Page 1

1. PRESUPUESTOS DEL ACOMPAÑAMIENTO EN CLAVE FRANCISCANA Debajo del intento de explicar la realidad humana hay un concepto de la persona humana. A eso llamamos ahora presupuestos. De los presupuestos que adoptemos en este tema del acompañamiento dependerán luego nuestros objetivos, las orientaciones, la relación, etc. Y al revés, nuestra práctica de acompañamiento revela unos supuestos de base, sean conscientes o inconscientes, coherentes o no.

Antropología Franciscana


Introducción Podemos situarnos al nivel de profundidad que queramos. No me parece práctico un nivel de alta especulación teórica y opto por un nivel de reflexión muy cercano a la práctica. Entiendo que es la manera franciscana de entender el saber, orientado a la vida. Las prevenciones de Francisco sobre los estudios tienen que ver sobre esto, según los expertos. Asumimos que la persona humana es una totalidad multidimensional. Las dimensiones en las que la dividamos para su estudio en buena parte son artificiales y siempre están relacionadas en el todo que somos. Los presupuestos que aquí desgranamos están interconectados y no son partes estancas. Si podemos decir que unos tienen más componente teológicoespiritual otros, más antropológico, otros más psicológico, etc. 2


Los presupuestos por los que optamos son los de la visión antropológica y psicológica humanista. Introduciendo el aspecto creyente nos situamos en el humanismo cristiano. Dentro de este humanismo cristiano nuestra postura es nítidamente franciscana. Podemos hablar de humanismo franciscano. Francisco no es un teórico sistemático y no nos ofrece visiones elaboradas ni en este tema ni en otros, por lo que no podemos encontrar en las fuentes franciscanas todos los elementos que fundamentarían hoy un buen acompañamiento en clave franciscana. Para este punto me guío de los numerosos estudios que se plantean la visión que Francisco tiene de la persona humana. 1. Hemos sido creados por Dios a imagen y semejanza suya Este es elemento constitutivo de nuestra naturaleza e identidad. Dios nos ha creado a imagen y semejanza suya; ha puesto es nuestro interior el deseo de caminar hacia él, nos ha dado las capacidades para conocerle y conocer su acción en la historia. Nuestra especial dignidad se deriva de nuestro origen divino. Dios no nos ha creado acabados, cerrados, sino abiertos, llenos de potencialidades. Nos llama a crecer, a desarrollarnos. Nuestra primera vocación es la vocación a ser. Nuestra plenitud y nuestra mayor felicidad esta en caminar hacia Dios, en experimentar su amor. Dios nos quiere colaboradores con su obra creadora. Nos ha dado la necesidad y las potencialidades para que colaboremos en el desarrollo de la sociedad y la evolución positiva de la naturaleza. Nos da su amor para que nos entreguemos a esta tarea creadora. Para Francisco el hombre siempre está en relación con Dios. Es un hombre relacionado y fundado en la relación con Dios, relación de criatura que debe a Dios su existencia. Como dice Matura 1 la visión del hombre de Francisco “radica y se basa sólidamente en una teología: ésta es inseparable de aquélla. Se habla ciertamente del hombre, pero del hombre creado por Dios por amor. La característica de ser criatura por amor, pone al hombre por encima de toda la creación y especialmente porque el hombre no es solo creado, sino que es creado a imagen y semejanza de Dios” (Adm. 5,1). En los Escritos se puede notar una diferencia con la posición oficial de la antropología de su tiempo: Francisco insiste mucho en el hombre creado por amor a imagen de Dios y a semejanza de su Hijo2. La dignidad del hombre reside en esta huella que nadie puede quitar. Por eso la mirada de Francisco hacia el hombre es de respeto, escucha, acogida: porque es la imagen de Dios que se me acerca en el hermano. 2. Jesús de Nazaret, humanidad de Dios y su amor entregado

1

Cfr. MATURA, T., Francisco de Asís, otro Francisco. El mensaje de sus escritos. Ed. Aranzazu, Oñate, 1996, p.44 2 Cfr. MATURA, T., Francisco de Asís, otro Francisco. El mensaje de sus escritos. Ed. Aranzazu, Oñate, 1996, p.97

3


Nuestro Dios no está lejos, allí arriba, en el cielo, sino que se encarna en Jesús y en él en toda persona humana. Todo hombre es mi hermano porque es imagen de Cristo, presencia de Dios. El Padre ha hecho en Jesús una definitiva y total apuesta por el hombre, a pesar de su infidelidad y del rechazo de su amor. En la cruz de Cristo las realidades humanas de límite y de sufrimiento quedan salvadas y llevadas a gloria, a resurrección. Tiene sentido acompañar y/o atravesar el sufrimiento y la muerte, porque detrás está la vida. La teología franciscana subraya, frente a interpretaciones salvíficas y/o sacrificiales de la cruz de Jesús, este aspecto de amor entregado y desbordante de Dios a través del Hijo. Tampoco la encarnación ha sido para reparar el pecado, sino por amor como única causa. Jesucristo se convierte en el regalo más precioso de Dios a los hombres. Dios se sitúa en el tiempo y asume toda la historia humana en la historia de Jesús de Nazaret, hombre concreto, con su propia genealogía, enraizado en nuestra propia historia. En el hombre Jesús, Dios ha asumido el rostro del hombre. La encarnación es entendida también como historización de Dios, y al mismo tiempo, como divinización del hombre: El Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre sea divinizado3. La humanidad de Jesús es el mejor camino para conducirnos a su divinidad. Aparece aquí la divinidad como culmen del proceso humano. Lo contrario de lo divino no será lo humano, sino lo que deshumaniza y consiguientemente desvitaliza. El amor, tal y como venimos insistiendo, es la clave interpretativa de toda la vida de Jesús. La existencia de Cristo, su vida y su muerte, son efecto del amor libre, no son dictados por la lógica pecado-satisfacción. Dios ha querido la muerte de Cristo en la cruz para hacernos entender mejor su amor, nunca por la necesidad de una reparación. Una vez más el ordo amoris es la razón última de todo. La cruz simboliza toda la vida de Jesús vivida como solidaridad total en favor del hombre, por fidelidad absoluta al Dios amor. Se convierte, en cada hombre, en una pregunta por el sentido de su vida. El compromiso libre por la justicia lleva a Cristo a morir en la cruz. Podía habernos redimido de otra manera, según Escoto, no necesitaba hacerlo como lo hizo, dejándose clavar en una cruz; lo hizo así para mostrarnos en ella el amor con que nos ama, y por eso estamos más obligados con Él 4. Toda la actividad de Cristo se puede reducir al amor por Dios y al amor por los hombres”5. 3. El Espíritu del Señor y su santa operación (2R 10, 7-10) 3

«Verbum, inquam, Dei homo factum, ut tu quoque ab homine dicas, qua arte homo fieri Deus possit» CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Protrepticus, cap. 1, 8.4, SChr. 2, Paris 1949, 63 (PG, 8, 66A). 4

«Ex quo enim aliter potuisset homo redimi, et tamen sua libera voluntate sic redemit, multum ei tenemur... Ideo ad alliciendum nos ad amorem suum, ut credo, hoc praecipue fecit, et quia voluit hominem amplius teneri Deo... Quod ergo Christus voluit sic pati, processit ex amore intenso finis et nostri, quo dilexit nos propter Deum» Ord. III, d.20, q.un., n.10-11 (XIV, 738ab). 5

REY, J., Apuntes no publicados.

4


Llamados a la vocación franciscana nuestra vida será querer, dejarnos llevar, buscar la libertad y creatividad del Espíritu.

Se trata, en sintonía con 2CtaF 48 y 1R 22, 27 de dejarnos habitar por la presencia personal del Espíritu, hacerle “habitación y morada”. Es dejar que haga en nosotros su obra como vemos en CtaO 52-54, texto que es un mini-tratado sobre el discernimiento espiritual 6. 4. El valor único de la persona humana. Cada persona es única, diferente e irrepetible. Cada hombre es mi hermano. De aquí se deriva:  El compromiso con el valor de la dignidad humana.  El énfasis en lo distintivo y específico humano (decisión, creatividad, autorrealización…) - El afán de centrarse en cada persona, su experiencia interior, el significado que da a sus experiencias - El interés en el desarrollo pleno del potencial inherente a cada persona. Tenemos la tarea de desarrollar eso único y especial que somos. La persona se realiza cuando actualiza sus potencialidades, incluyendo los niveles mas humanos (contemplación de la belleza, búsqueda de la verdad, encuentro religioso). Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: el respeto adorante de cada persona, el aprecio sincero de su singularidad, la escucha de su experiencia, el compromiso con su crecimiento personal, el cultivo de lo creativo, la belleza, la búsqueda de la verdad y la trascendencia), la aceptación propia por ser persona más allá de los propios límites y valores. 5. Confianza en la naturaleza humana El ser humano es de naturaleza intrínsecamente buena y con tendencia innata a la autorrealización. Cada persona tiene en su interior los recursos necesarios para desarrollarse positivamente. Cuando Francisco tenía una catorce años, el que luego fue el para Inocencio III escribió “Del desprecio del mundo o de la miseria de la condición humana”, auténtico bestseller que recogía la visión predominante sobre el hombre en la espiritualidad occidental de cuatro siglos. Una visión totalmente negativa y pesimista. Francisco no comparte esta visión. Mientras que Inocencio III y los pensadores espirituales de su época ven en el hombre un ser nauseabundo, un leproso (prototipo humano de repugnancia), Francisco ve en el leproso un ser humano, un hermano7. 6 7

Cfr. HERRANZ,J., El discernimiento en Francisco de Asís, Ed. Frontera, Vitoria 2009, p. 13 Cfr. IGLESIAS, F., El hombre de hoy… p. 150.

5


Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: la fe en la bondad de cada persona, el no juicio y no condena, la fe en que podrá superar sus dificultades y debilidades, el compromiso por ayudar a los demás a crecer (a hacerse con sus propios recursos), sin que quite un sentido realista de los problemas, pero no se queda abrumado ante ellos, sino que confiando en las soluciones las busca y se implica porque cree en las posibilidades de las personas.

6. Concepción holista, de totalidad. La persona es una unidad, una totalidad que es más que sus partes. El crecimiento humano supone la integración de todas las partes de nosotros mismos. Igualmente somos una totalidad con la naturaleza, de ella formamos parte y en ella debemos integrarnos armónicamente. Por último somos parte de 6


la totalidad que es la humanidad. Solo nos desarrollaremos en relaciones armónicas con la sociedad humana a la que pertenecemos. No tenemos dudas de la concepción de Francisco de la persona humana como parte de la naturaleza y de la sociedad humana. Está a la base de su concepción de cada criatura como hijo de Dios y hermana nuestra. En relación a la persona humana, Francisco vive en una época de un fuerte dualismo que subraya la separación entre cuerpo y alma y la prevalencia de ésta sobre aquél. El cuerpo es la cárcel del alma. Sin embargo Francisco no participa de este dualismo. El ser humano es cuerpo y alma, pero como una unidad. Somos seres corporales (no tenemos cuerpo ni el cuerpo nos tiene esclavizados). La conciencia de nuestra corporalidad es muy fuerte en Francisco, como lo demuestran la cantidad de veces que utiliza el adjetivo “corporal”. ¿Cuál es el rol que la corporeidad humana tiene en el pensamiento de Francisco? El análisis de los escritos en los cuales Francisco habla del cuerpo y la corporeidad nos hace comprender que en él la devaluación o la visión pesimista de la corporeidad no tiene lugar. El cuerpo es para él un medio y la forma de ser en el mundo, creado por Dios como todas las otras cosas materiales y por eso mismo lleva el sello de la bondad de las cosas de Dios. En este tema podemos ver la diferencia en lo que expresan los Escritos y la visión de las Biografías, más influidas por la postura agustiniana de los biógrafos 8. Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: el trabajo personal por integrar las partes rechazadas y/o desconocidas de uno mismo, el no parcializarse (en el cuerpo, sentimientos, lo racional…), no juzgar a los demás por parcialidades sino entenderlos en su globalidad de persona e historia, lo relacional, la fraternidad, la comunión con la naturaleza… 7. El ser humano es un ser consciente. Crecer es ampliar la conciencia, vivir de forma cada vez más consciente. La conciencia que tenemos hoy de nosotros mismos y la forma en que nos identificamos con nuestro yo, es solo uno de los varios estados y niveles de conciencia a los que podemos llegar, pero no es el último. Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: vivir atentos a nuestras intenciones, sentimientos, sensaciones corporales e integrarlo todo, también lo que no nos gusta, estar abiertos a lo que nos devuelven los demás sobre nuestra conducta y sus intenciones… Escritos y Biografías de Francisco están repletos de ejemplos de su altísimo nivel de consciencia, tanto de sus movimientos internos como de lo que ocurre a su alrededor. Francisco se vive permanentemente conectado con los movimientos de su alma, con sus sentimientos, con su cuerpo, con los que les ocurre a sus hermanos, con todo lo que se mueve a su alrededor. Es consciente de cada piedra que pisa, de cada hormiga que se cruza en su camino. También vive atento de las motivaciones inconscientes propias y de 8

Cfr. GNIECKI, Visione dell´uomo negli Scritti di Francesco d´Assisi, Antonianum, Roma, 1987, pp.207 ss.

7


los demás, como lo demuestra en sus exhortaciones, en las cartas, etc. Un ejemplo de esta consciencia lo vemos en 2Cel 13. 8. El ser humano es un ser intencional. Estamos orientados hacia una meta y somos intencionales en nuestros propósitos, valoraciones, acciones… Y tenemos la capacidad de responsabilizarnos de nuestra vida, de nuestras acciones y elegir libremente. La vida humana adquiere sentido por esa meta que elige y hacia la que se dirige. Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: Responsabilizarnos de nuestra propia vida, discernir el sentido de nuestra vida, asumir las metas que nos proponemos, implicarnos en ello, crecer en autonomía personal, tener criterio propio, reconocer los propios límites y los del exterior, aceptándolos pero luchando por superarlos en la medida de lo posible. No se queda en la búsqueda del placer y la satisfacción inmediatos. Alegría e ilusión por vivir. Vemos en Francisco que no se resigna al destino que la vida le ha preparado. Sus años de juventud y los del proceso de conversión reflejan nítidamente sus esfuerzos por buscar el sentido de su vida, responsabilizándose totalmente de la misma y trabajando activamente para buscar qué hacer con ella. De joven busca apasionadamente en la dirección de una causa y una gloria, la caballería; en el proceso de conversión cambia la mirada, pero no la fuerza con la que busca y se entrega a lo que ve. “Nadie me decía lo que tenía que hacer…” (Tes. 14) .

9. Superación de la escisión mente/cuerpo.

La psicología humanista parte desde un reconocimiento del cuerpo como una fuente válida de mensajes acerca de lo que somos, hacemos y sentimos, así como medio de expresión de nuestras intenciones y pensamientos. Funcionamos como un organismo total, en que mente y cuerpo son distinciones hechas sólo para facilitar la comprensión teórica. Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: la valoración positiva del cuerpo, su cuidado, el escuchar nuestras sensaciones corporales y asumir los mensajes que nos proporcionan, trabajar la integración del cuerpo, de la sexualidad en

8


la totalidad que somos, aprovechar las potencialidades comunicativas y expresivas del cuerpo. Abundan en las fuentes franciscanas textos en los que aparecen actitudes duras y mensajes negativos hacia el cuerpo. Sin embargo una lectura atenta nos ayuda a descubrir matices interesantes. Vemos como Francisco vive muy en contacto con su cuerpo y como afronta las dificultades en la castidad en dialogo, en relación, en mayor contacto con su cuerpo y en experiencia de su “ardor libidinoso”. El texto de LM 5,4 nos lo presenta en escucha de sus sensaciones corporales (“apenas sintió sus primeros atisbos”), intensifica la vivencia corporal (desnudo, fragelo, frío en la nieve, dialogo), hace figuras de los objetos de su tentación (mujer e hijos) bajando de la fantasía y confrontándose realistamente ante ellos. Por otro lado en numerosos pasajes dice que al cuerpo hay que tratarlo correctamente. “El comer, dormir y otras necesidades corporales deben ser satisfechas con discreción por el siervo de Dios” (LP 120d; 2C 22). Y si no se hace así, habrá que pedir perdón: “Estando ya para morir, confesó que había pecado mucho contra el hermano cuerpo” (TC 14). Y arrepentido tras el diálogo con un hermano y reconociendo cómo su cuerpo le había acompañado y hecho posible el seguimiento de Cristo, cambió de actitud con su cuerpo enfermo hablándole así con alegría: “Alégrate hermano cuerpo, y perdóname, que ya desde ahora condesciendo de buena gana al detalle de tus deseos y me apresuro a atender placentero tus quejas” (2C 210-211). Para acabar permiténdose algún capricho y pidiéndole a la señora Jacoba “aquél dulce que solías traerme cuando me encontraba enfermo en Roma” (LP 8 y EP 112). 10. Reequilibrio entre polaridades y revalorización de lo emocional La cultura occidental ha tendido a valorar lo racional sobre lo emocional, la acción frente a la contemplación, etc. Esto produce un desequilibrio en nuestro organismo, ya que desconoce aspectos valiosos de nosotros mismos o los subestima, relegándolos al control de otros. El cultivo de lo emocional, lo intuitivo, lo contemplativo, por parte de la psicología humanista, es un intento por reestablecer ese equilibrio. En este sentido, decir que es necesario sentir, aceptar e integrar en dolor para crecer. Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: no parcializarse en lo racional y activo, sino hacer un buen equilibrio con lo emocional, la contemplación, etc. Aceptar el dolor, escucharlo e integrarlo. No reprimir las emociones, sino utilizarlas para el crecimiento propio y de los demás. Siempre ha sido llamativa la fuerte emotividad de Francisco. Llama la atención cómo vive la realidad, no desde análisis racionales, sino dejándose sentir. Estudio de su personalidad lo definen como una personalidad emotiva (altamente sensitivo, expresivo y relacional), activa (se vive en interacción y necesita llevar a la práctica lo que siente y piensa) y secundaria (las afectaciones, la experiencias permanecen en su interior, es fiel y se implica a

9


fondo)9. Parece también que su prevención hacia los estudios no es tanto por no valorar la reflexión, el pensamiento, las ideas, cuanto por huir del pensamiento meramente especulativo (como parece que era en gran medida el de su época), alejado de la vida.

11. Valoración de una relación en comunicación, que implique el reconocimiento del otro en cuanto tal (alteridad) Dejar de reconocer a los demás como objetos, o medios para alcanzar nuestros propósitos personales, es uno de los énfasis principales de esta corriente. Esta forma restringida de relacionarse con los demás se transforma en una barrera comunicacional entre los seres humanos, ya que nos concentramos en sólo una parte del otro (la que nos es útil, por ejemplo), y dejamos de verlo como un ser total, impidiendo una comunicación plena. Actitudes psicológicas que se derivan de este principio: crear relaciones adultas que respetan a los demás y les ayudan a crecer, en las que damos y recibimos, comunicarnos con apertura y sinceridad, saber escuchar, desarrollar la empatía, la capacidad de ponernos en el punto de vista de los demás. Somos relación. Hemos surgido de una relación física y psíquicamente. Relaciones posteriores han contribuido a nuestra identidad. Hoy nos hacemos en relación y contribuimos así al hacerse de otros y del/los grupo/s humano/s al/los que pertenecemos. Francisco se vive en relación y dialogo con los hombres, sus hermanos. Y en su dialogo destacan su total transparencia (hombre simple, dirá él, sencillo), la escucha y el respeto al otro, en definitiva su gran amor. Nos detenemos un poco en los que podemos considerar los mundos relacionales de Francisco. a) Los “leprosos” de su tiempo. El beso al leproso transformó su vida y le hizo verse a sí mismo y su vida de una manera nueva. Es lo primero que recuerda en su Testamento. A partir de esta experiencia desarrolló Francisco una gran capacidad de amar el lado sufriente y oscuro de la realidad: acoger ladrones y bandidos (1R 9,3), tratar con exquisitez enfermos y pecadores, mediar en conflictos personales o ciudadanos, integrar lo agresivo (lobo de Gubbio), dialogar con el enemigo (Sultán). b) Jesús. Francisco mantiene un vínculo fiel con Jesús. Creer en Jesús es para él amarle (1Cel 115), hacerse su discípulo, seguir sus huellas (1R 1,1). Jesús es para él alguien con autoridad. Su amor por Jesús le hace oyente de la Palabra, de sus Palabras que son Espíritu y Vida (2CtaF 3)

9

Cfr. GARRIDO,J., El itinerario espiritual de Francisco de Asís. Problemas y perspectivas. Ed. Aranzazu, Oñate 2004, pp 181 ss.

10


c) Los hermanos. En hermano Francisco, pequeñuelo y siervo quiso ser hermano de todos y llevar una vida hermanada “en la que los hermanos se muestren familiares entre sí y manifiesten confiadamente el uno al otro su necesidad” (2R 6,8). Amó a sus hermanos y se vivió entre ellos en un clima de familia (“esto te digo, hijo mío, como una madre”), de amarse y nutrirse; en una actitud de siervos, en igualdad mutua y lejos del dominio: “y a ninguno se le llame prior, sino que a todos sin excepción se les llame hermanos menores. Y lávense los pies unos a otros” (1R 6,4). Tiene también una gran conciencia (trasfondo de CtaL) de lo singular de cada uno y del propio camino (también en CtaM); y a la vez, del mutuo cuidado y responsabilidad. d) La mujer. A pesar de vivir en una época en la que la mujer es un ser inferior, la peor encarnación del mal, Francisco intimó con mujeres: Clara, Práxedes, Jacoba… Lleno de libertad para el encuentro con las personas, no se defendió, no tuvo miedo a la relación con la mujer (aunque en sus escritos haya recomendaciones de “prudencia”). La relación con Clara, de una simetría asimétrica, ha sido tremendamente positiva para los dos10.

10

“En el encuentro con Clara, Francisco ha acogido la parte femenina de sí mismo, su ternura; y Clara en el encuentro con Francisco ha integrado su parte masculina, su vigor. Ella y él han expulsado el miedo al otro. Francisco no ha tenido miedo de ser tierno y se ha hecho fuerte. Clara, tejiendo su relación con Francisco, ha desarrollado su ternura y se ha hecho fuerte. Francisco ha encontrado en Clara su masculinidad, su fuerza y Clara ha encontrado en Francisco su feminidad, su nutrimiento, su ternura” (M. BARTOLI, Chiara. Una donna tra silenzo e memoria (p.97)

11


acompañamiento en clave franciscana  

El subsuelo del acompañamiento

Advertisement
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you