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Espiritualidad

Cura Brochero Pastor con olor a oveja Mons. Santiago Olivera 144 págs. / 14 x 20 cm / 978-950-512-814-3 Colección: Los del Camino El 14 de septiembre de 2013, fue beatificado el Padre José Gabriel del Rosario Brochero, hombre de Dios y ciudadano ejemplar.

Es lógica y esperable la pasión que el autor, le pone a todo su relato sobre el Cura Brochero o el Cura gaucho, como lo queramos llamar. José Gabriel del Rosario Brochero no puede dejarnos indiferentes. Con su envidiable corazón apostólico podía recorrer hasta 200 kilómetros, que requerían tres días a lomo de mula, para buscar en caravanas a unas quinientas personas, -a veces muchas más; para predicarle los Ejercicios Espirituales; sorprendidos más de una vez por fuertes tormentas de nieve. Al regresar, luego de nueve días de silencio, oración y penitencia, sus feligreses iban cambiando de vida, siguiendo el evangelio y buscando el desarrollo económico de la zona. Monseñor Santiago Olivera cursó sus estudios eclesiásticos en el Instituto de Filosofía y Teología San José, del Seminario Diocesano de Morón. Fue ordenado en la catedral de la Inmaculada Concepción del Buen Viaje, el 18 de setiembre de 1984. El papa Benedicto XVI lo nombró como nuevo obispo en el 2008 a los 49 años, y es el tercer obispo de Cruz del Eje (Córdoba) Argentina, tierras brocherianas por excelencia. Otra apreciación interesante sobre el Cura Gaucho “….me resulta muy difícil compararlos siendo que Ars tenía unos 250 habitantes. Se cuenta que el cura confesaba hasta 18 hs diarias (obviamente con gente de los pueblos vecinos), por tanto, se trata de un cura que “está” en un lugar, y la gente va hacia él (repito que lo digo positivamente), Brochero –en cambio- se caracterizó por ser un cura que “iba” hacia la gente en su mula “Malacara”. Una parroquia de más de 10.000 habitantes dispersos en más de 4.300 kms cuadrados no se parece en mucho a la pequeña Ars. El enorme entusiasmo misionera y evangelizador de Brochero, la búsqueda de la mejora en la vida cotidiana de sus hermanos no parece importar en lo que un cura debe ser y hacer (que hiciera caminos, capillas, escuelas, telégrafos, que peleara por el ferrocarril, que tuviera una cierta simpatía política, y que con la gente que llevaba a hacer los “Ejercicios espirituales” –al volver- buscara activamente el desarrollo económico de la zona, no contaba demasiado) el cura Brochero podrá ser estampita, pero nunca dejará de ser ese misionero y defensor de los pobres, ese que repetía que “como los piojos, Dios está en la cabeza de todos, pero especialmente de los pobres.

Catálogo Derechos disponibles 2013 - 2014  
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