierra aprendimos a llamar del Valle. En Santa María la acompañamos en sus penas con distintos nombres, y en Pentecostés, la misma y única Virgen, toma el nombre de Rocío. Por eso, cuando en la mañana luminosa de un domingo de primavera, salimos acompañando el Simpecado de la Virgen, y desde la cuesta miramos hacia atrás y vemos esas once torres elevadas a los cielos, me imagino que Ecija, con María se va a celebrar la venida del Espíritu Santo a las marismas; y las once torres diciéndonos adiós, nos recuerdan la fidelidad de los once apóstoles. Once apóstoles; once Vírgenes, y once torres que me llevan a cantar:


Las torres y las Vírgenes Clavadas sobre la tierra, once suspiros de roca, embargada por la pena once pétalos de rosa. Persiguiendo las estrellas once lanzas en.el cielo; once cantos de pureza, once llantos sin consuelo. Once las torres que tocan canción de muerte y dolores, once Vírgenes qu.e lloran lamentaciones de amores. Once cantares de piedra en medio de azules mares, once lágrimas amargas bebiéndose sus pesares. Once torres se que cambian en cantores de alegría. Once nombres que sefunden en uno solo: María. Once suspiros del Valle, como LaPatrona mía. Once los ecos de bronce que repicarán un día, al celebrar del Espíritu a la tierra su venida, cuando Tú, Virgen del Valle, saliendo de tu campiña, con once apóstoles fieles te marches por las marismas.

Podemos terminar por tanto esta pregunta: ¿por qué prendió la devoción a la Virgen de] Rocío": Porque Ecija era un terreno abonado.


Porque nuestros mayores, sin saberlo, al enseñarnos a amar a la Virgen, nos enseñaron que el amor a Ella tenía que tener estas manifestaciones. Ellos nos enseñaron a llamarla de Belén en Portugal, y nos enseñaron a parar nuestra actividad a mediodía para rezar el Ángelus. y nos enseñaron a acompañarla en sus penas; a festejarlas en sus alegrías; a repicar en las grandes fiestas de la Virgen, y aSÍ, de esta manera, roturaron el camino para que un día, hoy, por la gracia de Dios, festejemos a esta Madre de Dios, como 11enadel Espíritu Santo. Virgen que llega a su plenitud inmensa, y rodeada de los Apóstoles la celebración como Rocío del Cielo. Es el colofón de una historia que llega a su fin. y a esta plenitud del Espíritu, sólo le faltará para terminar el curso de su vida en la tierra, subir gloriosamente a los cielos. Y también nuestros mayores nos dejaron un templo dedicado a la Señora con este título, que con el tiempo, había de ser cuna y casa de la Virgen del Rocío.

(Ecija, mensaje de fe. Por el camino) Pero no olvidemos, que el Rocío en Ecija, es un mensaje de fe. Por donde atraviesa la Hermandad de Ecija, necesariamente va dejando un reguero de unos hombres que tienen Fe. Que van porque tienen Fe. Que van porque necesitan aumentar esa Fe. Que caminan para que cuando le llegue la hora de la duda, la Fe Jos mantengan firmes, Que la Carreta lleva la fe de muchos, muchísimos, que no pueden caminar ni ir, pero que van allí con Ella, pegada al terciopelo rojo y mirando esos ojos humildes. Caravana de Fe, visible e invisible, que para demostrarla, antes de partir se pone a los pies de la Pastora. Fe que atraviesa media Andalucía; desde el corazón de la tierra de Maria Santísima hasta las orillas del mar mismo, donde éste y las marismas se confunden. Fe que l1ega a los campos, donde el labrador se incorpora, y por un momento limpia el sudor de su frente y musita una oración que escucha ella. Fe que atraviesa caminos donde la gente se asoma para rezar. Y son pueblos, varios pueblos, en donde la actividad se para, y todos, entre alegrías, recuerdan que tienen una Madre en el Cielo; que todos estamos desterrados en este valle, donde Ella es nuestra única esperanza. y son besos a la Carreta. y manos que quieren tocar donde va ella, como queriendo agarrarse a su barca salvadora. Lenguaje y lágrimas que se aúnan en una oración. Piropos salidos del alma. Plegarias que se elevan a los Cielos. Todos los sudores y fatigas de esta marcha se dan por bien empleados, si por ello se consigue que hombres y mujeres de muchos sitios, se acuerden


de que tienen en los Cielos un Padre y una Madre, y salga de sus almas una oración sentida.

(Por los pueblos) Merece la pena que esos hombres y mujeres de Cañada caminen y recen con fe, y nos enseñen a todos cómo se ama de verdad a la Virgen. Mujeres silenciosas que no piden ni agua, porque quieren dejar todas sus palabras para la Reina de las Marismas. Pies de alpargatas o votos, pero llenos de ampollas y sangre. Para quienes no basta ni siquiera mi indulto sacerdotal, -como me decía una mujer con los pies hinchados-: "gracias, padre, se lo agradezco, pero mientras pueda cumpliré mi promesa" ¡Y vaya si la cumplió! No analicemos ahora intelectualmente esta manifestación de fe; no importa. Lo que sí es cierto, es que ahí hay un contacto con la Virgen; que ahí hay oración; que ahí hay pura fe; que ahí está Dios presente, y que por tanto merece un respeto y una consideración; y a su vez, a mí personalmente, me sugiere una reflexión: ¡ojalá viviera yo la fe con la misma intensidad! Cuando al llegar a la ermita, esas mujeres que han venido calladas todo el camino, claman con toda su alma: ¡Viva la Virgen del Rocíol, quien duda que la Virgen, por mucho estruendo que halla, no la oirá con toda la alegría de su corazón. Fe de otro pueblo, como Fuentes de Andalucía, con sabor a campo y a sol; que sabe que hay un lunes al 3110, en que los niños salen de la escuela, porque tienen que aprender en la calle otras lecciones que no se aprenden en los libros. Cantos de fe en una plaza repleta de personas, que se agrupan para rezar, cantar y bailar a los pies de la Carreta. y cada año, la Virgen del Rocío, va dejando en una carrera llena de luz y de sol, con macetas reventadas de flores, un reguero de alegria y esperanza, entre los vivas de las gentes y el chasquido de los cascos en los adoquines. Eso sí que es una lección de Fe. Fe en la Sevil1a de los barrios que atravesamos, que corren despavoridas al sonar los cohetes. Que se llenan de alegría al oír el tambor y la flauta. De personas que se arrodillan al paso de la Virgen. De flores que vuelan por el aire, para ofrecérselas a la Señora. De viejas rocieras, que al ver nuestro Simpecado, se les llenan los ojos de luz, la piel arrugada de alegria, y


el alma de nostalgia, mientras sus labios se mueven y corren unas lagrimas por sus mej illas. Una vez al año, gracias a Ecija, desde esos barrios, a los que fueron casi desterrados, recuerdan y avivan sus sentimientos religiosos de fe.

y qué decir de Tomares.

Que no se me enfaden ni se encelen mis paisanos, pero a Tomares, ni Ecija la supera. Aquel andar por su calle principal, adornada de flores y colgaduras. A paso de costaleros hay que andar. El Simpecado se tapa entre las flores que le ofrecen a la Virgen. El comercio se para y la gente se echa a la calle. El pie de la cuesta espera el pueblo, que empujan hacia aniba la caITeta,para que los toros no sientan el peso. ¡Qué agusto se tiene que sentir la Virgen, cuando entre palmas, cantos y gentes vistiendo las galas rocieras la reciben! Las flores que ofrecen a la Virgen en la Misa, crea hasta problemas de espacio. Todos ofrecen: particulares, instituciones religiosas, instituciones laicas. Todos traen a la Virgen 10 mejor que tienen. Diríamos que por una noche, Tomares se hace Santuario de María, y se abre hacia el Cielo una comunicación directa con la tierra. ¡Cuántas oraciones oirá y estará esperando nuestro Simpecado en esa noche inolvidable de miércoles!

(Fe de los hombres en contacto con la naturaleza) El paso de la Hermandad de Ecija, es un reguero de fe que va desde el Genil -donde tiene también una ahijada-, hasta las Marismas. Fe en ese puñado de peregrinos. De los hombres que sienten a Dios por los caminos donde el hombre se encuentra directamente con Él, a través de la naturaleza que Dios mismo creó, y que aún no ha sido estropeada por el hombre. Fe de unos hombres que encuentran a un Dios cercano, y notan la intercesión de su Madre. Fe que queda en Ecija viva durante los días en que el Simpecado está fuera, y van contando las horas y mirando al Cielo, y se imaginan la Carreta por los caminos de arenas o entre trigales, o girasoles, o pasando un arroyo, o a la sombra de los pinos. Fe de esas personas que no pueden ir, pero que van arropados por los pliegues del manto de la Virgen.


Todos sueñan con estar cerca de la Virgen. Todos sueñan con estar a su vera, y también el pregonero tiene derecho a soñar, y así le expresa su deseo a la Virgen:

Ouisiera ser Yo quisiera ser, Señora flor en tus manos morenas, y en veredas y caminos andarjuntito a tu vera, ofreciendo mis colores y mi olor a primavera. y en tu Carreta de plata navegando por la vega, o entre una nube de polvo en medio de las arenas, sentir tu mano de cielo sobre mi cuerpo de seda. Yo quisiera ser, Señora, tujuglar tamborilero, el que alegra tus pisadas y tu andar por los senderos; despertarte por el alba con mis toques rocieros, tocar de noche la nana entre estrellas y luceros y a los sones de laflauta marcar mi compás romero, y hacer los dos del camino una antesala del Cielo. A 1lado del Simpecado quisiera ser Carretero, y con la aijada en la mano y con un temple torero, ir mandándole a los toros a ritmo de costaleros. Los dos haríamos camino, yo marcándote la senda, tú, prisionera entre plata,


roel, clavel y azucena. Yo sería tu capataz, Tú, la Reina en la Carreta; yo la quilla de tu barco, Tú, derramando pureza, navegando por los campos bañándolos de belleza.

Las ruedas quisiera ser que van haciendo el sendero. Ellas aguantan el peso; son los dos pies en el suelo que en el eje de sus hombros te elevan sobre los Cielos. Ellas se hunden en barro, en polvaredas y cienos, S017 peanas que sostienen lirio morado y romero,' SO/1 las ruedas de tu cuna a la he de los luceros. Pero ya, no envidio a nadie en mi andar por los caminos,' ya no me cambio por nada, ya tengo lugar y sitio, porque voy tras la Carreta andando de peregrino. Soyflor quejunto con otras vamosformando un racimo. Soy el tambor y Lacopla que caminamos contigo. Mis dos pies, son las dos ruedas que andandojunto a los míos, van siguiendo tus pisadas en rodadas de cariño. y detrás del Carretero,

Losperegrinos unidos somos todos costaleros de corazonesfundidos.


Yo voy contigo, Señora. Voy porque tú lo has querido. Voy porque tú me llamaste. Voy porque yo lo he sentido. Voy detrás del Simpecado de mi Virgen.del Rocío.

(Carreta) La Carreta de Ecija es un tesoro de corazones que se ofrecen a la Virgen. Pri mero fue una de madera primitiva, pero que a nosotros nos parecía la mejor del mundo. ¡El amor es ciego! Quién podrá olvidar de nuestra imaginación, aquella Carreta medio desvencijada, después del Viaje, a la sombra del Acebuchal. Al año siguiente, el gigantesco árbol cobijaria a una de plata, aún estrecha para el cariño de los ecijanos. Pero llegaria un día de gloria para la Hermandad, cuando esta Carreta, engrandecida, ya entraba majestuosamente en su casa rociera de la aldea, todavía sin terminar. Pero entraba en su casa y ya no tenía necesidad de dormir a la intemperie. Hoy nuestra Carreta, luce sus galas en todo su esplendor: Torres, escudos parroquiales, campanas, girnaldas, una Virgen del Valle, San Pablo ... como si quisiera dejar en el Rocío, un recuerdo entero de nuestra Ciudad.

(M u/os, bueyes y toros) También fue evolucionando en cuanto a tiros. Primero los mulos de nuestra Remonta, como homenaje de nuestro ejército a la Reina de las Marismas. Después unos bueyes criados en los campos de Zahariche, de feliz y perenne recuerdo. Feliz, porque hicieron cumplir un deseo soñado, que creíamos que nunca alcanzaríamos. Perenne, porque dejó marcada para siempre la cara del que los mandaba. ¡Y aquellos toros blancos! uno de ellos, como los buenos toreros, dejó su vida en la arena de los caminos. Pero tenía que llegar el día, y ya llegó, en que dos toros escogidos y nuevos tiraran de nuestra Carreta. Yo creo que a los dos los escogió un ángel rociero, porque no hubiese sido posible de otra manera, siendo distintas


camadas y de distintos lugares, y tener los dos el mismo pelo, la misma estampa y hasta el mismo número en los costillares. Yo vi, cómo aprendieron a ponerse bajo el yugo ¡Qué docilidad, qué suavidad! y qué pena que no hablaran, porque estoy seguro, que el ángel que los escogió, le diría para qué, y nos hubiesen hablado de la ilusión que tenían en llevar esa carga tan leve, cuando Ella va arriba. En los campos ecijanos, llenos de primavera, dieron los primeros pasos, mandados por un Carretero de nuestra tierra, lleno de la misma ilusión. Como madrina y nodriza, dos mellizas trianeras, que saben de caminos y de arenas. Por eso no es dificil imaginarse a un ángel recorriendo caminos y dehesas para encontrar a nuestros toros.

Los toros de mi carreta Un ángel desde los Cielos bajó por grandes' dehesas andando largos senderos, busca dos toros iguales, busca dos toros romeros. Uno en campos extraños, otro con olor a mares, los dos con el mismo pelo los dos con la misma casta. Los dos con el sol, moreno, que la Virgen se merece llevar toros postineros. Entre fajara, su cuna, dos ilusiones de madres, cuatro puñales de luna que apuñalan las estrellas demostrando su bravura. Los dos con aire campero .. los dos con el mismo bronce, los dos números parejos, marcando los mismos pasos, cuatro pisadas de acero.


Las hembras de la camada vieron sus primeros pasos, cuando por tierra ecijana

les enseñaron a andar las mellizas de Triana. ¡Cuántafiereza y tronío!

cuando en las noches de celo, discuten su señorío y alzan alta la testuz con aire de desafío. i Cuánto cariño y dulzura!

cuando los dos hermanados bajo la misma conjunta a la voz del carretero cambian su casta en ternura. i Quépoema de belleza

mis dos toros romeros! costaleros de grandeza, sólo lesfalla decir: rbendita sea tu pureza! S017

(El Arroyo Corbones) En el Rocío hay momentos estelares, algunos de los cuales ya hemos dicho: el paso de Fuentes de Andalucía; la entrada triunfal en Tomares. Pero, cómo olvidar el paso del Corbones. Es nuestro Jordán. En él se bautizan los nuevos caminantes. Momento dificil. Momento esperado y temido. Momento de alegría y angustia, como la vida misma. Momento de tensión y de oración, silencio y preocupación inicial para romper después en júbilo y palmas.


El arroyo del Corbones El sol quiere ser testigo, y entre orillas de colores cantan contentas las aguas del arroyo del Corbones. El silencio corta el aire, murmullo de carreteros, sordo que}ido en las ruedas, suspiros del rociero mirando el agua que corre en donde se espeja el cielo. Lenta avanza la carreta, 110 suenan las campanitas, mudo el tambor y la flauta cuando el toro en las orillas mojando su pié de acero bebe el agua cristalina. Pausado andar en los toros con salpicaduras blancas, navegando mi carreta entre Laespuma de plata, cimbreando su cintura como sifuera una barca. El silencio ya se ha roto, ahogado quedó el quejlo, y una salve cruza el aire cuando se espeja en el río el Simpecado ecijano de la Virgen del Rocio. El tamboril y laflauta aire de cielo desgranan, que al Pastorcito le alegran cuando entre rezos y palmas sale airosa la carreta al compás de sevillanas.


Llorando quedó el Carbones. El sol se oculta en la vega. La luna asoma su cara y despiertan las estrellas.

Duermen tranquilos los toros en medio de la dehesa, y la Virgen seca al Niño su cara de sol y seda, y le canta entre sus brazos canciones de primavera.

(Mañana del sábado en la Raya) Pero pocas estampas rocieras como la mañana de] sábado. La raya desierta. Bajo los pinos, sólo una Hermandad: la nuestra. Los toros avanzan lento entre una nube de polvo. Por entre los pinos un torbellino de colores. Mujeres ecijanas vestidas de rocieras traen brazadas de lirios morados y margajitas y romero. La Carreta se ha llenado de aromas del campo. Los lirios pugnan con las margaritas para mezclarse entre el romero y adornar a la Virgen. Y la Carreta, majestuosa y orgullosa, y, diríamos que hasta provocadora, se cimbra sobre los arenales arrancando piropos y oraciones.

(Rosarios) Lo que nunca podremos olvidar, serán esos rosarios agrupados todos en torno a la Carreta. Allí se cumple y se vive lo que se canta en la ya famosa sevillana:

No he visto nada más grande, ni al mismo tiempo más sencillo que rezar un Dios te salve oliendo ajara y tomillo, y el Simpecado delante y a su vera los peregrinos.


No un Dios te salve, sino cincuenta, que no importarán que fueran quinientas. Oliendo a jara y a tomillo, a romero y a campo, y a luz y a sol, donde se aísla uno de las cosas terrenas y sólo cuenta lo que Dios creó. Qué fácil es ver allí la mano de Dios y la dulzura de la Virgen. Se oye el silencio de los pinos, y el siseo de la retama. Los pajarillos se unen a nuestros rezos, y los peregrinos de otras Hermandades se paran. Dan ganas de decir lo que le dijo San Pedro a Cristo en el Tabor: "hagamos una tienda y nos quedemos aquí". Pero no, la virgen nos dice que hay que seguir caminando. Pero allí quedó la estampa para el recuerdo y para siempre.

(Misas nocturnas) iY esas Misas nocturnas a la luz de la Carreta! Con cara de cansados,

pero con ánimos nuevos. Han venido muchos desde Ecija. La guitarra corta el aire. La canción se hace oración, y ante la mirada de la Virgen, se hace el más grande de los milagros: el trigo blanco y el jugo de los racimos, se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Pastorcito. Es el final de la jornada. Sólo falta terminar con nuestra salve rociera, cantadas muchas veces con la voz rota y cascada, pero con el corazón entero.

(Noche y alba) Después, a la luz de la hoguera, el cante, el baile, la convivencia y un rato agradable de Hermandad. Al final, el silencio inunda la noche. Las estrellas y los luceros hacen guardia a la Carreta. Solo se rompe el silencio por el piropo hecho oración y la oración hecha cante. Al alba, el tamboril y la flauta, nos anunciara un nuevo día, y nos llamarán para andar tras la Carreta. De cuando en cuando, para alegrar nuestra marcha, ofreceremos a la Virgen nuestras canciones y pararemos a la sombra de un árbol para en un revuelo de colores, danzar delante de la Virgen. Y cuando el sol llega a su punto culminante, y nuestras frentes están llenas de sudor y nuestros pies de polvo, levantaremos nuestras cabezas hasta los Cielos, a donde llegarán nuestras voces unidas al saludo del Ángel: Es la hora del Ángelus.


(Lo que hemos de dejar) Todo esto pasa y pasará por muchos años; tanto cuanto seamos nosotros capaces de dejar esta muestra de fe para la posteridad. y hemos de esforzamos en dejar limpio todo lo que rodea al Rocío, podar ]0 que se daña, dejarlo en la esencia pura. Dejar, en definitiva, una fe verdadera y auténtica en Maria, que eso si que no pasará. Nosotros pasaremos. Las cosas materiales, por muy hermosas que sean pasarán y serán sustituidas por otras nuevas. Se hará vieja la Carreta y tendrán que hacer otra. Se morirán de viejo los toros y tendrán que venir otros, quizás y posiblemente de la misma sangre; pero pasarán. Pasarán las cosas, que como digo son caducas. Pero lo que nunca podrá faltar, ni deberá faltar, yeso si que está en nuestras manos, es la fe y devoción rociera auténtica y sincera, cómo dicen las sevillanas: "Podrán asfaltar la raya, quemar los eucaliptales y envenenar Larivera, pero no podrán quitarnos la devoción rociera. "

Esta fe rociera es la que debemos dejar profunda y seriamente por encima de acontecimientos y realidades externas. Se podrá ir por este o aquel camino. Se podrá ir con mulos, con bueyes o con toros. Se podrá ir en remolques, en charret, andando o a caballo. Se podrá decir la Misa de noche o de día, y el Rosario andando o parado, pero lo que nunca se puede ir es sin fe. Las realidades accesorias no es lo importante. Lo que interesa es el espíritu que se infunde, y ese ha de ser la vena interior de esas apariencias externas.

(Transformación

mariana de Ecija)

Ecija en el Rocío, es la transformación mariana de una Ciudad. Una ciudad que ama a María. Una Ciudad en la que todos fuimos a los pocos días de nacer en brazos de nuestra madres a visitar la Virgen del Valle. Una ciudad que sabe ofrecer sus mayores galas con motivo de las fiestas de la Virgen; que será una multitudinaria ofrenda floral al monumento de la Patrona en las vísperas de la Natividad. Una ciudad que sabe velar las lágrimas y penas de la Virgen y la acompaña cuando va tras su Hijo por la calle de la Amargura y en el Calvario. Que vibra con advocaciones como el Rosario, El Pilar, María


Auxiliadora, Milagrosa o Carmen. Que tiene sus iglesias dedicadas a la Concepción, a la Asunción, a la Merced, al Carmen, a la Victoria, a la Divina pastora. Que levanta también un templo a la madre de la Virgen, Señora Santa Ana. Que preside desde un arco como Virgen de Belén, o como Virgen de la Soledad, o como Virgen del Valle. Que en los grandes palacios preside balcones y escaleras. Esta Ciudad que vibra y siente a la Virgen de esta manera, también cuando llega Pentecostés, se acuerda de nuestra Madre y la festeja como plenitud del Espíritu; como RoCÍo del Cielo. Por eso yo, al terminar el pregón, al anunciaros que el RoCÍo ya está cerca, quisiera dejar claro, que la Virgen del Rocío, es la Virgen, la única Virgen que ha existido en el mundo: La Madre de Dios. Y que cuando acom.pañando al Simpecado voy detrás de la Virgen, se viene conmigo la Virgen de Ecija; la Virgen de mi Ciudad; la Virgen de mi pueblo; la virgen a la que me enseñaron a amar mis padres. La Virgen que ríe, la Virgen que llora, la Virgen que es Fe, la Virgen que es Esperanza, la Virgen que es Caridad, la Virgen que es Dolores, que es Lágrimas, que es Amargura, que es Misericordia, que es Piedad, que es Soledad. La Virgen que es Auxilio de los cristianos. Que es Belén, que es Rosario, que es Pilar, que es Milagrosa, que es Mercedes, que es Carmen, que es Pastora Divina. La Virgen que es Madre de Dios, y es Asunción, y es Inmaculada. y la Virgen que es Reina y Señora del Valle. Por eso, quiero terminar mi pregón anunciando a Ecija, con quién me voy al RoCÍo:

¿ Con quién me voy al Rocio? ¿ Con quién me voy al Rocío? Con mí pueblo que se hace morena de sol y cante, morena quejunto al rio yergue su cuerpo y su talle, y son sus manos de bronce las castañuelas del aire. En la guitarra del cielo, espejo azul de los mares, arranca sones de bronce, y a ecos de soleares la morena de mi copla lanza al aire sus cantares.


¿ Con quién me voy al Rocío?

Con estepueblo que sabe de cantores y de amores. Que sabe ser el pañuelo de una madre de Dolores cuando se sube su llanto en camino de pasiones. Es Caridadjunto al río, canto de Fe, su belleza, llanto de Misericordia y Esperanza de pureza. Es Amargura en la calle y Lágrimas en sus penas, Soledad en mis soledades, Piedad de Mercedes llena, cuando Ecija es calvario bajo una lluvia de estrellas. ¿ Con quién me voy al Rocío?

Me voy, contigo, Señora, que eres Rosario de saIve Milagrosa de DoLores y marinera de! Carmen. Me voy contigo, Señora, que están en Santa maria hecha Pilar sobre roca,' y entre ramos y oraciones y torbellino de tocas de Hermanitas de la Cruz, eres Divina Pastora. Me voy contigo, Señora. Yo que aprendí de Don Basca al despertar cada aurora rendido siempre a tus plantas a decirte Auxiliadora. ¿Por dónde voy al Rocío? Me voy por entre olivares y cantinela de río. Me voy por mares de espigas y por caminos baldíos.


AJe voy por sendas de arenas,' me voy en noches de frío y maiianitas de sol. Me voy con elpueblo mío. ¿ Con quién me voy al Rocío? Me voy contigo, Señora, azul reflejo en las torres. Simpecado de amapolas y campan itas de plata con susurros de palomas. Voy con mi pueblo y mi gente. Van mis amores contigo, fresca acequia en el calor, y llamarada en el frlo. Plata de estrellas en la noche, oro rojo en el estío, y entre arenales de polvo, marismeña del Rocío, quiero rezar a tu vera y gritarte entre el gentío: Blanca Paloma de! Valle) Señora del pueblo mío.

¡Viva la Virgen del Rocío! [Viva la Hermandad de Ecija!


Don Jerónimo Valpuesta Güeto. 1986  
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